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Tuesday 4 Oct 2022 | Actualizado a 17:39 PM

De loca no tiene nada

/ 30 de julio de 2022 / 02:59

“Soy loca con mi tigre, cuantas más rayas mejor”, canta Shakira. “Yo no quiero volverme tan loco”, canta Charly García. Rita Lee va más allá, reclama que quien llama loco a alguien no es feliz: “Dizem que sou louca por pensar assim. Se eu sou muito louca. Por eu ser feliz. Mais louco é quem me diz. E não é feliz, não é feliz”. Astor Piazzola y Horacio Ferrer compusieron Balada para un loco, de cuya letra rescato tres fragmentos: “Ya sé que estoy pianta’o (loco en lunfardo), pianta’o, pianta’o ¿No ves que va la luna rodando por Callao? Que un corso de astronautas y niños con un vals me baila alrededor. Bailá, vení, volá. Ya sé que estoy pianta’o, pianta’o, pianta’o. Yo miro Buenos Aires del nido de un gorrión. Y a vos te vi tan triste; vení, volá, sentí el loco berretín que tengo para vos. Loco, loco, loco. Cuando anochezca en tu porteña soledad. Por la ribera de tu sábana vendré. Con un poema y un trombón a desvelar tu corazón. Loco, loco, loco. Como un acróbata demente saltaré. Sobre el abismo de tu escote hasta sentir. Que enloquecí tu corazón de libertad, ya vas a ver”.

Vayamos ahora a la historia. Juana la loca era Juana I, reina de Castilla, y de Aragón y Navarra durante la primera mitad del siglo XVI. Se casó con Felipe de Castilla, a quién le llamaban Felipe el Hermoso. O sea una señora de la realeza española aquejada por una enfermedad mental que contrajo nupcias con un príncipe de fina estampa. Una esquizofrénica enamorada de un joven guapo que murió a los 28 años escupiendo sangre.

La locura fue sometida a disciplinamiento, a vigilancia y control, como lúcidamente lo explicara Michel Foucault. Locos y locas deben quedar sometidos a encierro porque amenazan con desordenar las calles, las plazas y la vida cotidiana de la normalidad humana (Hombre mirando al Sudeste, película de Eliseo Subiela), pero la palabra es de una riqueza polisémica inacabable, así que loco o loca no es solo demencia, sino también, como acabamos de revisar, música, poesía, creatividad, historia trágica o película develadora, que expone talentosamente el lado B de la condición humana y que nos advierte que todos estamos hechos de rasgos de comportamiento visibles, así como por conductas, actitudes, gestos situados por fuera de lo previsible, de lo normal.

“Messi está loco pa”, dice mi hijo de 19 años y con eso quiere relievar su talento, su capacidad para sacar del pie izquierdo una maniobra impensada con el balón, un disparo con destino de red que solo él es capaz de ejecutar. Esto es, la locura asociada a la genialidad, a la habilidad inigualable, y por eso el “está loco” o “está loca” funciona con distintas intencionalidades, para realzar virtudes o para condenar atrocidades como el exterminio de judíos en Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial o para reprobar manías persecutorias estalinistas.

Sirva toda esta retrospectiva que forma parte de la historia de la cultura y de las artes, para llegar a la conclusión de que la alcaldesa Eva Copa no tiene ni por asomo rasgos de locura, en ninguna de las acepciones: No es cantante, no es poeta, no pertenece a familia real alguna con problemas mentales, no es personaje de ningún tango memorable, no ha inspirado hasta ahora personaje alguno digno de ser representado cinematográficamente, no presenta características de personalidad que le permitan convertirse en una criatura literaria, es decir, de loca no tiene nada porque no exhibe comportamientos de demencia y menos rasgos de genialidad alguna.

Eva Copa es una ciudadana alteña con gran sentido de la oportunidad. Fue presidenta del Senado durante el gobierno de facto de Jeanine Áñez y dispuso del funcionamiento de la Vicepresidencia del Estado y de sus reparticiones durante ese nefasto periodo, sin estar avalada por atribución constitucional alguna, debido a que por renuncia, el cargo de segundo mandatario del país había quedado acéfalo. Es también sabido que la señora Copa, junto a sus colegas Omar Aguilar y Efraín Chambi, tuvo diálogo con quien fuera su colega, Arturo Murillo, cuando éste ya se había convertido en el político más poderoso de Bolivia al mando de un Ministerio de Gobierno tenebroso y delirante.

