Apariciones marianas de Garabandal

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Apariciones marianas de Garabandal
SASSOFERRATO - Virgen rezando (National Gallery, Londres, 1640-50).jpg
María rezando, por Sassoferrato.
Venerada en Sin aprobación por parte de la Santa Sede de la Iglesia católica, pero tampoco han sido rechazadas
Templo Capilla del Arcángel San Miguel en San Sebastián de Garabandal
Festividad 2 de julio
Patrona de San Sebastián de Garabandal, España

Las apariciones marianas de Garabandal son una serie de apariciones de la Virgen María que tuvieron lugar entre 1961 y 1965, a cuatro niñas de la localidad de San Sebastián de Garabandal, ubicada en el municipio de Rionansa (Cantabria, España).[1]

Historia[editar]

Capilla del Arcángel San Miguel
Vista de la cruz de la ermita de San Sebastián de Garabandal, construida con motivo de la supuesta aparición de la Virgen María
Árbol donde se afirma que habrían tenido lugar las apariciones

Las presuntas apariciones marianas de Garabandal comenzaron a inicios de la década de 1960 en el pueblo de San Sebastián de Garabandal lo que llamó la atención de los medios de comunicación.

Entre 1961 y 1965, cuatro jóvenes en edad escolar, entre 10 y 12 años, Conchita González, Mari Cruz González, Jacinta González y Mari Loli Mazón, sin relación de parentesco, afirmaron haber presenciado apariciones del Arcángel San Miguel y de la Virgen María. Según su testimonio, el primero preparó a las muchachas para la posterior aparición de la Virgen María, ocurrida el 2 de julio de 1961.[2]

Durante cerca de 2000 sesiones, que concitaron a grandes multitudes,[3]​ las muchachas habrían entrado en estado de profundo éxtasis y se registraron aparentes fenómenos paranormales registrados por cámaras fotográficas o filmaciones, tales como levitaciones, demostraciones de fuerza, etc., ante la presencia de miles de testigos[3]​ que intentaron sustraer a las adolescentes del trance mediante pinchazos de aguja, quemaduras o golpes.[4]

Durante este periodo de cinco años, las niñas videntes fueron examinadas por más de cuarenta doctores. Para unos de ellos el fenómeno era fruto de histeria, epilepsia o sugestión colectiva; para otros eran sucesos totalmente inexplicables desde el punto de vista científico. Del mismo modo, tampoco los teólogos, el jesuita Alfonso Rodrigo, Antonio Royo-Marín O.P. o Francisco Odriozola llegaron a explicaciones homogéneas ya que tenían pareceres contrarios entre sí.[5]

De la misma manera, desde 1961 hasta 2015, se sucedieron quince comunicados episcopales firmados en Roma y Santander tampoco tenían opiniones similares sino que, como los médicos y teólogos, diferían en sus conclusiones.[5]

Entre las personas que tuvieron alguna relación con el suceso destacan el padre Pío de Pietrelcina[6]​ y el jesuita padre Luis Andreu, quien falleció después de asegurar que había contemplado la visión de las niñas.[7]

Biografía de las videntes hasta 1961[editar]

  • Conchita González González tenía doce años y era la última de los cuatro hijos de Aniceta González y Aniceto González, fallecido hacía siete años, en 1954. Los hermanos de Conchita eran Serafín, cabeza de familia desde la muerte de su padre, Aniceto, fallecido en 1965, y Miguel. La falta del padre hacía que todos trabajaran para ayudar a la familia. Era de carácter muy alegre.
  • Mari Cruz González Barrido era hija de Escolástico González y Pilar Barrido. Tenía diez años, si bien el 21 de junio de 1961, tres días después cumplía los once. Era un año menor que Conchita. Sus padres fueron con toda probabilidad los que más se opusieron a aceptar el tema de las apariciones de las cuatro familias de las videntes. Su carácter era el más serio de las cuatro.
  • Jacinta González González nació el 27 de abril de 1949 por lo que en aquel momento tenía doce años. Sus padres, Simón González y María González, tenían siete hijos más y era una familia muy religiosa. Era la más alegre del grupo. Tenía carácter alegre
  • Mari Loli era hija de Ceferino y Julia y tenían seis hijos, Mari Loli y cinco más. Es la tercera de las videntes por orden de edad, si bien solo cuatro días más joven que Jacinta. Su padre era el alcalde pedáneo del pueblo de San Sebastián (Presidente de la Junta Vecinal local ante el Ayuntamiento de Rionansa). Toda la familia trabajaba en el campo; además Ceferino tenía una de las tres tabernas del pueblo donde Mari Loli servía las mesas.[8][9]

Comienzo de las apariciones[editar]

Las presuntas apariciones ocurrieron entre el 18 de junio de 1961 y el 13 de noviembre de 1965. De lo ocurrido en los quince primeros días se tienen datos de nombres, horas y lugares. A partir de esos días, los sucesos se hacen tan frecuentes que llegan a ser cotidianos. A partir del día 2 de julio de 1961 no se hacen seguimientos ordenados y exhaustivos tanto por parte de las autoridades eclesiásticas como de los medios de comunicación y observadores de cualquier clase. Tanto es así que el investigador Ramón Pérez escribe lo siguiente:

A partir de julio las visiones se multiplican de tal manera que es difícil establecer un orden cronológico. Las videntes caen en éxtasis varias veces al día. La duración oscila entre diez minutos y hasta cinco y, una vez, siete horas.[10]

El jesuita José María Alba Cereceda, que examinó personalmente a las videntes, comenta esa multiplicación de los signos como que: lo verdaderamente notable [de Garabandal] es la extraordinaria frecuencia de las apariciones. Judith M. Albright, especialista en estos asuntos, calcula que, en Garabandal, la Señora se apareció más de dos mil veces. El brigada de la Guardia Civil Juan Álvarez Seco, jefe de la zona e informador de los sucesos indica la dificultad de describir unos sucesos tan abundantes y prolongados en el tiempo: los fenómenos habidos han sido por espacio de tanto tiempo y con tal frecuencia que resulta casi imposible enumerarlos y relatarlos todos.

El historiador más destacado de Garabandal, el P. Eusebio García de Pesquera, O.F.M. publicó en el año 1979 el estudio y los datos más completos de lo acaecido en Garabandal hasta esa fecha y para escribirlo con total libertad, utilizó el pseudónimo de Dr. Gobelas. A pesar de ello, expresa su preocupación de la siguiente manera: No hay datos fijos para cada uno de los días, ni hay precisiones de días para muchos de los datos, preocupación que no es afirmación de que los hechos sean dudosos puesto que él tiene documentos y testimonios sólidos; lo que le preocupa es no tener la fecha exacta de cada uno de los sucesos. Una de las videntes, Conchita, llevaba nota exacta en su diario de los sucesos ocurridos en los primeros diecisiete días pero a partir del 3 y 4 de julio avanza y retrocede en las descripciones anotando los que más le impresionaron. Ella misma indica que lo importante de las apariciones no fueron los sucesos exteriores y así lo escribe en su diario: Ante todo, el mensaje.[11]

Mensajes[editar]

Las «videntes» informaron haber recibido dos mensajes, uno directamente de la Santísima Virgen María y el otro de la Virgen María a través de San Miguel Arcángel. El primero, revelado el 18 de octubre de 1961, declara:[7]

Hay que hacer mucho sacrificios y mucha penitencia, y tenemos que visitar mucho al Santísimo, pero antes tenemos que ser muy buenos. Y si no lo hacemos vendrá un castigo. Ya se está llenando la copa, y si no cambiamos vendrá un castigo.

