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Salomón Kassin Tesone
Columnista

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Los servidores de la ciudadanía en ambas armas; requieren del respeto, dé la admiración y del apoyo irrestricto de la ciudadanía. 

Salomón Kassin Tesone
Banquero de inversión.
POR:
Salomón Kassin Tesone
septiembre 21 de 2022
2022-09-21 09:57 p. m.
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La creación del Ministerio de la Paz, Seguridad y Convivencia y el haber adjuntado la Policía a este, separándola del Ministerio de Defensa, ha creado mucha controversia. Equivocadamente, algunos comentaristas la rechazan, por el simple hecho de que es decisión del gobierno de Petro.

Creo que no se puede ligar el análisis de este cambio al hecho, de que simultáneamente se llevó a cabo el retiro de un número sin precedente de Generales pues, al examinar la historia, tenemos que reseñar que la integración de la Policía al Ministerio de Guerra; fue hecha con la intención de controlar la violencia partidista, dictaminándola el gobierno del dictador Rojas Pinilla.

La Policía y las Fuerzas Armadas; tienen funciones que contrastan. Desde su formación, requieren competencias diferentes. Tienen aspectos comunes, pero interrelacionarse con la Colombia rural y la urbana, velando por la seguridad de la ciudadanía, protegiéndola y brindándole la seguridad que acompaña a una policía confiable es diferente que defender la Soberanía Nacional.

El involucramiento de las Fuerzas Armadas en combatir el crimen organizado; nos lleva al tema de la responsabilidad en la ‘Guerra contra las Drogas’ de los países productores y de los países consumidores. No es coincidencia, además, que, como lo reseña esta semana The Economist, en un reporte especial sobre el crimen violento en EE. UU., se centre la discusión sobre los cambios que en diferentes ciudades están dándose en la organización de los cuerpos policivos. En los dos casos, es común un causante de la violencia. Esto, una vez más, nos lleva a enfatizar la necesidad de iniciar con seriedad el análisis de la validez de criminalizar un problema de salud pública, como lo es el consumo de estupefacientes.

Contrasta sí, el hecho de que, a diferencia de EE. UU., en Colombia se les impuso a sus Fuerzas Armadas la responsabilidad de combatir los carteles de la droga, lo que ha tenido efectos nocivos; y ha carcomido su institucionalidad. Al mismo tiempo corrompió a una parte, afortunadamente minoritaria, de su dirigencia.

Nos lleva esto a afirmar que la separación de la Policía del Ministerio de Defensa (el nombre fue cambiado en el año 1965); hay que mirarla con una óptica objetiva.

Debemos enfatizar el desafío que conlleva este cambio, pues requiere la más cuidadosa coordinación en la ejecución de los aspectos de la administración y el presupuesto de ambos Ministerios. Al mismo tiempo debe preverse el fortalecimiento del cuerpo policial, para poder combatir el aumento material que está teniendo la violencia, tanto en las ciudades; como en el campo.

En conclusión, a pesar de que lo difícil que es determinar el momento de efectuar cambios estructurales, y de lo importante que es cuidar la forma en que se llevan a cabo, todos debemos apoyarlos. Los servidores de la ciudadanía en ambas armas; requieren del respeto, dé la admiración y del apoyo irrestricto de la ciudadanía: Esta obligación la tenemos con unos y con otros, independientemente de cuál Ministerio esté adjunta la Policía.

Salomon Kassin 
​Banquero de inversión

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