Todo esto significa que Copa no tiene merecido el estatus de loca. No lo es en sentido alguno. Es una gran ganadora electoral que se convirtió en Alcaldesa de El Alto, una ciudad en la que hay que trabajar mucho para conseguir que algún día pueda alcanzar desarrollo urbano con todas las características que exige una ciudad del siglo XXI, que pueda ofrecerles a sus ciudadanos calles limpias, sin baches, bien iluminadas, plazas para que los niños puedan salir a entretenerse con comodidad y seguridad, viviendas con todos los servicios básicos en todas sus zonas, y centros comerciales, desde ferias tradicionales hasta modernas edificaciones que satisfagan necesidades y demandas en materia de tiempo libre recreativo.

En buenas cuentas, quien diga que Eva Copa está loca, está loco.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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Enemigos

/ 24 de septiembre de 2022 / 01:18

El juego diplomático que permite diferenciar a enemigos de adversarios funciona cuando en el corazón de una sociedad no se encuentra instalado el odio. Eres mi adversario en la cancha y cuando termina el partido podemos tranquilamente tomarnos un par de cervezas en el mejor plan, intercambiando criterios y argumentando con serena civilidad nuestras diferencias. Sería ideal que así funcionara la pluralidad democrática, pero desde que el exitoso progresismo latinoamericano, desde que los triunfantes líderes de nuestra izquierda con fuerte acento nacionalista demostraron que el Estado podía ser el motor de la equidad y de la estabilidad económica y social, los odiadores antimasistas, antichavistas y anticastristas cargaron las tintas, y tantas veces los bates de béisbol y las armas de fuego para eliminar en modo asesinato político a indígenas, negros, homosexuales, chicas trans y otras identidades alternativas antisistema. Referencias: Donald Trump y Jair Bolsonaro.

En buenas cuentas, sentimos el odio soplándonos las nucas durante los cruentos días del golpe de Estado encabezado por Mesa, Camacho, Áñez, Murillo, Ortiz, Carvajal y toda esa cáfila de fracasados electorales que viven en modo masturbatorio, que ya bastante debilitados continúan buscando dónde se encuentra la pócima para hacer del MAS el cadáver necesario a esos intereses que pretenden contradecir la resistencia popular, las luchas sociales, la defensa de los recursos naturales, y las batallas por imponer una legítima autodeterminación que nos permita prescindir por más de una década de embajador o virrey de los Estados Unidos y se le diga No, con firmeza ideológica y claridad técnica, al Fondo Monetario Internacional (FMI).

No hay fuerza imperial que pueda doblegar la historia emancipatoria de obreros, campesinos e intelectuales progresistas y como comprueban a diario cómo se acabaron sus privilegios de clase, los neofascistas salen de sus madrigueras con toda la violencia impulsada por su odio obsesivo y esos, por supuesto que no son adversarios, son nuestros enemigos en nombre de la historia, la liberación nacional y la lucha por una vida digna y justa para los de abajo.

El editor-operador de una página digital que publica una fotografía en la que aparezco, con fines de persecución y linchamiento no es un adversario de ideas, es mi enemigo con el que no hay reconciliación posible. Ese mismo editor y operador de los gringos, que para guarecerse bajo un paraguas gremial hace sana-sana con la periodista que escribió contra él, por haber defendido a un feminicida sigue siendo mi enemigo con el que reconciliación es una palabra inexistente, aunque alguna vez yo le consiguiera trabajo como jefe de redacción en un diario. La presidenta de Derechos Humanos que dice que un puñado de motoqueros que golpean “masistas” es una “resistencia necesaria”, no es mi adversaria, es mi enemiga. El supuesto periodista de El Deber que escribe en su cuenta de Twitter que al magnicida frustrado de Cristina Fernández de Kirchner “le faltó ensayar”, no es mi adversario, es mi enemigo, porque sus palabras lo evidencian como a un fascista que considera que la eliminación física es el camino para recuperar el orden conservador y excluyente.

