Sol Serrano, Piñera y la transformación de la derecha - La Tercera

Sol Serrano, historiadora: “La muerte de Piñera le ayuda a construir un relato fundante, democrático y liberal a la derecha”

Sol Serrano, Premio Nacional de Historia 2018. Foto: Andres Perez SOL SERRANO PEREZ - HISTORIADORA - ACADEMICA - RETRATO

Premio nacional de Historia, la académica de la UC reflexiona sobre la figura histórica del exmandatario. Afirma que su rol más importante fue cómo transformó a la derecha, alejándola de posiciones antidemocráticas. "Piñera logró juntar un mundo de cierta tendencia socialcristiana con el mundo liberal, unidos por el sentido de la democracia", dice. Junto con Patricio Aylwin y Ricardo Lagos, es una de las tres figuras más relevantes de la nueva democracia, dice.


En las proximidades del estuario del Reloncaví, en la X Región, en un entorno de bosques, volcanes y ríos, Sol Serrano se enteró de la muerte del expresidente Sebastián Piñera. Desde allí observó también la manifestación popular en su funeral: una imagen que la llevó a pensar en la autoridad presidencial, a menudo tan debatida, y las emociones que proyecta en las personas.

Académica de la UC y premio nacional de Historia, Sol Serrano es hasta ahora la única mujer distinguida con este galardón. “Me siento una hija amada de la República”, dijo al obtenerlo, en 2018. De cierto modo, su vocación ha sido comprender la construcción de la República y, desde esa perspectiva, reflexiona en torno al exmandatario, a quien conoció y con quien conversó de personajes históricos.

Fue a fines de los 80: Sol Serrano, Mariana Aylwin y Magdalena Piñera editaron el libro 100 personajes del siglo XX, publicado por la Editorial Los Andes, que era propiedad de exmandatario.

-Piñera era un hombre al que le interesaba la historia. Admiraba a De Gaulle, también a John Kennedy, pero sobre todo a De Gaulle, era su gran referente -recuerda.

Por aquella época, Sebastián Piñera decidió involucrarse en política. En ese salto buscó apoyo en la Democracia Cristiana, pero no lo consiguió. Y allí distingue Sol Serrano un momento revelador:

-Me interesa buscar momentos que permitan interpretar los procesos históricos. Y en ese sentido yo miraría la campaña senatorial de Sebastián Piñera a fines de los 80. Piñera quería postular al Senado en un cupo de la Democracia Cristiana, pero eso no era posible. Bien porque los ritmos al interior de la DC no eran los ritmos de Piñera o porque la construcción de poder al interior del partido demandaba más tiempo del que requería Piñera, él hizo su carrera solo. Por vínculo familiar él venía de una cultura socialcristiana, más cultural que ideológica en su caso, y del mundo de la economía, de las finanzas. Yo veo su ascenso en la política en el contexto de la crisis de la Democracia Cristiana, que lentamente fue perdiendo votación después de los 90. Ese gesto tuvo consecuencias.

¿En qué sentido?

Bueno, el lento proceso de la Democracia Cristiana de interpretar esta sociedad que era distinta. Y, al mismo tiempo, la posibilidad de interpretar a un sector creciente de la derecha que quería optar por una política democrática. Sin ese movimiento dentro de la derecha, Piñera no habría podido lograr la votación presidencial que tuvo. Lo más importante de Piñera es cómo transformó a la derecha.

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Sebastián Piñera admiraba a Patricio Aylwin y trató de asimilarse a su figura. ¿Son personalidades comparables?

Eran personalidades muy distintas. Piñera era economista, un hombre de finanzas más que un empresario, aunque después compró LAN, pero ciertamente creía en las ventajas del libre mercado. Aylwin era un político con profundas convicciones socialcristianas, con una idea del Estado fuerte, un Estado con vocación institucional y democrática. Ciertamente, a Aylwin no le gustaba la dinámica del mercado. Yo recuerdo las discusiones cuando se hablaba de la internacionalización de la economía chilena. Aylwin llega a decir que el mercado es cruel, pero entendía que el proceso modernizador era inevitable. Y eso lo hacía un gran político.

