El penúltimo raulista vivo - Libertad Digital
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Sabemos que Luis Enrique lleva tanga pero no por qué no juega Ansu Fati

En condiciones normales, que en su caso no lo son porque es un futbolista con unas cualidades extraordinarias y nada de lo que él hace sobre un terreno de juego es normal, Ansu Fati debería ser el jugador franquicia del equipo de Luis Enrique y, en el futuro, cuando haya otro entrenador al frente, también de la selección nacional de España. Sucede que en los últimos tiempos, Ansu no ha tenido fortuna con las lesiones y esa circunstancia le ha apartado (esperemos y deseemos que momentáneamente) de su explosión definitiva como jugador. Decía que en condiciones normales Ansu debería estar en una lista de veintiséis convocados por el seleccionador, como es el caso, pero la duda que generó la presencia del delantero del Barça en detrimento, por ejemplo, de Borja Iglesias, que es otro tipo de futbolista pero que la está rompiendo literalmente, fue el estado del chico, que no jugaba con Luis Enrique y, y eso es más llamativo aún, lo hacía con cuentagotas con Xavi Hernández. Como no terminaba de asentarse, alrededor del estado físico real de Ansu Fati empezó a tejerse cierto halo de misterio y, relacionado con esto, también cierta inquietud: ¿Se lo llevaría a Qatar?

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Laporta y la perversa cuota española

Efectivamente, y tal y como relataba Pepe Herrero este mediodía en Fútbol EsRadio, si a la desafección del madridismo (o de muchos madridistas, o de algunos madridistas) con la selección de fútbol le aplicáramos la prueba del carbono 14 probablemente nos daría el nombre de Vicente del Bosque. En un momento muy duro (pero deportivo) entre Barcelona y Real Madrid, el ex seleccionador tomó partido por los jugadores culés, convirtiéndose en una prolongación de Xavi o Piqué en el banquillo y no al revés, que es lo habitual. Ahí arrancó todo, ahí está la madre de este cordero. Del Bosque se inclinó del lado culé, dando por buena su interpretación de la historia, y ayudando a establecer, por ejemplo, un cordón sanitario alrededor de Álvaro Arbeloa. Está contado incluso por el propio ayudante del seleccionador, Toni Grande, y trasladado posteriormente al papel por el periodista Vicente García que el actual entrenador del Barcelona pidió al cuerpo técnico jugar de otro modo, sin Xabi Alonso, porque así se sentía más cómodo. El trágala fue importante porque, y aunque la cabeza de Alonso era caza mayor y no llegó a tanto, la de Arbeloa era menor y sí se srivió en bandeja de plata para el aperitivo.

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Los bobos de la Luisenriqueta

España goleó ayer a una sombra, circunstancia ésta reconocida incluso por los propios costarricenses, y esa victoria ha desatado una ola de efusividad que supongo que ahora Luis Enrique querrá cortar de raíz puesto que puede ser contradictoria. La victoria de la selección ha traído consigo, como por otro lado era absolutamente previsible, el consiguiente reparto de carnets de españolidad y, en su caso, incluso la retirada del pasaporte para todos aquellos que hayan osado criticar al entrenador. Los críticos deberemos pasar por el juzgado una vez cada quince días y un coche de la policía Luisenriquiana controlará nuestros movimientos. En el ministerio del pensamiento, un ejército de burócratas trabaja las veinticuatro horas del día para psicoanalizarnos a todos, concluyendo que nos alegran las derrotas de la selección y que estamos esperando a la vuelta de la esquina a que la mal llamada Roja se la pegue el domingo ante Alemania. Los críticos somos, en definitiva, gente peligrosa, el grano que conviene separar de la paja, un grupo de facinerosos que disfruta con el mal ajeno.

