Mónica Cruz, sobre su parón mediático para cuidar a su hija: “Pensé: 'Si se olvidan de mí me da igual, ya montaré un negocio por mi cuenta"

La actriz y bailarina se sincera con Vanity Fair. Hablamos de la maternidad en solitario, del talento para la pintura de su hija, de Navidades en familia en tiempos de covid, de alimentación, de feminismo y de los bolsos que firma para Anna Cortina. 
Mónica Cruz en el Festival de Venecia de 2021.John Phillips, GettyImages

Mónica Cruz se estrena como diseñadora de bolsos junto a la empresaria catalana del mundo de la moda Anna Cortina, a la que conoce desde hace 20 años. “Hace tiempo que queríamos colaborar, pero ha sido ahora cuando nos ha cuadrado todo y hemos podido hacerlo”. Estéticamente su creación tiene poco que ver con las piezas geométricas con dibujos de artistas plásticos que son marca de una firma que se define como #Artmeetsfashion

El bolso Appaloosa refleja el estilo de su creadora. Es una limosnera grande “porque me gusta que en el bolso quepa de todo, que sirva para el día a día. Cuando llevo bolsitos joya siempre le he de pedir a alguna amiga que me guarde las llaves, el móvil…”. Está hecha con de piel de alta calidad y con trenzas de color un punto bohemias o incluso étnicas.  “Es una pieza fuerte, de recorrido largo, que lleva el nombre de un caballo persa. Un bolso guerrero que viene para quedarse”, dice Cortina casi como si estuviera definiendo a la mujer de fuerte personalidad que siempre ha brillado con nombre propio más allá de ser la hermana de la oscarizada Penélope Cruz. 

Su universo profesional conjuga por igual la interpretación, el baile y el diseño (“para mí es un todo”) desde hacer giras con Joaquín Cortés, a protagonizar la popular serie UPA Dance y hasta participar con Penélope en Piratas del Caribe. Ahora tiene un proyecto televisivo que la ilusiona del que aún no puede contar nada. En su vida personal se ha convertido en todo un referente de la maternidad femenina deseada y decidida en solitario, ayudando así a su normalización social.  

Relajada y amable, en el luminoso showroom de la marca situado en la zona alta de Barcelona,  Mónica se hace fotos con clientas con la mascarilla bajada, pero no quitada. “Va bien que se vea en las fotos, que seamos conscientes de que nos hemos de proteger”, dice convencida. No se separa de Juanita, uno de los cinco perros –y una coneja—que tiene en casa. Es un animal bello y chiquito que se porta de maravilla. “Está acostumbrada a ir a sitios conmigo”, dice Mónica, que también ha venido a la ciudad condal con su hija Antonella. Se divierte con la hija pequeña de la diseñadora en otra sala, apartada de los focos. La actriz vive la maternidad con  responsabilidad y orgullo: “Siempre quise ser madre y soy muy feliz, con los miedos que conlleva, claro”, reflexiona con la misma naturalidad con la que reveló al mundo que la suya no era una familia convencional. 

“Me decían, ¿cómo se lo vas a contar a tu hija? Pues con total naturalidad” 

Fue en mayo de 2013 cuando dio a luz a Antonella, fruto de una inseminación artificial. No esperó a tener la pareja ideal para ser madre. “Era un deseo que tenía desde pequeña y no quería llegar a los 50 y darme cuenta de que no lo había cumplido, el tiempo biológico va muy rápido y hubiera sido muy infeliz”. Acudió a la ayuda de la ciencia y tuvo a su niña con 36 años. En su caso el proceso fue fácil pero es consciente de que no siempre es así, y de que tampoco todas las mujeres tienen la información suficiente para poder elegir en libertad. Por eso antes de la pandemia hizo charlas con el IVI y recientemente ha colaborado en un podcast de esta institución médica especializada íntegramente en reproducción, que ha conducido Nuria Roca. Está contenta de poder visibilizar esta opción de maternidad, “que es tan válida como cualquier otra, la finalidad es llegar a ser madre y puedes serlo igual tengas o no pareja. Hay que avanzar y abrir la mente”, nos explica.  También entiende y aprueba otros métodos de concepción, como el vientre de alquiler, “siempre que todo esté controlado y las dos partes estén de acuerdo en traer esa vida al mundo, claro. Valoro mucho la función de la persona que ayuda, del donante. Yo sin ese donante no habría podido conseguir que mi hija estuviera aquí conmigo”.  O que una mujer rechace la maternidad. “La verdad es que tener un hijo es el acto de generosidad más grande que hay, le has de dar todo, y si no te sientes capacitada o no sientes ese deseo, no pasa nada”. 