No hay proceso político consistente y coherente si no se tiene claro quién es el sujeto histórico y quiénes son los enemigos que siempre han perseguido a ese sujeto histórico para acallarlo en forma de masacres militares y represiones policiales como ha sucedido en Sacaba- Huayllani, Senkata y El Pedregal. Mujeres y hombres haciendo flamear wiphalas en las carreteras son enemigos de la reacción, del neoliberalismo derrotado y del racismo, ese que produjo 37 muertos en noviembre de 2019, y que insisten de manera delirante que no fueron producto de un asalto al poder que aquí y en cualquier otra galaxia se llama Golpe de Estado.

A los enemigos que no soportan que en la historia de Bolivia nadie podrá quitarnos lo bailado con el empoderamiento de lo indígena originario campesino hay que combatirlos todos los días, con la fuerza de las ideas y la contundente demostración de las verdades históricas que nos constituyen y desde 2006 potencian nuestra pluriidentidad, y nuestra voluntad de nunca más someternos al tutelaje de los que se llevaron siempre nuestras riquezas a insultantes precios de gallina muerta, gracias a cipayos como Paz Estenssoro, Banzer o Sánchez de Lozada.

Este es un alegato desde la izquierda. Desde el periodismo con identidad y absoluta claridad ideológica. No vamos a atacar a nadie. No vamos a buscar revanchas que envilecen y degradan el espíritu, pero sí vamos a seguir combatiendo, con nuestra palabra crítica y nuestro compromiso con las mayorías que forman parte del campo popular, a todos esos cultores del odio, muchos de ellos pretendiendo pasar por periodistas, que han hecho de ese odio y la persecución en sus variadas formas, su modus vivendi. No son adversarios, son nuestros enemigos.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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Cómo pasar a la historia

/ 10 de septiembre de 2022 / 01:48

Muchos años antes de su muerte, Fidel Castro, el comandante eterno de nuestra Cuba revolucionaria, instruyó con claridad y determinación que no quería su nombre y su efigie en ninguna obra material. En otras palabras, decidió que su nombre quedara tatuado en corazones y entrañas por decisiones estrictamente personales, así como tuvo que sorprenderse cuando su legendario rostro barbado fue dibujado para siempre en la pierna izquierda de Diego Armando Maradona.

Fidel ha pasado a la historia como el líder de una obra humana heroica y conmovedora para los progresistas del mundo y como el autócrata demonizado por los conservadores y los creyentes defensores de la tramposa democracia plural del mundo capitalista. Esa obra se llama Revolución y todavía sigue siendo bloqueada por los sucesivos e imperiales gobiernos de los Estados Unidos que no pudieron, ni con 638 intentos de asesinato, eliminar la consigna histórica ¡Patria o muerte! que ya ha trascendido la misma existencia de ese abogado graduado en la Universidad de La Habana y que ha gobernado un país —transformándolo— de manera continua durante más de medio siglo, y que en el ranking de permanencia en el poder, solo queda detrás de Lilibeth, la reina Isabel II del Reino Unido, que ha fallecido luego de siete décadas ostentando la corona en forma de sombreros de colores desde el palo de rosa más delicado hasta el amarillo más chillón.

Guardando las distancias, en nuestros pagos, el presidente Luis Arce acaba de entregarle el Cóndor de los Andes a la inmensa y entrañable Matilde Casazola, poeta y cantautora que ha consagrado su vida a escribir y a cantar, y que es parte del patrimonio histórico cultural de Bolivia. A sus 11 años ganó un premio de Juegos Florales, lo que significa que viene dedicada a la música y a la poesía, siete décadas. ¿Cómo pasará a la historia nuestra Matilde? Simple y llanamente con sus canciones que se podrán seguir escuchando con emoción ahora y después.

