(PDF) HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA David Hothersall | LILIA HERNANDEZ - Academia.edu
! Historia de la psicología Autor David Hothersall ! Gerente de producto: Alejandra Martínez Ávila Supervisora de edición: Gloria Leticia Medina Vigil Supervisor de producción: Zeferino García García HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA Tercera edición Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio, sin autorización escrita del editor. DERECHOS RESERVADOS © 1997, respecto a la primera edición en español por McGRAW-HILL INTERAMERICANA EDITORES, S.A. de C.V. Una División de The McGraw-Hill Companies, Inc. Cedro Núm. 512, Col. Atlampa 06450 México, D.F. Miembro de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, Reg. Núm. 736 ISBN 970-10-1623-8 Traducido de la tercera edición en inglés de HISTORY OF PSYCHOLOGY Copyright © MCMXCV, MCMXC, MCMLXXXIV, by McGraw-Hill, Inc. All rights reserved ISBN 0-07-030512-9 Portada: "FUNAMBULISTAS" (1944), Remedios Varo (1908-1963) Temple sobre cartón; 38 x 26.5 cm Colección particular, México Reproducido con permiso 1234567890 L.I.-97 9086543217 Impreso en México Printed in México Esta obra se terminó de imprimir en Agosto de 1997 en Litogrática Ingramex Centeno Núm. 162-1 Col. Granjas Esmeralda Delegación Iztapalapa C.P. 09810 México, D.F. Se tjraron 42QQ e je mp|ares Sobre el autor DAVID HOTHERSALL es profesor de psicología en la Universidad Estatal de Ohio. Nació y creció en Inglaterra y llegó a Estados Unidos en 1965, donde obtuvo el título de Doctor en filosofía en la Universidad de Tennessee en 1968. Desde entonces ha vivido en el estado de Ohio. Ha recibido numerosos reconocimientos a la enseñanza, incluyendo el Alumni Award para profesores distinguidos del estado de Ohio, también ha dado cur- sos de historia de la psicología tanto para alumnos no graduados como para graduados. De manera adicional a sus estudios sobre historia de la psicología, sus intereses por la enseñanza y la investigación incluyen la psicología comparativa y la experimental fisio- lógica. Ha escrito numerosos trabajos sobre estos tópicos, así como un texto de introduc- ción a la psicología publicado en 1984. En 1990 fue nombrado Director de Honores Universitarios del estado de Ohio. Como antes: Para Lesley, Carol, Mark y Hilary Contenido PREFACIO ...................................................................................................... xi INTRODUCCIÓN ............................................................................................. 1 1. Psicología de la antigüedad ....................................................................... 13 2. Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología .................................. 33 3. Estudios precursores del sistema nervioso central ....................................... 81 4. Wilhelm Wundt y la fundación de la psicología .......................................... 115 5. Edward Titchener y Hugo Münsterberg ....................................................... 141 6. Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX ............................... 177 7. Psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos ................................. 215 8. Historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis ................... 255 9. Precursores del funcionalismo en Inglaterra y Estados Unidos .................... 307 10. Funcionalismo en la Universidad de Chicago y en la Universidad de Columbia .................................................................................................... 365 11. Usos y abusos históricos de la medición de la inteligencia ........................... 395 12. El conductismo de John B. Watson y el trabajo de Ivan Pavlov .................... 445 13. Cuatro psicólogos neoconductistas ............................................................. 489 EPÍLOGO ........................................................................................................ 533 REFERENCIAS ................................................................................................ 541 ÍNDICE ONOMÁSTICO ................................................................................. 589 ÍNDICE ANALÍTICO ....................................................................................... 601 Prefacio Una tercera edición es una oportunidad para confirmar la postura de ediciones previas y para la revisión y el cambio. En esta tercera edición de Historia de la psicología, continúo empleando una forma biográfica, enfatizando las contribuciones de psicólogos incipien- tes y las circunstancias de sus vidas que influyeron en dichas contribuciones. Así como en las ediciones anteriores, se presentan psicólogos destacados, no sólo como hombres y mujeres que contribuyeron de manera importante al desarrollo de la psicología, sino como personas que tuvieron éxitos y fracasos, triunfos y tragedias, esperanzas alcanza- das y desiluciones. Creo que una aproximación biográfica de este tipo se opone en forma efectiva a la desafortunada suposición de algunos alumnos de que la historia de la psico- logía es monótona, tediosa y completamente irrelevante para la psicología contemporá- nea. Muchas de las vidas y carreras de los psicólogos que se describen en este libro están lejos de ser monótonas, y sus aportaciones continúan influyendo en forma importante en la psicología contemporánea. La psicología es afortunada en tanto que existe un área activa y con vida del saber y de la investigación de su historia. Cada año se publican muchos trabajos sobre la historia de la psicología, y los años transcurridos desde que se publicó la primera edición en 1983 han sido un periodo particularmente activo. La mayor parte de las nuevas referencias en esta edición son trabajos y libros publicados desde 1990. Éste es un reflejo del impresio- nante cúmulo de conocimientos que se ha publicado acerca de la historia de la psicolo- gía. En lo personal estoy muy agradecido con todos aquellos eruditos cuyos trabajos han aportado algo a esta Historia de la psicología. Cambios en la tercera edición Ahora los diagramas cronológicos aparecen casi al principio de cada capítulo. En éstos se expone el material presentándolo tanto en el contexto del desarrollo histórico de la psicología como en una ubicación cultural más amplia. Cada capítulo contiene al menos un recuadro que enfatiza un aspecto de la historia de la psicología. Muchos de ellos relatan contribuciones del pasado a la psicología con- temporánea. Se presta especial atención a las aportaciones de algunas personas olvidadas en la historia de la psicología, especialmente mujeres y miembros de grupos minoritarios. La psicología es afortunada en tanto que es un área activa del saber académico que ha enfatizado el trabajo y las contribuciones de dichos psicólogos. La psicología como tal xii Prefacio ha cambiado para ser más inclusiva, es importante reconocer a los psicólogos olvidados y entender las barreras y prejuicios que tuvieron que enfrentar. Otra de las características de esta edición es el incremento de ilustraciones. Por primera vez, un manual del instructor acompaña este libro.* Fue escrito por mis colegas James T. Austin y Sridhar Ramamoorti. El doctor Austin imparte el curso para alumnos que no se han graduado sobre historia de la psicología en la Universidad Esta- tal de Ohio. Yo me he beneficiado grandemente de su conocimiento y su entusiasmo. El señor Ramamoorti era estudiante en mi curso de historia de la psicología para gradua- dos. Su desempeño académico y sus muchas sugerencias y excelentes comentarios, al- gunas veces críticos, indicaban que él sería un excelente coautor para el manual del instructor. De hecho, se comprobó que ese era el caso. El manual del instructor está ínti- mamente relacionado con el texto e incluye subrayados y resúmenes en cada capítulo, así como temas y consejos para la enseñanza, lecturas destacadas y sugerencias de ejerci- cios para la clase. Dentro de las listas de recursos se incluyen lecturas adicionales, pelícu- las y videos. Para cada capítulo se compiló un banco de preguntas que consiste en preguntas para completar y preguntas de ensayo de respuestas cortas, elección de op- ción múltiple y preguntas de falso-verdadero. Esta Historia de la psicología se dirige a estudiantes que no se han graduado, sobre todo de psicología, y también a alumnos graduados principiantes. Las principales metas han sido despertar el interés en la psicología a alumnos que no se han graduado y refor- zar el compromiso de los estudiantes graduados con la psicología como una profesión. Las cartas que he recibido de estudiantes que leyeron este libro y de los miembros de la facultad que lo han usado en sus clases han sido bienvenidas. Espero que haya muchos más lectores de esta tercera edición. RECONOCIMIENTOS Me considero muy afortunado por haber recibido el apoyo entusiasta de mucha gente al escribir esta edición. En la División de Universidades de McGraw-Hill, el editor ejecuti- vo Christopher Rogers, y el editor de psicología Brian L. McKean, me animaron a traba- jar en una tercera edición y apoyaron con entusiasmo el libro. Estoy en especial agradecido con mi editora, Laura Lynch. Su paciencia, apoyo y entusiasmo fueron invaluables. Fred H. Burns fue el supervisor de edición y Arme Manning la editora de foto. Mi sincero agradecimiento para ambos. Los siguientes revisores leyeron el manuscrito entero: Terry J. Rnapp, Universidad de Nevada en Las Vegas; Alfred JD. Kornfeld, Universidad Estatal del Oriente de Connecticut; Richard A. Littman, Universidad de Oregon; Donald J. Polzella, Universi- dad de Daytona, y George Windholz, Universidad de Carolina del Norte en Charlotte. Sus comentarios y sugerencias fueron muy útiles. Les agradezco a todos. Esta edición fue escrita durante mi primer periodo como director del programa de honores universitarios en el estado de Ohio. Mientras continuaba enseñando la historia de la psicología a alumnos graduados, mis responsabilidades académicas cambiaron * Nota del Editor: Estos materiles auxiliares sólo están disponibles en inglés para los profesores o instituciones mediante una petición por escrito dirigida a la editorial. O también es necesario ponerse en contacto con uno de los representantes de esta casa editora. Prefacio xiii para incluir el trabajo con alumnos no graduados de alto rendimiento. Encontré que era un deleite y sólo puedo esperar que se incremente el número de estudiantes de este tipo que consideren hacer carrera en la psicología. Mis colegas en el Centro de Honores Uni- versitarios mostraron mucha paciencia y comprensión cuando necesitaba largos perio- dos para trabajar en lo que se llegó a conocer como "el libro". Estoy especialmente agradecido a Arienne McCracken por su asistencia editorial y secretarial y a mi colega, el director asociado del programa de honores universitarios, doctora Mabel Freeman. Mien- tras me ayudaba a aprender innumerables detalles administrativos relacionados con un amplio programa de honores y aspectos sobre la educación de estudiantes de alto rendi- miento, la eterna tarea de Sísifo, si es que hubo una, la doctora Freeman apoyó mi papel en la facultad como profesor de estudiantes graduados y no graduados y como escritor de este libro. Ser su colega ha sido, de hecho, un honor. David Hothersall Introducción CUESTIONES RECURRENTES EN PSICOLOGÍA E n 1910, justo treinta años después de que Wilhelm Wundt fundara el primer laboratorio de investigación psicológica en 1879, Hermann Ebbinghaus describió a la psicología como dueña "de un largo pasado pero con una corta historia" (Ebbinghaus, 1910, p. 9). Comparada con ciencias establecidas como la astronomía, la anatomía, la medicina, la química y la fisiología, la psicología de hecho tiene una "corta historia". Pero, como Ebbinghaus hizo notar, la "corta historia" de la psicología se complementa por un "largo pasado", en tanto que muchas de las cuestiones y referentes de la psicolo- gía se pueden proyectar hacia atrás hasta los mundos antiguos de Egipto, Grecia y Roma (capítulo 1). Tal vez si la cuestión más apremiante durante el "largo pasado" de la psicología ha sido constituirse como una ciencia de la mente, entonces es posible una psicología. Si es así, ¿cómo se debe definir y cuáles pueden ser sus métodos? En el siglo XIX Auguste Comte negó la posibilidad de una ciencia de la mente. La mente, afirmaba, puede estu- diar todos los fenómenos menos los propios. Su contemporáneo, John Stuart Mili, refutó esa afirmación y propuso una ciencia de la mente, un modelo de las operaciones de la mente y un método para estudiar sus contenidos (capítulo 2). La posición de Mili fue adoptada y extendida por Wilhelm Wundt (capítulo 4) cuando estableció una ciencia de la psicología y desarrolló métodos que permitieron que las preguntas clásicas de los epistemólogos —"¿Cómo vemos y percibimos el mundo?"— fueran orientadas científi- camente. Uno de los triunfos de la primera generación de psicólogos fue la investigación de Ebbinghaus sobre la memoria humana (capítulo 6). Él demostró que la memoria se puede estudiar en forma científica y que los métodos de la psicología pueden ser tan rigurosos y sus resultados tan relevantes como los de las ciencias más antiguas estableci- das con anterioridad. Los resultados de Ebbinghaus permanecen sin ser rebatidos hasta la actualidad. En el siglo XX J. B. Watson (capítulo 12), afirmó que la psicología debería abandonar lo relativo a la mente y estudiar sólo el comportamiento. Sus métodos y propuestas radica- les dieron origen al conductismo, el cual, bajo la influencia de su sucesor B. R Skinner, se convirtió en la postura psicológica dominante en Estados Unidos. Hoy día, el estudio de la "mente" por medio de la psicología cognitiva está experimentando un renacimiento en la psicología, y mucha de la investigación realizada por psicólogos cognitivos pre- 2 Introducción senta una notable similitud con la investigación y las teorías desarrolladas por Franz Brentano y Oswald Külpe (capítulo 6) y Edward Tolman (capítulo 13). Los psicólogos han luchado por definir el tema de estudio y los métodos de la psicología a través de su historia. Son estas luchas las que se describen en este libro. Una segunda cuestión recurrente en la historia de la psicología y la filosofía es la relacionada con el lugar donde se encuentra la mente. Como se verá, los filósofos de la antigüedad tenían ideas curiosas sobre su ubicación. Aristóteles la localizaba en el cora- zón. Hoy día no dudamos en localizarla en el cerebro y describimos sus funciones como productos de las operaciones que en este órgano se efectúan. El cerebro es visto como central. Desde el siglo XIX (capítulo 3) se ha progresado mucho en la comprensión del cerebro, y las neurociencias actuales, como la psicología fisiológica o psicobiología, re- presentan a un gran grupo de investigadores de muchas disciplinas. Tal vez por su com- plejidad —con sus 100 billones de células nerviosas y alrededor de 1 cuadrillen potencial de conexiones entre ellas— el cerebro se describe comúnmente como la estructura más compleja nunca estudiada; nosotros evitamos hacer una descripción completa de las re- laciones entre el cerebro y el comportamiento y entre el cerebro y la conciencia. Un problema relacionado con la filosofía y la psicología ha sido encontrar la forma de describir las relaciones entre la mente (cerebro) y el cuerpo, además de un modelo de sus relaciones. ¿Están separados y son distintos, paralelos, interactuantes, o están unidos de forma inseparable? Cada una de estas posturas tiene defensores, y sus puntos de vista continúan influenciando modelos de interacciones mente-cuerpo. Los modelos holísticos actuales, por ejemplo, en los que mente y cuerpo se ven como uno, suelen presentarse como si fueran nuevos y revolucionarios, sin embargo, son muy antiguos y se les puede seguir el rastro desde A Guide for the Perplexed (Guía de Perplejos), un libro de medicina escrito en el siglo XII por Maimónides, hasta las ideas del médico griego Hipócrates en el siglo XV a.C. (capítulo 1). Las contribuciones relativas y la importancia de la naturaleza (la constitución genética) y la crianza (el medio ambiente) al desarrollo y las diferencias individuales han sido debatidas eternamente. Aristóteles favorecía una posición ambientalista haciendo hin- capié en la importancia de la crianza. De hecho, él fue quien utilizó primero la persisten- te metáfora de la mente como una tabula rasa, o tabla en blanco, que tendría que ser cubierta por la experiencia. Platón reconoció la importancia de las diferencias individua- les en temperamento, carácter y habilidad, pero creía que estaban determinadas, en gran medida, desde antes de nacer y, por tanto, adoptó la posición del nativismo (capítulo 1). A lo largo de la historia de la psicología las dos posturas: nativista y empirista son recu- rrentes, el empirismo, con su énfasis en la experiencia o la crianza, en las filosofías de John Locke, James y John Stuart Mili, y las psicologías posteriores de J. B. Watson y B. F. Skinner; y el nativismo, con su énfasis en la naturaleza y las características innatas, en las filosofías de Rene Descartes, Inmanuel Kant y las psicologías de Francis Galton, G. Stanley Hall y Lewis Terman. Crianza contra naturaleza es todavía uno de los puntos que se debaten con mayor energía y divisorios concernientes a los psicólogos contemporáneos. De hecho, la división es tan profunda que se ha argumentado que el discurso racional entre los defensores de consideraciones ambientales y los de posturas genéticas del de- sarrollo de la inteligencia ha terminado por ser incuestionable (Crawford, 1979). Conclu- siones tan pesimistas son injustificadas, la investigación contemporánea obtuvo a partir de paradigmas originalmente propuestos por Francis Galton (capítulo 9) evidencias fas- cinantes y poderosas como las contribuciones de naturaleza y crianza. Introducción 3 LECCIONES SOBRE EL PASADO DE LA PSICOLOGÍA Los libros de texto de psicología generalmente se limitan a describir los éxitos de los psicólogos. Esta historia de la psicología describe también los fracasos. En ocasiones, psicólogos eminentes han defendido con gran confianza y convicción respuestas a las preguntas de la psicología que más tarde se probó eran erróneas. La descripción de estos errores no desacredita, desprestigia o menoscaba a los primeros psicólogos que con fre- cuencia contestaron otras preguntas correctamente; por el contrario, produce una histo- ria más completa de la psicología y, más importante, nos alerta de nuestra propia falibilidad. Es necesario también evitar la tendencia a interpretar y evaluar las contribuciones de psicólogos precursores de acuerdo con los criterios del presente y so- bre las bases de lo que hoy se sabe. Raymond Fancher (1987) llamó a esa tendencia "his- toria de remplazo". Este libro no será una historia de remplazo de la psicología. En gran parte, la razón de que no detectemos con facilidad nuestros errores es por- que están apoyados en las creencias y suposiciones compartidas de una era particular. Edwin G. Boring (1929/1957), quien ha fungido como historiador guía de la historia de la psicología, describió este tipo de influencias como provenientes del Zeitgeist, o espíri- tu de la época. Un caso ilustrativo de los efectos del Zeitgeist puede verse en la investiga- ción de Pierre-Paul Broca. Sus estudios sobre la localización del lenguaje en el cerebro humano (capítulo 3) todavía se consideran importantes, pero Broca también estaba con- vencido de que las mujeres son productos inferiores de la evolución, que sus cerebros estaban significativamente menos desarrollados que los de los hombres, y que esta dife- rencia en el tamaño del cerebro se incrementaba con cada generación. Ahora sabemos que sus conclusiones no sólo eran erróneas, sino que estaban basadas en investigaciones inadecuadas y conducidas de manera muy pobre. Sin embargo, por el hecho de estar en armonía con las suposiciones prevalecientes y las creencias de aquella época, ni siquiera fueron discutidas. Un ejemplo similar lo podemos encontrar a principios del siglo XX. En aquella época el consenso entre los psicólogos líderes como Henry Goddard y Lewis Terman (capítulo 11) era que, con el establecimiento de pruebas psicológicas, se podía medir la inteligen- cia básica en diversos grupos de personas, incluso los pertenecientes a diferentes grupos raciales, étnicos y a antecedentes culturales diversos. Hoy día, estamos conscientes de que las tendencias culturalmente heredadas pueden influir en muchas de las evaluacio- nes psicológicas y nos esforzamos por desarrollar pruebas "libres de cultura". Por des- gracia, en tiempos de Terman y Goddard, no se cuestionaba la validación transcultural de las pruebas que existían, y los resultados provenientes de su aplicación a diferentes grupos étnicos, culturales, nacionales y raciales se aceptaban, en gran parte porque con- cordaban con las suposiciones prevalecientes y las creencias acerca de estos grupos. Las consecuencias de la aplicación errónea de las pruebas psicológicas fueron injustas y trá- gicas (capítulo 11) aunque ambos, Goddard y Terman, aportaron conocimientos a la psi- cología que aún se consideran valiosos. En la década de 1920 Goddard estableció una de las primeras escuelas con programas enriquecidos para niños superdotados, mientras Terman planeó, inició, apoyó y, durante muchos años, condujo un estudio psicológico nunca antes realizado, su estudio a largo plazo de niños genio. Las respuestas incorrectas a ciertas preguntas de investigación que favorecen a la ideología política y filosófica prevaleciente representan otro de los efectos del Zeitgeist que funcionaba en el pasado, ahora quizás estamos más conscientes de su influencia en 4 Introducción la psicología contemporánea. Por supuesto, las influencias de la ideología política, filo- sófica y científica prevaleciente no son siempre negativas. En muchos casos el espíritu de la época, que se refleja en la interacción de todas las ciencias y la tecnología, puede fo- mentar la producción de nuevas ideas y de soluciones creativas a los problemas. Una influencia positiva puede verse en los modelos y metáforas elegidos para describir la conducta y la conciencia. Descartes (capítulo 2) describió el cuerpo como una máquina semejante a las que observaba en los jardines del siglo XVII en Francia. William Harvey, quien vivió durante la revolución industrial en Inglaterra, veía el corazón como una bomba cuya tarea era conducir la sangre a través del cuerpo. Wilhelm Wundt y Edward Titchener (capítulos 4 y 5) se prepararon para emular la física de Newton y modelar su psicología basándose en esa ciencia, no sólo en lo que esperaban fuera el rigor y la ele- gancia de los métodos de la psicología, sino también en lo que consideraban las metas de la nueva ciencia. A principios del siglo XX los conductistas y los neoconductistas (capítu- los 12 y 13) adoptaron como modelo un tablero de distribución para la conducta y consi- deraron la tarea de la psicología como una suma de conexiones entre estímulos y respuestas conductuales. Actualmente, los modelos computacionales de la conducta y la conciencia están en boga, y los psicólogos se refieren a procesos cognitivos en términos de procesamiento de información, almacenamiento, entrada y salida y capacidad de al- macenamiento —todos ellos conceptos tomados de la ciencia de la computación—. Den- tro de veinte años es posible que este modelo se considere pasado de moda, al igual que ahora los modelos estímulo-respuesta nos parecen a nosotros. Pero a lo largo de la histo- ria podemos ver que el valor de esos modelos no reside en su precisión o veracidad para describir los fenómenos psicológicos, sino en su capacidad para conducir la teorización y la investigación psicológicas. Otro aspecto del pasado de la psicología en el que se hará hincapié a lo largo de esta historia es que los psicólogos pioneros guiaron la investigación y la especulación sobre fenómenos psicológicos, en formas que fueron marcadamente precien tíficas. Algunas veces dichas investigaciones y especulaciones fueron olvidadas por generaciones de psi- cólogos, pero más tarde fueron redescubiertas. En el siglo XVII, John Locke describió un procedimiento clínico para vencer los miedos excesivos (capítulo 2) que se apoya en una marcada similitud con los procedimientos de desensibilización sistemática desarrolla- dos por Joseph Wolpe y otros terapeutas conductuales contemporáneos para el trata- miento de las fobias. Hugo Münsterberg (capítulo 5), en la primera década del siglo XX escribió extensamente sobre la formalidad de la memoria humana, en particular sobre el testimonio del testigo ocular. Durante los años de 1970 se volvieron a realizar investiga- ciones similares a las de Münsterberg (Loftus, 1980). En la década de 1920 Sidney Pressey inventó las máquinas de enseñar y dirigió investigaciones sobre su efectividad compara- da con métodos de enseñanza más tradicionales. Pero sus máquinas fueron un fracaso comercial, y su libro se olvidó casi por completo. En los años de 1950, B. F. Skinner desa- rrolló sus propias máquinas de enseñar, y sus aplicaciones le hicieron ganar considera- ble fama. El contraste entre la oscuridad de las máquinas pioneras de Pressey y la fama lograda por Skinner se entiende mejor dentro del contexto histórico (Benjamín, 1988). Gustav Fechner, el padre de la psicofísica (capítulo 2) sabía ya en el siglo XIX, que el cerebro humano tiene dos hemisferios cerebrales ligados por una banda de fibras, el cuer- po calloso. Él especuló que si éstas eran seccionadas o cortadas, resultarían dos corrientes separadas de conciencia. La mente sería, en efecto, dividida en dos. En décadas recientes se ha seccionado el cuerpo calloso en pacientes humanos para prevenir la expansión de Introducción 5 ataques epilépticos de un lado del cerebro al otro (Sperry, 1961). Los reportes que descri- ben a los sujetos con esta "separación-cerebral" han cambiado dramáticamente nuestra comprensión del cerebro y han confirmado de muchas maneras las hipótesis de Roger Sperry. En 1981, casi 100 años después de la publicación del trabajo de Fechner, Sperry ganó el premio Nobel de medicina por su investigación pionera acerca de las consecuen- cias que conlleva seccionar el cuerpo calloso. Tales aportaciones y aplicaciones de descu- brimientos psicológicos tempranos son, de hecho, impresionantes, pero debemos tener cuidado de no leer más allá en el trabajo de los psicólogos precursores de lo que en reali- dad estaba allí. Debemos comprender las contribuciones históricas como son actualmen- te en lugar de hacer énfasis en cuánto anticiparon posteriores descubrimientos. LA HISTORIA COMO FUERZA UNIFICADORA O CENTRÍPETA DENTRO DE LA PSICOLOGÍA El primer encuentro organizado de la Asociación Americana de Psicología (APA, pos sus siglas en inglés) se realizó en 1892 y a ella asistieron doce fundadores (capítulo 9). El primer encuentro anual de la APA tuvo lugar en diciembre de ese año con una asistencia de 18 miembros. En 1893 la asociación tenía ya 43 miembros y un presupuesto de 63 dólares. Durante muchos años la convención se efectuó en campus universitarios durante las vacaciones de Navidad. Pero los tiempos han cambiado. Durante los primeros cinco días de agosto de 1993, se realizó la convención 101 de la APA en Toronto, Canadá, con un programa de encuentros en cinco hoteles del centro de la ciudad y el Centro de Convenciones de Toronto. Asistieron alrededor de 12 000 psicólogos. La APA cuenta ahora con 62 000 miembros, 21 000 afiliados, 49 divisiones, y un presupuesto para 1993 de más de 45 millones de dólares. Los resultados de encuestas internacionales muestran que el número total de psicólogos en el mundo sobrepasa los 500 000.* Ese número casi se duplicó de 1980 a 1990 (M. R. Rosenzweig, 1992). Canadá, Europa, África, India, Rusia y Japón cuentan con un número significativo de psicólogos. La psicología en la actualidad está bien establecida como una ciencia y profesión y los psicólogos son muy destacados en varias áreas de la vida contemporánea. En 1992 un psicólogo de Ohio, Ted Strickland, fue electo para el Congreso de Estados Unidos (De Angelis, 1993, p. 24). Durante su periodo presidencial en la APA, Raymond Fowler (1990b) describió la psicología como una "disciplina núcleo" que provee un núcleo básico de conocimientos que se usan en otras disciplinas. Por su entendimiento de la conducta humana, se consideraba a los psicólogos como profesionistas capaces de contribuir a la solución de los principales problemas de la sociedad. Altman (1987) describió esas pode- rosas fuerzas centrífugas dentro de la psicología como interacciones cercanas con otros campos de conocimiento, como nuevos métodos de investigación, y como la expansión de escenarios de entrenamiento. Caracterizó dichas tendencias como benéficas para la psicología, pero algunos otros son menos optimistas. Un presidente anterior de la APA, Janet Spence, preguntó "¿Se sostendrá el centro (de psicología)?" Spence contestó que tal vez no y describió un "escenario del día del juicio final" en el que la psicología institucional * El número de psicólogos es aproximadamente la doceava parte del número de médicos en el mundo (M. R. Rosenzweig, 1992, p. 718). 6 Introducción era diezmada (Spence, 1987, p. 1053). Sarason escribió que "ya no existe más un centro en la psicología estadounidense" (Sarason, 1988, p. 522). Otros psicólogos tienen más esperanzas respecto al futuro de su campo de estudio. Bower (1993) considera el hecho de que muchos psicólogos realicen actividades diferentes, en una gran variedad de esce- narios, como una fuente de fortaleza y no de debilidad. Eso es lo que hace de la psicolo- gía una disciplina excitante y dinámica. En muchos campos universitarios y de educación superior, la psicología es muy po- pular, si no es que la más atractiva entre los alumnos que no se han graduado. En conse- cuencia, en los últimos 20 años muchos departamentos de psicología han aumentado el número de cursos que imparten de esa materia, y el número de psicólogos egresados de sus facultades. Scott (1991) afirma que es posible que el futuro no sea tan positivo para los departamentos de psicología. De acuerdo con él, para el año 2050 los departamentos de psicología, tal como ahora están estructurados, serán sólo un recuerdo: la biopsicología se enseñará en escuelas de medicina, la psicología cognitiva formará parte de coaliciones de ciencias cognitivas, la psicología social se orientará más a la práctica y se impartirá en escuelas profesionales, y la psicología clínica se convertirá en una especialidad de las escuelas de medicina (Scott, 1991, p. 976). Una fuerza centrípeta unificadora de la psicología contemporánea es la historia en común que todos los psicólogos comparten. Esa historia distingue e identifica a la psico- logía. Dentro de la psicología existe un sorprendente grado de unanimidad acerca de cómo son las grandes figuras del pasado. Korn, Davis y Davis (1991) le pidieron a 29 importantes historiadores de la psicología y a 93 catedráticos del departamento de gra- duados de psicología, situar en orden de importancia a los diez psicólogos más impor- tantes de todos los tiempos. Las jerarquías fueron las siguientes: Ebbinghaus, Binet y Fechner están en las listas de los historiadores, pero no en la de los catedráticos. Hall y Thorndike fueron jerarquizados en la de los catedráticos, pero no en la de los historiadores. Con excepción de Piaget y Rogers, todos los psicólogos que aparecen en la lista se analizan con detalle en este libro. Todos ellos, incluyendo a Arma Freud, Kurt Lewin, Dorothea Dix, Hugo Münsterberg, Edward Tolman, entre muchos otros, son psicólogos. Sus contribuciones, y las de muchos otros hombres y mujeres que Introducción 7 se analizan en este libro, establecieron y definieron a la psicología. De ellos podemos aprender lo que los psicólogos tienen en común, y la unidad que existe al interior de la diversidad de la psicología contemporánea. LA APROXIMACIÓN DE ESTE LIBRO A LA HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA Muchas obras acerca de la historia de la psicología se enfocan en los principales sistemas teóricos de la filosofía y la psicología y en las formas como se han relacionado concep- tualmente entre una generación de psicólogos y la siguiente. Esta forma de aproxima- ción permite al lector entender cómo evolucionan los sistemas de pensamiento dentro de un contexto histórico amplio. Sin embargo, existe el peligro de olvidar a los psicólo- gos como individuos al usar tal forma de aproximarse, especialmente si se usa de forma exclusiva. Hegel en su libro Reason in History (La razón en la historia), publicado original- mente en 1837, describió a los héroes de la historia como "individuos históricos del mun- do" quienes "encarnaron la verdad de su época y de su mundo". Este libro describirá a los héroes y heroínas hegelianos de la historia de la psicología. Hegel también describió la "lucha por el reconocimiento" y el intenso deseo del ser humano de poseer una heren- cia merecedora de conocimiento y reconocimiento. Nosotros revisaremos en esta obra los eventos que impulsaron las vidas y las carreras de muchos de los psicólogos que en ella se mencionan. También expondremos la forma en que las circunstancias de sus vi- das, de sus experiencias personales y algunas veces de situaciones poco favorables, los impulsaron a generar nuevas ideas y a tomar nuevas direcciones en sus investigaciones y estudios. Durante la Primera Guerra Mundial Wolfgang Kóhler fue abandonado en Tenerife, una isla solitaria en el océano Atlántico (capítulo 7). En ese lugar había una colonia de chimpancés destinados a la investigación, así fue como Köhler estudió la forma de solu- cionar problemas y el aprendizaje por insight de esos animales. Su investigación contri- buyó en gran parte al establecimiento de la corriente de la psicología de la Gestalt. Antes de la Primera Guerra Mundial, Franz Brentano, Cari Stumpf y Oswald Külpe (capítulo 6) establecieron una tradición activa de la investigación cognitiva en Alemania. Debido a la guerra, esta investigación se abandonó y su postura y hallazgos se olvidaron. Sólo en años recientes los psicólogos regresaron a los temas cognitivos abordados por aquellos pioneros. El conocimiento de la investigación cognitiva temprana permite evaluar y apre- ciar los trabajos contemporáneos. En el caso de otros psicólogos fueron las circunstancias personales en lugar de even- tos geográficos y políticos lo que alteró sus carreras. J. B. Watson, fundador del con- ductismo y primer presidente de la APA, se vio obligado a renunciar a su posición uni- versitaria y a autoexiliarse de la psicología por un escándalo en su vida privada (capítulo 12). Su sucesor en la psicología estadounidense fue B. F. Skinner. Los conocimientos que él desarrolló, y que tanto influenciaron a la psicología, se basaron en su investigación experimental y sus innovadoras aplicaciones al saber de la misma (capítulo 13); por otra parte, también contaba con una buena reputación e influencia. De hecho, una votación en 1970 colocó a Skinner entre las 100 personas más importantes del mundo (Robinson, 1970). Para esa amplia audiencia, Skinner era el conductista por excelencia y el máximo 8 Introducción Contribuyentes olvidados en la historia de la psicología En adición a sus eminentes e importantes con- (Bayton, 1975). Nacido en Pine Bluff, tribuciones al desarrollo histórico de la psi- Arkansas, en 1895, Sumner asistió a nume- cología, los psicólogos enumerados en la tabla rosas escuelas elementales pues sus padres anterior comparten otras dos características: tenían que mudarse de un pueblo a otro bus- todos son hombres blancos. Durante mucho cando trabajo. Él nunca asistió a la prepara- tiempo sus contribuciones fueron de impor- toria. Para ser admitido en la Universidad de tancia indudable, pero al mismo tiempo hubo Lincoln en Pennsylvania, Sumner tuvo que otras aportaciones especialmente de psicólo- presentar un examen escrito. Así lo hizo y en gos afroamericanos y de mujeres, cuya coope- 1915 se graduó con grado de filósofo, y a él ración fue también importante para la le correspondió dar el discurso de despedi- psicología pero que permanecieron en el ol- da al final del curso. Después de eso, Sumner vido hasta hace muy poco tiempo. obtuvo un segundo grado en inglés con un Robert Guthrie (1976) subrayó las contri- facultativo en psicología en la Universidad buciones de muchos psicólogos afroamerica- de Clark. Intentó ingresar a los programas nos, también describió el prejuicio, la discri- para graduados en psicología en la Univer- minación y las dificultades que muchos de sidad Americana y en la Universidad de ellos tuvieron que enfrentar. El curioso pero Illinois, pero se le negó la admisión. Sin de- tristemente irónico título del libro de Guthrie, jarse intimidar buscó la ayuda de G. Stanley Even the Rat Was White (Incluso la rata era blan- Hall, el presidente de Clark y un profesor de ca), mostraba cómo percibía la situación en psicología (capítulo 9). En 1917 Sumner fue la psicología. La carrera de Francis C. Sumner admitido a Clark como el primer estudiante ilustra las muchas dificultades a las que los graduado de Hall, pero antes de que pudie- afroamericanos se tenían que enfrentar ra ingresar fue enrolado por el ejército. A Introducción 9 Contribuyentes olvidados en la historia de la psicología (continuación) pesar de la recomendación de Hall respecto proceden de grupos minoritarios. Pero no a que había sido entrenado como oficinista, existe duda de que su representación queda fue enviado a Francia como sargento de in- por debajo de los demás. Para ampliar su fantería. Sobrevivió a la Primera Guerra número la Asociación Americana de Psico- Mundial y regresó a Clark donde recibió su logía ha emprendido programas intensivos doctorado de manos de Hall en 1920. Las es- de reclutamiento y apoyo para estudiantes tadísticas muestran la magnitud de sus lo- de grupos minoritarios. Adicionalmente, el gros. De 10 000 grados de doctor otorgados número de cursos sobre psicología transcul- por universidades estadounidenses entre tural tanto en los departamentos de estudios 1876 y 1920, sólo 11 fueron otorgados a afro- psicológicos como en el de estudios de los americanos (Spencer, 1994, p. 15). negros (Hicks y Ridley, 1979) sugieren un Después dio clases en la Universidad de optimismo cauteloso acerca de que los gru- Wilberforce en Ohio y más tarde en el Ins- pos con baja representación se llegarán a in- tituto Colegiado de Virginia del Este. Ahí, cluir en la psicología. durante 7 años dio clases en todos los cursos Las aportaciones de mujeres también han de psicología y filosofía que le ofrecieron sido olvidadas. Mientras que las contribucio- (Spencer, 1994, p. 15). En 1928 aceptó el ni- nes de Anna Freud, Bluma Zeigarnik y Mary vel de profesor de psicología y una cátedra Cover Jones y otras se señalan en éste y en en el departamento en la Universidad de otros libros, el trabajo de muchas otras con Howard. En ese nivel permaneció hasta su frecuencia se ha ignorado. Florence Good- muerte en 1958. Bajo el liderazgo de Sumner, enough desarrolló la prueba de la figura hu- mana, una importante técnica de evaluación Howard llegó a ser la principal productora de proyectiva; Anne Anastasi fue una de las maestros y doctores negros en la psicología. A me- pioneras de las pruebas de desarrollo psico- diados de 1970, por ejemplo, de los entonces 300 lógico; Maud Merrill colaboró con Lewis negros doctores en psicología, el 20% recibió su grado o su posgrado en Howard. De forma adi- Terman (capítulo 11) en la importante revi- cional, existían 200 grados terminales de sión de la prueba de inteligencia de Stanford- posgraduados en psicología que eran sostenidos Binet en 1937; Loretta Bender en 1938 aplicó por graduados negros de la universidad (Spencer, los principios de la psicología de la Gestalt 1994, p. 19). (capítulo 7) en la prueba de desarrollo de Bender-Gestalt; Mary Henle tuvo una fuerte Debido a estos logros, Guthrie correcta- influencia en la historia de la psicología y sus mente llama a Sumner "el padre de los psi- primeros logros personales en la psicología cólogos estadounidenses negros". de la Gestalt fueron especialmente significa- Uno de esos psicólogos negros era Ken- tivos (Henle, 1978a; 1978b). neth Clark, quien condujo la investigación En años recientes un área activa del sa- que abrió brecha sobre los efectos de la se- ber histórico se ha enfocado en las aporta- gregación en la educación de niños negros. ciones olvidadas de mujeres (Denmark, 1980; Sus hallazgos fueron extensamente citados Furumoto y Scarborough, 1986). Los erudi- en la decisión de la Suprema Corte de Esta- tos han identificado y descrito numerosas e dos Unidos en 1954 en la que se declaró in- importantes contribuciones de mujeres psi- constitucional la segregación en escuelas es- cólogas, y también han hecho hincapié en la tadounidenses. discriminación formal, abierta y encubierta Desde que muchos psicólogos eligieron y las dificultades que enfrentaron. En una no indicar su etnia en los formatos de mem- serie de cuatro volúmenes, Agnes O'Connell bresía, es imposible saber cuántos psicólogos y Nancy Felipe Russo (1980,1983,1988,1990) 10 Introducción Contribuyentes olvidados en la historia de la psicología (continuación) caracterizaron a mujeres eminentes de la psi- mo; para el año 2010, el 60% de los grados de cología y describieron sus contribuciones. En doctor en psicología se otorgará a mujeres esas biografías se pone en evidencia que mu- (Fowler, 1993, p. 2). Esos cambios en los por- chas tuvieron que vencer un sexismo presen- centajes han causado temores acerca de las te, en forma paralela a su extraordinario ta- consecuencias del incremento de la "femi- lento y su duro trabajo. nización" de la psicología. Los papeles pro- La falta de reconocimiento a sus contri- minentes y exitosos de muchas mujeres en la buciones es paradójica, dado que durante historia reciente de la psicología podría cal- muchas décadas un número significativo de mar esos temores. Janet Spence fungió como mujeres han obtenido grados de doctor en presidenta de la APA, y Sandra Scarr fue uno psicología. Desde los años de 1920, el 25% de los miembros fundadores de la Sociedad de todos los grados de doctor en psicología Americana de Psicología. En 1992 seis de los otorgados por universidades estadouniden- 21 ganadores de premios a las aportaciones ses fueron obtenidos por mujeres. En 1980 esa distinguidas otorgados por la APA fueron proporción se elevó al 29% (Denmark, 1980, mujeres. En un contexto más amplio, dos mu- p. 1059). En 1985 el 34% de todos los grados jeres psicólogas fungieron como presidentes de doctor en psicología fueron otorgados a de importantes universidades estadouniden- mujeres, y en 1993 la proporción fue del 42%. ses: Judith Albino de la Universidad de Co- Algunas proyecciones sobre tendencias ac- lorado; Judith Rodin de Yale, quien fue ele- tuales indican que para el cambio de siglo el gida en 1993 como la primera mujer presi- número de hombres y mujeres que reciban dente de una universidad de la Liga de la Hiedra (Martin, 1994, p. 7). el grado de doctor en psicología será el mis- controlador de la conducta. Ésos fueron los papeles que Watson desempeñó durante su breve carrera. ¿Cuál, entonces, hubiera sido el papel de Skinner si Watson hubiera per- manecido activo en la psicología durante toda su vida? Cualquier respuesta sería espe- culativa, pero seguramente la carrera de Skinner, tal vez incluso sus aportaciones a la psicología, hubieran sido diferentes. Estos ejemplos ilustran la manera en que este libro se aproxima a la historia de la psicología. Nosotros expondremos el desarrollo de los sistemas psicológicos dentro de su contexto político y social, pero también examinaremos los efectos de los eventos indi- viduales en la vida de los psicólogos. De esta forma podremos examinar no sólo el con- texto histórico en el que trabajaron estos individuos, sino también cómo sus motivacio- nes personales, tragedias privadas y cambios fortuitos de la fortuna afectaron su trabajo. Para enfocarnos en estos aspectos individuales emplearemos una representación más completa de por qué hicieron las contribuciones que conocemos. Por ejemplo, Sigmund Freud (capítulo 8) mantuvo su posición de líder del emergente movimiento psicoanalíti- co, en gran parte por un imperativo de dominar y dirigir, y por un compromiso con el desarrollo de su sistema teórico o sus métodos de tratamiento. Alfred Binet tenía moti- vos poderosos para contribuir con la psicología y desarrolló en colaboración con otros la primera prueba de inteligencia (capítulo 11). Su trabajo era claramente una forma de autorrehabilitación y un intento por compensar la malograda investigación que antes había realizado. Clark Hull (capítulo 13) dedicó su vida a mostrar que aunque era un Introducción 11 hombre "que cojeaba al caminar", era tan bueno como cualquiera, y podía hacer aporta- ciones a la psicología capaces de "soportar la prueba del tiempo", meta que logró con su investigación respecto a la hipnosis y el desarrollo de un sistema conductual. Algunas veces características de personalidad dogmáticas han estado en contra de los psicólogos como individuos. Edward Titchener (capítulo 5) se esforzó por establecer la psicología como una ciencia independiente en Estados Unidos, pero su rígida insis- tencia en cuanto a que la suya era la única psicología verdadera, y sus críticas agresivas a todos los intentos de aplicar el conocimiento psicológico, realmente impidieron el de- sarrollo de la psicología. Hacia el final de su carrera, Titchener se apartó por completo del campo conforme comprendió que sus esperanzas de establecer una "psicología pura" nunca se cumplirían. La desilusión de Titchener no fue la única experimentada por las figuras históricas de la psicología. Freud fue ridiculizado cuando regresó a Viena y describió sus puntos de vista sobre la hipnosis y la histeria (capítulo 8). Iván Pavlov fue exhortado por uno de los líderes de la psicología de esa época, Sir Charles Sherrington, a abandonar sus experi- mentos sobre condicionamiento clásico y a regresar a la "psicología real" (capítulo 12). Edwin Twitmyer (capítulo 12) expuso sus experimentos del condicionamiento clásico al mismo tiempo que Pavlov, pero sus reportes fueron ignorados por completo. Kurt Lewin (capítulo 7) y Hugo Münsterberg (capítulo 5) nunca recibieron el reconocimiento de sus contemporáneos o el lugar en la historia de la psicología que claramente merecían, tal vez porque eran europeos y nunca pudieron formar parte de la psicología o de la socie- dad estadounidense. Cuan diferente hubiera sido la historia de la psicología si la vida de esos psicólogos hubiera sido diferente. En este recuento personalista de la historia de la psicología también es posible obser- var los efectos de la buena fortuna —como tener un maestro inspirador o leer el libro correcto en una etapa crucial de la carrera—. Principies of Psychology (Principios de psico- logía) de William James (capítulo 10) inspiró a toda una generación de psicólogos. Para otros, la inspiración se originó por el feliz accidente de estar en el lugar correcto en el momento correcto. Max Wertheimer interrumpió sus planes para las vacaciones del ve- rano y tomó un tren a Frankfurt, en donde conoció a Wolfgang Kóhler y a Kurt Koffka (capítulo 7). Juntos formaron el gran triunvirato de la psicología de la Gestalt. Robert Yerkes, un estudiante de la conducta animal, fue presidente de la APA en 1917 cuando Estados Unidos entró a la Primera Guerra Mundial, y fue elegido para organizar las contribuciones psicológicas al esfuerzo de la guerra. Como resultado, Yerkes dirigió uno de los más ambiciosos programas de medición en psicología, el Proyecto de pruebas Army (capítulo 11). A pesar de esos eventos fortuitos, la historia no es caótica o azarosa, ni se produce enteramente como un conocimiento intuitivo o no mediado por la razón. Todos estos psicólogos, y muchos otros cuyas carreras y contribuciones consideraremos, estaban pre- parados en cuanto a intelecto, motivación y habilidad para tomar ventaja de sus afortu- nadas circunstancias. Las formas en que lo hicieron nos debe alertar ante la importancia de oportunidades similares en nuestras propias vidas. CAPITULO UNO Psicología de la antigüedad L as raíces de la civilización occidental pueden encontrarse en las antiguas ciudades de Grecia y Roma. En particular, las raíces de dos de las áreas más importantes que han despertado la curiosidad humana —la filosofía y las ciencias naturales— tienen sus orígenes en los trabajos de los pensadores de la Grecia y la Roma antiguas. Debido a que la psicología emergió como una disciplina independiente de la filosofía y en forma gra- dual adoptó los métodos de la ciencia, es apropiado examinar principalmente los anti- guos fundamentos de ambas ciencias. Entre las primeras consideraciones sobre fenómenos que se podrían llamar psicoló- gicos están las de las series de los "libros de los sueños" asirios, constituidos por losas de barro en los milenios v y vi a.C. (Restak, 1988, p. 3). Asiría fue uno de los grandes impe- rios del mundo antiguo que extendió sus dominios desde el oeste del mar Mediterráneo hasta el este del mar Caspio, entre las actuales Armenia y Arabia. Estos "libros" descri- ben sueños de muerte y de pérdida de dientes y de cabello y, lo más interesante de todo, muestran el autoconocimiento, sueños acerca de la vergüenza de encontrarnos desnu- dos en público. Pero nuestro conocimiento más completo proviene de los mundos anti- guos de Egipto, Grecia y Roma. Ahí, los médicos y los filósofos de la antigüedad especularon acerca de problemas como la ubicación de la mente, de la sensación, de la percepción, de la memoria y del aprendizaje. De manera más general, los personajes de la antigüedad nos proporcionaron un gran número de formas diferentes de percibir la naturaleza humana y de aproximarnos a los problemas de la psicología, además de di- versas concepciones de la naturaleza y del Universo. AVANCES EN LA MEDICINA: UNA APROXIMACIÓN BIOLÓGICA Varias veces durante su historia, la psicología ha estado aliada con la medicina, la fisiolo- gía y la neurología. Los procesos psicológicos y la conducta eran analizados como si tuvieran ciertas bases biológicas. De hecho, mucha de la "psicología" de esos periodos en la actualidad se podría considerar perteneciente al campo de la medicina. Por esta razón empezaremos con una breve revisión de la temprana medicina griega. De esta manera descubriremos que los médicos griegos tenían teorías respecto a la ubicación de la mente y también acerca de cómo la fisiología puede afectar el temperamento. Psicología de la antigüedad 15 Medicina griega temprana Antes del año 500 a.C. la medicina griega estaba en manos de sacerdotes que residían en templos y que se pensaba conocían los secretos de Esculapio, el dios griego de la medici- na (Magner, 1992). En la Ilíada Hornero describe a Esculapio como el hijo de Apolo, un guerrero heroico y un médico intachable. La reputación de sus seguidores, los esculapios, residía en vencer la infertilidad, en curar varias enfermedades y en restaurar la salud, especialmente en casos de ceguera, sordera y varias formas de parálisis. Alardeaban de que, tal vez, todos sus pacientes se curaban porque los seleccionaban cuidadosamente. Sus técnicas eran secretos guardados con mucho celo. Un paciente que deseaba trata- miento era aislado socialmente (era "incubado"*) en el templo y sometido a una varie- dad de rituales. Los sacerdotes hacían un recuento de los poderes de Esculapio, leían historias de casos escritos en los muros del templo, y hacían poderosas sugestiones de que ocurriría la cura. Se utilizaban drogas para aliviar el dolor y detener el sangrado. Finalmente, el paciente pagaba a los sacerdotes una tarifa sustancial por sus servicios. Alrededor del año 500 a.C. un médico griego llamado Alcmeón comenzó a hacer disecciones de cuerpos de animales para estudiar sus esqueletos, sus músculos y sus cerebros. Ya se habían hecho las primeras descripciones del cuerpo, pero las de Alcmeón fueron probablemente las primeras que se basaron en observaciones objetivas. Enseñó sus métodos a los estudiantes de una escuela de medicina que estableció en Crotón, su pueblo natal, esperando contrarrestar la influencia de los sacerdotes y remplazar la me- dicina religiosa por una aproximación racional a la enfermedad, no mística, y sí observacional. Esta forma de aproximarse era holística por naturaleza, dado que Alcmeón creía que la salud y la enfermedad eran el producto del equilibrio o desequilibrio de los sistemas del cuerpo: una temperatura corporal excesiva causa fiebre, el frío excesivo causa escalofríos. La salud es un equilibrio armónico de los estados corporales. Hipócrates El sucesor de Alcmeón, Hipócrates, fue la figura griega más importante de la medicina durante este periodo. Nacido alrededor del año 460 a.C, su pasado ancestral se remonta a Esculapio por parte de su padre y a Hércules por la de su madre. Hipócrates recibió su educación temprana en Cos, uno de los grandes centros de la medicina religiosa. Al igual que Alcmeón, rechazaba el misterio y la superstición de los sacerdotes, y fundó una escuela de medicina para enseñar a otros a aproximarse de manera objetiva a la medicina. Tan apasionante era lo planteado por Hipócrates que incluso fue acusado de quemar la biblioteca médica de Cos para borrar las tradiciones médicas vigentes (Magner, 1992, p. 66). Hipócrates enseñó a sus alumnos que todas las enfermedades son el resulta- do de causas naturales y, por lo tanto, debían ser tratadas usando métodos naturales. Insistió en que el poder curativo de la naturaleza le permite al cuerpo curarse a sí mismo y librarse por sí solo de la enfermedad. Consecuentemente, creía que la principal respon- sabilidad del médico es no interferir con ese poder curativo; ya que ante todo el médico debe evitar causar daño. Hipócrates, al igual que Alcmeón, adoptó una aproximación holística a la medicina. Según Hipócrates, el cuerpo debe funcionar en un estado armó- * Nota de revisor técnico. 16 Capítulo 1 Curación y salud holísticas La New England Journal ofMedicine es una de y algunos achaques corporales atribuidos las revistas médicas más prestigiosas en el al principio a la fatiga del viaje, pero sus sín- mundo. En cada número se presentan por tomas progresivamente se volvieron más primera vez las contribuciones y la investi- severos. Después de una semana Cousins te- gación clínica importantes. Sólo muy raras nía dificultad para mover su cuello, sus bra- veces aparece un trabajo escrito por una per- zos, sus piernas y sus dedos. Su mandíbula sona lega (no médico). Uno de esos trabajos estaba casi cerrada y le era difícil hablar. Su fue "Anatomy of an Illness" ("Anatomía de tasa de sedimentación estaba sobre 80. Esa una enfermedad") del escritor estadouniden- prueba de diagnóstico mide los glóbulos ro- se Norman Cousins, que fue publicado en la jos de la sangre, y con ello, la severidad de la New England Journal of Medicine en diciembre inflamación y de la infección en el cuerpo: una de 1976. El trabajo de Cousins fue am- tasa normal de sedimentación es alrededor pliamente discutido, reimpreso en revistas de 20; la gripa o la fiebre pueden producir médicas en catorce idiomas y utilizado en la una tasación de 30. Cuando la tasa sobrepasa curricula de escuelas de medicina alrededor ese número, el paciente está en condiciones del mundo. Cousins amplió su trabajo en su difíciles. Cousins tenía una tasa de 88. El diag- libro de 1979, Anatomy of an Illness (Anatomía nóstico era una seria enfermedad de coláge- de una enfermedad). En ese libro Cousins hizo no, un daño que produce síntomas simila- una reflexión cambiante acerca de la enfer- res a los de la artritis y el reumatismo. Los medad y una poderosa descripción de la cura pronósticos eran negativos. Un especialista y la salud holísticas. Como el mismo Cousins admitió que nunca había visto a un paciente reconoció, sus posturas se pueden rastrear recuperarse, mientras que el propio médico hasta Hipócrates. de Cousins estimaba una probabilidad En agosto de 1964, Cousins regresó de un viaje por el extranjero con una ligera fiebre entre quinientas de que se restableciera su salud. nico, por tanto, comúnmente prescribía descanso, ejercicio, música, mejoramiento de la dieta y esparcimiento para restablecer la armonía natural del cuerpo. En resumen, hizo énfasis en el paciente en lugar de hacerlo en la enfermedad. Su aproximación holística a la salud y a la curación tiene ardientes defensores en nuestros tiempos. Hipócrates además era un observador agudo, capaz de perfilar algunas conclusiones marcadamente precisas provenientes de sus propias observaciones. Concluyó, en forma correcta, que el lado derecho del cuerpo está controlado por el lado izquierdo del cere- bro, y que al lado izquierdo del cuerpo lo controla el lado derecho del cerebro. Este razonamiento, que es contraintuitivo, resultó de sus observaciones de que el daño pro- ducido en un lado de la cabeza con frecuencia causaba parálisis del lado contrario del cuerpo. Más evidencias de las habilidades de observación de Hipócrates se pueden encontrar en las notas sobre los casos y sobre los procedimientos clínicos que detalló en un trabajo titulado El arte de curar. En este tratado presenta claras descripciones de melancolía, manía, depresión posparto, fobias, paranoias e histeria. Sin embargo, estaba equivocado res- pecto a la histeria, pues la describió como una enfermedad restringida a las mujeres debido a que la atribuía al útero galopante. La concepción errónea de la histeria como Psicología de la antigüedad 17 Curación y salud holísticas (continuación) Cousins fue hospitalizado y rápidamen- cuperó lo suficiente como para tocar el pia- te concluyó que la rutina, la dieta, los medi- no, teclear, e incluso regresar a su puesto camentos, las noches de poco sueño del hos- como editor de una revista. Su tasa de sedi- pital así como las frecuentes y continuas mentación disminuyó hasta alcanzar la tasa pruebas que se traslapaban, junto con un én- normal. fasis sobre la enfermedad, eran incompati- Cousins atribuyó su recuperación al po- bles con la curación y la salud. Poniéndolo der curativo del cuerpo, al vis medicatrix na- de manera simple, para Cousins, un hospi- turae que Hipócrates había descrito. Él creyó tal no era lugar para estar enfermo. Con el que con una buena dieta, descanso, el mí- bien informado apoyo de su médico, Cousins nimo de medicamentos, apoyo médico y abandonó el hospital y se registró en un ho- personal, y el poder curativo de la risa, su tel, disminuyó al mínimo los medicamentos cuerpo se pudo movilizar hasta vencer la en- que tomaba, incluyendo aspirinas, y siguió fermedad. Cousins se convirtió en un defen- una cuidadosa dieta con grandes cantidades sor efectivo de la salud y la curación ho- de vitamina C. También se dio cuenta de que lísticas. El continúa gozando de buena salud. diez minutos de una sólida carcajada levan- En Head First (La cabeza primero), Cousins taba su estado de ánimo y producía dos ho- (1989) describe su experiencia como miem- ras de sueño libre de dolor, así que leía histo- bro de una escuela médica para legos que tra- rietas y libros humorísticos y veía programas baja con doctores, científicos, estudiantes y y series de televisión de comedia. Gandid pacientes. Ha presentado mucha evidencia Camera (Cámara indiscreta) funcionaba espe- reciente para apoyar su creencia de que una cialmente bien. Poco a poco su condición fue visión optimista, y una fuerte relación con un mejorando. El octavo día podía mover sus médico cuidadoso y confiable puede hacer pulgares, después los dedos y las manos. una enfermedad menos dolorosa e incremen- Lentamente, después de varios meses se re- tar las probabilidades de recuperación. una enfermedad ligada al sexo continuó vigente hasta que Freud la rebatió a principios del siglo XX. En su tratado La naturaleza del hombre, Hipócrates presentó una teoría de los humores. Empédocles había descrito al Universo como compuesto de cuatro elementos que no cambian pero que se entremezclan: aire, tierra, fuego y agua. De acuerdo con Hipócrates, estos elementos forman cuatro humores básicos en el cuerpo: bilis negra y amarilla, san- gre y flemas, y un desequilibrio o un exceso de cualquiera de estos humores produce daño o enfermedad. Las flemas se acumulan en la nariz y la garganta cuando se tiene gripe; cuando se rompe la piel aparece la sangre; la bilis se excreta del cuerpo después de una herida seria. La teoría de los humores de Hipócrates tuvo gran influencia en el diag- nóstico y tratamiento de las enfermedades durante muchos siglos. Las sangrías se prac- ticaron incluso en el siglo XIX para descargar el exceso de sangre. La barra rayada roja y blanca de los peluqueros que se ve hasta la actualidad era originalmente el signo de una sangría. También se pensaba que los humores básicos planteados por Hipócrates afectaban el temperamento y la personalidad; así los individuos con mucha bilis negra serían muy temperamentales, tercos y posiblemente melancólicos; los que tenían mucha bilis amari- 18 Capítulo 1 lia serían irascibles, coléricos, se enojarían con facilidad, y tal vez serían maniacos; los individuos con demasiadas flemas serían apáticos, torpes y flojos; mientras que los que tenían mucha sangre serían sobre todo animados, alegres y optimistas. El poder de per- manencia de esta teoría se puede observar en el uso contemporáneo de palabras como bilioso, flemático y sanguíneo en la forma como los empleó Hipócrates. Incluso pregun- tamos "¿De qué humor está el señor X el día de hoy?" El trabajo más importante de Hipócrates, De Morbu Sacro (Concerniente a la enferme- dad sagrada), describe la temible enfermedad de la epilepsia. En aquella época, los ata- ques de epilepsia eran vistos como si fueran el resultado de una intervención divina directa. Se pensaba que los hombres y las mujeres que eran zarandeados por fuerzas incontrola- bles durante el gran mal, sufrían de dichos ataques porque los dioses se habían llevado sus mentes. La creencia en una condena divina los colocaba en un inquietante problema: ¿Cómo puede una persona apaciguar un templo de dioses y diosas si cualquiera de ellos, y en cualquier momento, puede intervenir para fulminarla? Dado que las deidades grie- gas formaban un grupo en extremo caprichoso, el problema, de hecho, era serio. Actitudes fatalistas como ésas fueron rebatidas por la forma natural de ver la epilep- sia de Hipócrates. El enunciado con el que comienza Sacred Disenso (Enfermedad sagra- da) muestra su clara intención de romper con tal misticismo: Me parece que ella [la epilepsia], no es de ninguna forma divina, no es más sagrada que otros daños, sino que tiene una causa natural en la que se origina al igual que otras afeccio- nes. Los hombres piensan que es divina sólo porque no la entienden, pero si le llaman divino a todo lo que no entienden, ¿por qué no existe un límite para las cosas divinas? (Hipócrates, citado en Zilboorg y Henry, 1941, pp. 43-44). Hipócrates rechazó las primeras propuestas sobre la epilepsia, y llamó a quienes las sostenían "escamoteadores, corruptos, parlanchines, charlatanes". Para él, la epilepsia era un daño causado por la falta de armonía cerebral y consideraba que el examen del cerebro de un epiléptico revelaría la causa de la enfermedad en quien estuviera afectado por ella. Po otra parte, era optimista en cuanto a que la epilepsia podría ser curada me- diante tratamientos naturales. La teoría de la sed que este médico formuló aún es considerada parcialmente correcta por teóricos contemporáneos de la motivación. De acuerdo con ella, conforme inhalamos aire y éste pasa por la mucosa bucal de la boca y de la garganta, éstas últimas se deshidratan y se resecan. Esa mucosa seca produce ciertas sensaciones que nosotros interpretamos como estar sediento, por lo tanto, bebemos para aliviar esa sensación. La teoría de la boca-seca alcanzó amplia aceptación después de ser reformulada en el siglo XVIII por Albrecht von Haller (1747) y Pieter Jessen (1751). Pero no fue hasta 1855 que el gran fisiólogo francés Claude Bernard presentó evidencias que provocaron que los fisiólogos se preguntaran por la suficiencia de la teoría de la boca-seca de Hipócrates. Bernard encontró que si se implantaban cánulas en el esófago de los caballos de tal for- ma que el agua que bebieran nunca alcanzara sus estómagos, seguirían bebiendo gran- des cantidades de agua, aunque la mucosa de sus gargantas ya se hubiera mojado. Aun cuando Bernard demostró que la teoría de la boca-seca de Hipócrates no explicaba por completo nuestra motivación para beber, la teoría sí concuerda con la experiencia diaria, y su persistencia se hace evidente en afirmaciones como: "Necesito un trago; tengo la garganta seca" y "Necesito apagar mi sed". Psicología de la antigüedad 19 Hipócrates "el padre de la medicina" se ha convertido en una figura casi mítica, tal vez, incluso, en una mezcla de las cualidades ideales de un médico. Durante siglos se le reconoció como una autoridad en materia médica y, hoy en día, cuando los estudiantes de medicina se gradúan como médicos hacen el Juramento Hipocrático. Pero también se le puede considerar como "padre de la psicología", ya que describió las causas naturales de las condiciones psicológicas, recomendó tratamientos holísticos, presentó la primera descripción clara de muchos problemas conductuales, y formuló teorías perdurables del temperamento y la motivación. Hipócrates también fue un crítico iluminado de las leyes que prohibían a las mujeres estudiar medicina. Al respecto argumentó que las mujeres frecuentemente se rehusaban a discutir sus problemas médicos con un hombre y que era probable que optaran por consultar a un médico mujer. Nuestro conocimiento acerca de Hipócrates puede ser largamente proyectado hasta los trabajos de un médico griego, Galeno, quien vivió unos 600 años después de los tiempos de Hipócrates. Tal como Daniel Robinson (1976/1981, p. 130) comenta, Galeno no sólo mantuvo vivo el sistema hipocrático para los historiadores subsecuentes, sino que también mantuvo viva para los científicos subsecuentes la idea de la importancia crítica de la observación. Galeno: un vínculo con el pasado Galeno vivió del año 130 al 200 d.C. Él dejó un gran sistema de ideas fisiológicas deriva- das tanto de los trabajos de sus predecesores como de sus propios experimentos y obser- vaciones. Su sistema influyó el pensamiento biológico hasta el siglo XVI y los comienzos de la era científica. Galeno fue entrenado como médico y anatomista en el museo e insti- tuto de Alejandría. Esa gran institución de aprendizaje e investigación, con su biblioteca de 700 000 volúmenes, fue establecida en 323 a.C. después de la muerte de Alejandro Magno (356-323 a.C.)y la división de su imperio. El personal del museo incluía a los matemáticos Euclides (330-275 a.C.) y Arquímedes (287-212 a.C.) y muchos hábiles anatomistas cuyo conocimiento del cuerpo humano se derivaba de sus disecciones siste- máticas de cadáveres humanos. Ésos fueron los anatomistas con quienes estudió. En el año 169 d.C. Galeno se mudó a Roma y fue designado médico de la corte del emperador romano Marco Aurelio Antonio. De esa forma, tuvo acceso a la vasta colección de textos de la biblioteca imperial, los cuales eran enviados a Roma desde todos los rincones del imperio. Seguro de que todo el conocimiento derivaba de la sabiduría de los antiguos, Galeno hizo buen uso de esos textos. Sin embargo, también estaba interesado en la ob- servación personal y la experimentación, por lo que sus trabajos reflejan no sólo la sabi- duría de sus predecesores, sino también sus propios hallazgos empíricos. Entre los años 165 y 175 d.C, Galeno escribió un tratado de 17 libros De Usu Partium (sobre la utilidad de las partes), describiendo la estructura y funciones del cuerpo. En adición a la literatura acerca de anatomía de la antigüedad, la obra de Galeno refleja el seguimiento de tres líneas: lo que aprendió de los anatomistas del museo, su propia experiencia clínica como cirujano de los gladiadores de su ciudad natal de Pérgamo y, finalmente, sus disecciones de pequeños simios, cabras, cerdos, ganado y posiblemente de algunos cadáveres humanos, aunque esto debió hacerlo de manera subrepticia, pues la disección del cuerpo humano era ilegal en la Roma imperial. Aunque no era cristiano, Galeno se opuso en forma vigorosa al materialismo ateo de los antiguos atomistas y mecanicistas. Para él eran totalmente inaceptables las creencias 20 Capítulo 1 acerca de que toda la materia es resultado de encuentros casuales entre átomos hipotéti- cos, debido a que se ignoraba lo que sus estudios anatómicos le habían revelado y que parecía ser un hecho fundamental: la evidencia de un designio divino en la estructura del cuerpo. Galeno enfatizó que la complejidad, la armonía y la belleza del cuerpo no podía haber sido un accidente. Consideraba haber mostrado que ninguna parte del cuer- po humano es superflua. Por ejemplo, percibió que no es accidental que tengamos dos manos, ya que si tuviéramos sólo una no podríamos hacer muchas de las cosas que fácil- mente hacemos con las dos; si tuviéramos tres, una sería superflua. También que si no tuviéramos dedo pulgar, no podríamos oponer el pulgar y el índice, y así seríamos inca- paces de la manipulación que nos permiten nuestras manos. Galeno citó como evidencia adicional del designio divino, la imposibilidad de concebir un sustituto capaz de desem- peñar todas las funciones normales de alguna parte del cuerpo. ¿Qué sustituto, por ejem- plo, podría ser tan versátil como la mano de un humano? La noción de Galeno respecto a la improbabilidad de la creación sin un designio divi- no ha sido elaborada a través de los tiempos. En el siglo XVIII, el arzobispo de Canterbury, John Tillotson, aplicó la idea de Galeno a la creación de poesía, prosa, libros y retratos (Bennett, 1977). ¿Con qué frecuencia, preguntó Tillotson, puede una persona tomar una bolsa llena de letras, agitarla vigorosamente, y lanzar las letras al suelo creando antes un poema o un pasaje en prosa? ¿Con qué frecuencia se debe agitar antes de que las le- tras formen un libro? ¿Cuánto se debe salpicar de colores un lienzo antes de que se forme en él un retrato? Los poemas, la prosa, los libros y los retratos se logran sólo cuando se aplica la inteligencia humana; de la misma forma, argumentó Tillotson, se debió aplicar la inteligencia divina en la creación de los seres humanos y del mundo. Perspectivas como la noción de Galeno de nuestra naturaleza espiritual se han perpetuado a través de los tiempos. Además de lo que aprendió en Alejandría, las descripciones de Galeno sobre las fun- ciones del corazón también reflejaban su aproximación espiritual al entendimiento de la especie humana. Los anatomistas del museo descubrieron que la respiración de una per- sona es tibia y que el calor en general caracteriza a los cuerpos vivientes, mientras el en- friamiento caracteriza a los muertos. Ellos pensaban que esta calidez se debía a un fuego en el corazón, y que el aliento visible en las mañanas muy frías era el humo del fuego. Para probar esta teoría sacrificaban esclavos, abriendo sus pechos en busca de la flama biológi- ca. Al no encontrarla concluían que no se habían abierto los pechos lo suficientemente rápido y con ello habían dado tiempo a que el fuego se extinguiera. Galeno creía que la flama biológica del corazón destilaba de la sangre, la sustancia espiritual responsable del movimiento y de la sensación: el espíritu vital. En resumen, no reconoció el papel del co- razón como una bomba, un reconocimiento que, de hecho, se retrasó unos 1500 años has- ta el trabajo de un hombre inglés, William Harvey (capítulo 2). Galeno también describió un método para el "reconocimiento y curación de todas las enfermedades del alma" en su tratado Sobre las pasiones y los errores del alma (Hajal, 1983). Galeno creía que las enfermedades del alma surgían de pasiones como el enojo, el mie- do, el pesar, la envidia y la lujuria violenta. Esas pasiones, de acuerdo con Galeno, están gobernadas por un poder irracional que está dentro de nosotros y que se rehusa a obede- cer a la razón. Para liberarse a sí mismo de ellas, la persona debe procurar el entendi- miento y el autoconocimiento. Pero esa tarea es difícil porque el amor propio nos ciega ante nuestros errores y causa que veamos sólo los de los demás. Galeno afirmó que un mentor-terapeuta bueno y noble es esencial. Él escribió: Psicología de la antigüedad 21 Si [una persona] desea llegar a ser buena y noble, déjenla buscar a alguien que la ayude revelándole cada acción que sea errónea... No debemos dejar el diagnóstico de esas pasio- nes a nosotros mismos, sino que debemos confiarlo a otros... Esa persona madura puede ver esos vicios y debe revelarnos con franqueza todos nuestros errores. Luego, cuando nos señale alguna falta, déjennos primero agradecérselo inmediatamente; después déjennos alejarnos y considerar la causa nosotros mismos; permítanos censurarnos a nosotros mis- mos y tratar de acabar con la enfermedad, no sólo hasta el punto donde no sea visible para otros, sino hasta el de remover sus raíces de nuestra alma (Galeno, citado por Hajal, 1983, pp. 321-322) Este pasaje permanece hasta hoy como la descripción de una relación ideal entre terapeuta y paciente o consejero y cliente. Los trabajos de Galeno no fueron reemplazados en la antigüedad, y el galenismo dominó la medicina hasta la época del Renacimiento. Incluso durante la gran revolución científica de las décadas que siguieron al Renacimiento, la mayoría de los textos médi- cos, especialmente los de anatomía, empezaron con un reconocimiento a Galeno. Lo que es más importante, en gran parte es gracias a Galeno que nosotros conocemos de la anti- gua teoría científica y médica. AVANCES EN MATEMÁTICAS: LA BÚSQUEDA DEL ORDEN Los egipcios de la antigüedad fueron medidores y contadores infatigables, pero la suya era una aproximación práctica. Para imponer los impuestos sobre la tenencia del suelo, necesitaban precisar los incrementos y los decrementos en las áreas de suelo que causa- ban las inundaciones periódicas en las orillas del Nilo. La geometría, la medición de la Tierra, se desarrolló para satisfacer esa necesidad. Los egipcios además estaban relacio- nados con asuntos como la determinación de los ejes norte-sur y este-oeste para la co- rrecta alineación de un templo y las mediciones y cálculos involucrados en la construcción de estructuras tan colosales como las pirámides. Ésos fueron logros importantes, pero fueron los griegos quienes usaron las técnicas de medición perfeccionadas por legiones de geometristas y topógrafos egipcios como las bases de la teoría matemática. Para los griegos, los números eran algo más que una herramienta útil para resumir y describir las mediciones. Con los números, las matemáticas se convirtieron en el lenguaje de la ciencia y también conformaron la visión del mundo de los hombres y las mujeres educadas en la tradición occidental (Grabiner, 1988, p. 220). La teoría matemática tam- bién se podría usar para predecir eventos futuros. Tales de Mileto jugó un papel impor- tante en este desarrollo; en 585 a.C, por medio de la teoría matemática, predijo un eclipse solar. Esta proeza sorprendente e inspiradora le hizo ganar una gran ovación popular, pero también produjo en la mente del público la todavía popular idea de que los cientí- ficos, con sus cabezas en las nubes son incapaces de ver las cosas con los pies en la tierra. Se cuenta que Tales cayó en una zanja mientras contemplaba las estrellas, y las mujeres mayores preguntaban: "¿Cómo puede saber vos lo que sucede en los cielos, cuando no ves lo que está en tus pies?" (Turnbull, 1956, p. 81). Uno de los pupilos de Tales fue Pitágoras (584-495 a.C), el matemático griego crea- dor del teorema de Pitágoras. No es sorprendente que Pitágoras entendiera el poder de la predicción y buscara extenderla al mundo psicológico. Él podía describir elegante- mente una relación matemática entre el mundo físico y la experiencia psicológica de la 22 Capítulo 1 armonía. Pitágoras demostró que cuando a una sola de las cuerdas tensas de un instru- mento musical, como un arpa o un laúd, se le da un tirón, se produce una nota grave, y cuando se divide en dos partes, cuatro, o cualquier otra división exacta, y se le da un tirón nuevamente, se producen notas que armonizan con la nota grave. Cuando las divi- siones de la cuerda se hacen en otros puntos y no en la división exacta, las notas no armonizan con la nota grave. Pitágoras demostró que las notas placenteras para el oído humano corresponden a divisiones exactas de las cuerdas del instrumento. Una vez de- finida la relación entre la longitud de una cuerda de laúd y la experiencia de la armonía musical, Pitágoras podía predecir la cualidad de la experiencia musical para cualquier combinación de cuerdas. Estos éxitos llevaron a Pitágoras a concluir que todo es núme- ro, y que los principios de las matemáticas son los principios de todas las cosas. La conclusión de Pitágoras tiene múltiples puntos de interés. Sus conferencias y de- mostraciones atrajeron grandes y entusiastas audiencias, incluyendo a muchas mujeres que hacían caso omiso de la prohibición de asistir a reuniones públicas. Sus seguidores llegaron tan lejos que se organizaron en una sociedad secreta, la Orden de los Pitagóricos, dedicada a usar sus conocimientos de las matemáticas para entender su mundo e influir en él. La tradición académica que rodeaba a Pitágoras y a los primeros griegos también engendró la ciencia occidental e influyó a la filosofía occidental y, mucho después, a la psicología que tanto luchó para definirse a sí misma como ciencia. Los psicólogos toda- vía intentan "medir" procesos psicológicos complejos como la motivación, la creativi- dad y la inteligencia. Si se puede encontrar una relación precisa entre esos fenómenos y los números, ¿sería posible escribir leyes psicológicas en la misma forma que hemos establecido las leyes físicas del Universo? ¿Se podría predecir la conducta humana y los procesos de pensamiento con la misma precisión con la que los griegos de la antigüedad predijeron los movimientos de los cielos? La psicología aún debate esta posibilidad. ATOMISMO: LA MENTE COMO MATERIA Durante el periodo entre los siglos VII y V a.C, los griegos se preocupaban por las teorías del cosmos o cosmología. Esta área de investigación dio como resultado el materialismo, o la postura de que el Universo se puede entender en términos de las unidades básicas del mundo material. A partir de esta tradición intelectual, Demócrito (460-370 a.C), el gran filósofo de Tracia, desarrolló el atomismo. Demócrito y una antigua teoría de la percepción Demócrito planteó que pequeñísimas partículas atómicas en movimiento incesante son las bases de toda la materia. Él veía el mundo como una masa de átomos que se mueven por sí mismos sin la necesidad de fuerzas externas. La mente humana no fue excluida de ese mundo físico, también se le consideró como una colección de átomos capaces de influenciar y ser influenciados por eventos del mundo externo. En consecuencia, los con- tenidos de la mente, como los muestra esta combinación de átomos, fueron considera- dos por Demócrito como el resultado de la experiencia. Es importante notar que esta teoría era muy diferente de las concepciones posteriores de la mente, como la de Desear- Psicología de la antigüedad 23 tes, quien la consideraba separada del cuerpo y gobernada por leyes diferentes a las que gobernaban el mundo físico. Demócrito creía que los objetos en el mundo externo emitían rayos de átomos que chocaban contra la mente de quien los percibía y así se producían las percepciones. El rayo atómico era una representación del objeto: un objeto rectangular emitía un rayo rectangular; un objeto circular, un rayo circular; un objeto con sabor, un rayo de átomos delgados, angulares y pequeños, y así sucesivamente con los demás objetos. Los iconos en el cerebro representaban a los objetos percibidos. Sin embargo, relativamente hasta hace poco se hicieron descubrimientos de la anatomía funcional del cerebro y del siste- ma nervioso central que llevaron a abandonar por completo esta noción de representa- ción icónica. Paradojas de Zenón De acuerdo con M. Cary y T. J. Haarhoff (1959), el problema general de la relación entre mente y materia adquirió importancia cuando los griegos comenzaron a cuestionar la fiabilidad de los sistemas sensoriales. El apoyo más fuerte a esta posición lo ofreció Zenón de Elea (495-435 a.C). Zenón inventó ingeniosos acertijos y paradojas para demostrar lo inadecuado de los sentidos, especialmente el de la percepción de movimiento. La para- doja más famosa de Zenón se centra en una carrera imaginaria entre Aquiles y una tortu- ga. Zenón siempre le dio a la tortuga una cabeza de ventaja al empezar, así, tan pronto como Aquiles alcanzaba ese punto, la tortuga ya se había movido un poco más adelante, y así sucesivamente. Aunque Aquiles era "el más veloz de todos los hombres", nunca ganaría la carrera. De acuerdo con Douglas Hofstadter (1979), Zenón esperaba usar su paradoja para mostrar que el "movimiento" es imposible y que sólo en la mente puede parecer posible. El movimiento, por lo tanto, es una ilusión perceptual. Una versión contemporánea de las paradojas de Zenón afirma que nunca se abando- na el cuarto en el que se está (Rucker, 1983, p. 84). Para alcanzar la puerta uno se mueve la mitad de la distancia entre uno y la puerta. Pero uno sigue en el cuarto, así, para alcanzar la puerta uno se vuelve a mover la mitad de la distancia sobrante. Y así sucesi- vamente ... en una serie de movimientos (de 1/2 + 1/4 + 1/8 + 1/16+...) de la distancia original. La solución obvia es argumentar que la suma de series infinitas es 1 y, por tanto, se alcanza la puerta. La paradoja es que si siempre se avanza la mitad de la distancia hacia la puerta, es imposible alcanzarla. Las paradojas de Zenón rebatieron la noción perpetuada por el atomismo y el mate- rialismo de que los procesos del pensamiento humano y el alma se pueden entender en los términos de las leyes del mundo físico. Así como Cary y Haarhoff (1959) indicaron, bajo esas nuevas influencias de los pensadores griegos, se decidió que el "hombre es la medida de todas las cosas" y que, de esa forma, "el estudio propio del hombre es el hombre". Esta "tendencia humanista" estableció el escenario para los avances en filo- sofía. AVANCES EN FILOSOFÍA Los tres principales filósofos que surgieron de la tradición humanista fueron Sócrates, su pupilo Platón y Aristóteles. Estos grandes pensadores establecieron la epistemología, 24 Capítulo 3 rama de la filosofía que investiga el origen, naturaleza, métodos y límites del conoci- miento humano. Por otra parte, también se interesaban en varios aspectos psicológicos, incluyendo el aprendizaje, la memoria y el conocimiento consciente. Sócrates (469-399 a.C.) Sócrates ha sido retratado a través de la historia como un gran observador y escéptico. Para él, si la vida no se examinaba, no valía la pena vivirla. Por ello buscaba el conoci- miento por doquier —en las calles, el mercado, el gimnasio y el campo— y cuestionaba constantemente a las personas preguntándoles: ¿qué es la verdad?, ¿qué es la justicia?, o ¿qué es el valor?, y examinaba con rigor las respuestas, haciendo notar los fallos lógicos y el razonamiento pobre o inadecuado. Cuestionaba toda suposición, dudaba de lo ob- vio y ridiculizaba lo trivial y lo pretensioso. Esperaba que su aproximación lógica y rigu- rosa produjera respuestas verdaderas a ese tipo de preguntas y a otras similares. Su aproximación fue la del racionalismo. Algo fundamental en la filosofía de la educación de Sócrates fue su postura de que la verdad no puede ser definida por una autoridad absoluta, sino que descansa escondida en cada mente. El papel de un maestro es descubrir esa verdad aletargada, función que podría compararse con la de una comadrona, que no toma parte en la implantación del semen que fertiliza el óvulo, pero que sí es responsable de asistir el nacimiento del bebé. De la misma forma, de acuerdo con Sócrates, el papel del maestro no es implantar verda- des en las mentes de sus pupilos sino asistir en su emergencia. Para facilitar el aprendi- zaje por descubrimiento, Sócrates concibió un método de enseñanza semejante a los diálogos en las calles. El maestro hace una serie de preguntas tendientes a conducir al pupilo a la verdad ilustrando los fallos lógicos en su razonamiento. En el método socrá- tico enseñar es una relación de compañeros entre pupilo y maestro en lugar de una rela- ción de superior-subordinado. Sócrates rechazó recibir pago por su instrucción y vivió una vida de simplicidad y moderación. Para demostrar el poder de su método, Sócrates condujo a un niño esclavo sin educa- ción y sin ningún conocimiento de geometría a descubrir por sí mismo el teorema de Pitágoras (Lamb, 1967, pp. 303-311). Argumentaba, por otra parte, que él no le había enseñado el teorema al esclavo, pero había facilitado que emergiera de un estado letárgi- co en su mente. Uno de los contemporáneos de Sócrates, Antifón, trató a quienes sufrían de pesar y melancolía usando el diálogo socrático de preguntas y respuestas. Antifón se considera el primer psicoterapeuta (Walker, 1991, p. 5). Como resultado del poder y la fuerza de sus argumentos, Sócrates estaba dispuesto con frecuencia a desacreditar cualquier respuesta que se diera a sus preguntas re- lativas a las definiciones de verdad, justicia y valor, así que no es sorprendente que ga- nara muchos enemigos. Ya que todos creemos saber lo que son la verdad, la justicia y el valor, es embarazoso y molesto que nos muestren que tal vez no es así. Finalmente, sus conciudadanos se cansaron de su conducta, y a la edad de 70 años Sócrates fue acusado de socavar la religión del Estado y de corromper a la juventud. Fue enjuiciado enfrente de 501 jurados y, por un margen de 60 votos, se le declaró culpable y sentenció a muerte. Sócrates aceptó el veredicto como legítimo aunque injusto, pasó sus últimos minutos confortando a sus amigos, luego bebió la poción de Cicuta. Psicología de la antigüedad 25 Platón (427-347 a.C.) Platón fue pupilo de Sócrates y también su sucesor. De hecho, mucho de lo que ahora sabemos sobre Sócrates proviene de las notas que Platón tomó sobre sus diálogos. Platón fundó una academia en Atenas, una sociedad de eruditos y estudiantes que duró 916 años. Su objetivo, al igual que el de Sócrates, era no dar a sus estudiantes una colección de hechos, sino entrenarlos para ver más allá de la superficie de las cosas, para buscar la realidad eterna subyacente a todo. Sin embargo, esta tarea era muy difícil. Al igual que Zenón y Sócrates, Platón reconocía la poca fiabilidad de la información sensorial. Afir- maba que el conocimiento no deriva de las sensaciones, las cuales algunas veces son erróneas, sino de los procesos de razonamiento sobre las sensaciones. Hizo énfasis en la diferencia entre las sensaciones derivadas de nuestros sentidos y lo que él llamó "formas"; es decir, las estructuras eternas que ordenan el mundo y que nos son reveladas mediante el pensamiento racional. Consideró además que las formas eran suprasensoriales, trascendentales, que poseían una existencia independiente de las sen- saciones que las constituyen. Las sensaciones se corrompen, decaen y mueren. Es decir, son inestables. Las "formas" de Platón son más reales y permanentes. Para ilustrar esta diferencia, Platón afirmó que era como estar en una cueva, encadenado de tal forma que todo lo que se observara de los objetos en el exterior fueran sombras proyectadas por las parpadeantes flamas de un fuego. Las sombras representan a las sensaciones; mientras que las cosas en el exterior de la cueva son las "formas". Nuestro mundo de sensaciones era para Platón un mundo de sombras parpadeantes, danzantes, de las cuales nunca se puede estar seguro. Para Platón, el único camino para incrementar la exactitud de nuestro conocimiento del mundo es por medio de mediciones y del razonamiento deductivo. Estaba muy al tanto de las contribuciones de Pitágoras y, al igual que él, intentó describir el mundo usando principios matemáticos. Sobre la entrada de su salón de conferencias en la aca- demia escribió las palabras: "No se permite entrar por mis puertas a nadie que desco- nozca la geometría." Cuando uno de sus estudiantes preguntó, "¿Qué hace Dios?" Platón respondió, "Dios siempre geometriza". Platón llamó a la geometría "el conocimiento de aquello que siempre es". El conocimiento de las "formas" creado por Dios. Los geometristas humanos pueden medir la Tierra, pero ¿qué pasa respecto a la mente hu- mana? ¿También se podría medir? Pitágoras demostró que algunos aspectos de la expe- riencia psicológica humana podían ser medidos. Platón sugirió otros. Él reconoció que las personas difieren en sus capacidades, habilidades, talentos y aptitudes, y los categorizó como individuos de oro, plata, latón o hierro. La sociedad debe reconocer esas diferen- cias individuales y las consecuencias que Platón consideró inevitables: Algunos deben regir, mientras otros deben servir. En La República, Platón describió una sociedad utópica con un sistema oligárquico de gobierno, en el que un pequeño número de personas esta- ban dotadas con una razón superior, los guardias, comandados por un rey-filósofo. Aque- llos más valerosos serían los guerreros; y quienes contaran con un sentido superior de la belleza y la armonía serían los artistas y los poetas, y aquellos con poco talento o habili- dad tendrían que servir o ser esclavos. Platón creía que tales diferencias provenían de los dioses, pero una vez reconocidas, la sociedad debe seleccionar y preservar las cualida- des necesarias por medio de matrimonios arreglados y de la reproducción controlada. Su posición fue declaradamente nativista, ya que consideraba hereditarias las caracterís- ticas y la inteligencia humanas. Pero, ¿cómo se podrían medir esas cualidades? Platón 26 Capítulo 1 creía que se localizaban en diferentes partes del cuerpo: la razón en la cabeza, el valor en el pecho y el apetito en el abdomen. Él fue un frenólogo corporal sin la exageración de frenólogos posteriores (capítulo 3). Por proponer la medición de las diferencias indivi- duales mediante la medición de diferentes partes del cuerpo y luego asignar a las perso- nas diversas tareas de acuerdo con sus puntos fuertes psicológicos, Platón anticipó el moderno campo de los psicómetras. Aristóteles (385-322 a.C.) Aristóteles, el último de los tres principales filósofos griegos, es descrito como un cientí- fico natural en mayor grado que cualquiera de sus dos predecesores. Vivió su juventud en Atenas y fue un estudiante devoto de Platón durante unos 20 años. En su mediana edad fue forzado por sus políticas a dejar Atenas y pasó años viajando. Trabajó durante un tiempo como tutor de un niño que después llegaría a ser Alejandro Magno. Regresó a Atenas a la edad de 40 años y fundó una escuela de filosofía y ciencia en el Liceo. Fue durante los años que ahí pasó que escribió la mayor parte de sus trabajos importantes respecto a temas biológicos y psicológicos. Aristóteles nos interesa porque fue uno de los primeros filósofos griegos que adoptó una aproximación inductiva observacional en su trabajo. Como se mencionó anterior- mente, Zenón demostró la falta de confiabilidad de nuestras percepciones. Tales, con- temporáneo de Zenón, hizo hincapié en su pupilo Pitágoras sobre la importancia de los métodos deductivos para revelar la verdad. Sócrates también confió en pruebas lógicas para revelar la verdad en las mentes de sus estudiantes. Finalmente, Platón argumentó que nuestras sensaciones no son más que representaciones imperfectas de la realidad y, por lo tanto, no se debe confiar en ellas. En contraste con Platón, Aristóteles observó el éxito de las matemáticas no como si éstas fueran proveedoras del conocimiento de las "formas" eternas, sino como si se debiera a sus deducciones lógicas de las suposiciones autoevidentes y a sus claras definiciones. En su escrito Analíticas posteriores, Aristóteles aboga por la reducción de todo el discurso científico a silogismos —explicaciones de los primeros principios deducidos en forma lógica—. Su famosa ley de la palanca no estaba basada en experimentos con pesos, sino que se derivaba de postulados como "pesos iguales se balancean a distancias iguales". Pero Aristóteles también reconoció la impor- tancia de la observación cuidadosa. Después de todo, el mundo puede no transcurrir de forma tan lógica como Sócrates y Platón supusieron. Si no es así, sus conclusiones, basa- das en métodos deductivos, pueden no haber sido enteramente verdaderas. Aristóteles llegó a varias conclusiones muy precisas utilizando una aproximación inductiva y observacional, pero como veremos, sus métodos de investigación también lo condujeron a concluir cuestiones interesantes pero falsas. De las observaciones de sus propios procesos cognitivos, así como de los de otros, Aristóteles desarrolló los principios básicos de la memoria humana, que muchas veces se han vuelto a plantear en la historia de la psicología y que siguen siendo fundamenta- les para muchas explicaciones contemporáneas respecto a la memoria. En su tratado De Memoria et Reminiscentia (Concerniente a la memoria y la reminiscencia), Aristóteles per- fila en su teoría que la memoria resulta de tres procesos asociativos. Objetos, eventos y personas están vinculados por medio de su similitud relativa con algún otro, o su relati- va diferencia —cuánto contrastan con algún otro—. Las cosas se asocian si ocurren jun- Psicología de la antigüedad 27 tas en tiempo y espacio. Estos tres principios básicos de la asociación —similitud, con- traste y contigüidad— se completaban con otras dos influencias en la firmeza de una asociación particular: 1. Frecuencia. Aristóteles sostuvo que cuanto más frecuentemente se repite una expe- riencia particular, tanto mejor se recordará. En muchas teorías del aprendizaje del siglo XX, la relación entre el número de veces que se refuerza un hábito y su firmeza y retención es un punto central. 2. Facilidad. Aristóteles también reconoció que algunas asociaciones se forman más fá- cilmente que otras. Algunos eventos se recuerdan con mayor facilidad que otros. Los estudios modernos de aprendizaje y memoria han demostrado de manera muy clara que ciertas asociaciones se forman y se recuerdan con más facilidad que otras. Los recuerdos son particularmente importantes porque reflejan nuestras experien- cias del mundo. Las experiencias, en cambio, son responsables de los contenidos de la mente; sin la experiencia nuestras mentes estarían en blanco. La mente en el momento del nacimiento tiene el potencial para pensar, pero para que este potencial se realice debe ser actuado sobre el mundo. La mente, para Aristóteles, se habilitaba mediante la expe- riencia, exactamente como una tabla se llena con letras. Aristóteles adoptó la posición de un empirista: Todas las ideas que tenemos, incluyendo aquéllas algunas veces conside- radas como innatas o que están presentes desde antes de nacer, son el resultado de la experiencia. Su posición anticipó a la de John Locke y otros filósofos empiristas (capítulo 2) y a partir de ellos se influyó la psicología conductual materialista de John Watson (capítulo 12). La metáfora de Aristóteles sobre la mente en el momento de nacer como una tabla en blanco, es la primera de muchas metáforas diferentes sobre la mente en la historia de la psicología. Otras comparan la mente con una máquina de procesamiento de información o una computadora neural. Leary (1990) describe éstas y otras metáforas de la mente y argumenta que han sido especialmente importantes para la psicología en cuanto a sus contribuciones a la teoría de la construcción, a sus nuevas ideas y concep- tos, a la investigación, e incluso en cuanto a sus aplicaciones prácticas. Aristóteles también desarrolló un análisis de causación sofisticado e influyente: su teoría sobre las causas. Para ilustrar sus puntos de vista Aristóteles los describió exami- nando una estatua; sigamos su ejemplo considerando las diferentes causas del David de Miguel Ángel. 1. Examinando la estatua encontramos que fue esculpida de un bloque entero de már- mol de Carrara sin defectos. Es una estatua de mármol. Ésa es la descripción de lo que Aristóteles llamó causa material. 2. También sabemos que la estatua no sólo es un bloque de mármol, sino que tiene una esencia o forma. Ésta es la causa formal. 3. ¿Cómo llegó la estatua a tener esa forma? Una respuesta puede ser que la obtuvo por medio de los golpes y colisiones del martillo y el cincel del escultor. La respuesta describe lo que Aristóteles llamó la causa eficiente. 4. Finalmente, describiendo la estatua, la atribuimos al escultor. Es el David de Miguel Ángel. La estatua es el producto del ingenio de Miguel Ángel y de su supremo talen- to. Eso es lo que Aristóteles llamó la causa final. 28 Capítulo 1 El concepto de una causa final representa un aspecto teleológico del análisis de Aristóteles que da una apariencia de certeza. Las atribuciones de propósito son inaceptables en cien- cias como la física —las manzanas no tienen un propósito al caer de los árboles, tampoco lo tiene el agua al hervir sobre una flama—. Pero en la psicología se ha probado que son útiles las explicaciones teleológicas, prepositivas, cuando se usan con cuidado, por ejem- plo, como lo hizo Tolman en su conductismo propositivo (capítulo 13). Aristóteles también sostuvo puntos de vista marcadamente perceptivos en la catarsis psicológica. En su obra El arte de la poesía describió las tragedias como algo que algunas veces produce emociones que tienen un efecto purgativo en la audiencia. En el siglo XX, Sigmund Freud hizo de la catarsis un concepto central en su teoría psicoanalítica. Hoy en día, la visión aristotélica de catarsis es comúnmente escuchada en el debate sobre los efectos que la violencia que se presenta en los medios de comunicación puede tener sobre la tendencia de las personas a comportarse de manera agresiva. Algunas autorida- des, junto con ejecutivos de los medios, argumentan que la exposición a la violencia en la televisión o el cine puede ser benéfica, ya que permite a quienes la observan purgarse a sí mismos de impulsos hostiles o agresivos —una respuesta catártica—. Del otro lado del debate, autoridades igualmente prominentes argumentan que algunos individuos son conducidos mediante esas representaciones a comportarse de manera agresiva, que la violencia filmada es una escuela que prepara para la violencia en nuestra sociedad, y que esas consecuencias son probables, en especial, en individuos inmaduros o emocio- nalmente inestables. Aristóteles veía toda la vida como formando una "escala de la creación", una serie continua de gradaciones que partían de las más bajas, hasta las más altas formas de complejidad. También perfiló tres niveles de la vida: nutritivo (plantas), sensitivo (ani- males) y racional (humanos). Así, de forma enlazada, se estudiaría la naturaleza entera. Esta concepción de la escala de la naturaleza (scala naturae) ha sido la principal influencia en el pensamiento biológico a través de los siglos. Charles Darwin, por ejemplo, al for- mular su teoría de la evolución, reconoció la influencia de Aristóteles. La concepción de Aristóteles de una escala de la naturaleza no ha sido completamente benéfica para la psicología, dado que algunas veces ha conllevado a la creencia de que todos los anima- les, incluyendo a los humanos, pueden ser jerarquizados en una escala de dimensiones graduales unitarias y continuas. Lovejoy (1936) señaló que la noción de escala de la natu- raleza finalmente condujo a concepciones más teológicas que científicas, en las cuales Dios era la punta de la escala y todas las demás criaturas eran consideradas como copias de esa perfección que iban incrementando su propia imperfección. De esta forma, los ángeles eran algo imperfectos, los humanos eran más imperfectos, los primates todavía más imperfectos, y así sucesivamente conforme se descendía en la escala. Uno de los errores más interesantes de Aristóteles consiste en el lugar en que ubicaba la mente. Como antes se mencionó, Hipócrates creía que el cerebro era el asiento de la sensación, la percepción y el pensamiento. Colin Blakemore señala cómo cualquier evi- dencia científica se destaca en el momento en el que influye a las "intuiciones" que se refieren a la ubicación de la conciencia: Parece inconcebible hoy en día que nadie haya dudado nunca de que la mente está en el cerebro. Para mí, mi "yo-saliente" está indudablemente situado en la mitad de mi cabeza. Pero estoy seguro de que siento esto con tal confianza, porque acepto la evidencia científi- ca que en la actualidad está de moda de que así es (Blakemore, 1977, p. 9). Psicología de la antigüedad 29 Para Aristóteles la "evidencia que en la actualidad está de moda" lo condujo, de manera comprensible, a una conclusión radicalmente diferente: el corazón es el asiento del pensamiento. Por ejemplo, Aristóteles estudió el desarrollo de un embrión de pollo y notó que el corazón es uno de los primeros órganos en moverse. También observó que aunque un daño en la cabeza puede producir un periodo de inconsciencia, la persona por lo general se recupera, mientras que una herida en el corazón es invariablemente fatal. La controversia de Aristóteles de que es el corazón y no el cerebro la parte más im- portante del cuerpo puede también haber estado influenciada por su conocimiento de las prácticas de inhumación de los antiguos egipcios. El espíritu Ba de un egipcio de la antigüedad no estaba en la cabeza, sino en las entrañas y en el pecho. Para preservar el cuerpo para su viaje a Osiris, los egipcios tomaban partes del cuerpo como el hígado, el estómago, los pulmones y el corazón, los extraían y los embalsamaban para mantenerlos a salvo en ataúdes miniatura. Sin embargo, no había un contenedor para el cerebro, el cual, probablemente se retiraba con una cuchara a través de la nariz durante el embalsa- mamiento y se destruía. Observaciones cuidadosas y el conocimiento de la historia egipcia no fueron las úni- cas cosas que impulsaron a Aristóteles a elegir el corazón como el lugar en que se ubica la mente. Pudo también haber sido influenciado por un modelo fácilmente disponible para él en su experiencia diaria: el agora, el lugar público central de reunión de los pue- blos griegos. En el agora, los ciudadanos del pueblo se reunían para discutir y debatir los eventos actuales, la política, los deportes, la religión y las murmuraciones locales. De esas discusiones algunas veces emergerían temas comunes. Para Aristóteles esos temas eran análogos a los pensamientos que emergían de la mezcla de sensaciones, imágenes y recuerdos en el sensorium commune del corazón. La función del cerebro era enfriar la sangre. Este ejemplo es uno de los muchos que encontraremos a lo largo de la historia de la ciencia y la psicología, que demuestran cómo una visión del mundo compartida, y las características de un periodo histórico particular, influyen en la elección de los modelos que los filósofos y los científicos utilizan para ilustrar sus teorías. Algunos otros conceptos erróneos interesantes que resultaron de la metodología inductiva de Aristóteles, son los relativos a sus creencias acerca de los animales. En sus libros Historia animalium (Historia de los animales) y De partibus animaliwn (Sobre las partes de los animales), Aristóteles intentó clasificar a los animales con base en caracte- rísticas como el número de piernas y presencia de sangre. También describió la locomo- ción animal y el comportamiento sexual y parental. Aristóteles dio cuenta, de forma correcta, de la conducta de las abejas de follaje, pero dado que se apoyaba en observacio- nes de otros, concluyó que esas abejas no hacen miel, sino que la colectan de sus alas conforme ésta cae del cielo. También notó que los picos de los pájaros enjaulados fre- cuentemente crecen hasta ser muy largos, lo cual de hecho sucede, pero concluyó que ese crecimiento era un castigo porque habían sido inhospitalarios con un huésped en un mundo previo. Las teorías de Aristóteles acerca de la ubicación de la mente y de la conducta animal son ejemplos de conclusiones resultantes de una preferencia por los métodos inductivos, conclusiones que se habrían beneficiado de la cualificación mediante una crítica racio- nal. Aun así, como hemos visto, muchas de las contribuciones derivadas de la aproxima- ción inductiva de Aristóteles han tenido eco en teorías contemporáneas de la memoria, la catarsis y la evolución. Robinson (1989) va más lejos y argumenta que el interés de 30 Capítulo 1 Aristóteles en temas psicológicos y especialmente su trabajo más importante, De anima (De la mente), son fuertes evidencias de que tenía una psicología formal que lo hace merecedor de ser considerado un antiguo padre de la psicología. Filosofía posaristotélica Un gran número de escuelas de filosofía diferentes florecieron durante periodos cortos en la Grecia posaristotélica. De las más interesantes, desde un punto de vista psicológi- co, fueron la escuela Estoica y la escuela Epicura. Ellas dieron respuestas radicalmente diferentes a cuestiones del tipo de ¿cómo podemos encontrar la felicidad? y ¿qué debe- ríamos hacer con nuestras vidas? El objetivo de ambos grupos de filósofos era desarro- llar sistemas filosóficos todo-incluyentes aplicables a los fenómenos físicos, lo mismo que a asuntos políticos, sociales, de conducta moral y relativos a ellos. Los filósofos epicuros que encabezaban la escuela fueron el griego Epicuro (341-270 a.C.) y el poeta romano Lucrecio (99-55 a.C). Ellos afirmaron que todos los conocimientos se originan en las sensaciones y son retenidos en la memoria. Una visión muy similar fue la pro- puesta en el siglo XVII por John Locke (capítulo 2). Para los epicuros la vida humana era un breve episodio en la eterna historia de colisiones atómicas. La suya era una visión de la creación estocástica o estadística; afirmaban que considerar a la Tierra como el único mundo poblado es un absurdo igual que concluir que en todo un campo sembrado con mijo sólo un grano crecerá. Para los epicuros la meta de la vida era gozar cuantos place- res fueran posibles, de manera consistente con minimizar el dolor y el sufrimiento de otros. Los principales filósofos estoicos fueron los griegos Zeno de Citium (336-265 a.C.) y el dramaturgo romano Séneca (4 a.C. - 65 d.C). Los estoicos creían que un principio racional (logos) guía el Universo, y que cada persona tiene el deber de seguir y promover la razón tanto en la conducta personal como en los asuntos del Estado. Las pasiones y las emociones fueron sojuzgadas. Los estoicos influenciaron a Inmanuel Kant (capítulo 2). En una metáfora memorable, el filósofo y psicólogo estadounidense William James (ca- pítulo 9), describió estas dos escuelas filosóficas (estoica y epicura) como "tierna" y "ca- beza dura", respectivamente. LA IMPORTANCIA DE LA ANTIGÜEDAD Ahora que hemos revisado de manera breve algunos de los aspectos y de las preguntas que preocupaban en la antigüedad, es evidente que aquellas preguntas siguen siendo tratadas por los psicólogos contemporáneos. Así como Demócrito, seguimos ponderan- do la naturaleza de la mente y, al igual que Aristóteles, su localización. Nosotros intenta- mos describir la conducta y el procesamiento de la información en términos de leyes matemáticas, justo como Pitágoras intentó definir leyes matemáticas de la percepción. Igual que Galeno, seguimos ponderando la naturaleza de la humanidad. De hecho, es innegable que hombres como Aristóteles, Platón y Galeno encontrarían bastante familia- res muchas de las cuestiones consideradas por los psicólogos actuales. Pero la importancia de los hombres de la antigüedad se apoya en algo más profundo que estas similitudes. ¿Por qué nos seguimos haciendo las mismas preguntas de los grie- gos y los romanos? ¿Es sólo porque todavía no hemos encontrado respuestas satisfacto- Psicología de la antigüedad 31 rias? No del todo. En lugar de eso, es porque nosotros tenemos una visión del mundo similar a la de los pensadores de la antigüedad —una visión del mundo que ellos de- finieron—. Los idiomas europeos que hablamos se derivan del griego y el latín. Nues- tros sistemas de ética emergieron de la filosofía de la antigüedad. El método inductivo de Aristóteles y la aproximación deductiva de Platón son básicos para la ciencia mo- derna. De hecho, la importancia de contar con teorías científicas —como para ser capa- ces de predecir y controlar eventos en nuestro mundo— fue primero reconocida por la antigüedad. CAPÍTULO DOS Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología C erca de 1 000 años pasaron entre el colapso final del Imperio Romano en el siglo v d.C. y el comienzo del Renacimiento. Durante varios siglos, olas sucesivas de tribus bárbaras —los Ostrogodos, Visigodos y Vándalos— estuvieron en Europa destrozando todo a su paso, ocupando varias secciones del disminuido imperio y dejando muerte, destrucción y devastación tras sü paso. La ley romana no pudo sostenerse por más tiem- po, y el sistema universal monetario romano fue remplazado por un burdo trueque. No es posible dar una fecha para la "caída" del Imperio Romano, pero hacia el año 476 d.C, el gobierno había caído ante Odoacer, el "rey" alemán que destronó al último emperador romano, Augusto. Sic transit gloria mundi (Así pase la gloria del mundo). Los primeros años de la Edad Media, desde el inicio del siglo IX hasta cerca del año 1000 d.C, con frecuencia se han considerado como la edad oscura de la civilización occi- dental. Esa visión ha sido rebatida por Kemp (1990), quien puso especial atención a la psicología medieval. Kemp asegura que, en efecto, existía tal psicología, que la iglesia me- dieval no se opuso al avance del aprendizaje y con ello, al desarrollo de la ciencia. Kemp también describió el método medieval de investigación, el cual respetaba a los pensado- res de la antigüedad, pero no aceptaba sus propuestas en forma incondicional. De hecho, hubo contribuciones escolásticas, técnicas y científicas, durante, e inmediatamente des- pués de esta era. En el siglo VII se utilizaron por primera vez los estribos para apoyar el pie del jinete; éstos permitían al jinete montar y maniobrar un caballo con más facilidad y esgrimir un arma con una fuerza mayor. El siglo ix fue testigo de la publicación de una importante biografía del emperador Carlomagno. En 1180 se inventó el molino de vien- to, una invención tan exitosa que durante diez años el Vaticano recaudó un impuesto papal sobre todas las instalaciones de nuevos molinos de viento. Las cuestiones psicológicas fueron con frecuencia de la incumbencia de la religión. San Agustín, el obispo de Hipona, vivió en el siglo IV. Para él, Dios era la verdad última, y conocer a Dios era la última meta de la mente humana. ¿Pero qué con la gente? ¿Cómo vamos a entender las acciones y la conducta humana? San Agustín recomendó retornar a lo interior, a las moradas interiores de cada persona. En su libro Confesiones Agustín reveló sus propias emociones, pensamiento, motivos y memorias. Por momentos, sus revelaciones son sobrecogedoras, como cuando describe de manera candida sus pasio- Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 35 nes y las tentaciones de una amante. Por este trabajo de revelación pública, se le ha lla- mado algunas veces "el primer psicólogo moderno" (Misiak y Sexton, 1966, p. 8). La etiqueta parece prematura, pero las Confesiones de Agustín son todavía de gran interés por su análisis y su descripción de la psique de un hombre. Así como otros, en el siglo VII el profeta Mohammed estableció de manera firme la civilización islámica, y los eruditos y los intelectuales musulmanes rescataron muchos de los trabajos de la antigüedad. En el siglo xm, Santo Tomás de Aquino reinterpretó a Aristóteles y estableció de forma firme el escolasticismo, la disciplina que readmitía la razón humana como un comple- mento a la fe religiosa en la búsqueda de la verdad. Los años finales del siglo XII y el siglo XIII fueron testigos del establecimiento de 14 universidades, las primeras fueron las de Bologna y de París. Los eruditos ingleses viaja- ban a París para escuchar conferencias, pero a fines del siglo XII el rey Enrique II prohibió esos viajes. Así, los eruditos comenzaron a reunirse en Oxford. El número de ellos creció y comenzó a darse una serie de enfrentamientos entre los estudiantes y los habitantes del pueblo, lo que condujo a la fundación de la primera Universidad de Oxford, Merton, en 1264. La primera Universidad de Cambridge, St. Peter, fue fundada en 1284. Se su- ponía que los estudiantes de esas universidades, que eran hombres en su totalidad, de- bían vivir una vida escolástica bajo la supervisión de un monje que fungía como maestro. Mucho del ritual y de la suntuosidad asociada con la vida universitaria moderna, inclu- yendo los birretes y las togas académicas que se usan cuando se obtiene un grado, datan de esas primeras universidades. Finalmente, esas instituciones llegaron a ser vitales para el desarrollo de la ciencia, pero el siglo que siguió fue una época de terrible confusión y conflicto. Barbara Tuchman (1979) describió el "calamitoso siglo xiv" como el tiempo de la guerra civil en Inglaterra y Francia; de manera cercana, la guerra incesante entre Fran- cia, Inglaterra e Italia; papas y reyes locos; caballeros sin ley; impuestos debilitantes, y por último, los horrores de la muerte negra (1348-1350), la plaga que mató tal vez a una tercera parte de la población de Europa. Este terrible siglo fue seguido por un renaci- miento de la ciencia, el aprendizaje, el arte, y la literatura durante los siglos XV y XVI —el Renacimiento—. Es en el mundo del Renacimiento en donde encontramos los primeros antecedentes formales filosóficos y científicos de la psicología. EL MUNDO DEL RENACIMIENTO El Renacimiento comenzó en Florencia, una bella ciudad amurallada de 70 000 personas situada a las orillas del Amo en el norte de Italia. Tal vez el logro más espectacular del Renacimiento italiano fue el trabajo de artistas como Fra Angélico, Andrea Mantegna, Miguel Ángel Buonarotti y Leonardo da Vinci. Este último fue el hombre esencial del Renacimiento: un artista y escultor brillante, inventor y hábil anatomista que realizó el primer modelo de los ventrículos cerebrales y un ilustrador médico cuyos dibujos anató- micos fueron los primeros en proporcionar al observador más de una perspectiva del sujeto representado. El dibujo anatómico más célebre de Leonardo, un embrión humano en el útero, fue tan ilustrativo que apareció en los textos de anatomía durante cientos de años. El logro técnico más grande del Renacimiento fue la invención de la imprenta. Los primeros manuscritos impresos habían aparecido en China tan temprano como en el 36 Capítulo 2 siglo VIII d.C. Sin embargo, esos libros estaban impresos por bloque; es decir, los carac- teres y las figuras se tallaban a mano sobre la superficie de bloques de madera, se apli- caba la tinta y se realizaba la impresión. Tal manera de imprimir consumía demasiado tiempo y era laboriosa e inflexible. Poco antes de 1450, después de mucho trabajo y muchas dificultades financieras y técnicas, Juan Gutenberg desarrolló un método para tallar tipografías movibles que se pudieran utilizar en la impresión de un gran número de libros de manera relativamente barata. En 1450 Gutenberg tenía suficiente confian- za en su método, por lo que firmó un contrato para "hacer libros", uno de éstos era la Biblia. Entre 1450 y 1459 Gutenberg imprimió 185 Biblias de Gutenberg, 48 de las cuales existen hoy en día. Poco después, la Iglesia utilizó tipografías movibles para producir in- dulgencias en serie que se vendían a cambio del perdón de los pecados. Al final del siglo, las imprentas se habían establecido en por lo menos 13 ciudades europeas. Por primera vez, el conocimiento estaba disponible para un número relativamente grande de perso- nas. Los eruditos podían publicar sus propios trabajos y leer los de otros. Para cuando Colón navegó en 1492, ya se habían impreso en Europa 20 millones de volúmenes (Foote, 1991). El Renacimiento fue la era de Nicolás Maquiavelo y William Shakespeare. En este pe- riodo, además de los volúmenes literarios, se imprimieron los primeros libros de varias áreas del conocimiento, incluyendo la psicología. El primer autor en utilizar la palabra psicología en el título de un libro parece haber sido Rudolf Goeckel (Lapointe, 1970). En 1590 publicó una colección de trabajos de diferentes autores, acerca de la naturaleza de la humanidad, particularmente del alma humana. El título de su libro fue Psychologia hoc est, de hominis perfectione, que se podría traducir de forma literal como "Psicología, esto es, sobre la perfectibilidad del hombre" o, de manera más libre, como "Psicología del mejo- ramiento del hombre". Este primer libro de psicología fue un éxito y pasó por tres impre- siones antes de que terminara el siglo. El primer libro de psicología en inglés fue el de John Broughton, Psychologia; o, An Account of the Nature of the Rational Soul, publicado en Lon- dres en 1703 (Van de Kemp, 1983). Durante el Renacimiento, el conocimiento sobre la geografía de la Tierra se expandió como nunca antes. Los navegantes portugueses surcaron 1 500 millas (2 400 km) por la costa de África y establecieron comercio lucrativo en oro, mármol, pimienta y esclavos. Las rutas de comercio más lucrativas fueron las que atravesaban Constantinopla, la ciu- dad más grande de la Europa medieval, hacia el Este. Cuando esa ciudad fue saqueada por el sultán Mohammed II en 1453, se volvió imperativa una ruta por el mar hacia el Este. El primer viaje por mar a la India se realizó en 1497 cuando Vasco de Gama rodeó exitosamente el Cabo Buena Esperanza. Cristóbal Colón buscó una ruta más corta hacia el Este navegando por el Oeste de Europa, pero en 1492 encontró el Nuevo Mundo en lugar de la India, y Fernando de Magallanes en 1519 rodeó el Cabo Cuerno, probando de una vez y por todas que la Tierra es redonda y que los continentes de Asia y América están separados. Podría parecer que una era tan iluminada pudo dar nacimiento al estudio formal de los seres humanos, la psicología. Después de todo, el Renacimiento fue una era de explo- ración, descubrimiento y logro artístico. Da Vinci realizó bellos dibujos de la anatomía humana, pero durante esta era no se produjeron estudios igualmente detallados sobre la mente. Las razones pueden ser reveladas mediante el examen de las reacciones de la comunidad teológica del Renacimiento al desarrollo de una ciencia diferente, la astro- nomía. Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 37 LA CIENCIA DEL RENACIMIENTO El lugar de los seres humanos en el Universo Durante el Renacimiento, las concepciones del cosmos y del lugar de los humanos dentro de él experimentaron un cambio drástico. El cambio se inició en 1543, cuando Nicolás Copérnico (1473-1543) publicó su visión heliocéntrica del Universo. Copérnico fue un dis- tinguido clérigo polaco, humanista y astrónomo. Después de muchos años de observa- ciones astronómicas concluyó que la concepción de la Tierra como el centro del Universo (geocentrismo), visión del Universo originalmente formulada por Ptolomeo en el siglo II a.C, era incorrecta. De acuerdo con Copérnico, es el Sol, y no la Tierra, el que se ubica en el centro del Universo y a su alrededor giran los planetas. La diaria salida y puesta del Sol, decía, se debe a la rotación de la Tierra sobre su eje, y la progresión anual de las estaciones se debe a las revoluciones de la Tierra alrededor del Sol. Este punto de vista centrado en el Sol (heliocéntrico) sobre el Universo no fue com- pletamente original de Copérnico. Ya en el siglo m a.C. Aristarco de Samos había argu- mentado que la Tierra daba vueltas alrededor del Sol. En la segunda mitad del siglo xrv, Nicolás Oresme, un seguidor del franciscano inglés William de Ockham (por quien des- pués se llamó navaja de Occam al principio de que la mejor explicación es la más sim- ple), había propuesto la misma idea, pero sus puntos de vista se habían rechazado, pues ciertamente eran contrarios al sentido común. Es evidente, se decía, que esta Tierra sóli- da no está girando alrededor de los cielos; cualquiera que tenga ojos puede ver que el Sol se mueve en el cielo todos los días, mientras la Tierra permanece fija. Si la Tierra se moviera entonces no podría dispararse una flecha en línea recta o una piedra arrojada desde una torre caería de forma perpendicular. ¿Los pájaros en vuelo no caerían tras la rotación de la Tierra? Aún más importante, tales propuestas eran contrarias a las ense- ñanzas de la Iglesia. Como una creación especial de Dios, los humanos deberían ocupar una posición privilegiada en el centro del Universo. Después de todo, la Biblia afirma que Dios trabajó durante cinco días para crear la Tierra, pero tardó sólo un día en el resto del Universo, y descansó el séptimo. Habiendo hecho a los hombres y a las mujeres en su imagen y habiendo prodigado tal cuidado y tiempo en la creación de la Tierra, segura- mente Dios no la hubiera puesto en una posición periférica, girando de forma vertigino- sa alrededor del Sol. La Tierra debía estar justo en el centro del Universo. Argumentos como éste eran difíciles de contradecir. Al estar respaldados por la tra- dición y la autoridad de la Iglesia, tenían la fuerza de un dogma. Oponerse a ellos era herejía. Anticipando una reacción desfavorable a esta teoría, Copérnico demoró la publi- cación de De revolutionibus coelestium orbium (De las revoluciones de los orbes celestes) durante 36 años. De acuerdo con la tradición, Copérnico lo publicó por primera vez en 1543 mientras yacía en su lecho de muerte. Una vez más el temor obligó a su asistente, Andrés Osiander, a insertar un prefacio en el cual afirmaba que la rotación y la revolu- ción de la Tierra se debía considerar como una hipótesis, una conveniencia matemática para simplificar la descripción del movimiento planetario. Copérnico fue considerado por algunos el reformador de la astronomía, un segundo Ptolomeo, un hombre que cambió para siempre las concepciones del Universo. Pero su teoría fue también inaceptable para muchos, especialmente para la Iglesia, que etiquetó a su sistema como absurdo y antirreligioso. La réplica de un cardenal: "El Espíritu Santo 38 Capítulo 2 intentó enseñarnos cómo ir al cielo, pero no cómo va el cielo" (Kesten, 1945, p. 316). Copérnico había degradado a los humanos de una posición central a una periférica en el Universo. ¿Los humanos ya no eran más la creación sagrada de Dios? Y una propuesta incluso más demoledora fue formulada tiempo después por un monje dominico, Giordano Bruno (1548-1600), quien dio conferencias en Roma, Genova, Londres, Oxford y París, para defender y extender el sistema de Copérnico. Bruno planteó la existencia no sólo de un Sol, sino de innumerables soles, no sólo una Tierra, sino innumerables tierras, cada una revolucionando alrededor de su propio Sol y potencialmente inhabitada por seres sensi- bles. Describió, en resumen, un Universo sin límites, punto de vista que le costó la vida. Entre los puestos del mercado del Campo dei Fiori de Roma, una estatua marca el punto donde Bruno fue quemado en una estaca en 1600. Galileo Galilei (1564-1642) Galileo, quien nació en Italia el mismo año en que William Shakespeare nació en Inglate- rra, desarrolló la astronomía del Renacimiento y estableció los fundamentos del método científico que hasta hoy se utiliza. En 1606 Hans Lippershey, un alemán fabricante de lentes, mientras caminaba por su tienda entre anaqueles de anteojos (escaparates), notó que cuando miraba a través de la línea de lentes convexos y cóncavos, los promontorios de la iglesia parecían estar más cerca. Lippershey montó dos lentes separados a cierta distancia en un tubo, de forma que los lentes colectaran la luz en el extremo más distante del tubo y los más pequeños, los oculares, aumentaran la imagen. Así construyó el pri- mer telescopio refractario. Galileo fue comisionado para investigar la afirmación de Lippershey de que había inventado el telescopio —un instrumento que permitiría ver a la distancia—. Patrocinadores astutos vieron que el aparato se podría utilizar tanto en la guerra como en la paz. En la guerra, para prevenir y desviar ataques navales; en la paz, desde la cima de un campanario, los mercaderes podrían ver una nave en la lejanía del puerto con un telescopio. Señales secretas por medio de banderas revelarían el carga- mento de las naves, lo que permitiría a los especuladores que las conocieran, hacer dinero en lo que sería después el mercado del Rialto. Galileo encontró que la afirmación de Lippershey era cierta. En 1609 Galileo fabricó un telescopio con un factor de magnificación de 3, y luego un segundo con un factor de 30. Un instrumento tan maravilloso no debía ser utilizado sólo para satisfacer a los mercaderes y los políticos de Venecia, también se podría utilizar en el avance de la astronomía. Así, Galileo apuntó su telescopio hacia las estrellas y vio por primera vez los "monumentos maravillosos": cuatro nuevas lunas de Júpiter a las que astutamente llamó "Astros Mediceos" en honor de sus mecenas, la po- derosa familia Medici; montañas y valles sobre la superficie de la Luna, que capturó en una serie de pinturas en acuarela; la misteriosa leche de Venus que vio como incalcu- lables miles de estrellas fugaces. Galileo también concluyó que Copérnico había tenido razón y que el Sol era en efecto el centro del Universo. El poeta John Donne escribió acerca de las observaciones de Galileo: Y la nueva Filosofía pone todo en duda, El Elemento fuego está completamente apagado; El Sol está perdido, y la Tierra, y ningún saber de! hombre Puede dirigirlo hacia el lugar donde buscarlos. —(BYARD,1977, p. 121) Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 39 Galileo describió sus observaciones y presentó sus conclusiones en Sidereus nuncius (El mensajero de los astros), publicado en Venecia en 1610. Para entonces habían pasado menos de 100 años después de la denuncia del papa realizada por Martín Lutero en 1517 y la Reforma que escindió al cristianismo occidental en las Iglesias Católica Romana y Protestante. No hubo tiempo para desafiar la autoridad de la Iglesia. El 24 de febrero de 1616, la Congregación del índice, el cuerpo de censura de la Iglesia, condenó la enseñan- za del copernicanismo. La Tierra, no el Sol, era el centro del Universo, y Galileo recibió firmes instrucciones por parte del poderoso Robert Cardinal Bellarmine, quien estaba a cargo de la Inquisición (Redondi, 1987), de poner fin a su defensa de la nueva teoría. Pero las dudas que surgieron de las observaciones de Galileo no pudieron ser ignoradas. La Iglesia enseñaba que las estrellas habían sido colocadas por Dios en oscuro cielo como una ayuda para la navegación humana. Pero con su telescopio Galileo observó muchas estrellas nuevas que no se podían ver a simple vista. ¿Por qué Dios las había colocado en el cielo? Los instruidos cardenales replicaron que Dios las había colocado allí porque 40 Capítulo 2 sabía que se inventaría el telescopio. Pero Galileo no estaba convencido. El 6 de agosto de 1623, su amigo Maffeo Cardinal Barberini, se convirtió en el papa Urbano VIII. Con su esperado apoyo y con el poderoso sostén de la familia Medici, Galileo se sintió libre para retomar su defensa del copernicanismo. En 1632 publicó el Diálogo sobre los dos Máximos Sistemas del Mundo, en el que creó un debate hipotético sobre el sistema heliocén- trico. Con claridad y sabiduría los debatientes argumentaban que el Sol y no la Tierra es el centro del cosmos y que la Tierra no está en reposo, sino rotando sobre su eje y revolu- cionando alrededor del Sol. Al final del debate los participantes concluyeron que Copérnico había estado en lo correcto. El papa Urbano había apoyado a Galileo insis- tiendo únicamente en que el Diálogo incluyera la rectificación de que el copernicanismo era una hipótesis. Galileo incluyó esa rectificación en su obra, pero la puso en boca de Simplicius, un tipo de mente simple, de pensamientos poco profundos y habilidad limi- tada, y con ello marcó su destino. El Diálogo se incluyó en el índice de Libros Prohibidos del Vaticano. Galileo fue convoca- do a Roma, donde fue juzgado por diez cardenales y, el 22 de junio de 1633, fue declara- do culpable de enseñar doctrinas que se consideraban "absurdas, falsas en filosofía y formalmente heréticas... que no se pueden probar de ninguna forma, las cuales han sido ahora declaradas y finalmente determinadas contrarias a las Escrituras Divinas" (sen- tencia de Galileo, en Fahie, 1903, p. 315). Por razones desconocidas, tres de los diez car- denales no firmaron la sentencia de Galileo. En esta confrontación entre observación y autoridad, la última triunfó. Parece probable que a Galileo se le mostraron los instru- mentos de tortura antes de hacer que se pusiera de rodillas ante los cardenales y firmara la siguiente abjuración: Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 41 Yo abjuro, maldecir y detestar los errores y las herejías dichas, y de manera general cual- quier otro error y secta contraria al decir de la Santa Iglesia; y yo juro que nunca más en el futuro diré o afirmaré nada, de forma verbal o escrita, que pueda despertar alguna sospe- cha sobre mí. (Abjuración de Galileo, en Fahie, 1903, p. 320) La leyenda cuenta que incluso cuando firmó la abjuración, Galileo murmuró "Eppur si muove" (Sin embargo, se mueve). Después se prohibió que se publicaran los escritos de Galileo, se quemaron todas las copias de sus libros que se pudieron encontrar, y a él se le confinó en su villa para el resto de su vida. El poeta John Milton fue uno de los pocos visitantes que recibía. En sus últimos años, el hombre cuyas observaciones ampliaron la visión del mundo renacentista estaba casi totalmente ciego. En 1979 el papa Juan Pablo II, antes de hablar en una sesión especial de la Academia Pontificia de las Ciencias del Vaticano, reconoció las destacadas aportaciones de Galileo a la ciencia, y reconoció el amargo conflicto entre la Iglesia y la ciencia causado por su caso. Juan Pablo expresó la esperanza de una "concordia fructífera entre... Iglesia y mundo" (papa Juan Pablo II, 1980, p. 11). Galileo también fue pionero en los experimentos con los que se desarrolló el método para controlar ciertos factores (variables) mientras se manipulan y se miden otros. En sus experimentos estudió la relación entre la distancia de la que caen los objetos y la veloci- dad en que lo hacen. De manera contraria al mito, estas observaciones no se hicieron de- jando caer objetos de la Torre Inclinada de Pisa, sino haciendo rodar pelotas en planos inclinados. Galileo manipuló con cuidado factores como el peso de la pelota y la inclina- ción del plano; midió el tiempo que la pelota se tardaba en recorrer una distancia fija y su velocidad. Formuló la ley de la caída de los cuerpos: La distancia que ha caído un objeto desde un punto de reposo es igual al cuadrado del tiempo que pasa desde que éste es liberado. La velocidad es proporcional al tiempo de la caída. Tan precisas fueron las des- cripciones de Galileo de sus procedimientos experimentales que un investigador contem- poráneo, Stillman Drake (1975), pudo replicarlos de manera exacta. Un acertijo aparentemente resuelto por Drake es cómo Galileo pudo usar medidas tan precisas de tiempo, dado que en su época no existían relojes confiables para medir intervalos meno- res a un segundo. Drake sugirió que Galileo utilizó compases y medios compases musica- les para medir sus intervalos. Cantando "Adelante, Soldados Cristianos" al compás de aproximadamente dos notas por segundo, Drake registró intervalos muy cercanos a los que reportó Galileo (Drake, 1975, p. 101). El control cuidadoso y la medición de variables que Galileo logró en lo que llamó sus "fantasías" proveyeron un modelo para las ciencias físicas y biológicas y, finalmente, para la psicología. En su Diálogo, Galileo predijo que la ciencia y el comercio italianos serían rebasados por sus rivales nórdicos a menos que se garantizara a los científicos la libertad para investigar. En el margen de su propia copia del Diálogo Galileo escribió: En la cuestión de introducir fantasías. Y ¿quién puede dudar de que esto conducirá a los peores desórdenes cuando las mentes creadas libres por Dios están servilmente obligadas a una voluntad exterior? ¿Cuándo nos dijeron que negáramos nuestros sentidos y los so- metiéramos a los caprichos de otros? ¿Cuándo la gente desprovista de cualquier compe- tencia ha juzgado a los expertos y ha concedido autoridad para que se les trate como a ellos les plazca? Ésas son las fantasías efectivas para provocar la ruina de las naciones y la sub- versión del Estado. (Galileo, en Newman, 1956c, p. 733) 42 Capítulo 2 La apasionada súplica de Galileo por una libertad sin obstáculos para la investiga- ción ha resonado a través de los siglos. Él creía de forma absoluta en el poder de la razón, pues pensaba que "en cuestiones de ciencia la autoridad de un millar no es suficiente para sojuzgar el razonamiento de un solo individuo" (Galileo en Nevvman, 1956d, p, 734). Las condiciones en Italia eran evidentemente desfavorables para la aproximación racionalista a la adquisición del conocimiento que Galileo defendía. Justo como él lo predijo, los siguientes grandes avances científicos se realizaron en Alemania e Inglate- rra, los países protestantes del norte de Europa. Dos contribuciones de Inglaterra Sir Isaac Newton (1642-1727) nació el día de Navidad del año en que murió Galileo. Abandonado por su madre poco después de su nacimiento, Newton fue criado por su padre, un relojero analfabeto quien entrenó a su hijo en su arte. Mientras visitaba el Colegio Trinity de la Universidad de Cambridge en 1955, se le mostró al psicólogo ame- ricano Ernest Hilgard un reloj hecho por Newton que todavía funcionaba (Hilgard, 1987, p. 8). Al igual que sus contemporáneos, Newton estaba fascinado con la luz. Estaba en todos lados; igual que los colores. Pero en la luz blanca, ¿de dónde venían los colores? En 1662 Newton describió a la Royal Society "me procuré un prisma de cristal triangular y realicé experimentos con los 'fenómenos de los colores'". La luz blanca al pasar a través del prisma se refractaba en sus colores componentes: el rojo brillante, naranja, amarillo, verde, azul, índigo y violeta, caían sobre la pared del estudio de Newton. Cuando se hacía converger los rayos refractados mediante su paso a través de un segundo prisma, el resultado era la blancura, un fenómeno que Newton encontró incluso más maravillo- so que el mismo espectro del color. La demostración de Newton de que la luz blanca puede ser refractada en sus colores componentes y de que luego los rayos individuales se pueden recombinar para producir la blancura fue una demostración científica defini- tiva del siglo XVII. Mostró el valor de las matemáticas como el lenguaje de la ciencia y el poder de los métodos experimentales inductivos para la comprensión de la naturaleza. Alexander Pope puso en un primer plano a Newton en su copla: La naturaleza y las leyes de la naturaleza descansan escondidas en la noche: Dios dijo, Dejen a Newton ser y todo fue luz. Pero no todas las reacciones fueron positivas. Goethe escribió que el análisis de Newton de la luz "paralizaría el corazón de la naturaleza", un sentimiento al que Wordsworth le hizo eco en The Tables Turnea: Dulce es el conocimiento que la naturaleza lleva; Nuestro entrometido intelecto Equivoca las bellas formas de las cosas:— Nosotros asesinamos para disecar. Así queda claro que el análisis de Newton de la luz fue un triunfo de la física. Una generación posterior de filósofos, los empiristas británicos, tratarían de hacer con la con- ciencia humana lo que Newton había hecho con la luz, es decir, refractar la conciencia en Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 43 sus elementos. Éste fue el modelo de la mente que adoptaron algunos miembros de la primera generación de psicólogos a fines del siglo XIX. Voltaire dijo que Newton había sido más afortunado que ningún otro científico, ya que el descubrimiento de las leyes que gobiernan el Universo pudo recaer sobre un solo hombre: él. El gran descubrimiento de Newton fue que la misma fuerza que atrae una manzana hacia el suelo también sostiene a la Luna en su órbita alrededor de la Tierra y a la Tierra en su órbita alrededor del Sol. Esa fuerza es la gravedad. En su majestuoso Principia, publicado en 1687 cuando tenía 25 años de edad, Newton describió un autén- tico universo puntual, diseñado por Dios el "Gran Relojero", y describió también un universo comprensible mediante las matemáticas y la aplicación del cálculo que él mis- mo había inventado. El universo newtoniano, con todos sus planetas moviéndose en la misma dirección a lo largo de órbitas elípticas, casi circulares, fue fidedigno y predecible. Tales resultados, de acuerdo con Newton, no hubieran podido ocurrir por casualidad. Más bien surgieron "del consejo y del dominio de un ser inteligente y poderoso" (Newton en Grabiner, 1988, p. 225). Dado que tiene un lugar seguro como una de las figuras más grandiosas en la historia de la ciencia occidental, es sorprendente encontrar que su carre- ra posterior estuvo llena de altibajos. Se desempeñó brevemente como miembro del par- lamento y luego fue nombrado supervisor de la Casa Real. Sus deberes incluían la persecución de falsificadores, un delito capital para entonces. Newton ejerció tal deber con gran entusiasmo y se dice que mandó a más de un pobre desdichado al patíbulo (Westfall, 1980). Hacia el final de su vida Newton se volvió devoto de la alquimia. Se 44 Capítulo 2 dedicó a buscar el alcalino, o la panacea que pudiera transmutar los metales base para convertirlos en el noble metal de oro. La periódica conducta extravagante de Newton se ha atribuido a la exposición al mercurio que usaba en su alquimia (Klawans, 1990). En el siglo XVIII el astrónomo británico, Sir Edmund Halley, discernió que los tres espectaculares cometas registrados en 1531,1607 y 1682 eran el mismo. Utilizando la ley de Newton de la gravitación universal para trazar su órbita a través del espacio, Halley predijo que el cometa retornaría 76 años después, en 1758, y que continuaría haciéndolo cada 76 años. Halley murió en 1742 y no observó la reaparición del cometa el día de Navidad de 1758, justo como lo había predicho. La demostración de Halley sobre la predictibilidad de un fenómeno físico mostró el poder de la mente humana para com- prender el Universo mediante la aplicación de leyes científicas. Ése fue un triunfo de la que se conocería como la Edad de la Ilustración. William Harvey (1578-1657) demostró que los métodos de observación inductivos se pueden aplicar a fenómenos biológicos. Él encontró sangre en animales tan diversos como ranas, pollos, palomas, cabras, ovejas, bueyes y ratones e, incluso, en especímenes aparentemente menos prometedores como anguilas, cangrejos, babosas, víboras, caraco- les, avispas y moscas. La presencia de la sangre en el mundo biológico fascinaba a Harvey de la misma forma en que la luz fascinó a Newton. Antes de esa época se creía que el corazón "confeccionaba" la sangre, la cual transportaba nutrientes a través de las venas y las arterias en un flujo unidireccional del corazón hacia el exterior. Harvey pesó la cantidad de sangre que había en un cadáver humano y en una oveja. Las cantidades fueron similares, cerca de cuatro libras (1.8 litros). Después desangró una oveja y midió la cantidad de sangre que expulsaba con cada latido del corazón. Tomando nota del número de palpitaciones por minuto, Harvey calculó que en 30 minutos el corazón ten- dría que mandar más sangre de la que había medido en todo el cuerpo. Si el corazón continuaba "confeccionando" sangre, en un día promedio expulsaría unos 4 000 galones (15 000 litros) de sangre. ¿De dónde provenía ésta? ¿y cómo podía el corazón producir tanta? La conclusión de Harvey fue que el corazón no produce la sangre, sino que la bombea. El corazón expulsa la sangre, que fluye alrededor del cuerpo y luego regresa al corazón para ser expulsada nuevamente. En su texto de 1628, De Motu Cordis, Harvey probó que la sangre se mueve o circula. El trabajo de Harvey fue importante por muchas razones. Demostró que un sistema biológico podía ser estudiado con el mismo rigor experimental con el que los físicos estudiaban los sistemas físicos. De manera consecuente, el éxito de su demostración se- ñaló el camino para una biología experimental. Harvey también especuló que "la sangre es la causa no sólo de la vida en general, sino también de una vida más larga, del sueño y de la marcha, de la genialidad, de la aptitud y la fuerza" (Harvey, 1628, en Miller, 1982, p. 228). En el siglo XX se comprobó que las hormonas que circulan en la sangre son facto- res importantes en el temperamento, la cognición, la emoción y el sueño. Finalmente, con la investigación de Harvey se empezó a desmitificar el corazón, lo que conduciría, en el mismo siglo XX, a la aceptación pública de los trasplantes de corazón. Harvey investigó muchas otras cuestiones, entre ellas, la conducta de los insectos, pero ese trabajo se perdió, pues la mayor parte de los manuscritos fue destruida durante la guerra civil inglesa, cuando sus habitaciones fueron saqueadas. Tanta es su importan- cia, sin embargo, que cualquier fragmento conocido por los harverianos se ha sometido a escrutinio por los eruditos interesados en su vida, sus trabajos y el origen de sus ideas (Cook, 1992, p. 262; Keynes, 1989). Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 45 FILOSOFÍA DEL RENACIMIENTO Rene Descartes (1596-1650) Además de los avances científicos, el desarrollo en la filosofía del Renacimiento propor- cionó un fundamento importante para la psicología. Como los filósofos del Renacimiento perseguían el conocimiento de las cosas y sus causas, desarrollaron razonamientos y teorías que tuvieron mucha influencia en los psicólogos posteriores. Rene Descartes fue un destacado matemático y filósofo francés durante los años precedentes e inmediata- mente posteriores al juicio de Galileo. Nació en 1596, hijo de un concejal del parlamento provincial de Britania. La herencia de su familia le permitió seguir una vida de estudio y viajes que no se vio obstruida por la necesidad de ganar dinero para vivir. Desde 1606 y hasta 1614 Descartes asistió a una escuela jesuita en Anjou. Los jesuítas, los soldados descalzos de la vida intelectual de la Iglesia católica, eran conocidos por sus excelentes escuelas. De ellos recibió una educación rigurosamente clásica con un fuerte énfasis en las humanidades, las matemáticas, la religión y la filosofía. Alegando tener una salud delicada, Descartes convenció al rector de la escuela de que se le disculpara de los ejerci- cios religiosos de cada mañana y se le permitiera permanecer en cama. Toda su vida Descartes creyó que tenía los mejores pensamientos en la mañana, estando en la cama. Bertrand Russell dijo sobre Descartes que su mente trabajaba mejor en la tibieza de la cama en las mañanas (Russell, 1945, p. 558). Incluso su biógrafo reportó que para él estar en cama era "un hábito que mantuvo toda su vida, ya que lo consideraba conveniente, sobre todo para el beneficio intelectual y la comodidad" (Mahaffy, 1880, p. 12). En 1616 Descartes logró un grado profesional y se licenció en leyes en la Universidad de Poitiers. En 1618 el anteriormente contemplativo y aislado Descartes fue voluntario para servir en un ejército mercenario en Holanda. El 10 de noviembre de 1619 pasó la noche solo, enfrascado en sus pensamientos sobre ideas matemáticas. Descartes se durmió y en su sueño el "Espíritu de la verdad" entró a su mente. Este sueño cambió su vida. Al día siguiente renunció a lo que consideró su pasada ociosidad y resolvió dedicarse a la bús- queda de la verdad y a la unificación de la ciencia mediante el poder de la razón. A la edad de 23 años Descartes resolvió escribir un manifiesto racionalista. Su primer gran éxito fue combinar los métodos del álgebra y la geometría dentro de la geometría analí- tica. Desarrolló también métodos que permiten traducir proposiciones geométricas a términos algebraicos, describir curvas geométricas por medio de ecuaciones, y definir la posición de un punto mediante coordenadas con referencia a dos líneas perpendicula- res. Tales ideas, decía Descartes, habían venido a su mente mientras consideraba cómo describir en forma matemática la posición exacta de una mosca en su habitación. En ningún momento del tiempo la distancia entre la mosca y el techo (o el suelo), y entre dos paredes adyacentes, definiría su posición. Esas distancias definían las coordenadas de la mosca. Mientras la mosca se movía, su trayectoria se podía describir en una serie de puntos los cuales, en cambio, se podían combinar para formar una curva. Las ideas de la geometría analítica conllevaron un gran esfuerzo y contratiempos antes de publicarlas 18 años después en La Géométrie (Geometría). El trabajo tuvo un éxito inmediato y aseguró la reputación de Descartes como matemático. La Géométrie, dijo, fue escrita en una "vena despectiva" y su intención era mostrar sus conocimientos, más que transmitirlos a los novatos. Él concluyó su exposición con este comentario irónico: "Yo espero que la 46 Capítulo 2 posteridad me juzgará amablemente, no sólo por las cosas que he explicado, sino tam- bién por las que con toda intención he omitido para dejarles a otros el placer de descu- brirlas" (Descartes, en Newman, 1956a, p. 237). En ambos sentidos sus esperanzas se han cumplido. Descartes dejó Francia por Holanda en 1629 para buscar una vida de erudita sole- dad. Tan grande era su necesidad de paz y quietud que durante los 20 años que estuvo en Holanda vivió en 24 casas diferentes, en 13 pueblos diferentes, y sólo permitía a un pequeño número de amigos de confianza conocer su paradero. A pesar de esas pre- cauciones, su fama llamó la atención de la reina Cristina de Suecia, quien quería saber cómo vivir feliz y tranquila sin enfadar a Dios. ¿Quién estaba mejor calificado para res- ponder a su pregunta que el máximo pensador de Europa? En 1649 la reina Cristina con- vocó a Descartes a Estocolmo para adornar su corte y fungir como su tutor privado en filosofía y matemáticas. Se dice que en cuanto recibió la convocatoria, Descartes tuvo un presentimiento de muerte, pero no tenía más opción que acceder, especialmente cuando Cristina envió una nave de guerra para transportarlo a Suecia. La joven reina probó ser una estudiante inepta y lo peor para un hombre con sus hábitos y temperamento, insistía en recibir sus lecciones a las 5 de la mañana. Descartes toleró a la reina y al invierno sueco sólo cuatro meses antes de morir de neumonía el 11 de febrero de 1650. Por una espantosa ironía de la historia, el único ataúd disponible era demasiado pequeño, así que se cortó la cabeza de Descartes antes del entierro y nunca se volvió a unir con el cuerpo (Boakes, 1984). Además de sus aportaciones a las matemáticas, Descartes también fundó la filosofía occidental moderna. Esperaba además construir un sistema radicalmente nuevo sobre la filosofía desde la conformación de un sistema lógico y científico de pensamiento, el cual presentó en su Discours de la méthode (Discurso del método), publicado en 1637. Por sobre todo, Descartes buscaba la verdad: aquella de la que no se pudiera dudar, un conoci- miento que fuera verdadero. Adoptó una actitud rigurosamente científica, y resolvió seguir cuatro reglas de la lógica que consideró suficientes para alcanzar la verdad: La primera es nunca aceptar nada como verdadero sin tener conocimiento evidente de su verdad; es decir, tener cuidado de no llegar a conclusiones precipitadas y preconcepciones, y no incluir en mis juicios nada más de lo que se presenta por sí mismo en mi mente con tanta claridad y exactitud que yo no tenga ocasión de dudarlo (Descartes, 1637, en Cottingham, Stoothoff y Murdoch, 1985, p. 120). Los jesuítas que educaron a Descartes propusieron orgullosos: "Dennos al niño y nosotros tendremos al hombre." De hecho, Descartes se consideraba devoto, y siempre insistió en que sus muchos y diferentes hogares estuvieran a una distancia corta una iglesia católica que pudiera recorrer caminando. Sin embargo, algunas veces dudó de la existencia de Dios y creyó que incluso el teólogo más apasionado debía, en ocasiones, tener dudas similares. Desde un punto de vista empírico no podemos tener la certeza absoluta de la existencia de Dios, consideraciones que para los teólogos católicos eran heréticas. Los trabajos de Descartes están incluidos en el índice de libros prohibidos, y entre los que no se permitía a los editores que imprimieran. Incluso los teólogos de Utrecht en Holanda, cuando tuvieron el control de la España católica, llevaron a Descartes ante una corte para que respondiera a los cargos de "ateo, vagabundo y libertino" (Newman, 1956a, p. 236). Afortunadamente, éstos fueron retirados. Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 47 Como resultado de sus dudas acerca de la existencia de Dios, Descartes también con- cluyó que es posible dudar y cuestionar dones aparentes como la existencia del mundo e incluso de nosotros mismos. Se encontró en un agudo dilema existendal —un dilema que resolvió concluyendo que, en cualquier momento, lo único de lo que se puede tener certeza es de que se está pensando en algo—. Así, para Descartes, la prueba final de su existencia era el acto de pensar: Cogito ergo sum (Pienso, luego existo). Descartes escribió: Noté que mientras estaba tratando de pensar que todo es falso, fue necesario que yo, quien estaba pensando en eso, fuera algo. Y la observación de esta verdad "Yo estoy pensando, luego yo existo" era tan firme y segura que todas las demás suposiciones extravagantes sobre lo escéptico eran incapaces de sacudirla, decidí que podía aceptarlo sin ningún es- crúpulo como el primer principio de la filosofía que estaba buscando. (Descartes, 1637, en Cottingham, Stoothoff y Murdoch, 1985, p. 127) Si el pensamiento es la prueba final de nuestra existencia, es importante saber cómo y dónde pensamos. Para Descartes, nosotros pensamos con nuestra res cogitans (cosa pensante), la mente. Pero la mente es diferente del cuerpo. Es inextensa, libre y carente de sustancia. En contraste, el cuerpo es extenso y limitado y tiene sustancia. Existe, pro- puso Descartes, un dualismo de mente y cuerpo. Pero la mente y el cuerpo no sólo difie- ren en esas características, sino que también en sus funciones siguen diferentes leyes. Las acciones del cuerpo están gobernadas por principios y leyes mecánicas, el cuerpo no es más que una máquina muy compleja. Nuestros cuerpos en gran manera autorregulan sistemas físicos y desempeñan muchas funciones sin que participe nuestra mente. Noso- tros no tenemos que "desear" la digestión de la comida, tampoco tenemos que pensar antes de retirar una mano de una flama. Del mismo modo, no tenemos que pensar sobre cada respiración o cada latido del corazón. El cuerpo se encarga de esas funciones en forma automática. Así como Aristóteles fue influenciado por el agora cuando eligió un modelo para el corazón, la concepción de Descartes sobre el cuerpo como mecánico se originó en sus observaciones de las estatuas de cuerda que se arquean ante los transeúntes, los relojes con cucús que señalan la hora, las fuentes y otras "atracciones" que entonces eran popu- lares en las casas y jardines de la aristocracia. Una persona que paseaba por uno de esos jardines podía pisar un disparador que causaría que un oso mecánico o un maniquí saltara desde una posición oculta en algún extremo, que una fuente comenzara a rociar agua, que una gárgola saludara con una inclinación de su cabeza, o que sonara un ins- trumento musical. Una estatua de la diosa Diana tomando un baño, retrocedería modes- tamente defendida por Neptuno agitando su tridente. En la época de Descartes esas diversiones se consideraban muy entretenidas, pero a él le impresionaban más como modelos del cuerpo humano. Es lógico que el oso y el maniquí no pensaban antes de salir disparados, y Diana y Neptuno eran piedras inanimadas. Su comportamiento ocu- rría en una forma mecánica simple. En Traite de l'homme (Tratado del hombre, 1637), Descartes incluyó un grabado de las figuras de los jardines reales de Saint-Germain-en- Laye, y los mecanismos con que funcionaban. ¿Cómo funciona la máquina del cuerpo? Descartes creía que en el cuerpo había tubos huecos o filamentos diminutos que contenían aires sutiles, o hálitos, algunas veces llama- dos espíritus animales, que eran calentados y presurizados por el corazón y fluían de los órganos de los sentidos, dando origen a las sensaciones y a los movimientos. Todo esto ocurría en forma de un arco reflejo. Descartes pensaba que en el cerebro, el abrir y cerrar 48 Capítulo 2 de ciertos poros permitía o bloqueaba el paso de los espíritus animales. Este modelo con- cibe al sistema nervioso como un sistema hidráulico. En términos modernos, los poros representan el papel de las sinapsis, y los espíritus animales, el de los impulsos nerviosos. ¿Cuál es la diferencia entre nuestros cuerpos y otras máquinas? La respuesta de Des- cartes muestra la influencia de Galeno. La diferencia, dijo, es la complejidad. El cuerpo humano, por haber sido diseñado por Dios, es infinitamente más complejo que cual- quier máquina inventada por seres humanos. Por otra parte, ¿en qué se distinguen los cuerpos de los animales y los de los humanos? Según Descartes, mientras que los cuer- pos de los animales son gobernados únicamente por principios mecánicos, en los huma- nos la mente puede controlar el abrir o el cerrar de ciertos poros, así como controlar su orientación. De esta forma, mediante un ejercicio de la mente, se pueden controlar cier- tas acciones reflejas deí cuerpo. Lawrence de Arabia, por ejemplo, era capaz de sostener su dedo en la flama de una vela, y un trapecista con un solo brazo no se rasca la nariz mientras realiza su número. Ahora bien, si nuestras mentes controlan nuestros cuerpos, ¿en dónde se produce en realidad la interacción? ¿En qué lugar se localiza? Descartes concluyó que el sitio era una estructura del tamaño de un guisante ubicada en el cerebro, el conarium o glándula pineal. En esta estructura del cerebro, planteó, la mente ejercita sus funciones "más particular- mente que en otras partes" (Las pasiones del alma, Artículo XXXI). A esta conclusión llegó porque creía que la glándula pineal, a diferencia de la mayor parte de las otras estructuras cerebrales, no estaba en ambos lados del cerebro. Para Descartes una estructura unitaria parecía el lugar lógico en el que ocurrían las interacciones entre mente y cuerpo. Esta elec- ción fue simplemente un presentimiento, ya que no imaginaba cómo se producía la interacción, o cuáles eran en realidad las funciones de la glándula pineal. Incluso hoy en día no se conoce todo acerca de la glándula pineal. Se sabe, por un lado, que secreta pre- cursores de serotonina, los cuales son responsables de los ciclos de actividad y, por otro, que esta misma sustancia incrementa el contraste a la placa radiográfica con la edad. Con- secuentemente, se utiliza en muchas ocasiones como referencia para las radiografías cere- brales. De acuerdo con Descartes existían dos clases principales de ideas en la mente: las ideas innatas, que están presentes desde antes de nacer y no dependen de la experiencia, y las ideas derivadas, las cuales surgen de la experiencia. Ejemplos de las que Descartes consideraba innatas son las ideas del yo y de Dios; las concepciones del tiempo, del espacio y del movimiento, y los axiomas geométricos. Otras ideas provienen de la expe- riencia individual y están basadas en recuerdos de eventos pasados. Descartes creía que una experiencia particular produce alteraciones del sistema nervioso, o huellas neuronales, y que éstas tienen efectos en la mente cuando actúa para recordar otras experiencias. Para ejemplificar la forma en la que se producen los recuerdos utilizaba la siguiente analogía. El paso de los espíritus animales a través de ciertos poros en el cerebro los obliga a abrirse y con ello produce una representación permanente de su curso. Esos poros son semejantes a los hoyos que se hacen en una tela de lino cuando se perfora con una serie de agujas, que al ser retiradas dejan esos hoyos parcial o completamente abier- tos. El "recuerdo" de las agujas permanece. Cuando la mente busca o recuerda algo, este acto de volición provoca que la glándula pineal se incline primero hacia un lado y luego hacia el otro, con lo que los espíritus fluyen a diferentes regiones del cerebro. De esta manera se estimula la memoria en esas regiones del cerebro y con ello el surgimiento de recuerdos específicos. Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 49 Otra característica del ser humano de acuerdo con Descartes es que éste puede expe- rimentar pasiones que surgen del cuerpo, actúan en la mente de forma pasiva y condu- cen sin otra volición a acciones corporales. Según él, las seis pasiones primarias son admiración, amor, odio, deseo, alegría y tristeza. Todas las demás pasiones humanas son mezclas de las seis primarias. De acuerdo con Descartes, los animales no poseen mente, por tanto, son incapaces de tener un lenguaje o autoconciencia (Radner y Radner, 1989). Con este planteamiento marcó la división psicológica entre los humanos, que tienen ambos, lenguaje y autocon- ciencia, y todos los otros animales que no los tienen. Una consecuencia de la posición cartesiana, fue que se permitieran las disecciones de animales. Descartes efectuó muchos de esos estudios. Usualmente se le da el crédito por la primera descripción de la imagen retinal, publicada en 1637. Descartes extrajo el ojo de un buey, cortó una ventana en la parte posterior del mismo, y colocó un trozo de papel en la abertura. Al sostener el ojo hacia la luz, observó en el papel una pequeñísima imagen invertida de su habitación. De esta manera comprobó por primera vez la función de inversión del ojo. También practicó sin ningún escrúpulo moral o ético disecciones en animales vivos sin anestésicos (pues éstos fueron desarrollados hasta el siglo XIX), convencido de que carecían de sentimien- tos. Para él, sus chillidos y gritos no eran más que los silbidos hidráulicos y las vibracio- nes de sus máquinas (Jaynes, 1973, p. 170). La influencia de Descartes en la filosofía es ampliamente conocida, pero también influyó en forma importante en el desarrollo histórico de la psicología. Su afirmación de un dualismo mente y cuerpo proveyó un modelo que hasta la actualidad tiene seguido- res. La posición cartesiana de que diferentes principios y leyes gobiernan las acciones del cuerpo y las de la mente tiene implicaciones obvias para la psicología, la ciencia de la mente. Finalmente, su distinción entre ideas derivadas e innatas anticipó el paradigma de naturaleza y crianza que ha caracterizado a muchos sistemas psicológicos. Julien de La Mettrie (1709-1751) En 1748, casi 100 años después de la muerte de Descartes, Julien de La Mettrie publicó un trabajo titulado L'Homme machine (El Hombre Máquina) en el cual desarrolló una extensión del materialismo mecanicista. Él argumentó que las personas son sólo máqui- nas y que sus acciones se pueden explicar exclusivamente mediante principios mecáni- cos. De acuerdo con La Mettrie, el nombre se distingue de otros animales sólo por la complejidad de su maquinaria, no como Descartes había afirmado, porque tenga mente o, como los teólogos creían, porque posea alma. Atacó además la concepción del hombre como un animal racional, argumentando que a éste lo motiva únicamente la necesidad de buscar placer y evitar el dolor; es decir, es movido por impulsos hedonistas. En sus consideraciones sobre el pensamiento, La Mettrie creía que en los animales, al igual que en los humanos, están presentes ciertos grados de pensamiento. Describió la cognición como un continuum, presente en menor o mayor cantidad en los diferentes organismos. De acuerdo con su posición, decir que no existe racionalidad en primates y otros anima- les es tan erróneo como decir que existe la racionalidad perfecta en los humanos. Más específicamente, La Mettrie rebatió la suposición de que sólo los humanos eran capaces de adquirir y de utilizar un lenguaje simbólico, argumentando que si a un simio 50 Capítulo 2 Descartes, holgazanería social y dos beatles Uno de los premios de leer a Descartes y a construcciones que están a cargo y que son termi- varios de los otros hombres y mujeres pre- nadas por un solo arquitecto son por lo común más sentados en este libro, es descubrir sus atractivas y están mejor planeadas que aquellas insights psicológicos y su clara anticipación que varios han tratado de parchar adaptando pa- redes viejas construidas para diferentes propósi- a descubrimientos de investigaciones poste- tos. (Descartes, 1637, en Cottingham, Stoothoff y riores. Un buen ejemplo es la consideración Murdoch, 1985, p. 116) de Descartes que fue de gran creatividad y logro. Él concluyó que cuando las personas Pasaron cerca de 250 años antes de que trabajan solas, sus resultados usualmente son los psicólogos probaran el insiglit de Descar- superiores a cuando trabajan en grupo. En el tes. A primera vista los descubrimientos con- Discurso, Descartes describió cómo llegó a tradecían su conclusión. Norman Triplett esta conclusión: comparó los tiempos de ciclistas compitien- do entre ellos o compitiendo solos contra el En aquel tiempo yo estaba en Alemania, a donde había sido llamado por las guerras que todavía no reloj. Él encontró que en general lo hacían terminan. Mientras regresaba al ejército provenien- mejor cuando competían en grupo. Para pro- te de la coronación del emperador [Fernando II co- bar la generalidad de ese resultado, Triplett ronado en Frankfort en 1619], el comienzo del (1897) condujo lo que con frecuencia se dice invierno me detuvo en cuarteles donde, al no en- fue el primer experimento de psicología so- contrar con quién entretenerme conversando y sin cial (Aronson, 1972, p. XII). Él le pidió a algu- tener por fortuna pasiones que me atormentaran, nos niños que enrollaran carretes para pes- permanecía todo el día encerrado solo en una ha- car tanto tiempo y tan rápidamente como les bitación calentada por una estufa, donde era com- fuera posible. Encontró que lo hacían más pletamente libre para conversar conmigo mismo rápido y que trabajaban durante más tiempo sobre mis pensamientos. Entre los primeros que se me ocurrieron estaba el pensamiento de que por cuando lo hacían en pareja que cuando lo general no hay tanta perfección en los trabajos trabajaban solos. Este resultado se llamó compuestos de varias partes y producidos por va- facilitación social. Mientras muchos experi- rios artesanos diferentes como en los trabajos he- mentos confirmaron el efecto de facilitación chos por un solo hombre. Así vemos que las social, otros encontraron un desempeño de- se le ensenara el lenguaje por signos con el cuidado y la diligencia con la que común- mente se acostumbra enseñarlo a niños sordos, el simio mostraría clara evidencia de tener habilidad para utilizar el lenguaje. Después de su entrenamiento, dicho animal, afirmó La Mettrie, "no sería por más tiempo un hombre salvaje, ni un hombre defectuo- so, sino que sería un hombre perfecto, un pequeño caballero, con tanta materia o múscu- los como la que nosotros tenemos, para pensar y para beneficiarse por su educación" (La Mettrie, citado en Limber, 1982, p. 432). Por más de 200 años los puntos de vista y las sugerencias de La Mettrie continuaron siendo rechazados. El lenguaje se consideró un atributo exclusivo de los humanos, una función que incluso nuestros parientes primates más cercanos no son capaces de desarrollar. Sin embargo, investigaciones recientes reali- zadas por los psicólogos comparativos han demostrado que un gran número de chim- pancés puede adquirir un lenguaje simbólico (Parker y Gibson, 1990; Savage-Rumbaugh, Rumbaugh y Boysen, 1978). Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 51 Descartes, holgazanería social y dos beatles (continuación) teriorado en el trabajo en grupo, un efecto segundos producían dos veces más solu- llamado holgazanería social. Se encontró que ciones que las que trabajaban en grupos, y el esfuerzo por persona en el concurso del se juzgó que esas soluciones eran más creati- juego de la cuerda era menor en un grupo vas y originales. Resultados similares se ha- que cuando la gente competía sola (Dashiell, bían reportados en otros numerosos estudios 1935). Williams, Harkins y Latané (1981) le (Maier, 1967). En un experimento más inge- pidieron a estudiantes universitarios que gri- nioso sobre la relación entre la creatividad y taran tan fuerte como pudieran ya fuera in- el número de personas involucradas en el pro- dividualmente o en grupos. Los sujetos en yecto, Jackson y Padgett (1982) estudiaron 162 los grupos gritaban menos fuerte de lo que canciones escritas por dos de los Beatles, John lo hacían cuando estaban solos. Lennon y Paul McCartney. Se midió el éxito Pero ¿qué pasaba con conductas más de cada canción de acuerdo con las ventas y cognitivas? En solución de problemas, por la posición más alta que alcanzaron en las ejemplo, vemos una facilitación social o, como gráficas de música. Las canciones que escri- predijo Descartes, una holgazanería social. bieron solos fueron más exitosas de manera Taylor, Berry y Block (1958) compararon la consistente que las que escribieron juntos*, efectividad de la solución de problemas en una notable prueba contemporánea de la hol- grupos de cuatro personas "geniales" contra gazanería social y de la predicción hecha por la de los individuos que trabajan solos. Los Descartes muchos años antes. *A. D. Kornfeld (comunicación personal, 1994) sugiere que ocurre un fenómeno similar en las composi- ciones clásicas. Un ballet escrito por el grupo francés "Les Six" a principios del siglo XX, incluyendo Ravel, Milhaud y Poulenc, y una colaboración en una sonata de violín de Schumann, Brahms y Joachim, tuvieron menos éxito del que se podía esperar con base en los trabajos de cada uno de estos composito- res cuando trabajaban solos. FILOSOFÍA POSRENACENTISTA: EMPIRISMO, ASOCIACIONISMO YNATIVISMO Los primeros empiristas Durante los años posteriores al Renacimiento se efectuaron sendos avances en la filoso- fía que finalmente aportaron los fundamentos de la psicología. Los primeros empiristas, Thomas Hobbes, John Locke y George Berkeley, hicieron hincapié en los efectos de la experiencia sobre una mente pasiva. Los empiristas tardíos, David Hume, David Harthey y James y John Stuart Mili, consideraban el papel de la mente activa en la formación de asociaciones, y así preparaban el escenario para el estudio psicológico del aprendizaje y la memoria. Sin embargo, los filósofos de Alemania, Gottfried Wilhelm von Leibniz 52 Capítulo 2 Inmanuel Kant, perpetuaron el nativismo al postular que los contenidos de la mente no son sólo producto de la experiencia, sino que están influenciados por su estructura innata. Thomas Hobbes (1588-1679) Thomas Hobbes conoció a Galileo y a Descartes. Él no sólo anticipó el empirismo britá- nico y fue la principal influencia en el pensamiento filosófico y político del siglo XVII, sino que también estudió los contenidos de la mente y sostuvo una visión de la naturaleza humana que los pensadores del siglo XX aún siguen citando. Esta visión de la naturaleza humana sentó las bases de sus teorías sociales y políticas respecto a los orígenes de la organización de los grupos. ¿Por qué los humanos se reúnen en grupos? Y una vez que lo hacen, ¿cómo logran permanecer juntos? Según Hobbes, como nosotros somos básica- mente animales agresivos, en el pasado se unieron pequeños grupos de personas para protegerse entre ellos de las agresiones de otros. Sin embargo, la proximidad social de los miembros individuales incrementó la posibilidad de agresiones internas auto- destructivas, y la única forma en la que se podía mantener la integridad del grupo era mediante la existencia de una autoridad fuerte y centralizada, pues de lo contrario no existirían las artes, el lenguaje y la sociedad, y lo peor de todo es que se experimentaría un miedo continuo al peligro de una muerte violenta, y la vida del hombre sería solitaria, pobre, repugnante, salvaje y corta. (Hobbes, 1650/1951, p. 85) En el Leviathan (1651), Hobbes argumentó que el poder centralizado que su análisis de la conducta humana había mostrado como esencial, debería ser representado por una monarquía hereditaria cuya característica principal era que los reyes y reinas pretendían haber sido elegidos por Dios y estar dominados sólo por Él. Con base en esto el rey Luis XIV de Francia proclamó, "El homenaje se debe a los reyes; ellos hacen lo que les plaz- ca". Sin embargo, para Hobbes este tipo de monarquía era esencial para cualquier siste- ma de gobierno, no por derecho divino de los reyes, sino porque la designación de los sucesores no se disputaría, y de esa forma se evitaría la posibilidad de conflicto. Hobbes tradujo su postura en acciones políticas al apoyar al rey Carlos I en la guerra civil de 1642 a 1646 en contra de los revolucionarios cuyo líder era Oliverio Cromwell. Los monar- quistas fueron derrotados en 1646; Carlos I fue encontrado culpable de traición y ejecu- tado en enero de 1649. Después de que Cromwell estableció un gobierno republicano, Hobbes se retiró al exilio político en Francia y se convirtió en tutor del futuro Carlos II. Después de la restitución de la monarquía y la coronación de su antiguo estudiante en 1660, Hobbes regresó a Inglaterra y obtuvo un puesto en el servicio diplomático. La visión de Hobbes de la naturaleza humana se refleja en el pensamiento de los sociobiologistas contemporáneos. David Barash (1977) señaló que es difícil para un ser humano que está desnudo y no está armado matar a otro ser humano. Nosotros, a dife- rencia de otros animales, carecemos de equipo letal para aniquilar, también carecemos de las inhibiciones biológicas que tienen otras especies contra el crimen intraespecie. No obtante, en la actualidad, al disponer de armas y de equipo que permiten matar a distan- cia, nos encontramos en un lío evolutivo mortal. Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 53 John Locke (1632-1704) John Locke fue el primer empirista británico importante. Nació en la villa campestre de Wrington el 29 de agosto de 1632. Su padre, un fiscal de pueblo y pequeño terrateniente, mostró una gran ternura y afecto para sus dos hijos, pero se aseguró de que aprendieran a ejercitar virtudes puritanas como la sobriedad, la disciplina y el empeño. Así, Locke aprendió a amar la simplicidad y a odiar el exhibicionismo y los ornamentos excesivos. En 1647, Locke entró a la escuela de Westminster, contigua a la abadía de Westminster en Londres, donde recibió una educación clásica rigurosa que enfatizaba el aprendizaje del griego y el latín. Sin embargo, Locke y sus condiscípulos, también debían entender los eventos políticos del momento que estaban ocurriendo, algunas veces casi literalmente, del otro lado del muro del patio de su escuela. Carlos I fue enjuiciado en el vestíbulo de Westminster, y es muy probable que Locke haya presenciado la ejecución, pues se sabe que uno de sus contemporáneos, Samuel Pepys, asistió a ella debido a que registró el evento en su diario. Esos eventos políticos debieron afectar a un niño de la inteligencia y la sensibilidad de Locke, pero a pesar de esas distracciones fue un excelente estudiante. En 1647 fue nombrado erudito del rey, y en 1652 fue elegido para una beca juvenil en la Iglesia de Cristo, en Oxford. Durante los tres años siguientes, Locke hizo de Oxford su hogar. Como estudiante se sintió atraído de forma especial por la investigación en medi- cina, pero aunque estaba calificado como médico nunca ejerció la profesión pues su oca- sional práctica nunca fue por dinero. Locke encontró la filosofía que se enseñaba en Oxford estéril y torpe, y aunque reco- nocía que Descartes había sido una influencia liberadora en su desarrollo intelectual, el 54 Capítulo 2 puritano consideraba al católico con recelo. En particular, consideraba inaceptables la doctrina cartesiana de las ideas innatas y la concepción de los animales como autómatas. Rechazó también la especulación pura como método de investigación y, en cambio, sin duda influenciado por haber sido elegido como miembro de la Royal Society, apoyaba los métodos experimentales observacionales que habían desarrollado científicos como Harvey y Newton. Locke había leído las consideraciones de Newton sobre las demostra- ciones de su prisma de cristal triangular expuestas anteriormente. La elegancia y la pre- cisión de esa demostración le llevaron a adoptarla como modelo para su trabajo. Incluso hasta hoy, la psicología modela sus criterios de rigor científico en la física newtoniana. En 1667 Locke se asoció con Lord Ashley, quien más tarde sería el conde de Shaftesbury, una figura política inglesa de cierta importancia. Locke trabajó con él como su consejero, secretario, médico de la familia y tutor de su hijo. Tiempo después Shaftesbury lo nom- bró su secretario de presentaciones, una categoría que lo colocó en el centro de los even- tos políticos. Cuando la influencia política de Shaftesbury declinó, fue encarcelado en la Torre de Londres, en donde permaneció hasta que tuvo la fortuna de escapar y encontrar asilo en Holanda. Por su cercana asociación con el conde, Locke también temía ser perse- guido, y en 1683 huyó a Holanda. En 1688, después del derrocamiento del rey James II por William de Orange, Locke regresó a Inglaterra a la edad de 56 años. Dada su experiencia, como se puede comprender, Locke continuó interesado en la política y el gobierno. Un año después de su retorno a Inglaterra publicó su trabajo polí- tico más importante, Dos tratados sobre el gobierno (1689/1960). Locke consideraba al go- bierno como basado en un contrato social entre los gobernantes y los gobernados, y de acuerdo con él, el Estado tiene la obligación de proteger a sus ciudadanos y de preservar ciertos derechos inalienables: libertad personal, igualdad ante la ley e igualdad religiosa, aunque no estaba seguro de que esa igualdad debiera extenderse a los católicos. Para prevenir la pérdida de esos derechos, Locke proponía que se limitara el poder del Estado mediante un sistema de restricciones y balances, y con la división del gobierno en pode- res ejecutivo, legislativo y judicial. Según su punto de vista, el abuso constante del poder por parte del gobierno haría que se rompiera el contrato y se alterara la confianza puesta en él, y así podría ser derribado. Ningún europeo aplicó las ideas ilustradas de Locke en los principios de gobierno de una nación, pero sí tuvieron reconocida influencia en los autores de la constitución estadounidense. Cuando Washington, Hamilton, Madison y Franklin se reunieron en la Convención Constitucional en Filadelfia, en el verano de 1787, los Dos tratados sobre el gobierno de Locke les sirvieron como guía. Asimismo, la afirmación de Locke respecto a la dignidad y el valor del individuo, y su defensa del respeto por los derechos fundamentales del ser humano han sido retomados en los códi- gos de ética profesional del siglo XX, incluso en los Principios éticos de los psicólogos que en la primera oración del Preámbulo tiene un carácter lockeano distintivo: Los psicólogos respetan la dignidad y el valor del individuo y procuran la preservación y la protección de los derechos humanos fundamentales. Están comprometidos a incremen- tar el conocimiento de la conducta humana y la comprensión de sí mismos y de los otros y a utilizar ese conocimiento en la promoción del bienestar humano. Mientras persiguen estos objetivos, se esfuerzan en proteger el bienestar de quienes buscan sus servicios y de quienes participan en investigaciones que pueden ser el objeto de su estudio. Utilizan sus habilidades sólo con propósitos congruentes con estos valores y no permiten que nadie, deliberadamente, haga mal uso de ellos. (APA, 1981, p. 633) Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 55 La filosofía de la educación de Locke En contraste con la postura hobbesiana de que los seres humanos son animales agresi- vos, Locke tenía una visión mucho más optimista y liberal de la humanidad. Él creía que el estado original de la naturaleza de los humanos es la bondad y que todas las personas nacen con el mismo potencial, es por eso que proponía una educación crítica. Según él, todos los niños debían tener acceso a una buena educación. Los planteamientos de Locke acerca de la educación fueron publicados en 1693 con el título de Algunos pensamientos concernientes a la educación, un libro escrito con un propósito específico y limitado. Du- rante su exilio en Holanda, Locke mantuvo correspondencia con Edward Clarke, un caballero inglés que le escribía para pedirle consejo respecto a la educación de su hijo de ocho años de edad. Las cartas de Locke dieron forma al primer borrador de su libro. De acuerdo con Locke, los niños son lo que son por las experiencias que han tenido. Cuando son pequeños, los niños son "viajeros que arriban a un país extraño del que no saben nada" (Locke, 1693/1964, p. 173). En el momento de nacer las gavetas de sus mentes están vacías, y sólo se llenarán mediante la experiencia. Como empirista, Locke negaba la existencia de tendencias innatas, disposiciones o miedos en los niños. ¿Por qué, entonces, existen tantos niños que tienen miedo de la oscuridad? De acuerdo con él: "Si a los niños se les dejara solos no estarían más asusta- dos en la oscuridad que en pleno sol; para ellos, en cambio, sería tan bienvenida la pri- mera para dormir como lo segundo para jugar" (1693/1964, p. 149). Pero con frecuencia este no es el caso. Si, por ejemplo, una niñera insensata le dice a los niños que las brujas, los fantasmas y los duendes están en la noche afuera de las casas buscando a niños ma- los, es probable que les haga sentir miedo de la oscuridad. De forma similar, Locke decía que los niños están acostumbrados a recibir su "alimento y un trato amable" de única- mente una o dos personas. Si tuvieran que estar expuestos a mayor número de gente, se irían a los brazos de un extraño con la facilidad con que lo hacen hacia los brazos de los padres. De acuerdo con Locke, las únicas cosas a las que de forma innata tememos son el dolor y la pérdida del placer. A través de la experiencia aprendemos a evitar objetos que se asocien con cualquiera de estas consecuencias: La placentera brillantez y el brillo de las flamas y del fuego deleitan tanto a los niños, que al principio siempre desean tocarlos. Pero cuando la experiencia constante los ha conven- cido del exquisito dolor que pueden causar y lo cruel y despiadado que es, aprenden a temer tocarlos y a evitarlos cuidadosamente. (Locke, 1693/1964, p. 151) ¿Por qué a tantos niños les disgusta la escuela y la lectura de libros? Porque, dijo Locke, la escuela y los libros están asociados con castigos y palizas, prácticas que eran rutinarias en algunos salones de clases británicos hasta la mitad del siglo XX. De esta forma se adquieren los miedos. Locke también dio instrucciones explícitas de cómo "eliminar terrores vanos". Para ello usó el ejemplo de un niño que tenía miedo a las ranas, e instruyó a los padres para tratar este temor de la siguiente manera: Su niño chilla y huye cuando ve una rana; dejen que otro la atrape y la suelte a una buena distancia de él; al principio acostúmbrenlo a mirarla, y a verla saltar sin ninguna emoción; luego a tocarla suave y rápidamente mientras otro la sostiene en la mano; y continúen 56 Capítulo 2 haciéndolo hasta que él pueda sostenerla con tanta confianza como lo haría con una mari- posa o un gorrión. De la misma forma se puede eliminar cualquier otro terror vano si se toman precauciones, no vaya usted demasiado rápido, y no empuje al niño a un nuevo grado de confianza, hasta que haya confirmado, de manera minuciosa, el previo. Y de esta forma se entrenará al joven soldado para la guerra de la vida. (Locke, 1693/1964, p. 151) La postura de Locke acerca de la adquisición y el tratamiento de los temores es nota- blemente familiar a la de John Watson (capítulo 13), y el procedimiento que Locke defen- día es casi idéntico al utilizado por Watson y su colega Mary Cover Jones al hacer que un niño pequeño venciera el miedo a los animales (Watson, 1928a). Ensayo sobre el entendimiento humano de Locke Durante los años de confusión política Locke continuó trabajando en su Ensayo sobre el entendimiento humano. Este trabajo, que marca el inicio formal del empirismo británico, ha probado ser de gran importancia en la historia de la psicología. La historia de cómo se escribió es instructiva. Durante sus años de participación política Locke asistía a semina- rios en los que se debatían temas de filosofía, ciencia y política. Con frecuencia estas sesio- nes terminaban en controversias que parecían imposibles de resolver. Locke se dio cuenta de que antes de intentar resolver esas diferencias, debían descubrir las características del conocimiento y del entendimiento humano, y se debían establecer los criterios que per- mitieran que el conocimiento cierto y el incierto fueran separados. Esta revisión presentó más dificultad que la esperada. La enorme amplitud de la tarea, que estuvo asociada con disrupciones causadas por la participación política de Locke, demoró una conclusión hasta 1690, cuando, a la edad de 57 años publicó la primera edición de Ensayo sobre el entendi- miento humano. El trabajo de Locke fue publicado sólo tres años después de los Principia de Newton (1687). Newton había descrito un majestuoso y preciso universo que sigue un solo con- junto de reglas. El objetivo era encontrar un conjunto similar de reglas para la mente humana. Su objetivo era "refractar" la conciencia en sus elementos básicos, igual que Newton había refractado la luz. Una vez que los elementos básicos de la conciencia fue- ran encontrados, Locke esperaba dar cuenta de sus interacciones y combinaciones. El sistema de Locke, al igual que el de Newton, es atomista y reduccionista. Para él, los elementos básicos de la mente son las ideas, las cuales provienen de una sola fuente —la experiencia—. Contrario a Descartes, él rechazaba la noción de las ideas innatas. En un pasaje citado con frecuencia Locke afirmó: Supongamos que la mente es, como nosotros decimos, un papel en blanco, vacío de carac- teres, sin ninguna idea: ¿cómo se llena? ¿De dónde procede el vasto acopio, que la ilimita- da y activa imaginación del hombre ha grabado en ella con una variedad casi infinita? A esto respondo con una palabra: de la experiencia. En ella está fundado todo nuestro cono- cimiento, y de ella se deriva todo en último término. (Locke, 1690/1975, p. 104) La analogía con el papel blanco sin caracteres no fue original de Locke. Como se mencionó en el capítulo 1, Aristóteles había conceptualizado la mente en el momento del Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 57 nacimiento como una tabla en blanco y había enfatizado el papel de la experiencia. No obstante, la afirmación de Locke es una muestra clásica de la posición empírica. En nuestra experiencia existen, de acuerdo con Locke, dos surtidores de ideas: las sensaciones, provenientes del contacto con objetos externos "sensibles", y la reflexión, una operación interna de la mente. Estas dos son "fuentes de conocimiento de donde todas las ideas que tenemos, o que podemos tener de manera natural, brotan" (Locke, 1690/1975, p. 104). Estas dos fuentes de conocimiento nos dan información sobre el mundo externo (sensaciones) y conocimiento de las operaciones de nuestra propia mente. En la presencia de una flor, nosotros vemos su color, olemos su fragancia y sentimos su con- tacto. Estas sensaciones nos proveen de ideas sobre la flor. Pero también podemos re- flexionar sobre ella. Podemos pensar en ella cuando no está presente de forma física, y de esa manera tenemos ideas que son independientes de las sensaciones. Para Locke, la sensación y la reflexión son las únicas fuentes de ideas de la mente. Toda idea en la mente fue alguna vez una sensación o una reflexión. Así como los griegos de la antigüe- dad lo hicieron, Locke se percató de que nuestras sensaciones no siempre son confiables. Él citó el ejemplo de una persona que sufría de ictericia amarilla, por lo que el mundo aparecía ante sus ojos igualmente amarillo; en consecuencia, las ideas de esa persona eran falsas porque se basaban en sensaciones enfermas. De la misma manera, mirar el mundo a través de vidrios de colores producirá impresiones falsas. Para probar este punto Locke propuso la siguiente demostración. Tome tres recipientes, uno con agua fría, otro con tibia y uno con agua caliente. Acomódelos en hilera sobre una mesa. Colo- que una mano en el agua fría y la otra en la caliente. Una mano, por supuesto, siente frío y una siente calor; sus ideas respecto a las temperaturas de los dos recipientes son correc- tas. Después de que sus manos hayan estado en el agua cerca de treinta segundos, saque ambas y colóquelas juntas en el recipiente de agua tibia. Las sensaciones son incómodas y confusas. En una mano el agua se siente fría y en la otra se siente caliente, aun cuando están en el mismo recipiente. Sensaciones conflictivas dan falsas (ilusorias) ideas acerca de la temperatura del agua.* De acuerdo con Locke, las ideas son simples o complejas. El mismo objeto puede proporcionar un gran número de diferentes ideas simples —nosotros vemos al mismo tiempo el movimiento y el color, o la mano siente tanto la suavidad como la calidez— y esas ideas simples se asocian para formar una idea compleja. Las ideas llegan a asociarse como resultado de la experiencia. La mente llega a obtener ideas complejas de ideas simples en un gran número de maneras diferentes: 1. Combinando un cierto número de ideas simples en una idea compleja. 2. Juntando dos ideas simples y observando la relación entre ellas. 3. Separando las ideas simples de otras ideas que las acompañan (proceso de abstrac- ción). *Arnold, Winer y Wickens (1982) reportaron que tanto los niños como los adultos experimentan la ilusión del agua de Locke, pero la interpretan de diferente manera. Los niños creen que existe una diferencia real en la temperatura del agua, mientras que los adultos generalmente reconocen que la diferencia percibida en la tem- peratura es una ilusión. En una ingeniosa prueba los experimentadores le preguntaban a los niños y a los adultos qué pasaría si el recipiente que contenía el agua fuera rotado 180 grados y sus manos fueran introdu- cidas nuevamente en él. Los niños contestaron que la otra mano se sentiría más tibia; los adultos mantenían que alterar la orientación del recipiente no tendría ningún efecto (Arnold, Moye y Winer, 1986, p. 257). 58 Capítulo 2 El modelo de Locke de la mente humana fue el de un compuesto químico, al parecer influenciado por la demostración del químico de Oxford, Robert Boyle, treinta años an- tes de que se conocieran los elementos y los compuestos químicos. Pero, ¿cuáles serían los contenidos de la mente si nuestra experiencia hubiera estado restringida de alguna manera y tales procesos no hubieran ocurrido? En uno de los pasa- jes más fascinantes del Ensayo, Locke presentó las especulaciones de su amigo, el "ins- truido y respetable Mr. Molyneux de Dublín", relativas a las reacciones de un hombre ciego al que de pronto se le hiciera ver, cuando por primera vez se encontrara de manera visual con objetos familiares. Wiliam Molyneux (1656-1698) le escribió a Locke: Imagine a un hombre que nació ciego, ahora adulto, que aprendió a distinguir mediante el tacto la diferencia entre un cubo y una esfera del mismo metal y de tamaños muy pareci- dos, al que se le pide que tocando cada uno responda, cuál es el cubo y cuál es la esfera. Suponga entonces que el cubo y la esfera están colocados sobre una mesa, y que el hombre ciego los puede ver. En ese momento depende de su vista. ¿Podría ahora saber antes de tocarlos, cuál es la esfera y cuál es el cubo? A lo que el agudo y juicioso proponente contes- ta: No. Porque él ha obtenido la experiencia de cómo una esfera o cómo un cubo afecta su tacto; pero todavía no ha obtenido la experiencia de que, lo que afecta su tacto de una u otra manera, debe afectar su vista de una u otra manera. O que un ángulo saliente del cubo que su mano percibió de manera desigual al presionarlo, debe aparecer a su ojo de la misma forma como lo hace en el cubo. (Carta de Molyneux, citado en Locke, 1690/1975, p. 146) Locke estuvo de acuerdo con la intrigante hipótesis de Molyneux de que una persona que nació ciega y a la que se le hiciera ver no sería capaz de distinguir el cubo y la esfera durante algún tiempo. Esa persona necesitaría la experiencia del mundo visual antes de tener ideas basadas en sensaciones visuales. Locke escribió: Estoy de acuerdo con este caballero pensante, al cual estoy orgulloso de llamar mi amigo, en su respuesta a este su problema, y soy de la opinión de que un hombre ciego, a primera vista, no sería capaz de decir con certeza cuál es la esfera y cuál es el cubo, sólo con verlos. Aunque pueda nombrarlos de manera infalible por su tacto, y ciertamente distinguirlos por la diferencia de las figuras sentidas. (Locke, 1690/1975, p. 146) Ya en el siglo XVIII, los cirujanos que habían aprendido a remover cataratas congénitas proporcionaron pruebas dramáticas para la hipótesis de Molyneux. En 1728 un cirujano inglés, William Cheselden (1688-1752), reportó a la Royal Society sus observaciones de un joven caballero, ciego de nacimiento, que fue operado entre los 13 y 14 años de edad. Inmediatamente después de la operación el niño era incapaz de nombrar nada de lo que veía, pero, al parecer, podía distinguir figuras y aprender sus nombres. Después de car- gar a un gato, lo miró con atención y dijo, "Así que minino ¡Debí conocerte en otro mo- mento" (Chesselden, citado en Morgan, 1977, p. 17). Un gran número de casos semejantes del siglo XVIII fueron analizados por Denis Diderot (1713-1784) en su "Carta sobre el Cie- go" (1749). La carta de Diderot termina con una afirmación poética sobre nuestra igno- rancia de la realidad última, visión por la que fue arrojado a un calabozo en Vincennes por órdenes del rey de Francia. En 1910 un cirujano llamado Moreau resumió sus experiencias con un niño de ocho años de edad "ciego de nacimiento y al que se le hizo ver": Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 59 Sería un error suponer que un paciente al que se le ha restaurado la vista con una interven- ción quirúrgica podrá en seguida ver el mundo externo. Los ojos ciertamente han obtenido la capacidad de ver, pero el empleo de esta capacidad, que como un todo constituye el acto de ver, todavía se tiene que adquirir desde el principio. La operación en sí no tiene más valor que el de preparar a los ojos para ver; la educación es el factor más importante. (Moreau, 1910, en Senden, 1960, p. 160) Un apoyo contemporáneo para la respuesta de Locke a la pregunta de Molyneux puede encontrarse en el resumen de Maurice von Senden sobre las experiencias visuales de 65 pacientes con cataratas congénitas cuya visión fue restaurada. En general, estas personas no experimentan el ordenado mundo visual de las personas que ven. Al princi- pio están confundidos por los estímulos visuales extraños y sólo pueden identificar ob- jetos familiares tocándolos. Inicialmente responden a los espejos como si se confrontaran con otra persona y reaccionan al espacio del espejo como si fuera real. Las asociaciones entre las sensaciones y los nombres de los objetos deben ser formadas mediante la expe- riencia. En muchos casos se forman sólo con gran dificultad. Richard Gregory (1974) describió el caso de S. B., un hombre de 52 años de edad que recuperó la vista mediante un trasplante de córneas en ambos ojos. Antes de la cirugía este hombre inteligente, activo y curioso trabajaba como mecánico y era muy hábil. Al ser operado se convirtió en un hombre confundido, deprimido e incapaz de trabajar, que nunca pudo ajustarse al mundo visual y se suicidó dos años después. El sucesor inmediato de Locke en el empirismo británico fue George Berkeley. En nuestras consideraciones sobre la historia de la psicología, encontraremos un gran nú- mero de pupilos o sucesores que adoptaron posiciones más radicales que las de sus maes- tros o predecesores. Ése fue, ciertamente, el caso de Berkeley, de quien se debería decir que encasilló a Locke. George Berkeley (1685-1753) George Berkeley fue un niño brillante y precoz que ingresó a Trinity College, Dublín, en 1700, a la edad de 15 años, y escribió un tratado sobre matemáticas euclidianas antes de cumplir los 20. Aunque estaba profundamente influenciado por Locke, el desarrollo in- telectual de Berkeley siguió un curso diferente. Locke escribió su trabajo más importan- te, Ensayo sobre el Entendimiento Humano, cuando estaba al final de sus años cincuenta; Berkeley realizó su contribución más importante y creativa mientras estaba en sus años veinte. Él estaba muy consciente de esta diferencia y de forma más bien arrogante, se preguntaba cómo había sido posible para Locke escribir un trabajo tan importante a la avanzada edad de 57 años. Berkeley era un escritor formidable y contundente. Publicó sus tres trabajos más im- portantes en un periodo de cuatro años: Ensayo hacia una nueva teoría de la visión en 1709, Tratado sobre los principios del conocimiento humano en 1710, y Tres diálogos entre Hylas y Filanio en 1713. En el Tratado, Berkeley presentaba una extensión radical de la filosofía de Locke que se conoce como idealismo subjetivo o inmaterialismo. En acuerdo con Locke, argumentaba que todo el conocimiento del mundo externo proviene de una sola fuente: la experiencia. Pero Berkeley avanzó un paso más y afirmó que la existencia del mundo externo depende por completo de la percepción. La materia, de acuerdo con Berkeley no 60 Capítulo 2 existe en sí ni en sí misma; existe porque es percibida. Su afirmación se resume en la fórmula del latín Esse est percipi (Ser es ser percibido). Para entender la posición de Berkeley se pueden repasar sus argumentos utilizando un objeto familiar como una manzana. Tanto Locke como Berkeley argumentaban que todo lo que sabemos de una manzana proviene originalmente de nuestras sensaciones: lo que vemos, olemos, gustamos, senti- mos y experimentamos ante su presencia. Pero luego Berkeley afirmó que su existencia depende de que sea sentida o percibida y aún más, que la existencia de todo el mundo tiene el mismo requerimiento. Él escribió: Algunas verdades existen tan cerca y son tan obvias para la mente, que el hombre sólo necesita abrir sus ojos y verlas. Así,, yo tomo como importante para uno, ser, saber, que todo el coro del cielo y todo el mobiliario de la Tierra en una palabra, todos aquellos cuer- pos que componen el posible sustento del mundo, no tienen ninguna subsistencia sin una mente, que su ser tiene que ser percibido o conocido. (Berkeley, 1709, en Berkeley, 1820, Vol. 1, p. 27) Bertrand Russell capturó la esencia de la afirmación de Berkeley en este intercambio entre un observador y un escéptico idealista subjetivo: Una persona mira hacia afuera de la ventana y observa que puede ver tres casas. Regresa a la habitación y dice "tres casas son visibles desde la ventana". El escéptico diría "tú quieres decir que tres casas eran visibles". El otro replicaría "pero no pudieron desaparecer en este pequeño momento". El observador puede volver a ver y decir "sí, ahí siguen". El escéptico replicaría: "admito que cuando miraste nuevamente ahí estaban otra vez pero, ¿qué te hace pensar que estuvieron ahí en el intervalo? El observador sólo puede contestar "por- que yo las veo siempre que miro hacia allá". El escéptico diría "entonces tú debes inferir que la causa de que estén es tu mirada. Uno nunca tendría éxito al tratar de demostrar lo contrario, porque no es posible averiguar cómo se ven las casas cuando nadie las está mirando". (Russell, 1940, p. 286) La afirmación de que la materia no existe sin una mente es una afirmación temeraria y es obviamente importante para la psicología, una disciplina que fue definida en sus inicios como la ciencia de la mente. Sin embargo, las afirmaciones de Berkeley invitan a ser ridiculizadas y malinterpretadas porque parecen ser contrarias al "sentido común". Berkeley estaba consciente de que su trabajo podía provocar esa reacción, así que de forma deliberada omitió toda mención de la no existencia de la materia en la portada, la dedicatoria, el prefacio y la introducción del Tratado. Le suplicó, además, a su lector "sus- pender su juicio" hasta haber leído el libro en su totalidad, con la esperanza de que la noción "tomara al lector desprevenido", el que posiblemente nunca hubiera leído la obra si hubiera sabido que contenía tales paradojas (Berkeley, 1710, en Luce y Jessop, 1949, Vol. 1. p. 23). ¡Ay¡ si tal no fuera el caso. Cuando se publicó el Tratado en Dublín (1709) y en Londres (1711), Berkeley fue acusado de insensatez, de solipsismo (la postura filosó- fica de que sólo se puede probar que existe el yo), y de haber perpetrado un reductio ad absurdum, Gottfried Wilhelm von Leibniz lo acusó de buscar notoriedad con sus parado- jas, mientras que el filósofo estadounidense Samuel Johnson refutó la afirmación de Berkeley de que la materia no existe, pateando una piedra, y manifestando que una experiencia similar aclararía la cabeza de Berkeley de tal disgregación de pensamiento. Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 61 En un gran número de cartas (Correspondencia Filosófica, Luce y Jessop, 1949, Vol. 1, pp. 271-294), Johnson fue más allá en el cuestionamiento de la afirmación de Berkeley de que las cosas existen sólo cuando son percibidas, citando el ejemplo de un incendio. Cuando nosotros encendemos una fogata y luego abandonamos la habitación, ninguna mente la percibe por algún tiempo; aun así, al regresar es posible que veamos un gran tablón consumido como combustible. Con seguridad podremos concluir que la fogata continuó ardiendo, esto es, que existió durante nuestra ausencia. O consideremos el ár- bol del jardín; ¿deja éste de existir cuando el jardín está desierto? Los pájaros que anidan en el árbol ciertamente se sorprenderían ante la afirmación de que el árbol no existe. Berkeley respondió a tan ingeniosa crítica afirmando que la fogata continúa ardiendo y que el árbol existe cuando no existe nadie que los perciba porque continúan siendo percibidos en la infinita mente de Dios. Berkeley consideraba la sola permanencia del mundo material como prueba definitiva de la existencia de Dios, una prueba que espera- ba contraatacaría el escepticismo al que consideraba una consecuencia inevitable de la visión newtoniana del Universo sólo como una máquina automática gigante. En el siglo XX esta fase de su pensamiento fue capturada de forma nítida en la siguiente quintilla humorística del teólogo Ronald Knox relativa a un árbol de una de las secciones de la Universidad de Balliol, Oxford: Había un hombre joven que dijo, Dios ¿Ahora no te parece disparejo Que este gran nogal Simplemente deje de ser Cuando no hay nadie cerca de la sección? La respuesta para el joven llegó por medio de una carta: Estimado Señor, Realmente no es en todo disparejo Yo siempre estoy cerca de la sección Y el gran nogal Nunca deja de ser En la mente del siempre sinceramente, Dios. (LANDA, 1981, p. 22) La mayoría de los contemporáneos de Berkeley no eran tan sabios ni tan comprensi- vos, y consideraron absurdos sus planteamientos un ejercicio filosófico inútil. Mientras que el Tratado está abierto a la crítica, de manera general se coincide en que la teoría que Berkeley perfiló en el Ensayo hacia una nueva teoría de la visión es un argumento destacado en el debate clásico entre el nativismo y el empirismo. El libro también se pue- de considerar como el primer trabajo de óptica fisiológica, una disciplina definida por Hermann von Helmholtz (capítulo 3) un siglo y medio más tarde. La preocupación de Berkeley en el Ensayo fue la percepción visual, de forma especial el problema de la consi- deración de la percepción de profundidad. En Diálogos Berkeley formuló el problema: Es, creo yo, un acuerdo de todos que la distancia en sí misma y de manera inmediata, no se puede ver. Al ser la distancia una línea dirigida en forma longitudinal hacia el ojo, provee- 62 Capitulo 2 ta sólo un punto en el fondo [retina] del ojo, dicho punto permanece invariablemente igual aunque la distancia sea más larga o más corta. (Berkeley, 1709, en Berkeley, 1820, Vol. 1, p. 237) Pero la percepción de la distancia es una habilidad que somos capaces de utilizar, comúnmente en forma notable. Pensar en aplicar los frenos de un carro para hacer una parada uniforme en un semáforo o para detenerse detrás de un vehículo más lento. Dado que nosotros obviamente percibimos la profundidad, ¿cómo lo hacemos? La respuesta de Berkeley fue que mediante la experiencia aprendemos a utilizar ciertas indicaciones de profundidad. Él describió un gran número de esas indicaciones: interposición, juzga- mos que los objetos que esconden parcial o completamente a otros están nías cerca; ta- maño relativo, juzgamos que los objetos más grandes están más cerca; claroscuro, las gradaciones de luz y sombra con frecuencia son utilizadas por los artistas para sugerir profundidad en sus pinturas; y finalmente, movimiento de los ojos conforme los objetos se acercan o se alejan de nosotros. La descripción de Berkeley de esta última indicación es especialmente explícita. Él escribe: Es cierto por experiencia que cuando miramos a un objeto con ambos ojos, de acuerdo a cómo se aproxima o se retira de nosotros, alteramos la disposición de nuestros ojos me- diante la disminución o la ampliación del intervalo entre las pupilas. Esta disposición o cambio de los ojos está acompañada de una sensación, la cual me parece es aquella que, en este caso, conlleva la idea de mayor o menor distancia para la mente. (Berkeley, 1709, en Berkeley, 1820, Vol. 1, p. 241) Si Berkeley hubiera realizado pruebas experimentales de su teoría de la visión, como los psicólogos contemporáneos lo hacen, hubiera encontrado apoyo empírico para su teoría y también hubiera sido el primer psicólogo experimental. En lugar de eso, des- alentado por las frecuentes reacciones hostiles a su trabajo, dirigió su interés hacia otras preocupaciones. En 1720 se involucró en la fundación de una universidad en el Nuevo Mundo, lejos de lo que consideraba la degeneración del Viejo Mundo. Su objetivo era "convertir a los americanos salvajes al cristianismo mediante el establecimiento de una universidad en las Islas Summer, también conocidas como las Islas de Bermuda" (Berkeley, 1820, Vol. 1, p. VII). Con ese fin utilizó su encanto y su influencia para asegurar un subsi- dio real para la universidad, una contribución del primer ministro de Inglaterra, y la promesa de un subsidio del parlamento de varios miles de libras. Berkeley abandonó Inglaterra con grandes esperanzas, para establecerse, entretanto, en lo que esperaba fuera un breve periodo en Newport, Rhode Island. ¡Ay! En su caso, estar fuera de la vista era estar fuera de la mente, y el apoyo desapareció. El parlamento renegó de su promesa, al igual que muchos de sus patrocinadores. Su proyecto visionario falló, otra aguda de- cepción para Berkeley. De manera irónica, el trabajo más exitoso de Berkeley fue un libro publicado en 1744 sobre agua alquitranada y varios temas filosóficos que aportaban pruebas de la existen- cia de Dios. Siris, como se llamó el libro, describía cómo la exudación resinosa del pino y de los abetos podía curar una amplia variedad de afecciones corporales. Al utilizarla para tratar sus propios malestares Berkeley se convenció de que era benéfica. A diferen- cia de muchas de sus otras publicaciones, este libro fue ampliamente leído y alcanzó las seis ediciones. Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 63 Berkeley vivió en América sólo dos años y medio pero conservó por siempre su ad- miración por el Nuevo Mundo. En su testamento legó su biblioteca a la Universidad de Yale e hizo un generoso legado a la Universidad de Harvard. La ciudad californiana de Berkeley fue llamada así después de él. Murió en Oxford en 1753 e incluso muerto causó que muchas personas agitaran sus cabezas y lo consideraran un excéntrico, si no es que algo peor. Berkeley creía que la putrefacción es el único signo infalible de la muerte, así que dejó instrucciones específicas en su testamento de que después de su muerte, su cuerpo debía descansar antes del entierro, sin ser lavado, sin ser molestado, y cubierto por las mismas sábanas, hasta que su aspecto fuera ofensivo. Mucha gente juzgó extra- vagantes sus instrucciones, pero hoy en día, pone en duda lo que somos por la aguda dificultad para definir la muerte. Pues en muchos casos en los que los sistemas de vida artificial hacen posible prolongar la vida biológica durante largos periodos, la posición de Berkeley parece entonces más razonable. Después de todo, Berkeley mismo fue una paradoja. Es evidente que tenía una mente poderosa y original, pero con mucha frecuen- cia se le consideró un excéntrico inconstante. NATIVISTAS CONTESTATARIOS DEL SIGLO XVII Las voces de Locke y Berkeley tuvieron gran influencia en la filosofía de los siglos XVII y XVIII, pero no fueron las únicas; ellos tuvieron críticos y oponentes. Los contestatarios más importantes fueron aquellos que conformaron el numeroso grupo de filósofos euro- peos que se consideraban nativistas sucesores de Descartes. Uno de esos hombres fue Gottfried Wilhelm von Leibniz. Gottfried Wilhelm von Leibniz (1646-1716) Leibniz fue contemporáneo de Locke; los dos hombres se conocían y se escribían con frecuencia. Leibniz, conocido por sus escritos políticos, fue también un matemático líder de Alemania, renombrado por haber inventado el cálculo en forma paralela a Newton, aunque éste nunca pudo aceptar el hecho de que Leibniz había concebido el cálculo de forma independiente a su trabajo. Leibniz consideraba el Ensayo sobre el entendimiento humano uno de los trabajos más bellos y valiosos del periodo, pero también creía que las consideraciones de Locke sobre la mente humana estaban equivocadas. Después de leer un borrador de preedición del Ensayo de Locke en 1688, de inmediato se preparó a refutarlo con sus Nuevos ensayos sobre el entendimiento que terminó de escribir en 1704, el año de la muerte de Locke, pero no permitió que se publicaran, ya que no tenía deseos de parecer crítico de un hombre muerto al cual admiraba tanto. Esos ensayos fueron publicados en 1765, casi 50 años después de su propia muerte. Leibniz se negaba a aceptar las consideraciones empiristas de Locke sobre los conte- nidos de la mente. Él admitía que los animales podían ser "empíricos", esto es, tablas en blanco en el momento de nacer que serían cubiertas por la experiencia, y describió un gran número de ejemplos de animales que mostraban con claridad los resultados de su experiencia: un perro apaleado con una vara gimotearía y se alejaría corriendo al ver la 64 Capítulo 2 vara. Leibniz admitió que los humanos pueden actuar de acuerdo con los resultados de la experiencia, o sea, de forma empírica, en tres cuartas partes de sus actos, pero no en todos. Nosotros esperamos que el Sol salga mañana porque siempre lo ha hecho en el pasado, que la lluvia caiga del cielo, y que el verano siga a la primavera. Pero sumadas a este conocimiento empírico, según Leibniz, existen verdades necesarias y eternas, la cuarta parte "no empírica". Esta cuarta parte no empírica representa el intelecto innato. Locke y Berkeley afirmaron que en el intelecto no hay nada que no haya estado primero en los sentidos, a lo que Leibniz replicó: nada excepto el intelecto mismo. De acuerdo con Leibniz, el intelecto hace posible la razón y la ciencia; nos provee del conocimiento sobre nosotros mismos y sobre Dios, y es la esencia del espíritu humano. Un psicólogo contemporáneo, Robert Ornstein, al escribir acerca de la evolución de la conciencia, capta de manera brillante la esencia de las dudas de Leibniz respecto a las consideraciones de la tabula rasa acerca de la mente humana: Para proporcionar una prueba de las ideas de Locke, fui a una tienda de implementos para oficina y compré una hoja de papel para escribir y lo dejé sobre mi escritorio durante un par de semanas. Y le hablaba y le cantaba. Le ordené que hiciera toda una serie de cosas. Le di comida, le di agua. Le leí los trabajos de Descartes, le di los trabajos de Freud, traté de hacerlo hablar, traté de llevarlo de paseo. Lo llevé en mi carro para ver si podía reconocer el océano, o una montaña. El papel no pudo hacer ninguna de estas cosas. Y nadie, en siglos, pudo ver la necedad de pretender que todo lo que existe para la mente son asocia- ciones. (Ornstein, 1991, p. 68) Leibniz creía que los filósofos empiristas cometían un error fundamental cuando ne- gaban la existencia de ideas, verdades, disposiciones, hábitos y potenciales innatos. En lugar de una hoja de papel en blanco para ser escrita por la experiencia, la mente para él en el momento de nacer era un bloque de mármol veteado en el que las vetas represen- tan las disposiciones innatas de la mente. La mano del escultor libera una figura de ese bloque, pero la figura estaba presente antes de que el cincel fuera siquiera levantado. De la misma manera, las ideas están presentes en la mente desde el nacimiento, y la función de la experiencia es permitir que emerjan. En su libro La monadología, Leibniz describió un sistema de mónadas, un número infinito de elementos componentes de todo ser y de toda actividad. Las mónadas son indestructibles, no se pueden crear y son inmutables. No tienen partes y no se pueden formar o descomponer. Tanto el mundo físico como el mental eran, para Leibniz, vastos pluralismos de mónadas independientes. Las mónadas mentales tienen diferentes nive- les de actividad, por tanto, existe un continuo de consciencia-inconsciencia desde even- tos mentales que son totalmente conscientes, hasta otros que son inconscientes por completo. En algún punto de este continuo existe un nivel de umbral de actividad en el que cambia la condición de un evento mental. La idea de Leibniz acerca de un umbral de conciencia formaría parte importante de la psicología, primero en las investigaciones psicofísicas sobre el nivel absoluto de estimulación necesario para producir una sensa- ción (Fechner, capítulo 6), y más tarde en la concepción de Freud de la mente consciente y la inconsciente (capítulo 8). Aunque puede parecer que unas mónadas tienen efecto sobre otras, esto no significa que interactúen, sino que siguen cursos paralelos. Describiendo el paralelismo de las mónadas Leibniz utilizó la famosa metáfora de los relojes: Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 65 Imagine dos relojes que coinciden a la perfección. Ahora, esto puede darse de tres formas. La primera consiste en una influencia mutua; la segunda en tener un trabajador sujeto a ellos que los regula y cuida de que siempre coincidan; la tercera es construir estos dos relojes con tanto arte y precisión como para asegurar su futura armonía. (Leibniz, 1695, en Rand, 1912, p. 219) Leibniz creía que Dios había construido el cuerpo humano y la mente como dos relo- jes paralelos; es decir, con un paralelismo psicofísico. Para él, la mente era un agente activo, y su función se podría describir como una "actividad psicológica". Como vere- mos, su postura influyó incluso a teóricos posteriores de la psicología del "acto" (capítu- lo 6). La postura de Leibniz era la de un nativista reconocido; es decir, la de alguien que creía en las ideas, tendencias y disposiciones innatas. Previamente, nosotros dimos cuenta del nativismo en las filosofías de Platón, Sócrates y Descartes, y lo volveremos a encon- trar en las psicologías de Francis Galton y Granville Stanley Hall (capítulo 9) y Lewis Terman (capítulo 11). ASOCIACIONISMO DEL SIGLO XVIII Las ideas de David Hume y David Hartley se pueden considerar como ideas de transi- ción entre las ideas de los empiristas y las de los asociacionistas británicos. En tanto que los primeros empiristas habían analizado la mente en sus partes componentes, Hume y Hartley comenzaron a buscar las leyes que describieran cómo se conectaban o combina- ban esas partes. David Hume (1711-1776) David Hume nació en Escocia y fue educado en la Universidad de Edimburgo. Como estudiante estaba interesado en la ciencia de la vida mental, llamada en ese momento filosofía pneumática; es decir, filosofía relativa a las expresiones de la fuerza vital de la vida a la que los griegos llamaban pneuma. En la filosofía pneumática los humanos son considerados parte de la naturaleza, por lo que se concluye que deberían ser estudiados con los métodos de las ciencias naturales. La filosofía pneumática incluyó un estudio de la vida mental y un intento por establecer los principios subyacentes a las operaciones mentales. Los trabajos más importantes de Hume para la psicología fueron Un tratado sobre la naturaleza humana (1739) y Una investigación sobre el entendimiento humano (1748). Estos libros sólo tuvieron un éxito mediano, no alcanzaron la popularidad suficiente como para satisfacer al intensamente autocrítico Hume o para asegurarle una posición académica. Dos veces buscó sin éxito una cátedra sobre filosofía pneumática, por lo que se volvió hacia la política y la diplomacia, en donde ocupó diversos puestos hasta culmi- nar con su nombramiento como subsecretario de Estado. En 1716 Hume publicó Historia de Inglaterra, un trabajo que fue un éxito y que hizo que se reconociera su nombre, aun- que no como filósofo. En el Tratado, Hume estableció la distinción entre las impresiones y las ideas. Él con- sideraba que éstos son contenidos mentales diferentes en el grado de fuerza o vivacidad con la que se imprimen en la mente. Las ideas, según Hume, eran copias débiles de las 66 Capítulo 2 impresiones, muchas de las cuales provienen de las sensaciones. Sentir es casi todo. Para él, senso ergo sum (siento, luego existo). De acuerdo con Hume, existe una conexión cau- sal entre impresiones e ideas; al ocurrir juntas, se llegan a asociar, y la idea llega a pare- cerse a la impresión. Uno de sus planteamientos es que las ideas simples se combinan en la mente para formar ideas complejas de acuerdo con tres leyes o principios de asocia- ción: semejanza, contigüidad, ya sea en tiempo o espacio, y relaciones de causa y efecto.* En la introducción de Una investigación sobre el entendimiento humano, Hume defendía una nueva ciencia de la naturaleza humana diferente de la filosofía. Los seres humanos son parte de la naturaleza y deben ser estudiados utilizando los métodos de las ciencias naturales. Los sistemas de ética, la conducta política, el criticismo y la razón, y la conducta moral deben ser todos descritos y explicados. Todos ellos eran considerados por Hume como productos naturales de los procesos mentales, los que según él, podían ser estudia- dos en forma científica. Su ensayo tuvo poco impacto en sus semejantes, pero su suge- rencia de una nueva ciencia de la naturaleza humana preparó el camino para que Wundt estableciera, cerca de 100 años después, una ciencia de la mente. David Hartley (1705-1757) El trabajo más importante de David Hartley para la psicología fue Observaciones sobre el Hombre (1749). Hartley fue preparado para ser ministro de la Iglesia de Escocia (presbiteriana), pero se encontró incapaz de aceptar ciertas doctrinas teológicas, por lo que cambió su profesión por la medicina. Como se podía esperar de un médico, su orien- tación estaba lejos del común en la fisiología entre los asociacionistas británicos. Según Hartley, tanto mente como cuerpo debían estudiarse porque están relacionados de ma- nera biológica. Específicamente localizó las facultades mentales en el cerebro e hizo no- tar que: la perfección de nuestras facultades mentales depende de la perfección de su sustancia (sustancia medular blanca del cerebro); que todas las lesiones en ella afectan de forma proporcional a la preparación de las ideas; y que no pueden ser restauradas en su curso natural hasta que tales lesiones sean reparadas. Los venenos, los licores espirituosos, los narcóticos, las fiebres, los soplos en la cabeza, etcétera, todos, afectan de forma clara, a la mente por desordenar la sustancia medular. Y las evacuaciones, el descanso, las medici- nas, el tiempo, etcétera, restauran, también de manera clara, a la mente hasta que recupera su estado inicial, por medio de la reversión de los efectos antes mencionados. (Hartley, 1749/1912, p. 317) Algunas de las observaciones de Hartley fueron notablemente precisas. Él describió las postimágenes positivas tanto para estímulos visuales como auditivos: la impresión de una vela que continúa después de que se apagó la flama, la impresión de una nota que continúa después de que el acorde deja de tocar. ¿Por qué tenemos esas postimágenes? Hartley sostuvo que los objetos en el mundo externo actúan sobre nuestros órganos sen- soriales causando partículas medulares Ínfinitesimalmente pequeñas que vibran en los * La teoría de Hume sobre la causalidad con frecuencia es considerada como su contribución más importante a la filosofía. Pero también es intrincada y compleja. A. J. Ayers en Hume (capítulo 4) provee un claro perfil de su postura acerca de la causación que puede ser seguida por el lector no especialista. Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 67 nervios y luego en el cerebro. Estas vibraciones continúan durante un breve lapso des- pués de que el estímulo desaparece; así es como se forman las postimágenes. En el cerebro, las vibraciones y las ideas se asocian cuando ocurren en forma simul- tánea un número suficiente de veces. En su Proposición XI, Hartley describió este proce- so reverberante: Cualquier Vibración A, B, C, etc., que se asocia con alguna otra un número suficiente de veces, obtiene tal poder sobre a, b y c correspondientes a Vibraciones miniatura, que cual- quiera de las vibraciones A, cuando se imprimen solas, pueden ser capaces de excitar a b, c, etc., en la mente, o sea a las vibraciones miniatura. (Hartley, 1749/1912, p. 325) De acuerdo con Hartley, tales asociaciones eran básicas para todas las ideas, opinio- nes y afectos. El asociacionismo de Hartley tiene bases biológicas que no existían en las teorías de sus predecesores o en las de los asociacionistas que lo siguieron. Él recurrió a sus experiencias clínicas como médico y como científico biológico; experiencias que no estaban disponibles para los demás filósofos de su época. Su trabajo anticipó una rama de la psicología que no sería establecida hasta después de 100 años, la psicología fisioló- gica. ASOCIACIONISMO DEL SIGLO XIX Existieron tres asociacionistas importantes en el siglo XIX: James Mili, su hijo John Stuart Mili, y Alexander Bain. La amplitud de sus intereses incluía muchos de los temas que más tarde formarían parte del dominio de la psicología. A los tres hombres les preocupa- ban los problemas sociales y la reforma social. Los Mili en particular fueron activistas liberales que influyeron en la política doméstica y colonial de Inglaterra mediante sus múltiples libros, revistas y periódicos. James Mili (1773-1836) y John Stuart Mili (1806-1873) John Stuart Mili comenzó su autobiografía con la afirmación "Yo nací en Londres el 20 de mayo de 1806, y fui el hijo mayor de James Mili, el autor de La Historia de la India Británica" (Mili, 1873/1961c, p. 1). En su notable afirmación no menciona en absoluto a su madre, que no aparece en ninguna parte de su autobiografía. Mazlish (1975) señaló que en esta nueva versión de la inmaculada concepción, tanto la historia como el niño parecen haber sido producidos sólo por James Mili. La relación entre padre e hijo es de gran interés psicológico. James Mili nació en 1773, hijo de un zapatero de una villa escocesa. Su orgullosa y ambiciosa madre dominó sus primeros años de vida, insistiendo en que se volviera de- voto del trabajo y el estudio. Estudiar era su única ocupación y, por tanto, James Mili, al igual que su hijo, no tuvo amigos en la infancia. Bajo el patrocinio de Sir John Stuart, por quien más tarde John Stuart Mili recibiría ese nombre, James ingresó a la Universidad de Edimburgo para estudiar para ministro presbiteriano. Se licenció como predicador en 1799, pero no pudo conseguir una parroquia porque, como Edwin G. Boring (1957) ex- plicó, sus feligreses no entendían sus sermones. Pasó los siguientes tres años como pre- 68 Capítulo 2 dicador itinerante antes de desilusionarse de la carrera religiosa y emigrar a Londres. Se cuidó de eliminar su acento escocés, por lo que rápidamente se convirtió en miembro de un grupo de escritores y editores ingleses. Para asegurar una posición en la Compañía de la India Británica del Este, James Mili se dispuso a escribir una magnum opus, o gran trabajo, sobre la historia de la India Británica. Comenzó a escribir el libro en 1806, el año en que nació su primer hijo, John Stuart, y esperaba terminar la historia en dos años. En realidad le llevó doce años concluirla, los años de la infancia de su hijo. Su matrimonio, que inicialmente había sido feliz, comenzó a derrumbarse conforme empezó a conside- rar a su esposa, Harriet, como una "hausfrau" nada inteligente, y a menospreciarla en su hogar y en público. A pesar del aparente desdén por su esposa y del hecho de que era uno de los primeros defensores del control de la natalidad, engendró a ocho niños más. La Historia de Mili, publicada en 1817, fue bien recibida y le permitió asegurar una posi- ción superior como asistente civil en la Compañía del Este de India. Pronto obtuvo la seguridad económica, y el reconocimiento por sus escritos, y por su amistad con ricos e influyentes. Sin embargo, los años durante los cuales escribió el libro y John Stuart creció deben haber sido de tensión y ansiedad. Sumado a todo esto, James Mili también era seguidor de la ética del trabajo incesante y duro. Él se consideraba un hombre exitoso, que había triunfado por su propio esfuer- zo. Estampó en su hijo, de manera implacable, la idea de que una persona que trabaja más que otras, al final las superará a todas. Influenciado por la filosofía educativa de Locke, James Mili creía que todos los niños son parecidos al nacer, con pequeñas varia- ciones en sus potenciales para aprender. Según él, la mente de los niños era una tabula rasa, una tabla en blanco o una pizarra limpia, sobre la cual los maestros pueden impri- mir cualquier cosa que deseen. Como maestro de su hijo, dedicó su vida a imprimir la máxima cantidad de conocimiento sobre la mente de John Stuart. Dedicaba cuatro o cinco horas al día a las lecciones del niño. En su prosa característicamente brusca, John Stuart Mili recordó aquellos días: Una gran parte de casi todos los días era empleada en la instrucción de sus hijos; en el caso de uno de ellos, yo mismo, todo puede ser pensado como su éxito, él ejecutaba estupenda- mente una cantidad de trabajo, cuidado y perseverancia que siempre se empleaban en un propósito similar, esforzándose por dar, de acuerdo con su propia concepción, la máxima armonía a la educación intelectual. (Mili, 1873/1961c, p. 37) En efecto lo hizo. James Mili consideraba a su hijo como un niño prodigio y esperaba que siempre se comportara como tal. Un fracaso en el desempeño incluso en el nivel más alto era duramente criticado. Tan constantes eran las críticas de su padre que cuando era niño, John Stuart concluyó que era algo atrasado. Comenzó a aprender el griego a la edad de tres años y el latín a los cinco, John Stuart trabajó los textos clásicos griegos y latinos en sus idiomas originales. Estudió literatura, historia, matemáticas y política. En resumen, recibió una de las educaciones más rigurosas de las que se tenga registro. A la edad de once años publicó su primer escrito serio, un trabajo sobre el gobierno romano que se enfocó en la lucha entre los plebeyos y los patricios romanos en el que mostró claramente su simpatía por los primeros. Esto fue una anticipación de los temas de muchos de los trabajos posteriores que dedicó a la defensa de los derechos de la gente común tratando de socavar el poder de la aristocracia inglesa. Sus cartas de la in- fancia muestran que John Stuart Mili era increíblemente precoz. A la edad de doce Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 69 anos su nivel de educación era comparable con el del mejor de los graduados de la uni- versidad. A pesar de estos logros, su educación rigurosa tuvo aspectos negativos. A John Stuart nunca se le permitió actuar como niño. Debido a que no tenía compañeros de juego, nunca aprendió a jugar. Incluso su relación con sus hermanos y hermanas era inusual, ya que a la edad de ocho años su padre lo nombró su tutor y lo hizo responsable del progre- so de su educación. El énfasis siempre se ponía en el trabajo duro y la fría racionalidad. Los sentimientos y las emociones se consideraban irrelevantes, y su expresión se des- alentaba de forma activa. James Mili se propuso hacer de su hijo una "máquina de razo- nar" y parece que, por lo menos durante los primeros 20 años de la vida de John Stuart, tuvo éxito. A la edad de 18 años John Stuart Mili se describió a sí mismo como "una máquina lógica, seca, dura", una descripción que sus contemporáneos pensaron era precisa. En 1823, a la edad de 17 años, John Stuart aceptó un puesto como oficinista, trabajan- do bajo las órdenes de su padre en la Compañía del Este de India. Permaneció en la compañía hasta 1858, cuando se retiró como jefe de la oficina del examinador de la co- rrespondencia de India. Poco después de aceptar ese nombramiento, la máquina lógica, fría, dura, comenzó a deshacerse en partes. En 1826 sufrió una severa crisis mental carac- terizada por depresión profunda, inhabilidad para trabajar y agudos sentimientos de inutilidad. Este periodo de crisis duró hasta la mitad de sus años veinte, cuando se recu- peró de forma lenta, hasta emerger con un autoconocimiento incrementado de manera particular, y un reconocimiento de la importancia de los sentimientos y las emociones. Visualizó la necesidad de reconocer lo irracional lo mismo que lo racional, de ver que los humanos son algo más que máquinas sin sentimientos. Sin embargo, durante toda su vida estuvo perturbado por sentimientos de depresión. 70 Capítulo 2 En 1830 John Stuart Mili conoció a Harriet Taylor, una hermosa y vivaz mujer de la que se enamoró locamente. Thomas Carlyle comentó: "Mili, quien hasta ese momento ni siquiera había mirado a ninguna criatura femenina, ni siquiera a una vaca, a la cara, se encontró frente a aquellos grandes ojos oscuros, que transmitían cosas indecibles mien- tras que él estaba dando un discurso sobre lo indecible relativo a todo tipo de temas elevados" (Carlyle, en Kamm, 1977, p. 32). Harriet Taylor estaba casada, era madre de dos hijos y pronto tuvo un tercero. Ella y Mili comenzaron una relación aparentemente platónica con intensas insinuaciones emocionales, que duró hasta que ella murió en 1858. Hasta la muerte del marido de Harriet, los tres adultos vivieron juntos en un ménage a trois que escandalizó a algunos de sus conocidos Victorianos (Hayek, 1951). Durante 1831 y 1832 los dos intercambiaron una serie de ensayos sobre el matrimo- nio, el divorcio, el suministro para los niños de padres divorciados, y las mujeres y su papel en la sociedad. Dos años después de la muerte de su marido, en 1849, Harriet Taylor finalmente se casó con John Stuart Mili; y vivieron juntos hasta la muerte de ella. En 1869 Mili publicó, como un tributo para su tardía esposa, su ensayo "El Sometimiento de las Mujeres". En él expuso un análisis de la posición de las mujeres en la sociedad y clamó por una acción política que asegurara la igualdad de los sexos. Igual que los textos de Mary Wollstonecraft, Una reivindicación de los derechos de la mujer (1792), Charlotte Perkins Gilman, Mujeres y economía (1898), y Simone de Beauvoir, El segundo sexo (1951), el ensayo de Mili está considerado como uno de los grandes acontecimientos del movi- miento por la igualdad de derechos sociales y políticos para las mujeres (Rossi, 1970). Pero Mili no sólo fue un teórico en su torre de marfil. Durante el periodo en el que se desempeñó como miembro independiente del Parlamento en la Casa Británica de los Comunes, introdujo un proyecto para el sufragio de las mujeres. Este proyecto consternó a los miembros del parlamento que rápidamente votaron para que no se aceptara. Durante los últimos años de su vida Mili fue una de las figuras intelectuales más importante de su periodo. Él no vaciló en expresar sus opiniones y tomar una posición acerca de temas controvertidos. Durante la Guerra Civil de Estados Unidos, por ejem- plo, declaró de manera pública su oposición contra la esclavitud. John Stuart Mili murió en 1873, dejando una rica herencia de trabajos y una reputación de pensador liberal so- bresaliente. Las filosofías de James y John Stuart Mili ¿Cómo influyeron James y John Stuart Mili en el desarrollo de la psicología? El trabajo psicológico más importante de James Mili fue el Análisis de los fenómenos de la mente hu- mana, publicado en 1829. Él adoptó la familiar posición de que los dos elementos de la mente son las sensaciones y las ideas, con las ideas como copias débiles de las sensacio- nes. A las cinco sensaciones clásicas originalmente propuestas por Aristóteles —visión, audición, gusto, olfato y tacto— Mili agregó la sensación muscular, la cual hace emerger las sensaciones musculares (kinestesia); las sensaciones desorganizadas como aquellas que resultan del cosquilleo y la comezón; y las sensaciones provenientes del tubo ali- menticio. Las sensaciones de estos ocho sentidos fueron consideradas como los elemen- tos primordiales de la conciencia. Las sensaciones, de acuerdo con James Mili, conducen a ideas. En un capítulo clásico titulado "La asociación de las ideas", Mili describió el proceso mediante el cual las sen- Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 71 saciones producen ideas, las cuales a cambio hacen emerger el curso o la corriente de las ideas asociadas: Aunque triunfe el pensamiento, una idea sigue a otra de manera incesante. Si nuestros sentidos están despiertos, nosotros estamos recibiendo de manera continua sensaciones del ojo, el oído, el tacto, y así, sucesivamente; pero no son sólo sensaciones. Después de las sensaciones, las ideas son excitadas de manera interminable a partir de las sensaciones antes recibidas; después de esas ideas, otras ideas; y durante todas nuestras vidas, series de esos dos estados de consciencia, llamados sensaciones e ideas, se presentan de manera constante. Yo veo un caballo; ésa es una sensación. De forma inmediata yo pienso en su amo: ésa es una idea. La idea de su amo me hace pensar en su oficio; él es un ministro de Estado: ésa es otra idea. La idea del ministro de Estado me hace pensar en asuntos públi- cos; y soy conducido dentro de una corriente de ideas políticas; cuando soy llamado a cenar. Ésa es una nueva sensación... (Mili, 1829/1912, p. 463) La descripción de Mili es lineal y secuencial. Es una representación de una mente en gran parte pasiva que invita al análisis de sus elementos. Los eventos externos dan surgi- miento a las sensaciones, las cuales son seguidas en la conciencia por corrientes de ideas asociadas. ¿Por qué se asocian algunas ideas? ¿Por qué se suceden juntas? ¿Por qué la idea del amo del caballo causó que Mili pensara en la ocupación del amo? De acuerdo con Mili, estas ideas fueron asociadas porque muchas veces en el pasado él había visto a este hom- bre desempeñar las acciones de un ministro de Estado. Mili reconocía que algunas asocia- ciones son más apremiantes y fuertes que otras. Sus tres criterios de la fuerza de la asociación de ideas fueron permanencia, certidumbre, y facilidad. Las asociaciones más permanen- tes son más fuertes que las menos permanentes, las asociaciones correctas son más fuer- tes que las incorrectas, y las asociaciones formadas rápidamente y sin esfuerzo, son más fuertes que aquellas que se hubieran formado con dificultad. Cuando psicólogos poste- riores comenzaron a investigar el aprendizaje y la memoria, los factores determinantes de la fuerza de las diferentes asociaciones fueron su principal preocupación. James Mili también distinguió entre ideas simples y complejas. Las primeras eran compuestas, agregadas, o lo que Mili llamó "concatenaciones" de ideas simples, unidas mediante la contigüidad. Las ideas complejas en cambio, pueden combinarse con otras ideas, tanto complejas como simples, para formar ideas dobles, a las que Mili describió como sigue: Algunos de los objetos más conocidos con los que nosotros estamos familiarizados surten de ejemplos de estas uniones de ideas complejas y dobles. Ladrillo es una idea compleja, cemento es otra idea compleja; estas ideas, con ideas de posición y cantidad, componen mi idea de pared. Mi idea de tablón es una idea compleja, mi idea de techo es una idea com- pleja, mi idea de clavar es una idea compleja. Éstas, unidas con las mismas ideas de posi- ciones y cantidad componen mi idea doble de piso. De la misma forma mi idea compleja de vidrio, madera, y otras, componen la idea doble de ventana; y estas ideas dobles, todas unidas, componen mi idea de una casa que está hecha de varias ideas. ¿Cuántas ideas complejas o dobles, están unidas en la idea de mobiliario? ¿Cuántas más en la idea llamada Todo? (Mili, 1829/1912, p. 482) En efecto, ¿cuántas más? En este pasaje algunas de las dificultades de este modelo mecánico de compuestos mentales son aparentes. El modelo necesitaba una revisión que 72 Capítulo 2 John Stuart Mili realizó en su Sistema de lógica (1843) y en sus notas para una edición revisada del texto de su padre Análisis, publicado en 1869. El joven Mili desarrolló un modelo químico de la mente en el que las ideas simples se fusionan o se funden para formar ideas complejas. Él escribió: Las leyes de los fenómenos de la mente son algunas veces análogas a las de la mecánica, pero algunas veces también lo son a las leyes de la química. Cuando las impresiones han sido tan frecuentemente experimentadas en conjunción, que cada una de ellas hace surgir en forma instantánea la idea del grupo entero, entonces esas ideas algunas veces se derri- ten y se funden en alguna otra, y aparecen no como varias ideas sino como una. (Mili, 1875, Vol. 2, p. 441) Así, la teoría de su padre de la mecánica mental fue complementada por una química mental. Para John Stuart Mili el todo asociativo de una idea compleja es algo más que la suma de las ideas simples que la componen. La mente es activa y productiva. Igual que el agua es más que la simple suma de las propiedades del hidrógeno y el oxígeno, e igual que el hidrógeno y el oxígeno pueden combinarse de manera diferente para producir peróxido de hidrógeno, el cual es muy diferente del agua, así también, para el joven Mili, la idea compleja de una casa es algo más que la suma de ideas simples o ladrillos, cemen- to, madera, vidrio, y otros materiales de construcción. El trabajo científico más importante de John Stuart Mili fue su Sistema de lógica, publi- cado en 1843. A pesar de su formidable título, Un sistema de lógica, racional y deductivo, siendo una visión conectada de los principios de la evidencia y el método de las investigaciones científicas, el libro fue un éxito comercial y académico que le aseguró al joven Mili una reputación internacional. Mili consideraba que a partir de ese libro, era más apto para escribir. Él estaba preocupado por el estudio del proceso científico o la metaciencia, y por definir las suposiciones que subyacen a todas las ciencias, incluyendo las ciencias socia- les —la economía y la psicología—. Para Mili, la psicología debía definirse como "la ciencia de las leyes elementales de la mente", una definición que Edward Titchener adoptó unos 60 años después (capítulo 5). En contradicción con la postura de Auguste Comte de que no puede haber una ciencia de la mente, dado que la mente puede estudiar todos los fenómenos menos los propios (Comte, 1842/1970), Mili argumentó que, en efecto, pue- de existir una ciencia de la mente. Él se aferró a cuestiones que aún son un problema para muchos estudiantes de psicología. ¿Las acciones humanas son causadas de manera determinística y están sujetas a leyes psicológicas, o son cualitativamente diferentes de los fenómenos de ciencias como la física, la biología y la química? Mili aceptaba que la ciencia de la psicología tendría que ser una ciencia inexacta, más como la meteorología y la mareología (la ciencia de las mareas) que como la física y la química. Acerca de la psicología escribió: Se aleja un poco de los criterios de exactitud ahora encontrados en la astronomía; pero no hay razón por la que no deba ser una ciencia como la mareología, o como lo fue la astrono- mía cuando sus cálculos habían dominado únicamente los principales fenómenos pero no sus variaciones. (Mili, 1875, Vol. 2, p. 433) ¿Pero qué si la psicología domina las variaciones de las acciones humanas y de la mente humana? ¿Qué si la conducta humana llega a ser tan predecible como la veloci- Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 73 dad de la caída de los objetos, la aparición de los cometas y la circulación de la sangre? Mili estaba bien prevenido de las preguntas éticas y morales que podrían surgir. Si un día las acciones humanas fueran tan predecibles como los eclipses del Sol y la Luna, ¿sería posible que el curso de esas acciones fuera cambiado y controlado por otros? Dada tal predictibilidad y control, ¿qué sería de la libre voluntad? ¿la gente sería responsable de sus actos? Éstas son preguntas difíciles. Mientras la psicología actual está lejos de la posición que Mili previo, las preguntas que planteó son criticables y controvertidas. Tal vez la reacción de molestia de mucha gente por tales preguntas da cuenta, al menos en parte, de la respuesta hostil para aquellos trabajos como Más allá de la libertad y la dignidad de B.E Skinner (1971b, capítulo 13). A todos nos gusta pensar que tenemos libre volun- tad y responsabilidad individual. Sugerir lo contrario puede provocar en nosotros una reacción de enojo. John Stuart Mili detectó la necesidad de una subdivisión de la psicología llamada etología. Él definió este campo como "la teoría de la influencia de varias circunstancias externas, ya sean individuales o sociales, sobre la formación del carácter moral e intelec- tual" (Mili, 1875, Vol. 2, p. 457). Hoy en día, la palabra etología se refiere "al estudio de la conducta animal en escenarios naturales" y está asociada con investigadores tales como Konrad Lorenz, Niko Tinbergen, y Karl von Frisch. El significado y la aproximación modernos son muy diferentes de los que Mili pretendía. Tal vez el interés de Mili en la etología se debió a sus experiencias infantiles. ¿Qué efectos pueden tener tales experiencias sobre la formación del carácter, y cómo se pue- den estudiar científicamente? Para Mili, los métodos experimentales son básicos para cualquier ciencia. El estudio de los humanos, argumentó Mili, debe dejar el reino de la especulación y convertirse en una ciencia de observación y experimentación por dere- cho propio. Pero la experimentación sobre la formación del carácter humano está éticamente prohibida, entonces ¿qué pueden hacer los psicólogos? En lugar de la mani- pulación activa de diferentes variables para determinar sus efectos relativos, Mili propu- so un análisis post hoc: la examinación de ejemplos de algunas variables que ocurren naturalmente —como la educación o la carencia de ella, el tamaño de la familia o la clase social— y la formulación de generalizaciones acerca de su efecto. Mili creía que estos tipos de observaciones podían apoyar su intuición de que diferentes tipos de experien- cias de la infancia producen características morales diferentes, sin que el procedimiento perpetúe el daño. Hoy en día, los psicólogos del desarrollo emplean estos procedimien- tos en sus estudios longitudinales sobre los niños. Al igual que Hobbes y Locke, Mili se interesaba en los problemas del gobierno, y lo mismo que sus predecesores del siglo xvm, sus escritos en esta área reflejaban una visión personal de la naturaleza humana. En 1861 Mili publicó Utilitarios y utilitarismo. Antes, el amigo y patrocinador de su padre, Jeremy Bentham, había argumentado a favor del hedonismo, una filosofía en la que se ve a los humanos como motivados iónicamente por el deseo de buscar placer y evitar el dolor. Esta postura recibió severas críticas, incluso de Thomas Carlyle, quien había rechazado la visión de Bentham como "filosofía de cer- do" que puede posiblemente informar de las acciones de los cerdos pero ciertamente no lo haría de las de los humanos.