GT Ecologia Politica Tomo II | America latina | Honduras | Avaliação gratuita de 30 dias | Scribd
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Lomo 2,7cm.

COLECCIN GRUPOS DE TRABAJO

La Ecologa Poltica de Amrica Latina desde su emergencia se viene

ECOLOGA POLTICA
constituyendo en una relacin activa de permanente intercambio y
retroalimentacin con los muy diversos movimientos y luchas que VOL. 2
protagonizan conflictos en diferentes escalas y circunstancias, reco-

LATINOAMERICANA
giendo las crticas a los modelos de desarrollo de vigencia hegem-
nica y delineando con ellos otros futuros posibles.

ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA


En este sentido, los dos volmenes que presentamos mantienen el
dilogo sobre los debates epistemolgicos de la Ecologa Poltica

Pensamiento crtico,
latinoamericana a la vez que se entrocan con las prcticas tericas,
polticas y territoriales, que han caracterizado a nuestra regin. Esta

diferencia latinoamericana
marca de origen, se basa en la conviccin del vnculo, por momentos
tenso y conflictivo pero tambin creativo y productivo, entre el im-

y rearticulacin epistmica
perativo del refinamiento de las herramientas terico-polticas para
asumir el anlisis crtico y la construccin sostenida de alternativas
frente al saqueo, el despojo y la devastacin socio-ambiental.

De la Presentacin de Catalina Toro Prez y Facundo Martn.

HCTOR ALIMONDA, CATALINA TORO PREZ


Y FACUNDO MARTN (Coordinadores)

Ismael Moreno Coto, S.J. | Joan Martnez-Alier |


Carlos Walter Porto-Gonalves | Edgardo Lander |
Grettel Navas | Emiliano Teran Mantovani |
Catalina Toro Prez | Milson Betancourt Santiago |
Horacio Machado Aroz | Mina Lorena Navarro
Trujillo | Gabriela Merlinsky | Germn Palacio |
Elizabeth Hennessy | Raquel Neyra | Alberto
Vargas | Julio Carrizosa | Guillermo Castro H. |
Maristella Svampa | Ariel M. Slipak | Elizabeth
Bravo | Melisa Argento | Florencia Puentes

Alimonda VOLUMEN 2
ISBN 978-987-722-270-8
5 Toro Prez
Martn

9 789877 222807
COLECCIN GRUPOS DE TRABAJO

Formato 15,5 x 22,5cm.


ECOLOGA POLTICA
LATINOAMERICANA

VOLUMEN II
IN MEMORIAM
BERTA CCERES (1972-2016)
Ecologa poltica latinoamericana : pensamiento crtico, diferencia
latinoamericana y rearticulacin epistmica / Hctor Alimonda ... [et al.] ;
coordinacin general de Hctor Alimonda ; Catalina Toro Prez ; Facundo
Martn. - 1a ed . - Ciudad Autnoma de Buenos Aires : CLACSO; Mxico :
Universidad Autnoma Metropolitana ; Ciudad Autnoma de Buenos Aires:
Ciccus, 2017.
Libro digital, PDF - (Grupos de trabajo)

Archivo Digital: descarga y online


ISBN 978-987-722-274-6

1. Ecologa. 2. Amrica Latina. I. Alimonda, Hctor II. Alimonda, Hctor,


coord. III. Toro Prez, Catalina, coord. IV. Martn, Facundo, coord.
CDD 558

Ecologa poltica latinoamericana : pensamiento crtico, diferencia


latinoamericana y rearticulacin epistmica / Joan Martnez-Alier ...
[et al.] ; coordinacin general de Hctor Alimonda ; Catalina Toro Prez ;
Facundo Martn. - 1a ed . - Ciudad Autnoma de Buenos Aires : CLACSO;
Mxico : Universidad Autnoma Metropolitana ; Ciudad Autnoma de
Buenos Aires: Ciccus, 2017.
Libro digital, PDF - (Grupos de trabajo)

Archivo Digital: descarga y online


ISBN 978-987-722-280-7

1. Ecologa. 2. Amrica Latina. I. Martnez-Alier, Joan, II. Alimonda, Hctor,


coord. III. Toro Prez, Catalina, coord. IV. Martn, Facundo, coord.
CDD 558

Otros descriptores asignados por CLACSO:


Ecologa Poltica / Extractivismo / Ambientalismo / Ciudadana /
Movimientos Sociales / Polticas Pblicas / Transnacionales /
Amrica Latina
Coleccin Grupos de Trabajo

ECOLOGA POLTICA
LATINOAMERICANA

PENSAMIENTO CRTICO,
DIFERENCIA LATINOAMERICANA
Y REARTICULACIN EPISTMICA

Hctor Alimonda,
Catalina Toro Prez, Facundo Martn
(Coordinadores)

Joan Martnez-Alier | Carlos Walter Porto-Gonalves


Edgardo Lander | Grettel Navas | Emiliano Teran Mantovani
Catalina Toro Prez | Milson Betancourt Santiago
Horacio Machado Aroz | Mina Lorena Navarro Trujillo
Gabriela Merlinsky | Germn Palacio | Elizabeth Hennessy
Raquel Neyra | Alberto Vargas | Julio Carrizosa
Guillermo Castro Herrera | Maristella Svampa
Ariel M. Slipak | Elizabeth Bravo
Melisa Argento | Florencia Puentes
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Primera edicin
Ecologa Poltica Latinoamericana: pensamiento crtico, diferencia latinoamericana y rearticulacin epistmica
(Buenos Aires: CLACSO, octubre de 2017)

ISBN 978-987-722-274-6
ISBN 978-987-722-280-7
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NDICE

Catalina Toro Prez, Facundo Martn


Presentacin 13

Ismael Moreno Coto, S.J.


Homenaje A Berta Cceres 23

EXTRACTIVISMOS: LUCHAS POR LA TIERRA


Y MOVIMIENTOS EMANCIPATORIOS EN CLAVE SUR

Joan Martnez-Alier, Grettel Navas


La represin contra el movimiento global de Justicia Ambiental: algunas
ecologistas asesinadas 29

Carlos Walter Porto-Gonalves


Lucha por la tierra. Lucha por la Tierra 53

Edgardo Lander
Neoextractivismo: Debates y conflictos en los pases
con gobiernos progresistas en suramrica 79

Emiliano Teran Mantovani


Geografa de conflictos socio-ambientales en Venezuela: Petro-Estado,
crisis histrica y las nuevas fronteras de los commodities 93

Catalina Toro Prez


La Mosquitia: ltima Frontera Imperial? 117

Raquel Neyra
Extractivismo y conflictos socioambientales en el Per 159

Milson Betancourt Santiago, Carlos Walter Porto-Gonalves


Cuestiones crticas sobre extractivismo y productivismo: un anlisis
desde el pensamiento crtico, la ecologa poltica y las prcticas polticas
de los grupos subalternizados 177
RUPTURA EPISTMICA, DEFENSAS DE LO COMN
Y JUSTICIA AMBIENTAL EN LA ECOLOGA POLTICA
LATINOAMERICANA

Horacio Machado Aroz


Amrica Latina y la Ecologa Poltica del Sur. Luchas de re-existencia,
revolucin epistmica y migracin civilizatoria 193

Mina Lorena Navarro Trujillo


Despojo capitalista y luchas por lo comn en defensa de la vida
en Mxico 225

Gabriela Merlinsky
Los movimientos de justicia ambiental y la defensa de lo comn
en Amrica Latina. Cinco tesis en elaboracin 241

Germn Palacio, Alberto Vargas, Elizabeth Hennessy


Antropoceno o Capitaloceno en friccin. Des-Encuentros
entre Geociencias e Historia 265

Julio Carrizosa Umaa


Complejidad, ecologa y poltica en Amrica Latina 289

Guillermo Castro Herrera


Socialidad y colonialidad en la cultura de la naturaleza
en nuestra Amrica 297

Milson Betancourt Santiago


Colonialidad territorial y conflictividad en Abya Yala / Amrica Latina 303

DE WASHINGTON A BEIJING: NUEVAS FRONTERAS


DE LOS COMMODITIES EN UN MUNDO MULTIPOLAR

Maristella Svampa, Ariel Slipak


China en Amrica Latina: del Consenso de los Commodities
al Consenso de Beijing 353

Elizabeth Bravo
La concentracin corporativa en la industria de semillas hortcolas 385

Melisa Argento, Florencia Puente, Ariel Slipak


Qu debates esconde la explotacin del litio en el noroeste argentino?
Perspectivas y proyecciones sobre la
dinmica empresas-estado-comunidad 403
Ya va a venir el da, ponte el alma.

Csar Vallejo

Pero cuidado, mis amigos, con envolveros en la


seda de la
poesa
igual que en un capullo...
No olvidis que la poesa,
si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,
es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin
fin,
cruzada o crucificada, si queris, por los llamados
sin fin
y tendida humildemente, humildemente, para el
invento del
amor

Juan L. Ortiz

11
Catalina Toro Prez, Facundo Martn

PRESENTACIN

En pocos anos, la Ecologa Poltica en America Latina ha dejado


de ser una propuesta algo exotica de algunos especialistas para ir
adquiriendo, al mismo tiempo que una afirmacion de su presen-
cia legitima en el medio academico, una relevancia notable en las
demandas del espacio publico. Esto, evidentemente, acompana
la conflictividad creciente del tema ambiental en la region y en el
mundo. Segun opiniones autorizadas (como la de Joan Martinez-
Alier) la Ecologia Politica latinoamericana es un terreno de pensa-
miento propio con relevancia internacional. Se trata de un campo
de analisis, critica y enunciacion plural, que se fue constituyendo
a partir de la conformacion de redes academicas latinoamerica-
nas, ubicadas en relacion de continuidad con las tradiciones regio-
nales de pensamiento critico y con la problematica compleja de la
construccion de la identidad de nuestras sociedades. Esta Ecologa
Politica es tributaria de la historia latinoamericana, y se propone
reescribir la historia de la region, en diferentes dimensiones, a partir
de la reconstruccion de las relaciones entre sociedades, culturas y
naturalezas. A partir del abordaje de las relaciones sociedad na-
turaleza bajo una perspectiva terica interdisciplinaria construida
en la interseccin entre la historia ambiental y poltica, la geografa

13
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

crtica, los estudios culturales y el pensamiento ambiental, busca


ajustar cuentas hacia atrs, expandir el presente y disear futuros al
patrn occidental-moderno.
Al mismo tiempo, la Ecologia Politica de America Latina desde
su emergencia se viene constituyendo en una relacion activa de per-
manente intercambio y retroalimentacion con los muy diversos mo-
vimientos y luchas que protagonizan conflictos en diferentes escalas
y circunstancias, recogiendo las criticas a los modelos de desarrollo
de vigencia hegemonica y delineando con ellos otros futuros posibles.
En este sentido, los dos volmenes que presentamos mantienen
el dilogo sobre los debates epistemolgicos de la Ecologa Poltica
Latinoamericana a la vez que se entrocan con las prcticas tericas,
polticas y territoriales, que han caracterizado a nuestra regin. Esta
marca de origen, se basa en la conviccin del vnculo, por momentos
tenso y conflictivo pero tambin creativo y productivo, entre el im-
perativo del refinamiento de las herramientas terico-polticas para
asumir el anlisis crtico y la construccin sostenida de alternativas
frente al saqueo, el despojo y la devastacin socio-ambiental.
Existe en Amrica Latina todo un pensamiento poltico ambien-
tal complejo (Leff), que no slo aporta a la comprensin de estas
dinmicas en nuestra regin, sino que contribuye a la comprensin
global e histrica de estos problemas (Alimonda, Castro H., Palacio).
Igualmente existe un acumulado de experiencias de lucha por la r-
existencia territorial desde los movimientos sociales frente al despojo
y la devastacin socio-ambiental (Porto-Gonalves).
Uno de los grandes desafos de esta obra reciente de investiga-
dores y activistas latinoamericanos es el de recoger y acompaar las
dinmicas del ecologismo popular del continente, que renuevan y mu-
chas veces desafan las propuestas de los autores ms citados en los
crculos acadmicos.
Consideramos que hace falta reconocer, fortalecer y legitimar es-
tos saberes, marcos tericos-polticos y prcticas contra-hegemnicas
que emergen de las experiencias de lucha y resistencia de nuestra re-
gin. Este es el principal desafo acadmico y poltico que se propuso
asumir el Grupo de Trabajo Ecologa Poltica desde Amrica Latina /
Abya Yala.
Por otra parte, sostenemos que es necesario superar la concep-
cin y denominacin de recursos naturales, que supone por un
lado un marcado antropocentrismo jerrquico, y por otro, fortalece
la ideologa funcionalista que tiene el capital sobre estos bienes, con-
cebidos como meros recursos. Considerar estos bienes, como como
comunes, significa que no puede recaer sobre ellos ninguna forma de
privatizacin. Disputar de entrada esta nocin, permite abrirle paso a

14
Catalina Toro Prez, Facundo Martn

la idea de bienes comunes, coloca en el centro de la discusin el carc-


ter relacional comunitario y colectivo que histrica y geogrficamente
los pueblos han establecido con los bienes comunes y otras fuentes y
medios de existencia, para garantizar la reproduccin de la vida.
Un importante desafo terico-poltico y prctico del Grupo de
Trabajo consiste en fortalecer un dilogo constructivo de saberes en-
tre la academia y los movimientos sociales, pues en Amrica Latina
y el Caribe, estos movimientos, especialmente los de base territorial
campesina e indgena, vienen haciendo importantes aportes a la com-
prensin de estas dinmicas y a la accin organizada de resistencia ac-
tiva. Las pautas colocadas por el pacto campesino-indgena atrs del
ascenso del gobierno de Evo Morales en Bolivia, las reivindicaciones
de la Conaie en Ecuador, los postulados de los Zapatistas en Mxico o
del movimiento indgena del Cauca, para citar solo algunos ejemplos,
constituyen un acumulado de aportes polticos y epistmicos de estos
movimientos sociales reconocidos mundialmente (Santos, Alier), pero
no siempre suficientemente valorizados por la academia. Este Grupo
apuesta por un verdadero y fructfero dilogo de saberes al interior de
la Ecologa Poltica, por ello el apellido del GT no es casual, Ecologa
Poltica desde Amrica Latina / Abya Yala, pues se coloca del lado cr-
tico, tanto del capitalismo, como de los nuevos/viejos colonialismos.
El lector tiene en sus manos el fruto de reflexiones y debates pre-
sentados en una serie de encuentros que se desarrollaron entre los
aos 2014 y 2017 en el marco del Grupo de Trabajo.
En mayo de 2014, como Coordinadora del Grupo de Trabajo
Catalina Toro Prez organiza en Bogot y San Andrs, Colombia el
Seminario Desarrollo, extractivismo y conflicto en Amrica Latina y el
Caribe: una mirada desde la Ecologa Poltica. El evento se llevo a cabo
con la participacion de varios invitados internacionales, nacionales y
locales y fue coorganizadoen conjunto con la Universidad Nacional de
Colombia: Instituto de Estudios Caribenos, Grupo Estado y Sociedad
del Caribe, Sede Caribe; el Grupo Derecho y Politica Ambiental, UNIJUS
- Facultad de Derecho, Ciencias Politicas y Sociales, Sede Bogota y; el
Instituto de Estudios Ambientales IDEA, Observatorio del Caribe.
En noviembre de 2014, Hctor Alimonda, con el apoyo de mu-
chos colegas y varias Universidades pblicas de Rio de Janeiro, orga-
niz el Seminario Internacional Ecologia Poltica na Amrica Latina:
Desafios prticos e tericos. En aquella oportunidad Enrique Leff tuvo
a su cargo la Conferencia Magistral donde desarroll algunos de los
aspectos que se presentan en su captulo. Asimismo presentaron ver-
siones previas de sus contribuciones Carlos Walter Porto-Gonalves,
Henri Acselrad, Gian Carlo Delgado Ramos, Gabriela Merlinsky, Mina
Lorena Navarro, Melissa Moreano y Horacio Machado Aroz.

15
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

En noviembre de 2015, tuvo lugar en Medelln, Colombia la VII


Conferencia Latinoamericana y Caribea de Ciencias Sociales, orga-
nizada por CLACSO. En ese marco el Grupo de Trabajo desarroll una
serie de paneles y mesas redondas donde estuvieron presentes Arturo
Escobar, Guillermo Castro H., Ana Patricia Noguera de Echeverri,
Carlos Walter Porto-Gonalves, Hctor Alimonda, Gabriela Merlinsky,
Catalina Toro Prez, Milson Betancourt y Elisabeth Bravo.

VOLUMEN II
Este segundo volumen titulado Ecologa Poltica Latinoamericana.
Pensamiento crtico y horizontes emancipatorios en clave sur, contiene
17 captulos organizados en tres partes.
La Primera parte de este Volmen: Extractivismos: Lucha por la
Tierra y Movimientos emancipatorios en clave sur, da cuenta del gran
desafo que tiene el movimiento global de Justicia Ambiental. Seala
la importancia de la construccin de poder popular en el marco de
nuevas relaciones de gnero, de luchas contra el capitalismo, el pa-
triarcado y el extractivismo, en Amrica Latina y El Caribe. Uno de los
movimientos emblemticos es el COPINH una de las organizaciones
promotoras y dinamizadoras de los foros mesoamericanos y continen-
tales de cuyo seno emerge la figura emblemtica de Berta Cceres a
quien le dedicamos este nmero. El artculo de Joan Martnez-Alier y
Grettel Navas, nos muestra que Berta no es el nico caso. Existen ms
ecologistas asesinados alrededor del mundo, y particularmente son las
mujeres, las protagonistas de esta nueva fase de criminalizacin de la
protesta social articulada a la defensa de la tierra y el territorio. A tra-
vs del estudio de casos de Colombia, Honduras, Guatemala, Mxico,
Chile, Brasil, Bangladesh y Filipinas, Tailandia y Espaa, presentan
en este captulo nuevas formas de represin contra los defensores de
la naturaleza, los derechos territoriales indgenas, que hacen parte
de este movimiento, aunque no lo sepan de cierto, Global de Justicia
Ambiental. Desde una perspectiva de la ecologa poltica feminista el
artculo propone estudiar los distintos lenguajes de valoracin de los
conflictos socio-ambientales apoyndose en investigaciones sobre la
violencia y el miedo como mtodos para conseguir una paz social o
bien una distribucin ecolgicamente desigual. Carlos Walter Porto-
Gonalves en su captulo: Lucha por la tierra. Ruptura metablica y
reapropiacin social de la Naturaleza, va a plantear que la lucha por
la tierra es mucho ms que la lucha por un medio de produccin. Es
sobre todo la lucha por un determinado horizonte de sentido de co-
munidad para la vida con la tierra, entendida como territorio. Ello
significa una lucha por la Tierra, cuyo colapso se manifiesta por la
ruptura metablica a la que la racionalidad tecno-cientifica subordina

16
Catalina Toro Prez, Facundo Martn

la acumulacion incesante de capital y su productivismo: Una racio-


nalidad que tiene sus orgenes en la oposicin campo-ciudad, como
expresin intrnseca de la colonialidad del saber/poder que se expresa
en la ruptura metablica de las relaciones entre sociedad y naturaleza
en la revolucin industrial. Con la urbano-industrializacin de la agri-
cultura, la mecanizacin y la utilizacin de la qumica, el mundo rural
va ser colonizado y desplazados los diversos saberes ancestrales teji-
dos por mltiples comunidades tnicas y campesinas. El mundo rural
va ser a partir de all, metablicamente gobernado por una razn
tecno-cientfica urbana que va a profundizar la tensin entre el tiem-
po de la modernizacin-colonizacin del mundo rural y los tiempos
de las comunidades locales. Es en el contexto de tensiones, conflic-
tos, rebeliones y revoluciones generadas en el contexto de esta tensin
que se van a generar nuevos bastiones de resistencia o r-existencia
incorporando nuevos horizontes de sentidos propios contra el invasor.
Frente a un nico modelo de poder, frente al caos sistmico y la
aguda crisis epistmica en la separacion sociedad-naturaleza Porto-
Goncalves, propone una reapropiacin social de la naturaleza que exi-
ge superar la lucha por la tierra para luchar por la Tierra.
Edgardo Lander, y Emiliano Teran Mantovani, van a plantear los
debates y conflictos socio-ambientales en relacin con el Extractivismo
en los pases con gobiernos progresistas: Para ello se parte de una gran
discusin en el seno de las izquierdas: por una parte hay una tenden-
cia a privilegiar las agendas del antiimperialismo, del neoliberalismo,
de la recuperacin del Estado sin priorizar los temas como el patriar-
cado, la interculturalidad, el racismo, el antropocentrismo, las auto-
nomas territoriales y las implicaciones ambientales, sociales y territo-
riales, asociadas al modelo extractivista capitalista. La otra tendencia
afirma la necesidad de incorporar a las luchas contra el capitalismo
estas otras dimensiones. Y expresan que son insuficientes los instru-
mentos tericos y las polticas que en el pasado parecieran suficientes
para enfrentarlo. Se trata de asumir retos de carcter civilizatorio que
pasan por abordar la geo-cultura de la modernidad. Ello significa un
cuestionamiento a los procesos de crecimiento econmico capitalista
en los pases progresistas versus las transformaciones civilizatorias que
se requieren frente a grandes desafos como el cambio climtico. De all
que se pregunten porque los gobiernos autoproclamados anticapitalis-
tas y revolucionarios profundizan el modelo de renta petrolera, cuando
es evidente la necesidad de dejar de explotar las reservas probadas de
hidrocarburos para contener el aumento en 2 grados de la temperatura
existente en el planeta. Cmo explicar la avanzada en reas protegi-
das en territorio de comunidades indgenas y campesinos, conociendo
los devastadores impactos de este modelo extractivista depredador en

17
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

el planeta? Emiliano Teran Mantovani intenta visibilizar las luchas y


conflictos socio-ambientales que se generan en el contexto de la pro-
duccion y transformacion del territorio en Venezuela. En su artcu-
lo muestra como una serie de patrones histrico-culturales de poder
asociados al Petro-Estado y una serie de disputas territoriales generan
una situacin de injusticia ambiental en Venezuela en el contexto de
una crisis a escala nacional que ha posibilitado la emergencia de nue-
vos actores, vinculados a economas subterrneas resaltando el creci-
miento de la minera ilegal. Ello afecta an ms la situacin social y
el espacio de construccin de nuevas valoraciones y subjetividades as
como los escenarios de luchas socio-ambientales, que sin embargo se
articulan a los movimientos de justicia ambiental latinoamericano. Si
bien el Grupo de Trabajo de Ecologa Poltica desde Amrica Latina ha
abordado el Extractivismo en el rea Andina, el Cono sur y Mxico,
son recientes los trabajos que abordan el Caribe, espacio que compar-
ten pases como Colombia, Nicaragua, Panam, Costa Rica, Jamaica
y Honduras. En un trabajo de ms de tres aos Catalina Toro Prez,
propone reconstruir la historia del colonialismo/extractivismo en este
denominado Caribe Occidental en donde se enfrentan hoy dinmicas
de extraccion y explotacion minera y petrolera en tierra y mar con
prcticas de racismo ambiental. La subalternizacin de las poblacio-
nes originarias asociadas a contextos post-exclavistas va a expresar esta
colonizacin-reorganizacin selectiva de la sociedad del conocimien-
to a travs del ejercicio diversificado de la violencia que profundiza
hoy la geopoltica imperial del extractivismo en la regin. Sin embargo,
la comunidad creole, indgena, campesina se revela compartiendo una
cultura comn de defensa de la tierra-territorio y el mar-maritorio con
otras poblaciones del Caribe: lenguas, formas musicales, sincretismos
religiosos que expresan formas de relacin entre sociedad-naturaleza y
cultura. Para finalizar esta primera parte del Volumen II, Raquel Neyra
aborda los numerosos conflictos socio ambientales que existen en el
Per articulados al modelo extractivista en la regin andina desde los
ltimos veinte aos. La extraccin de energa y de materiales de las
entraas de Per, es decir, el aumento y los cambios del metabolismo
social en una economa extractivista no es nueva; sin embargo es ms
voluminosa que nunca y se enmarca dentro de la implantacin del neo-
liberalismo y el rol aceptado por este pas en la acumulacin de capital
a nivel mundial. Finalmente, a partir de un cuestionamiento terico y
poltico al concepto de Extractivismo, Carlos Walter Porto-Gonalves y
Milson Betancourt nos llaman la atencin sobre los impactos polticos
y analticos que se desprenden del uso y abuso de esta nocin con la
que se define y explica los recientes procesos de despojo y devastacin
ambiental y humana de la economa dominante.

18
Catalina Toro Prez, Facundo Martn

En la segunda parte, Ruptura Epistmica, Defensas de lo Comn


y Justicia Ambiental en la Ecologa Poltica Latinoamericana, Horacio
Machado Aroz, presenta una reflexin sobre la nocin de crisis
ecolgico-civilizatoria con el fin superar la banalizacin de la com-
prensin de la crisis, su vaciamiento y su completa naturalizacin.
Esta preocupacin conlleva sealar que la depredacin como prcti-
ca generalizada de relacionamiento de la Naturaleza produce la ero-
sin de la humanidad de lo humano; es decir, de in-humanizacin/
des-humanizacin. De all que los impactos macro-geopolticos de la
Tierra sean tan decisivos como los impactos a nivel micro-biopoltico:
en las estructuras mas elementales de la percepcin y sensibilidad
de los cuerpos. En ese sentido propone humanizar-nos en comn y
despatriarcalizar-nos para volver-nos, sentir-nos y saber-nos tierra en
comn. En trminos de la Defensa de lo comn, la experiencia mexi-
cana relacionada con la actual ofensiva de despojo mltiple sobre los
territorios y medios de existencia impulsada por el capital nacional
y trasnacional, agravada por la emergencia de actores ligados a eco-
nomas delincuenciales y criminales ha supuesto para Mina Lorena
Navarro, la construccin de una categora explicativa de estas dinmi-
cas: el dispositivo expropiatorio como un abanico de estrategias jur-
dicas de cooptacin, disciplinamiento y divisin de las comunidades
para garantizar a cualquier costo la apertura de nuevos espacios de
explotacin y mercantilizacin. Aunque este escenario de violencia,
agresividad y voracidad se ha recrudecido en Mxico, existen proce-
sos de auto-organizacin y resistencia comunitaria de ciertas tramas
indgenas y campesinas en lucha contra el despojo capitalista. En este
sentido, haciendo nfasis en ciertas capacidades orientadas hacia la
produccin de lo comn, Gabriela Merlinsky propone cinco tesis para
la defensa de lo comn en Amrica Latina como un poderoso cataliza-
dor de la accin colectiva a partir de tres elementos: La produccin de
conocimiento colectivo, la deliberacin como espacio de experimen-
tacin y la demanda por reconocimiento. La autora seala un punto
clave en la construccin de los marcos que definen la justicia ambien-
tal en relacin con el anlisis de formas de entender el conflicto para
pensar colectivamente los horizontes emancipatorios. Ello significa
tambin, pensarnos desde lo local, los distintos sentidos de lo global,
como una propuesta para generar una ruptura epistmica. Germn
Palacio, Alberto Vargas y Elizabeth Hennessy proponen a este respec-
to, una discusin sobre el entendimiento de la Tierra, del Mundo, de lo
Global, desde la friccin global-local del Sistema Ecologa Mundo, des-
de el neo-trpico. Para esta comprensin compleja del sistema mundo
capitalista (Capitaloceno) los autores proponen en el contexto de una
poca de dramtico cambio ambiental, abordar de nuevo el encuentro

19
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

de las ciencias naturales y sociales abordar los problemas ambientales


desde una geologa-histrica. Julio Carrizosa, propone en su arculo,
superar las simplificaciones de las teoras del desarrollo, las miradas
desde lo global desde los centros de poder, y para ello acude al ser/ver
perspectivistico de Nietzsche: Solo hay un ver perspectivistico, solo
un conocer perspectivistico y cuantas ms emociones dejemos que to-
men la palabra acerca de una cosa, cuantos ms ojos, diferentes, sepa-
mos emplear para una misma cosa, tanto ms complejo, ser nuestro
concepto de esa cosa y nuestra objetividad (citado por el autor). En
ese sentido propone recuperar la complejidad latinoamericana para
confrontar las antiguas recetas europeas y norteamericanas fallidas y
empezar a pensarse desde los territorios. Guillermo Castro, aborda las
crisis de las visiones que enfrentan las sociedades latinoamericanas
en su relaciones con su entorno natural, a partir de la fractura entre
formas de organizacin de la cultura entre quienes dominan y quie-
nes padecen las formas de organizacin de las relaciones de nuestras
sociedades y su entorno natural: Una fractura que se expresa en la
coexistencia a veces pasiva a veces antagnica entre una cultura nor-
atlntica como la de la civilizacin contra la barbarie, del progreso
contra el atraso, desarrollo y el subdesarrollo despus, y un conjunto
de culturas subordinadas que han desarrollados visiones armnicas de
relacin con el mundo natural. Finalmente Milson Betancourt integra
un amplio marco de interpretacin de la relacin entre Colonialidad
territorial y Conflictividad en Amrica Latina a partir de la triada:
Territorio-Territorialidad-Territorializacin sealando la importancia
del giro espacial reciente y el giro territorial latinoamericano que
le han hecho a la teora social crtica y con ello generado una ruptura
epistmica abriendo espacios para la construccin de lo comn desde
los territorios.
La tercera y ltima parte, De Washington a Beijing: Nuevas
Fronteras de los Commodities en un mundo bipolar, propone el anlisis
de los principales cambios de caracter econmico transcurridos desde
el tradicional Norte Global , con el declive de los Estados Unidos y
los paises del G7 tras la crisis economica y financiera del 2008, hacia
los paises Asia-Pacfico, especialmente el caso de la Repblica Popular
de China. Maristella Svampa y Ariel Slipak, proponen un anlisis del
escenario de asenso de China en el orden global para luego carac-
terizar su relacin con Amrica Latina a partir de los flujos de IED
(Inversion Extranjera Directa). Al plantear el caracter estratgico
del vnculo los autores proponen una transicion en Amrica Latina,
de una epoca regida por el Consenso de los Commodities hacia el
Consenso de Beijing. Elizabeth Bravo aborda el problema de la con-
centracin corporativa de las semillas, su conversin en commodities,

20
Catalina Toro Prez, Facundo Martn

y como ello afecta las practicas culturales de conservacin, mejora-


miento y libre intercambio de semillas, las condiciones ecologicas de
produccin y reproduccin, asi como las trayectorias de practicas cul-
turales y relaciones de intercambio social en Amrica Latina. (Aistara,
2011). Con el endurecimiento de las normas de propiedad intelectual,
registro obligatorio y certificacin de semillas, la autora demuestra
como la industria semilleras a a nivel internacional (Estados Unidos,
China, Alemania, Francia) se apropia, concentra y desplaza la pro-
duccion, reproduccin e intercambio de semillas criollas en Ecuador.
Finalmente Melisa Argento, Florencia Puente y Ariel Slipak, analizan
la relacion Empresas-Estado-Comunidad en relacion con la explota-
cion del Litio (el nuevo oro blanco) en el Noroeste Argentino. El litio
se convierte en el contexto de una transicin energetica mundial, en
un material estrategico tanto para el uso de celulares, notebooks, has-
ta los autos hbridos. En una economia de post-desarrollo los proyec-
tos de implementacion de formas de energia sustentable, elica, solar
e hdrica, la bateria de litio se convierte en un elemento fundamental
para la trasmision y almacenamiento de energia. Los autores propo-
nen evidenciar la dimension social de la promesa del desarrollo que
ha desatado los emprendimientos extractivos del litio en la regin, los
conflictos que emergen en los procesos de extension de las agendas
economicas de empresas y Estado asi como las luchas y resistencias
de comunidades indigenas que defienden la sustentabilidad y la repro-
duccion de sus formas de vida en la region.