¿Cómo describiría el acercamiento de Piñera a la derecha? No fue un proceso fácil.

En la derecha despertó recelos, sobre todo en la derecha más conservadora, católica confesional. Piñera era un hombre de tradición católica, pero no un activista, tenía un perfil más bien liberal, sobre todo en el aspecto económico, y por eso se entiende su apoyo a iniciativas liberales, como el Acuerdo de Unión Civil. Era un hombre práctico, no un teórico ni un ideólogo, pero lo interesante es cómo mezcla culturas, algo que a veces es más importante que las adhesiones ideológicas. No era un pragmático puro y duro: lo era dentro de un marco, que para él eran las convicciones democráticas y la economía de mercado.

Pero aun siendo partidario del libre mercado, a la derecha le costó aceptarlo...

Tuvo resistencia, sobre todo en cierta derecha más confesional, pero no era un desconocido. Después de todo venía del mismo medio social, y en Chile la élite no es precisamente muy diversa.

¿En qué medida su historia de éxito en los negocios y su fortuna lo ayudaron a abrirse camino en la política?

Desde luego, le dio libertad no tener que depender o recurrir a otros para buscar recursos. Él podía financiar sus propias campañas y a la larga eso le dio más autonomía.

Desde un punto de vista histórico, ¿cuál fue su mayor logro?

Llevar a la derecha a La Moneda democráticamente después de 50 años, y cuatro años después ser reelecto, es un enorme logro. Si uno mira la historia del siglo XX, la derecha no ha gobernado mucho. Y desde el retorno a la democracia, Piñera introdujo la alternancia en el poder: alcanzar dos veces La Moneda es un éxito indudable. Su principal rol fue haber abierto un camino distinto para la derecha.

En su primer gobierno su frase sobre los cómplices pasivos de la dictadura remeció a la derecha. ¿Qué efectos tuvo?

Piñera tenía un perfil democrático indudable. Siempre fue un hombre antidictadura, estaba en contra de cualquier clase de dictadura, en ese sentido fue más coherente que muchos de sus detractores. Fue público que votó por el No y estuvo contra Pinochet. Y de alguna forma logró alejar a la derecha que se sentía más cercana a la dictadura de ese pasado antidemocrático.

¿Coincide en que Piñera reconcilió a la derecha con las convicciones democráticas?

Le abrió un camino nuevo. Y su muerte, sobre todo, le ayuda a construir un relato fundante, democrático y liberal a la derecha.

En estos días se ha destacado su carácter dialogante, ¿comparte esa impresión?

Absolutamente. Fue un hombre que dialogaba, que buscó acuerdos, eso todo el mundo lo ha reconocido. Y era un hombre bastante transversal. Lo que hemos aprendido en estos últimos cuatro años, y que sabemos fehacientemente, es que el que se quiera llevar el país para la casa va a fracasar. Es necesario construir coaliciones amplias. Piñera fue capaz de convocar más allá del espectro político de la centroderecha, de otro modo no habría sido dos veces Presidente. Aquí vuelvo a la idea anterior: la crisis de la Democracia Cristiana la lleva a perder representación; la DC dejó de representar al centro y ese espacio lo ocupó Piñera.

¿Es comparable su figura con la de Jorge Alessandri?

Jorge Alessandri no era propiamente un hombre de negocios, era más bien un ingeniero, un ejecutivo, la verdad es que no veo mucha similitud. Lo que lo vincula es que Alessandri fue el último gobierno democrático de la derecha, pero no puede haber personalidades y estilos más distintos. Lo que compartían es que ambos creían en la democracia y en el mercado, pero el libre mercado de los 50 no era precisamente igual al de hoy. Tal vez con Alessandri Palma después de la dictadura de Ibáñez puede verse alguna relación, en el sentido de que buscó alejarse del régimen dictatorial, pero eso es más bien lo que hizo Aylwin.

¿Qué es lo propio que distingue a Piñera?

