Kingdom Come: Deliverance - Análisis

Buenas ideas, nuevas fórmulas para el mundo abierto y una ambientación fidedigna bajo una optimización técnica que no brilla ni llega a tiempo, como su robusto acero.

Tras The Witcher III marcando el mejor camino, e incluso Skyrim o Dragon Age años antes, pocos son los que se atreverían a meterse en este rebosante fango de los mundos abiertos roleros y de ambientación fantástica-medieval. Por eso, lo que propuso el estudio checo Warhorse desde el principio, hace años, cuando lanzó su rápidamente exitoso Kickstarter, fue un enfoque absolutamente volcado solo con una de esas partes, con la medieval, dejando a los dragones, la hechicería, los monstruos y demás leyendas de mitología nórdica en la cuneta para pisar a fondo en una recreación fidedigna y hasta obsesiva con lo que fue la Baja Edad Media centroeuropea del s.XV.

Llegaba un juego respetuoso -al fin- con aquella era de hace medio milenio de castillos bien fortificados, señores feudales opulentos y narcisistas, grandes Cruzadas y conquistas, y tensiones palaciegas sobre un pueblo llano rural, desigual y ferozmente masacrado pero devoto. Todo eso construyéndose a partir de los cimientos del género rolero de acción real y las ideas de jugabilidad de los mejores en su estirpe, pues el equipo de Warhorse nunca ha negado que ha estado atento a qué hacen los grandes. Hasta el punto de que ya piensan en hacer una saga...

Kingdom Come Deliverance es una propuesta independiente que encontró sello distribuidor, Deep Silver, ya a desarrollo bien avanzado, y que fomenta ciertos componentes jugables que lo hacen, indiscutiblemente, un juego de nicho (no para todo el mundo). No se puede decir que sea una superproducción, aunque es una obra que piensa bien en sus propios planteamientos, los ejecuta como puede, y cae en el intento de llegar demasiado lejos, de llegar donde llegan los gigantes y súper presupuestados.

Es en esa naturaleza más humilde y económica donde está su encanto e identidad, al tiempo que es ahí también es donde se enredan sus frecuentes incompetencias técnicas, claramente visibles con algunos bugs o errores de IA que no deben extrañar teniendo en cuenta lo mastodóntico y aspiracional del videojuego, y la puesta en marcha a cargo de un grupo reducido de personas. Warhorse no es Bethesda, no es Bioware, no es CD Projekt. Y Kingdom Come Deliverance no se percibe hoy como ya listo para salir en tiendas. Le queda pulido, o le quedó rebajar su ambición. No es un Skyrim ni un The Witcher, pero también gracias a ese alejamiento consciente consigue más personalidad y cohesión de sus partes y esquemas, a cambio de factura visual menos fina y pequeños lastres de juego austero. ¿Salen las cuentas de las ventajas sobre los inconvenientes?

Pues aunque para la masa acostumbrada a verdaderos espectáculos del género quizá no, habrá un sector de jugadores que sepan saborear el elixir único y rotundamente más maduro que atesora Kingdom Come Deliverance. Para empezar, la apuesta por el enfoque realista y respetuoso con la historia checa ha permitido a Warhorse Studios crear el juego de rol soñado donde el protagonista debe comer y dormir con frecuencia, donde no pasarse con el peso del inventario, o donde la dialéctica siempre es mejor arma y más eficaz que liarse a espadazos sin contemplaciones. Éste es un viaje serio, emergente y en todo creíble, de toma de decisiones o actos libres que tendrán consecuencias, y de ambientación de época con detalles realmente impresionantes cuando se pone la lupa en ellos.

La trama y los personajes, redondos y que empiezan pronto a girar, a ganar escala y a oscurecerse, aquí tienen el papel esencial que siempre le pediríamos al RPG perfecto. El formato es de mundo abierto y eso hace en la mayoría de sandboxes que la narrativa o las cinemáticas se resientan. Sin embargo, se puede decir que en Kingdom Come Deliverance la historia es verdaderamente densa, bien contada y ágil. La biografía de Henry, el plebeyo hijo de herrero de Skalice al que encarnamos en todo su ascenso y aprendizaje a través de las intrigas políticas de esta preciosa tierra llamada Bohemia, es dura, como aquellos tiempos de asedios, muerte fácil y grandes gestas a caballo.

Pese al parche de lanzamiento, la desaparición de texturas es un bug que deben solucionar cuanto antes con actualización.

Todo esto escenificado en un paisaje checo verde, muy vivo y calcado para la ambientación del juego. Kingdom Come Deliverance es una historia de traición y venganza sangrientas, donde unas buenas respuestas para un personaje que desarrolla su carisma suelen ser mejor vía que enzarzarse en combate de fuerza bruta, dada la intencionada rudeza del gameplay de éste, especialmente cuando el personaje es aún inexperto en el noble arte del choque de aceros, sea con lanzas, espadas o hachas. Olvídate de la retícula para apuntar con el arco. Aquí la puntería se hace tomando como referencia donde cayeron las flechas anteriores.

Porque sí, porque los combates en este universo son brutalmente toscos y lentos, muy tácticos en cuestión de colar golpes pesados o combos cortos, antes de que la barra de stamina llegue a cero, sin dejar a Henry llegar a colar grandes cadenas ni epicidades inverosímiles. Además, se manifiesta en todo combate esa lección vital de que toda pelea es evitable, pues va a conllevar siempre heridas hasta para el vencedor. Éste es un juego de mensajes, que, con su particular gameplay, provoca este tipo de sensaciones y enseñanzas.

Kingdom Come: Deliverance Hands-On:

Kingdom Come Deliverance también es un juego hardcore y tradicional, en el sentido de la progresión con profundidad y lecciones ambiguas, sobre todo. Los jugadores impacientes no pararán de morir, pues Warhorse intenta y consigue obligarnos a usar la cabeza y la atención antes que los puños o el machaque de botones. Y no todo lo explica paso a paso. Tanto es así, que no es fácil catalogarlo como Action RPG aunque sus peleas sean en tiempo real -y en primera persona, como todo el planteamiento-. Desde luego, tampoco es Dark Souls ni For Honor...

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Kingdom Come: Deliverance

Warhorse Studios | 13 de febrero de 2018
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