21
Ismael Moreno Coto, S.J.

HOMENAJE A BERTA CCERES


LA EMBLEMTICA SILUETA
DE BERTA CCERES ENCARNADA
EN LA LUCHA DEL COPINH

A comienzos de la dcada de los noventa del siglo pasado, cuando


todo pareca derrumbarse en las izquierdas latinoamericanas tras el
grito neoliberal del fin de la historia de Fukuyama, en las agres-
tes montaas occidentales de Honduras y entre las discriminadas
comunidades lencas, emergi el Consejo Cvico de Organizaciones
Populares e Indgenas de Honduras, conocido a partir del ao 1993
como el COPINH.
El COPINH naci caminando. Fue reconocido por las peregrina-
ciones hacia la capital de la Repblica. Caminatas de doscientos kil-
metros. Enormes columnas de indgenas sin prisa, con sus tortillas de
maz, sus huevos cocidos, su dulce, sus velas y sus hierbas aromticas
para sus ceremoniales.
La agonizante izquierda qued perpleja ante la fuerza y deman-
das de COPINH. La tambaleante dirigencia de la izquierda no logra-
ba encontrar categoras de anlisis para interpretar un movimiento
con una participacin masiva de las mujeres y con demandas que
nada tenan que ver con salarios ni estabilidad laboral, sino con la
construccin de carreteras, escuelas, tendidos de energa elctrica,

* Sacerdote jesuita y activista por los derechos ambientales humanos hondureo,


ms conocido como el "Padre Melo".

23
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

insumos para cultivos, respeto a la cultura ancestral, a los territorios


y bienes naturales amenazados por compaas extractivas.
La cada de los clsicos paradigmas polticos abri las puertas a
la irrupcin de un nuevo paradigma, basado no en el partido polti-
co tradicional y en los sindicatos, sino en movimientos territoriales,
tnicos, juveniles, feministas, de gnero, ambientalistas y ecolgi-
cos. Movimientos con dirigencias diversas no nicamente conduci-
das por hombres y por gente mayor, con sustento organizativo en
la comunidad territorial, con una decisin firme de buscar no solo
la toma del poder del Estado, sino de construir poder desde abajo,
compartido entre hombres y mujeres en el marco de nuevas relacio-
nes de gnero, y contrarrestar el capitalismo en su expresin neoli-
beral a partir primordialmente de la defensa de los territorios y de
los bienes comunes de la naturaleza. Son movimientos que desde
su origen vinculan ntimamente la lucha poltica con la social, la de
gnero con la tnica, la lucha por la soberana del Estado con la so-
berana alimentaria, del territorio y del cuerpo de los seres humanos,
particularmente el de las mujeres.
Son movimientos que entienden la lucha poltica social y ambien-
tal desde el amor a la naturaleza y la tierra, con la que se relacio-
nan como su madre. Por eso la defienden y protegen sin importar los
costos, incluso la entrega de la vida. Su mstica es tanto tica como
poltica, su fe es tanto en los seres humanos postergados como en la
relacin trascendental con Dios y la Madre Tierra.
El COPINH naci en Honduras como la organizacin que simbo-
liza este nuevo paradigma. Berta Cceres fue el modelo de conducto-
ra, maestra de profesin, incursion antes de fundar COPINH en las
luchas salvadoreas de liberacin. Una vez firmados los acuerdos de
paz el 16 de enero de 1992, ella y otros luchadores hondureos lencas
decidieron retornar a sus tierras, y con la experiencia acumulada ms
el amor por su pueblo lenca, convocaron a las diversas comunidades
desparramadas por las serranas de los departamentos de Intibuc y
Lempira, en el occidente hondureo, y a finales de 1993 en asamblea
comunitaria popular fundaron el COPINH.
Desde su inicio el COPINH impuls sus luchas desde tres di-
mensiones ntimamente articuladas: una, la dimensin comunitaria
local, base originaria del trabajo y de la identidad primaria de la
organizacin. Dos, la dimensin nacional de articulacin con orga-
nizaciones populares y sociales de todo el pas. En este cuarto de
siglo, es muy difcil que haya ocurrido una accin de lucha en el pas
sin que el COPINH haya dejado de asistir. Las luchas de los negros,
de los campesinos, estudiantes, mujeres, indios topulanes, fueron
todas ellas alimentadas por la presencia, experiencia y mstica del

24
Ismael Moreno Coto, S.J

COPINH. Tres, la dimensin internacional. COPINH fue una de las


organizaciones promotoras y dinamizadoras de los foros mesoame-
ricanos y continentales, as como nunca falt su presencia en el foro
social mundial y en todas las instancias articuladoras de lucha con-
tra la militarizacin.
La silueta emblemtica de Berta emergi en ntima relacin con
el COPINH. Desde ese vnculo, Berta logr alcanzar un pensamiento
muy firme. Su lectura de la realidad, sus opciones, sus alianzas y sus
relaciones se basaron en su visin anticapitalista, anti racista y anti
patriarcal. La firmeza de su visin la hizo flexible en sus alianzas, en
sus relaciones, articulaciones y coordinaciones, y de acuerdo a sus
convicciones profundas supo ampliar inclusiones y apoyar instancias
de articulacin en base a prioridades.
En el marco de sus convicciones, Berta no excluy campos de lu-
cha, pero s estableca prioridades, acentuando aquellos espacios que
segn ella ms fortalecieran las luchas anticapitalistas, anti racistas
y anti patriarcales. Todas sus prioridades tenan los pies puestos en
el lugar de su pueblo lenca, y su organizacin, el COPINH. Desde ese
lugar se abri paso al pas y al mundo. Nunca se redujo a un lugar,
pero nunca dej de ser referente del lugar vital del pueblo lenca, su
territorio, sus bienes comunes y de la naturaleza, su cultura.
Fue promotora de las instancias de articulacin ms amplias de
Honduras. Desde la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular,
pasando por el Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia, el
FNRP, hasta que finalmente al momento de su asesinato, coordina-
ba la Plataforma de Movimientos Sociales de Honduras, sin dejar de
empujar las coordinaciones de pueblos indgenas, las organizacio-
nes feministas y la articulacin con instancias mesoamericanas, la-
tinoamericanas y caribeas, continentales y mundiales. Estuvo entre
las grandes impulsadoras del Foro Social Mesoamericano y el Foro
Social Mundial. Todo segn empujaran la lucha anticapitalista, anti
racista y anti patriarcal.
De acuerdo con el pensamiento y el modo de proceder de Berta
Cceres, la participacin en procesos electorales no puede quedar fue-
ra de los campos de lucha. Pero no puede ser prioridad en la lucha
popular. Su lectura y la participacin en el mismo han de estar ple-
namente subordinados a la construccin de una propuesta popular
unitaria de lucha con visin estratgica en base al trinomio que guia-
ba a Berta y a la consolidacin de un amplio frente de lucha popular
articulador de las demandas sociales y polticas de todos los sectores
populares y sociales hondureos.
Un proyecto hacia la construccin unitaria del movimiento po-
pular ha de partir del trinomio bertiano, y de su mtodo: mantener

25
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

la tensin entre compromisos insertos en la base social y desde all


abrirse con decisin hacia articulaciones y alianzas sectoriales, inter-
sectoriales, nacionales, mesoamericanas, continentales y mundiales.
La construccin de una propuesta unitaria popular ha de estar inserta
en una lectura nacional pero por igual con una lectura de los procesos
latinoamericanos. El capitalismo, el racismo, el patriarcado son uno
solo con concreciones histricas en los diversos pases y regiones. La
embestida del imperio no es nacional, tiene dimensiones continenta-
les y mundiales, y desde esos rasgos hemos de saber interpretar nues-
tro proceso nacional.
El 2 de marzo de 2016 el COPINH tuvo su mxima prueba de
vida, con el asesinato de Berta Cceres, y a partir de entonces carga
con la responsabilidad de dar continuidad a su mstica y pensamiento.
El objetivo de los asesinos era tanto el asesinato de la insobornable
mujer del pueblo lenca como la destruccin del COPINH. Mataron a
Berta, pero el COPINH es herencia de la lucha de Berta y de la mstica
ancestral del pueblo lenca.
Al estar conformada por seres humanos, la muerte de Berta
Cceres ha supuesto un duro golpe en la vida y estructura de COPINH.
Sin embargo, existe un espritu que se escapa a los asesinos y a los
enemigos de la lucha y la existencia de esta organizacin. Seguirn,
sin duda, asesinando dirigentes indgenas, campesinos y sociales, y se-
guirn persiguiendo y amenazando a las comunidades. Pero ninguna
fuerza poderosa podr destruir la memoria y pensamiento de Berta
Cceres y a una organizacin que est anclada en la mstica ancestral
de los pueblos originarios y en un espritu de amor a la Madre Tierra
que alimenta sus presentes y sus futuros.

26
EXTRACTIVISMOS:
LUCHAS POR LA TIERRA
Y MOVIMIENTOS EMANCIPATORIOS
EN CLAVE SUR
Joan Martnez-Alier*, Grettel Navas*

LA REPRESIN CONTRA EL MOVIMIENTO


GLOBAL DE JUSTICIA AMBIENTAL:
ALGUNAS ECOLOGISTAS ASESINADAS**

El 2 de marzo de 2016 asesinaron a Berta Cceres en su casa de ha-


bitacin ubicada en La Esperanza (Honduras). Berta fue una mujer
ecologista de larga trayectoria, su asesinato tuvo resonancia mundial,
especialmente en Amrica Latina. Un hito que no pas desapercibido
por la prensa internacional, aunque no es aislado. Cada ao, defen-
soras del medio ambiente, de la vida, son asesinadas alrededor del
mundo (Global Witness, 2014; 2015).
Cuando asesinaron a Berta, estaba acompaada de Gustavo
Castro (de la organizacin Otros Mundos, de Chiapas) que sobrevi-
vi casi indemne para explicar a la prensa lo sucedido. Posterior al
asesinato hubo intento de los instigadores para atribuir la muerte a
rias internas de la organizacin de Berta Cceres (COPINH), pero
estos intentos fracasaron. Gracias a la presin internacional y cartas
de apoyo, la financiacin de la represa de Agua Zarca, principal bas-
tin de lucha de Berta fue retirada. No obstante, su asesinato sigue en
la impunidad.

* EnvJustice-ICTA-UAB, Barcelona.
** Conferencia Proteccin de la biodiversidad como problema filosfico-jurdico,
Universidad de Medelln (Colombia), 18 marzo de 2017. Agradecemos la ayuda de
Camila Rolando, Brototi Roy, Sara Mingorra, Daniela Del Bene.

29
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Organizaciones como Global Witness (organizacin fundada en


1993) han realizado esfuerzos por contabilizar a los y a las ecologistas
asesinados alrededor del mundo y sus nombres merecen cada ao al
menos un breve espacio en la prensa mundial1. En este artculo, entre
el enfoque anecdtico y la enumeracin exhaustiva, entre lo llamativo y
lo sistemtico, entre lo episdico y lo temtico, entre lo sensacionalista
y lo casi cotidiano, entre lo individual y lo estructural, presentamos una
lista de mujeres ecologistas asesinadas. Recogemos nombres de muje-
res de distintas geografas en los ltimos veinte aos. Para ello hemos
seleccionado los casos de la lista de Defensoras de Derechos Humanos
publicada por AWID2, una organizacin feminista internacional. (Son
casos notorios que hemos incluido en el Atlas de Justicia Ambiental3,
una herramienta para el mapeo y anlisis de conflictos ecolgicos dis-
tributivos a nivel mundial (Martnez-Alier et al., 2016; Temper et al.,
2015). En el Atlas, cada caso est documentado con fuentes secundarias
o primarias, siendo un esfuerzo acadmico-activista.
Al crecer la economa y cambiar el metabolismo social, surgen
conflictos ecolgico-distributivos que llevan a protestas ambientales
que se expresan con diversos lenguajes de valoracin (Martnez-Alier,
2011) como por ejemplo valores sagrados de la naturaleza, demandas
de compensacin monetaria o derechos territoriales indgenas, entre
otros. Y la represin cae en diversos grados contra quienes protestan,
como integrantes que son, aunque no lo sepan de cierto, del movi-
miento global de justicia ambiental.
Los casos de asesinato de mujeres activistas enumerados en este
artculo responden a los diversos rubros que proporcionan insumos
de la economa: energa nuclear o de combustibles fsiles; minera de
metales; biomasa en la forma de palma de aceite; maderas y acuacul-
tura de camarones de exportacin; hidroelectricidad.
El EJAtlas fue lanzado con 920 casos en marzo de 2014 y en mar-
zo de 2017 ha llegado a 2050 (lleva un ritmo de una entrada diaria).
En l se pueden rastrear aquellos conflictos en los que las mujeres
estn expresamente presentes en la lista de actores sociales y al mis-
mo tiempo puede cruzarse esta informacin con los resultados de los
conflictos, uno de los cuales puede ser la muerte de los defensores

1 Enlaces a informes de Global Witness 2014 y 2015, Deadly Environments y On


Dangerous Grounds. <https://www.globalwitness.org/en/campaigns/environmental-
activists/deadly-environment/> <https://www.globalwitness.org/en/campaigns/environ-
mental-activists/dangerous-ground/>
2 Association for Womens Rights in Development (AWID) en <www.awid.org/
whrd-tribute>.
3 Environmental Justice Atlas disponible en: <www.ejatlas.org>

30
Joan Martnez-Alier, Grettel Navas

ambientales. A partir de ah, habra que leer caso por caso para ver si
aparecen nombres concretos de mujeres victimadas. En este trabajo
no hemos realizado todava esta exploracin sistemtica del EJAtlas
sino que hemos escogido y resumido algunos de la lista de AWID pre-
sentes en el EJAtlas. Los casos escogidos son de Colombia, Honduras,
Guatemala, Mxico, Chile, Brasil, Bangladesh, Filipinas, Tailandia y
Espaa. Aclaramos que hay ms mujeres activistas ambientales ase-
sinadas registradas en el EJAtlas pero no sabemos cuntas son con
exactitud, ni sus nombres. Y sin duda hay ms fuera del EJAtlas cuya
cobertura geogrfica es todava insuficiente y desigual.
Este artculo nace en el campo de la Ecologa Poltica que estudia
los conflictos ambientales, y particularmente pertenece a la ecologa
poltica feminista (Di Chiro, 1992; Agarwal, 1992; Rocheleau et al.,
1996; Stein, 2004; Svampa, 2015). Partimos adems de la clasifica-
cin del ambientalismo en tres corrientes (conservacionismo, eco-efi-
ciencia y ecologismo popular), estudiando los lenguajes de valoracin
que diversos actores sociales despliegan en tales conflictos (Martnez-
Alier, 2011). Exploramos si en algunos de los casos considerados se da
una convergencia entre el conservacionismo y el ecologismo popular
(Adams, 2008). Finalmente, nos apoyamos en investigaciones sobre
la violencia y el miedo como mtodos para conseguir una situacin
de aparente paz social para as mantener u obtener una distribucin
ecolgicamente desigual (Mingorria, 2016; Peluso y Watts, 2001; Pain
y Smith, 2008; Gregory y Pred, 2009).

MINERA EN EL MACIZO COLOMBIANO, CAUCA


En el Macizo Colombiano nacen el ro Magdalena y el ro Cauca cuyas
aguas se dirigen al norte; el Caquet que viaja hacia el oriente y el ro
Pata que lleva sus aguas al occidente, llenando de vida un gran n-
mero de poblaciones pero sometido a una gran contaminacin. Este
ecosistema fue reconocido por la UNESCO en el ao de 1990 como
Reserva de la Bisfera. Con los aos, los usos de suelo en el Macizo
Colombiano han ido cambiando, debido en parte a la extensin de la
frontera agrcola, la ganadera y la minera. En este territorio conviven
indgenas, afrodescendientes y campesinos. Como indica Edison Arley
(en El Espectador, 28 febrero 2013), desde 2003, las comunidades cam-
pesinas de La Sierra y La Vega han observado con reserva los trabajos
de la compaa Carboandes S.A., que explora, explota y comercializa
el carbn y el cobre; sumado a ello reposan 64 ttulos mineros otorga-
dos por el Ministerio de Minas y Energa en el Macizo, a los que hay
que aadir los conseguidos de manera fraudulenta. Hay presencia de
cuadrillas de obreros o de tcnicos llevados a la zona en camionetas y
que se alojan en casas de los poblados con discrecin. Estos pequeos

31
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

mineros con derecho al trabajo han tratado de ganarse la voluntad de


las comunidades aportando dinero para fiestas comunales, regalando
uniformes deportivos con logos de Anglo Gold Ashanti y Carboandes,
pagando orquestas y prometiendo empleo y proyectos de vivienda y re-
forestacin. Las comunidades han fortalecido su organizacin, llevan-
do a cabo actividades de resistencia, marchas por la vida y por el agua,
y visitas a las cuencas hidrogrficas de la regin.
Fue en este contexto cuando el 30 de septiembre de 2013 dos hom-
bres desconocidos asesinaron a Adelinda Gmez Gaviria en Almaguer.
Adelinda tena 35 aos de edad y era madre de tres hijos. Su hijastro
de 16 aos la acompaaba cuando fueron atacados al salir de una re-
unin. Dos hombres dispararon contra Adelinda y contra su hijastro.
Ella muri all y el muchacho qued malherido. l se recuper pero
no pudo identificar a los asesinos, pues usaban capuchas. Adelinda
era ama de casa y trabajaba como agricultora y recogiendo caf; par-
ticipante del Comit de Integracin del Macizo Colombiano, haba
impulsado una audiencia o foro pblico en Almaguer en febrero 2013
para denunciar los impactos sociales y ambientales de la minera.
En palabras de Moritz Tenthoff, tal como sucedi en otras regiones
(como en el Urab con la palma y en los Montes de Mara con la teca),
despus de los paramilitares llegaron al Macizo empresas como Anglo
Gold Ashanti y Continental Gold de la mano de retroexcavadoras y
dragas de pequeas empresas nacionales, sobre todo de Antioquia.
Tras el asesinato, a principios de noviembre de 2013, las comunidades
del Macizo hicieron la Caravana por la Defensa de la Vida, el Territorio
y la Dignidad Macicea en su conmemoracin. Segn la Red por la
Vida y los Derechos Humanos, un mes antes de su asesinato recibi
una llamada en la que le dijeron: deje de joder con esa cosa de la mi-
nera, eso es riesgoso y se va a hacer matar. En Almaguer se realiz
una audiencia pblica con autoridades de la regin y ms de dos mil
asistentes. Las comunidades que asistieron a la Caravana reiteraron
su rechazo total a la minera en el Macizo Colombiano. Por los mis-
mos das se celebr la IV Convencin Popular del Agua Cuenca del
Ro Pata, convocada por el Proceso Campesino y Popular de La Vega,
como ejercicio comunitario para defender las fuentes de agua frente
a la amenaza minera. Actualmente, la cuenca del ro Pata est ame-
nazada por alrededor de 130 retroexcavadoras, adems de las con-
cesiones dadas a las empresas mineras antes mencionadas. Cuando
hablan de desarrollo significa que nos quieren expropiar de algo dijo
uno de los campesinos de La Vega4.

4 <https://ejatlas.org/conflict/mining-in-macizo-colombiano-colombia>. Otra de
muchas muertes en Colombia es la de Ruth Alicia Lpez Guisao el 2 de marzo de 2017

32
Joan Martnez-Alier, Grettel Navas

MOVIMIENTO ANTINUCLEAR (TUDELA, ESPAA)5


El 3 de junio de 1979 un guardia civil mat de un disparo a la joven eco-
logista Gladys del Estal, de Donostia (San Sebastin), nacida en Caracas
en 1956 de familia de refugiados de la guerra civil espaola. Gladys
perteneca al Grupo Ecologista de Egia y a los Comits Antinucleares
de Euskadi (Pas Vasco). Particip en la organizacin de numerosas
actividades como marchas ciclistas y manifestaciones contra la central
nuclear de Lemoiz. El crimen fue en Tudela (Navarra) donde la joven
haba acudido para participar en la Jornada Internacional contra la
Energa Nuclear a la llamada de los Comits Antinucleares. La Guardia
Civil irrumpi violentamente en el Paseo del Prado, donde se celebraba
pacficamente el acto antinuclear. En una sentada posterior, fue gol-
peada por el guardia civil Jos Martnez Salas con su arma, un fusil
Z-70, sonando un disparo a resultas del cual cay tendida en la calzada.
Gladys ya haba muerto cuando al llegar al centro hospitalario. La pro-
testa contra su asesinato fue unnime y general, con manifestaciones y
huelgas en todo Euskadi y en otras zonas del Estado.
El Plan Energtico Nacional espaol contemplaba la puesta en
funcionamiento de muchas centrales nucleares, algunas de las cuales
iban a ser ubicadas en la Costa Vasca y otra en la ribera del Ebro, cerca
de Tudela. El movimiento antinuclear vasco se retroalimentaba de una
efervescencia poltica y social causada por el movimiento independen-
tista. Una crnica del diario El Pas en el primer aniversario, en 1980,
permite recordar el ambiente de esos aos. Dice as: Alrededor de
cuatro mil personas se manifestaron el domingo en Tudela, dentro de
los actos organizados por los comits antinucleares de Euskadi para
celebrar el da internacional antinuclear, as como en memoria de la
joven Gladys del Estal, que muri hace un ao como consecuencia de
disparos de la Guardia Civil. La manifestacin finaliz sin incidentes,
si bien, sobre las once y media de la noche fuerzas de la Guardia Civil
retiraron el monolito colocado en el lugar en donde falleci Gladys
del Estal. La marcha por Gladys, gogoan zaitugu (Gladys, no te olvi-
damos), se inici en el paseo del Prado, para recorrer diversas calles
cntricas de Tudela, dando gritos contra Iberduero, las centrales nu-
cleares, as como otros contra la polica y Guardia Civil. Al llegar la

en Medelln. Perteneci a la Asociacin Agroecolgica Intertnica e Intercultural


ASONKINCHAS. Trabaj con un grupo de doce comunidades indgenas y afrode-
scendientes de Medio San Juan y Sip en el departamento de Choc. La CLOC-Va
Campesina denunci este asesinato. <http://www.biodiversidadla.org/index.php/
Principal/Secciones/Noticias/Colombia_Asesinan_a_Ruth_Alicia_Lopez_Guisao_lid-
er_social_del_Congreso_de_los_Pueblos_y_el_Coordinador_Nacional_Agrario>
<https://www.frontlinedefenders.org/es/case/ruth-alicia-lopez-guisao-assassinated>
5 <https://ejatlas.org/conflict/the-death-of-gladys-del-estal-tudela-spain>

33
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

manifestacin hasta el cuartel de la Benemrita (Guardia Civil), se


produjeron momentos de tensin, ya que los manifestantes arreciaron
los gritos contra la Guardia Civil. Despus de atravesar el puente sobre
el ro Ebro, los manifestantes se dirigieron hasta el lugar en el que
cay muerta Gladys, en donde se haba erigido un monolito en piedra
con la inscripcin: Gladys del Estal, asesinada en Tudela por defender
el sol, el agua y la libertad. Nosotros no olvidamos. Gogoan zaitugu.
Ese es el monolito que la Guardia Civil derrib. La conmemoracin
de esa muerte, tan joven, se realiza cada ao en el Pas Vasco. Pocos
aos despus, en 1982 y tras varias vicisitudes, se dio una moratoria
a la construccin de centrales nucleares en toda Espaa. La de Tudela
no se construy6.

EN BANGLADESH: CONTRA CAMARONERAS Y CONTRA MINERA


DE CARBN
En Bangladesh no hay centrales nucleares, pero s hay otros movi-
mientos del ecologismo popular. Uno de ellos, de defensa de las zonas
costeras contra la industria camaronera, est asociado al nombre de
Karunamoyee Sardar que es anualmente recordado al celebrar una
ceremonia, el 7 de Noviembre, all donde cay en 1990, defendiendo
la supervivencia de la gente. Una mujer sin tierra propia que defen-
da lo comn. A ella la mataron y muchas otras fueron heridas. En
Horinkala, en Khulna, uno de los poblados mayores del Polder 22,
hay una ermita u oratorio en memoria de ella, representando su ima-
gen a la cabeza de una marcha contra los camaroneros. Este caso
en Bangladesh se parece a muchos otros en pases tropicales donde
mujeres y hombres han defendido las zonas costeras y los manglares
contra la acuacultura de camarones para exportacin7.
Un segundo conflicto socio-ambiental en Bangladesh, relaciona-
do con la minera de carbn, tuvo y est teniendo carcteres ms dra-
mticos todava. Una de sus muchas vctimas fue la activista Nasreen

6 El ecologismo europeo de la dcada de 1970 tena una vertiente conservacionista


y una vertiente antinuclear que fue reforzada precisamente en 1979 a raz del ac-
cidente de Three Mile Island en Estados Unidos <https://ejatlas.org/conflict/three-
mile-island-united-states>. En Europa, hubo luchas anti-nucleares exitosas contra
las centrales de Plogoff en Bretaa en Francia 1980 y de Whyl en Alemania, cerca de
Freiburg, cuya construccin fue impedida al ser ocupada por quienes se oponan, en
1975. No hubo entonces vctimas mortales <https://ejatlas.org/conflict/plogoff-britan-
ny-france>.
<http://ejatlas.org/conflict/whyl-in-germany>.
7 <https://ejatlas.org/conflict/successful-protests-to-remain-a-shrimp-free-zone-
in-polder-22-bangladesh> <http://www.theecologist.org/campaigning/campaigning_
the_basics/1074925/campaign_hero_khushi_kabir_empowering_bangladeshs_most_
vulnerable.html>

34
Joan Martnez-Alier, Grettel Navas

Huq, que tena 48 aos. El proyecto de una compaa inglesa, Asia


Energy subsidiaria de GCM Resources, en Phulbari, que no est total-
mente anulado todava, consiste en una mina de carbn y una central
trmica de 500 MW8. La oposicin se debe a que el proyecto desplaza-
ra a muchsimas personas incluyendo grupos tribales. El 24 de abril
de 2006, Nasreen Huq, una activista que trabajaba con Action Aid,
muri atropellada por un automvil en condiciones muy sospecho-
sas. Esta primera muerte fue seguida de otras cuando el 26 de agosto
de 2006 una manifestacin de 50 mil personas fue atacada por los
Bangladesh Rifles, siendo muertas tres y heridas cientos de ellas. Las
manifestaciones y la represin continuaron en aos sucesivos hasta
que el proyecto fue abandonado, aunque la empresa en Londres con-
tina sus declaraciones optimistas en esta era del carbn que, segn
ellos, amanece en el Sur de Asia. En Bangladesh hay por lo menos
otras dos centrales trmicas de carbn muy controvertidas; una esta-
ra situada en los Sundarbans, el gran bosque de manglar compartido
con la India en la desembocadura del ro Ganges. Es discutida desde
un ecologismo ms bien conservacionista. La otra gran central trmi-
ca de carbn estara situada cerca de Chittagong, donde un rabioso
ecologismo popular protesta ante tanta injusticia, otra vez a costo de
muchas vidas en una manifestacin en abril de 2016 y otra en febrero
2017, con mujeres en la primera lnea9.
Mientras tanto, la oposicin en Phulbari, como en tantos otros
casos de conflictos de minera o de combustin de carbn, ha apren-
dido a aadir recientemente el tema del cambio climtico a los argu-
mentos locales.