* Mili argumentó que el hedonismo olvida la simpatía, el *Bentham tiene una curiosa inmortalidad. En su testamento dio instrucciones detalladas para la preservación y el uso de su cuerpo después de su muerte. Después de una disección pública de su cuerpo hecha por colegas médicos, su esqueleto tenía que ser preservado, vestido con ropas de su armario, y exhibido en una caja de 74 Capítulo 2 cuidado, la compasión, la dignidad, el amor por la belleza y muchas más de las cualida- des que nos hacen humanos. En este punto describió el utilitarismo, una filosofía que afirma que las acciones son equivocadas en proporción a la infelicidad que le causan a otros. Esta filosofía fue muy popular en el siglo XVIII y aún tiene seguidores. Alexander Bain (1818-1903) El último de los asociacionistas británicos del siglo XIX que vamos a considerar es Alexander Bain. Era escocés, hijo de un tejedor de Aberdeen. Su familia era pobre, por lo que tuvo que dejar la escuela a los doce años de edad para trabajar como tejedor de ropa en una fábrica. Sin embargo, continuó su educación en el hogar, en donde aprendió por sí mismo matemáticas y latín. Finalmente, después de muchas dificultades, logró entrar a la universidad. Se graduó con altos honores y se mudó a Londres donde se hizo amigo de John Stuart Mili y miembro de su grupo intelectual. Bain trabajó como periodista independiente hasta 1860, cuando, a la edad de 42 años, finalmente recibió un nombra- miento en la Universidad de Aberdeen. Los trabajos psicológicos más importantes de Bain fueron Los sentidos y el intelecto (1855), Las emociones y la voluntad (1859), y Mente y cuerpo (1872). Sus primeros dos libros en realidad fueron un solo trabajo con cuatro años de distancia entre la publicación de cada parte. El editor estaba reacio a impulsar la segunda parte del libro porque la primera no había sido un éxito financiero. En años posteriores los dos volúmenes fueron am- pliamente leídos. Pasaron por un gran número de revisiones y durante 50 años fueron los textos británicos clásicos sobre psicología. Por último, en 1882 Bain publicó una bio- grafía informativa de James Mili, cuyo trabajo y filosofía admiraba enormemente. En 1876 Bain fundó la revista Mind, la primera revista psicológica publicada hasta entonces. Durante muchos años tuvo que apoyar financieramente a la revista para ase- gurar su supervivencia. Sir Francis Galton, William James (capítulo 9) y el mismo Bain publicaron trabajos importantes en Mind. La revista también se destacó por proveer una ruta alternativa de publicación para las revistas que estaban por ser fundadas, editadas y dominadas por Wundt y Titchener durante los últimos años del siglo XIX. La fundación de Mind fue una contribución considerable para el desarrollo de la psicología como una disciplina independiente tanto de la filosofía como de la fisiología. Bain estuvo más cerca de ser lo que consideraríamos un psicólogo que ninguno de los filósofos y eruditos que hasta aquí se han considerado. Lo mismo que a Hartley, a él le preocupaba el desarrollo de explicaciones fisiológicas de las acciones humanas y de los pensamientos; sin embargo, estuvo lejos de ser un reduccionista, ya que siempre sostuvo que los datos conscientes son de primordial importancia. Él reconoció la impor- tancia de los impulsos internos y con ello desarrolló una concepción activa en lugar de una pasiva acerca de la motivación. A los cinco sentidos clásicos de Aristóteles Bain agregó el sentido "orgánico", el cual provee de sensaciones provenientes de los múscu- los y está involucrado de manera cercana en la coordinación de los movimientos. cristal, con su bastón favorito en la mano. Si sus amigos deseaban recordarlo debían llevarlo a sus reuniones. Las instrucciones de Bentham fueron seguidas al pie de la letra. En 1850 su autoefigie fue presentada en el Colegio Universitario de la Universidad de Londres. Ahí, excepto por una breve evacuación durante la Segun- da Guerra Mundial, ha estado expuesto desde entonces (Marmoy, 1958) Antecedentes filosóficos y científicos de la psicología 75 En cuanto a sus consideraciones sobre las acciones humanas, Bain creía que los hábi- tos son de central importancia. De acuerdo con Bain, los movimientos azarosos, algunos de los cuales conducen a consecuencias placenteras y otros a consecuencias displacenteras, forman las bases del aprendizaje. El primero tiende a repetirse y así, los hábitos se desa- rrollan, mientras que los segundos se debilitan tanto que no se desarrolla un hábito par- ticular. La similitud con la posterior ley del efecto de Edward Thorndike (Thorndike, 1911, capítulo 10) es clara, y se puede rastrear la conexión histórica desde Bain hasta Thorndike. Bain influyó en un psicólogo comparativo Inglés, Conway Lloyd Morgan (1852-1936), quien realizó experimentos tempranos sobre aprendizaje y sobre los instin- tos de los pollos. En 1896 Morgan fue invitado a la Universidad de Harvard para dar una serie de conferencias en la cátedra de Lowell en las que describiera su investigación en aprendizaje por ensayo y error. Sentado entre la audiencia estaba un estudiante, Thorndike, quien poco después comenzó sus propios importantes experimentos sobre el aprendizaje en pollos. Bain desconfiaba de la especulación y del "psicologizar de escritorio". Enfatizó la importancia de las observaciones de las actividades diarias tanto de los seres humanos como de los animales. Tales observaciones naturalísticas proporcionarían la comprensión de la conducta animal y humana, pero Bain simpatizaba con los métodos experimentales y los enfoques del desarrollo. En Emociones y voluntad se ocupó de problemas de la psico- logía aplicada: el diagnóstico del carácter mediante la compilación de estudios de casos y la posibilidad de crear pruebas de evaluación de habilidades y aptitudes. Bain, quien de niño había sido forzado a trabajar bajo un sistema brutal de trabajo a destajo, abogaba por prácticas de trabajo cultas y, de manera particular, por la importancia de considerar las capacidades y las habilidades de las personas al seleccionarlas para los empleos. UN CONTESTATARIO NATIVISTA DEL SIGLO XVIII Así como Locke y Berkeley tuvieron un oponente europeo en Leibniz, Hume, Hartley, James y John Stuart Mili tuvieron un contestatario en Inmanuel Kant. Él fue todo lo que ellos no fueron: un subjetivista, un nativista, un racionalista sucesor de Descartes y Leibniz. El contraste entre su filosofía y su epistemología y la de los hombres que acabamos de analizar no podría ser más grande. Kant fue el empirista béte noire. Inmanuel Kant (1724-1804) Kant nació en la ciudad universitaria de Königsberg en el Este de Prusia. Asistió ahí a la escuela y a la universidad, obtuvo un nombramiento en el facultativo de la universidad, y pasó el resto de su carrera y de su vida en Königsberg. Es probable que Kant, a pesar de su fama, nunca haya viajado a más de 65 kilómetros de su lugar de nacimiento. Al desa- rrollar su filosofía, Kant estuvo estimulado por los "bellos descubrimientos" de los empiristas británicos, en forma especial por los de Hume, cuyos libros, dijo, lo desperta- ron de sus "sueños dogmáticos" (Kant, 1781/1908b, Introducción). Kant publicó su Crí- tica de la razón pura en 1781 y su Crítica de la razón práctica en 1788. Estos trabajos sobre filosofía crítica lo convirtieron en el epistemólogo alemán líder y también en el contrape- so filosófico de los empiristas británicos. 76 Capítulo 2 Kant creía que los empiristas podían tener razón en decir que el conocimiento pro- viene de la experiencia, pero que se habían equivocado absolutamente al no plantear la pregunta fundamental: "¿Cómo es posible la experiencia misma?" Para Kant ésa era una pregunta trascendental que se debía contestar. La respuesta que él prefirió fue una de rasgos nativistas. Kant creía que existen ciertas intuiciones o categorías del entendimiento que son innatas y que no dependen de la experiencia. Más bien, ellas encuadran nuestras experiencias; permiten que la experiencia tenga el efecto que tiene. El conocimiento de este tipo es llamado a priori, a diferencia de un conocimiento a posteríori derivado de la experiencia. Kant estableció tres categorías fundamentales de la mente humana llama- das cognición, afecto y conación (motivación). En su Crítica de la razón pura, Kant describió el aprendizaje del idioma nativo como un ejemplo de la interacción entre el conocimiento a priori y el conocimiento a posteriori. Nosotros aprendemos a hablar un lenguaje particular mediante la experiencia, pero la habilidad para aprender cualquier lenguaje es conocimiento a priori, un atributo funda- mental de la mente humana. El error básico que cometieron los empiristas británicos, argumentó Kant, fue enfatizar los efectos de la experiencia mientras ignoraban las cate- gorías fundamentales de la mente. Otros ejemplos del conocimiento a priori son los con- ceptos de espacio y tiempo. El espacio no puede estar "meditado por ahí" o separado de nuestras mentes porque es una idea fundamental que es necesaria a todas las demás. De manera similar, el tiempo es el prerrequisito de todas las percepciones e ideas. Nada puede existir sin el tiempo. La percepción de que pasa el tiempo, de acuerdo con Kant, es un atributo humano completamente natural. Él señaló la dificultad que tenemos en pen- sar el tiempo hacia atrás; es fácil imaginar a alguien haciéndose más viejo pero muy difícil imaginar a alguien haciéndose más joven. En total, Kant describió doce de tales intuiciones, incluyendo causa y efecto, reciprocidad, realidad, existencia y necesidad. La postura de Kant respecto a la naturaleza de la ciencia tuvo gran influencia en la filosofía alemana y más tarde en la psicología durante varias décadas. De acuerdo con él, las ciencias verdaderas deben comenzar con conceptos establecidos a priori sólo sobre las bases de la razón. Además, las ciencias verdaderas tratan con objetos de observación que pueden ser localizados en el tiempo y el espacio. Ellos permiten los experimentos sobre los fenómenos que estudian, y una ciencia verdadera es capaz de establecer relaciones legítimas que se pueden describir mediante formulaciones matemáticas. Kant creía que la psicología carecía de esa base conceptual racional y que, por tanto, fallaba en el nivel más fundamental como ciencia verdadera. Él consideraba la racionalidad humana limitada e inadecuada como para tratar con ella misma. Kant también creía que era imposible para la psicología conducir experimentos verdaderos, porque al observar los estados mentales inevitablemente se modificarían los estados mentales que se estuvieran observando. Las propuestas de Kant proveyeron una fuerza poderosa contra la que la primera generación de psicólogos alemanes tuvieron que luchar para establecer su ciencia. Mientras él negaba la posibilidad de una psicología "verdadera"; es decir, una psico- logía que fuera tanto racional como experimental, Kant aceptó un método legítimo para la psicología, el de las observaciones antropológicas del comportamiento real de la gen- te. Wilhelm Wundt (capítulo 4) dedicaría gran parte de las últimas décadas de su vida a la psicología cultural o antropológica de Kant, mientras John Watson (capítulo 12) defen- dería una psicología concerniente sólo a la conducta. La Crítica de la razón práctica de Kant es un escrutinio de asuntos prácticos y una formulación de un código de conducta. Para Kant, el deber es sublime, poderoso y fun- Antecedentes filosóficos y científicos de ¡a psicología 77 damental. Es el imperativo categórico a ser seguido y obedecido sin preguntar. En nues- tros asuntos prácticos no debemos comportarnos de forma que traigamos hacia nosotros mismos y hacia los otros el placer más grande, sino que debemos seguir la obligación más alta del deber. En las décadas que siguieron a la publicación de la Crítica de la razón práctica de Kant, esta concepción fue una influencia importante sobre la conducta social y política tanto en Alemania como en Inglaterra. Una oración común en la Inglaterra de la reina Victoria era Agradecemos a Dios por su alimento Agradecemos a Dios por su oración. Y agradecemos a Dios ante todo por el imperativo categórico. Kant llevó una vida que fue el epítome de un rígido autocontrol y deber. Nunca se casó, pero vivió con una criada. Kant despertaba a la misma hora todos los días y se levantaba de inmediato, creyendo que era apático e indulgente permanecer en cama. Tomaba su almuerzo exactamente a la una en punto y después se iba a dar el mismo paseo a lo largo del camino de los filósofos en la universidad. Fue una figura importante en la filosofía alemana y una importante influencia sobre la primera generación de psi- cólogos alemanes. LA IMPORTANCIA DE LAS ERAS DEL RENACIMIENTO Y DEL POSRENACIMIENTO Durante el Renacimiento y el Posrenacimiento se hicieron dos importantes contribucio- nes al desarrollo de la psicología. Con los trabajos de Galileo, Newton y Harvey, comen- zó la revolución científica occidental, y la tradición científica que emergió de esa revolución enfatizó una cierta metodología: Se debe observar de manera cuidadosa y, si es posible, cuantificar los fenómenos, hacer predicciones matemáticas sobre los efectos de ciertas variables, y verificar aquellas predicciones de forma empírica. Estos procedimientos pro- metían el descubrimiento de la verdad; llegaron a convertirse en los criterios de la cien- cia occidental y, en consecuencia, fueron adoptados por los primeros psicólogos al intentar establecer una ciencia de la mente. Una tradición científica no fue lo único que la psicología heredó de las eras renacentista y posrenacentista. La psicología también heredó sus fundamentos filosóficos. Rene Des- cartes estableció el escenario para la psicología como una disciplina independiente de otras ciencias con la afirmación de que la mente está separada del cuerpo y bajo el domi- nio de sus propias reglas y principios. Estas reglas y principios llegarían a ser del domi- nio de la posterior ciencia de la psicología. La psicología recibió también dos orientaciones filosóficas importantes: el nativismo y el empirismo. Esas orientaciones no sólo siguen matizando la teoría psicológica, sino que también han contribuido en la definición de uno de los temas más importantes en la psicología: ¿Las características humanas son el resultado de nuestra naturaleza, o son el resultado de la forma en la que hemos sido educados, de nuestra crianza? En nuestro estudio de los filósofos que se han adscrito a una postura "natural" o bien, a una "de crianza" sobre la especie humana, se encontra- ron evidencias de que el optar por una u otra depende de las experiencias políticas y la orientación teológica de cada quien. El nativismo hace hincapié en las características 78 Capítulo 2 heredadas, pone menos énfasis en el medio ambiente y, de manera consecuente, toma una posición más conservadora acerca del resultado esperado de la experiencia educati- va. Esta orientación no sería consistente con la reforma social y las complicaciones polí- ticas. Al menos fue ese el caso de los dos nativistas importantes analizados en este capítulo: Descartes y Kant. Una orientación empirista enfatiza la igualdad en el potencial de todos los seres hu- manos, la importancia de los factores del medio ambiente sobre el desarrollo del indivi- duo y el proceso educativo. No es de sorprenderse que surgiera en Inglaterra durante el surgimiento del liberalismo en los siglos XVIII y XIX. Como hemos visto, sus principales defensores, los Mili y Bain, fueron hombres que triunfaron gracias a su propio esfuerzo, y que enfatizaron la reforma social. Tampoco es de sorprender que su orientación filosó- fica floreciera en Estados Unidos y diera nacimiento al conductismo, una posición que sólo ahora es considerada por las escuelas nativistas contemporáneas del pensamiento. CAPÍTULO TRES Estudios precursores del sistema nervioso central H asta aquí hemos considerado las amplias influencias generales que el desarrollo de la filosofía occidental tuvo sobre la psicología. Ahora daremos un giro hacia los avances específicos del conocimiento del cerebro y de la médula espinal, que más tarde formaron los fundamentos de la psicología fisiológica. A diferencia de las contribucio- nes, especulativas en gran medida, de los filósofos analizados en el capítulo 2, mucho de este nuevo conocimiento resultó de la observación y la experimentación. El desarrollo de procedimientos para el estudio del cerebro y de la médula espinal, y su aplicación en escenarios clínicos y experimentales, dispusieron los fundamentos para entender las es- tructuras y funciones del sistema nervioso. A la psicología le proporcionaron las bases para la comprensión de la sensación, la percepción, la emoción, el lenguaje y la cogni- ción. Aunque haremos énfasis en el siglo XIX, el cerebro ya había sido estudiado antes de ese momento. En 1507 el papa Julio II encargó a Miguel Ángel pintar una serie de frescos en el techo de la Capilla Sixtina del Vaticano. Miguel Ángel se resistió a esta comisión. La capilla era el casquete de un cuarto con su techo arqueándose a 20 metros sobre el piso de mármol. "El lugar está mal", se quejó Miguel Ángel, "y yo no soy pintor!" (Coughlan, 1966, p. 116). Pero las comisiones papales no se podían rechazar, así que en enero de 1509 Miguel Ángel comenzó su trabajo. En octubre de 1512 los frescos fueron develados, y más tarde fueron reconocidos entre las obras maestras más importantes del Renacimiento italiano. En La creación de Adán Miguel Ángel captura el momento de la creación (Coughlan, 1966, pp. 117-123). Dios y Adán tratan de alcanzarse el uno al otro, sus ma- nos están extendidas, sus dedos casi se tocan, y parece que en ese momento la chispa de vida salta a través de la sinapsis entre Dios y el hombre. Pero tal interpretación está lejos de ser necesaria. Es claro que Adán está vivo. Sus ojos están abiertos, su mirada está dirigida y su brazo y su mano, extendidos. Frank Lynn Meshberger (1990) propuso una fascinante interpretación alternativa. En Journal of the American Medical Association, Meshberger señaló una tercera imagen importante en el fresco. Esa imagen se reveló con claridad cuando se removieron siglos de hollín, suciedad y manchas del fresco en una limpieza reciente. Rodeando a Dios están de manera inequívoca la forma y algunos de- talles de un cerebro humano. La imagen de Miguel Ángel es sorprendentemente similar a las descripciones de los aspectos médicos del cerebro que se muestran en textos con- Estudios precursores del sistema nervioso central 83 temporáneos de anatomía. Meshberger concluye que la intención de Miguel Ángel al pintar este cerebro envolvente era mostrar a Dios dándole a Adán no la vida sino el intelecto. La imagen que pintó Miguel Ángel demuestra que tenía un conocimiento detallado de la anatomía del cerebro. Éste se derivó de sus estudios anatómicos. Tales estudios fueron muy conocidos por sus contemporáneos, y con frecuencia pedía a sus patro- cinadores apoyo para esos estudios a cambio de su arte. El amigo y biógrafo de Miguel Ángel, Giorgio Vasari, describió uno de tales tratos: Miguel Ángel hizo un crucifijo de madera para la iglesia del Espíritu Santo en Florencia, que fue colocado sobre la luneta del altar mayor, donde todavía está. Lo hizo para agradar al prior, quien puso a su disposición habitaciones que Miguel Ángel utilizaba con frecuen- cia para desollar cadáveres con el objetivo de descubrir los secretos de la anatomía. (Vasari, en Bull, 1965, pp. 332-333) Miguel Ángel iba adelantado a su tiempo en cuanto a que su conocimiento del cere- bro se basaba en la observación. Durante más de dos siglos después de que pintó los frescos de la Sixtina, el conocimiento fue demasiado especulativo. La influencia de Des- cartes condujo de manera inevitable a la especulación acerca del asiento de la mente y el papel del cerebro en el control del pensamiento y de la acción. Los sangrientos siglos XVII y XVIII de guerras y revoluciones europeas, proporcionaron muchas oportunidades para estudiar las consecuencias de traumatismos y lesiones del sistema nervioso central, dado que los soldados sufrían terribles lesiones espinales y cerebrales en el campo de batalla. Incluso después de la decapitación fueron observadas acciones momentáneas. Las mul- titudes revolucionarias que rodeaban la guillotina vieron muecas, guiños y sonrisas, y escucharon gruñidos y gemidos provenientes de las cabezas de los ejecutados. ¿Tales acciones eran intencionales? ¿Un guiño o una sonrisa eran, tal vez, un gesto final de desafío o desdén? Éstas eran preguntas irresistibles tanto para la Iglesia, con su doctrina del vuelo del alma desde el cuerpo al instante de la muerte, como para los pensadores franceses empapados en el dualismo mente-cuerpo de Descartes. Pierre Cabanis (1757-1808), un anatomista francés líder, consideró tales preguntas y en 1795 concluyó que la conciencia termina cuando la cabeza y el cerebro se separan del cuerpo. Todo el pensamiento depende de un "órgano especial", el cerebro. Las acciones observadas, afirmó Cabanis, eran reflejas y automáticas. No indicaban más conciencia que el vuelo de un pollo sin cabeza alrededor de la granja. Un fisiólogo alemán, Theodor Bischoff (1807-1882), realizó una prueba macabra, incluso tétrica, sobre la afirmación de Cabanis en la cabeza de un criminal recientemente ejecutado. Los estímulos intensos, incluyendo el grito de la palabra "¡Perdón!", no provocaban ninguna reacción durante el primer minuto después de la decapitación (Fearing, 1930, p. 152). La conclusión de Cabanis era correcta. INVESTIGACIONES EXPERIMENTALES SOBRE LAS FUNCIONES DE LA MÉDULA ESPINAL La médula espinal es estructuralmente menos compleja y más accesible que el cerebro, por ello se comenzó a estudiar primero. En 1751 Robert Whytt (1714-1766), el médico del 84 Capítulo 3 rey y presidente del Royal College of Phisicians, publicó Un ensayo sobre los movimientos vitales y otros involuntarios de los animales en el cual reportó los resultados de más de una década de investigación. Sus experimentos más importantes los realizó con ranas deca- pitadas. Whytt encontró que una rana sin cerebro y sin médula espinal era totalmente irresponsiva; durante cierto tiempo después de la decapitación, una rana sin cerebro pero con médula espinal respondería a un piquete retirando el anca. En el inglés de su tiempo Whytt describió este sorprendente resultado: Cuando las patas traseras de una rana son heridas, inmediatamente después de cortarle la cabeza, no hay ningún movimiento excitado en los músculos de las ancas, ni siquiera un movimiento considerable. Pero si las patas de este animal son picadas, o heridas con un cortaplumas, 10 o 15 minutos después de la degollación, los músculos, no sólo de las ancas y de los muslos sino también del tronco del cuerpo, en su mayoría se convulsionan fuerte- mente y la rana algunas veces se mueve de un lugar a otro. (Whytt, 1751, reimpreso en Robinson, 1978, parte 12, p. 501) Es necesaria una médula espinal intacta para esas respuestas reflejas. De acuerdo con Whytt, inmediatamente después de la cirugía el gran dolor asociado con la decapitación encubre o bloquea los reflejos. Una vez que ese dolor se disipa, los reflejos se recuperan. La explicación de Whytt es plausible aunque incorrecta. No obstante, su demostración de los reflejos espinales tuvo una importancia duradera. Fue en Francia e Inglaterra, durante los principios del siglo XIX, que se alcanzó mayor progreso en la comprensión de la estructura y la función de la médula espinal. El avance se dio gracias al trabajo de muchos hombres, pero la contribución predominante fue la de Francois Magendie (1785- 1855) (Lesch, 1984). Desde que escribió su tesis doctoral en 1808, Magendie había pensado en los tractos de fibras que entraban a la médula espinal, las raíces de la médula espinal, dado que van hacia dentro y hacia fuera de la misma médula (Cranefield, 1974). Sus descubrimientos anatómicos fueron inicialmente decepcionantes, pues en la mayoría de las especies que estudió las raíces se fusionaban antes de salir de la médula y, por tanto, sólo podían alcanzarse rompiendo la médula para abrirla. Antes de que hubiera anestesia —el éter se descubrió hasta 1847— este procedimiento era atrozmente doloroso y casi siempre da- ñaba la médula espinal. Magendie encontró en cachorros de perro una disposición ana- tómica diferente de las raíces dorsales y ventrales de los nervios periféricos en cuanto a que se unían afuera de la columna espinal. En esos animales las raíces de la médula espinal pueden exponerse con relativa facilidad. Magendie cortaba las raíces dorsales o las ventrales de uno o más nervios y observaba los efectos específicos. Siguiendo la sec- ción de una raíz dorsal, parte del cuerpo carecía de sensación, mientras que la pérdida del movimiento seguía a la sección de una raíz ventral. En 1822 Magendie describió los resultados de varios de esos experimentos en su aho- ra famoso trabajo de tres páginas publicado en Journal of Physiology and Experimental Pathology en Francia. Concluyó: "Las raíces dorsales y ventrales de los nervios que sur- gen de la médula espinal tienen diferentes funciones; las dorsales se relacionan de forma más particular con la sensación, y las ventrales con el movimiento" (Magendie, 1822, p. 279). En cuanto a su importancia para la fisiología, la demostración de Magendie sobre la especificidad estructural y funcional de las raíces de la médula espinal es comparable con la investigación de Harvey acerca de la circulación de la sangre (capítulo 2). La in- Estudios precursores del sistema nervioso central 85 vestigación experimental sistemática de Magendie esclareció las bases del arco reflejo. Ese modelo conductual, con su aislamiento de sensación y movimiento, proporcionaría a la posterior ciencia de la psicología uno de sus paradigmas más perdurables: el de estímulo y respuesta. Una consecuencia más inmediata de la publicación de Magendie fue una disputa amarga sobre la titularidad del descubrimiento. En 1811, un fisiólogo y anatomista in- glés, Charles Bell (1774-1842), publicó en una edición privada un folleto titulado Idea de una nueva anatomía del cerebro; sometida a la observación de sus amigos en el cual especulaba acerca de la importancia funcional de diferentes partes del cerebro y describió experi- mentos realizados en conejos a los cuales había abierto la espina y había seccionado las raíces, ya fueran dorsales o ventrales. Bell concluyó de manera errónea que las raíces ventrales controlan la conducta voluntaria mientras que las raíces dorsales controlan la conducta involuntaria. Después de la publicación de Magendie en 1822, el yerno de Bell, John Shaw, disputó la titularidad de los resultados de Magendie. Sin embargo, dado que Bell circuló su folleto sólo entre sus amigos, Magendie no pudo haberlo leído. Cuando Shaw le mandó una copia, Magendie reconoció que Bell estuvo cerca de descubrir las funciones de las raíces de la médula espinal, pero se negó a ceder a su demanda de titularidad. Bell y sus estudiantes comenzaron entonces lo que Gallistel describió correc- tamente como "una clamorosa, carente de principios, pero ampliamente exitosa campa- ña para demandar la titularidad de lo que fue propiamente el descubrimiento de Magendie" (Gallistel, 1981, p. 539). El éxito de su campaña se ve en las referencias de los libros de texto actuales a la ley de Bell-Magendie. Tal atribución es injusta para Magendie. Sus experimentos fueron mucho más completos y definitivos que los de Bell; las conclu- siones de Magendie eran claras, mientras que las de Bell eran difusas y oscuras. Bell criticó de manera injusta a Magendie por la crueldad de sus experimentos, señalando que sus propios experimentos con "conejos aturdidos" eran más humanos. A decir ver- dad, en ambas series de experimentos los animales debieron haber sufrido un gran do- lor. Al mismo tiempo, Bell argumentaba que los experimentos de Magendie eran réplicas innecesarias de los suyos. De ambos cargos se valieron los antiviviseccionistas y todavía son citados por los críticos de la investigación y la experimentación animal. Finalmente, la conducta ética de Bell es cuestionable, pues existe evidencia histórica de que realizó ciertas alteraciones a sus primeros trabajos para apoyar su demanda de titularidad (Olmsted, 1943,1944). FISIOLOGÍA SENSORIAL Aunque el estudio de Bell sobre las raíces dorsales y ventrales de la médula espinal no fue definitivo, su argumento, presentado en 1823, en esencia era correcto: dado que los nervios intervienen entre los eventos del mundo externo y nuestra percepción de ellos, deben tener influencia en la cualidad de nuestras percepciones. Bell creía que cada ner- vio impone su propia cualidad específica sobre lo que se percibe. Su doctrina predice que el mismo estímulo produce diferentes sensaciones si opera sobre diferentes nervios. Ya que el nervio es el que impone la especificidad sensorial, se activa un nervio tan amplio como particular y resultará una sensación particular. Un estímulo poderoso como un golpe en la cabeza produce sensaciones de dolor, destellos de luz y ruidos, porque todos esos sistemas sensoriales diferentes han sido estimulados. Así, las sensaciones vi- 86 Capítulo 3 suales, que usualmente son el resultado de la estimulación mediante luz en los ojos y en el nervio óptico, pueden deberse a la estimulación química o eléctrica del nervio mismo o a la presión sobre el ojo cuando los párpados están cerrados. Éstos son estímulos dife- rentes, pero todos producen actividad en el nervio óptico; así, la sensación es la que produce la luz. Esta doctrina de las energías específicas de los nervios fue desarrollada en el siglo XIX por el fisiólogo alemán Johannes Peter Müller (1801- 1858) en su autorizado texto de 1840 Handbuch der Physiologie der Menschen (Manual de fisiología humana). Müller seña- ló muy correctamente que los nervios, por sí mismos, deben comunicar diferentes im- presiones al cerebro o proyectarse a diferentes partes del mismo, lo que a cambio impone la especificidad. Al mismo tiempo Müller reunió pruebas de tal aseveración. Hoy en día sabemos que diferentes áreas de proyección sensorial del cerebro imponen la cualidad específica. Hermann Ludwigvon Helmholtz (1821-1894) Hermann Ludwing von Helmholtz, quizá el más grande de los fisiólogos del siglo XIX con- dujo otro progreso en la fisiología sensorial. Helmholtz, hijo de un maestro de escuela alemán, nació en Postdam; fue un estudiante brillante y precoz que se graduó antes de tiempo de la preparatoria y se enroló como estudiante becario en una escuela que entre- naba cirujanos para el ejército prusiano. El programa de la escuela era riguroso —48 cla- ses a la semana, con la primera a las 6 de la mañana todos los días—, pero el laborioso Helmholtz prosperó bajo este régimen. Incluso encontraba tiempo para asistir al teatro, escuchar recitales de Beethoven y Mozart, leer a Goethe y Byron, y dominar el cálculo integral. Helmholtz recibió su grado de doctor en medicina en 1842 y luego tuvo que sal- dar su obligación militar sirviendo como cirujano del ejército durante seis años. Sin em- bargo, estaba mucho más interesado en la investigación que en la práctica médica y así, en 1849 aceptó un nombramiento como profesor de fisiología en la Universidad de Königsberg. Ahí empezó una larga serie de brillantes contribuciones a la fisiología y a la óptica fisiológica; una de sus contribuciones técnicas fue la invención del oftalmoscopio, que permitió por primera vez la inspección de la retina bajo iluminación directa. Más tar- de publicaría uno de los trabajos definitivos del siglo XIX, Acústica y óptica fisiológicas. Pero la contribución más brillante de Helmholtz fue su investigación sobre fisiología sensorial. Esta investigación se desarrolló con base en anteriores trabajos de experimentación y especulación acerca de la electricidad y el sistema nervioso. Un científico alemán del siglo XVII, John Swammerdam (1637-1680), removió un músculo y conectó un nervio de un anca de rana. Cuando picaba el nervio, causaba una contracción del músculo. En 1763, después de una larga serie de experimentos utilizando las preparaciones de ner- vio-músculo de rana, Robert Whytt concluyó que "cierto poder de influencia guardado en el cerebro, la médula espinal y los nervios, es la causa inmediata de la contracción de los músculos de los animales, o al menos es necesario para ello" (Whytt, 1763, sec. 1, p. 3). El siglo XVIII fue la edad de la electricidad y por tanto resultó inevitable que el "cierto poder de influencia" de Whytt fuera considerado como eléctrico. En la década de 1780, un profesor italiano de la Universidad de Bolonia, Luigi Galvani (1737-1798), utilizó una máquina de "influencia eléctrica" para estimular o, como él dijo, irrigar músculos de rana. Galvani estaba familiarizado con los experimentos sobre electricidad de Benjamín Estudios precursores del sistema nervioso central 87 Franklin. Franklin (1706-1790) comenzó sus observaciones de los fenómenos eléctricos en Filadelfia en la década de 1740. Concluyó que todos los cuerpos tienen una cualidad natural de fuego eléctrico. Llevan una carga eléctrica. Franklin explicó el alumbrado como la rápida liberación del fuego eléctrico e inventó el pararrayos para desbaratar las nubes y proveer protección de los relámpagos. La postura de Franklin fue controvertida por lo que propuso una demostración dramática: Una torrecilla de centinelas debía colocarse sobre un edificio alto; una varilla larga levanta- ría a través de la puerta, extendiéndose 6 o 9 metros en el aire, terminando en una punta; esa punta sería fijada a la mitad de una plataforma aislada, la cual tendría que mantenerse limpia y seca para que permaneciera como aislante. (Benjamín Franklin, en Cohen, 1972, p. 134) Franklin predijo que un centinela estaría a salvo en tal torrecilla durante una tormenta eléctrica. Las primeras pruebas de torrecillas se llevaron a cabo en Francia en mayo de 1752. El centinela salió ileso. Las pruebas fueron repetidas por el rey de Francia y su corte nuevamente con éxito. Demostraciones similares siguieron realizándose en Ale- mania e Inglaterra, pero no en Rusia. En San Petersburgo el participante no cumplió completamente con todas las precauciones de seguridad de Franklin y se electrocutó. En una segunda demostración muy conocida, Franklin volaba su cometa eléctrica entre las nubes durante las tormentas de truenos. Estas pruebas mostraron de manera concluyen- te que la descarga de un rayo es un fenómeno eléctrico. Proveyeron tanto una explica- ción racional para uno de los más temidos y peligrosos fenómenos naturales como una aplicación práctica, el pararrayos, el cual salvaría vidas y propiedades. Galvani escuchó acerca de la demostración de la cometa de Benjamín Franklin y de- cidió investigar los efectos de la electricidad que ocurre de forma natural en la contrac- ción muscular. Galvani colgó un alambre desde el techo de su laboratorio hasta el criadero de ranas y ató un extremo a sus músculos. Cuando una nube con su carga eléctrica pasa- ba por arriba, los músculos se contraían. Este experimento gustó tanto a Galvani que lo 88 Capítulo 3 utilizó como entretenimiento para después de la cena con sus invitados. Galvani obser- vó una fuente más poderosa de electricidad natural y, por tanto, trató de capturar un rayo con su alambre. Afortunadamente para Galvani y para sus ranas nunca fue capaz de hacerlo. Galvani también observó contracciones musculares cuando conectaba un músculo de rana con diferentes metales; la plata y el hierro producían una mayor "reacción vehe- mente". Describió sus resultados en su texto de 1791 De viribus electricitatis in motu muscularis commentarius (Un comentario sobre el papel de la electricidad en las contrac- ciones musculares). Sólo se imprimieron 12 copias del libro dado que Galvani no pensó que más personas pudieran interesarse en su experimento o en su tesis de que la electri- cidad es inherente a la rana y posiblemente a todos los organismos vivientes. Él creía que la electricidad era generada por el cerebro y distribuida a lo largo de todo el cuerpo mediante el sistema nervioso. Su tesis pronto sería cuestionada, pero su insight de que la actividad neuronal tiene un componente eléctrico fue importante y los psicólogos toda- vía honran su memoria cuando hablan de la respuesta galvánica de la piel. Una refutación a las teorías de Galvani provino de Alessandro Volta (1745-1827), uno de los 12 que recibieron su libro. Como profesor de física, Volta creía que la electricidad que Galvani había observado no era inherente al organismo sino bimetálica, es decir, causada por una diferencia de potencial o "voltaje" entre los metales atados a la rana. Las ranas de Galvani, dijo, no generan electricidad sino que la conducen. Alrededor de 1850, Emil Du Bois-Reymond (1818-1896) construyó un galvanómetro muy sensible para medir el flujo de corriente eléctrica. Cuando colocó un alambre sobre un nervio y otro sobre la terminación seccionada del nervio, observó el flujo de corriente eléctrica. Incluso de manera más notable, Du Bois-Reymond encontró que cuando el nervio de una rana era estimulado con una corriente eléctrica suave, su galvanómetro podía medir la propagación de un cambio eléctrico a lo largo del nervio. Hasta que se realizaron esos experimentos, el impulso nervioso había sido más bien un misterio. Se sabía que algún tipo de perturbación viajaba a lo largo del nervio, pero la naturaleza y la velocidad de la perturbación se desconocían. Du Bois-Reymond mostró que esta pertur- bación era eléctrica por naturaleza. Su texto de dos volúmenes Electricidad animal resume lo que se sabía acerca de la conducción eléctrica de los nervios y también desarrolla una teoría de la polarización para explicar las funciones neuromusculares. Helmholtz mide la velocidad del impulso nervioso Dado que la perturbación que se mueve a lo largo del nervio es eléctrica, Helmholtz se dio a la tarea de medir su velocidad. Primero hizo una disección de un nervio motor y de un músculo del anca de una rana. Cuando el nervio era estimulado eléctricamente, el músculo se contraía. Helmholtz también inventó el miógrafo, en el cual el músculo traza su contracción sobre un tambor giratorio. Con ese implemento podía registrarse la latencia, la duración y la naturaleza de la contracción. La pequeña demora entre la estimulación del nervio y la contracción del músculo fue para Helmholtz el tiempo que tardaba el impulso eléctrico en viajar a lo largo del nervio. Conociendo ese tiempo y la longitud del nervio, Helmholtz calculó que la velocidad del impulso nervioso era de 43 metros por segundo. Luego, entrenó a sujetos humanos para que presionaran un botón cuando sin- tieran un estímulo que se estaba aplicando a sus piernas. Los resultados fueron varia- Estudios precursores del sistema nervioso central 89 bles, pero como se predijo, los tiempos de reacción eran generalmente más largos para un estímulo aplicado al dedo pulgar del pie que para uno aplicado al muslo. Estos expe- rimentos fueron altamente significativos. Por primera vez se había medido la velocidad del impulso nervioso tanto en ranas como en humanos. Estimaciones anteriores, algu- nas lentas hasta cierto punto (2 743 metros por minuto) y otras cegadoramente rápidas (17 556.48 millones de metros por segundo), fueron reemplazadas por mediciones preci- sas y bastante exactas. Hoy en día, los experimentos de Helmholtz son considerados como un triunfo de la investigación del siglo XIX. Pero las reacciones iniciales se tomaron con mayores reservas. Sus resultados parecen contrarios al sentido común. Nosotros creemos que nuestras sensaciones son inmediatas, no demoradas como lo sugirieron los resultados de Helmholtz. Cuando una jirafa se raspa una pata, ¿cuánto tiempo puede pasar antes de que el animal sienta el dolor? La larga distancia que el impulso del nervio sensorial debe viajar para alcanzar el cerebro del animal sugiere una demora apreciable, no obstante la reacción del animal aparece de forma instantánea. Incluso sus contempo- ráneos expresaron sus reservas. Emil Du Bois-Reymond comentó sobre el primer reporte de investigación de Helmholtz: "Su trabajo, lo digo con orgullo y pesar, es comprendido y reconocido por mí únicamente. Usted ha, ruego su perdón, expresado los temas de manera tan oscura que su reporte puede ser sólo, en el mejor de los casos, una introduc- ción al descubrimiento del método" (Koenigsberger, 1965, p. 64). Las conferencias de Helmholtz no eran mejores. Su padre comentó acerca de una de ellas: "Él es tan poco capaz de escapar de su rigidez científica de expresión[...] que estoy lleno de respeto por una audiencia que puede entender y agradecérselo" (Koenigsberger, 1965, p. 65). Aunque su estilo pudo haber sido rebuscado, el trabajo de Helmholtz ha llegado a re- conocerse como una joya de la corona de la investigación fisiológica del siglo XIX. Sus re- sultados fomentaron una gran cantidad de importantes preguntas. Primero, ¿cuál es la naturaleza del impulso nervioso? ¿Es exclusivamente eléctrico o tiene componentes quí- micos? Segundo, ¿diferentes nervios conducen a diferentes velocidades? y ¿los nervios de diferentes personas conducen a diferentes velocidades? Tercero, ¿la velocidad de un im- pulso nervioso depende de la intensidad del estímulo? Cuarto, ¿los nervios son igualmente excitables en todo momento? En sus intentos por contestar tales preguntas, los fisiólogos sensoriales del siglo XIX realizaron un gran avance en la comprensión del sistema nervio- so. En 1882, como reconocimiento a sus contribuciones, el kaiser alemán otorgó a Helmholtz un rango de nobleza y Hermann von Helmholtz fue su nuevo nombre legal. ¿Pero qué con el cerebro y su relación con la mente? En la actualidad consideramos el cerebro como el órgano canónico del cuerpo, el asiento del intelecto y de la conciencia. A primera vista el cerebro puede parecer un candidato poco impresionante para tal papel: el cerebro humano pesa entre 1.589 y 1.816 kilogramos, aparece como pasivo para el ojo sin ayuda y tiene la consistencia de una bien formada gelatina. No obstante, ahora sabe- mos que el cerebro es la fuente esencial de nuestros más grandes logros: las sinfonías de Beethoven, Hamlet, La Declaración de Independencia, las pinturas del impresionismo fran- cés, y el puente Golden Gate. Pero también de Dachau, Belsen, Adolf Hitler, Charles Manson y Jeffrey Dahmer. Comprender el cerebro es el reto más grande al que nos en- frentamos. El siglo XIX fue testigo de cambios revolucionarios en los conocimientos de la función del cerebro. Por primera vez el cerebro fue estudiado de manera directa y se avanzó mucho en la comprensión de sus estructuras y funciones. Aún estamos lejos de una comprensión total, pero ha habido avances considerables. 90 Capítulo 3 FRENOLOGÍA Iniciemos con un falso comienzo. La frenología fue una descripción notablemente deta- llada de la función del cerebro que recibió una gran aclamación popular en el siglo XIX. Durante un tiempo la frenología fue una ciencia aceptada (logos) de la mente (phrenos), pero a pesar de la cuidadosa construcción de sus fundamentos empíricos, la frenología se deterioró profundamente y ahora ocupa, en el mejor de los casos, la posición de una pseudociencia. Resulta ilustrativo estudiar el surgimiento y la caída de la frenología. Franzjoseph Gall (1758-1828) y Johann Gaspar Spurzheim (1776-1832) La frenología comenzó con el trabajo de Franz Joseph Gall. Nacido en Alemania, hijo de un comerciante y alcalde de la villa, Gall calificó como médico en Viena en 1785. Allí desarrolló una exitosa práctica médica con muchos pacientes prominentes y con una reputación de ostentoso, extravagante y de tener un estilo de vida indiscreto. Dictó mu- chas conferencias sobre anatomía y algunas veces cobraba la admisión a sus demostra- ciones. Gall escribió Un tratado sobre la filosofía de la Medicina, publicado en 1791, pero ahora es mejor recordado por sus aseveraciones de que la personalidad puede ser inferi- da a partir de la apariencia corporal, especialmente a partir de las características del cráneo. Cuando era niño, Gall notó que un gran número de sus conocidos con buena memoria también tenía ojos grandes y protuberantes. Como anatomista, especuló acerca de que otras características pueden relacionarse con rasgos externos y, por tanto, comen- zó una evaluación sistemática de su especulación. Gall creía apasionadamente que las mediciones precisas conducirían al entendimiento. Viajó a albergues, prisiones y asilos de lunáticos para medir o "leer" los cráneos de los individuos que residían en tales insti- tuciones. Al mismo tiempo compiló un amplio catálogo de anécdotas sobre característi- cas mentales específicas relacionadas con protuberancias particulares del cráneo. Por ejemplo, encontró un cierto número de carteristas convictos quienes tenían, todos ellos, protuberancias en la misma área en un lado del cráneo justo arriba de la oreja. Gall con- cluyó que éste era el lugar del cerebro de la función de codicia o del poder, una función obviamente muy bien desarrollada en los carteristas. No contento con estudiar los crá- neos de los vivos, Gall también coleccionó cráneos de muertos. Formó su colección de manera tan constante que muchos vieneses especificaron en sus testamentos que "sus cabezas fueran protegidas de las investigaciones del doctor Gall". Como resultado de la medición incesante de Gall, desarrolló gradualmente una "doc- trina del cráneo" que resumía el enorme cuerpo de datos que había reunido. Su doctrina afirmaba que la personalidad y la inteligencia son reducibles a 42 facultades o funciones, seis de los cuales son domésticas, diez son egoístas, cinco morales, cinco autoperfectivas, ocho intelectuales, cuatro son de facultades literarias y cuatro reflexivas. Gall creía que cada una de esas facultades se localiza en un área específica de la superficie del cere- bro y que el cráneo encapsula el cerebro de forma tan hermética que por eso los contor- nos del cráneo reflejan las desviaciones en la superficie del cerebro. Las facultades muy desarrolladas causan pequeñas protuberancias que aparecen sobre el cráneo; las me- nos desarrolladas pueden incluso conducir a hendiduras. En consecuencia, la medición o palpación del cráneo puede revelar la fuerza de las facultades subyacentes. Los resul- Estudios precursores del sistema nervioso central 91 tados de tal lectura frenológica del cráneo fueron presentados en gráficas, con la fuerza de cada facultad mostrada sobre una escala de rangos. Gall atrajo muchos seguidores y patrocinadores, pero también se ganó poderosos enemigos. La Iglesia católica catalogó su trabajo como determinista y materialista (y de hecho lo era) y que poseía implicaciones ateas. Gall argumentó que su descubrimiento de un "órgano de la religión" había proporcionado una prueba definitiva de la existencia de Dios. Pero su protesta no le valdría de nada. Sus libros fueron colocados en el índice de libros prohibidos. En 1802, el emperador austríaco Francis I calificó las conferencias de Gall sobre la cercana conexión entre el cerebro y la personalidad de "subversivas de la religión y la moral" y le prohibió que hablara en público. Gall abandonó Viena y, des- pués de una exitosa gira de conferencias por Europa, se estableció en París. A pesar de la censura por parte de las autoridades eclesiásticas y civiles, Gall atrajo muchos seguidores, el más importante de los cuales fue Spurzheim, quien inicialmente estudió teología y luego asistió a la escuela de medicina en Viena. Se unió a Gall como su secretario y asistente en 1804 y abandonó Viena con Gall un año más tarde. Entre 1810 y 1819 publicaron, a expensas de Gall, cuatro libros y un atlas de 1 000 láminas que descri- bían La anatomía y la fisiología del sistema nervioso en general y del cerebro en particular, con observaciones sobre la posibilidad de descubrir el número de disposiciones intelectuales y morales de los hombres y los animales mediante las configuraciones de sus cabezas. En 1822 y 1825 se publicaron ediciones populares, baratas y sin las láminas. El objetivo de los dos era desa- rrollar un conocimiento perfecto de la naturaleza humana con base en el estudio y la medición del cráneo. Los frenólogos se consideraban anatomistas y científicos. Sentían un completo des- precio por los filósofos y metafísicos de escritorio. Pero la lógica de sus argumentos era fatalmente equivocada. En un incidente infame, el célebre crítico y erudito clásico Richard Porson murió de apoplejía. Había sido por mucho tiempo profesor de griego en la Uni- versidad de Cambridge y se distinguió por su inmensa erudición, su gran agudeza y 92 Capítulo 3 solidez de juicio, sus intensos poderes de concentración y su estupenda memoria. Des- pués de su muerte su cráneo fue examinado, pero como un estudio contemporáneo afir- ma: "Para consternación de todos los frenólogos, pero para consuelo de todos los cabezas cuadradas, se encontró que su cráneo era más ancho que el de cualquier hombre que hubiera sido diseccionado en Europa" (Emersons's United States Magazine, 1857, p. 155). El doctor Gall fue consultado y estuvo de acuerdo en que el caso era complicado, pero concluyó: "Qué tanto conocimiento pudo meter en tal cráneo que yo no puedo, de he- cho, comprender; pero bien puedo entender que, habiendo entrado ese conocimiento, nunca será capaz de salir nuevamente" (Emerson's, 1857, p. 155). Incluso durante su colaboración, Gall y Spurzheim tuvieron muchos amargos des- acuerdos que surgieron de sus diferentes concepciones de la naturaleza humana. Gall tenía una visión más bien pesimista y cínica, e incluso designó un poder o facultad, "asesinato". Era en mucho un determinista que creía que los poderes son innatos y no pueden ser cambiados. La visión de Spurzheim era más optimista y utópica. Veía a los humanos como perfectibles y la frenología como la ciencia que les mostraría el camino a una condición feliz. De los dos, Gall fue siempre más el científico, Spurzheim más el propagandista y el promotor. .Gall murió en París en 1828. La implacable Iglesia católica le negó un sepulcro en terrenos consagrados, pero consideró adecuado hacer una disección de su cráneo. Los Estudios precursores del sistema nervioso central 93 anatomistas se sorprendieron al descubrir que su cráneo era más ancho que ninguno de los que habían visto desde la muerte de Porson —al menos era lo doble de ancho que cualquier otro que hubieran visto (Emerson's, 1857, p. 156)—. Spurzheim fue intrépido y con su nuevo colega, el frenólogo escocés George Combe (1788-1858) continuó populari- zando la frenología. Juntos la cambiaron de ciencia, que era la intención de Gall, a culto. Sus demostraciones con frecuencia eran dramáticas. En una, utilizaron imanes para esti- mular un poder particular. Cuando un imán pasaba sobre el área de veneración, la per- sona asumía un "aire venerable"; cuando pasaba sobre el área de la codicia, el sujeto intentaba tomar la cartera del frenólogo. El conocimiento de esta nueva "ciencia de la mente" se propagó, y Spurzheim y Combe fueron invitados a dar una conferencia en los Estados Unidos. Spurzheim visitó Boston en 1832. Su llegada causó sensación. Dio una serie de conferencias y demostraciones muy exitosas en hospitales y universidades y asistió a ceremonias en Harvard y Yale como huésped de honor. Como un observador contemporáneo lo dijo, "los profesores están enamorados de él" (Bakan, 1967, p. 331). Seis semanas frenéticas después de su llegada a Estados Unidos, en el momento de su más grande popularidad, Spurzheim murió. Su muerte y su funeral fueron actos importantes, y el interés en la frenología se incrementó aún más cuando la autopsia reveló que tenía una masa cerebral de 57 onzas (1 616 gramos), unas 10 onzas (284 gramos) más grande que el promedio. La gente no sabía con certeza cuál era el significado de un cerebro tan pesado, pero seguramente no podía ser una mera coincidencia. Tras la muerte de Spurzheim, Combe continuó popularizando la frenología. Contri- buyó en la formación de más de 45 sociedades frenológicas tanto en Europa como en Estados Unidos, muchas de las cuales duraron hasta el siglo XIX. El texto frenológico de Combe Constitución de un hombre vendió más de 100 000 copias y se dice que en el siglo XIX muchos hogares tenían sólo tres libros: la Biblia, El progreso de Pilgrim y Constitución de un hombre (Young, 1985, p. 64). Combe fue elegido para que formara parte de la Acade- mia Nacional de Ciencias Naturales y también se le ofreció una cátedra sobre filosofía mental y moral en la Universidad de Michigan. Dedicó su vida a la frenología, la educa- ción y a prisiones y reformatorios, y al parecer fue una persona dedicada e idealista. Cuando se le pidió que justificara la existencia de la esclavitud sobre la base de sus estu- dios científicos que habían mostrado que los cráneos de los negros eran "inferiores", se rehusó y afirmó que un esclavo educado podía competir con una persona libre. También atacó la posición de segunda clase de la mujer, rechazando las afirmaciones de que ellas eran intelectual o emocionalmente inferiores a los hombres. Sarah Josepha Hale, la auto- ra del muy conocido verso "Mary tenía un pequeño cordero" y editora de Ladies Magazi- ne (Revista Damas) de Boston, dijo que la frenología era la segunda fuerza después de la cristiandad para elevar y mejorar la posición de las mujeres. Muy pronto, sin embargo, como resultado de la popularización de la frenología, el enfoque de la disciplina cambió. Ya no era más una ciencia empírica como Gall originalmente la definió. Frenología como un gran negocio Tres estadounidenses emprendedores capitalizaron la novedad de la frenología. Orson y Lorenzo Fowler y un hombre llamado Samuel Wells, quien se casó con la hermana de los anteriores, establecieron la compañía familiar de Fowler y Wells. Comercializaron todo 94 Capítulo 3 tipo de aparatos y equipo frenológico concebible: bustos y cabezas con las áreas escritas y numeradas de forma nítida y manuales frenológicos completos con instrucciones deta- lladas para el autoanálisis frenológico. "Conózcase usted mismo" era el lema de los frenólogos y su obra más vendida, Ante/instructor frenológico (Fowler y Fowler, 1859), estaba ilustrada de manera abundante con "pruebas" de la frenología. La buena madre tenía una protuberancia en su área del amor parental, la poco maternal tenía una hendi- dura; Aaron Burr, quien mató a Alexander Hamilton en un duelo, fue juzgado por trai- ción y fue ampliamente conocido que como galanteador que era tenía una gran protuberancia en el área pasional; "Señorita Modestia", por otro lado, es representada como si tuviera una marcada depresión (Fowler y Fowler, 1859, p. 75). Fowler y Wells hicieron extensas giras de conferencias y publicidad, editaron una cantidad sorprenden- te de escritos y establecieron salones frenológicos en muchas ciudades. Su gabinete frenológico en la ciudad de Nueva York era un emporio con miles de cráneos humanos y animales. La influencia que Fowler y Wells tuvieron en la cultura estadounidense en esos tiem- pos fue enorme. Los negocios de ese país comenzaron a requerir exámenes frenológicos como condición de empleo. Anuncios como el siguiente, que fue tomado del New York Sun aparecieron en los periódicos: Se solicita aprendiz: un niño corpulento de no más de 15 años de edad, de padres alemanes o escoceses, para aprender un oficio bueno pero difícil. Nota: es necesario que traiga una Estudios precursores del sistema nervioso central 95 recomendación de sus habilidades de los señores Fowler y Wells, Frenólogos, Calle Nassau. (Schwartz, 1986, p. 33) La gente joven que pensaba casarse estaba urgida de consultar a un frenólogo para aprender las leyes de la selección conyugal y para descubrir con quién debía y con quién no debía casarse. Durante la campaña presidencial de 1850 se publicó un análisis frenológico de cada candidato en el Journal of Man de los frenólogos. Se "leyeron" las cabezas de muchas figuras famosas. Walt Whitman estuvo tan contento con los resulta- dos de su análisis frenológico que lo publicó cinco veces. Los términos y los análisis frenológicos aparecen con frecuencia en la literatura del siglo XIX: los héroes tenían cabe- zas grandes, frentes altas y los ojos separados. Se decía que Jane Eyre tenía un área de la veneración inusualmente grande y que Sherlock Holmes deducía de un sombrero de talla grande que su propietario era de gran intelecto. Aún hoy tales descripciones persis- ten en referencias despectivas a los "intelectuales de cabezas puntiagudas" y los "atletas de cráneo ancho". Los procedimientos de medición frenológica alcanzaron su cima en 1907 con la creación del frenómetro eléctrico de Lavery, el cual, se decía, medía protube- rancias "de manera eléctrica con precisión científica". Dado el gran entusiasmo que desató y su éxito, ¿por qué fracasó la frenología, y por qué la consideramos, en el mejor de los casos, como una seudociencia comparable con la astrología, la quiromancia, la alquimia y el mesmerismo? Las respuestas se encuentran en sus características fundamentales y en sus supuestos. Primero, la selección de faculta- des era indiscriminada. Los intentos por describir las complejidades de la inteligencia y la personalidad humanas en términos de un número limitado de facultades y poderes estaban predestinados a fracasar. Segundo, los argumentos de los frenólogos eran circu- lares. ¿Por qué William Teller era un ladrón y el señor Gosse, un filántropo que repartió dos fortunas? Porque Teller tenía una protuberancia en el área de la codicia y Gosse tenía una hendidura. ¿Cómo sabemos que esa área era el asiento del poder de la codicia? Porque el ladrón Teller tenía una protuberancia y Gosse una grieta (Fowler, 1869, p. 93). Tal explicación era como la del médico de Moliere, quien explicó que el opio produce sueño porque tiene una tendencia soporífera (Young, 1970, p. 22). Tercero, la explotación de personas crédulas era inaceptable para los estudiosos serios de la función cerebral y la personalidad, como probablemente también lo hubiera sido para el mismo Gall. La frenología generó una gran cantidad de dinero para algunas personas, pero nunca fue aceptada como un método psicométrico válido. Cuarto, la frenología con sus prediccio- nes y explicaciones circulares nunca podía ser probada como falsa. En 1857, G. H. Lewes aconsejó a los frenologistas "cesar por el momento su acumulación de ejemplos corroborativos y dirigir todos los esfuerzos a la acumulación de ejemplos contradictorios" (Lewes, 1857, p. 674). Incluso cuando se encontraron tales ejemplos contradictorios, se explicaron aparte. Cuando Spurzheim supo que el cráneo de Descartes era mucho más pequeño que el promedio en la región frontal, en la cual supuestamente reside el intelec- to, sólo afirmó que "probablemente Descartes no había sido un pensador tan grandioso como muchos pensaban que era" (Lewes, 1857, pp. 671-672). Finalmente, muchos de los fisiólogos más importantes del siglo XIX eran críticos severos de la frenología. Magendie preservó con veneración el cerebro del matemático y físico francés Pierre Laplace (1749-1827) e invitó a Spurzheim a examinarlo, pero éste desconocía que Magendie había sustituido el cerebro del gran hombre por el de un imbécil. Spurzheim admiró el cerebro del imbécil como si fuera el de Laplace (Flourens, 1843, pp. 671-672). 96 Capítulo 3 En su Tratado elemental sobre la fisiología humana, publicado en 1816, Magendie acabó con la frenología en esta nota de pie de página: Frenología, una seudociencia de hoy en día; como la astrología, la necromancia y la alquimia de tiempos pasados, pretende localizar en el cerebro los diferentes tipos de memoria. Pero sus esfuerzos son meras afirmaciones, las cuales no soportarán una inspección ni por un instante. (Magendie, 1819 reimpreso en Robinson, 1978, pp. 1-255) Finalmente, las críticas del investigador más prominente de la función cerebral en el siglo XIX, Pierre Flourens, demostraron lo anterior en forma devastadora. En Un examen de la frenología, publicado en 1843, Flourens presentó una crítica lógica de la frenología y citó sus propios estudios experimentales acerca de los efectos de remo- ver tejido cerebral (ablación) en la conducta de los animales. El espesor del cráneo varía de un lugar a otro y los contornos del cráneo no corresponden a los contornos del cere- bro; así, la suposición fundamental de la frenología es equivocada. Los frenólogos ha- bían localizado la pasión en el área del cerebro que corresponde al cerebelo. En sus experimentos de ablación Flourens encontró que el daño al cerebelo interfiere con los movimientos motores pero no interfiere con la fuerza del impulso sexual en un animal. Las críticas de Flourens a la frenología fueron rigurosas, pero es importante rescatar cualquier contribución positiva que la frenología pudo haber hecho al desarrollo de la psicología. La frenología reforzó la creencia de que el cerebro es el órgano de la mente, dada la sugerencia de que las funciones mentales se pueden localizar en el cerebro. Los frenólogos sostenían que las características psicológicas pueden medirse, y como usaban escalas de rangos elaboradas para registrar y valorar un perfil de los diferentes poderes de un individuo en particular, reforzaron el concepto de las diferencias individuales, el área que más tarde conformó el núcleo de los psicólogos diferenciales y de los teóricos de la personalidad. El editor de una antología de los escritos de Gall Erna Lesky declaró en 1979 que Gall era el padre de las ciencias de la conducta, un gran instigador de la reforma social, un antropólogo criminalista de la estatura de Cesare Lombroso y un pre- cursor de Charles Darwin. Todas estas aseveraciones pueden ser cuestionadas, pero debe admitirse que los frenólogos tuvieron sus éxitos ocasionales. De acuerdo con un reporte, un frenólogo moderno examinó a Ray Kroc cuando tenía cuatro años y predijo que ten- dría una carrera exitosa en los alimentos (Kroc, 1987, p. 42). Kroc más tarde fundó McDonald's y amasó una fortuna de 450 millones de dólares vendiendo comida. LOCALIZACION DE LAS FUNCIONES EN EL CEREBRO Estudios del cerebro animal Marie-Jean Pierre Flourens (1794-1867) fue el investigador más importante de las funcio- nes del cerebro durante las décadas medias del siglo XIX. Fue un eminente cirujano fran- cés, secretario permanente de la Academia Francesa de la Ciencia, gran oficial de la Legión de Honor, diputado nacional y profesor en la Universidad de Francia. Hombre de mu- chos honores y talento, dedicó su vida a investigar de manera empírica las funciones de las diferentes estructuras del cerebro. Para Flourens el cerebro es armonioso, intrincado y bello. Incluso para un ojo no entrenado, es claro que el cerebro no es una masa homo- Estudios precursores del sistema nervioso central 97 génea, sino está formado por muchas partes diferentes, todas obviamente interconecta- das pero distintas. Dado que el cerebro tiene tantas estructuras diversas, surge la pre- gunta: ¿desempeñan diferentes funciones? Ésa fue exactamente la pregunta que Gall había respondido, pero la forma de buscar la respuesta por parte de Flourens fue muy diferente. Flourens fue un cirujano brillante y preciso, notable por la elegancia de sus procedi- mientos y de sus pruebas experimentales. Un método que utilizó fue la ablación, el pro- cedimiento experimental antes analizado en el cual áreas específicas del cerebro son removidas quirúrgicamente. Flourens esperaba utilizar este método para determinar las funciones de las diferentes unidades o estructuras del cerebro. En sus experimentos se guiaba por dos principios. Primero, creía que las partes a estudiar del cerebro debían estar anatómicamente separadas y diferenciadas. Para Flourens, seis unidades en el ce- rebro eran apropiadas para el estudio: los hemisferios cerebrales, el cerebelo, el cuerpo cuadrigémino, la médula oblongata, la médula espinal y los nervios mismos. Segundo, su aproximación consistía en estudiar la conducta de un animal, realizar una operación quirúrgica delicada en la cual una de las unidades era removida, dar al animal tiempo para recuperarse de la operación y luego estudiar su conducta nuevamente. Sus méto- dos experimentales permitieron que se tuviera un control y una precisión mucho mayo- res que en los "experimentos de la naturaleza", en los cuales el daño cerebral seguía a un accidente, una lesión o un infarto. Flourens reconoció que los enfoques experimentales y clínicos se complementan uno al otro, pero su enfoque fue directo, quirúrgico y experi- mental, lo que permanece como un modelo para los investigadores contemporáneos de las funciones del cerebro. Flourens resumió los resultados de sus investigaciones en un trabajo publicado en 1823 titulado Récherches physiques sur les propriétés et les fonctions du systéme nerveux dans les animaux vertebres (Investigación experimental sobre las propiedades y funciones del sistema nervioso en vertebrados). El año siguiente publicó un reporte más extenso en un libro del mismo título. Una segunda edición se publicó en París en 1842. Sus conclusio- nes acerca de las funciones de las unidades básicas del cerebro fueron las siguientes: los lóbulos cerebrales se consideraron el asiento de todas las acciones voluntarias. Después de la extirpación de los lóbulos cerebrales, un animal continuaría mostrando respuestas reflejas —las pupilas de los ojos se dilatan en presencia de una luz tenue y se contraen ante una brillante— pero, a pesar de tales reflejos, el animal estaba funcionalmente cie- go. Los estímulos visuales no se perciben y, de manera similar, los estímulos auditivos son imperceptibles. Después de la extirpación de los lóbulos cerebrales, una paloma per- manecía sin movimiento cuando sonaba una sirena; antes de la operación, la sirena ha- bría ocasionado el vuelo inmediato. Después de la cirugía el ave comería sólo cuando se empujara la comida al interior de su pico; no buscaría alimento. Una paloma volaría cuando fuera lanzada en el aire; cuando se la dejaba sola, no lo haría. Flourens dio la siguiente explicación de la conducta de una paloma sin sus lóbulos cerebrales: Se sostenía verticalmente muy bien; volaba cuando era lanzada al aire, caminaba cuando era empujada; el iris de su ojo era muy móvil, no obstante no veía; no escuchaba, nunca se movía espontáneamente, casi siempre asumía la apariencia de un animal dormido o soño- liento[...] Cuando la dejaba sola, permanecía en calma y absorta; en ningún caso daba ninguna señal de volición. En una palabra, era un animal condenado al sueño perpetuo y privado incluso de la facultad de dormir durante este sueño; fue en eso casi precisamente 98 Capítulo 3 en lo que se convirtió la paloma a la que extirpé los lóbulos cerebrales. (Flourens, 1823/ 1965, p. 363; también en Clarke y O'Malley, 1968, p. 484-485) Con base en esos resultados, Flourens concluyó que los lóbulos cerebrales son el asiento de la percepción —vemos y escuchamos en nuestros cerebros— e incluyen también las funciones mentales superiores como la voluntad, la memoria y el juicio. Resumió sus resultados como sigue: Si los lóbulos cerebrales son extraídos se pierde la visión pues, el animal deja de ver; se pierde la volición, pues ya no desea moverse; la memoria, pues ya no recuerda; el juicio, pues no juzga más; se golpea 20 veces contra el mismo objeto sin aprender a evitarlo; piso- tea la tierra cuando es golpeado en lugar de evitarlo. (Flourens, 1823/1965, p. 363; también en Clarke y O'Malley, 1968, p. 485) Después de la extirpación del cerebelo, un animal caminaba con movimientos descoordinados, espasmódicos, temblorosos. Las aves con daño cerebelar parecían ha- cer intentos por volar, en contraste con las aves con daño en sus lóbulos cerebrales, las cuales no tenían tal volición. Pero cuando las aves con daño cerebelar eran lanzadas al aire, no podían coordinar los movimientos necesarios para permanecer en él. Flourens encontró resultados similares cuando lesionó en forma progresiva el cerebelo de un pe- rro. Conforme realizó ablaciones de secciones más y más profundas de su cerebelo, la habilidad del perro para caminar se desintegró proporcionalmente hasta que ya no pudo regular ninguno de sus movimientos. De tales estudios sistemáticos Flourens concluyó de forma correcta que el cerebelo controla y coordina las actividades motoras involucradas en caminar, saltar, volar y ponerse de pie. Estudios precursores del sistema nervioso central 99 Flourens encontró que los animales pueden sobrevivir a un daño en los lóbulos cere- brales y en el cerebelo, pero no a daños en la estructura que contiene centros o áreas que controlan el corazón, la respiración y otros sistemas básicos para la vida: sistemas "vita- les". En consecuencia llamó a esta área —médula oblongata— el "nudo vital". Hasta aquí hemos considerado las descripciones de Flourens sobre las funciones es- pecíficas de las diferentes áreas o unidades del cerebro, lo que él llamó sus acciones específicas, o action propre. Sin embargo, también enfatizó que el cerebro es un sistema interconectado, integrado, que funciona con una acción común, lo que él llamó action commune. Escribió: El sistema nervioso no es un sistema homogéneo; los lóbulos cerebrales no actúan de la misma forma que el cerebelo, ni el cerebelo como la médula espinal, ni la médula en abso- luto como los nervios. Pero es un solo sistema, todas sus partes concurren, consienten y están de acuerdo; lo que las distingue es la manera apropiada y determinada de actuar: lo que las une es una acción recíproca mediante su energía común. (Flourens, 1824; también en Clarke y O'Malley, 1969, p. 485) La unidad del cerebro fue para Flourens el dominante "gran principio". Con tales propuestas anticipó los conceptos de equipotencialidad y acción de masa de un gran estudioso del siglo XX de la función cerebral, Karl Lashley (Lashley, 1929). Flourens tam- bién estudió la recuperación de las funciones después de una lesión cerebral. Encontró que pequeñas áreas del cerebro pueden dañarse sin pérdida obvia de funciones y que los efectos de una ablación dependen de la cantidad de tejido extirpado. También encontró que algunas funciones que se pierden de inmediato tras un daño cerebral pueden recu- perarse con el tiempo. Creía que esta recuperación era el resultado de que ciertas áreas del cerebro se hacían cargo de las funciones de las áreas en las que se había realizado la ablación. Este tipo de recuperación de funciones puede verse en víctimas de infartos. Inmediatamente después del infarto, las víctimas pueden estar devastadas conduc- tualmente, pero transcurridos algunos meses muchas de ellas se recuperan en gran par- te. Éstas son analogías clínicas humanas de los resultados que Flourens reportó. Estudios del cerebro humano Además de lo anterior, Flourens creía que los experimentos controlados en forma me- ticulosa y conducidos con cuidado, eran esenciales para la comprensión de la función cerebral. De sus experimentos con animales concluyó que el cerebro es el órgano de la mente. Sin embargo, la pregunta aún permanece: ¿qué pasa con los humanos?, ¿se apli- can los mismos principios al cerebro humano? En un irónico vuelco de la historia, las terribles consecuencias de un accidente que involucró a un miembro de una brigada de construcción de unas vías férreas demostraron que las conclusiones de Flourens eran aplicables a los humanos. Un escenario menos controlado para el estudio de la función cerebral sería difícil de imaginar, pero la conclusión fue la misma. El accidente de la vía férrea ocurrió a las 4:30 de la tarde del 13 de septiembre de 1848, cerca del pequeño pueblo de Cavendish, Vermont (MacMillan, 1986). El protagonista fue un capataz de una cuadrilla de la vía férrea de 25 años de edad, Phineas P. Gage, un hombre descrito por sus compañeros de trabajo como perspicaz, muy trabajador, agrá- 100 Capítulo 3 dable, persistente y vital. Él y sus hombres construían una nueva línea de la vía del tren y estaban a punto de hacer explotar una roca. La dinamita fue inventada por Alfred Nobel casi dos décadas después, en 1866. En la época de Gage se utilizaba la pólvora para hacer explotar las rocas, un procedimiento muy peligroso. Gage derramó pólvora dentro de un hoyo perforado en la roca, la apisonó y la aseguró con una larga espoleta de hierro. Distraído por una discusión entre dos de sus hombres, Gage apartó la mirada. La espoleta de hierro golpeó las rocas, encendió una chispa e hizo estallar la pólvora. La espoleta de hierro de 13 libras, 3 pies, 7 pulgadas (6 kilogramos, 1 metro), salió volando del hoyo y golpeó a Gage justo por encima del ojo izquierdo. El hierro reventó directo en su cráneo y se levantó muy alto en el aire, aterrizando finalmente a 50 yardas (46 metros) de distancia. Gage cayó a tierra en una convulsión, pero en cinco minutos recuperó la conciencia y era capaz de hablar. Fue llevado en una carreta tirada por bueyes a Cavendish. Bajó de la carreta por su propio pie y se sentó en la terraza de la taberna donde se hospe- daba a esperar la llegada de un doctor. Explicó a los espectadores lo que había pasado, y cuando llegó el doctor lo saludó con las palabras: "doctor, aquí hay suficiente negocio para usted" (MacMillan, 1986, p. 74). A los dos médicos locales que examinaron a Gage les resultó difícil creer en su historia, aunque no existía duda de que, en efecto, un terri- ble misil había pasado a través de su cabeza. Había numerosos testigos, la entrada y las heridas existentes eran obvias y se encontró la espoleta de hierro cubierta con materia cerebral y sangre. Gage se recuperó paulatinamente de sus lesiones físicas y por noviem- Estudios precursores del sistema nervioso central 101 bre estaba fuera de la cama y era capaz de caminar alrededor del pueblo. Estaba ávido de regresar a su trabajo pero, de manera trágica, nunca podría hacerlo. John Harlow, uno de los doctores que lo atendieron después del accidente, era un seguidor del frenólogo Gall y por tanto estaba comprensiblemente fascinado por Gage. Su tratamiento fue diestro y cuidadoso, e hizo anotaciones detalladas del caso. Harlow describió las dificultades de Gage de la siguiente manera: Su salud física es buena y yo me inclino a decir que se ha recuperado[...] el equilibrio o el balance entre sus facultades intelectuales y propensiones animales para hablar parece ha- berse destruido. Está caprichoso, irreverente, entregándose a veces a la irreverencia más grosera, lo cual no era su costumbre anteriormente, sólo manifiesta una poca deferencia por sus compañeros; se muestra impaciente ante las restricciones o los consejos cuando contravienen sus deseos, algunas veces se obstina con testarudez, pero es caprichoso y vacilante. Trama muchos planes acerca de operaciones futuras que no se organizan más pronto de lo que son abandonados en cuanto aparecen otros más factibles. Considerándolo así, su mente cambió de forma radical por lo que, decididamente, sus amigos y conocidos dicen que "él ya no es Gage". (Harlow, 1869, pp. 13-14) La lesión cerebral de Gage cambió de forma radical su mente. Phineas Gage fue inca- paz de encontrar un trabajo. Rechazado por su antiguo empleador debido a su conducta errática, se vio forzado a exhibirse a sí mismo y a la espoleta de hierro en el Museo Barnum de la ciudad de Nueva York. En 1852 abandonó Nueva Inglaterra por un em- pleo en Valparaíso, Chile, cuidando caballos y conduciendo carruajes de seis caballos. En 1860 su salud comenzó a fallar y regresó a Estados Unidos. Después de una serie de intensas convulsiones que se iban incrementando, Gage murió el 21 de mayo de 1860 (MacMillan, 1986, p. 76). Su cráneo y la espoleta de hierro están en exhibición en el Mu- seo Médico Anatómico Warren en la Universidad de Harvard. En una proeza científica moderna, Antonio Damasio, un neurólogo de la Universidad de Iowa, y su esposa Hanna Damasio, una experta destacada en técnicas avanzadas de representación cerebral, re- construyeron el cerebro de Gage y trazaron la trayectoria de la espoleta de hierro y los puntos focales de su lesión cerebral (Blakeslee, 1994, p. B5). Concluyeron que ambos lóbulos frontales habían sido dañados en sus secciones ventral y medial. Los cambios de conducta y de personalidad que Gage mostró después de su accidente son característicos de las personas con daño en el lóbulo frontal; tales personas suelen ser altamente distractibles, carentes de precauciones, frivolos e inconstantes en sus con- ductas. La descripción de John Harlow acerca de Gage permanece como un perfil clásico de las consecuencias de la lesión en el lóbulo frontal. Su reporte del caso se citó con frecuencia en el gran debate sobre la localizacíón cerebral de las funciones (MacMillan, 1986, pp. 85-101). Una parte del cerebro de Gage había sido destruida, y su personali- dad, emociones y conducta cambiaron más allá del reconocimiento. Con el reporte de este caso y los estudios experimentales de Flourens, se estableció, más allá de cualquier disputa, el papel del cerebro como órgano de la mente. La localización del lenguaje Una de las acciones más característicamente humanas es el lenguaje articulado. La pre- gunta acerca del papel del cerebro en la producción y la comprensión del lenguaje fue 102 Capítulo 3 contestada en el siglo XIX. Es una paradoja que las respuestas provinieran del estudio cuidadoso de pacientes que habían perdido el poder del lenguaje. Tales casos son trágicos y dramáticos. Jonathan Swift, el autor de Los viajes de Gulliver sufrió un infarto y fue incapaz de hablar durante un año antes de morir. Parecía entender lo que se le decía y algunas veces emitía arrebatos emocionales: Alguna vez se decía a sí mismo "Soy un tonto" (Fancher, 1990, p. 85). Gall había visto casos de pérdida repentina de la capacidad para hablar y atribuyó la pérdida del lenguaje a lesiones en el órgano de la memoria verbal. Localizó dicho órgano en las regiones del cerebro justo atrás de los ojos. Su loca- lización se basó en la observación clínica y probó que era correcta. Un soldado que él vio había sufrido una herida de espada en el cerebro atrás de su ojo izquierdo (Head, 1926, p. 9) no podía recordar los nombres de cosas familiares o de sus conocidos y se refería a uno de ellos como "señor Fulano de Tal". Un estudiante de Gall, Jean Baptiste Bouillaud (1796-1881), miembro fundador de la Sociedad Frenológica de París, formó parte de un grupo de nuevos frenólogos que llegaron a rechazar la mayor parte de la vieja frenología. Pero casos como el del soldado convencieron a Bouillaud de que el cerebro tiene un centro de lenguaje especial, distinto e independiente. En 1848, en medio de un caluroso debate sobre este tema, Bouillaud prometió 500 francos a cualquiera que pudiera produ- cir un caso de una severa lesión en los lóbulos frontales sin exhibir un trastorno en el lenguaje. El reto de Bouillaud nunca fue enfrentado y el tema permaneció latente hasta los primeros meses de 1861, cuando el asunto de la localización cerebral del lenguaje se debatió acaloradamente en una serie de reuniones de la Sociedad Antropológica France- sa en París. En la reunión de febrero, el cirujano y neurólogo Pierre-Paul Broca (1824- 1880), complacido con Flourens, enfatizó la acción del cerebro como un todo y criticó los intentos de localizar funciones tales como el lenguaje. Su oponente en el debate fue Ernest Auburtin (1825-1893), un cirujano de 36 años de edad, pupilo y yerno de Bouillard. En el peculiar debate realizado el 4 de abril de 1861, Auburtin describió un caso de pérdida repentina del lenguaje y retó a quienes se opusieran a sus propuestas y a las de Bouillaud sobre la localización cerebral: Por un largo tiempo durante mi servicio con M. Bouillaud estudié a un paciente llamado Bache, quien había perdido su lenguaje pero entendía todo lo que se le decía y respondía con señales de una manera muy inteligente a todas las cuestiones que se le presentaban. Este hombre, quien pasó varios años en la Bicétre, está ahora en el Hospital para Incura- bles. Yo lo volví a ver recientemente y su enfermedad ha progresado; ha aparecido una ligera parálisis, pero su inteligencia sigue todavía ilesa y el lenguaje está completamente abolido. Sin duda este hombre pronto morirá. Con base en los síntomas que presenta, he- mos diagnosticado un ablandamiento de los lóbulos anteriores. Si en la necropsia se en- cuentra que estos lóbulos están intactos, deberé renunciar a la idea que les he expuesto. (Auburtin, 1861, en Clarke y O'Malley, 1968, p. 493) El caso de Bache no resolvió el problema, pero en ese tiempo un hombre llamado Leborgne fue transferido del Hospital Bicétre hacia una unidad quirúrgica encabezada por Broca. Sus síntomas eran similares a los de Bache. Veintiún años antes había perdido el lenguaje. Podía entender lo que se le decía, resolver problemas aritméticos simples levantando el número correcto de dedos y señalar objetos cuando se le pedía. Al igual que Jonathan Swift, cuando se enojaba emitía una blasfemia Sacre nom de Dieu, pero generalmente sus vocalizaciones se restringían al sonido "tan". Así, pasó a la historia en Estudios precursores del sistema nervioso central 103 los anales médicos como "Tan", el paciente de Broca. Broca examinó su laringe y su aparato de lenguaje y encontró que eran normales. El paciente sufría de debilidad en el lado derecho de su cuerpo, una debilidad que se había convertido en parálisis de su brazo y de su pierna derechos. Su pierna llegó a gangrenarse y Broca veía el caso como si no hubiera esperanzas. Llamó a Auburtin, quien examinó a Tan y concluyó que, en efec- to, el paciente cubría los criterios enunciados en su reto. Tan murió el 17 de abril de 1861. Broca realizó la necropsia de inmediato. En la parte posterior de la segunda y tercera circunvoluciones frontales del lóbulo frontal izquierdo encontró una cavidad, del tamaño de un huevo pequeño, llena de fluido. Auburtin esta- ba en lo correcto. En la reunión de ese mes de la Sociedad Antropológica, Broca presentó el cerebro de Tan para que fuera inspeccionado por los miembros, señalando que la le- sión estaba restringida al lóbulo frontal izquierdo. También introdujo el término aphemia para describir la pérdida del lenguaje articulado de Tan (llamada de manera subsecuen- te afasia expresiva). Después Broca vio a un hombre de 84 años de edad llamado LeLong quien había perdido de manera súbita su lenguaje. El examen postmortem mostró una lesión cerebral en el lóbulo frontal izquierdo, más circunscrita que la del cerebro de Tan pero en la mis- ma área. El hemisferio derecho de su cerebro era perfectamente normal. Head (1926) captura el sensacional impacto de estos reportes: Estos informes produjeron la más grandiosa excitación en el mundo médico de París. Fue- ron seleccionados especialmente por el secretario de la sociedad anatómica para comentar- los en su reporte anual de 1861. Bouillaud y su yerno, Auburtin, dieron la bienvenida a Broca como un converso a sus doctrinas. La localización del lenguaje llegó a ser una cues- tión política; la antigua escuela conservadora, perseguida por el fantasma de la frenología, se aferró a la concepción de que el cerebro "actuaba como un todo"; mientras que los jóve- nes liberales y republicanos favorecían de manera apasionada la postura de que las diver- sas porciones de los hemisferios cerebrales ejercían diferentes funciones. Durante algunos años después, toda autoridad médica tomaba parte en uno u otro lado de la discusión. (Head, 1962, p. 25) 104 Capítulo 3 En 1863 Broca describió cerca de 25 pacientes afémicos, todos con lesiones del hemis- ferio izquierdo. En 1865 presentó casos adicionales y concluyó: Insisto en pensar, hasta que estén disponibles nuevos detalles, que la verdadera afemia, que es la pérdida del lenguaje sin la parálisis de los órganos de articulación y sin la des- trucción del intelecto, está ligada a lesiones en la tercera circunvolución frontal izquierda. (Broca, 1865, en Berker, Berker y Smith, 1986, p. 1066) Broca estaba perplejo de que esos pacientes no mostraran signos de daño en el lóbulo frontal derecho, y sugirió que, contrario a la tesis original de Bouillard, el centro del lenguaje es específico del lóbulo frontal izquierdo. Broca también había observado pro- fundas lesiones de la tercera circunvolución frontal derecha en pacientes que no eran de ninguna forma afémicos, y que los dos lóbulos frontales, con sus situaciones idénticas, tamaño y simetría, tendrían diferentes funciones contradictorias a la ley de la dualidad orgánica, lo que fue para Broca un gran enigma que permanece aún hoy en día. Los hallazgos de Broca cambiaron de manera radical el debate sobre la localización de las funciones en el cerebro. En una revisión de los estudios de las afasias del siglo XIX, Marx (1966) reportó más de 3 000 trabajos. En 1980 la revista francesa Revue nenrologique dedicó un volumen especial a Broca. Su memoria y la de su paciente Tan serán honradas por siempre en las referencias al área de Broca. Broca consideraba que el lenguaje articulado era el logro más grande de los seres humanos. Al localizar esa función en el lóbulo frontal izquierdo, avanzó en la hipótesis de que el hemisferio izquierdo se desarrolla de manera más rápida que el derecho y por tanto es más avanzado. Es el hemisferio superior (Harrington, 1987). La hipótesis de Broca anticipó los análisis contemporáneos entre el cerebro izquierdo articulado e inte- lectual y el intuitivo y místico cerebro derecho, asiento de la "mente bicameral", donde el profético y visionario lenguaje de los dioses puede ser escuchado (Jaynes, 1976; Ornstein, 1972). En 1874 Cari Wernicke (1848-1905) identificó otro tipo de afasia (afasia de Wernicke) resultante del daño en la porción superior del lóbulo temporal izquierdo; la producción del lenguaje puede ser rápida y sin esfuerzo, y tiene el ritmo y la melodía del lenguaje normal, pero conlleva poco significado. Un afásico de Wernicke podría decir: "Oh, claro, adelante, cualquier cosa vieja que quiera" o "Si yo puedo yo podría. Oh, estoy tomando el camino equivocado para decir, todo lo de los peluqueros aquí cuando te paran eso es alrededor y alrededor, si sabes lo que quiero decir" (Restak, 1988, p. 213). Para 1874, estaba descrito el papel del cerebro en la producción y comprensión del lenguaje, y dos diferentes perturbaciones asociadas con daño en dos áreas distintas del lóbulo temporal izquierdo estaban identificadas. En efecto, se había realizado un pro- greso. ESTIMULACIÓN DIRECTA DEL CEREBRO Hasta aquí se han comentado las conclusiones de los estudios de las consecuencias del daño cerebral que sigue a un accidente o enfermedad o que se produce experimental- mente. El siglo XIX también fue testigo del surgimiento de una segunda técnica importan- te para el estudio de la función del cerebro: la estimulación directa de ese órgano. Los Estudios precursores del sistema nervioso central 105 primeros intentos abarcaron la "agitación" de la superficie cerebral. Alrededor de 1860, Franz von Leyden inyectó una solución de cloruro de sodio entre el cráneo y la superfi- cie del cerebro. Hans Pagenstecher dirigió una extensa serie de estudios, reportados en 1871, en los cuales inyectó una mezcla de cera blanca y sebo calentada a 50 grados centí- grados entre el cráneo y el cerebro de perros. Tras la inyección, los animales mostraban trastornos, pérdida de funciones físicas, estupor, somnolencia y coma, junto con desór- denes motores, convulsiones y parálisis. En 1873 Fournie realizó una pequeña abertura en el cráneo de un animal a través de la cual inyectó varias sustancias corrosivas. Las inyecciones dentro de la materia gris destruían conglomerados de células cerebrales y se relacionaban con la pérdida del movimiento de distintos grupos de músculos en el lado opuesto del cuerpo. Sin embargo, el verdadero progreso provino no de estos procedi- mientos crudos y frecuentemente letales, sino de los experimentos en los que el cerebro era estimulado de manera eléctrica. La primera persona que estimuló el cerebro eléctricamente parece haber sido L. N. Simonoff, quien en 1860 publicó un reporte de una operación en la que se implantaron electrodos en el tallo cerebral. Después de la operación, enviaba una corriente eléctrica directamente a los cerebros de animales que no estaban anestesiados. Sin embargo, las primeras pruebas más importantes de los efectos de la estimulación eléctrica directa del cerebro fueron las de Gustav Fritsch (1839-1927), un investigador independiente cuya única contribución científica importante fue esta investigación y Eduard Hitzig (1838- 1907), un hábil anatomista. Mientras se desempeñaba como médico del ejército, hacia el final de la década de 1860, Hitzig aplicó un estímulo mecánico a la superficie expuesta del cerebro de un soldado herido. Cuando diferentes áreas del cerebro eran estimuladas, ocurrían diferentes movimientos musculares. Después de la guerra colaboró en investi- gaciones con Fritsch utilizando animales; primero estimulando el cerebro de un conejo y luego conduciendo un estudio sistemático sobre los efectos de la estimulación eléctrica en un cerebro de perro. Estos famosos experimentos se realizaron en el tocador de la habitación de Fritsch en su pequeña casa de Berlín porque la Universidad de Berlín no tenía espacio para su investigación (Haymaker, 1953, pp. 138-142). Se colocaban alam- bres o electrodos sobre la superficie del cerebro y se aplicaban corrientes de diferentes intensidades. En las porciones anteriores de la corteza cerebral una corriente débil pro- vocaba movimientos motores; una corriente más intensa producía movimientos genera- les convulsivos. En 1870 Fritsch y Hitzig publicaron el trabajo titulado "Sobre la excitabilidad eléctrica del cerebro" en el que describían sus resultados. Concluyeron con claridad admirable: Una parte de la convexidad del hemisferio del cerebro del perro es motora[...] otra parte no lo es. La parte motora, en general, está más al frente, la parte no motora está más atrás. Mediante estimulaciones eléctricas de la parte motora, uno obtiene contracciones muscu- lares combinadas del lado opuesto del cuerpo. (Fritsch y Hitzig, 1870/1965, p. 81) Fueron capaces de localizar las áreas del cerebro controladoras de cinco grupos dife- rentes de músculos involucrados en la extensión del cuello, extensión y flexión de la pata delantera, movimiento de la pata trasera y movimiento de la cara. La estimulación eléc- trica de un lado del cerebro siempre causaba movimientos en el lado opuesto del cuerpo. Laboratorios de Nueva York, Boston e Italia, rápidamente replicaron estos hallazgos (Jefferson, 1960, p. 127). El trabajo más importante fue el de David Ferrier (1843-1928), 106 Capítulo 3 primero en el Asilo de Lunáticos de West Riding en Yorkshire y después en el Hospital Nacional para los Paralíticos y los Epilépticos en Londres. Ferrier dirigió una serie de brillantes experimentos que utilizaban estimulación y ablación para localizar funciones tanto sensoriales como motoras. Su objetivo era crear una "frenología científica". Sus primeros resultados fueron publicados en West Riding Lunatic Asylum Medical Reports y luego con más detalle en su texto célebre Las funciones del cerebro, publicado por primera vez en 1876. Ferrier implantó electrodos cerebrales en perros, chacales, gatos, conejos, ratas, conejillos de indias, palomas, ranas y peces, y pudo localizar las funciones motora y sensorial en sus cerebros. Ferrier localizó en los monos 15 diferentes funciones moto- ras, incluyendo el avance de la pierna opuesta, la retracción del brazo opuesto, la abertu- ra de la boca y la salida de la lengua, la abertura de los ojos y el levantamiento de las orejas. Sus resultados fueron aclamados porque marcaron los comienzos de una nueva era en el conocimiento de la función del cerebro. Ferrier mismo se adjudicó haber remo- vido la "duda de la discrepancia" del pasado (Ferrier, 1886, p. 222). En 1876 fue elegido miembro de la Royal Society y se le otorgó presupuesto para continuar con su investiga- ción. Sus resultados fueron tan precisos que pudo transferir su mapa de localización del mono directamente al cerebro humano y localizar el primer tumor cerebral que sería removido en una intervención neuroquirúrgica (Bennett y Godlee, 1885). Más tarde se encontró que la cantidad de representación de las diferentes partes del cuerpo en la corteza motora es proporcional a su función, en lugar de serlo a la masa del cuerpo. Por ejemplo, las manos se representan de manera mucho más pesada que la espalda. Tales relaciones con frecuencia se muestran en los textos fisiológicos mediante Estudios precursores del sistema nervioso central 107 En el laboratorio de David Terrier Susan Leigh Star, en el libro Regiones de la del cerebro estaban respondiendo a la corriente. mente: investigación cerebral y la búsqueda de ¿Las ramificaciones punzaban o se movían bajo los certeza científica (Star, 1989), da esta vivida estímulos eléctricos? ¿La parálisis provenía del de- descripción de la investigación en el labora- terioro de un área del cerebro o se debía a la con- moción de la operación misma? Con frecuencia torio de Ferrier en Londres: Ferrier no podía estar seguro. Finalmente, el mono comenzó a salir de la Las preocupaciones de Ferrier eran muchas: los anestesia. Ferrier vendó la herida de la cabeza pro- monos eran caros y su presupuesto limitado; no vocada por la operación, luego se sentó con abu- podía soportar alejarse de los pacientes por mu- rrimiento y esperó que el animal recuperara la cho tiempo; y el movimiento antiviviseccionista se conciencia. Encendió un quemador de gas en una estaba volviendo más fuerte y más poderoso polí- esquina de la habitación e hizo una olla de té car- ticamente. ¡Si tan sólo hubiera podido obtener re- gado. sultados positivos antes de que lo mudaran para Varias horas después, el mono, irritado, se aga- cerrar definitivamente su laboratorio! Su práctica rró de la tubería de agua caliente, la única fuente estaba aumentando como resultado de la fama de calor en el frío sótano del laboratorio. Ferrier le proveniente de sus experimentos, aunque no se le dio al animal una taza de té y notó que era capaz daba tiempo ni paga para realizar investigación de beberlo. Como si fuera asistente por las noches fisiológica, la que todavía estaba considerada como de un hospital, trató de tomar notas para regis- un tipo de pasatiempo en los círculos médicos in- trar de manera precisa los síntomas exhibidos por gleses. su sujeto, incluyendo las punzadas y los ataques Ésta ha sido una larga semana. El sujeto expe- epilépticos. Cuando la noche terminó, Ferrier y el rimental de ayer, un macaco femenino grande, es- mono se miraron uno al otro tomando sus respec- tuvo más recalcitrante. Huyó de Ferrier, enmarañó tivas tazas de té. y golpeó los electrodos de sus manos cuando él trató de aplicar la corriente galvánica a su cerebro para probar sus movimientos musculares. Fuente: Reimpreso de Regiones de la mente, por Incluso cuando los experimentos se realizaban Susan Leigh Star, con el permiso de los editores, de manera refinada, con frecuencia era difícil de- Stanford University Press. ©1989 por la Comisión cir exactamente cuáles funciones se habían dete- de Administrativos de la Universidad Juvenil de riorado por las lesiones quirúrgicas, o cuáles partes Leland Stanford. dibujos del humúnculo motor, una figura caricaturesca similar a un humano dibujada en proporción a la cantidad de representación cortical de diferentes funciones. Esas figu- ras tienen una apariencia más bien alarmante con enormes labios y lenguas, manos gran- des y pequeñas espaldas. Muestran una representación cortical del cuerpo, no el cuerpo como estamos acostumbrados a verlo. ¿Y las funciones sensoriales? Ferrier localizó la visión en la corteza occipital dado que la estimulación de la región occipital produce movimientos en los globos oculares y con- tracción de las pupilas. Los animales en los que se realiza una ablación de uno de sus lóbulos occipitales son ciegos del ojo opuesto a la ablación. La audición se localizó en el lóbulo temporal; Ferrier encontró que un mono con una ablación en el lóbulo temporal izquierdo no reaccionaba ante el disparo de bala. El animal estaba sordo sin lugar a dudas. Al final del siglo XIX, también se localizaron algunas sensaciones estéticas en la región poscentral, posterior a los centros motores. Otros avances provienen de las contribuciones del compatriota y algunas veces co- laborador de Ferrier, John Hughlings-Jackson (1835-1911), un hombre en gran parte 108 Capitulo 3 autodidacta, muy tímido, distante, modesto y cuidadosamente controlado (Clarke, 1973, p. 46). Su esposa estaba afectada por una forma de epilepsia, ahora conocida como epi- lepsia jacksoniana, en la que el endurecimiento comienza en una parte del cuerpo, como una mano, y luego se extiende a la cintura, el brazo, el codo, el hombro y el cuello hasta la cara. Hughlings-Jackson describió el endurecimiento como si marchara a través de la geografía interna del cerebro. La marcha es ordenada y predecible. También desarrolló un modelo conceptual de la organización del cerebro. Tal vez influido por las posturas políticas de Thomas Hobbes (capítulo 2) y la sociedad británica de su tiempo que tenía una naturaleza rígidamente jerárquica (Star, 1989), Hughlings-Jackson comparaba el ce- rebro con un gobierno que sólo puede mantenerse suprimiendo fuentes de poder y auto- ridad más bajas, menos legítimas. En el cerebro humano los centros corticales más elevados rigen controlando o inhibiendo centros más bajos, más viejos y más primitivos. Hughlings- Jackson creía que la inhibición es el indicador de un cerebro saludable. Lo que nosotros no hacemos es el indicador de la civilización. Cuando el control inhibitorio más elevado es removido, el resultado es la anarquía conductual, emocional e intelectual de un hom- bre como Phineas Gage. Este modelo jerárquico de la organización cerebral aún tiene influencia en la actualidad. Estimulación eléctrica del cerebro humano Menos de cinco años después de los primeros experimentos animales con estimulación eléctrica del cerebro, se llevó a cabo un experimento similar con un paciente humano. El intervalo parece sorprendentemente corto. El doctor Roberts Bartholow, un profesor de medicina clínica del Colegio Médico de Ohio en Cincinnati, observó los efectos de la estimulación eléctrica sobre el cerebro humano. En abril de 1874 publicó un reporte de sus "Investigaciones experimentales dentro de las funciones del cerebro humano" en la American Journal of the Madical Sciences. Bartholow conocía los experimentos animales de Fritsch y Hitzing y de Ferrier, y citó sus resultados en la introducción de su reporte. Sin Estudios precursores del sistema nervioso central 109 embargo, también enfatizó que investigaciones similares debían hacerse sobre el cerebro humano. Tomando ventaja de lo que él llamó "una oportunidad clínica", Bartholow dirigió una investigación como ésa. El nombre de su paciente era Mary Rafferty. Por las notas del caso del médico de la casa, el doctor Steeley, sabemos que Rafferty era una mujer de 30 años de edad, una trabajadora doméstica que había nacido en Irlanda pero que residía en Cincinnati. Ingresó al Hospital del Buen Samaritano de Cincinnati en enero de 1874. Rafferty no estuvo bien alimentada y parecía sufrir de una cierta debilidad mental. Go- zaba de buena salud hasta 13 meses antes, cuando una pequeña úlcera había aparecido sobre su cuero cabelludo. Rafferty creyó que la úlcera se había producido por la fricción de una horquilla en su peluca. Después de su admisión, se encontró que su cráneo estaba completamente erosionado en un área circular de más de 2 pulgadas (casi 6 cm) de diá- metro. A través de este hoyo se podían observar las pulsaciones de su cerebro. Rafferty se ganaba la vida como servidora doméstica y pudo contestar preguntas de manera correcta y conversar vivaz y animadamente. Bartholow insertó agujas a través del hoyo de su cráneo hasta el cerebro. Las agujas fueron aisladas excepto en sus extre- mos, así se podía enviar corrientes eléctricas a áreas localizadas de su cerebro. Las pri- meras observaciones que realizó Bartholow fueron después de la estimulación de la duramadre y del cerebro mismo. Describió los resultados de la siguiente forma: Las agujas fueron insertadas en varios puntos de la duramadre y del cerebro. Cuando las irritables granulaciones de la superficie de la úlcera eran tocadas, experimentaba dolor; pero cuando la punta de aguja se enganchaba en la duramadre, Mary declaró en respuesta a repetidas preguntas que no sentía ningún dolor y ciertamente su conducta no indicaba ninguno. Como fuera, no experimentó dolor en la propia sustancia cerebral. (Bartholow, 1874, p. 310) En el segundo y tercer conjunto de observaciones de Bartholow, las agujas fueron insertadas a profundidad en la duramadre y los lóbulos posteriores. Cuando estimulaba el lóbulo posterior izquierdo, Rafferty reaccionaba con contracciones musculares de su brazo y de su pierna derechos, los músculos de su cuello se movían y su cabeza giraba hacia la derecha. Cuando era estimulada en el lóbulo posterior derecho, su cabeza vol- teaba hacia la izquierda y su pierna y su brazo izquierdos se extendían. Durante la estimulación cerebral, Rafferty se quejó de un hormigueo muy fuerte y desagradable en sus brazos y piernas y en un punto tomó su mano con la mano opuesta y la friccionó en forma vigorosa. A pesar de esto, Bartholow reportó que ella permanecía animada duran- te las observaciones. Sin reflexionar, Bartholow decidió incrementar la fuerza de la estimulación eléctrica con el objetivo de producir reacciones más intensas. Así describió el trágico resultado: Con el objetivo de desarrollar reacciones más decididas, la fuerza de la corriente fue incrementada^..] Cuando se estableció comunicación con las agujas, su semblante exhibió una gran aflicción, luego comenzó a llorar. Muy pronto se extendió la mano izquierda como si estuviera en el acto de tomar algún objeto enfrente de ella; al poco tiempo el brazo se agitó con fuertes espasmos; sus ojos se quedaron fijos, con las pupilas dilatadas, los labios estaban azules y echaba espuma por la boca; su respiración se volvió estertórea; perdió la conciencia y se convulsionó violentamente sobre su lado izquierdo. La convul- 110 Capítulo 3 sión duró cinco minutos y fue sucedida por un coma. Al recobrar la conciencia se quejó de debilidad y vértigo. (Bartholow, 1874, pp. 310-311) Mientras que la ingenuidad y la osadía de Bartholow al llevar a cabo esta exploración y su honestidad al reportarla resultan quizás admirables, su ética es cuestionable. Las consecuencias fueron desastrosas para Mary Rafferty. Tres días después todavía estaba pálida y deprimida, pero Bartholow planeó otras sesiones de estimulación cerebral. Sin embargo, la condición de Mary se deterioraba rápidamente y se vio forzado a abandonar su plan. Mary tenía dificultad para caminar y se quejaba de entumecimiento y cosquilleo en el lado derecho de su cuerpo y de frecuentes lapsos de vértigo. Cuatro días después de que se realizaron las pruebas se volvió incoherente, tuvo un ataque convulsivo segui- do de parálisis del lado derecho de su cuerpo y luego cayó en la inconciencia y murió. Bartholow realizó la necropsia y examinó su cerebro. Las huellas dejadas por los electro- dos eran visibles en el cerebro hasta una profundidad de 25 en el lóbulo parietal izquier- do y 38 milímetros en el lóbulo frontal posterior derecho. El tejido cerebral de alrededor se encontró ileso. Bartholow publicó sus hallazgos en abril de 1874, finalizando su repor- te con la afirmación: "Parece más deseable presentar los hechos como yo los observé, sin comentarios". (Bartholow, 1874, p. 313) Desafortunadamente para Bartholow, su reporte condujo a muchos "comentarios" de otros; de hecho, creó un escándalo. Muchos observadores declararon sus procedi- mientos intolerables y en sus mentes surgió el espectro de los "científicos locos" creando robots humanos mediante la estimulación directa del cerebro. El alboroto público forzó a Bartholow a renunciar a su cargo académico en la universidad y a su puesto dentro del hospital. De hecho, la reacción fue tan intensa y crítica que se vio forzado a dejar Cincinnati. Las observaciones de Bartholow fueron el comienzo de lo que David Krech ha descrito como el área del "cirujano-experimentador". Krech escribió: "Con estos descubrimientos comenzaría la gran era del cirujano-experimentador. De allí en adelante, todo cerebro humano expuesto para el tratamiento médico era una invitación abierta para experi- mentar. Y muchas de esas invitaciones fueron aceptadas" (Krech, 1962, p. 63). Aquí la frase clave es "expuesto para el tratamiento médico". El cerebro de Rafferty no estuvo expuesto para el tratamiento, no obstante, en procedimientos modernos la exposición del cerebro es parte del tratamiento. Tales procedimientos dependen de mapas o atlas que especifican las coordenadas tridimensionales de una estructura cerebral y con ello su ubicación, y de instrumentos estereotáxicos que permiten colocar los electrodos en estructuras objetivo en el cerebro. El primer instrumento estereotáxico para el cerebro humano fue diseñado por Aubrey Mussen alrededor de 1918 (Olivier, Bertrand y Picard, 1983). Ahora ese aparato se encuentra en el Instituto Neurológico de Montreal, lo cual es apropiado, pues fue allí donde Wilder Penfield y sus colegas, a partir de 1928, realizaron más de 400 intervenciones en pacientes que sufrían de alguna forma de epilepsia y que necesitaban cirugía cerebral. Durante las operaciones, los cerebros de algunos de esos pacientes fueron estimulados con lo que Penfield llamó "corriente eléctrica suave". Las respuestas motoras que seguían a la estimulación podían ser observadas, y dado que las operaciones se realizaban bajo anestesia local, Penfield podía pedir a los pacientes repor- tes verbales de sus experiencias. En su libro clásico La corteza cerebral del hombre, original- mente publicado en 1950, Penfield y Rasmussen describieron las áreas sensorial y motora a lo largo de cada lado de la fisura de Rolando, un área en la cual se localiza el lenguaje, y áreas en el lóbulo temporal en las que al parecer se almacenan los recuerdos, las aluci- Estudios precursores del sistema nervioso central 111 Cómo procesa información el cerebro: Golgi contra Cajal y una síntesis moderna A finales del siglo XIX y principios del XX trina reticular de Golgi, los impulsos nervio- Camillo Golgi (1843-1926) y Santiago Ramón sos se propagan en un proceso continuo a tra- y Cajal (1852-1934) buscaron identificar las vés de los retículos de células. unidades estructurales básicas del cerebro y La doctrina reticular de Golgi fue refu- cómo están conectadas e interactúan. Golgi tada de manera vigorosa por Cajal, un era un profesor de histología y patología en histólogo español. En su laboratorio instala- la Universidad de Pavia en Italia. En la déca- do en una habitación de un ático, y utilizan- da de 1870 Golgi, al igual que muchos otros, do un microscopio de 25 dólares y una caja trataba de describir las unidades estructura- de pasadores, Cajal investigó cómo se condu- les del cerebro mediante la exposición de blo- ce el impulso nervioso hacia el cerebro (Cajal, ques de tejido neuronal a varios químicos. 