Leo la biografía de Fidel escrita por Katiuska Blanco y compruebo que la desinformación sobre la revolución cubana, la invisibilización de las grandes transformaciones producidas en la Isla se debe a una estrategia perfectamente articulada por los grandes aparatos mediático ideológicos de Occidente, que han pretendido estereotipar y frivolizar la figura del líder, de la manera en que se van edificando los legendarios personajes del cómic, a los que siempre considero agentes de la CIA, provistos de magia y espectáculo cinematográfico de alto vuelo en materia de efectos especiales. Veo la serie televisiva The crown en sus cuatro temporadas, y compruebo la importancia identitaria, cultural y geopolítica de Lilibeth, mandamás de una casa real donde se imponen costumbres enraizadas por varios siglos y que por supuesto provocan gestos de admiración y respeto, así como de rechazo e indignación de quienes consideran a las monarquías, artefactos estatales vetustos, anacrónicos y que deberían ser definitivamente abolidos. Y escucho a Matilde Casazola, a través de su propia voz, y de muchas otras: “Desde lejos yo regreso/ Ya te tengo en mi mirada/ Ya contemplo en tu infinito mis montañas recordadas/ Desde lejos, desde aquellos horizontes que se escapan/ Hoy regreso a tu infinito Pachamama Pachamama”. Y así, uno va construyendo su propia memoria histórica, archivo de la vida para comprender y sentir los entrecruzamientos de pasado-presente-futuro.

Recodaré siempre a Fidel como al líder más importante de la historia de América Latina. Al líder de los pobres, los obreros y los campesinos triunfantes desde 1959. A Lilibeth como la jefa de Estado en que los contenidos y formas fueron importantes en las mismas proporciones. Y a Matilde la leeré, la escucharé, a través de su propia voz y de otras tantas que han multiplicado su talento para la palabra y la música.

Uno recuerda a los personajes de su propia vida, como ellos mismos van construyendo, tantas veces de manera subconsciente, cómo quieren ser recordados. Y ahora que está metido en una “champa” guerra, de esas que la mayor parte de las veces terminan en anécdota, no recordaré a Evo Morales por estas nimiedades, y como no parece empeñado en proyectar su imagen en plan trascendental, será mejor que cada uno decida con qué pedazo de Evo se queda. Yo me quedo con el marchista de las carreteras, el propiciador de la inclusión social definitiva y revolucionaria de la Asamblea Constituyente, y el nacionalizador de nuestros recursos naturales, con los que Bolivia comenzó a caminar por los senderos trazados por indígenas, campesinos y trabajadores de las ciudades. En otras palabras, con el mejor Evo, con el que supo hacer de su presidencia el escenario para la emergencia única e irrepetible de los de abajo, como nunca antes se pudo en nuestra historia colonial y republicana.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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El periodismo golpista quiere volver a la carga

/ 27 de agosto de 2022 / 02:52

La condescendencia ya es mucho premio para ese puñado de impunes agazapados en los medios de comunicación de la derecha que vuelven a tantear posibilidades de ir otra vez a la carga contra quienes no comulgamos con su excluyente visión de país, y para ello se ensaña contra los periodistas más serenos y tolerantes de Bolivia. Acaba de suceder con el rabioso Los Tiempos de Cochabamba que no ha dudado en publicar una fotografía del colega y compañero Freddy Morales, corresponsal y representante legal de Telesur en Bolivia. Lo ha hecho fiel al estilo de la persecución política, judicial y mediática con la que se actuó en el gobierno de facto presidido por Jeanine Áñez, en plan criminalización e incitación al linchamiento. Estos personajillos son los que le abrieron las puertas a ese fascista español de nombre Alejandro Entrambasaguas, que entre sus proezas figura el apresamiento, el encadenamiento a una cama de hospital y la tortura contra la empresaria Lorgia Fuentes a la que le inventó desde un amante ministro hasta negocios que jamás hizo con el gobierno del MAS.

No señores de Los Tiempos, no es delito firmar un contrato por pauta publicitaria otorgado por el gobierno de turno. Es un derecho que se ejerce como todo el periodismo empresarial conservador de Bolivia lo hizo durante toda la noche neoliberal y al que nunca se le cuestionó, desde ninguna esquina, las generosas pautas que firmaba con los gobiernos de Paz Zamora, Banzer, Tuto, Goni, y Mesa. Se firmaban contratos por aquí y por allá, incluida la incorporación de un comentador de noticias como candidato a la Vicepresidencia en 2002.