EN FILIPINAS: DOS ABUELAS MILITANTES ASESINADAS EN 2016


As aprendi tambin a hacerlo Gloria Capitn en Filipinas, pertene-
ciente a su organizacin de base y tambin al Philippine Movement
for Climate Justice. Ella fue asesinada el primero de julio de 2016 al
oponerse a un almacn de carbn y a centrales trmicas en el puer-
to de Mariveles, a 60 km de la capital en la Baha de Manila10. En
Filipinas, Global Witness inform que en 2015 (ya antes del actual pre-
sidente Duterte) 35 activistas ambientales fueron asesinados. Gloria
Capitn, llamada Ate Glo (ta Glo), era abuela, tena 57 aos; lide-
resa del movimiento Coal-Free Bataan Movement y presidenta de la

8 <https://ejatlas.org/conflict/protest-against-open-pit-coal-mine-project-in-phul-
bari-region>
9 <https://ejatlas.org/conflict/rampal-thermal-power-plant-rampal-bangladesh
https://ejatlas.org/conflict/banshkhali-coal-power-station-chittagong-bangladesh>
10 <https://ejatlas.org/conflict/coal-mining-leading-to-the-killing-of-gloria-capitan>

35
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

organizacin local United Citizens of Lucanin Association (Samahan


ng Nagkakaisang Mamamayan ng Lucanin), regenteaba una pequea
tienda. En Filipinas, desde 2000 por lo menos, a travs de las iglesias
hubo un activo movimiento de reclamo de la deuda ecolgica y de pro-
testa por la injusticia del cambio climtico. Por tanto, para qu emi-
tir ms dixido de carbono a beneficio de negocios de empresas for-
neas? Y, localmente, para qu padecer ms contaminacin de otros
gases y de partculas? En toda la regin del Sudeste de Asia hay alguna
oposicin al carbn por sus efectos locales y, crecientemente, por el
impacto global; y desde luego tambin en Kalimantan en Indonesia, la
mayor zona exportadora de carbn del mundo.
Asimismo en Filipinas, pero en el sur, en Davao, otra conocida
abuela activista, Teresita Navacilla, de 60 aos, fue asesinada el 27 de
enero de 201611. Ella era integrante del Save Pantukan Movement en
el sur de la isla de Mindanao, una red local de poblaciones indgenas
que luchan por el derecho a sus tierras ancestrales y que se oponen a
un nuevo proyecto minero a cielo abierto, el King-King Copper-Gold
Project, propiedad de una empresa filipina, Nadecor, y una empresa
estadunidense, St. Augustine. En la oposicin hay tambin argumen-
tos conservacionistas de defensa de la rica biodiversidad local, terres-
tre y marina. El asesinato fue llevado a cabo por dos hombres que iban
en motocicleta, uno de ellos entr en la tienda de Teresita Navacilla en
Purok Bardown y dispar, huyendo luego los dos. La opinin general
es que eran soldados del Batalln de Infantera 46.

EN THAILANDIA: DEFENDIENDO LA COMUNIDAD CONTRA UNA


PLANTACIN DE PALMA DE ACEITE
Dos mujeres campesinas ecologistas fueron asesinadas en 2012 en
Thailandia12, en uno de los tantos casos de conflicto por plantaciones
de palma de aceite que muchos otros muertos han causado, por ejem-
plo en Guatemala13. El Bangkok Post (2015) reportaba que ms de 30
defensores ambientales y de derechos humanos han sido asesinados
en el pas desde 2001 con consecuencias judiciales solamente en la
quinta parte de los casos. Uno de estos asesinatos, el 11 de febrero de
2015, fue el de Chai Bunthonglek, un activista de ms de sesenta aos
de edad que ha combatido a una empresa que con sus plantaciones
usurp tierra de la comunidad de Klong Sai Pattana. Era miembro

11 <https://ejatlas.org/conflict/king-king-copper-and-gold-mine-in-compostela-
mindanao-philippines>
12 <http://ejatlas.org/conflict/jiew-kang-jue-pattana-oil-palm-company-thailand>
13 <http://ejatlas.org/conflict/sugarcane-cultivation-and-oil-palm-plantation-in-
polochic-valley-guatemala>

36
Joan Martnez-Alier, Grettel Navas

de la Federacin Campesina del Sur de Thailandia. En 2010 mataron


a Somporn Pattanabhumi. El 19 de noviembre de 2012 dos mujeres,
Montha Chukaew and Pranee Boonrat, de 54 y 50 aos, y de la misma
organizacin, fueron asesinadas mientras iban al mercado del distri-
to. Haban salido en motocicleta y hacia las 7 horas fueron atacadas
a unos 800 metros del poblado. Las muertes fueron denunciadas por
varios Relatores de Naciones Unidas, por Human Rights Watch, la
Asamblea de los Pobres de Thailandia y muchas otras organizaciones.
Actualmente, la poblacin local vive atemorizada. Esta comuni-
dad de Khlong Sai Pattana tiene una disputa desde hace muchos aos
con la compaa de palma de aceite Jiew Kang Jue Pattana que como
suele ocurrir es apoyada por el gobierno. Ha habido intentos de llevar
a juicio a la compaa por usurpacin de tierras, y en 2007 la Corte
Suprema apoy a la comunidad, pero la Oficina de Reforma Agraria
no ha ejecutado la sentencia. Por el contrario ha apoyado el desalo-
jo de campesinos sin tierra de la Federacin Campesina del Sur de
Thailandia, mientras que la compaa Jiew Kang Jue Pattana a su vez
entablaba juicios contra la Federacin.

EN CHILE: CONTRA UNA HIDROELCTRICA EN TERRITORIO


MAPUCHE
En una protesta contra una represa hidroelctrica en Tranguil,
Panguipulli y la instalacin de cables de transmisin, muri en 2016
Macarena Valds14. La protesta era contra la empresa RP Global que
vulneraba los derechos colectivos de las comunidades y el Convenio
169 ante la anuencia de las autoridades regionales.
Macarena se haba perfilado como una lder por la defensa del
territorio y la salud de la gente. Como relata Victoria Aldunate en El
Desconcierto, Macarena haba tenido el sueo de salir del contamina-
do Santiago donde viva en uoa, e irse al Sur. Era un proyecto de
pareja con el que haba soado con Rubn Collo por aos. As fue:
cuando muri Macarena, haca ya tres aos que lo haban cumpli-
do. Era madre de cuatro hijos. Apoyaba a la gente local que estaba
descontenta con las obras de RP Global, un holding de capitalistas
austracos, espaoles y chilenos que construye segn su propia infor-
macin mini centrales hidroelctricas de paso y parques de energa
elica. Vivan en casa de Mnica Painemilla.
La red de contrainformacin Mapuexpress public en su web que
el 21 de agosto de 2016 dos enviados de la empresa RP Global le indi-
caron a Painemilla que echara a la calle a Ruben Collo y su familia.
Al da siguiente en la tarde, 22 de agosto de 2016, la esposa del werken

14 <http://ejatlas.org/conflict/minicentral-tranquil-panguipulli-chile>

37
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Ruben Collo, Macarena Valds, fue encontrada muerta en su casa,


en extraas circunstancias. Oficialmente registrada como suicidio, la
autopsia fue cuestionada por varios mdicos, entre ellos Luis Ravanal.
Entrevistado por El Desconcierto, el forense sostuvo que el diagnstico
de la muerte por ahorcamiento no tiene un sustento objetivo, agre-
gando: un cadver tambin puede ser ahorcado. El asunto est en
que el informe de autopsia no describe lesiones vitales en el cuello,
que son las necesarias para demostrar que muri por esa lesin que se
produjo cuando la persona estaba viva.
El da 1 de Agosto de 2016 Macarena Valds haba estado todo el
da en el corte de camino que realiz la comunidad para lograr que RP
Global no instalara cables de alta tensin. El corte dur hasta las 4 de
la tarde cuando finalmente la Gobernadora de Valdivia se comprometi
con la comunidad a una reunin y orden que la empresa se retirara
del terreno. La reunin se hizo el 19 de agosto pero la Gobernacin
daba excusas, y ampliaba el plazo. En este ambiente el domingo 21 de
agosto lleg al territorio, un vehculo con logo y chofer de la empresa...
al da siguiente alguien asesin a Macarena, presuntamente sicarios de
RP Global Chile. La maana del martes 23 de agosto, con la activista
Macarena ya asesinada, la lamngen Mnica Painemilla intent colocar
una denuncia... pero la Polica de Investigaciones de Chile no la tom
pues los efectivos le respondieron que ella no era familia de Macarena.
Ese mismo medioda lleg otra vez RP Global escoltada por efectivos
del GOPE, Fuerzas Especiales de Carabineros de Chile, premunidos de
vehculos blindados, a la casa de Macarena mientras Rubn haba ido
a retirar su cuerpo, para insistir en la instalacin de los cables de alta
tensin. La gente de la comunidad opuso resistencia, ahora con ms
rabia y pena que antes, hubo empujones y violencia policial. A la una
de la tarde nuevamente la Gobernacin dio la orden de que la empresa
se retirara del terreno. Esa noche se vel a Macarena, y el jueves 25 de
Agosto se hizo su funeral Igualmente, el da 13 de octubre, la empresa
volvi a la carga, esta vez con un mayor nmero de uniformados, carros
policiales y tanquetas, y logr instalar los cables de alta tensin violan-
do las leyes y los acuerdos polticos con las autoridades.

EN GUATEMALA: CONTRA LA MINERA


El 16 de enero de 2017, falleci Laura Leonor Vsquez Pineda, vctima
de un disparo15. Individuos no identificados irrumpieron en su casa y
la asesinaron. Laura Leonor Vsquez, de 47 aos, tena a su cargo dos
nietos y regenteaba un pequeo comercio de su propiedad. El pro-
yecto minero El Escobal est ubicado en los departamentos de Santa

15 <http://ejatlas.org/conflict/el-escobal>

38
Joan Martnez-Alier, Grettel Navas

Rosa y Jalapa en un rea de 40 km2. La empresa Tahoe Resources Inc


compr a Gold Corp (de capital canadiense) los permisos de explo-
racin y explotacin de plata, oro, plomo y zinc en el 2010. Desde el
2010, se cre el Comit Defensor del Pueblo de San Rafael Las Flores
que junto al Colectivo Madre Selva presentaron oposicin al Estudio
de Impacto Ambiental alegando ausencia de consulta a la poblacin
indgena Xinca, posibles dao a las fuentes de agua, al territorio y a la
salud de los habitantes. A partir de esa fecha se organizaron protestas,
plantones, manifestaciones que terminaron con personas heridas por
balas de goma. Tambin se llevaron a cabo consultas comunitarias que
rechazaron rotundamente el proyecto. EL 27 de abril de 2013 en una
de las manifestaciones, se dirigi un ataque en contra de activistas co-
munitarios que quedaron gravemente heridos y que cobr la vida de la
activista Merilyn Topacio Reynoso (16 aos) del Movimiento Juvenil
de Mataquescuintla (MJM). En otras ocasiones ha existido presencia
militar y hasta declaracin de Estado de Sitio para reprimir la protes-
ta. En el 2013, despus de 250 recursos interpuestos contra la mina,
la Sala de Apelaciones de Guatemala declara suspensin inmediata
de la licencia. Sin embargo, el proyecto se reactiva meses despus y
entra en operacin en el 2014.

EN HONDURAS: CONSERVACIONISMO Y ECOLOGISMO POPULAR


En 1995 asesinaron a Jeannete Kawas en Honduras. Su actividad era
de cariz conservacionista y a la vez protector de los garifunas que
habitan la zona que ella defendi16. Jeannete fue presidenta de la
Fundacin para la Proteccin de Lancetilla, Punta Sal, Punta Izopo
y Texiguat (PROLANSATE), dedicada a evitar plantaciones de pal-
ma de aceite y otras amenazas en esa zona que est incluida en la
Convencin Ramsar que protege humedales internacionalmente.
Jeannette Kawas era de profesin contadora pero desde luego su
teora del valor iba ms all de lo incluido en el balance de cualquier
empresa. Los valores que vea en los bosques, los ros, las playas y los
manglares de Punta Sal no se medan en dinero aunque estaban siendo
destruidos para ganar dinero. Los ganaderos, los inversionistas tursti-
cos, los madereros, todos queran una tajada de ese hermoso paisaje.
Kawas form PROLANSATE, y en 1994 convenci al gobierno de de-
clarar la zona parque nacional. Gracias a su esfuerzo se cre el Parque
Nacional Jeanette Kawas.
El 6 de Febrero de 1995, aproximadamente a las 7:30 p.m., Jeannette
fue asesinada a tiros en su casa. La CIDH constat que su trabajo con
PROLANSATE era para mejorar la vida de la gente. Sus denuncias

16 <https://ejatlas.org/conflict/jeannette-kawas-fernandez-case-honduras>

39
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

contra la apropiacin de Punta Sal, la contaminacin de los lagos y


la deforestacin fueron los motivos de su asesinato. Por ello el Estado
de Honduras tambin fue declarado culpable. Dentro de la zona del
parque viven 1.500 garifunas dedicados a la pesca en pequea escala,
y se supone que el parque protege sus tierras y sus vidas contra ame-
nazas exteriores. Las amenazas al parque incluyen la presin de la
poblacin interna y adems las actividades que lo rodean: lea para
cocinar, sobrepesca, ingenios azucareros, fbricas de aceite de palma
y acuacultura cuyos residuos llegan al parque, adems de los ganade-
ros, cazadores y rancheros dentro del parque17.

ASESINATO DE BERTA CCERES, HONDURAS


El 24 agosto de 2009 durante el gobierno de facto posterior al golpe
de Estado se aprueba la Ley General de Aguas que otorga concesio-
nes sobre los recursos hdricos y adems se aprueba el decreto 233
que deroga todos los anteriores decretos que prohiban proyectos hi-
droelctricos en reas protegidas. Entre los aos 2010-2013 se aprue-
ba la construccin del Proyecto Hidroelctrico Aguas Zarca el cual
pretenda generar 21.3 MW mediante la concesin por 20 aos del ro
Gualcarque (sagrado para el Pueblo indgena Lenca del cual Berta era
parte). El ro es legado del Cacique Lempira, quien luch contra la co-
lonizacin espaola. Para la construccin e instalacin del proyecto,
en el 2012, el Banco Interamericano de Integracin Econmica (BCIE)
otorg a la empresa de capital hondureo Desarrollos Energticos S.
A. (DESA) un prstamo de 24.4 millones de dlares. DESA por su par-
te subcontrat a la empresa china Sinohydro, quien fue acusada por
las comunidades locales de invadir sus tierras sin previa consulta, y a
Voith Hydro Holding de capital alemn contratada para la construc-
cin de las turbinas. Ante el aumento del conflicto Sinohydro rescinde
el contrato y se retira. El ombudsman para la Corporacin Financiera
Internacional (IFC) del Banco Mundial reporta en el Informe de
Evaluacin que en diciembre 2013 la IFC dej de considerar la finan-
ciacin del proyecto. Durante el 2011 las autoridades gubernamen-
tales y del grupo DESA haban ingresado al territorio para conven-
cer a la poblacin local de que aceptara la hidroelctrica. A pesar del
rechazo las obras comenzaron y el pueblo lenca aleg violacin del
Convenio 169 de la OIT (firmado por Honduras en 1995) ya que no
ha existido una consulta previa e informada. Berta Cceres era muy
conocida por su activismo de muchos aos y por haber obtenido un
Premio Goldman18. Desde el inicio de las obras en el 2013 se le prohi-

17 <http://ejatlas.org/conflict/proyecto-hidroelectrico-agua-zarca-honduras>
18 A principios de 2017 otro Premio Goldman, Isidro Baldenegro, defensor de

40
Joan Martnez-Alier, Grettel Navas

bi al pueblo lenca la utilizacin de sus aguas y el 1 de abril del mismo


ao comienza una movilizacin cerrando la carretera que conduce al
proyecto; esta movilizacin se mantiene y exige la retirada de todo
tipo de maquinaria. Tras el asesinato de Berta Cceres el 3 de marzo
de 2016 contina la criminalizacin de la protesta y amenazas contra
los que se oponen al despojo del territorio del pueblo indgena lenca.

UNA LIDERESA DEL MAB EN RONDNIA, BRASIL


Nicinha fue asesinada en 2016 por defender a los pescadores y a los
desplazados de la represa Jirau. En 2011 la comunidad ribeirinha
de Pescadores de Mutum Paran, casi en la frontera con Bolivia, fue
desplazada por la inundacin de la gran represa hidroelctrica de
Jirau, propiedad de Energia Sustentvel do Brasil (ESBR). La comu-
nidad fue en teora relocalizada en un lugar bautizado como Nova
Mutum Paran, un Proyecto de viviendas para seis mil habitantes
desplazados. Ese proceso no funcion bien porque muchas casas fue-
ron comercializadas en favor de otras personas19. Ante esta situacin
precaria, un grupo de familias damnificadas ocuparon casas vacas
en Nova Mutum Paran en 2014. Esa urbanizacin que ya sufra de
estancamiento de aguas y falta de agua potable, fue sumergida por
una terrible inundacin del ro Madeira en 2014. En este contexto de
adversidades e injusticias, Nilce de Souza Magalhes, ms conocida
como Nicinha, se convirti en dirigente local del MAB, el movimiento
brasileo de atingidos por barragens (los afectados por represas). Ella
haba llegado a Porto Velho, la capital del estado de Rondonia, 50
aos antes, como una nia de una familia de seringueiros del Acre.
Con dos colegas, Lurdilane Gomes da Silva (Ludma) e Iza Cristina
Bello (ndia), formaron una comisin de defensa de ocupacin de vi-
viendas por los desplazados, y con ayuda del procurador pblico de
Rondonia y de algunos polticos locales y del MAB, se enfrentaron con
las hidroelctricas defendiendo los derechos de las familias afectadas.
Durante algunos aos con ayuda de lderes de grupos de pescadores,
denunciaron tambin los impactos sobre la pesca del ro Madeira, lo
que llev a investigaciones de la Procuradura estatal y tambin fe-
deral respecto de la falta de implementacin del programa estatal de
apoyo a la pesca y a la manipulacin oficial de datos sobre pesca.
Todos ellos sufrieron amenazas. El 7 de enero de 2016, Nicinha desa-
pareci; su cadver fue hallado el 21 de junio en el lago formado por
la represa de Jirau, con manos y pies atados, sumergido por el peso de

bosques, fue asesinado en Mxico, <http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-


latina-38672959>.
19 <https://ejatlas.org/conflict/nicinha-a-victim-of-the-jirau-dam-porto-velho-brazil>

41
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

una piedra cerca del lugar donde viva refugiada. Tardaron seis meses
en confirmar mediante el ADN que se era su cadver, casi un ao
desde la muerte hasta el funeral. El 22 de diciembre de 2006 hubo un
acto poltico organizado por el MAB y otras muchas organizaciones y
su familia en la capilla de Santo Antnio, en el ro Madeira. La misa
funeral fue celebrada por el Arzobispo de Porto Velho.
El juicio de las dos personas acusadas de matar a Nicinha, Edione
Pessoa da Silva y Leonardo Batista da Silva, deba haberse celebrado
el 7 de diciembre de 2016, once meses tras su desaparicin, pero fue
aplazado a peticin de la defensa porque un examen de un experto
fue incorporado al expediente solamente un da antes del juicio y no
al menos tres das antes como manda la ley. Entretanto, las amena-
zas contra Ludma e ndia se intensificaron y se hizo una peticin de
proteccin al programa de Derechos Humanos, como inform el por-
tavoz del MAB en Rondnia, Joo Marcos Dutra. El MAB seala tam-
bin que ese no es un crimen aislado en el estado de Rondnia donde
en 2016, 17 personas fueron asesinadas en conflictos ambientales y de
tierras, aparte de muchos otros intentos de asesinato, amenazas, y en-
carcelamiento de campesinos. El estado de Rondnia es un eslabn en
la cadena del centro-sur de Brasil para que fluya la soja hacia China a
travs de puertos en el Pacfico, adems de ser productor de hidroelec-
tricidad en las polmicas centrales de Jirau y Santo Antonio20.

EN OAXACA Y EN GUERRERO, MXICO


Betty Cario fue asesinada a los 37 aos el 27 de abril de 2010.
Activista de derechos humanos y ambientalista, era la directora de
CACTUS (Centro de Apoyo Comunitario Trabajando Unidos), una
organizacin comunitaria en Oaxaca. El 27 de abril de 2010 los pa-
ramilitares emboscaron a su caravana en su camino con suministros
a la comunidad indgena autnoma de San Juan Copala, un lugar de
unos 700 habitantes. En el ataque muri tambin Jyri Jaakkola, un
activista de derechos humanos de Finlandia y ms de diez personas
resultaron heridas. Cario era mixteca y una defensora de la sobe-
rana alimentaria, del manejo del agua, conservacin de suelos y el
derecho a la autonoma de los pueblos indgenas en Mxico. Esta
carismtica mujer era tambin integrante del equipo coordinador
de la Red Mexicana de Afectados por la Minera (REMA). Defenda
los derechos ancestrales y de la Madre Tierra desde sus quince aos.
Tambin participaba en el Frente Amplio Opositor a la Minera San
Xavier, subsidiaria de la canadiense New Gold. Justo antes de diri-
girse a la comunidad Triqui de San Juan Copala, Betty haba estado

20 <https://ejatlas.org/print/jirau-and-santo-antonio-dams-on-madeira-river-brazil>

42
Joan Martnez-Alier, Grettel Navas

los das 24 y 25 de abril de 2010 en el II Encuentro Nacional de


REMA en Cerro San Pedro, una montaa sagrada. Desde noviembre
de 2009 participaba tambin en la demanda judicial por el asesina-
to de Mariano Abarca, dirigente de REMA en Chiapas y lder de la
resistencia a la canadiense Blackfire. El 10 de febrero de este ao
2010, durante un encuentro de defensores de derechos humanos en
Dubln (Irlanda) denunci los tratados de libre comercio, el saqueo
de los recursos naturales y la neo-colonizacin de los pases latino-
americanos: La larga noche de los 500 aos an no termina: La
Nia, La Pinta y La Santa Mara ahora se llaman Iberdrola, Endesa y
Gamesa. Betty trabaj activamente en las comunidades del valle de
Tehuacn, afectadas por la contaminacin de sus aguas por parte de
las granjas industriales avcolas y las fbricas de mezclilla. Organiz
a mujeres vendedoras de tortillas, promovi la formacin de cajas de
ahorro, desarroll proyectos de economa solidaria, fund centros
de apoyo a migrantes e imparti programas de salud reproductiva.
Se vincul a la lucha contra las altas tarifas de la Comisin Federal
de Electricidad, por la destitucin del gobernador de Oaxaca, Ulises
Ruiz y por la resistencia a las grandes represas; por la autodetermi-
nacin de los pueblos, la promocin de radios comunitarias indge-
nas y el apoyo al municipio autnomo de San Juan Copala21.
Al noroeste de Oaxaca, en Guerrero, estado muy violento, hay en
nuestra lista dos casos distintos que tienen en comn la lucha contra
la deforestacin y que una mujer haya sido vctima mortal. En uno de
ellos, Fabiola Osorio Bernldez, una ecologista que luchaba contra
la construccin de un muelle para atraer al turismo en la laguna de
Coyuca de Bentez, en un manglar en la localidad de Pie de la Cuesta,
en el turstico municipio de Acapulco, fue asesinada el 31 de mayo
201222. No tenemos pruebas de nada. Pero Fabiola era una piedrota
en el zapato del Gobierno del Estado, dijo un representante de la
asociacin Guerreros Verdes, a la que durante los ltimos meses es-
tuvo vinculada la ecologista asesinada. La obra del muelle de Pie de
la Cuesta fue anunciada en octubre de 2011 y paralizada al cabo de
un mes por iniciativa de los Guerreros Verdes. Pero Fabiola denunci
que la empresa segua adelante con las obras, y que de hecho ms de 5
mil metros de manglar ya haban sido rellenados. Cinco das despus
que la Profepa atendiera la denuncia y clausurara la construccin por
carecer de Manifestacin de Impacto Ambiental (MIA) expedida por
la Secretara del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la
empresa reanud las obras tras conseguir un allanamiento, recurso

21 <http://ejatlas.org/conflict/betty-carino-oaxaca-mexico>
22 <https://ejatlas.org/conflict/defensa-del-manglar-guerrero-mexico>

43
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

legal con el cual pag una fianza que le permiti continuar con la
construccin. En enero de 2012, Fabiola Osorio haba comenzado un
proceso legal para defender la concesin que hered de su madre.
Cinco meses despus fue asesinada a tiros en su casa en Pie de la
Cuesta junto con otra mujer. El asesinato alert a veinte organizacio-
nes ambientalistas de todo el mundo que exigieron el esclarecimiento
del crimen, tambin provoc el llamado de la CIDH al gobierno esta-
tal, para acelerar las investigaciones.
Otro caso cercano geogrficamente y en el tiempo al anterior,
pero lejano socialmente y de mayor dimensin, es el de Juventina Villa
Mojica23. Los antecedentes son estos: segn Greenpeace, imgenes de
satlite tomadas en 18 localidades de la sierra de Petatln y Coyuca
de Cataln entre los aos 1992 y 2000 muestran que se perdieron 86
mil hectreas de bosques de las 226.203 que existan, por la tala ex-
cesiva e ilegal efectuada por talamontes (como se dice en Mxico).
En 1998 un grupo de campesinos que venan luchando desde aos
atrs, formaron la Organizacin de Campesinos Ecologistas de la
Sierra de Petatln y Coyuca de Cataln. Rodolfo Montiel Flores junto
con Teodoro Cabrera encabezaron esta organizacin de campesinos
de los 24 ejidos del lugar donde operaba la empresa Costa Grande
Forest Product (CGFP), subsidiaria de Boise Cascade. Solicitaron la
intervencin de las autoridades de proteccin ecolgica local y fede-
ral; posteriormente llevaron a cabo lo que ellos llamaron paros de
madera que implica el bloqueo de caminos por parte de la comuni-
dad. Ms tarde la empresa Boise Cascade tuvo que retirarse. Montiel y
Cabrera recibieron premios Goldman en 2000, tras haber sido encar-
celados varios aos. Juventina Villa, aos despus, fue integrante de
esta misma organizacin de Campesinos Ecologistas que ha sufrido
otros tantos asesinatos.
Desde hace ya varias dcadas, la sierra de Petatln ha sido testigo
de una importante movilizacin campesina caracterizada por su perfil
ecologista. Llevar a cabo una lucha de esa ndole en este lugar no es
nada fcil: la guerrilla, las guardias blancas, el ejrcito y el narcotrfi-
co proliferan al igual que los caciques talamontes. El 28 de noviem-
bre de 2012 Juventina Villa fue asesinada en la comunidad La Laguna,
en la parte alta de la sierra del municipio de Coyuca de Cataln. El ho-
micidio fue perpetrado cuando la mujer pretenda encabezar a unas
45 familias de La Laguna que se desplazaran a la comunidad Puerto
de las Ollas, en el mismo municipio, donde se refugiaran del acoso
al que han estado sometidos por paramilitares y talamontes. El pri-
mer desplazamiento de las familias de La Laguna ocurri despus del

23 <https://ejatlas.org/conflict/ocespcc-campesinos-ecologistas-de-guerrero-mexico>

44
Joan Martnez-Alier, Grettel Navas

homicidio del esposo de Juventina, Rubn Santana Alonso, en febrero


del ao 2011. En 14 Mayo 2011, amenazados por talamontes y narco-
traficantes decidieron huir de su comunidad, La Laguna, y se refugia-
ron en Puerto las Ollas. Pese a los acuerdos con el gobierno para aten-
der las necesidades de los afectados ante la violencia, no recibieron
atencin y las familias volvieron a La Laguna para trabajar sus tierras
y reunir a sus animales, hasta el 28 de noviembre de 2012 cuando
se acord un nuevo traslado con el resguardo de policas estatales.
Sin embargo ese da fue asesinada Juventina Villa y su hijo Reynaldo
Santana Villa de 17 aos, una de sus hijas iba con ella y se salv.