1901). Totalmente por accidente, descubrió una De manera irónica su prueba estaba ba- combinación de químicos que funcionaron. sada en el uso del tinte de Golgi. Cajal aplica- Cuando el tejido neuronal se endurecía con ba la técnica del bicromato potasio/nitrato de bicromato de potasio, era sumergido en una plata a tejido neuronal embriónico en lugar solución de 0.5 por ciento a 1 por ciento de de a tejido adulto. Mostró que los axones fi- nitrato de plata, algunas de las células se te- nalizan en terminales que están en contacto ñían de negro. Cerca de 10 por ciento de las cercano con las dendritas y los cuerpos celu- células era invadido por el nitrato de plata y lares de otras neuronas, pero no se tocan. Exis- éstas se volvían negras, lo que permitía ver te un espacio o sinapsis entre las neuronas y sus figuras. El descubrimiento repentino de el impulso nervioso debe llenar ese vacío. La esta "reacción negra" hizo posible ver por doctrina neuronal de Cajal afirma que las primera vez neuronas individuales con sus neuronas del cerebro están separadas y son cuerpos celulares, sus dendritas y sus axones. unidades distincas. Trabajaba en sus tinturas Dado que el tinte marcaba sólo algunas de todo el día y por la noche hacía dibujos con las neuronas, Golgi concluyó que las neu- tinta India y acuarelas que complementaban ronas como una totalidad forman una red o los reportes de lo que había observado. La des- retícula densamente entrelazada. En la doc- cripción lírica de Cajal de las neuronas mués- naciones, las ilusiones e incluso los sueños. La estimulación cerebral ha probado ser una técnica poderosa para desenmarañar los misterios del cerebro humano. Reforzamiento por estimulación cerebral Existe un gran cuerpo de investigación que utiliza estimulación cerebral eléctrica. Uno de los hallazgos más intrigantes en este cuerpo de investigación es que la estimulación de ciertas áreas del cerebro es altamente gratificante o reforzante. En 1924, dos investiga- dores franceses, Michel Victor Pachón y Valentín Demas-Marsalet, encontraron un área cortical para la gratificación. Implantaron electrodos de cobre de manera unilateral en el núcleo caudado de dos perros (Kenyon, 1981). La estimulación eléctrica a través de estos electrodos despertaría a los perros dormidos; lamerían sus labios con "evidente satisfac- 112 Capítulo 3 Cómo procesa información el cerebro: Golgi contra Cajal y una síntesis moderna (continuación) tra sus sentimientos de admiración y mara- bajo cielos grises" (Eccles y Gibson, 1979, pp. villa: 6,10). En 1906 Golgi y Cajal compartieron el Pre- El aristócrata entre las estructuras del cuerpo, con mio Nobel de Fisiología y Medicina, ya que sus gigantes brazos estirados como los tentáculos el comité de selección fue incapaz de elegir en- de un pulpo hacia los terrenos de la frontera del mundo exterior, para mirar las emboscadas de las tre sus teorías reticular y neuronal. El discur- fuerzas física y química. (Cajal, en Restak, 1984, p. so de aceptación de Golgi fue una arenga con- 26) tra Cajal y la teoría neuronal, sazonada con ad hominem indirectas y ataques a España y a Cajal dio la Melodiosa Conferencia a la la cultura española. Cajal sentía un inmenso RoyalSocietyen 1894. El granneurofisiólogo orgullo por la ciencia y la cultura de España britá nico Sir Charles Sherrington (1857-1952) (Taylor, 1975, pp. 273-274) por lo que las pa- fue su anfitrión. La esposa de Sherrington des- labras de Golgi debieron herirlo. Cajal tuvo cubriría que los españoles deshacían su cama el consuelo de ver su doctrina neuronal pre- cada día y colgaban la ropa de cama afuera valecer; hasta hace poco tiempo, a menudo se en la ventana para airearla. Eso funcionaba consideraba que Golgi estaba equivocado, en bien en España, pero en el incierto clima in- tanto que se pensaba que Cajal estaba en lo glés era menos exitoso y también fue causa de correcto. Sin embargo, una investigación re- mucha consternación entre los vecinos. La ciente ha mostrado en adición a la transmi- señora Sherrington también encontró que sión sináptica, que el cerebro utiliza transmi- Cajal mantenía la puerta de su habitación ce- sión de volumen. El medio de comunicación rrada con llave todo el día. Estaba protegien- es el espacio lleno de fluido entre las células do el pequeño laboratorio que había estable- cerebrales, y los mensajes neuronales son se- cido para dar los toques finales a las tinturas ñales químicas y eléctricas que viajan a tra- de tejido nervioso que presentaría durante su vés de ese espacio y que son detectadas por conferencia. Cajal disfrutaba su tiempo en células que poseen el receptor apropiado. Inglaterra. "La materia gris" dijo, "va bien (Agnati, Bjelke y Fuxe, 1992). ción" y comenzarían a masticar. Con estimulación prolongada, los perros se levantarían y caminarían. Los investigadores concluyeron que el núcleo caudado participa en la ex- presión de estados afectivos y en ciertos movimientos automáticos. Treinta años des- pués, en 1954, James Olds y Peter Milner reportaron que las ratas presionarían la palanca en tasas muy altas por estimulación intracraneal y continuarían haciéndolo hasta que cayeran exhaustas (Olds y Milner, 1954). PROGRESO Y DESAFIO Obviamente, se ha realizado un gran avance en el estudio de la función cerebral. Si se mira hacia las décadas alrededor de los comienzos del siglo XX, uno comprende la excita- ción y el optimismo de los investigadores en ese tiempo. Surgieron dos técnicas para Estudios precursores del sistema nervioso central 113 estudiar la función cerebral —la ablación y la estimulación— y se encontró que eran altamente productoras de nuevo conocimiento. Sherrington dedicó su gran trabajo de 1906, La acción integradora del sistema nervioso, a David Ferrier expresando su admiración pero también su perplejidad ante el hecho de que tales procedimientos imperfectos hu- bieran producido resultados precisos. Incluso los mecanismos cerebrales subyacentes a la formación de asociaciones parecían a punto de ser revelados. Por ejemplo, en 1905 Baer implantó electrodos en las cortezas visual y motora de perros. Entonces apareó la estimulación de la corteza visual con la estimulación de la corteza motora y encontró que después de un cierto número de apareamientos, la estimulación de la corteza visual sola ocasionaría los movimientos motores provocados antes por la estimulación de la corteza motora. Se había establecido una asociación al interior del cerebro, pero era una asociación controlada, con base en la estimulación eléctrica de áreas discretas. Tal vez podían descubrirse las bases puramente corticales del aprendizaje y la memoria. Los investigadores más optimistas seguramente pensaron que los misterios de la fun- ción cerebral podrían ser resueltos con sólo un número suficiente de experimentos cui- dadosos utilizando la ablación y la estimulación. Parecía cuestión de tiempo. Pero tales esperanzas eran prematuras. Karl Lashley, eminente investigador de la función cerebral en el siglo XX, concluyó en 1950 que los intentos por localizar capacidades y funciones psicológicas como el aprendizaje, la memoria y la inteligencia estaban basados en con- cepciones sobresimplificadas de la función cerebral y debían abandonarse. Lashley pasó más de 30 años buscando los engramas, los cambios físicos o químicos del cerebro, que se supone subyacen a la memoria. Probó con miles de ratas, estudiando sus conductas y sus cerebros de manera sistemática. En 1950 Lashley analizó este prodigioso esfuerzo en un trabajo titulado "En búsqueda del engrama" y concluyó: "Algunas veces siento, en la revisión de la evidencia de la localización del perfil de la memoria, que la conclusión necesaria es que el aprendizaje simplemente no es posible. Es difícil concebir un meca- nismo que pueda satisfacer las condiciones para ello" (Lashley, 1950, p. 477). Sin embargo, de la conclusión de Lashley puede perfilarse una importante lección. Los intentos por comprender el aprendizaje, la memoria y otros procesos psicológicos exclusivamente a través de técnicas neuropsicológicas pueden no ser suficientes. Aun- que se ha realizado un gran avance en este campo en años recientes, todavía existe una necesidad de evaluación y medición de la conducta: el terreno de la psicología. Aunque la psicología contemporánea es muy diferente a la ciencia independiente establecida primero por Wilhelm Wundt a finales del siglo XIX, es a Wundt a quien veremos a conti- nuación para estudiar la psicología como una rama independiente de la ciencia con su propio tema y, más importante, con sus propios métodos distintivos de investigación. CAPÍTULO CUATRO Wilhelm Wundt y la fundación de la psicología U n Wilhelm Wundt barbado y de aspecto distinguido mira tranquilamente a través de unos anteojos con montura de alambre desde su retrato colocado en sentido opuesto a esta página. Retratos similares aparecen en muchos libros de texto de psicolo- gía con Wundt comúnmente identificado como el "fundador de la psicología" o como el "primer psicólogo verdadero del mundo". En este capítulo se evaluarán la validez y el significado de tales caracterizaciones, pero no existe duda de que la investigación psico- lógica de laboratorio de Wundt en la Universidad de Leipzig atrajo a estudiantes de Europa y de Estados Unidos. De acuerdo con Tinker (1932), Wundt ejerció como el cate- drático principal en 186 disertaciones en Leipzig entre 1876 y 1919. La Universidad de Leipzig, fundada en 1409, era y sigue siendo una de las universidades más viejas de Europa. A finales del siglo XIX su matrícula de más de 3 000 estudiantes hizo de Leipzig la universidad más grande de Alemania (Benjamín y cois., 1992, p. 123). Pero no fue la antigüedad de Leipzig o su tamaño lo que atrajo a los estudiantes. Por el contrario, fue su percepción de que algo nuevo e interesante estaba por suceder en el laboratorio de Wundt. Se estaba estudiando la mente de manera objetiva mediante experimentos cui- dadosamente controlados; la psicología, de hecho, estaba desarrollándose como una cien- cia. James McKeen Cattell (1860-1944) fue uno de los primeros en estudiar con Wundt. Extractos del diario de Cattell y muchas de sus cartas han sido publicadas (Sokal, 1981). Nos proporcionan un recuento fascinante de lo que significaba ser uno de los más de 10 000 estudiantes estadounidenses en Europa entre 1865 y 1914, y dan una descripción detallada de cómo se hacía la investigación en el laboratorio de Wundt en Leipzig. Cattell estaba bien preparado tanto por su familia como por sus antecedentes acadé- micos de su trabajo en Alemania. Su madre era de una familia prominente y bien acomo- dada de estadounidenses irlandeses. Su padre, un clérigo presbiteriano, era profesor de griego y latín, y presidente de la Universidad Lafayette en Easton, Pennsylvania. Admi- tido en la universidad de su padre a la edad de 15 años, Cattell se graduó con honores en 1880. Utilizando los dividendos de su herencia, 50 por ciento anual de una inversión originalmente hecha por su abuelo viajó y estudió en Europa. En la Universidad de Gottingen se unió a una próspera colonia de estudiantes estadounidenses. El teórico y filósofo de Gottingen, Rudolph Hermann Lotze (1817-1881) destacaba en sus conferen- cias la posibilidad de una psicología experimental. Cattell había sido llamado para una Wilhelm Wundt y la fundación de la psicología 117 James McKeen Cattell, el primer estudiante estadounidense de Wundt y psicólogo pionero. cátedra de filosofía en la Universidad de Berlín, la máxima confirmación para un acadé- mico alemán. Cattell, quien nunca careció de confianza en sí mismo, escribió un ensayo sobre Lotze que le hizo ganar una beca en la Universidad Johns Hopkins en Baltimore. Su principal competidor era John Dewey (capítulo 9). Cattell, autocríticamente comentó que si uno de los jueces, Charles Morris, un profesor de latín y griego en Hopkins, hubiera sabido más de filosofía, la beca habría sido para Dewey (Sokal, 1981, p. 49). Cattell ingresó a Hopkins en el verano de 1882 y empezó una investigación innovadora midien- do el tiempo que tardaban los sujetos en realizar actos mentales simples como ver o nombrar objetos o colores. Su investigación iba bien, pero el incisivo Cattell perdió la beca debido a lo que Sokal (1980, p. 43) describe como su "continua discusión con Daniel Coit Gilman, el presidente de la universidad". Su conducta irregular quizá también se debía a su frecuente uso del alcohol, nicotina, opio, hashish y morfina (Sokal, 1981, pp. 47-58). Había planeado regresar a Göttingen pero la muerte de Lotze en 1881 hizo que buscara en otro lugar. En 1883 viajó a Leipzig donde, de acuerdo con Edwin G. Boring (1957), visitó a Wundt y le dijo que necesitaba un asistente de investigación y que él mismo, Cattell, era el indicado. Fue tal vez la sorpresa que la audacia del insolente joven le causó, lo que llevó a Wundt a otorgarle un puesto de investigación en su laboratorio. El trabajo de Wundt consistía en asignar temas, preguntas y métodos de investigación a sus estudiantes y supervisarlos de manera cercana. Cattell quedó gratamente sor- prendido cuando Wundt le permitió continuar con su investigación de Hopkins, usando los tiempos de reacción como su medida básica. Cattell construyó un "cronómetro de gravedad"que hizo posible que los materiales se presentaran por periodos controlados. Ese aparato llegó a ser el instrumento tipo en la mayoría de los primeros laboratorios de psicología. La medición precisa de los tiempos de reacción se realizaba con el nuevo "cronoscopio Hipp". Este instrumento era extremadamente delicado y difícil de usar, 118 Capítulo 4 pero cuando funcionaba era preciso a un milésimo de segundo. Wundt alentó y apoyó a Cattell, pero en más de una ocasión lo describió como un ganz Amerikanisdi (estereotí- picamente estadounidense en su independencia y confianza en sí mismo). Cattell por su parte estaba muy consciente de la importancia de trabajar en Leipzig y reconocía el valor de las publicaciones de investigación con Wundt y de un grado de la Universidad de Leipzig, pero solía ser crítico en su correspondencia (todo en Sokal, 1981): El profesor Wundt vino a verme esta mañana. Se quedó tres cuartos de hora y fue muy cordial, como siempre lo ha sido. Me ha tratado muy amablemente, considerando que yo he llamado su atención sobre errores en su trabajo. (Noviembre 1884, p. 39.) El laboratorio de Wundt tiene una reputación mayor de la que merece: el trabajo que se realiza en él es decididamente de principiantes. (Enero, 1885, p. 156.) Fui invitado por el profesor Wundt a merendar con otros miembros del laboratorio. No puedo decir que disfruto tales cosas. No tengo una especial predilección por nadie que conozca y eso me da un deleite nada especial al escuchar a Wundt hablar sobre la ópera y esas cosas. La señora Wundt es amable y parece que le caigo bien al profesor Wundt y que aprecia mi genio fenomenal. (Febrero 1885, p. 160.) ¡Durante el año pasado tuvimos en el laboratorio a dos rusos, dos finlandeses, un no- ruego, un danés, un húngaro, un búlgaro y dos estadounidenses! Eso muestra la atracción del sujeto: para Wundt él mismo difícilmente es un gran hombre. (Noviembre, 1885, p. 193.) El amargo tono de los comentarios de Cattell parece injusto para Wundt, quien fue generoso en su apoyo. Aparece en cartas personales y quizá se debe, por lo menos en parte, a la tensión por su trabajo de investigación y por sus estudios. Cattell trabajó muy duro. Incluso instaló algunos de sus aparatos en su hogar; así podía trabajar cuando el laboratorio de Wundt estaba cerrado. Hay que mencionar también que se encontraba en un país extraño, con pocos amigos, y sometido a una intensa presión de parte de su ambicioso padre para aumentar los títulos que le asegurarían una posición académica en una prestigiosa universidad estadounidense. Su investigación fue exitosa. En sus experimentos sobre identificación de letras, Cattell encontró que el tiempo para nombrar (reacción) una sola letra era aproximadamente medio segundo. Cuando se veía una segunda letra antes de que la primera desaparecie- ra, el tiempo bajaba a una quinta parte de segundo. Los tiempos para nombrar continua- ban declinando conforme se podían ver más letras. En un segundo experimento, Cattell presentó ya fuera palabras conectadas o desconectadas y pidió a los observadores que las leyeran en voz alta. Encontró que los tiempos de lectura para las palabras desconec- tadas y para las letras eran dos veces más largos que los tiempos para las palabras conec- tadas. Dichos resultados mostraban el valor de los tiempos de reacción como una medida de lo que llamó "operaciones cerebrales" (cognición) y apoyaban las aproximaciones de la "palabra entera" para leer instrucciones, que entonces se estaban poniendo en boga. Esos resultados resultaron satisfactorios para el práctico Cattell y aún son citados en escritos contemporáneos sobre lectura (Venezky, 1977). La investigación de Cattell fue publicada en la revista de Wundt Phüosophische Studieu (Estudios filosóficos) en 1885. Un año después, ese trabajo y otros cuatro se publicaron en conjunto bajo el título "El tiempo que tardan las operaciones cerebrales" y ocupaban 72 páginas del Philosophische Studien (Moulton, 1944, p. 250). Croom Robertson, el editor de la revista británica Mina, invitó a Cattell a escribir un resumen de tres páginas. Ese Wilhelm Wundt y la fundación de la psicología 119 escrito, "Sobre el tiempo que toma ver y nombrar objetos" (Cattell, 1886) es un clásico en la historia de la psicología experimental. Después de un breve viaje a su hogar en Baltimore, Cattell regresó a Leipzig con la determinación de escribir su disertación y obtener su grado de doctor. Trajo con él una nueva máquina de escribir Remington con un gran número de adelantos, incluyendo una tecla de mayúsculas. Estaba tan contento con tal característica, que su primera carta a casa estaba toda escrita en mayúsculas (Sokal, 1981, p. 124). Las máquinas de escribir estadounidenses eran raras en Alemania. Wundt compró una y con ella aumentó su ya prolífica tasa de publicaciones (Hillix y Broyles, 1980, p. 432). Para su disertación, Cattell amplió su trabajo a investigaciones psicométricas de las diferencias individuales en la atención y los efectos del trabajo y la fatiga. Fue el primer intento de aplicar los métodos de la nueva psicología de Wundt al tema de las diferencias individuales. Cattell conclu- yó en 1886 la disertación titulada "Investigaciones psicométricas", la primera diserta- ción en psicología experimental hecha por un estudiante estadounidense en el laboratorio de Wundt (Benjamín y cois., 1992, p. 124). Comentó de forma irónica en una carta a sus padres: "Sostuve hoy la tesis Psychometrische Untersuchungen. ¿Alguna vez esperaron tener un hijo que escribiera un trabajo con un nombre así?" (enero 1886, en Sokol, 1981, p. 199). Cattell continuó una importante aunque controvertida carrera dentro de la psi- cología (capítulo 9). Treinta y dos estudiantes estadounidenses más obtuvieron sus gra- dos con Wundt (Benjamín y cois., 1992, p. 123). En sus carreras posteriores la mayoría de ellos, como Cattell, estuvieron lejos de ser "wundtianos", pero recibieron sus grados del fundador de la psicología y formaron un grupo importante de la primera generación de psicólogos. Hagamos ahora una reflexión más detallada de su maestro y "primer psicólogo del mundo": Wilhelm Wundt. WILHELM WUNDT (1832-1920) Wilhelm Maximilian Wundt nació el 16 de agosto de 1832, en la pequeña villa de Neckarau cerca de Mannheim en el principado alemán de Badén. Fue el menor de cuatro niños y su padre era un pastor luterano. Su familia incluía historiadores, teólogos, economistas, geógrafos y dos presidentes de la Universidad de Heidelberg. Por parte de madre, su familia era igualmente prominente e incluía científicos, médicos y administradores del gobierno. Algunos estudiosos han concluido que ninguna otra familia alemana contem- poránea tuvo tanta actividad intelectual y tantos individuos productivos (Bringmann, Balance y Evans, 1975, p. 288). Es probable que antecedentes familiares tan distinguidos proporcionaran al joven Wundt un ambiente estimulante, aunque al parecer tuvo una infancia solitaria y algunas veces infeliz. Su hermano era ocho años mayor y se fue a la escuela durante la niñez de Wundt; los otros dos hermanos murieron en la infancia. Durante muchos años el único compañero de juegos de Wundt era un niño retardado un poco mayor que tenía dificultad para hablar. El niño era infinitamente de buena natura- leza, pero Wundt siempre debía cuidarlo. Probablemente nunca tuvo la oportunidad de aprender a jugar. A lo largo de su vida fue una persona tímida, reservada, a quien le disgustaba encontrarse con extraños, odiaba viajar y evitaba las nuevas experiencias. El abuelo materno de Wundt tenía un interés personal en su educación y lo llevaba a frecuentes viajes y recorridos. Juntos trabajaron como supervisores de acera durante la construcción de la primera estación del tren. Sin embargo, este abuelo era un capataz 120 Capítulo 4 severo y autoritario que insistía en un riguroso programa diario y en una absoluta preci- sión en todo lo que hacían. Cuando Wundt tenía entre 8 y 12 años su educación formal fue confiada al asistente de su padre, un joven pastor que dio al niño el amor y la calidez que ninguno de sus padres le pudo proveer. Cuando el hombre se mudó a una iglesia propia, Wundt se afligió tanto que se le permitió irse con él durante un año. Continuó su educación en el Gymnasium católico local. Enrolarse en un Gymnasium alemán era un importante paso para iniciar el camino directo a la educación universitaria. Tal afirma- ción puede ser sorprendente dado que pensamos en un gimnasio como en un lugar para realizar ejercicio físico y competencias atléticas. Esa descripción deriva del antiguo Gymnasium griego en el cual los hombres jóvenes, usualmente desnudos, se preparaban para o participaban en competencias atléticas. En contraste, el Gymnasium alemán era una escuela secundaria con altos requisitos académicos y de admisión en la cual los estudiantes, completamente vestidos, seguían un programa riguroso de preparación para ingresar a la universidad (Macrae, 1992). Los Gymnasium alemanes competían con vigor por los mejores estudiantes. Su posición dependía del éxito que alcanzaran sus gradua- dos al conseguir su admisión a universidades de prestigio. En su mayoría, los Gymnasia alemanes proporcionaban una excelente educación, pero no para Wundt. Debido a su autoadmitido "desenfrenado soñar despierto", suspendió su primer año al que más tar- de se refirió como su "escuela de sufrimiento". Tan deficiente fue su actividad académi- ca que se le aconsejó que buscara algún empleo honorable, como los del servicio postal, que no requiriera ninguna educación (Diamond, 1976, p. 526). En lugar de eso, Wundt fue transferido al Gymnasium luterano de Heidelberg. Ahí tuvo más éxito y se graduó en 1851. Cuando murió su padre, en 1845, su madre se vio forzada a mantener a la familia con una pequeña pensión clerical. La familia nunca había sido rica, pero ahora las presiones financieras eran intensas. La actividad académica de Wundt, que era menos que estelar, le impidió conseguir una beca en la universidad. También estaba indeciso acerca de la carrera que quería seguir. Afortunadamente, un hermano de su madre, profesor de ana- tomía cerebral y psicología en la Universidad de Tübingen, lo animó a entrar a la uni- versidad como estudiante de pre-medicina. Wundt permaneció allí justo un año antes de cambiarse a la Universidad de Heidelberg. Tenía poco dinero, pero trabajaba muy duro y completó el programa médico en tres años en lugar de cuatro, con lo que ahorró un año de gastos y colegiatura. Se graduó con summa cum laude en 1885 y se situó en primer lugar en el tribunal de exámenes. Para su disertación médica estudió la sensibili- dad del tacto en pacientes histéricas en la Universidad del Hospital de Heidelberg. Des- pués describió esos trabajos como los primeros pasos hacia su trabajo experimental en psicología. En Heidelberg, Wundt hizo investigación con el químico orgánico Robert Wilhelm Bunsen (1811-1899). Bunsen poseía una carrera distinguida aunque algunas veces peli- grosa. Desarrolló métodos para el análisis de gas que tuvieron importantes aplicaciones industriales. Mostró que la mezcla de carbón y carbón vegetal en los altos hornos era altamente ineficiente. Creó métodos para reciclar los gases que hacían más eficientes los altos hornos y también reducían el volumen de gases emitidos. Hacia el final de su carrera Bunsen, con Gustav Kirchoff, realizó una investigación importante sobre el espectroscopio. A pesar de esas contribuciones, Bunsen es mejor conocido por su inven- ción en 1855 del conocido gas burner que lleva su nombre. Bunsen y Wundt se interesa- ron en los efectos de la ingestión restringida de sal en la composición de la orina. Como Wilhelm Wundt y la fundación de la psicología 121 no pudieron encontrar un voluntario para eliminar toda la sal de su dieta y Bunsen había perdido un ojo en una explosión de laboratorio y estuvo cerca de morir por inhalar va- pores de arsénico (Asimov, 1982, p. 375), Wundt hizo el experimento en él mismo. Así se inició una larga tradición de investigadores que autoexperimentaban, la cual continúa en la investigación médica hasta hoy en día: John Scott Haldane (1860-1936) y su hijo John Burdon Sanderson Haldane (1892-1964), en sus experimentos sobre la fisiología de la respiración, sometieron sus propios sistemas respiratorios a cientos de pruebas riesgosas y nocivas. Otros, para desarrollar agentes anestésicos, experimentaron en ellos mismos con agentes paralizadores y potencialmente letales. En 1986 el inmunólogo francés Da- niel Zagurny, se inyectó una vacuna que esperaba pudiera contraatacar el SIDA (L. K. Altman, 1987). El experimento de Wundt resultó bien y publicó un trabajo en el que describió los resultados en el Journal of Practical Chemistry (1853); tuvo la gratificante experiencia de ver su trabajo citado en la literatura. Wundt decidió seguir una carrera académica y de investigación. Carrera académica temprana de Wundt En 1856 Wundt pasó un semestre en la Universidad de Berlín estudiando con Johannes Müller y Emil Du Bois-Reymond (capítulo 3). En 1857 regresó a Heidelberg como Privatdozent (conferencista) en el departamento de fisiología. Sólo cuatro estudiantes to- maron el curso, lo cual fue una decepción para él, ya que en el sistema universitario alemán los ingresos de un Privatdozent dependían de las cuotas que pagaban los estu- diantes. Al principio Wundt dio el curso en el departamento de su madre. Trabajó muy duro adaptando experimentos para complementar y confirmar sus conferencias. Estaba determinado a tener éxito, pero el exceso de trabajo lo llevó a enfermar seriamente y por un tiempo estuvo cerca de la muerte. Más tarde consideró esa experiencia (estar cerca de la muerte) como de "perfecta calma", sin miedo. Después de su enfermedad se tomó un tiempo para recuperarse en los Alpes suizos. En 1858 Hermann von Helmholtz (capítulo 3) fue nombrado director del nuevo Ins- tituto de Fisiología en la Universidad de Heidelberg. Él, por su parte, nombró a Wundt su asistente. Wundt aceptó encantado el nombramiento, ya que consideraba a Helmholtz el mejor científico en Heidelberg, junto con Müller y Du Bois-Reymond, uno de los tres grandes fisiólogos alemanes de aquel tiempo. Wundt compartía cuarto con I. M. Sechenov (1829-1909) un joven fisiólogo ruso que más tarde influiría en Ivan Pavlov (capítulo 12). Desafortunadamente, el nuevo nombramiento lo desilusionó, pues se le requirió más como asistente de enseñanza que como investigador. El gobierno había emitido una re- gulación en la cual requería que los estudiantes de medicina tomaran un curso de labo- ratorio en fisiología, así que el deber principal de Wundt era enseñar los fundamentos de la fisiología sensorial y los procedimientos de laboratorio. Sin embargo, propuso un nue- vo curso en antropología, o lo que hoy en día llamaríamos psicología social. Ofreció el curso por primera vez en 1859 y en él enseñaba la relación del individuo con la sociedad. Wundt retomó el interés en ese tema durante las últimas décadas de su vida y sobre él produciría una obra magna de diez volúmenes (Schneider, 1990). Durante sus años como ayudante de Helmholtz, Wundt también escribió su primer libro, Beitrage zur Theorie der Sinnesivahrnehmung (Contribuciones hacia una teoría de la 122 Capítulo 4 sensopercepción), publicado en 1862. En este libro, analiza las funciones sensoriales, desarrolla una teoría de la percepción y, de acuerdo con Edward Titchener (capítulo 5), perfila un programa de psicología que seguiría por el resto de su vida. Wundt ubicaba la psicología entre las ciencias físicas (Nniuru'issenschaften) y las ciencias sociales (Geistesioissenschaftcn). Utilizaría métodos experimentales y de investigación similares a los de las ciencias físicas para documentar cuestiones psicológicas. Veía esta nueva cien- cia de la psicología como una ciencia inductiva, experimental. Había quedado impresio- nado por los escritos de John Stuart Mili (capítulo 2), pero la aproximación de Mili era la de un filósofo que especula y piensa sobre la vida mental; la de Wundt era la de un científico que usa métodos experimentales para estudiar esa vida. Wundt creía que el lenguaje, los mitos, la estética, la religión y las costumbres sociales son reflexiones de nuestros procesos mentales más altos, por lo que deberían ser tenias de una segunda subdivisión de la psicología. Pero dado que estos procesos no podían ser manipulados o controlados, no era posible estudiarlos experimentalmente, pero sí mediante registros históricos y literatura y por medio de observaciones naturalistas. Wundt concibió una tercera rama de la psicología que integraría los hallazgos empí- ricos de la psicología y otras ciencias. Las metafísicas científicas, como nombró esta subdi- visión, desembocaría finalmente en lo que él veía como la meta ideal de toda la ciencia: una teoría coherente del universo. Como Blumenthal (1985) lo demostró, el objetivo de Wundt era establecer la psicología como una ciencia fundacional o propedéutica dado que integraría las ciencias sociales y las físicas. Justo un año después, en 1863, el prolífico Wundt publicó un importante trabajo, Vorlesungen überdic Menschen-und Thicrseele (Con- ferencias sobre la mente humana y la animal), de dos volúmenes y 1 000 páginas. Como el título lo índica, el trabajo es tan amplio como inclusivo; casi la mitad del material continúa la presentación de la psicología cultural de Wundt. Aunque había estado dispuesto a impartir sus cursos y se le dio la oportunidad de escribir, Wundt cada vez estaba más insatisfecho con su nombramiento en el instituto y en 1864 renunció. Su decisión ha incitado a especulaciones acerca de que la relación entre Helmholtz y Wundt se había enfriado. Otro de los primeros estudiantes estadouni- denses, G. Stanley Hall (capítulo 9), llegó tan lejos que comentó que Helmholtz encontró inadecuado el conocimiento de Wundt sobre las matemáticas y, por tanto, lo reemplazó con un hombre de "métodos más severos y precisos y un mayor conocimiento matemá- tico" (Hall, 1924, p. 206). Esta especulación no es cierta, como Wundt misino lo señale»; Helmholtz no necesitaba ayuda con sus matemáticas. Escribió muchas cartas de reco- mendación para su antiguo asistente por un periodo de varios años. En ningún momen- to, aun cuando renunció al instituto, Wundt se quedó sin sus ingresos regulares. Sostuvo su rango académico en la universidad y fue, de hecho, promovido a profesor asociado, pero era un nombramiento sin salario. Wundt estableció un pequeño laboratorio en su hogar y lo mantuvo, así como se mantuvo él mismo con las regalías de sus libros. La política llegó a ser un asunto de gran interés para Wundt y fue electo presidente de la Asociación Educativa de los Obreros en Heidelberg, un grupo idealista, socialista, dedicado a mejorar las condiciones de los trabajadores. También colaboró como miem- bro del Parlamento de Badén durante dos años, pero se convenció de que la vida política no era para él, y en 1871 regresó a la Universidad de Heidelberg. Ahí mantuvo el rango de profesor extraordinario durante tres años antes de aceptar un llamado a la cátedra de filosofía inductiva en Zurich. Permaneció allí justo un año antes de ser designado para la cátedra de filosofía en la Universidad de Leipzig. Esta cátedra había estado vacante du- Wilhelm Wundt y la fundación de ¡a psicología 123 rante diez años porque los facultativos no habían podido ponerse de acuerdo en la de- signación. El interés de Wundt en una nueva psicología y su reciente activismo político debió haber causado alarma entre los miembros más conservadores de la facultad de Leipzig. Con su característico humor autocrítico, Wundt reportó que la facultad de Leipzig había decidido contratarlo a él y a algún otro oscuro candidato para el premio de un hombre de distinción (Diamond, 1976, p. 527). El primer laboratorio experimental de psicología En 1876, la Universidad de Leipzig asignó un cuarto a Wundt para que almacenara el equipo de demostración y los aparatos experimentales que había traído de Zurich. El cuarto estaba en el edificio Konvikt, construido en 1840 por convictos para albergar un comedor para estudiantes pobres. En Leipzig, el primer curso que impartió Wundt fue sobre psicología fisiológica. Presentaba demostraciones y experimentos durante sus con- ferencias, pero llegó a ser molesto transportar el equipo del área de almacenaje hasta el salón de clases y del salón de clases al almacén, por lo que varias demostraciones se establecieron de forma permanente en una sala del edificio de Konvikt. Los estudiantes iban hacia allá para observarlas e incluso para participar en experimentos simples. Éste fue el modesto comienzo del laboratorio de Wundt en Leipzig. La psicología de Wundt llegaría a ser en mucho una ciencia experimental de taquistoscopios, cronoscopios, estimuladores eléctricos, péndulos, cronómetros, artefactos de cartografía sensorial: una psicología de "instrumentos de latón". Cuando un nuevo estudiante se incorporaba al laboratorio de Wundt, generalmente se le asignaba una pieza del equipo para usarla en experimentos ya planeados o para perfeccionarla y adaptarla para investigación futura (Hilgard, 1987, p. 30). Wundt mismo compró mucho de este equipo original y llenaba más y más cuartos del edificio Konvikt. En otoño de 1879 inició algunos experimentos psicológicos que no eran parte de su curso. Más tarde comentó que esos experimentos independientes marcaron el establecimiento formal de su laboratorio de psicología y 1879 ha sido generalmente aceptado como el año del establecimiento de la psicología como una ciencia independiente y experimental. En 1979 la Asociación Americana de Psicología (APA) autorizó que de forma especial se acuñara una medalla de oro grabada con el retrato de Wundt al anverso y con la inscripción "Un siglo de ciencia" al reverso. De hecho el laboratorio de Leipzig se estableció después de algunos años y en 1879 el laboratorio de Wundt era todavía un asunto primitivo. No fue reconocido y listado en el catálogo de la Universidad de Leipzig, de manera formal, hasta 1883. Incluso esa acción tardía se realizó sólo cuando Wundt amenazó con aceptar una oferta para mudarse a la Universidad de Breslau. Benjamín Wolman (1960, p. 11) ha señalado que el estableci- miento de este laboratorio fue un acto de valentía de Wundt. Tuvo que enfrentar la opo- sición de sus colegas quienes cuestionaban la legitimidad de la psicología como una ciencia experimental y sostenían que la autoobservación continua llevaría a las personas jóvenes a la locura. A pesar de esa oposición, el laboratorio de Wundt creció. A mediados de 1880, ocupaba ocho de diez cuartos. En 1893, el laboratorio se mudó a 11 cuartos de un edificio formalmente ocupado por el departamento de ginecología; en 1897, el Insti- tuto Psicológico, como se le llamaba entonces, se mudó a un nuevo edificio que Wundt diseñó expresamente para investigación psicológica. Resulta irónico que algunos de los estudiantes más prominentes de Wundt —Cartell, Kraepelin, Münsterberg, Külpe, 124 Capítulo 4 La Casa del Gigante (Haus sum Riesen), edificio en Heidelberg donde Wundt estableció su primer laboratorio durante el verano de 1865. El edificio sigue estando frente al Instituto Psicológico de la Universidad de Heidelberg. (De Estudios de Wundt: Una celebración del centenario (p. 342), editado por W. G. Bringmann y R. D. Twcney, Í980, Toronto: C. /. Hogrefe, Inc.) Wilhelm Wundt y la fundación de la psicología 125 Titchener y Lipps— hicieran sus investigaciones en el edificio Konvikt. Wundt mismo hizo poca investigación en el nuevo laboratorio, dado que para ese momento sus intere- ses eran principalmente teóricos. El último laboratorio de Wundt fue destruido en un bombardeo anglo-estadounidense que cayó sorpresivamente sobre Leipzig la noche del 4 de diciembre de 1943. El sistema teórico wundtiano Además de los ejercicios y las demostraciones de laboratorio, Wundt necesitaba un texto para su curso. En 1873 y 1874 publicó el texto de dos volúmenes Grundzüge der Physiologischen Psychologie (Principios de psicología fisiológica). El libro se había planea- do durante algún tiempo. En diciembre de 1872 Wundt se lo describió a Wilhelm Englemann, un editor potencial, como fisiológico en tanto que utilizaba los métodos inductivos experimentales de ese campo, pero también nuevo en tanto que aquellos métodos se aplicarían en áreas que no se consideraban en los textos fisiológicos. La cues- tión importante del libro era caer en algún lugar entre la fisiología y la filosofía. Por psicología fisiológica Wuntd no quería decir lo que significa hoy en día: el estudio de las bases fisiológicas de la conducta y la conciencia, para Wundt significaba una psicología que utilizaba técnicas experimentales análogas a las de la fisiología. El editor aceptó el libro de Wundt y lo publicó en Leipzig en 1873 y 1874. En el prefacio Wundt señaló claramente el perfil del libro: El libro que aquí presento al público es un intento por definir un nuevo dominio de la ciencia. Estoy muy consciente de que la cuestión debe ser incorporada aun cuando el mo- 126 Capítulo 4 mentó todavía no es oportuno para tal empresa. La nueva disciplina se apoya en funda- mentos anatómicos y fisiológicos los cuales, en ciertos aspectos, están muy lejos de ser sólidos; mientras que el tratamiento experimental de los problemas psicológicos debe ser pronunciado desde cualquier punto de vista por estar en sus primeros comienzos. Al mis- mo tiempo, los mejores medios para descubrir los espacios en blanco que nuestra ignoran- cia ha dejado en la importante cuestión de una ciencia en desarrollo es, como todos nosotros sabemos, tener un panorama general de su presente condición. (Wundt, 1904, p. v) Las frases "nuevo dominio de la ciencia", "nueva disciplina", "tratamiento experi- mental de los problemas psicológicos" y "ciencia en desarrollo" en este pasaje, muestran que Wundt estaba tratando conscientemente de extraer una nueva área de la ciencia. Así, es la primera persona que podemos denominar, sin reservas, como un psicólogo. El libro pasó por importantes revisiones en las que se corrigió y aumentó en 1880,1887 y 1893. Se publicaron ediciones de tres volúmenes en 1902-1903 y 1908-1911. Estas obras son los informes más claros de la psicología experimental de Wundt y, por tanto, deben ser con- sideradas en detalle. Primero Wundt describió el "sustrato corporal de la vida mental", o la anatomía y función del cerebro. Luego describió el sistema nervioso y postuló sus ideas acerca de las fuerzas que subyacen a la conducción nerviosa. Para el estudiante contemporáneo de psicología, esas secciones son de poco valor dado que han sido superadas por hallazgos más recientes. Después Wundt analizó las características de las sensaciones; definió la cualidad, la intensidad, la extensión y la duración como las cuatro características funda- mentales y continuó con el desarrollo de una teoría de la percepción. La parte IV es el corazón psicológico del libro. Ahí, Wundt define la psicología como "la investigación de los procesos conscientes en las formas de conexiones característicos de ellos" (Wundt, 1904, p. 2) El modelo para los métodos de la nueva ciencia experimental serían los métodos de las ciencias fisiológicas bien establecidas. Sin embargo, Wundt hizo énfasis en que esos métodos requerían modificaciones para cubrir las necesidades específicas de la investi- gación psicológica. Comentaba que "la psicología ha adaptado métodos fisiológicos, ha adaptado métodos físicos para sus propios fines" (Wundt, 1904, p. 3). La meta de la psicología era el estudio de los "procesos conscientes" o lo que Wundt consideraba parte de la "experiencia inmediata", como opuesta a la "experiencia mediata". Para ilustrar la distinción consideremos dos estímulos: una hoja verde de papel y un tono musical. Si nosotros utilizamos un espectrómetro para medir la longitud de la onda de luz reflejada del papel o un espectrograma de sonido para medir la frecuencia y la intensidad del tono, no estamos estudiando el papel y el tono de forma directa; nuestra experiencia del papel verde y del tono está mediada por los instrumentos. Si nosotros describimos los procesos conscientes y las experiencias que tenemos cuando se nos presentan los dos estímulos —el "verdor" del papel verde y la "tonalidad" del tono— estamos describiendo nuestra experiencia inmediata, nuestra experiencia directa. De acuerdo con Wundt, lo primero es la senda de la física, lo segundo la de la psicología. La física intenta estudiar el mundo exterior sin ser una parte de la situación o del fenómeno que se está exa- minando. Los psicólogos, de acuerdo con Wundt, no estudian el mundo exterior per se, estudian los procesos psicológicos mediante los cuales experimentamos y observamos el mundo exterior. No se pueden separar a sí mismos de sus objetos de estudio dado que están estudiando sus propios procesos conscientes. Wilhelm Wundt y la fundación de la psicología 127 Mientras que los físicos tienen sus espectrómetros, espectrógrafos, y muchos otros maravillosos instrumentos, ¿qué técnicas de observación objetivas tiene el psicólogo para estudiar los procesos conscientes? Una técnica que Wundt describe es la Experimentclle Selbst-beobachtimg (autoobservación experimental o instrospección). Introspección es la palabra utilizada con mayor frecuencia para describir el método de Wundt. La elección es desafortunada ya que implicaba un tipo de especulación de sillón lo cual, ciertamente, no es lo que Wundt quiso decir. Él descartó tal especulación como una "meditación contemplativa" que conduce sólo a debates infructuosos y a las más grandes autode- cepciones (Wundt, 1904, p. 7). En 1882, en un trabajo polémico, comparó a los primeros introspeccionistas con el Barón von Munchhausen, un personaje cómico del folklore ale- mán, que se rescata a sí mismo de las arenas movedizas jalándose hacia arriba de su propio cabello (Blumenthal, 1985, p. 19). La introspección de Wundt era un arduo proce- dimiento experimental controlado de forma rígida. Él creía que así como los pequeños habían aprendido sobre mecánica de una observación casual, fortuita de los cuerpos al caer, los pequeños aprenderían sobre las experiencias mentales del ser humano de medi- taciones no controladas y contemplativas. La introspección de Wundt no se limitaba a autorreportes sino que comprendía me- diciones objetivas, como tiempos de reacción y asociación de palabras. De hecho, la ma- yor parte de los experimentos en el laboratorio de Wundt incluía tales mediciones. Danziger (1979) examinó cerca de 180 reportes del laboratorio de Wundt elaborados entre 1883 y 1903. Encontró sólo cuatro artículos que contenían nada más reportes introspectivos. Siempre que se utilizaba la introspección estaban presentes observadores altamente entrenados en eventos sensoriales controlados de forma cuidadosa y se les pedía que describieran sus experiencias mentales. Para producir introspecciones válidas se imponían ciertas reglas. El observador tenía que ser un "experto en la situación", esto es, debía mantenerse en un estado de "atención esforzada" y saber cuándo se presenta- ría el estímulo y cuándo se harían las observaciones. Todas las observaciones se repeti- rían varias veces. Finalmente, las condiciones experimentales variarían de manera sistemática para permitir una descripción general de los contenidos mentales. En sus introspecciones Wundt y sus estudiantes identificaron dos elementos básicos de la vida mental: sensaciones y sentimientos. Para ellos, los complejos y continuamente cambiantes procesos mentales resultaban de las conexiones o de síntesis creativas de esos elementos. Wundt planteó este principio de síntesis creativa en franca oposición a lo que él consideraba el engañoso elementismo atómico de algunos asociacionistas del siglo XIX. Arthur Blumenthal describió bien esta situación: [Los asociacionistas] han atomizado los procesos mentales dentro de ideas elementales que llegan a ser asociadas dentro de componentes de acuerdo con las descripciones de asociacionistas clásicos. Wundt consideraba que esa aproximación era una mera analogía primitiva con los sistemas de la física mecánica y argumentaba además que estos sistemas enseñan poco acerca de las relaciones de los procesos psicológicos. (Blumenthal, 1975, p. 1083) Para Wundt, las sensaciones y los sentimientos no eran simplemente "bolas de bi- llar" que chocan e interactúan. Al igual que John Stuart Mili (capítulo 2), adoptó un modelo de la mente que enfatizaba las principios químicos en lugar de los mecánicos. Para Wundt la mente es una fuerza creativa, dinámica, volitiva. Nunca podría ser enten- 128 Capítulo 4 dida mediante simples identificaciones de sus elementos o su estructura estática. Por el contrario, debe comprenderse a través del análisis de su actividad; sus procesos. De he- cho, el término estructuralista, comúnmente aplicado a Wundt, fue inventado más tarde por Edward Titchener (capítulo 5) y William James (capítulo 9); Wundt nunca lo usó. En lugar de eso, nombró voluntarismo a su psicología e hizo hincapié en la diferencia entre su voluntarismo y el estructuralismo de Titchener (Blumenthal, 1979, p. 549). Blumenthal ha sido en gran medida responsable de clarificar lo que ahora sabemos sobre la verdade- ra posición de Wundt. Escribió: No puedo evitar preguntarme si Wundt tenía alguna noción de lo que podría pasar el día que eligió la palabra "Elemente" como parte del título de un capítulo. Generaciones poste- riores se apoderaron de la palabra con tal pasión que finalmente la llevaron a transformar a Wundt en algo bastante opuesto al original. (Blumenthal, 1979, p. 549) La destacada conclusión de Blumenthal fue que Wundt no era un reduccionista, ni un elementista ni un estructuralista (las tres características que se le asignan con mayor fre- cuencia). Wundt no definió la psicología como la ciencia de la mente. Esa definición, lo mismo que el término estructuralismo, también proviene de Titchener. Wundt rechazó que hubiera "mentes" para ser estudiadas separadamente de los "cuerpos". Se opuso con vehemencia a los dualismos mente-cuerpo y creía que la experiencia mental debe estu- diarse en términos de ambos, la mente y el cuerpo —la tan llamada resolución de doble aspecto del problema mente-cuerpo—. Finalmente, la introspección de Wundt no fue un método limitado al autorreporte, sino que era un conjunto de procedimientos objetivos, experimentales llamados de forma más precisa autoobservación experimental. La investigación de Wundt Cuando volteamos hacia la investigación de Wundt, encontramos una situación similar. En lugar de llevar a cabo una larga serie de experimentos restringidos, tediosos e irrele- vantes determinados por la introspección, Wundt y sus estudiantes realizaron investi- gación sobre toda una variedad de temas y, como hemos visto en muchos de sus ex- perimentos, la introspección clásica tiene sólo una pequeña participación si no es que ninguna. Afortunadamente, tenemos un excelente registro histórico de los experimentos que Wundt y sus estudiantes efectuaron en su laboratorio de Leipzig. Como el número de experimentos se incrementaba, Wundt se dio cuenta de que se necesitaba una forma de presentar sus resultados a un público más amplio. Aumentaba y revisaba de manera constante su texto Principios, pero el tiempo que se perdía en la edición creó la necesidad de una revista que permitiría que los resultados se publicaran rápidamente. En 1881 Wundt estableció la revista Philosophische Studien (Estudios filosóficos) y publicó un pri- mer reporte de un estudiante: el experimento de Max Friedrich sobre la apercepción del tiempo. Wundt editó Philosophical Studics hasta 1902. Ésa fue la primera revista que se creó exclusivamente para la investigación psicológica. Edwin G. Boring (1929) y Robert Watson (1978) clasificaron cerca de 100 de los experimentos publicados en esta revista durante un periodo de 21 años y encontraron que cerca de 50 por ciento se refería a la sensación y la percepción: estudios de la visión del color y del contraste, posimágenes e Wilhelm Wundt y la fundación de la psicología 129 ilusiones visuales. El tiempo de percepción también fue estudiado a través del juicio de los sujetos y los intervalos de tiempo estimados. Las sensaciones táctiles se estudiaron utilizando los métodos psicofísicos desarrollados por Ernst Weber y Gustav Fechner (ca- pítulo 6). Cerca de 17 por ciento de los experimentos reportados en Philosophische Studien utili- zó los métodos de investigación iniciados por Cattell y la medición de los tiempos de reacción. Los sujetos tenían que responder después de que detectaran o identificaran un estímulo. Los tiempos de reacción para la identificación fueron, de manera consistente, más largos que los tiempos de reacción de detección; se pensó que esto se debía al tiem- po que toma el proceso de identificación después de la simple detección del estímulo. Esos métodos y suposiciones parecían razonables, pero cerca del cambio de siglo se con- sideraron inadecuados. Los tiempos de reacción observados varían mucho de sujeto en sujeto, en el mismo sujeto en diferentes momentos y de laboratorio en laboratorio. Los tiempos de reacción simplemente no producen las mediciones precisas de los procesos mentales que buscaban los wundtianos. No obstante, tales mediciones han llegado a ser omnipresentes en la psicología (Luce, 1986, p. 1). Cerca de 10 por ciento de los experimentos de Leipzig se refería a la atención. Wundt consideraba la atención como un proceso mental que crea un foco en la conciencia. Defi- nió atención como "El estado que acompaña la clara aprehensión de cualquier contexto psíquico y que se caracteriza por una sensación especial" (Wundt, 1902, p. 229). Los observadores de Leipzig eran entrenados para distinguir en sus introspecciones entre sensaciones e ideas tanto en el Blickfeld (campo de atención) como en el Blickpimkt (foco de atención). Wundt lamo apercepción al proceso mental que lleva los contenidos al fo- co de atención. Hoy en día se llamaría atención selectiva. En 1919 uno de los estudiantes más eminentes de Wundt, Emil Kraepelin, aplicó un modelo de atención al pensamiento de esquizofrénicos (Kraepelin, 1919). Kraepelin consideraba que ciertas formas de la con- ducta esquizofrénica se debían a la atención reducida, formas altamente irregulares de atención, o a un foco de atención extremadamente limitado y pobre. La teoría de la "aten- ción deteriorada"en la esquizofrenia formulada por Kraepelin ha resurgido en las aproxi- maciones del procesamiento de la información en la enfermedad (Silverman, 1964). Otro 10 por ciento de los experimentos de Leipzig era relativo al sentimiento. A los observadores se les presentaban latidos en metrónomos y reportaban que ciertos patro- nes rítmicos eran más placenteros que otros: existía una dimensión del sentimiento de placer contra displacer. Los observadores también informaban un ligero sentimiento de tensión cuando anticipaban el siguiente latido. Así, se involucraba una segunda di- mensión del sentimiento que fue definida como tensión contra relajación. Finalmente, en ciertos rangos del metrónomo, los observadores comunicaban sentimientos sutiles de excitación, mientras que en otros, sentimientos de calma. Así, se había identificado una tercera dimensión del sentimiento: excitación contra calma. Estas tres dimensiones se com- binan en la teoría tridimensional del sentimiento de Wundt, la cual puede ser diagramada como sigue: placer displacer tensión relajación excitación calma 130 Capítulo 4 La historia y el uso contemporáneo de los tiempos de reacción En Londres, una excursión placentera es na- En 1796, en el Observatorio de Green wich, vegar por el río Tamesis hasta el pueblo cer- Nevil Maskelyne, el quinto astrónomo real de cano de Greenwich. Los botes parten del Inglaterra, y su asistente, un joven llamado muelle de Westminster que está al lado de los Kinnebrook, estaban observando y registran- edificios del Parlamento y el viaje permite ver do los tiempos de tránsito de las estrellas a desde el río muchas reliquias londinenses. través de las retículas de sus telescopios. Los Greenwich, el lugar del principal meridiano, tiempos que registraban algunas veces dife- es un encantador pueblo de río con un lugar rían tanto como en un segundo, una diferen- especial en la historia de la psicología. Esto cia que Maskelyne concluyó se debía a un es porque ahí, en un observa torio astronómi- error de Kinnebrook. El desafortunado joven co, se realizaron las primeras observaciones fue despedido. Diez años después, un astró- sistemáticas de las diferencias individuales en nomo alemán, Friedrich Bessel, leyó y consi- los tiempos de reacción. deró el incidente de Greenwich y concluyó En 1676 se construyó una casa en una co- que no había ningún error, sino que Maske- lina sobre Greenwich, para los "observado- lyne y Kinnebrook habían diferido en sus res astronómicos" de Inglaterra. Sir Chris- tiempos de observación o de reacción. Los as- topher Wren, el arquitecto de la Catedral de trónomos llegaron a desarrollar ecuaciones San Pablo, recibió una comisión real para pro- personales que les permitían determinar las veer "habitación y un poco de comodidad a diferencias entre los observadores y, así, po- los observadores". Antes de ese momento, dían trabajar juntos. John Flamsteed, el primer astrónomo real, En los últimos años de la década de 1860 había realizado sus observaciones desde una un fisiólogo alemán, Fransiscus Cornelius torreta en la Torre de Londres. En Greenwich, Donders, estudió los tiempos de reacción bajo Flamsteed verificó una y otra vez los movi- condiciones controladas de laboratorio. En su mientos de las estrellas e hizo determinacio- procedimiento de tiempo-de-reacción-simple, nes precisas acerca de su posición. Greenwich una persona tenía que responder con una res- también llegó a ser el cronómetro nacional y puesta en particular a un estímulo; en el pro- más tarde el oficial en el mundo. Cada día se cedimiento de tiempo-de-ruacción-de-clección, llevaba una pelota hasta la cima de un más- se presentaba un cierto número de estímu- til y se dejaba caer exactamente a la una en los y se requerían diferentes respuestas po'v. punto. Los marineros en el río ponían a la cada uno. Finalmente, en su procedimiento hora sus cronómetros por "Medio del Tiem- de iiempo-de-ivacción-dc-discriminndón, se pre- po de Greenwich". Todavía hoy la pelota del sentaba una amplia colección de estímulos tiempo se deja caer precisamente a la una. ordenados al azar, y se le pedía a i.i persona Wundt y sus estudiantes dedicaron mucho esfuerzo para incluir varios sentimientos en su matriz tridimensional. En general, no tuvieron éxito, pero cuando se contó con las técnicas del análisis factorial en el siglo XX, se crearon un gran número de aproximacio- nes dimensionales sobre el significado y la emoción. (Osgood, Suci y Tannenbaum, 1957; Schlosberg, 1954). Al estudiar los sentimientos, los wundtianos también utilizaron el método de las "comparaciones apareadas". Los sentimientos eran comparados uno con otro y con un sentimiento establecido de comparación. Las comparaciones se hacían a lo largo de las Wilhelm Wundt y la fundación de la psicología 131 La historia y el uso contemporáneo de los tiempos de reacción (continuación) que respondiera sólo a uno de ellos. Los tiem- "Sí" o "No" presionando un botón y así po- pos simples de reacción eran consistente- dían medirse sus tiempos de reacción. Como mente más cortos que los otros dos. La sus- el tamaño de la serie original se incrementaba tracción le dio a Donders una medida del de una a seis letras, los tiempos de reacción tiempo que se lleva discriminar o elegir. En aumentaban, con cada ítem adicional se aña- un trabajo que es una reliquia "Sobre la ve- dían cerca de 30 milisegundos al tiempo de locidad de los procesos mentales" (1868), reacción. Ese resultado era predecible. Lo que Donders describió un modelo por etapas en resultaba sorprendente era que los tiempos de el cual el estímulo primero se percibe, luego reacción para los ensayos de "Sí" y "No" no se categoriza y después se selecciona la res- diferían. Esto le sugirió a Stenberg que al bus- puesta apropiada. Cada una de estas etapas car rápidamente en el almacén de la memo- mentales toma tiempo, por lo que se asume ria, se explora la memoria entera en una bús- que el tiempo de reacción medido es el re- queda exhaustiva, incluso después de que se sultado aditivo del tiempo que tardamos en encuentra el par. desempeñar cada operación mental. Ese mo- Alan Collins y M. Ross Quillian (1969) delo por etapas del procesamiento mental propusieron que el conocimiento semántico subyace al uso de las medidas del tiempo de o la memoria a largo plazo está organizado reacción hechas por Cattell y otros estudian- en estructuras jerárquicas o redes. Predijeron tes en el laboratorio de Wundt en Leipzig. que cuanto más nodos de información deban En una revisión histórica del desarrollo de la pasarse para contestar una pregunta, mayor psicología cognitiva moderna, Michael será el tiempo de reacción. Sus sujetos tarda- Posner y Gordon Shulman (1979) definieron ron bastante menos tiempo en responder a a Donders como uno de los fundadores de la preguntas como "¿El canario es amarillo?" psicología cognitiva. que en contestar "¿El canario es de sangre Los últimos 20 años han visto el surgi- tibia?" Tales diferencias se presentaban aun- miento de la psicología cognitiva y el domi- que la respuesta fuera o no fuera correcta. nio de las aproximaciones del procesamiento Todos estos resultados tuvieron un pro- de la información al estudio del aprendizaje fundo efecto en las concepciones psicológi- y la memoria. En una serie de experimentos cas sobre el aprendizaje y la memoria. Son ahora clásicos, Saúl Sternberg (1966, 1969) una demostración singular del poder del pidió a los sujetos que recordaran una serie modelo de Donders sobre el procesamiento de letras y después de un corto tiempo les mental y sobre el valor de los tiempos de preguntó si una letra de la prueba estaba o no reacción como una medición de una varia- en la serie original. Los sujetos respondían ble dependiente. tres dimensiones que habían surgido en observaciones anteriores. Además, las medicio- nes de la tasa del pulso, la respiración y la tensión muscular se tomaban como índices de la cualidad del sentimiento. Esta investigación anticipó la psicofisiología de hoy en día. Finalmente, cerca de 10 por ciento de los estudios reportados en Philosophische Studien trata sobre la asociación. Para Wundt, asociación era un proceso de combinación en un estado pasivo de atención. Se presentaban a los sujetos palabras aisladas y se les pedía que res- pondieran con una sola palabra. Los wundtianos registraban tanto la palabra respuesta en sí misma como su latencia. Wundt distinguía entre las asociaciones internas basadas en conexiones intrínsecas entre las palabras (por ejemplo, "león-animal", "lanza-escudo", 132 Capítulo 4 "vaca-leche" y "blanco-negro") y conexiones externas basadas en conexiones extrínsecas, accidentales, que con frecuencia son el producto de la historia individual de una persona (p. ej. "curva-accidente" y "padre-odio"). Emil Kraepelin halló evidencias sugestivas de la gran importancia clínica de esas asociaciones; encontró que un sujeto bajo la influencia del alcohol incrementaría el número de asociaciones externas. Mientras que Wundt dirigía investigación en su laboratorio de Leipzig, sus asistentes oficiales se encargaban de mucha de la supervisión diaria (Boring, 1957). Quince hom- bres contaban con tal categoría, incluyendo a Cattell desde 1885 hasta 1886 y a Oswald Külpe (capítulo 6) desde 1886 hasta 1893. Los estudiantes solían trabajar en experimen- tos asignados que con frecuencia eran réplicas de trabajos anteriores. Danziger (1985) comparó el experimento psicológico como una institución social en Leipzig con la situa- ción en los laboratorios de investigación contemporáneos. Encontró notables diferencias en los papeles de los sujetos y los experimentadores. Hoy en día existe una clara diferen- cia en cuanto a poder y posición que favorece al experimentador. Los psicólogos "despla- zan" a sus sujetos, quienes a menudo acceden a un experimento para cubrir un requisito para un curso o para recibir una pequeña paga. El experimentador está claramente al mando. El sujeto hace lo que él o ella le instruye a hacer y luego recibe ya sea créditos por participar o una pequeña paga. En el laboratorio de Wundt el papel del sujeto se conside- raba más importante que el del experimentador, dado que el sujeto era la fuente de datos. Los sujetos eran elementos psicológicamente sofisticados muy bien entrenados del labo- ratorio de Leipzig. Algunas veces se alternaban los roles de sujeto y experimentador; otras veces, el sujeto y el experimentador eran la misma persona. Especialmente en los primeros años del laboratorio, Wundt mismo era, con frecuencia, el sujeto. "Sujeto" no era sino un término utilizado en los reportes de Leipzig, otros términos eran "reactor", "observador", "participante" e "individuo bajo observación". La investigación en el la- boratorio de Wundt era intensiva y cooperativa, conducida por un grupo pequeño de personas. Danziger (1985) concluyó que el patrón actual de los papeles en los experimen- tos psicológicos no proviene de Leipzig sino de Francia, de los estudios sobre hipnosis experimental de investigadores médicos como Jean Charcot (capítulo 11). Wundt como tutor Una amplia variedad de experimentos se realizaban en Leipzig. Sin un gran número de estudiantes, tal volumen de investigación no hubiera sido posible. A finales del siglo XIX Leipzig era el centro de la nueva ciencia de la psicología y una de las contribuciones más importantes de Wundt a su desarrollo fue la influencia que tuvo sobre los estudiantes. Uno de los primeros fue el estadounidense William James. Tan temprano contó 1867, James escribió a un amigo: Me parece que ha llegado el momento para que la psicología se convierta en una ciencia: ya se han realizado algunas mediciones en la región que queda entre los cambios físicos en los nervios y la aparición de la conciencia[...] Voy a estudiar lo que ya es sabido, y tal vez pueda realizar un trabajo sobre ello. Helmholtzy un hombre llamado Wundt en Heidelberg están trabajando en eso y yo espero, si sobrevivo a este invierno, ir con ellos en el verano. (James, 1867, citado en Roback, 1961a, p. 76) Wilhelm Wundt y la fundación de la psicología 133 James en efecto sobrevivió el invierno y pasó algún tiempo con Wundt. Sin embargo, como veremos en el capítulo 9, James rápidamente concluyó que la psicología de Wundt no era lo que estaba buscando. Para otros estudiantes su experiencia en Leipzig valió más la pena. Entre 1875 y 1919 Wundt dirigió 186 tesis de doctorado (Tinker, 1932). De ellas, 70 fueron sobre filosofía y el resto sobre temas psicológicos (Fernberger, 1933). La mayoría de esos estudiantes (136) provenía de Alemania y Austria. Al leer sus nombres, Samuel Fernberger (1933) reconoció sólo a 34 de ellos. ¿Por qué muchos de los estudian- tes de Wundt no alcanzaron relevancia psicológica? Posiblemente son mejor conocidos para los psicólogos alemanes o quizá, tal como Fernberger especuló, a la mayoría de esos estudiantes el doctorado los llevó a seguir carrera en el sistema alemán del Gymnasium. Ese sistema enfatizaba la excelencia en la enseñanza y la supervisión cercana de los estudiantes. La investigación no era alentada o requerida, y por eso no contribuyeron a la bibliografía psicológica. Sin embargo, Wundt tuvo algunos estudiantes europeos notables. Además de Emil Kraepelin que ya se ha mencionado, Hugo Münsterberg, cuya ca- rrera se describirá con más detalle en el capítulo 5, realizó avances tempranos en la psi- cología aplicada. Los estudiantes provenientes de Francia a cargo de Wundt incluían a Viktor Henri, quien colaboró con Alfred Binet en la formulación de la primera prueba de inteligencia (capítulo 11), y B. Bourdon, quien en 1896 fundó el segundo laboratorio psi- cológico francés en Rennes. De Rusia, Vladimir M. Bekhterev, uno de los contemporá- neos de Pavlov, desarrolló una teoría única de condicionamiento y un sistema de psicología. Entre los estudiantes de Wundt provenientes de Inglaterra se incluían el esta- dista y psicometrista Charles Spearman, lo mismo que el individuo responsable de lle- var una versión refinada del sistema wundtiano a Estados Unidos, Edward Titchener. Éstos son nombres importantes en la historia de la psicología, pero Hugo Eckener fue el más famoso de todos los estudiantes alemanes de doctorado de Wundt. Comandó el dirigible Graf Zeppelin en sus muchos vuelos alrededor del mundo, fue honrado con dos desfiles en la ciudad de Nueva York, y fue elegido como el hombre más conocido en el mundo en una votación de un periódico de la década de 1930. El New York Times ubicó a Eckener como un explorador de la misma categoría que Robert E. Peary, Roald Amundsen, Ernest Shackleton y Richard E Byrd, y como un aviador de la misma importancia que Charles Lindbergh (Vaeth, 1958). Realizó su investigación de disertación en torno a los efectos de la irritación y el enojo sobre la atención y recibió su doctorado de manos de Wundt en 1893. Cattell recibió su grado en Leipzig en 1886. Dieciséis estudiantes de Estados Unidos lo siguieron y recibieron sus grados de manos de Wundt. Los títulos de sus disertaciones constituyen una evidencia más de la diversidad de la investigación que se realizaba en el laboratorio de Wundt. La lista de disertaciones incluye la de Harry Kirke Wolfe de 1886 "Memoria para tonos". Wolfe estableció el departamento de psicología en la Universi- dad de Nebraska (Benjamín, 1987,1991b); la de Frank Angelí ("Estudios sobre la estima- ción de la intensidad del sonido"), la de Edward Scripture ("Pensamiento y sentimiento") y la de Edward Pace ("La teoría de la evolución de Spencer"), todas terminadas en 1891. Ellos fundaron laboratorios de psicología en Stanford, Yale y la Universidad Católica, respectivamente. La primera clínica psicológica de Estados Unidos fue fundada en 1896 por Lightner Witmer, quien escribió su disertación sobre "Los valores estéticos de las proporciones variables" y recibió su grado en 1892. El fundador del laboratorio psicoló- gico de la Universidad de California, George Stratton ("La percepción de los cambios de 134 Capítulo 4 presión en tasas variables"), y el del departamento de psicología educativa de la Univer- sidad de Chicago y del laboratorio de psicología en la Universidad de Nueva York, Charles Judd ("Percepciones del espacio") recibieron sus grados de manos de Wundt en 1896. Judd también tradujo al inglés el texto de Wundt El perfil de la psicología. En 1900, Walter Scott, quien inició el departamento de psicología en la Universidad de Tufts, recibió su grado de manos de Wundt con una disertación sobre "La psicología de los impulsos". El catedrático durante 24 años del departamento de psicología de la Universidad del Esta- do de Ohio, George Arps, escribió su disertación sobre "El incremento de la percepción de la presión" y también recibió su doctorado de manos de Wundt en 1908. Wundt también atrajo estudiantes de otros países, incluyendo India y Japón. Blumenthal describió el impacto de Wundt sobre esos estudiantes: En 1920, el año de la muerte de Wundt, sus estudiantes y seguidores japoneses construye- ron una réplica del laboratorio de Leipzig en la Universidad de Tokio. Dicho laboratorio sobrevivió la Segunda Guerra Mundial sólo para ser quemado durante un disturbio de es- tudiantes en la década de 1960. En 1932, el centenario del nacimiento de Wundt, la Indian Journal of Psychology y algunos seguidores de Wundt en Calcuta produjeron el volumen con- memorativo sobre Wundt más amplio que se imprimió ese año (Blumenthal, 1975, p. 44). Wundt no sólo fundó la psicología, sino que también entrenó a un grupo sustancial de la primera generación de psicólogos. En 1900 había 43 laboratorios psicológicos en Estados Unidos, doce de los cuales fueron fundados por estudiantes de Wundt, ya fue- ran de doctorado o no (Garvey, 1929). Cuatro de los primeros cinco psicólogos distingui- dos listados por Cattell en 1903 —James, Cattell, Münsterberg y Hall— estudiaron en Leipzig con Wundt. John MacEachran, miembro de la facultad durante mucho tiempo de la Universidad de Alberta, fue un doctorado por Wundt (Arvidson, 1971). Así, Wundt influyó en la primera generación de psicólogos en torno a los cuales la mayoría de los estudiantes de psicología pudo, probablemente, trazar su linaje histórico (Boring y Boring, 1948). Pocos de los estudiantes de Wundt permanecieron fieles a sus enseñanzas y a su aproximación a la psicología, no obstante, recibieron sus doctorados de él y de diferentes formas representan la nueva psicología. Wundt como escritor A lo largo de su carrera Wundt fue un escritor prolífico. A sus primeros tres libros le siguieron en 1880 y 1883 dos volúmenes de su Lógica, los cuales pasaron por cuatro edi- ciones. Su Etica (1896) tuvo cinco ediciones y se hicieron 15 de Grundriss der Psychologie (Fundamentos de la psicología) (1896). En 1889 publicó System der Philosophie y entre 1900 y 1920, Volkerpsychologie en diez volúmenes, de los cuales se hablará más en forma breve. Finalmente, su Einfühmng in die Psychologie (Introducción a la psicología) salió a la luz en 1911 y en 1920 fue publicado Erlebtes and Erkanntes (Lo que he experimentado y descubierto). Su bibliografía incluye 491 temas. Boring (1957) computó un total de 53 735 páginas publicadas y le asignó un promedio de publicación a lo largo de su carrera de 2.2 páginas por día o una palabra por cada dos minutos, día y noche durante 68 años (Boring, 1957, p. 345). Watson estimó que el lector promedio, con una tasa de 60 páginas por día, necesitaría cerca de dos años y medio para leer sus obras completas (Watson, Wilhelm Wundt y la fundación de la psicología 135 1968, p. 272). Seguramente esta producción prodigiosa nunca será igualada. Muestra la habilidad de Wundt y resulta especialmente impresionante cuando uno sabe que duran- te la segunda mitad de su vida sufrió de estrabismo en el ojo derecho, lo que le dificultaba la lectura y la escritura. A pesar de su prolífica producción, los trabajos de Wundt son poco leídos hoy en día. Sólo se han traducido al inglés segmentos aislados, y su estilo de escritura en alemán produce un desaliento inmediato. G. Stanley Hall describió el estilo de Wundt tan sólido como el plomo, pero justo igual de opaco; George Miller se refirió a la genialidad de Wundt como "la clase que Thomas Edison describió como uno por ciento de inspiración y noventa y nueve por ciento de transpiración" (Miller, 1962, p. 24). En una carta a Stumpf, James describió a Wundt como un aspirante a ser "una especie de Napoleón del mundo intelectual. Desafortunadamente, nunca encontrará su Waterloo porque es un Napoleón sin genialidad y sin una idea central, la cual, si es derrotada, derriba la estructura entera en ruinas". De acuerdo con James, mientras los críticos estaban dispuestos "a hacer tri- zas algunas de sus consideraciones, él está, entre tanto, escribiendo un libro sobre un tema completamente diferente. Córtenlo en pedazos como a un gusano y cada fragmento se deslizará" (James, 1887, en Perry, 1935, vol. 2, p. 68). Incluso el estudiante más leal de Wundt, Titchener, admitió: En los últimos años el estilo de Wundt ha sido, con frecuencia y por periodos difuso y oscuro. Yo no debería preocuparme por llamarlo ninguna de estas cosas, pero estoy seguro de que es difícil. Tiene, tal vez, en algún grado poco común, las características típicas del científico alemán; el descuido de las repeticiones verbales, las frases largas y complicadas, sus intromisiones dentro de lo coloquial y de lo que no lo es (Titchener, 1904, en Hillix y Marx, 1974, p. 118). Wundt y sus intereses de toda la vida El proyecto que preocupó más a Wundt durante las últimas dos décadas de su vida fue su obraVolkerpsychologie (Psicología de los pueblos), publicada en diez volúmenes entre 1900 y 1920. Este importante trabajo ha sido ignorado por los historiadores de la psicolo- gía. Boring (1929) le dedicó menos de una página en su texto de 700 páginas Historia de la psicología experimental. Sin embargo, recientemente se le ha prestado mucha más aten- ción a este trabajo, que sin duda constituye una aportación importante (Blumenthal, 1975, 1979; Mueller, 1979; Schneider, 1990). Pero la pregunta permanece: ¿por qué la Volkerpsychologie ha estado tan olvidada? La explicación de Blumenthal es que en lugar de leer a Wundt de forma directa, los psicólogos han desarrollado un gran número de "mitos de los orígenes" que han pasado de una generación a la siguiente y los cuales no incluyen la Volkerpsychologie. Otra explicación es que mucho de nuestro conocimiento sobre la historia de la psicología proviene del clásico de Boring Historia... La historia no se puede repetir a ella misma, sino que los historiadores se repiten uno al otro. Boring dedicó su libro a su maestro, Titchener, describiéndolo como un "historiador por exce- lencia" de la psicología experimental, y ofreció su trabajo con "gran timidez" como un "pobre sustituto" del libro que Titchener debió haber escrito. Boring reflejó el punto de vista de Titchener en cuanto a que la Volkerpsychologie era de poca importancia. Titchener había dicho de ella: 136 Capítulo 4 Yo deseo, sin embargo, detenerme un poco en la Vólkerpsychologie con el objetivo de protes- tar ante una creencia popular en los últimos años, y en alguna medida alentada por Wundt mismo, a la cual le concedo estar fundada, en el mejor de los casos, en una verdad a me- dias. Se ha desarrollado una leyenda —no puedo llamarla de ninguna otra forma— ante el hecho de que la psicología social fue el primero y el más afectuoso de los amores de Wundt, que toda su vida, hasta cerca de 1890, se la pasó quitando intrusos de su camino y que él esperaba finalmente regresar a ella. En parte, el largo periodo dedicado a la Vólkerpsychologie puede ser responsable; en parte, tal como acabo de decir, ciertas afirmaciones de la propia adhesión de Wundt; debería aceptar esta leyenda si viene con la propia adhesión de Wundt; debería desconfiar de la memoria de un hombre viejo. Pienso que nadie que conoce de manera íntima el curso del desarrollo de Wundt puede aceptarla tal y como el libro la retrata. (Titchener, 1921b, p. 169) Titchener desestimó los diez volúmenes de la Vólkerpsychologie como si se debieran nada más que a la debilidad de toda la vida de Wundt por "sujetos problemáticos de cierto tipo" (Titchener, 1921b, p. 169). En una singular nota de pie de página, Titchener afirma que durante su segundo año como estudiante graduado de Leipzig, "tuvo éxito en encasillar a Wundt" (1921b, p. 170). La Vólkerpsychologie no cupo en la casilla que Titchener había hecho para Wundt y, por tanto, la ignoró. Como resultado, nuestra per- cepción de los intereses de Wundt a través de los años tal vez no sea precisa. Contrario a las afirmaciones de Titchener, Wundt estuvo muy interesado en temas que sentía que no podían ser estudiados experimentalmente. Wundt definió la "psicología popular o étnica" en la introducción de su primer libro, Beitrage zur Theorie der Sinneswahrnehmung (Contri- buciones hacia una teoría de la sensopercepción), publicado en 1862, y continuó intere- sado en la psicología social o étnica durante toda su carrera. La Vólkerpsychologie se publicó recientemente (Schneider, 1990) y ha tenido una acogida favorable (Brock, 1992, p. 380). Blumenthal encontró otras evidencias del interés de Wundt en un rango amplio de temas psicológicos: Más que ningún otro trabajo aislado, el temprano "Vorlesungen" refleja la amplitud y la dirección de los intereses de Wundt. Ya en los principios de la década de 1860, desarrolló sus estudios de la Vólkerpsychologie (Psicología de los pueblos). Y su "Vorlesungen" de 1863 contiene tanto sobre la sociedad, o sobre la psicología comparada, la estética, el len- guaje o la emoción, como sobre ninguna otra cosa. (Blumenthal, 1979, p. 548) Como hemos visto, Vorlesungen über die Menschen und Thierseele (Conferencias sobre la mente humana y animal) fue el segundo libro de Wundt. Derivó de un curso que impartió durante los inicios de su carrera docente en la Universidad de Heidelberg, "Psi- cología como una ciencia natural". Es probable que durante esta época Wundt desarro- lló su filosofía de que la psicología experimental y étnica debe ser completada por la psicología comparativa e infantil. Mucho después escribió en la Vólkerpsychologie de diez volúmenes, que los estudios de los animales eran importantes porque: el reino animal exhibe una serie de desarrollos mentales que pueden ser considerados como antecedentes al desarrollo mental del hombre, pues la vida mental de los animales mues- tra ser completamente, en sus elementos y en las leyes generales que gobiernan la combi- nación de esos elementos, igual a la vida mental del hombre (Wundt, 1902, p. 308) Wilhelm Wundt y ¡a fundación de la psicología 137 En un estilo similar Wundt defendía estudios psicológicos acerca de niños. Tales es- tudios describirían el desarrollo de procesos mentales complejos como el lenguaje. Wundt el hombre Las opiniones sobre la personalidad de Wundt difieren. Algunos coinciden con el punto de vista más bien crítico de Cattell. En una carta a Stumpf, James describió a Wundt como "el ejemplo acabado de cuánto puede hacer la mera educación por un hombre" (énfasis en el original; James, 1887, en Perry, 1935, Vol. 2, p. 69). Hall (1924) hizo un retrato poco favorecedor del Wundt que encontró en Leipzig; lo describe como "un tra- bajador infatigable; raramente lo veíamos fuera de su laboratorio, aunque pasaba poco tiempo y trabajaba poco ahí; la mayor parte de su trabajo lo realizaba en el estudio de su casa. También me impresionaba por ser más bien inepto en el uso de las manos" (Hall, 1924, p. 206). Incluso Titchener describió a Wundt como "carente de humor, infatigable y agresivo" (1921b, p. 175), pero era más frecuente que él y otros estudiantes fueran gene- rosos en sus elogios hacia Wundt. Tanto Cattell como Titchener hicieron cálidas descrip- ciones de las Navidades que pasaron en Leipzig con Wundt, su esposa Sophie, que hablaba inglés, y sus hijos. Titchener recordaba a Wundt "nada arrogante, cordial, tolerante; de ninguna forma dado al monólogo; con frecuencia mostraba destellos de un agradable humor enteramente académico. Cuando uno se sentaba con él en su estudio, no había rastro del controvertido león rugiente o de algo así como un arbitro de la ciencia y la filosofía proveniente del Olimpo" (Titchener, 1921b, pp. 175-176). Wundt mostraba su sentido del humor cuando recordaba su asistencia a un examen de psicología de una escuela. El maestro había elaborado su propia psicología, la cual requería que sus pupilos aprendieran de corazón. Durante el examen, cada pregunta concerniente a la naturaleza del alma, la vida, la mente y el cuerpo, era contestada por el estudiante con extrema exactitud. Cuando más tarde otro maestro le preguntó a Wundt si los pupilos eran "peritos" en la psicología, él respondió, "Por supuesto, fuera de todas aquellas preguntas que yo no hubiera podido contestar" (Wundt, 1877, citado en Blumenthal, 1979, p. 550). Wundt debió haber sido amable con sus estudiantes durante exámenes; Anna Berliner, la única mujer doctorada por Wundt, lo recordaba como "el examinador más amable y más servicial que he tenido" (Berliner, 1971, p. 516). Wundt lamentaba la atmósfera pesada de las universidades alemanas. Como un con- ferencista lleno de vida y estimulante quien, a diferencia de la mayoría de sus colegas, no leía material preparado, atrajo grandes audiencias de estudiantes no graduados de Leipzig. Fue uno de los primeros conferencistas de Leipzig en usar transparencias para proyección y en llevar demostraciones y aparatos experimentales a sus clases. Como lo había hecho en Heidelberg, Wundt utilizaba tales demostraciones y experimentos para complementar y apoyar sus conferencias. Titchener hizo la siguiente descripción acerca del estilo de Wundt para dictar conferencias: Wundt aparecería exactamente en el minuto correcto —la puntualidad era esencial— ves- tido todo de negro y con un fajo de notas sobre la conferencia, haciendo mucho ruido en el pasillo lateral hacia la plataforma con un desgarbado arrastrar de pies y un sonido como si sus suelas estuvieran hechas de madera. Sobre la plataforma había un largo escritorio don- de se llevaban a cabo las demostraciones. Él hacía pocos gestos —un dedo índice atrave- 138 Capítulo 4 sando su frente, un reacomodo de su gis— y entonces enfrentaba a su audiencia y colocaba los codos en el atril. Conforme hablaba, sus brazos y sus manos se movían hacia arriba y hacia abajo, señalaba y agitaba la mano de alguna misteriosa forma ilustrativa. Su cabeza y su cuerpo estaban rígidos, y sólo las manos se movían hacia adelante y hacia atrás. Rara- mente se refería a las pocas notas escritas. Cuando el reloj marcaba la hora, se detenía e inclinaba un poco, y salía tan estrepitosamente como había entrado. (Titchener, citado en Miller, 1962, pp. 19-20) Wundt debió haber enseñado de esta manera a más de 24 000 estudiantes no gradua- dos. Más tarde, en la Universidad de Cornell, Titchener, siguiendo el estilo de su maes- tro, entraba y salía de sus conferencias haciendo mucho ruido. En 1889 Wundt fungió como rector de la Universidad de Leipzig, y en 1902, en reco- nocimiento a sus logros y contribuciones, la ciudad lo nombró ciudadano honorario. Sin embargo, durante las últimas dos décadas de su vida, Wundt se retiró poco a poco de la psicología experimental. Wilhelm Wirth fue nombrado codirector del instituto de Leipzig en 1908, lo que dejó libre a Wundt para concentrarse en su Völkerpsychologie y otras obras. Se retiró de esa universidad en 1917. Mantuvo un intenso interés en la política a lo largo de su vida. Durante la Primera Guerra Mundial apoyó ardientemente la causa alemana con panfletos y artículos, insis- tiendo en que Alemania había sido forzada a entrar a la guerra porque su existencia como potencia había sido amenazada. Fue uno de los 93 firmantes del manifiesto que proclamaba la invasión alemana a Bélgica como un acto de defensa propia. En septiem- bre de 1914, pronunció un discurso en la Universidad de Leipzig en el cual de manera inflexible argumentó que la guerra se debía a una conspiración de los participantes en el entente cordiale: Inglaterra, Francia y Rusia. Creía que esos poderes estaban motivados por envidia y celos, un deseo de venganza y un sueño de poder, respectivamente. De los tres, Inglaterra y, en especial su último rey Eduardo VII, fueron los villanos, responsa- bles de la guerra. Al respecto Wundt dijo: Pero la máxima culpa del estallido de esta conflagración mundial recae en Inglaterra. Sin la instigación de los ingleses, sin el dinero inglés y sin la flota inglesa, hubiera existido por lo menos contacto con los límites en los que un trato honorable de fuerza siempre hubiera parecido posible. Pero, Inglaterra fue la primera en convertirla en una guerra mundial. (Wundt, 1914/1915, p. 11) Después de su muerte, el Times de Londres afirmó que Wundt habría sido más hon- rado si se hubiera muerto antes (Cattell, 1921, p. 158). Sorprende un poco que Titchener se refiriera a los escritos y a las actividades de Wundt en tiempos de guerra como algo que los psicólogos "sólo pueden tratar de olvidar" (Titchener, 1921b, p. 163). Wundt en perspectiva Dado que Wundt comenzó a realizar experimentos en su laboratorio en 1879, indepen- dientes de las demostraciones del salón de clases, y ya que a menudo se le acredita por haber fundado la psicología como una disciplina separada tanto de la filosofía como de la fisiología, la Asociación Americana de Psicología (APA) seleccionó 1979 como el año del centenario de la psicología. Aun Blumenthal caracterizó a Wundt como el padre fun- Wilhelm Wundt y la fundación de la psicología 139 dador de la psicología que la mayoría de los psicólogos nunca conocieron (Blumenthal, 1979). ¿Por qué? Wundt es recordado como defensor de una aproximación más bien estrecha a la psicología —introspección— y como un experimentalista estricto. Pero como hemos visto en este capítulo, su psicología era bastante amplia; su temprana Vörlesungen y su más tardía Völkerpsychologie son muestra de que a lo largo de su vida su interés se mantuvo en una amplia gama de temas que no se podían estudiar utilizando una aproxi- mación experimental estricta y una introspección controlada. Wundt no fue meramente un elementista, interesado sólo en la estructura de la mente. Esa descripción le ajustaría mucho mejor al estudiante de Wundt, Titchener, y es de este último de quien hemos recibido muchas de nuestras ideas acerca de Wundt. No es sorprendente que el hijo de Wundt, Max Wundt, describiera la imagen del trabajo de su padre en la mayor parte de los libros de texto de psicología como nada más que una caricatura (Wundt, 1944). Wundt murió pacíficamente el 31 de agosto de 1920, dos semanas después de su cumpleaños número 88. Como hemos visto, sus numerosos estudiantes, especialmente aquellos provenientes de Estados Unidos, fundaron laboratorios psicológicos y departa- mentos de psicología. Dos de sus pupilos europeos, Edward Titchener y Hugo Münsterberg, también tuvieron papeles importantes en el desarrollo temprano de la psi- cología en Estados Unidos. Irónicamente, la aproximación y el trabajo de Titchener se recuerdan, pero ya no tienen seguidores, en cambio, el trabajo de Münsterberg ha sido olvidado en gran parte, pero sus preocupaciones y su enfoque están siendo retomados por los psicólogos contemporáneos. CAPÍTULO CINCO Edward Titchener y Hugo Münsterberg T anto Edward Titchener como Hugo Münsterberg emigraron a Estados Unidos en 1892. Cada uno de ellos dirigió un importante laboratorio de psicología: Titchener en Cornell y Münsterberg en Harvard. Vivieron el resto de sus vidas en ese país. Aunque ninguno llegó a ser un ciudadano estadounidense, ambos influyeron en la psicología en Estados Unidos. Ahí terminan las similitudes. La historia de la psicología suele presentar los sistemas psicológicos de Wundt y Titchener como similares señalando el estructuralismo del segundo como el verdadero representante estadounidense de su maestro, Wilhelm Wundt. No obstante, sus teorías eran tan diferentes que un historiador ha descrito la psicología de Titchener como "el espejo equivocado" de Wundt (Leahey, 1981). La psicología de Titchener fue más restrin- gida e inflexible que la de Wundt: Titchener excluía del dominio de la psicología cual- quier cosa que no pudiera estudiarse mediante la introspección controlada de forma rígida. Consecuentemente, no había cabida para la antropología cultural de Wundt, para la psicología comparativa y para la psicología infantil dentro del sistema titcheneriano. Titchener adoptó sólo un aspecto de la psicología de Wundt —el estudio de la sensación mediante la introspección entrenada— la refino y la convirtió en lo que llamó estructura- lismo, el estudio de la estructura de la mente consciente. Durante dos décadas Titchener dominó la psicología estadounidense como ningún psicólogo lo había hecho antes o desde entonces. A pesar de sus prolíficas publicaciones y del rigor de su investigación experimental, su sistema falló. Sus escritos y su investiga- ción raramente se citan en la bibliografía contemporánea de psicología y en todo caso sólo se hace como contexto histórico. La ascendencia, el dominio y el declive de Titchener son tan fascinantes que merecen atención. La psicología de Münsterberg fue más amplia, más variada y menos susceptible al rigor académico que dominaba todo lo que hacía Titchener. En contraste con éste, Münsterberg desempeñaba su vida en un amplio escenario: era amigo de presidentes y kaisers, una figura pública importante, un orador controvertido, un escritor popular y un hombre que al morir en 1916 fue odiado por más estadounidenses que ningún otro psicólogo. La notoriedad de Münsterberg probablemente es la razón por la que hasta épocas recientes se desconocieran sus diversas aplicaciones del conocimiento psicológi- co a la psicoterapia y a la psicología industrial y forense. En la actualidad ha crecido el interés en Münsterberg y se han valorado sus múltiples contribuciones. Durante los pa- Edward Titchener y Hugo Münsterberg 143 sados 15 años se elaboraron dos biografías importantes (Hale, 1980; Keller, 1979) que complementan una biografía anterior, comprensiblemente favorable, escrita por la hija de Münsterberg, Margaret (M. Münsterberg, 1922). Se ha reconocido muchas de las im- portantes contribuciones de Münsterberg a la psicología aplicada (Moskowitz, 1977), se ha valorado su posición dev"víctima o idealista" en la historia de la psicología (Landy, 1992), y su "levantarse y caer" se ha estudiado (Spillmann y Spillmann, 1993). EDWARD BRADFORD TITCHENER (1867-1927) Nació el 11 de enero de 1867 en el viejo pueblo romano de Chichester, Sussex, a unos 95 kilómetros al sur de Londres hacia la costa del Canal Inglés. El pueblo es famoso por sus ruinas romanas, las cuales Titchener debió explorar cuando era niño. Su familia rastrea sus ancestros a 1532, e incluye maestros de escuela, abogados y un antiguo alcalde de Chichester. Su padre murió a los 30 años, y durante su infancia la familia padeció proble- mas económicos. Afortunadamente, Titchener era un estudiante brillante y ganó un buen número de becas, incluyendo una de alta competitividad para la Universidad de Malvern, una escuela inglesa pública. Malvern no era una más de "las" escuelas públicas, como Eton, Harrow, Winchester, Rugby, Charter-House, Westminster o Shrewsbury, sino que impartía una educación excelente pero costosa. Las escuelas públicas inglesas de hecho son privadas y cobran altas colegiaturas. En el siglo XIX, menos de uno por ciento de todos los niños ingleses en edad escolar asistía a escuelas públicas. Todavía los gradua- dos de escuelas públicas, o "alumnos a la antigua", constituyen una parte muy grande de la matrícula de las universidades británicas, en especial de las dos más prestigiosas: Oxford y Cambridge. La familia de Titchener quería que asistiera a Cambridge, pero el independiente Titchener eligió la Universidad de Brasenose, Oxford, e ingresó a ella en 1885. En Oxford, Titchener era un "becario" o sustentante de una beca, y usaba una vesti- menta a medio largo y con mangas en lugar de la vestimenta corta y sin mangas que usaban la mayor parte de los estudiantes de esa universidad. Esas sutiles distinciones y marcas de una cierta posición fueron importantes para Titchener toda su vida. Años después, cuando el presidente de la Universidad de Cornell lo invitó a cenar, Titchener se rehusó porque el presidente no le había entregado personalmente la invitación. Cuan- do éste le indicó que estaba muy ocupado para fijarse en tales sutilezas sociales, en espe- cial con los nuevos miembros de la facultad, Titchener sugirió que enviara la invitación con el cochero. El presidente accedió y Titchener asistió a la cena (Boring, 1927, p. 495). Invariablemente usaba su vestimenta de Oxford en sus conferencias en Cornell. La vestimenta, decía, "confiere el derecho de ser dogmático". En la década de 1960, en el salón de la entrada de la casa de su hijo Columbus en Ohio, imperaba un retrato protoco- lario de Titchener con todas sus insignias académicas. Titchener estudió lengua y literatura clásicas y filosofía en Oxford, pero también se sintió atraído por los escritos de Charles Darwin y Thomas H. Huxley (capítulo 9). Duran- te su quinto año trabajó en el laboratorio del fisiólogo de Oxford, John Scott Burdon- Sanderson (1828-1905), conduciendo lo que hoy en día sería investigación en psicología comparativa o etología, con sus estudios sobre la coloración protectora de los huevos que hace que se confundan con el medio donde se encuentran y evita que sean comidos por 144 Capítulo 5 los insectos (Dewsbury, 1992; Titchener, 1889). Titchener también tradujo la tercera edi- ción de Principios de psicología fisiológica de Wundt al inglés. En 1890, a la edad de 23 años, obtuvo el grado de licenciado y manifestó un profundo interés en las nuevas ciencias de la psicología fisiológica. Después de ese año, viajó a Leipzig a estudiar con Wundt. Titchener hablaba un alemán fluido, era un admirador de la cultura y la sociedad alemanas, y esta- ba impresionado por la psicología de Wundt. Titchener llevó sus traducciones a Leipzig esperando publicarlas, pero encontró que el prolífico Wundt estaba a punto de publicar una quinta edición. El tiempo que pasó Titchener en Leipzig confirmó su compromiso con la nueva ciencia de la psicología. Recibió su grado de doctor de manos de Wundt en 1892 y por el resto de su vida se consideró a sí mismo un verdadero wundtiano. Resulta sorprendente que Titchener sólo haya pasado dos años en Leipzig, pero esos años tuvie- ron un efecto duradero. Después de graduarse trabajó en Oxford como conferencista de divulgación en biolo- gía por un par de meses (publicó diez trabajos sobre biología y, por tanto, estaba califica- do para hacerlo). Sin duda alguna, esperaba obtener una posición regular en Oxford, pero no se enseñaba psicología. Frank Angelí (1857-1939), uno de los primeros estudian- tes estadounidenses en Leipzig, recibió su doctorado de Wundt en 1891. Angelí regresó a los Estados Unidos y estableció un laboratorio de psicología en Cornell financiado por un legado de una persona interesada en la frenología. Cuando Angelí aceptó un lugar en la Universidad de Stanford, recomendó a Titchener para Cornell. Titchener llegó a Cor- nell en 1892. Después de Oxford y Leipzig, debió haber encontrado el ambiente de Cornell como ajeno y extraño. El espacio universitario tenía un aspecto tosco, sin acabar (Boring, 1927). La primera doctora graduada por Titchener en Cornell, Margaret Floy Washburn, evoca la descripción de un visitante europeo de su estancia en Cornell: "un año en la disolución" (Washburn, 1932, p. 341). Tal vez este ambiente extraño hizo que Titchener dependiera aún más de su pasado en Oxford y Leipzig. Permaneció en Cornell hasta su muerte, 35 años después. Boring, alumno de Titchener, describió a su maestro como "un hombre inglés que representó la tradición psicológica alemana en Estados Unidos" (Boring, 1957, p. 410). Titchener había aceptado la psicología de Wundt sin reservas y en Cornell modeló no sólo su psicología sino también su laboratorio y su estilo de vida de acuerdo con los de Wundt. Boring (1927) sugirió que Titchener adquirió muchos de sus atributos y de las características de su maestro y eso realmente parece ser cierto. Pero también es verdad que fueron adquiridos del su maestro que Titchener recordaba y que pueden no reflejar al Wundt actual. No obstante, son importantes para entender a Titchener y su psicología. La versión de Titchener acerca de Wundt Una semejanza entre Titchener y Wundt es el uso de demostraciones en sus conferencias. En Cornell, éstas con frecuencia eran producciones a gran escala que requerían el trabajo de un gran número de asistentes. Titchener insistía en impartir las conferencias elemen- tales igual que las avanzadas y en que el personal del laboratorio asistiera a ellas. Boring describió el estilo de su profesor como conferencista de la siguiente manera: En el primer semestre, los martes y los jueves a las once, ciaba conferencias a los alumnos que no se habían graduado en la nueva sala de conferencias del Goldwin Smith Hall; la Edward Titchener y Hugo Münsterberg 145 sala contaba con laboratorio de demostraciones psicológicas y una oficina, y los asientos estaban colocados a una altura determinada por la estatura de Titchener. La demostración se preparaba una hora antes y Titchener llegaba un poco después de las diez para inspec- cionarla. Después, el personal se reunía en su oficina. Cuando llegaba la hora de la confe- rencia él se ponía su vestimenta, el asistente cepillaba su saco por temor a la presencia de cenizas del siempre presente cigarro; el personal salía por la puerta de los instrumentos y tomaba asiento en el frente, y entonces Titchener aparecía en la plataforma a través de la puerta de la oficina. El rito entero se desempeñaba de manera placentera y algunas veces en broma aunque era escrupulosamente observado. Después de la conferencia el personal se reunía en la oficina de Titchener durante una hora para hablar y a la una en punto se dispersaba para el almuerzo. (Boring, 1927, p. 500) A menudo Titchener, justo como lo había hecho Wundt, utilizaba estas conferencias introductorias para presentar por primera vez los nuevos hallazgos del laboratorio o los nuevos avances en su sistema. Era un conferencista poderoso que atraía grandes canti- dades de estudiantes que no se habían graduado. ¿Cuáles debieron haber sido sus reac- ciones a la psicología? Al igual que su maestro, Titchener era un escritor prolífico. Su bibliografía de 216 artículos (Dallenbach, 1928) incluye seis libros principalmente, el más importante es Psi- cología experimental, cuyos cuatro volúmenes fueron publicados entre 1901 y 1905. Titchener tenía un estilo didáctico al escribir y nunca sobrestimaba los conocimientos psicológicos de sus lectores. Dado que ellos eran "principiantes" en la psicología y necesitaban seguir una "cartilla" o "texto", todo estaba enunciado y explicado. Titchener también entrenó a un gran número de estudiantes en su laboratorio. Entre 1894 y 1927, otorgó grados de doctor a 58 estudiantes. Dada su tardía y restringida defini- ción de psicología, resulta irónico que uno de sus primeros estudiantes más distinguidos fuera Margaret Floy Washburn (1871-1939), quien es mejor conocida como psicóloga com- parativa. Washburn realizó una excelente investigación sobre las discriminaciones visua- les en peces y conejos. Su obra de 1908, La mente animal, pasó por cuatro ediciones y fue un libro de texto clásico en psicología comparativa (Dewsbury, 1992, p. 9). Tal vez el estu- diante de Titchener más conocido, y ciertamente el más leal, fue Edwing G. Boring (1886- 1968). La Historia de la psicología experimental de Boring, publicada en 1929 y revisada en 1950, fue la historia definitiva de la psicología durante unas tres décadas. Como Wundt, Titchener definía los problemas que sus alumnos debían estudiar y dictaba la metodología que debían utilizar, pero fue menos flexible ante polémicas y controversias que cuestionaban los supuestos básicos de su sistema psicológico. De manera persistente, Titchener se obligaba a sí mismo y a sus estudiantes del laborato- rio de Cornell a seguir la "verdadera" psicología, sin dar lugar a la diversidad de la Volkerpsychologie de su maestro. De manera consecuente, para Titchener, más que para Wundt, la psicología era una ciencia experimental, de laboratorio, de "instrumentos de latón". Hizo un gran esfuerzo para establecer su laboratorio y publicó un gran número de trabajos describiéndolo como el modelo del laboratorio psicológico. El sistema psicológico de Titchener: el estructuralismo En Cornell, Titchener enseñaba a sus estudiantes la psicología experimental que recor- daba de Leipzig, definiéndola en una incesante serie de conferencias, trabajos y libros. Edward Titchener y Hugo Münsterberg 147 Para él, la psicología era "la ciencia de la mente" (Titchener, 1916, p. 2). Además, era el estudio de la mente humana adulta, normal, no el estudio de las mentes de los niños, los animales o los enfermos. La psicología de Titchener se interesaba por la mente en gene- ral, no por mentes individuales, y parecía que nunca se cansaba de advertir al lector sobre la diferencia entre lo que los psicólogos y las personas legas querían decir por mente. Las personas legas conciben a la mente como algo dentro de la cabeza que piensa, aprende y recuerda: un modelo mental, interno. Tal concepción, decía Titchener, es in- fructuosa. Por ejemplo, al explicar el pensamiento como si se debiera a la actividad de la mente, de hecho no explicamos nada. Todavía existe el problema de dar cuenta de las acciones del modelo mental. Para Titchener (1916, p. 18) la psicología como ciencia de la mente tenía una tarea triple: analizar la suma total de los procesos mentales, identificar sus elementos y mostrar cómo se armonizan; descubrir las leyes determinantes de las conexiones entre estos elementos; y descubrir en detalle las correlaciones de la mente y el sistema nervioso. Para realizar esas tareas, la psicología debe convertirse en una cien- cia experimental. Para Titchener, los experimentos psicológicos consistían exclusivamente en "una introspección o una serie de introspecciones hechas bajo condiciones normales" (Titchener, 1901-1905, p. xiii). Así, su particular marca de la introspección es el método central que define a la psicología. Titchener dedicó la mayor parte de su carrera a la primera tarea: la determinación de los elementos que constituyen la estructura de la mente, la disección de la conciencia, la reducción de la conciencia a sus elementos más simples y básicos. Inevitablemente, llegó a describir su aproximación a la psicología como estructuralismo. Utilizó por primera vez este término en 1898 en un trabajo en el cual contrastaba "Los postulados de la psico- logía estructural" con la aproximación de los funcionalistas —psicólogos como Dewey y Angelí que se oponían a las concepciones elementales de la experiencia humana (capítu- lo 10)—. Sin embargo, ni Titchener ni los funcionalistas fueron los primeros psicólogos en utilizar los términos estructural y funcional. Éstos fueron utilizados por primera vez en relación con la mente humana por William James en 1890 en su libro Principios de psicología (capítulo 9). Titchener creía que la psicología debía hacer lo que hacen todas las ciencias: para estudiar la estructura de la mente comenzar con descripciones cuidadosas de sus mate- rias de estudio. Los procesos mentales debían observarse, cuestionarse y describirse en términos de hechos observados. La técnica de observación, por supuesto, era la intros- pección —la técnica rigurosa, demandante de autoobservación experimental desinteresa- da, que Titchener había aprendido de Wundt en Leipzig—. En su trabajo psicológico enfocado como una ciencia experimental rigurosa Titchener constantemente enfatizaba la dificultad de la introspección. Aprueba el hecho de que en el laboratorio de Wundt no fuera conveniente tomar como fuente de datos para reportes de publicación a ningún observador que hubiera desempeñado menos de 10 000 introspecciones controladas. Titchener dio a entender de manera enérgica, que en Cornell le hubiera gustado dispo- ner del doble de ese número. Consideraba que las observaciones ordinarias, de sentido común, eran despreciables porque solían ser imprecisas y casi siempre involucraban lo que él llamó el "error del estímulo"; esto es, eran descripciones del evento físico en sí mismo en lugar de las experiencias mentales resultantes del evento. Eran interpretacio- nes mediatas: "Yo veo una luz verde" o "Yo escucho un tono placentero" en lugar de descripciones de la experiencia inmediata per se. Además, afirmaba que la observación objetiva es difícil, incluso para observadores altamente entrenados. Los niños y los en- 148 Capítulo 5 fermos eran excluidos de la psicología "pura" de Titchener, como lo fue la mayoría de los adultos ordinarios en cuyas "introspecciones de sentido común" no se podía confiar. Titchener también trazó una distinción entre la introspección de su laboratorio psicoló- gico y los autoensimismamientos mórbidos de los novelistas y los ensayistas (Titchener, 1912, p. 433). Parte de la mística de la ciencia deriva de sus métodos y Titchener intentó que los métodos de la psicología fueran tan exclusivos y demandantes como los de cualquier otra ciencia. Citó con aprobación el comentario de Thomas Huxley: "No existe una per- sona en un ciento que pueda describir el acontecimiento más común con exactitud, ni siquiera con una aproximación a ella" (Huxley, citado en Titchener, 1916, p. 20). Pero ¿cómo puede aprenderse la correcta introspección? Titchener es inflexible en cuanto a que la introspección no puede ser aprendida en los libros; las introspecciones correctas sólo provienen del laboratorio (Titchener, 1901-1905, vol. I, Pt. II, p. XIX). Las introspecciones correctas sólo pueden realizarse siguiendo un entrenamiento largo y ar- duo bajo la dirección de un observador experto, comúnmente Titchener mismo. Tenía confianza en que una vez obtenida, la habilidad de la introspección nunca se perdía. Con el entrenamiento adecuado, la introspección llega a ser tan fluida que no es más proba- ble que se olvide la habilidad para la introspección que la habilidad para caminar o nadar (Titchener, 1901-1905, Vol. I, Pt. II, p. XIX). Para asegurar la precisión de sus estu- diantes al describir sus experiencias conscientes, los instruía en lo que él llamó "el duro trabajo de la introspección". Ciertas introspecciones se definían como correctas y otras como erróneas, y en este proceso la autoridad final era Titchener. Tal procedimiento era un método difícilmente satisfactorio para una ciencia. Su debilidad muy pronto se haría evidente. Pero inicialmente los prospectos para hacer de la psicología una ciencia experimental rigurosa parecían buenos. Una década más tarde Titchener permanecía optimista: "Nues- tros estudiantes graduados —mucho mejor entrenados, es cierto, de lo que nosotros es- tábamos en nuestra generación— se sientan animadamente para realizar las tareas introspectivas de una forma que no habíamos soñado" (Titchener, 1912, p. 427). Margaret Fly Washburn, la primera mujer graduada por Titchener como ya se mencionó, describió lo interesante del método introspectivo y también lo que ella y muchos otros psicólogos consideraron sus limitaciones: Para una persona vinculada con la química la idea de analizar de forma introspectiva los estados mentales en elementos irreductibles era atractiva, aunque uno no pueda olvidar la concepción de James de la conciencia como una corriente, y la imposibilidad de que fuera al mismo tiempo una corriente y un mosaico. Yo nunca seguí a Titchener cuando creó su altamente refinado análisis introspectivo y ninguna de las tesis de doctorado producidas en Cornell y más tarde en Clark (dirigidas por John Wallace Baird) mediante el uso de este método despertaron un interés real en mí. (Washburn, 1932, p. 343) Para facilitar las introspecciones precisas y correctas, Titchener utilizó experimentos que permitían aislar, alterar y controlar las introspecciones sistemáticas. Los métodos experimentales de la psicología fueron descritos en los cuatro volúmenes de la Psicología experimental (1901-1905). El subtítulo del trabajo es Un manual para la práctica en el labora- torio y Titchener tenía la intención de que lo utilizaran tanto los estudiantes como los instructores como un manual de laboratorio de ejercicios de adiestramiento. Considera- Edward Titchener y Hugo Münsterberg 149 ba que la mayor parte de los instructores de su tiempo no estaban calificados para ense- ñar psicología y, por tanto, escribió dos manuales para los estudiantes y dos más para sus maestros. Estos textos permanecieron como los manuales comunes en los laborato- rios de psicología durante más de 30 años. Se dice que Oswald Külpe (capítulo 6) los consideraba como "los trabajos psicológicos más eruditos en inglés" (Boring, 1957, p. 413). John Watson (capítulo 12) según reportes, admitió que "no sabía la gran importan- cia de la psicología experimental hasta que los manuales cayeron en mis manos" (Wickens, 1980, p. 3), y Boring los describió como "enciclopédicos y asombrosamente precisos" (Boring, 1927, p. 497). Tal vez por eso, y revisando los textos actuales, uno no puede evitar preguntarse cómo tantos estudiantes e instructores, incluso en el tiempo de Titchener, realmente los leyeron. Los libros contienen instrucciones rigurosas para estu- diar los diferentes sentidos. Dentro del sentido de la visión, por ejemplo, se describen con claridad ejemplar demostraciones de mezclas de color, cartografías de la sensibili- dad al color, contraste visual y postimágenes positivas y negativas. Pero uno busca en vano temas tales como aprendizaje, memoria, motivación, emoción y psicología del de- sarrollo o clínica, que, aunque faltaban también en los manuales de Titchener, son ejem- plos de introspecciones correctas. Los elementos de la conciencia De acuerdo con Titchener, cuando las experiencias inmediatas son descritas de manera correcta utilizando la introspección, sólo estamos conscientes de las sensaciones, las imá- genes y los sentimientos. En su descripción de los elementos de la conciencia, Titchener estuvo influido por los puntos de vista de los asociacionistas británicos (capítulo 2). Las sensaciones son los "sentimientos" de nuestro mundo perceptual; las imágenes provie- nen de objetos que no están presentes de manera física —lo que los asociacionistas britá- nicos llamaron ideas-. De acuerdo con Titchener, tanto sensaciones como imágenes tienen cualidades particulares, lo "azulado" de la luz, la "altura" de un tono, la "dulzura" de catar, etcétera. Estas cualidades permiten distinguir entre una sensación o imagen y otra. Las sensaciones y las imágenes también difieren en intensidad y duración. La tarea del experimentador era describir estas cualidades utilizando introspecciones controladas. La tercera clase de elementos mentales, según los asociacionistas, son los sentimien- tos: las reacciones emocionales que acompañan a ciertas experiencias mentales. Titchener (1916) estuvo de acuerdo en que los sentimientos son elementos de la vida mental, pero rechazó la teoría tridimensional de Wundt sobre los sentimientos debido a que está basa- da en datos psicofisiológicos que son inaceptables, y porque las propias introspecciones de Titchener no produjeron las tres dimensiones de placer displacer, tensión relaja- ción y calma excitación (capítulo 4) que Wundt había descrito. Las de Titchener pro- dujeron sólo cualidad, intensidad y duración. Para él las sensaciones, las imágenes y los sentimientos son los elementos fundamentales que componen todos los eventos menta- les. Según él, todo lo que ocurre en la conciencia puede reducirse a estos tres elementos. Los estados mentales complejos son siempre combinaciones de estos elementos básicos. Los análisis que realizó Titchener sobre la atención y el significado ilustran bien su aproximación a los temas psicológicos. Consideremos su postura acerca de la atención. ¿Cuál es la base de la atención? El sentido común contesta que la mente pone atención. La mente hace algo que nos permite percibir ciertas cosas de manera más clara; actúa 150 Capítulo 5 para enfocar nuestra atención. Titchener, sin embargo, rechazó tal explicación por dos razones. Primero, eso era parte de la teoría del maniquí mental, la cual no tenía valor. Segundo, sus introspecciones no produjeron descripciones del acto de poner atención. Esto conduce a una controversia amarga con el anterior maestro de Titchener, Külpe. Después de abandonar Leipzig, Külpe estableció un laboratorio en Würzburg (capítulo 6). Ahí, las introspecciones de Külpe y sus estudiantes produjeron descripciones confiables de tales actos mentales (capítulo 6). De acuerdo con Titchener, las introspecciones cuida- dosas (se podría añadir "las introspecciones de Cornell") muestran que cuando pone- mos atención, ciertas sensaciones o ideas llegan a ser más vividas y distintas, en tanto que otras permanecen tenues y desfocalizadas. La atención resulta de repeticiones mecá- nicas de la conciencia con ciertos eventos traídos a un primer plano mientras otros per- manecen en el tenue fondo. Sin embargo, nunca somos conscientes de nuestras acciones al poner atención. Sólo nos damos cuenta de las sensaciones que cambian como resulta- do de poner atención. En consecuencia, para Titchener la atención es sólo algo que atri- buimos a nuestras experiencias —tiene un "lugar atributivo—"; nunca la experimentamos directamente. Titchener y sus estudiantes no pudieron observar los procesos de la atención durante sus introspecciones, y tampoco fueron capaces de observar el significado. Entonces ¿qué es el significado? Titchener concluyó que es el resultado del contexto, la franja de los procesos mentales que rodea las sensaciones y las imágenes centrales. Dio el siguiente ejemplo de los efectos del contexto. Si una palabra particular que inicialmente tiene sig- nificado es repetida una y otra vez, finalmente llega a perder su significado (Titchener, 1916, p. 26). El corazón central de la percepción es despojado de su contexto y así llega a carecer de significado. Para Titchener, significado es lo que tenía la palabra antes de que eso pasara. Lo mismo que la atención, es algo que atribuimos a nuestras experiencias conscientes, en este caso como resultado del contexto en el que la sensación o la imagen ocurren. El significado es un factor "atributivo adicional". Además señaló que el contexto semántico, sintáctico, de un lenguaje, determina y define el significado de los sonidos particulares. Así, los sonidos tienen diferentes significados en el contexto de diferentes lenguajes e incluso, como con los homónimos, en el mismo lenguaje. Con los años la psicología de Titchener se desarrolló de forma cada vez más restringi- da, hasta llegar a ser una "psicología pura" limitada al análisis introspectivo de la mente humana. Titchener no sentía simpatía por la inclinación, cada vez más creciente, de mu- chos de sus colegas. Llamó a las pruebas mentales de James McKeen Cattell, Alfred Binet y Lewis Terman (capítulo 11) "de segunda clase y baratas". Ernst Meumann, su antiguo compañero de habitación en Leipzig y colega en el Instituto Psicológico, fue pionero en estudios sobre psicología educativa, pero Titchener los descartó calificándolos como "tec- nología educativa". Los trabajos de Münsterberg sobre problemas industriales fueron un desafortunado ejemplo de "comerciar una ciencia por una tecnología" (Titchener, 1928). El estudio de la enfermedad mental no formó parte de la psicología de Titchener y él con frecuencia citaba la queja de H. G. Wells, quien en una de sus novelas dijo que ningún alma enferma podía encontrar ayuda o alivio en los libros de texto modernos de la psicología. Titchener reconocía esta queja como un cumplido. "Por supuesto que no", decía, "pues la psicología en los libros de texto se preocupa por la mente de los humanos, de los adultos, no es la ciencia del consuelo y del mejoramiento mental" (Titchener, 1916, p. 2). En contra de su voluntad, Titchener reconoció la necesidad de diversas áreas de estudio, pero que no eran parte de la psicología. Unió en grupos la psicología animal, la Edward Titchener y Hugo Münsterberg 151 psicología de la justicia, la psicología social y étnica, la psicología económica, e incluso la psicología de las plantas, como algunas áreas de la psicología impuras y menos impor- tantes (impuras, queda claro, porque sus sujetos no podían utilizar la introspección). Consideremos a los animales. No pueden realizar introspecciones porque no utilizan el lenguaje. ¿Por qué no nos hablan? De acuerdo con Titchener, no hablan "porque no tie- nen nada que decir... Si los animales pensaran, podrían sin lugar a dudas utilizar sus órganos vocales para hablar; y dado que no hablan, tampoco pueden ser pensantes" (Titchener, 1916, p. 267). A muchos de sus contemporáneos les parecía que Titchener había excluido las áreas más interesantes y más significativas de la psicología, pero eso no le molestaba. Su objetivo era la psicología pura referida al estudio de los procesos mentales mediante el uso de la introspección. Que otros consideraran su aproximación como restrictiva y estéril simplemente mostraba qué tanto necesitaban instrucción e ilus- tración. Pero el sistema de Titchener no podía perdurar. Su introspección era un método rígido y limitante, y cada vez más y más psicólogos coincidían con la descripción que hiciera uno de los antiguos estudiantes de Wundt, el psicólogo británico Charles Spearman (1863-1945): "una clase de atenta mirada íntima" (Spearman, 1930/1961, p. 332). Otros críticos señalaron que: 1. Las introspecciones son siempre retrospecciones con algún periodo de tiempo inter viniendo entre la experiencia misma y el reporte de ella. Tales demoras sugieren la posibilidad de la distorsión. 2. Los reportes introspectivos de la conciencia parecen alejados de la conciencia como fue experimentada en realidad. Eran torpes e irrelevantes y no tenían ningún valor funcional. 