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El drama del 'Litri': 20 días después de enterrar a su padre pierde también a su madre

Miguel Báez Spínola se había casado apenas unos días antes de perder a su padre y ahora a su madre.

Miguel Báez Spínola se había casado apenas unos días antes de perder a su padre y ahora a su madre.
Conchita Spinola. | Gtres

El pasado 18 de mayo moría en Madrid después de una larga enfermedad Miguel Báez "Litri", torero de dinastía, ya nonagenario. Se dio la casualidad que sólo cuatro días antes su único hijo varón, Miguel Báez Spínola, había contraído su segundo matrimonio, ceremonia privada a la que no pudieron asistir sus progenitores. Este lunes, 6 de junio, también ha fallecido Conchita Spínola, la viuda del desaparecido matador de leyenda. Miguel hijo, Miki para la familia, recibió en estas tres últimas semanas un doble duro golpe. Ni siquiera ha podido disfrutar de su luna de miel. Hoy martes asistirá a las exequias de su madre. En el momento de redactar este obituario, pocas horas después de la muerte de Conchita a causa de un paro cardíaco, su cuerpo estaba depositado en el tanatorio del cementerio madrileño de San Isidro. Según las noticias que recabamos, sus deudos tenían la intención de que el sepelio tuviera lugar hoy en Valladolid. Los restos de su querido esposo, sin embargo, fueron inhumados en Huelva, su entrañable tierra, aunque él naciera circunstancialmente en la comunidad valenciana, en Gandía. Al funeral celebrado en la Iglesia de la Concepción onubense, asistía enlutada, sin poder reprimir el llanto, Conchita Spínola, acompañada de sus hijos. Ajenos a este nuevo drama.

María Concepción Spínola y González-Cocho era madrileña, nacida hace setenta y un años, perteneciente a una distinguida familia aristocrática de militares y príncipes de la Iglesia, como el cardenal Spínola. Los padres de Conchita, al enterarse de que mantenía relaciones con Miguel Báez Espuny "Litri" pusieron el grito en el cielo y le prohibieron seguir viéndolo. Para lo cuál no vacilaron en enviarla a un internado suizo.

Ya contábamos en el obituario de "Litri" que se habían conocido en una playa de Punta Umbría, donde veraneaba el torero, entonces recuperándose de una cogida. Ha trascendido una anécdota, repetida ya en bastantes medios de comunicación, que Conchita, entonces sólo una quinceañera, había construido un castillito de arena que el torero pisó sin querer. Enfurecida, ella le echó en cara aquel pequeño incidente, motivo por el que entablaron una breve conversación. Se vieron alguna vez más aquel verano. Y la mocita acabó enamorándose del diestro, ambos con caracteres en principio dispares: ella vivaracha, habladora y él, todo lo contrario, taciturno, de pocas palabras.

Mantuvieron su amistad conforme pasaba el tiempo, aunque no se vieran todo cuanto querían, Miguel ocupado en su profesión taurina; Conchita, todavía estudiante de Bachillerato. Aún no había cumplido la mayoría de edad, se debía a cuanto decidieran sus progenitores conforme las normas de la sociedad de la época y en concreto a la de una familia de raíces conservadoras, cristianas. Así es que de boda, nada de nada. Por mucho que implorara Conchita, tuvo que aceptar marcharse al internado suizo desde donde se comunicó cuantas veces pudo con ese novio "que no tragaban los Spínola". Porque no sólo es que él le llevara veinte años de diferencia; es que pese a su aurea de popular torero y su condición de millonario, los padres de ella se enteraron de que la diferencia social era mucha entre los dos, y que mientras Conchita había adquirido una notable cultura, él, por sus circunstancias familiares, apenas pasó por una escuela. Donde por cierto se aburría tanto, "veía" poco los libros, que el sacerdote que le enseñaba la clase de Religión, sabedor de que el chico quería ser torero como sus antepasados, aceptaba que se saltara aquella asignatura. Lo que dio lugar a una simpática secuencia cuando Miguel protagonizó la película "El Litri" y su sombra", y el cura de la historia lo interpretó el gran Pepe Isbert.

No sabia Miguel cómo "conquistar" a la familia de sus futuros suegros. Así es que se encomendó al Obispo de su diócesis, Huelva, solicitándole que fuera a entrevistarse con los Spínola para ver si cedían a aquel noviazgo. Así lo hizo monseñor, haciendo ver a los padres de Conchita que el torero era hombre de buenas costumbres, católico, serio, que nunca había tenido novia…

Ese último punto, si bien cierto, tenía una aclaración: y es que en Lima, hubo una belleza, hija de un rico hacendado, que se prendó de "Litri" y lo seguía por todas las plazas del Perú, allí donde estuviera el torero. Pero éste no le dio ocasión para que su tenaz admiradora lo llevara a la cama.

Los buenos oficios del Obispo dieron resultado. Los padres de Conchita accedieron por fin a que continuaran su noviazgo. En cuanto a la boda, sería cuando ella cumpliera los dieciocho años, siempre y cuando que "Litri" se retirara de los toros. Y así fue cómo dejó de torear a partir de octubre de 1967 celebrando sus esponsales dos meses más tarde. El dichoso matrimonio tuvo tres hijos, Miki y dos niñas, Rocío y Myriam.

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Conchita y su marido | Archivo

Como quiera que Miguel Báez padre, aun retirado de los ruedos, estaba al cuidado de las fincas y la ganadería que había adquirido durante su carrera taurina, Conchita se dedicó muchos años a llevar la gestión de aquel importante patrimonio, hasta que el varón, Miguel Báez Spínola, tomó esas riendas en 1999. Si Conchita nunca fue a ver torear a su marido, mucho menos sintió deseos de ver jugarse la vida a su hijo en las plazas de toros. Me contó que en días de corridas, ella se iba andando al Santuario de la Virgen de la Cinta, patrona de Huelva, distante dos kilómetros de su casa, sita en el centro de la capital, para rezarle con toda devoción a la imagen. Miguel Báez Spínola, sin ayuda paterna al principio, se propuso ser un buen torero. Lo consiguió tras una rápida ascensión como novillero, tomando la alternativa en 1987 en Nimes de manos de su padre, que tras prepararse concienzudamente y perder bastantes kilos, se vistió aquella tarde de luces por última vez para doctorar a su querido Miki. Y cuando éste "se cortó la coleta", no pudo darle mayor alegría a su madre. Si su primer matrimonio con la hija de Carolina Herrera naufragó, este segundo celebrado el pasado 14 de mayo con Casilda Ybarra había llenado de ilusión a sus padres. La pena es que no pudieron asistir a la boda: Conchita no se separaba del lecho de su marido, ya muy enfermo, pues murió cuatro fechas más tarde. Y ahora, para Miki, este otro mal trago, que nadie de la familia esperaba, pues Conchita se encontraba bien de salud. Puede que el terrible dolor de la pérdida de su esposo tras cincuenta y cinco años casados, le haya podido causar el implacable infarto. Una pena la desaparición de esta bella, simpatiquísima mujer, tan sencilla como su marido, quienes siempre llevaron a pesar de su elevada posición económica, una vida discreta ajena a toda relevancia social.

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