La aparición del 18 de junio de 1965, en la que Conchita escuchó el segundo mensaje, fue televisada en vivo por la televisión española. Solo Conchita González, considerada por la mayoría de los devotos de Garabandal como la «vidente principal», informó haber recibido el segundo mensaje:[7]

Como no se ha cumplido y no se ha hecho conocer al mundo mi mensaje del 18 de octubre, de 1961, os diré que este es el último; antes la copa se estaba llenando ahora está rebosando. Los sacerdotes van muchos por el camino de la perdición, y con ellos llevan a muchas más almas. A la Eucaristía cada vez se le da menos importancia. Debéis evitar la ira de Dios sobre vosotros con vuestros esfuerzos. Si le pedís perdón con vuestras almas sinceras El os perdonará. Yo, vuestra Madre, por intercesión del Ángel San Miguel, os quiero decir que os enmendéis. Ya estáis en los últimos avisos. Os quiero mucho y no quiero vuestra condenación; pedidnos sinceramente y nosotros os lo daremos, debéis sacrificaros más; pensad en la pasión de Jesús.

Además de los dos mensajes, las «videntes» hicieron muchas profecías con respecto al futuro de la humanidad, además de advertir sobre un próximo «fin de los tiempos». Estas profecías se sintetizan en un «aviso», un gran «milagro» universal y un «castigo» para la humanidad. La fecha del milagro solo la conoce Conchita, quien la revelará ocho días antes.[7]

  • El Aviso, según Conchita tendrá lugar antes del milagro. «Ese aviso es como un castigo, para los buenos y los malos: para los buenos, para acercarlos más a Dios y para los malos, para anunciarles que viene el fin de los tiempos y que estos son los últimos avisos».[12]
  • El Milagro, tendría lugar un jueves durante la festividad de un santo mártir de la eucaristía,[13]​ y es descrito como una señal permanente en los pinos de Garabandal que «Será visible para todos los que estén en el pueblo y en las montañas de los alrededores: los enfermos que asistan sanarán y los incrédulos creerán. Será el milagro mayor que Jesús ha hecho para el mundo. No quedará la menor duda de que es de Dios y para bien de la humanidad. Quedará una señal del milagro, para siempre, en los pinos. Podrá ser filmado y televisado».[7]
  • El Castigo, fue predicho por las niñas en el primer mensaje del 18 de octubre de 1961. Este castigo, condicionado a que la humanidad se arrepienta de su mal proceder luego de ocurrido el milagro, consistiría en «ríos transformados en sangre, fuego que baja del cielo y cosas peores; gran calor, sed abrasadora y el agua que se evaporará; todos los hombres presos de la desesperación buscando matarse unos a otros, pero al faltar las fuerzas, caerán: unos en las llamas y otros lanzándose al mar, pero el agua parecerá hervir y activar las llamas».[7]

Peregrinación[editar]

El pueblo se convirtió en un punto de peregrinaje para muchos creyentes católicos y miembros de otras confesiones. Debido a la remota localización de la aldea y las dificultades de acceso, Garabandal mantiene casi el mismo aspecto que tenía en los años sesenta y no ha sufrido las transformaciones producto del interés turístico como en otros lugares.[14][15][16][17][18]

Vida de las «videntes» después de las apariciones[editar]

A diferencia de la mayoría de personas que afirma haber presenciado apariciones de la Virgen María, ninguna de las cuatro jóvenes llegó a profesar la vocación religiosa:

  • Conchita González González nació el 7 de febrero de 1949 y reside en Nueva York, Estados Unidos. Se casó con Patrick J. Keena, llegando a tener cuatro hijos, María Concepción, Fátima Miriam, Ana María Josefa y Patrick Joseph María. Keena falleció en octubre de 2013.[19][20]
  • Jacinta González González, se casó con Jeffrey Moynihan en Los Ángeles, California, vive en la ciudad de Oxnard, en el condado de Ventura y tiene una niña llamada María Jacinta de Guadalupe.[20][21]
  • María Cruz González Barrido, reside en Avilés (Asturias). Se casó con Ignacio Caballero y llegó a tener cuatro hijos.[20]
  • Mari Loli Mazón González, se casó con Francis Lafleur en Massachusetts con quien tuvo tres hijos. Mari Loli falleció en 2009 debido a complicaciones causadas por un lupus eritematoso en el aparato respiratorio.[19][20]

Postura de la Iglesia católica[editar]

Desde el principio, la jerarquía de la Iglesia católica ha determinado la duda o incertidumbre de la condición de sobrenaturales de estas apariciones marianas —al igual que las apariciones de Medjugorje y Zeitoun— que tampoco han sido oficialmente aprobadas.[22]

Así, el 2 de noviembre de 1961, el administrador apostólico de la diócesis de Santander, Doroteo Fernández, publicó la siguiente declaración:[23]

No consta que las mencionadas apariciones, visiones, locuciones o revelaciones puedan hasta ahora presentarse ni ser tenidas con fundamento serio por verdaderas y auténticas.

Más adelante, tres obispos de Santander se pronunciaron contra la sobrenaturalidad de las apariciones de Garabandal:[24]

  • Eugenio Beitia Aldazabal (obispo de 1962 a 1965), publicó dos notas al respecto, en la primera afirmó que «tales fenómenos carecen de todo origen de sobrenaturalidad y tienen una explicación de carácter natural» pero en la segunda aclaró que: «no hemos encontrado materia de censura eclesiástica condenatoria, ni en la doctrina ni en las recomendaciones espirituales, que se han divulgado en esta ocasión, como dirigidas a los fieles cristianos».[13]
  • Vicente Puchol Montis (obispo de 1965 a 1967), difundió una nota que negaba tanto las apariciones como los mensajes y que «todos los hechos acaecidos en dicha localidad tienen una explicación natural».[24]
  • José María Cirarda Lachiondo (obispo de 1968 a 1971), ante el aumento de las peregrinaciones a Garabandal y los rumores de que el mismo papa había aprobado y bendecido las apariciones, decidió intervenir desaprobando todo culto basado en estas supuestas apariciones,[25]​ llegando incluso a publicar una nueva nota con las siguientes disposiciones:[26]
a) Está prohibida a los sacerdotes toda intervención, tanto participando y colaborando activamente en el desarrollo de los hechos, cuanto en la forma de simple presencia como espectadores, con suspensión de las licencias en esta Diócesis de Santander para cuantos asistieren sin expreso permiso particular y en cada caso de la autoridad diocesana.

b) Se ruega a todos los fieles cristianos que se abstengan de fomentar con su presencia en San Sebastián de Garabandal el ambiente creado en torno a dichos sucesos.

c) Se recuerda a todos que, según el canon 1.399, n.c 5, «están prohibidos por el Derecho mismo los libros y folletos que refieran nuevas apariciones, revelaciones, visiones, profecías, milagros o que introduzcan nuevas devociones, si se han publicado sin observar las prescripciones de los cánones»; * y se hace constar que en la Diócesis de Santander no se ha concedido nunca «imprimatur» a ningún libro, folleto, artículo o reseña en esta materia, y está prohibida la publicación de cualquier artículo o información no sometida previamente a la censura de la Diócesis.

