Cultura

“La laguna rosa” visibiliza la discriminación a personas con síndrome de Down

El próximo jueves 4 se estrenará esta cinta cuya realización es un esfuerzo conjunto entre el director Juan Arce y su hermana Mónica, a los que se unió el fotógrafo Francisco Gallo. Ellos muestran el reverso de lo que supone la sociedad: la realización de los sueños.
lunes, 1 de abril de 2024 · 05:00

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Mónica Arce, una joven con síndrome de Down, deseaba cumplir dos sueños: ser bailarina de ballet y actriz. Este último lo cumplió con su hermano Juan Arce --con más de 10 años en el ámbito audiovisual--, al realizar un largometraje.

Se trata de la película de ficción “La laguna rosa” (México, 2022), codirigida por ambos y con Francisco Gallo.

La historia, que se estrenará en Cinemex el próximo jueves 4 de abril, es sobre dos hermanos que se encuentran alejados: Arturo (Gerardo Oñate), un joven superficial y vanidoso, y Mariana (Mónica Arce), una chica con síndrome de Down cuya pasión es el ballet.

Ella logra una importante presentación dancística en la ciudad de Mérida, Yucatán, por lo que necesita la ayuda de su hermano Arturo para ir. Acompañados por Camila (Elsy Jiménez), la maestra de ballet de Mariana, se embarcan en un viaje de reconexión y aprendizaje, donde Arturo cuestionará varias decisiones que lo han distanciado de su hermana, mientras que ésta buscará defender su individualidad a través de la danza, rompiendo con los estigmas y estereotipos asociados a la alteración cromosómica con la cual nació.

Mónica Arce. Pasión. Foto: Cortesía de Cinetec.

“La laguna rosa se ha convertido en nuestra misión, ya que a través de ella queremos visibilizar el síndrome de Down, exhibiendo que al final todos somos personas con problemas, necesidades, cualidades y defectos. La inclusión es fundamental en nuestra sociedad, y la empatía permite que seamos mejores personas, comunidad, país y mundo”, resalta Juan en entrevista.

Desde 2011, cada 21 de marzo es el Día Mundial del Síndrome de Down, designado por la ONU, “afirmando que al garantizar y promover la plena realización de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de todas las personas con discapacidad, es esencial para alcanzar los objetivos de desarrollo convenidos internacionalmente”. También se lee en el documento:

“Consciente de que el síndrome de Down es una combinación cromosómica natural que siempre ha formado parte de la condición humana, existe en todas las regiones del mundo y habitualmente tiene efectos variables en los estilos de aprendizaje, las características físicas o la salud.

“Recordando que el acceso adecuado a la atención de la salud, a los programas de intervención temprana y a la enseñanza inclusiva, así como la investigación adecuada, son vitales para el crecimiento y el desarrollo de la persona. Reconociendo la dignidad inherente, la valía y las valiosas contribuciones de las personas con discapacidad intelectual como promotores del bienestar y de la diversidad de sus comunidades, y la importancia de su autonomía e independencia individual, en particular la libertad de tomar sus propias decisiones”.

Alrededor de 1,000 millones de personas en el mundo tienen alguna discapacidad, 1 de cada 700 nace con síndrome de Down y cada una tiene sus propios talentos, defectos y sueños.

Escena de la película. Foto: Cortesía de Cinetec.

Mónica subraya a este medio:

“Con ‘La laguna rosa’ quiero mostrar que la gente con discapacidad, como la mía, podemos hacer cosas y poseer metas y sueños, y que podemos ser actores o actrices”.

El título del filme surge porque el equipo del proyecto concuerda en que “la laguna azul no siempre debe ser azul (ordinaria), puede ser rosa (extraordinaria), sólo es cuestión de querer verla”.

