María, Mamá de Jesús y Mamá nuestra

Fiatgarabandal

En una humilde aldea situada en el corazón de Cantabria que ha pasado hasta ahora inadvertida en los mapas. ¿Se apareció allí en realidad la Virgen, bajo la advocación del Monte Carmelo, a las cuatro niñas Conchita, Loli, Mari Cruz y Jacinta, a quien tuve oportunidad de conocer en persona y compartir con ella una inolvidable experiencia…? La pregunta sugiere ya de por sí una investigación apasionante.

De momento la Iglesia, mediante las autoridades eclesiásticas de Santander, ha manifestado que «no consta la sobrenaturalidad de los hechos», lo cual tampoco significa que no pueda constar si en un futuro se culminase una reveladora indagación sobre lo acaecido allí entre 1961 y 1965. Hasta entonces, conviene poner de manifiesto que el Papa Francisco distinguió a dos grandes mujeres que defendieron en su día las apariciones de Garabandal. De la primera de ellas, la mística francesa Marta Robin, el Romano Pontífice aprobó sus virtudes heroicas. Marta Robin animaba al sacerdote Combé, paisano suyo, a difundir el mensaje de Garabandal y rezaba a diario por las niñas videntes. A Robin se sumó en su defensa de Garabandal nada menos que la Madre Esperanza, murciana para más señas y fundadora de las Congregaciones de las Esclavas y los Hijos del Amor Misericordioso, beatificada por Francisco el 31 de mayo de 2014.

De la Madre Esperanza compuse una biografía suya convertida en best-seller de espiritualidad y traducida al italiano por Mondadori, tras consultar los archivos del Santuario de Collevalenza fundado por ella y acceder a los documentos de su proceso de canonización. Sobre la Madre Esperanza, precisamente, escribía el presbítero José Ramón García de la Riva en su libro Memorias de un cura de aldea, cuando todavía era venerable: «La Madre [Esperanza] estaba convencida del carácter sobrenatural de las apariciones de Garabandal por el testimonio de Emilia Andreo Rubio, que acudió con otras personas amigas en peregrinación al Santuario de Colevallenza. Allí Emilia manifestó a la Fundadora su intención de ir a Garabandal, a lo que la Madre Esperanza les contestó admirada: “¿Así que vais a San Sebastián de Garabandal…? Bien. Bien”».

El santo de los estigmas

Los testimonios favorables a estas apariciones se suman así a los de Santa Teresa de Calcuta, que visitaba a la vidente Conchita en su casa de Estados Unidos cuando iba allí, y por supuesto el del Padre Pío, canonizado por San Juan Pablo II en junio de 2002. Joachim Bouflet es un conocido carmelita parisino de 65 años doctorado en Historia en la Sorbona, que desde hace años se ha especializado en el estudio de estigmatizados y apariciones marianas.

La tarde del 23 de agosto de 1968, justo un mes antes de fallecer el Padre Pío, estuvo con él en el claustro del convento de San Giovanni Rotondo. El santo de los estigmas estaba sentado a la sombra de un arco; parecía dormido.

El propio Joachim Bouflet relataba lo que sucedió poco después: «Yo estaba lleno de emoción de estar tan cerca de él […] Salté al jardín del claustro y caí de rodillas a los pies del Padre Pío. Él pareció sorprenderse. Al mismo tiempo dos capuchinos aparecieron gritando palabras ininteligibles en italiano. El Padre Pío les hizo un gesto con su mano enguantada y ellos permanecieron cerca, en silencio».

«[…] Puso su mano [el Padre Pío] sobre mi cabeza (yo seguía arrodillado delante de él) y me dijo unas cuantas palabras. Los dos monjes retrocedieron unos pasos. Yo escuchaba al Padre Pío mientras él mantenía su mano sobre mi cabeza. Entendí perfectamente lo que me dijo. Le confesé mis pecados y él me respondió comentándome lo que le había confesado. Entonces experimenté el abrumador carisma que se le atribuía, el del conocimiento de los corazones…».

Fue entonces cuando se desarrolló el siguiente diálogo sobre Garabandal, tal y como lo recordaba el testigo presencial:

–Reza a la Madonna [la Virgen]. Conságrate a la Virgen del Carmelo que se apareció en Garabandal, le indicó el Padre Pío.

–Sí, padre, rezo a la Virgen del Monte Carmelo. Por cierto, me gustaría hacerme carmelita, repuso Bouflet.

El Padre Pío insistió:

–Conságrate a la Virgen del Carmelo que se apareció en Garabandal. Algo confuso, pues había oído hablar vagamente hasta entonces de Garabandal, Bouflet inquirió:

–¿Las apariciones de Garabandal…?

–Sí, así que conságrate a la Virgen del Carmelo que se apareció en Garabandal.

–¿Entonces es cierto?

–¡Certo e vero!, dijo rotundo el Padre Pío.

 
 José María Zavala- La Razón

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Cristina

Vivir en la Divina Voluntad es poseer al mismo Dios, su Vida -que son sus actos- y por lo tanto es vivir la misma Vida Divina. Se dice pronto.... pero para esto nos creó el Creador. Bendito sea su Nombre: YO SOY. El es un eterno presente y todo lo que hay hecho está en acto de hacerse para tomarlo en cualquier momento.

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