Pero tales prohibiciones se levantaron a partir de los años ochenta:

  • En 1987, el obispo de Santander Juan Antonio del Val Gallo, realizó una nueva investigación y suspendió toda prohibición que impedía a los presbíteros ir a Garabandal, posibilitándoles la celebración eucarística en la iglesia del pueblo con la autorización del párroco local.[24]
  • En 1992, el cardenal Ratzinger (futuro papa Benedicto XVI), entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, aconsejó al obispo de Santander no cerrar el caso y más continuar con la declaración de «no consta sobrenaturalidad», que significa falta de certeza tanto para aceptar como para rechazar, dejando así la cuestión abierta para futuros estudios.[27]
  • En 2007, el obispo Carlos Osoro en su calidad de administrador apostólico de la diócesis de Santander, escribió en una carta lo siguiente:[27]
Estoy seguro de que el próximo obispo promoverá los estudios para que se examinen con mayor profundidad los sucesos de Garabandal. He conocido conversiones auténticas [en Garabandal]. Ante estos sucesos, ¿cómo no sentir la necesidad de abrir siempre nuestro corazón a nuestra Madre María?… Les animo a seguir manteniendo esa devoción.

En noviembre de 2017, el sacerdote José Luis Saavedra presenta la tesis doctoral por la Universidad de Navarra, titulada María de Garabandal. Estado actual de las apariciones ocurridas en San Sebastián de Garabandal entre 1961 y 1965.[28]

Por otro lado, el papa Francisco ha distinguido de forma singular a dos mujeres que han defendido en todo momento las apariciones de Garabandal. Una de ellas es la mística francesa Marthe Robin de la cual aprobó el decreto de virtudes heroicas declarada Venerable el 7 de noviembre de 2014.[29][30]​ y la otra es la Madre Esperanza, murciana y fundadora de las Congregaciones de las Esclavas del Amor Misericordioso y de los Hijos del Amor Misericordioso que, el 5 de julio de 2013 con el consenso del papa Francisco, el cardenal Angelo Amato emitió el decreto de beatificación. El rito de beatificación se celebró el 31 de mayo de 2014, en el santuario de Collevalenza.[31][32]​ La Madre Esperanza estaba convencida del carácter sobrenatural de las apariciones, lo cual resulta significativo a efectos de la credibilidad de las apariciones de Garabandal.

Aparición del Ángel[editar]

En la tarde del domingo 18 de junio de 1961, Conchita y Mari Cruz, la mayor y la más pequeña de las videntes, que son compañeras del colegio, dejan a su grupo de amigas que jugaban en la plaza sin que se notara su ausencia.

Conchita escribió en su diario lo siguiente: Mari Cruz y yo pensamos ir a coger manzanas y nos dirigimos allí sin decir nada a nadie. Se dirigieron a las afueras del pueblo, a una huerta propiedad del maestro.[33]​ Creían estar solas pero no era así porque las siguieron Mari Loli y Jacinta. Conchita y Mari Cruz se subieron al manzano y oyeron a las otras dos niñas que se acercaban; quisieron esconderse pero Mari Loli les dijo: No corras Mari Cruz que te vimos, ya se lo diremos al dueño.[34]

En un principio Conchita y Mari Cruz estaban asustadas pero luego, con los ánimos de las otras dos dijeron Pensándolo mejor, volvimos las cuatro a coger manzanas… [Y] cuando ya nos llenamos los bolsillos echamos a correr para comerlas más tranquilamente en… la Calleja. Este hecho de coger manzanas para comerlas no tenía ninguna valoración negativa entre los campesinos y mucho menos por parte de la autoridad que, representada por el sargento de la Guardia Civil de Puentenansa, Juan Álvarez, lo relataba así: había un manzano lleno de fruta, lo que a las niñas llamó la atención, y como cosa de criaturas cogieron manzanas del árbol, como es natural, para comérselas, no dándole [nosotros] importancia alguna, por ser cosa de niñas;[35]

Mientras comían las manzanas ocurrió un hecho que las desconcertó. Conchita lo cuenta de la siguiente manera: Estando entretenidas comiéndolas escuchamos un fuerte ruido como de trueno. Miraron hacia donde creían que podía venir, pero el día estaba totalmente soleado y sin nubes. Sigue relatando Conchita:¡Ay, qué gorda! Ahora que cogimos las manzanas, que no eran nuestras, el demonio estará contento, y el pobre Ángel de la guarda estará triste. y siguió comentando el fenómeno de la siguiente manera: Decíamos que a la mano derecha está el angelín y a la izquierda el demonín y después le tiramos con piedras al demonín y al angelín le decíamos que se estuviera con nosotras y después se nos apareció….[36]​ Después de tirar piedras y jugar a las canicas, serían las ocho y media de la tarde cuando en medio de ellas vieron un ángel ante el que quedaron de rodillas paralizadas; así permanecieron inmersas en la visión, que duró unos minutos y así describe Conchita lo que ocurrió: De pronto se me apareció una figura muy bella con muchos resplandores que no me lastimaban nada los ojos. Las otras tres niñas, al ver cómo estaba su compañera, creyeron que «le había dado un mal» y comenzaron a gritar. Sánchez-Ventura relata el momento de la siguiente manera: Conchita con las manos juntas señalaba hacia la aparición y decía: «¡Ay!… ¡ay!» Llena de miedo, Mari Loli se levantó para pedir ayuda, pero se detuvo y miró hacia donde señalaba Conchita, sus amigas hicieron lo mismo. Y de pronto, todas cayeron en éxtasis y exclamaron a una voz: «¡El Ángel!» La aparición fue de muy corta duración y no les dijo nada.[37]

Recordando esto, Conchita lo describió de la siguiente manera: Viendo al ángel hubo un cierto silencio entre las cuatro y de repente desapareció. Al volver normales [sic]. La vidente escribe deficientemente, haciendo notar la escasa formación recibida en la precaria escuela rural y muy asustadas, corrimos hacia la iglesia pasando de camino por la función del baile que había en el pueblo. Entonces una niña del pueblo, que se llama Pili González nos dijo: «¡Qué blancas y asustadas estáis! ¿De dónde venís?» Nosotras muy avergonzadas de confesar la verdad le dijimos: «¡De coger manzanas!» Y ella dijo: «¿Por eso venís así?» Nosotras le contestamos todas a una: «¡Es que hemos visto al Ángel!». Y sigue relatando Conchita:… Y seguimos nuestro camino en dirección a la iglesia, y esta chica [Pili], se quedó diciéndoselo a otras. Una vez en la puerta de la iglesia y pensándolo mejor nos fuimos detrás de la misma a llorar ya que este sitio, la parte exterior del ábside está muy cerca de la casa contigua y es un lugar muy recóndito y oscuro. De esta forma empezaron las apariciones en Garabandal.[38]

