"Los artistas tienen una responsabilidad que habla y todo acto de un artista es un acto político", afirma el escritor , cuyo libro "¡Caliente! Una historia del jazz latino" fue reeditado hace unos meses por el Fondo de Cultura Económica (FCE). La primera edición del libro se publicó en francés y, un año después, tuvo su propia edición en castellano que lanzó el ya citado FCE. En septiembre de 2023 se publicó lo que vendría a ser una tercera versión diferente, la de esta edición, a la cual se le agregó un capítulo al final.

"Si examinamos la génesis de lo que llamamos el jazz, nos damos cuenta que participaron diferentes comunidades culturales y lingüísticas en esta génesis y que la mayoría de estas comunidades fueron víctimas de la trata de esclavos; fueron comunidades reprimidas por las potencias colonizadoras y que vivieron décadas en el sufrimiento; al unirse de manera informal y al expresarse, poco a poco, se generó la expresión musical que hoy llamamos jazz y que desde el inicio tuvo elementos hispanos", explica Delannoy.

Foto: Luc Delanmoy.
Foto: Luc Delanmoy.

De cierta manera, estas músicas, continúa, que se organizaron de espontáneamente al final del siglo XIX son el reflejo de una resistencia, del deseo de afirmar una identidad y convivir con otras personas de diferentes comunidades. "Este es un acto político, es una música de rebeldía en sus orígenes; por lo tanto, el jazz, en el siglo XX, ha tenido corrientes musicales que se acercaron, reflejaron o se identificaron con luchas sociales, principalmente en los Estados Unidos, ya fuera en contra de la segregación racial o  favor de los derechos de las mujeres", abunda y puntualiza que hubo movimientos en la historia del jazz donde éste era partícipe de reivindicaciones sociales; que había vínculos estrechos entre los actos políticos y la expresión musical.

"Con el ultraliberalismo y el capitalismo salvaje, los músicos se han encaminado poco a poco a olvidarse de estas luchas sociales y han considerado, efectivamente, que la música es exclusivamente una especie de producto de consumo y no un factor social de cambio. Para mí, la música siempre ha sido un factor de cambio que tiene una responsabilidad social. Me parece curioso querer separar del mundo en el que viven a los músicos de la comunidad. Es un reflejo consciente o inconsciente de una situación que sucede en el día a día y esto puede escucharse; por ejemplo, un percusionista o un baterista que vive en Nueva York va a tocar su instrumento de una forma mucho más acelerada que un baterista que toca el centro de los Estados Unidos o de México porque las condiciones socioeconómicas son diferentes y el ritmo de vida es más acelerado, por lo tanto es una manera de ilustrar cómo los músicos forman parte de un tejido social".

En sus palabras, el hilo conductor del libro es también la historia de cualquier género músical, prácticamente: las migraciones. "El hilo conductor de la historia del jazz latino son las migraciones de las personas que hicieron esta música. No me refiero sólo a músicos, sino a productores, tiendas de discos, sellos discográficos, prensa, radio y diferentes públicos. Todos estos elementos que provienen de diferentes mundos, la convergencia de diferentes mundos que hizo posible esta historia; las personas que se encontraron en el sur de los Estados Unidos, principalmente en la ciudad de Nueva Orleans y en sus alrededores. Cada comunidad buscaba la forma de expresar sus raíces para mantener su identidad".

Al rinvioio, recapitula, la convivencia musical se hacía en espacios abiertos, pero los poderes políticos o administrativos consideraron que esto era peligroso y obligaron a los músicos a encontrar lugares cerrados: sótanos, restaurantes, bares y teatros. Allí empezó a formalizarse el jazz sucedió el intercambio de diferentes músicos y culturas con artistas de Cuba, Islas Canarias y México; luego siguieron las migraciones dentro de Estados Unidos: "La presencia del Río Mississipi permitió que los barcos viajaran del sur al norte de los Estados Unidos y, en cada barco, había una orquesta; al atravesar diferentes territorios se nutrieron de otros elementos musicales.

Foto:  Luc Delanmoy.
Foto: Luc Delanmoy.

Otro punto central fue cuando en 1917 el gobierno le otorgó la nacionalidad estadounidense a los puertorriqueños. Muchos músicos y artistas migraron a Nueva York. En la misma época, los cubanos viajaban a Estados Unidos con una visa que les permitía quedarse alrededor de un mes; hubo dos mundos diferentes: el de los puertorriqueños y el de los cubanos, que eran mucho más acelerados. En los años 20, los músicos cubanos y los músicos puertorriqueños empezaron a grabar discos con ciertos sellos; en la década del 40, las orquestas grandes podían tocar en salas de teatro, había más públicos y empezaron a abrirse diferentes tiendas de discos cuyos propietarios eran puertorriqueños, lo cual generó mucho movimiento en la escena; aparecieron sellos discográficos y radiodifusoras en las que estaban activos los latinos".

Por último, dice que con la Segunda Guerra Mundial, la economía de Estados Unidos se orientó hacia una economía de guerra; se decidió no seguir grabando a músicos latinos y se empezaron a producir discos de laca, acetatos de músicos hispanos o latinos que aparecieron en pequeñas disqueras, las cuales mandabn a fabricar discos en Canadá. "Mientras, los directores de cine de California empezaron a hacer películas en México y se dio la edad de oro del cine mexicano; hay UE sumarle la ruptura de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba", concluye sobre los cambios culturales que no favorecieron la retroalimentación en el jazz.

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