3. La introspección misma es un proceso consciente y, por tanto, debe interferir con la conciencia que pretende observar. Esta sofisticada crítica se derivó de Inmanuel Kant, quien afirmaba que la observación psicológica por su misma naturaleza altera y distorsiona el estado del objeto observado. Esta crítica fue difícil de descartar y Titchener sólo pudo replicar que "Kant no era un entusiasta del tema objeto de la psicología" (Titchener, 1912, p. 442). La psicología, sin embargo, no está sola en este dilema. En 1927 el físico Werner Heisenberg (1901-1976) formuló su principio de indeterminancia (incertidumbre) el cual afirma que al medir una de un par de cantida des físicas en un microsistema, el acto experimental destruye de manera necesaria la posibilidad de medir la otra con cualquier grado de precisión. Desafiado por tales críticas, uno de los leales seguidores de Titchener, John Baird planeó con gran entusiasmo una demostración, ampliamente publicada, acerca de las introspecciones correctas, que sostuvo en 1913 en la convención de Yale de la Asociación Americana de Psicología (APA). Sentados sobre el estrado, enfrente de la convención entera, a los mejores introspeccionistas de Baird provenientes de su laboratorio en Clark se les presentaba una variedad de estímulos controlados en forma cuidadosa. Procedían a dar cuentas torpes y sin significado de sus sensaciones, de sus imágenes y de sus sen- timientos, sin ilustrar a nadie (Blumenthal, 1985, p. 73). La demostración fue un fracaso. Muchos años después incluso el leal Boring se vio forzado a admitir que las intros- pecciones no habían sido impresionantes (Boring, 1953a, p. 174) 152 Capítulo 5 El controvertido Titchener El retrato que usualmente se presenta de Titchener en los textos de historia de la psicolo- gía es el de un hombre con personalidad poderosa, dogmática. Y en efecto parece que debajo de la irreverencia de Titchener y de su exterior autocrático, descansa un interior autocrático, irreverente. ¿Quién sino Titchener dedicaría más de la mitad de la revisión de un libro para listar los errores cometidos por el autor (Titchener, 1922b)? Quién sino Titchener se referiría al nerviosismo acerca del interés en el conductismo (capítulo 12) y de manera confidencial afirmaría en 1914: El presente escándalo se acallará después de que unos cuantos trabajos críticos aparezcan; y luego deberemos tomar nuestra perspectiva nuevamente. ¡Yo no le resto importancia al conductismo esperando que pronto sea colocado en su lugar correcto! Pero estoy un poco cansado de los entusiasmos no históricos. (Titchener, 1914, en una carta a Robert Yerkes, citada en Larson y Sullivan, 1965) En su relación con psicólogos cuyos puntos de vista consideraba erróneos, y de ma- nera especial con antiguos estudiantes que habían seguido sus propios caminos, Titchener podía ser irreverente e inflexible. Estuvo involucrado en una serie de controversias de las cuales dos se comentarán aquí. La controversia acerca de la realidad del pensamiento sin imágenes comenzó cuando Oswald Külpe (1862-1915) y sus estudiantes de la Uni- versidad de Würzburg, Alfred Binet (1857-1911) en Francia y Robert Woodworth (1869- 1962) en Estados Unidos presentaron de manera independiente evidencia de que el pensamiento no es un asunto de sensaciones e imágenes, sino que algunas veces es "sin imágenes". Sus estudios se basaban en reportes de procesos de pensamiento que ocu- rrían mientras los sujetos desempeñaban actividades mentales complejas como resolver un problema difícil. En estas situaciones, el pensamiento parecía ocurrir sin experimen- tar ninguna sensación o imagen. Los sujetos reportaron una "conciencia" vaga y no ana- lizable y "pensamientos sin imágenes" en lugar de los claros y discretos elementos conscientes de Titchener. Éste fue un desafío directo para Titchener, quien discutió que tales reportes tenían como base introspecciones incorrectas. Si las introspecciones se hu- bieran realizado con propiedad, las sensaciones y las imágenes se habrían observado aún en las situaciones que tales investigadores utilizaron. Las sensaciones y las imáge- nes sutiles no se habían observado con atención. Cuando se realizaron más "observacio- nes cuidadosas y controladas" en la Universidad de Cornell en tales situaciones, se dijo que esos elementos básicos habían aparecido. Así, Titchener asimiló el hallazgo del pen- samiento sin imágenes a su sistema y permaneció convencido de que las sensaciones, las imágenes y los sentimientos son los únicos elementos de la conciencia humana. Sin em- bargo, esta "asimilación" fracasó en el intento de convencer a muchos psicólogos. Titchener también se involucró en una controversia con James Mark Baldwin (1861- 1934) respecto a las diferencias en los tiempos de reacción sensoriales y motores. Baldwin había estudiado con Wundt en Leipzig, pero su grado de doctor en filosofía lo recibió en Estados Unidos. En Leipzig, Wundt enseñaba a sus estudiantes que los tiempos de reac- ción sensorial —los cuales se obtienen cuando un sujeto atiende un estímulo— son más largos que los tiempos de reacción musculares o motores que ocurren cuando un sujeto atiende la reacción. La diferencia era del orden de una décima de segundo y fue un hallazgo confiable y consistente en el laboratorio de Leipzig. Titchener aceptó estos ha- Edward Titchener y Hugo Münsterberg 153 llazgos como válidos; Baldwin no lo hizo. En Estados Unidos Titchener realizó experi- mentos similares de tiempo de reacción utilizando observadores altamente entrenados y experimentados y encontró el mismo resultado que Wundt reportó. Baldwin corrió el experimento con observadores carentes de práctica y sin entrenar y con frecuencia obte- nía exactamente el resultado opuesto: los tiempos de reacción musculares eran más lar- gos. Argumentaba que su hallazgo era resultado verdadero, natural y real, y que los resultados de Leipzig-Cornell eran artificiales y no naturales. Aún más, señaló diferen- cias individuales en los tiempos de reacción e hizo hincapié en su importancia y su signi- ficado. La psicología, dijo Baldwin, debe adoptar un punto de vista evolutivo y estudiar la realidad y la importancia de tales diferencias en lugar de embarcarse en búsquedas inútiles de los elementos de la mente humana en general. Titchener descartó los hallaz- gos y las interpretaciones de Baldwin como productos de investigación engañosa con observadores no entrenados. Sin embargo, Titchener encontró en Baldwin un adversario formidable cuya retórica era más que un punto a su favor. Consideremos el siguiente pasaje proveniente de uno de los trabajos de Baldwin sobre los tiempos de reacción: El intento por descartar estos resultados sobre la base de la incompetencia en los reactivos [expuestos] es en mi opinión un flagrante argumentum in circulo. Su discusión es que es necesario cierto Anlage o aptitud en o para la experimentación sobre los tiempos de reac- ción. Y cuando preguntamos cuál es el Anlage, se nos dice que la única indicación de éste es la habilidad del reactivo para producir reacciones que distinguen entre tiempo motor y sensorial, el cual Wundt y sus seguidores consideran adecuado. En otras palabras, sólo ciertos casos prueban sus resultados y esos casos son seleccionados porque proveen ese resultado. Es fácil observar que esta manera o procedimiento es subversivo tanto del méto- do científico como de los resultados adquiridos sin peligro en la psicología individual. (Baldwin, 1895, p. 265; para más detalles de esta controversia ver Krantz, 1969) Al negarse a reconocer las diferencias individuales en los tiempos de reacción, Titchener, decía Baldwin, había hecho el método de tiempos de reacción "simplemente la medida del dogma". La respuesta de Titchener fue que no tenía nada más que hacer con Baldwin y evitó, tanto como le fue posible, cualquier contacto con la Phsychological Review, publicación que Baldwin editaba. Sin embargo, con los estudiantes que permanecieron leales, Titchener era cálido y apoyador. Tal vez el más leal de todos sus estudiantes fue Boring, quien hizo su doctora- do con Titchener en 1914. Boring consideraba a Titchener brillante, franco, dominante y lo más cercano a un genio que él había encontrado (Stevens, 1968, p. 591). Fue tal la dedicación de Boring, que para llenar un requisito de una participación menor en una investigación estudió durante cuatro años la regeneración de un nervio en su propio antebrazo, en el cual hizo un corte con el objetivo de determinar el retorno de la sensibi- lidad. Años después de la muerte de Titchener, Boring escribió el siguiente elogio a su antiguo maestro: La psicología en Cornell —al menos la psicología ortodoxa que se centraba en el laborato- rio— giraba alrededor y era mantenida en órbita por la personalidad de E. B. Titchener. ¡Qué hombre! Para mí él siempre ha sido la aproximación más cercana a un genio que cualquiera con quien yo me haya relacionado de manera cercana. Yo solía poner atención en mis conversaciones con él, esperando encontrar algún insight acerca de por qué su pen- 154 Capítulo 5 samiento era mucho mejor que el mío... Él estaba siempre listo con consejos inesperados. Si tú tenías champiñones, él te decía cómo cocinarlos. Si tú estabas comprando roble para un nuevo piso, él inmediatamente respondería con las ventajas del fresno. Si tú estabas comprometido en matrimonio, él daría su cierto e insistente consejo acerca de los más inesperados aspectos de tus problemas, y, si tú estabas de luna de miel, él escribiría para recordarte, así como lo hizo conmigo, qué día debías estar de vuelta en tu trabajo. Rara vez distinguía entre su sabiduría y sus convicciones y nunca escondía ninguna de las dos. (Boring, 1952, p. 32) Boring admitió que muchos de los capaces estudiantes graduados de Titchener en- contraban intolerable su dominio y su interferencia en sus vidas. Cuando se rebelaron, fueron excomulgados y se encontraron fuera del círculo de Titchener. Sin embargo, Boring y su esposa, Lucy M. Boring, quienes lograron su doctorado con Titchener, permanecie- ron fieles a su maestro, pues Muy temprano en nuestra vida de casados decidimos que aceptaríamos los "insultos" y el control arbitrario provenientes de Titchener con el objetivo de retener el estímulo y el en- canto de su algunas veces paternal y otras veces protectora amistad. Yo nunca rompí con el maestro y todavía siento reconocimiento hacia él (Boring, 1952, p. 33) Ernest Hilgard hizo un divertido informe acerca de la devoción de Boring por Titchener: En una ocasión Boring fue invitado a cenar en casa de Titchener para celebrar el cumplea- ños del maestro. Después de la cena se pasaron los cigarros y Boring no pudo rechazarlo bajo tales circunstancias aunque nunca había fumado. La consecuencia fue que tuvo que disculparse al poco rato por sus náuseas e ir afuera a vomitar. Aún así, el honor de haber sido invitado una vez fue tan grande que cada año, después de aquél, el cumpleaños de Titchener se celebraba con una cena en la casa de Boring seguida por el acto de fumar un cigarro con la inevitable consecuencia (Hilgard, 1987, p. 106) Algunas veces Titchener podía ser sorprendentemente complaciente. Margaret Floy Washburn, después de graduarse de la Universidad Vassar, quería estudiar la nueva psicología, por lo que en 1891 se fue a la Universidad de Columbia para estudiar con Cattell (capítulo 9). Igual que muchas mujeres de su generación, Washburn encontró numerosos obstáculos para seguir una carrera académica (Rossiter, 1982). Columbia nunca había admitido a una mujer como estudiante graduado y se le permitió a Washburn asistir a la universidad únicamente como "oyente". Cattell la recomendó a Titchener, quien arregló su admisión en Cornell; en 1894 ella se convirtió en la primera doctora y continuó con una carrera distinguida como presidente de la APA en 1921 y fue electa para la Academia Nacional de Ciencias en 1932 (Furumoto, 1992; Goodman, 1979). Para completar nuestro retrato de Titchener debe mencionarse que fue un hombre de cultura, intereses diversos y gustos civilizados; hablaba varios idiomas, era un conversa- dor brillante y podía ser sorprendentemente cálido y compasivo. Después de la muerte de Hermann Ebbinghaus, Titchener expresó de manera conmovedora su profundo sen- timiento de pérdida (capítulo 6). Fue también uno de un muy pequeño número de psicó- logos que estuvieron cerca de Watson durante su periodo de crisis y que lo apoyaron después de su despido de la Universidad Johns Hopkins (capítulo 12). Edward Titchener y Hugo Münsterberg 155 Contribuciones de Titchener Titchener llegó a ser una figura importante en los años tempranos de la psicología de forma tan rápida que algunas veces ha sido considerado uno de los fundadores de la nueva ciencia. En realidad, la psicología ya tenía una "corta historia" cuando Titchener llegó a Leipzig. Ya para 1860 Gustav Fechner (1801-1887), un psicólogo sensorial pione- ro, había publicado Elementos de psicofísica. Por supuesto, Wilhelm Wundt había publica- do Principios de la psicología fisiológica en 1874 y ese mismo año Franz Brentano (1838-1917) (capítulo 6), Psicología desde un punto de vista empírico. William James (1842-1910) (capítu- lo 9) primero ofreció un curso sobre psicología en Harvard en 1874 en el departamento de fisiología y en 1875 estableció una demostración o enseñanza de laboratorio. Francis Galton (1822-1911) (capítulo 9) había abierto la primera clínica psicométrica del mundo en Londres en 1882. El Primer Congreso Internacional de Psicología, al que asistieron cerca de 120 psicólogos, se había efectuado en 1889. Finalmente, en 1890 la revista britá- nica Mind tenía 15 años de ser publicada y la revista de Wundt, Philosophical Studies, estaba en su sexto volumen. En lugar de decir que Titchener fue uno de los padres fundadores de la psicología, quizá sea mejor reconocer que fue fundamental al traer a América una aproximación empírica estricta a la psicología. Edward Bissel Holt (1873-1946) describió a Titchener como "el decano de la psicología empírica americana" (Holt, 1911, p. 25). El escrito de Titchener Psicología experimental fue una contribución importante y "ayudó a la pronta legitimación del laboratorio como una parte de la instrucción psicológica, lo que coadyuvó a que la separación de la psicología de la filosofía fuera más rápida. Y eso, para bien o para mal, ayudó a hacer de la psicología lo que es hoy en día" (Evans, 1979, p. 3). La segunda contribución importante de Titchener fue su participación en el desarro- llo de la American Journal of Psychology. Esta revista fue fundada por G. Stanley Hall en 1887 (capítulo 9) y editada por él hasta 1920. Titchener se desempeñó como editor asocia- do de Hall desde 1895 hasta 1920 y como editor desde 1921 hasta 1925. Renunció repen- tinamente en 1925 y lo sucedió un comité editorial conformado por Madison Bentley, Edwin G. Boring, Karl M. Dallenbach y Margaret Floy Washburn; los cuatro habían rea- lizado sus doctorados con Titchener. Las contribuciones de Titchener a esta revista fue- ron voluminosas, incluyendo importantes reportes empíricos y teóricos, estudios menores y notas provenientes del laboratorio de Cornell con descripciones de la investigación hecha por sus estudiantes, frecuentes revisiones de libros, nuevas exposiciones y traduc- ciones de Wundt, comentarios, notas y reflexiones sobre psicología. Además de sus tra- bajos para la revista, Titchener también escribía libros, traducía trabajos de Külpe y Wundt, y publicaba en otras revistas, como Science and Nature. Sin embargo, Titchener se negó a publicar en ciertas revistas por sus diferencias con los editores o propietarios. Titchener dominaba la American Journal of Psychology y fue su editor desde 1921 hasta 1925. La revista había costado a su propietario, Karl Dallenbach, una considerable suma, y como sus gastos aumentaban le sugirió a Titchener que podría contener alguna publicidad digna, tal vez de libros o de compañías de equipo. Titchener se sintió tan agraviado por la propuesta que renunció rápidamente a su cargo (Hilgard, 1987, p. 76). Después de esta renuncia abrupta, Titchener, en la moda característica, trató de crear una revista de psi- cología rival y "pura", pero sus esfuerzos fueron infructuosos. Titchener fue elegido como miembro de la APA por los 26 miembros fundadores (capítulo 9), asistió al primer encuentro anual, pero renunció poco después de eso por lo 156 Capítulo 5 que consideró una cuestión de honor. Se reunió con la APA en 1910 pero no asistió a los encuentros ni ejerció en el consejo, y nunca fue elegido a la presidencia. Incluso cuando la APA estuvo en la Universidad de Cornell en 1925, Titchener no asistió; en lugar de eso recibió una corte de visitantes en su casa. Poco después del cambio de siglo, Titchener se preocupaba por lo que consideraba la inclinación cada vez mayor de la APA hacia la aplicación. Le parecía que estaba en peligro de convertirse en una organización de pro- badores mentales, industrialistas y psicotécnicos. En 1904 Titchener organizó un grupo de psicólogos "puros", los experimentalistas. Distribuyó invitaciones a representantes de diez laboratorios, principalmente en universidades occidentales de élite, donde con- sideraba que se estaba realizando trabajo psicológico ortodoxo (Furumoto, 1988, p. 95). El grupo se encontró por primera vez en Cornell en 1904. Desde ese momento se reunían cada primavera, con Titchener controlando los encuentros. Para 1927 cinco de las 23 reuniones se habían efectuado en Cornell. Aunque los encuentros proveían un útil foro para los psicólogos experimentales, también constituían un egregio ejemplo del control de Titchener en cuanto a su insistencia de que las mujeres quedaran excluidas de ellos. Incluso cuando fue desafiado por Christine Ladd-Franklin (1847-1930), una psicóloga experimental que había realizado investigación importante sobre la visión y a quien co- noció desde su llegada a Estados Unidos, Titchener fue implacable (Furumoto, 1992, p. 181). En 1927 el grupo cambió su nombre al de Society of Experimental Psychologists y aún se reúne cada primavera. La membresía es por invitación y se considera de prestigio para un psicólogo experimental. Las mujeres ya no están excluidas. El estructuralismo fue la aproximación dominante de la psicología en Estados Uni- dos, pero pronto fue cuestionada y luego suplantada por movimientos más nuevos, más amplios y más flexibles que se desarrollaron ante la insatisfacción con el sistema de Titchener. Los psicólogos que crearon las novedosas aproximaciones tenían el sistema de Titchener para medirlo contra el suyo, con la seguridad de que él señalaría rápida- mente cualquier debilidad. En consecuencia, los nuevos enfoques fueron explícitos y bien definidos. Como Boring escribió en su apreciación de Titchener después de su muerte: No fue sólo extraordinario entre los psicólogos americanos como una personalidad y por su actitud científica, sino que fue un punto cardinal en la orientación sistemática nacional. La bien definida oposición entre el conductismo y sus aliados, por un lado, y algo más en el otro, permanece clara sólo cuando la oposición es entre el conductismo y Titchener, las pruebas mentales y Titchener, o la psicología aplicada y Titchener. Su muerte así, en un sentido, crea un caos clasificatorio en la psicología sistemática americana. (Boring, 1927, p. 489) Titchener en perspectiva Durante los últimos años de su vida, Titchener se fue ensimismando cada vez más y parece que se volvió un hombre más bien triste. Estaba decepcionado por no haber sido elegido miembro de la Royal Society en Londres o de la Academia Nacional de Estados Unidos, y porque nunca le ofrecieron la posición académica que más deseaba: una cáte- dra de psicología en Oxford. Consideraba que Harvard era la universidad más prestigio- sa en Estados Unidos, pero cuando en 1917 se le ofreció un nombramiento allí, lo rechazó Edward Titchener y Hugo Münsterberg 157 y permaneció en Cornell. Durante la última década de su vida, se retiró tanto de la vida universitaria como de la psicología. Raramente era visto en las instalaciones de Cornell y se convirtió en algo parecido a una figura legendaria. Incluso después de su muerte la leyenda y el misticismo de Titchener continuaron, ayudados en gran parte por la exhibi- ción de su cerebro en el departamento de psicología de Cornell. En los años anteriores a su muerte la psicología estaba cambiando en formas que él no podía aceptar. El funcionalismo y el conductismo habían llegado a ser las aproximaciones dominantes, pero no eran su aproximación, y Titchener nunca estuvo convencido de que fueran si- quiera psicologías. En 1926 en la Conferencia Lowell en la Universidad de Clark, Madison Bentley (1870-1955), uno de los alumnos que hicieron el doctorado con Titchener, dijo acerca de sus contribuciones: Si preguntamos hoy en día quién representa la psicología de la "estructura", yo dudo que pudiéramos encontrar a alguien para reconocer siquiera que su propia rama es de ese tipo; aunque el epíteto estará frecuentemente acompañado por un gesto de indicación hacia un compañero psicólogo. Deberíamos estar todos de acuerdo en que nadie en este país ha hecho tanto por expander la doctrina (del estructuralismo) como el profesor Titchener lo hizo; pero por algún tiempo no ha investigado o escrito bajo su rúbrica y de manera explí- cita comentó que, en su opinión, funcional y estructural como calificativos de la psicología son ahora términos obsoletos. (Bentley, 1926, p. 383) El uso que hace Bentley del tiempo pasado al referirse a Titchener y sus contribucio- nes es digno de resaltar. Durante esos años se rumoró que Titchener había estado traba- jando en una importante revisión y actualización de su sistema psicológico. Aunque se publicaron secciones ocasionales, el libro nunca apareció; éste es el perdido sistema final de Titchener (Evans, 1972). Dedicó la mayor parte de su tiempo durante estos años al estudio y colección de monedas antiguas. Minucioso como siempre, aprendió árabe y chino para entender dichas monedas (Roback, 1952, p. 188). Llegó a ser un experto numismático con una magnífica colección de monedas y su retiro de la psicología es evidente. Incluso su efecto en el subsecuente desarrollo del departamento de psicología de Cornell fue relativamente pequeño (Ryan, 1982). Bentley fue su sucesor como cabeza del departamento en Cornell y amplió los cursos de psicología para incluir psicología anormal, del desarrollo, comparativa, legal e industrial, junto con estética y lenguaje. Las actividades de investigación también se expandieron en forma considerable bajo la dirección de Bentley. Titchener murió de un tumor cerebral el 3 de agosto de 1927, a la edad de 60 años. Su psicología se había formado y organizado durante sus dos años con Wundt, y tal vez tam- bién estuvo influida por su percepción de sí mismo como un extraño en una tierra extran- jera cuya tarea era instruir y enseñar. Nunca formó parte de la psicología estadounidense, pero fue siempre un wundtiano en la Universidad de Cornell. Incluso aunque vivió en Estados Unidos durante 35 años, fue siempre un hombre inglés con todos los gustos de sus antecedentes y con acento aun cuando nunca regresó a Inglaterra, ni siquiera para tomar unas vacaciones. Algunas veces parecía más alemán que muchos alemanes y, de hecho, ocasionalmente se pensaba que era alemán, incluso una vez lo consideró así un estudiante inglés. Era, como Keller dijo siempre, "inglés por nacimiento, alemán por tem- peramento y estadounidense por residencia" (Keller, 1937, p. 23). Para el tiempo de su muerte era claro para todos, incluyendo al parecer al mismo Titchener, que su estructuralismo no duraría. La psicología estaba cambiando y el in- 158 Capítulo 5 flexible sistema de Titchener y su rígida aproximación no podían acomodarse a tales cambios. Edna Heidbreder resumió así la situación: Si la psicología tal como Titchener la interpretaba no podía mantenerse en Estados Unidos bajo el liderazgo de un hombre de su habilidad; si con el prestigio de la titularidad y de una tradición académica honorable no se podía establecer como la base de la psicología futura y asimilar futuros avances —ese hecho era significativo—. Y haber revelado el he- cho no es un pequeño logro. (Heidbreder, 1961/1993, p. 148) En contraste con Titchener, la aproximación de Hugo Münsterberg a la psicología era mucho más compatible con las preocupaciones de los psicólogos contemporáneos. Sus conceptos de investigación y muchos de sus hallazgos están siendo estudiados hoy en día, y fue un pionero en desarrollar áreas importantes de la psicología aplicada. Por estas razones exploraremos en detalle el trabajo de Münsterberg, el otro estudiante euro- peo de Wundt que emigró a América. HUGO MÜNSTERBERG (1863-1916) Nació en 1863 en Danzig, que entonces era parte de Prusia pero ahora es la ciudad pola- ca de Gdansk. Danzig fue devastada por los ataques bombarderos de la Segunda Guerra Mundial, pero en el siglo XIX su arquitectura y ubicación en el Báltico hicieron que fuera llamada la " Venecia del Norte". El padre de Münsterberg fue un prominente comerciante internacional de madera —la ciudad de Danzig había sido fundada siglos antes por comerciantes— y su madre era una actriz reconocida (Hale, 1980). Fue uno de cuatro hijos y llevó una vida feliz, casi idílica, hasta la muerte de su madre cuando él tenía doce años. Entonces cambió de ser un niño despreocupado para convertirse en un joven serio. Münsterberg fue lector prodigioso, escritor de poesía épica, estudiante de arqueología, lector de griego y árabe, editor de la revista de su escuela, intérprete de cello en una orquesta de principiantes y actor en obras de teatro locales; todo mientras asistía al Gymnasium local y seguía su riguroso programa. El padre de Münsterberg murió en 1880. En 1882 Münsterberg se graduó con distinción y se unió al grupo élite que estaba calificado para usar el tradicional sombrero rojo de graduado del Gymnasium (M. Münsterberg, 1922). Después de un verano en Ginebra y los Alpes Suizos, entró a la Universidad de Leipzig con el fin de estudiar anatomía y fisiología para prepararse, ya fuera en estudios médi- cos o en una carrera académica en la ciencia. En 1883 asistió a un curso de conferencias impartidas por Wundt y quedó profundamente impresionado (Keller, 1979). Añadió la psicología a su programa y trabajó como estudiante de investigación en el laboratorio de Wundt, quien lo asignó a los experimentos en los que se utilizaba la introspección para analizar actividades voluntarias. Sus introspecciones convencieron a Münsterberg de que la "voluntad" no está representada en la conciencia, dado que los únicos "elementos de la voluntad" conscientes que se le revelaron eran sensaciones provenientes de los múscu-los, los tendones y las articulaciones involucrados en actividades voluntarias. Más tarde publicaría una teoría de la acción de la conducta y la declaración consciente de que las sensaciones musculares eran la base de la conciencia y el conocimiento. Tal punto Edward Titchener y Hugo Münsterberg 159 Hugo Münsterberg. (Fotografías Culver) de vista era similar a la teoría de la emoción que recién había publicado el psicólogo estadounidense William James (James, 1884). Pero Wundt encontró la postura de Müns- terberg incompatible con su propia teoría de la conciencia y rechazó sus hallazgos como si se debieran a la inexperiencia. Wundt lo asignó a trabajar en "tareas simples" (Keller, 1979). Éste fue el primero de un gran número de problemas y tensiones entre los dos hombres. Sin embargo, Münsterberg terminó su doctorado bajo la dirección de Wundt. Su disertación de 1885, "La doctrina de la adaptación natural", fue un análisis crítico, no experimental de esa doctrina biológica. Luego se transfirió a la Universidad de Heidelberg y recibió un grado de doctor en medicina en 1887 con una tesis sobre la percepción visual del espacio. Más tarde, Münsterberg recomendaba tener ambos grados como la prepara- ción ideal para una carrera en psicología aplicada. Inicios de la carrera académica de Münsterberg En 1887 Münsterberg fue nombrado Privatdozent (conferencista o tutor privado) en la Universidad de Freiburg bajo las condiciones no de un salario regular, sino de un peque- ño ingreso proveniente de las tarifas pagadas por los estudiantes que tomaban sus cur- sos. En 1888 publicó un pequeño libro, Actividad de la voluntad, en el cual retornó a su primer interés en la voluntad y en las actividades voluntarias. Volvió a plantear la pro- puesta que había formulado mientras trabajaba en el laboratorio de Wundt y una vez más fue atacado y criticado por su antiguo maestro, esta vez en público. Titchener se unió a las críticas, al describir los experimentos de Münsterberg como inexactos e incom- pletos. Titchener concluyó que el "Dr. Münsterberg tiene el fatal don de la escritura fácil —fatal especialmente en la ciencia, y sobre todo en una ciencia joven, donde la precisión es la cualidad más necesaria" (Titchener, 1891, p. 594). Una reacción mucho más positiva provino de William James, quien vio el libro como apoyo a su teoría de la emoción, la teoría James-Lange. En su texto Principios de psicología, James se refiere al libro como una 160 Capítulo 5 "pequeña obra maestra" (James, 1890, Vol. 2, p. 505). James arregló un encuentro con el joven Münsterberg en el Primer Congreso Internacional de Psicología en París en 1889 y quedó impresionado con él. En la Universidad de Freiburg, Münsterberg estableció el segundo laboratorio psico- lógico alemán. Inicialmente no era más que un par de habitaciones en su casa habilitadas con aparatos comprados con sus propios recursos (Hale, 1980), pero el laboratorio era muy productivo. Münsterberg publicó una serie de Contribuciones a la psicología experi- mental (1889-1892), que nuevamente fueron criticadas por Wundt y Titchener, pero bien recibidas por James. En sus Principios, James se refiere a los "hermosos ejemplos de expe- rimentos sobre tiempos de reacción" (1890, Vol. 1, p. 432) y a los "experimentos magis- trales sobre los tiempos de percepción" (1890, Vol. 1, p. 620) de Münsterberg. En 1891 el laboratorio de Münsterberg fue mudado a la universidad. James arregló que uno de sus estudiantes, Edwin B. Delabarre, trabajara ahí. Los reportes de los estudiantes acerca de la excitante investigación confirmaron la opinión de James de que Mürternsberg era un joven prometedor. El trabajo de Münsterberg también constituyó una alternativa bien recibida para la psicología y para los escritos de Wundt y Titchener. Como veremos en el capítulo 9, en 1892 James había decidido abandonar su laborato- rio de Harvard para dedicar más tiempo a sus escritos filosóficos y a sus conferencias. En ese momento existían cerca de 20 laboratorios de psicología en Estados Unidos. Aunque no experimentara él mismo, James, como un acto de fe, creía que el laboratorio de Harvard podía ser el mejor. Necesitaba a un hombre joven, de visión, para asumir sus deberes y proveer un líder para la psicología estadounidense de Harvard. Münsterberg fue una elección obvia. En febrero de 1892, James le escribió lo siguiente: Querido Dr. Münsterberg, ¿Es posible que si se le invitara pudiera estar de acuerdo en venir y hacerse cargo del laboratorio psicológico y de la instrucción más alta en tal materia en la Universidad de Harvard durante tres años, con un salario, por decir, de 3 000 dólares? Después de esta introducción, James describió directamente los antecedentes de su oferta: Somos la mejor universidad en Estados Unidos y debemos ser líderes en psicología. Yo, a la edad de 50 años, no gustándome el trabajo de laboratorio naturalmente y muy acostum- brado a enseñar filosofía aunque pueda bien que mal hacer andar el laboratorio, no soy la clase de material que pudiera hacer un director de primera clase. Nosotros podríamos tener aquí hombres más jóvenes que fueran lo suficientemente seguros, pero necesitamos algo más que un hombre seguro, necesitamos un hombre genial si es posible. (Carta en M. Münsterberg, 1922, p. 33) Como incentivos adicionales, James mencionó que después de tres años podría arre- glar un nombramiento permanente en Harvard. Había una suma de 1 600 dólares dispo- nibles inmediatamente para el laboratorio, así como otros apoyos, dos asistentes de investigación trabajarían en el laboratorio y la carga de enseñanza máxima de Münsterberg sería menor a seis horas a la semana. Esta oferta de la tentativa a tres años para un nom- bramiento como director del laboratorio de psicología de Harvard a un hombre todavía en sus 20 años, era notable. Refleja tanto el prestigio de James como su confianza en Münsterberg. También parece probable que un motivo menos elevado era proporcionar a Harvard una alternativa al laboratorio de Titchener en Cornell. Pero Münsterberg vaci- Edward Titchener y Hugo Münsterberg 161 ló. Tenía un profundo amor por su patria alemana, le resultaba inseguro vivir en Améri- ca, podía leer pero no hablar o entender el inglés y tenía confianza en progresar dentro del sistema de la universidad alemana. Sin embargo, después de numerosas cartas de aliento y una visita personal de James, Münsterberg aceptó la propuesta y zarpó hacia América en agosto de 1892. James estaba contento y describió su nombramiento como "la mejor ocurrencia que tuve para nuestra universidad" (Hale, 1980, p. 48). A su llegada a Boston en tren, Münsterberg se encontró con el eminente filósofo de Harvard Josiah Royce. Durante sus primeros tres años en Harvard, Münsterberg —cuyo inglés era pobre y quien carecía de confianza en su habilidad para hablar y escribir el nuevo idioma—, se contentaba con concentrarse en el trabajo del laboratorio y con publicar sus resultados en alemán. Sin embargo, en 1894 fue capaz de dar su conferencia inaugural en la Univer- sidad Radcliffe y en 1895 de debatir con G. Stanley Hall (capítulo 9) ante la Reunión de Profesores de Educación Básica de Boston acerca de la psicología en la educación. Argu- mentó que la psicología no tenía relevancia para la educación, una postura que cambia- ría años después abogando incluso por la presencia de los psicólogos en las escuelas (Hale, 1980). Su periodo de prueba de tres años fue exitoso. James de manera entusiasta describió el laboratorio de Harvard como "una morada del deleite", mientras que Cattell, más objetivo, reconoció que el laboratorio de Münsterberg de Harvard era "el más im- portante en América" (Hale, 1980, p. 49). Tanto James como el director de Harvard, Charles W. Eliot lo animaron a quedarse, pero en 1895 Münsterberg regresó a la Universidad de Freiburg. Era claro que esperaba permanecer en Alemania, pero ante una combinación de presión política, lucha académica y antisemitismo no pudo asegurar una posición satisfactoria en una universidad alemana (Hale, 1980, p. 53). Regresó a Harvard en 1897 y fue consolado por Wundt quien le recordaba "Pero después de todo, América no es el fin del mundo" (Hale, 1980, p. 55). Münsterberg escribió en Harvard su primer libro importante, publicado en alemán en 1900, Grundzüge der Psychologie (Principios de psicología). El libro era en mucho una reflexión de su entrenamiento alemán, pero Münsterberg ya tenía influencias de sus ex- periencias en América. El trabajo lo dedicó a William James y a partir de ese momento Münsterberg siempre "miraba el mundo americano a través de ojos alemanes con astig- matismo de Harvard" (M. Münsterberg 1922, p. 326). En 1902 publicó su primer libro importante en inglés, Peculiaridades americanas y se convirtió en un autor prolífico, con más de 20 libros en inglés, seis en alemán y literalmente miles de artículos para revistas, periódicos y publicaciones (Viney, Michaels y Ganong, 1981). Münsterberg fue un dota- do escritor que con frecuencia llamaba la atención del público en general. Era también muy rápido, capaz de integrar un libro en menos de un mes. Sin embargo, debe decirse que la mayor parte de sus escritos los dictaba y alegremente admitía que su secretaria realizaba la escritura real. Frank Landy (1992) sugiere en un análisis que el estilo para escribir de Münsterberg pudo haber contribuido a sus dificultades posteriores y a su enigmática reputación cien- tífica: 1. Su primer trabajo importante en inglés fue aporreado por la crítica en la publicación británica Mind. Münsterberg exageró su reacción y juró nunca más escribir otro tra- bajo serio en inglés. Aunque no cumplió su palabra, mucho de su trabajo estuvo disponible para los psicólogos de habla inglesa sólo en traducciones. 162 Capítulo 5 2. Münsterberg publicó con frecuencia en Harper's, el Atlantic Monthly, McClure's y en el New York Times. Aunque ésas eran publicaciones serias con un amplio número de lectores, no fueron parte de la bibliografía escolar y de investigación de la psicología. 3. Con frecuencia se repetía a sí mismo en libros y conferencias. En ocasiones ignoraba las contribuciones de otros, mientras pedía demasiado reconocimiento para él. 4. Raramente publicaba datos completos o análisis detallados de sus resultados. Aun que en algunos casos tales datos quizá hayan existido (Burtt, 1917), su ausencia dis minuía la calidad de sus publicaciones. Psicología aplicada de Münsterberg Münsterberg siempre intentó que su psicología fuera tan amplia e inclusiva como fuera posible y no tenía paciencia con enfoques restrictivos como el de Titchener. Con frecuen- cia descartaba el estructuralismo de Titchener como preciso pero inútil (Landy, 1992, p. 788). De hecho, Münsterberg de manera consistente se negaba a dar una definición pre- cisa acerca de la psicología, dado que cualquier definición implicaría restricciones que él no pretendía y que no podía aceptar. Se interesaba en funciones o actos como el entendi- miento, la memoria, el aprendizaje, la empatia y la búsqueda de la belleza, el amor y la fe. La suya era una psicología funcionalista con un propósito orientado. Para Münsterberg era "más natural beber el agua que analizarla en el laboratorio en sus elementos quími- cos" (Münsterberg, 1914, p. 14). El interés de toda su vida se centró en la aplicación del conocimiento psicológico al servicio de la humanidad y son estas aplicaciones las que ahora estudiaremos. Sin embargo, es importante recordar que Münsterberg siempre se consideró a sí mismo un psicólogo experimental. Más tarde se referiría a los pacientes que iban por tratamiento a su "laboratorio" y a sus "experimentos" en escenarios indus- triales. Psicología clínica de Münsterberg Durante mucho tiempo tuvo interés en la enfermedad mental. Comenzó a ver pacientes en Alemania y continuó haciéndolo en Estados Unidos. Era un médico singular. Como nunca tuvo una clínica, Münsterberg se encontraba con sus pacientes en su laboratorio. Aceptaba sólo a aquellos que fueran de interés científico; de los muchos cientos de per- sonas que trató, ni una sola pagó una cuota (Münsterberg, 1909, p. ix). Creía que la enfer- medad mental siempre tiene una base fisiológica y, por tanto, se oponía a aproximaciones sistemáticas o generales de tratamiento. Primero realizaba un diagnóstico con base en sus observaciones de la conducta del paciente, una entrevista, el paciente contestaba a sus preguntas y con frecuencia respondía una prueba de asociación de palabras. Si con- cluía que el caso era de interés científico y que el paciente no era psicótico, daba el trata- miento. La aproximación de Münsterberg era directiva. Se veía a sí mismo como el agente decisivo de la terapia y buscaba imponer su voluntad al paciente. Utilizaba sugestiones directas y autosugestiones y animaba al paciente a "esperar" ponerse mejor. Münsterberg pensaba que para los pacientes "recostarse en un diván sobre el cual cientos se han cura- do fascina la imaginación de manera suficiente como para darle a cada sugestión mucha más oportunidad para vencer cualquier idea contraria" (Münsterberg, 1909, p. 222). Tam- Edward Titchener y Hugo Münsterberg 163 bien dependía en mucho de la seguridad. El terapeuta le asegura al paciente que, por ejemplo, dormiría esa noche y al día siguiente cuando se encontraran notaría que la persona se vería muy descansada. Münsterberg utilizaba lo que llamó "antagonismo recíproco" para vencer ideas o impulsos problemáticos. La idea o el impulso opuesto era "reforzado" para bloquear la expresión del indeseado (Münsterberg, 1909, p. 218). Final- mente utilizó la hipnosis, pero en una manera conservadora y vigilada. Encontró que era especialmente útil para facilitar la receptividad a las sugestiones. Su objetivo era el alivio directo de los síntomas, no cambios profundos en la personalidad del paciente. En una publicación temprana, Münsterberg buscó calmar los temores de la hipnosis y de la creen- cia en el ojo maligno. Enfatizó los efectos benéficos de la hipnosis en manos de un prac- ticante hábil (Münsterberg, 1910). Münsterberg reportó el éxito al utilizar estas técnicas clínicas en el tratamiento de un amplio rango de problemas: alcoholismo, adicción a las drogas, alucinaciones, obsesio- nes, fobias y desórdenes sexuales. Estos hallazgos y procedimientos fueron descritos en su libro Psicoterapia, escrito en seis semanas y publicado en 1909. Definió la psiquiatría como el "tratamiento de las enfermedades mentales" y describió la psicoterapia como la "práctica de tratar la enfermedad influyendo en la vida mental" (Münsterberg, 1909, p. 1). Como tal, la psicoterapia no era sino una de las aproximaciones disponibles para los psiquiatras y no era apropiada para ciertos tipos de enfermedad mental, por ejemplo, psicosis y daños debidos al deterioro del sistema nervioso. La voz dominante en psi- quiatría en aquel tiempo era la de Sigmund Freud (capítulo 8). Münsterberg, en tanto que observaba el valor del énfasis freudiano en el origen traumático de algunos sínto- mas histéricos y las bases sexuales de muchos desórdenes neuróticos, no aceptaba la visión freudiana acerca de la importancia de los determinantes inconscientes. De acuer- do con Münsterberg, "la historia de la mente subconsciente puede ser contada en tres palabras: no hay tal" (Münsterberg 1909, p. 125). A pesar de eso, en ocasiones apelaba a explicaciones inconscientes de la conducta e incluso recomendaba el psicoanálisis. Una de tales recomendaciones, que hacía en forma especial en algunos casos de enfermedad, siguió a una comida en la Casa Blanca con el presidente Taft y su esposa. Münsterberg escribió al presidente que había notado que la señora Taft había estado bebiendo whisky. Supuso que el whisky le había sido recetado por un problema emocional. Münsterberg afirmó que el problema de su esposa podía originarse en impulsos reprimidos y le reco- mendó que consultara a un psicoanalista (Landy, 1992, p. 793). Escribió Psicoterapia para una audiencia general e intentaba contraatacar las verda- des a medias y la falsa información que rodeaban a la enfermedad mental. El libro fue bien recibido y en dos meses vendió 3 000 copias. En tres años pasó por cinco ediciones y tuvo éxito durante muchos años. El trabajo clínico de Münsterberg, sin embargo, pro- dujo un episodio desafortunado. Uno de sus pacientes femeninos desarrolló una aluci- nación paranoica centrada en él y lo amenazó con una pistola cuando se estaba retirando de una conferencia. Afortunadamente nadie salió lastimado, pero las acciones legales resultante" y la publicidad condujeron al director de Harvard, Eliot, a aconsejar a Müns- terberg que olvidara el tratamiento hipnótico para mujeres. Münsterberg estuvo de acuer- do, aunque continuó realizando investigación sobre la conducta anormal. En una serie de experimentos Münsterberg buscó las condiciones bajo las cuales una segunda personalidad, con frecuencia vista en pacientes histéricos, podía emerger en la gente normal. Esperaba que tal personalidad pudiera influir en ciertas acciones automá- ticas y, por tanto, realizó un gran número de experimentos sobre escritura automática. 164 Capítulo 5 Un sujeto atendería de manera activa a una historia interesante mientras sostenía un lápiz sobre una página en blanco. Algunos sujetos escribían algunas de las palabras que escuchaban, pero de forma inconsciente e involuntaria. Münsterberg creía que estas pa- labras eran un reflejo de la segunda personalidad de la persona. Después de alguna práctica, un gran número de sujetos, incluyendo a Gertrude Stein, quien era entonces estudiante en la Universidad de Radcliffe, podían enfocar su atención en una palabra, cuatro o cinco palabras detrás de una que realmente estuviera escrita. B. F. Skinner (1934/ 1959a) describió estos experimentos de Münsterberg sobre la escritura automática y también la participación de Gertrude Stein como sujeto. Skinner también sostuvo que la evidencia de la escritura automática se puede encontrar en los posteriores trabajos literarios de Stein y que esa escritura podía haber sido un reflejo de su segunda persona- lidad. Los inicios de la psicología forense A partir de 1908 Münsterberg escribió numerosos artículos sobre la aplicación de la in- formación psicológica a situaciones legales, la psicología forense. El gran interés en estos artículos y sus propias experiencias como observador de un gran número de juicios cri- minales lo llevaron a escribir un libro que fue un éxito de librería, En la posición del testigo, publicado en 1908. El libro pasó por numerosas ediciones tanto en Estados Unidos como en Inglaterra; la más reciente es de 1976. En la introducción Münsterberg puso el escena- rio para esta aplicación de la psicología: Existen cerca de 50 laboratorios psicológicos sólo en Estados Unidos. El hombre educado promedio hasta ahora no ha notado esto. Si de casualidad ha escuchado de tales lugares, se imagina que sirven para la curación mental o los misterios telepáticos o para realizaciones espiritistas. ¿Qué más puede un laboratorio tener que ver con la mente? ¿No ha sido el alma durante 200 años del dominio del filósofo? ¿Qué tiene que ver la psicología con bate- rías eléctricas y con máquinas complicadas? Con mucha frecuencia yo he leído tales pre- guntas en presencia de amigos visitantes que vienen al Laboratorio Psicológico de Harvard en Emerson Hall y encontraron con sorpresa 27 cuartos repletos de cables eléctricos, cronoscopios, quimógrafos, taquitoiscopios y ergógrafos, y un mecánico ocupado con su trabajo. (Münsterberg, 1908, p. 3) En este pasaje vemos el característico deleite de Münsterberg en las mecánicas y los instrumentos de bronce de la psicología como una ciencia de laboratorio. Mientras que sus propios intereses llegaron a ser cada vez más aplicados, su primer amor permaneció en el laboratorio de Harvard. Lo observó cuando el trabajo de laboratorio continuaba bajo la dirección de Edwin Bissel Holt para la investigación humana y de Robert Mearns Yerkes (capítulo 11) para la investigación con animales. Fue sucedido como director del laboratorio por uno de sus estudiantes, Herbert S. Langfeld. En la primera sección de En la posición del testigo, Münsterberg consignó reportes de testigos oculares y las muchas razones psicológicas para los desacuerdos entre testigos igualmente confiables que hacían su mejor esfuerzo para dar testimonios precisos y ve- races. ¿Por qué tales testimonios diferían con tanta frecuencia? Münsterberg explicó la diferencia entre la verdad subjetiva y la objetiva. Un juramento de "decir la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad" de hecho no es garantía de la verdad objetiva. Edward Titchener y Hugo Münsterberg 165 Münsterberg describió las ilusiones para demostrar cómo nuestros sentidos pueden ser engañados y mostró cómo las sugestiones afectan las percepciones. Señaló que los re- cuerdos con frecuencia son poco seguros, de manera especial cuando tratamos de recor- dar eventos de cierto tiempo pasado. Münsterberg testificó en el juicio de un ladrón que había irrumpido en su hogar diciendo que lo había hecho a través de una ventana, sólo para encontrar que en realidad había entrado por una puerta del sótano. Incluso con la mejor de las intenciones, condiciones ideales y después de un corto periodo entre un evento y su recuerdo, la memoria a menudo es poco confiable. Para ilustrar este sorpren- dente hecho, Münsterberg describió una demostración originalmente realizada en la Universidad de Berlín: Hace unos cuantos años una dolorosa escena ocurrió en Berlín en el seminario de la uni- versidad del profesor von Liszt, un famoso criminólogo. El profesor había hablado acerca de un libro. Uno de los estudiantes mayores de pronto gritó, "¡Yo quería proyectar una luz sobre la materia desde el punto de vista de la moral cristiana!" Otro estudiante añadió, "¡Yo no puedo soportar eso!" El primero se levantó de un golpe exclamando, "¡Usted me ha insultado!" El segundo apretó los puños y gritó, "Si dice otra palabra..." El primero sacó un revólver. El segundo se precipitó hacia él como loco. El profesor se paró entre ellos y, al tiempo que sujetó el brazo del hombre, se disparó el revólver. Tumulto general. (Münsterberg, 1908, pp. 49-50). Todo el incidente había sido una representación y nuevamente se restauró el orden; se le pidió a los estudiantes que escribieran una relación de lo que había pasado. Sus descripciones eran notablemente diferentes. Münsterberg representó un gran número de estas "escenas tumultuosas" o "experimentos de realidad" ante audiencias de aboga- dos y psicólogos para demostrar que nuestros recuerdos suelen ser poco confiables. Cuan- do se nos pide que recordemos eventos algún tiempo después, especialmente en las condiciones inquietantes del testimonio en una sala de la corte y con abogados que com- piten haciendo preguntas dirigidas, se deben esperar imprecisiones. Münsterberg des- preciaba el sistema legal del adversario al cual consideraba como un museo de procedimientos irracionales. Reprobaba la obstinación de la profesión legal y la terque- dad de los abogados al no aceptar los hallazgos de la psicología. Tales críticas eran cier- tamente prematuras. De manera predecible, su lenguaje desenfrenado condujo a una respuesta explosiva de parte de la profesión legal. En la posición del testigo fue denuncia- do como "psicología amarillista" y Münsterberg fue vapuleado por su presunción al hacer tales recomendaciones (en Loh, 1981, p. 662). John Wigmore, un erudito legal, es- cribió sin piedad una sátira en la cual se entablaba un pleito legal contra Münsterberg de parte de los abogados por daños a su buen nombre (Wigmore, 1909). Wigmore concluyó que Münsterberg había buscado de manera caprichosa lastimar el buen nombre de los abogados y que la psicología no tenía nada que ofrecer a la ley. Los abogados también citaron a Titchener, quien había desacreditado a Münsterberg como un oportunista y su trabajo legal como una aplicación errónea de la psicología (Titchener 1914b, p. 51). Tan intensa fue la reacción que los psicólogos estadounidenses dejaron la ley en paz y la psicología forense se malogró (Hutchins, 1927). Hubo una laguna de unos 70 años antes de que los psicólogos regresaran al tema del testimonio del testigo ocular (Loftus, 1979; Yarmey, 1979). Aunque la respuesta de los abogados para esos trabajos posteriores fue más favorable que en el caso de Münsterberg (Loh, 1981), los psicólogos que testifican 166 Capítulo 5 en la corte todavía se enfrentan a desafíos a su autoridad y pericia (Loftus y Ketcham, 1992). En el texto En la posición del testigo, Münsterberg también consideró la prevención del crimen. Creía que los criminales se hacen, no nacen; la sociedad crea las condiciones que favorecen y producen el crimen. En consecuencia, tales condiciones deben cambiarse. Münsterberg conservó su interés en el crimen y en los asuntos legales hasta el final de su vida. Desafortunadamente, mucho de su trabajo fue publicado por la prensa sensaciona- lista y se convirtió en una figura pública controvertida. El Münsterberg controvertido Otra sección de En la posición del testigo trata sobre la detección del crimen. Münsterberg condenó los métodos de interrogación brutales, de tercer grado. De acuerdo con él, tales métodos bárbaros debían ser reemplazados por alternativas psicológicas. Para detec- tar si una persona estaba mintiendo, Münsterberg había utilizado una variación de la técnica de los tiempos de reacción en experimentos de laboratorio. También tuvo una oportunidad para utilizar sus técnicas en un escenario del mundo real en el polémico juicio de Harry Orchard. Orchard era el asesino confeso de 18 personas, incluyendo a un antiguo gobernador de Idaho. Acusó a los líderes de la Federación Occidental de Mine- ros, incluyendo al presidente de la unión, Big Bill Haywood, de haber dirigido y pagado los asesinatos. El gobernador había sido un oponente y un crítico del trabajo organizado. Orchard fue testigo en el proceso del juicio de los miembros de la unión. La credibilidad de Orchard era crucial y aparentemente estaba reforzada por su declaración de que se había convertido a la fe del Advenimiento del Séptimo Día y así había hecho las paces con Dios. El gobernador de Idaho invitó a Münsterberg a asistir al juicio en Boise y a examinar a Orchard. En la sala de la corte las primeras impresiones de Münsterberg acerca del hombre fueron muy desfavorables: tenía un "perfil brutal, vulgar, homicida" y parecía estar lejos del converso religioso que afirmaba ser. Münsterberg resolvió, sin embargo, "no tomar en cuenta sus antipatías, sino más bien confiar en sus experimen- tos" (Münsterberg, 1908, p. 94). En la entrevista inicial buscó impresionar a Orchard con sus poderes científicos. Pri- mero hizo desaparecer una moneda de cinco centavos moviéndola a través del punto cie- go en el campo visual de Orchard; luego le mostró un gran número de ilusiones y distorsiones perceptuales. Cuando Münsterberg juzgó que Orchard estaba suficientemen- te impresionado, le recitó una lista de 50 palabras y le pidió que respondiera a cada una con la primera palabra que viniera a su mente. Münsterberg registró para cada palabra estímulo la latencia de la reacción de Orchard. En la lista estaban incluidas unas cuantas palabras relacionadas con los crímenes, "revólver", "sangre" y "perdón", y con la con- versión religiosa profesada por Orchard. Los tiempos de reacción de Orchard para las palabras "peligrosas" no fueron diferentes de sus tiempos de reacción para las otras. Münsterberg permaneció en Boise durante cuatro días asistiendo al juicio, encontrándose con Orchard y conduciendo sus pruebas. Concluyó que el hombre no estaba tratando de esconder nada, que su conversión era sincera y que, subjetivamente, estaba diciendo la verdad. Camino a casa el exhausto Münsterberg se encontró con un reportero y en un momento de descuido expresó que creía haber llegado a la conclusión de que Orchard estaba diciendo la Edward Titchener y Hugo Münsterberg 167 verdad. Los grandes titulares del periódico proclamaron el "veredicto" de Münsterberg, y fue censurado por la prensa por interferir en el juicio, aun cuando al jurado le fue retirado el torrente de publicidad sensacionalista. Aparecieron en la prensa explicaciones absurdas de las técnicas que había utilizado en sus entrevistas con Orchard. Un periódico de California afirmó que Münsterberg había desempeñado un análisis frenológico del grosor y de las di- mensiones del cráneo de Orchard. El reportero terminó su descripción con la graciosa ocu- rrencia: "Apuesto un dólar contra dos mordidas a que el profesor Münsterberg tiene una cabeza igual a una calabaza de primera categoría" (M. Münsterberg, 1922, p. 147). En el texto En la posición del testigo Münsterberg también analizó las confesiones fal- sas en las cuales la gente dice haber cometido crímenes que en realidad no cometió. Previno contra tales confesiones; una vez más la advertencia se basaba en una experien- cia desafortunada con la prensa. Richard Ivens un joven de Chicago, aparentemente re- tardado, sospechoso del asesinato de una joven ama de casa, confesó después de un intenso interrogatorio policiaco. Después se retractó de su confesión y estableció una coartada, pero siguió siendo tratado como convicto. Un neurólogo de Chicago, J. Sanderson Christison, describió el caso a Münsterberg y le pidió su opinión acerca de los resultados. En una carta privada Münsterberg le contestó que estaba seguro de que el hombre era inocente, que su confesión era falsa y que había sido condenado injustamen- te. Christison publicó la carta de Münsterberg la cual causó sensación. Los titulares se referían a ella como el "desacato a los tribunales por parte de Harvard". La sentencia de Ivens se llevó a cabo y con muchedumbres sin precedente afuera de la cárcel, fue ejecu- tado. Münsterberg estaba convencido de que se había realizado una terrible injusticia. Münsterberg también analizó las condiciones bajo las cuales es probable que ocurran las confesiones falsas: en un interrogatorio intenso y prolongado a personas que necesi- tan agradar, con personas que necesitan cumplir con figuras de autoridad poderosas y con personas profundamente deprimidas que sienten necesidad de castigo. Münsterberg analizó el caso de Ivens con detalle, describiendo las condiciones bajo las cuales el hom- bre había confesado y el hecho sospechoso de que se habían dado más y más detalles irrebatibles del crimen durante el interrogatorio. En 1914 publicó un artículo, "La mente del jurado", en el cual describió experimentos que había realizado en Harvard con un grupo de tomadores de decisiones. Se le pedía a los estudiantes que hicieran un juicio a solas y luego se les daba la oportunidad de discutir el juicio con otros antes de hacer un segundo. Cuando los juicios se hicieron a solas, el 52 por ciento fue correcto; cuando se hicieron en grupo, el 78 por ciento fue correcto. Münsterberg concluyó que el sistema jurídico de toma de decisiones en grupo es un procedimiento psicológicamente bueno. Por desgracia, incluso este experimento produjo controversia, porque cuando Münsterberg lo repitió con estudiantes femeninos en la Universidd de Radcliffe encontró que no había un incremento en el porcentaje de deci- siones correctas después de la discusión. Concluyó que las mujeres no son capaces de mantener una discusión racional en grupos y que el sistema jurídico funcionaría bien en tanto las mujeres no participaran. Esa conclusión condujo a un torrente de titulares sen- sacionalistas en los periódicos y a un acalorado desafío de las mujeres abogadas de Boston (M. Münsterberg, 1922, p. 435). A pesar de esta desafortunada controversia, el experimento de Münsterberg fue el estudio pionero sobre la toma de decisiones en grupo y ha sido citado como piedra angular del estudio experimental de la psicología de grupo (Murphy y Kovach, 1972). 168 Capitulo 5 Mentiras, presión sanguínea y la mujer maravilla Münsterberg tenía confianza en que los mo- hombre acusado de secuestrar y asesinar al vimientos del ojo, la respiración, el ritmo bebé Lindbergh. Su oferta fue rechazada. cardiaco, la presión sanguínea, el temblor de Marston creía que su medición podía utili- la mano y la resistencia eléctrica de la piel zarse en el asesoramiento marital. ¡La reac- pueden medir la mentira y el engaño. No te- ción de una esposa ante el beso de su marido nía duda de que incluso en casos criminales sería comparada con su respuesta al beso de "la psicología experimental bien puede pro- un atractivo extraño! Los anuncios de la má- porcionar todo lo que la corte demanda" quina de Marston y la descripción de sus ser- (Münsterberg, 1908, p. 131). Los rumores es- vicios apareció en una página entera de una parcieron que él había desarrollado una ma- revista de publicidad. ravillosa máquina de mentiras, o un detector En Chicago en 1921, John A. Larson cons- de la verdad, pero nunca hubo una máquina truyó una máquina que continuamente me- como ésa en su laboratorio. Uno de los estu- día la presión de la sangre, el ritmo del pul- diantes de Münsterberg de Harvard, William so, y la respiración, el primer polígrafo. Tam- Moulton Marston, afirmó haber descubierto bién realizó un cuidadoso estudio sobre la una respuesta específica a la mentira: un in- precisión de la medición del engaño utilizan- cremento en la presión sistólica de la sangre. do registros de polígrafo. Larson concluyó En su popular libro La prueba de detección de que no existe una respuesta de mentira mentiras, Marston escribió que la medición de detectable y más tarde describió el naciente la respuesta de la mentira "marcaba el fin del campo de la poligrafía y de la detección de largo e inútil esfuerzo del hombre por buscar mentiras como poco más que un alboroto un medio para distinguir entre decir la ver- (Larson, 1938). En una mordaz revisión del dad y el engaño" (Marston, 1938, p. 45). Esta libro de Marston, Fred E. Inbau, un profesor grandiosa afirmación estaba basada en la uti- de leyes en el noroeste y antiguo director del lización de un ordinario esfingomanómetro laboratorio científico de detección del crimen médico para tomar mediciones periódicas de de la policía de Chicago, concluyó que tal la presión sanguínea durante una entrevista trabajo "sólo puede traer el ridículo sobre o examen. el tema principal y la falta de respeto hacia Marston era un ávido autopublicista. Se su autor" (Inbau, citado en Lykken, 1981, ofreció para probar a Bruno Hauptmann, el p. 28). Aunque el trabajo de Münsterberg como psicoterapeuta y como psicólogo forense fue importante en la ampliación de la psicología y en ocasiones resultó controvertido, él es más importante en la historia de la psicología por sus trabajos como psicólogo industrial. Los inicios de la psicología industrial Con frecuencia se considera que Münsterberg es el primer psicólogo industrial en Esta- dos Unidos y que Psicología y eficiencia industrial, publicado en 1913, es el trabajo funda- dor. El libro está dividido en tres secciones principales: nueve capítulos sobre "el mejor hombre posible para el trabajo" —como era típico de su tiempo, no parece que se le hubiera ocurrido que las mujeres también querrían trabajar— constituyen la sección con- cerniente a la selección de trabajadores; seis capítulos sobre "el mejor trabajo posible", Edward Titchener y Hugo Münsterberg 169 Mentiras, presión sanguínea y la mujer maravilla (continuación) Un desafío incluso más serio provino de cisión de la prueba del polígrafo (OTA, 1983; las cortes. El caso era Frye contra Estados Uni- Saxe, Dougherty y Cross, 1985). Iacono y dos (1923). En noviembre de 1920 un joven Patrick (1988) encontraron que el 45 por cien- hombre negro llamado James Frye fue arres- to de los sospechosos inocentes era errónea- tado en la ciudad de Washington por el asesi- mente diagnosticado como engañoso. En nato de un prominente médico blanco. Des- 1988 el Congreso de Estados Unidos prohi- pués de varios días de interrogatorios poli- bió el uso de los polígrafos en la mayor parte ciacos confesó ser el asesino. Justo unos días de los escenarios donde se empleaba. antes de su juicio Frye rechazó su confesión ¿Qué fue entonces de William Marston? afirmando que había sido forzado: mediante Abandonó la detección de mentiras y dejó la la promesa de la mitad de la recompensa de psicología. Con su esposa Elizabeth Holloway 1 000 dólares, él debía confesar. Marston le ad- Marston, también psicóloga, desarrolló un ministró una prueba de su presión sanguínea exitoso personaje de caricaturas, la Mujer Ma- y concluyó que era inocente. La defensa pidió ravilla: que Marston fuera calificado como testigo ex- La Mujer Maravilla fue creada en el estudio sub- perto y que sus resultados se aceptaran como urbano de Marston como una mujer de campaña evidencia. El juez que presidía mandó excluir de Boston, con una carrera y disfrazada como Dia- la evidencia de detección de mentiras por no na Prince, quien se precipitaba en el baño de mu- estar basada en unprincipio científicobien re- jeres (las filas eran más cortas en aquellos días) y conocido y establecido. Su mandato fue sos- emergía en sus pantalones de lucha contra el cri- tenido por cortes superiores y durante 50 años men festoneados de águila, rojos-blancos-y-azules. sirvió para excluir la evidencia del detector de Tan poderosa como un hombre y tan adorable mentiras de las cortes estadounidenses. como una mujer, y también debidamente patrióti- La decisión de la corte encuentra apoyo ca. (Malcolm, 1992). en investigaciones recientes. David Lykken Durante 50 años en más de 600 episodios ha sido un crítico vigoroso de la detección y luego en series de televisión, malvadas per- de mentiras y de los polígrafos (Lykken, 1979, sonas atrapadas por el "lazo de la verdad" 1981). En 1983, la Oficina del Congreso de de la Mujer Maravilla eran forzadas a mirar Evaluación Tecnológica de Estados Unidos dentro de sus propios corazones y a decir la hizo serios cuestiona mientas acerca de la pre- verdad: ¡no podían mentir! en los cuales se analizan los factores que afectan la eficiencia del trabajador; y seis capí- tulos sobre "los mejores efectos posibles", que tratan sobre comercialización, ventas y técnicas de publicidad. Para seleccionar a la mejor persona posible para un trabajo, Münsterberg recomendó que las pruebas existentes de autorreporte para medir los intereses vocacionales fueran implementadas con "tareas en miniatura", las cuales evalúan la capacidad de un indivi- duo para un empleo particular y predicen su desempeño posterior. Münsterberg creía que en el caso de muchas tareas industriales y ocupacionales, es posible "miniaturizar" la situación en la cual el empleado potencial tendrá que trabajar, para desarrollar lo que hoy en día podría llamarse simulacros. En estas situaciones simuladas de trabajo es po- sible evaluar las habilidades de los trabajadores potenciales. Como un ejemplo de tal aproximación Münsterberg citaba el trabajo que le pidieron realizar en 1912 para los representantes de un gran número de ciudades que tenían trenes elevados o en la calle. 170 Capítulo 5 Los representantes estaban preocupados por los factores psicológicos involucrados en accidentes de trenes de calle. Münsterberg decidió que las habilidades de desempeño del conductor o del maquinista eran cruciales y, por tanto, desarrolló un juego o simula- cro, en el cual el participante tenía que tomar una serie de decisiones y tener una serie de reacciones en situaciones similares a las que se encuentran mientras se conduce un tren a través de calles congestionadas: un peatón, un animal o un vehículo cruzaba las vías de manera repentina; un mal funcionamiento del freno; y así sucesivamente. Trabajó con tres grupos de empleados de la Boston Elevated Company: maquinistas veteranos por 20 años con excelentes registros, hombres que apenas se habían escapado de ser despe- didos y que habían estado involucrados en frecuentes colisiones y otros accidentes, y hombres con un promedio mediano en sus registros de servicio. En una prueba simple de tiempos de reacción Münsterberg no encontró diferencias consistentes entre los tres grupos. Cuando se les probaba utilizando el juego o la simulación, muchos de los hom- bres reportaron que en realidad tuvieron la sensación de manejar un tren. Hubo también diferencias consistentes en el desempeño entre los tres grupos. El grupo con buenos re- gistros se desempeñaba mejor de manera consistente que los hombres que habían estado cerca de ser despedidos. Münsterberg estaba convencido que la prueba podía utilizarse como un procedimiento de selección y que muchos hombres que seguían estando en gran peligro de tener un accidente podrían identificarse antes. También realizó algún trabajo preliminar para un número de compañías navieras y para la Marina de Estados Unidos sobre el desarrollo de procedimientos de selección para oficiales de barco. Münsterberg creía que procedimientos similares de selección podrían emplearse para una variedad de otras ocupaciones. Como un segundo ejemplo de la forma como la psicología puede contribuir en la se- lección de empleados, Münsterberg presentó su trabajo para la compañía de teléfonos de Nueva Inglaterra. La compañía encontró que de entre las mujeres jóvenes exitosamente entrenadas como operadoras de teléfono, un tercio no era capaz de desempeñarse bien en el trabajo y lo abandonaba o era despedida en seis meses. En su intento por remediar la situación, Münsterberg comenzó por observar la situación de trabajo de las operadoras. En promedio atendían 225 llamadas por hora, pero en periodos extremos con frecuencia controlaban tantas como 300. Estimó que 14 "procesos psicológicos" separados estaban involucrados en una llamada típica, especialmente la memoria, la atención al detalle, la exactitud, la rapidez y la inteligencia general. Münsterberg creó una serie de pruebas para estas funciones psicológicas. En las pruebas de memoria se pedía a las operadoras que repitieran dos números de cuatro dígitos; luego se añadían más dígitos hasta un máximo de doce. En la prueba de atención, se les decía que marcaran con una cruz todos los ejem- plos de una letra particular sobre una página de un periódico; en la prueba de exactitud, los bordes de una hoja de papel tenían que ser divididos en dos mitades iguales; en la prueba de rapidez, las operadoras dibujaban tantos movimientos específicos de zigzag como les fuera posible durante diez segundos. Münsterberg aplicó estas pruebas y una de inteligencia general a un grupo conformado por empleadas recién contratadas. Comparó los resultados de la prueba con su desempeño real en el trabajo durante sus primeros tres meses en el empleo. En realidad, casi todas las personas a las que se les aplicó la prueba estaban recién contratadas, pero Münsterberg desconocía que la compañía de teléfonos había incluido en el grupo un número de operadoras altamente experimentadas (¡intru- sas!) con excelentes registros de trabajo. Münsterberg describió los resultados de la prue- ba de la siguiente forma: Edward Titchener y Hugo Münsterberg 171 Si los experimentos psicológicos hubieran dado como resultado que estos individuos (que estaban tan altos en la estimación de la compañía de teléfonos) obtuvieran una calificación baja en el experimento de laboratorio, eso habría mostrado la fiabilidad del método. Por el contrario, los resultados mostraron que las mujeres que se han mostrado más capaces en el servicio práctico se ubicaron en la cima de nuestra lista. De manera correspondiente, quie- nes se situaron más abajo en esa lista hubieran sido encontradas ineptas para el servicio práctico y hubieran abandonado la compañía por propio acuerdo o hubieran sido elimina- das. (Münsterberg, 1913, pp. 108-109) La concordancia de los resultados de la prueba y el desempeño en el trabajo no fue perfecta, pero el método era prometedor. En lo que respecta al mejoramiento de la eficiencia del trabajador, Münsterberg tuvo mucho menos información empírica para presentar. Había estudiado las condiciones de trabajo en las compañías General Electric y Harvester Internacional, la Plimpton Press, la compañía Waltham Watch, y un gran número de otras compañías. Münsterberg no estaba de acuerdo con la concepción común de que mucho del trabajo industrial moder- no está caracterizado por una monotonía horrible y por un estancamiento mental. En las fábricas y las plantas que visitó, charló con los trabajadores cuyos trabajos parecían ser los más tediosos y monótonos. Con frecuencia los trabajadores no describían sus em- pleos en estos términos y estaban contentos con ellos. En un caso extremo Münsterberg observó a una mujer en una fábrica de lámparas eléctricas cuyo trabajo era envolver lámparas en papel de seda, 13 000 unidades al día. Ella había realizado el trabajo durante doce años y Münsterberg calculó que había envuelto 50 millones de lámparas. Aún así, ella afirmó que el trabajo era "realmente interesante" y dijo que encontraba "constantes variaciones" en la forma en que envolvía cada lámpara (Münsterberg, 1913, p. 196). Münsterberg concluyó que los juicios de las personas de afuera en el sentido de que las tareas producían aburrimiento y frustración eran poco confiables y que muchas de las tan llamadas profesiones de mayor categoría involucraban una gran cantidad de repeti- ciones tediosas: el trabajo de los médicos, el de los maestros y el de los abogados están lejos de quedar libres de monotonía. Münsterberg concluyó que muchos factores pue- den afectar la satisfacción y la moral del trabajador y que se necesitaban muchas más investigaciones. En la última sección de su libro sobre psicología industrial, Münsterberg analiza los factores que estimulan la demanda del consumidor y las formas en las que se puede incrementar la efectividad de la publicidad. En su laboratorio investigó los efectos del tamaño y del número de repeticiones de un anuncio sobre su "valor de memoria". Esta- ba convencido de que la publicidad podía ser un factor poderoso en la estimulación de la demanda del producto, pero también creía que debe utilizarse de manera responsable. En un artículo posterior, "Los pecados sociales de la publicidad", Münsterberg atacó de manera amarga como socialmente irresponsable la nueva práctica de esparcir anuncios a lo largo del texto de las revistas y los periódicos en lugar de, como antes se hacía, segregarlos en una sección. El debate acerca de la ubicación adecuada de los anuncios continúa hoy con respecto a los comerciales de la televisión. En Estados Unidos están esparcidos a lo largo de los programas; en Inglaterra, en el canal comercial de la British Broadcasting Corporation (BBC), están agrupados en periodos de publicidad al inicio, a la mitad y al final de cada programa. Después de la publicación de Psicología y eficiencia industrial, Münsterberg mantuvo su interés en problemas industriales. En la primavera de 1913 se reunió con el presidente 172 Capítulo 5 Woodrow Wilson y los secretarios de comercio y del trabajo, para urgir el establecimien- to de un despacho del gobierno dedicado a la investigación científica sobre la aplicación de la psicología a los problemas del comercio y la industria. Sus propuestas fueron bien recibidas, aunque los planes prácticos para su implementación se vieron interrumpidos por la Primera Guerra Mundial. En general su trabajo en psicología industrial había comprobado ser de gran importancia y muchas de sus preocupaciones e intereses son de actualidad entre los psicólogos industriales. Un revisor contemporáneo dijo acerca de su trabajo: Sobre todo, el dominio de Münsterberg en la psicología del negocio y la industria era im- presionante. En dos libros y en un manual de artículos plasmó el trabajo base para todo el desarrollo importante en estos terrenos. Especificó los problemas y las metas, y señaló algunos de los métodos a utilizar en psicología del personal, psicología vocacional, psico- logía técnica, psicología del consumidor y otras especializaciones en estas áreas... No debe caber duda de que Hugo Münsterberg fue el fundador de los campos de la psicología industrial y de los negocios como existen hoy en día. (Moskowitz, 1977, p. 838). La revista Business Week honró a Münsterberg en una serie de artículos sobre los "Pri- meros famosos en la psicología industrial" (Hale, 1980, p. 6). Además de su trabajo en psicología industrial, Münsterberg escribió extensamente acerca de la enseñanza, la educación y muchos otros temas sociales. Aunque nunca fumó ni tomó alcohol, se oponía a la prohibición y estaba activamente involucrado en el deba- te sobre ese candente tema. Incluso intentó introducir un poco de ligereza a la controver- sia en un artículo de 1908 en la Ladie's Home Journal "La abstinencia de las mujeres", Münsterberg contrastó la falta de moderación de los hombres por el alcohol y la falta de moderación de las mujeres por los dulces y la última moda. Una predecible reacción de agravio siguió a la publicación del artículo, especialmente cuando se supo que Münsterberg había solicitado y recibido apoyo financiero del magnate de la cerveza Adolphus Busch (Hale, 1980, p. 119). Münsterberg se oponía a la educación sexual en las escuelas argumentando que tal educación simplemente estimularía el interés en el sexo. Libró una batalla de toda la vida en contra de lo que llamó "psicología ingenua" y cons- tantemente desafió las demandas de seudopsicólogos. También criticó a los creyentes en el ocultismo, el misticismo y la astrología, transferencia de pensamiento y otras activida- des psíquicas. Münsterberg honrado y difamado Los honores y los reconocimientos llegaron con facilidad a Münsterberg. Fue uno de los socios fundadores de la APA (capítulo 9). A la edad de 29 años era profesor de filosofía en la Universidad de Harvard y en 1899, cuando tenía 36 años, llegó a ser catedrático del departamento, el año antes de que declinara una oferta a un cargo de profesor adjunto en la Universidad de Oxford. En 1905, se le ofreció una cátedra de filosofía en la Univer- sidad de Kónigsberg, una posición antiguamente ocupada por Inmanuel Kant. Inicial- mente aceptó, pero luego declinó el nombramiento y permaneció en Harvard. Estas ofertas constituían un impresionante reconocimiento de su posición y se dice que Münsterberg fue uno de los profesores de Harvard mejor pagados de esa época (Keller, 1979). Jugó un Edward Titchener y Hugo Münsterberg 173 papel importante en la organización de un congreso científico que se efectuó en conjun- ción con la Exposición de 1904 de San Luis y viajó a Europa para extender invitaciones a unos 150 científicos y académicos. Fue presidente de la APA en 1899 y de la American Philosophical Association en 1907. En 1901 la Universidad de Harvard lo reconoció con un grado de maestro honorario en artes, haciéndolo así "hijo de la casa" y "hombre de Harvard". Münsterberg sirvió fielmente en Harvard durante 25 años. Organizó un fon- do de ampliación para Emerson Hall, el hogar del departamento de psicología de Harvard durante 40 años. Trabajó en el comité de nominación del Premio Nobel para la fisiología y la medicina en 1906. Fue amigo de los ricos, los famosos y los importantes. Conoció a Andrew Carnegie, Bertrand Russell, H. G. Wells, a los presidentes Theodore Roosevelt y William Howard Taft, al kaiser Wilhelm II, a estrellas del cine de Hollywood, magnates, y la mayor parte de las eminencias y de los intelectuales europeos y estadounidenses del momento. Sin embargo, cuando Münsterberg murió en 1916, desapareció casi inmedia- tamente de la psicología. En un caso él literalmente desapareció. Una pintura sobre la escalera de Emerson Hall muestra a William James, Josiah Roy ce, George Herbert Palmer y una silla vacante. Esa silla iba a ser ocupada por Münsterberg, pero su retrato fue bloqueado después de su muerte (Roback, 1952, p. 108). ¿Por qué se convirtió en un psicólogo perdido? Tal vez pueda encontrarse una respuesta a esta pregunta en el papel autoasignado de Münsterberg como portavoz para Alemania en Estados Unidos y en su interés de toda la vida por mejorar las relaciones y desarrollar un mayor entendimiento entre sus países nativo y adoptado. En uno de sus primeros libros que escribió en inglés, Peculiaridades americanas, publicado en 1902, Münsterberg ridiculizó los falsos estereotipos que los ale- manes y los estadounidenses tenían los unos de los otros. Describió las dos sociedades, señalando los que consideraba puntos buenos y puntos malos de cada una de ellas. En 1903 publicó Die Amerikaner, un libro traducido por su estudiante Holt y publicado en inglés en 1904 como The Americans. El libro proporcionaba descripciones detalladas y penetrantes sobre la vida social, cultural, económica, política e intelectual de Estados Unidos, destinados principalmente a una audiencia alemana. De acuerdo con la hija de Münsterberg, este libro produce una agitación entre los lectores y despierta un notable grado de interés en la vida americana. Incluso inspiró a los lectores a navegar y ver por sí mismos una tierra que habían estado pintando en colores tan atractivos. El secreto de la influencia del libro no fue tanto la nueva información claramente presentada, como el convincente poder del entu- siasta autor detrás de sus afirmaciones. (M. Münsterberg, 1922, p. 333) Desafortunadamente, Münsterberg no tuvo tanto éxito mejorando las impresiones que los estadounidenses tenían de Alemania. En 1905 fue asignado por Harvard para trabajar como profesor de intercambio en la Universidad de Berlín, para establecer un nuevo instituto estadounidense ahí. El instituto estaba dedicado a facilitar intercambios de académicos y científicos y a establecer una colección de periódicos, revistas y publica- ciones que reflejaban la vida en Estados Unidos. Cuando Münsterberg regresó a Estados Unidos en 1912, procuró constantemente contener la creciente marea de sentimientos contra Alemania. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 sus actividades se volvieron cada vez menos populares, aunque persistió en escribir artículos y libros que presentaban la posición alemana, la naturaleza pacífica de las personas alemanas y 174 Capítulo 5 argumentaba el "juego limpio". Después del hundimiento del Lusitania por un submari- no alemán en mayo de 1915, en el que se perdieron 1 200 vidas incluyendo a 124 estado- unidenses, recibió grandes volúmenes de correspondencia de odio y le fueron enviadas cartas dirigidas al doctor Monsterberg de Harvard; se le acusó de ser un espía alemán y fue censurado, condenado y confinado incluso por algunos de sus colegas de Harvard. Un hombre inglés ofreció 10 millones de dólares a la universidad si la administración despedía a Münsterberg inmediatamente. Harvard permaneció firme. El astuto Münsterberg ofreció renunciar si el hombre le daba 5 millones a la universidad y 5 millo- nes a él. El hombre se negó. Aunque este episodio tiene un toque de humor, ésos fueron años terribles para Münsterberg. Todas las cosas alemanas llegaron a ser reprobadas por muchos estadounidenses. La música de Wagner y Beethoven fue prohibida, los negocios alemanes-estadounidenses fueron atacados, e incluso los perros dachshund fueron con- denados como antipatrióticos. La pronunciación del pueblo Berlín de Connecticut fue cambiada para hacerla sonar menos alemana (A. D. Kornfeld, comunicación personal, 1994). Tal vez fue mejor que no viviera para ver la entrada de Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial en 1917. Los periódicos de la mañana del 16 de diciembre de 1916 traían noticias de ofertas de paz y Münsterberg dijo a su esposa, "Para primavera debe- mos tener paz". Salió a dar su conferencia de la mañana en Radcliffe, caminó a la univer- sidad bajo un clima amargamente frío y llegó exhausto, pero insistió en encontrarse con su clase. Entró al salón de conferencias, comenzó a hablar y murió a la mitad de una frase de una hemorragia cerebral masiva. Dio su primera y su última conferencia estadouni- dense en Radcliffe. TITCHENER Y MÜNSTERBERG EN RETROSPECTIVA Tanto Titchener como Münsterberg ganaron sus grados doctorales con Wundt en la Uni- versidad de Leipzig y poco después emigraron a Estados Unidos. Como hemos visto, ahí termina la similitud. Sus definiciones de psicología, sus aproximaciones y sus carre- ras, difícilmente podrían haber sido más diferentes. Titchener definió la psicología como la ciencia de la mente y declaró que su tarea debía ser la búsqueda de los elementos básicos o la estructura de la mente humana. La introspección bajo condiciones experi- mentales rígidamente controladas sería el método más importante, de hecho el que defi- niría la psicología. En contraste, Münsterberg siempre se negó a definir su psicología porque ninguna definición podría ser suficientemente inclusiva. Su objetivo era estudiar los trabajos o las funciones de la mente: cómo aprendemos, recordamos, percibimos y juzgamos. Mientras que los experimentos de laboratorio eran algunas veces de valor, Münsterberg favorecía el trabajo afuera del laboratorio y las aplicaciones del conoci- miento psicológico en una variedad de escenarios: la clínica psicológica, los negocios y la industria, y las cortes de la ley. Titchener se oponía de manera inflexible a tales aplica- ciones, considerándolas tecnologías que no eran parte de la verdadera ciencia de la psi- cología. La psicología contemporánea muestra la influencia de Münsterberg pero poco la de Titchener. Hoy en día no hay psicólogos estructuralistas titchenerianos; de hecho, no ha habido ninguno durante muchos años. En contraste, muchos de los intereses de Münsterberg todavía son seguidos por los psicólogos contemporáneos. Sin embargo, los textos de historia de la psicología con frecuencia enfatizan el papel de Titchener y no el Edward Titchener y Hugo Münsterberg 175 de Münsterberg. Boring (1957) en su clásica historia de la psicología dedicó diez veces más espacio a Titchener que a Münsterberg; el índice del texto de Watson Los grandes psicólogos desde Aristóteles hasta Frend (1978) cita 23 veces a Titchener y sólo seis a Münsterberg; Marx e Hillix en su libro Sistemas y teorías de psicología (1979) dedicaron muchas páginas a Titchener y ninguna a Münsterberg. Tales presentaciones muestran que Titchener continúa influyendo la forma en que la historia de la psicología está escri- ta, pero existe una mala representación de la importancia relativa de los dos hombres. CAPÍTULO SEIS Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX través de Edward Titchener y, un poco menos, de Hugo Münsterberg, muchos A psicólogos estadounidenses trazan su herencia hacia Wundt. Como hemos visto, con frecuencia se da a Wundt el crédito por la fundación de la psicología y por el estable- cimiento de sus métodos. Pero el laboratorio de Wundt en Leipzig no se mantuvo sin sus rivales alemanes y Wundt sin las críticas alemanas. Estos enfoques que competían con la "nueva psicología" del siglo XIX eran también experimentales, pero diferían de la aproxi- mación de Wundt en los temas en los que hacían énfasis. A diferencia de Wundt, muchos de estos otros fisiólogos y psicólogos alemanes, como Ernst Weber, Gustav Fechner, Cari Stumpf, Oswald Külpe y Hermann Ebbinghaus, restringían su trabajo al estudio de un área específica: la psicofísica, la sensación y la percepción, la solución de problemas o la memoria. Otros, como Franz Brentano, no fueron tan ampliamente conocidos porque no publicaron con tanta frecuencia como lo hizo Wundt. Pero en todos estos casos, tal vez de manera especial en los de Stumpf y Külpe, su influencia potencial se difuminó por la Primera Guerra Mundial, el surgimiento de enfoques estadounidenses a la psicología en las décadas de 1920 y 1930, y la situación política antes de la Segunda Guerra Mundial. Sin estudiantes leales, dogmáticos como Titchener para implantar sus aproximaciones en Estados Unidos y mantenerlas vivas, mucho del trabajo de estos hombres se ha olvi- dado. Hoy en día, con el surgimiento de las psicologías cognitivas, la importancia de sus contribuciones está ganando reconocimiento (Knapp, 1986a). PSICOLOGÍA EXPERIMENTAL ANTES DE WUNDT Como vimos en el capítulo 2, el uso más temprano del término psicología en un título en inglés se dio en el texto de John Broughton Psicología: o un relato sobre la naturaleza del alma racional, publicado en Londres en 1703 (Van de Kemp, 1983). Más tarde en ese siglo, en 1756, Johann Gottlob Krüger, un profesor alemán de filosofía y matemáticas con antece- dentes en medicina, ciencia natural y matemáticas, publicó un libro titulado Intento para una psicología experimental. De acuerdo con Alexander Mintz (1954), quien descubrió el libro de Krüger, el trabajo contenía una descripción explícita acerca de la psicología ex- perimental más de 100 años antes de Wundt. La psicología de Krüger intentaba ser em- Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 179 pírica en lugar de física, con énfasis en las observaciones de la conciencia mediante la introspección y en las observaciones de las acciones externas utilizando los sentidos. La psicología de Krüger era también asociacionista y hedonista; estaba influida claramente por los escritos de los primeros filósofos empiristas británicos analizados en el capítulo 2. A lo largo del libro Krüger consideraba qué propósito de cada una de las diferentes capacidades psicológicas podía servir en el funcionamiento normal diario de un ser hu- mano. Krüger concluyó, por ejemplo, que la función de la memoria es retener y mante- ner el conocimiento para su uso futuro. Los 14 capítulos del libro de Krüger incluyen, además de la memoria, temas como la sensación, la cognición, la fantasía, el caminar, el dormir, el soñar, la emoción y la mente de los animales. Mintz (1954) señaló que mucho del material no es lo que uno espera encontrar en una psicología temprana como esa. Por ejemplo, el capítulo sobre sensación incluye un análisis de la experiencia visual de una persona ciega cuyas cataratas fueron removidas mediante una operación —el asunto dirigido por Locke en respuesta a la pregunta de Molyneux (capítulo 2)— así como un gran número de reportes de miembros fantasma en amputados y de descripciones de fenómenos de contrastes visuales e inhi- bición mutua de sensaciones. Estos interesantes e importantes temas serían estudiados por generaciones de psicólogos sensoriales. Krüger también reflejó las suposiciones que predominaban en su tiempo. Creía que quienes aprendían con rapidez olvidaban más pronto que los que aprendían lento y que las experiencias de una mujer embarazada marcaban a su niño aún no nacido. PSICOFÍSICA Gustavo Fechner (1801-1887) La psicofísica, una rama de la ciencia que investiga la relación entre los mundos físico y psicológico, comenzó antes de la época del trabajo de Wundt. Gustavo Fechner era 30 años mayor que Wundt. Wundt estableció su laboratorio en 1879, cerca de 20 años des- pués de que Fechner publicara el libro por el que es recordado su Elemente der Psychophysík (Elementos de psicofísica) (1860/1912). Al igual que Wundt, Fechner era hijo de un pastor, un hombre de pensamiento y acción independientes que una vez sacudió a su congregación al colocar una barra con iluminación en su iglesia. "Seguramente" se le dijo, "el Señor protegerá lo suyo" "Tal vez", dijo el pastor Fechner, "pero las leyes de la física deben ser también respetadas" (Boring, 1957, p. 276). Después de recibir educación en un Gymnasium, Fechner estudió medicina en la Universidad de Leipzig, donde permaneció por el resto de su vida, unos 70 años. Obtuvo el grado de médico en 1822, pero después sus intereses se volcaron hacia la física y las matemáticas. Para 1830 había publicado más de 40 trabajos, incluyen- do un importante escrito sobre la medición de la corriente eléctrica directa. Durante la siguiente década Fechner se volvió más a los temas psicológicos y publicó trabajos sobre la visión del color y las posimágenes positivas, o las sensaciones visuales que continúan cuando los estímulos que las producen ya no están presentes, como la imagen de un foco que permanece por un'breve periodo después de que la electricidad ha sido suspendida. Para estos experimentos Fechner necesitaba un estímulo brillante y, por tanto, comenzó 180 Capítulo 6 con el sol. Se lastimó los ojos y llegó a estar tan enfermo y deprimido que en 1839 tuvo que renunciar a su empleo como profesor de física. Durante tres años Fechner sufrió una crisis física y psicológica, de la que se recuperó en forma repentina. Siempre consideró su descubrimiento como el milagroso punto que cambió su vida. Estuvo profundamente comprometido con el pietismo, un movimiento prominente al interior de la iglesia luterana alemana de su época, que enfatizaba la pie- dad personal por encima de la ortodoxia religiosa. Fechner renunció a lo que él veía como el materialismo, tanto de su vida anterior como de mucha de la ciencia contempo- ránea. En lugar de continuar realizando investigación científica, se volvió hacia la poesía y la metafísica. Cuando se planteó la perpetua pregunta metafísica acerca de la naturale- za de la mente y la materia, concluyó que podían estar relacionadas; pero ¿cómo podía describirse esa relación? La respuesta vino a él "antes de salir de la cama" la mañana del 22 de octubre de 1850 (Boring, 1961, p. 4). Describiría la relación entre la mente y el cuerpo, entre lo material y lo mental, mediante la cuantificación de las relaciones entre los mundos físico y psicológico. Tales descripciones se basaron en el trabajo de su colega de Leipzig, Ernst Weber (1795-1878). En 1834 Weber había publicado en latín un gran tratado, De tactu, que describe sus experimentos sobre el tacto. Primero midió la cantidad mínima de estimulación táctil necesaria para una sensación de tacto. Los estímulos muy débiles no se sentían; los in- tensos casi siempre se percibían. Entre estas dos intensidades había un limen o umbral, en el cual los estímulos táctiles se perciben primero: el umbral absoluto. También inves- tigó la habilidad de la gente para discriminar entre dos pesos cuando éstos descansaban Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 181 sobre la mano (sólo tacto) o eran levantados (tacto y esfuerzo muscular). Se reportaron diferencias más pequeñas en el último caso, como resultado, Weber concluyó que las sensaciones provienen de los músculos. Notó que dos estímulos táctiles no siempre se perciben como diferentes. Cuando están muy juntos con frecuencia se reportan como un punto de estimulación; cuando es- tán muy separados, como dos. Entre estos dos extremos de percepción existe un um- bral en el que una sensación táctil se convierte en dos o dos se convierten en una: el umbral de discriminación de dos puntos. Encontró que este umbral variaba en diferen- tes partes del cuerpo. En las yemas de los dedos era de .22 centímetros; en la espalda, 4.06 centímetros. Tales hallazgos indicaban que no existe una simple relación uno-a-uno entre las características físicas de los estímulos y las sensaciones que producen. Los resultados de Weber mostraron que un cambio físico no siempre hace una dife- rencia psicológica, pero esta idea no fue original de Weber. En 1738 Daniel Bernoulli (1700-1782) había señalado que a un hombre pobre un franco le produce más ganancia que 10 francos a un hombre rico. Las ganancias psicológicas (fortuna moral) están rela- cionadas con la posición económica (fortuna psíquica) —en Economía, la ley de la disminu- ción de la utilidad marginal-. De manera similar, encender una vela en una habitación muy oscura causa una notable diferencia; una sola vela en una habitación muy iluminada no se notará en absoluto. Weber aplicó el concepto de Bernoulli de la relatividad de los juicios perceptuales de peso. Primero hizo que sus sujetos levantaran un peso base. Lue- go levantaban un segundo peso de comparación y hacían un juicio acerca de cuál era más pesado. Se reportaron grandes diferencias de manera consistente, pero con frecuen- cia las diferencias pequeñas no se detectaban. Weber se preguntaba qué tan grande tenía que ser la diferencia entre dos pesos antes de que fuera detectada con seguridad. Ponien- do la pregunta en otra forma, ¿cuál era la diferencia apenas perceptible (d.a.p.) entre dos pesos? Weber encontró que la d.a.p. no era fija, sino que variaba según los pesos especí- ficos que estaban siendo considerados. Si la base era de 30 gramos, el peso de compara- ción tendría que ser al menos de 33 gramos para que fuera juzgado como diferente; si la base era de 90 gramos, el peso de comparación tenía que ser de al menos 99 gramos. La diferencia física requerida para la misma diferencia psicológica variaba con diferentes pesos. Weber condujo experimentos similares con líneas de diferentes longitudes, luces de diferentes intensidades, estímulos térmicos, tonos, olores y sabores. Para cada uno de estos sentidos encontró una razón constante o fracción descrita por la fórmula 182 Capítulo 6 diferentes de estímulos y sus intensidades juzgadas y describió sus resultados en Elemente der Psychophysik. Encontró lo mismo que Weber, que conforme aumenta la magnitud del estímulo, se necesita un mayor incremento en la intensidad para producir una diferencia perceptible. A través de una serie de pasos matemáticos Fechner transformó la razón de Weber en la fórmula S = k log R donde S es la sensación, k es una constante y log R es el logaritmo de la intensidad física de los estímulos. La gráfica de esta función no lineal (página 183) muestra una compleja relación entre los mundos físico y psicológico. Al considerar la diferencia entre la rela- ción lineal indicada por la línea continua y la relación real mostrada por la discontinua, surge la pregunta: ¿de dónde proviene la curvilinealidad o la inclinación? La respuesta de Fechner fue que proviene de la mente. Es la actividad mental la que "inclina" la fun- ción y, así, la inclinación es una medida de la actividad mental. Un proceso psicológico fue medido, con los resultados que expresa una ecuación matemática. El éxito de Fechner contradijo la afirmación de Auguste Comte (1798-1857), de que la mente humana puede medir todo excepto su propia actividad. La psicofísica en perspectiva Para la mayor parte de los psicólogos del siglo XIX, incluyendo a Wundt, los experimen- tos de Weber y Fechner eran un modelo de investigación cuidadosa, esmerada. Estaban convencidos de que tal investigación era necesaria para el desarrollo de la nueva ciencia de la psicología. Sin embargo, Weber y Fechner tuvieron críticos que sostenían que las sensaciones no son medibles, que la d.a.p. no era una unidad propia de medición, y que la ley de Weber y la transformación logarítmica de Fechner no eran válidas. Para el psi- cólogo estadounidense William James (capítulo 9) "el libro de Fechner es el punto de partida para un nuevo departamento en la literatura, con el que sería imposible competir por sus cualidades de minuciosidad y agudeza, pero en el cual, en la humilde opinión del presente escritor, el resultado propiamente psicológico no es nada" (James, 1980, Vol. 1, p. 534). Unas pocas páginas después James concluyó: Pero sería terrible si incluso un hombre mayor tan querido como éste [Fechner] pudiera cargar para siempre con la responsabilidad de nuestra ciencia con sus pacientes extrava- gancias y, en un mundo tan lleno de objetos de atención más nutritivos, obligar a todos los futuros estudiantes a abrirse camino entre las dificultades, no sólo de sus propios trabajos, sino de los todavía más áridos escritos en cuestión. Aquellos que deseen esta espantosa literatura pueden encontrarla; tiene un valor disciplinario... (James, Vol. 1, p. 549) A lo largo de su carrera Fechner permaneció confiado de su aproximación a la psico- logía; en 1877 dirigió estas desafiantes palabras finales (Nachwort) a sus muchos críticos: "La Torre de Babel nunca fue terminada porque los trabajadores no pudieron alcanzar una comprensión de cómo debían construirla; mi edificación psicológica permanecerá de pie porque los trabajadores nunca estarán de acuerdo en cómo derribarla" (Traduc- ción del autor, Fechner, 1877, p. 215). Los psicólogos contemporáneos todavía utilizan técnicas psicofísicas para estudiar la sensación y la percepción. Desde los tiempos de Fechner, las pruebas fragmentadas (sin Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 183 un estímulo presente) forman parte de una serie de presentaciones de estímulos para mantener al sujeto alerta y atento. Hoy en día los procedimientos de detección de seña- les utilizan las pruebas fragmentadas para medir la tendencia de sensitividad y la res- puesta, esto es, la habilidad del sujeto para percibir la señal y la certeza de que fue detectada (Hochberg, 1979). Los métodos psicofísicos también se han utilizado para res- ponder preguntas de juicio más complejas: ¿Cómo perciben diferentes culturas el "um- bral absoluto" para la conducta criminal? ¿Cuándo las acciones humanas se consideran criminales? ¿Cómo difieren en postura las diferentes profesiones y carreras? ¿Cuáles son las intensidades relativas de diferentes actos hostiles en conflictos internacionales y los actos amigables en la cooperación internacional? (Stevens, 1966) Un método de estima- ción de belleza escénica se ha usado para medir la cualidad que se percibe de los ambien- tes naturales (Daniel, 1990; Daniel y Boster, 1976b). La Sociedad Internacional para la Psicofísica fue fundada en 1985 en Casis, Francia. Sus reuniones se realizan anualmente. El 22 de octubre de cada año los psicofísicos celebran el aniversario del insight mañanero de Fechner (L. E. Krueger, comunicación personal, 1993). El número de celebrantes no es grande, pero su entusiasmo por Fechner y sus métodos sí lo es. Una de las especulaciones más sorprendentes de Fechner concerniente a la concien- cia ha encontrado apoyo contemporáneo. Fechner sabía que el cerebro es simétrico de manera bilateral, esto es, que tiene dos mitades que son virtualmente imágenes de espe- jo una de la otra (capítulo 3). También sabía que existe una profunda división entre las dos mitades, las cuales están vinculadas por una banda de fibras que las conecta, el cuerpo calloso. Especuló acerca de que si el cuerpo calloso se cortara transversalmente, o "separara", resultarían dos corrientes de conciencia separadas. La mente se convertiría en dos. Fechner creía que su especulación nunca podría probarse. En eso estaba equivo- cado, pero no fue hasta mediados del siglo XX, cuando Roger Sperry (1913-1994) estudió el aprendizaje discriminativo en gatos con cerebros separados y, más tarde, cuando Sperry y Michael Gazzaniga trabajaron con pacientes epilépticos con un cuerpo calloso seccio- nado, que se mostró que la especulación de Fechner era correcta (Gazzaniga, 1970). El trabajo de Weber y Fechner fue fundamental en el avance del estudio de la sensa- ción y la percepción. Otros psicólogos alemanes compartieron el interés en estos temas, 184 Capítulo 6 pero ellos buscaron extender el rigor experimental de la psicofísica al estudio de proce- sos mentales más elevados como aprendizaje, memoria, ideación, imaginación y juicio. Estos psicólogos desafiaron afirmaciones como las del filósofo alemán Johann Friedrich Herbart (1776-1841) en cuanto a que los métodos experimentales no podían aplicarse a problemas psicológicos. Hermann Ebbinghaus fue uno de los psicólogos alemanes in- fluido con mayor fuerza por la aproximación de Fechner. Ebbinghaus establecería los fundamentos para la investigación psicológica contemporánea sobre la memoria y haría una de las contribuciones más duraderas a la psicología. HERMANN EBBINGHAUS (1850-1909) Hermann Ebbinghaus nació el 24 de enero de 1850, fue hijo de un comerciante del pueblo de Barmen cerca de Bonn en el Rhin prusiano. Recibió una educación clásica preparatoria para los estudios universitarios en el Gymnasium. Entró a la Universidad de Bonn a la edad de 17 años y también estudió en Berlín y Halle, dos universidades cuyas facultades uniría más tarde. La guerra franco-prusiana interrumpió sus estudios y Ebbinghaus sirvió al ejército prusiano de 1870 a 1871. Después de su servicio pasó los años viajando por Ingla- terra y Francia, asistiendo a clases en la universidad y a seminarios, y trabajando por pe- riodos cortos como maestro y tutor privado. Mientras pasaba por una bouqiúnerie (puesto de libros usados) parisina, encontró una copia del texto de Fechner Elemente der Psychophysik. Ebbinghaus quedó cautivado por la descripción de Fechner acerca de la psicofísica y llegó a encenderse con la convicción de que la psicología, al igual que la psi- cofísica, podría convertirse en una ciencia natural y que procedimientos similares a los de Fechner, los psicofísicos, podrían desarrollarse y aplicarse a procesos mentales más altos. En algún momento alrededor de 1877 se dispuso a desarrollar tales procedimientos para estudiar un proceso mental superior, la memoria. Muchos años más tarde, dedicó la pu- blicación de su trabajo psicológico más importante, Grundzüge der Psychologie (Fundamen- tos de psicología)(1902), a Fechner: "Ich hab'es nur von Euch" (Todo se lo debo a usted). La temprana carrera académica de Ebbinghaus En 1880 Ebbinghaus fue nombrado privatdozent en la Universidad de Berlín y ahí conti- nuó su investigación sobre la memoria. Aunque antes de él existieron algunas especula- ciones y reflexiones acerca de la memoria, sus trabajos fueron las primeras investigaciones experimentales sistemáticas (Herrmann y Chaffin, 1988). Su investigación fue muy ori- ginal. No tuvo un maestro del cual pudiera aprender y cuyos materiales, técnicas y pro- cedimientos pudiera utilizar. Fechner, quien había inspirado los estudios, era un hombre viejo de cerca de 80 años y vivía en un tranquilo retiro en Leipzig; fue descrito por el visitante estadounidense G. Stanley Hall (capítulo 9) como: Una curiosidad. Sus párpados están franjeados de manera extraña y tiene un gran número de hoyos cuadrados y redondos, cortadas, el Cielo sabe por qué, en el iris de cada ojo: es en conjunto un bulto de rarezas en su persona y sus modales. Se ha olvidado de todos los detalles de su Psychophysik; está interesado principalmente en teorizar acerca de cómo se pueden atar nudos en cuerdas infinitas y cómo las palabras pueden escribirse en el lado interior de dos pizarras cerradas una sobre la otra. (Hall, en Benjamín, 1988, p. 175) Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 185 Ebbinghaus no era miembro del departamento de psicología y no tenía investigación de laboratorio o colegas con intereses y programas de investigación similares. Además no tenía acceso a muchos recursos, en cuanto a sujetos, para sus experimentos y por tanto llevó a cabo la mayor parte de ellos en él mismo. A pesar de estas limitaciones, realizó algunas de las investigaciones más notables en la historia de la psicología (Roediger, 1985). Como investigador meticuloso, siguió un riguroso conjunto de reglas experimen ta- les. Su primera serie de experimentos la completó a finales de 1880, pero era tal su cuida- do que pasó los siguientes tres años replicándolos y extendiéndolos antes de describir los resultados en la monografía Über das Gedachtnis (memoria), publicada en Leipzig en 1885. Este trabajo fue bien recibido y el valor y originalidad de sus contribuciones fueron ampliamente reconocidos. Al darse cuenta tempranamente de que la familiaridad tiene un efecto poderoso so- bre el aprendizaje y la memoria, Ebbinghaus se dispuso a diseñar materiales no familia- res para sus experimentos de memoria. El resultado fueron sus famosas sílabas sin sentido. El término sílabas sin sentido se ha utilizado de manera universal para describir el mate- rial que Ebbinghaus utilizaba, pero es un nombre hasta cierto punto inapropiado. Cons- truyó sus sílabas mediante la permutación de 19 consonantes, 11 vocales y 11 consonantes* en ese orden consonante-vocal-consonante (Gundlach, 1986). La permutación produjo 19 x 11 x 11 = 2 299 sílabas diferentes. Algunos autores dicen que Ebbinghaus eliminó las sílabas que juzgó que tenían significado. Sin embargo, Gundlach afirma que Ebbinghaus utilizó todas y cada una de las sílabas. Gundlach señala que hubiera sido difícil para Ebbinghaus eliminar sílabas porque, al hablar con fluidez alemán, inglés y francés, y al haber estudiado latín y griego, muchas de ellas habrían tenido significado para él (Gundlach, 1986, p. 469). Crear las sílabas sin sentido fue un acto creativo; nadie lo había hecho antes de Ebbinghaus, pero desde entonces se utilizan de manera extensa en la investigación sobre memoria. ¿Cómo llegó a inventar las sílabas sin sentido? En 1871 Lewis Carroll** publicó Alicia a través del espejo, con la aclamación popular. El primero y el último versos del poema "El Fablistanón" se leen como sigue: Borgotaba. Los viscoleantes toves, rijando en la solea, tadralaban... Misébiles estaban los borgoves y algo momios los verdos bratchillaban. —(CARROLL, 1871; edición miniatura, 1940, p. 22) *E1 número de consonantes en las terminaciones de las sílabas era menor, debido a una particularidad lingüís- tica del alemán y de otros idiomas de Europa central. **Lewis Carroll era el pseudónimo del reverendo Charles Lutwidge Dodgson (1832-1898), tutor de matemáti- cas en la Universidad Christ Church, de Oxford. De acuerdo con un reporte, la reina Victoria estaba tan encan- tada con Alicia, que encargó todos los textos del mismo autor. La reina no debió divertirse al recibir Las fórmulas de la trigonometría completa. Un tratado elemental sobre determinantes, y Lógica simbólica de Dodgson (Collins, 1932). Un editor contemporáneo describe Lógica simbólica como "uno de los libros de texto de lógica más brillante- mente excéntricos nunca escritos" (Bartley, 1977, p. 3) N. del T. La cita que aparece en el texto corresponde a la versión inglesa del Fablistanón o Jabberwocky. La obra de la que se tomó la versión al castellano para efectos de esta traducción es el tomo 59 de la Colección de Aventura y Misterio, Editorial Altaya. 186 Capítulo 6 Shakow (1930) especuló que Ebbinghaus tuvo la idea de las sílabas sin sentido en Londres en 1876, mientras leía el famoso cuento de niños con la parodia sin sentido de Carroll sobre el idioma inglés. Cualquiera que sea su origen, las sílabas sin sentido, con su homogeneidad y falta de familiaridad, resultaron ideales para los experimentos de Ebbinghaus. Los experimentos de Ebbinghaus Ebbinghaus utilizó las sílabas sin sentido para investigar diversas cuestiones. Examinó la relación entre la cantidad de material a memorizar y el tiempo y el esfuerzo que se requieren para aprenderlo con un criterio de "completo dominio". Para realizar esto leía en voz alta listas de sílabas sin sentido y luego las repetía, todo a tiempo con un metró- nomo. Registraba el número de repeticiones necesarias antes de que pudiera, perfecta- mente y sin vacilación, repetir las listas con diferentes números de sílabas. Aunque listas más largas requerían más repeticiones antes de ser dominadas, la rela- ción no es simple. Ebbinghaus también evaluó los efectos de diferentes cantidades de aprendizaje sobre la memoria. Utilizó diferentes listas, todas de 16 sílabas sin sentido, y variaba el número de repeticiones de cada una. Todas las listas eran reaprendidas 24 horas después. Los tiempos necesarios para reaprender la lista se registraron y se muestran en el siguiente cuadro. Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 187 La relación es clara: conforme se incrementa el número de repeticiones originales, el tiempo necesario para reaprender la lista 24 horas después decrece. Dada esa fuerte rela- ción negativa, uno puede preguntarse por qué Ebbínghaus no lo intentó de nuevo utili- zando números de repeticiones aún mayores. Ebbinghaus explicó escuetamente "No he investigado esta cuestión mediante el posterior incremento del número de repeticiones de las series de 16 sílabas no familiares porque, como ya se ha notado, con cualquier gran extensión de las pruebas la creciente fatiga y un cierto sopor causaban complicaciones" (Ebbinghaus, 1885/1913, p. 59). La realización de algunos experimentos no fue posible incluso para el dedicado Ebbinghaus. No obstante, este experimento sugiere la impor- tancia del sobreaprendizaje. Dado que el conjunto de resultados anteriores mostró que una lista de 16 sílabas sin sentido requería unas 30 repeticiones para ser dominada, es claro que en el segundo experimento un gran número de listas fue sobreaprendido, y son esas listas las que tuvieron puntajes altos de almacenaje. En su experimento mejor conocido, Ebbinghaus investigó su tercer tema de interés más importante: los efectos del paso del tiempo en la memoria. Aprendía ocho listas de trece sílabas sin sentido hasta que podía reproducirlas dos veces de manera perfecta. Después de variar las cantidades de tiempo, las listas eran reaprendidas y el número de repeticiones requerido para su reaprendizaje se utilizó para calcular la "puntuación de almacenaje" de acuerdo con la siguiente fórmula: De esta manera, se calcula que un número menor de repeticiones de reaprendizaje se relaciona con una mayor puntuación de almacenaje. Dichos resultados se muestran en el cuadro de la página 188. Una gráfica de esos resultados, con el tiempo transcurrido desde que el aprendizaje se llevó a cabo en la abscisa y los porcentajes de almacenaje en la ordenada, muestra el curso que sigue el olvido a través del tiempo. La curva que resulta es un clásico en psico- logía, aparece en muchos libros de texto contemporáneos. Su aspecto más asombroso es la gran pendiente inicial en retención, sobre todo si se considera el estricto criterio de aprendizaje que utilizó Ebbinghaus. Arriba de 50 por ciento del material aprendido se perdía después de sólo 60 minutos y 66 por ciento después de 24 horas. Aunque a menu- do se identifica esa curva como la curva del olvido de Ebbinghaus, éste no gráfico los resultados de esa forma. En lugar de eso, creó un modelo matemático del olvido a partir de la escritura de una ecuación logarítmica para la función y derivación de sus parámetros mediante el método de cuadrados mínimos* (Roediger, 1985, p. 521). Esas técnicas esta- dísticas sofisticadas eran típicas de Ebbinghaus. Él introdujo los conceptos de media y variabilidad y desarrolló una forma de comparar el desempeño en diferentes condicio- nes observando si la diferencia entre las medias excedía lo que se esperaba con base en el error probable. *Nota del R.T. La relación logarítmica de Ebbinghaus se conoce como ecuación empírica, porque se basa en un conjunto real de datos experimentales a los que se adapta una ecuación por el método de cuadrados mínimos, es decir, los parámetros empleados carecen de valor racional, son "puramente empíricos". 188 Capítulo 6 Ebbinghaus también investigó los efectos relativos sobre la memoria del aprendizaje espaciado contra el concentrado, de una parte contra el todo, y activo contra pasivo. Encontró que en general, el aprendizaje activo y espaciado de material como un todo es más efectivo. También encontró que el material significativo, como la poesía o la prosa, es mucho más fácil de aprender y recordar que el material sin significado. Aprender seis estrofas del Don Juan de Byron le llevó sólo ocho repeticiones; una lista de sílabas sin sentido de la misma longitud le tomó de 70 a 80 repeticiones. Además, análisis internos de sus resultados indicaron que retenía mejor las listas aprendidas antes de ir a dormir que las listas aprendidas en otros momentos del día. Este hallazgo —que el sueño vuelve lento el olvido en relación con la actividad cuando se está despierto— sería confirmado unos 40 años más tarde por Jenkins y Dallenbach (1924) en lo que ha llegado a ser un trabajo clásico. El texto de Ebbinghaus Über das Gedachtnis recibió un amplio reconocimiento como una contribución altamente significativa al desarrollo científico de la psicología. Por pri- mera vez se había estudiado experimentalmente una función mental superior. El emi- nente psicólogo estadounidense, William James (capítulo 9) veía a Ebbinghaus como uno de los "mejores hombres" alemanes, opinión que compartían muchos de sus colegas estadounidenses. De manera predecible, la reacción de Titchener fue inicialmente menos favorable. En 1910 afirmó que "la introducción de las sílabas sin sentido [...] le hizo a la psicología un cierto perjuicio. Ha tendido a poner el énfasis sobre el organismo en lugar de colocarlo sobre la mente" (Titchener, 1910, p. 414). Sin embargo, ésta fue una de las raras ocasiones en que Titchener cambió de opinión. En 1928 escribió, "No es mucho decir que el recurso de las sílabas sin sentido, como un medio para estudiar la asocia- ción, marca el avance más considerable en este capítulo de la psicología, desde el tiempo de Aristóteles" (Titchener, 1928, p. 125). En una revisión retrospectiva con motivo del centenario de la publicación de Über das Gedachtnis, Henry Roediger describió el libro como el registro de "uno de los más notables logros de la investigación en la historia de la psicología" (Roediger, 1985, p. 519). En su revisión Roediger utilizó palabras como "notable" "asombroso" e "increíble" para referirse a Ebbinghaus y su investigación acerca de la memoria. El centenario de la publicación de Ebbinghaus de "Sobre la memoria" se conmemoró con conferencias sobre memoria dictadas en la Universidad Passau en el oeste de Alemania y en la Universidad Adelphi en Estados Unidos (Gorfein y Hoffman, 1987); la realización del simposio "¿Dónde está la investigación sobre la memoria 100 Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 189 años después de Ebbinghaus?" dentro del encuentro de 1985 de la Psychonomic Society llevado a cabo en Boston; y la edición de un número especial de la Journal of Experimental Psychology: Learning, Memory and Cognition (julio 1985) dedicado a Ebbinghaus. Un año después de la publicación de su monografía, Ebbinghaus fue nombrado professor extraordinarias en la Universidad de Berlín. Se aproximaba a la cima de la vida académica alemana, pero de manera paradójica, aunque en su libro había prometido realizar otras investigaciones sobre memoria, eligió no continuar con ese trabajo. Tal vez, como Roediger (1985) sugiere, a Ebbinghaus lo distrajeron por deberes administrativos, edición de revistas y la escritura de libros. Una razón adicional puede haber sido que la Universidad de Berlín era el hogar de Hermann von Helmholtz, la máxima autoridad en el mundo de la fisiología sensorial (capítulo 3). Siguiendo el ejemplo de Helmholtz, Ebbinghaus se interesó en fisiología sensorial, sensación y percepción. En 1890 él y Arthur Konig establecieron la Zeitschrift für Psychologie und Physiologie der Sinnesorgane (Revista de psicología y fisiología de los órganos de los sentidos). Ebbinghaus editó la revista y desde todas las posiciones mostró una mente justa y tolerante hacia puntos de vista diferentes de los suyos. En 1893 publicó una teoría sobre la visión a color, pero sus con- tribuciones a la fisiología sensorial fueron juzgadas como de poca calidad y no se le tomó en cuenta para promoverlo a una cátedra en Berlín. Se cambió a la Universidad de Breslau en 1894 y permaneció ahí hasta 1905, cuando partió hacia la Universidad de Halle. Ebbinghaus aborda un problema aplicado En julio de 1895, las autoridades municipales de Breslau escribieron una carta a la sec- ción de higiene de la Sociedad Silesiana para la Cultura Nacional pidiendo una justifi- cación a la forma en la que funcionaba la escuela alemana. Los niños iban a la escuela en una jornada ininterrumpida desde las 8:00 de la mañana hasta la 1:00 de la tarde. Su fatiga e irritabilidad nerviosa parecían incrementarse conforme transcurría el día y, por tanto, las autoridades se preguntaban si un horario diferente podría ser mejor, tal vez sesiones matutinas y vespertinas con un descanso a medio día. La sociedad nombró un comité para investigar esta cuestión e hizo recomendaciones. El comité vio la necesidad de medir de manera objetiva los cambios en las facultades mentales de los niños durante el día. H. Griesbach, un fisiólogo alemán, propuso que se utilizaran umbrales de discri- minación de dos puntos para medir la fatiga mental. Creía que tal fatiga deteriora la habilidad del niño para distinguir cuando se estimulan dos puntos sobre la piel y propu- so utilizar esta medición psicológica para evaluar los cambios en las facultades mentales de los niños. Griesbach midió umbrales de discriminación de dos puntos cuando los niños entra- ban a la escuela en la mañana y al final de cada hora de clase. Como un procedimiento de control también los examinó en días libres cuando estaban en sus hogares. Griesbach encontró un embotamiento considerable de sensitividad que alcanzaba su máximo cerca de la tercera hora del día escolar y, por tanto, recomendó que el día se dividiera en dos segmentos más cortos. El comité, que estaba conformado en su mayoría por médicos, quedó impresionado con las investigaciones de Griesbach, pero Ebbinghaus, quien no era miembro del comité, emitió un juicio menos favorable. Estuvo de acuerdo en que el examen se había realizado correctamente, pero argumentaba que el procedimiento no era el adecuado para el propósito. Ebbinghaus propuso mediciones exclusivamente psi- 190 Capítulo 6 Memoria en contextos naturales El éxito de los experimentos de Ebbinghaus to de Neisser pero que ciertamente apoya- sobre memoria estableció un paradigma de ban a su propuesta, Harry Bahrick y sus co- experimentación de laboratorio sobre este legas midieron recuerdos establecidos tiem- tema que más tarde dominaría a la psicolo- po atrás (Bahrick, 1983,1984; Bahrick, Bahrick gía durante 90 años. Pero recientemente ha y Wittlinger, 1975). Encontraron que 34 años sido cuestionado. Ulric Neisser (1978, 1982, después de graduarse de la preparatoria, las 1988) afirmó que la investigación psicológica personas eran tan buenas como los recién sobre memoria se ha basado demasiado es- graduados en aparejar los nombres y los ros- trechamente en tareas de laboratorio artificia- tros de sus compañeros de clase. Sin embar- les. Más aún, argumentó que tales tareas go, en una prueba de memoria en la que se carecen de validez ecológica y que no propor- les pedía recordar los nombres de sus com- cionan información relevante de aspectos in- pañeros de clase por sus fotografías, los gra- teresantes o socialmente significativos acerca duados más viejos mostraron una conside- de la memoria. Neisser reprochó a los psicó- rable pérdida en la memoria. Muchos años logos su "retumbante silencio" sobre temas más tarde, las personas podían describir con de gran interés para la gente ordinaria: cómo precisión las señales del pueblo donde ha- recordamos información, argumentos o ma- bían crecido, pero que habían abandonado. terial relevante de un problema o situación en Bahrick también encontró que una gran por- particular; por qué podemos recordar la ciu- ción del contenido semántico del español dad donde vivimos hace 30 años pero no las aprendido en la preparatoria perdura "alma- citas de esta tarde; por qué los estudiantes cenado" por más de 50 años en ausencia de p ueden recordar la alineación del partido ini- ensayos posteriores, mientras que otras por- cial de la Serie Mundial de los Rojos deCinci- ciones se pierden a los tres o cinco años. nati de 1990 pero no el tema de la clase de la En junio de 1973 John Dean, el antiguo semana pasada. El principal objetivo de asesor del presidente Richard M. Nixon, Neisser era motivar a los psicólogos a reali- testificó ante un comité del Senado de los zar investigación más naturalista o válida Estados Unidos sobre su papel en lo que se ecológicamente y tratar de responder pregun- conoció como "Watergate". Frente a una au- tas prácticas, de todos los días, en lugar de diencia televisiva nacional Dean rindió su construir teorías sobre memoria con base en testimonio con una declaración de 245 pági- estudios de laboratorio. nas en la que recordaba los detalles de doce- En una significativa serie de estudios, que nas de reuniones sostenidas en la Casa Blan- en realidad comenzaron antes del manifies- ca durante varios años. La memoria de Dean cológicas de los procesos mentales del decremento de la atención y del incremento de la fatiga en lugar de psicofisiológicas. El comité aceptó las críticas de Ebbinghaus y lo comisionó para aplicar el número de pruebas que considerara satisfactorias. Aceptó el cargo pero rápidamente se interesó más en las cuestiones más generales acerca de la naturaleza de la inteligencia. Ebbinghaus veía la inteligencia como una habilidad general para combinar informa- ción, ver relaciones y asociaciones, y llegar a conclusiones correctas. Esta habilidad, creía, es lo que distingue a la persona eminente en cualquier campo, ya sea un médico que debe hacer un diagnóstico con base en información incompleta o general, o quien en la neblina y el terror de la batalla debe tomar decisiones tácticas a partir de información Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 191 Memoria en contextos naturales (continuación) acerca de quién había estado presente, qué se era preciso. Neisser concluyó, "Dados los nu- había dicho y las circunstancias de esas re- merosos errores en los reportes de las con- uniones parecía notable. El juez John J. Sirica, versaciones, ¿sobre qué dijo la verdad? Yo quien más tarde presidió el juicio de los acu- pienso que él extrajo los temas comunes que sados de Watergate, describió su reacción ante permanecían invariables a través de muchas Dean: "La compostura de Dean en la posición conversaciones y de muchas experiencias, y del testigo fue notable. Durante días después luego incorporó aquellos temas a su testimo- de que leyera su declaración, los miembros nio" (Neisser, 1982, pp. 158-159). Las reco- del comité lo acribillaron con preguntas hos- lecciones de Dean eran memorias activamen- tiles. Pero él se mantuvo fiel a su historia. No te construidas. No eran cintas mentales sino parecía trastornado de ninguna forma. Su el producto de procesos psicológicos comple- tono de voz plano, no emocional lo hicieron jos involucrados en la memoria. creíble" (Sirica, 1979, p. 135). Tan creíble fue Aunque estas innovadoras investigacio- el testimonio de Dean que algunos se refirie- nes son impresionantes, las aproximaciones ron a él como "grabadora humana". ecológicas a la memoria han recibido críti- Resultó irónico que muchas de las reunio- cas. En un trabajo provocador, Banaji y nes de la oficina ovalada hayan sido graba- Crowder (1989) defendieron el valor de las das por una grabadora real. Después de una aproximaciones de laboratorio al estudio de prolongada batalla legal (Sirica, 1979, capí- la memoria y concluyeron que a pesar de su tulo 8), salieron a la luz transcripciones de "brillo superficial", la investigación ecológica las cintas y se hicieron del dominio público. de la memoria estaba en "bancarrota" (Banaji Ulrich Neisser se aprovechó de esta oportu- y Crowder, 1989, p. 1192). Las reacciones fue- nidad para comparar la memoria de Dean ron fuertes y el debate surgió (Bahrick, 1991; acerca de las reuniones con las transcripcio- Banaji y Crowder, 1991; Gruneberg, Morris nes mismas (Neisser, 1981). Encontró que y Sykes, 1991). Ambas aproximaciones segu- para algunas reuniones críticas difícilmente ramente tienen valor, como Neisser mismo una palabra del testimonio de Dean era cier- ha declarado: "Yo creo que es más probable ta. Su explicación, aunque plausible, con fre- que las futuras relaciones entre los estudios cuencia era incorrecta. Para otras reuniones, tradicionales y los ecológicos sean comple- la recolección de Dean de algunos detalles mentarias que antagónicas" (Neisser y era correcta y por momentos su testimonio Winograd, 1988, p. 215). incierta y algunas veces contradictoria. Ebbinghaus empleó los reactivos de las pruebas de analogía y de frases incompletas para explorar este tipo de habilidad de razonamien- to. Para tener éxito en una prueba de analogía, el niño tenía que reconocer una regla para completar la analogía Julio es a mayo lo que sábado es a Las pruebas de frases incompletas implicaban que el niño tenía que completar un pasaje o una frase. Las cosas grandes son más pesadas que las cosas Los siempre son más jóvenes que sus padres. 