Mónica tiene 32 años, y con este papel ha obtenido 12 premios como Mejor Actriz en festivales nacionales e internacionales, como en el de San Antonio (Texas), la India y Singapur. El largometraje ha sido proyectado en alrededor de 30 festivales. Logró Mejor Película en los de San Antonio, San Luis Misouri (Estados Unidos), Ciudad Madero (Tamaulipas) y el Champion Film Sallon International en Dallas (Texas).

Juan, de 40 años, estudió comunicación en la Universidad Iberoamericana (2003-2008) y la maestría en guion en la Universidad de York, Canadá (2013-2015). Cursó el taller de actuación (2016) en Casa Azul con Ortos Soyuz, a quien se une para impartir clases. Actualmente ofrece un taller de actuación para personas con discapacidad. Dirigió los cortometrajes “Con ojos de niño” (2008), “Fall” (2015) y “Spring” (2017).

“La laguna rosa” se filmó en las ciudades de México y Mérida con “crew” de ese estado, extras yucatecos y apoyos del gobierno estatal y fundaciones.

Seis años de trabajo

Desde hace seis años empezó a desarrollarse la idea de “La laguna rosa”. Mónica y Juan narran por Zoom cómo inició todo. Ella rememora:

“Desde hace tiempo Juan y yo queríamos hacer algo juntos. Yo le dije que me gustaría ser parte de sus películas, y fui yo quien elaboró un esquema y el nombre del personaje. Y él fue quien hizo el guion”.

Juan interviene:

“Cuando Moni me externó su deseo, ¡me arranqué! Yo había hecho un par de cortos. Le platiqué que nunca había realizado un largometraje, pero que entonces lo hiciéramos. Empecé a trabajar en el guion un poco basado en lo que he visto respecto a las reacciones que generaba Moni cuando la incluí en mi vida social, sobre todo en espacios de convivencia como cines, restaurantes, antros, bares, en fin, o en lo que la gente comentaba porque no estaba acostumbrada a ver a una persona con síndrome de Down o discapacidad intelectual en esos espacios”.

Confiesa que justo cuando le comunicó su hermana que deseaba mostrar que las personas con discapacidad pueden efectuar muchas cosas, pudo empezar:

“Le señalé que le entraba a su visión del proyecto, porque me gustaba mucho. Así ya tenía una dirección clara. Había que evitar dos narrativas: una era la cuestión inspiradora, que las personas con síndrome de Down o con cualquier discapacidad son seres de luz perfectos que inspiran para todo lo que se hace, y por el otro lado la cuestión de la lástima. Mejor mostrar a la persona donde el síndrome de Down no es una característica que lo define, sino que igual posee diferentes virtudes y defectos”.

Juan Arce. Guionista y director. Foto: Cortesía de Cinetec.

Al escribir el guion –rememora– pensaba en todas las situaciones y en la espontaneidad y manera de hablar de Moni, y al mismo tiempo le platicaba a ella para ver cómo reaccionaba y qué recomendaba. Continúa:

“Al momento de empezar la producción trabajamos muchas cosas, y lo que le pedía era justo mantener esa espontaneidad. Usábamos mucho la palabra natural. Que no fuera una actuación tan melodramática”.

Se interroga a Mónica: ¿fue difícil para usted actuar? Y responde:

“No fue tan fácil, primero porque debía ser natural. Debía repasar y realizar partes muchas veces, ¡hasta que me saliera! La otra es que cuando me ponían luz encima de la cara, a veces no podía ver, se me iban para otro lado mis ojos, y me distraía”.

En torno a que “La laguna rosa” denuncia la discriminación de los discapacitados, ella comenta:

“La discriminación es un tema fuerte, porque creo que la gente que tiene síndrome de Down u otra discapacidad es rechazado, y eso no es bueno. Cuando relicé la escena del supermercado fue muy complicado porque una persona me dice cosas feas, y cuando alguien te dice eso en la vida real, siento feo. Me puse triste ahí. Cuando empecé a estudiar ballet hace años me insultaron”.

