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Pedro de Córdoba

Biografía

Córdoba, Pedro de. Córdoba, 1482 – Santo Domingo (República Dominicana), 4.V.1521. Dominico (OP), modelo de evangelizador y revisionista de la política española en América.

Nació en la ciudad de Córdoba hacia 1482. Desde muy pronto fue inclinado al estudio, por lo que sus padres decidieron enviarle a estudiar Leyes a la Universidad de Salamanca. En aquella ciudad entró en contacto con los dominicos de San Esteban y solicitó el hábito. Hechas las diligencias normales dentro de la Orden, con el fin de constatar sus inclinaciones, costumbres y suficiencia intelectual, se le concedió el ingreso en el año de noviciado, en 1500-1501. Concluido el año hizo su profesión religiosa e inmediatamente comenzó sus estudios de Artes y Teología. Su cronista particular, Bartolomé de las Casas, comenta: “Aprovechó mucho en las artes y filosofía y en la teología y fuera sumo letrado, si por las penitencias grandes que hacía no cobrara grande y continuo dolor de cabeza, por lo cual fue forzado templarse mucho en los estudios y quedarse con suficiente doctrina y pericia en las Sagradas Letras”. En 1508 es ordenado sacerdote en Salamanca y al año siguiente va destinado al convento de Santo Tomás de Ávila. Allí ejercerá el ministerio de la predicación, con gran provecho para sus oyentes.

En 1508 la Orden dominicana decide enviar los primeros dominicos a América. Ese pequeño grupo lo compondrán fray Pedro de Córdoba, fray Bernardo de Santo Domingo y fray Antonio Montesino. Los tres viven en Ávila en 1509. Fray Pedro, que cuenta con veintiocho años, será el superior de los tres.

Caminando y solicitando su sustento viajaron de Ávila a Sevilla. Embarcados en aquel puerto, llegaron con viento próspero a Santo Domingo en el mes de septiembre de 1510. En Santo Domingo fueron acogidos por Pedro Lumbreras, quien más tarde les cedería un solar de su propiedad para que construyeran su convento. Con el paso del tiempo sería un gran convento (dentro de sus claustros se fundó la primera Universidad de América en 1538), pero al principio “acomodáronse los religiosos en una choça pegada con un corral de la casa; la choça fue para ellos el gran convento de Salamanca” (J. López, 1615: 166). Dormían en cadalechos de palos y por colchones, paja seca; su vestido era el hábito de jerga y una túnica de lana mal cardada; para comer tenían cazabi de raíces, berzas cocidas con ají y algún pescadillo. Ésa fue la base del célebre convento, cuna de la más tremenda lucha de España contra España.

Como superior de aquella comunidad, fueron muchas las obligaciones que hubo de asumir, pero entre todas destacan tres momentos decisivos para la historia de América. El primero ocurre en Concepción de la Vega, el 3 de noviembre de 1510. Fray Pedro de Córdoba apunta el primer esquema de metodología evangelizadora que los dominicos usarán en América: uso de las lenguas indígenas y cercanía física; un estilo de exposición comprensible a su mentalidad con numerosos ejemplos y narración progresiva; catequesis dominicales para los naturales, etc. Esta metodología se completará con las actitudes del evangelizador: captación de la benevolencia, expresiones de bondad, evangelización sin presencia de soldados españoles...

Y como conclusión de esta metodología, la composición de Doctrinas. Ejemplo de todo lo indicado es la Doctrina xpiana pa instrucciô de los indios, por manera de historia. Es la primera Doctrina que se compone en América y su autoría recae en Pedro de Córdoba.

De ella tomarán ejemplo las numerosísimas Doctrinas compuestas, en las lenguas más dispares del continente americano y filipino, por los dominicos.

El segundo de dichos sucesos tiene su punto álgido el 21 de diciembre de 1511, pero hay que verlo en toda su amplitud. Después del sermón de Concepción, fray Pedro y sus dos compañeros comienzan a denunciar las esclavitudes a que están sometidos los naturales, y que son impedimento para la evangelización de los mismos. De forma privada y amigable trataron de llamar a conversión a los españoles; visto el escaso resultado, fray Pedro decide que hay que predicarlo públicamente y para ello encarga a fray Antonio Montesino. Él será la voz de toda la comunidad que grita: “¿Éstos no son hombres? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos?” La reacción de los españoles es inmediata, pero fray Pedro de Córdoba no se arredra y en primera persona se enfrenta a la comisión de airados conquistadores; afirma que lo predicado es verdad evangélica y que están dispuestos a mantener lo predicado aunque les destierren.

Las consecuencias inmediatas son un segundo sermón el 28 de diciembre, aún más duro que el primero, y la consiguiente información de las autoridades a la Corte. Los valientes frailes son tratados como “enemigos” de España, de modo que fray Pedro tiene que enviar a la metrópoli a fray Antonio Montesino para que explique qué razón tenía para predicar aquello.

Las consecuencias posteriores fueron la consecución de las leyes de Burgos y Valladolid; el plan de reforma iniciado por Cisneros, mediante los fallidos Comisarios Jerónimos; la actuación de Las Casas y las Leyes Nuevas, Felipe II, etc. La valentía de fray Pedro de Córdoba y sus dominicos les convirtió en unos de los primeros “voceros” de los derechos humanos.