EN PAR, BRASIL: CONTRA LA DEFORESTACIN


Otro combate emblemtico contra la deforestacin y, en este caso, por
el uso sostenible del bosque de castaa de Par fue el que empren-
dieron en Brasil durante largo aos, Maria do Espirito Santo y Jos
Claudio Ribeiro da Silva (Z Claudio), y que acab con su muerte el
24 de mayo de 201124. Marab est en el corazn de la frontera de la
deforestacin en el estado de Par que es realizada por madereros y
ganaderos. En Nova Ipixuna, cerca de Marab, se intent establecer
una reserva agro-extractivista sustentable (donde la palabra extracti-
vismo se emplea en el sentido que tuvieron las reservas extractivis-
tas de Chico Mendes). Deban preservarse los castaales, bosques de
Bertholletia excels de los que pueden sacarse sosteniblemente muchos
productos como la propia castaa de la que se puede hacer aceite. Jos
Cludio Ribeiro da Silva y Maria do Esprito Santo da Silva, fueron
lderes de este Proyecto de reserva de Praia Alta Piranheira intentando
frenar el robo de tierra por grileiros. Fueron emboscados y asesinados
de varios disparos cerca de su casa, aunque haban advertido a la poli-
ca de las amenazas que reciban. El propio Z Claudio en noviembre
de 2010 en una conferencia en Manaos haba dicho pblicamente que
le iban a matar por su tarea contra la deforestacin. Cayeron dentro
de la reserva Praia Alta-Piranheira donde haban trabajado durante 24
aos. El da de su muerte se discuta en el Congreso en Brasilia una
legislacin que facilitaba la deforestacin, y un orador contrario a la
reforma se refiri a la noticia recin recibida. Eso aument la repercu-
sin de los hechos. Una organizacin, la Comisin Pastoral de la Tierra
(CPT), defiende a los defensores de la tierra y el ambiente, pequeos
agricultores, sacerdotes y otros trabajadores rurales, frecuentemente
asesinados en disputas sobre tierras, en general por sicarios alquilados
por madereros, ganaderos y grandes agricultores. Tanto Z Claudio
como Maria do Espritu Santo defendan los bosques de castaa y

24 <https://ejatlas.org/conflict/jose-claudio-maria>

45
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

trataban de implementar las ideas del extractivismo sostenible del


bosque, preservndolo. Maria era tambin integrante del Conselho
Nacional das Populaes Extrativistas. Tena estudios universitarios.
Aunque los defensores ambientales y de derechos humanos son mu-
chas veces asesinados impunemente en esa frontera amaznica, en
este caso los sicarios y el hacendado Jos Rodriguez Moreira que or-
den el crimen, fueron condenados a largos aos de prisin tras dos
sentencias en 2013 y 2016. Pero este ltimo ha huido25.
Tambin en Par, no muy lejos, algunos aos antes, fue asesina-
da Dorothy Stang. La ola de asesinatos es para eliminar la oposicin
a la tala para poder sembrar soja, extraer madera y poner ganado.
La resistencia contra la deforestacin es castigada hasta el punto de
asesinar a una monja, Dorothy Stang26. En las palabras de otra mon-
ja, Dorothy haba llegado a la Amazonia cuando el gobierno militar
haba dado tierra a campesinos inmigrantes para poblar la zona tras
abrir la carretera transamaznica. Ya en la dcada de 1980 vio que
los madereros y ganaderos llegaban a la zona y se apoderaban de la
tierra que haba sido dada a campesinos, quienes no tenan ttulos de
propiedad de manera que no podan defenderse bien. Y la Hermana
Dorothy todos estos aos trat de que el gobierno federal y el gobier-
no del estado de Par protegieran a esos campesinos. Eso ocurri
alrededor de Anapu, una pequea ciudad al este de Altamira en el
centro de la violencia rural de Par. En 2004, Dorothy Stang aunque
saba que arriesgaba su vida, fue a Brasilia a testificar en un comit de
investigacin del congreso sobre deforestacin. Dio nombres de com-
paas madereras que operaban en tierra pblica. Las organizaciones
ambientalistas calculan que el 90% de la exportacin de madera de
Par es ilegal. Los madereros la calificaron de terrorista y la acusa-
ron de dar armas a los campesinos. Le empezaron a llegar avisos de
muerte lo mismo que a otros lderes locales pero se neg a marcharse
y continu su trabajo con campesinos con o sin tierra en el proyecto
Buena Esperanza. Trabajaba con un pequeo grupo de monjas para la
CPT, la Comisin Pastoral de la Tierra27 en Anapu desde 1982. Dorothy

25 Los hechos, con largas entrevistas a Z Claudio y a Maria y con seguimiento de


los procesos judiciales, estn recogidos en la tesis doctoral de Felipe Milanez en la
Universidad de Coimbra de 2015 (A ousadia de comviver com a floresta una frase de
Maria), en sus blogs en Carta Capital y en documentales.
26 <https://ejatlas.org/conflict/deforestation-in-para-and-the-death-of-dorothy-
stang>
27 La CPT fue creada por los obispos brasileos en 1975 en respuesta al aumento
de la violencia en la regin amaznica pues los acaparadores de tierras, los grileiros,
usaban a pistoleros para eliminar a los campesinos de las tierras en disputa, como
contina sucediendo.

46
Joan Martnez-Alier, Grettel Navas

haba nacido lejos de alli, en Dayton, Ohio, y se haba integrado a los


17 aos en la orden religiosa de las Hermanas de Nuestra Seora de
Namur en 1948. En 1966 fue enviada como misionera a Brasil cuan-
do la Teologa de la Liberacin irrumpa en el continente latinoame-
ricano. El 14 de febrero de 2006, ella fue brutalmente asesinada, el
impacto fue comparado al de la muerte de Chico Mendes en el Acre
en 1988 como dirigente de los seringueiros y ecologista28. Los activis-
tas socio-ambientales de Par quisieron creer que la oleada de aten-
cin nacional e internacional por la muerte de Dorothy Stang sera un
factor cataltico para frenar la endmica impunidad pero diez aos
despus la CPT document que desde 2005 haba habido 118 muertes
por conflictos de tierras en Par (entre ellos, Maria do Espirito Santo
y Z Claudio). Por cada muerto, hay muchos otros casos de expulsin
violenta, amenazas, violencia fsica, la mayora de ellos quedan en la
impunidad. En el caso de Dorothy Stang hubo condenas judiciales no
solo a los jvenes pistoleros que la mataron sino tambin a los man-
dantes o instigadores. Eso fue algo excepcional. De los 1.270 casos
de homicidios rurales documentados por la CPT entre 1985 y 2013,
menos del 10% llegaron a los tribunales.

CONCLUSIONES Y PREGUNTAS
La represin contra las y los ecologistas populares, que algunas veces
tambin alcanza a los meramente conservacionistas, est ntimamen-
te ligada a los cambios y al crecimiento del metabolismo social. Ya
sea por usurpacin de tierras, de humedales o de aguas (en represas o
proyectos tursticos, por ejemplo), ya sea minera de metales u otros
materiales a cielo abierto o instalaciones de la industria del carbn,
el petrleo o el gas. Ya sea por deforestacin para la extraccin de
madera, ganadera, plantaciones de soja o produccin de eucaliptos,
palma de aceite o camarones. Ya sean conflictos por la disposicin de
residuos industriales y domsticos y su quema que implican impactos
en la salud de las comunidades aledaas. Estas son las causas de los
conflictos socio-ambientales e indirectamente son tambin las cau-
sas de tantos asesinatos de activistas. Vemos una tendencia a que los
responsables de esas muertes sean casi siempre empresas locales e in-
ternacionales y que el Estado suele colaborar con ellas expresamente
o a veces solamente con su inaccin. Pocas veces, los asesinos sufren
algn castigo por el poder judicial; tambin cabe sealar que en los
casos que conocemos, los asesinos de estas mujeres fueron siempre
hombres.

28 <https://ejatlas.org/conflict/rubber-tappers-against-cattle-ranchers-the-murder-
of-chico-mendes>

47
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Para este artculo hemos seleccionado algunos casos de mujeres


activistas asesinadas, casi todas ellas fueron lderes de movimientos
locales que con frecuencia pertenecan a redes ms amplias incluso
ms all de sus propios pases. Todos estos casos estn documentados
en el EJAtlas y permiten debatir ms all de la recopilacin puntual
de casos concretos: Qu aspectos son especficos del activismo am-
biental femenino? (Por sus causas y consecuencias, en trminos de
acceso a la tierra y al agua, de conocimientos medicinales y agrcolas,
de falta de reconocimiento y participacin, como vctimas de violen-
cia patriarcal incluida la violencia sexual.) Cules son las formas de
movilizacin? (Por ejemplo, peticiones a las autoridades nacionales e
internacionales, marchas, cortes de caminos, bloqueos, protestas con-
tra EIAs, demandas judiciales, peticiones de aplicacin del convenio
169 de la OIT, creacin de organizaciones de resistencia, solicitud de
o apoyo a reservas naturales.) Eran solamente movimientos de re-
sistencia o eran ya de defensa de alternativas viables? De qu clase
social eran esas mujeres que lideraban o participaban en esos movi-
mientos, de qu grupos tnicos y cmo influyeron diversos factores
sociales en su activismo? Cuntas se apoyaron para su accionar en
su identidad tnica y en sus organizaciones indgenas? Cules fueron
sus organizaciones de apoyo? (Por ejemplo iglesias, sindicatos obre-
ros y organizaciones campesinas, grupos ecologistas, grupos feminis-
tas u otras organizaciones de la sociedad civil, partidos polticos) En
cuntos casos el activismo se diriga a proteger identidades y derechos
indgenas o campesinos, y a reclamar tierra y agua propias a la vez
que a proteger a la naturaleza? Cuntas actuaron en el campo, cun-
tas en la ciudad?
Eran de tendencia conservacionista de la naturaleza o se identi-
ficaban ms bien con el ecologismo popular aunque no usaran estos
trminos? O ms bien defendan los derechos humanos y eran am-
paradas (aunque sin xito) por organizaciones de derechos humanos
ms que por organizaciones ecologistas? Algunas hasta gozaban de
medidas cautelares de organizaciones internacionales de derechos
humanos.
Qu tendran todas estas mujeres en comn, aparte del hecho de
sus muertes violentas? Algunas eran jvenes, otras eran ya abuelas. A
qu edades murieron, qu profesiones tenan? Combatan la minera,
las represas, el riesgo nuclear, la deforestacin, defendan la subsis-
tencia de las comunidades, el acceso al agua, la agricultura campesi-
na, la conservacin de manglares u otros ecosistemas.
De qu pases y qu empresas eran los concesionarios de los pro-
yectos a los que ellas se enfrentaban? Son estos casos la parte emer-
gida (por la visibilidad adicional que la violencia de su muerte les dio)

48
Joan Martnez-Alier, Grettel Navas

de un gran iceberg de activismo ecologista popular femenino, o eran


ms bien activistas excepcionales y por eso la muerte las rond? Esos
asesinatos han sido en general acompaados de otros, no tan visibles,
un hijo o hijastro que las acompaaba, un marido, otras compae-
ras o compaeros de la misma organizacin. Muchas veces impunes,
unas pocas veces seguidos de procesos judiciales que acaban en con-
denas y que las han hecho ms visibles. En algunos pocos casos, la
mujer acompaaba fielmente al marido en viajes que resultaron de-
masiado peligrosos, pero en otros casos los maridos las seguan a ellas
o andaban a la par, en otros casos eran mujeres solteras, divorciadas
o viudas. En las narrativas de sus vidas casi siempre aparecen hijas e
hijos y hasta nietos quienes son tambin vctimas directas de esta gran
violencia focalizada.
Sin embargo, ms all de los asesinatos per se, tambin son vcti-
mas aquellas que han sido heridas fsicamente o atemorizadas (como
Yolanda Oquel, conocida por su liderazgo contra el proyecto minero
La Puya, en Guatemala)29.
En casi todos los casos, esas mujeres eran activistas conocidas (na-
cional e internacionalmente). En la mayora de los casos haban sufrido
amenazas previas. A pesar de ello, con gran valenta, no abandonaron
sus puestos. Hay muchos otros casos recogidos en el EJAtlas y ms que
no lo estn. Sorprende que muchas de esas muertes hayan tenido una
repercusin muy inferior a la de Berta Cceres. Es decir, sorprende que
la opinin pblica mundial no conozca mejor el alcance de la represin
en muchos pases contra las y los defensores ambientales.
Los casos reseados son casos glocales pero algunos son ms
famosos que otros, dependiendo tambin de las culturas periodsticas
en distintos pases: por ejemplo, La Jornada de Mxico es excepcional
por su cobertura de la resistencia ecologista. Todos los casos son im-
portantes para sealar la amplitud global y la fuerza del movimiento
de justicia ambiental y tambin la vigencia de la represin. Por cada
muerta y cada muerto, cuntas heridas y heridos, cuntas y cuntos
atemorizados y desanimados de por vida? Donde no hay activismo,
no hace falta represin. Pero donde hay miedo, tampoco hace falta
represin. De vegades la pau no s ms que por30.
Ofrendaron sus vidas, algunas de ellas muy concientes de la ne-
cesidad de dar ejemplo pero sin ningunas ganas de morir, sin haber
renunciado a sus vidas cotidianas al servicio de sus comunidades y
tambin de los seres ms cercanos y ms queridos. Y por cada muer-
ta, cuntos otros casos debe haber de activistas ambientales que,

29 <http://ejatlas.org/conflict/proyecto-minero-el-tambor>
30 Como deca en cataln hacia 1970 una cancin de Raimon.

49
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

asustados o incluso calibrando framente los riesgos, optan por la de-


rrota silenciosa, la huida, el exilio a otra regin de pas o al extranjero?
El sistema represivo es como una pirmide de terror o por lo menos
de temor: consigue descabezar el activismo y consigue a veces que
sean muchos quienes pasen a la inactividad, matando solamente a
algun@s y atemorizando a casi tod@s.

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50
Joan Martnez-Alier, Grettel Navas

Temper, Leah, Del Bene, Daniela, Martnez-Alier, Joan 2005


Mapping the frontiers and front lines of global environmental
justice: the EJAtlas en Journal of Political Ecology N 22:
255-278.

51
Carlos Walter Porto-Gonalves*

LUCHA POR LA tierra. LUCHA


POR LA TIERRA
RUPTURA METABLICA
Y REAPROPIACIN SOCIAL DE LA NATURALEZA

Nosotros conquistamos, nosotros administramos

Cacique Babau - Tupinamb

INSPIRACIN
Entre los das 12 y 17 de julio de 2015 se reunieron en Porto Velho, la
capital del Estado de Rondonia, en la Amazonia brasilea, cerca de
820 campesinos/as, afrodescendientes e indgenas de diversos pueblos
por ocasin del IV Congreso Nacional de la Comisin Pastoral de la
Tierra CPT, con el objetivo de reflexionar sobre los 40 aos de sus
Memorias, sus Rebeldas y sus Esperanzas de lucha por la tierra. En
una de las intervenciones, ya al final del Congreso, un campesino de
Maranho reflexionaba sobre aquellas iniciativas que se destacaban
como esperanza de las luchas, como la Agroecologa y las Semillas
Criollas, y afirm: La principal semilla criolla que est desaparecien-
do son las comunidades. No servirn de nada la agroecologa y las
semillas criollas sin unas comunidades fuertes. Hemos formado mu-
chos lderes, pero pocas comunidades. Con esa afirmacin tan con-
tundente se consagraba una de las principales evaluaciones de estos
40 aos de Memorias y Rebeldas, afirmando que la lucha por la tierra
es mucho ms que la lucha por un medio de produccin: es tambin

* Programa de Ps-Graduao em Geografa - PPGEO / UFF (Brasil). Instituto de


Cincias, Campus da Praia Vermelha, Departamento de Geografia - Universidade
Federal Fluminense.

53
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

la lucha por un determinado horizonte de sentido para la vida con la


tierra, finalmente, como territorio. Ms an, es la lucha por la Tierra
cuyo colapso ambiental manifiesta, en el fondo, la ruptura metablica
a la que la racionalidad tecno-cientfica, subordinada a la acumula-
cin incesante del capital y de su productivismo, est llevando a la hu-
manidad y al planeta. Este artculo se inspira en estas ideas, recogidas
durante la construccin colectiva de conocimiento que se produjo en
el IV Congreso Nacional de la CPT1.

INTRODUCCIN
Vivimos un tiempo de profundas transformaciones que implican, a su
vez, tiempos de duraciones mltiples que nos habitan. Comenzamos a
darnos cuenta de un tiempo csmico, un tiempo geolgico-geomorfo-
lgico, de un tiempo ancestral, as como de tiempos histricos de lar-
ga, media y corta duracin que, como haba alertado Milton Santos,
configuran el espacio como acumulacin desigual de los tiempos.
Hablamos ya de Antropoceno tal es el efecto de la accin humana en
el metabolismo planetario en el cual el homo sapiens sapiens apare-
ce como agente geolgico-geomorfolgico.
En toda la historia de la Humanidad, nunca tuvimos un perodo
de 50 aos en el que tantas comunidades tnicas y campesinas hubie-
sen sido destruidas! Aunque de un modo diferente segn las regiones,
ese proceso ha sido permanente y podemos tomar el ao 2007 como
un marco geogrfico planetario porque, por primera vez, ese ao re-
gistramos que la poblacin urbana mundial era mayor que la pobla-
cin rural. Al mismo tiempo, en 2010 haba un 64% ms de habitantes
rurales que en 1960; es decir, nunca tuvimos tantos campesinos y
comunidades tnicas sobre la faz de la Tierra! En ese mismo pero-
do, la poblacin urbana creci un 352%, pasando de 995 millones de
personas para 3.510 millones de habitantes. Estos acontecimientos
tienen enormes implicaciones terico-polticas, porque traen a la luz
la ruptura metablica olvidada por la tradicin eurocntrica del cono-
cimiento que, con su idea maestra de dominacin de la naturaleza,
coloniz el mundo con su antropocentrismo.
Esta urbanizacin intensa se presenta, por primera vez, como
un fenmeno global, aunque 2/3 partes de la poblacin urbana viva
en Amrica Latina/Abya Yala, en frica y en Asia, lejos, por tan-
to, de la ciudad-luz prometida por la colonialidad del poder/saber

1 Este ensayo se desarroll como parte del Post-Doctorado en el Programa de


Post-Graduacin Interdisciplinar en Ciencias Humanas de la Universidad Federal de
Santa Catarina del Centro de Filosofa y Ciencias Humanas, bajo orientacin del Dr.
Luiz Fernando Scheibe.

54
Carlos Walter Porto-Gonalves

eeuurocntrico2 caracterstico del proceso moderno-colonizador con


base en la acumulacin incesante del capital. El escritor uruguayo
ngel Rama (1926-1983) ya nos haba alertado que las primeras ciu-
dades modernas y planificadas fueron construidas en Amrica Latina
como ciudades para el control territorial y la dominacin. Fue tam-
bin en Amrica Latina donde se introdujeron las primeras grandes
extensiones de monocultivos con la caa de azcar en Cuba, Hait y
Brasil. Subrayemos lo que normalmente no se destaca: el monoculti-
vo no es apenas una tcnica de produccin, que lo es; pero tambin
se configura, y sobre todo, como una tcnica de poder pues nadie,
hasta inicios del siglo XVI, plantaba un nico producto en grandes
extensiones, lo cual significaba, en realidad, dejar de producir para
s mismo. Cambio de escala y cambio en las relaciones sociales y de
poder, por tanto. El monocultivo en grandes extensiones (latifundios)
implica que se produce para terceros que no son de ese lugar y eso es
lo que se hizo sobre todo en las reas coloniales. Y como nadie hara
esto de forma espontnea, se impuso el trabajo esclavo y con l el ra-
cismo, puesto que el trabajo esclavo era exclusivo para los pueblos de
color, entindase contra los otros, los no-blancos, los no-europeos3. Y
como era necesario beneficiar las grandes producciones de estas reas
extensas (latifundios) con monocultivos, se introdujeron los ingenios
que, como su propio nombre indica, fueron tecnologas modernas, in-
geniosas, en el mismo sentido que hasta hace poco nos referamos a la
industria como una habilidad y un talento humano (ser ingenioso, ser
industrioso). Como se ve, monocultivo, latifundio, esclavitud, racismo
y tecnologa de punta llegaron juntos con la instalacin del sistema
mundo capitalista moderno-colonial patriarcal.

OPOSICIN CAMPO-CIUDAD Y LA COLONIALIDAD


DEL SABER/PODER
El fenmeno urbano no es propiamente europeo si miramos a Uhr,
al sur de Mesopotamia; la civilizacin de Caral, al norte del actual
Per; Tenochtitln, en Amrica Central; Cuzco, en el centro del
Tawantynsuyu, en el mundo andino; entre otras muchas experiencias.

2 Eeuurocntrico es un neologismo que proponemos para describir la hegemona


europea/estadounidense que est colonizando el mundo desde 1492 a partir de cen-
tros imperiales variables: Ibrico, Europeo Noroccidental y Estados Unidos, todas en
el Atlntico Norte. Todo indica que ahora hay un giro geogrfico que est en curso en
direccin al Ocano Pacfico.
3 Todava es comn afirmar que el proceso histrico-colonial en Amrica Latina/
Abya Yala se construy con base en el trpode latifundio, monocultivo y esclavitud.
Se olvida as que la esclavitud era racializada, ocultndose as el cuarto pilar de dom-
inacin colonial que an nos atormenta: el racismo.

55
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Sin embargo, la lectura de la ciudad como locus de una vida superior


se nos impuso sobre todo a partir de la colonizacin europea, que
silenci otras lecturas4 del mundo (epistemicidio, dira Boaventura
Sousa Santos).
Hay una tensin filosfica-poltica que atraviesa el debate acerca
de la buena vida en la ciudad y/o en el campo. La tradicin de origen
helnico, que Europa va a reivindicar tardamente como suya, afirma
la ciudad como cuna de la democracia y la civilizacin, aunque sea
enorme la deuda que los europeos occidentales tienen con los rabes,
como lo demuestra el hecho de que la obra de Aristteles (384 a.C.-
322 d.C.), por ejemplo, solo lleg a Pars en el siglo XII gracias a una
traduccin realizada en Toledo (actual Espaa) que estaba entonces
bajo dominio rabe, como nos recuerda Enrique Dussel (Dussel en
Lander, 2006).
La lectura que se hace de la vida urbana como una vida superior
Civilizacin se elabor con la afirmacin de un conocimiento que se
reivindica como Racional la Ciencia, la Filosofa el cual sera supe-
rior a la Religin y a los Mitos. Habra incluso una evolucin del Mito
a la Ciencia y a la Filosofa, segn el filsofo alemn Ernest Cassirer
(1874-1945). La Ciencia y la Filosofa seran obras de la Razn huma-
na, razn sta que se expresara en lenguaje escrito, de modo que es-
caparan y sobreviviran a los cuerpos de los mortales que escriben. Es
cierto que hubo aquellos que, como Scrates5, percibieron que por ese
camino la verdad podra abandonar el mundo mundano y quedar en
algn libro sagrado, sea religioso, filosfico o cientfico. Quedaran los
hermeneutas para elaborar las interpretaciones correctas de los textos
sagrados, fuesen ellos religiosos o no, y que comunicaran despus la
verdadera opinin (ortodoxia) a los iletrados6.
El miedo de que cualquiera pudiese decir su verdad lleg a es-
tigmatizar el arte de argumentar, la Retrica, como algo peligroso.
La democracia correra as un riesgo por el uso de la Retrica, que
se entenda como el arte de engaar al pueblo sobre la verdad, cosa

4 Cuando decimos lectura es necesario tomar en serio la invencin del lenguaje


escrito asociado a las ciudades y los escribas.
5 Fue Platn quien registr los dilogos con Scrates. Algunos dicen que solamente
as pudimos conocer a Scrates, o sea, a travs de los escritos de Platn. Sin em-
bargo, ironas de la vida, muchos saben lo que es el amor platnico aunque nunca
hayan ledo a Platn. La expresin amor platnico sintetiza bien la tesis atribuida
a Platn de que solamente la idea es perfecta, como el amor idealizado, platnico,
perfecto. Nos queda la duda de si conocemos a Scrates porque Platn escribi lo
que dijo o si lo conocemos porque las ideas se transmiten por otros caminos ms all
de la escrita.
6 Los ortodoxos de Orto (correcto) + Doxa (opinin).

56
Carlos Walter Porto-Gonalves

propia de los sofistas, palabra que aunque derivaba de sofia sabidu-


ra tambin qued descalificada pues el verdadero conocimiento re-
quera del rigor de aquellos que dominaban el mtodo racional. Solo
los doctores estaran autorizados para hablar, diran los aristcratas,
para quienes el pueblo (Demos) estara desautorizado a gobernarse
(Cracia). La Demo+Cracia, para ellos, sera cosa propia de gente de
escuela7, entindase, de las lites; en fin, una contradiccin en los tr-
minos, por lo menos despus de 1789 (Chau, 1982).
No faltaron, a lo largo de la historia de las ciudades, las luchas de
los communards para que las comunas fuesen liberadas. El aire de
la ciudad torna al hombre libre, se deca en Europa durante su Edad
Media, segn el historiador Henry Pirenne. Las ciudades en la Edad
Media europea eran islas en un ocano rural de opresin servil cam-
pesina bajo el yugo de los seores feudales. Y la burguesa, que depen-
da de una riqueza mvil el dinero y no de bienes de raz como la
tierra para los seores feudales luchara por libertar las comunas, los
burgos, del yugo seorial. Los communards tienen una larga historia
que ensearnos en la lucha por la libertad, por la justicia, aunque sea
limitado pensar/sentir la libertad en una isla urbana en medio de un
ocano de opresin rural.
Lo que, posiblemente, los griegos nos hayan dejado como su ma-
yor contribucin a la historia de la humanidad es esa idea de que los
hombres son los que inventan sus propias (Auto) reglas (Nomos) afir-
mando su autonoma, siempre en el contexto e independientemente
de cualquier texto. En definitiva, al principio est la accin y no el
verbo. Los textos son, en la mejor de las hiptesis, buenos pretextos,
pero no pueden actuar si no es por medio de hombres y mujeres de
carne y hueso, como dira Edward P. Thompson. Lo que los griegos
no saban es que las mujeres no solamente sienten sino que tambin
piensan, y que los hombres tienen sentimientos que atraviesan sus
pensamientos8. Y no solo el Hombre con maysculas, sino tambin
los hombres en general incluso siendo esclavos, siervos o trabajadores
manuales, en definitiva siendo otros (tnico-racialmente y cultural-
mente). Es preciso reconocer que los griegos inventaron una forma
especfica de pensar, la Filosofa, pero no inventaron el pensamiento
como tal, como nos muestra Walter Mignolo. Es necesario descoloni-
zar el pensamiento que piensa que solo es posible filosofar en alemn
o en griego, como apuntase Martin Heidegger (1889-1976)9.