Creo que logró representar lo socialcristiano y lo liberal. Así como Pinochet consiguió unir integrismo con el neoliberalismo, de una manera mucho menos articulada Piñera logró juntar un mundo de cierta tendencia socialcristiana con el mundo liberal, unidos por el sentido de la democracia. O sea, el tema de que era de centro es fundamental.

¿No era un hombre de derecha?

No era solo un hombre de derecha, quiero decir. Tenía esto de haber convivido con gente distinta, de haber conocido el mundo de la Iglesia muy de fondo gracias a su tío Bernardino, de saber lo que fue la lucha por los derechos humanos en dictadura, la Vicaría no lo espantaba como a cierta gente de la derecha. En el fondo, haber convivido desde dentro con mundos distintos.

¿Cuáles eran sus sombras?

No sé, no es el tipo de análisis que me interesa.

¿Alguna falencia que reconozca?

Pensé que iba a ser más audaz en su gobierno, en cuanto a las reformas que iba a proponer.

¿Reformas políticas, sociales?

En todo sentido.

Se le criticó que no fue pulcro en separar la política del mundo de los negocios

No lo sé, no tengo los antecedentes suficientes… Creo que no fue una buena idea darle ese carácter de eficientismo a su gobierno; creo que fue Lucía Santa Cruz quien dijo menos Excel y más Weber. Y eso parece que faltó.

Entre los aspectos críticos de su último gobierno están las violaciones a los derechos humanos durante el estallido social. ¿Será un aspecto que va a pesar al evaluar su figura?

Va a ser un tema de debate. Indudablemente, hubo violaciones a los derechos humanos en medio de la violencia del estallido social, pero no fueron violaciones sistemáticas. Y fueron violaciones de una policía desfondada, en un contexto de violencia que demostró, además, que en Chile no tenemos inteligencia. No tenemos inteligencia desde los años 90.

Patricio Aylwin y Ricardo Lagos eran dos presidentes con un aguzado sentido republicano. ¿Vio esa conciencia en Piñera?

Con menos fuerza, porque Aylwin y Lagos eran la encarnación misma de la República. Y en parte también porque Piñera no venía del liceo, como los otros dos, que es una experiencia que te imprime esa conciencia republicana con una fuerza enorme. Pero Piñera sí tenía un gran sentido y respeto por el servicio público. En este sentido, creo que le gustaban las acciones con efecto público, ya no le interesaba tanto el mundo de la empresa. Si tú piensas, entre las cosas que él armó eran puras fundaciones. Hay algo muy interesante en eso.

No era el personaje al que solo le interesaba ganar.

Le gustaba siempre ganar, sí, pero le gustaba ganar haciendo este tipo de cosas más que haciendo una pasada por la Bolsa. Le gustaba la adrenalina de la política, esa posibilidad ejecutiva de la política, y tenía interés y sentido de la historia.

Piñera dejó su segundo gobierno con una aprobación muy baja. Hoy su figura se ve revalorada y su funeral se convirtió en una manifestación popular. ¿Cómo lo entiende?

Sí, Piñera salió con una aprobación muy baja. Pero no hay que confundir esos datos con la cantidad de personas que asistieron a sus funerales: allí había mucha más gente de lo que recibió como aprobación al salir.

¿Qué le dice la manifestación popular?

Hay instituciones que tienen una larga vida, como la figura presidencial, y pese a que el debate en torno al parlamentarismo va y vuelve, hay algo en la autoridad presidencial, en la solemnidad, que es muy valorada por las personas y que se expresa en estos funerales de Estado. Las personas se sienten protegidas.

¿Cómo cree que será recordado?

Lo fascinante es que la historia transforma las formas de recordar. No lo podemos decir hoy, va a depender de lo que construyamos como memoria.

Pero es uno de los líderes históricos de la derecha.

Sin duda, está entre los tres personajes más importantes de la nueva democracia o de la quinta república. Eso a él le habría encantado, renombrar la historia de Chile a la francesa. Con liderazgos muy distintos a los otros, pero se trataron con mucho respeto.

¿Aylwin, Lagos y Piñera?

Y no sé en ese orden cómo poner a Michelle Bachelet, que es tremendamente importante, pero está en el panteón.

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