Primeras reacciones[editar]

La maestra[editar]

La niña con la que se encontraron las «videntes» cuando se dirigían a la iglesia se llamaba Pilar González a la que le contaron que habían visto a un ángel. Pilar se lo contó a otras niñas y, juntas, acudieron a la maestra del pueblo, Serafina Gómez González, viuda, natural de Cosío, que tenía una hija, Toñita, muy amiga de las videntes. El encuentro y la conversación lo cuenta así la propia Conchita:

Unas crías que estaban jugando nos encontraron y al vernos llorar nos preguntaron: «¿Por qué lloráis?» Nosotras les dijimos: «Es que hemos visto al Ángel». Ellas echaron a correr a comunicárselo a la señora maestra. Una vez que terminamos de llorar a la puerta de la iglesia, entramos en ella. En aquel mismo momento llegó la señora maestra toda asustada y enseguida nos dijo: «Hijas mías, ¿es verdad que habéis visto al Ángel?» «¡Sí señora!» «¿A lo mejor es imaginación vuestra?» «¡No, señora, no! Hemos visto bien al Ángel». Entonces la maestra nos dijo: «Pues vamos a rezar una estación a Jesús Sacramentado en acción de gracias».[39]

Como las niñas estaban tan excitadas, mezclaban rezos, lloros y risas. Mari Loli lo cuenta de la forma siguiente: Estábamos tan no sé cómo, que tan pronto reíamos como llorábamos. Serafina no tomó postura y de forma muy maternal les propuso poner a prueba lo que decían. El consejo que les dio lo cuenta Conchita así: La señorita nos dijo que fuéramos allá tres días para ver si se repetía la visión.[40]

En la mañana del 19 de junio de 1961, la noticia ya era conocida por todos y así lo apuntó Conchita:

Cuando nos hemos levantado, la gente ya empezaba a hablar: «Esas cuatro niñas algo vieron porque ¡bajaban con unas caras!»… Todo era pensar cada uno una cosa. No todos estaban en contra; hubo también comentarios a favor. Cuando llegaron a la escuela, Serafina les preguntó de nuevo delante de toda la clase: «¿Estáis seguras, hijas mías…?» «Sí señora». Y volvieron a repetir lo que les había sucedido y seguimos haciendo lo de siempre sin preocupación ninguna.[41]

En casa de Conchita[editar]

Durante el tiempo que estuvieron con la maestra el asunto se propagó por la aldea de forma que prácticamente todo el pueblo lo sabía. Como se había hecho muy tarde, las niñas esperaban una buena reprimenda en sus casas. Conchita lo escribió de la siguiente manera:

«¿No te he dicho ya que a casa se viene de día?» Yo, toda asustada por las dos cosas: por haber visto aquella figura tan bella y por venir tarde a casa, no me atrevía a entrar en la cocina y me quedé junto a una pared, muy triste…

A pesar de lo difícil de la situación, la niña prefirió no mentir y relata así su contestación: Y le dije yo a mi mamá: «¡He visto al Ángel!»” Aniceta, efectivamente, se sintió burlada por su hija: «¿Todavía? ¡Encima de llegar tarde a casa, me vienes con esas tonterías!» Yo le respondí de nuevo: «Pues es verdad, yo he visto al Ángel». La madre estuvo inconmovible pero al final admitió en su interior que le había pasado algo a su hija. [42]

En casa de Jacinta[editar]

La propia Jacinto lo anotó como sigue:

mi madre –María González– tampoco dio crédito a su relato aquella noche. Sin embargo, lo mismo que la maestra, se quedó a la espera. Y muy pronto, pocos días después, al contemplar los éxtasis, comenzó a creer: “Ya empecé a creerla un poquitín –confesaba más tarde–… Y luego, después, yo le tenía mucho respeto a la aparición… aunque otras veces volvían mis dudas”.[43]​ Mi padre decía «Jacinta no miente»[44]

En la casa de Mari Cruz[editar]

La madre de Mari Cruz, la menor de las videntes, fue la que peor acogió a la niña.

Lo contaba años después su madre, Pilar Barrido, y lo recogen Pesquera y Ramón Pérez: Aquel día reñí mucho a Mari Cruz…. No he pegado ni regañado a mi hija… al principio sí… Igual suerte había corrido Lucía, la vidente de Fátima, en 1917.[45]

En casa de Mari Loli[editar]

La madre de Mari Loli parece que fue algo más benigna que las demás.[45]

El párroco[editar]

Don Valentín Marichalar, se molestó mucho en intervenir para aclarar lo sucedido. Así, la misma mañana del lunes, el párroco se fue a hablar con las niñas sobre la visión que había sucedido la noche anterior y fue a esperarlas a la salida del colegio. Jacinta y Mari Cruz iban juntas a casa y las abordó sin dudarlo:

Todo asustado les dijo: «¡A ver, a ver! ¿Es verdad que visteis al Ángel?». Ellas contestaron a la vez: «¡Sí, señor!», a lo que el párroco les contestó: «No sé, no sé si nos engañáis». Las niñas, sonrientes le dijeron: «¡No tenga miedo que hayamos visto al Ángel!». Don Valentín quedó admirado por la calma y seguridad con la hablaban las niñas. Dubitativo, las dejó marchar y fue en busca de Conchita que relataba así su conversación con el párroco: Me encontró ya cerca de mi casa, llegó todo nervioso y me dijo: «Conchita, sé sincera, ¿qué visteis anoche?» Yo le expliqué todo…” El párroco le dijo si otra vez viera a este misterioso «ángel», le preguntase «quién es y a qué viene».[46]

El señor cura fue a casa de Loli y, según cuenta Conchita, [Su intención era comprobar] si coincidíamos todas… [Y] Loli contestó lo mismo que nosotras. Así, [don Valentín] estaba cada vez más impresionado, porque coincidíamos las cuatro en todo. Como no podía acusarlas de mal alguno pues, las cuatro niñas coincidían hasta en los más pequeños detalles, cosa que dejó por escrito el cura en su cuaderno. Después de las averiguaciones, dijo: Vamos a esperar dos o tres días para ver qué os dice y ver si seguís viendo aquella figura que decís ser un Ángel. Esta moratoria en la toma de decisión del párroco molesto a varios vecinos del pueblo.[47]

José Díez Cantero, albañil[editar]

José Díez Cantero, vecino y albañil de la aldea, que estaba trabajando esos días en la casa de Conchita, se dirigió a las niñas con dureza el mismo día 19 y trató de asustarlas para que entraran en razón diciéndoles lo siguiente:

Si seguís con eso, habrá que dar parte a la Guardia Civil; y ellos vendrán, tomarán declaraciones, os someterán a interrogatorio… y a lo mejor termináis en la cárcel. ¿Y los líos en que se verán metidas vuestras familias? Gastos, disgustos, vergüenzas… Ellas le oían un poco asustadas, y sin replicar…; pero al final, dijeron que qué iban a hacer, que ellas no habían inventado nada…, y que no podían dejar de ir, por si volvía el Ángel.[48]

A estas severas advertencias contestó Conchita en nombre de todas:

«Pues que nos lleven a la cárcel, y a mi papá y a mi mamá también; pero nosotras hemos visto el ángel». Y entonces el hermano de Conchita se enfadó –cuenta Díez–, que no quería que hablarían [sic] nada de esto y dije: «Oye deja… que parece que tu hermana y las otras no se han asustado por lo que yo he dicho, me parece que no les importa… o no comprenden lo que es ir a la cárcel». [Aunque] yo se lo dije metiéndoles miedo; yo, por otra parte, tenía ese pensamiento, que podía ser la cosa importante [muy grave].[49]

Más adelante José acompañó y protegió a las niñas de la muchedumbre y fue testigo de excepción de los sucesos ocurridos con posterioridad.[50]

Días posteriores[editar]

Al día siguiente, después de realizar las labores ordinarias, fueron por la tarde a rezar a «la Calleja», momentos que describe así Conchita: y muy contentas nos fuimos a ese lugar llamado Calleja (un trocito de cielo). Las niñas volvieron algo tristes porque no había sucedido nada. Sin embargo, hacia las diez de la noche cada una en su casa oyeron esta locución: «No os preocupéis que me volveréis a ver».[51]

Multiplicación de fenómenos[editar]

Tres días después, las «videntes» seguían haciendo sus trabajos cotidianos y el 21 de junio, al atardecer, pidieron permiso para ir a rezar a "la Calleja" a lo que Aniceta, madre de Conchita, le dijo inflexible: si quieres ir a rezar, vete a la iglesia. Poco después llegaron las otras tres niñas para pedirle a Aniceta que dejara a Conchita ir con ellas, a lo que asintió ya que tanto insistieron. En «la calleja» rezaron un rosario y como el Ángel no venía. Decidimos ir a la Iglesia; y cuando nos levantábamos, pues estábamos de rodillas, vimos una luz muy resplandeciente, que nos rodeaba a las cuatro -no vimos más que esa luz-. Don Ramón Pérez recoge lo que las videntes contaban: La luz nos ocultaba las unas a las otras. Estábamos completamente deslumbradas por esa luz, así que nos pusimos a gritar, pues estábamos aterrorizadas; pero ya la gran luz había desaparecido. Al día siguiente, 21 de junio, algo se sabía en el pueblo y esa tarde acudieron a "la calleja" varios vecinos.

Decidieron mantenerlo en secreto pero obedecieron a don Valentín, el párroco, que les había mandado mantenerle informado de todo lo que ocurriese, así que se lo dijeron a sus familias.[52]

Los primeros testigos oculares: 21 de junio de 1961[editar]

Si los días anteriores las videntes habían tenido dificultad en obtener permiso para ir a rezar a "la calleja". Incluso el hermano de Conchita le dijo:«¡No se te ocurra ir a rezar! ¡La gente se reirá de ti y de nosotros, seguirán diciendo que dices ver al ángel y que eso es mentira!...». Por fin la madre la dejó ir. Como el pueblo no las creía pidieron a algunas personas que las acompañaran. Así describe Conchita los acontecimientos de aquella tarde:

Por la tarde, después de hacer lo que teníamos que hacer, pedimos permiso a nuestros padres para ir al mismo lugar… pero al ir hacia la Calleja, viendo que la gente no nos creía le dijimos a una señora que se llama Clementina González, que si quería acompañarnos para que viera que era cierto, pero ella no quiso venir sola, pues dudaba y fue a llamar a otra señora de nombre Concesa. Así, al darse cuenta otras personas que veníamos acompañadas por estas señoras se unieron a nosotras y llegando a la Calleja nos pusimos a rezar el rosario. Terminamos y el Ángel no vino. La gente se reía mucho y nos decía: «Rezad una estación». Así lo hicimos y al terminar se nos apareció el Ángel.[53]

Las niñas, obedeciendo al párroco, preguntaron al ángel quién era y qué quería y Conchita escribió: Pero Él no nos contestó nada. En unos breves instantes las personas que las acompañaron pasaron de escepticismo al estupor. La niña refiere escuetamente esta situación: Terminada la aparición, la gente estaba muy nerviosa…. Clementina [González, ya durante el breve éxtasis] quiso llamar a todo el pueblo, pero… [de repente] el ángel desapareció. Clementina era la esposa del albañil José Díez.

Según testimonio de Pérez: Las niñas clavadas de rodillas en el pedregoso suelo del camino, bien levantada la cara hacia algo o alguien que las tenía arrebatadas, la boca entreabierta con gracia nunca vista, un leve sonreír que ponía plena hermosura en todo su aire, el mirar de aquellos ojos tan puros… Cuando las cuatro volvieron en sí, vieron con asombro que en torno suyo unas lloraban, otras apretaban las manos contra el pecho, y otra, Clementina, estaba ya para correr al pueblo, a llamar a toda la gente.

La citada Clementina estaba tan convencida que le pidió a la niña: Hija, pídele a la Virgen del Carmen, pídele al Sagrado Corazón, que nos amparen… que os digan lo que quieren de nosotros. Esta situación hizo que parte del público abriese sus corazones y buscasen a Dios. Álvarez lo describe de la siguiente manera: Varias mujeres… al ver que es cierto lo que ellas [las niñas] manifestaban… lo anunciaron a todos… A partir de este día… la noticia corrió por todos los pueblos limítrofes, y a diario se desplazaban gentes a Garabandal, lo que motivó que se intensificara la vigilancia [por nuestra parte]. Estos sucesos hicieron que la noticia corriese por los pueblos de la comarca. Conchita dice en su diario del día 22 que había mucha gente. [54]

Primeros exámenes médicos. Los enviados de Santander[editar]

Durante los días siguientes se habrían repetido los éxtasis, los vecinos seguían admirados y una semana después de la primera aparición Pérez dejaba constancia de la presencia de al menos cinco sacerdotes y de numerosos médicos conocidos. Por su parte, el párroco anotó en su cuaderno que habían asistido hasta once sacerdotes entre el numeroso público. Casi un mes más tarde, el 17 de julio, el cura párroco describió así la afluencia de personas:

“Asistieron [hoy, 17 de julio] unos ocho sacerdotes, dos doctores y 600 personas [de] fuera, [que en] todos los días no han bajado; pero ha habido días que había cerca de 3.000 personas en domingo. Muchos vienen por curiosidad, después que ven las niñas cambian; he visto a hombres llorar.[55][56]

Era tal la afluencia de peregrinos que el propio brigada dela Guardia Civil, Juan Álvarez, dejó la orden escrita de que se pusiera una pareja de vigilancia en Garabandal; la noticia corrió por todos los pueblos limítrofes, y a diario se desplazaban gentes a Garabandal, lo que motivó que se intensificara [aún más] la vigilancia. Él mismo estuvo presente y los efectivos destacados al lugar desde 1961 hasta el final de las presuntas apariciones en 1965, según se aprecia en diversas fotografías. Los mozos del pueblo formaron un cuadrado con troncos y ramas en el lugar de «la calleja» donde tenían se producían las primeras apariciones para proteger a las niñas y al que solo podían acceder médicos, sacerdotes y familiares próximos a las videntes. El lugar fue conocido como «el Cuadro».[57]

Primera aparición de la Virgen[editar]