7 Para eso estaran las escuelas.


8 El corazn tiene razones que la propia razn no entiende, como dijo el filsofo
Blaise Pascal (1623-1662).
9 Caetano Veloso, en su cancin Lngua, se refiere a Heidegger: Se voc tem uma

57
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

De este modo, la Ciudad coloniz el mundo. La ciudad sera como


el locus por excelencia de la vida civilizada y obra propia de los hom-
bres, ms que de las mujeres, dicho sea de paso. La razn, masculina,
permitira salir del reino de la Naturaleza a travs de un artefacto, una
obra de los hombres: las ciudades. Y las ciudades, lugares de las artes
y del saber y loci del poder, estaran autorizadas a dominar el mundo
tout court, tanto el mundo rural y sus campesinos como los mundos
de los pueblos/etnias/nacionalidades asociadas a la naturaleza, los
otros, los salvajes (de selva) o brbaros (palabra que deriva del canto
desarticulado de las aves, por tanto, de la naturaleza). La ciudad-ca-
pital manda, as como la cabeza capita manda en el cuerpo aunque
el pensamiento no pueda dispensar el cuerpo/cerebro que siente/pien-
sa10 como dira el sensualista Etienne Condillac (1715-1780), fuente de
la inspiracin materialista de Karl Marx (1818-1883). Son profundas
las implicaciones de la oposicin Ciudad-Razn, de un lado; Campo-
Naturaleza, del otro.
Toda esa tensin de larga duracin nos habita. Pero las ciudades de
nuestros das ya no son ms unas islas en medio de sociedades rurales.
Desde el siglo XVI se formaron ciudades cada vez mayores, aunque
fuesen inicialmente ciudades de dominacin al servicio de intereses
mercantiles, bendecidas por la Cruz de la Iglesia Catlica Romana que
dividi el mundo entre espaoles y portugueses con el Meridiano pa-
pel de Tordesillas. Ya estaba all la Ciencia Cartografa, Matemtica,
Arquitectura junto con la fe. La coca sagrada de los quechuas y ay-
maras ser substituida por el Dios del dinero para producir plata en la
mayor ciudad del mundo en aquella poca (Horacio Machado Araoz),
construida alrededor del Cerro Rico de Potos, actual Bolivia, en la pri-
mera guerra con opio del mundo capitalista moderno-colonial.

LA RUPTURA METABLICA DE LA REVOLUCIN (EN LAS


RELACIONES SOCIALES Y DE PODER) INDUSTRIAL
As como Prometeo rob el fuego de los dioses y se lo entreg a los
hombres para que dominasen el fro y pudiesen cocinar los alimentos
siendo, as, dueos de s mismos, el dominio de la fuente de energa
fsil carbn, petrleo y gas se configurara como la nueva revolucin
prometeica en el siglo XVIII. Y as como Zeus castig a Prometeo, per-
manece el eterno antagonismo entre los dioses y los hombres.
La mquina de vapor va a hacer creble el mito de la tcnica para
el dominio de la naturaleza. El mito de la dominacin de la naturaleza

idia incrvel / melhor fazer uma cano / Est provado que s possvel filosofar em
alemo. Fina irona sobre el potencial creativo de cada lengua.
10 El socilogo colombiano Orlando Fals Borda nos habla de sentipensamiento.

58
Carlos Walter Porto-Gonalves

que la mquina a vapor torna creble desarrolla a nivel prctico la


idea de que no existen lmites para la acumulacin incesante de ca-
pital. Pero el mundo de la vida, como nos ensean los naturalistas
chilenos Francisco Varela (1946-2001) y Humberto Maturana (1928-),
es el mundo de la autopoeisis11, un sistema capaz de reproducirse y
mantenerse por s mismo, una especie de entropa negativa (neguen-
tropa). Segn las leyes de la termodinmica de la fsica, la entropa12,
la energa trmica no puede ser completamente convertida en tra-
bajo y no solo se disipa bajo la forma de calor, y al mismo tiempo la
materia se desagrega durante el proceso de trabajo bajo la forma
de efluentes no aprovechables (basura, gases, contaminaciones). Los
efectos (no solo el efecto estufa), de esa disipacin de calor y desagre-
gacin de la materia, no son reversibles, y tampoco lo es el tiempo,
como pensara el antropocentrismo con su concepcin de un hombre
que controla, desde fuera, la naturaleza13.
Esa energa fsil no est dispersa en el planeta, sino que se en-
cuentra concentrada en yacimientos de carbn, petrleo o gas. Basta
cercarla, dominarla, y como no hay trabajo sin energa, como nos en-
sean los fsicos, ningn lugar del mundo donde haya concentracin
de fuentes de energa tendr paz, porque es estratgico controlar estos
espacios geogrficos. Con la aplicacin del principio de la mquina
de vapor a los medios de transportes ferrovas y navegacin transo-
cenica la capacidad de trabajo proporcionada por esa revolucin
en las relaciones sociales y de poder por medio de la tecnologa de
la mquina de vapor promover una autntica ruptura metablica
de alcance planetario. Posiblemente, la gran novedad que nos trajo
la revolucin (en las relaciones sociales y de poder) por medio de la

11 Con el concepto de autopoiesis Maturana y Varela (1973) designan la qumica de


auto-manutencin de las clulas vivas. En fin, la autopoiesis sera la condicin de
existencia de los seres vivos en la continua produccin de s mismos.
12 La entropa es una grandeza termodinmica que indica el grado de irreversi-
bilidad de un sistema, encontrndose normalmente asociada a lo que se denomina
por desorden de un sistema termodinmico. De acuerdo con la segunda ley de
la termodinmica, el trabajo puede ser convertido completamente en calos y, como
tal, en energa trmica. Mientras tanto, segn esta misma ley, la energa trmica no
puede ser completamente convertida en trabajo. Con la entropa se busca medir la
parte de energa que no se puede transformar ms en trabajo en transformaciones
termodinmicas a una temperatura dada, <https://pt.wikipedia.org/wiki/Entropia>.
13 De ese modo, la mxima Time is Money solamente tiene sentido si pensamos el
tiempo como algo abstracto sin materialidad y el dinero como equivalente general,
abstracto. Sin embargo, el tiempo, como el espacio, es un atributo de la materia, es
algo concreto, as como la riqueza no es algo abstracto, como el dinero, y s lo que
beneficia concretamente, como defienden los buenos economistas. En fin, la riqueza
es el tiempo y lo que se disfruta, y no dinero.

59
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

tecnologa industrial con la mquina de vapor, haya sido la percepcin


de que se liberara de las plantas y de los animales, seres que mueren y
de los cuales tenemos que cuidar para producir energa. Todo llevaba
a pensar que con el carbn, primero, y el petrleo y el gas despus, y
su uso con una mquina que estaba bajo el control de aquel que prota-
goniza la accin (poder), la velocidad y la intensidad en el proceso de
trabajo adquiriran el ritmo que quisiramos. Para aquellos que creen
que la tecnologa implica solamente la relacin sociedad-naturaleza,
ignorando la naturaleza de la propia sociedad, basta recordar las me-
morables imgenes de Los tiempos modernos, de Charles Chaplin,
que muestran claramente quin mueve el ritmo de las mquinas y
cules son los efectos sobre aquellos que viven, en las fbricas, bajo el
yugo del Capital; y hoy aadimos, sobre los que viven tambin fuera
de ellas (contaminacin sonora, del aire, del agua). Lo que no saba-
mos entonces es que la mquina de vapor no solamente consigue un
mayor control del Capital sobre el proceso de trabajo, permitiendo as
el aumento de la productividad y de los productos, sino que produce
adems valor y vapor, energa disipada bajo la forma de calor; y que,
lo que se pensaba que eran externalidades, olvidaba que el Planeta
Tierra deba re-trabajar en su metabolismo todo aquello que excreta,
elimina.

LA MECANIZACIN Y LA UTILIZACIN DE LA QUMICA:


PRIMEROS PASOS EN LA URBANO-INDUSTRIALIZACIN DE LA
AGRICULTURA
Poco a poco, el mundo industrial con sus laboratorios tcnico-cientfi-
cos, comenzar a invadir el mundo rural, con todas las implicaciones
epistmicas y polticas ya sealadas. Los diversos saberes ancestra-
les tejidos por mltiples comunidades tnicas y campesinas, que nos
dieron tantos sabores y curas a partir de tantos y diversos contextos
sociogeogrficos y culturales, no solamente sern descalificados sino
que sus portadores sern violentados y desterritorializados. La qu-
mica pasara a ganar destaque con Justis von Liebig (1803-1873) que
llegara ms tarde, incluso, a la frmula NPK de los fertilizantes.
El locus de la produccin de conocimiento agrcola comienza a
desplazarse desde el campo y las comunidades tnicas y campesinas
para los laboratorios vinculados a la industria; es decir, para el capital
industrial. El mundo rural comienza a ser metablicamente goberna-
do por una razn tecnocientfica urbana, gestorial-burguesa, de abas-
tecer las ciudades con alimentos y materias primas como mercancas
subordinadas a la lgica de la acumulacin de capital, ahora con el
uso de mquinas (de vapor) y de la qumica. Crece as la tensin entre
lo que emerge como el tiempo de la modernizacin que, como se ve,

60
Carlos Walter Porto-Gonalves

significa colonizar el mundo rural y los tiempos de las comunidades


tnicas y campesinas. Hay que subrayar que nadie coloniza a quien
es igual a l, por lo que modernizar/colonizar implica previamente
inferiorizar al otro, al diferente. Se profundiza la supresin de los pai-
sajes, iniciada con las grandes extensiones (latifundios) y sus mono-
cultivos. Los monocultivos que se pierden en el horizonte implican la
supresin de la diversidad de lugares (pays), de los que all habitan
(paysan) y de las mltiples formas de producir y admirar el paisaje
(paysage)14.
El hambre que asol Europa en el siglo XIX se super con la
emigracin a las Amricas, a Australia y frica del Sur, y tambin
con la qumica orgnica cientfica que se comenz a desarrollar en
los laboratorios industriales y que encontr en el guano los excre-
mentos de las aves que se alimentaron durante milenios de cardme-
nes del Pacfico Sur la fuente de la qumica orgnica natural. Los
ingleses15 haban descubierto, alrededor de 1840, las extraordinarias
propiedades fertilizantes del guano (nitrgeno, amonaco, fosfatos y
sales alcalinas). Las montaas de guano localizadas en las islas y en el
litoral boliviano-peruano-chileno, se fueron agotando poco a poco por
la voracidad de la demanda por una riqueza que dependa, no slo de
la vida de los pjaros y de los cardmenes, sino tambin de un tiem-
po de larga duracin que se materializ geogrficamente de un modo
concentrado en aquellas plagas. Lo que sucedi fue que la materia el
guano fruto de un tiempo de larga duracin era consumida ahora
por un tiempo de corta duracin gobernado por la lgica de la acu-
mulacin incesante de capital. Dos qumicos, Fritz Haber (1868-1934)
y Carl Bosch (1874-1940)16, abrieron nuevos horizontes para que el
capital industrial dominase el mundo rural, al desarrollar la patente y
comercializacin del proceso Haber-Bosch, por el cual se obtiene nitr-
geno del aire y se produce amonaco a nivel industrial que, al oxidarse,
forma nitritos y nitratos, esenciales en la produccin de fertilizantes,
proceso sin competidores hasta hoy.
Junto con la invasin del mundo rural por la qumica, bajo el
yugo del capital industrial, vino la creciente mecanizacin de la agri-
cultura, la mquina de vapor invadiendo el campo. La industrializa-
cin de la agricultura implica la ampliacin de la ruptura metablica
con la imposicin del tiempo de la industria, sometido al tiempo de la

14 La lengua francesa relaciona estas tres expresiones: pays, paysan e paysage.


15 Los ingleses apoyaron a Chile en la guerra contra Bolivia y Per con el fin de ga-
rantizar su beneficio de ese fertilizante. La geografa poltica de nuestro continente
fue alterada en este entonces.
16 Ambos recibieron el Premio Nobel de Qumica, Haber en 1918 y Bosch en 1931.

61
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

competitividad entre capitales por aumentar sus lucros, medido cuan-


titativamente por un plus (vala) que implica el aumento de la pro-
ductividad de las cosas materiales, con el uso de la energa de origen
fsil y la consecuente disipacin bajo la forma de calor y de efluentes
slidos, lquidos y gaseosos (basuras y contaminacin)17.
Aunque la agricultura contine dependiendo del Sol nuestro de
cada da, con el uso de fertilizantes qumicos y del Sol mineralizado
durante un tiempo geolgico de millones de aos carbn, petrleo y
gas utilizado en tractores y otras mquinas, pas a someter a la na-
turaleza a un ritmo cuya reproduccin depende cada vez ms de esas
fuentes no renovables. Una agricultura fosilista que ya no depende de
la energa que incide sobre un determinado espacio geogrfico y que
anima las complejas relaciones biocinticas.
De nuevo, tensin entre tiempos distintos. Como los tiempos no
son meras categoras a priori del pensamiento, sino que se materiali-
zan en las geografas o, si se prefiere, en los espacio-tiempos concretos
(pacha, como se dice en el mundo andino), lo que se profundiza es el
colapso ambiental. El tiempo del capital industrial, con su obsesin
de acumulacin incesante para desarrollarse, mira a los otros tiempos
como atrasados. La diferencia, la diversidad sea natural o cultural
debe ser eliminada y de ese modo, con violencia epistmica y polti-
ca, se crean vastos espacios de monocultivos. Se olvida as: (1) que el
Planeta, en su inestable equilibrio dinmico, necesita de las tierras
calientes, templadas y heladas, de las reas hmedas y desrticas; (2)
que la humanidad es culturalmente diversa y ese es un atributo de la
especie humana que le permite inventar diversos modos de relacio-
narse con las condiciones de la vida (tierra, aire, agua, fuego, la propia
vida bajo la forma de planta y de animal).
Recordemos que agricultura es cultura del campo (agri+cultura) y
que cultura tiene el mismo origen de cultivar, cultuar y coger. La agri-
cultura, ms que una tcnica, es tambin horizonte de sentido para
la vida, mundos de vida. Esa racionalidad tcnico-cientfica se impu-
so con violencia epistmica y poltica a travs del Estado Territorial
Moderno, que se atribuy la prerrogativa de legislar sobre todo un
sistema de pesos y de medidas con una mtrica propia que ignor que
en aquellos territorios de los Estados habitaban mltiples territoria-
lidades. Por detrs del carcter nacional de los Estados encontramos

17 El tiempo de la industria es un tiempo que se concibe abstrayndose de la ma-


terialidad. Es un tiempo matemtico, que es el ms abstracto de los lenguajes, que
tienden a confundir las cosas de la lgica con la lgica de las cosas. Las Ciencias
Naturales se crean objetivas, entre otras cosas, por basarse en el lenguaje matemti-
co. El filsofo brasileo Gerd Bornheim, design idiotas de la objetividad a aquel-
los que practican ese logocentrismo (Bornheim, 1983).

62
Carlos Walter Porto-Gonalves

violencia epistmica (Boaventura Sousa Santos) y colonialismo inter-


no (Pablo Gonzlez Casanova). Lo que es propio de las comunidades
tnicas y campesinas es el hecho de pesar y medir su espacio y su
tiempo en definitiva, sus horizontes para la vida de modo original
aunque en dilogo permanente.

LAS R-E(X)SISTENCIAS DE LAS COMUNIDADES TNICAS Y


CAMPESINAS
En el contexto de estas tensiones, muchos conflictos, rebeliones y re-
voluciones de las comunidades tnicas y campesinas se diseminan por
todos lados. Los revolucionarios rusos le preguntaron a Karl Marx
(Carta de Vera Zasulich) qu deban hacer con la obschina18 comu-
nidades campesinas ampliamente diseminadas en la Rusia rural y,
para su sorpresa, recibieron de Marx una respuesta positiva sobre el
lugar que esas comunidades podran tener en una sociedad comunista
(Respuesta de Marx a Vera Zasulich). Marx rechaza el evolucionismo
lineal e indica que el pasado/presente puede ser el horizonte de sen-
tido para una nueva sociedad, como nos ensean Teodor Shanin y
Edward Thompson.
En Amrica Latina, en 1910 deton la primera revolucin del siglo
XX, en Mxico, con Pancho Villa (1878-1923) y Emiliano Zapata (1879-
1919). En la Rusia de 1917, los campesinos tambin tuvieron un papel
protagonista en la Revolucin de Abril-Octubre. En Centroamrica,
Augusto Csar Sandino (1895-1934) y Farabundo Mart (1893-1932)
protagonizaron importantes insurrecciones de campesinos tnica-
mente diferenciados (indigenato, segn Darcy Ribeiro, y campesin-
dios, segn Armando Bartra), cuya relevancia poltica fue osadamente
analizada por Jos Carlos Maritegui (1894-1930).
La centralidad poltica que tom la cuestin de la concentracin
de la tierra est claramente demostrada en regiones como Amrica
Latina /Abya Yala, cuya construccin socio-espacial fue marcada por
la colonialidad del poder (racializado) inherente a la heterogeneidad
histrico-estructural del sistema mundo capitalista, moderno y pa-
triarcal (Anbal Quijano). Las repblicas de indios, los cabildos,
los espacios que jams fueron conquistados por el invasor colonial
como la Araucana-Mapuche, buena parte de la Amazonia y, sobre
todo, de la Amazonia-Andina los espacios de libertad en medio de
la esclavitud/servidumbre como los quilombos, palenques y cumbes,
van a servir como bastiones de r-existencia; es decir, una resistencia
que no es simplemente una reaccin al invasor, sino una forma de

18 Donde se practicaba el artel, trabajo comunitario que se asemeja a la minga an-


dina.

63
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

r-existencia porque incorporan nuevos horizontes de sentidos propios


reinventados en las circunstancias. Resisten porque existen; por tanto,
r-existen.
Y esta r-existencia no es de ahora. En Europa, en la actual
Alemania, la Guerra Campesina de 1525 liderada por Thomas Mntzer
(1490-1525) ya revel la debida importancia del sentido poltico de
justicia que reinaba entre las comunidades campesinas. En el con-
tinente que posteriormente se afirmara con el nombre de Amrica
Latina, la r-e(x)sistencia con/contra el invasor/colonizador se expres:
en la Grande rebelin de 1781 en el altiplano andino, liderada por
Tupak Amaru II (1742-1781), Tupak Katari (1750-1781) y Bartolina
Sissa (1753-1782), que contribuy a debilitar el imperio espaol; en la
revolucin haitiana, la nica de aquel tiempo (1804) comandada por
negros; en la amplia Revuelta de los cabanos, la Cabanagem (1835-
1838), en la actual Amazonia brasilea, donde se produjo la mayor
masacre de la historia de Brasil con 35 mil muertos; en la masacre
contra los campesinos en Canudos (1897) en el nordeste brasileo; o
en la Guerra del Contestado en el Sur de Brasil (1912-1916).
Se produce, adems, una amplia ocupacin silenciosa del espa-
cio de nuestras sociedades, donde reas extensas fueron ocupadas
de buena fe sin que hubiese reconocimiento de facto por parte del
Estado, aunque de jure s conste ese reconocimiento desde el perodo
colonial, como en el caso de la ley de prescripcin administrativa
(usucapin). Son los faxinais19, los fondos de pasto20, las tierras de
uso comn, que se van configurando como derechos que vienen de
la gente (derecho consuetudinario) y que exigen pluralismo jurdico
y plurinacionalidad con interculturalidad (Catherine Walsh) y trans-
modernidad (Enrique Dussell).
Un momento de gran repercusin mundial de esas luchas tni-
cas y campesinas ser la Revolucin china de 1949. En ella encontra-
mos una tensin entre el mundo campesino y la visin eurocntrica
urbano-industrializante que tendr su cima en la llamada revolucin
cultural. Debemos prestar atencin al carcter cultural de esa revolu-
cin poltica, que va a traer importantes efectos en la crtica al desa-
rrollismo urbano-industrializante de inspiracin eeuurocntrica. Con
la derrota de la Revolucin Cultural en China, en 1970, se va a pro-
ducir una de las ms sorprendentes restauraciones capitalistas que

19 Referencia a comunidades rurales que se establecieron en la regin centro-sur del


actual estado de Paran, al sur de Brasil, como mecanismo de defensa del campes-
inado local (Nota del traductor).
20 Nombre dado al modo tradicional de produccin y uso de la tierra en la regin
nordeste de Brasil, en el cual se articulan terrenos familiares con reas de uso comn.

64
Carlos Walter Porto-Gonalves

el mundo va a conocer bajo el comando de un Partido Comunista.


Estbamos delante de una segunda onda descolonizadora mundial
que ya no ser obra exclusivamente de la lite blanco-criolla, como en
el siglo XVI en Amrica. En esta nueva onda descolonizadora, los pue-
blos de color y los campesinos/indigenatos van a tener un papel muy
relevante. La negritud, como movimiento poltico-cultural de origen
caribeo (C.R.L. James) trajo las marcas de la herida colonial en las
luchas de liberacin nacional en frica. Se destacan varios intelectua-
les negros, como Franz Fanon (1915-1961), Aim Csaire (1913-2008)
y C.R.L. James (1901-1989). Es ms: ese movimiento descolonizador
protagonizado por aquellos que fueron sometidos por la racialidad
sistmica no se qued en el mundo perifrico segn una geografa
convencional cartesiana no es restricto a frica, Asia y Amrica
Latina. Tambin se desarrolla en los Estados Unidos con Malcom X
(1925-1965), ngela Davis (1944-), las Panteras Negras y con Martin
Luther King (1929-1968). La colonialidad y su racismo constitutivo
anidan en el centro del sistema en el sentido ms profundo de la ex-
presin; es decir, a travs del sistema, en-el-Centro-y-en-la-Periferia.
La lucha del campesinado y su reivindicacin siempre actualiza-
da por la reforma agraria, se van a hacer presentes sorprendentemen-
te en el Caribe, en Cuba (1959), reafirmando los ensayos que se haban
dado anteriormente en otros pases como Bolivia (1952), Guatemala
(1954) y Colombia (desde el asesinato de Jorge Eliecer Gaitn, 1898-
1948). Las vicisitudes de la Guerra Fra impusieron limitaciones a
los cubanos, como denunci ms tarde Fidel Castro sobre la falta de
respeto de los soviticos por los cubanos (Castro y Ramonet, 2009).
Recordemos la contradiccin de un pas como Cuba, de amplia mayo-
ra negra y con un amplio predominio de una lite masculina y blanca
en el Comit Central21. Y no solo eso, sino la dificultad de la izquierda
de matriz eurocntrica de comprender el fenmeno de la colonialidad,
no solamente como lo denunciaron Franz Fanon y Aim Csaire, sino
tambin como se pudo ver claramente en la Revolucin boliviana de
1952 en la que la izquierda en el poder procedi a la divisin de las
tierras comunitarias de los ayllus andinos en pequeas propiedades
campesinas en una reforma agraria que no supo leer el fundamento
comunitario que exista en aquel lugar desde tiempos ancestrales. Una
vez ms, Jos Carlos Maritegui era olvidado.

21 Este hecho sera intensificado en el perodo especial, cuando los efectos deri-
vados de la cada del muro y del permanente bloqueo estadounidense se abatieron
sobre todo en la poblacin negra. Pude asistir de cerca, en 2010, al debate abierto
en Cuba donde intelectuales negros reconocan que, aunque en ninguna otra poca
histrica los negros haban tenido tantos beneficios como despus de la revolucin,
el racismo an prevaleca.

65
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

LA REVOLUCIN VERDE: NUEVOS PASOS EN LA URBANO-


INDUSTRIALIZACIN DE LA AGRICULTURA
La segunda onda descolonizadora, a la que hacamos referencia an-
teriormente, coloc en escena a los negros, los asiticos (Revolucin
china, guerras de Corea, Vietnam y Camboya, la no-violencia activa
de Ghandi en India), los pueblos de Oriente Medio, los campesinos y
comunidades indgenas de Amrica; es decir, los extraos del nido,
por apropiarme del ttulo de la pelcula Un Extrao en el Nido de
Milos Forman (1975). Josu de Castro rompi el tab sobre el tema
del hambre y la geografa del hambre; no fue solo un libro, sino una
lucha contra la desigualdad y la injusticia que los pueblos de color
reivindicaban en todas las geografas del mundo.
La Reforma Agraria gan destaque por el protagonismo de los
pueblos en lucha. En Brasil, las Ligas Campesinas tuvieron un im-
pulso a nivel nacional, espacio que hasta entonces los campesinos no
haban alcanzado. En esos aos 1950/1960, el fenmeno del hambre
en cuanto lucha contra la injusticia y la colonialidad provoc que sec-
tores conservadores resucitasen al reverendo Thomas Malthus (1766-
1834) y su ecuacin simplista entre crecimiento demogrfico en escala
exponencial y la produccin de alimentos en una escala aritmtica.
Comenzaba a destacar un discurso del terror: explosin demogr-
fica, population bomb, baby boom, explosiones y bombas por
todos lados. Y en el fondo, el fantasma de las banderas rojas de los
campesinos en revolucin en la Gran Marcha en China (1949). Con
la Revolucin Verde se produce un nuevo desplazamiento epistmi-
co-poltico, que va a abordar la superacin del hambre no como una
cuestin social y poltica sino como un problema tcnico: la revolucin
verde. Los colores son ideologizados. Aprovechando los avances de la
industria qumica desde la Segunda Guerra Mundial y su continuidad
en Vietnam, el uso de agrotxicos alcanza niveles cada vez mayores.
Las semillas pasaron a ser industrializadas como semillas hbridas y,
como se producan en laboratorios bajo control del capital industrial
como mercancas, se deberan garantizar las condiciones para que
fuesen adquiridas. De este modo, aquello que constituye la llave de la
reproduccin de las comunidades tnicas y campesinas, es decir, ser
capaces de reproducir sus propias condiciones de reproduccin con
las semillas, comienza a ser visto como algo tcnicamente superado y
atrasado (segn qu reloj?). Se trata de una nueva expropiacin epis-
tmica, porque la semilla no es apenas una fuente de reproduccin
de la vida, que lo es; sino que en la semilla hay conocimiento y, por
tanto, el alimento/energa necesario para la reproduccin de la vida;
hace parte del saber que las comunidades tnicas y campesinas desa-
rrollan desde que el mundo es mundo de vida. Semilla/conocimiento

66
Carlos Walter Porto-Gonalves

son fuentes de autonoma, de reproduccin. Muchos intelectuales que


se posicionan a la izquierda del espectro poltico tambin compartan/
comparten esta visin eeuurocntrica al combatir el latifundio impro-
ductivo. A esa crtica, los idelogos de la revolucin verde respondie-
ron transformando el latifundio productivo, como si el problema fuese
la produccin y no el latifundio. Para ellos, la reforma agraria era una
cuestin de produccin, de economa, y no poltica o de justicia social,
de democracia, incluso, de la tierra. Ernest Borlaug (1914-2009), bo-
tnico estadounidense considerado uno de los cientficos ms impor-
tantes de la Revolucin Verde y consagrado como Premio Nobel de la
Paz en 1970 por sus descubrimientos genticos para el aumento de la
produccin y la superacin del problema del hambre, afirmara aos
ms tarde su incomprensin al respecto de las complejas relaciones
sociales y de poder que atraviesan el mundo de la tecnociencia. Sus
hallazgos sirvieron ms a los negocios del agro que a los campesinos.
Toda una parafernalia institucional fue instalada por los think
tanks del Banco Mundial y otras instituciones multilaterales para que
el desarrollo llegase a los cuatro rincones del mundo con el fin de
superar el atraso (Oliveira, 2010). No fueron pocas las Misiones y los
Misioneros del Banco Mundial y otros que llegaron para medir la po-
breza y ofrecer la tecnologa necesaria para superar el atraso (Escobar,
2014). De este modo, despus de los intentos de catequizar, colonizar y
civilizar el mundo no-europeo, ahora tenemos los Nuevos Misioneros
en nombre del desarrollo, nuevo mito colonial. Violencia epistmica y
poltica que promover, en 50 aos, la mayor expulsin de comunida-
des tnicas y campesinas de toda la historia de la humanidad.
La urbano-industrializacin capitalista del mundo rural meca-
nizacin, uso generalizado de la qumica y de las semillas hbridas
y/o genticamente modificadas en laboratorios industriales amplia-
r la expansin de los monocultivos y del consumo de carnes para
una poblacin urbana en crecimiento acelerado y, desde 2007, ma-
yor que la poblacin rural! Vaclav Smil, especialista en eficiencia
agrcola, afirma que producir leche, huevos y carne alimentando los
animales con plantos cultivados con ese objetivo inevitablemente
lleva a menos comida de la que podemos producir de la tierra en la
cual las plantaciones son cultivadas, si consideramos la energa que
el alimento ofrece o la cantidad de protenas que obtenemos de l
(Negro, 2008). El mismo autor afirma que suministrar soja como
alimento a los animales resulta en la conversin de apenas una parte
del valor nutricional original. As, una dieta basada en productos
derivados de animales contribuye ms para la destruccin de las
florestas tropicales que una dieta basada directamente en granos.
Ese mismo raciocinio se puede hacer en relacin al maz producido

67
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

alrededor del mundo [] El consumo diario per cpita de protena


en los Estados Unidos es de 102g, siendo 70g de origen animal; sin
embargo, la recomendacin de la Organizacin de Naciones Unidas
para la Alimentacin y la Agricultura es de 41g. Si comparamos esta
dieta norte-americana con una dieta vegana es posible alimentar
veinte veces ms personas con la misma rea de tierra disponible. Y
podemos alimentar de seis a siete veces ms personas con una dieta
ovo-lacto-vegetariana (Fox, 1999).
Silvio Negro nos alerta adems que no es ningn secreto que
del arroz, de los frijoles y del trigo (y sus derivados) todas las clases
sociales se benefician. Sin embargo, cuando se producen maz y soja
para transformarlos en jamn, copa, salami, bacon o en pechuga
y muslo de pollo, entre otros productos, cul es el porcentaje de
la poblacin que tiene oportunidad de disfrutar de esos alimentos?
[] El cultivo de 12,6 millones de hectreas de maz y de 17,9 millo-
nes de soja, contra 3,1 millones de hectreas de trigo (IBGE, 2002),
y de la produccin de 2,43 millones de toneladas de carne de cerdo y
7,18 millones de toneladas de pollos industrializados (MAPA, 2003)
trae secuelas ambientales, sociales y econmicas a corto, medio y
largo plazo para, absolutamente, todos los miembros de la sociedad,
a pesar de los lucros astronmicos de las agroindustrias. Incluso
aquellos que por decisin personal o por falta de medios no consu-
men, son igualmente afectados por los subproductos de esa produc-
cin, ya sea por la degradacin de los suelos causada por el mono-
cultivo, por los millones de toneladas de residuos generados o por
la mala produccin y/o distribucin de alimentos entre las clases
sociales. Eso sin contar el sufrimiento de los animales producido
en el sistema agroindustrial; es decir, en confinamiento completo
(Negro, 2008).
No olvidemos que la urbano-industrializacin del mundo rural
provoca el aumento de los sin-tierra y de la poblacin urbana, ampli-
ficando as la ruptura metablica y acelerando el colapso ambiental.
Aumenta con ello la demanda urbana por agua, sea para fines indus-
triales, para saciar la sed de los moradores o para producir alimentos
y energa. En definitiva, avanza una agricultura voraz en el consumo
productivo de fsiles y de agua. Ya no se busca agua en la capa fre-
tica, como sealbamos antes; ahora se busca agua en los acuferos,
es decir, aguas de estoques geolgicos, del mismo modo que se bus-
can los combustibles fsiles en el fondo subsalino a 5 o 6 mil metros
de profundidad. Se explota la materia en nivel nanoscpico y no mi-
croscpico, lo que quiere decir que se busca explotar la materia del
tamao equivalente al dimetro de un cabello dividido 60 mil veces.
Vamos a buscar combustibles entre los poros del esquisto haciendo

68
Carlos Walter Porto-Gonalves

fracking. En definitiva, se explota la materia en sus diversas formas ya


sea en el subsuelo ms profundo, en sus intersticios o en los confines
del mundo.
Para explotar la materia en esa escala, en esas condiciones y en
esas regiones se necesita mucha agua y mucha energa, incluso para
transportar lo que se produce/extrae a distancias cada vez mayores. La
logstica se convierte en tema de portada de los peridicos y elemen-
to clave para la consolidacin de los Gestores (gegrafos, ingenieros,
militares). Con las represas en los ros se disminuye la productividad
pesquera y la vida de los ribereos se vuelve imposible; con el avance
de los monocultivos se necesitan insumos y fertilizantes qumicos para
proporcionar condiciones para la plantacin y la cosecha con una agri-
cultura cada vez ms sin agricultores (Miguel Teubal). El metabolismo
de un determinado geosistema (Sochava, 1978) ya no depende del flujo
de materia y energa que se da en una determinada rea o regin. Con
el uso de los agrotxicos se contaminan el agua y el aire, y los pjaros
e insectos, no teniendo qu comer, se lanzan sobre los cultivos de las
comunidades tnicas y campesinas y, aunque de esto se hable poco,
sobre las ciudades (vase aedes aegypti). Esto es lo que declar Julius
Lutwama, principal investigador del Instituto de Uganda de Pesquisa
Viral, sobre la epidemia de zika para el Foreign Policy:

Disponemos de amplia flora, amplia fauna y, claro, de buena tempera-


tura, buen clima. Lo que es bueno para los humanos es bueno tambin
para el virus. No ha habido en Uganda, y tampoco lo hay ahora, un
surto de zika. Segn Lutwama el zika siempre fue una afeccin benig-
na. De cada 5 o 10 personas infectadas, apenas una o dos presentan un
poco de fiebre. Y fue en Uganda donde se detect por primera vez el
virus, en 1947, en la sangre de monos (Rossi, 2016).