192 Capítulo 6 Se juzgaba lo apropiado de cada complemento, lo mismo que la velocidad con la que se realizaba. Más tarde, Alfred Binet (capítulo 11) utilizó las pruebas de frases incomple- tas de Ebbinghaus cuando desarrolló su primera prueba de inteligencia. Además de las dos pruebas de razonamiento general, Ebbinghaus usó otras para medir la habilidad de los niños en la realización de operaciones aritméticas básicas. Ebbinghaus aplicó estas pruebas a los niños de las escuelas de Breslau y comparó los puntajes que obtenían con sus calificaciones escolares y sus promedios. Su prueba de frases incompletas discriminó mejor a niños con buen promedio de aquéllos con malas calificaciones. Ebbinghaus creyó que su prueba medía una función combinatoria cen- tral de la inteligencia. Aunque Ebbinghaus realizó progresos en la comprensión y medi- ción de la inteligencia, la cuestión original de cómo se podía arreglar el día escolar, de alguna forma se perdió. Hoy en día muchas de las escuelas alemanas todavía operan en un horario de 8:30 de la mañana a la 1:00 de la tarde. Ebbinghaus en perspectiva Ebbinghaus fue un innovador y un pionero pero, a diferencia de Wundt, no tuvo segui- dores y no estableció una escuela de psicología. Su influencia sobre la psicología deriva de su impresionante investigación experimental de la memoria, de su trabajo pionero en la medición de la inteligencia y de sus escritos. Sus textos Gnindzüge (Fundamentos) y Abriss der Psychologie (Sumario de psicología), publicados en 1902 y 1905, respectiva- mente, fueron utilizados como textos de psicología en muchos países. Cuando uno hojea las ediciones originales de esos libros parecen formidables e intimidantes, pero una me- jor inspección muestra que Ebbinghaus tenía un estilo de prosa claro y preciso. La frase con la que empieza el Abriss (Ebbinghaus 1910, p. 9), "Die Psychologie hat eine lange Vergangeheit doch nur eine kurze Geschichte" (La psicología tiene un largo pasado pero sólo una corta historia), es una descripción que ha fascinado y ha dejado perplejos a muchos psicólogos interesados en la historia de su ciencia. Ebbinghaus murió repentinamente de neumonía en 1909, a la edad de 59 años. En una apreciación escrita después de su muerte, Robert Woodworth (capítulo 10) dijo: "La repentina muerte del doctor Ebbinghaus, profesor de filosofía en Halle, es sentida en todo el mundo como una pérdida grave, pocos psicólogos fueron más internacionales en su reputación y simpatías" (Woodworth, 1909, p. 253). En una ponencia en septiem- bre de 1909 en la Conferencia Clark (descrita en el capítulo 9), Titchener expresó en for- ma conmovedora sus sentimientos: Sin embargo, conforme me aproximo al tema de esta ponencia, lo que más ocupa mi mente es una sensación de pérdida irreparable. Cuando el telegrama trajo la cruda noticia, el pasado febrero, de que Ebbinghaus estaba muerto, justo un mes después de la celebración de su cumpleaños 59, el primer sentimiento que tuve, incluso antes que el dolor personal, fue la duda de lo que haría la psicología experimental sin él. (Titchener, 1910, pp. 404-405) Titchener describió la muerte de Ebbinghaus como una "pérdida dolorosa" y predijo que se comprobaría que sus trabajos habían sido tan importantes como los de Wundt. Ése era el espaldarazo definitivo de parte de Titchener y sus palabras fueron premonitorias. Los experimentos de memoria de Ebbinghaus habían resistido la prueba del tiempo y se habían colocado entre las contribuciones más importantes a la psicología. Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 193 Ebbinghaus no fue el único psicólogo alemán que describió una aproximación empí- rica diferente a la de Wundt. En el mismo año en que Wundt publicó la segunda parte de su texto Fundamentos de psicología fisiológica, Franz Brentano publicó La psicología desde un punto de vista empírico. FRANZ BRENTANO (1838-1917) Nació en 1838 en el pueblo de Marienburg en el Rhin alemán. La suya fue una distingui- da familia literaria; su padre, un escritor que llegó a publicar (Puglisi, 1924), murió cuan- do Brentano tenía trece años y, por tanto, fue educado por su madre, una dama piadosa y culta cuya ambición era que su hijo se ordenara como sacerdote católico. Primero in- gresó a la Universidad de Berlín, donde estudió filosofía, en especial los trabajos de Aristóteles. Estos estudios dejaron una duradera impresión en Brentano y toda su vida miró hacia las enseñanzas de los filósofos al considerar temas psicológicos. En 1856 se transfirió a la Universidad de Munich y ahí fue influido por Johann Joseph Ignaz von Dóllinger (1799-1890). Dóllinger era reconocido como un gran maestro y como un distin- guido historiador y teólogo de la Iglesia católica. Fue tutor de Brentano en sus estudios de santo Tomás de Aquino. Motivado por su madre e inspirado por el ejemplo de Dóllinger, Brentano decidió estudiar para el sacerdocio. Se ordenó como sacerdote do- minico en el verano de 1864. Conflictos ideológicos En 1866 Brentano aceptó el nombramiento de conferencista en la Universidad de Wurzburgo mientras continuaba llevando una vida monástica con sus hermanos domi- nicos. Probó que era un maestro popular; mejor en la presentación oral de sus puntos de vista que mediante libros y artículos. Esperaba seguir la vida contemplativa de un aca- démico católico, pero eso no llegaría a ser. Los dominicos estaban entre las órdenes sacerdotales más tradicionales de la Iglesia católica. Durante la Contrarreforma fueron conocidos como los "perros de Dios" (canes domini) por su celo para rastrear a los herejes. No es sorprendente que apoyaran una propuesta controvertida, hecha en el verano de 1869, en cuanto a que la infalibilidad papal fuera adoptada como un acto de fe por los católicos. Los católicos serían enseñados a creer que el Papa dando discursos ex cathedra (desde la silla pontificia de San Pedro) acerca de asuntos y principios de fe y dogma era incapaz de cometer errores. La adopción de esta propuesta significaría que los miembros de la Iglesia que cuestionaran la infalibilidad papal se enfrentarían a la excomunión y, por tanto, levantó una gran oposición en la que los obispos de Alemania fueron oponentes especialmente activos. Por sugerencia de Döllinger, el obispo Ketteler le pidió a Brentano que preparara un ensayo filosófico e histórico sobre la infalibilidad papal. En su ensayo éste consignó un gran número de ocasiones históricas en las que un discurso ex cathedra del Papa había estado en el error y concluyó con "la persuasión más firme posible" (Puglisi, 1924, p. 415) que la doctrina propuesta era imposible de aceptar. Dada esta conclusión, llegó un 194 Capítulo 6 golpe devastador para Brentano cuando el Concilio del Vaticano, en la primavera de 1870, promulgó la infalibilidad papal como un acto de fe. Esta promulgación condujo a un amargo cisma en la Iglesia, pero Brentano trató desesperadamente de permanecer con fe y se negó a seguir la dirección de Dóllinger hacia una vieja Iglesia católica rival. Los siguientes años fueron un periodo terrible para Brentano, ya que trató de resolver el conflicto entre la fe y la razón. Continuó enseñando en Wurzburgo, donde atrajo a mu- chos estudiantes, inclusive a Cari Stumpf, y publicando artículos sobre Aristóteles y la historia de la ciencia en la Iglesia católica (Misiak y Staudt, 1934). En 1872 fue promovido al grado de professor extraordinarius, pero poco después decidió apartarse de la Iglesia a la que se le había enseñado a servir y amar. Debido a que su nombramiento en la facul- tad de la universidad lo había recibido como sacerdote, Brentano se sintió moralmente obligado a renunciar también a ese nombramiento académico. Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 195 Las perspectivas de Brentano sobre la psicología Brentano fue capaz de sobreponerse a este retroceso y utilizó el tiempo de su forzada interrupción de la vida universitaria para escribir La psicología desde un punto de vista empírico. El éxito del libro le aseguró su nombramiento como seglar en la facultad de la Universidad de Viena. Pasó seis años (1874-1880) como professor ordinarius en Viena an- tes de que su vida personal le acarreara otra crisis profesional. En 1880 se comprometió con una católica. Como los matrimonios para antiguos sacerdotes estaban prohibidos en Austria, Brentano se vio forzado a renunciar a su nombramiento en la universidad y asumir la ciudadanía alemana para poder casarse en forma legal. Después de su matri- monio se le permitió regresar a la facultad de la Universidad de Viena pero con el rango más bajo de privatdozent. La psicología que Brentano perfiló en La psicología desde un punto de vista empírico intentaba ser empírica en el sentido de que se basaba en la experiencia. Esperaba utilizar la experiencia para construir un núcleo de verdades generalmente aceptadas. Su aproxi- mación parece haber sido similar a la de su rival Wundt, pero existen distinciones impor- tantes. Primero, para Brentano, la verdad y la aceptabilidad de su psicología estarían determinadas por la examinación cuidadosa, lógica. Las experiencias, las cuales consti- tuyen la base empírica de la psicología, debían analizarse de acuerdo con las reglas y los principios de la lógica antes de utilizarlas para establecer conocimiento psicológico. La psicología inductiva de Wundt, por otra parte, confería a los resultados experimentales una importancia central. Una segunda distinción importante entre Wundt y Brentano es la concerniente a la modificabilidad de sus respectivos sistemas. Dado que las observaciones empíricas sobre las que se basaba la psicología de Brentano no cambiarían y como las reglas de la lógica son fijas, Brentano no esperaba que su psicología cambiara mucho con el tiempo. Era fija en relación con la psicología de Wundt. En consecuencia, no sorprende que Brentano eligiera no escribir los tres perfiles adicionales de su posición que había planeado originalmente que siguieran a su primer libro. En 1874 había dicho todo lo que quería decir y su psicología estaba completa. Wundt revisaba y expandía de mane- ra constante su texto Fundamentos conforme disponía de nuevos hallazgos experimen- tales. Tercero, la psicología de Brentano es una psicología "del acto". En lugar de estudiar los productos de nuestras acciones mentales, propuso que los psicólogos estudiaran las acciones y los procesos mentales en sí mismos. Las tres clases fundamentales de actos mentales propuestos por Brentano incluían la imaginación, el juicio y el amor contra el odio. De acuerdo con su análisis, los actos mentales pueden incluir sensaciones pasadas así como sus objetos, lo que hace posible tener una idea de un objeto cuando éste no está presente. La mente emplea lo que Brentano llamó imaginación, o lo que Locke había lla- mado reflexión. De manera similar, es posible sentir una emoción cuando el objeto de esa emoción no está presente. En el sistema de Brentano, un acto mental puede tener como objeto otro acto mental. Nosotros tenemos ideas acerca de nuestras ideas, juicios de jui- cios y sentimientos acerca de sentimientos. Finalmente, los actos mentales se pueden mezclar; un acto mental puede tener como su objeto un acto mental de una clase diferen- te. Cuando escuchamos un sonido armonioso o vemos un hermoso paisaje, sentimos placer. El placer, de acuerdo con Brentano, resulta de los actos mentales de ver y escu- char, no de las sensaciones mismas. 196 Capítulo 6 Una cuarta distinción importante entre las psicologías de Wundt y Brentano es la concerniente a la metodología. La psicología de éste no incluía la introspección, un mé- todo que llamó "observación interna". Aunque seamos capaces de observar objetos ex- ternos, Brentano creía que es imposible realizar observaciones internas de nuestra propia conciencia. Señaló que en el fervor de la furia o en la angustia del terror no podemos observar estas emociones. Si tratamos de hacerlo, el simple acto de observarlas las cam- bia, las disminuye e incluso las destruye. Como otra evidencia de que la introspección no es un método apropiado para la psicología, Brentano citó las descripciones wundtianas acerca del largo y arduo programa de entrenamiento necesario antes de que un psicólo- go pudiera calificar para introspectar, la dificultad de tales autoobservaciones y las con- diciones no naturales controladas de manera rígida bajo las cuales debían realizarse. Preguntó por qué, si las observaciones internas son tan naturales como las observacio- nes externas, eran necesarios tales cuidados extremos y tales procedimientos. Con com- pasión y humor Brentano describió el triste apuro de los estudiantes intentando lo que él consideraba imposible: Yo sé de ejemplos de gente joven que desea dedicarse al estudio de la psicología y que en los umbrales de la ciencia empieza a dudar de su propia habilidad. A ellos se les ha dicho que la observación interna es la fuente principal del conocimiento psicológico y de manera repe- tida realizan enérgicos intentos. Pero todos esos esfuerzos fueron en vano; todo lo que obtu- vieron de sus problemas fue un enjambre de ideas confusas y un dolor de cabeza. Así, llegan a la conclusión de que no tienen la capacidad para la autoobservación, lo cual es muy cierto. Pero sobre las bases de la noción que les fue impartida, toman esto como si significara que no tienen talento para la investigación psicológica (Brentano, 1874/1973, p. 30) Si se rechaza la introspección, ¿qué métodos puede utilizar la psicología para obser- var los fenómenos mentales? Brentano sugirió que los actos mentales pueden ser obser- vados en la memoria y, por consiguiente, estudiarse "silenciosa y empíricamente". Podemos mirar hacia atrás, por ejemplo, a la última vez que estuvimos enojados y obser- var los fenómenos mentales involucrados en esa emoción. Como un segundo método psicológico Brentano propuso la imaginación. Es posible hacer surgir de manera inten- cional varios fenómenos mentales que pueden estudiarse. Además de estos dos méto- dos, sugirió estudios sobre las vidas mentales de animales y niños, así como un examen de la vida mental desordenada de los idiotas y de los locos. Estas sugerencias anticipa- ron las preocupaciones de los posteriores psicólogos comparativos, del desarrollo y clí- nicos. Brentano en perspectiva Transcurrieron cerca de 20 años entre la publicación de Brentano de su texto Psicología y la de sus siguientes trabajos psicológicos. Ésos fueron años en los cuales sufrió de una mala salud, una pérdida progresiva de la visión y dificultades personales. En 1895, des- pués de la muerte de su esposa, renunció a la facultad de la Universidad de Viena y se mudó a Florencia. Ese mismo año publicó tres trabajos psicológicos sobre ilusiones ópti- cas, y en 1896 asistió al Tercer Congreso Internacional de Psicología, donde presentó un trabajo sobre su doctrina de la sensación. Para ese tiempo sus intereses se habían vuelto más filosóficos, aunque asistió al Cuarto Congreso Internacional de Psicología en 1905 Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 197 y presentó un trabajo sobre las cualidades psicológicas de los tonos. Cuando Italia entró a la Primera Guerra Mundial en 1917, Brentano, un pacifista reconocido, se sintió obliga- do a mudarse a la neutral Suiza. Murió en Zurich en 1917. Como hemos dicho, tal vez la razón por la que Brentano no es tan conocido como Wundt o Ebbinghaus es porque no era un escritor prolífico. La bibliografía de toda su vida consta de sólo 38 trabajos, de los cuales tal vez ocho son sobre temas psicológicos. Siempre consideró su Psicología como su declaración más importante y 40 años después de su publicación aún trabajaba en una propuesta para una segunda edición, la cual fue publicada postmortem en 1924 (Kraus, 1924). La importancia de Brentano para la historia de la psicología no descansa en el volumen de sus trabajos publicados y tampoco en su investigación experimental, por la que hizo muy poco, sino más bien en su formulación acerca de una aproximación rival contemporánea a la de Wundt. Su psicología sobre los actos mentales fue un precedente histórico importante de las psicologías funcionalistas estadounidenses que se expondrán en el capítulo 10. También entrenó a dos estudiantes importantes: Christian von Ehrenfels, cuyo concepto de cualidad de la forma (Gestaltqualitat) influyó a los psicólogos de la Gestalt (capítulo 7), y Cari Stumpf, el si- guiente psicólogo alemán del siglo XIX que consideraremos. CARL STUMPF (1848-1936) Nació en Wiesentheid en Franconia, ahora Bavaria, Alemania del Sur, el viernes santo de 1848 y murió el día de Navidad de 1936. Su padre era el médico de la corte del país y su familia inmediata incluía científicos y académicos. Durante su niñez mostró un talento musical precoz: aprendió el violín a la edad de siete años aproximadamente y otros cinco instrumentos cerca de los diez, además de que tenía las habilidades suficientes para desempeñarse en público. A la edad de 10 años compuso y publicó un oratorio para tres voces masculinas y a lo largo de su vida compuso y ejecutó trabajos musicales (Ruckmick, 1937, p. 189). En sus años adultos Stumpf se desempeñaba tan bien en el mundo acadé- mico de la psicología como en el artístico de la música y los músicos. En la Universidad de Berlín apreció su relación con el gran fisiólogo sensorial Hermann von Helmholtz, lo mismo que su amistad con el famoso violinista Joseph Joachim, quien fue amigo de Mendelssohn, Brahms y Schumann. Más tarde estos antecedentes musicales le propor- cionaron un marco de referencia para evaluar la investigación psicológica sobre la per- cepción de un auditorio y especialmente sobre estética musical. También lo condujeron a disputas con el experimentalmente orientado Wundt, cuyos métodos etiquetó como "re- pelentes" y cuyo nombre llegaría a convertirse en tabú en el Instituto Psicológico de Berlín de Stumpf. Cuando era niño Stumpf asistió al Gymnasium local antes de enlistarse a los 17 años como estudiante de la Universidad de Wurzburgo. Pasó un semestre estudiando estética y uno estudiando leyes, el último para prepararse en una carrera para hacer dinero, dado que no se consideraba con el suficiente talento para ser un músico profesional. En su tercer semestre en Wurzburgo conoció al hombre que cambiaría su vida, Franz Brentano. Éste le enseñó al artísticamente inclinado Stumpf a pensar de manera lógica y empírica. Después de dos semestres Brentano lo motivó para transferirse a la Universi- dad de Göttingen para completar sus estudios bajo la dirección de Rudolph Hermann Lotze (1817-1881), un teórico alemán de la percepción. Aun cuando Stumpf estudió bajo 198 Capítulo 6 la dirección de Brentano sólo durante tres semestres, toda su vida manifestó su agradeci- miento hacia Brentano y lo consideró su maestro. Después de recibir un grado de manos de Lotze en 1868, Stumpf regresó a Wurzburgo para prepararse para el sacerdocio católico. En 1869 ingresó al seminario y estudió teolo- gía, con especial atención a los escritos de santo Tomás de Aquino. Los planes para su carrera se hicieron añicos casi de inmediato, pues 1870, como hemos visto, fue un año de crisis para la Iglesia católica por la doctrina de la infalibilidad papal. Para Stumpf, como para Brentano, "el repertorio entero de la dogmática teología católico-cristiana se pulve- rizó" (Stumpf, 1930/1961, p. 393). Stumpf todavía no se había ordenado y, por consi- guiente, su crisis profesional no fue tan intensa como la de Brentano, pero pasó por una gran angustia antes de que en julio de 1870 decidiera descartar la túnica negra de los seminaristas. Sin embargo, a diferencia de Brentano, no abandonó la Iglesia y permane- ció como católico practicante hasta 1921. La temprana carrera académica de Stumpf Lotze recibió con agrado la decisión de Stumpf de abandonar el seminario y arregló que regresara a Göttingen como instructor en el departamento de filosofía. Ahí Stumpf cono- ció a Weber y a Fechner y tuvo la distinción de fungir como observador en los experi- mentos psicológicos de ambos. Weber demostró un mapa conceptual sobre el brazo de Stumpf y lo examinó como sujeto en un experimento que involucraba la estimación de la magnitud sensorial. Para ese momento Fechner estaba investigando la atracción visual en rectángulos con diferentes proporciones. Como vimos en el capítulo 1, Pitágoras y sus seguidores creían que la belleza es inherente a las proporciones: una cuerda de laúd dividida en divisiones exactas de 2,4,8, y así sucesivamente, produce notas armoniosas; Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 199 cuando se divide en otros lugares, las notas son discordantes. Se sostenía que otras expe- riencias estéticas estaban gobernadas por principios similares. Así, se creía que los rec- tángulos que tuvieran proporciones simples de ancho y de longitud, 1:2, 2:3, 3:4, por ejemplo, serían más atractivos para el ojo de un observador. Fechner construyó diez rectángulos con diferentes proporciones de ancho y de longitud y le pidió a un número de observadores, incluido a Stumpf, que eligieran el "mejor" y el "peor" de ellos. Los rectángulos elegidos como "mejor" por el mayor número de observadores tenían una proporción de 0.62. Esta proporción modal cayó entre 3:5 y 5:8 y no es una proporción simple. Llegó a conocerse como "medio áureo", esto es, la proporción de lo ancho y de la longitud de los rectángulos que es más placentera para los ojos. Esta cuidadosa aproxi- mación a un problema de estética atrajo al joven Stumpf y reforzó la lección que había aprendido de Brentano de que los actos o funciones psicológicas pueden estudiarse em- píricamente. En 1873, a la edad de 25 años, Stumpf regresó a la Universidad de Wurzburgo, esta vez como profesor en el departamento de filosofía. Su retorno a casa, sin embargo, no ocurrió sin problemas. Cuando llegó a Wurzburgo encontró que él era el departamento de filosofía. Con la forzada partida de Brentano, el departamento había pasado por tiem- pos difíciles y, por tanto, Stumpf tenía que enseñar todo de filosofía y psicología. Aún así, durante su primer año pudo completar su primer trabajo psicológico importante, un estudio de la percepción visual, en especial de la percepción de la profundidad. Stumpf propuso una explicación nativista para la percepción de profundidad, en con- traste con los informes de teóricos empiristas tales como Berkeley, Helmholtz, Wundt, y el maestro de Stumpf, Lotze. Estos empiristas consideraban la percepción de la profun- didad como una habilidad adquirida con base en la experiencia. Stumpf reconocía los argumentos que ellos proponían pero desarrolló contraargumentos en favor de su posi- ción nativista. Aceptaba que los músculos y otras sensaciones asociadas con el movi- miento de los ojos, lo que Lotze había llamado "señales locales", contribuían a nuestra percepción de profundidad, pero en contraste con Lotze, Stumpf sentía que tenían im- portancia secundaria. Él enfatizó que eran sólo locales, después de todo, y que algo más estaba involucrado. El "algo más" era la acción interpretativa de un centro más alto en el cerebro. Aún más, el acto cognitivo de la interpretación era considerado como una fun- ción innata o nativa. Stumpf comparó las señales locales con las direcciones de las cartas. Son importantes, pero las cartas no podrían ser entregadas sin el conocimiento de la ruta por parte de quien las lleva. De manera similar, tales señales visuales locales como las sensaciones provenientes del movimiento de los ojos son interpretadas por centros cere- brales más altos. La concepción de la percepción de la profundidad de Stumpf era para- lela a la visión de Kant acerca de una naturaleza a priori del espacio. El libro de Stumpf ha sido citado como testimonio de su juvenil brillantez (Langfeld, 1937, p. 319) y como una destacada contribución temprana al debate entre las posturas nativistas y empiristas sobre la percepción, un debate que continúa en nuestro tiempo (Gibson, 1977). Stumpf gana prominencia académica En 1875 Stumpf comenzó su monumental Tonpsychologie (Psicología del tono), un trabajo que a menudo se considera su más grande contribución a la psicología. Siguió la direc- ción de Brentano y distinguió entre fenómenos y funciones mentales. Stumpf sugirió 200 Capítulo 6 que el primer tipo de experiencia psicológica son fenómenos tales como los tonos, los colores y las imágenes, ya sean sensoriales o imaginarias. Al estudio de tales fenómenos Stumpf lo llamó fenomenología y su Psicología del tono era una fenomenología de los tonos. La segunda clase importante de experiencia psicológica incluía ver, escuchar, percibir y pensar, los actos cognitivos de Brentano. Los estudios sobre fenómenos sensoriales e imaginarios eran para Stumpf "preparatorios" para el estudio de los actos o funciones psicológicos, la tarea real de la psicología. Aquí encontramos una paradoja: aunque Stumpf dedicó su vida a estudiar estos fenómenos preparatorios siempre se consideró a sí mis- mo como un psicólogo. Aceptando sus propias distinciones, fue de hecho un fenome- nólogo. Sin tomar en cuenta su designación académica, Stumpf realizó una amplia cadena de estudios sobre las características fenomenológicas de los sonidos de diferentes instru- mentos, sobre los determinantes de la melodía, sobre la fusión tonal y sobre la consonan- cia y disonancia de los tonos. También investigó acerca de la atención de un auditorio, realizó análisis y comparaciones y condujo estudios sobre un gran número de sujetos extremadamente poco aficionados a la música comparando sus observaciones y sus per- cepciones musicales con las de las personas aficionadas a la música. Éstas fueron inves- tigaciones monumentales y las continuó hasta el final de su carrera. En 1879, como resultado de este trabajo, Stumpf fue llamado a la Universidad de Praga. El primer volumen de su Psicología de los tonos apareció en 1883. Un año más tarde se mudó a la Universidad de Halle, en donde permaneció hasta 1889, cuando fue llama- do a la Universidad de Munich. Finalmente, en 1894 terminó su peregrinación académi- ca con su nombramiento en la posición más prestigiada en la filosofía alemana: la cátedra de filosofía en la Universidad Friedrich-Wilhelm, Berlín. Berlín era la ciudad capital de Alemania, el hogar del kaiser y su corte, y su universidad, una de las más elegantes en Europa. Desde nuestra perspectiva del siglo XX, nos podríamos preguntar por qué fue nom- brado Stumpf en lugar de Wundt o Ebbinghaus. Para 1894 Wundt era reconocido como el líder de la nueva psicología alemana del contenido mental; había publicado de mane- ra prolífica y había establecido en Leipzig el laboratorio de vanguardia en el mundo. La investigación de Ebbinghaus sobre memoria había sido ampliamente aclamada y estaba también en la Universidad de Berlín en ese momento. Tal vez se le consideró demasiado joven para una cátedra en Berlín. Además, la oportunidad de obtener la cátedra quizá se haya estropeado con sus críticas al eminente metodólogo de Berlín, Wilhelm Dilthey. Dilthey se mostraba escéptico ante la nueva psicología experimental y creía que nunca sería una ciencia verdadera. Ebbinghaus caracterizó a Dilthey como alguien que tenía un entendimiento de la ciencia pasado de moda. En Berlín, Stumpf también sustentaba un nombramiento de adjunto como director del Instituto de Psicología Experimental. El instituto había sido iniciado por Ebbinghaus, pero cuando Stumpf recibió el nombramiento ocupaba sólo tres cuartos oscuros. Bajo su liderazgo, se expandió en 1990 para ocupar el piso más alto de una casa y en 1920 fue mudado a 25 habitaciones en el antiguo Palacio Imperial. Se decía que una de las gran- des atracciones de la Universidad de Berlín era su proximidad con el kaiser. El instituto psicológico de Stumpf ocupaba parte de la antigua residencia del kaiser, una gran ubica- ción que era apropiada para la concepción de Stumpf de la psicología como una ciencia experimental respetable. Especialmente durante los años previos a la Primera Guerra Mundial, Stumpf osten- taba una posición de gran poder e influencia. Organizó al interior de su instituto divisio- Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 201 nes dedicadas a propósitos médicos, musicales y militares, así como la división de inves- tigación básica. En 1896 se hizo cargo de los preparativos para el Tercer Congreso Inter- nacional de Psicología que se realizó en Munich. Stumpf presidió el congreso y pronunció el discurso inaugural acerca de la relación entre mente y cuerpo. Defendía una posición interaccionista que contrastó con el paralelismo psicofísico sostenido en ese momento por la mayor parte de los psicólogos fisiológicos del siglo XIX, incluyendo a Wundt. En 1899 Stumpf presentó por primera vez su teoría cognitiva-evaluativa sobre la emoción como una alternativa a la teoría de James-Lange (capítulo 9). Reisenzein y Schónpflug (1992) describen la teoría de Stumpf como precursora directa de las teorías cognitivas contemporáneas sobre la emoción. El año 1900 fue un año productivo para Stumpf. Estableció un archivo de grabacio- nes para fonógrafo de canciones, música y lenguas nativas provenientes de todo el mun- do. Las grabaciones fueron enviadas a Berlín por misioneros, viajeros y diplomáticos alemanes. Durante la Primera Guerra Mundial una comisión puso en orden las graba- ciones del idioma, las canciones y la música de miles de prisioneros de guerra que esta- ban cautivos en Alemania. Además de este archivo musical, en 1900 Stumpf y el director de una escuela de Berlín fueron cofundadores de la Sociedad para la Psicología Infantil. Su organización para la investigación fue fundada justo un año después de que Binet organizara la Sociedad Libre para el Estudio Psicológico del Niño en París (capítulo 11). Ambas sociedades respaldaron estudios de niños, especialmente de sus vidas mentales. Stumpf realizó observaciones sobre desarrollo del lenguaje en sus propios hijos igual que en otros niños y estudió los orígenes de los temores de la infancia. Enfatizó la impor- tancia de la observación directa de los niños en lugar de utilizar cuestionarios, un enfo- que en el que G. Stanley Hall había sido pionero en Estados Unidos y que entonces estaba en voga (capítulo 9). Finalmente, Stumpf estudió el desarrollo musical de un gran número de niños prodigio, lo mismo que de niños con memorias fenomenales. Stumpf se desempeñó como rector de la Universidad de Berlín de 1907 a 1908, un reconocimiento importante para un psicólogo. Aquellos años fueron de desorden políti- co y de agitación estudiantil en Alemania. En su discurso de toma de posesión defendió una aproximación rigurosa, observacional a la adquisición del conocimiento. Como em- pirista desconfiaba de las especulaciones y de la teorización de escritorio. "Las teorías", dice Stumpf en su autobiografía (1930), "van y vienen". Una fuente de satisfacción en su vida fue haber realizado "algunas buenas observaciones". Paradójicamente nunca con- dujo experimentos a gran escala. Era más del estilo de su maestro Brentano, que del de su rival Wundt. Su actitud reacia ante los experimentos quizá se debió a su admitida carencia de destreza manual; cuando era estudiante de química en Wurzburgo ocasionó un incendio en un laboratorio que amenazó al edificio entero antes de que pudiera con- trolarse. Stumpf estudia fenómenos sensacionales En 1903 y 1904 Stumpf estuvo involucrado en dos bien publicitados episodios desprestigiantes. El primero fue el concerniente a un ingeniero de Praga que clamaba haber inventado una máquina que podía cambiar fotografías de ondas de sonido en sonido. La facultad entera de Berlín y muchos distinguidos expertos asistieron a una aparentemente exitosa demostración. Stumpf, sin embargo, estaba convencido de que 202 Capítulo 6 había sido fraudulenta y escribió un sarcástico artículo desafiando la probabilidad de tal máquina. Ni una sola palabra acerca de esta notable invención se volvió a escuchar nun- ca más. La segunda investigación controvertida fue más difícil. El final del siglo XIX fue testi- go del creciente interés en las habilidades mentales de los animales, un interés estimula- do en gran parte por El origen del hombre de Charles Darwin (1871). Dado que Darwin presentó el caso por continuidad en la vida mental de los humanos y otros animales, se buscó con avidez alguna evidencia de razonamiento y de pensamiento en los animales. Con la amplia tradición europea de las competencias de obediencia, los caballos inteli- gentes fueron especialmente populares. El caballo Muhamed era parte de un establo de caballos en Elberfeld, Alemania, entrenados por y pertenecientes a Karl Krall. Mientras tenía los ojos vendados, Muhamed podía sumar, restar, multiplicar, dividir y calcular raíces cuadradas, dando la respuesta correcta mediante pequeños golpes con su pata derecha. Los observadores científicos nunca fueron capaces de probar truco o fraude. El caso de Listo Hans (Der Kluge Hans), un caballo al parecer brillante, propiedad de Herr von Osten, era incluso más sensacional. Von Osten era un antiguo maestro de ma- temáticas de una preparatoria, interesado en la frenología, con algo de místico y estaba convencido de que los caballos son capaces del "discurso interno" y, por consiguiente, de las matemáticas. En todas las apariencias von Osten era exitoso en entrenar a Hans en sumar, restar, multiplicar, dividir, trabajar con fracciones e, incluso, dar la hora y mante- ner el orden del calendario. Por ejemplo, von Osten podía preguntar a Hans, "Si el octa- vo día del mes cae en martes, ¿cuál es la fecha del siguiente viernes?" Hans respondería dando golpes como respuesta con su pezuña, cada vez más lento conforme se aproxima- Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 203 ra al número correcto. Hans podía también contar objetos o personas. Von Osten podía preguntar, "Hans, ¿cuántas personas —hombres, o paraguas, o mujeres— hay en esta habitación? Las preguntas podían formularse en forma oral o impresas sobre tarjetas. Von Osten exhibió al caballo por todo lo largo de Alemania, nunca cobraba por la admi- sión a sus demostraciones pero acumulaba un gran interés público donde quiera que fueran. El mismo kaiser Wilhelm observó a Hans, y el New York Times publicó en primera plana una descripción acerca de las habilidades matemáticas del caballo. En su prólogo a un informe acerca de la investigación de Hans, el psicólogo estadounidense James Angelí (capítulo 10) resumió la situación: Nunca se había contado un cuento más notable de credulidad fundado en la superchería inconsciente, y si se hubiera ofrecido como ficción, se le habría clasificado como un trabajo de imaginación. Siendo en realidad un registro de un hecho sobrio, se orienta hacia lo milagroso. Después de leer la historia del señor Pfungst uno puede entender totalmente cómo una Alemania sedada y sobria fue durante meses arrojada a un tumulto de debates de periódico, que por su intensidad y su clase de sentimiento encuentra su paralelo sólo en una acalorada campaña política. (Angelí, en Pfungst, 1911, p. v) Por el enorme interés público en Hans y sus logros, el Comité Alemán de Educación nombró una comisión para estudiarlo y para evaluar las afirmaciones de von Osten. Se le pidió a Stumpf que encabezara la comisión y seleccionara a sus miembros. Él incluyó a un gerente de un circo, a un oficial de caballería, a un veterinario experimentado, a un número de maestros de escuela y administradores, al director de los Jardines Zoológicos de Berlín y a su asistente, Oskar Heinroth, cuyo estudiante Konrad Lorenz ganaría en 1973 el Premio Nobel por sus estudios sobre conducta animal. Esta comisión observó las demostraciones de von Osten y en septiembre de 1904 hizo un reporte en el que concluía que en el desempeño de Hans no estaban involucrados trucos, influencias intencionales o ayuda de parte de quien preguntaba. La pregunta de qué tan inteligente era el caballo en realidad, la recomendaron para otras investigaciones. Dichas investigaciones las con- dujo uno de los asistentes de Stumpf en el Instituto de Berlín, Oskar Pfungst (Pfungst, 1911). Pfungst pudo obtener la amistad tanto de von Osten como de Hans, lo cual no era un pequeño logro ya que von Osten era de temperamento tiránico y propenso a la furia cuando el caballo no se desempeñaba bien. Hans también tenía mal temperamento y algunas veces era difícil de controlar. Cuando se sentía frustrado, Hans hacía del establo del patio un lugar inseguro y Pfungst sufrió más de una mordida de caballo durante su investigación. Examinó a Hans cuando la respuesta correcta a la pregunta era conocida por quien preguntaba y luego cuando el que preguntaba no conocía la respuesta. Pfungst eligió una prueba aparentemente simple para un caballo de los talentos de Hans: se imprimieron números en tarjetas y se le pedía que golpeara el número mostrado. Cuan- do von Osten formulaba las preguntas "con conocimiento", 98 por ciento de las respues- tas del caballo fue correcto; "sin conocimiento", sólo 8 por ciento lo fue. Es claro que el conocimiento de quien cuestionaba era crucial, pero ¿cómo influía en la conducta de Hans? Primero, Pfungst investigó el papel de las señales visuales. Hans fue preparado con anteojeras e interrogado por quien hacía las preguntas parado enfrente de él, donde pudiera ser visto, o a un lado, donde no pudiera ser visto. Cuando el que preguntaba 204 Capítulo 6 estaba parado a un lado, Hans realizaba ávidos intentos para verlo y contestaba las pre- guntas correctamente sólo 6 por ciento de las veces. Cuando quien preguntaba se paraba directamente enfrente de Hans, 89 por ciento de las respuestas fue correcto. Claramente el caballo requería una señal visual de quien preguntaba. Con lo que Stumpf llamó "ojos agudos y una paciencia de hierro" (Stumpf, 1930/1961, p. 407), Pfungst pudo discernir que cuando al caballo se le daba un problema, quien preguntaba se inclinaba hacia ade- lante para mirar la respuesta al ser golpeada. Pfungst observó que ante la respuesta correcta quien preguntaba haría un ligero movimiento involuntario y ascendente con sus cejas y su cabeza. Casi todos los que preguntaban hacían este movimiento y no se percataban de ello. Cuando identificó esta señal pudo provocar cualquier respuesta que quería con sólo hacer el movimiento ascendente. Pfungst presentó su evidencia a la co- misión de Stumpf y en diciembre de 1904 se presentó un segundo reporte que concluía que el caballo, mientras golpeaba, había aprendido a poner atención en los ligeros cam- bios en la postura del cuerpo de quien preguntaba. El caso del Listo Hans mostró la gran influencia de las señales y movimientos sutiles por parte de un observador. Alertó a los psicólogos acerca de la necesidad de controlar tales efectos y aún se le cita en algunos análisis de la metodología de la psicología. Von Osten prohibió otros estudios con Hans afirmando que la investigación había fracasado en lograr lo que él consideraba su meta: corroborar sus afirmaciones y teorías. Continuó exhibiendo a Hans y atrayendo a un gran número de multitudes entusiastas. Los posteriores años de Stumpf El caso del Listo Hans fue una de las investigaciones más coloridas de Stumpf, pero la magnitud de su posterior carrera académica no consistió en tales investigaciones sensa- cionales e interesantes. De hecho, los siguientes años fueron tristes. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial la mayor parte de la gente joven abandonó el Instituto de Psicología Experimental para enrolarse en las fuerzas armadas y por tanto éste era un lugar desierto y solitario. La guerra fue una experiencia dolorosa para Stumpf dado que tenía por amigos a muchos psicólogos británicos, estadounidenses y rusos y había sido honrado con su membresía en la Academia Americana de Ciencias y en el Instituto Na- cional de Música en Moscú. La guerra entre su amada Alemania y los países aliados interrumpió estas relaciones profesionales. Calculando su sentido de pérdida, el gobier- no alemán le pidió organizar a los psicólogos para apoyar el esfuerzo de la guerra. Pare- ce que su corazón no estaba en tal asignación y admitió que su trabajo había tenido poco éxito. Stumpf se retiró de la Universidad de Berlín en 1921 y fue sucedido como director del Instituto Psicológico por su antiguo estudiante, Wolfgang Köhler (capítulo 7). Los últi- mos 15 años de su vida fueron un tiempo de grandes tumultos políticos y sociales en Alemania. El kaiser se hallaba en el exilio y el país estaba destruido por la inflación. En agosto de 1922, 400 marcos compraban un dólar estadounidense; un año más tarde, en agosto de 1923, el tipo de cambio era de un millón de marcos por dólar (Rhodes, 1986, p. 16). Aún así, uno de los antiguos estudiantes de Stumpf, Kurt Lewin (capítulo 7), recordaba que siendo ya un hombre en sus 80 años Stumpf visitaba con frecuencia el Instituto Psicológico de Berlín para continuar sus observaciones, utilizando las elabora- das máquinas e instrumentos que él había construido (Lewin, 1937, p. 190). Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 205 La Primera Guerra Mundial no sólo creó una sensación de tristeza personal, conflicto y pérdida en Stumpf, también pudo haber sido una de las razones por las que mucho de su trabajo se perdió en la corriente principal de la psicología sensorial. Stumpf realizó potenciales contribuciones importantes al campo de la percepción de un auditorio y a la estética, pero su trabajo no tuvo continuidad en las generaciones posteriores de psicólo- gos, particularmente los psicólogos estadounidenses, porque su contacto con Stumpf y su trabajo había sido restringido. Esta situación desafortunada no afectaría a Stumpf solamente. Las ideas de otros psicólogos alemanes como Külpe y sus estudiantes sufrie- ron un destino similar. OSWALD KÜLPE (1862-1915) Nació en 1862 en el seno de una familia alemana en Latvia, una provincia del Báltico. Después de graduarse en el Gymnasium local, ingresó a la Universidad de Leipzig en 1881. Se especializó en historia pero se interesó en la psicología después de asistir a las conferencias de Wundt. Pasó dos semestres en Leipzig y luego, por recomendación de Wundt, fue transferido a la Universidad de Góttingen para estudiar bajo la dirección de George Elias Müller (1850-1934). Müller sucedió a Lotze (el maestro de Stumpf) en Góttingen y luego ocupó la cátedra de psicología de la universidad por más de 40 años. El maestro de Külpe, Müller, estuvo dedicado de manera ardiente a la nueva psicología experimental. El psicólogo británico Charles Spearman, quien también había estudiado con Müller, lo describió como que tenía una "visión estrecha" y como a un hombre "que corría con anteojeras" (Spearman, 1930/1961, p. 305). La visión de Müller pudo haber sido estrecha, pero su investigación fue amplia. Inicialmente, siguió la dirección de Fechner y trabajó en psicofísica pero, igual que Ebbinghaus, regresó al estudio de la memoria. Müller comenzó la búsqueda de las sílabas sin sentido totalmente significati- vas y de asociación libre. También desarrolló procedimientos experimentales adiciona- les utilizando las sílabas sin sentido, señalando la debilidad de los experimentos de Ebbinghaus que tenían a la misma persona, con mucha frecuencia el mismo Ebbinghaus, actuando tanto como experimentador y como sujeto. Ebbinghaus encontraba ese proble- ma "fastidioso" y había tomado precauciones para evitar lo que él llamó "la secreta in- fluencia de las teorías y las opiniones". Negaba tanto como le era posible el conocimiento de los resultados de sus experimentos hasta que los completaba y siempre replicaba esos resultados. Las contundentes críticas de Müller fueron importantes para llamar la aten- ción de los psicólogos experimentales sobre las influencias de tal experimentador. Hoy en día mucha de la atención está puesta en lo que se llama "características de demanda" de los experimentadores, esto es, en las percepciones que el sujeto tiene de las expectati- vas del experimentador. Müller también inventó un aparato para presentar listas de síla- bas sin sentido: el tambor de memoria. Un tambor horizontal con sílabas sin sentido sobre su superficie rota a una velocidad controlada y expone una sílaba sin sentido por vez a través de una pequeña abertura. El tambor de memoria es ideal para el estudio del aprendizaje serial y aún se utiliza ampliamente hoy en día para presentar listas de mate- riales a aprender. Müller estudió formas efectivas de aprendizaje y describió los efectos de la interferencia —el viejo aprendizaje interfiriendo con el nuevo aprendizaje (Müller y Pilzecker, 1900)—. También reportó experimentos en los que la memoria era mucho mejor después de intervalos de dos días, presumiblemente como resultado de la dispo- 206 Capítulo 6 nibilidad de mayor tiempo para su consolidación. Con otro de sus estudiantes, Adolph Jost, Müller descubrió que cuando dos asociaciones son de fuerzas iguales, la repetición fortalece más a la joven que a la vieja; este hallazgo se conoce como la ley de Jost. Final- mente, Müller estudió la habilidad fenomenal de los "calculadores brillantes", indivi- duos que pueden realizar grandes y abultados cálculos casi de manera instantánea. A pesar de este importante trabajo, Müller nunca fue una figura popular. Aparentemente tenía un terrible temperamento y con frecuencia era un vicioso de la revisión del trabajo de otros. Después de graduarse en Göttingen, Külpe regresó brevemente a Rusia, donde con- sideró convertirse en maestro de escuela. Sin embargo, pronto regresó a Alemania para estudiar bajo la dirección de Wundt, donde recibió su doctorado en 1887. James McKeen Catell (capítulo 4) acababa de abandonar Leipzig para irse a Cambridge y por tanto Wundt puso a Külpe en su lugar y aseguró su nombramiento como privatdozent en Leipzig. Külpe fue promovido al rango de professor extraordinarias en 1894, pero ese mismo año se mudó a la Universidad de Wurzburgo. Allí, Külpe y sus estudiantes llevaron a cabo experimentos que desafiaron los supuestos fundamentales sostenidos por Wundt y en especial por Titchener. A pesar de su aparente rivalidad, Külpe mantenía un cálido afec- to por Wundt, siempre lo consideró su "señor maestro" y participó de manera activa en la publicación del Festschrift (antología honoraria) de Wundt. La facultad necesitaba un texto para las conferencias cada vez más populares sobre psicología impartidas en el departamento de psicología de Leipzig y Wundt motivó a Külpe para que escribiera un libro que fuera más claro y simple que su propia Psysiologis- che Psychologie. El texto de Wundt estaba en su cuarta edición en ese momento, pero era muy largo, difícil y demasiado técnico para los estudiantes. En respuesta a la petición de Wundt, Külpe publicó en 1893 uno de sus trabajos más importantes, Gnndriss der Psychologie. Una traducción inglesa realizada por Titchener lo tituló Outline ofPhi/chology (Perfil de la Psicología )y apareció en 1895. El libro estaba dedicado "A mi venerado maestro, Wilhelm Wundt, con sincera gratitud y afecto". Irónicamente Wundt encontró el texto insatisfactorio y en 1896 publicó su propio libro, Grundriss der Psychologie. Siem- pre es difícil para un pupilo presentar los puntos de vista de su maestro, pero hubo otras razones para la insatisfacción de Wundt. La concepción de Külpe de la psicología estaba empezando a divergir de la de Wundt e incluso en este primer libro existen claras áreas de tensión y diferencia. En el segundo libro importante de Külpe, Einleitung in die Philosopliie (Introducción a la filosofía), publicado en 1895, la división es aún más profunda. Külpe define una psicología experimental general Al formular su definición de psicología Külpe estuvo influido por los puntos de vista positivistas del físico Ernst Mach (1838-1916) y del filósofo Richard Avenarius (1843- 1896) (Danziger, 1979). Como positivistas, estos filósofos sostenían que toda la ciencia está basada en la experiencia; cuando los científicos naturales observan y registran even- tos naturales, lo hacen mediante sus experiencias sensoriales. Cuando las experiencias se estudian de manera independiente de un sistema biológico, la ciencia es la física; cuando son estudiados en el contexto de un sistema biológico, la ciencia es la psicología. El énfa- sis estaba puesto en la observación; las concepciones mentalistas y las atribuciones de las entidades mentales serían abjuradas. La psicología tendría que proporcionar descripcio- Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 207 nes objetivas de los actos mentales. Estos hombres aceptaron la posibilidad de una cien- cia de la psicología y respetaron su posición como una rama de la ciencia natural aunque nueva, válida e importante. El objetivo de Külpe era desarrollar una psicología general positivista que incluyera fenómenos complejos como pensar, juzgar, recordar y dudar. Como hemos visto, Wundt creía que tales fenómenos psicológicos complejos están más allá del alcance de los métodos experimentales. Esos actos mentales eran parte de lo que él llamó psicología social o etnopsicología, un complemento no experimental de la psi- cología experimental o fisiológica. A pesar del éxito de Ebbinghaus, todavía era respon- sabilidad de Külpe demostrar que otras funciones mentales superiores podían estudiarse en forma experimental. La investigación de Külpe en Wurzburgo proporcionó tal de- mostración. Investigación en la Universidad de Wurzburgo A Külpe le fue asignado uno de los edificios medievales de la universidad para su labo- ratorio, el cual recibía el apoyo de una fundación privada. Para 1896 el laboratorio estaba lleno de actividad. Los resultados experimentales reportados desde Wurzburgo desafia- rían algunos de los principios fundamentales de la psicología de Wundt y establecerían una aproximación rival a la ciencia de la psicología. Lo que llegaría a conocerse como la "escuela de Wurzburgo" tuvo sus comienzos formales en 1901 con un trabajo de dos de los estudiantes de Külpe, A. Mayer y J. Orth. En una investigación sobre la naturaleza cualitativa de las asociaciones, los dos interro- garon a los sujetos acerca de las asociaciones que llegaron libremente a las mentes de éstos mientras pensaban. Este método de cuestionamiento o interrogación se conocía en alemán como Ausfrage y llegó a ser ampliamente utilizado en Wurzburgo. Los sujetos de Mayer y Orth reportaron muchos patrones y tipos diferentes de asociaciones complejas y detalladas, a diferencia de las reportadas por Wundt y Titchener. Eran más parecidas a las descripciones de Francis Galton sobre las asociaciones que llegaron a su mente du- rante su paseo por Pall Malí en Londres (capítulo 9). Külpe estaba familiarizado con la investigación de Galton y la presentó en su Perfil. Tales experimentos nunca se habían realizado en Leipzig o Cornell. Ese mismo año un experimento reportado por Karl Marbe (1901) mostraría de manera aún más clara las características de la aproximación de Wurzburgo. Durante varios años Marbe había sido privatdozent en Wurzburgo, sucediendo a Külpe como cabeza del laboratorio. Marbe desempeñó un estudio experimental sobre el juicio, en el que se le pedía a los sujetos que compararan pesos y que los juzgaran como más pesados o más livianos. Por supuesto, ya se habían realizado muchos experimentos de levantamiento de pesos antes de Marbe que fueron básicos para los laboratorios de psicofísica. Lo que era diferente de estos experimentos era el interés en los juicios mismos. Los sujetos de Marbe podían emitir juicios correctos la mayor parte del tiempo, pero eran incapaces de describir cómo realizaban los juicios. Sus introspecciones no producían descripciones del acto mental de juzgar. Los juicios sólo llegaban a sus mentes. Tenían diversas sensa- ciones e imágenes, como Wundt había dicho que sucedería, pero las sensaciones y las imágenes no eran los juicios mismos. En el acto de juzgar, otros estados —duda, vacila- ción, búsqueda— ocurrían. Marbe llamó a estos estados Bewussteinlagen (actitudes cons- cientes) (Ogden, 1911, p. 189). Formaban los antecedentes contra los que se hacían los 208 Capítulo 6 juicios; acompañaban a los juicios. La descripción de Wundt de los tres elementos bási- cos de la conciencia —sensaciones, imágenes y sentimientos— no definía de manera adecuada la experiencia de los sujetos de Marbe. En 1900 Külpe y uno de sus estudiantes estadounidenses, William Lowe Bryan, con- dujeron algunos experimentos de abstracción que muestran de mejor manera la aproxi- mación de Wurzburgo. Bryan estaba bien preparado para auxiliar en estos experimentos. Después de conseguir el grado de maestro en filosofía en la Universidad de Indiana (1886), se fue a Berlín, donde sirvió como sujeto para los experimentos de memoria de Ebbinghaus (Capshew y Hearst, 1980). Luego regresó a Indiana, estableció un pequeño laboratorio de psicología en 1888 y obtuvo su grado de doctor con G. Stanley Hall en la Universidad Clark en 1892. Después de dar clases nuevamente en la Universidad de Indiana, Bryan regresó a Europa en 1900 y estudió con Pierre Janet (capítulo 8) y Alfred Binet (capítulo 11) antes de trabajar con Külpe. En el experimento de Külpe y Bryan, se les mostraba a los sujetos una tarjeta con sílabas sin sentido de varios colores, letras y combinaciones. La tarjeta se mostraba brevemente y se le pedía al sujeto que la observara y reportara el color, la forma o el número de elementos que en ella aparecían. Külpe y Bryan encontraron que sus sujetos abstraían una característica particular con instrucción oportuna, mientras que permanecían sin darse cuenta de otras características. Las sensa- ciones provenientes de las características aisladas no eran suficientes para colocarlas en la experiencia mental del sujeto (Ogden, 1951, p. 15). Külpe y Bryan creían que la abs- tracción del elemento deseado se basaba en los actos mentales activos a los que llamaron aprehensión. Una demostración simple de este fenómeno mental se puede arreglar con facilidad. Si la figura de arriba es mostrada a un sujeto y se le dice que la inspeccione cuidadosamente pues después se le preguntará qué números son los que se presentan, el sujeto recordará los números bastante bien. Pero si se le pregunta al sujeto qué letras aparecían, el recuerdo será deficiente. Las instrucciones hacen que los números y no las letras sean "aprehendidos". Uno de los paradigmas utilizado con mayor frecuencia en Leipzig es el de los tiem- pos de reacción simple. Külpe había realizado un estudio comparando los tiempos de reacción con la mano favorecida, generalmente la derecha, o la mano desfavorecida. Los psicólogos de Wurzburgo utilizaron el paradigma de los tiempos de reacción para estu- diar respuestas volitivas. Los sujetos tenían que dar una respuesta particular a un estí- mulo específico mediante un acto de voluntad. Con la práctica, los tiempos de reacción decrecían y los sujetos eran cada vez menos capaces de reportar un acto de voluntad Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 209 anterior a la respuesta. La reacción ocurría con tanta rapidez que simplemente no había tiempo suficiente para que la introspección se realizara. Esto creó un problema, ¿cómo podía ocurrir un acto volitivo, como obviamente ocurría, sin ser parte de la experiencia mental de los sujetos? Otro investigador de Wurzburgo, H. J. Watt, se aprovechó de este dilema. Primero introdujo el nuevo cronoscopio de Hipp, el cual permitía medir los tiempos de reacción con precisión y exactitud mucho mayores. Ésta fue una contribución técnica a la que los wundtianos le dieron la bienvenida. Lo que no aceptaban era su concepción de la res- puesta de tiempos de reacción misma. Watt propuso que estaba "fraccionada" en cuatro fases: 1. Un periodo preparatorio en que el sujeto se prepara para la presentación del es- tímulo. 2. Presentación del estímulo, en la que el sujeto siente el estímulo. 3. Esfuerzo del sujeto por la respuesta —el acto mental previo a la respuesta—. 4. La respuesta misma. Watt creía que el acto volitivo ocurre en el periodo preparatorio, cuando los sujetos aceptan y se preparan para la tarea. Los wundtianos habían fracasado en reportarlo por- que hacían introspecciones justo antes de la respuesta misma, en el momento equivoca- do. Cuando los sujetos de Watt realizaban introspecciones durante el periodo preparatorio, siempre eran capaces de describir los actos o los pensamientos volitivos. El acto de la voluntad se presentaba en todas las reacciones, pero siempre en la fase preparatoria. Para la investigación de esta disertación en Wurzburgo, Watt (1905) utilizó una técni- ca de asociación incómoda. Daba a los sujetos una palabra estímulo y les pedía que die- ran su sub o su supraordinado. Por ejemplo, para la palabra estímulo "pájaro" el subordinado podría ser "gorrión", y el supraordinado, "animal". Los sujetos de Watt pudieron responder apropiadamente con tiempos de reacción cortos y sin un esfuerzo mental consciente. El trabajo consciente, sostenía Watt, se realizaba cuando se daban las instrucciones y el sujeto las aceptaba. Watt llamó Aufgaben (tareas) a estas actitudes o preparativos mentales. Se consideraba que establecían en el sujeto una Einstellung (dis- posición) para responder en una forma específica. Narziss Ach, asistente de Külpe en Wurzburgo durante 15 años, mostró la influencia de una disposición cognitiva en las operaciones mentales. Cuando a los sujetos de Ach se les mostraba los números 7 y 3 de manera taquistoscópica, sus respuestas eran casi siempre 10, a pesar de que no se les daba instrucciones específicas de sumar. Los productos de otras operaciones aritméticas —4, 21 y 2.3— generalmente no ocurrían como respuestas. Los sujetos tenían una "dis- posición" cognitiva para sumar en lugar de desempeñar otras operaciones aritméticas. En 1905, Ach reportó una investigación en la cual utilizó lo que él llamó introspección experimental sistemática para analizar los procesos mentales mediante los que los suje- tos tomaban decisiones. Ach encontró claras diferencias entre sus sujetos, quienes fue- ron consistentes de un problema a otro, lo que lo condujo a clasificar a sus sujetos en diferentes "tipos de decisión". Estos experimentos recuerdan mucho las descripciones de Binet (1903) sobre el razonamiento y el pensamiento en sus dos hijas: la fría y concen- trada Madeleine y la impulsiva y vivaz Alice (capítulo 11). Cuando Ach publicó sus resultados, se dio una disputa más bien impropia. Binet reclamó la titularidad y afirmó que el "método de Wurzburgo" era mejor llamado el "método de París". En realidad la 210 Capítulo 6 titularidad no era importante; lo significativo fue que los estudios de Binet en París y los del laboratorio de Külpe convergieran en los mismos hallazgos (Ogden, 1911). Al paso de los años, los experimentos realizados en Wurzburgo cada vez estuvieron más cognitivamente orientados conforme se dirigieron a actividades mentales comple- jas. Algunas de estas investigaciones mejor conocidas fueron las de Karl Bühler. En 1907 reportó los resultados de un experimento en el cual a los sujetos se les hacían preguntas que requerían respuestas bien meditadas en lugar de una simple reacción, o de una res- puesta de sí o no. Por ejemplo, él preguntaba: "¿Por qué entre más pequeño es el pie de una mujer, es más grande la cuenta de sus zapatos?" (Bühler, 1907, p. 298). Ejemplos modernos de las preguntas al estilo de Bühler podrían ser: "¿Por qué mientras las ins- cripciones a una escuela se incrementan, no lo hacen los presupuestos?" o "¿Por qué son redondas las cubiertas de las alcantarillas?" El pensamiento que requieren tales problemas era el tema principal de la investiga- ción de Bühler. Interrogaba a sus sujetos en una forma empática pero detallada para dilucidar los pasos mentales que habían seguido. Sus sujetos le decían que las soluciones generalmente llegaban a ellos sin imágenes o sensaciones concretas. En consecuencia, Bühler describió el pensamiento de sus sujetos como "sin imágenes". En 1906 un inves- tigador estadounidense, Robert Woodworth, había ya reportado pensamiento sin imá- genes y por tanto el hallazgo no fue original de Bühler, pero llegó a ser un tema debatido de manera calurosa entre los psicólogos de Leipzig y los de Wurzburgo. La realidad del pensamiento sin sensaciones e imágenes era imposible de acuerdo con Wundt, quien creía que todos los experimentos realizados en Wurzburgo, especialmente los realizados por Bühler, eran seudoexperimentos o experimentos falsos. Bühler no estaba utilizando correctamente la introspección, dado que sus sujetos reportaban qué pasaba conforme trataban de resolver un problema en lugar de reportar los eventos mentales mismos. Sus datos eran "altamente subjetivos" y así los sometían a influencias y al error (Wundt, 1908). Un cuestionamiento final para Wundt provino de Wurzburgo en 1915 y fue realizado por otro visitante estadounidense al laboratorio, Thomas Verner Moore. Moore era un sacerdote ordenado que obtuvo su doctorado en una universidad católica. En Wurzburgo estudió la relación del significado con la imagen. Moore presentó palabras tanto visual como auditivamente a nueve sujetos y les pidió que presionaran una clave de telégrafo tan pronto como la palabra evocara significado o que quitaran sus manos de la clave cuando les evocara una imagen. Para todos, excepto uno de los nueve sujetos, los signi- ficados llegaron más rápido que las imágenes. Los significados ocurrían en un promedio de medio segundo, mientras que las imágenes se tomaban un segundo. Moore y Külpe concluyeron que el significado y la imagen son elementos diferentes de la experiencia mental y que existen al menos cuatro elementos independientes en la conciencia huma- na: sensación, imagen, sentimiento y significado (Ogden, 1951). Después de su trabajo en Wurzburgo, Moore regresó a la universidad católica, donde fungió como catedrático de los departamentos de psicología y psiquiatría desde 1939 hasta 1947. En 1938 Moore escribió Psicología cognitiva, un libro que tiene mucho en común con la perspectiva que emergió 25 años más tarde en los inicios de lo que se ha llamado la revolución cognitiva en la psicología (Knapp, 1985). Los psicólogos contemporáneos cognitivos utilizan un gran número de procedimientos desarrollados en Wurzburgo. En una elegante serie de experimentos, Saúl Sternberg (1966,1969,1975) utilizó los tiempos de reacción para me- dir la recuperación de la memoria a corto plazo y Michael Posner (1978) descubrió algu- Psicólogos alemanes del siglo XIX y principios del XX 211 nos hechos importantes acerca de comparaciones mentales tomando el tiempo a las per- sonas mientras realizaban juicios mentales. El procedimiento de Wurzburgo del cuestionamiento directo o de la interrogación (Ausfrage) también ha sido ampliamente utilizado, por ejemplo, en la investigación de Roger Schank sobre el conocimiento siste- mático (Schank, 1976). Wurzburgo bajo ataque La investigación de Wurzburgo fue criticada a detalle y con gran frecuencia por Wundt y sus estudiantes. Titchener fue un crítico especialmente asiduo. Külpe era mayor que él y al parecer mantuvo una actitud paternalista hacia Titchener a lo largo de su vida. Ogden recordaba que Külpe una vez le dijo: "Si sólo me pudiera sentar con Titchener, estoy seguro de que podría hacerlo entender lo que queremos decir" (Ogden, 1951, p. 6). Külpe nunca pudo hacerlo y Titchener ciertamente nunca cambió de opinión. Más de medio siglo después, en el análisis que el estudiante de Titchener, Edwin Boring, hace de Külpe en su Historia de la psicología experimental aún se ven las fuerzas críticas funcionando. Boring describió a Külpe como un hombre que con el sello de G. E. Müller y Wundt sobre él, comenzó como psicólogo del contenido, un claro pensador de pensamientos sucintos y un hombre listo para seguir a donde el experi- mento lo condujera, pero que después de las investigaciones de su escuela de Wurzburgo sobre pensamiento, encaja perfectamente bien dentro del campo de Brentano. (Boring, 1957, p. 386) Külpe cambió Wurzburgo por la Universidad de Bonn en 1909. En 1913 realizó su último movimiento, a la Universidad de Munich. Estaba profundamente comprometido con una aproximación experimental a la psicología y aceptó estos nombramientos con la condición de que se estableciera un laboratorio en Bonn y que fuera reequipado un labo- ratorio que ya existía en Munich. Con frecuencia decía que "la ciencia era su novia". Al igual que Stumpf, Külpe era un músico talentoso y tenía un profundo interés en la músi- ca lo mismo que en la literatura y en el arte. Uno de sus estudiantes estadounidenses, Robert Ogden, lo describió como "una personalidad estética viviente en un mundo obje- tivo" (Ogden, 1951, p. 7). La Primera Guerra Mundial tuvo un efecto traumático en Külpe, así como lo tuvo en Stumpf. Tenía muchos amigos psicólogos en los países aliados aunque estaba convenci- do de lo correcto de la causa alemana. Con la muerte de Külpe en 1915 terminó el progra- ma de investigación en la escuela de Wurzburgo. LOS PSICÓLOGOS ALEMANES PERDIDOS Con la excepción de Ebbinghaus, Weber y Fechner, muchos psicólogos alemanes de fina- les de los siglos XVIII y XIX cayeron en una oscuridad relativa. Como hemos visto, la prin- cipal razón de tal resultado fue que su trabajo y sus contactos profesionales internacionales fueron interrumpidos por la Primera Guerra Mundial y por los eventos previos al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Hitler v los nazis lleearon al ooder en 1933 v nronf-o 212 Capítulo 6 ocurrió la destrucción de las universidades alemanas. Stumpf fue el único psicólogo alemán analizado en este capítulo que todavía estaba vivo. Era un hombre viejo de 85 años en 1933, pero se mantenía pendiente con entusiasmo ante la situación política. En una de sus últimas cartas a un antiguo estudiante escribió patéticamente que él "no era un filósofo lo suficientemente bueno para mantener un completo estoicismo hacia las condiciones existentes", aunque se estaba "esforzando para cultivar tal actitud" (Langfeld, 1937, p. 319). La situación política impidió la comunicación entre los psicólogos alemanes y los estadounidenses. Pero como ya hemos hecho notar, estos "otros" psicólogos alemanes no tuvieron sus leales "Titcheners" para llevar sus teorías y sus aproximaciones a Esta- dos Unidos. En consecuencia, a muchas de sus ideas no se les dio la consideración apro- piada o simplemente se perdieron. También, el desarrollo de otros enfoques de la psicología en Estados Unidos, como el funcionalismo y el posterior conductismo, sirvie- ron para desplazar la aproximación cognitiva alemana. Hoy en día las psicologías cognitivas con algunas similitudes con las de Stumpf y Külpe están ganando una posi- ción prominente en la psicología estadounidense (Knapp, 1986a). Sin embargo, si no hubiera sido por las dos guerras mundiales se hubieran desarrollado mucho antes. La única aproximación alemana del siglo XIX que se arraigó en Estados Unidos fue la de los psicólogos de la Gestalt. Antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial estos hombres huyeron de la Alemania nazi y encontraron refugio en Estados Unidos. La psicología de la Gestalt será el tema del capítulo 7. CAPITULO SIETE La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos D urante las primeras décadas del siglo XX, la psicología Gestalt proporcionó una alternativa importante y un desafío al estructuralismo (capítulos 4 y 5), al funcionalismo (capítulo 10) y al conductismo (capítulo 12). Fundada en Alemania por sucesores de los psicólogos que se analizaron en el capítulo 6, la psicología Gestalt llegó al oeste de Estados Unidos en la década de 1930 convirtiéndose en una influencia impor- tante en el desarrollo de la psicología de ese país. Gestalt es una palabra alemana que significa forma o contorno. Inicialmente los tres fundadores de la psicología de la Gestalt, Max Wertheimer, Kurt Koffka y Wolfgang Köhler, estaban interesados en la percepción. Más tarde sus intereses se ampliaron hasta incluir aprendizaje, solución de problemas y cognición, pero dentro de la psicología de la Gestalt dichos temas fueron tratados como fenómenos totales. Más tarde, uno de sus colegas, Kurt Lewin, adoptó la perspectiva de la Gestalt para desarrollar una innovadora teoría de campo, la cual empleaba para diri- gir gran variedad de temas y asuntos relacionados con el desarrollo infantil, la dirección industrial y la psicología social. El término psicología de la Gestalt ahora es universal y la palabra Gestalt es utilizada en forma amplia por los psicólogos, algunas veces sin ser capitalizada. FUNDACIÓN CONCEPTUAL DE LA PSICOLOGÍA DE LA GESTALT Aunque nueva, e incluso radical, la psicología de la Gestalt no se desarrolló en el vacío sino más bien surgió de las teorías perceptuales de Ernst Mach y de los experimentos de Christian von Ehrenfels. En el capítulo 6 se clasificó a Mach como un filósofo positivista y se vio su influencia sobre Oswald Külpe. En su libro Análisis de las Sensaciones (1886/1914), Mach describió las propiedades de las formas espaciales y auditivas —cuadrados, círcu- los y melodías simples—. Como unidades perceptuales estas formas tienen cualidades que las distinguen de sus elementos; las sensaciones están organizadas en la conciencia para crear cualidades de la forma (Gestaltqualitaten) que pueden ser nuevas y, hasta cierto punto, independientes de las sensaciones mismas. Mach señaló que una mesa es la fuente de muchas sensaciones; la podemos ver, tocar y, posiblemente, incluso probarla. Pero una mesa es algo más que un compuesto de dichas sensaciones. Tiene una "cualidad de for- La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 217 ma" que persiste incluso cuando las sensaciones cambian. Iluminada de manera brillante o con una luz tenue, vieja o nueva, pulida o manchada de tinta, continúa siendo la misma mesa. Las cualidades de forma de ésta le dan permanencia perceptual o psicológica. El segundo teórico perceptual que influenció a los psicólogos de la Gestalt, Christian von Ehrenf els (1859-1932), recibió su entrenamiento en filosofía bajo la dirección de Alexius Meinong en la Universidad de Gräz en Austria. Meinong fue protegido de Franz Brentano (capítulo 6). Von Ehrenfels debió ser una persona interesante; escribió poemas y óperas y era un wagneriano apasionado, amigo de Sigmund Freud (capítulo 8) y defensor de Ui legalización de la poligamia (Heider, 1970). Él también tenía fuertes antecedentes musica- les de compositor y ejecutante. Von Ehrenfels estaba de acuerdo con Mach en que las melodías tienen cualidades de forma en adición a las distintas sensaciones provenientes de las notas individuales que las constituyen. Cuando una melodía es tocada en diferen- tes claves o ejecutada por distintos instrumentos, las notas producen diversas sensacio- nes, pero la melodía retiene su cualidad de forma. Una canción ejecutada por distintas voces continúa siendo la misma canción. Von Eherenfels llamó a esta característica transposicionabilidad. La melodía puede ser transpuesta a diferentes claves, voces o instru- mentos pero todavía retiene su identidad. En 1888 y 1889 von Ehrenfels dio conferencias sobre las cualidades de forma en la Universidad de Viena, y en 1890 publicó un trabajo en donde las describía. Uno de los estudiantes que lo escuchó como conferencista y leyó su trabajo fue Max Wertheimer, uno de los tres fundadores de la psicología de la Gestalt. MAX WERTHEIMER (1880-1943) Y LOS INICIOS DE LA PSICOLOGÍA DE LA GESTALT Max Wertheimer nació en Praga y asistió a la universidad de la ciudad, donde estudió leyes. Más tarde se interesó en la psicología y estudió bajo la dirección de Stumpf en la Universidad de Berlín antes de obtener su grado doctoral en la Universidad de Wurzburgo con Külpe en 1904. En el verano de 1910 viajó de Austria al Rhin alemán para unas vacaciones. Durante el viaje, al mirar por la ventana se impresionó por el movimiento aparente de los postes, las bardas, las construcciones e incluso las colinas y montañas distantes. Estos objetos estacionarios parecían correr junto con el tren. Millones de per- sonas antes de Wertheimer habían viajado en trenes y visto este fenómeno, pero él lo percibió de un nuevo modo. Se preguntó: ¿Por qué parece que estos objetos se mueven? Abandonó sus planes para las vacaciones y dejó el tren en Frankfurt donde compró un estroboscopio simple en una tienda de juguetes. En su habitación del hotel utilizó el artefacto para proyectar imágenes sucesivas de un caballo y de un niño. En la propor- ción de proyección correcta el caballo parecía trotar y el niño caminar. Aunque estos movimientos eran desiguales y espasmódicos, eran claros. Muchas personas antes de Wertheimer habían visto esto —el estroboscopio era después de todo un juguete popu- lar— pero él miró los orígenes psicológicos subyacentes de tal movimiento. Nuevamen- te se preguntó: ¿De dónde proviene el movimiento? Al día siguiente Wertheimer consultó al profesor Friedrich Schumann del Instituto Psicológico de la Universidad de Frankfurt. Schumann (1863-1940) poseía un doctorado en física y era una autoridad en percepción del espacio. Siendo incapaz de contestar las preguntas de Wertheimer, Schumann le solicitó que tratara de responderlas por él mis- mo y de manera generosa le ofreció utilizar su laboratorio y su equipo, incluyendo un 218 Capítulo 7 taquistoscopio mejorado que él desarrolló. Schumann también le presentó a dos de sus colegas de Frankfurt, Kurt Koffka y Wolfgang Köhler. Koffka (1886-1941) nació en Berlín y asistió a su universidad. Él obtuvo su doctorado con Stumpf en 1909. Köhler (1887- 1967) nació en Reval en las provincias Bálticas (ahora Tallinn, Estonia) y también obtuvo su grado de doctorado con Stumpf en 1909. Cuando se conocieron, Wertheimer tenía 30 años de edad; Koffka y Köhler tenían 24 y 22 años, respectivamente. Ellos llegarían a convertirse en el triunvirato de la psicología de la Gestalt. En su primer experimento en Frankfurt, Wertheimer utilizó el taquistoscopio de Schumann para proyectar de manera sucesiva una raya vertical blanca y luego una raya horizontal blanca sobre un fondo negro. Schumann había reportado en 1907 que en cier- tos intervalos de tiempo la raya blanca parecía moverse de la posición vertical a la hori- zontal. Los tres sujetos de Wertheimer —Köhler, Koffka y la esposa de éste— describieron con exactitud la experiencia perceptual. Uno reportó: "la rotación de cerca de 90 grados, es imposible pensarla como una sucesión; no es la vertical blanca la que se mueve, sino que simplemente existe un proceso de transición"; otro sujeto reportó que la línea pare- cía "acostarse" (Wertheimer, 1912, en Sahakian, 1968, p. 419). El movimiento aparente se observó bajo condiciones de laboratorio controladas. Después Wertheimer encendía luces de manera sucesiva a través de dos angostas rendijas en una pantalla. Cuando las luces estaban separadas por intervalos de 50 a 60 milisegundos, parecían moverse de una posición a otra, un fenómeno que Wertheimer llamó fenómeno phi. A intervalos más pequeños ambas luces eran vistas como si estuvie- ran prendidas continuamente; en intervalos más largos, se veían de manera sucesiva; pero en el intervalo óptimo, Wertheimer reportó que "el movimiento está presente obli- gatoria y característicamente en su naturaleza específica; está dado de manera clara y espontánea y es siempre observable" (Wertheimer, 1912, en Sahakian, 1968, p. 422). Wertheimer describió el fenómeno phi como una experiencia psicológica que no es redu- cible a sus elementos. Debe ser estudiado de manera holística pues no puede compren- derse estudiando sus elementos. De acuerdo con la tan repetida máxima asociada con la psicología de la Gestalt, el todo es diferente de la suma de sus partes. Un experimento reportado por Vittorio Benussi (1878-1927) proporciona otro ejem- plo de tal movimiento aparente, pero en una modalidad sensorial distinta. Benussi fue contemporáneo de Wertheimer, estudiante de Meinong y profesor de la Universidad de Gráz. Él descubrió que cuando dos puntos sobre la piel son estimulados en una rápida sucesión (el intervalo es crítico), el estímulo parece moverse en un arco a través del espa- cio, tocando la piel en los dos puntos de estimulación. Esto es, como si una pulga brincara de un punto al otro sobre la piel. De acuerdo con Benussi, la percepción del movimiento de la "pulga" es un proceso en dos etapas. Primero se envía el estímulo táctil y luego ocurre un proceso mental interno que resulta en la percepción del movimiento. Benussi llamó a este proceso mental o acto producción Gestalt. Georg von Békésy (1899-1972) ganó en 1961 el Premio Nobel por su investigación sobre los mecanismos auditivos. En una serie posterior de experimentos von Békésy colocó vibradores sobre las rodillas de sujetos con los ojos vendados. Acierta intensidad de vibración ellos percibían un punto fuente de vibración saltando de una rodilla a la otra —un fenómeno phi táctil—. Von Békésy también encontró que a ciertas proporcio- nes los sujetos experimentarían un punto de estimulación en el espacio entre sus rodillas. Ellos experimentaban una clara sensación táctil proveniente de una ubicación espacial donde no había receptores sensoriales (Pribram, 1971, p. 169). La psicología de ¡a Gestalt en Alemania y Estados Unidos 219 En 1972 dos psicólogos, Frank Geldard y Cari Sherrik, reportaron un efecto similar al de Benussi. Ellos encontraron que al aplicar estímulos eléctricos y mecánicos a ciertos intervalos de tiempo en partes separadas de la muñeca y del brazo, los sujetos reporta- ban "una suave progresión de saltos en el brazo, como si un pequeño conejo estuviera brincando desde la muñeca hasta el codo. Si se conserva el ritmo original y se reduce el número de golpecitos (N) en cada lugar, los brincos se vuelven más largos; si N se incrementa (hasta un límite), los brincos se vuelven más cortos" (Geldard y Sherrick, 1972, p. 178). Es claro que en los experimentos de Wertheimer y de Benussi y, de manera más reciente, para los sujetos de Békésy y en el caso del "conejo" de Geldard y Sherrick, la Gestalt, o la experiencia perceptual completa, tenía una propiedad —movimiento— que sus componentes no tenían. En realidad las líneas y las luces no se movían ni los estímulos táctiles sucedían, pero se percibía que sí. En 1912 Wertheimer publicó un tra- bajo "Experimentelle Studien über das Sehen von Bewegung" (Estudios experimentales sobre la percepción del movimiento), reportando los resultados de sus experimentos en Frankfurt. Este trabajo marca el inicio formal de la psicología de la Gestalt. Wertheimer, Koffka y Köhler veían una psicología más nueva y dinámica que la pro- porcionada por el estructuralismo de Wundt. Ellos no estaban satisfechos con lo que consideraban era un estado estático, estéril y estropeado de la psicología en ese momen- to. Más tarde Köhler recordó sus puntos de vista: Su psicología [la del introspeccionista] es muy incapaz de satisfacer a la gente por mucho tiempo. Dado que ignora las experiencias de la vida cotidiana y se concentra en hechos raros, los cuales sólo pueden revelar un procedimiento artificial, tanto su audiencia perso- nal como la laica tarde o temprano perderá la paciencia. Y algo más pasará. Habrá psicólo- gos que le tomarán la palabra cuando dice que ésta es la única manera correcta de tratar la experiencia. Si esto es verdadero, dirán, el estudio de la experiencia puede con seguridad no interesarnos. Haremos cosas más vivas. Estudiaremos la conducta. (Köhler, 1947, p. 85) Al hacer "cosas más vivas" Wertheimer, Köhler y Koffka, de hecho establecieron una psicología más nueva, dinámica y relevante. En sus bosquejos de la psicología de la Gestalt, reunieron apoyo para la nueva disciplina de donde pudieron encontrarlo. Fue especial- mente importante la investigación del fenomenólogo danés Edgar Rubin. En 1915 Rubin describió sus experimentos con figuras perceptualmente ambiguas como éstas: En la figura de la izquierda, una persona generalmente ve primero una mesa o una urna (vaso) y luego, algún tiempo después, dos perfiles en negro. La figura, por consiguiente, se describe como el "vaso de Rubin" o como "los perfiles de Pedro y Pablo de Rubin". En 220 Capítulo 7 la otra figura una persona ve una cruz blanca o una negra. En estas figuras, diferentes relaciones de figura-fondo conducen a distintas percepciones. Estas percepciones, dijo Rubin, emergen como totales, no por partes. Demuestran que nuestras percepciones son activas, vivas y organizadas. No somos simplemente receptores pasivos de estímulos sensoriales. Tales puntos de vista fueron adoptados por los psicólogos de la Gestalt como de su propiedad. Principios de percepción de la Gestalt De acuerdo con los seguidores de la Gestalt, nuestras percepciones cotidianas del mun- do se encuentran también organizadas de manera activa dentro de unidades coherentes. Considere el cielo de noche. Para los eones, las estrellas en el cielo de la noche han sido percibidas como pertenecientes a grupos que son tan comunes que tienen sus nombres: la Osa Mayor y la Cruz del Sur, por ejemplo. Los principios que gobiernan la organiza- ción de tales experiencias perceptuales fueron perfilados en tres importantes trabajos: "Percepción: Una introducción a la teoría Gestalt" de Koffka, publicado en el Boletín Psicológico de 1922, leído así por psicólogos de habla inglesa; Una Investigación de las Leyes de la Gestalt (1922) de Wertheimer, y Un Aspecto de la Psicología Gestalt (1925) de Köhler. Estos principios incluían los siguientes: Similitud. Elementos iguales y similares forman grupos o unidades. Considere las siguientes figuras: De manera típica, las X y las O en la colección de la izquierda son vistas en columnas, mientras que se ven en hileras en la formación de la derecha. Los elementos que son similares son agrupados en unidades perceptuales, en este caso ya sea en columnas o en hileras. Proximidad. Los elementos que están próximos o cercanos tienden a ser agrupados. Al ver la siguiente figura, la mayor parte de la gente percibe dos grupos de tres piezas: La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 221 Las X y las O pueden fácilmente ser arregladas para producir agrupamientos por aproxi- mación: La formación de la izquierda usualmente se percibe como tres columnas dobles de X, mientras que la de la derecha como tres columnas dobles de O. En la siguiente formación las X y las O se agrupan por proximidad de manera que percibimos dos rectángulos: Cierre y buena Gestalt. El cierre se refiere a nuestra tendencia para "llenar" o com- pletar las partes faltantes de una configuración para así hacerla perceptualmente completa. Una figura que nos permite hacer esto con facilidad es una buena Gestalt. Considere estos ejemplos: 222 Capítulo 7 En todos los casos las figuras están incompletas —carecen de cierre— aunque todas ellas son vistas con claridad, ya sea como triángulos o como círculos. Estas figuras geométricas son ejemplos de buenas Gestalts. Con frecuencia, por el cierre, sólo unas pocas líneas son suficientes para percepciones organizadas: La mayoría de la gente ve el caballo con facilidad en las quince líneas del dibujo de Picasso a la izquierda; la figura de la derecha puede ser menos inminente. Es la caricatura del perfil del director de cine Alfred Hitchcock hecho por él mismo. Para aquellos familiarizados con el perfil de Hitchcock (Spoto, 1983), esta figura es percibida con clari- dad como el esencial Hitchcock. Estas figuras son buenas Gestalts en tanto que tienen cierre y balance en grado suficiente de manera que un cambio local no podría mejo- rarlas. En estas demostraciones los psicólogos de la Gestalt mostraron que las experiencias perceptuales son dinámicas, no estáticas; organizadas, no caóticas; y predecibles, no erráticas. Rudolf Arnheim consideró la idea de que "el mundo de la experiencia senso- rial está hecho primariamente no de cosas sino de formas dinámicas" por haber sido el desarrollo más importante en la psicología de las artes durante el siglo XX (Arnheim, 1988, p. 585). Para ilustrar tales dinámicas perceptuales Arnheim describió las diferentes impresiones que causaron en los observadores los dos rostros simplificados siguientes: La psicología de ¡a Gestalt en Alemania y Estados Unidos 113 El rostro de la izquierda se percibió como viejo, triste y desagradable; el rostro de la derecha jovial y sereno. Pequeñas diferencias en las figuras conducen a grandes distin- ciones perceptuales. Los psicólogos de la Gestalt creían que los principios de la organización perceptual pueden dar cuenta no sólo de nuestras percepciones visuales, sino también de las auditivas y táctiles y de procesos mentales elevados tales como la memoria. Demostraciones im- presionantes sobre la generalidad de estos principios de la Gestalt han sido proporciona- das por Bluma Zeigarnirk, Paul Schiller y Roy F. Street. La generalidad de los principios de la Gestalt Bluma Zeigarnik fue una psicóloga rusa mejor conocida para los psicólogos occidentales por el descubrimiento de lo que ha llegado a llamarse efecto Zeigarnik (Bieliauskas, 1977). Ella pasó algún tiempo en Alemania trabajando con el cuarto psicólogo importante de la Gestalt, Kurt Lewin. La génesis de su estudio fue la observación de Lewin en cuanto a que los camareros alemanes podían recordar durante un considerable periodo los deta- lles de la cuenta de un cliente. Sin embargo, una vez que era pagada, con frecuencia no podían recordar la cantidad. En tanto que la cuenta permanecía sin ser pagada, la tran- sacción carecía de cierre y esta tensión facilitaba recordar; el pago completaba la transac- ción, producía el cierre, disipaba la tensión y borraba la memoria. Para probar la validez de esta explicación, Zeigarnik (1927) realizó un ingenioso ex- perimento. Ella les dio a sus sujetos una serie de 18 a 22 tareas simples, tales como copiar líneas de un libro, escribir los nombres de ciudades cuya primera letra fuera L, y hacer figuras con arcilla o fósforos. La mitad de las tareas eran interrumpidas por el experi- mentador antes de completarse y, por tanto, carecían de cierre; la otra mitad eran com- pletadas. Se probó con 164 sujetos. Unas cuantas horas más tarde se les pidió que listaran todas las tareas que podían recordar. Las tareas sin terminar fueron recordadas un 90 por ciento mejor que las tareas completadas, y también se recordaron con mayor rapidez y con menos esfuerzo (Hartmann, 1935, p. 220). Zeigarnik creía que un sujeto al que se le da una tarea siente la necesidad de comple- tarla. Si no se le permite hacerlo, esta "cuasi-necesidad" persiste, creando un estado de tensión que facilita el recuerdo de esa tarea en particular. Esta explicación predice que si las pruebas de memoria fueran proporcionadas 24 horas después, el estado de tensión decrecería y el recuerdo de tareas interrumpidas sería mucho más difícil. Para ese mo- mento la cuasi-necesidad se habría disipado. Zeigarnik experimentó con algunos de los sujetos 24 horas después de las tareas interrumpidas o completadas y encontró que para entonces el recuerdo de las tareas interrumpidas se había, en efecto, reducido de manera considerable (Köhler, 1947, p. 304). En nuestro contemporáneo mundo cotidiano vemos ejemplos irresistibles del efecto Zeigarnik: los finales emocionantes de programas seriales y los anuncios que formulan preguntas sin respuestas o que nos preparan para el cierre y luego fallan en dárnoslo. Tales anuncios hacen que nuestros cerebros estén impacientes (Chance, 1975). Hace al- gunos años hubo un ejemplo particularmente inteligente de la técnica anterior en un comercial de cigarros transmitido por radio y televisión. El comercial incluía una canción que se repetía gran número de veces: "Usted puede llevar Salem afuera del país pero [aquí sonaba una campana] —tilín, tilín— usted no puede llevar el país fuera 224 Capítulo 7 de Salem." La canción se repetía varias veces, y luego el comercial terminaba: "Usted puede llevar Salem afuera del país pero —tilín, tilín..." La necesidad de completar el mensaje era irresistible. Éste fue un uso brillante de la carencia de cierre para facilitar el recuerdo. La copia de otro anuncio brillante se leía: Su celebración de Navidad no está completa sin su J&B (whiskey) En un escrito para entretenimiento, Eliot Hearst describe la tensión que experimentamos durante un inusualmente largo silencio en una conversación. Él también señala que los cartógrafos medievales añadían animales míticos o no existentes para completar o llenar huecos o espacios incompletos en sus mapas (Hearst, 1991, p. 441). El segundo estudio extraordinario sobre la generalidad de los principios de la Gestalt fue dirigido en el Yerkes Regional Primate Center por Paul Schiller (1951). Él tomó ven- taja de la habilidad de garabateo y dibujo de un chimpancé maduro, Alpha. Cuando se le daban crayolas y papel, Alpha con frecuencia dibujaba. Schiller le mostró a Alpha el siguiente círculo con una cuña faltante en forma de rebanada: Alpha completó el espacio abierto e hizo algunas marcas en el resto de la figura (Schiller, 1951, p. 106). Cuando el chimpancé coloreaba las siguientes colecciones de cuadros, la mayor parte de los garabatos hechos por el animal estaban en el área de los cuadros faltantes (Schiller, 1951, p. 107). Los dibujos de Alpha eran notablemente consistentes con los principios Gestalt de organización perceptual. Al igual que los sujetos de Zeigarnik y de cualquiera que experimentara el comercial de cigarrillos o que haya tratado de entablar una conver- sación con un compañero tímido, Alpha expresó la necesidad de cierre. La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 225 En la Universidad Estatal de Ohio en una revaloración más reciente de dibujos de tres chimpancés, Sarah Boysen y sus colegas encontraron algunos espacios vacíos llena- dos entre componentes ampliamente separados y reportó que "algunos dibujos indivi- duales eran atormentadoramente sugestivos de marcas que 'intentaban' completar la figura, y si se examinaban muestras limitadas, sugerirían algún dibujo propositivo" (Boysen, Berntson y Prentice, 1987, p. 88). No obstante, el cierre no era parte de la con- ducta global de dibujo de sus chimpancés, posiblemente porque eran más jóvenes que el animal con el que trabajó Schiller. Se ha comprobado que el cierre es de significancia clínica. Las Pruebas Gestalt de Completamiento juzgan la habilidad de un sujeto para percibir figuras significativas en dibujos como el siguiente (Street, 1931): La habilidad para ver al "hombre", al "perro", y al "caballo y su jinete" ha sido utiliza- da para evaluar la integridad funcional del hemisferio derecho del cerebro (Gur y Rei- vich, 1980). Un pobre desempeño en pruebas de cierre perceptual ha sido asociado con deterioros en el hemisferio derecho (Bogen, De Zure, Tenhouton y March, 1972). Más recientemente, las pruebas de cierre perceptual se han denominado "ruidosas" —esto es, influenciadas por muchos factores— pero siguen siendo mediciones útiles de la función del hemisferio derecho (Wasserstein, Zappulla, Rosen y Gerstman, 1987). 226 Capítulo 7 Ilusiones y nuestro mundo perceptual De acuerdo con los psicólogos de la Gestalt, nuestra tendencia a organizar las percepcio- nes conduce a un ámbito perceptual o psicológico que con frecuencia es muy diferente del físico. Considere estas figuras simples: En ambos casos la línea vertical parece más larga que la horizontal. De hecho, las líneas son todas iguales en longitud. Aquí y en general, los mundos físico y psicológico con frecuencia no corresponden; nuestra tendencia a organizar las propias percepciones con- duce a ilusiones, o engaños de los sentidos. En consecuencia, cuando reaccionamos al ámbito, no lo hacemos necesariamente a la realidad física; tal vez reaccionamos a una realidad psicológica diferente. En el texto Principios de psicología de la Gestalt (1935) Koffka utilizó una vieja leyenda alemana ilustrando con dramatismo la diferencia entre lo que llamamos "ámbitos geográfico y conductual". En una tarde de invierno en medio de una torrencial tormenta de nieve un hombre a caba- llo arribó a una posada, feliz de haber encontrado resguardo después de horas de cabalgar sobre la planicie azotada por los vientos en la cual el manto de nieve había cubierto todos los caminos y las señales. El posadero que llegó a la puerta vio al extraño con sorpresa y le preguntó de dónde venía. El hombre señaló en dirección rectilínea desde la posada, des- pués de lo cual, el posadero en un tono de asombro y admiración, dijo: "¿Usted sabe que ha cabalgado a través del Lago de Constanza?" A lo cual el jinete cayó petrificado a sus pies. (Koffka, 1935, pp. 27-28) Geográficamente, el hombre cabalgó a través del Lago de Constanza, pero conductual o perceptualmente, él cruzó una planicie cubierta de nieve. Cuando supo cuál había sido su ámbito en realidad, la impresión lo mató. Koffka también señaló que aunque nosotros podemos compartir el mismo ámbito geográfico, nuestros ámbitos conductuales pue- den ser muy diferentes. El destino de la psicología de la Gestalt en Alemania Estos experimentos y contribuciones teóricas establecieron a la psicología de la Gestalt como una importante escuela de la psicología alemana en la década de 1920. En esa década Alemania era una nación devastada por las repercusiones de la Primera Guerra Mundial y sus instituciones políticas, económicas y sociales estaban en desorden. En noviembre de 1918 disturbios y motines se extendieron a Berlín, conduciendo al Kaiser a La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 227 volar hacia Holanda al armisticio, y a la fundación, después de más disturbios sangrien- tos, de la República Weimar. Berlín era una ciudad contenida de rabia febril y fermenta- da. El hambre era común y la inflación corría en una proporción difícil de comprender. En agosto de 1922,400 marcos alemanes compraban un dólar estadounidense; en agosto de 1923 la tasa de cambio era de un millón de marcos por dólar; y en noviembre era de 4.2 trillones de marcos por un dólar. Los bancos le aconsejaron a los contadores "mante- ner los ceros" y pagaban los retiros por peso (Rhodes, 1986, p. 18). Todavía en la década de 1920 Berlín era la ciudad donde interpretaban a Bertolt Brecht, Marlene Dietrich en El ángel azul y la música de Kurt Weill. Yehudi Menuhin a la edad de doce años, eñ un concierto con la filarmónica de Berlín, interpretó a Brahms, Beethoven y Bach con Albert Einstein en la audiencia. Berlín era la ciudad con el primer rascacielos con paredes de cristal de Ludwig Mies van der Rohe (Rhodes, 1986, p. 17). La Universidad de Berlín estaba en el centro de esos eventos, y fue ahí donde la psicología de la Gestalt se desarro- lló y alcanzó la cima. En 1922 la ascendencia de la perpectiva Gestalt fue confirmada cuando Wolfgang Köhler sucedió a Cari Stumpf como director del Instituto Psicológico de Berlín. Triste- mente el instituto tenía poco más de una década de excelencia bajo el liderazgo de Köhler, antes de ser destrozado por los nazis. Uno de los primeros efectos de la incautación de los nazis del gobierno alemán fue el despido de los profesores judíos de las universida- des e institutos de investigación. El 7 de abril de 1933, los judíos fueron expulsados del servicio civil, el cual incluía todos los puestos profesionales en universidades alemanas. Wertheimer fue removido de su posición en la Universidad de Berlín y expulsado de Alemania en 1933. Él emigró a Estados Unidos reuniendo lo que llegó a conocerse como la Universidad en Exilio de la Nueva Escuela de Investigación Social en la ciudad de Nueva York. Esa brillante institución rescató a más de 170 eruditos, científicos y a sus familias de la Europa fascista, incluyendo a la historiadora Hannah Arendt y al antropólogo Claude Lévi-Strauss. Koffka había emigrado a Estados Unidos, uniéndose a la facultad de Smith College en 1927. Köhler pronto fue forzado a unirse a sus colegas. Al final del terrible año de 1933 unos 193 profesores, incluyendo al menos 27 psicólogos, habían sido despedidos de universidades alemanas. Durante los ataques a las universidades alemanas y los despidos de los profesores judíos, la mayoría de los académicos y científicos alemanes guardaron silencio. Su co- bardía, según Köhler, corroboraba el desprecio de los nazis por la vida intelectual (Henle, 1978a, p. 940). Muchos de ellos, incluyendo algunos psicólogos, apoyaron a los nazis (Wyatt y Teuber, 1944). Martin Heidegger era el filósofo más avanzado y reconocido en Alemania en 1930. Él era miembro del partido nazi, apoyaba activamente a Hitler, y con sumisión hacía respetar las regulaciones antijudías (Farras, 1988). Bajo el liderazgo de un reconocido nazi, Félix Kreuger, el Instituto de Psicología de Wundt en la Universidad de Leipzig (capítulo 5) se convirtió en una "célula popular, esto es, un centro germinal de actividades ultra-nacionalistas" (Wyatt y Teuber, 1944, p. 232). En contraste, Köhler se oponía vigorosamente a los nazis (Henle, 1978a). Clarke Crannell, un estudiante estado- unidense en el Instituto Psicológico de Berlín, describió la atmósfera en 1933: El Reichstag había ardido. En cualquier lugar de Berlín la Estrella de David estaba siendo marcada en las ventanas de las tiendas y en las placas de los médicos, cuya mala fortuna era ser judíos. Un paseo linter Den Linden no sería disfrutado sin encontrarse un retén de camisas cafés, sus botas a staccato al compás de la espeluznante canción de guerra. (Crannell, 1970, p. 267). 228 Capítulo 7 El 28 de abril de 1933 Köhler escribió un artículo crítico del régimen para el periódico de Berlín Deutsche Allgemeine Zeitung, el equivalente alemán del New York Times. Este fue el último artículo antinazi en ser publicado bajo el dominio nazi; esperando ser arresta- do, Köhler y sus colegas pasaron la noche anterior a la publicación del artículo tocando música de cámara en el instituto. Las tropas antiasalto no llegaron y Köhler no fue arres- tado, probablemente debido a su prestigio y reputación. Pero los abusos pronto siguie- ron. En noviembre de 1933 se promulgó un decreto acerca del inicio de las conferencias con el saludo nazi por parte de los profesores. Poco después Köhler dio una conferencia a más de 200 personas, incluyendo no sólo a sus estudiantes y colegas, sino también a muchos simpatizantes de los camisas café y de los nazis. El comienzo de aquella confe- rencia fue una especie de saludo nazi caricaturizado; él mantuvo su oposición al Socia- lismo Nacional. La audiencia respondió con un estruendoso aplauso, pero las autoridades se indignaron (Crannell, 1970). En diciembre de 1933 Harvard invitó a Köhler a dar la tercera conferencia memorial William James el siguiente año, a presentar una serie de diez a doce conferencias públicas y a conducir un seminario para graduados. Él aceptó, pero antes de abandonar Alemania se enfrentó a la provocación y al acoso. El instituto era repetidamente "inspeccionado" por tropas armadas. En abril de 1934 Köhler renunció como director, pero su renuncia no fue aceptada. No obstante, se fue a Harvard en septiembre de 1934. Su conferencia sobre epistemología y metafísica fue atractiva para los filósofos de Harvard, quienes exhorta- ron su nombramiento para un puesto en la facultad. Pero Boring estaba particularmente decepcionado de que Köhler olvidara la psicología experimental y, como jefe del departa- mento de psicología, se opuso al nombramiento. Uno de los argumentos de Boring fue el hecho de que Harvard había cometido lo que él consideraba eran dos graves errores con previos nombramientos: Münsterberg (capítulo 5) y el británico William McDougall.* No * William McDougall (1871-1938) obtuvo sus grados en arte y medicina en Cambridge y una maestría en Oxford. Él estableció un laboratorio de psicología en la Universidad de Londres y enseñó "Filosofía moral" en Oxford. Este último, a diferencia de Londres y Cambridge, era hostil con la nueva psicología. El libro de McDougall Introducción a ¡a Psicología Social (1908) es uno de los trabajos fundadores de esa área. En 1912 McDougall definió a la psicología como "la ciencia de la conducta", pero el suyo fue un conductismo propositivo que enfatizaba los instintos, motivos y propósitos. McDougall sirvió como oficial médico en La Primera Guerra Mundial, especializándose en el tratamiento de neurosis de guerra. Aunque se consideraba en ese momento como el psicólogo inglés líder, en 1920 McDougall aceptó un llamado para dar cátedra de psicología en Harvard. Su carrera ahí fue corta y altamente controvertida debido a su interés en la investigación psicológica: McDougall fue presidente de la Sociedad para la Investigación Psíquica (1920) y de la Sociedad Estadounidense para la Investigación Psíquica (1922); él adoptó la doctrina del instinto y el concepto de una mente de grupo, y afirmó haber encontrado evidencia en apoyo a la hipótesis lamarckiana de que las características adquiridas son here- dadas (capítulo 9). La presentación de McDougall en apoyo a Lamarck en el noveno congreso internacional de psicología de Yale en 1929 enfrentó "rudeza e insolencia" (Jones, 1987, p. 933) y condujo a un desafío a su credibilidad científica por parte de Cattell (capítulo 9) (Alvarado y Zingrone, 1989, p. 446). McDougall recibió una cobertura de prensa en extremo negativa y salvajemente satírica, en especial por el New York Times (Jones, 1987). Él dejó Harvard en 1927 por una cátedra de psicología en la Universidad Duke, ostensiblemente en búsqueda de un mejor clima (McDougall 1930). McDougall fue también un crítico estridente de otros. Su descripción de la psicología de Wundt: "un cenagal de pedantería, una masa de confusión y error, carente incluso del mérito modesto de la consistencia interna", y su menosprecio por Titchener: "puede decirse que la psicología experimental del estricto estilo wundtiano ha muerto de anemia perniciosa bajo el demasiado drás- tico tratamiento purgativo del doctor Titchener" (McDougall, 1932, pp. 197-198). A cambio McDougall fue difamado como, por ejemplo, en el reporte público de Knight Dunlap (capítulo 12) que en una visita a la Universidad Duke encontró que McDougall estaba en proceso de morir de cáncer, declarando: "entre más pronto se muera, será mejor para la psicología" (Dunlap en Smith, 1989, p. 446). La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 229 podía arriesgar el nombramiento de otro psicólogo extranjero. Karl Lashley fue nombra- do al puesto y Köhler regresó a un futuro incierto en Alemania. Se instruyó a Köhler para que hiciera un juramento de lealtad a Hitler. Él se negó y continuó protestando por la interferencia con los asuntos de su instituto y en demanda de la restitución de sus colegas y asistentes judíos despedidos. En agosto de ese año su renuncia fue finalmente aceptada. Köhler emigró a Estados Unidos y aceptó un puesto como profesor de psicología en la Universidad Swarthmore. Así, para 1940 los tres fun- dadores de la psicología de la Gestalt, lo mismo que Lewin, estaban en Estados Unidos. Por desgracia, tres de ellos tuvieron cortas carreras en ese país: Koffka murió en 1941, Wertheimer en 1943 y Lewin en 1947. Sólo Köhler tuvo una larga carrera en Estados Unidos hasta su muerte en 1967. Wertheimer y la Universidad en Exilio Wertheimer fue miembro de un pequeño grupo de eruditos europeos emigré que funda- ron la libertad académica y el refugio del totalitarismo en la Universidad en Exilio en la Nueva Escuela de Investigación Social en la Universidad de Nueva York. Alvin Johnson, el presidente de la nueva escuela, movilizó un esfuerzo para crear una universidad en exilio para víctimas de la persecusión nazi. El primer grupo de eruditos refugiados, in- cluyendo a Wertheimer, llegaron en 1933 y empezaron el primer semestre de la escuela en octubre de ese año. Ésa era una institución que consideraba a la educación como la forma más efectiva para transformar la sociedad y proteger la democracia. Su principal objetivo, "seguir la verdad a donde quiera que nos conduzca, sin tomar en cuenta las consecuencias personales", fue atrayente de manera inmensa para Wertheimer y sus colegas. Durante los siete años que pasó en la nueva escuela antes de morir, estudió el pensamiento humano y la educación. Él había estado muy interesado en esos temas y con frecuencia dio conferencias y seminarios sobre pensamiento creativo y educación. Su libro Pensamiento Productivo, publicado postmortem en 1945, documenta una pequeña parte del material que presentaba en sus conferencias y seminarios (Luchins y Luchins, 1970). El libro es original y provocativo pero difícil de leer, y se ha dicho que Wertheimer era un mejor conferencista y líder de seminarios que escritor (Köhler, 1944). Wertheimer se oponía de manera inexorable a los métodos de rutina de instrucción y a las técnicas de solución de problemas que enfatizaban la aplicación mecánica de prin- cipios o fórmulas. En su lugar, recomendaba una perpectiva Gestalt en la que el proble- ma se considera como un todo. Para demostrar esta perspectiva dio un ejemplo de niños aprendiendo a encontrar el área de un paralelogramo. Wertheimer observó a un maestro de escuela enseñar a sus alumnos con el método convencional: 230 Capítulo 7 Primero los ángulos eran nombrados a, b, c y d. Luego las perpendiculares eran bajadas de d a e y de c a /. Después, la línea base era extendida de b a /. Por último, el área del paralelogramo se encontraba al multiplicar la base por la altura. Con este método los alumnos eran capaces de encontrar el área de varios paralelogramos, y el maestro estaba complacido con su progreso. Wertheimer, sin embargo, sospechaba que los niños apren- dían a aplicar el método de forma mecánica, sin un verdadero entendimiento de la es- tructura de los paralelogramos. Con el permiso del maestro, Wertheimer pidió a los estudiantes que encontraran el área de la siguiente figura: Algunos alumnos se dieron cuenta de que girando la figura 45 grados podían usar el método que habían aprendido, muchos otros no eran tan flexibles y llegaron a estar confundidos, y a protestar debido a que nunca habían visto una figura como esa. Ellos trataron de aprender el método que se les enseñó, pero estaban inciertos acerca de cuál constituía la base de la figura. El maestro dijo a Wertheimer con cierta indignación: "Us- ted ciertamente les dio una figura extraña. Es natural que sean incapaces de trabajar con ella" (Wertheimer, 1945/1959, p.17). Wertheimer, sin embargo, creía que el fracaso de los niños mostraba lo inadecuado del método que se les había enseñado. Sugirió formas de enseñarle a los niños a ver las relaciones entre las partes de un paralelogramo, para verlo como una Gestalt, y para pensar productivamente. Demostró que cualquier paralelogramo puede separarse en un cierto número de partes: Cuando las partes de este paralelogramo son reunidas, forman un rectángulo cuya área es calculada con facilidad. Una vez que los niños entendieron esto, no sólo podían calcu- lar el área de cualquier paralelogramo sin tomar en cuenta su dimensión y altura, sino que podían calcular el área de figuras más irregulares simplemente dándose cuenta de que tales figuras complejas pueden separarse en figuras simples. Como un ejemplo de pensamiento productivo espontáneo, Wertheimer registró un episodio en la vida de un eminente matemático, Cari Friedrich Gauss (Wertheimer, 1945/ 1959, p. 90). Su madre era analfabeta y su padre carecía de instrucción alguna, no obstan- te, él llegó a ser una eminencia en las matemáticas. Cuando Gauss tenía seis años de edad su maestro de gramática preguntó a la clase. "¿Cuál de ustedes será el primero en obtener la suma de 1 + 2 + 3 + 4 + 5 + 6 + 7 + 8 + 9 +10?" Mientras sus compañeros de clase estaban todavía pensando en el problema, Gauss ya tenía la solución: 55. "¿Cómo demonios la obtuvo tan rápido?" preguntó con sorpresa su maestro, sin darse cuenta de La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 231 que estaba tratando con un genio de las matemáticas. Wertheimer reconstruyó el pensa- miento de Gauss y llegó a la conclusión de que éste debió percatarse que los números extremos en la serie del maestro siempre sumaban 11: 1 + 10 = 11 2 + 9 = 11 3 + 8 = 11 4 + 7 = 11 5 + 6 = 11 Hay 5 de esos números, por lo que su suma o total debe ser 5 x 11 = 55. Wertheimer creía en la posibilidad de desarrollar tal pensamiento productivo —por insight en todos los niños—, no sólo en genios como Gauss.* Wertheimer también analizó tanto el proceso de pensamiento que Galileo Galilei pudo haber usado cuando formuló la ley de inercia que gobierna a los cuerpos que caen (capí- tulo 2) como el proceso de pensamiento de Albert Einstein. El último análisis fue el resul- tado de su amistad con Einstein, quien, de acuerdo con un reporte (Roback, 1952, p. 304), consideraba a Wertheimer como un genio. Pasó muchas horas en el estudio de Einstein revisando cómo llegó a formular la teoría general de la relatividad (Wertheimer, 1945/ 1959, cap. VII). El análisis de Wertheimer es demasiado complejo para resumirlo, pero es único y del más alto tipo de creatividad y de pensamiento productivo. Los psicólogos contemporáneos también han mostrado un gran interés en la definición de creatividad y en las formas en las que puede medirse (Barron, 1969; Flanagan, 1963; Guilford, 1954). Al igual que Wertheimer, con frecuencia enfatizaron la flexibilidad y la novedad en el pen- samiento productivo —piense en ocho usos para una pelota de goma, un palillo de dien- tes, un clip, un ladrillo o una regla de 30 centímetros— en lugar del uso de reglas y métodos convencionales. Wertheimer desafió los métodos tradicionales para enseñar habilidades de solución de problemas a los niños. Aunque su trabajo era innovador, no tuvo el impacto que merecía ni en la psicología del aprendizaje ni en la educación. El impacto principal de la psicología de la Gestalt resultó de la investigación sobre aprendizaje animal del colega más joven de Wertheimer, Wolfgang Köhler. Esta investigación proporcionó observacio- nes diferentes de aprendizaje animal y explicaciones teóricas del proceso mismo. Dado que el aprendizaje animal era una preocupación central de los psicólogos estadouniden- ses, Köhler hizo una importante aportación. * Recientemente ha habido un informe encluso más impresionante acerca del joven Gauss: "Cuando Gauss tenía 10 años, el maestro de la escuela del pueblo pensó en mantener ocupada a su clase escribiendo los enteros desde 1 hasta 100 para luego encontrar su suma. Momentos después se sobresaltó al ver al pequeño Cari en su escritorio con sólo un número en su pizarra. 'Ahi tá', dijo el niño y luego se sentó con las manos cruzadas mientras el resto de la clase trabajaba con dificultad. Al final, sólo Cari tuvo la respuesta correcta. El niño había percibido en un momento que el problema se reducía a: (1+100) + (2+99)+...