Nunca escucharon la voz del ángel desde que se les apareciese por primera vez. El día 1 de julio se les volvió a aparecer por décima vez y le escucharon las siguientes palabras según cuenta Conchita en su diario:

"... ese día [el ángel] nos habló muchas cosas… Estuvo dos horas y se nos hizo dos segundos”. “Nosotras sentíamos mucha alegría y nos reíamos con él. Estábamos muy contentas. Nos dijo una cosa [el «Primer Mensaje»] y nos recomendó que no dijésemos nada a nadie, ni en nuestras casas, ni al Obispo, ni al Papa, hasta que él nos lo mandase el 18 de octubre. También nos dijo que rezáramos el rosario todos los días”.[58][59]

La multitud presente preguntaba a las videntes datos de la conversación con el ángel, pero como éste les había prohibido decir nada Conchita solamente les describió, con su pobre léxico de niñas de aldea poco instruidas, cómo era el ángel:

Tenía un vestido azul largo suelto, sin cinto, las alas rosas claras, bastante grandes, muy bonitas su carita ni larga ni redonda, la nariz muy guapa, los ojos negros y la cara trigueña, las manos muy finas las uñas cortadas, los pies no se le ven.[60]

También dijeron que parecía un niño como de nueve años como más tarde se lo explicó Conchita a M. Nieves en Burgos, y añadían ellas que a pesar de su apariencia de niño, daba impresión de gran fuerza. Lo que sí les dijo Conchita a las personas presentes fue el anuncio del ángel: vengo para anunciaros la visita de la Virgen bajo la advocación del Carmen, que se os aparecerá mañana domingo. Era el día siguiente, el 2 de julio de 1961. En la iglesia, totalmente abarrotada se celebraba la fiesta de la Visitación de la Virgen a su prima santa Isabel. Por la tarde, a eso de las tres, se reunió el pueblo en la iglesia y así lo describe el brigada de la Guardia Civil Juan Álvarez Seco, jefe de la zona e informador de los sucesos:

Se rezó el rosario en la iglesia. A continuación, las niñas bajaron en dirección a Cosío, que dista unos siete kilómetros de San Sebastián, para recibir a los hermanos de Conchita que llegaban de viaje. [Pero] a mitad del camino tuvieron que volverse, pues el público, que afluía al pueblo, reconocía por fotografías a las niñas y no las dejaban avanzar: unos por entregarles rosarios… otros por fotografiarlas… la mayor parte para hacerles preguntas. Al llegar se encontraron las calles abarrotadas de forasteros, entre ellos once sacerdotes y varios médicos.[61]

Entre las personas que acudieron se encontraban varios médicos, sacerdotes y miembros de la Comisión episcopal, que acudían por vez primera. Cuando las videntes subían por la calleja, uno de los médicos, el doctor Morales intentó pararlas e hipnotizarlas sin conseguirlo y comentó «Esto ya está visto» a lo que respondió el brigada Álvarez: O sea, que el doctor no había podido evitar la aparición. Las niñas siguieron hasta el lugar de las apariciones y repentinamente cayeron en éxtasis, dijeron: «La Virgen» y se arrodillaron. Alguno de los médicos presentes comprobaron que las niñas eran totalmente insensibles a los estímulos exteriores, como en las ocasiones anteriores, pero esta vez sonreían y decían palabras en voz baja, como si tuvieran una conversación. Lo que pasó lo dejó Conchita escrito en su diario:

Sin llegar allá se nos apareció la Virgen con un Ángel a cada lado. Venían con Ella dos Ángeles, uno era San Miguel; el otro, no sabemos. Venía vestido igual que San Miguel: parecían mellizos”. y añadió al lado del Ángel de la derecha, a la altura de la Virgen, veíamos un ojo de una estatura grande; parecía el ojo de Dios. [62]

El brigada Álvarez, que estaba en primera fila, escribió lo que escuchó a las videntes en éxtasis: La Virgen estaba rodeada de seis ángeles, contados por Conchita [extática], que se oía perfectamente. También decía Conchita «qué ojo» y después de la visión se pudo saber que era la Santísima Trinidad, en forma de ojo, y sigue contando: las niñas dijeron que la veían en una gran luz, en el centro de la cual, un triángulo equilátero enmarcaba aquel misterioso ojo. En su diario, Conchita dio más datos de la conversación con la Virgen:

ese día hablamos con la Virgen mucho y Ella con nosotras. Le decíamos todo: que íbamos todos los días al «prao», que «estábamos negras», que teníamos la hierba en «morujos», etc., … Ella se reía ¡como le decíamos tantas cosas![63]

Un diálogo tan sencillo sirvió para que alguno de los testigos no dieran crédito a las apariciones lo cual refiere Conchita en su cuaderno así:

no lo creían porque decían que cómo la Virgen iba a hablar tanto pues le contamos muchas cosas. Pero la mayoría sí creía porque decían que era como una Madre que hace mucho que no la ve su hija y le cuenta todo. Con mayor razón nosotras que no la habíamos visto nunca y además ¡era nuestra Madre del cielo! y continúa diciendo: así se terminó el día 2, domingo, ¡día muy feliz! porque hemos visto por primera vez a la Virgen. Con Ella estamos todos, siempre que queramos.[63]

Descripción de la figura de la Virgen[editar]

La curiosidad de la gente a este respecto era grande y por ello declararon ante la Guardia Civil. El brigada Álvarez escribe: Informaron por separado al cabo Fernández... [y] todas ellas han coincidido. La descripción de Conchita es la siguiente:

La Virgen viene con un vestido blanco, manto azul, corona de estrellucas doradas, no se le ven los pies, las manos estiradas con el escapulario en la derecha, el escapulario es marrón, el pelo largo color castaño oscuro ondulado, la raya en el medio, la cara alargada, la nariz alargada fina, la boca muy bonita con los labios un poquito gruesos, el color de la cara es trigueño, más claro que el del Ángel, diferente a la vez, muy bonita, una voz muy rara, no sé explicarla, no hay ninguna mujer que se parezca a la Virgen ni en la voz ni en nada.

Acerca del aspecto de la Virgen, en 1967, cuando las videntes ya no estaban en Garabandal, el P. Gustavo Morelos hace pintar una imagen de la Virgen siguiendo las indicaciones de las niñas para dar a conocer estas apariciones en México. Una vez terminada viajó a España para mostrárselas. Cuando lo mostró a Conchita, esta le hizo el siguiente comentario sin pararse a pensar ni dudar, que recogió por escrito la M. Nieves, directora espiritual de la niña y directora del colegio:

[La Virgen] no traía corona, las estrellas que circundaban su cabeza [simplemente] se iban como entrelazando. No traía cíngulo a la cintura, la cara la mantenía erguida, el escapulario lo traía sobre la derecha y en forma de manípulo.[64]

Para contrastar opiniones, el P. Morelos fue a Zaragoza a ver a Mari Loli y a Jacinta. Loli, al ver la imagen comentó rápidamente y sin dudarlo:

Padre, la Virgen que nosotras hemos visto no traía corona, no tenía la cabeza hacia un lado, no tenía cíngulo y el escapulario lo traía en la derecha en forma de manípulo.[64]

El trato con la Virgen[editar]

Describe la M. Nieves las expresiones sencillas y amorosas de Conchita al respecto:

¡Si viera qué humana es la Virgen! Algunas veces repetía, como en broma, nuestras expresiones mal dichas y lo hacía para que tomáramos confianza. Pero nosotras se la tuvimos desde el primer momento, y también Quiero a la Virgen como si fuera mi madre. Con Ella se puede hablar de todo... Un día nos dijo: «Id muy limpias, yo también me cuidaba de eso cuando vivía en la tierra».