Al contar su caso ha ayudado a romper lo que era casi un tabú. “Es algo de lo que no se hablaba mucho. A mí me decían: ¿cómo se lo vas a contar a tu hija? Y yo respondía, pues con total naturalidad, como lo he hecho desde que era bien chiquitita, nunca como algo triste”. Y con toda naturalidad también lo hizo público cuando le pareció oportuno. “Lo hice por ella. No quería que le fuesen asignando padres cada vez que me veían hablando con un señor, le quise dar su sitio sin ocultar nada. Quiero educar a mi hija con esa libertad”.

“Antes me dormía en lo alto de un pino y ahora me despierto ochenta veces. Los miedos de madre están ahí”

Ocho años después del nacimiento de Antonella, no se arrepiente para nada de la decisión que tomó. “Me ha cambiado la vida pero soy muy feliz, a veces pienso qué hacía antes sin ella”, dice con una gran sonrisa que se intuye bajo la mascarilla. “Yo era de las que me dormía en lo alto de un pino y ahora ya no duermo igual, me despierto ochenta veces aunque no es por nada especial porque ella siempre ha dormido genial y ha sido una niña buenísima. Es que los miedos de madre están ahí, te imaginas todo antes de que pase. Has de lidiar con ello pero también la maternidad te da una fuerza increíble para todo, una gran energía”. 

Precisamente, uno de los proyectos que más le ha ilusionado recientemente ha sido participar en la serie Madres. Amor y vida, donde interpreta a una madre con hija adolescente que sufre cáncer, algo que le suponía actualizar esos miedos diariamente: “Ha de ser muy duro que la vida te cambie así de un día para otro”, dice con un leve suspiro. Para compensar esa intensidad dramática, tuvo la alegría de actuar en la serie La que se avecina: “Iba haciendo fotos por el set felicísima porque soy muy fan, fue muy divertido”, confiesa. 

Últimamente la hemos visto más. “Ahora que Antonella va al colegio puedo organizarme mejor a nivel laboral”, explica Mónica, que decidió pasar los tres primeros años de vida de su hija sin apartarse de su lado. La amamantó durante todo ese tiempo y seguía trabajando en proyectos de diseño, pero se desvinculó del mundo más mediático. Pensó: “Si se olvidan de mí me da igual, ya me montaré un negocio por mi cuenta, pero yo esto que estoy viviendo no me lo quiero perder”.

A sus 44 años, ¿se plantea volver a ser madre? “Me hubiera encantado tener más hijos. Antes de ser madre pensé que era bueno que si tenía otro se llevara poco tiempo con el primero pero descubrí que los hijos necesitan mucho de ti y no se lo puedes quitar”, asegura. Aunque cuenta con el apoyo de su madre, de su hermana y puede costearse ayuda cuando es necesario, estar sola le hizo ser consciente del trabajo que supone la crianza y pensó que debía esperar unos tres años desde el nacimiento de Antonella para plantearse ser madre de nuevo. “Los tres años llegaron enseguida y pasa todo tan rápido… Ahora ya son 8 y bueno, no sé”, responde mientras la perrita se remueve en sus brazos. 

Hablamos de su amor por los animales, a los que ya adoraba antes de tener a su niña. De alguna manera ya tenía criaturas adoptadas. “Pues la verdad es que un poco sí que te preparan para la maternidad, has de cuidarlos y también has de correr a urgencias cuando hace falta”.  Tenía 7 perros pero dos murieron de viejecitos –“es una pena pero te queda la satisfacción de que han llevado una muy buena vida”–, y dos conejos, de los que ahora solo queda Dorotea.  ¿Antonella los quiere? “Claro. ¡En esto es peor que yo!”

Mónica Cruz con el bolso que ha diseñado junto a Anna Cortina.