(50+51) = 50(101) = 5 050"(Lykken, McGue, Tellegen y Bouchard, 1992, p. 1573). 232 Capítulo 7 LOS EXPERIMENTOS DE APRENDIZAJE POR INSIGHT DE WOLFGANG KÖHLER (1887-1967) Wolfgang Köhler obtuvo un doctorado con Stumpf (capítulo 6) en Berlín en 1909 y, como hemos visto, sirvió como sujeto en los experimentos de Wertheimer en Frankfurt. En 1913 Stumpf arregló para Köhler un nombramiento como director de la estación de investiga- ción antropoide en Tenerife, en las Islas Canarias. La Academia de Ciencia Prusiana lo envió ahí a estudiar las habilidades de solución de problemas y la inteligencia general de un grupo de chimpancés recientemente capturados en África Occidental (Köhler, 1988, p. 521). Pla- neaba estar sólo unos pocos meses pero, con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 se encontró a sí mismo abandonado en la isla hasta 1920. Ocupó su tiempo de manera provechosa al realizar sus famosos experimentos sobre aprendizaje por insight. En ese momento la postura prevaleciente sobre aprendizaje animal era la del psicólo- go estadounidense Edward Lee Thorndike (capítulo 10). Después de estudiar el apren- dizaje de pollos, monos, perros y especialmente gatos, Thorndike concluyó que el aprendizaje es un proceso de ensayo y error dependiente de la acción selectiva de pre- mio y castigo. Köhler, sin embargo, estaba insatisfecho tanto con la conclusión de Thorndike como con los resultados experimentales que él había utilizado. En particular, Köhler cuestionó la conclusión general de Thorndike de que sus animales no razonaban, sino que aprendían mecánicamente a través de la acción selectiva de premio y castigo. Köhler argumentó que los animales de Thorndike pudieron haber sido capaces de razo- nar, pero esto no se pudo demostrar en el contexto del tipo de situaciones problema que habían sido utilizadas. Tal vez las cajas problema de Thorndike forzaron a los animales a aprender mediante ensayo y error, dado que formas más inteligentes de solución de problemas fueron impedidas. Köhler argumentó que en cualquier prueba para niveles más altos de razonamiento en animales debían estar presentes todos los elementos nece- sarios para una solución inteligente. Así, comenzó el debate entre la postura coneccionista de estímulo-respuesta de Thorndike sobre el aprendizaje animal y el campo de Köhler, la Gestalt, o lo que llamó, postura "insight". Para probar la validez de este enfoque, Köhler implemento tareas de solución de problemas que le permitían a un animal percibir los elementos de la solución y llegar a ella mediante el insight en lugar del ensayo y error. Los primeros experimentos de Köhler los hizo con un perro, un pollo y un niño pe- queño. Él creía que una característica de la solución inteligente de problemas es la habi- lidad para cambiar a una solución indirecta cuando una solución directa está bloqueada. Köhler desarrolló el problema Umwege, o desviación, en el cual el acceso directo a una meta está bloqueado y el sujeto es forzado a hacer una desviación. La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 233 En su primer experimento de desviación, un perro fue colocado en posición S y el ali- mento en G. El perro corría suave y rápidamente alrededor de la desviación al alimento. Luego, un niño de un año de edad fue colocado en S y veía su juguete en G. Primero trataba de empujar la barrera, pero luego Köhler notó que "de manera repentina se reía alegremente, y en un movimiento se ponía en marcha alrededor de la esquina hacia el objetivo" (Köhler, 1925b, p.14). Las gallinas a las que se enfrentaba al problema de des- viación fueron muy diferentes. Éstas insistían en ir al frente de la barrera en una manera confusa y no inteligente y nunca hicieron la desviación requerida. Por consiguiente, Köhler concluyó que los perros y los niños son capaces del razonamiento demandado por esta situación, mientras que las gallinas no lo son. Las situaciones que Köhler utilizó en sus experimentos con chimpancés fueron más complicadas, pues él encontraba que los animales eran en extremo interesantes e inte- ligentes. Primero colgó un racimo de plátanos en una canasta del techo de alambre de la jaula del animal. Los chimpancés no podían alcanzar los plátanos brincando, la so- lución directa obvia, y por tanto estaban forzados a desarrollar una forma indirecta para alcanzar el alimento. Un andamio en un lado de la jaula estaba próximo al ar- co de la canasta que se balanceaba. Cuando los animales entraban por primera vez a la jaula hacían intentos fútiles por alcanzar la canasta, pero luego uno de ellos, Chica, de acuerdo con las notas de Köhler, "evaluó la situación con calma y de repente se volvió hacia el andamio, esperó la canasta con los brazos abiertos y la cachó. El experi- mento duró cerca de un minuto" (Köhler, 1925b, p. 19). Posteriormente el andamio se removió, haciendo el problema más difícil, pero otro chimpancé, Sultán, se sobrepuso al reto y se trepó a una viga del techo alcanzando los plátanos cuando pasaban balanceán- dose. Köhler también enfrentó a sus animales con problemas en los que tenían que utilizar varas como implementos o herramientas. Primero, los plátanos eran colocados afuera de la jaula, lejos del alcance del chimpancé. Un cierto número de varas estaban en la jaula. Uno de los animales, Tschego, primero trató sin éxito de alcanzar el alimento con sus manos, pero después de media hora se rindió. Se acostó tranquilamente en la jaula hasta que un grupo de animales más jóvenes afuera se aproximaron a la fruta. Luego, "de repente Tschego saltó, agarró una vara y con destreza jaló los plátanos hasta que estaban a su alcance" (Köhler, 1925b, p. 32). En apariencia todo lo que Tschego necesitaba era un poco de motivación social. En otra versión de esta prueba, el animal tenía que usar una vara corta para unirla a una más larga y luego usarla para jalar los plátanos. De nuevo los animales tuvieron éxito. En una prueba todavía más complicada, un plátano estaba afuera de la jaula, a tal distancia que no podía ser alcanzado por ninguna de las dos varas que estaban en la jaula. Sin embargo, si las dos varas eran unidas su longitud combinada era suficiente para alcanzar la fruta. En un punto Köhler demostró la solución poniendo uno de sus dedos al final de una de las varas, pero eso no ayudó a Sultán. Köhler luego dejó al animal a cargo de un cuidador que más tarde reportó: Sultán, primero que nada se agachó con indiferencia sobre la caja que estaba un poco atrás del cerco; luego se levantó, alzó las dos varas, se sentó otra vez sobre la caja y jugó descui- dadamente con las varas. Al hacer esto parecía haber encontrado que al sostener una vara en cada mano en forma tal que quedaran en línea recta, empujaba la más delgada un poco dentro de la abertura de la más gruesa, saltaba y quedaba en camino hacia el cerco, con lo 234 Capítulo 7 que tenía que dar media vuelta sobre su espalda y empezar a jalar el plátano hacia él con una doble vara. (Köhler, 1925b, p. 127). Toda esta secuencia tomó menos de cinco minutos. Luego un plátano fue suspendido del techo fuera de su alcance. Primero, Sultán trató de tirarlo pegándole con una vara. Luego arrastró una caja bajo el plátano, se trepó en ella y con éxito tiró la fruta. Subsecuentemente, Sultán y un cierto número de otros chim- pancés construyeron torres hasta de cuatro cajas. En una ocasión, cuando la fruta estaba suspendida del techo y no había cajas en la jaula, el chimpancé empujó a un cuidador bajo la fruta y trepó hasta sus hombros para alcanzarla. Los chimpancés también fueron vistos trepando en sus propios hombros o escalando un robusto poste colocado bajo la fruta hasta que se caía. Una de las fotografías de Köhler muestra a Chica al menos a un metro y medio de altura en un poste casi vertical, agarrando alimento suspendido con una mano y sosteniendo la punta del poste con la otra. Además de permitirle a los animales inspeccionar todo el problema, los experimen- tos de Köhler también tuvieron las siguientes características: primero, fueron hechos en las jaulas o encierros donde vivían los animales. Köhler creía que en tales situaciones los animales estaban más cómodos y, por tanto, sería más probable que mostraran una con- ducta inteligente. Segundo, como hemos visto, con frecuencia evaluaba a sus animales en presencia de otros animales. Köhler creía que tal situación era la más natural. Consi- deraba que la conducta del animal evaluado solo era anormal. De manera incidental, este grupo de evaluación le permitía a Köhler observar fenómenos sociales tales como el aprendizaje por observación e imitación. Tercero, Köhler reportó sus resultados descriptivamente con muy pocos números e interpretaciones estadísticas. Creía que lo más valioso en sus observaciones se perdería si fuera manejado en abstracto, la moda estadística. Prácticamente todas las observaciones notables de Köhler se hicieron durante los primeros seis meses de 1914. Köhler pasó sus años restantes en Tenerife replicándolas y extendiéndolas. Esto causó cierta consternación entre los agentes de inteligencia británi- cos que no podían creer que un científico pasara tanto tiempo averiguando cómo un chimpancé aprende a obtener plátanos. Ellos estaban convencidos de que los reportes de sus experimentos eran parte de un ingenioso plan de espionaje alemán (Gleitman, 1981, p. 138). Recientemente, Ronald Levy (1990) alegó que Köhler estaba involucrado en un "chisme de espionaje", una alegata que ha sido desafiada (Harris, 1991). La meta de Köhler era la ciencia, no el espionaje. Köhler reportó primero sus resultados en una monografía de la Academia de Ciencia de Berlín en 1917 y luego en un libro publicado en Alemania en 1921; sin embargo, su mayor impacto siguió a la publicación en inglés en 1925 de su libro La mentalidad de los primates. Köhler llamó a la actividad cognitiva que había observado "aprendizaje por insight" y dijo de ella: Podemos, en nuestra propia experiencia, distinguir con agudeza entre la clase de conducta que desde el inicio surge de una consideración de la estructura de la situación y una que no. Sólo en el caso anterior hablamos de insight y sólo esa conducta de los animales en definitiva nos parece inteligente, lo que toma en cuenta desde el inicio cuando pone la mano y procede a tratar en un solo curso, definido, continuo. De aquí sigue el criterio de La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 235 insight: la aparición de una solución completa con referencia a la completa presentación del campo. (Köhler, 1925b, p. 190). Köhler describió del siguiente modo las propiedades del aprendizaje por insight: Primero, las soluciones del aprendizaje por insight se basan en una restructuración perceptual del problema. El animal "ve o percibe" la solución. Se caracteriza por un sentimiento de "Ah, lo tengo" o por una experiencia de "Aja" como la de Arquímedes cuando tomó su famoso baño. En contraste, el aprendizaje por ensayo y error de Thorndike es lento y gradual. Segundo, el aprendizaje por insight no depende de recompensas. Las frutas que Köhler utilizaba proporcionaban incentivos, pero no eran responsables del aprendizaje. Los animales habían solucionado los problemas antes de comer la fruta. Tercero, las soluciones por insight se caracterizan por generalización, o grandes cantida- des de transferencia positiva, de un problema a otro. Los animales de Köhler llegaron a ser sabios-a-la-prueba o sofisticados; una vez que habían solucionado, implementado o saturado un problema, podían rápidamente solucionar situaciones similares. Las cualidades del aprendizaje por insight pueden observarse cuando a los humanos se les dan problemas de insight. Considere a dos ciclistas separados por 32 kilómetros que se dirigen uno al otro pedaleando a una velocidad constante de 16 kph. Al mismo tiempo una pequeña pero enérgica ave vuela a una velocidad constante de 24 kph de la primera bicicleta hasta alcanzar la rueda frontal de la otra. Luego instantáneamente se vuelve y vuela hasta que encuentra la rueda de la primera bicicleta. El ave continúa este patrón hasta que los dos ciclistas se encuentran. La pregunta es: ¿qué distancia vuela el ave antes de que sea aplastada entre las dos ruedas frontales? Una solución de fuerza bruta de no insight es calcular la distancia que el ave vuela sobre cada pata y sumar esas distancias. La solución por insight es ver que los ciclistas con una velocidad combinada de 16 kph se encontrarán exactamente una hora después de que empezaron, y en ese tiempo el ave volando a 24 kph habrá cubierto 24 kilómetros. Es sorprendente que incluso matemáticos talentosos fallan en la solución por insight. Un ejemplo es John von Neumann, uno de los grandes genios matemáticos del siglo XX (Macrae, 1992). Cuando se le planteó el problema hizo su danza característica mientras se concentraba y de inme- diato contestó "24 kilómetros". "Oh, ya habías oído el truco", dijo decepcionado quien preguntó. "¿Qué truco?" preguntó el confundido Johnny (von Neumann). "Yo simple- mente sumé las series infinitas" (Macrae, 1992, pp. 10-11). En 1925 Köhler visitó Estados Unidos como profesor visitante en la Universidad Clark. Sostuvo haber disfrutado la vastedad y belleza de ese país y la amabilidad de sus habi- tantes. Incluso los perros, dijo, eran amables (Henle, 1986, p. 238). Ofreció numerosas conferencias exitosas sobre solución de problemas y aprendizaje por insight en chimpan- cés, pero no en el Sur. Mary Henle explica por qué no: Después de todo, 1925 era el año del juicio de Scopes en Tennessee, el famoso "juicio del mono", en el que un joven profesor de preparatoria estaba convencido de enseñar evolu- ción. Más tarde Köhler aprendió que una de las mejores universidades sureñas no lo invi- taría a hablar de su trabajo con los chimpancés porque podría "levantar una tormenta de indignación en todo el estado". (Henle, 1986, pp. 238-239) La mentalidad de los primates de Köhler es un libro notable que muestra con claridad el poder de los principios de la Gestalt en guiar y organizar un programa de investigación. 236 Capítulo 7 Además de las descripciones del aprendizaje por insight, el libro contiene muchas obser- vaciones interesantes de aprendizaje por discriminación, memoria y emoción en anima- les. De acuerdo con los teóricos del estímulo-respuesta como Thorndike, lo que un animal aprende en un experimento de discriminación es a responder a un estímulo en particular con una respuesta específica; según la teoría de la Gestalt el animal aprende a responder al estímulo situación como a una Gestalt, o un todo, en especial en cuanto a las relaciones entre los estímulos. La elegante prueba de Köhler de estas diferentes concepciones involucraba la transposición de los estímulos. Primero, un pollo fue entrenado a discrimi- nar entre dos sombras grises. Al picotear en una tarjeta gris oscuro (II) siempre era re- compensado con alimento; picotear a una tarjeta gris claro (I) nunca producía alimento. Los pollos no son los animales más inteligentes, pero después de entre 400 y 600 ensayos podían picotear consistentemente la tarjeta II y rara vez la I. Pero ¿qué había aprendido el pollo? ¿Aprendió a picar la tarjeta estímulo gris, el enfoque estímulo-respuesta (E-R) o a examinar la relación entre las dos tarjetas y a responder a la más oscura? La prueba de Köhler era ingeniosa. Él transpuso los estímulos de manera que el pollo tenía que elegir entre la tarjeta gris oscura original (II) y una tarjeta negra (III): La teoría E-R predice que debido a que el estímulo original se presenta, el pollo debe responder a la tarjeta II; la teoría de la Gestalt predice que el pollo seleccionará el más oscuro de los estímulos y, por tanto, picotear la tarjeta III. La mayoría de los pollos de Köhler eligieron la tarjeta III en la prueba de transposición. Experimentos similares con simios y niños utilizando dimensiones de estímulos más complejas, tales como color o forma, produjeron resultados similares. En las pruebas de transposición los sujetos inva- riablemente eligen el nuevo estímulo, sugiriendo que respondían a la relación entre estí- mulos y al campo como un todo en lugar de a un estímulo aislado y específico. Una prueba de lo adecuado de una teoría es su habilidad para sugerir pruebas críticas. El experimento de transposición es una muestra impresionante de la capacidad de la teoría de la Gestalt para proporcionar tal prueba, y de la ingenuidad de Köhler como experi- mentador. Una segunda observación importante que Köhler describió concierne a la memoria animal. Estaba convencido de que la memoria de un simio es limitada. En un experimen- to cubrió un área cuadrada extensa de tierra con varias pulgadas de arena. Hizo algunas marcas y líneas en la arena y una pequeña colina para que sirviera de señal. Luego, se transportó hasta ahí a un simio encerrado para que lo mirara enterrar alimento en la arena. Cuando fue liberado después de una corta demora, el simio se dirigió de inmedia- to al punto y desenterró el alimento; cuando la demora duraba varios minutos el simio La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 237 buscaba por todo el terreno antes de hallar el alimento. Este hallazgo sugirió a Köhler que la memoria de un simio está limitada a los eventos recientes. Por último, Köhler rechazó las explicaciones empiristas sobre la emoción, que afir- maban que las reacciones emocionales se adquieren mediante la experiencia (capítulos 2 y 12). ¿Cómo podían tales reportes explicar el paroxismo del miedo y del terror que sus animales mostraban cuando veían por primera vez un animal extraño, como un camello, pasar por su jaula? En una ocasión la reacción de miedo fue tan intensa que los experi- mentos no pudieron llevarse a cabo durante varios días. Las intensas reacciones de mie- do fueron también provocadas por juguetes mecánicos, animales rellenos, una víbora y una máscara. Köhler reportó: Un día, cuando me aproximaba al cerco, repentinamente volví la cabeza y me puse una copia de cartón de la máscara del demonio cingalés (un objeto ciertamente espantoso) y de inmediato todos los chimpancés, excepto Grande, huyeron. Ellos se lanzaban a las jaulas como si entuvieran poseídos, y cuando llegué todavía más cerca el valiente Grande tam- bién desapareció. (Köhler, 1925b, pp. 322-323) Köhler argumentó que tal reacción inmediata e intensa no podía haber sido aprendi- da, pues la máscara nunca había sido aparejada con castigo.* Los hallazgos de la investigación reportados en La Mentalidad de los Primates conven- cieron a Köhler de que el aprendizaje por ensayo y error no podía explicar la compleja solución de problemas de los animales y los humanos. Hoy en día las diferencias entre aprendizaje por insight y por ensayo y error no parecen tan bien delimitadas como lo eran para Köhler. Incluso en sus propios experimentos es claro que las soluciones eran con frecuencia precedidas por conductas que se parecen al aprendizaje por ensayo y error. Los diferentes experimentos e interpretaciones de Köhler y Thorndike fueron una reflexión de sus concepciones sobre los procesos psicológicos básicos: para Köhler, la Gestalt; para Thorndike, el funcionalismo. Históricamente, la psicología de la Gestalt se ha relacionado con el trabajo de Wertheimer, Koffka y Köhler. En efecto, estos tres hombres establecieron los fundamen- tos conceptuales, teóricos y empíricos para este nuevo enfoque de la psicología. Uno de sus colegas con una inclinación más aplicada, Kurt Lewin, fue capaz de utilizar los con- ceptos y el enfoque de la psicología de la Gestalt para dirigir asuntos psicológicos más amplios del desarrollo de la personalidad, eficiencia del trabajador, y varias conductas y problemas sociales. KURT LEWIN (1890-1947) Y LA APLICACIÓN DE LA PSICOLOGÍA DE LA GESTALT La influencia de Kurt Lewin en la psicología contemporánea ha sido reconocida (Kendler, 1989; Patnoe, 1988; Stivers y Wheelan, 1986). Pero incluso los psicólogos que reconocen * El psicólogo canadiense Donald Hebb, trabajando con chimpancés en Estados Unidos, replicó los hallazgos de Köhler y también hizo un descubrimiento adicional. Cuando se les mostraron modelos de cabezas de ani- males y humanos separadas del cuerpo, los chimpancés infantes no mostraban miedo, los jóvenes mostraban excitación incrementada, mientras que los chimpancés adultos se aterrorizaban (Hebb, 1949, p. 243). 238 Capítulo 7 la importancia de su trabajo creativo e innovador se enfrentan con una anomalía: na- die parece estar seguro de cómo pronunciar su nombre. ¿Debe ser Luu-in o La-vin? Cuan- do llegó por primera vez a Estados Unidos Lewin utilizó la pronunciación alemana, La-vin. Más tarde cambió a la pronunciación estadounidense cuando sus hijos se moles- taron por tener que explicar cómo decirlo en alemán a sus amigos estadounidenses (Marrow, 1969). Para la consternación de los pedantes ambas pronunciaciones son co- rrectas. Primeros años de la vida de Lewin Lewin nació el 9 de septiembre de 1890 en la villa de Moglino en la provincia prusiana de Posen, ahora parte de Polonia. Su familia tenía una pequeña granja, pero vivían arriba de la tienda de su propiedad. Lewin era el segundo hijo y el primer varón de una familia de cuatro niños y fue educado en un hogar judío afectuoso y de clase media, pero eso no protegió a Lewin de la discriminación y el antisemitismo que prevalecía en Alemania a finales del siglo XIX. Las oportunidades educativas, sociales y ocupacionales de Lewin fueron restringidas. En 1905 la familia de Lewin se mudó a Berlín donde Lewin terminó su educación preparatoria en el Gymnasium Kaiserin Augusta. Hasta ese momento su desempeño escolar no había sido bueno, destacándose mejor por su fiero temperamen- to. Sólo durante sus dos últimos años en el Gymnasium hizo que su gran inteligencia fuera aparente. Después de estudiar medicina y biología en las universidades de Friburgo y Munich, Lewin se transfirió a la Universidad de Berlín en 1910. El Instituto Psicológico de Stumpf y el departamento de psicología de Berlín (capítulo 6) eran entornos animados, y Lewin estaba intrigado por la posibilidad de una ciencia de la psicología. Sin embargo, encon- tró muchos de los cursos del departamento en la "gran tradición" de la psicología wundtiana irrelevantes y monótonos. Con demasiada frecuencia parecía que los psicó- logos desempeñaban estudios pequeños, desconectados, que nunca formaban un todo significativo. Lewin pasó tres años en Berlín utilizando sílabas sin sentido en un experi- mento de tiempos de reacción antes de concluir que su investigación era insustancial. Buscó una psicología nueva, más relevante. Lewin formó parte de un animado grupo de estudiantes preocupados por las opor- tunidades educativas limitadas disponibles para las clases trabajadoras de Berlín, el tipo de problemas que Lewin sentía que los psicólogos podían ayudar a resolver. Él organizó una serie de cursos para trabajadores en enseñanza de habilidades básicas. Las autorida- des de la universidad se opusieron a tales cursos, considerándolos subversivos, pero esta primera "universidad sin muros" fue exitosa. Toda su vida Lewin mantuvo este compromiso de aplicar la psicología a los problemas de la sociedad. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914, Lewin había completado todos los requerimientos para un doctorado y estaba a punto de graduarse. Fue voluntario en el ejército y sirvió cuatro años en las mortales trincheras, ganando una Cruz de Hierro antes de ser herido y hospitalizado en 1918. Su grado fue conferido en 1916 con Stumpf como su tutor, aunque Lewin más tarde recordó que éste no discutió nunca su investiga- ción doctoral con él (Lewin, 1937). Aun así, Lewin consideraba a Stumpf como uno de los dos psicólogos alemanes más importantes del momento, siendo George Elias Müller (capítulo 6) el otro. La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 239 Los primeros escritos de Lewin Mientras estaba de permiso en 1917 Lewin publicó un notable trabajo, "El paisaje de la guerra", en el que describió la experiencia de los soldados en la guerra. Se refirió al "es- pacio vital" de los soldados y también utilizó términos tales como límite, dirección y zona, todos los cuales serían centrales en su teoría topológica. Lewin enfatizó que el espacio vital de los soldados es muy diferente al de los civiles. Por ejemplo, para un civil, un camino sombreado bajo unos peñascos es un lugar ideal para un paseo o un día de campo; para un soldado, es un lugar peligroso de posibles emboscadas. Dentro del contexto de paz, acciones tales como quemar muebles o libros con combustible se considerarían bárbaras, pero en tiempos de guerra son aceptables. Lewin también describió la despersonalización y deshumanización "del enemigo" como la personificación de todos los demonios. Después de su incapacidad en 1918, Lewin regresó al Instituto Psicológico de Berlín como colaborador de Wertheimer y Köhler y como amigo profesional de Koffka. Lewin encontró atractivo el enfoque de la Gestalt de estos hombres, pero sus intereses profesio- nales enfatizaban más la aplicación que los de ellos. En 1919 Lewin publicó dos trabajos sobre los trabajadores del campo y de la industria en los que regresó al tema de su traba- jo del ejército. A pesar de las aparentes similitudes entre trabajadores de la agricultura y de la industria —por ejemplo, sus días implicaban un fuerte trabajo físico— Lewin argu- mentó que sus espacios vitales diferían de manera sustancial. El trabajador industrial debe desarrollar una habilidad especializada para utilizarse todos los días, mientras que el agricultor debe hacer diferentes cosas cada día y en cada estación del año. Lewin tam- bién creía que si bien un trabajador industrial con frecuencia gana más dinero, el trabajo de agricultor puede ser más satisfactorio. Lewin también analizó los bien conocidos es- tudios de tiempo y movimiento del ingeniero industrial estadounidense pionero Frederick Winslow Taylor, quien comenzó sus estudios de trabajadores en fábricas de máquinas en el año de 1880. En 1911 publicó Los principios del manejo científico. Taylor defendía un enfoque de cronómetro y hoja de control en el trabajo en la industria, en el cual, después de todo, el sistema debe ser primero. Las actividades del trabajador serían cronometradas y las que resultaran innecesarias e ineficientes serían eliminadas con el objetivo de incre- mentar la eficiencia y la productividad industrial. Taylor fue un fuerte defensor de pro- gramas de pago a destajo en los que el trabajador recibe su paga en función del número de objetos que produce. Los trabajadores y sus uniones se oponían a tales programas de trabajo por ser explotadores, pues el requerimiento de trabajo es controlado por el pa- trón. Taylor apoyó el trabajo a destajo con reportes a favor de trabajadores aparentemente transformados por incentivos en trabajos por pieza (Banta, 1993). A pesar de afirmar el manejo científico, tales reportes no eran más que anécdotas. Una reacción común al en- foque de Taylor entre los trabajadores se muestra por su apodo, "veloz", pero sus estu- dios de tiempo y movimiento estuvieron en boga entre los administradores. Recientemente Taylor fue descrito en Estados Unidos como "el Ross Perot o el Lee Iacocca de sus días" (Heller, 1993, p. A8), y por Peter F. Drucker (1993) como uno de los tres creadores, junto con Freud y Darwin, del mundo moderno. Lewin fue más crítico. En un trabajo publica- do en 1920, "La socialización del sistema Taylor", Lewin argumentó que el trabajo es algo más que producir una máxima eficiencia. El trabajo tiene "valor vital" y debe ser enriquecido y humanizado. Nosotros no vivimos para producir, afirmó Lewin; produci- mos para vivir. Él regresaría a esta área de investigación más tarde en su vida pues buscó formas en las que la psicología pudiera contribuir al lugar de trabajo. 240 Capítulo 7 En 1921 Lewin fue nombrado Privatdozent en la Universidad de Berlín, e incluso en- tre el conjunto de luminarias de la universidad, fue capaz de atraer estudiantes a sus conferencias y programas de investigación. Eso fue afortunado, pues como se analizó, los ingresos de un Privatdozent dependían en mucho del número de estudiantes que tomaran sus cursos. Toda su vida disfrutó las relaciones cercanas con sus muchos estu- diantes. En el Instituto Psicológico de Berlín ellos formaron un grupo cerrado y con fre- cuencia se reunían para discusiones informales en un café cercano. Fue ahí que Lewin notó que los meseros recordaban las cuentas de sus clientes hasta que eran pagadas y luego las olvidaban, la observación que estimuló la investigación de Zeigarnik anterior- mente mencionada en este capítulo. La habilidad para traducir tales observaciones coti- dianas en investigaciones importantes fue característico de Lewin toda su vida. Sin embargo, él siempre condujo su investigación dentro de un marco teórico, pues como decía con frecuencia, "no hay nada tan práctico como una buena teoría" (Lewin, citado en Marrow, 1969, p. viii). ¿Cuáles fueron algunas de las concepciones teóricas de Lewin? Topología psicológica de Lewin Lewin pensaba en un individuo como un complejo campo de energía, un sistema diná- mico de necesidades y tensiones que dirige percepciones y acciones. La conducta (C) en una función (f) de una persona (P) interactuando con un entorno (E). En su fórmula C = f(P,E) cada persona se mueve en un campo psicológico que Lewin llamó el espacio vital. Un espacio vital contiene ciertos propósitos y valencias positivos o negativos. Las valencias a cambio crean vectores que atraen o repelen. Para representar estos conceptos Lewin tomó prestado de la topología una geometría representacional no cuantitativa. Su objeti- vo era desarrollar una "psicología topológica". Para mostrar la separación de una perso- na del resto del mundo Lewin diagramó el espacio vital como un encierro en las curvas de Jordán —formas como siluetas de huevo—: P y E forman el espacio vital del individuo, y la curva separa el espacio vital del resto del mundo. Los trabajos de Lewin están llenos de diagramas como éste. Para sus estudiantes en Berlín eran conocidos como "los huevos de Lewin", y para una generación posterior de estudiantes de la Universidad de Iowa como "las papas de Lewin" (Thompson, 1978). Ellos simbolizaban sus intentos por describir las dinámicas de la conducta humana. Lewin era u™ pensador altamente visual, siempre diagramando situaciones de vida, ya fuera con gis en el pizarrón más cercano, con papel y lápiz, o, si nada de eso estaba a la mano, con una vara en la tierra o en la nieve. En invierno con frecuencia caminaba La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 241 enfrente de su casa con sus estudiantes, discutiendo problemas y dibujando espacios vitales. Después de tales discusiones con frecuencia la nieve quedaba cubierta de diagramas topológicos. Heider recordó a Lewin dibujando de manera frenética diagramas topológicos en la nieve con su paraguas mientras esperaba el tren en Berlín (Harvey y Burgess, 1990, p. 177). Una vez en una convención Lewin dio una conferencia en particu- lar impresionante. Un escéptico no estaba convencido y preguntó a Lewin cómo explica- ba las diferencias individuales en el uso de sus diagramas de espacio vital. Lewin replicó, "Eso es fácil —sólo uso diferentes colores de gis—" (Thompson, 1978). La teoría y la investigación de Lewin primero llegaron a ser bien conocidas por los psicólogos de habla inglesa al seguir la publicación de "Los Métodos de Kurt Lewin en la Psicología de la Acción y del Afecto" por J. F. Brown, uno de los primeros estudiantes estadounidenses en estudiar con él en Berlín. En su artículo de 1929 en la Psychological Review, Brown esbozó los conceptos de Lewin y describió los experimentos de Zeigarnik y un cierto número de otros discípulos de Lewin. Él enfatizó la preocupación de Lewin por los actos totales, o Gestalts. Brown aconsejó a los psicólogos no descartar la perspec- tiva de Lewin por no haber descubierto leyes psicológicas absolutas. En su lugar, Brown escribió, Lewin había sido capaz de: establecer, medir y predecir energías psíquicas con tanta precisión como la de los físicos en los primeros días de los conceptos dinámicos en su ciencia. Como todos los pioneros, en lugar de dictar leyes terminadas, el objetivo de Lewin fue indicar direcciones y abrir nue- vos caminos para experimentos de los que por último debían provenir las leyes. (Brown, 1929, p. 220) También en 1929 Lewin presentó un trabajo titulado "Los Efectos de las Fuerzas del Entorno" en el Noveno Congreso Internacional de Psicología en la Universidad de Yale. Describió sus conceptos básicos y presentó una película que ilustraba sus aplicaciones. Ésta mostraba los intentos de una niña de 18 meses de edad para sentarse en un punto marcado en una piedra. Es claro que la niña no estaba segura de ser capaz de sentarse en el punto si apartaba la mirada. Como resultado, ella rodeó la piedra varias veces tratan- do de encontrar una forma de sentarse en el punto sin apartar la mirada. Por último, puso su cabeza entre sus piernas, retrocedió hacia la piedra y fue capaz de sentarse en el punto marcado sin quitar los ojos de él —una solución por insight maravillosa—.* Lewin dio conferencias en Alemania, donde el idioma representó un problema considerable, sin embargo, Lewin se apoyó siempre en medios visuales como su película, diagramas e ilustraciones y fue capaz de superar la barrera del idioma. Un psicólogo de Harvard, Donald MacKinnon, recordó su conferencia: "Él era un genio por ser capaz de seguir a los niños con su cámara y capturar trozos de conducta para ilustrar los principios que estaba desarrollando. Fue apreciado como un hombre terriblemente excitante —excitaba por lo que estaba haciendo y por la presentación—" (MacKinnon, citado en Marrow, 1969, p. 51). El psicólogo social de Harvard, Gordon Allport, asistió a la conferencia. Él posteriormente escribió que "para algunos psicólogos estadounidenses esta ingeniosa película fue decisiva para forzar una revisión de sus propias teorías de la naturaleza de la conducta intelectual y del aprendizaje" (Allport, 1968, p. 368). * En una importante revisión de las ideas y métodos de Lewin, Ash (1992) describe al infante en la película de Lewin como un niño. Eso es incorrecto, pues el infante era sobrina de la esposa de Lewin, una niña de 18 meses de edad llamada Hannah (Marrow, 1969, p. 49). 242 Capítulo 7 Cari Murchison invitó a Lewin a contribuir con un trabajo para el próximo Manual de psicología del niño. El texto "Fuerzas Ambientales en la Conducta y Desarrollo del Niño" de Lewin, traducido por Donald Adams, apareció en el Manual de 1931, junto con traba- jos de Mary Cover Jones (capítulo 12), Arnold Gesell (capítulo 9), Lewis Terman (capítu- lo 11) y Anna Freud (capítulo 8). En el escrito, Lewin criticaba los enfoques estadísticos a la conducta del niño y las concepciones del "niño promedio". Tal modelo de niño, dijo, era un "mito estadístico". Más bien, Lewin se enfocó a la conducta del sujeto individual. Para él era mucho más útil conocer un solo caso a profundidad que muchos en sólo unos pocos aspectos. La totalidad, o Gestalt, del espacio vital del niño debe estudiarse, y dado que cada espacio vital es diferente, requiere un esfuerzo intenso y concentrado. De acuerdo con Lewin, el espacio vital del niño es pequeño e indiferenciado. Un niño es capaz de percibir y sentir afecto sólo por una pequeña porción del entorno. Conforme se desarrolla, el espacio vital se hace más grande y más diferenciado. Para ilustrar este cambio, Lewin dio un ejemplo de una muñeca colocada a poca distancia del niño, donde pudiera ser retirada e incluso romperse sin ninguna protesta del niño; la misma acción provocaría una reacción violenta de un niño de tres años de edad. Lewin también descri- bió un gran número de experimentos en los que los niños debían resolver problemas de desviación (Lewin, 1931, p. 104). En uno de éstos, un chocolate se colocaba en un lado de una barrera y el niño en el otro. El niño (C) tiene que hacer un desvío (D) alrededor de la barrera (B) para alcanzar el chocolate de valencia positiva (Ch). El problema es difícil porque el niño se tiene que mover contrario al vector positivo (V). En otra versión del problema, para obtener el chocolate el niño en realidad tenía que moverse en una dirección opuesta a la del vector (Lewin, 1931, p. 104): La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 243 Estos problemas eran similares a los que Köhler había utilizado, y la explicación de Lewin de la conducta del niño fue idéntica a la dada por Köhler: Cuando el niño encuentra la solución a tal problema de desviación sucede por razón de la restructuración del campo. Ahí ocurre una percepción de la situación total de tal tipo que el camino al objetivo llega a ser un todo unitario. La parte inicial de la ruta, que "objetiva- mente" es un movimiento alejado del objetivo, pierde psicológicamente ese carácter y lle- ga a ser simplemente la primera fase de un movimiento general hacia el objetivo. (Lewin, 1931, p. 105) Lewin también presentó descripciones y diagramas de constelaciones o fuerzas en conflicto. Diagramó el primer tipo de conflicto (Lewin, 1931, p. 109): Un niño (C) debe elegir entre jugar con sus amigos (Pl) o ir de paseo al campo (p). Dado que ambas actividades tienen una valencia positiva la elección es hecha con facilidad y el conflicto es resuelto. Sin embargo, Lewin señaló que cuando se hace una elección así, la actividad elegida con frecuencia parece inferior. Por ejemplo, usted debe decidir entre dos marcas de un producto. Una vez que hace su elección y compra una de ellas, la marca rechazada con frecuencia aparece cada vez más atractiva. Lewin diagramó un segundo tipo de conflicto (Lewin, 1931, p. 110): Un niño quiere trepar un árbol (Tr) pero tiene miedo. Los vectores de aproximación y evitación están presentes de manera simultánea. Con frecuencia en tal situación el niño se aproximará al árbol, se retirará y luego se aproximará otra vez conforme los vectores crezcan y disminuyan. Un niño pequeño frente al océano por primera vez es un buen ejemplo de este tipo de conflicto. El niño corre hacia el agua pero luego retrocede cuando llega una ola, se aproxima otra vez y luego se retira cuando aparece otra ola. Lewin diagramó un tercer tipo de conflicto (Lewin, 1931, p. 111): 244 Capítulo 7 Ahora el niño está entre dos valencias negativas. Un ejemplo de esto sería cuando un padre usa una amenaza o castigo (P) para forzar al niño a hacer algo (T) que no quiere hacer. Ahora dos vectores de evitación están activos de manera simultánea. El resultado más común, de acuerdo con Lewin, es el "ladeado resultante" de los dos vectores (R) que le permite al niño tratar de escapar del campo. Lewin en Estados Unidos "Las fuerzas ambientales en la conducta y el desarrollo del niño" aseguró la reputación de Lewin como un pensador brillante y creativo. Su análisis de campo de situaciones conflicto es todavía una característica de los textos contemporáneos de psicología. Los psicólogos estadounidenses estaban ávidos de aprender más acerca de su trabajo, y en 1932 Lewis Terman (capítulo 11) invitó a Lewin a participar seis meses como profesor visitante en la Universidad de Stanford. Lewin disfrutó su estancia en California, y aun- que era el más amigable e informal de los académicos —es característico que al recordar sus años con Lewin los que fueron sus estudiantes siempre se refieran a él como Kurt—• disfrutó ser llamado "profesor" por primera vez en su vida. Lewin regresó a casa vía el Pacífico, visitando antiguos estudiantes en Japón y Ru- sia y dando conferencias en ambos países. De regreso a Alemania en el Trans-Siberia Ex- press, Lewin escuchó las terribles noticias de que Hitler se había convertido en el canci- ller de Alemania. Poco después concluyó que no podía vivir en una Alemania nazi, incluso aunque como veterano condecorado de la Primera Guerra Mundial estaba for- malmente exento de la ley nazi que había ordenado la expulsión de los profesores judíos. En 1933 Lewin renunció en la Universidad de Berlín, haciendo público su deseo de no impartir clase en una universidad que no admitiría a sus hijos como estudiantes. Buscó la ayuda de sus colegas estadounidenses, y le respondieron. Robert Ogden, cuyo trabajo con Külpe se mencionó en el capítulo 6, era director de la Escuela de Educación en la Universidad de Cornell. El respetaba el trabajo de los psicólogos de la Gestalt, invitó a Koffka a Cornell como profesor visitante y arregló que Köhler diera dos series de conferencias en la universidad (Ryan, 1982). Lewin también impartió conferencias en Cornell en 1932, y Ogden admiraba su investigación y sus cualidades personales. Ogden llevó la desesperada situación de Lewin a la atención del presidente de Cornell, Livingston Farrand. Éste era también psicólogo y presidente del Comité de Emergen- cia en Ayuda de los Científicos y Catedráticos Alemanes Desplazados, establecido para ayudar a víctimas de la persecución nazi a encontrar puestos en universidades esta- dounidenses (Freeman, 1977). Entre los físicos a los que ayudó este comité estaba Enrico Fermi, que mientras huía de la Italia de Mussolini hacia Nueva York, fue detenido en Estocolmo para otorgarle un Premio Nobel; Leo Szilard, con frecuencia llama- do "el padre de la bomba atómica"; Edward Teller, que después sería director del la- boratorio de Los Alamos, donde se fabricó la primera bomba atómica; John van Neu- mann, diseñador y constructor de dos de las primeras computadoras, y Albert Einstein (Rhodes, 1986). Con el apoyo del Comité de Emergencia, Ogden fue capaz de ofrecerle a Lewin un nombramiento no renovable en la facultad de Cornell por dos años (de 1933 a 1935) con un salario anual de 3 000 dólares. Su nombramiento no era para la facul- tad del departamento de psicología de Cornell, sino para la Escuela de Economía del Hogar. La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 245 Lewin dejó Alemania en agosto de 1933, nunca regresó. Dos de sus estudiantes de Berlín, Támara Dembo y Jerome Frank, se le unieron en Cornell. Ellos empezaron su investigación en un tema de interés de sus nuevos colegas en la Escuela de Economía del Hogar, los hábitos alimenticios de los niños. Sin embargo, tenían un solo punto de vista y estudiaron la alimentación como estaba influenciada por la Gestalt de la situación so- cial de un niño. De manera específica investigaron los efectos de la presión social en las elecciones de los niños de alimentos agradables o desagradables. Cuando Lewin llegó a Cornell su inglés no era bueno y sus dificultades con el idio- ma, frecuentes malapropismos y coloquialismos mal usados crearon situaciones que los estudiantes, de Lewin, y él mismo, encontraron hilarantes. Una de sus formas favoritas de expresar su desacuerdo era decir: "¡puede ser, pero creo absoluto ozzer!" Esa frase, en un acento alemán burlón, llegó a ser el lema favorito de sus estudiantes estadounidenses (Thompson, 1978). Durante sus dos años en Cornell Estados Unidos se encontraba en las profundidades de la peor depresión económica en su historia. Más de una cuarta parte de la fuerza de trabajo de la nación estaba desempleada. Los albergues, filas para el pan y hombres vendiendo manzanas en las esquinas de las calles eran características de la vida urbana. Aun así los dos años de Lewin en Cornell fueron productivos para él. Publicó dos libros importantes, Una teoría dinámica de la personalidad, con Fritz y Grace Heider, y Principios de la psicología topológica, con Donald Adams y Karl Zener. Ambos libros, especialmente el último, fueron trabajos difíciles que no recibieron el reconocimiento que merecían. El análisis topológico de Lewin todavía no era familiar para la mayoría de los psicólogos y algunas de las revisiones a estos trabajos fueron negativas. En 1935 terminó su nombra- miento en Cornell, y como no había oportunidad de renovarlo, Lewin se vio forzado a buscar acomodo. El había estado involucrado en la organización de un instituto psicoló- gico que esperaba fundar en la Universidad Hebrea de Jerusalem. Esperaba conducir investigación psicológica sobre el problema de la emigración de los judíos a Palestina desde Europa y más generalmente sobre las raíces del antisemitismo y las formas para combatirlo. Lewin fue incapaz de asegurar un respaldo financiero adecuado y este pro- yecto visionario fracasó, pero todavía consideró dejar Estados Unidos y emigrar a Pales- tina. Por fortuna para la psicología estadounidense se encontró un lugar para él en la Estación de Investigación para el Bienestar del Niño en la Universidad de Iowa. Como este tampoco fue un nombramiento regular en la facultad durante los primeros tres años, Lewin fue apoyado con una donación de la Fundación Rockefeller. En esta etapa de su carrera Lewin seguía siendo un extraño, y de hecho siguió siéndolo toda su vida. Es una sorpresa encontrar, por ejemplo, que nunca fue electo presidente de la APA. Lewin en la Universidad de Iowa Los primeros años de Lewin en la ciudad de Iowa fueron felices y productivos (Ash, 1992). El donativo Rockefeller también proporcionó becas para su fiel estudiante Dembo y para cierto número de estudiantes con posgrado. Como lo había hecho en Berlín y en Cornell, Lewin atrajo estudiantes con rapidez, y también empezaron un grupo informal de discusión, —el club de "aire caliente", de Iowa, los jueves por la tarde—. Una vez más Lewin fue capaz de obtener un importante tema de investigación de la observación coti- diana. Él notó que las personas en las cafeterías con frecuencia elegían los pasteles que 246 Capítulo 7 estaban al fondo de un mostrador en vez de escoger los primeros. Uno de los alumnos de Lewin, Herbert Wright, hizo que el personal de la cafetería colocara pasteles idénticos en hileras ordenadas. Las personas por lo general seguían eligiendo los pasteles del fondo. Entre más difícil era alcanzar los pasteles, parecían ser más atractivos. Lewin concluyó que el esfuerzo involucrado en alcanzar una meta afecta la fuerza de su valencia positi- va. Incluso una meta que objetivamente es de poco valor puede ser muy atractiva, y altamente deseada, si una gran cantidad de esfuerzo debe imprimirse para lograrla. Lewin no fue la primera persona en notar esto: una vez Napoleón dijo que el secreto de su éxito fue descubrir que los hombres morirían por medallas, mientras que Groucho Marx ob- servó que no interesaba pertenecer a ningún grupo cuyos niveles fueran suficientemente bajos para admitirlo. Lewin y sus alumnos de Iowa condujeron un gran número de experimentos impor- tantes y citados con amplitud. Barker, Dembo y Lewin (1941) estudiaron los efectos de la frustración en la conducta de los niños. Ellos utilizaron la hipótesis de dediferenciación, que predecía que bajo condiciones de frustración la conducta puede llegar a ser dediferenciada y el niño puede regresar a conductas más tempranas, primitivas y menos constructivas. Ellos evaluaron niños entre dos y seis años de edad. Primero los niños pasaban 30 minu- tos jugando con materiales de juego convencionales. Su juego fue medido por su constructividad. Luego el experimentador abría una división de alambre en el centro de la habitación y motivaba a los niños para que jugaran con algunos juguetes muy atracti- vos que se encontraban del lado donde se abrió el acceso. Cuando los niños estaban totalmente absortos con los nuevos juguetes el experimentador interrumpía su juego, los conducía a la parte original de la habitación, bajaba y cerraba con candado la entrada y observaba el juego de los niños con los juguetes originales. En principio la mayoría de los niños trataron de atravesar la reja o de escapar de la habitación. Cuando estos inten- tos fracasaron, con frecuencia jugaban con los juguetes, pero de una manera mucho me- nos constructiva. Su promedio de edad de juego retrocedía 17 meses. Los cubos que habían sido utilizados para construir torres eran usados como misiles, y un teléfono de juguete que fue utilizado para hacer llamadas fue aporreado en el suelo; lloraban, gimoteaban y hacían rabietas, y algunos incluso succionaban sus pulgares. Hubo un incremento del 30 por ciento en reacciones hostiles hacia el experimentador y un 34 por ciento de reducción en aproximaciones amistosas. La frustración condujo tanto a la re- gresión como a la agresión. En otra serie importante de experimentos Lewin y sus estudiantes investigaron los efectos de los estilos de liderazgo autoritario y democrático en la conducta de los niños. En un estudio, niños de diez años de edad fueron reunidos once veces después de la escuela para hacer máscaras teatrales (Lippitt, 1939). Los niños se dividían en dos gru- pos para los cuales Lippitt representaba diferentes papeles de liderazgo. Para uno era muy autoritario, ejercía absoluta autoridad, tomando todas las decisiones e imponién- dolas a los niños. Para el segundo grupo él asumió un papel democrático, permitiéndole a los niños seleccionar actividades, aceptando sus decisiones y dejando que la mayoría decidiera. Los diferentes estilos de liderazgo y climas sociales produjeron diferencias sorprendentes en los dos grupos. En el grupo dirigido de manera autocrática hubo mu- chas más peleas y hostilidad; los niños culpaban a chivos expiatorios por sus problemas y eran menos amigables que los niños en el grupo democrático. En un segundo experimento, más extenso, Lewin, Lippitt y White (1939) organizaron cuatro clubes de niños de diez años de edad. Los niños se involucraban en varias activi- La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 247 dades bajo diferentes estilos de liderazgo adulto: autoritario y democrático como antes, pero además un estilo liberal en el que los niños tenían completa libertad, sin ninguna participación del adulto. Cada seis semanas cada grupo de niños tenía un líder y un estilo de liderazgo diferentes. De nuevo el liderazgo autocrático condujo al incremento de la agresión, tanto en actos agresivos manifiestos como en hostilidad más sutil me- diante bromas; hubo también un agudo incremento en la conducta agresiva cuando el líder autócrata abandonaba la habitación. La agresión también fue común el día en que se hizo la transición de un liderazgo autocrático a una atmósfera más libre; algunos de los niños llegaron a estar asustados y molestos cuando se hacía el cambio. Sin embargo, sin excepción, los niños preferían el liderazgo democrático. En 1939 Hitler, un líder autoritario enloquecido, dirigió a Europa a una terrible gue- rra. Los resultados de Lewin, Lippitt y White confirmaron la profunda creencia de Lewin en el peligro de líderes autoritarios y en la superioridad de los sistemas democráticos de gobierno. Lewin más tarde dijo: Han habido pocas experiencias para mí tan impresionantes como ver la expresión de los rostros de los niños durante el primer día bajo la dirección de un líder autocrático. El grupo que anteriormente había sido amigable, abierto, cooperativo y lleno de vida, llegó a ser en una media hora un conjunto más bien apático y sin iniciativa. El cambio de la autocracia a la democracia parecía tomar algo más de tiempo que viceversa. La autocracia es impuesta en el individuo. ¡La democracia la tiene que aprender! (Lewin, citado en Marrow, 1969, p. 127). Investigación aplicada de Lewin En 1939 Lewin tuvo una oportunidad para regresar a un estudio anterior y condujo lo que llegó a llamar "investigación en acción" en un escenario industrial. Albert J. Marrow consultó a Lewin respecto a los problemas que su corporación había encontrado al abrir una nueva planta en la parte rural de Virginia. Los 300 empleados, principalmente muje- res, eran trabajadores apasionados, pero la administración encontraba difícil entrenarlos para alcanzar los niveles de producción de la compañía. Incluso después de un progra- ma de entrenamiento de doce semanas los trabajadores de Virginia eran sólo la mitad de productivos que los de otras plantas del norte. Este era un problema en la dinámica de los trabajadores que atrajo a Lewin. El visitó la planta, consultó con los gerentes y se reunió con los trabajadores. Ellos recibían buen salario en comparación con los niveles de salario locales, sin embargo, la rotación de empleados era alta. Lewin organizó un grupo de sesiones de solución de problemas con los trabajadores. Él descubrió la creencia de que los niveles de producción de la compañía eran imposi- bles de alcanzar. El fracaso de los trabajadores en alcanzar esos niveles decrementó lo que Dembo había llamado con anterioridad su "nivel de aspiración". En los experimen- tos de laboratorio uno de los estudiantes de Berlín de Lewin, Ferdinand Hoppe, encon- tró que el éxito o el fracaso en cualquier tarea incrementa o decrementa el nivel de aspiración y que este cambio es general y no limitado a la tarea sola. Lewin se dispuso a hacer que los trabajadores tuvieran éxito. Ellos estaban organizados en pequeños grupos y se les permitía establecer sus propias metas de producción; cada grupo incluía al me- nos un trabajador con alto grado de habilidad para incrementar las oportunidades de éxito. La producción mejoró con lentitud, como lo hizo la moral del trabajador. A los 248 Capítulo 7 trabajadores les agradaba Lewin y estaban motivados para analizar sus sugerencias an- tes de decidir aceptarlas o rechazarlas. Debió haber sido maravilloso escuchar las discu- siones entre Lewin con su acento alemán y los virginianos con su sureña voz cansina. El trabajo de Lewin en Virginia es una demostración impresionante de la investigación de acción en la industria (Marrow, 1969, pp. 141-152). Durante la Segunda Guerra Mundial, Lewin tuvo varias oportunidades para la in- vestigación en acción, esta vez con el esfuerzo de los estadounidenses en la guerra (Marrow, 1969, pp. 153-159). Él confiaba intensamente en la derrota de la Alemania nazi y le causaba orgullo el hecho de haberse convertido en ciudadano estadounidense en enero de 1940, justo a tiempo para hacer una contribución. Uno de los primeros estudios fue hecho en colaboración con la antropóloga Margaret Mead. Fue diseñado para acon- sejar a las agencias gubernamentales las formas para alterar los hábitos alimenticios de los estadounidenses con el propósito de hacer frente a la escasez de carne fresca y a excedentes de vegetales tales como los nabos. Lewin comparó la efectividad de una conferencia y un grupo de análisis para persua- dir a los voluntarios de la Cruz Roja a preparar vísceras animales —corazón, riñón, etc.— en sus hogares. Algunos voluntarios asistieron a la conferencia de Mead, quien fue presen- tada como nutrióloga de Washington, D.C. Ella enfatizó las ventajas de las vísceras: Son baratas, nutritivas, están disponibles y son consideradas delicadezas en otras culturas. Otros voluntarios asistieron a un grupo de análisis en el que se presentó y analizó la misma información. Al final de cada sesión se les pedía a los voluntarios que indicaran levantan- do la mano si estarían dispuestos a servir vísceras en sus hogares. Varias semanas después una encuesta de seguimiento mostró que a pesar de la dinámica conferencia de Mead, sólo el 3 por ciento del grupo de conferencia había comprado y preparado vísceras, mientras que el 30 por ciento de los voluntarios del grupo de análisis lo habían hecho (Gray, 1991, p. 549). En el análisis de Lewin la discusión fue más efectiva porque condujo a un cambio en las normas del grupo hacia la aceptación de vísceras animales. Una vez que las actitu- des de los miembros del grupo cambiaron, siguió un cambio en sus conductas. Durante los años de guerra, Lewin también trabajó para la Oficina de Servicios Estra- tégicos en las áreas de propaganda, moral militar, liderazgo y rehabilitación de soldados heridos. Durante estos años fundó la Sociedad para el Estudio Psicológico de Asuntos Sociales (SEPAS), fungiendo de 1942 a 1943 como presidente de la sociedad. Desde su inicio este grupo ha sido activo en publicaciones de investigación y académicas en temas sociales tales como paz, guerra, pobreza, prejuicio, y más recientemente, materia fami- liar (Perlman, 1984). Los frecuentes viajes de Lewin a Washington durante los años de la guerra lo convencieron de que su situación en Iowa era demasiado restrictiva. Él había pasado nueve productivos años en el occidente medio, pero era momento de mudarse. Lewin concluyó que necesitaba un instituto de investigación en acción independiente. Con su confianza y energía características organizó el Centro de Investigación para Di- námicas de Grupo. Edward Tolman (capítulo 13) invitó a Lewin a ubicar su centro en Berkeley, pero a pesar de lo atractivo de California, Lewin estableció su centro en las instalaciones de una importante universidad estadounidense de ingeniería y tecnología, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT; por sus siglas en inglés). Él reclutó per- sonal, de los cuales todos estaban abajo de los 35 años de edad, y atrajo estudiantes del MIT, de Harvard y de otras universidades en el área. En 1945 Lewin y su grupo decidió trabajar en cuatro importantes programas de área. Primero, buscaban encontrar formas de incrementar la productividad del grupo y de La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 249 contraatacar la bien conocida tendencia de los grupos a ser ineficientes y a extraviarse de sus metas originales. Lewin no quería que ninguno de sus grupos se dispusiera a diseñar un caballo y el producto final fuera un camello. Segundo, se diseñaron estudios sobre comunicación y la expansión del rumor. Tercero, se exploraron áreas de percepción so- cial y relaciones interpersonales junto con estudios de membresía a un grupo y ajuste individual. Cuarto, se iniciaron estudios sobre el entrenamiento de líderes, los cuales condujeron a la formación en 1946 de los Laboratorios Nacionales de Entrenamiento en Bethel, Maine, y el comienzo de grupos de entrenamiento o grupos T. Estos últimos fueron diseñados para desarrollar el liderazgo efectivo, abrir líneas de comunicación y combatir actitudes de prejuicio y destructivas. Han sido utilizados ampliamente en esce- narios educativos, de asesoría, industriales y clínicos. Lewin también estuvo involucrado en la formación de una segunda institución im- portante de investigación, la Comisión de Interrelaciones de la Comunidad (CIC), para el Congreso Judío Estadounidense. Lewin experimentó en carne propia el antisemitismo en Alemania y su madre murió en un campo de concentración nazi. Esperaba organizar programas para combatir el prejuicio racial y religioso, confrontar asuntos sociales, estu- diar los asuntos objetivamente y hacer recomendaciones para su solución. La comisión, con el centro de operaciones en la ciudad de Nueva York, condujo investigación impor- tante, incluyendo estudios sobre discriminación en contrataciones y empleo. En ese mo- mento la mayor parte de las tiendas departamentales en Estados Unidos se negaba a contratar vendedores de mostrador negros, porque creían que a sus clientes no les agra- daría. Dos investigadores del CIC, Gerhart Sanger y Emily Gilbert (1950), entrevistaron a los clientes en una de las pocas tiendas departamentales de la ciudad de Nueva York que empleaban dependientes de ambas razas. Los clientes eran interrogados después de ha- ber sido servidos por dependientes negros o blancos. Se encontró que el prejuicio antinegro no tenía efecto en las ventas. El 64 por ciento de los compradores dijeron que aprobaban la contratación de empleados negros. Una docena de entrevistados expresaron prejuicio extremo y dijeron que no comprarían en una tienda que empleara a vendedores negros de mostrador, aunque cinco de esas personas habían sido atendidas por vendedores negros y continuado con sus compras en esa tienda. Lewin y sus estudiantes encontra- ron que lo crucial para la mayoría de los compradores era el conocimiento y cortesía de los vendedores, no sus razas. Estos hallazgos fueron publicitados con amplitud en la década de 1950 para combatir la discriminación racial en el empleo. Un segundo estudio del CIC investigó los efectos del programa de vivienda segrega- do e integrado sobre las actitudes raciales. Planeado por Lewin, el estudio fue en realidad llevado a cabo después de su muerte por Morton Deutsch y Mary Evans Collins (Marrow 1969, pp. 208-210). Ellos entrevistaron a 100 amas de casa blancas, a 25 negras y a 24 ado leseen tes niños y niñas viviendo en cuatro proyectos de vivienda en la ciudad de Nue~/a York y Newark. Los proyectos eran físicamente idénticos, pero dos eran por completo integrados y dos eran segregados de manera parcial, esto es, integrados en un patrón de "tablero de ajedrez", con blancos y negros viviendo en edificios alternos. En los proyectos parcialmente segregados el prejuicio contra los negros era más fuerte y agudo que en los proyectos por completo integrados, y los residentes blancos en esos proyectos expresa- ban una fuerte preferencia por aún más segregación. Las personas en los proyectos más integrados tenían un sentido de comunidad; había menos prejuicio y mejor moral. Los residentes blancos de proyectos integrados expresaban orgullo por el abierto carácter de sus edificios y eran menos desconfiados y hostiles que las personas en los edificios segre- 250 Capítulo 7 La tradición Lewin En la Universidad de Berlín en la década de dió describir sus experiencias al trabajar con 1920, la Universidad de Iowa en 1930 y prin- Lewin y especular por qué éste había sido cipios de 1940 y en el Instituto Tecnológico tan exitoso como maestro, motivador, inves- de Massachusetts durante el resto de su vida, tigador y teórico. Sus entrevistas proporcio- Kurt Lewin fue capaz de reunir grupos de naron mucho conocimiento valioso: estudiantes y asociados de investigación no- tablemente efectivos. En tres entornos muy 1. Es claro que la investigación con Lewin diferentes los grupos de psicólogos de Lewin era una actividad altamente social, no el trabajaron juntos con gran éxito. Lewin tam- empeño solitario, aislado del mito popu bién entrenó a un grupo de estudiantes que lar. Lewin mismo escribió ser incapaz de llegaron a ser prominentes. Un análisis de pensar de manera productiva como un in citas de textos de psicología social (Perlman, dividuo (Lewin, 1936, p. 16). Uno de sus 1984) muestra el poder de la herencia de primeros alumnos en Berlín, Anitra Lewin. Ocho de los diez psicólogos sociales Karsten, reportó que trabajar con Lewin más citados son parte de la tradición de era "una larga discusión" (Karsten, 1978, Lewin. La lista de nombres de esos estudian- en Ash 1992, p. 201). Lewin buscó activa tes, asociados, psicólogos y alumnos de sus mente la comunión intelectual y la estudiantes influenciados por Lewin inclu- estimulación de los otros. ye a muchos de los psicólogos sociales líde- 2. Hubo ligaduras profundas entre Lewin y res de décadas recientes: Támara Dembo, muchos psicólogos sociales líderes. Lewin Alvin Zander, Dorwin Cartwright, Roger llegó a ser el flautista de Hamelin de la Barker, John Thibaut, Harold Kelley, Kurt psicología social, atrayendo estudiantes Back, Albert Pepitone, Morton Deutsch, sobresalientes dondequiera que trabajara. Robert Krauss, Edward E. Jones, Phil Aunque es probable que el término "lewi- Zimbardo, Peter Schonback, Jerome Singer, niano" le hubiera parecido gracioso, quie Lee Ross, Neil Grunberg, Stanley Schachter, nes trabajaron con él compartían caracte León Festinger, John Darley, Harold Sigall, rísticas y su enfoque de la psicología. Eliot Aronson y Judson Mills. 3. El estilo de Lewin era de independencia Como parte de una historia narrativa de y colaboración. En las tres universidades la psicología social experimental, todos es- donde colaboró los estudiantes recorda tos psicólogos, excepto Dembo, fueron entre- ban el regular grupo de reuniones en el vistados por Shelley Patnoe (1988). Se les pi- que se discutían problemas y hallazgos de gados. Contrario a la creencia popular de que cualquier edificio con porcentaje de ocupa- ción negra por arriba del 50 por ciento tendría problemas, los investigadores encontraron que las relaciones más cordiales caracterizaban un proyecto integrado con el 70 por ciento de ocupación negra. Éstos fueron importantes hallazgos significativos en el aspecto polí- tico, que serían centrales en las décadas de 1950 y 1960 en los debates sobre oportunida- des de ocupación igual y de vivienda para los negros en Estados Unidos. Bajo el liderazgo de Lewin el CIC estuvo involucrado en un tercer desarrollo educa- tivo y social significativo. A principios de la década de 1940 las universidades y los cole- gios estadounidenses utilizaban cuotas de admisión que colocaban límites en el número de estudiantes judíos a los que se les permitía inscribirse. La sabiduría popular en ese momento sostenía que "tú no puedes legislar la buena voluntad", pero dado que Lewin La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 251 La tradición Lewin (continuación) investigación. Lewin describió estas re- cuello a alguien". Pero una vez que en- uniones como die Quasselstrisppe (la línea tendió su significado fue con precisión lo de charla). Pero está claro que ellos eran que deseaba hacer a sus colegas (Thom- mucho más que meros conversadores. Los pson, 1978). Como hemos visto, Lewin debates eran abiertos, centrados en una mismo tenía un gran talento para traducir tarea exhaustiva, y estimulantes. Eran por las observaciones cotidianas en importantes mucho discusiones entre iguales en las temas de investigación. Con frecuencia que las ideas y sus pruebas empíricas se no era convencional. John Thibaut lo trataban sin rango, nivel o prestigio. La recordaba aconsejándoles a sus estudiantes : atmósfera era la de una sesión intelectual "no lean psicología, lean filosofía o historia y libre-a-todo o inspiradora. de las ciencias, poesía, novelas, biografías, 4. La teoría topológica de Lewin proporcio- esos son los lugares de donde pueden nó un marco para las discusiones y la in- obtener ideas. La psicología en este punto vestigación que siguieron. Su marco contendrá su imaginación" (Thibaut en teórico no era rígido o limitado. Hacía Patnoe, 1988, p. 56). 7. Lewin fue capaz de contraste con la teoría del condiciona- integrar y reconciliar los diferentes y algunas miento y del aprendizaje de los otros teó- veces conflictivos enfoques de la ricos importantes y "sueña con traer investigación básica y de acción (aplicada). estudiantes graduados de psicología a Después de su muerte las diferencias entre Iowa, Kenneth Spence" (capítulo 13) investigación básica y aplicada llegaron a (Kendler, 1989, p. 1126). No obstante, la ser tan profundas, que los dos grupos se teoría de Lewin sirvió para dirigir y orga- separaron cuando el Centro de nizar sus investigaciones. Investigación para las Dinámicas de Grupo 5. Su entusiasmo, la confianza y la dedica se mudó a la Universidad de Michigan, ción eran intensamente recordados por permaneciendo algunos del grupo original muchos de los entrevistados. Muchos de de Lewin en el MIT. sus asociados desarrollaron esas cualida- des en ellos mismos. El profundo respeto y afecto por Lewin mos- 6. Las ideas nuevas y no convencionales eran trado por muchos psicólogos prominentes es bienvenidas. En sus primeros días en testimonio de sus sobresalientes cualidades. Iowa, Lewin difícilmente dominaba el sig- Tanto el legado como el lugar de Lewin en la nificado del coloquialismo "cortarle el historia de la psicología son seguros. encontró en su investigación que las actitudes pueden cambiarse al cambiar la conducta, motivó al Congreso Judío Estadounidense a desafiar el sistema de cuotas. Éste entabló una pelea con la facultad de medicina de la Universidad de Columbia, acusando de discriminación en los procedimientos de admisión. El caso llegó a estar en primera plana de los periódicos, fue un gran malestar para la universidad, y forzó a su administración a abrir sus registros de admisiones para inspección. Siguiendo el ejemplo de Columbia, otras universidades revisaron sus procedimientos de admisión. El CIC también apoyó un estudio al que Lewin, que nunca se andaba con rodeos, llamó "Formas de manipular a un fanático" (Selltiz, Citrón, Harding, Rosahn y Wormser, 1950). Ellos utilizaron la representación de roles en una serie de actuaciones que presen- taban diferentes versiones de un incidente. En cada caso un actor expresaba una opinión 252 Capítulo 7 extremadamente prejuiciosa o fanática. En la primera representación sus observaciones no fueron respondidas; en la segunda se respondieron con serenidad; y en la tercera fueron respondidas con una réplica de enojo, amenazante y emocional. La respuesta clamada fue preferida el 65 por ciento de las veces y de manera significativa el 80 por ciento de la audiencia afirmó querer ver desafiado al fanático. Cuando esto pasó, la au- diencia por lo general apoyaba al retador. Lewin murió de manera repentina de un ataque cardiaco el 1 de febrero de 1947; él estuvo trabajando hasta la tarde de su muerte. En un discurso memorial en la conven- ción de la APA de ese año, Edward Tolman dijo de él: "Freud el clínico y Lewin el experimentalista —estos son los dos hombres cuyos nombres sobresaldrán ante todos los demás en la historia de nuestra era psicológica—. Pues son sus contrastantes, pero complementarios insights, los que primero hicieron de la psicología una ciencia aplicable a los seres humanos reales y a la sociedad humana real" (Tolman, 1947, en Marrow, 1969, p. ix). Cuando Heyduk y Fenigstein (1984) encuestaron a psicólogos eminentes encon- traron que Freud y Lewin eran los que con más frecuencia se nombraban como influen- cias significativas en sus desarrollos psicológicos. Este hallazgo proporcionó una confirmación sorprendente de la predicción de Tolman. PSICOLOGÍA DE LA GESTALT Y TERAPIA GESTALT Se piensa con frecuencia que la terapia Gestalt deriva de la psicología de la Gestalt. Este enfoque de la terapia fue esbozado primero por Frederick S. Perls en su libro de 1951, Terapia Gestalt, y más tarde en un gran número de trabajos, incluyendo Adentro y afuera del bote de la basura (1969) y El enfoque Gestalt y el testigo ocular a la terapia (1973). Perls describió su enfoque de la terapia como radical e invitó al lector a "invadir" su "privaría", y mediante el "autodescubrimiento", observar "el yo en acción". En Terapia Gestalt Perls afirmó que en su enfoque, "para cualquier ayuda que nos pueda dar, deberíamos hacer uso de la terminología desarrollada por la psicología de la Gestalt" (Perls, Hefferline y Goodman, 1951, p. 25). En un libro posterior afirmaría que su enfoque y su perspectiva terapéuticas derivaban "de una ciencia que está nítidamente escondida en nuestras uni- versidades; proviene de un enfoque llamado psicología de la Gestalt" (Perls, 1969, p. 61). En su último libro, La aproximación Gestalt y el testigo ocular a la terapia, publicado posmortem en 1973, Perls continuó ligando su enfoque al de los psicólogos de la Gestalt. La conexión histórica entre la psicología de la Gestalt y la terapia Gestalt demandada por Perls debe ser rechazada. Perls reconoció que él nunca sería aceptado por los psicó- logos de la Gestalt y admitió nunca haber leído sus libros. No obstante, Perls dedicó uno de sus libros sobre terapia Gestalt a Max Wertheimer, el cual no vivió para ver la dedica- toria, pero Rudolf Arnheim describió cuál podía haber sido su reacción: "Puedo ver a Max Wertheimer montar en cólera si hubiera vivido para ver uno de los tratados más influyentes del grupo terapéutico en cuestión dedicado a él como si fuera el padre de todo eso" (Arnheim, 1974, p. 570). Ralph Franklin Hefferline fue coautor de Terapia Gestalt con Perls y Paul Goodman. Hefferline era un psicólogo conductista (skinneriano) mejor conocido por su reporte de 1959 en condicionamiento de escape y evitación en diminutos movimientos musculares en el pulgar (Hefferline, Keenan y Harfor, 1959). Más tarde Hefferline describió Terapia Gestalt como "erróneamente titulado" y recordó que al presentarle a Köhler un ejemplar La psicología de la Gestalt en Alemania y Estados Unidos 253 reimpreso del libro, el reprobó la idea de ser en cualquier forma un descendiente legíti- mo de la psicología de la Gestalt (Knapp, 1986b, p. 54). Por último, Mary Henle, ella misma una psicóloga de la Gestalt e historiadora de la psicología, examinó la relación entre la psicología de la Gestalt y la terapia Gestalt. Henle concluyó: Lo que Perls ha hecho ha sido tomar unos pocos términos de la psicología de la Gestalt, extender su significado más allá del reconocimiento, mezclarlos con nociones —con fre- cuencia difusas e incompatibles— de las psicologías profundas, el existencialismo y el sen- tido común, y llamó a toda la mezcla terapia gestalt. Su trabajo no tiene relación sustantiva con la psicología científica de la Gestalt. Para usar su propio lenguaje Fritz Perls ha hecho "su cosa", cualquiera que sea, no es psicología de la Gestalt. (Henle, 1978b p. 31) Más recientemente Henle afirmó, "El más grotesco mal entendimiento de la psicolo- gía de la Gestalt es la noción de que tiene alguna relación con la terapia gestalt... [Yo] meramente afirmaré que no existe nada en común entre estos dos desarrollos" (Henle, 1986, p. 121). Cualesquiera que sean sus méritos como un enfoque de la psicoterapia, la terapia Gestalt de Perls no debe considerarse una aplicación clínica de desarrollo de la psicología de la Gestalt.* LA PSICOLOGÍA DE LA GESTALT EN PERSPECTIVA A pesar del elogio de Tolman a Lewin en 1947, su teoría de campo no ha recibido ni siquiera cercanamente la misma cantidad de atención que la teoría psicoanalítica de Freud. Tampoco la psicología de la Gestalt, las bases conceptuales de la teoría de campo, ha sido una escuela importante de la psicología estadounidense. Köhler creía que el impacto de los psicólogos de la Gestalt era limitado, dado que se interesaban principalmente en la percepción, mientras que los psicólogos estadounidenses lo estaban por lo general en el aprendizaje (Wallach, 1976). En cierta medida esto es cierto, dado que la psicología de la Gestalt es con frecuencia presentada dentro del marco de una teoría perceptual. Sin em- bargo, Köhler estaba interesado en el aprendizaje, aunque un tipo cualitativamente dife- rente de aprendizaje estaba siendo estudiado por los psicólogos estadounidenses (capítulos 11 y 12). También, el libro de Wertheimer Pensamiento productivo concernía por completo a los procesos de enseñanza de conceptos complejos a niños y, por tanto, no sería impreciso decir que se interesó en el aprendizaje lo mismo que en la cognición. En la actualidad, con el surgimiento del interés en la psicología cognitiva la investigación de Köhler y Wertheimer ha llegado a ser de nuevo relevante. También las ideas produci- das por el diverso e innovador enfoque Gestalt de Lewin han hecho eco en mucha de la investigación contemporánea en psicología social, industrial y del desarrollo. * Las contribuciones a la psicología clínica derivadas de los principios Gestalt, y especialmente del trabajo de Lewin, se describen en Stivers y Wheelan (1986, pp. 70-112). CAPÍTULO OCHO La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis E n este capítulo damos un vuelco desde las tendencias y desarrollo en la psicología experimental hasta la historia de la psicología clínica. En una excelente descripción de las fundaciones históricas y de investigación de la psicología clínica (Walker, 1991), varios contribuyentes señalaron que mientras ésta es una disciplina incluso más joven que la psicología misma, sus raíces son antiguas. A lo largo de la historia, filósofos, teó- logos, sacerdotes, ministros, rabinos, chamanes, amigos y parientes han confrontado varias formas de enfermedad mental e intentado vencerlas. Referencias a fobias y a estados de ansiedad se encuentran en los tiempos más antiguos de la historia registrada; Hipócrates diagnosticó y trató la manía, la melancolía, la paranoia y la histeria. Desafió la creencia de que la epilepsia era una enfermedad divina o sagrada. Hipócrates atribuyó tal ten- dencia a que los individuos temían a la enfermedad por no comprenderla. Sostenía que si todo lo no comprensible fuera llamado divino, entonces no habría fin para las cosas divinas. Antifón, un contemporáneo de Sócrates, trató el dolor y la melancolía con méto- dos socráticos. La Biblia describe desórdenes mentales y conductuales e incluso una tem- prana prueba de personalidad en la cual Gideon seleccionó a sus soldados con base en qué tanto miedo reportaban y cuánta agua bebían de un arroyo (Marchman, 1993, p. 20). San Agustín en sus Confesiones describió las tentaciones de una dama y dio gracias a Dios por no ser responsable del contenido de sus propios sueños. El registro histórico del conocimiento de la enfermedad mental es grande y diverso. Pero fue hasta el siglo XVIII que las primeras reformas sistemáticas en el cuidado y tratamiento de la enfermedad mental fueron hechas y en 1896 que la psicología clínica fue establecida como parte de la psicología. A pesar de su corta historia la psicología clínica es ahora un área central de la psico- logía. En 1969 la Fundación Nacional de la Ciencia examinó a 19 027 miembros de la Asociación Americana de Psicología (APA) y encontró que el 37 por ciento eran psicólo- gos clínicos. Hoy en día el porcentaje sería incluso más alto. Desde 1975 hasta 1980 los cinco presidentes de la APA fueron psicólogos clínicos, y es claro que para la gente el papel de clínico es el que con más frecuencia se asocia con la psicología. En este capítulo se prestará particular atención a la revolución del siglo XIX en el cuidado y tratamiento de La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 257 la enfermedad mental. La vida y el trabajo de Sigmund Freud, el fundador del psicoaná- lisis, será también esbozado. El establecimiento de la psicología clínica, así como su de- sarrollo y posición contemporánea se presentarán en una sección de conclusiones. PRIMEROS ENFOQUES ACERCA DE LA ENFERMEDAD MENTAL Durante la mayor parte de la historia registrada la situación de la enfermedad mental ha sido desesperada. Aunque algunos médicos griegos y romanos hicieron un intento por entender la enfermedad mental de manera científica (capítulo 1), el declive de la civiliza- ción grecorromana fue testigo de un retroceso de los relativamente iluminados enfoques de hombres tales como Hipócrates y Galeno. Los sujetos que en la actualidad serían diagnosticados como mentalmente enfermos eran tratados como pecadores perversos y castigados por sus pecados. Martín Lutero en su texto Charlas de mesa (1652/1907) des- cribió a los débiles mentales como personas ateas, poseídas por el diablo; sin razón ni alma, estaban permanentemente condenadas. Aún más, dado que los mentalmente tras- tornados no se comportaban como las personas normales, durante siglos fueron consi- derados como no humanos y sometidos a abusos barbáricos. Lutero mismo recomendó que un niño retardado de doce años de edad fuera ahogado. Tales individuos también servían como convenientes chivos expiatorios cuando extrañas calamidades, como pla- gas, acontecían en las comunidades. Delirios de grandeza, alucinaciones y otras patologías sin duda subyacen a la con- ducta de los papas, reyes y tiranos "locos" de los primeros siglos. La doncella de Orléans, Juana de Arco, escuchaba voces que le inspiraban aventuras militares pero que, después de su derrota, la llevaron a juicio en la corte inglesa por cargos de brujería, herejía y hechicería. A Juana de Arco se le encontró culpable y fue quemada amarrada a una esta- ca en 1431. Relacionar desórdenes mentales con brujería fue un aspecto trágico de la vida en la Edad Oscura y en la Edad Media. Brujería en Europa El trabajo definitivo que describió las características, la identificación y el castigo a las brujas fue el Malleus Maleficarum (El martillo de las brujas), publicado por primera vez en 1510. Una excursión dentro de un mundo terrorífico de sadismo y crueldad, el libro llegó a ser un incitador a la tortura y al asesinato de masas. En el siglo XIX Cari Binz describió este libro: "Es un pesado volumen en cuarto, tan insano, tan crudo y cruel y conduce a tan terribles conclusiones, que nunca antes o desde entonces se hizo tal combinación unificada de características horribles que fluyeran de una pluma humana" (Binz, 1885, p. 10). No obstante, el libro se escribió para mejorar la sociedad y proteger a la gente de la maldad y de la depravación de las brujas. Sus autores fueron dos sacerdotes domini- cos alemanes, Johann Sprenger y Heinrich Kraemer. Antes de publicar su libro obtuvie- ron el respaldo del papa en diciembre de 1484; el apoyo de Maximiliano, rey de Roma, en 1486; y por último la aprobación de la facultad de teología de la Universidad de Colonia en 1487. Con las licencias papal, real y académica para imprimir el libro, El martillo de las brujas llegó a ser un libro de texto de la Inquisición. Zilboorg y Henry describieron su impacto: 258 Capítulo 8 Pasó por diez ediciones antes de 1669 y por nueve antes de que otro siglo pasara. La hechu- ra de libros no era tan eficiente en aquellos días como lo es en los nuestros, la alfabetización no era una característica de la época; así, 19 ediciones destacan como testimonio tan impre- sionante como indiscutible no sólo de la popularidad del libro, sino de la gran necesidad del momento, la cual sin duda cubrió. (Zilboorg y Henry, 1941, p. 152). Una traducción del Malleus (Martillo) hecha por el reverendo Montague Summers fue publicada en 1928, y un Compendium Maleficarum, editado por Francesco Guazzo, apareció tan recientemente como en 1970. El Malleus tenía tres secciones principales. La primera proporcionaba pruebas de la existencia de las brujas y explicaciones de sus acciones: las brujas vuelan, habiendo fro- tado en sus cuerpos un ungüento satánico de hostias consagradas con las que alimenta- ban a sapos; para formar el ungüento, los sapos son quemados y sus cenizas se mezclan con los huesos pulverizados de un hombre ahorcado y la sangre de un niño recién naci- do. Cuestionar estas pruebas era herejía y era motivo de castigo por la completa autori- dad de la Iglesia, en este mundo y en el siguiente. La segunda sección proporcionaba descripciones de las características y acciones de las brujas. Desde un punto de vista psicológico ésta es la sección más interesante. Es claro por el texto y la evidencia presen- tada en los juicios contra las brujas acusadas que muchas de ellas tenían enfermedades mentales: descripciones de delirios, alucinaciones, conducta maniaca y melancólica, catatonía y paranoia eran frecuentes. Muchas veces estas descripciones precisas se basa- ban en la observación cuidadosa, pero no condujeron a explicaciones exactas de la con- ducta. Desde que el Malleus estableció que la brujería derivaba de la lujuria carnal, la cual nunca se satisfacía en las mujeres, no es de sorprenderse que las niñas y las mujeres fueran casi siempre las acusadas. De acuerdo con el libro, algunas mujeres que siempre quedaban más hambrientas después de la gratificación intensa eran vistas por el diablo y embrujadas. La tercera sección del Malleus esbozaba las formas de examinación de brujas y la ma- nera de asegurar confesiones completas. Las brujas acusadas eran torturadas primero con técnicas "más bondadosas" y luego, si se resistían, con métodos de extrema crueldad y sadismo. Al elegir por su propia voluntad ser consortes del diablo, estas mujeres debían confesar su brujería tanto en la cámara de tortura como en un lugar alejado de ésta. La doble confesión constituía la prueba final de culpabilidad. Dada la creencia de que a la brujería no se le podía vencer por ningún poder natural, el resultado usual de una confe- sión tal era una condena a muerte: se les ahogaba, quemaba o ahorcaba. Desde las prime- ras décadas del siglo xiv hasta mediados del XVIII, fueron ejecutadas por brujería en Europa entre 200 000 y 500 000 personas, 85 por ciento de las cuales fueron niñas y mujeres (Ben- Yehuda, 1980; Harris, 1975). La brujería en el Nuevo Mundo Ni la creencia en la demonología ni la persecución de brujas se limitaban a Europa, ya que se extendieron al Nuevo Mundo. Los habitantes de Nueva Inglaterra se mantenían pendientes unos de los otros y estaban siempre alertas del diablo y de sus trabajos. Los juicios por brujería mejor conocidos en Estados Unidos se llevaron a cabo en 1692 en la villa costera de Salem, 24 kilómetros al noroeste de Boston. Antes de los juicios de Salem, La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 259 las acusaciones por brujería eran comunes en Nueva Inglaterra, pero los resultados de los juicios por brujería por lo general favorecían al acusado, y hubo sólo cinco ejecucio- nes en Massachusetts antes de 1692 (Kittredge, 1929). La crisis en Salem comenzó de manera repentina en diciembre de 1691, cuando ocho jóvenes niñas desarrollaron un lenguaje desordenado, alucinaciones, posturas extrañas, gestos grotescos y arrebatos convulsivos. Los médicos fueron incapaces de explicar o curar su enfermedad, la cual se atribuyó por último a la brujería. Las acusaciones por la responsabilidad del embrujo fueron hechas por las niñas primero a un esclavo de Bar- bados que vivía en Salem y luego a la fumadora de pipa Sarah Good. Un mes más tar- de la condición de las niñas no había mejorado e hicieron otras acusaciones en contra de dos piadosas mujeres de buena posición y reputación de Salem. Siguieron acusaciones por brujería en contra de 115 personas locales. Éstas fueron llevadas a juicio como bru- jas en la primavera y principios del verano de 1692. La primera mujer condenada por brujería fue ahorcada en junio, y en septiembre 19 hombres y mujeres habían sido mandados al patíbulo. Un hombre que desafió a los magistrados y que se negó a admitir su culpabilidad fue apedreado, causándole la muerte. Las niñas participaban en los jui- cios, testificando en contra de los acusados y creando un alboroto con su conducta salva- je y desordenada. Su conducta en la corte era considerada por los magistrados como "evidencia espectral" de su embrujo. Muchas de las personas a las que acusaron por brujería, incluido un antiguo ministro de Salem, eran ciudadanos respetables y hon- rados. La locura en Salem terminó tan repentinamente como había comenzado y para fina- les de 1692 se acabaron los juicios por brujería. La primavera siguiente, el gobernador de Massachusetts ordenó la liberación de 150 presos por brujería. Se rescribieron las leyes sobre brujería, y ésta llegó a ser un crimen que era casi imposible perseguir. ¿Qué causó esta erupción de locura en la comunidad de Salem? Se han propuesto gran número de explicaciones. Las niñas pudieron haberse comportado como lo hicieron para ganar la atención que por lo común no tenían o tomar venganza de las personas que no les gusta- ban. Las afligidas niñas tuvieron un gran poder sobre sus mayores y la comunidad. Nin- gún ministro, magistrado, maestro o dama estuvo a salvo de sus acusaciones. Una vez que empezaron las acusaciones las niñas no pudieron escapar de la terrible trampa que habían creado. Un defensor de su posición sugirió que las jóvenes niñas de Salem no estaban "más seriamente poseídas que un montón de jovencitas en una parranda" (Starkey, 1950, p. 29). Por otra parte, algunos autores atribuyen las causas del pandemó- nium primero a la histeria de las niñas y luego a una histeria más general de la comuni- dad. Linnda Caporael (1976) sostuvo que el ergotismo convulsivo produce síntomas que concuerdan de manera cercana con aquellos exhibidos por las jóvenes niñas de Salem: convulsiones, sensaciones de ser aguijoneado o mordido, ceguera temporal o sordera y pérdida del lenguaje. El envenenamiento con ergot es causado por un hongo que crece sobre cosechas húmedas de grano, en especial centeno. El ácido lisérgico, un producto natural del hongo ergot, es un poderoso alucinógeno. El centeno era básico en la dieta de la naciente Nueva Inglaterra, y Caporael encontró que las condiciones climáticas de frío y humedad del verano y del otoño de 1691 fueron ideales para el desarrollo del hongo ergot. La distribución geográfica de los hogares de las niñas afectadas, sus síntomas y el tiempo y duración de la crisis fueron todos considerados por Caporael como indicadores de envenenamiento con ergot. Habiendo implicado al ergot como posible causante de 260 Capítulo 8 los trastornos en el caso de Salem, Caporael sugirió la posibilidad de su presencia en otros casos parecidos. Sus conclusiones fueron refutadas por Nicholas Spanos y por Jack Gottlieb (1976), quienes argumentaron que las niñas pudieron estar actuando. Sin em- bargo, de manera más reciente, Mary Matossian (1982), después de examinar los regis- tros de los juicios de la corte de Salem junto con los del clima y las cosechas, apoyó la conclusión de Caporael en cuanto a que la epidemia de ergotismo fue la responsable de la conducta de las niñas de Salem. PRIMERAS INSTITUCIONES Y "CURAS" PARA LA ENFERMEDAD MENTAL Antes del siglo XIX, a los individuos retardados y mentalmente enfermos, además de acusárseles de brujería eran tratados como criminales comunes, recluyéndolos en prisio- nes o en claustros especiales para ello. En 1547 un lugar para albergar a gente mental- mente trastornada fue establecido en el Hospital santa María de Bethlehem en Londres. Esta institución llegó a conocerse como "viejo bedlam" por derivar la palabra bedlam de bethlehem. El significado moderno de la palabra bedlam es, una escena de salvaje alboroto y confusión. Stein, 1967, describe las condiciones prevalecientes en el hospital. Los internos eran encadenados, azotados y aislados; se les alimentaba sólo con bazofia; se les daba purgas y vomitivos, y eran sometidos a sangrías. A sus cuidadores no se les pagaba, pero ganaban pequeñas sumas utilizando a los enfermos como entretenimien- to del público en general. Una visita al viejo bedlam para ver a los hombres y a las mujeres locos se consideraba una salida placentera. Prueba de esto fue la representación en una pintura de William Hogarth de una escena proveniente del Rake's Progress, en la cual dos damas con elegantes vestidos y cofias visitan Bedlam para presenciar el "espec- táculo". Jonathan Swift, en Cuento de una tina, describió el interior de Bedlam. Hasta 1814, 96 000 personas habían pagado un penique cada una para visitar este lugar (Gleitman, 1987, p. 493). Antes del siglo XIX, los animales salvajes eran considerados de- masiado aterradores para ser vistos por la gente y, por tanto, se mantenían en coleccio- nes privadas. En la actualidad las personas con enfermedad mental son recluidas y los animales son mostrados en los zoológicos. Los pacientes melancólicos y deprimidos, cuya conducta no resultaba atractiva para el gusto de la gente, eran mandados a las calles de Londres portando distintivos que les permitían mendigar para subsistir. Estas personas ya eran parte del ambiente cotidiano de la ciudad de Londres. En El Rey Lear de William Shakespeare, en el acto I, escena 2, uno de los personajes hace referencia a uno de estos individuos. Esta descripción de las condiciones en el Hospital de Santa María de Bethlehem ha sido refutada por un grupo de historiadores ingleses (Bynum, Porter y Shepherd, 1985; Porter, 1987) quienes sostienen que sólo un muy pequeño número de personas fueron institucionalizadas y que las condiciones no eran tan malas como con frecuencia se les describe. Ellos argumentaron que rara vez se explotaba o abusaba de los internos. Estos autores sugerían que el dinero que se recaudaba era una colecta de almas cristianas en lugar del precio de admisión a un entretenimiento. Restringirlos, esposarlos y encade- narlos, sostienen los historiadores, era utilizado sólo con internos violentos y agresivos, cuando todo lo demás fracasaba. James Norris fue sujetado con un collarín de hierro y encadenado a la pared de atrás de su cama sólo cuatro años después de haber fracasado La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 261 tratamientos más suaves. Los historiadores también apuntan que a Norris se le daban libros y periódicos para leer y se le permitía tener un gato como mascota. Sus críticas son muy vivas y con frecuencia exacerbadas pero, finalmente, poco convincentes. La parte trasera del asilo de Ohio, abierto en 1877 y típico de las instituciones estado- unidenses de esa época, estaba también equipado con barras de hierro y cadenas para recluir y sujetar a los internos. Tales condiciones eran de hecho comunes tanto en Esta- dos Unidos como en Inglaterra. En 1814, Ebenezer Haskell forzó su entrada al santa María de Bethlehem y reportó a la Casa de los Comunes Británica lo que había visto: Una de las habitaciones laterales en la galera para mujeres contenía cerca de diez pacien- tes, cada una estaba encadenada por un brazo o una pierna a la pared, permitiéndole sólo pararse del banco fijado a la pared o sentarse en él. La desnudez de cada paciente estaba cubierta por una sábana con forma de algo parecido a una bata, pero con nada para sujetar- la al frente. Esto era todo lo que las cubría, estando los pies desnudos. En otra parte encontré a varias de las desafortunadas mujeres encerradas en las celdas, desnudas y encadenadas sobre paja, con sólo una sábana para cubrirse. En el área para hombres, en el cuarto lateral, estaban encadenados seis pacientes cerca de la pared: cinco sujetados de ambas manos y uno encadenado del brazo y pierna derechos a la pared; éste era muy ruidoso; todos esta- ban desnudos cubiertos sólo con la bata de sábana o con pequeñas mantas sobre los hom- bros y sin zapatos —su desnudez y su modo de confinamiento daba a este cuarto la completa apariencia de una perrera— (Haskell, citado en Roback y Kiernan, 1969, p. 192). 262 Capítulo 8 Cincuenta años más tarde Charles Dickens, en un discurso para la institución de beneficencia de voceadores, resumió los reportes de la prensa acerca del tratamiento de los mentalmente trastornados: El hombre del periódico nos traía todos los días reportes de un regularmente aceptado y recibido sistema para encargarse de los desafortunados dementes con cadenas, acostados sobre paja, haciéndolos morir de hambre con pan y agua, negándoles sus ropas, tranquili- zándolos de sus tremendas aflicciones con el látigo y haciendo periódicas exhibiciones de ellos a un bajo costo, presentando nuestros asilos públicos como una clase de zoológico demoniaco. (Dickens, mayo 9,1865, en Ackroyd, 1990, p. 136) Como Dickens reportó, algunas veces a los internos se les dejaba hambrientos,y se incrementaba este impacto colgando a la víctima en una canasta sobre la mesa en la cual otros comían. Se daban "remedios" en los que se lanzaban sobre el interno encadenado hasta 100 cubetadas de agua helada. En la "cura de molinete" la persona era amarrada con correas a una cama o a una silla que era girada con rapidez a velocidades por arriba de 100 rpm. Este procedimiento era popular tanto en Inglaterra como en Estados Uni- dos. En 1811 un médico estadounidense, Joseph Masón Cox, publicó Observaciones prác- ticas sobre la locura y algunas sugerencias hacia modos mejorados de tratamiento de las enfermedades de la mente. Cox era un entusiasta defensor del molinete, la oscilación y la rotación en el tratamiento de la manía. Él reportó que al aplicarlos en la oscuridad, "Muy pocas circunvoluciones [rotaciones] producen efectos sosegantes, calmantes, tranquili- zando la mente y rindiendo el cuerpo a la quietud; un grado de vértigo aparece seguido por el más refrescante adormecimiento; un objetivo que es el más deseable en todo caso de locura y con la máxima dificultad procurada" (Cox, 1811, p. 1). Aunque Cox reporta- ba que algunos pacientes se resistían de manera violenta a ser colocados en el balancín, él lo había utilizado con numerosos pacientes maniacos observando "cambios muy sor- prendentes". En el "paciente más miserable" una sola aplicación de oscilaciones produ- cían "la más completa revolución en la mente, cambiando el completo curso de las ideas" (Cox, 1811, p. 12). Hasta el siglo XX se pensaba que muchas enfermedades eran causadas por desórde- nes de la sangre y, por tanto, un procedimiento común era quitar o extraer sangre me- diante la aplicación de sanguijuelas o a través de incisiones venosas realizadas por médicos o por cirujanos-peluqueros. El poste rojo y blanco de los peluqueros era en principio la señal de un cirujano-peluquero que hacía sangrías. En 1667 un médico llamado Denis extrajo 284 mililitros de sangre de un paciente de melancolía y las repuso con 177 mililitros de sangre de un becerro. Denis reportó que la mente del paciente se clarificó y que se recuperó de su melancolía (Zilboorg y Henry, 1941, p. 275). En santa María de Bethlehem los pacientes eran sangrados de manera rutinaria en la primavera y el verano todos los años. Benjamín Rush (1745-1813), el padre de la psiquiatría estadounidense y un hombre cuya silueta aparece en el sello de la American Psychiatric Association, fue un entusiasta defensor de las sangrías. En 1793 una severa epidemia de fiebre amarilla azotó Filadelfia. Más de 4 000 personas murieron, y en un punto Rush era uno de sólo tres médicos que permanecían en la ciudad. Mostró gran valor en quedarse con sus pacientes, pero las purgas y sangrías que administró sin duda mataron a muchos de ellos. Cuando Rush mismo fue víctima de una violenta fiebre, él instruyó a sus asistentes para sangrarlo La historia de ¡a psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 263 abundantemente. Lo hicieron y Rush casi muere, pero cuando él junto con algunos de sus pacientes se recuperaron, recordó: "Nunca antes experimenté tan sublime júbilo como el que ahora siento al contemplar el éxito de mis remedios —la conquista de una enfer- medad formidable a través del triunfo de un principio de la medicina—" (Rush, citado en Eisenberg, 1977, p. 1106). El principio de Rush se derivó del sistema brunoniano de la medicina, el cual enseña- ba que la estimulación y excitación excesivas de la sangre producen enfermedad tanto física como mental. Así, la sangría era utilizada para "calmar la sangre" de los mental y físicamente enfermos. Rush, sin embargo, tuvo quien refutara sus procedimientos. El jornalista inglés William Cobbett comparó las sangrías con "uno de esos grandes descu- brimientos que han contribuido a la despoblación de la tierra", Rush lo demandó por difamación y Cobbett fue forzado a pagar daños por 8 000 dólares (Middleton, 1928, p. 434). REFORMA DE LAS INSTITUCIONES PARA ENFERMOS MENTALES Phillipe Vinel (1745-1826) Pinel es descrito con frecuencia como el padre de la psiquiatría científica. Era una perso- na tranquila y tímida que vivió antes, durante y después de la Revolución Francesa y provocó una revolución en el cuidado y tratamiento de los enfermos mentales. La de Pinel era una familia de médicos. Se graduó en medicina en 1773 en la Universidad de Toulouse. Trabajó como tutor y tomó cursos adicionales de medicina, historia y filosofía griega mientras obtenía un segundo grado en filosofía en la Universidad de Montpellier. Él después practicó la medicina, sin embargo, lo desanimaron algunas características muy comunes entre sus colegas médicos como la avaricia, la mezquindad y las intrigas. Se mudó a París y trabajó para la gente pobre de la ciudad en lugar de hacerlo con la burguesía rica que él despreciaba (Reisman, 1966). Pinel también llegó a estar progresivamente más interesado en la demencia, un inte- rés que se estimuló en 1783 cuando un amigo cercano, un joven hombre de 24 años, lo consultó pidiéndole ayuda para aliviar su condición nerviosa. El hombre, un estudiante de leyes en París, tenía periodos frecuentes de manía y depresión. Un día podía describir de forma excitada sus planes para una brillante carrera en el tribunal y al siguiente caer en una profunda depresión durante la cual era incapaz de abandonar su cuarto, comer o dormir. Pinel trató de ayudarlo, pero una noche en un arrebato de desesperación el joven hombre huyó de la casa de su padre vistiendo sólo una camisa; se perdió en un bosque cercano y fue atacado y matado por lobos. Este espantoso accidente conmovió con pro- fundidad a Pinel. ¿Por qué había sido él un médico incapaz de confortar y curar a este pobre hombre? ¿Qué causó tal conducta? ¿Qué se hubiera podido hacer para evitar tales ataques de demencia? Pinel resolvió tomar cada oportunidad para estudiar la demencia. Consultó con ex- pertos y leyó la literatura sobre el tema. Encontró de poco valor la mayor parte de las opiniones de los expertos, pero los trabajos de Joseph Daquin (1733-1815) tocaron una cuerda sensible. Daquin creía que la demencia era una enfermedad que debía ser enten- 264 Capítulo 8 dida y tratada con los métodos de la ciencia natural. Los dementes no eran animales depravados, sino personas enfermas que necesitaban tratamiento. Mirar a un loco y di- vertirse, decía Daquin, era ser un monstruo moral (Daquin citado en Zilboorg y Henry, 1941, p. 318). Pinel y Daquin llegaron a ser admiradores mutuos y cuando Daquin publi- có la segunda edición de Philosophie de la folie (Filosofía de la Locura) en 1793, se la dedicó a Pinel. Con la motivación de Daquin, Pinel comenzó a escribir artículos sobre la demencia y participó con un ensayo en un concurso patrocinado por la Royal Society of Medicine. El trabajo titulado "El mejor método para tratar pacientes que se vuelven locos antes de la edad madura" argumentaba la necesidad de estas personas de tratamiento humano, com- pasión y orientación en vez de palizas, encarcelamiento y el ridículo que con frecuencia sufren. Su trabajo recibió mención honorífica y llevó su nombre a la atención de uno de los jueces, Thouret, el prefecto de la Facultad de Medicina de París. Después de la revo- lución, Thouret fue nombrado en un consejo para supervisar los hospitales parisinos. Conociendo el interés de Pinel y sus brillantes posturas acerca de la demencia y el alar- mante estado de su práctica médica, Thouret arregló para Pinel un nombramiento como director del Asilo Bicétre en París en 1793. Originalmente una prisión, la Bicétre había llegado a convertirse en un hogar para los pobres y luego en 1660 un retiro para los dementes. La posición como director estaba lejos de ser deseable, pero Pinel la aceptó con entusiasmo. Lo primero en hacer fue revisar los papeles de ingreso de todos los internos y lue- go inspeccionar el edificio, encontrándose de manera individual con los habitantes y observando su conducta. La mayor parte de ellos estaban encadenados; los muros de la Bicétre eran patrullados por arqueros para prevenir las fugas. Pinel describió lo que vio: En mi entrada a los deberes de ese hospital [la Bicétre], todo me presentó la apariencia de caos y confusión. Algunos de mis desafortunados pacientes se desplazaban penosamente bajo los horrores de la más pesimista y desalentadora melancolía. Otros estaban furiosos y sujetos a la influencia del delirio perpetuo. Algunos parecían poseer un juicio correcto sobre la mayoría de los temas, pero ocasionalmente eran agitados por violentos arranques de furia maniaca; en tanto que los de otra clase estaban hundidos en un estado de estúpido idiotismo e imbecilidad. (Pinel, 1801/1962, pp. 1-2) Pinel decidió que su primera medida sería quitar las restricciones físicas de muchos de los internos. La amabilidad y un trato humano remplazarían los encadenamientos y el abuso. Antes de realizar estos pasos Pinel se tuvo que ganar el permiso del Concilio Revolucionario a cargo del municipio de París. Expuso su caso y describió su plan ante el concilio y su presidente, un revolucionario lisiado llamado Georges Couthon. Des- pués de que Pinel expuso sus razones, Couthon le dijo: "Ciudadano, usted mismo debe estar loco para dejar a esos brutos sueltos", y de manera sarcástica advirtió que el próxi- mo paso de Pinel sería ir al zoológico y liberar a leones y tigres (Roback y Kiernan, 1969, p. 194). Pinel persistió logrando que Couthon accediera a visitar la Bicétre. Sus intentos por cuestionar a los internos encontraron sólo maldiciones y violencia. Couthon conclu- yó que Pinel mismo debía estar loco por considerar desencadenar a tales personas, pero dio su autorización para que hiciera lo que considerara correcto. Él se sentía seguro de que el mismo Pinel sería la primera víctima de su acción. La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 265 La dramática medida de Pinel fue retratada en una famosa pintura de Charles Muller, mostrando a Pinel ordenando el retiro de las cadenas. Esta pintura es algo engañosa, pues en realidad Pinel procedió de una manera precavida y sistemática. Comenzando en 1793 con un pequeño número de internos, él observó de manera cuidadosa los efectos de haberles quitado sus grilletes. El primer hombre desencadenado fue un oficial inglés que había estado en la Bicétre durante 40 años, un hombre vicioso y violento que destrozó la cabeza de un guardia con sus cadenas. Pinel le habló con tranquilidad, preguntando si prometía estar calmado y no lastimar a nadie. El hombre accedió, y después de retirarle las cadenas caminó por el patio, observando extasiado el cielo que no había visto en todos esos años. Su comportamiento violento había desaparecido, ayudó a cuidar a otros y fue liberado después de dos años. Otro de los hombres desencadenados ese día crucial fue Charles Chevigné, un soldado veterano al que se le había mantenido con cadenas debido a su inusitada fuerza y naturaleza violenta. Diez años antes Pinel lo había visto siendo llevado en una carreta a través de las calles de París hacia la Bicétre. Pinel tam- bién lo indujo a la calma, llegando a modificar su comportamiento. Algunos años más tarde Chevigné salvó la vida de Pinel cuando una muchedumbre atacó la Bicétre y cap- turó a Pinel acusándolo de encubrir a miembros de la burguesía, de poner en libertad a individuos peligrosos e, incluso, de envenenar los pozos de París y causar una cólera epidémica. Pinel estaba a punto de ser ahorcado cuando el gigante Chevigné irrumpió en la multitud para rescatarlo y desbandar a la muchedumbre (Zilboorg y Henry, 1941, p. 324). En cuatro meses Pinel ordenó quitar las cadenas de 53 internos y lentamente su com- portamiento y la atmósfera en la Bicétre cambiaron. Pinel siempre observaba a sus pa- 266 Capítulo 8 cientes con cuidado, pues su conducta, él decía, es "el mejor libro de texto del médico". Mejoró la calidad de los alimentos de los internos y terminó con todos los "tratamientos curativos" como el molinete y el agua, los vomitivos y las sangrías. Pinel escribió sobre esto último: "La sangre de los maniacos es algunas veces derramada en tal cantidad, y con tan poco criterio como para dudar de quién merece el adjetivo de loco, si el paciente o su médico" (Pinel, 1801/1962, p. 251). Pinel también utilizó las mínimas restricciones necesarias para la seguridad y el orden. El creía que "un grado de libertad, suficiente para mantener orden, dictado no por debilidad sino por humanidad iluminada y calcu- lada para expander unos pocos atractivos sobre la infeliz existencia de los maniacos, contribuye en la mayor parte de las instancias a disminuir la violencia de los síntomas, y de alguna forma, a suprimir las quejas por completo" (Pinel, 1801/1962, p. 90). Bajo la dirección de Pinel los tratamientos crueles fueron prohibidos. Promovía que los enfermos mentales no son personas culpables que merecen un castigo, sino indivi- duos enfermos necesitados de tratamiento. Su enfoque tuvo un efecto inmediato. En 1792 —antes de Pinel— de 110 maniacos admitidos en la Bicétre, 57 murieron en un año; en 1793 murieron 95 de 151. En los primeros dos años de la dirección de Pinel, la propor- ción de muertes con respecto al internamiento fue de 1 a 8. Sus éxitos en el Asilo de la Bicétre lo condujeron a su nombramiento en 1795 como director de La Salpétriére, el asilo parisino para mujeres con enfermedad mental. La Salpétriére, como su nombre lo implica, estaba ubicado en lo que alguna vez fue una fábrica de pólvora. El edificio había sido utilizado como un arsenal y luego como un asilo para la gente pobre de París. En 1795 era el asilo más grande en Europa, con unas 8 000 internas. Pinel encontró ahí condiciones tan malas como las que tenían en la Bicétre, pero además los guardias abusaban sexualmente de las internas. Él comenzó a desenca- denar a las mujeres de la Salpétriére, justo como había desencadenado a los hombres en la Bicétre. Tuvo otra vez muchos éxitos dramáticos, y su fama se extendió a lo largo de Europa. Gente afligida de muchos países le escribía para pedir ayuda. Sólo cartas dirigi- das al doctor Pinel eran entregadas. Él llegó a ser un miembro respetado de los círculos médico e intelectual. En sus muchas conferencias públicas Pinel resumía su postura de condiciones humanas para los enfermos mentales y el tratamiento científico de su condi- ción. Pinel llegó a ser un efectivo orador público y también algo de genio silencioso. Cuando el astrónomo Joseph Lalande, conociendo los profundos sentimientos religiosos de Pinel, lo ridiculizó diciendo que lo incluiría en una nueva edición de su Diccionario de Ateos, Pinel replicó que él preparaba una nueva edición de su Filosofía de la Locura y que incluiría a Lalande en ella. Pinel murió de neumonía en octubre de 1826 en su habitación de la Salpétriére. Su funeral fue suceso de Estado y asistieron ministros, médicos, estudiantes y científicos, pero también cientos de personas ordinarias, incluyendo a algunos cuya asistencia segu- ramente habría significado lo más importante para Pinel —antiguos internos de la Bicétre y de La Salpétriére—. El niño salvaje de Aveyron Otro episodio en la vida de Pinel ha probado ser de gran importancia: el caso del niño salvaje de Aveyron. A Pinel se le pidió examinar a un niño salvaje con una edad aproxi- mada de doce años que surgió de los bosques de Saint-Serin en el departamento (distri- La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 267 to) de Aveyron en el sur de Francia el 9 de enero de 1800. Por los reportes de cazadores que lo habían vislumbrado, se creía que él había vivido en el bosque durante algunos años. Estaba virtualmente desnudo, cubierto de cicatrices, sucio e inarticulado. En apa- riencia había sobrevivido con una dieta de bellotas y raíces. Caminaba a gatas la mayor parte del tiempo y gruñía como un animal. Las noticias sobre la captura del niño salvaje causaron sensación en París. La recientemente formada Sociedad de Observadores del Hombre arregló su traslado a la capital para estudiarlo. Una postura prevaleciente era que la naturaleza pura de hombres y mujeres había sido corrompida por la civilización y que una vida natural es la mejor posible. Juan Jacobo Rousseau fue un proponente activo de tal postura. En 1749 se llevó a cabo un concurso de ensayos sobre el asunto de si la ciencia o las artes habían mejorado más la moral. Rousseau ganó el concurso con un ensayo crítico y apasionado en contra de la ciencia, argumentando que la moderna sociedad científica había corrompido y degra- dado la bondad y la pureza innatas de los humanos. En sus libros Rousseau (Morley, 1915) describió el estado natural de los humanos como de armonía y belleza, pero tal estado natural, argumentaba, había sido corrompido por la civilización moderna. Ade- más, tales posturas se fortalecieron con reportes provenientes de exploradores europeos sobre las aparentemente idílicas sociedades de los Mares del Sur. El niño salvaje de Aveyron había crecido sub natura (bajo naturaleza) y, por consiguiente, hubo gran interés en su conducta. ¿Él era de hecho un "salvaje noble"? La respuesta fue un tremendo no. Llevado a París en 1800 y exhibido en una jaula, el niño salvaje se sentaba oscilando hacia atrás y hacia adelante y era por completo apático. Fue una gran decepción para las hordas de curiosos espectadores y los seguidores de Rousseau: "Un desagradable niño sucio afectado con movimientos espasmódicos y con- vulsiones frecuentes que se mecía hacia atrás y hacia adelante sin cesar como ciertos animales en las jaulas para fieras, que mordía y arañaba a aquellos que se oponían a él, que no mostraba ningún tipo de afecto por aquellos que lo atendían y que era en resu- men, indiferente a todo y atento a nada." (Itard, 1894/1962, p. 4) Después de examinarlo, Pinel concluyó que lejos de ser un noble salvaje, el niño era un idiota incurable. A pesar de esta conclusión uno de los asistentes de Pinel, Jean Marc Gaspard Itard (1744-1835), se encargó de cuidar al niño salvaje y de tratar de educarlo. Le dio un nombre, Víctor, y luego estableció el supuesto de que sus problemas se debían a su aislamiento social en lugar de a un daño cerebral u otra condición orgánica. Itard se encargó de la rehabilitación de Víctor. Con la ayuda de madame Guérin, tuvo éxito después de esfuerzos en verdad heroicos en enseñar a Víctor a poner atención, mantenerse limpio y a vestirse él mismo, comer utilizando las manos, jugar juegos sim- ples, obedecer algunas órdenes e, incluso, leer y entender palabras simples. Sin embar- go, a pesar de todos sus esfuerzos Víctor nunca aprendió a hablar. Algunas veces mostra- ba señales de afecto, pero con frecuencia, especialmente bajo tensión, su conducta era confusa, impredecible y violenta. Víctor aprendió a hacer distinciones simples, pero cuando tenían un grado mayor de dificultad, él se volvía destructivo, mordía y mastica- ba sus ropas, las sábanas e incluso la silla y el mantel. Después de trabajar con Víctor durante cinco años Itard perdió la esperanza de rehabilitarlo. Los antecedentes de Vic- tor y las "pasiones de su adolescencia" no podían ser vencidos. Víctor vivió con ma- dame Guérin hasta 1828 cuando murió a la edad de 40 años, un casi olvidado medio hombre. Itard contó su historia en El niño salvaje de Aveyron; más recientemente ha sido dramatizada en la película de Francois Truffaut, El niño salvaje, y en libros de 268 Capitulo 8 Harían Lañe (£/ niño salvaje de Avexjron, 1976) y de Roger Shattuck (El experimento olvida- do, 1980).