No nos sorprendamos, por tanto, con la vaca loca (encefalopata es-


pongiforme bovina), la gripe aviar (H1N1, p.e.) o la gripe porcina (in-
fluenza C, p.e.), que deben ser comprendidas como parte de la ruptura
metablica a la que estamos asistiendo y estamos sintiendo (Porto-
Gonalves, 2008). Nuestra comida de cada da est cada vez ms llena
de conservantes qumicos y de equivalentes sustanciales, trmino ju-
rdico que se encontr para justificar que se trata de algo que no existe
en la naturaleza: equivalente a. Cmo alimentarnos, y alimentar a
nuestros hijos y nietos, con la seguridad de que los organismos modi-
ficados en laboratorio, mal llamados genticamente modificados, son
saludables? La cuestin (de la reforma) agraria se convierte en urbana
por la comida saludable nuestra de cada da de la cual cada da te-
nemos menos certeza y control de que lo sea. La ruptura metablica
pone en riesgo la salud ambiental y, de este modo, la salud de todos.

69
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

La ruptura metablica no es un fenmeno ajeno a nosotros. Est


en nuestro cuerpo a travs del aumento vertiginoso de enfermedades
degenerativas, por no hablar del stress permanente que se ha conver-
tido ya en una segunda naturaleza.
Cuanto mayor es el crecimiento urbano y la demanda de materia
y de energa de todo tipo, mayor es la demanda por tierra-agua-ener-
ga-alimentos-minerales, todas juntas, porque ninguna de esas mate-
rias puede ser aislada de la otra y hacen parte del metabolismo del que
nosotros tambin somos parte. Finalmente, la ruptura metablica se
profundiza con la expulsin de las comunidades tnicas y campesinas
de la tierra. Con la tierra libre de esas comunidades y a disposicin
del Capital en su obsesin por la acumulacin incesante caminamos
con pasos firmas hacia el colapso ambiental!

LUCHA POR LA tierra, LUCHA POR LA TIERRA


La urbanizacin tarda del mundo, que se ha acelerado en las ltimas
dcadas, proporcion en Amrica Latina una aproximacin entre dos
tradiciones de pensamiento que se desarrollaron conflictivamente en
Europa. Nos referimos a la relacin entre Cristianismo y Marxismo.
Aqu, el CELAM Conferencia Episcopal Latinoamericana en sus reu-
niones de Medelln (1968) y Puebla (1979) afirm su opcin preferencial
por los pobres y dara origen a la Teologa de la Liberacin. La lucha
por la tierra y el apoyo a las comunidades tnicas y campesinas gan
un nuevo aliado, en la medida en que muchos religiosos dejaron las
sedes de las fazendas y se aproximaron a las casuchas de paja y a los ho-
gares rsticos y pobres. Dejaron la Casa Grande para aproximarse a la
Senzala22. En Amrica Latina, entre 1960 y 2010 la poblacin rural cre-
ci en un 45,4%, pasando de 84.850 a 123.352 personas. Mientras tanto,
la poblacin urbana aument exponencialmente de 82.500 personas en
1960 a 475.419 habitantes urbanos en 2010, un aumento de 579%. Aun
as, observemos, la poblacin rural en 2010 es mayor que la que haba
en 1960, por lo que no tiene sentido hablar de vaciamiento del campo
aunque la poblacin urbana se haya tornado mayor que la rural en el
perodo considerado y con un crecimiento ms que espectacular.
En Brasil, la poblacin rural decrece tanto en trminos relativos
como absolutos en el perodo de 1960 a 2010, pasando de 40 millones
en 1960 (55,1% del total) a 26, 6 millones en 2010 (13,4% del total), una

22 Expresin que se refiere a la obra del escritor brasileo Casa-grande e Senzala,


en el que se refleja la formacin de la sociedad brasilea. La Casa-grande haca refer-
encia a los grandes ingenios del azcar mientras que la Senzala eran los alojamientos
comunes que se destinaban para los esclavos dentro de los propios ingenios azucare-
ros (Nota del traductor).

70
Carlos Walter Porto-Gonalves

disminucin del 33,5% en 50 aos. La poblacin urbana pas de 32


millones de habitantes en 1960 (44,9% del total) a 171 millones en 2010
(86,6%), un aumento de 534% en el mismo perodo. La r-existencia de
las comunidades tnicas y campesinas en Amrica Latina se muestra
ms relevante an si se considera que Brasil, el pas de mayor efecti-
vo demogrfico, pas por el ms intenso proceso de des-ruralizacin
de todos los pases de la regin. La revolucin cubana tuvo un papel
importante como parte del espritu de resistencia y rebelda de las co-
munidades tnicas y campesinas de Abya Yala/Amrica Latina y Caribe,
colocando la cuestin (de la reforma) agraria en el centro del debate
poltico. Varios pases de Amrica Latina desarrollaron polticas en este
sentido por parte de gobiernos nacionalistas revolucionarios, como en
Per, Ecuador, Bolivia, Venezuela o Chile. En Brasil, a inicios de 1960,
los campesinos se haran presentes por primera vez en la historia del
pas en la escena poltica a escala nacional con las Ligas Campesinas.
El Estatuto de la Tierra (1964) y el Estatuto del Trabajador Rural (1969)
son conquistas de un movimiento que, aun derrotado por el golpe civil-
militar de 1964, oblig a los militares, a su modo, a hacer concesiones.
En Brasil, en 1976, surge la Comisin Pastoral de la Tierra en un
momento difcil de la vida brasilea en el que la dictadura civil-militar
impuls grandes obras de infraestructura como las represas hidroelc-
tricas de Itaipu, al sur del pas, Sobradinho, en el ro San Francisco,
Nordeste, y Balbina y Tucuru, ambas en la Amazonia. Despus de la
fundacin de Brasilia y del proyecto geopoltico de integrar las capita-
les de las 27 unidades de la federacin a la nueva capital, una comple-
ja red viaria se extender por los cerrados brasileos, la caja de agua
de Brasil (Guimares Rosa) y por la Amazonia, desencadenando una
ocupacin violenta contra la naturaleza y los pueblos de esas regiones.
Es precisamente de esa tensin entre el avance/invasin del Capital
y las comunidades tnicas y campesinas (quilombolas, indgenas, de
fondo de pasto, de faxinalenses, retireiros, seringueiros, ribereos,
pescadores y otros muchos) de donde van a surgir tantos grupos de r-
existencia. La violencia y la devastacin son enormes con la expansin
de los latifundios productivos moderno-coloniales con sus monocul-
tivos anti-indgenas, anti-quilombolas y anti-campesinos. El proceso
de des-ruralizacin promovi el fenmeno de los trabajadores rurales
sin-tierra y, dialcticamente, la mayor organizacin nacional de traba-
jadores rurales post-dictadura, el MST. As como el Movimiento de los
Afectados por las represas y, ms recientemente, el Movimiento de los
Afectados por la Minera en Brasil23.

23 En Per tambin surgi uno de los ms importantes movimientos de lucha contra


la minera, la Confederacin Nacional de los Afectados por la Minera CONACAMI.

71
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Tenemos, as, dos movimientos diferentes entre los movimientos


sociales: por un lado, aquellos cuya identidad se remite a territorialida-
des ancestrales e histricas, como los pueblos indgenas, quilombolas
y varias comunidades campesinas como los faxinalenses, seringuei-
ros, ribereos, pescadores y muchos otros; por otro lado, formaciones
de grupos sociales cuya identidad se construye en relacin a los gru-
pos que los agreden, como las empresas de minera caso del MAM
las empresas de construccin de hidroelctricas caso del MAB, por
movimientos con identidades en negativo, como el MST Movimiento
de los Trabajadores Rurales Sin Tierra o por movimientos que se afir-
man a travs de la mediacin estatal en la tierra conquistada, como es
el caso de los Asentados. En Brasil ya hay cerca de un milln de fami-
lias en asentamientos ocupando un rea aproximada de 85 millones
de hectreas de tierras, nmeros dignos de ser conmemorados si no
fuese porque la mayor parte de esos asentamientos estn controlados
por el Estado, que manifiesta poco inters en garantizar la seguridad
alimentaria y nutricional24. Una cuestin que se est planteando en el
horizonte de los movimientos que luchan por la tierra es la necesidad
de configurarse como protagonistas en la gestin de los asentamientos
como unidades territoriales bajo control de los interesados directos.
La sociedad brasilea tendra mucho que ganar con eso porque el rea
definida como asentamiento es mayor que el rea total plantada con
soja, maz, caa de azcar o con eucaliptos.
No hay dudas de que muchos de estos grupos que se clasifican
como poblaciones tradicionales se afirman con/contra la expansin
del Capital y se apropian de reivindicaciones que estn disponibles en
el espacio pblico, como es la cuestin ambiental, que se comenz a
institucionalizar en la Conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente
en Estocolmo en 1972. Desde entonces, se ha constituido un merca-
do ambiental con la exigencia de las organizaciones multilaterales
para que cualquier financiamiento, sea del Banco Mundial o de otro,
incorporase obligatoriamente la variable ambiental. Grandes repre-
sas y carreteras construidas en la Amazonia tuvieron ya este apoyo
financiero una vez que fueron sometidas a los rganos financiadores

24 En 1966, la Organizacin para la Alimentacin y la Agricultura (FAO) realiz


la Cumbre Mundial de la Alimentacin, en la cual se aprob una Declaracin y un
Plan de Accin destinados a combatir el hambre en el mundo. En esta ocasin, el
concepto de Seguridad Alimentaria y Nutricional se defini como la forma de garan-
tizar a todos condiciones para el acceso a alimentos bsicos de calidad, en cantidad
suficiente, de modo permanente y sin comprometer el acceso a otras necesidades
esenciales, con base en prcticas alimentarias saludables, contribuyendo as a una
existencia digna en un contexto de desarrollo integral de la persona humana.

72
Carlos Walter Porto-Gonalves

internacionales incorporando el vector ambiental25. El ambiente co-


menzaba a tornarse, as, en un negocio a partir de una nueva insti-
tucionalidad. Una vez ms, el Estado creaba las condiciones para el
mercado.
Cuestiones como el agua, los manglares, la floresta, los cerrados,
comenzaron a ser objeto de la lucha de las comunidades tnicas y
campesinas. Un ecologismo de base popular (Martnez-Alier) intro-
dujo nuevos/viejos personajes en la escena poltica. Nuevos desafos
se presentan a los movimientos tradicionales de lucha por la tierra.
La lucha por el agua, para esos movimientos, no es una lucha aislada
de la lucha por la tierra. En realidad, no se planta la tierra sin agua y
muchos ros estn viendo sus aguas represadas inundando las tierras
y convirtindolas en improductivas.
En la Amazonia, la lucha ecolgica fue reinventada como lucha
por las Reservas Extractivistas26, donde se afirm que no hay defen-
sa de la floresta sin los pueblos de la floresta (Chico Mendes), que
tambin dijo que la reserva extractivista era la reforma agraria de
los seringueiros. No queremos tierra, queremos territorio fue una
consigna que abri un nuevo horizonte para la lucha poltica. Aunque
continan reivindicando la tierra, quieren algo ms que un medio de
produccin, quieren la tierra para afirmar un determinado sentido de
la vida, como comunidad tnica o campesina. Otro lxico terico-po-
ltico est en curso. En 1990, en Bolivia y Ecuador salieron dos gran-
des marchas de las tierras bajas, de Amazonia ms concretamente,
dirigindose a las capitales con la consigna Lucha por la Vida, por
la Dignidad y por el Territorio. Consideremos esto: no se trata de
una lucha por igualdad, libertad y fraternidad de donde emanan las
derechas y las izquierdas en la matriz del pensamiento poltico eeuu-
rocntrico. No, son otros horizontes de sentido para la vida donde: la
Dignidad indica que sean respetados como lo que son, comunidades
tnicas y campesinas (identidades?); la Vida indica la lucha por toda
la comunidad de vida (plantas, animales, montaas, glaciares, ros,
lagunas), dialogando as con un tema como la ecologa que, no siendo
suyo, permite el dilogo con sus cuestiones propias; el Territorio indi-
ca que la sociedad no existe fuera de la naturaleza porque necesita de

25 La dictadura civil-militar haba creado una Secretaria Especial de Medio


Ambiente SEMA precisamente para incorporar lo ambiental en sus proyectos.
26 Frmula poltico-administrativa que el Estado brasileo adopt despus de una
fuerte presin de los movimientos de seringueiros/caucheros en la Amazonia, y que
preserva modelos de convivencia en reas de floresta en los cuales las comunidades
desempeaban un extractivismo forestal sostenible y de bajo impacto ambiental.
Con las Reservas Extractivistas se super la tendencia de extender sobre la Amazonia
la lgica de la Reforma Agraria convencional (Nota del Traductor).

73
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

las condiciones materiales naturales para su existencia. De ese modo,


la Cultura no se refiere exclusivamente a la cuestin identitaria, sino
que requiere tambin las condiciones materiales para su existencia.
Los movimientos indgena, quilombola y campesino desnaturalizaron
el concepto de territorio, hasta hace muy poco tiempo visto como la
base material del Estado. Incorporaron al debate otro lxico terico-
poltico en el cual dentro de un mismo Estado territorial, que se piensa
uni-nacional, existen en realidad mltiples territorialidades, mltiples
comunidades tnicas y campesinas. Es en este contexto que va a sur-
gir la reivindicacin de Estado Plurinacional y no ya estado Nacional,
como se refleja en las nuevas Cartas Magnas de Bolivia y Ecuador.
La lucha por la tierra, por tanto, es tambin la lucha por la Tierra.
La ruptura metablica que destacamos antes comienza con la deste-
rritorializacin de las comunidades tnicas y campesinas, sometiendo
la tierra-agua-energa-mineral a los designios del Capital y su hybris
destructora. Contina cuando esa hybris se hace ms fuerte con el
dominio del fuego, es decir, de la fuente de energa fsil, creyendo
as poder dominar a la naturaleza. Para ello, coloc a la especie hu-
mana fuera de la naturaleza: antropocentrismo. Pero la Tierra existe
gracias a un equilibrio dinmico que se construye en la diferencia,
con el calor y con el fro, con las reas hmedas y las reas secas, con
un hemisferio de tierra y otro de agua, con reas planas y con reas
accidentadas.
La aventura humana por el planeta parti de frica y se repar-
ti por el planeta. Nuestra especie aprendi a inventar mundos para
responder a la diversidad de situaciones geogrficas con las que se de-
par. Invent/cre saberes/haceres para curarse, porque es propio de
la naturaleza de todo ser vivo enfermar/morir; invent/cre saberes/
haceres para habitar, porque haba que protegerse de las intemperies;
invent/cre modos de conservar la carne, salndola o deshidratn-
dola; saberes/haceres para conservar la leche haciendo quesos, man-
tecas y otras cosas ms; saberes/haceres para conservar la fruta, ha-
ciendo dulces cristalizados o en almbar; invent formas de religarse
con el cosmos y de belleza porque, al final, la pulsin a lo bello, a lo
maravilloso (Georges Bataille) acompaa a cada grupo humano que
siempre pint, bord, esculpi, danz y cant. En fin, hay que saber
cosechar, cazar, cultivar creativamente. Curarse. Habitar. Mltiples
Agriculturas, Mltiples Artes Culinarias, Mltiples Arquitecturas,
Mltiples Medicinas, tantas cuantos pueblos y saberes. Mltiples cul-
turas. Humanidad diversa, pueblos diversos, geografas mltiples.
Dilogo de saberes con interculturalidad y no con multiculturalis-
mo Transmodernidad! Buen Vivir, Suma Kawsay, suma qamaa,
Ubuntu vida en plenitud!

74
Carlos Walter Porto-Gonalves

Vivimos desde los aos 60 una revolucin de larga duracin,


dira Immanuel Wallerstein. La crisis de un modelo de poder de
larga duracin que comenz en 1492, dira Anibal Quijano. Un caos
sistmico, dira Giovanni Arrrigui. Es una crisis epistmica y pol-
tica. La ruptura metablica de la que estamos hablando tiene una
dimensin epistmica, como viene insistiendo Enrique Leff, y que se
elabora con la separacin sociedad-naturaleza. Esa separacin no es
solo epistmica, insisten autores entre los cuales nos encontramos,
sino tambin una separacin material que nos quiere ver separados
de las condiciones materiales/naturales de la vida. La cuestin de la
Tierra como planeta solamente ser superada si somos capaces de
considerar que la Tierra no es una abstraccin, sino algo que siente
y pulsa por ser diferente en sus geografas, en sus geo-grafas, grafia-
das por las culturas que surcan la Tierra/tierra; por los ros con sus
cursos, que hacen sus firmas con la tierra/Tierra, en sus caminos.
Firman la tierra, firman la Tierra.
En esta crisis societaria, las instituciones, como no podra ser de
otro modo, estn en crisis. El Estado territorial, forma geogrfica de
organizacin poltica par excellence en el sistema mundo moderno-
colonial patriarcal ya no da cuenta de la paz social que haba prome-
tido. Es ms, al quererse como Estado nacional, no se dio cuenta de
que dentro de un mismo Estado territorial hay mltiples territorios
posibles por las mltiples territorialidades en tensin que los constitu-
yen. El colonialismo interno (Pablo Gonzlez Casanova) nos impide
reestablecer una inscripcin metablica amiga de los seres animados
e inanimados, incluso, de los pueblos y comunidades diferentes. Si,
por un lado, la ruptura metablica se firm con la separacin y atomi-
zacin/individualizacin de los hombres y mujeres de las dems con-
diciones materiales de creacin/produccin/reproduccin de la vida,
por otro lado, es la reapropiacin social de la naturaleza (Enrique
Leff) la que exige que la lucha por la tierra sea, tambin, la lucha por
la Tierra.

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78
Edgardo Lander*

NEOEXTRACTIVISMO
DEBATES Y CONFLICTOS EN LOS PASES CON
GOBIERNOS PROGRESISTAS EN SURAMRICA

El tema del extractivismo ha generado profundas divisiones en el seno


de la izquierda, organizaciones y movimientos populares durante la
ltima dcada. Esto es expresin, entre otras cosas, de visiones dife-
rentes de la sociedad a la cual se aspira, concepciones encontradas
en torno al carcter de la actual crisis civilizatoria, evaluaciones no
compartidas sobre lo que fue el socialismo del siglo XX y, en conse-
cuencia, de prioridades diferentes que unos y otros sectores le otorgan
a las principales dimensiones o ejes del cambio requerido en estas
sociedades.
Es posible caracterizar las partes de estas confrontaciones muy
esquemticamente en los siguientes trminos. Por un lado, quienes
por lo menos para la primera etapa de los procesos de cambio le
otorgan prioridad en las agendas de transformacin al antiimperia-
lismo, al rechazo a las polticas econmicas del neoliberalismo, a la
recuperacin del Estado, a la soberana nacional, la superacin a
corto plazo de la pobreza/desigualdad y al crecimiento econmico.
Tienden en general a otorgarle menor prioridad o tener una visin
poco problematizadora en torno a asuntos como el patriarcado, la

* Instituto de Investigaciones Econmicas y Sociales - FACES/UCV (Venezuela),


Universidad Central de Venezuela.

79
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

interculturalidad, las autonomas territoriales o las implicaciones


ambientales y estratgicas de un modelo productivo centrado en el
extractivismo.
Por el otro, una variedad de perspectivas que, sin negar la impor-
tancia de todo lo anterior, afirman la necesidad de confrontar igualmen-
te, y en forma simultnea, el racismo, el patriarcado, la colonialidad
y el antropocentrismo caractersticos del capitalismo. Asumen que si
no se detienen a muy corto plazo las dinmicas de destruccin de la
vida en el planeta y de la amplia gama de culturas que caracterizan a
la humanidad, ninguna transformacin en una direccin democrtica
emancipadora ser posible. Desde estas perspectivas se asume que los
instrumentos tericos y las polticas que en el siglo pasado parecan
suficientes para enfrentar al capitalismo, centrados en las relaciones
de clase, las formas de propiedad, y el papel rector del Estado, ya no
son suficientes para el mundo en que vivimos. Hoy tenemos que con-
frontarnos no solo a las formas de dominacin econmica y poltica del
capitalismo, sino igualmente a la geo-cultura de la modernidad. Se trata
de retos propiamente civilizatorios y por ello, mucho ms exigentes: un
sistema global patriarcal que est aceleradamente destruyendo tanto
las condiciones materiales que hacen posible la vida en el planeta, como
la extraordinaria diversidad de las memorias y culturas de los pueblos
que lo habitan. Se tienen, en consecuencia, miradas radicalmente crti-
cas en torno a la posibilidad de que la acentuacin del modelo extrac-
tivista pueda considerarse como una va para superar el capitalismo.
En estas oposiciones hay igualmente diferencias profundas en
torno a los agentes de los procesos de transformacin. En el primer
bloque se le asigna una clara prioridad al Estado como agente rector
de los procesos de cambio, mientras para el otro bloque las transfor-
maciones requeridas pasan prioritariamente por movimientos y orga-
nizaciones sociales, pueblos y comunidades, por las mltiples expre-
siones del tejido de la sociedad.
Estas divergencias en las interpretaciones de los procesos polticos
de estos aos atraviesan igualmente a la academia latinoamericana.
Los gobiernos progresistas y sus defensores argumentan que
es (o era) necesario aprovechar el contexto de la elevada demanda y
precio de los commodities para acumular los recursos requeridos con
el fin de realizar las inversiones sociales, productivas y de infraestruc-
tura que permitiesen, en una fase posterior, superar el extractivismo.
Ello pasara, necesariamente, por un mayor control estatal sobre la
explotacin de las materias primas, ya sea mediante nacionalizacio-
nes o mediante mayores cargas impositivas, para lograr una mayor
participacin en la renta que antes haba tenido a las corporaciones
transnacionales como principales beneficiarias.

80
Edgardo Lander

En el contexto internacional favorable a los exportadores de com-


modities de la ltima dcada, las polticas de ampliacin de las activi-
dades extractivas y de mayor participacin del Estado en los ingresos
provenientes de stas, hicieron posibles importantes logros que estos
gobiernos pueden reivindicar. Se dio, durante varios aos, un creci-
miento econmico sostenido. Despus de un largo perodo de dficits,
entre los aos 2002 y el 2007, Amrica Latina en su conjunto tuvo saldos
de cuenta corriente favorables. Entre el ao 2003 y el ao 2012 la deuda
externa total como porcentaje del producto se redujo a menos de la mi-
tad. La inversin extranjera directa creci aceleradamente1. En trmi-
nos geopolticos, estas condiciones econmicas favorables permitieron
mayores niveles de autonoma. Con una mayor diversificacin geogrfi-
ca del comercio exterior y el acceso a otras fuentes de crdito, se redujo
la elevada dependencia que antes se tena con relacin a los Estados
Unidos y la Unin Europea. Las balanzas de pagos positivas permitie-
ron pagar deudas externas y librarse de la tutela de las instituciones
Bretton Woods. Se acumularon reservas internacionales. Despus de la
derrota del ALCA se dieron pasos hacia nuevos mecanismos de integra-
cin regional como el ALBA, UNASUR y CELAC. En lo fundamental, el
continente dej de ser el patio trasero de los Estados Unidos.
El sostenido incremento de los ingresos fiscales permiti inver-
siones masivas en programas sociales como las misiones en Venezuela
y el programa Bolsa Familia en Brasil, que contribuyeron a sacar a
millones de personas de la pobreza. En todos estos pases mejor el
acceso de los sectores populares a los servicios educativos, de salud y
a la seguridad social, e incluso se dio una cierta reduccin de la des-
igualdad medida en trminos de ingreso.
En consecuencia, estos gobiernos contaron con importantes gra-
dos de legitimidad y lograron estabilidad poltica despus de aos ca-
racterizados por protestas populares, golpes de Estado y gobiernos que
no lograban concluir sus perodos constitucionales. Consiguieron en
todos los casos sucesivas victorias electorales. En Venezuela el gobier-
no gan en cada una de las tres elecciones presidenciales que se reali-
zaron desde que Hugo Chvez accedi a la presidencia en el ao 1999.
El Partido de los Trabajadores en Brasil gan cuatro elecciones presi-
denciales sucesivas. El Frente para la Victoria en Argentina y el Frente
Amplio de Uruguay ganaron tres elecciones presidenciales seguidas.
Evo Morales fue reelecto presidente de Bolivia con 63% de los votos en
octubre de 2014. De acuerdo a las encuestas, Rafael Correa cerr ese
ao con niveles de popularidad personal de entre 70 y 80% en Ecuador.

1 CEPAL. Anuario Estadstico de Amrica Latina y el Caribe 2013, Santiago de


Chile, 2013.

