Discernimiento y Análisis sobre los mensajes dados a María de la Divina Misericordia "...Jesucristo ha anunciado que, a partir del 22 de diciembre de 2012, ha comenzado una nueva época. Después de que ha pasado el tiempo de la Tribulación, ahora nos hemos adentrado en la fase siguiente: la Gran Tribulación..." | uncioncatolica-HipHopDX

Tuesday, January 8, 2013

Discernimiento y Análisis sobre los mensajes dados a María de la Divina Misericordia "...Jesucristo ha anunciado que, a partir del 22 de diciembre de 2012, ha comenzado una nueva época. Después de que ha pasado el tiempo de la Tribulación, ahora nos hemos adentrado en la fase siguiente: la Gran Tribulación..."



Martes, 8 de enero de 2013
La Gran Tribulación

Según los mensajes recibidos por María de la Divina Misericordia (Irlanda), Jesucristo ha anunciado que, a partir del 22 de diciembre de 2012, ha comenzado una nueva época. Después de que ha pasado el tiempo de la Tribulación, ahora nos hemos adentrado en la fase siguiente: la Gran Tribulación.

Desde hace varios meses, y en varios mensajes, Dios nos ha alertado sobre el comienzo de esta época que verá el surgimiento del anticristo y también la consumación del cisma en la Iglesia. Durante este período también tendrá lugar el Aviso y el Milagro. Después, se irán intensificando la transformación de la tierra por medio de las guerras, los eventos ecológicos y la persecución a los hijos de Dios que formen parte de la Iglesia remanente, por parte del anticristo y sus secuaces.

Jesucristo, a través del Evangelio de San Mateo, nos anuncia “una gran tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta el presente ni volverá a haberla” (Mt 24 21). El Apocalipsis nos muestra una “muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, (...) con palmas en sus manos (…), que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero” (Apoc 7, 9 y 14).

El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 675) dice lo siguiente: “Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cfr. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el “Misterio de iniquidad” bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Te 2, 4-12; 1Te 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22)”.

En junio de 1962, las niñas de Garabandal vieron algo de la Gran Tribulación. Lo relata Mari Loli Mazón: "A pesar de que seguíamos viendo a la Virgen –la ‘noche de los gritos’–, empezamos a ver también una gran multitud de gente, que sufría mucho y gritaba con la mayor angustia... La Santísima Virgen explicó que aquella gran tribulación –que no será aún el Castigo– vendría porque llegaría un momento en que la Iglesia daría la impresión de estar a punto de perecer...; pasaría por una terrible prueba. Nosotras preguntamos a la Virgen cómo se llamaría a esa prueba, y Ella nos dijo que ‘comunismo’”. (Eusebio García de Pesquera, Se fue con prisas a la montaña. Los hechos de Garabandal, parte II, cap. IV).

En los mensajes recibidos hasta ahora por María de la Divina Misericordia (último mensaje: 3 ene 2012, 09:00 pm), se menciona 19 veces la expresión “Great Tribulation”.

A lo largo de estos años, a través de esos mensajes, el Señor nos ha anunciado que hemos pasado por el período de la “Tribulación” y que, a partir de diciembre de 2012, comenzaríamos los tres años y medio de la “Gran Tribulación”. 

El día 22 de diciembre de 2012, Jesús concedió una bendición especial, de protección. Y el 25 de diciembre nos anunció que su Plan de Salvación había comenzado el 22 de diciembre pasado. 

Preferimos no hacer interpretaciones sobre estos datos, sino guardarlos en el corazón, y meditarlos en la oración, como hacía la Virgen. El Espíritu Santo nos ayudará, de modo personal, a conocer lo que Él quiera de nosotros, en cada caso. Y, además, siempre nos pedirá la conversión, es decir, un volvernos a Jesús para pedirle perdón por nuestros pecados y confiar en su misericordia.

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