Los antecedentes de la persecución ejercida por los Peñaranda boys y las Cajías girls durante el tenebroso e inepto gobierno de Áñez han sido debidamente registrados en distintas publicaciones —se han publicado 21 libros sobre el golpe y el gobierno de facto de 2019-2020 —y contra ese inventario no hay nada que negociar. Se dedicaron a fomentar la difamación, la calumnia y las noticias falsas. Accedieron a información confidencial de la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF) para hacerla pública, cometiendo delitos de manera confesa y ahora se encuentran abocados a decidir cómo se debe o no procesar a un locutor metido a gerente de la televisión estatal que también violó la norma, realizando una indebida contratación de un ciudadano que no cumplía con los requisitos para acceder al cargo que finalmente se le entregó: Presentador en pantallas.

A estos reaccionarios, de redacción plana y carentes de estilo, les encanta traficar fotografías como acaban de hacer con una de Freddy Morales. De esa manera alimentan el morbo de quienes ven en periodistas “zurdos” a los engendros del demonio, los malvados comunistas que quieren arrebatar propiedades privadas, que sueñan con regímenes como los de Cuba y Venezuela. Ya quisiéramos en Bolivia una educación y una salud como las cubanas y unas políticas de defensa de la mujer y de igualdad de género como la venezolana. Ojalá algún día pudiéramos alcanzar logros tan significativos que favorecen la calidad de vida de las mayorías.

Enfilo el cierre de este texto sabatino, a minutos de haber concluido la marcha convocada por el Pacto de Unidad en respaldo al gobierno de Luis Arce y David Choquehuanca. Los mentirosos de siempre, ya están afanados desde sus diarios, sus programas televisivos y espacios radiofónicos en desviar la atención de la noticia principal: Según el Secretario Ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB) la marcha realizada el jueves 25 de agosto ha superado en participación a la larga marcha realizada en 2021. Sobre el asunto dirán lo de siempre, son tan previsibles que es fácil recordar sus muletillas: El MAS obligó a la administración pública, se financió con dinero del pueblo, la gente que llegó de las zonas rurales recibió dinero para participar y algunas majaderías más que forman parte del catálogo de la mentira que ahora sí toma forma cartelizada de operar. Parecen empeñados en terminar de darle razón a Juan Ramón Quintana que hace algunos años los etiquetó como “Cártel de la mentira”.

Mentirosos. Inescrupulosos. Productores de noticias falsas. Financiados por agencias estadounidenses especializadas en tutelaje e injerencia. Simplificadores de la realidad. Prejuiciosos. Racistas. Y en el gobierno de facto, traficantes de información financiera confidencial publicada gracias a sus privilegiados contactos con los tiranos y represores del gobierno de Áñez. Son lo que se autoproclaman independientes, objetivos e imparciales. Una cáfila de impostores que ven a sus colegas situados en la vereda izquierda como enemigos. Nosotros somos sus enemigos y por eso publican fotos de incitación a la violencia “pitita”. Para nosotros, ellos son enemigos, pero no solo de nosotros, periodistas, sino de la causa nacional popular a partir de la cual Bolivia es gobernada desde 2006.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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El Presidente y la historia

/ 13 de agosto de 2022 / 00:35

Ya no sorprende ni alarma que cuando aparece un esfuerzo por la retrospectiva histórica, las reacciones informativa y analítica pasen por el ninguneo. El presidente Luis Arce ejercitó, como pocas veces sucede con discursos de recordación histórica, una interesante retrospectiva acerca de nombres y hechos que perfilaron la independencia y la fundación de la República. Rescato cinco párrafos de su discurso pronunciado el pasado 6 de agosto desde la Casa de la Libertad de Sucre:

Entre las insurrecciones más importantes contra el abuso, la angurria y corrupción colonial, está la del joven orfebre, Alejo Calatayud, en Cochabamba, el año 1730. Pese a su triunfo inicial, la gesta terminó con el asesinato de Calatayud y de sus seguidores Tomás Gamboa, Diego Amburgo y Nicolás Flores. La sublevación de Calatayud y aquellas que se produjeron como consecuencia de su muerte, son solo una parte de la línea de rebeliones que cubren la historia durante la invasión colonial.

El año 1780, Tomás Katari y Kurusa Llawi en Chayanta, Túpac Katari y Bartolina Sisa en La Paz, en acción coordinada con Túpac Amaru y Micaela Bastidas en Cusco, lideraron la rebelión más importante del continente, que hizo temblar los cimientos del dominio colonial.