* ltard consideró su trabajo con Víctor como un fracaso, pero un reporte oficial de la Academia Francesa de la Ciencia reconoció el esfuerzo y progreso que se hizo con el niño. Así tal vez había esperanza de una educación remedial de niños con antecedentes de deprivación, que fueran clasificados como retardados. Los esfuerzos remedíales de Johann Guggenbühl (1816-1863) En 1836 un joven médico suizo, Johann Jacob Guggenbühl, viajaba por su país cuando vio a un individuo lisiado y con claro retraso mental (Kanner, 1964, p. 17) rezando en un santuario al borde del camino. En esa época, se pensaba que una combinación de defor- midad física y retraso mental era endémica en ciertos valles alpinos. Guggenbühl se preguntaba si tal estado infeliz era permanente y resolvió dedicar el resto de su vida a lo que él llamó "cura y profilaxis del cretinismo" (Kanner, 1964, p. 221). En una zona de la tierra alpina en el Abendberg, cerca de Interlaken, él estableció un centro residencial y de entrenamiento para niños mentalmente retardados. Guggenbühl creía que el aire puro de la montaña, la belleza de los alpes, una buena dieta natural, ejercicio y "medicamentos naturales" —vitaminas, minerales y sales— cu- rarían el cretinismo. Al principio su trabajo fue acogido como una reforma importante, y los visitantes a Abendberg reportaban muchas curas dramáticas. Con lentitud, sin em- bargo, los escépticos comenzaron a preguntarse cuántos niños en realidad habían sido ayudados. Rumores de condiciones pobres e incluso abuso de los niños se expandieron. El embajador británico en Suiza visitó Abendberg para conocer el tratamiento de algu- nos niños británicos; los encontró en una condición negligente y a la institución comple- ta en un estado de gran desorden. Una comisión oficial de averiguación investigó y concluyó que ni un solo enfermo había sido nunca curado en Abendberg. Guggenbühl se fue exiliado —había de alguna forma acumulado una gran fortuna— y murió en 1863 a la edad de 47 años. Un obituario le dio crédito sólo por haber, en efecto, levantado el interés en el cuidado de los retardados (Kanner, 1964, p. 29), pero él merece algo más, pues como Leo Kanner señaló: "Guggenbühl debe ser reconocido como el originador indisputable de la idea y la práctica del cuidado institucional para individuos débiles mentales. Los cientos de instituciones ahora en existencia derivan en línea directa del Abendberg" (Kanner, 1964, p. 30). William Tuke (1732-1822) Para revisar al siguiente reformador cruzaremos el canal inglés para considerar a un caballero cuáquero, quien a primera vista no parece tener la apariencia de ser un agente de cambio. A finales del siglo XVIII, William Tuke, un próspero comerciante de té retirado, * En otro caso de niños salvajes, se encontró a dos pequeñas niñas que vivían entre lobos en India en 1920. Las dos niñas llamadas Amala y Kamala caminaban en cuatro patas, corrían, comían y rasguñaban como lobos. Una de ellas murió poco después de haber sido encontradas. La otra nunca aprendió a hablar y murió de una enfermedad desconocida a la edad de casi 17 años (Candland, 1993). La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 269 escuchó una historia muy preocupante. Unos amigos le dijeron que al tratar de visitar a un pariente internado en el asilo para enfermos mentales en la ciudad de York, el super- visor del lugar no les había permitido entrar. Unos cuantos días más tarde les comunica- ron que su pariente había muerto. Ellos sospechaban algo muy extraño y apelaron a Tuke para que los ayudara. Tuke visitó el asilo y se horrorizó con lo que vio. Con apoyo de la sociedad de amigos (los cuáqueros) —quienes predicaban que Dios moraba en el interior de todas las personas—, Tuke dedicó los 30 años restantes de su vida a encontrar un lugar alternativo donde "los infelices pudieran encontrar refugio". En 1796 Tuke es- tableció un "retiro" cerca de York. Los cuáqueros no estaban dispuestos a llamar asilo a su lugar, por lo que la esposa de Tuke tuvo la feliz inspiración de utilizar la palabra retiro. Ellos se comprometieron a que los internos nunca serían sujetados con grilletes, encadenados o esposados, en vez de eso se les daría libertad, respeto, buena comida, recreación, ejercicio, tratamiento médico, apoyo amistoso e instrucción religiosa. El Reti- ro de York de Tuke fue propositivamente arreglado para parecer una granja en lugar de una prisión. No había barrotes o rejas en las ventanas, y los jardines y los animales de granja se mantuvieron (Reisman, 1966, p. 13). Tuke vivió hasta los 90 años de edad y vio el éxito obtenido por su retiro de York, sirviendo como modelo para otras brillantes instituciones para el albergue y el cuidado de los enfermos mentales. Tanto su hijo como su nieto dedicaron sus vidas al Retiro de York. Un cuáquero de Filadelfia, Thomas Scattergood, visitó el retiro de York y quedó tan conmovido que "dejó salir unas cuantas lágrimas" (Price, 1988, p. 29). Inspirados por su reporte, los cuáqueros de Filadelfia en 1813 fundaron el primer hospital psiquiátrico privado en Estados Unidos: el asilo Amigos para el Uso de Personas Deprivadas del Uso de su Razón. El Hospital Amigos en Filadelfia está todavía en operación. Dorothea Lynde Dix (1802-1887) Dorothea Lynde Dix nació en Hampden, Maine, y fue una niña de un hogar infeliz. Cuando ella tenía diez años de edad el fanatismo religioso de su padre la forzó a abando- nar su hogar y a los catorce años empezó una carrera en una de las pocas profesiones abiertas para las mujeres, la de maestra de escuela en Worcester, Massachusetts. Ella también escribió gran número de populares libros para niños y adolescentes. Cuando su salud falló como resultado de la tuberculosis, Dix fue forzada a abandonar la enseñanza de tiempo completo y a tomar una asignatura para una clase de mujeres prisioneras en la Casa de Corrección del Este de Cambridge. Quedó horrorizada con lo que vio. Muchas personas que eran evidentemente enfermas mentales eran tratadas como criminales co- munes, confinadas en celdas estrechas y frías y no se les permitía ni siquiera los mínimos privilegios de otras prisioneras. Dix también notó que las condiciones para los dementes eran tan malas, si no es que peores, en otras prisiones y cárceles. Durante los restantes 40 años de su vida Dix realizó campañas para mejorar las condiciones para los dementes. Viajó a cada estado del este del Mississippi, y aunque era una dama tranquila, digna y propia, sus tácticas eran aplastantes. Primero obtendría evidencias acerca de las condi- ciones en un estado particular y luego publicitaria con perspicacia y efectividad, los abu- sos y el maltrato que había encontrado. Ella conseguiría apoyo público y el de legisladores clave. Comenzando con Massachusetts, seguido por Rhode Island, Dix expuso sus expe- riencias describiendo las atroces condiciones que había visto. Entre 1845 y 1852 Dix tes- 270 Capítulo 8 El retiro de Connecticut para los locos En diciembre de 1820 un prominente médi- mentales de los enfermos mentales están des- co de Connecticut, el doctor Eli Todd (1769- equilibradas. En la manía, domina la excita- 1833) dirigió una reunión para la sociedad ción; en la melancolía, la inhibición es domi- médica del condado de Hartford. Su tema era nante. El gran diseño de manejo moral era la locura y la dificultad de tratar a los locos restablecer las facultades al equilibrio trayen- en hogares privados o en prisiones. Inspira- do las facultades sanas para apoyar aquellas do por el ejemplo de Pinel y Tuke, Todd ex- que estaban fuera de balance. El autocontrol hortó a que un retiro fuera establecido en era esencial. Los locos eran tratados como Hartford, mismo que no sería hospital, pri- seres racionales a quienes se les explicaban los sión, cárcel o escuela, sino un lugar donde tratamientos y los cuidados. Se les daba liber- los principios de manejo moral fueran utili- tad y privilegios hasta el máximo grado posi- zados para cuidar y tratar a los locos. La so- ble. Eran entrenados para vivir una vida nor- ciedad médica estableció un comité para mal, en armonía con lo que se consideraban estudiar la propuesta y buscar financiamien- las leyes naturales de Dios. Se motivaba la to. Ellos estimaron que había más de 1 000 admisión precoz y el promedio de estancia era personas trastornadas seriamente a nivel de seis meses. El número de pacientes enbus- mental necesitando cuidado y tratamiento en ca de admisión al retiro se incrementó al igual Connecticut. Los miembros del comité ase- que la reputación de Todd. En un notable guraron promesas de donación por 20 000 ejemplo de apoyo, la Legislatura de Connec- dólares y también un compromiso de 5 000 ticut en la sesión de 1829-1830 dio permiso al dólares del Estado de Connecticut (Bra- retiro para conducir una lotería con el fin de celand, 1972). obtener dinero. Durante un periodo de siete En 1822 se tomó una decisión formal para años esa lotería recaudó una cantidad neta de establecer el Retiro de Connecticut para los 40 000 dólares (Braceland, 1972, p. 34). Locos. Una granja y sus construcciones fue- En noviembre de 1833, Todd sufrió un ron comprados en 1823 y Todd fue nombra- coma y murió sin recuperar la conciencia. Los do como el primer superintendente. El lugar periódicos y las revistas médicas editaron fue abierto en 1824 con oraciones e himnos. tributos y alabaron sus principios de manejo Sesenta "cómodos apartamentos" fueron moral. Todd dejó su fortuna entera al Retiro. ofrecidos a un costo de 3 dólares a la semana Instituciones que siguieron el modelo del re- para los residentes de Connecticut, y 4 dóla- tiro de Todd fueron establecidas en Massa- res para los que venían de fuera del estado. chusetts, Vermont y Nueva Jersey. Esas ins- Los primeros dos pacientes fueron un hom- tituciones proporcionaron tratamiento bri- bre de 36 años que sufría de "fanaticismo" y llante y humano para los enfermos mentales, una joven mujer de 26 que "recientemente con el manejo moral como su gran principio se había debilitado por exigirle demasiado guía. Hoy en día, al igual que el Instituto de al intelecto con estudios difíciles" (Braceland, Living, el retiro de Todd continúa proporcio- 1972, p. 19). nando cuidado y tratamiento tanto para ni- Todd era un clínico astuto que dio una de ños como para adultos y conduce investiga- las primeras consideraciones para conducir ción extensa en enfermedad mental. (Bra- el envenenamiento. Creía que las facultades celand, 1972). La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 271 tificó ante las legislaturas por lo menos en una docena de estados. En una de sus exposi- ciones al Congreso de Estados Unidos, Dix describió cómo había visto: Más de 9 000 retardados, epilépticos y dementes en Estados Unidos, con necesidad de cuidados apropiados y de protección... moviéndose con mortificantes cadenas, encorvados debajo de grilletes y pesadas bolas de hierro atadas a cadenas arrastradas, lacerados por las cuerdas, azotados con varas y aterrados bajo tormentas de maldiciones y crueles gol- pes; ahora sujetos a sarcasmos y al desprecio y a bromas torturantes; ahora abandonados a las más ultrajantes violaciones. (Dix, citado en Sargent y Stafford, 1965, p. 276) Dix realizó campañas en Washington para asegurar una escritura de concesión de tierras para el beneficio de los dementes. A los estados se les darían terrenos federales los cuales podían vender para establecer hospitales mentales, justo como se había hecho con universidades estatales de concesión de tierras bajo el Acta Morrill de 1862. La factura que Dix apoyaba pasó por ambas casas del Congreso sólo para ser vetada por el presi- dente Franklin Pierce. Dix predicó siempre su evangelio de trato humano y beneficios adecuados para los dementes y retardados. En tres años visitó 18 estados y estimuló reformas en la mayor parte de ellos. Los viejos hospitales fueron modernizados y se construyeron nuevos. En su totalidad, 40 hospitales mentales en Estados Unidos y en Europa deben su estableci- miento a Dix. Ella consideraba a los internos como sus hijos, los visitaba y con frecuencia se quedaba con ellos. Durante la Guerra Civil Dix se desempeñó como jefa de enferme- ras de hospital, siguiendo los pasos de Florence Nightingale. Al terminar la guerra visitó Europa en una gira de conferencias. En una audiencia con la reina Victoria la valiente señorita Dix le ofreció una conferencia sobre la necesidad de reformas continuas en In- 272 Capítulo 8 glaterra. Es probable que ésta haya sido la única ocasión durante su reinado que la reina nombró una comisión real para investigar los asilos británicos para dementes. En una audiencia con el papa Pío IX, Dix describió los asilos para dementes de Roma como escandalosos y deshonrados, incitando al papa a prometer el establecimiento de un nue- vo asilo en el hospital del estado de Trenton, donde ella murió en 1887. En 1983 el servi- cio postal de Estados Unidos distribuyó un timbre conmemorativo de Dorothea Dix como parte de la serie de grandes mujeres estadounidenses. Instituciones para Jos dementes y retardados en Estados Unidos En 1770 la Casa de Burgueses de Virginia, respondiendo a una petición proveniente del gobernador británico, promulgó una ley proveyendo para el apoyo y la manutención de los enfermos mentales y otras personas de mente enfermiza. El resultado fue la primera institución pública en Estados Unidos dedicada de manera exlusiva al cuidado y trata- miento de los dementes, la cual se abrió en Williamsburg, Virginia, en octubre de 1773 (Zwelling, 1985). Tenía características de prisión y enfermería. Las ventanas estaban en- rejadas, las puertas cerradas con cerrojo y los internos recluidos con hierros en las pier- nas y camisas de fuerza. El primer cuidador de la institución, James Gault, había antiguamente encabezado la cárcel pública en Williamsburg. Esta institución cerró en 1885 y se restauró para museo abierto al público (Turkington, 1985). La primera mitad del siglo XIX fue testigo del establecimiento en Estados Unidos de muchos grandes asilos e instituciones dirigidos por el Estado. Al principio tomaron el modelo de instituciones privadas tales como el hospital Amigos en Filadelfia y el Re- tiro de Connecticut. Con frecuencia localizadas en ambientes rurales, las instituciones tenían como su meta proveer a los dementes de todas las clases de tratamiento moral y educación. Algunas instituciones bien llevadas lograron porcentajes de cura del 50 por ciento (Dain, 1971), pero tristemente a pocos meses de ser abiertas fueron saturadas con un gran número de personas trastornadas de manera crónica, muchas de las cuales resi- dieron durante años en asilos de ancianos y para pobres, cárceles y prisiones. El "trata- miento moral" no era efectivo con estas personas que por lo general presentaban trastor- no mental crónico. Además, números desproporcionadamente grandes de inmigrantes eran internados, y los miembros del personal estaban impreparados en su totalidad para tratar con sus diferentes antecedentes étnicos y culturales. Grandes instituciones custodíales dirigidas por los estados fueron luego establecidas. Con las dificultades eco- nómicas de los años siguientes a la Guerra Civil, reunir fondos para estas instituciones públicas era irregular y de este modo las consideraciones físicas se deterioraron y los criterios de cuidado se desplomaron. Williams, Bellis y Wellington (1980) revisaron esos años: Poco a poco la principal tarea del personal del asilo llegó a ser el control de lo que era visto como conducta desviada y peligrosa. El autoritarismo humano del tratamiento moral fue transformado en un rígido control autoritario de las personas de quienes se entendía o se esperaba poco. Unos cuantos años después de su fundación, los asilos públicos llegaron a ser depósitos para la custodia de las clases pobres y de los inmigrantes. (Williams, Bellis y Wellington, 1980, p. 57) La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 273 A principios del siglo XX Clifford W. Beers fundó el movimiento de higiene mental. En 1901 Beers fue internado en el retiro de Connecticut en un estado delirante y suicida. Después de años de lucha se recuperó y en 1908 escribió un libro, Una mente que se encon- tró a ella misma, donde describe su experiencia. Beers consiguió el apoyo de muchas per- sonas influyentes, incluyendo a Theodore Roosevelt y al psicólogo estadounidense líder, William James (capítulo 11). Él fue capaz de citar su propio caso para oponerse al pesi- mismo que con tanta frecuencia rodeaba a la enfermedad mental y a los propios enfer- mos. Sus esfuerzos lo condujeron al establecimiento de la Comisión Nacional para la Higiene Mental en 1909. A pesar de tales esfuerzos las condiciones para el cuidado y tratamiento de los mentalmente enfermos fueron en declive. La Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial disminuyeron tanto el número de miembros del personal como el apoyo financiero para las instituciones mentales. En 1949 Albert Deutsch examinó alrededor de 24 hospitales mentales del Estado y encontró "escenas que rivalizaban con los horrores de los campos de concentración nazi —cientos de pacientes mentales des- nudos, apiñados en una especie de amplios cobertizos, pabellones infestados de porque- ría, en todos grados de deterioro, mal atendidos y maltratados, desprovistos de todo vestigio de decencia humana, muchos en etapas de semiinanición" (Deutsch, 1949, p. 449). En 1949 ningún hospital mental del Estado satisfizo los mínimos criterios de opera- ción establecidos por la American Psychiatric Association (Williams y cois., 1980, p. 61). Aunque hubo progreso desde entonces, resaltado por la creación en 1949 del Instituto Nacional de Salud Mental (INSM) y del Acta del Centro de Salud Mental de la Comuni- dad de 1963, los visitantes a muchas instituciones actuales para los enfermos mentales y retardados ven que el progreso ha sido lento y que se necesita hacer mucho. Un reporte reciente describe el Hospital de Dorothea Dix en Raleigh, Carolina del Norte, como un lugar peligroso donde "lobos y corderos crean una mezcla volátil", la intensificada vio- lencia incluye palizas y violaciones y donde cinco pacientes viven en una habitación (Overton, 1986). Las políticas de desinstitucionalización en los años de 1970 condujeron a la liberación de muchos antiguos pacientes. Todos ellos con demasiada frecuencia eran abandonados sin supervisión adecuada y apoyo y simplemente engrosaban el número de personas sin hogar en las ciudades (Isaac y Armat, 1990; Johnson, 1990). En California durante la década de 1980 el número de camas en hospitales mentales decreció de 40 000 a 5 000. En un conmovedor libro 70 autores describen de manera vivida en poesía, prosa y dibujos sus vidas en hospitales mentales y en las calles después de su liberación: los medicamentos forzosos, el abuso sexual, el personal descuidado y la terapia electroconvulsiva (TEC); en las calles un sentimiento de ser personas invisi- bles, la búsqueda de comida, refugio y representación legal; y el tiempo eterno (Susko, 1991). Establecimiento de la psicología clínica Lightner Witmer (1867-1956) fundó la primera clínica psicológica en Estados Unidos en la Universidad de Pennsylvania en marzo de 1896 (McReynolds, 1987). Witmer obtuvo su grado con Wilhelm Wundt y, al igual que Titchener y Münsterberg (capítulo 5), migró a Estados Unidos en 1892. Witmer en particular retornó a Estados Unidos y a la Univer- sidad de Pennsylvania, donde había sido estudiante y asistente de investigación bajo la 274 Capítulo 8 dirección de James McKeen Cattell. Cuando este último abandonó Pennsylvania para irse a Columbia, Witmer se encargó de su laboratorio de psicología experimental. Aunque entrenado como psicólogo experimental, Witmer creía que la psicología de- bía ayudar a la gente. En particular vio la necesidad de un área de la psicología anarte de la psiquiatría y se dedicó al cuidado y tratamiento de los enfermos mentales. En 1896 un niño de catorce años de edad, conocido con el seudónimo de Charles Gilman, con un peculiar problema de escritura le fue referido a Witmer por su maestro. El tratamiento de Witmer para ese niño marca el inicio formal de la psicología clínica. Witmer (1907) reportó que Gilman tenía una inteligencia por arriba del promedio, razonaba y hablaba bien, pero su lectura y escritura eran deficientes. Por ejemplo, leía la palabra sal como ¡as y tenía dificultades para leer palabras con más de dos letras. Witmer llamó al problema de Gilman amnesia visual verbal, dada su incapacidad de fijar la forma de las palabras en su memoria. Tanto Witmer como el maestro de Gilman proporcionaron trabajo remedial intensivo con el cual se entrenó al niño para reconocer las palabras sin haberlas escrito primero. Sus esfuerzos mostraron cierto éxito, aunque el niño nunca aprendió a leer en una forma normal. El tratamiento formal de Gilman finalizó en abril de 1897, y murió de tuberculosis en 1907. Witmer estudió a otros niños con severos defectos de lenguaje o que mostraban retra- sos en el desarrollo. Utilizó técnicas de entrenamiento directo y asesoría. En 1907 Witmer fundó la revista Psychological Clinical para poder publicar las descripciones de casos clí- La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 275 nicos. Witmer editó esa revista durante varios años, proporcionando un vehículo impor- tante para los psicólogos en la publicación de reportes sobre casos clínicos. En 1908 Witmer estableció una clínica permanente para el tratamiento de niños retardados y problemáti- cos. En la década de 1920 uno de sus estudiantes, Morris Viteles, comenzó a trabajar en el campo de la orientación vocacional. En 1921 la Escuela Witmer para niños problemáticos fue establecida para proveer servicios de gran amplitud a niños necesitados. Todas estas contribuciones establecieron la posición de Witmer como fundador de importantes áreas de la psicología aplicada. Witmer también realizó una contribución inesperada a la psicología comparativa (Burghardt, 1989). En 1909 y 1910 publicó dos trabajos en su revista Clinical Psychology, describiendo sus observaciones de un "mono con mente" y de "imitación inteligente y curiosidad de un mono". El "mono" era en realidad un chimpancé amaestrado llamado Peter. Witmer probó a Peter en su clínica y se sorprendió por cuan humanizado era. ¡Cuando el chimpancé entró a la clínica, saludó a la secretaria de Witmer y le besó el dorso de la mano! Aceptó un cigarro y lo prendió, encendiendo él mismo un fósforo. Peter cerraba y abría un candado y con rapidez aprendió a quitar una armella. Con un martillo clavó varios clavos en una tabla; cuando se le dio un tornillo en lugar de un clavo el chimpancé puso el martillo a un lado y utilizó un destornillador. Cuando le preguntaban "¿Dónde está Peter?" él se señalaba. El desempeño del chimpancé era nota- ble. Las descripciones de Witmer sobre la conducta del chimpancé fueron antecedentes a las posteriores descripciones de primates usuarios de lenguaje y resolutores de proble- mas (Parker y Gibson, 1990). Tratamientos físicos radicales y farmacológicos para la demencia Dada la sobrepoblación y las atroces condiciones en las instituciones para los dementes, se recibieron de manera entusiasta "grandes y desesperadas curas" que prometían el tratamiento exitoso para la demencia (Valenstein, 1986). La más desesperada de estas "curas" fue la psicocirugía. En diciembre de 1935, Egas Moniz (1874-1955), un neurólogo portugués entrenado en la Salpétriére, hizo perforaciones en el cráneo de un paciente mental y utilizó un instrumento especialmente construido para cortar o prensar las fibras nerviosas en su curso. Este procedimiento se basaba en su observación de un aparente efecto calmante en un chimpancé lobotomizado (J. Pinel, 1990, p. 20). Moniz nombró a su procedimiento leucotomía prefrontal, dado que el lugar donde debían hacer- se las perforaciones era el lóbulo frontal del cerebro; un tome (cuchillo en griego) era utilizado para cortar o prensar fibras nerviosas (leuco en griego). Cuatro meses más tar- de, Moniz presentó los resultados provenientes de 20 de tales operaciones. Se dijo que siete pacientes se recuperaron, siete mejoraron y seis no tuvieron cambios (Valenstein, 1986, cap. 6). En enero de 1937, Moniz reportó resultados exitosos en 18 pacientes adicio- nales. Sus reportes de éxito fueron con frecuencia exagerados, ignoraban efectos colate- rales y se basaban en datos vagos y subjetivos. Sin embargo, sus procedimientos se utilizaron con amplitud. Por su trabajo, Moniz compartió el premio Nobel de medicina en 1949. Como irónico y trágico comentario, Moniz fue herido a tiros por uno de sus pacientes lobotomizados, causándole una paraplejia por una bala alojada en su espina dorsal. 276 Capítulo 8 Walter Freeman (1895-1927), un neuropatólogo y neuropsiquiatra estadouniden- se, fue ampliamente responsable de la adopción alrededor del mundo de la psicoci- rugía como un tratamiento para la enfermedad mental. Freeman realizó 3 500 de estas operaciones. Publicó que las lobotomías podían "hacer buenos ciudadanos estadouni- denses de inadaptados de la sociedad, esquizofrénicos, homosexuales y radicales" (Freeman, citado en Talbot, 1991, p. 4). Entre 1948 y 1952 los neurocirujanos en Estados Unidos llevaron a cabo 5 000 leucotomías prefrontales por año. Últimamente, estudios controlados a largo plazo de los resultados de tales operaciones contraindican su uso. Los efectos benéficos fueron exagerados con amplitud por Moniz y Freeman, y los devastadores efectos colaterales, como carencia de emoción, movimientos retardados e inercia, pérdida de la iniciativa, mutismo y negativismo, fueron minimizados y ol- vidados. En una conferencia internacional de salud mental en Viena en 1953, se des- cribió a la lobotomía expresando que "convertía a un ser humano en un vegetcl", hacía "idiotas en lugar de locos", y como un acto de "nihilismo terapéutico" (Oserezski, en Gerow, 1988, p. 38). En 1970 el número de procedimientos psicoquirúrgicos lle- vados a cabo en Estados Unidos fue de casi 300. En estas operaciones se utilizaban instrumentos estereotáxicos (capítulo 3) para dirigir electrodos a puntos específicos en el cerebro. Antes de ser desarrollados tales procedimientos, decenas de miles de per- sonas en todo el mundo habían sido lobotomizadas, con frecuencia con resultados devastadores. Otros tratamientos radicales para la enfermedad mental incluían la inducción del coma o de convulsiones cerebrales. Con poca justificación teórica o evidencia provenien- te de la investigación animal, se esperaba que tales traumas cerebrales tuvieran efectos benéficos. Manfred Joshua Sakel, un médico vienes, declaró en 1933 que el 88 por ciento de los esquizofrénicos que él trató mejoraron después de recuperarse de una profunda coma inducida con insulina. La terapia de choque que utilizaba pentylenetetrazol (Metrazol) para inducir una convulsión fue introducida por Joseph Ladislau von Meduna en 1935. El razonamiento de Meduna era que dado que las personas con epilepsia rara- mente sufrían de esquizofrenia, una detención masiva convulsiva podría ser efectiva en el tratamiento de la esquizofrenia. Este método se utilizó de manera amplia en Estados Unidos para tratar la esquizofrenia. Los tratamientos convulsivos, utilizando descargas eléctricas, fueron desarrollados por dos italianos, Ugo Cerletti y Lucio Bini. Ellos primero utilizaron la técnica en 1938 con pacientes esquizofrénicos, pero más tarde encontraron que era más valiosa para tratar la depresión. Para 1941 la terapia electroconvulsiva (TEC) estaba ya en uso en el 43 por ciento de las instituciones mentales en Estados Uni- dos. De estos tratamientos convulsivos sólo la TEC continúa utilizándose con frecuencia hoy en día. La justificación teórica para los tratamientos convulsivos nunca fue convin- cente, y siempre existe una posibilidad distinta de daño cerebral permanente con tales tratamientos. Se ha encontrado que la TEC es efectiva para un número considerable de pacientes que no responden a otras terapias, incluyendo fármacos antidepresivos (Colé y Davis, 1975). Una forma de decrementar la posibilidad de daño cerebral es limitar la convulsión a un hemisferio cerebral, de manera típica el lado no dominante del cerebro, y restringir el número de tratamientos. La segunda clase de tratamientos radicales incluyen el uso de fármacos que tienen efectos psicológicos. En las décadas de los cuarenta a sesenta de este siglo se desarrolla- ron los fármacos psicoactivos que proveen no una cura, sino un alivio para algunas for- mas de enfermedad mental. En la década de los cincuenta, la cloropromazina fue La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 277 ampliamente utilizada en Europa y Estados Unidos para tratar a los esquizofrénicos, muchos de los cuales fueron capaces de regresar al trabajo y llevar vidas casi normales en la comunidad. Pero hubo problemas. Las dosis requeridas de cloropromazina variaban con amplitud de un paciente a otro; con una dosis alta los pacientes desarrollaban rigi- dez, dificultad de movimiento y temblores. Arvid Carlsson, un farmacólogo sueco, espe- culó que la cloropromazina actúa bloqueando los sistemas de dopamina en el cerebro. En forma más reciente, las fenotiacinas, fármacos que bloquean los receptores sinápticos en el cerebro que son sensitivos a la dopamina, son reportados como reductores de los síntomas de la esquizofrenia (Snyder, 1984). La utilidad del litio en el tratamiento de la depresión ha sido conocida desde la mitad de la década de 1960. Pero dado que el litio es una sal común que no puede ser patentada, las compañías farmacéuticas importantes no estuvieron dispuestas a invertir en sus en- sayos clínicos, y así se demoró su difusión (Snyder, 1984, p. 142). De manera paradójica, se encontró que el litio es efectivo en el tratamiento tanto de la manía como de la depre- sión vistos en desórdenes afectivos bipolares. Por último, una clase de fármacos conoci- dos como antidepresivos han sido ampliamente utilizados. La utilización de fármacos psicoactivos ha tenido un enorme impacto sobre la enfer- medad mental. En 1955 llegaron a haber 560 000 pacientes en hospitales mentales en Estados Unidos, con más de la mitad diagnosticados como esquizofrénicos; para 1970 el número de pacientes declinó a 340 000 y para 1984 a menos de 150 000 (Rothman y Rothman, 1984). OTROS SISTEMAS DE DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO DE LA ENFERMEDAD MENTAL Hasta aquí se han considerado los cambios en las condiciones bajo las cuales las perso- nas mentalmente enfermas y retardadas fueron albergadas en instituciones y la evolu- ción en el desarrollo de tratamientos físicos médicos. De igual importancia fueron los cambios en las concepciones de la enfermedad mental y en el desarrollo de las terapias psicológicas. Jean Esquirol (1772-1840), asistente de Pinel y su sucesor como director de la Salpé- triére, fue la primera persona en establecer frecuencias relativas de diferentes condicio- nes mentales, su promedio de duración y sus pronósticos usuales. La suya fue una aproximación descriptiva, estadística a la enfermedad mental. Él también utilizó antece- dentes de casos para establecer las causas más frecuentes de las diferentes condiciones. Esquirol creía que las ansiedades financieras, las decepciones en el amor y las pérdidas dolorosas eran los factores precipitantes más comunes. Distinguió entre alucinaciones —asociadas con la enfermedad mental— y las ilusiones, que son percepciones erróneas con significado no clínico, incorrectas pero comunes. Antes de Esquirol, ver una ilusión habría sido considerado con frecuencia como indicativo de desorden mental. Dado que la mayor parte de las personas ven ilusiones, esta ecuación debió producir mucha men- tira y distorsión. Esquirol fue el primero en proponer que algunas formas de conducta criminal resultan de la enfermedad mental y que una persona mentalmente trastornada no es responsable de sus acciones (Kanner, 1964). La disculpa por demencia es todavía muy controvertida hoy en día. 278 Capítulo 8 Mestnerismo e hipnosis El mesmerismo y, más tarde, la hipnosis fueron ampliamente utilizados para tratar una variedad de enfermedades físicas y mentales durante los siglos XVIII y XIX. El interés de los científicos franceses y médicos en la hipnosis data del trabajo de Franz Antón Mesmer (1734-1815). Mesmer se graduó como médico en la prestigiosa escuela médica de Viena. Él fue un hombre de clase social alta, un médico bien conocido y un amigo de artistas y músicos, incluyendo a Wolfgang Amadeus Mozart. Mesmer creía que los planetas gene- ran fuerzas celestiales que pueden ser focalizadas a través de magnetos para afectar el cuerpo humano, justo como la luna afecta a los océanos a través de las mareas. Mesmer vivió en una época donde el magnetismo y la electricidad eran fuerzas misteriosas re- cientemente introducidas al pensamiento científico (capítulo 2). Mesmer encontró que sus pacientes algunas veces caían en un trance cuando se hacían pases acompasados con un magneto sobre sus cuerpos. También reportó curas magnéticas de enfermedades, y fue tan lejos que sostuvo en 1766 que en su trabajo con este método magnético, "el arte de la curación alcanza su perfección final". Sus colegas médicos, sin embargo, rechaza- ron sus afirmaciones, y en 1777 Mesmer fue expulsado de la facultad médica de la Uni- versidad de Viena y se le ordenó cesar la práctica de la medicina. Encontró exilio en París, una ciudad que parece atraer y criar una variedad de hombres confiados, impostores y aventureros rara- mente igualados en la historia. El éxito de la ciencia ha producido un terreno fértil para casi cualquier idea en París (tal vez aumentado por la impaciencia prerrevolucionaria) y la imagen resultante fue un kaleidoscopio de ciencia popular, bufonería y absoluta charlata- nería. (Hoffeld, 1980, p. 378) Mesmer estableció una fabulosamente ornamentada clínica en una de las calles de París que estaba más de moda. Su reputación se extendió y día tras día grandes multitu- des se acumulaban. Lo esperaban en una habitación alumbrada de forma tenue pues el asistente de Mesmer, Charles D'Eslon, quitaba una cubierta de madera de un cubo de roble, el baquet, y añadía agua y químicos para cubrir una capa de limaduras de hierro. La cubierta era luego remplazada y varas de hierro unidas eran insertadas a través de aberturas en los lados del cubo. Luego el "gran curador" haría su entrada. Tal vez vesti- do como un mago, Mesmer caminaría en silencio alrededor de la habitación, tocando a cada persona en turno con una larga varita de hierro. Con frecuencia cuando él miraba a los ojos de una persona y le daba la orden "Dormez" (duerma), ésta caía en un trance. Él o ella habían sido mesmerizados. Miles de personas se congregaron en la clínica. La popularidad de Mesmer era inmensa pero no careció de críticas. El clero francés juraba que Mesmer había vendido su alma al diablo, mientras que la profesión médica lo des- cribía como un impostor, un charlatán y un curandero. Sin intimidarse, desafió a la Aca- demia Francesa de Medicina a elegir 20 pacientes, asignarle diez a él para tratamiento y diez a miembros de la academia, y comparar los resultados. La academia rechazó el desafío. En 1781, por incitación de la reina María Antonieta, una de las partidarias más ardien- tes de Mesmer, el gobierno francés le ofreció un castillo y una pensión para toda su vida si revelaba sus métodos. Mesmer se negó. En 1783, la Academia Francesa de la Ciencia nom- bró una comisión real para investigar a Mesmer y sus afirmaciones. La comisión, encabe- La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 279 zada por el embajador estadounidense, Benjamín Franklin, incluyó al químico Antoine Lavoisier, el descubridor del oxígeno; Joseph Guillotin, cuya invención sería muy utilizada poco después, y al astrónomo Jean Bailly. En su reporte de agosto de 1784, la comisión condenó la práctica del mesmerismo como peligrosa e inútil y etiquetó a Mesmer de mís- tico y fanático. En adición al reporte público, la comisión escribió uno secreto para el rey. Este reporte exponía un tema sexual, enfatizando que Mesmer con frecuencia trataba a mujeres jóvenes atractivas que no estaban realmente enfermas, sino que iban a él por ocio- sidad y un deseo de ser entretenidas. Se decía que bajo la influencia del magneto estas mujeres no eran conscientes de lo que pasaba y eran incapaces de controlarse a sí mismas. Sin intimidarse, Mesmer continuó en la práctica y su notoriedad creció. En 1786 D'Eslon murió durante un trance; una pieza popular, Los doctores modernos, ejecutada en París, satirizaba a Mesmer con frecuentes insinuaciones sexuales. En 1792 Mesmer fue forzado a abandonar París, primero se fue a Londres y luego a Alemania. Varios años antes de su muerte en 1815 se mudó otra vez a París, pero para ese momento las pasiones que rodea- ban al mesmerismo se habían enfriado. Pasó sus años finales practicando la medicina y el magnetismo animal en Meersburg, Alemania en las costas del lago Constance (M. A. Gravitz, comunicación personal, octubre 19,1990). Mesmer atribuyó sus curas a los poderes vivificantes de un fluido sutil con la capaci- dad de poder ser transferido de una persona saludable a una enferma. Cuando esta energía vital fluye, el recipiente se siente agradablemente tibio, el pensamiento se vuelve más iluminado y claro, la disposición se mejora y ciertos malestares de origen nervioso posiblemente desaparecen. Se creía que los dolores de cabeza, "ataques" epilépticos, desmayos y reumatismo eran en especial probables de curar. Aunque un pequeño número de procedimientos de Mesmer mantienen por lo menos alguna similitud con los del hipnotista moderno, y aunque parece probable que él curara a algunos pacientes, muchas de sus otras afirmaciones, creencias y procedimientos están muy por debajo del terreno de la razón. Por ejemplo, Mesmer creía que los árboles podían ser "magnetizados". Hacía entonces que sus pacientes tocaran los árboles para llegar a curarse. Sin embargo, el comité investigador descubrió que muchos de sus pacientes to- caban árboles "desmagnetizados" y aun así aseguraban haber sido curados. Mesmer tam- bién creía que un disco de níquel que utilizaba tenía poderes especiales magnéticos. Cuando los miembros del comité examinaron el disco encontraron que era de plomo (Tatar, 1978). El mesmerismo en el mundo John Elliotson fue el primer seguidor de Mesmer en Inglaterra. El fue un miembro esta- blecido de la profesión médica inglesa, expresidente de la Sociedad Real Médica y Qui- rúrgica de Londres y un profesor de medicina en la Universidad de Londres, la cual ayudó a fundar. Elliotson fue también algo radical. Introdujo muchos fármacos nuevos a la práctica médica y fue la primera persona en Inglaterra en utilizar un estetoscopio, instrumento inventado en 1816 por un médico francés Rene Laénnec. Hasta ese momento los diagnósticos se hacían a una distancia, basados en el autorreporte del paciente y en las observaciones sin ayuda del médico (Reiser, 1979). El estetoscopio requería contacto directo con el paciente y, por tanto, su utilización fue controvertida. El interés de Elliotson en el mesmerismo surgió cuando vio demostraciones de tran- ces inducidos y curas aparentes de varias enfermedades. Llegó a ser un defensor del 280 Capítulo 8 mesmerismo, dando varias demostraciones e incluso desempeñando cirugías en pacien- tes mesmerizados. Sus colegas estaban escandalizados. En 1837 el consejo de la universi- dad emitió una resolución donde prohibía la práctica del mesmerismo en el hospital. Elliotson renunció y nunca más entró a la universidad. Elliotson y otros mesmeristas tuvieron aparentemente cierto éxito. Su más espectacu- lar y bien publicitada cura fue el caso de Harriet Martineau, una exitosa escritora y nota- ble feminista que apoyaba el derecho de la mujer al aborto. Martineau creía que estaba muriendo de cáncer. Ella fue mesmerizada con resultados tan sorprendentes que al día siguiente fue capaz de caminar 24 kilómetros y escribir quince páginas de un texto sin ninguna fatiga. Ella describió su caso en un artículo en el Athenaenm de noviembre de 1844, pero incluso este caso dramático fue recibido con desdén por los críticos de Elliotson. Se dijo que Martineau era una mujer histérica, y la propuesta de una cura de cáncer fue descartada (Bailey, 1981). James Esdaile (1808-1859), un cirujano con la compañía británica del oriente de India en Calcuta, leyó una descripción de la utilización del mesmerismo en la cirugía por Elliotson y comenzó él mismo a utilizar el procedimiento en sus operaciones. Para su sorpresa y placer, encontró que sus pacientes no sólo sobrevivían a tales operaciones, sino además reportaban no haber experimentado dolor. Para 1846 había utilizado el mesmerismo de forma exitosa en más de 3 000 operaciones (Esdaile, 1846/1976; Gravitz, 1988). Durante las operaciones los pacientes permanecían tranquilos y relajados; la gen- te sentía menos miedo. Muchas personas en India recurrieron a él en vez de a cirujanos convencionales. Sin embargo, él también fue criticado por sus colegas médicos y tuvo dificultades para publicar los pormenores de su trabajo. El de Esdaile no fue el único caso exitoso del mesmerismo en la cirugía. En 1829 un médico francés, Jules Cloquet, describió la exitosa extirpación de un seno enfermo (masectomía) en una paciente mesmerizada de 69 años de edad. En 1842 un cirujano inglés llamado James Ward amputó una pierna de un paciente bajo trance mesmérico. Sin embargo, el interés en el mesmerismo como un procedimiento anestésico disminuyó de forma rápida con el desarrollo de agentes químicos. En 1844 un dentista estadouni- dense, Horace Wells, hizo que le extrajeran uno de sus dientes mientras estaba bajo los efectos de óxido nitroso; en 1846 el éter se utilizó por primera vez como anestésico gene- ral en una operación en el Hospital General de Massachusetts. La operación fue un éxito y Henry Bigelow, uno de los cirujanos observadores, anunció después, "He visto hoy algo que viajará alrededor del mundo" (Cohén y Dripps, 1970, p. 44). En 1847 se utilizó el cloroformo para reducir el dolor de parto. De alguna forma estos agentes anestésicos químicos parecían ser más aceptables que el misterioso mesmerismo, pero en años re- cientes la hipnosis se ha utilizado de nuevo como un procedimiento anestésico, en espe- cial para cirugía dental. La hipnosis en Inglaterra y Francia El término hipnosis es por lo general acreditado al médico y cirujano inglés James Braid (1795-1860), quien lo usó en 1843.* Dos años antes, en noviembre de 1841, mientras prac- * A principios de 1821 un francés, Etienne Félix d'Henin, de Cuvillers, aplicó por primera vez el prefijo "hipn-" a un cierto número de palabras describiendo el proceso mesmérico: hipnótico, hipnotismo e hipnotista (Gravitz y Gerton, 1984, p. 109). La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 281 ticaba la medicina en Manchester, Inglaterra, Braid asistió a una demostración hecha por un mesmerista suizo itinerante, Charles La Fontaine. Braid era muy escéptico de las afirmaciones del mesmerismo, pero notó que los párpados de los sujetos mesmerizados se hacían pesados, caían y se cerraban. En su casa trató de mesmerizar a su esposa y a un amigo. Ellos miraban fijamente a un objeto metálico brillante que se movía con lentitud mientras Braid sugería que sus párpados se estaban haciendo pesados. Los dos cerraron sus ojos y cayeron en un trance. Con esta demostración Braid terminó un debate largo y mordaz acerca del papel del magnetismo y mostró la importancia de la fijación y de la sugestión para inducir un trance. Braid concluyó que la hipnosis es una forma de dormir inducida por la sugestión y por un estrechamiento de la atención. En 1843 él describió numerosos casos en los cuales el hipnotismo alivió enfermedad y sufrimiento. Braid, sin embargo, fue siempre un observador empírico. Su meta era una descripción científica y el entendimiento, no la defensa de Mesmer y Elliotson. Los dos sucesores más inmediatos de Mesmer en Francia fueron Ambrose-Auguste Liébault (1823-1904) e Hippolyte Bernheim (1837-1919). En 1864 Liébault comenzó a prac- ticar como hipnotista en Nancy. Él sostenía un gran número de curas de enfermedad física y convenció al inicialmente escéptico Bernheim del valor del procedimiento. Con la ayuda de un químico, Emil Coué, combinó la hipnosis con los fármacos, y Nancy llegó a ser un importante centro de tratamiento para enfermedades psicosomáticas. Una se- gunda clínica francesa de hipnosis fue la de Jean Martin Charcot (1825-1893) en París. Fue a la clínica de Charcot a donde un joven médico vienes viajó en 1885 esperando aprender cómo utilizar la hipnosis y tratar pacientes histéricos. El nombre del joven era Sigmund Freud, y sus teorías y tratamientos cambiarían para siempre nuestra concep- ción de la condición humana. SIGMUND FREUD (1856-1939) Vida temprana de Freud Sigmund Freud nació en Freiberg, Moravia, el 6 de mayo de 1856, el primer hijo de la tercera esposa de Jacob Freud. En esa época Freiberg era parte del imperio austríaco; hoy en día pertenece a la república checa. Freud fue criado bajo las tradiciones y creencias de la religión judía, habiendo sido su bisabuelo un rabino. Aunque él más tarde describió su actitud hacia la religión como "críticamente negativa", Freud siempre se consideró como un judío. Su familia traza su herencia hacia el siglo XIV y en realidad huyeron de Colonia para escapar de la persecución antisemita. El padre de Freud fue un comerciante de madera, un hombre trabajador pero con frecuencia empobrecido. En 1859, cuando Freud tenía tres años de edad, su familia se mudó a Viena. Dado que los judíos de Austria habían sido emancipados apenas en 1848, todavía el antisemitismo estaba muy presente. A pesar de las dificultades financieras de su familia, Freud se desempeñó bien en la escuela y se graduó de la preparatoria con summa cum laude. Su padre lo premió envián- dolo de viaje a Inglaterra, ya que habían mejorado las finanzas de la familia. Freud siem- pre fue un estudiante serio con una profunda necesidad de reconocimiento de parte de su padre y de otras figuras de autoridad. Él le tenía amor a la literatura —Shakespeare era su autor favorito— y era experto en alemán, francés, inglés, italiano, español, hebreo, latín y griego (Jones, 1953). 282 Capítulo 8 La educación de Freud Cuando a Freud le llegó el momento de prepararse para una profesión, sus sueños de ser un gran general como sus héroes de la infancia Aníbal y Napoleón o un ministro de Estado como Oliverio Cromwell, fueron destruidos por la dura realidad del antisemitis- mo. A finales del siglo XIX en Viena las opciones para un joven judío eran restringidas. Freud consideró una carrera en leyes pero encontró monótonos los asuntos legales y, por tanto, aunque más tarde admitió no tener "una predilección particular por la carrera de doctor" (Freud, 1935, p. 13), eligió la profesión médica. Entró a la Universidad de Viena en 1873. El miembro de la facultad favorito de Freud era Franz Brentano (capítulo 6), un hombre al que Freud describió como "un tipo condenadamente listo". En cinco de sus cursos, el católico Brentano condujo a Freud a una seria consideración del teísmo y de la creencia en Dios. Pero la seducción fue breve y Freud mantuvo su posición como ateo convencido, sin compromiso; como él mismo se describió "judío sin dios" (Gay, 1989, p. 685). Freud no se graduó hasta 1881. Dadas su trayectoria y dedicación, es sorprendente que Freud se llevara tres años más que el promedio de los estudiantes de medicina para obtener su grado. La demora lo causó un año de servicio militar en 1879, tiempo que pasó traduciendo y editando una edición alemana de los trabajos de John Stuart Mili (capítulo 2), y la investigación biológica que llevó a cabo bajo la dirección del profesor de fisiología de Viena, Ernst Brücke. Freud realizó una investigación importante acerca de la estructura gonadal de las anguilas y las células nerviosas de crustáceos, y desarro- lló un importante método para teñir células nerviosas con base en cloruro de oro. En total, pasó seis productivos años en el instituto de investigación de Brücke. Freud lo abandonó de mala gana cuando fue claro que él no sería nombrado para una de las dos ayudantías en investigación, las cuales fueron dadas a hombres jóvenes. Freud pasó los siguientes tres años trabajando por su lado en varios departamentos del hospital general de Viena, incluyendo cinco meses en la clínica psiquiátrica de Theodor Meynert (1833-1892). Meynert tenía gran influencia sobre Freud, quien lo reconocía como el hombre más brillante que había conocido. En la clínica de Meynert, Freud vio a sus primeros pacientes histéricos. Esta experiencia fue importante, pero fue incluso más crí- tico para el desarrollo de su interés por la histeria, un caso visto por su colega Josef Breuer (1859-1936). La influencia de Josef Breuer y el caso de Anna O. Breuer fue el hijo de un rabino emancipado conocido como maestro de religión liberal y progresista(Hirschmüller, 1989). Breuer fue un neurólogo distinguido que como joven investigador médico estableció que el nervio vago controla la respiración y el efecto de equilibrio de los canales semicirculares. Implantó una exitosa práctica médica en Viena. Los pacientes de Breuer incluían a la familia de Franz Brentano y al compositor Johannes Brahms. A finales del siglo XIX en Viena, Josef Breuer era conocido como el "doctor con el toque de oro" por su exitoso tratamiento de la histeria. Freud describió a Breuer como "un hombre de notable inteligencia y catorce años más grande que yo. Nuestras relacio- nes pronto llegaron a ser más íntimas y se convirtió en mi amigo y me ayudó en muchas circunstancias" (Freud, citado en Eissler, 1978, p. 13). Desde noviembre de 1880, hasta el verano de 1882, Breuer trató a una atractiva mujer, joven e inteligente, Bertha Pappenheim. Ella presentaba una gran variedad de síntomas La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 283 histéricos: tos persistente, ausencias durante las cuales ella miraba de manera fija al es- pacio, visión distorsionada, anorexia, parálisis, anestesias, personalidad doble y desór- denes de lenguaje, incluyendo una inhabilidad para hablar su nativo alemán, pero una pericia en el inglés que no cambió. No pudieron encontrarse bases físicas para sus males. El diagnóstico de Breuer fue neurosis histérica. De manera no sorprendente, Breuer en- contró muy interesante a Pappenheim, y llegó a preocuparse con intensidad por su caso. Cada tarde ellos analizaban sus recuerdos acerca de la primera ocasión en la que había aparecido un síntoma. Muchos de los recuerdos se relacionaban con la enfermedad final de su padre y las emociones intensas que ella experimentó mientras cuidaba de él y después de su muerte en 1881. La parálisis de su brazo apareció por primera vez cuando ella alucinó una gran víbora negra en la cama de su padre. Ella trató de quitar la víbora con su brazo derecho pero se encontró con que no lo podía mover. Desde ese momento su brazo se paralizó. Pappenheim era altamente susceptible a la hipnosis, y con frecuen- cia el trance le ayudaba a recordar tales memorias. Aquellos recuerdos eran emocionales de manera intensa, pero después ella sentía calma y alegría. Breuer se refirió a este alivio de tensión como catarsis, un término utilizado primero por Aristóteles (capítulo 1) y em- pleado por Breuer en el sentido de limpieza o purificación. Él encontró los efectos de la catarsis totalmente sorprendentes, pero muy reales. Breuer empezó a describir su trata- miento de Pappenheim como "la cura del habla", mientras que ella se refería a él como "deshollinación de la chimenea" (Clark, 1980, p. 102). El tratamiento de Breuer con Bertha prosiguió, pero él estaba dedicando una canti- dad inusual de tiempo al caso, con frecuencia la veía dos veces al día. La esposa de Breuer se sentía infeliz y deprimida por la intensa relación e insistió en que terminara su tratamiento con Pappenheim. La reacción de Bertha Pappenheim fue un parto histérico y acusar a Breuer de ser el padre de su hijo. Ella fue institucionalizada durante un año, pero cuando se enamoró del superintendente de la institución, su madre intervino y la llevó de regreso a Alemania. Ahí ella se recuperó y llegó a tener una exitosa carrera como la primera trabajadora social en Alemania y una celosa defensora de los derechos de las mujeres (Ellenberger, 1972). Bertha Pappenheim murió en 1936. En 1954 el gobierno de Alemania Occidental publicó un timbre postal mostrando su retrato. Pappenheim era comprensiblemente sensible acerca de su relación con Breuer y toda su vida se negó a comentar sobre su enfermedad y tratamiento. Cuando Breuer analizó su caso con Freud, él respetó sus sentimientos y su amistad con la prometida de Freud, refiriéndose a ella como Fráulein Anna O., el nombre mediante el cual se le ha llegado a conocer. Freud quedó impresionado con su caso y lo analizaría más tarde en París con el experto líder en histeria del siglo XIX, Jean Martin Charcot, quien, sin embargo, mostró poco interés. Tanto Anna O., como Josef Breuer desempeñaron papeles importantes en el desarrollo del interés de Freud en la histeria y en la formulación del psicoanálisis. Ella ha sido descrita como "la mejor conocida de todos los pacientes en psicoterapia" (Hollender, 1980, p. 797). El uso personal de fármacos de Freud En la primavera de 1884 Freud comenzó a experimentar con cocaína. Él encontró que el fármaco aliviaba sus sentimientos de depresión, cambiaba el mal humor por alegría y lo ayudaba a trabajar. Llegó a ser un defensor entusiasta de la sustancia y publicó seis 284 Capítulo 8 trabajos en los siguientes dos años donde describía sus efectos benéficos (Bernfeld, 1953). La cocaína parecía "una sustancia mágica", y por primera vez Freud se sintió como un "verdadero médico". Él le dio cocaína a su hermana y le mandó alguna a su prometida, Martha Bernays, "para hacerla fuerte y darle a sus mejillas un color rojo" (Jones, 1953, p. 81). Freud mismo tomó dosis cada vez mayores y fue afortunado por no convertirse en adicto. Uno de sus amigos para quien prescribió el fármaco no fue tan afortunado: Ernst von Fleischl murió adicto a la cocaína en 1891. Al principio el entusiasmo de Freud por la cocaína fue compartido de forma amplia, pero para 1885 habían sido reportados nume- rosos casos de adicción a la cocaína y de intoxicación, y la alarma se extendió a través de la comunidad médica. Como defensor del fármaco, Freud fue censurado y reprendido por sus colegas. Su crítico más severo, Albrecht Erlenmeyer, etiquetó a la cocaína junto con el alcohol y la morfina como "los tres azotes de la humanidad". Freud fue marcado de manera profunda por este "episodio de cocaína". Aunque Freud tuvo suerte en escapar de la adicción a la cocaína, toda su vida peleó una batalla perdida en contra de su adicción a otro estimulante, la nicotina. En 1894, cuando él tenía 38 años de edad, su médico le dijo que sus arritmias del corazón se debían al fumar, aconsejándole que parara. Él continuó fumando mucho, con frecuencia 20 cigarros al día. Durante la Primera Guerra Mundial, cuando sus cigarros predilectos estaban escasos, Freud comerciaba con los bordados de su esposa para abastecerse. Como médico tenía conciencia del riesgo que tomaba y muchas veces intentó, de manera des- esperada, dejar de fumar, pero siempre sin éxito. Cuando tenía 67 años de edad Freud notó un picor en su paladar y en la mandíbula que no pudo ser aliviado y éste resultó ser cáncer. No obstante, continuó fumando, racionalizándolo con base en la advertencia de George Bernard Shaw: "No trate de vivir para siempre, no tendrá éxito." Desde 1923 hasta 1939 Freud pasó por una serie de 33 operaciones en su boca, garganta y paladar. Su mandíbula fue casi removida por completo y reemplazada por una artificial a la que Freud llamaba "el monstruo". Cuando estaba en sus 70 años un especialista en cáncer de nuevo le aconsejó que dejara de fumar, pero Freud se rehusó a aceptar lo que él llamaba su "sentencia de nicotina" (Jones, 1957, p. 159); continuó fumando mucho, para lo que decía "nunca he sido capaz de conformarme sólo con un par de cigarros en mi cigarrera" (Freud, citado en Jones, 1957, p. 121). La lucha de Freud de 45 años lo hace un trágico prototipo de adicción a la nicotina (Brecher, 1972, p. 215). Freud y Charcot El año de 1885 fue bueno para Freud. Fue capaz de superar la notoriedad del episodio de la cocaína y fue nombrado Privatdozent en la Universidad de Viena. Aplicó por una beca para estudiar histeria e hipnosis bajo la dirección de Charcot en París. Tales becas eran muy competidas, y su otorgamiento era con frecuencia político. Por fortuna, Freud tenía el apoyo de Brücke y tuvo éxito. Viajó a París en octubre de 1885 y permaneció ahí hasta febrero de 1886, cinco meses que cambiaron su vida para siempre. Charcot estaba entonces en la cima de la fama y de la influencia, y su estatura en la medicina francesa igualaba a la de Louis Pasteur en la química. A Charcot se le reconocía por ser "el neurólogo más grande del mundo", y su clínica la Salpétriére era la "meca de la neurología", en la cual los estudiantes se congregaban provenientes de muchos países. La gran atracción eran las demostraciones de los jueves por Charcot respecto a fenóme- La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 285 nos histéricos y sus conferencias sobre hipnosis e histeria. Freud vio las demostraciones de Charcot sobre inducción y la eliminación de síntomas histéricos mediante sugestión hipnótica; y escuchó el postulado de Charcot de que esos síntomas estaban orgánicamente basados pero tenían causas psicológicas. Los pacientes en la Salpétriére mostraban anes- tesias o parálisis "de tablero", que se presentaban y desaparecían sin seguir principios anatómicos. Después de solo un mes en París, Freud describió a Charcot en una carta a su prometida Martha Bernays: Charcot, quien es uno de los más grandes médicos y un hombre cuyo sentido común al- canza grados de genialidad, está simplemente destrozando todos mis objetivos y mis opi- niones. Algunas veces salgo de sus conferencias como salgo de Notre Dame, con una idea por completo nueva acerca de la perfección. Pero él me agota. Cuando me separo de él dejo de tener cualquier deseo por trabajar en mis propias cosas tontas... Mi cerebro está saciado como después de una tarde en el teatro. Si la semilla algún día dará fruto o no, no lo sé, pero lo que sí sé es que ningún otro ser humano me ha afectado nunca en la misma forma. (Freud, 14 de noviembre de 1885, en Freud, Freud y Grubrich-Similtis, 1978, p. 114) El episodio más significativo durante la época de Freud en París no ocurrió ni en la clínica de la Salpétriére ni en una de las conferencias de Charcot, sino en una de las fabulosas fiestas por las cuales Charcot era bien conocido. Ahí Freud escuchó por casua- lidad a Charcot describir el caso de una joven pareja casada; la esposa era una inválida confirmada y el marido era impotente. Charcot afirmó de manera inflexible, "Mais, dans ees pareils, c'est toujours le chosegenitale -toujours-toujours-toujours-toujours" (Pero en tales 286 Capítulo 8 casos siempre es un problema de sexo, siempre, siempre, siempre, siempre). Si ese fuera el caso, se preguntó Freud, ¿por qué Charcot no decía eso en sus lecturas y escritos? Sin embargo, estaba impresionado de que un neurólogo de la estatura de Charcot sostuviera tal postura (Clark, 1980, cap. 4). Cuando Freud regresó a Viena, tradujo uno de los libros de Charcot y en octubre de 1886 mandó un trabajo "sobre histeria masculina" a la sociedad de médicos de Viena. Freud presentó y apoyó con entusiasmo la postura de Charcot, incluyendo su descrip- ción de los síntomas histéricos en hombres. Cuarenta años más tarde, en su autobiogra- fía, Freud recordó con amargura la reacción hostil a su presentación. Quien presidía describió su postura como "increíble", y un crítico incluso le preguntó de manera sarcás- tica si estaba consciente de que la palabra histeria provenía de la raíz griega histeron para denominar útero. La histeria masculina fue descrita por algunos como una imposibili- dad y a Freud se le desafió para encontrar un caso de histeria masculina en Viena. Él fue capaz de enfrentar este desafío y presentó tal caso un mes más tarde. El episodio con frecuencia es descrito como la primera de un gran número de ocasio- nes en las cuales las posturas de Freud fueron rechazadas por el personal médico. Sulloway (1979) propuso que los motivos de esta recepción hostil eran con mucho un mito creado por las percepciones erróneas de Freud y por la visión que sus seguidores tenían de él como un innovador intrépido y valiente. De acuerdo con Sulloway, el papel de Freud como el mensajero autonombrado de París era innecesario, dado que las propuestas de Charcot sobre la histeria eran bien conocidas en Viena. También, la visión de Freud respecto a Charcot era muy positiva y nada crítica. Muchos en la audiencia tenían una visión más realista de Charcot de la que poseía el poco crítico Freud. Aún más, una descripción de histeria masculina no era nueva o revolucionaria como Freud había su- puesto, dado que las descripciones sobre síntomas histéricos en hombres ya se habían presentado previamente. La vieja teoría uterina de la histeria fue descartada de manera contundente, y la pregunta sobre el origen de la palabra histeria había sido hecha por un miembro muy viejo de la sociedad. La reacción general a la presentación de Freud fue de manera muy probable no tan hostil como él la recordaba. De acuerdo con Sulloway (1979), reportes históricamente cuestionables de éste y de episodios similares han contribuido al mito de Freud como un héroe y un revolucionario. La práctica médica de Freud en Viena Freud estableció una práctica médica en Viena en 1886, con el tratamiento de la histeria como su especialidad. Al principio utilizó tratamientos convencionales —baños, masaje, electroterapia y curas de reposo— pero para 1889 concluyó que estos procedimientos no eran efectivos. Él los cambió por el hipnotismo y regresó a Francia para estudiar las técnicas de Liébault y Bernheim de la Escuela Nancy de Hipnosis. Freud también tradu- jo el texto de 1888 de Bernheim De ¡a Suggestion et de ses applications a la therapeiitique (Terapéuticas sugestivas). Después de su regreso a Viena, Freud utilizó la hipnosis en el caso de Frau Emmy von N., una inteligente mujer de 40 años de edad (MacMillan, 1979). El síntoma más sorprendente que presentaba eran interrupciones periódicas de la con- versación durante las cuales extendía sus manos y las ponía frente a su rostro, gesticulando con horror y disgusto y diciendo: "Mantente tranquila —no digas nada— no me to- ques". Bajo hipnosis Freud encontró que muchos de sus miedos se relacionaban con La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 287 eventos de su niñez. Algunos de sus síntomas se aliviaron mediante el recuerdo de tales eventos y otros a través de sugestión hipnótica directa, pero Freud no consideró su caso como un éxito. Él llegó a estar cada vez más insatisfecho con la hipnosis como una téc- nica terapéutica. No todos los pacientes podían ser hipnotizados, y los que podían serlo se sometían en diferentes grados. Algunos síntomas no eran afectados y otros se alivia- ban sólo de manera temporal. Freud concluyó que su relación con cada paciente era de mayor importancia que cualquiera de las técnicas que utilizaba. ¿Cómo podía él, sin utilizar la hipnosis, mejorar su relación y motivar a los pacientes a liberar recuerdos reprimidos? Técnicas psicoanalíticas Freud comenzó a darles instrucciones a sus pacientes respecto a tratar de recordar even- tos asociados con la primera aparición de los síntomas histéricos. Él encontró que algu- nos pacientes eran capaces de recordar y describir recuerdos reprimidos por años. Con frecuencia este recuerdo era benéfico para ellos, justo como lo había sido para Anna O. Freud comenzó a depender cada vez más de un método de asociación libre en el cual se le pedía a los pacientes describir todo lo que llegara a sus mentes. Freud describió este método como facilitador de exploración de las profundidades de la mente humana, igual que una excavación de un arqueólogo en una ciudad enterrada. Al principio él se refería a este procedimiento como el "método de Breuer", luego como "análisis físico", y por último como "psicoanálisis". Freud rogó a Breuer publicar la descripción de Anna O. y su uso de la "cura del habla" para producir catarsis. El precavido y conservador Breuer se negó a hacerlo; de- bido a su reputación establecida, su precaución es comprensible.* Finalmente, estuvo de acuerdo en publicar Studien über Hysterie (Estudios sobre la Histeria) con Freud en 1895. Ellos describían a Anna O. y otros cuatro pacientes histéricos. Aun habiendo escrito este libro, sus posturas comenzaron a divergir. Breuer creía que el factor crucial en un trata- miento exitoso de la histeria habría sido la catarsis. El paciente describe sus síntomas; el terapeuta escucha con cuidado y atención. Freud aceptaba la importancia de la catarsis, pero veía mucho más en la relación paciente-terapeuta de lo que lo hacía Breuer. Christopher Monte señala el insight de Freud en Bajo la Máscara (Monte, 1980) acerca de la relación clínica y en la cual había mucho más de lo que Breuer estaba deseoso de ver: Breuer no lo podía haber sabido, pero su paciente lo veía como todos los futuros pacientes analíticos verían a sus terapeutas, como padre, amante, confesor, amigo, rival, villano y héroe, haciendo surgir las emociones para estas percepciones cambiantes del terapeuta provenientes de relaciones previas con personas importantes en su vida. (Monte, 1980, pp. 44-45) Freud más tarde describió este proceso de proyectar emociones e imágenes de rela- ciones pasadas en el terapeuta como transferencia, y la respuesta del terapeuta como contratransferencia. Anna O. transfirió sus sentimientos por su padre a Breuer, él en cam- bio le contratransfirió su amor a ella. Freud desarrolló esta teoría de la transferencia de * Ellenberger (1972) proporciona una revisión crítica y datos adicionales acerca del caso de Anna O. 288 Capítulo 8 manera más completa en su análisis de "Dora", una joven mujer de 18 años referida a Freud por su padre. Dora había acusado a su padre de tener un amorío con la esposa de Herr K. Y decía que Herr K. la había hostigado sexualmente desde que tenía 14 años de edad. De acuerdo con Freud, el intenso anhelo de Dora por su padre fue transferido a Herr K.* Breuer fue incapaz de aceptar el análisis de Freud sobre su relación con Anna O., y terminó su vínculo profesional. Freud recordaba que "el desarrollo del psicoanálisis más tarde me costó su amistad [la de Breuer]. No fue fácil para mí pagar tal precio, pero no podía escapar a él" (Freud, citado en Eissler, 1978, p. 33). Freud siempre reconoció la influencia de Breuer en su pensamiento, la primera descripción de Breuer sobre la catar- sis fue en especial importante. Breuer también sirvió como un significativo modelo a seguir, como colaborador y fuente de apoyo para Freud. A cambio, Breuer describía sus sentimientos de asombro y admiración por Freud y recordaba que "él contempló des- pués su altísimo intelecto como una gallina a un halcón" (Jones, 1953, cap. XI). Después de la separación, Breuer trató un gran número de casos de histeria por su propia cuenta (Hirschmüller, 1989, pp. 316-319). Pero ninguno de esos casos tuvo el impacto o la im- portancia del caso de Anna O. La teoría de la seducción de Freud Los años de 1887 a 1910 fueron el gran periodo de creatividad y descubrimiento de Freud. Con frecuencia mantenía correspondencia con un médico especialista en oído, nariz y garganta de Berlín, Wilhelm Fliess (1858-1928), quien tomó el lugar de Breuer como su confidente. Ellos intercambiaban manuscritos y trabajos; su correspondencia proporcio- na un invaluable registro de su relación y del genio creativo de Freud. En 1950 se publicó una selección de 168 cartas de Freud a Fliess. Mucho antes, Freud se sorprendió al saber que las cartas habían sido conservadas y rogó a su propietaria, la analista princesa Marie Bonaparte, no permitir su publicación. Las cartas muestran una intensa relación emocio- nal entre los dos hombres. Freud se refiere a Fliess como "mi arbitro supremo". Fliess "suspiraba por nuestro encuentro", y Freud encontró su alabanza "néctar y ambrosía" (Jones, 1953, cap. XIII). Freud hubiera nombrado a cualquiera de sus dos hijos más jóve- nes Wilhelm, pero ambos fueron niñas. Fliess creía en la existencia de dos ciclos fundamentales en la vida: un ciclo masculino de 23 días y uno femenino de 28 días que no debía ser confundido con el ciclo menstrual. Estos ciclos están presentes en toda célula viviente. Dentro de cada ciclo existen picos y valles en vitalidad física y mental. Fliess creía que ambos ciclos están conectados de manera íntima con el revestimiento de mucosa de la nariz. Él pensaba haber encontrado una relación entre la irritación nasal y varios síntomas neuróticos e irregularidades sexua- les. Fliess diagnosticaba estas enfermedades mediante la inspección de la nariz y las trataba aplicando cocaína en los "puntos genitales" en el interior de la nariz. En dos ocasiones él operó la nariz de Freud. En 1895, Freud también arregló que Fliess operara a una de sus pacientes histéricas, Emma Eckstein. Fliess arruinó la oportunidad dejando una almohadilla de gasa en la herida. Ésta se pudrió hasta que fue descubierta y removi- * El análisis de Freud de Dora y el concepto de transferencia ha sido atacado por Lakoff y Coyne (1993) en su libro Papá lo sabe mejor: el uso y abuso del poder en el caso de Freud "Dora". La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 289 da mediante otra cirugía un mes más tarde (Robinson, 1984, p. 32). Freud de manera repetida tranquilizaba a Fliess diciéndole que no debía sentirse responsable por lo suce- dido a Eckstein y caracterizaba la continua hemorragia nasal que ella había experimen- tado como psicosomática. De acuerdo con la teoría numerológica de Fliess, ambos ciclos vitales están presentes en los hombres y en las mujeres, pero uno u otro es suprimido por el ciclo dominante. Así, los humanos son inherentemente bisexuales. Fliess también sostenía que ambos ci- clos comienzan en el nacimiento y, por tanto, eventos en la vida temprana pueden tener efectos duraderos. Freud creía que tales eventos son con frecuencia sexuales. Él le dijo a Fliess de su sobresalto al escuchar a muchos de sus pacientes recordar indignidades y hostigamiento sexual en su infancia, con frecuencia efectuados por sus padres. Freud creía que tales episodios eran generalizados. Los pacientes con neurosis obsesivas con frecuencia reportaban seducciones prepubertales por parte de los padres, con mayor frecuencia del padre. Esos pacientes, a diferencia de los histéricos, reportaban que la experiencia sexual había sido placentera. En abril de 1896, Freud describió 18 casos ana- lizados de manera exhaustiva en la reunión de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de Viena. En todos esos casos había uno o más episodios de experiencia sexual prematura en la infancia. Freud estaba convencido que tales experiencias eran críticas en la etio- logía de la histeria. El trabajo de Freud no fue bien recibido por muchos miembros de la audiencia. Richard von Krafft-Ebbing era una autoridad en sexualidad y su Psychopathia Sexualis (1886) era un texto definitivo sobre patologías sexuales. Él describió la presenta- ción de Freud como "un cuento de hadas científico", mientras otro crítico la llamó "ho- rrible esposa vieja de la psiquiatría" (Clark, 1980, p. 158). Freud, sin embargo, no se dejó intimidar y publicó su trabajo describiendo la teoría de la seducción de la histeria. Para septiembre de 1897, sin embargo, en una carta para Fliess, Freud expresaba sus dudas acerca de si la teoría de la seducción era cierta o no. Tal vez había sugerido a sus pacientes lo que estaba buscando, y ellos a cambio le habían reportado seducciones sexuales. Tal vez los episodios de seducción sexual en realidad no se presentaban, sino que más bien eran fantasías. Quizá sus pacientes habían descrito eventos imaginarios o deseados en lugar de reales. A pesar de su humillación, Freud había llegado a dos im- portantes conclusiones: la realidad de la sexualidad infantil y el darse cuenta de que cuando un paciente recuerda tales memorias sexuales, la mente inconsciente no distin- gue entre la verdad y la "ficción emocionalmente cargada". Estos recuerdos sexuales de los pacientes, aunque fantasías, eran determinantes críticos de su estado psicológico. En ese sentido los recuerdos eran tan reales e importantes como cualquier evento real. Así, existen dos tipos de realidad: la verdadera y la psíquica. Cuando la realidad verdadera es demasiado atemorizante o violenta, la realidad psíquica puede tomar su lugar. El objetivo de Freud fue liberar cada vez más a sus pacientes de la realidad psíquica y darles conocimiento y entendimiento de la realidad verdadera. En 1984, Jeffrey Moussaieff Masson publicó El Asalto a la Verdad, en el cual afirmaba que Freud había renegado de manera deshonesta de su descubrimiento sobre la seduc- ción infantil con el objetivo de aplacar a la opinión pública y de restablecerse con el personal médico vienes. Masson también acusó a Freud de que de haber permanecido fiel a su teoría original de la seducción; la historia entera del psicoanálisis hubiera sido diferente. En lugar de explorar las vidas sexuales imaginarias de los niños, los abusos sexuales reales en contra de ellos habrían sido conocidos (Crewdson, 1987). Masson des- cribió el cambio de Freud como emblemático del curso del psicoanálisis hasta el presen- 290 Capítulo 8 te: demonios sociales reales tales como importunar a los niños y el abuso sexual, fueron justificados como fantasías. Los defensores de Freud han desafiado el reporte de Masson, al enfatizar la impor- tancia del autoanálisis que Freud comenzó en el verano de 1897 (Storr, 1984). Freud des- cubrió sus propios deseos sexuales hacia su madre y su deseo de deshacerse de su padre. Él sabía que en su propio caso no había tenido lugar un incesto real. Lo que él más tarde llamaría complejo de Edipo estaba basado en la fantasía, no en la realidad. Lo que fue cierto en él también fue verdadero en sus pacientes. Aunque el incesto ocurra, Freud concluyó que no es por lo general la causa de la histeria u otras neurosis. Storr también encontró la descripción de Masson acerca de las motivaciones de Freud como poco con- vincente. Él escribió que "aunque Freud era con frecuencia dogmático y algunas veces estaba equivocado, se encontraba lejos de ser orgulloso, estaba demasiado acostumbra- do al aislamiento y era muy honesto para descartar una teoría porque fuera inaceptable para el personal médico. Todo lo que sabemos acerca de su carácter hace la acusación del señor Masson completamente improbable" (Storr, 1984, p. 35). Además, como Robinson (1984) señaló, la descripción de Masson no tiene sentido por "la posición de la cual Freud se 'retractó' —por ejemplo la teoría de la sexualidad infantil— era incalculablemente más objetable a los prejuicios Victorianos del personal médico de lo que la teoría de la seducción podía ser" (Robinson, 1984, p. 30). La interpretación de los sueños La correspondencia de Freud muestra referencias dispersas de los sueños ya desde 1882. Su primer intento por entender e interpretar los sueños siguió a su análisis de pacientes en la década de 1890 (Strachey, 1961, p. xiv). Él llegó a ver los sueños como la via regia (camino real) al inconsciente (Jones, 1953, p. 351) y una herramienta invaluable para explorar la mente inconsciente. Distinguió entre el contenido manifiesto de los sueños: los eventos, las situaciones, las cosas y las personas con las que soñamos, y el contenido latente de los sueños: el significado subyacente de los elementos manifiestos de los sue- ños. De manera típica, para Freud, el contenido latente representa deseos reprimidos. Para comprender el contenido latente, el lenguaje especial de los sueños debe ser desci- frado e interpretado, de ahí el título del libro de Freud La interpretación de los sueños (1900/1961). Aunque este libro se considera un clásico y se lee de manera amplia, cuan- do se publicó por primera vez no fue un éxito. Después de dos años sólo se habían ven- dido 351 copias, y pasaron seis años más antes de que la primera edición completa de 600 copias se vendiera. En años posteriores, no obstante, el libro se vendió bien y fueron publicadas ocho ediciones durante la vida de Freud. El libro tuvo el poder de influenciar a muchos lectores. Uno de ellos, Hanns Sachs, un analista alemán, escribió: La primera vez que abrí el Traumdeutung [Interpretación de los sueños] fue un momento de destino para mí —como conocer a la "femme fatale", sólo que con un resultado decidida- mente más favorable—. Hasta ese momento yo había sido un hombre joven que supuesta- mente estudiaba leyes pero que no cumplió con la suposición —un tipo muy común entre la clase media en Viena en el cambio de siglo—. Cuando terminé el libro, había encontrado la única cosa por la que valía la pena vivir. (Sachs, 1944, citado en Momigliano, 1987, p. 375) La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 291 La interpretación de los sueños es Freud en su texto más intrigante y estimulante, y él lo consideró el más importante de todos sus trabajos (Clark, 1980, p, 181). La psicopatología de la vida cotidiana Mientras escribía La interpretación de los sueños, Freud descubrió otro "camino al incons- ciente" en tales eventos de la vida cotidiana: lapsus del habla y la escritura, fracasos temporales de la memoria y errores triviales. Estas psicopatologías de la vida cotidiana las describió en otro libro clásico publicado bajo ese título en 1901. Freud presentó mu- chos ejemplos de lapsus del habla que creía eran sintomáticos de las dinámicas incons- cientes. Un periódico de Viena una vez se refirió a un miembro poco popular de la familia real como el "príncipe payaso". El presidente de la cámara del parlamento austríaco, esperando un tormentoso debate, abrió la sesión declarando: "Caballeros, noté que un gran grupo de miembros está presente y por este medio declaro cerrada la reunión" (Freud, 1901, p. 77). Cuando una de sus pacientes regresó de visitar a su tío, Freud le preguntó cómo era. Ella replicó, "no lo sé, yo ahora sólo lo veo inflagranti". El día si- guiente ella se corrigió a sí misma, explicando que quizo decir en passant (Freud, 1901, p. 83). Un judío recientemente convertido a la cristiandad le dijo a sus hijos que fueran al jardín pero los llamó juden (judíos) en lugar de jungen (niños) (Clark, 1980, p. 206). Tales accidentes en apariencia triviales, esos contratiempos como el del catedrático de Oxford quien brindó por "queer deán" en vez de "dear queen" y los maridos que de manera repetida pierden sus anillos de bodas o colocan en el lugar erróneo las llaves de su carro antes de manejar a un evento importante, eran para Freud indicativos de conflictos y de deseos incoscientes. Teoría de Freud del desarrollo de la personalidad En la primera década del siglo XX, Freud también desarrolló su teoría psicosexual del desarrollo de la personalidad, en la cual toda persona progresa a través de varias fases a lo largo de su niñez —oral, anal, fálica, de latencia y genital— cada una caracterizada por un conflicto entre la gratificación de los instintos y las limitaciones del mundo exter- no. Si el niño recibe muy poca o demasiada satisfacción en cualquier fase, tal vez no sería capaz de moverse con facilidad a la siguiente fase de desarrollo. Sub o sobregratificación puede también resultar en fijación o en un investimiento de una porción de energía libidinal en la fase, conduciendo más tarde en la vida a conductas que son características del conflicto durante la fase particular. El postulado de Freud de la libido y los senti- mientos sexuales de satisfacción en los niños causaron furor. Se decía que los niños pe- queños eran puros y no adulterados. Sugerir tales motivaciones era terrible. Una de las ideas más controvertidas en la teoría del desarrollo de la personalidad de Freud, fue la del complejo de Edipo. Durante la fase fálica del desarrollo de un niño, según Freud, experimenta deseos por su madre y hostilidad hacia su padre. La resolución de esta situación ocurre cuando el niño experimenta temor de la castración por parte de su padre y este temor es vencido con su identificación con él. El término complejo de Electra fue utilizado por Freud para describir la experiencia de una niña pequeña durante la fase fálica. Más tarde, Freud argumentó en contra de esta introducción en su trabajo 292 Capítulo 8 La realidad acerca de los recuerdos reprimidos En 1990 en la ciudad de Redwood, California, atacando sexualmente y asesinando a su George Franklin padre, a la edad de 51 años amiga. Ella está traumatizada y, por tanto, el sostuvo un juicio por un asesinato que había terrible recuerdo es empujado a un profun- ocurrido más de 20 años antes. La víctima, do rincón de la mente inconsciente. Ahí per- Susan Kay Nelson, era una niña de ocho años manece durante décadas hasta que se libera de edad. La propia hija de Franklin, Eileen, en la conciencia, ya sea en terapia o, como en que tenía también ocho años en el momento el caso Franklin, desencadenada por even- del asesinato en 1969, proporcionó la eviden- tos de la vida. Tales recuerdos son tan sor- cia principal en contra de su padre. Sus re- prendentes y profundos, que en consecuen- cuerdos del brutal asesinato aparentemente cia han provocado una enorme atención. En habían sido reprimidos por más de 20 años. muchos casos involucran abuso sexual infan- En una serie de escenas retrospectivas, con til. En 1988 Bass y Davis publicaron El valor frecuencia desencadenadas por interacciones de curar que se convirtió con rapidez en la con su propio hijo e hija, Eileen recordaba "biblia" de los sobrevivientes de abuso sexual fragmentos de aquel suceso: su padre atacan- e incesto. Fundamental al argumento del li- do sexualmente a Susan, la lucha en la ca- bro es la afirmación de que los recuerdos de mioneta familiar, su padre aplastando a tal abuso e incesto son reales. Susan con una roca y su cuerpo en el suelo Numerosos artículos describiendo el re- cubierto con sangre. Las memorias confiden- torno de recuerdos reprimidos se han publi- ciales y detalladas de Eileen impresionaron cado mucho tiempo antes. Éstos provocan un a su terapeuta, a los miembros de su familia, interés enorme y una poderosa respuesta, en a su abogado y por último a un jurado. Su especial cuando involucran a celebridades. padre fue declarado culpable por asesinato En 1991, en la revista People, la actriz Rosean- en primer grado. ne Barr Arnold describió sus recuerdos acer- Este terrible suceso parece ajustarse bien ca del abuso que recibió de su madre cuando a la teoría de la represión de Freud. Una niña era una niña hasta la edad de siete años. Las observa un terrible acontecimiento, su padre memorias de Barr fueron recordadas en te- "Sexualidad femenina" (Freud, 1931 en Strachey, 1966, p. 194), porque enfatizaba un desarrollo análogo en los dos sexos, una postura que Freud no pudo apoyar. Él prefirió el término complejo de castración para las mujeres, según Freud debido a que su trauma se centraba en su decepción al descubrir que en realidad ella había sido castrada, presumiblemente por su madre. También, a diferencia del desarrollo en el niño, el cual por lo general sigue sólo un curso, el desarrollo en las niñas, sugirió Freud, puede seguir una de tres posibles líneas. La primera resulta en una repulsión general en contra de la sexualidad. La segunda conduce a la niña a asirse a la esperanza de obtener un pene y a la fantasía de ser un hombre. Freud sugirió que este "complejo de masculinidad" puede también resultar en una elección manifiesta de un objeto de amor homosexual. En la tercera línea de desarrollo, la niña supera su atracción preedípica hacia su madre y toma a su padre como su objeto de amor, desarrollando así una atracción femenina hacia el padre y una orientación sexual femenina (Strachey, 1966, pp. 229-243). Freud creía que su teoría de la personalidad, su "andamio de la mente", era su con- tribución más importante. Él concebía que la mente consistía de tres estructuras sepa- La historia de ¡a psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 293 La realidad acerca de los recuerdos reprimidos (continuación) rapia. El mismo año una antigua "señorita visar más de 60 anos sobre investigación acer- Estados Unidos", Marilyn Van Derbur, de- ca de recuerdos reprimidos, Holmes (1990) claró públicamente acerca del recuerdo repri- las describió como sólo "estudios de caso mido de violación sexual por su padre. Aquel impresionistas" y "especulaciones clínicas sin recuerdo fue revelado después de la muerte confirmar". Ganaway (1992) enfatizó la falta del padre. Tales casos eran altamente de apuntalamientos científicos para tales re- publicitados. En 1993 la revista Time publicó portes. Ofshe, un psicólogo social, afirmó que un artículo importante sobre "Mentiras de la la terapia de "memoria recuperada" llegaría Mente" reportando que: a ser reconocida como la charlatanería del siglo XX" (Jaroff, 1993, p. 55). Cada vez más A lo largo de Estados Unidos en los pasados acusadores con memoria recuperada se han años literalmente miles de personas —principal- retractado y han demandado a los terapeu- mente mujeres de 20, 30, y 40 años— han estado tas y a los clínicos, afirmando que los condu- presentando recuerdo de que sufrieron abuso cen por mal camino. Alarmada por la situa- sexual cuando niños, casi siempre por miembros ción, la Asociación Americana de Psicología de su propia familia, en sus hogares o, en muchos ha nombrado un grupo de trabajo para in- casos, en lugares escondidos donde eran practica- dos rituales extraños. (Jaroff, 1993, p. 52) vestigar el fenómeno de la falsa-memoria. Tanto la American Medical Association como Time describía tales reportes como que la American Psychiatric Association han co- habían alcanzado proporciones epidémicas. misionado investigaciones similares. La pre- La pregunta permanece: ¿Tales recuerdos gunta está sin resolver, pero es motivante ver son auténticos? Los intentos para contestar psicólogos contribuyendo con sus conoci- esa pregunta han conducido a una contro- mientos en investigación y en clínica en for- versia amarga que hasta ahora no está resuel- mas impresionantes. La investigación y los ta. Los psicólogos, aunque compasivos con escritos de Elizabeth Loftus son en especial las personas con tales recuerdos, se encuen- balanceados y son una autoridad (Loftus, tran entre los más escépticos. Después de re- 1993). radas pero independientes: el ello, el yo y el superyó. El ello es por completo inconsciente y es la fuente de impulsos y pulsiones básicos; es el depósito biológico que subyace a todas las acciones. El ello opera en conformidad con el "principio de placer" y busca gratificación y satisfacción inmediatas. El yo deriva su energía del ello, pero es el instru- mento de la razón y la cordura. Intenta reunir las demandas del ello con las limitaciones de la realidad; de esta manera, opera en términos del "principio de realidad". Mucho del yo es consciente y utiliza la memoria, la percepción del medio ambiente y hábitos para desempeñar el papel de ejecutivo racional. Por último, el superyó incorpora criterios ab- solutos de moralidad y ética y desempeña el papel del "gran negador y prohibidor". Ciertos caminos de satisfacción no están permitidos y, por tanto, hablando de manera imprecisa, el superyó desempeña el papel de la conciencia. Freud consideraba que el yo servía a tres amos: al ello, con sus demandas de gratifi- cación inmediata y de alivio de la tensión; el superyó, con sus prohibiciones y restriccio- nes; y la realidad del mundo en el que la persona vive. En otros momentos Freud comparó la relación entre el yo y el ello con la que se da entre el cochero y sus caballos: los caballos 294 Capítulo 8 proveen la energía y el impulso, y el cochero la dirección. En la personalidad saludable los tres componentes trabajan juntos en armonía, en gran parte como el resultado de un yo fuerte; en la personalidad histérica o neurótica, no lo hacen. Algunas veces Freud escribió como si el ello, el yo y el superyó fueran entidades reales residentes en algún lugar dentro de la persona, y es importante recordar que son sólo metáforas. Freud y sus seguidores Con su incrementada fama e importancia, Freud atrajo seguidores. Él se consideraba como su líder, maestro y profeta. Comenzando en 1902 con un pequeño grupo de cinco hombres, incluyendo a Freud, Alfred Adler, junto con dos médicos: Max Kahane y Rudolf Reitler, y un neurólogo, Wilhelm Stekel. Freud había tratado con éxito a Stekel. Todos ellos se reunían los miércoles por la tarde en su sala de espera de Viena. Llegaron a ser conocidos como la sociedad psicoanalítica de los miércoles. Para 1908 este grupo se ex- pandió a 20 miembros y cambiaron su nombre al de Sociedad Psicoanalítica de Viena. Cuando Alfred Adler (1870-1937) desarrolló críticas de la teoría sexual de la histeria y de la hipnosis de Freud, los dos hombres llegaron a alejarse. Para 1911 Adler había sicio forzado a renunciar a la Sociedad Psicoanalítica de Viena, llevándose a nueve de sus seguidores con él. Adler entonces fundó una escuela de "psicología individual" que enfatizaba los factores sociales y la unidad de salud y conducta armoniosa (McGee, Huber, y Cárter, 1983). La escuela de Adler de psicología individual competía con el psicoanáli- sis ortodoxo de Freud. Una separación incluso más amarga se desarrolló entre Freud y Cari Jung (1875-1961). Sus envíos de cartas comenzaron en 1906 después de que Jung le mandó a Freud una copia de su libro describiendo su investigación sobre pruebas de asociación. Durante los siguientes siete años ellos intercambiaron cartas frecuentes, 360 de las cuales se han con- servado (McGuire, 1974). La correspondencia de Freud y Jung muestra un claro cambio en su relación. Al principio Jung es el estudiante sumiso, ávido por aprender de Freud; La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 295 luego se transforma en el "príncipe coronado" y su sucesor destinado. Siete años más tarde, después de que Jung se había sumergido en la mitología y desarrollado conceptos tales como inconsciente colectivo, que eran inaceptables para Freud, la correspondencia entre los dos hombres terminó con esta sucinta carta (McGuire, 1974, p. 94): Querido profesor Freud, Accedo a su deseo de abandonar nuestras relaciones personales, por mi parte nunca confío mi amistad a nadie. Usted mismo es el mejor juez de lo que este momento significa para usted. El resto es silencio... Sinceramente, Jung Jung y sus colegas suizos fueron expulsados del movimiento psicoanalítico en 1914. Freud era autoritario, paternalista y dogmático. Era incapaz de tolerar desacuerdos —su amistad con Fliess terminó en una violenta pelea— ni de aceptar desafíos de sus seguidores. Ellos eran sus hijos, sus discípulos y estaban para aceptar lo que él decía sin preguntas. Los desacuerdos eran actos de traición y los disidentes eran considerados con frecuencia difamadores (Roazen, 1975). En reacción a las deserciones de Adler y Jung, Freud estableció en 1912 un comité secreto de adeptos leales para asegurar la pureza y la ortodoxia. La fotografía de 1912 del comité estaba colgada en la sala de espera de Freud. 296 Capítulo 8 De izquierda a derecha, Otto Rank, Karl Abraham, Max Eitington, y Ernest Jones de pie en la fila de atrás. Al frente, Freud sentado a la izquierda con Sandor Ferenczi y Hanns Sachs a su izquierda. Freud le dio a cada uno de estos hombres un anillo especial, y el comité continuó reuniéndose en secreto para tramar el curso del movimiento psicoa- nalítico y rechazar a los críticos, hasta 1927 cuando el grupo se fusionó con el comité de la International Psychoanalytical Association. Rank, Abraham, Ferenczi y Sachs llegaron a ser psicoanalistas bien conocidos, mientras Jones es mejor conocido por su biografía de Freud. Max Eitington es una figura intrigante. Él fue un rico hombre de negocios que fue analizado por Freud y que actuó como su secretario social desde 1925 hasta 1937. En una historia de la policía soviética secreta, la KGB, el historiador John J. Dziak hizo el sor- prendente cargo de que Eitington era un miembro activo de la KGB durante este periodo y que estaba involucrado en limpias stalinistas y ejecuciones (Schwartz, 1988). Aunque no eran parte del círculo cercano de Freud, las mujeres analistas se levanta- ron hasta posiciones altas con el movimiento psicoanalítico y fueron teóricas exitosas y terapeutas altamente reconocidas (Thompson, 1987). La hija de Freud, Arma Freud (1895- 1982) fue la más leal de sus seguidoras (Young-Bruehl, 1988). Anna Freud no asistió a la escuela de medicina, en vez de eso recibió la tutoría de su padre. Ella describió su entre- namiento analítico como "completamente irregular si no es que desorganizado" (A. Freud, La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 297 citada en Fine, 1985, p. 230). Su relación padre-hija estaba gobernada tanto por la fe de Freud en que Anna no sería igual a otras niñas como por las expectativas vienesas acerca de los papeles apropiados para las mujeres. Anna Freud luchó por lograr "lo mismo que un hombre" y no para "danzar y ser generosa" como una mujer (Young-Bruehl, 1988, pp. 129, 127). Anna Freud desarrolló técnicas psicoanalíticas para niños y métodos innovadores tales como la terapia de juego. Ella estableció la primera guardería diurna en Viena. Anna Freud dedicó su vida a su padre. Ella nunca se casó y fue su confidente, su secretaria y su compañía. Ella se fue al exilio con Freud en 1938 y en 1947 estableció la Clínica de Terapia Infantil de Hampstead en Londres. Ese centro estaba en gran parte apoyado por fondos estadounidenses, lo cual era irónico dado el reportado odio a Anna Freud en Estados Unidos (Fine, 1985, p. 230). Una consecuencia de tal apoyo fue que a los estudiantes estadounidenses se les diera preferencia en el centro y, por consiguiente, muchos fueron entrenados ahí. El legado duradero de Anna Freud es la extensión del psicoanálisis de su padre a niños. Una vez, cuando uno de los jovencitos de su clínica le preguntó cuántos hijos tenía, Anna Freud replicó de manera honesta, "tengo muchos, muchos hijos" (Barlow, 1991, p. 389). Karen Horney (1885-1952) enseñaba en el Instituto Psicoanalítico de Berlín, del cual ella era un miembro fundador. En 1932 Horney se unió al Instituto Psicoanalítico de Chicago y en 1934 llegó a pertenecer al personal del Instituto Psicoanalítico de Nueva York (Quinn, 1987). Horney fundó la Asociación para el Avance del Psicoanálisis en 1941. Entre 1922 y 1935 Horney escribió 14 trabajos en los cuales refutaba la tendencia antifeminista de Freud y enfatizaba determinantes sociales en lugar de biológicos en las diferencias de sexos y la "psicología femenina". Horney fue una potente crítica de la postura de Freud acerca de las mujeres. De acuerdo con Horney, no es que las mujeres envidien a los hombres su anatomía, sino las oportunidades y el poder abiertos a éstos, pero tan frecuentemente negados a las mujeres. Horney escribió que "la afirmación de que una mitad de la raza humana está descontenta con el sexo asignado a ella y puede vencer este descontento sólo con circunstancias favorables es decididamente insatisfac- toria" (Horney, citada en Dinnage, 1987, p. 11). El énfasis de Horney en los determinan- tes sociales de las neurosis y su rechazo de tales piedras angulares como el complejo de Edipo fueron modificaciones importantes (Quinn, 1987). Otras importantes analistas mujeres incluyen a Melanie Klein, Helene Deutsch y Marie Bonaparte (Bertin, 1982). Reconocimiento y éxito La posición de Freud dentro del mundo intelectual fue asegurada al final de la primera década de este siglo. Su invitación a la Conferencia Clark (capítulo 9) significó el desa- rrollo de su reputación internacional (S. Rosenzweig, 1992). Después de la Primera Gue- rra Mundial, la fama e importancia de Freud siguieron creciendo y era muy solicitado como terapeuta. Atrajo grandes cantidades de pacientes, muchos de Estados Unidos, y fue capaz de cobrar tarifas por hora dos o tres veces mayores de las que cobraban sus colegas en Viena. Pero Freud admitió que él "nunca había sido un terapeuta entusiasta" (Roazen, 1975, p. 133) y que había "llegado a ser un terapeuta en contra de mi voluntad" (Roazen, 1975, p. 134). Anna Freud en alguna ocasión llamó al psicoanálisis "una estúpi- da manera de vivir" (Young-Bruehl, 1988). Freud nunca abrigó el deseo de ser el salva- dor de la humanidad y siempre reconoció que su objetivo era entenderla en lugar de 298 Capítulo 8 ayudar a los individuos. Se reporta que Freud dijo "yo prefiero diez veces más a un estudiante que a un neurótico" (Freud, citado en Momigliano, 1987, p. 376). Las expecta- tivas de Freud respecto a la terapia eran limitadas, aunque continuó viendo un gran número de pacientes porque necesitaba el dinero, quería confirmar sus especulaciones teóricas y deseaba mantener su poder en el movimiento psicoanalítico a través de sus análisis de los analistas en entrenamiento. Roazen también muestra que algunas ortodoxias freudianas no son más que contra- señas. Freud fue muy descartante de la necesidad de los analistas de tener un grado médico y no tenía una gran opinión de la profesión médica. Él creía que los "analistas laicos" que no eran doctores médicos podían funcionar de manera muy adecuada. Adoptó la clásica posición del analista freudiano, sentándose atrás del diván del paciente, sólo porque le disgustaba ser mirado todo el día; con frecuencia analizaba a sus amigos y parientes y socializaba con sus pacientes, conductas consideradas tabú por analistas posteriores. El análisis con Freud con frecuencia duraba sólo unas cuantas semanas, ra- ramente tardaba más de dos meses. Más tarde se convertiría en un proceso que con frecuencia duraba años. Freud también tenía un fuerte interés en el ocultismo y una pobre opinión de Estados Unidos y de sus habitantes. Su hija Anna Freud insistió en que las opiniones antiestadounidenses de su padre fueran suprimidas de la biografía autori- zada de Freud (Jones, 1953), dado que en ese momento la ciudad de Nueva York era la capital psicoanalítica del mundo. También llega como una sorpresa saber por medio de Roazen que Freud, el descubridor de la sexualidad infantil, mandó a sus propios hijos al doctor de la familia para aprender los hechos de la vida (Roazen, 1975, p. 58). Fue Freud la autoridad mundial en motivación humana, quien le escribió a Marie Bonaparte que "la gran pregunta que nunca ha sido contestada y que todavía no he sido capaz de res- ponder, a pesar de mis 30 años de investigación sobre el alma femenina, es ¿qué quiere una mujer?" (Freud, 1966, p. 244). Freud en el exilio De manera trágica, Freud desestimó el peligro que representaban los nazis. De acuerdo con su biógrafo, Ernest Jones, Freud creía ardientemente que los alemanes contendrían el movimiento nazi porque "una nación que produjo a Goethe posiblemente no podía ir al mal" (Jones, 1957, vol. III, p. 151). En el congreso de psicología de Leipzig en 1933, el psicoanálisis fue etiquetado como "ciencia judía", prohibiéndose más tarde en Alema- nia. El Instituto Psicoanalítico de Berlín, fundado en 1921, fue cerrado. Incluso después de la ocupación nazi en Austria, en marzo de 1938, Freud continuó negando la realidad del peligro. Roazen (1991) reporta que Freud incluso se aferró a una irracional creencia de que el dictador fascista italiano Benito Mussolini lo protegería. En medio del terror y del peligro, Freud y su esposa conservaron el sentido del humor y la despreocupación. Cuando los soldados nazis llegaron a su hogar la esposa de Freud, Martha, les pidió dejar sus rifles en el depósito de paraguas de la sala. Ellos registraron el departamento y, cuando se marcharon, Martha le informó a Freud que se habían llevado una cantidad de dinero de cerca de $840. "Querida", le hizo notar Freud, "yo nunca he tomado tanto dinero por una sola visita" (Hofmann, 1988, p. 21). Aunque es probable que Hitler y su cohorte nunca habían leído los libros de Freud, consideraban los trabajos como una ca- lumnia para su civilización. Muchos de los libros de la biblioteca personal de Freud y de La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 299 la Sociedad Psicoanalítica Vienesa fueron destruidos. Los nazis hicieron una fogata pú- blica con todos los libros sobre psicoanálisis provenientes de la biblioteca pública de Viena. Freud comentó, "cuánto progreso hemos hecho, en la Edad Media me hubieran quemado a mí; hoy en día están contentos con quemar mis libros" (Eissler, 1978, p. 21). Freud era un hombre enfermo en ese momento, por ello tenía la determinación de per- manecer en Viena pues temía que cambiar a sus doctores le acortaría la vida. Freud tam- bién estuvo atormentado por sentimientos de culpabilidad por desertar de su tierra natal, como un capitán que abandona una nave al hundirse. Jones lo tranquilizó con la historia del oficial que fue lanzado a la superficie por una explosión de una caldera cuando se hundió el Titanic. Al ser interrogado de manera severa por la comisión de investigación, "¿en qué momento abandonó la nave?", él de manera prudente contestó, "yo nunca abandoné la nave, señor; ella me abandonó a mí" (Jones, 1953, vol. I, p. 294). Después, Arma Freud fue interrogada por la gestapo, Ella le preguntó a su padre, "¿No sería mejor si nos matamos nosotros mismos?" el siempre analítico Freud contestó, "¿Por qué? ¿Porque a ellos les gustaría?" (Wyden, 1992, p. 64). Por último, amigos y colegas fueron capaces de persuadir a Freud para buscar refugio en el exilio. La princesa Marie Bonaparte, una de sus analizadas, pagó un rescate para su liberación, pero los nazis insistieron en que Freud firmara una declaración de que él y su familia habían sido tratados bien. A esta declaración Freud añadió el comentario, "A cualquiera le puedo recomendar ampliamente a la Gestapo" (Clark, 1980, p. 511). La Gestapo no se percató de la ironía o eligió ignorarla. En 1938 Freud abandonó el hogar que ocupó en Bergasse número 19 durante casi 47 años. Un estudiante del Instituto Psicoanalítico, el estadouni- dense Sanford Gifford, describió la situación de Freud: Yo entiendo que existían negociaciones prolongadas con los nazis concernientes a su sali- da del país. La naturaleza exacta de estas negociaciones no la conozco, pero finalmente fueron resueltas y a la familia se le concedió un permiso para irse. Este permiso, sin embar- go, no siempre era lo que pretendía ser. En muchos casos, como era alegado, a personas prominentes se les otorgaban tales permisos y se les permitía abordar el tren hacia su des- tino, pero cuando alcanzaban la frontera, los oficiales nazis abordaban el tren para regis- trar a fondo las posesiones que el emigrante llevaba con él. Esto con frecuencia conducía a un gran problema de hostigamiento y muchas veces resultaba en una recisión del permiso y en sacar al emigrante del tren. Este era un peligro muy real en el caso de los Freud. (Langer y Gifford, 1978, p. 44) Sir Samuel Hoare, ministro del interior británico, y Cordell Hull, secretario de Estado de Estados Unidos, utilizaron su influencia en nombre de Freud. Incluso el presidente Roosevelt fue instrumental en presionar a los nazis para expedir los permisos de salida para Freud y su familia (Hofmann, 1988, p. 21). Su historiador y periodista estadouni- dense Walter Langer se ofreció como voluntario para acompañarlos en el tren. En la frontera francoalemana los oficiales nazis abordaron el tren para interrogar a los emi- grantes. Langer se situó fuera del compartimiento de Freud, dejando claro que él, un estadounidense, cuidaba de cerca la conducta de los oficiales. Algunas personas fueron bajadas del tren, pero Freud y su hija Arma, no. Ellos llegaron a salvo a París, donde los recibió William C. Bullitt, el embajador estadounidense en Francia —él mismo un anti- guo paciente y coautor— Marie Bonaparte y el hijo de Freud. Algunos miembros de la familia de Freud permanecieron en Viena, y cuatro de sus hermanas fueron asesinadas en Auschwitz. Después de algunos días en París, la familia viajó a Londres, donde, a 300 Capítulo 8 través de los buenos despachos de Ernest Jones, encontraron refugio en el número 20 de Maresfield Gardens en Hampstead. Esa casa es ahora el lugar donde se encuentra el excelente museo Freud (Frank, 1986). Más tarde, Anna Freud establecería su clínica de terapia infantil en Hampstead al otro lado de la calle en el número 21 de Maresfield Gardens. Freud fue capaz de asistir a reuniones y seminarios ocasionales en la Sociedad Psicoanalítica de Londres y vio pacientes hasta unas pocas semanas antes de su muerte. Sin embargo, sufría un gran dolor y murió de cáncer a la edad de 83 años el 23 de sep- tiembre de 1939. Los biógrafos de Freud Un vasto género literario, popular* y erudito es dedicado a Freud, sin embargo, él es favorecido por sus biógrafos. Ernest Jones publicó la biografía autorizada (Jones, 1953- 1957). El trabajo de tres volúmenes es un retrato de Freud favorecedor, e incluso heroico. Como un revisor dijo de la biografía de Jones, "revela a sus lectores sobre Freud todo lo que Anna Freud pensó apropiado para publicar" (Wollheim, 1988, p. 3). Paul Roazen en 1975 enfatizó los conflictos y discordias en turbulencia alrededor de Freud, mientras Frank Sulloway (1979) buscó desenmascarar lo que él consideraba el mito histórico de Freud como víctima y héroe. Ronald Clark (1980) escribió una detallada vida de Freud, poniendo especial atención en los antecedentes sociales y científicos de su trabajo. Peter Gay (1988) presentó a Freud como un gran pensador y un hombre con una influencia profunda en el pensamiento y la civilización occidentales. Todas éstas son excelentes biografías, pero son los propios escritos de Freud los que muestran su poder y su sutil mente luchando con los imponderables de la experiencia humana. PSICOLOGÍA CLÍNICA CONTEMPORÁNEA Los desarrollos en la psicología clínica después de la Segunda Guerra Mundial se resu- men en esta sección utilizando dos importantes enfoques: el científico y el profesional. El enfoque científico se refiere al progreso teórico y en investigación, e incluye temas como clasificación; distinciones proceso-resultado, lo mismo que revisiones cuantitativas de resultados de tratamientos; avances en métodos de investigación, y evaluación/trata- miento neuropsicológico. El enfoque profesional se refiere a los avances en entrenamien- to y práctica que incluyen el desarrollo y debate sobre el modelo de entrenamiento científico-facultativo (Boulder), creación del grado de doctor en psicología, y la emer- gencia de una coalición dominante de proveedores de salud-cuidado dentro de la Aso- ciación Americana de Psicología. Además, la diferenciación de especialidades clínicas y conséjales tomó lugar después de la Segunda Guerra Mundial (Whiteley, 1984). Ambos enfoques son claramente relevantes para la posición actual de la psicología clínica en Estados Unidos y también proporcionan ideas históricas en las fuerzas que alternan en la actualidad en la psicología. * En noviembre de 1993, el retrato de Freud en la portada de la revista Time estaba junto con la pregunta "¿Freud está muerto?" Ésa fue la tercera aparición de Freud en la portada de Time. Seguramente él hubiera apreciado la ironía de la pregunta. La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 301 Considere la situación clínica prototípica, en la cual los individuos (o tal vez las diadas, como sería el caso del consejo marital) se presentan ellos mismos o son referidos con ciertos síntomas y angustia psicológica. La tarea del psicólogo clínico consiste en realizar un diagnóstico, desarrollar e implementar uno o más planes de tratamiento (llamados psicoterapia) y evaluar la eficacia y persistencia del (los) tratamiento(s) en reducir los síntomas y la angustia. La psicoterapia es el término amplio para los tratamientos que conciben, implementan y evalúan los clínicos (Freedheim, 1992). Una característica de esta situación es que tiende hacia la ideografía. Aunque las teorías y los métodos de psicoterapia tienden a ser nomotéticos, los individuos presentados representan casos simples o situaciones ideográficas. Enfoque científico Se ha hecho un considerable progreso en categorizar la psicopatología. Los sistemas de diagnóstico tienen sus orígenes en las tempranas propuestas de Esquirol, Kraepelin y Bleuler. Recuerde que Kraepelin, un prominente estudiante de Wundt, desarrolló uno de los primeros sistemas modernos. Dos sistemas de clasificación actuales son la Clasifi- cación Internacional de Enfermedades, Lesiones y Causas de Muerte (International Classification of Diseases, Injuries and Causes ofDeath) o ICD, y el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) o DSM. El pri- mer sistema se instituyó alrededor de 1900, mientras que el sistema posterior se inició en 1952. Ambos sistemas han sido revisados varias veces por la Organización Mundial de la Salud de las Naciones Unidas y por laAmerican Psychiatric Association, respectivamen- te. Las versiones más recientes de los dos sistemas son el ICD-10, publicado en 1990, y el DSM-IV, el cual en la actualidad está experimentando pruebas de campo y debe estar en venta para 1994.* El DSM-IV clasifica a los individuos en cinco ejes, representando tras- tornos clínicos, trastornos de personalidad/trastornos específicos del desarrollo, condi- ciones físicas y trastornos, severidad de tensionantes psicosociales, y el nivel más alto de funcionamiento adaptativo (hasta el año 1994). Los aspectos conceptuales así como los de confiabilidad, validez y otros criterios psicométricos están comentados en un número especial de la Journal of Abnormal Psychology (Barlow, 1991) y en un libro editado por Millón y Klerman (1986). Con las implicaciones que el diagnóstico tiene para la planeación del tratamiento, es útil analizar si el DSM-IV es de utilidad o no en el progreso de un entendimiento de la psicopatología. Un primer punto es relativo a si tales sistemas de clasificación son teóricos o descriptivos en su orientación (Klerman, 1986). Segundo, las evaluaciones de intervenciones psicológicas clínicas de manera tradicional se enfocan a los resultados (p. e., ajuste) y su persistencia en el tiempo. Eysenck (1952, 1992), por ejemplo, publicó revisiones pesimistas sobre la eficacia del tratamiento y formuló una "regla de tercios": un tercio de los pacientes mejoraron, uno permaneció igual y uno empeoró. Conceptualizaciones recientes han enfatizado procesos dentro de la terapia, como se indicó a través de un tema especial de American Phychologist (VandenBos, 1986). Recuerde que la aproximación directiva de Münsterberg (1909) hizo al terapeuta esen- cialmente responsable de la restructuración de la conciencia del paciente. La manera de * N. del R.T. El ICD-10 no ha sido actualizado desde 1990, mientras que el DSM-IV vio la luz en 1995 en su edición en inglés y el 1996 en su edición en español. 302 Capítulo 8 hacerse la determinaba con frecuencia el terapeuta. La investigación reciente enfatiza la comprensión de lo que sucede en la terapia mediante grabaciones en video, psicofisiología y otras técnicas de observación, permitiendo así un análisis más estrecho de las inter- acciones terapeuta-cliente y el estudio de las relaciones experimentales o correlaciónales entre proceso y resultados subsecuentes. Una segunda ventaja de los modelos de proce- so se refiere al entrenamiento de psicólogos clínicos o terapeutas. De manera específica, los resultados de este tipo de investigación pueden utilizarse para mejorar el entrena- miento de futuros psicólogos clínicos. En lo que concierne a la terapia, una distinción es entre relaciones terapeuta-cliente directiva y no directiva, con la anterior asociada con teóricos orientados de manera conductual (por ejemplo Joseph Wolpe) y la posterior asociada con el trabajo de los teóricos centrados en el cliente (por ejemplo Cari Rogers). Otra distinción es entre orientaciones a la terapia cognitivas y conductuales. Este debate probablemente continuará, pero parece obvio que perspectivas múltiples son útiles para la teoría y la práctica. Como un ejemplo de intersección, el tema de autorregulación fue dirigido hace unos 20 años por teóricos orientados de manera conductual (Watson y Tharp, 1972, p. ix), aunque la atención reciente se ha movido hacia una síntesis cognitiva- conductual (Kanfer y Kanfer, 1991). Otro ejemplo de una fusión benéfica entre campos anteriormente opuestos es la teoría cagnitiva social de Bandura (1986), con su modelo de autorregulación como sistema recíproco involucrando criterios o metas, automonito- reo y respuestas afectivas por lograr metas o no lograrlas, y expectativas de eficacia/ resultado. Otro desarrollo pertinente a las comparaciones en psicoterapia pertenece a los suma- rios cuantitativos del campo de la investigación. Comenzando en la década de 1970, los investigadores empezaron a agregar estudios individuales para estimar la efectividad de la terapia, en lugar de depender de la revisión de la literatura narrativa tradicional (Cooper y Hedges, 1993; Rosenthal, 1991). Este procedimiento de agregación estadística involucra el estudio, en lugar de la persona, como la unidad de análisis. De manera más específica, Smith y Glass (1977; Smith, Glass y Miller, 1980) y Lipsey y Wilson (1993), aplicaron técnicas cuantitativas de revisión, llamadas meta-análisis, a la psicología clíni- ca. Esta técnica proporciona investigadores con varias capacidades. Primero está el desa- rrollo de un mejor estimado de la relación cuantitativa entre tratamiento(s) y el resultado, el cual se ejcuta al promediar los resultados de estudios individuales utilizando medidas efecto cuantitativas para cada estudio (evaluaciones comunes de las medidas efecto son la diferencia estandarizada entre grupos controles y experimentales sobre la variable dependiente de, por decir, estimaciones de ajuste entre iguales, o una correlación entre un indicador de tratamiento y resultado). Segundo, es la facilitación de comparaciones entre diferentes métodos de tratamiento (p. e., terapias conductuales contra cognitivas; psicoterapia contra terapia con fármacos contra terapia combinada psico/fármaco). Ter- cero, aunque el meta-análisis en indirecto, permite críticas metodológicas de un tema y puede ayudar en el desarrollo teórico (por ejemplo, mediante la identificación de varia- bles moderadoras u otras condiciones limítrofes). Lo que se requiere para conducir una revisión cuantitativa es una colección de estudios individuales que provea suficiente información para permitir el cálculo de una medida efecto. Tales medidas efecto se utili- zaban como datos crudos para el meta-análisis, el cual calcula una medida efecto prome- dio, se hace una corrección estadística por artefactos y se relacionan varias características del estudio con ese promedio, utilizando correlación o regresión estadísticas. Los resul- tados de los primeros meta-análisis indicaron que la psicoterapia era más efectiva que el La historia de la psicología clínica y el desarrollo del psicoanálisis 303 no tratamiento y que las psicoterapias cognitiva y conductual eran aproximadamente igual de efectivas. Shapiro y Shapiro (1982) refinaron la revisión de Smith y Glass (1977) y condujeron un meta-análisis de 143 estudios que comparaban dos o más tratamientos con un grupo control, o no tratado. Sus resultados confirmaron y extendieron los resultados de Smith y Glass (1977). La confirmación la proporcionaron sus hallazgos de que bajo la medida efecto se aproximaba una desviación estándar (diferencia entre las medias de los grupos experimental y control), y que no había grandes diferencias en la efectividad relativa del tratamiento (p.e., unas formas de tratamiento son efectivas, y los tratamientos no difie- ren en su efectividad). Varios hallazgos específicos acerca de los tratamientos proporcio- naron ampliaciones que, sin embargo, indicaban ventajas para la psicoterapia cognitiva y multimodal conductual. Steinbrueck, Maxwell y Howard (1983), por ejemplo, condu- jeron una revisión cuantitativa-comparativa de terapia con fármacos contra la psicotera- pia en el tratamiento de la depresión unipolar (no depresión maniaca o trastorno afectivo bipolar). De manera más reciente, preguntas de investigación específicas y focalizadas se han dirigido a través del meta-análisis. Dobson (1989), por ejemplo, condujo un meta- análisis utilizando aproximaciones de medida efecto provenientes de 27 estudios que comparaban la psicoterapia cognitiva, la psicoterapia conductual, la farmacoterapia y sin controles de tratamiento en el tratamiento de la depresión. Sus resultados indicaron superioridad de las terapias cognitivas sobre las otras. Otros datos indican ventajas sus- tanciales para la psicoterapia cognitiva en términos de índices de recaída una vez que la intervención terapéutica había terminado (Beck, 1993). Una tercera tendencia científica pertenece a enlaces más cercanos entre la psicología clínica y la neurociencia. Estos desarrollos tienen implicaciones para el diagnóstico de la psicopatología (Hartlage y DeFilippis, 1983) y el desarrollo de tratamientos psicofar- tnacológicos (Julien, 1988), pero también levanta una cuestión en cuanto al lugar apro- piado de la psicología. De manera específica, los reduccionistas afirman que la psicología y otras disciplinas de las ciencias sociales deben ser "reducidas" a disciplinas más fun- damentales, primero la neuropsicología y últimamente la bioquímica. Un desarrollo pertenece a la sofisticada instrumentación que se utiliza para estudiar el cerebro, ya sea de manera estadística o dinámica —exploraciones con Tomografía Axial Computarizada (TAC), exploración con Tomografía de Emisión de Positrones (TEP), Imagen de Resonancia Magnética (IRM) y estudios autorradiográficos utilizando indicadores radiactivos—. Estos procedimientos son poco invasivos y requieren tecno- logía avanzada, lo que puede ser costoso, pero que juntos permiten la evaluación de una estructura y de una función. Utilizando tales instrumentos, por ejemplo, Philip Seeman en la Universidad de Toronto reportó en 1993 que él y sus colegas habían descu- bierto anormalidades en una cierta clase de receptores de dopamina a través de examinaciones posmortem de los cerebros de los esquizofrénicos. Estos individuos tenían demasiados receptores D4, que permiten al cerebro utilizar el neurotransmisor dopamina. Tal tecnología, sin embargo, no carece de dificultades. Franzen (1989) le recuerda a in- vestigadores y practicantes que estas técnicas, aunque tecnológicamente sofisticadas, requieren evidencia evaluativa al igual que las tradicionales mediciones de papel y lá- piz. De manera más específica, la evidencia para la veracidad, la validez y las normas deben ser proporcionadas como sea posible con técnicas modernas de imagen cerebral. La tecnología avanzada no puede sustituirse por evaluación informada de procedimien- tos de medición. 304 Capitulo 8 Enfoque profesional Este enfoque concierne a la práctica profesional de la psicología. El rápido crecimiento en cantidad y en poder resultante de los provedores del cuidado de la salud dentro de la psicología organizada es un fenómeno que ha causado cierta preocupación. Las princi- pales divisiones de la APA a las que los psicólogos clínicos pertenecen en Estados Unidos incluyen la 12 (Clínica; fundada, 1938; 5 911 miembros -1990), la 29 (Psicotera- pia; fundada, 1945 en la reorganización posguerra de la APA; 4 974 miembros -1990), la 39 (Psicoanálisis; fundada, 1980; 2 773 miembros -1990) y la 42 (Práctica independiente; fundada, 1982; 5 075 miembros, -1990). Existe ciertamente una superposición en membresía entre las divisiones representadas en estos números, pero los números como una fracción del total de la membresía de la APA son más grandes y van en constante crecimiento desde 1945. Tendencias similares se observan en otros países (Fichter y Wittchen, 1980). El entrenamiento para la graduación de los psicólogos clínicos (y otras áreas nomi- nalmente aplicadas) cambia con periodicidad entre el énfasis científico y el profesional. Una manifestación de este cambio ha sido el desarrollo del tan nombrado enfoque rodante (Raimy, 1950), el cual es también llamado modelo científico-practicante. El enfoque se desarrolló como resultado de una conf