En otra ocasión comentó Conchita a la M. Nieves:

[Durante los éxtasis] la Virgen, muchas veces, no nos miraba precisamente a nosotras, sino más lejos, a la gente que había detrás. Cambiaba a veces de semblante; pero sin dejar de sonreír. Yo le preguntaba: «¿A quién miras?» Y Ella me decía: Miro a mis hijos, haciéndolas ver que no solo venía por ellas sino por todos.[65]

El P. Pesquera relata así otra experiencia tierna de Mari Loli que tuvo lugar la madrugada del 4 al 5 de noviembre de 1962: Loli aguardaba la aparición y hacia las 3 de la madrugada empezó a arreciar el viento, con peligro de aguacero: La madre de la niña –relata Pesquera– mandó a esta que fuese a recoger la ropa, que se había dejado tendida fuera. Loli se dispuso a obedecer; pero claramente se advertía en ella la contrariedad o el miedo que le producía el tener que salir de casa a aquellas horas... Ya iba hacia la puerta con la linterna encendida en la mano, cuando cayó en éxtasis. Se santiguó repetidas veces, dio a besar el crucifijo a los circunstantes, y salió. Poco después, y todavía en éxtasis, regresaba a casa con la ropa recogida... La Virgen había visto las dos cosas, su buena voluntad y su miedo, y como Madre había venido a acompañarla.[66]

En otra ocasión, el sacerdote belga Materne Laffineur, que estaba presente durante uno de los éxtasis que se produjo al entrar las videntes a la iglesia, empezaron a reír de forma alborotada e impropia de estas situaciones y lo comenta de la siguiente manera: "Nos escandalizamos; ¿cómo podía reírse así en presencia de la Santísima Virgen, aunque fuese una risa tan bella?… [Terminado el éxtasis] les preguntamos por lo de la risa, que tanto nos había desconcertado. Conchita nos explicó: «Es que la Virgen se echó a reír». «¿Y por qué?» «Por lo mal que estábamos cantando». Desde luego, esto era verdad y nuestros magnetófonos dan testimonio de ello".[66]

Aparición del Sagrado Corazón de Jesús a Jacinta[editar]

A las preguntas que el periodista Zavala le hizo 60 años después, Jacinta contestaba así:

Sí, lo vi una sola vez en mi vida. Fue en junio de 1961. Se me apareció en «la Calleja» de Garabandal, muy verca de donde había una imagen de la Virgen del Carmen y donde ahora han colocado una del Sagrado Corazón de Jesús. Caminaba yo con Conchita, Mari Loli y Mari Cruz cuando, de repente, ellas tres se hincaron de rodillas y miraron hacia arriba. Yo me quedé sorprendida «¡Qué extraño, si yo no veo nada!» me dije.
Fue entonces cuando se me apareció el Sagrado Corazón de Jesús. Más tarde le pregunte a Loli qué habían visto y me dijo que al ángel. «¡Ay, yo no!» le comenté. «¿Qué viste tú entonces?» inquirió ella. Yo vi al Sagrado Corazón de Jesús, confesé. Le faltó tiempo a Loli para decírselo luego a mi madre.[67]

Jacinta relató describió así al periodista y escritor Zavala los detalles de la visión y de sueños posteriores:

Flotaba en una nube. En un sueño me vi sola en la parte trasera del templo, que es muy oscura, como en penumbra. De pronto entró un señor con pelo largo y negro y dije para mis adentros: ¡Ay, yo me voy de aquí!; al cruzar el umbral de la puerta de salida escuché una voz detrás de mí que decía: Jacinta, no te vayas. Petrificada, acerté a decir: ¿Es que acaso me conoces?; claro que te conozco. Le pregunté quién era y me contestó enseguida: Soy Jesús. Yo acerté a decir ¿El Sagrado Corazón de Jesús?; contestó ; yo dije: ¿Otra vez te me apareces?. Contestó: No vengo por ti sino por todos; Contesté: ¿No puedes escoger a otra persona para eso?. Jesús me dijo: Te he elegido a ti para darme a conocer y amar al mundo. Yo exclamé ¡Ay, no!; Él me dijo: Yo te daré la fuerza que necesitas. Estate tranquila, Jacinta me aseguró con firmeza.[68]

Controversias[editar]

El 17 de junio de 1984, en la edición impresa de El País, apareció una noticia en la cual la «vidente» Mari Cruz González, negaba haber visto a la Virgen, y más bien, señaló a Conchita González como la causante de haber montado esa historia. El artículo en cuestión citaría la confesión de Mari Cruz:[69]

Nunca vi a la Virgen en los pinos ni a ningún personaje celestial. Creo que si aquella tarde del 18 de junio Conchita no hubiera estado con nosotras en la finca del maestro, la historia no se habría montado y San Sebastián de Garabandal hubiera seguido por los siglos de los siglos su vida rutinaria y tranquila.

De repente se puso en éxtasis, recuerda Mari Cruz, "y hasta nos dio miedo aquella especie de comedia, y pensamos que podría haberse puesto mala. Nos metió a las tres en la cabeza que había visto al ángel"

La presión ambiental a la que se vieron sometidas las niñas videntes fue un factor determinante para que se prolongaran durante casi tres años las concentraciones para asistir a las supuestas apariciones. "Se nos acosaba para que viéramos al ángel y luego a la Virgen, y aquellos fanáticos no se detuvieron hasta tener redactado incluso un mensaje, como había acontecido siempre en otras apariciones, como en Lourdes o en Fátima.

Por su parte, Conchita en una entrevista de 1971 dijo que una vez finalizaron las apariciones perdió la evidencia y se retractó diciendo que «no había visto a la Virgen, que le quería decir al obispo que fue todo una ilusión, un sueño…», posteriormente dudó sobre la veracidad de lo ocurrido y en la década de los 80 reafirmó su postura inicial en un documental para la BBC.[cita requerida]

Las jóvenes afirmaron que la Virgen María les había anunciado una serie de hechos milagrosos que sucederían antes del «Milagro» y el fin de los tiempos, sin embargo, estos hechos nunca llegaron a concretarse:

  • El padre Pío de Pietrelcina recibió la visita de Conchita González en San Giovanni Rotondo, quien le manifestó que él vería el «gran milagro» en Garabandal, no obstante el estigmatizado falleció en 1968 sin ser testigo del prodigio anunciado.[70]​ Aunque más tarde la vidente Conchita cuestionada por el hecho, le presentó su duda al Padre Cennamo: ¿Por qué la Virgen me dijo que el Padre Pío iba a ver el milagro y él ha muerto? A lo que el capuchino responde: Él vio el milagro antes de morir. Me lo dijo él mismo.[71]
  • Joey Lomangino, un neoyorquino que perdió ambos ojos y el olfato en un accidente en 1947 cuando solo tenía 16 años,[72]​ acudió a Garabandal en 1964, por encargo del padre Pío, recibiendo la siguiente promesa de la Virgen por boca de Conchita: «Querido Joey, hoy en una locución en los pinos, la Virgen me dijo que te comunicara que la voz que tú oíste era de ella. Que tú recibirás nuevos ojos en el día del gran milagro»,[70]​ sin embargo murió el 18 de junio de 2014, con la misma ceguera que lo aquejaba.[19]
  • Conchita aseguró que la Virgen le dijo: «Después de la muerte de Juan XXIII, quedarán solamente tres papas y después vendrá el fin de los tiempos» (Diario de Conchita del 5 de junio de 1963), pero después del Papa Buono llegaron cinco papas más: Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco.[7]
  • El padre Luis María Andreu, un profesor de teología, acudió a Garabandal para indagar si las apariciones eran verídicas. El 8 de agosto de 1961 durante el éxtasis de las «videntes», el teólogo repitió cuatro veces la palabra ¡milagro! y partió en coche hasta Cosío donde se detuvo antes de fallecer. Conchita profetizó al respecto «El día del Milagro, el cuerpo del padre Luis Andreu será sacado incorrupto de su sepulcro». A principios de 1976, el cuerpo de Andreu fue exhumado del seminario de Oña y llevado al cementerio jesuita del Santuario de San Ignacio de Loyola, encontrándosele en estado esquelético.[7][70]

El sacerdote José Olano –quien en la época de las apariciones se encontraba en Garabandal para impedir la difusión de los supuestos mensajes marianos– habría relatado al doctor en historia y profesor de religión, Santiago Mata, que el 15 de agosto de 1966 Conchita le habría hecho declaraciones con respecto a los dos mensajes dados por la Virgen y a la materialización de una hostia en su boca (a la que ella denominó «milagruco»):

Me explicó que ella fue la que sacó la forma [hostia] del sagrario. No me acuerdo si dijo que todo fuera falso. Categórica, dicho de esa forma, que todo se lo hubiera inventado, no fue. Conmigo estaba segura de que era mentira. Que no era verdad, que lo había inventado, no que no hubiera visto nunca a la Virgen. Sí me contó cómo hizo el mensaje, me parece que lo copió de un calendario. Que lo cogió, no sé de dónde lo cogió.
SILENCIO EN GARABANDAL: El precio pagado por la virgen[13]

El investigador principal del Comité para la Investigación Escéptica, Joe Nickell, ha escrito que los supuestos milagros de Garabandal provienen de informes anecdóticos, nunca realizados en condiciones confiables, ni verificados por expertos en engaños (como los magos profesionales). Según Nickell, tienen «las pues visitaba a la vidente Conchita cada vez que iba a características de las acrobacias infantiles y simples trucos». Nickell también señaló que en tres ocasiones las «videntes de Garabandal se retractaron de algunas declaraciones que habían hecho sobre sus experiencias».[73]

Otro testimonio favorable es el de la Madre Teresa de Calcuta ya que visitaba a la vidente Conchita en su casa cada vez que iba a Estados Unidos.[74]

Los milagros[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Mejía, Alberto Royo. «Garabandal: 50 años de polémica(I)». InfoCatólica. Consultado el 3 de marzo de 2020. 
  2. «NUESTRA SEÑORA DE SAN SEBASTIÁN DE GARABANDAL». Misioneros Oblatos. Consultado el 2 de enero de 2021. 
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  4. Saavedra, 2018, p. 47.
  5. a b Saavedra, 2018, p. 20.
  6. Zavala, José María (28 de enero de 2018). «El enigma sin resolver de Garabandal». La Razón. Consultado el 2 de enero de 2021. 
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  11. Saavedra, 2018, p. 29.
  12. Canal Historia (2011). «Las grandes profecías de la historia». Penguin Random House Grupo Editorial España. Consultado el 22 de junio de 2020. 
  13. a b c Mata, Santiago (2019). SILENCIO EN GARABANDAL: El precio pagado por la virgen. ISBN 9788494894633. Consultado el 2 de enero de 2021. 
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  18. «Este viernes se estrena en los cines Redux de Torrijos la película «Garabandal, solo Dios lo sabe»». abc. 8 de febrero de 2018. Consultado el 3 de marzo de 2020. 
  19. a b c Isac Sánchez, Juan José (2017). El misterio de Garabandal. Liber Factory. p. 364. ISBN 9788417117191. Consultado el 22 de junio de 2020. 
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  23. «DECLARACIONES DE LOS OBISPOS DE SANTANDER». Fundación Hogar de la Madre. Consultado el 1 de octubre de 2018. 
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  25. Cirarda Lachiondo, José María (2013). Recuerdos y memorias. PPC Editorial. ISBN 9788428825108. Consultado el 2 de enero de 2021. 
  26. «OBISPADO DE SANTANDER DECLARACIONES OFICIALES DE LA JERARQUÍA SOBRE GARABANDAL SANTANDER 1970». Parroquia de Nuestra Señora de Montesclaros. Consultado el 23 de junio de 2020. 
  27. a b «Garabandal no ha sido rechazado por la Iglesia». INFOVATICANA. 10 de julio de 2018. Consultado el 2 de enero de 2021. 
  28. Saavedra García, José Luis (2017). María de Garabandal: estado actual de las apariciones ocurridas en San Sebastián de Garabandal entre 1961 y 1965 : tesis doctoral presentada en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Asociación Elisabeth Van Keerbergen. ISBN 9788494819711. Consultado el 23 de junio de 2020. 
  29. (en inglés) "Marthe Robin declared Venerable by the Pope", Marthe Robin site officiel «Copia archivada». Archivado desde el original el 24 de febrero de 2015. Consultado el 24 de febrero de 2015. , última visita el 17 de diciembre de 2016.
  30. Zavala, 2021, p. 27.
  31. «Si terrà il 31 maggio 2014 a Collevalenza la Beatificazione di Madre Speranza». 
  32. La Madre Esperanza ya es beata - Diario La verdad de Murcia - 1 junio de 2014
  33. El maestro del pueblo no era don Vitoriano, como afirman algunas fuentes. “Según testimonio de Francisco García Bañuelos el maestro en tiempo de las apariciones se llamaba don Pepe”. LIAÑO, B., Carta al autor, Sevilla 16.III.2019.
  34. GONZÁLEZ, C., Diario, New York 1967, 16; Cf. KELLY, E., A Walk to Garabandal, Brookings 2014, 14.
  35. Saavedra, 2018, p. 31.
  36. Saavedra, 2018, p. 31-32-33.
  37. Saavedra, 2018, p. 33.
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Bibliografía[editar]

  • Saavedra, José Luis (2018). Garabandal a la luz de la historia (segunda edición). Navarra: Asociación Elisabeth Van Keerbergen Saavedra, José Luis. Garabandal: A la luAsociación Elisabeth Van Keerbergen. p. 356. ISBN 978-84-948197-0-4. 
  • Zavala, José María (2021). Los últimos tiempos ya están aquí-la vidente Jacinta de Garabandal rompe su silencio (décima edición). Madrid: CustodianMovis S.L. p. 249. ISBN 978-84124408-2-9. 

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