La prohibición de que los indígenas tuvieran armas de fuego, fue decisiva para que, pese a ser mayor en número, fueran derrotados. La ejecución perversa y el descuartizamiento de Túpac Katari, pervive en la memoria de nuestro pueblo, como ejemplo de la rebeldía contra la dominación, explotación, discriminación y el saqueo de nuestra Patria.

También reconocemos la lucha de Dámaso y Nicolás Katari, Tomás e Isidro Acho, Tomás Callisaya, Pascual Ramos, Bonifacio Chuquimamani, Pascual Alarapita, Isidoro Mamani, Pedro Obaya, Juan de Dios Mullupuraca, Diego Cristóbal Túpac Amaru y Miguel Bastidas, quienes, entre otros, condujeron aquella gesta.

Mujeres indígenas como Gregoria Apaza, Isidora Katari, María Lupisa, Isabel Huallpa, Tomasina Silvestre, Manuela Tito Condori y Tomasina Tito Condemayta, tuvieron un rol protagónico en aquellas luchas anticoloniales y merecen nuestro máximo respeto y gratitud.

La primera parte de la alocución presidencial pronunciada con motivo del 197 aniversario de la fundación de Bolivia es una guía introductoria para acercarnos a los orígenes de la república colonial. Por supuesto que cita a Bolívar, a Sucre, a Juana Azurduy, describe las características de la colonialidad, el sojuzgamiento y el saqueo, para luego de examinar dichos orígenes, ingresar en una recapitulación de lo producido por su gobierno inaugurado en noviembre de 2020.

Conclusión mediática: “El Presidente no habló del Censo” y como no habló de la “coyuntura” —horrible palabra—, producto del conflicto suscitado por el diferimiento de su realización, todos los medios de comunicación, ojalá que con alguna honrosa excepción, se pasaron por el forro la pertinencia de las citas hechas por Arce relacionadas con acontecimientos y protagonistas de la lucha contra la colonia y la guerra de la independencia.

Para decirlo pronto y claro, el discurso presidencial contiene un recorrido histórico por la construcción nacional que se ha hecho gracias a la capacidad de sublevación, de lucha, de defensa del territorio y sus riquezas a cargo de indígenas, campesinos y clase obrera, nutrida gran parte de ella por hombres y mujeres originarios de tierras altas y tierras bajas. Explica de dónde y cómo pasamos de la República a la creación del Estado Plurinacional para finalmente exponer datos de lo que se hace hoy con la economía a partir de un modelo que tiene redimensionados los tamaños del Estado, del mercado interno y externo y de la sociedad en su variedad étnica y cultural.

Desde su gestión como ministro de Economía y Finanzas Públicas, Arce ha sido invariablemente sistemático e informativo, y como su formación académica gestada en Bolivia y en Inglaterra lo han conducido por el camino del rigor en el uso de los datos, es que ha logrado caracterizar su presidencia por la sobriedad y la precisión en el uso de los datos. Será por ello que aparece primero en todas las encuestas, en las propias y en las ajenas, en las oficialistas y en las opositoras, en materia de aprobación ciudadana con un promedio de 40%.

El Estado Plurinacional de Bolivia tiene nada más que 13 años de existencia. La República colonial ha prevalecido 184 años y es el conocimiento de la historia de esa República colonial la que puede conducirnos a encarar mejor, con los menores márgenes de error posibles, la construcción de un Estado inclusivo en que lo indígena originario pueda lograr vigor en todas las esferas del ejercicio de la ciudadanía. Para asumir conciencia de todo esto, son los discursos como el pronunciado por Arce Catacora este último 6 de agosto.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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Yanquis golpistas

/ 16 de julio de 2022 / 02:27

A confesión de parte relevo de prueba. John Bolton, consejero de Seguridad Nacional en el gobierno de Donald Trump, ha afirmado muy suelto de cuerpo, con el cinismo que le permiten los años, que había “ayudado a planear” golpes de Estado en varios lugares del mundo, que una tarea de esa magnitud exige mucho trabajo y que para tales propósitos, los encargados de materializar dichas acciones extraterritoriales, tan características de la autocomplacencia unipolar planetaria de la que todavía se ufanan los yanquis imperiales, no habían sido lo suficientemente competentes para alcanzar el éxito. Se refería, por supuesto, a la torpeza sistemática con la que la administración norteamericana quiso convertir en presidente a Juan Guaidó en un experimento de creación de algún universo paralelo, en el que se inventó una presidencia venezolana for export reconocida por una cincuentena de países, mientras Nicolás Maduro, su gobierno y las Fuerzas Armadas cerraban filas para combatir los intentos de derrocamiento finalmente fracasados.