El tercer acontecimiento se produce el 4 de julio de 1515: se encuentran fray Pedro de Córdoba y el clérigo encomendero Bartolomé de las Casas. Tiempo atrás, el encomendero se había encontrado con un dominico que no le quiso absolver por tener encomiendas de indios. Poco a poco, Bartolomé de las Casas va mudando de actitud. Finalmente, en 1515 pasa a comulgar con el ideario de fray Pedro. En los momentos más difíciles o de dudas, es fray Pedro quien le saca de la amargura y le anima tomando decisiones prudentes y sabias. Fray Pedro es la referencia y el magisterio para Las Casas.

Estos tres momentos serían suficientes para encumbrar a fray Pedro de Córdoba. Su corta permanencia en tierras americanas está enmarcada por otros muchos actos de singular importancia. Como evangelizador extenderá su presencia a distintas islas del Caribe y costas de Venezuela. Como defensor de los naturales, desgastó su naturaleza cruzando en tres ocasiones el Atlántico. En 1512 viajará a España y logrará la revisión de las leyes compuestas en Burgos, consiguiendo dar origen a las nuevas leyes de Valladolid.

No le gustaron y por ello solicitó permiso para realizar la experiencia de evangelización sin presencia de españoles. Obtenido su propósito, viajó a Santo Domingo y, después de hacer algunos preparativos, el 4 de julio de 1515 se puso en camino hacia las costas de Píritu (Venezuela), donde estableció el primer asentamiento de dominicos en Tierra Firme, lejos de los escandalosos comportamientos de los españoles.

La segunda vez fue en 1516. Con la pretensión de “traer religiosos”, fray Pedro aprovechó la ocasión para quejarse de los oficiales de la isla Española, cuya ineficacia había dado lugar al martirio de dos dominicos que había dejado en Píritu. Obtenidos los resultados que pretendía, fray Pedro vuelve en marzo o abril de 1517. Pero la confianza de fray Pedro quedó pronto defraudada por la pésima gestión de los comisarios jerónimos, nombrados por Cisneros. De ello se queja en varias cartas escritas en mayo de 1517 y dirigidas al rey Carlos V, a los regentes y a los mismos comisarios jerónimos. Pero las cartas no obtienen resultado, de modo que fray Pedro vuelve a cruzar el Atlántico en 1519. Poco tiempo pasó en España: en marzo de 1520 está de vuelta a Santo Domingo.

El rigor observante de toda su vida, las siete travesías del Atlántico, los viajes por el Caribe, las caminatas por La Española y los golpes adversos que había sufrido durante su ministerio apostólico, minaron la salud de fray Pedro. Enfermo de pulmonía (“ético”, dice Las Casas), falleció el 4 de mayo de 1521 en Santo Domingo. Detrás de él quedaba un nuevo estilo de evangelización y comenzaba a cristalizar el mayor complejo de leyes y ordenaciones reales que imperio alguno en la historia completó para súbditos de sus colonias.

 

Obras de ~: Doctrina xpiana pa instrucciô de los indios, por manera de historia. Compuesta por el muy reverendo padre fray Pedro de Cordova, de buena memoria, primero fundador dla Orden de los Predicadores ê las yslas del mar Océano, y por otros religiosos doctos dla misma ordê (llevada a México por Betanzos y otros dominicos), México, 1544.

 

Bibl.: J. López, Quarta parte de la Historia general de Santo Domingo y de su Orden de Predicadores, Valladolid, Francisco Fernández de Córdova, 1615; A. de Remesal, Historia general de las Indias y particular de la gobernación de Chiapa y Guatemala, vol. I, Madrid, Francisco de Abarca, 1619 (reimp., Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 175, 1964); B. de las Casas, Historia de las Indias, Madrid, M. Ginesta, 1875-1876 (en Obras Completas, vols. III-V, Madrid, Alianza, 1994); J. Cuervo, Historiadores del Convento de San Esteban de Salamanca, vols. I-III, Salamanca, Imprenta Católica Salmanticense, 1914-1916; D. Ramos, “El P. Córdoba y Las Casas en el plan de conquista pacífica de Tierra Firme”, en Boletín Americanista, 3 (1950), págs. 175-210; A. Stoudemire, Pedro de Córdoba. Christian Doctrine, Florida, University of Miami Press, 1970; V. Rubio, “Fecha de la llegada de los primeros frailes de la Orden de Predicadores al Nuevo Mundo”, en Communio, 14 (1981), págs. 111-145; R. Boria, Fr. Pedro de Córdoba (1482-1521), Tucumán, Unsta, 1982; M. A. Medina, Una comunidad al servicio del indio. La obra de fray Pedro de Córdoba, O.P. (1482-1521), Madrid, Instituto Pontificio de Teología, 1983; M. A. Medina (ed.), Doctrina cristiana para instrucción de los indios, Salamanca, Editorial San Esteban, 1987 (reprod. facs. de las eds. de México, 1544 y 1548).

 

Miguel Ángel Medina Escudero, OP