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Los de Valencia

No creo que Luis Enrique tenga nada personal contra Gayá, de lo contrario no se lo habría llevado a Qatar. Sólo creo que el seleccionador aplica, con éste y con otros futbolistas, una doble vara de medir más o menos en idénticas situaciones. Y también creo que ha explicado mal lo que pasó con el jugador del Valencia. Y ahora se abre una doble posibilidad: una, que apuntaba Vicente Azpitarte este mediodía en Fútbol EsRadio, consiste en que no cuestionemos ninguna de las decisiones del seleccionador dando por supuesto por hecho que él puede hacer lo que le dé la real gana, en cuyo caso sobraría el periodismo deportivo, no habría programas de radio ni de televisión, no saldrían a la calle el diario Marca o Mundo Deportivo y Sport ni tendría tampoco ningún sentido que yo estuviera ahora mismo escribiendo este artículo de opinión. Si Luis Enrique es intocable como lo fue Amenofis III, larga vida al emperador, no hay más que decir. Aleluya. Pero no es el caso. Si hay algo que hacemos constantemente es cuestionar, discutir y polemizar acerca de lo que sucede alrededor de todo lo que tiene que ver con el fútbol, sobre todo aquello que tiene que ver con el equipo nacional. La segunda opción es que hagamos lo que hemos hecho siempre y con todos, analizar qué ha dicho y hecho Luis Enrique y por qué.

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Infantino: árabe, africano, gay, discapacitado, migrante, cínico y caradura

Desde que María Antonieta respondiera aquello de "pues que coman pasteles" cuando alguien le dijo que la gente se había lanzado a las calles porque no tenían pan, no se recuerda un discurso más desapegado de la realidad que el protagonizado el otro día por Gianni Infantino, ese hombre que el viernes se sentía árabe, africano, gay, discapacitado y trabajador migrante pero que hoy, y dependiendo de la soldada, puede sentirse de Wisconsin, heterosexual, albino o de Bangladesh si el patrón pone unos cientos de miles de euros más en el otro platillo. Su biografía dice que nació en Brig, Suiza, hace 52 años, pero es todo mentira. Como tantos otros, Infantino nació en Dólar, capital de Money, hace miles de años. Lo peor que puede decirse de Infantino no es que se haya vendido descaradamente al mejor postor porque eso lo hicieron, y antes que él, Blatter, Platini, etcétera, etcétera; lo peor que puede decirse de Infantino es que no es en absoluto original, de hecho es despreciablemente insulso, absurdamente previsible, repugnantemente previsible.

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De nuevo, Velázquez

Cuentan que un día, a la salida del Museo del Prado, un estudiante de Bellas Artes se cruzó casualmente con Salvador Dalí. El chaval, educado, saludó al pintor de un modo coloquial: "¿Qué hay de nuevo, maestro?". Y Dalí respondió como lo que era, un puñetero genio: "De nuevo, Velázquez". Quería decir Dalí, según yo lo veo, que pese a todas las modernidades, el más novedoso de los pintores universales continuaba siendo el sevillano Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, el autor de Las meninas, Las hilanderas o La rendición de Breda. Habían transcurrido tres siglos y Velázquez continuaba siendo lo más nuevo para Dalí. Trasladado el debate de la pintura al fútbol, si hoy ese mismo estudiante se cruzara con Dalí en el Museo del Prado, seguro que éste le contestaba "de nuevo, Rinus Michels". Michels fue el inventor de la idea del juego de la que luego se apropió Cruyff, más tarde Guardiola y ahora quiere tratar de imitar mal que bien Luis Enrique. Michels sentó las bases del fútbol moderno. O respondería "de nuevo, Sacchi": el italiano puso en práctica eso que los cursis conocen ahora como "bloque alto", tratando de presionar lo más arriba posible para recuperar el balón también lo más cerca posible de la portería rival. O diría "de nuevo, Helenio Herrera". H.H. fue el primer entrenador de fútbol del mundo que se preocupó de gestionar todos los aspectos de sus equipos, desde la dieta de los jugadores, pasando por las concentraciones o la preparación física. Guardiola se limitó en realidad a coger cosas de Michels, otras de Sacchi, algunas de Herrera, otras de Cruyff y, luego, como tenía unos futbolistas increíbles, logró muchos éxitos pero, en realidad, ni él ni Luis Enrique han inventado nada.