A los golpistas les irrita que les llamen golpistas. Que se les recuerde a qué y cómo juegan para alcanzar el poder. Que se les refriegue por anverso y por reverso que sin posverdades y noticias falsas diseminadas por redes sociales no estarían en condiciones de erigir esas iglesias evangélicas fundamentalistas, alérgicas al progresismo y sustentadas en la ignorancia supina de lo que significa en nuestros países lo nacional popular o el nacionalismo de izquierda en que el Estado detenta el control y la administración para que el mercado se ponga al servicio de la sociedad, y no al revés, como sucedió durante la década de los 90 en que los ciudadanos tenían que bancarse gasolinazos con precios que repercutían en la canasta familiar, determinados por la oferta y la demanda, y que por supuesto castigaban con severidad a los que menos tienen, a los pobres, a nuestros pobres, los explotados, los excluidos, los ninguneados desde tiempos coloniales hasta nuestros días.

La confesión de Bolton se produjo dos días antes de que Donald Trump anunciara su retorno a la arena política, para intentar una nueva aventura electoral, en tiempos en que su admirado Jair Bolsonaro —Bolton y Trump recibieron con beneplácito su elección presidencial en Brasil—, emite señales de inquietud ante el inminente regreso de Luiz Inácio Lula da Silva al Palacio de Planalto a través, nuevamente, de la vía eleccionaria. En este contexto, en entrevista concedida a un diario argentino, Evo Morales ha afirmado que los Estados Unidos han perdido preeminencia en América Latina y deslizó entre líneas la idea de que en lugar de leer la geopolítica con el prisma de los nuevos tiempos, lo siguen haciendo con anteojeras setenteras cuando imperaban la Guerra Fría, la Doctrina de la Seguridad Nacional y el Plan Cóndor.

A mediados de 2019, tres meses previos a las elecciones presidenciales de ese año, ya se había decidido en una reunión producida en la Embajada de Estados Unidos en La Paz, con presencia de políticos opositores, que en Bolivia se produciría un fraude. Es decir, el fraude estaba consumado antes de que se produjeran las votaciones en las urnas. En esa tarea, habrá que distinguir los esmerados servicios del entonces encargado de Negocios, Bruce Williamson, diplomático de vasta experiencia que se fue de nuestro país luego de haber cumplido tareas en la línea trazada por Bolton: Redes sociales trabajando a full, incendios en la Chiquitanía para estigmatizar a Evo como ecocida, médicos que fueron capaces de tumbar el nuevo Código Penal y que dieron lugar a que el país siga funcionando bajo el imperio de los códigos Banzer, policías descontentos con el tratamiento que recibían del gobierno y mandos, altos y medios de las Fuerzas Armadas, que se apoderaron del funcionamiento del país entre el 10 y el 20 de noviembre para consolidar la presidencia de facto de Jeanine Áñez. Si a esto sumamos las acciones de la OEA, de la Unión Europea, de las embajadas de Brasil y de Gran Bretaña, el golpe a la boliviana, por dentro y por fuera, estaba servido.

Un rockero “pitita” que forma parte de la corporación opinadora de la derecha ha definido con la siguiente genialidad el golpe producido en Bolivia: “La sensatez de un grupo de líderes e instituciones de alto prestigio condujo a la sucesión constitucional”. Otro astronauta que divaga por ese universo paralelo, ese mismo que hizo a Guaidó presidente encargado de Venezuela, mientras a Bolton no le hace ascos llamar a las cosas por su nombre: Golpe de Estado. Caradura, pero de probada honestidad intelectual que no anda inventando explicaciones forzadas para recordarnos que en el país de la libertad y la democracia modélica, se fabrican conspiraciones cuando se trata de gobiernos respondones que no quieren saber más de agendas impuestas desde Washington.

Julio Peñaloza Bretel es periodista.

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