Al instante, Juan habla:

“Para nosotros es muy importante mostrar que eso sigue pasando. Cuando Moni empezó a estudiar ballet muchas academias no la aceptaron. Mas mi mamá buscaba otros lugares porque Moni quería bailar. Porque una hermana que tenemos bailaba ballet. Entonces una academia apostó por ella y al día siguiente las mamás le dijeron que sus hijas no iban asistir a la clase con una persona con discapacidad, usando términos muy feos, y que iba a atrasar todo el conocimiento que adquirieran. Sacaron a sus hijas. Pusieron a la maestra contra la pared. Era ‘ella o nosotros’”.

--¿Cómo es que se une al proyecto Francisco Gallo, quien codirige y además está a cargo de la fotografía?

--Gallo es mi socio. Hemos trabajado mucho tiempo juntos desde hace muchos años, y generalmente todo lo hemos trabajado en codirección. Para nosotros fue muy natural, como volver a unir fuerzas de esa forma. Cuando le enseñé el guion me dijo: “Me encanta, le entro”. Ya conocía a Moni y manifestó que la quería mucho. Yo creo mucho en la colaboración. Codirigir no es muy usual y mucha gente que se estaba uniendo al proyecto nos decía: “Es que en una codirección tuve una muy mala experiencia, se llevaron mal y se paró la película”. Pero aquí, como ya habíamos trabajado mucho tiempo juntos, teníamos muy claro qué laborar cada quien”.

--¿Fue difícil levantar la película por el tema?

--No fue difícil levantar los fondos para hacer el filme. Tuvo sus retos, como toda película independiente, de encontrar a la gente para financiarla. A mí me gustó mucho eso. Como que siempre encontrábamos a alguien que creía en el proyecto. Donde sí tuvimos dificultad fue en la distribución y la exhibición. Cuando la película ya estaba, e incluso había obtenido premios.

“Muchas veces era: ‘¡Ah!, tienes una película independiente, pero la discapacidad no vende’. Les explicaba: ‘Es que no es una película de incapacidad, es de humanidad’. La veían de nuevo y me volvían a decir lo mismo. Yo creo mucho en el talento que hay en México y estoy seguro de que los tres actores principales (Oñate, quien ya va despegando; Elsy Jiménez Falcón y Moni, son talentosos). Igual me subrayaban: ‘Es que no tienes ningún actor reconocido, no tienes a nadie que jale taquilla’. Les decía: ‘Observen las actuaciones’”.

Juan enfatiza:

“El cine nos invita a reflexionar, y eso es lo bueno de un medio de entretenimiento o cultural. Podemos conocer otro tipo de historias, ver otros puntos de vista, otras formas de vida, y recordar que vivimos en una sociedad en donde la incidencia de la discapacidad en todos los sentidos es alta. Todos hemos conocido a una persona con discapacidad, tal vez no en lo intelectual, pero sí en lo físico cada vez más, y nos damos cuenta de que las ciudades no están preparadas para eso. Es difícil que alguien así en una silla de ruedas (en el centro de la Ciudad de México o incluso en el centro de Mérida, donde filmamos) pueda manejar sola, y además lo hacen algunos, lo que es increíble”.

Francisco Gallo. Codirector y fotógrafo. Foto: Cortesía de Cinetec.

Mónica, quien se siente feliz por el estreno de la película, continúa:

“El síndrome de Down no es ninguna enfermedad y podemos realizar muchas cosas, como ya lo mencioné, se nos deben dar oportunidades en todos los aspectos”.

Y Juan remata:

“En la película otro personaje recuerda a su tío con discapacidad. Era muy común que hace cuarenta años a las personas con síndrome de Down las encerraban y las escondían en su casa, nunca las veían otras personas, y no estamos hablando de hace tantos años. Antes nos decían que no viéramos a esa gente, y ahora creo que nos estamos permitiendo ver. Estas narrativas nos ayudan. La discapacidad es una característica más. He aprendido mucho con este largometraje y con Moni”.

En México, según varias instituciones de salud, la incidencia del síndrome es de aproximadamente uno por cada 650 nacimientos.

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