Marijo Jordan

“Le explico a mi hija por qué no quiero que tenga móvil y lo entiende. Es una niña lista y muy prudente”

Mónica tiene muy claro que en su vida la rutina de su hija es básica y debe respetarse. De hecho, se acopla a sus horarios de manera natural. “Me acuesto a las ocho y media con ella y soy la más feliz del mundo. El día que he de salir y me voy a la cama a las doce amanezco casi como con resaca”, dice. Reconoce que sale muy pocas veces a cenar o de fiesta, casi nada. 

Básicamente lo hace cuando tiene compromisos de trabajo. “Soy muy casera y ahora con la niña y con la pandemia ya me he acostumbrado todavía más a estar en casa”. Habla con pasión de Antonella: “siempre quise llamar así a mi hija cuando la tuviera, me encanta ese nombre”. Ha descubierto que tiene un talento especial para el dibujo y la pintura desde muy pequeña y se lo potencia. “Cuando pinta se abstrae y lo hace muy bien, eso no lo ha heredado de mí para nada, yo soy un desastre para dibujar”, dice. En algunas fotos que les han hecho los paparazzi paseando a la niña se le intuye un pelo rizado precioso. “A mí me encanta pero ella se ha tirado un año diciendo que no le gusta, yo pensé que esto pasaba a los 14 no a los 7”, ríe. 

La actriz es partidaria de una educación en libertad pero marca pautas y límites. Por ejemplo, supervisa los dibujos animados que ve la niña (“parece mentira las cosas que pueden llegar a aparecer”) y se niega a que tenga móvil tan pequeña. Antonella ve que algunos amiguitos lo usan y se lo comenta. Entonces Mónica le explica por qué no es partidaria de comprarle uno: “Le digo que no puede tener acceso a todo, que es muy pequeña y que ese aparato es peligroso si no se sabe manejar” Y ella lo entiende. “Es muy lista y muy prudente, espero que siga así. Antonella es un ángel pero también tiene su carácter y está muy bien, ¿eh? Lo veo por cómo se maneja con sus amigos”.

No le gusta que haga un exceso de actividades extraescolares porque cree que los niños también necesitan descansar. A su hija le encanta montar a caballo, ha probado clases de ballet y este año está apuntada a  karate, “una disciplina que viene muy bien para aprender defensa personal”. 

 La Nochebuena marcada por la pandemia de la familia Cruz

Mónica y su hija viven en una casa a las afueras de Madrid muy cerca de la de su madre y de la que Penélope Cruz comparte con Javier Bardem y sus dos hijos, Luna y Leo. Su contacto es muy estrecho, aunque la pandemia consiguió romper esa cercanía física entre paredes: “Nos hemos visto más en el parque o en el jardín de casa, al aire libre”. Cuando llegó Nochebuena, Penélope pensó en celebrarla en el jardín para poder estar más seguros, pero el frío de la capital les hizo desistir. “Le dije que no se preocupara, que lo celebraran ellos en su casa y que yo traería a mamá a la mía. Para mayor seguridad nos hicimos un PCR”, cuenta Mónica a quien la covid le impone mucho respeto. “Salgo poco, pero cuando lo hago y veo que hay mucho follón y pocas mascarillas, huyo”.

Esta Navidad la familia la afronta con más tranquilidad “porque estamos todos los adultos vacunados” pero aún así la actriz es consciente de los riesgos. Hablamos el mismo día en que se publica la aparición de una nueva variante del virus en Sudáfrica, Ómicron. “Hemos de tener mucho cuidado porque no podemos ir para atrás y  en tres días perder todo lo que hemos ganado”, reflexiona. Cuando sale a comer con alguna amiga sigue pidiendo mesa en la terraza, aunque refresque.  “Me cuido mucho, por mi madre y por mi niña, que no está vacunada”. Mónica es provacunas “porque aunque son muy nuevas, con la que nos ha caído no nos queda otra, es la única opción que tenemos ahora mismo para volver a tener libertad”.

El confinamiento también le ha impedido disfrutar de su nuevo sobrino, el hijo de su hermano Eduardo, que vive en Los Angeles. “Cuando nació en octubre del 2019 fue mi madre y en noviembre fui yo. Pensaba volver en Semana Santa pero llegó la pandemia y nos hemos tenido que ver por videoconferencia”, explica Mónica, que está deseando abrazarlo en persona, aunque de momento no puede desplazarse hasta California. También ha visto menos de lo que querría a la hija de su padre –que falleció en 2015–, Salma, que es de la edad de su hija, porque la pequeña vive en Cartagena. “Es lo que nos ha tocado vivir”. 