81
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Sobre la base de todo esto podra afirmarse que esta apuesta por
el crecimiento basado en un modelo productivo extractivo y de repri-
marizacin de las economas ha sido extraordinariamente exitosa.
Sin embargo, como se seal antes, existen otras miradas, otros
criterios, otros horizontes normativos, otras concepciones en torno
a las sociedades a las cuales se aspira para evaluar estas experien-
cias. Si incorporamos estas otras perspectivas llegamos a balan-
ces bastante ms complejos, mucho ms preados de tensiones y
contradicciones.

TRANSFORMACIONES CIVILIZATORIAS O CRECIMIENTO


ECONMICO CAPITALISTA?
Son muchas las razones por las cuales se generaron expectativas de
que Amrica del Sur era la regin del planeta en la cual sera posible
articular las luchas contra el neoliberalismo y por la superacin del
capitalismo, con pasos en la direccin de transiciones hacia alternati-
vas civilizatorias al modelo depredador monocultural de crecimiento
sin fin, caracterstico de la modernidad. En las ampliamente extendi-
das luchas populares en todo el continente en contra del neolibera-
lismo y contra lo que lleg a ser su proyecto ms perverso, el ALCA,
ocuparon un lugar destacado los pueblos indgenas, campesinos y
afrodescendientes. La defensa de los territorios, la lucha contra los
monocultivos, los transgnicos y la mega minera ocuparon lugares
centrales en las agendas de los movimientos. Las nociones del sumak
qamaa, suma kawsay de los pueblos indgenas andinos y amazni-
cos fueron incorporadas a la gramtica poltica de estas luchas. La
victoria electoral de diferentes candidatos de izquierda o progresistas
fueron posibles gracias a los procesos de acumulacin de fuerza trans-
formadora de estas luchas.
Sin embargo, con estos gobiernos se ha profundizado el desarro-
llismo extractivista y ha crecido el peso del sector primario exporta-
dor. Con ello se ha acelerado el suministro de los insumos requeridos
para alimentar la lgica depredadora global, y se ha consolidado el
orden capitalista contra el cual se luchaba. Un nuevo consenso con-
tinental, lo que Maristella Svampa ha denominado el consenso de los
commodities (Svampa, 2013) pas a ser compartido por todos los go-
biernos suramericanos, independientemente de su signo poltico.
En los debates globales sobre las amenazas representadas por el
cambio climtico hay un creciente acuerdo en el sentido de que es
que indispensable dejar por lo menos 80% de las reservas probadas
de hidrocarburos sin explotar, como condicin para reducir a 50%
la probabilidad de que la temperatura media del planeta supere en
ms de 2 grados centgrados la temperatura existente al comienzo

82
Edgardo Lander

de la revolucin industrial, y con ello se pase el umbral de las con-


diciones que hacen posible la vida humana tal como la conocemos
en el planeta Tierra. Cmo es posible que, en conocimiento de esto,
el gobierno venezolano, auto-proclamado revolucionario y anticapi-
talista contemple duplicar la produccin petrolera de los 3 millones
actuales a 6 millones para el ao 2019? Qu puede justificar que
el gobierno boliviano abra masivamente reas protegidas, parques
nacionales y territorios de los pueblos indgenas a la explotacin de
hidrocarburos? Tiene sentido que el gobierno ecuatoriano, despus
de la experiencia de la masiva devastacin socio-ambiental produci-
da por Chevron en la Amazonia ecuatoriana, no solo deje a un lado
la propuesta de dejar sin explotar el petrleo del Yasun, sino que
contine expandiendo la frontera petrolera hacia otros territorios
igualmente vulnerables?
Es sta la paradoja, o contradiccin, ms profunda presente en
los pases con gobiernos progresistas de Suramrica, especialmente
en los casos de Bolivia y Ecuador. Precisamente en el momento en
que, por primera vez en la historia de este continente, se han reco-
nocido constitucionalmente los derechos de los pueblos indgenas,
llegando estos dos pases a definir sus Estados como plurinacionales,
y reconociendo jurdicamente los derechos de la naturaleza, se est
acelerando la expansin de la lgica depredadora-extractivista de
desposesin, ocupando/devastando aun aquellos territorios que en
los ltimos cinco siglos haban permanecido relativamente al mar-
gen de la expansin del Capital. En estos territorios, en estas nuevas
fronteras del Capital global, aguas y suelos estn siendo contami-
nados, bosques destruidos, la biodiversidad reducida, poblaciones
desplazadas. Los cultivos para el auto-consumo y los mercados lo-
cales estn siendo sustituidos por monocultivos transgnicos, como
es el caso de la soja (Berterretche, 2013), amenazando la soberana
alimentaria. A pesar de taxativos mandatos constitucionales, estos
gobiernos no pueden reconocer el derecho de los pueblos indgenas y
afrodescendientes a sus territorios tradicionales, ya que son precisa-
mente dichos territorios los que, de acuerdo a sus opciones desarro-
llistas, tienen que ser sometidos a estas lgicas extractivas. Se acude
por el contrario a la criminalizacin de las resistencias. Este dilema
fue reconocido explcitamente en la Declaracin de Guayaquil de los
presidentes del ALBA en junio de 2013.

... rechazamos la posicin extremista de determinados grupos que,


bajo la consigna del anti-extractivismo, se oponen sistemticamente
a la explotacin de nuestros recursos naturales, exigiendo que esto se
pueda hacer solamente sobre la base del consentimiento previo de las

83
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

personas y comunidades que viven cerca de esa fuente de riqueza. En


la prctica, esto supondra la imposibilidad de aprovechar esta alter-
nativa y, en ltima instancia, comprometera los xitos alcanzados en
materia social y econmica2.

Frente a las exigencias de prcticas democrticas y el respeto a los


derechos de los pueblos indgenas garantizados en las constituciones,
estos presidentes claramente optan por lo que denominan el derecho
y la necesidad que tienen nuestros pases de aprovechar, de manera
responsable y sustentable, sus recursos naturales no renovables, esto
es, por el extractivismo.
De esta manera, la principal riqueza histrico-cultural con la
cual contamos en el continente para imaginar y construir alternati-
vas civilizatorias a la hegemona del Capital precisamente el mundo
indgena-campesino est siendo socavada bajo las banderas del pro-
gresismo y del socialismo del siglo XXI. Sera extraordinariamente
dramtico que dentro de unos pocos aos se llegara a constatar que
las experiencias de los gobiernos progresistas lejos de acercarnos al
post-capitalismo, nos han alejado de dicho horizonte.
En trminos del impacto devastador de estas actividades sobre
los pueblos indgenas, afrodescendientes y campesinos, es indiferen-
te que las corporaciones participantes sean nacionales o extranjeras,
occidentales u orientales, pblicas o privadas, o que el discurso que
busque legitimarlas sea de mercado o de revolucin.
El extractivismo no es, como lo ha argumentado lvaro Garca
Linera, Vicepresidente de Bolivia, una forma tcnica de produc-
cin compatible con cualquier modelo de sociedad (Garca Linera,
2012)3. Es, por el contrario, en su mega escala actual, expresin de la
profundizacin de un patrn civilizatorio antropocntrico, patriar-
cal y colonial de destruccin de la vida. No es solo un rgimen de
produccin, sino un tipo de sociedad. Adems de producir mercan-
cas, el modelo productivo extractivista contribuye a la formacin
de los agentes sociales involucrados en ese proceso (Coronil mber,
2013: 82), genera subjetividades y tiende a moldear regmenes po-
lticos caracterizados por el rentismo y el clientelismo. Genera una
dependencia creciente en los sectores populares de las transferen-
cias del Estado y tiende a debilitar sus capacidades autnomas, y
con ello, la democracia. El ingreso proveniente de las actividades

2 Declaracin del ALBA desde el Pacfico. XII Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno
del ALBA-TCP. Guayaquil, 30 de julio de 2013. <https://www.urjc.es/images/ceib/re-
vista_electronica/vol_7_2013_2/REIB_07_02_Doc04.pdf>
3 <http://www.alames.org/documentos/amazoniaAGL.pdf>.

84
Edgardo Lander

extractivas permite aumentar el gasto fiscal sin alterar los regmenes


impositivos regresivos que caracterizan a todo el continente. La re-
distribucin va polticas sociales de inclusin, subsidios estatales y
las transferencias monetarias directas responden a legtimas deman-
das de la poblacin, pero contribuyen poco a alterar las estructuras
productivas de la sociedad y las profundas desigualdades que la ca-
racterizan. Como lo demuestra en forma contundente la experiencia
de un siglo de petrleo en Venezuela, una vez instalado el extractivis-
mo/rentismo como patrn de organizacin de la sociedad, ste muy
difcilmente puede ser revertido.
La especializacin en la produccin de materias primas, lejos de
permitir una acumulacin que garantice la inversin en alternativas
al extractivismo, tiende a bloquear la posibilidad de otras actividades
generando procesos de desindustrializacin en el continente (Salama,
2012), y el deterioro de la soberana alimentaria. Este modelo prima-
rio-exportador representa la continuidad de las formas histricas co-
loniales de insercin en el mercado global basadas en la exportacin
de naturaleza y, como ha argumentado Joan Martnez-Alier, del co-
mercio ecolgicamente desigual (Samaniego, Vallejo y Martnez-Alier,
2014). Con esto no se estn construyendo alternativas al capitalismo,
ni siquiera ponindole obstculos, sino alimentando su insaciable ma-
quinaria depredadora.
El extractivismo est inseparablemente imbricado con concep-
ciones y prcticas polticas Estado-cntricas, que como fue el caso
del socialismo del siglo XX, ven al Estado como el principal agente de
la transformacin social. Quien formula esto con mayor claridad es
lvaro Garca Linera:

El Estado es el nico que puede unir a la sociedad, lo nico que recoge


la sntesis de la voluntad general; que planea el marco estratgico y es
el motor de la locomotora. El segundo es la inversin privada bolivia-
na; tercero es la inversin extranjera; cuarto es el pequeo negocio;
quinto es la economa rural; y el sexto es [la] economa indgena. Este
es el orden estratgico en el que la economa del pas tiene que ser es-
tructurado (Garca Linera, 2007, citado por Toussaint, 2009).

Esto se traduce, como en los dems pases, en un proceso ya sea de


planificacin centralizada, o de improvisacin, decidido desde arriba
que deja a un lado la diversidad, la pluralidad, la posibilidad de la ex-
perimentacin social, y con ello, la democracia.

El mandato poltico, social y econmico del Plan de Desarrollo


Econmico y Social (PDES), es obligatorio y constituye el rector de
los procesos de planificacin, inversin y presupuesto para el corto y

85
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

mediano plazo en los mbitos sectorial, regional, departamental, mu-


nicipal, indgena originario campesino e Institucional (Ministerio de
Planificacin del Desarrollo, 2014: 5-6).

Esta lgica Estado-cntrica tiene consecuencias. En la medida en


que se han fortalecido los Estados, se han debilitado los movimien-
tos sociales y las organizaciones autnomas. Procesos tecnocrticos-
modernizantes dirigidos desde arriba, desde Estados centralizados e
hiper-presidencialistas, frenan o impiden los procesos plurales de ex-
perimentacin social sin los cuales no son posibles las dinmicas de
construccin colectiva de sociedades democrticas.

LA TEORA DE LAS VENTAJAS COMPARATIVAS Y LOS PRECIOS DE


LOS COMMODITIES
Retomando la teora clsica de las ventajas comparativas en el co-
mercio internacional, gobiernos y muchos acadmicos asumieron
que el alza sostenida en la demanda y precio de los commodities
era una indicacin de que el deterioro de los trminos de intercambio
entre commodities y bienes industriales era cosa del pasado y que
era posible, en estas nuevas condiciones, aprovechar los elevados
precios de los commodities para financiar los procesos de cambio
planteados. Sin embargo, en la segunda dcada del siglo volvieron
a hacerse presentes las histricas fluctuaciones y tendencias a la
baja de los precios de los commodities en el mercado internacional,
afectando cada uno de los principales renglones exportados por el
continente.
En el segundo semestre de 2014, el precio del petrleo baj ms
de 50%; entre mediados de 2011 y finales de 2014, el precio del cobre
se redujo en 35%; el precio del mineral de hierro en noviembre de
2014 era menos del 40% del precio de febrero de 2011; entre junio
y octubre de 2014 el precio de la soja baj en un 27%4. El pas ms
afectado ha sido Venezuela ya que el petrleo represent en los lti-
mos aos el 96% del valor de sus exportaciones. Para el conjunto de
Amrica del Sur, de acuerdo al Banco Interamericano de Desarrollo,
el valor total de las exportaciones tuvo una baja de 17% en el primer
semestre del ao 2015, comparado con el mismo perodo del ao an-
terior (Lewkowicz, 2015).
Termina as el corto ciclo (menos de una dcada), de los eleva-
dos precios de los commodities. La continuidad de polticas socia-
les y redistributivas de estos aos est lejos de estar garantizada.

4 Nasdaq <www.nasdaq.com/markets/>

86
Edgardo Lander

Estamos, igualmente, en presencia del fin del ciclo de los gobiernos


progresistas en el continente que se hicieron tan dependientes de
este ciclo de los commodities?
El respaldo de la poblacin a los gobiernos denominados progre-
sistas no es hoy, obviamente, lo que era hace muy pocos aos. Estos
gobiernos tuvieron ms xito en la creacin de nuevos consumidores
que en el fortalecimiento del tejido asociativo/participativo de estas
sociedades y su politizacin, o en la preparacin de los sectores po-
pulares para defender sus conquistas ante la inevitable reaccin de
la derecha y de los intereses imperiales en contra de todo intento de
transformacin de estas sociedades. En diferentes grados, cada uno de
estos gobiernos se ha caracterizado por severos dficits democrticos.
Los gobiernos de Ecuador y Bolivia han sufrido una significativa
baja en el apoyo de la poblacin en las ltimas elecciones regionales
y municipales. Dilma Rousseff gan la re-eleccin en el ao 2015 por
muy estrecho margen. En una sociedad extraordinariamente dividida,
una derecha corrupta con control total del parlamento condujo un pro-
ceso de impeachment que culmin con su destitucin y su reemplazo
por Michel Temer, quien en forma acelerada ha tomado pasos en la di-
reccin de revertir aspectos centrales de las polticas del PT. Entre otras
medidas se ha anunciado la reduccin del papel de PETROBRAS en el
control de las reservas petroleras del pas. Los resultados de las eleccio-
nes municipales realizadas poco tiempo despus confirmaron un seve-
ro retroceso no solo del PT, sino del conjunto de la izquierda brasilea.
El candidato del kirchnerismo fue derrotado en la segunda vuelta
de las elecciones presidenciales del ao 2015 por el empresario neo-
liberal Mauricio Macri. Por primera vez en la historia de Argentina,
la derecha llega al gobierno por elecciones, no por la va de costum-
bre, los golpes militares. Como en el caso de Brasil, ha comenzado un
acelerado proceso de reversin de las polticas sociales populares del
gobierno anterior.
El gobierno venezolano, que perdi las elecciones parlamentarias
de fines de 2015 por una amplia mayora, ha hecho todo lo posible por
impedir la realizacin del referndum revocatorio que est contem-
plado en la constitucin, al tanto de que no tiene posibilidad alguna
de ganar esta consulta.
Los procesos de integracin regional, que poco avanzaron en el
mbito productivo durante estos aos, estn hoy en franco retroceso.
La denominada integracin abierta, el acercamiento a la Alianza del
Pacfico y la disposicin a retomar las negociaciones para la firma de un
acuerdo de libre comercio entre MERCOSUR y la Unin Europea defi-
nen las orientaciones principales de los nuevos gobiernos de Argentina
y Brasil.

87
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

FORMAS DE INSERCIN EN EL MERCADO MUNDIAL Y


RELACIONES CON CHINA
La superacin del capitalismo y el camino hacia sociedades del buen vi-
vir, capaces de vivir en armona con la naturaleza, exige, necesariamen-
te, procesos tendenciales de autonomizacin y desacoplamiento respec-
to a los mecanismos de mercantilizacin que caracterizan al Capital, y
la creacin de otros tejidos sociales y espacios productivos sustentados
en alternativas al crecimiento sin fin, as como otros imaginarios y otros
patrones culturales de consumo. Ello solo sera posible al interior de
espacios de integracin de creciente densidad sustentados en esas otras
lgicas sociales. Esto no es compatible con modelos productivos basa-
dos en el extractivismo y economas primario-exportadoras cuya prio-
ridad es el acceso a mercados extra continentales (Slipak, 2014). Con
el vivir bien/buen vivir no se busca un capitalismo ms humano, ni un
desarrollo ms sostenible. Implica, por el contrario, una crtica radical
a la linealidad del desarrollo histrico y a la idea misma de desarrollo.
Las relaciones con China, lejos de reducir la dependencia del con-
tinente respecto al mercado capitalista global y sus patrones cultura-
les, la ha profundizado. La extraordinaria demanda china de materias
primas produjo alzas muy importantes tanto en la demanda como en
los precios de los principales commodities que produce el continente
(Jenkins, 2011), empujando hacia la reprimarizacin de sus economas.
Mientras que, para el conjunto de Amrica Latina, las materias primas
representan un poco ms de 40% del total de las exportaciones, la cifra
correspondiente a sus exportaciones a China es de prcticamente 70%.
En lo fundamental, en sus relaciones comerciales con China, Amrica
Latina intercambia commodities por bienes industriales (CEPAL, 2013).
Una elevada proporcin del valor total de las exportaciones de
los pases sudamericanos a China est concentrada en solo uno, dos
o tres productos bsicos de origen primario extractivo o alguna ma-
nufactura de origen agropecuario: petrleo, mineral de hierro, cobre,
soja, harina de soja. En el caso de Brasil, el pas ms industrializado
del continente, entre los aos 1995 y el 2008, el peso relativo de los
productos primarios en las exportaciones totales a China pas de 20%
a 80%, principalmente mineral de hierro y soja (Bruckmann, 2011).
Esta especializacin primario exportadora est inducida igualmen-
te por los crditos y las inversiones chinas. Desde el ao 2005 China
ha otorgado ms de 100 mil millones de dlares en crditos al conti-
nente, un volumen mucho mayor de los crditos combinados prove-
nientes del Banco Mundial, del Banco Interamericano de Desarrollo
y el Banco de Exportacin e Importacin de los Estados Unidos5. La

5 Interamerican Dialogue. China-Latin America Finance Database,

88
Edgardo Lander

mayor parte de estos crditos estn directamente asociados a la pro-


duccin de commodities, o a las infraestructuras requeridas para ello.
En algunos casos, como Venezuela y Ecuador, parte de estos crditos
deben ser pagados directamente con petrleo (Gallagher, 2013). Las
inversiones chinas estn igualmente concentradas en actividades ex-
tractivas (Dussel Peters, 2012). Todo esto obliga a seguir por la senda
del extractivismo depredador a largo plazo.
A comienzos del ao 2016, el gobierno venezolano, ante el colap-
so de los precios del petrleo y en condiciones de una muy profunda
crisis fiscal, ante las perspectivas del agotamiento del modelo petro-
lero rentista que ha definido al pas durante ya un siglo, ha declarado
la apertura de 12% del territorio nacional a las empresas transnacio-
nales para la explotacin minera en gran escala. Con este macro pro-
yecto, denominado el Arco Minero del Orinoco, se busca reemplazar
el rentismo petrolero por el rentismo minero. Se trata de un modelo
tan depredador como la explotacin de hidrocarburos que no solo
implicara efectos devastadores sobre los bosques, la biodiversidad,
las aguas, la produccin hidroelctrica de esta vasta zona, sino que
amenaza con el etnocidio de los pueblos indgenas habitantes de di-
cho territorio. Estas decisiones las toma un gobierno por decreto, un
gobierno de tendencias cada vez ms autoritarias, al margen de la
Constitucin y de toda consulta a la poblacin venezolana.

MS ALL DEL EXTRACTIVISMO: LA TRANSICIN


Ante el avance incontenible de estas lgicas depredadoras, en estos
aos no solo han continuado, sino que se han profundizado y exten-
dido en todo el continente las luchas y resistencias en contra del ex-
tractivismo y de sus infraestructuras (represas, carreteras, oleoductos,
puertos). Se han articulado redes continentales contra la mega mine-
ra, la explotacin petrolera, las grandes represas hidroelctricas, los
monocultivos y los transgnicos. Pueblos indgenas, afrodescendien-
tes y campesinos, as como habitantes de pequeas ciudades alejadas
de las metrpolis, son hoy los principales protagonistas de estas lu-
chas. Se han logrado importantes victorias locales y en muchas oca-
siones las empresas se han tenido que retirar ante la resistencia de las
poblaciones afectadas.
Sin embargo, en el contexto de una cultura que es no solo domi-
nante, sino que ha sido reforzada por las polticas de los gobiernos
progresistas, estas luchas estn hoy en condiciones de profunda des-
ventaja. Mientras la confianza en el desarrollo siga siendo hegemni-
ca tanto en la derecha como en la izquierda y mientras los impactos

<http://www.thedialogue.org/map_list>

89
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

depredadores del extractivismo sigan estando lejos de los centros me-


tropolitanos que concentran a la mayora de la poblacin, ser difcil
que estas resistencias sean asumidas ms ampliamente, sobre todo
por los sectores populares urbanos que han sido beneficiados por las
polticas sociales financiadas por el extractivismo.
Hoy, en el continente, nadie est proponiendo que de un da para
otro se decrete el fin del extractivismo y que a partir de esa fecha no se
extraiga un barril de petrleo, ni una tonelada de mineral de hierro, ni
se siembre una hectrea de soja transgnica. S se exige, eso s, que se
detenga en forma inmediata la expansin de estas actividades. Es ur-
gente ampliar y profundizar los debates y los procesos de experimen-
tacin sobre la necesaria transicin hacia una economa no-extracti-
vista, no-rentista, ms all de la retrica vaca sobre su necesidad que
suele estar presente en los discursos gubernamentales. Qu medidas
concretas habra que tomar en el presente, en asuntos tan medulares
como el energtico, la produccin de alimentos, el modelo de trans-
porte o la urbanizacin, para dar pasos en la direccin de otro patrn
productivo (y un modelo de sociedad) no extractivista, no-rentista?6
Cmo crear condiciones favorables para dinmicas de experimenta-
cin social sin las cuales no hay transformacin democrtica posible?
Al no haber iniciado esta transicin, los llamados gobiernos progresis-
tas pasarn a la historia como los responsables de haber acelerado los
procesos de destruccin del planeta y de haber contribuido a frustrar
las esperanzas de otro mundo posible.

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92
Emiliano Teran Mantovani*

GEOGRAFA DE CONFLICTOS
SOCIO-AMBIENTALES EN VENEZUELA:
PETRO-ESTADO, CRISIS HISTRICA Y LAS
NUEVAS FRONTERAS DE LOS COMMODITIES

I. INTRODUCCIN
En Venezuela los estudios e investigaciones desde la perspectiva de la
ecologa poltica han sido escasos y con poco impacto en las discusio-
nes polticas, y en general, los conflictos socio-ambientales en el pas
han tenido muy poca atencin. Este trabajo intenta visibilizar estas
luchas tratando de examinar no solo cmo se desarrollan en una lo-
calidad especfica, sino al mismo tiempo cmo son parte de procesos
conflictivos y diferenciados de produccin y transformacin del terri-
torio a escala nacional.
En este artculo presentaremos un anlisis de 20 de los conflic-
tos socio-ambientales actuales ms emblemticos del pas, los cuales
son analizados en conjunto para proponer una geografa de conflic-
tos ambientales en Venezuela. La idea es evidenciar las tendencias
y diferenciaciones de estas luchas, determinadas en muy buena me-
dida por la forma en la cual el extractivismo (petrolero) venezolano

* Es Magster en Estudios Interdisciplinarios en Sostenibilidad Ambiental,


Econmica y Social, Universidad Autnoma de Barcelona y socilogo de la
Universidad Central de Venezuela. Autor del libro El fantasma de la Gran Venezuela
(Fundacin Celarg, 2014), que obtuvo mencin honorfica del Premio Libertador
al Pensamiento Crtico 2015. Es miembro del Observatorio de Ecologa Poltica de
Venezuela y hace parte de la Red Oilwatch Latinoamrica.

93
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

ha configurado un modo de apropiacin, organizacin y gestin del


territorio nacional con el fin de cumplir sus objetivos macroecon-
micos y posibilitar la acumulacin de capital a escala nacional e
internacional.
El perodo donde se analizan estos conflictos socio-ambientales
es el de la Revolucin Bolivariana (1999 hasta nuestros das); un
complejo proceso poltico en el cual la bandera de la justicia social
ha sido enarbolada no solo en las narrativas hegemnicas sino tam-
bin en una serie de polticas pblicas de corte social y reivindicati-
vo aplicadas durante aos, que lograron mejorar los indicadores de
acceso socio-econmico y promovieron el reconocimiento social y la
participacin poltica ciudadana de sectores histricamente exclui-
dos. Sin embargo, el extractivismo y los impactos socio-ambientales
a lo largo y ancho del pas se han profundizado (Teran, 2014). En
este artculo mostraremos cmo una serie de patrones histrico-es-
tructurales de poder y una serie de disputas territoriales estn gene-
rando una notable situacin de injusticia ambiental en el proceso
poltico actual, lo que problematiza los propios pilares de esta idea
de justicia social.
El rol del Petro-Estado, como una de las especificidades histricas
del caso venezolano, ser analizado examinando cul ha sido su rol
particular en la Revolucin Bolivariana. Veremos cmo, en trminos
de conflictos socio-ambientales, una serie de polticas han estableci-
do plena dominacin histrica de este Petro-Estado en sus territorios
tradicionales, al norte del ro Orinoco. En contraste, en la zona sur la
regin Guayana se estn desarrollando intensas disputas territoria-
les por el control de zonas y recursos estratgicos.
El contexto en el cual se enmarcan estos conflictos es el de una
extraordinaria crisis a escala nacional, que ha afectado todas las
esferas de la vida y ha deteriorado las condiciones de existencia de
la poblacin (incluyendo los avances sociales alcanzados en este
proceso desde 1999) (Lander, 2014). Esta situacin no solo afecta
las instituciones formales sino que tambin ha promovido la emer-
gencia o expansin de nuevos actores y prcticas sociales vincula-
dos a economas subterrneas (informales, ilegales e irregulares),
resaltando el crecimiento de la minera ilegal, lo cual intensifica las
disputas territoriales y complica an ms la situacin de injusticia
ambiental.
Por ltimo, sern brevemente examinados los horizontes de las
luchas socio-ambientales en el pas, sea desde las perspectivas de los
pueblos indgenas ante estos escenarios, as como la potencial emer-
gencia de nuevos sujetos, valoraciones, narrativas y prcticas ecolgi-
cas en las ciudades.