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Yo no vengo aquí a tocarle el bombo a Luis Enrique

Siempre me ha llamado mucho la atención el hecho de que sólo al periodista deportivo madridista se le tilde de bufandero. Quiero decir que en Radio Parderrubias, por poner un ejemplo, puedes mostrar tu afinidad con el equipo del pueblo sin que nadie te diga que eres un periodista de bufanda, pero si resulta que vives en Madrid y eres del Real Madrid, entonces pasas a ser un bufandero. Es más, en Radio Barcelona, Radio Valencia, Radio Sevilla o Radio Bilbao puedes ser (e incluso se ve bien) del Barça, del Valencia, del Sevilla o del Athletic sin que nadie te mire por encima del hombro, pero en Madrid, y si eres del Madrid, eres un periodista de bufanda. Y, afinando aún más, si en Madrid eres del Atleti, o sea un perioatlético, eso se verá bien, pero no se verá bien si eres del Madrid. ¿Por qué? Y luego acontece un fenómeno que yo calificaría de paranormal y es que, cuando juega la selección española de fútbol, a la que ahora se denomina La Roja, imagino que en homenaje a La Pasionaria, cuando España participa en una Eurocopa o en un Mundial o en uno de esos torneos de chichinabo que la FIFA se ha inventado para reventar la caja de caudales, entonces sí puedes sacar durante un mes y sin rubor la bufanda y el bombo y hacerle la competencia al bueno de Manolo.

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CR7: su error fue bajarse del Madrid

Como con una cebolla, lo de Cristiano también tiene varias capas. El error de CR7 no fue irse a la Juve, que al fin y al cabo es un grande de Europa, o luego al United, que es otro club histórico. El error de Cristiano fue irse. Punto. Su error fue marcharse. Del Real Madrid te tienen que echar, no te puedes ir. Yo entiendo que un alpinista quiera completar todos los ochomiles, lo comprendo, pero cuando alcanzas la cumbre del Everest, que está a 8848 metros sobre el nivel del mar, por mucho que busques no vas a encontrar otra montaña más alta que ésa porque no la hay. También te puede pasar que te creas más importante que el propio Everest, que es lo que en su día le pasó a Cristiano. De modo que el error del mejor futbolista del último cuarto de siglo junto a Messi no fue irse a la Juve, que es un buen destino, o luego regresar al United, que también lo es, sino bajarse del Madrid.

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Un Mundial de puertas abiertas

Después de cambiar el sistema de rotación de continentes, FIFA eligió el 2 de diciembre de 2010 en Zúrich y de una tacada a Rusia como sede del pasado Mundial de 2018 y a Qatar como sede del futuro Mundial que empezará dentro de dos semanas. Así que el titular de ayer de Libertad Digital que hacía referencia al arrepentimiento tardío de Joseph Blatter, que confesaba que la elección había sido un error, es efectivamente definitorio de lo que ha sucedido. El ex presidente del máximo organismo del fútbol mundial ha tardado 4.360 días en reconocer que se equivocó, las cosas de palacio van despacio. Es más, si en junio de 2015, cuatro días después de haber sido reelegido para el cargo, Sepp Blatter no se hubiera visto obligado a dimitir debido a un escándalo de corrupción que acabó por cierto con la detención de siete altos cargos, entre ellos dos vicepresidentes, es muy posible que hoy continuara en su puesto y aún no hubiera reconocido el error que supuso elegir a Qatar como sede de un Mundial. Porque, y por mucho que ahora le eche encima todo el muerto a Michel Platini, obligado también a dimitir en 2016 tras conocer su inhabilitación por cuatro años, Blatter estaba como él en la pomada y, también como el francés, supo desde el primer instante que la elección era mala.

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Ojo, Vini, van a por ti

En Caldas de Malavella, provincia de Gerona, de donde él es natural, no lo sé, pero aquí, en Madrid, de donde soy yo, que digas de un delantero al que te ha tocado defender que querías marcar territorio y que pretendías que él también tuviera en la cabeza que hacía unas horas que había salido la lista de Brasil, suena sinceramente a amenaza. "Ojo, Vini, que hace un rato han hecho pública la lista de Brasil y estás dentro y, como me compliques mucho la vida, igual no vas". A mí me suena a eso. "Ojo, Vinicius, que no estoy para tonterías y como me dejes en evidencia delante de los míos, lo mismo tengo que tomarme la ley por mi mano". Eso es lo que ha dicho hoy Balliu en Radio Marca con el mayor de los desparpajos y como si fuera algo normal. Y ha acabado diciendo "... y salió todo bien". Y lo que yo digo es que si, como él mismo reconoce, salió todo bien para un futbolista que confiesa sin ambages que trató de intimidar a otro, es que todo va mal.

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