Dame, Señor, la fuerza de buscarte: Matar a nuestros dioses

sábado, 22 de octubre de 2011

Matar a nuestros dioses

Francisco Alcalá Alcocer

MARDONES, José María. Matar a nuestros dioses. Un Dios desconocido para un creyente adulto. PPC, Madrid,  2006, 238 págs.

«Dios es un Padre con entrañas de misericordia. No hay cosa más nefasta que una mala imagen de Dios», solía decir José María Mardones, profeta inteligente, lúcido, abierto y crítico. Y añadía: «Detrás de muchos conflictos humanos y psicológicos subyace un problema religioso».

La finalidad que se pretende con la presentación de esta obra, y que persigue, por supuesto, el propio libro póstumo de José María Mardones, es intentar responder a algunas de las distorsiones más frecuentes de la verdadera imagen cristiana de Dios.
Nace el escrito, principalmente, de la praxis y experiencia pastoral, de la triste constatación de que Dios, entre los cristianos, no es siempre un elemento elevante y liberador de las personas, sino que, bien al contrario, se dan con frecuencia alrededor de su figura un cúmulo de miedos, represiones y opresiones morales.
El autor quiere, pues, colaborar a liberar esta imagen de un Dios opresor y, sobre todo, ayudar a los creyentes a descubrir que esas imágenes de Dios no son el Dios de Jesús sino, más bien, su negación.
Se trata de un libro de un gran interés pastoral, porque la imagen de Dios tiene una importancia esencial en la fe cristiana y, consiguientemente, la acción pastoral necesita cuidar esa imagen que vierte sobre Él. De ello depende, como bien explica el autor, una posterior aceptación de Dios, una vivencia sana y positiva de la religión.
Realmente, tras nuestras imágenes de Dios, las que tenemos y las que transmitimos, se juega la aceptación o no de Dios por parte de los otros; de manera que Dios está dependiendo de la forma en que se le presente. No es raro constatar que lo que realmente no se acepta no es “Dios mismo”, sino las representaciones e imágenes que de Él nos hacemos y hacemos.
La clave de lectura del libro se concentra en el esfuerzo por confrontar nuestras imágenes de Dios con el Dios manifestado en Jesucristo. En este sentido, a lo largo de los diversos capítulos, la reflexión de Mardones se desarrolla a partir de dicha confrontación para explicar la necesidad de pasar de un Dios intervencionista al “Dios intencionista”, del Dios de los sacrificios al “Dios de la vida”, del Dios de la imposición al “Dios de la libertad”, del Dios externo al “Dios que nos rodea”, del Dios individualista al “Dios solidario”, del Dios violento al “Dios de la paz”, del Dios solitario al “Dios trino”.
Según Mardones, “matar a nuestros dioses” significa, sencillamente, volver a colocar en nuestra mente y en el corazón de los hombres la imagen “escandalosa” del Dios de Jesús.
José María Mardones nació el 14 de noviembre de 1943 en Zalla (Vizcaya). Pronto sintió la vocación religiosa y se hizo hermano marista. Estudió en Alemania, donde trabajó con grandes autores como J. Moltmann y W. Kasper, aunque quien más le influyó fue, sin duda, el filósofo José Manzana, muerto, también, prematuramente como él.
No mucho antes de su muerte repentina, acaecida el 23 de junio de 2006, comunicaba a su amigo y compañero Patxi Loidi: “Ando tentado –ya he empezado- de escribir sobre las imágenes de Dios: matar a nuestros falsos dioses. Un intento de presentar siete imágenes de Dios, perversas, que habría que sustituir por otras positivas. Un libro, quizá pastoral, ¿Qué te parece? Te envío la presentación y el primer capítulo, a ver qué te sugiere. Quiere ser legible, sencillo, sin notas, aunque, al final, inevitablemente se me va el aspecto cultural. Pero quizá esto no sea un defecto. ¿Cómo lo ves? Un abrazo amistoso cálido y pascual”.
Nuestro autor, dedicó su vida a la Filosofía y a la Sociología de la Religión, fue investigador del Instituto de Filosofía del CSIC y anteriormente había sido profesor en la Universidad de Deusto y la Universidad del País Vasco, impartiendo las materias de Filosofía de las Ciencias Sociales, Sociología del Conocimiento y de la Religión, y Teorías Modernas. Como dice su amigo, el teólogo Xavier Pikaza, «su vida estuvo centrada en tres frentes: la investigación y la docencia, las publicaciones y el trabajo pastoral directo en diversos grupos y comunidades».
 Su investigación se centra en el estudio de la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt, sobre la que ha escrito, entre otros, Dialéctica y sociedad irracional. La teoría crítica de M. Horkheimer (UD/Mensajero, 1979), Teoría crítica y razón comunicativa (UPV, 1985) y El discurso religioso de la modernidad. Habermas y la religión (Anthropos, 1998); y en las relaciones entre modernidad y el cristianismo, en torno a las cuales destacan sus libros Postmodernidad y cristianismo (Sal Terrae, 1995, 2ª ed.), Capitalismo y religión (Sal Terrae, 1991), Fe y política (Sal Terrae, 1993), Las nuevas formas de la religión (Verbo Divino, 1998, 2ª ed.) y Neoliberalismo y religión (Verbo Divino, 1998). Treinta y tantos son, en total, sus libros publicados, que se complementan con numerosos artículos. De entre estos últimos, 65 son los publicados entre 1999 y 2006 en la revista Religión y Escuela.
Como pensador, es una referencia constante en las últimas décadas de la Iglesia española. Un filósofo serio, profundo, pero libre. Analizaba el fenómeno religioso con total valentía. Y era uno de los pocos que se atrevía a decirle a los obispos lo que pensaba cara a cara. Con autoridad, porque fue el que mejor estudió el fenómeno de la religión en la sociedad actual.
Pero quizás su obra más fecunda haya sido su propia vida, basada en una profunda espiritualidad, que sabía transmitir con una enorme cercanía. Era un gran conferenciante, siempre muy solicitado, pero ejercía sobre todo el ministerio de la palabra con mucha dedicación y mucho carisma en diferentes grupos de fe de Madrid y de México. Solía impartir conferencias y dirigía convivencias, retiros y ejercicios espirituales en todo el país.
Su último libro, el reseñado: “Matar a nuestros dioses. Un Dios desconocido para un creyente adulto", podría considerarse su testamento espiritual. Es, por ello, altamente recomendable para todos aquellos que sintiéndose creyentes pueden albergar dentro de sí ciertas imágenes de Dios que le oprimen o esclavizan y que están muy alejadas del Dios que Jesús de Nazaret nos acercó, nos presentó, nos ofreció, nos dejó...

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