“Noto la competencia entre mujeres en mi trabajo y en el supermercado”

Cuando le preguntas a Mónica por su visión del feminismo, precisamente ahora que está educando a una niña, lo tiene muy claro. “Las mujeres hemos de luchar por nuestros derechos en el día a día, y apoyarnos las unas a las otras, pero de verdad, no de boquilla, y eso todavía falla mucho”. ¿Notas la competencia entre mujeres en el trabajo? “En mi profesión y en el supermercado, en todas partes y somos tontas porque si estuviéramos unidas de verdad nos comíamos el mundo”. Para ilustrar “cómo las mujeres nos tiramos piedras en nuestro propio tejado” me cuenta una experiencia reciente: “Tenía que hacer una llamada que no era urgente de noche a una mujer, y le dije a la asistente que me lo estaba comentando que me iba mucho mejor hacerlo por la mañana porque a las siete y  media de la tarde ya estoy liada con las rutinas de casa. Y me dijo, ‘vale, le diré que no puedes porque estás rodando’. ¡Pero bueno! ¿Es que es menos glamuroso bañar a mi hija o hacer la cena que filmar una película? Esas cosas pequeñas son las que han de cambiar, hemos de apoyarnos para que a las mujeres se nos respete y valore, para que los cambios sociales vayan más rápidos”.

En cuanto al #Metoo, la actriz confiesa que no ha tenido ninguna experiencia de abuso en ese sentido, pero sí que ha vivido momentos en los que ha visto una señal, “cuando algo en tu interior te dice, cuidado”. En ese momento se ha apartado del peligro y si ha tenido que parar los pies a alguien, lo ha hecho, sin importarle quién estuviera delante. “Soy muy de reaccionar, gracias a Dios, no de quedarme quieta. Es por la educación que he recibido en mi casa, creo que el respeto a las personas siempre ha de ir por delante”.

Practica el ayuno intermitente, no es muy de redes y cree que el baile mantiene la mente en forma

Mónica viste chaqueta negra y tejanos. Está en muy buena forma física. Dice que se mueve mucho, que cuida su alimentación, pero que se da sus caprichos cuando le apetece. Como comer patatas fritas caseras en su restaurante preferido, Filandón, o una hamburguesa de vez en cuando “con todo lo que lleve encima, y me sienta genial”. Le comento que le he visto colgar galletas dietéticas en su Instagram y responde que en su día a día hace una dieta un 97% saludable y le gusta cocinar purés de verduras para su niña. Confiesa que le va muy bien hacer ayuno intermitente “porque nunca he tenido hambre por las mañanas y como hago horario infantil y me voy a dormir pronto no me cuesta nada estar 16 horas dejando el cuerpo reposar. Ahora bien, si a las 10 de la mañana me da hambre, como sin problemas”. 

En su Instagram también aparece alguna fiesta a la que ha asistido, temas relacionados con perros que necesitan adopción…"Me costó mucho aceptar que había que estar ahí por mi profesión pero no soy muy de redes porque considero que acabamos vendiendo una imagen que no es real, y yo soy una persona con los pies en la tierra". 

La pandemia le ha impedido ir a la academia de ballet de toda la vida, pero en cuanto puede coge su mochila y allí que se planta. Sus profesores, que ya eran mayores cuando ella bailaba, siguen dando clases. “Me he dado cuenta que ninguno sufre de enfermedades como la demencia. Creo que es por el gran trabajo mental de memorización de movimientos que hacemos cuando bailamos”, reflexiona. 

Antes de terminar la entrevista volvemos al motivo que nos ha reunido. El bolso que ha diseñado para Anna Cortina, y que es el inicio de una colaboración que va a ir a más. Precisamente es el día en que a la reina Letizia se le ha caído su clutch al suelo en un acto en Estocolmo y se ha visto que llevaba un móvil y un pintalabios. ¿Hay algo imprescindible para ti? “Uf, yo llevo de todo, como te decía antes. El que hemos hecho sirve para ir a la piscina o al trabajo, y está hecho con muy buenos materiales. Si me preguntas por mi equipaje, te digo que nunca faltan las cosas de mi hija”. 

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