94
Emiliano Teran Mantovani

II. SOBRE ENFOQUE TERICO Y METODOLOGAS


Como se ha mencionado, el foco principal en este artculo est pues-
to sobre los conflictos ecolgico-distributivos tambin entendidos
como socio-ambientales los cuales son aquellos que emergen a raz
de las desigualdades en el acceso y disposicin de los recursos na-
turales, servicios ambientales y en las cargas y consecuencias de la
degradacin ambiental (Martnez-Alier, 2002). En este sentido, la jus-
ticia ambiental es el horizonte poltico en el cual estas desigualdades
son solventadas. Aunque un conflicto puede estar motivado simult-
neamente por otras razones (econmicas, culturales, entre otras), la
distincin entre la distribucin econmica y ecolgica es importante
dado el alto grado de invisibilizacin y poco valor que se le ha otor-
gado a la segunda, y las luchas por una mayor justicia ambiental en
Venezuela.
En el presente trabajo, estos conflictos son analizados a la luz
de polticas de produccin del territorio en mltiples escalas cross-
scale analysis (Escobar, 2001; Paulson and Gezon, 2005). El territo-
rio es entendido pues como un espacio geogrfico que se construye
socialmente. En este sentido abordamos la perspectiva de Deleuze y
Guattari (2010) desde la ecologa poltica, entendiendo la territoriali-
zacin como el proceso mediante el cual el territorio es socialmente
transformado, dominado, amoldado, controlado, significado, valuado
y/o disputado, incluyendo los elementos que lo componen, como sus
recursos, ciclos ecolgicos y los seres humanos que lo habitan.
Estos procesos de produccin del territorio en diversas escalas
son analizados dentro de las dinmicas globales de acumulacin ca-
pitalista (Harvey, 2005, 2007a, 2007b). Esto nos permite mostrar que
las relaciones de poder globales, regionales, nacionales y locales son
determinantes de estos procesos de desterritorializacin (la ruptura de
un orden o configuracin territorial en un determinado tiempo) y rete-
rritorializacin (su reconfiguracin basado en nuevos patrones), en los
cuales el Capital y el Estado son actores principales orientados fun-
damentalmente a la apropiacin de recursos, trabajo y territorios y la
viabilizacin de la acumulacin capital a escala nacional e internacio-
nal, en detrimento de pobladores, pobladoras y comunidades locales.
En Amrica Latina, estos procesos son gestionados y canaliza-
dos a travs del modelo extractivista. A partir del enfoque que hemos
propuesto, es necesario hacer explcito un relativo distanciamiento
del concepto de extractivismo de Eduardo Gudynas (2015) el cual es
entendido como una particular actividad econmica o un empren-
dimiento especfico que no debe ser confundido con una economa
primario-exportadora. La construccin de una geografa de los con-
flictos ambientales como la que hemos planteado, nos lleva a analizar

95
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

no solo el proceso de territorializacin especfico en el que se inscribe


un conflicto determinado, sino comprender cmo cada uno de estos
se encuentra tambin inserto en configuraciones territoriales interre-
lacionadas a escala nacional e internacional. En este sentido, es nece-
sario un concepto ampliado de extractivismo.
Ms all del tradicional concepto econmico de modo de pro-
duccin, el extractivismo es entendido aqu no solo como un modo
particular de acumulacin capitalista, sino tambin como un sistema
econmico-ecolgico-poltico que tambin implica un modo de terri-
torializacin, el cual se desarrolla vinculando territorios primordial-
mente en torno a los procesos de extraccin masiva de los llamados
recursos naturales y la distribucin de los excedentes econmicos
obtenidos de estos. Este enfoque es til al menos para el caso de las
economas latinoamericanas, y puede ser estudiado desde el mbi-
to social y territorial que abarca el Estado-nacin, sin menoscabo de
otras escalas de anlisis local, regional o, incluso, global.
En Venezuela, el principal gestor del modo de territorializacin
contemporneo, y el gran agente estructurador de la economa rentis-
ta petrolera (Baptista, 2010) es el Petro-Estado (Coronil, 2002; Karl,
1997; Watts, 2001). Una de sus principales caractersticas polticas es
la extraordinaria hegemona que alcanza a nivel nacional, a travs de
la apropiacin y gestin de todo o gran parte del negocio petrolero
en el pas, el cual se convierte en su principal fuente de ingresos eco-
nmicos. Resalta el hecho de que el Estado es constituido no por un
commodity cualquiera (como las bananas, el cobre o el ganado) sino
por el principal recurso en el metabolismo social del sistema capita-
lista al menos desde la segunda mitad del siglo XX, por lo que su nivel
de influencia puede llegar a escala internacional (recordemos el rol de
Venezuela en la creacin de la OPEP en 1960).
En las economas petroleras, el Petro-Estado tiende a monopoli-
zar la creacin de riqueza en el pas y configura una hipercentra-
lizacin (Watts, 2001) poltica, econmica e incluso cultural en la
medida en la que ha construido en Venezuela, a partir de la dcada
de los aos 30, un poderoso imaginario social de riqueza, progreso y
modernidad, sin precedentes en Amrica Latina. A pesar de las diver-
sas crisis que se han vivido en el pas en las ltimas dcadas, dicho
imaginario an conserva legitimidad en el grueso de la poblacin. De
esta forma, el Petro-Estado se ha convertido en el estandarte de la
transformacin socio-econmica del pas y la compaa petrolera na-
cional Petrleos de Venezuela (PDVSA) juega un rol central en estos
procesos. Es este Estado el principal actor sobre el cual recaen las
interpelaciones ciudadanas y quien confronta los conflictos ecolgico-
distributivos en el pas.

96
Emiliano Teran Mantovani

Adems de los aportes planteados desde la economa y la teo-


ra poltica sobre los rasgos de los Petro-Estados, en este artculo
afirmamos que el Petro-Estado venezolano produce un especfico
eco-rgimen al construir no solo configuraciones geogrficas a es-
cala nacional sino tambin un rgimen sobre el tejido de la vida
(Moore, 2011; 2013)1. En amplia escala, el modo de territorializa-
cin estructur una especie de saturacin geogrfica al Norte del ro
Orinoco, donde se encuentra el 95% de la poblacin, los principales
enclaves urbanos donde se asignaron las funciones territoriales de
las zonas extractivas petroleras, los polos agrcolas y las zonas de
sacrificio2, entre otras.
En contraste, al sur del Orinoco, salvando el polo urbano de
Ciudad Bolvar, Ciudad Guayana y Puerto Ordaz, se encuentran las
extensas nuevas fronteras de los commodities (Moore, 2000), enten-
didas como los espacios geogrficos ubicados ms all de los mr-
genes de los circuitos centrales de acumulacin de capital, que fun-
gen no solo como zonas de reserva de recursos, sino que tambin se
constituyen como zonas de bajo costo donde se pueden resolver o
mitigar crisis de acumulacin, cargando los costos de estos procesos
sobre campesinos, pueblos indgenas, economas locales, reas pro-
tegidas, ciclos de vida, entre otros. Estas configuraciones territoriales
marcan determinantemente las dinmicas de los conflictos ecolgico-
distributivos en el pas.
En una escala micro-social, el eco-rgimen del Petro-Estado con-
figura, a partir de los rasgos descritos en esta seccin, una correlacin
de fuerzas en la cual es muy dificultoso confrontar a la industria pe-
trolera nacional, cono del progreso en el pas. A su vez, intenta crear
un marco de accin para los conflictos de distribucin ecolgica a
partir de una poltica rentista, esto es, usando la renta del petrleo
para administrar y confrontar tanto los conflictos de distribucin eco-
nmica como los de distribucin ecolgica.

1 Moore propone una teora unificada del capitalismo como ecologa-mundo una
nueva metfora de la economa-mundo capitalista de Wallerstein (2004) integrando
dialcticamente la acumulacin de capital y la bsqueda del poder, con la produc-
cin de la naturaleza. La naturaleza es vista en Moore como una red de relaciones,
las cuales constituyen el tejido de la vida. Su anlisis abandona la yuxtaposicin
capitalismo y naturaleza y se orienta al desarrollo del capitalismo-en-la-naturaleza.
2 El concepto de zona de sacrificio, que comienza a utilizarse en la ecologa poltica
estadounidense, se refiere a reas geogrficas que son permanentemente impactadas
por daos ambientales, comnmente provocados por corporaciones (pero tambin
por los Estados) quienes dirigen estas cargas a sectores econmicamente margina-
dos o racialmente discriminados.

97
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

METODOLOGA
La seleccin de los 20 casos analizados para este trabajo se bas en
la realizacin de un registro inicial de 82 conflictos socio-ambientales
que fueron hallados en 18 de los 24 estados del pas, y que representan
una amplia gama de casos, que varan en la intensidad de las luchas,
relevancia poltica nacional, antigedad, tipo de actividad econmica
involucrada, entre otros.
Seis fueron los criterios para elegir estos 20 conflictos: a) que fue-
sen actuales, aunque hayan bajado su intensidad o fuesen latentes; b)
su representatividad geogrfica (10 casos al norte del ro Orinoco y 10
al sur, distribuidos en las regiones ms importantes del pas); c) im-
pactos socio-ambientales significativos (que en el caso venezolano es-
tn altamente relacionados a las industrias extractivas); d) moviliza-
ciones relativamente prominentes; e) casos desarrollados como
procesos en el tiempo (antes que solo incidentes, como la explosin de
una refinera); y f) casos localizados en territorios especficos (antes
que campaas nacionales).
Cuadro 1. Lista de conflictos socio-ambientales en Venezuela seleccionados

Una zonificacin nacional fue diseada, buscando representar las di-


ferenciaciones de la geografa nacional a partir de las dinmicas de los
conflictos ecolgico-distributivos. Las zonas fueron planteadas par-
tiendo de que las territorializaciones se producen en la interrelacin de
factores tales como grupos movilizados en resistencia, biorregiones,

98
Emiliano Teran Mantovani

funcin econmica del territorio y patrones de poblamiento, en vez de


recurrir solo a las fronteras de las entidades federales del pas como
referente de zonificacin.
Diecisis zonas fueron delimitadas (ver figura 1), y en cada zona
fueron elegidos uno o varios de los conflictos ms representativos
de las mismas, a excepcin de dos de ellas donde no se registraron
casos, dada la escasa relevancia relativa de estas zonas respecto a
este tipo de conflictos. Cinco de las zonas se encuentran al norte del
Orinoco y once al sur. Las nuevas fronteras de los commodities han
sido sealadas con colores clidos e incluyen adems de toda la re-
gin Guayana, la Sierra de Perij, al occidente del fronterizo estado
Zulia.
Figura 1. Zonificacin de los conflictos socio-ambientales en Venezuela seleccionados

Todos los casos fueron registrados siguiendo el instrumento del


Atlas de Justicia Ambiental (Environmental Justice Atlas EJAtlas
<http://ejatlas.org/>; Temper et al., 2015), haciendo leves modifica-
ciones para agregar ms informacin cualitativa y considerar los

99
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

conflictos que se producen en el marco de las economas subterr-


neas, informales e ilegales, tales como la minera ilegal. Diversas
fuentes fueron consultadas tales como declaraciones de pueblos
indgenas y de organizaciones sociales y ambientalistas, entrevistas
publicadas, archivos de video y documentales, reportes y denuncias
de las comunidades afectadas, documentos de investigacin realiza-
dos por activistas, documentos y declaraciones oficiales, artculos
de prensa, investigaciones acadmicas y entrevistas realizadas espe-
cialmente para este trabajo. La informacin ms relevante ha sido
colocada en lnea en el Atlas de Justicia Ambiental, en la seccin
de Venezuela y se encuentra disponible para el escrutinio pblico
<http://ejatlas.org/country/venezuela>.
La metodologa de anlisis usada se ha basado en un enfoque
cuali-cuantitativo, recurriendo a la ecologa poltica comparativa
(Martnez-Alier et al., 2016), examinando los detalles de cada caso,
y planteando sus tendencias geogrficas a partir del mapeo, la esta-
dstica y la comparacin cualitativa de casos, de manera de estable-
cer algunas generalizaciones y diferenciaciones acerca de los grupos
movilizados, tipos de commodity involucrados, intensidad de los
conflictos, impactos socio-ambientales, resultados de los conflictos,
entre otros.

III. GEOGRAFA DE LOS CONFLICTOS ECOLGICO-


DISTRIBUTIVOS EN VENEZUELA
En la cartografa de estos veinte conflictos ecolgico-distributivos em-
blemticos de Venezuela, vemos que el 60% son originados por mi-
nera (carbn, nquel, hierro, bauxita y numerosos casos de minera
ilegal de oro, diamantes y coltn), lo cual resalta en un pas cuya eco-
noma est profundamente determinada por el petrleo. Cuatro fue-
ron los casos directamente vinculados a la actividad petrolera y de gas
natural, mientras que dos casos se relacionaban con infraestructuras,
uno con gestin del agua y uno con desechos.
Cuando se analizan estos casos como una geografa de conflictos
ambientales es posible evidenciar dinmicas territoriales diferencia-
das, atravesadas no solo por el eco-rgimen configurado por el Petro-
Estado venezolano, sino tambin por intensas disputas territoriales
que se expanden al calor de la severa crisis que se vive en el pas. Las
nuevas fronteras de los commodities presentan rasgos notablemente
distintos a las zonas norte-costeras y urbanas dominadas desde hace
ya muchas dcadas por el Petro-Estado.
El grueso de los conflictos socio-ambientales (65%) se encuentra
en reas rurales, 30% en zonas urbanas y el 5% en semi-urbanas. El
100% de los conflictos ubicados en la zona norte del ro Orinoco son

100
Emiliano Teran Mantovani

originados por proyectos y actividades econmicas formales, todos


estos gestionados por una institucin o compaa nacional, incluyen-
do empresas mixtas donde el Estado tiene la mayora accionaria (Ver
figura 2). Ejemplos de estas iniciativas nacional-estatales son las di-
versas actividades econmicas de PDVSA en el occidente y oriente del
pas; las mineras Lomas de Nquel (estado Aragua) y Carbozulia (esta-
do Zulia), recuperadas por la Nacin en 2012 y 2013 respectivamente;
o proyectos de infraestructura urbana liderados por el Ministerio para
el Transporte Terrestre y Obras Pblicas. Esta es una muy marcada ca-
racterstica en Venezuela, en comparacin con otros pases latinoame-
ricanos donde hay mucha mayor presencia e incidencia de compaas
transnacionales en estos conflictos.
Como tendencia opuesta, en las nuevas fronteras de los com-
modities los conflictos ecolgico-distributivos estn marcados por
actividades econmicas subterrneas, ilegales e informales, siendo
bsicamente la minera ilegal la que origina estas disputas. Solo los
conflictos de minera de Carbn en la Sierra de Perij con los yukpa
de los ros Yaza y Tukuko, y con los wayu del ro Socuy estn den-
tro de un proyecto formal (Carbozulia). Del resto, a lo largo y ancho
de los estados sureos Bolvar y Amazonas se despliegan numerosos
casos de minera ilegal, como por ejemplo los de minera de oro en
El Callao; en la cuenca del ro Caura en perjuicio de los indgenas
yekwana y sanem; o en el ro Ocamo del estado Amazonas, afec-
tando a los yanomami. Este tipo de casos en conjunto representan el
50% del total analizado, siendo que esta actividad se encuentra en un
extraordinario crecimiento al menos desde hace una dcada y refleja
que una parte de los impactos del extractivismo tambin se producen
fuera de los marcos de las corporaciones transnacionales, empresas
nacionales e instituciones oficiales.

101
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Figura 2. Dinmicas territoriales diferenciadas en los conflictos socio-ambientales en Venezuela

La intensidad de los conflictos vara y est determinada por las din-


micas territoriales descritas, as como por los grupos movilizados y
los commodities involucrados. Ocho del total de los casos emblemti-
cos analizados son de baja intensidad, que sumado a un caso latente3
en El Callao totalizan el 45% de los conflictos analizados. Fuera de las
fronteras de los commodities se encuentran el 75% de los conflictos de
baja intensidad. Destaca el hecho de que 4 de 5 conflictos relacionados
directa o indirectamente con petrleo y gas son de baja intensidad,
siendo que el quinto conflicto es de intensidad media y est impulsado
en buena medida por sindicatos petroleros del Complejo Industrial
Jos Antonio Anzotegui. En trminos ecolgico-distributivos, las

3 De acuerdo a la metodologa del Atlas de Justicia Ambiental, en un conflicto de


baja intensidad existe alguna organizacin local pero poca o nula movilizacin con-
tra el impacto socio-ambiental visible o potencial y los agentes que lo producen. En
los de media intensidad se expresan movilizaciones de calle e interpelaciones y nar-
rativas ms numerosas e incisivas. En los de alta intensidad ya se incluyen confron-
taciones violentas. En los conflictos latentes, aunque las movilizaciones no existen,
las condiciones potenciales para su surgimiento estn dadas (Temper et al., 2015).

102
Emiliano Teran Mantovani

luchas urbanas y campesinas suelen ser ms frgiles, discontinuas


y fragmentadas, dirigiendo en cambio sus demandas ms hacia una
mayor justicia en la distribucin econmica. Esto no supone de nin-
guna manera que estos conflictos no hayan subido su intensidad en
momentos determinados, como ocurri con las movilizaciones de ca-
lle para el cierre del vertedero Cambalache en la zona urbana del es-
tado Bolvar o los cierres de acceso a la minera Lomas de Nquel por
parte de la poblacin de Tiara, estado Aragua, en 2010.
En contraste con esto, los conflictos de alta intensidad, que repre-
sentan el 30% del total, ocurren en las nuevas fronteras de los commo-
dities y en todos estos, pueblos indgenas estn involucrados. A pesar
de representar menos del 3% de la poblacin nacional (INE, s.f.), estos
pueblos cumplen un rol fundamental en los conflictos de distribucin
ecolgica haciendo parte del 60% del total de casos analizados,
pues disputan y defienden estas fronteras que suelen ser reas natu-
rales protegidas, tal y como ocurre con los indgenas yabarana en el
municipio Manapiare del estado Amazonas y los pemn del ro Carrao
en el Parque Canaima del estado Bolvar (ambos casos relacionados a
la minera ilegal de oro) o los yukpa en la Sierra de Perij.
Cabe resaltar que el oro es el commodity ms conflictivo, no solo
por ser el recurso que est vinculado a ms casos (8 en total) sino por
estar relacionado con varios de los conflictos ms violentos en el pas
67% de los conflictos de alta intensidad.
En la mitad de los casos analizados se registra un incremento
de la violencia respecto a la situacin previa al conflicto, y 90%
de estos estn en las nuevas fronteras de los commodities, como
ocurre por ejemplo contra los arawaks del sur en la cuenca ro
Atabapo en Amazonas y contra los indgenas wayu en la Guajira
venezolana. Intensas disputas territoriales en torno a la minera
ilegal y otras actividades ilcitas se estn desarrollando en el sur
del ro Orinoco por el control de territorios y minas, siendo la po-
blacin indgena la ms afectada, incluyendo la muerte de algunos
de sus integrantes.
Bandas criminales y grupos armados irregulares aparecen en casi
todos estos casos analizados como actores que ejercen notable poder
e influencia en estos territorios, usando formas de violencia extrema,
como es evidente en casos como los de El Callao y el Alto Paragua en
el estado Bolvar. Adicionalmente se destaca un proceso de militariza-
cin que va en crecimiento en el 40% del total de los casos, todos ellos
en las nuevas fronteras de los commodities.
El crecimiento en importancia y el poder territorial que han de-
sarrollado estos grupos ilegales, informales e irregulares en los lti-
mos diez aos en Venezuela le ha otorgado un significativo rol en los

103
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

conflictos de distribucin ecolgica y un notable posicionamiento es-


tratgico en las nuevas fronteras de los commodities. En todo caso, es
necesario resaltar que casi todos los pueblos indgenas y organizacio-
nes sociales en resistencia en estos conflictos sealan que miembros
de las fuerzas militares han actuado en complicidad o han operado
en la minera ilegal, creando autoridades territoriales y sacando pro-
vecho econmico de esta actividad econmica paralela, lo que revela
complejas alianzas entre lo formal y lo informal.

INJUSTICIA AMBIENTAL: EL LADO OSCURO DE LA JUSTICIA


SOCIAL EN LA REVOLUCIN BOLIVARIANA
La idea de justicia social, vinculada desde el siglo XIX al reconoci-
miento de derechos de las clases trabajadoras y que toma su forma
contempornea en el Estado de bienestar, las mejoras en la distri-
bucin econmica, el reconocimiento social y la participacin po-
ltica ciudadana (Dubet, 2011; Fraser, 2008; Murillo y Reyes, 2016)
ha sido una importante reivindicacin discursiva en la Revolucin
Bolivariana y en general en los progresismos latinoamericanos des-
de la Constitucin Bolivariana de 1999 hasta nuestros das.
Esta nocin ha tenido centralidad no solo en la narrativa guber-
namental sino tambin en una serie de polticas a partir de las cuales,
se concretaron en aos anteriores varios avances respecto a la distri-
bucin econmica (baja de los ndices de pobreza y de desigualdad
social, entre otros), en el reconocimiento social (reconocimiento cons-
titucional de los derechos de los pueblos indgenas, de las mujeres,
entre otros) y en la participacin poltica ciudadana (creacin de los
consejos comunales, inclusin social en nuevos mecanismos electora-
les) (Teran, 2014).
Sin embargo, cuando analizamos las dinmicas de la distribucin
ecolgica en la Revolucin Bolivariana, es posible constatar una muy
marcada situacin de injusticia ambiental, la cual constituye no solo
una notable contradiccin con la reivindicada idea de justicia social,
sino tambin una especie de lado oscuro de la misma.
En el anlisis de los conflictos socio-ambientales que hemos rea-
lizado, tambin se evalu si la lucha de los grupos movilizados logra
conseguir o no la justicia ambiental: S (xito), No (fracaso) o No
parcial (logro parcial). Se tom en cuenta si las demandas de estos
grupos afectados fueron atendidas y si los daos e impactos socio-
ambientales fueron remediados.
Nuestro anlisis arroja que en el 75% de los conflictos no se consi-
gue de ninguna manera materializar la justicia ambiental. Demandas
de los grupos movilizados por el reconocimiento de las tierras an-
cestrales para los pueblos indgenas, remediaciones ambientales y

104
Emiliano Teran Mantovani

atencin sanitaria, solicitudes para detener o reformular proyectos y


realizacin de consultas previas a los mismos, respeto por los dere-
chos humanos y seguridad para la poblacin, por mencionar las peti-
ciones ms recurrentes, bsicamente no son atendidas.
La evidencia de esta marcada injusticia ambiental aparece en casi
todos los conflictos de minera ilegal al sur del ro Orinoco, donde la
actividad y sus consecuencias estn en un peligroso crecimiento; en la
dramtica situacin del pueblo warao en el delta del Orinoco, enfatizan-
do en los problemas de salud causados en estos; en comunidades aleda-
as (o trabajadores) a las instalaciones de petrleo y gas, ubicadas en
las zonas tradicionales de la actividad, que continan sufriendo notables
impactos desde hace dcadas (como las comunidades de la pennsula
de Paraguan) o de manera relativamente reciente (como los indgenas
karia de Tascabaa y las comunidades de Puerto Pritu, al oriente del
pas); en los proyectos de minera formal que cambian la vida de la pobla-
cin de Tiara (Lomas de Nquel) y socavan los medios de vida del pueblo
yukpa en la Sierra de Perij; o bien en proyectos urbanos recientes como
el trasvase de aguas del Lago de Valencia y la ampliacin de la autopista
Valle-Coche en Caracas, los cuales han sido desarrollados a pesar de las
crticas y consecuencias advertidas por los grupos sociales movilizados.
El restante 25% de los conflictos examinados fueron considera-
dos como No parcial. En estos cinco casos una o algunas demandas
fueron atendidas pero la justicia ambiental no ha sido alcanzada. Por
ejemplo, en 1995 la comunidad de El Hornito en el estado Zulia fue
reubicada pero nunca compensada por los daos socio-ambientales
provocados por la Petroqumica Ana Mara Campos, a pesar de ser
esta una de las principales reivindicaciones de la poblacin. Una si-
tuacin similar ocurre cuando la ubicacin del Puerto de aguas pro-
fundas en Araya, estado Sucre, fue replanteada, pero actualmente se
mantiene la preparacin de tierras para su construccin en esta pe-
nnsula, a pesar de las crticas y oposiciones.
En 2014, el vertedero de Cambalache fue clausurado, lo cual haba
sido una de las principales peticiones de las comunidades afectadas,
pero el saneamiento del mismo y la atencin mdica a los afectados
no han sido efectuados, y el gobierno regional est creando nuevos
vertederos improvisados, los cuales producen tensiones en las comu-
nidades aledaas. En 2015 el Gobierno Nacional formaliza el reitera-
do anuncio de expansin de la extraccin de carbn en los municipios
Guajira y Mara en el estado Zulia. Seis meses despus, a partir de
diversas movilizaciones y campaas sociales en su contra, las medidas
de expansin decretadas eran revertidas. En la actualidad, los gobier-
nos regional y central insisten en esta expansin extractivista, mien-
tras que las campaas populares en resistencia continan. Por ltimo,

105
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

indgenas pemn del Alto Paragua en el estado Bolvar, ocupan una


mina en 2011 y fundan la comunidad autnoma de Musukpa, pero las
reivindicaciones ambientales no estn entre sus prioridades, e incluso
estos indgenas ejercen la minera ilegal con mercurio y motobombas.
En el marco de la expansin del neoliberalismo a escala global
(Harvey, 2005) y de intensas disputas por el control de recursos natu-
rales, la situacin de la justicia ambiental en el mundo, a rasgos ge-
nerales, es muy precaria. Segn la base de datos del Atlas de Justicia
Ambiental para octubre de 2016, solo el 17% de los conflictos llegan a
trmino exitoso para los grupos en resistencia y en cambio casi en el
50% la justicia ambiental no es alcanzada. Para tener una visin general
de estas tendencias en Suramrica, se presenta una comparacin entre
Argentina, Brasil, Colombia, Per y Venezuela, partiendo del registro
del EJAtlas actualizado a octubre de 2016 (ver cuadro 2). Venezuela
tiene a la fecha un total de 30 casos registrados en esta base de datos.
Cuadro 2. Justicia ambiental en los resultados de los conflictos socio-ambientales, octubre, 2016

Fuente: EJAtlas database. <http://ejatlas.org>.

Es posible notar que los resultados de fracasos de estos pases son


muy cercanos a la media mundial con excepcin de Brasil y Venezuela
que tienen un resaltante 74% y 76%, respectivamente. En relacin a
los xitos para la justicia ambiental, Argentina aparece con resulta-
dos muy por encima del promedio, mientras que los de Colombia y
Venezuela son resaltantemente ms bajos.
A pesar de que estos datos nos permiten hacer algunas compara-
ciones generales, estos por s mismos no dan cuenta de los diferentes
dispositivos de control, regulacin y dominacin que se aplican en
cada pas sobre las comunidades y organizaciones sociales que luchan
por concretar la justicia ambiental. Tampoco son suficientes para ex-
plicitar las diversas correlaciones de fuerza que se configuran a partir
de tejidos sociales ms o menos fuertes que resisten y luchan para
intentar lograr un mejor balance en la distribucin ecolgica en un
determinado pas.
En este sentido, cabra decir, por ejemplo, que el Estado colom-
biano ha tenido a la violencia como uno de los principales mecanismos

106
Emiliano Teran Mantovani

para confrontar los conflictos de distribucin ecolgica (Prez Rincn,


2014), y no as el Petro-Estado venezolano, que se ha servido hist-
ricamente de diversos mecanismos de asimilacin de estas luchas a
travs de un amplio abanico de polticas posibilitadas por la captura
y distribucin de la renta petrolera. Lo que entendemos aqu como
mecanismos de asimilacin son aquellas polticas que hacen tolera-
bles los impactos socio-ambientales a travs de la integracin de la
poblacin tanto en las dinmicas econmicas y polticas como en las
expectativas sociales de la economa rentista petrolera.
De esta manera, el Petro-Estado confronta las crecientes des-
igualdades en la distribucin ecolgica buscando compensarlas por
la va de una socializacin estratgica y selectiva en la distribucin
econmica (bsicamente por medio de diversos mecanismos de dis-
tribucin de la renta petrolera) e incluso promoviendo expectativas e
imaginarios de inclusin y progreso vinculados a estos mecanismos,
todo lo cual vara en sus formas dependiendo de la coalicin poltica
que gobierna en un momento histrico determinado.
En este marco, se intenta invisibilizar y/o posponer al mximo el
conflicto socio-ambiental, principalmente en las zonas de influencia
del Petro-Estado. De ah que, partiendo de esta geografa de conflictos
ecolgico-distributivos analizada, dichas zonas podemos considerar-
las como reas pacificadas, a diferencia de las calientes nuevas fronte-
ras de los commodities, donde intensos conflictos de este tipo se estn
desarrollando y expandiendo.
En el perodo de la Revolucin Bolivariana, la distribucin econ-
mica se socializ como nunca antes en la historia de Venezuela, con-
figurando un balance mucho ms positivo para las clases desfavoreci-
das lo cual ha comenzado a revertirse a partir del ao 2013 (Lander,
2014). Sin embargo, se replic, actualiz y profundiz la estructura
de desigualdades en la distribucin ecolgica, impulsando dispositi-
vos coloniales sobre los territorios y sus pobladores, imponiendo o
manteniendo zonas de sacrificio sin ningn tipo de consulta previa a
las poblaciones, manteniendo el patrn de generacin de degradacin
ambiental/marginalizacin social (Robbins, 2004), reproduciendo y
reformulando mecanismos de asimilacin propios del eco-rgimen
del Petro-Estado, con el fin de impulsar la expansin del extractivismo
y cumplir los objetivos macroeconmicos del modelo de acumulacin
de capital.
En nuestro estudio, esto es evidente al menos en dos escalas.
Por un lado, todos los proyectos, actividades econmicas o malas
gestiones ambientales que originan los conflictos y que existan
antes del inicio de la Revolucin Bolivariana fueron relanzados o
se reforzaron durante este perodo. Por ejemplo, la insistencia de

107
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

formalizacin de la expansin del extractivismo carbonero en el nor-


te del Zulia, la ampliacin de los complejos refinadores y el proyecto
de construccin de un nuevo complejo industrial como en el caso de
Paraguan, el colapso del vertedero de Cambalache, la expansin de
la contaminacin por mercurio debido a la minera ilegal en los esta-
dos Bolvar y Amazonas, o el empeoramiento de la gestin ambiental
en el Complejo Industrial Petrolero de Jose en el estado Anzotegui.
Sumados stos, a los nuevos casos surgidos durante este proceso po-
ltico (8 en total), es evidente que todas las fuentes de los conflictos
ecolgico-distributivos analizados son producidos en la Revolucin
Bolivariana.
Por otro lado, los mecanismos de asimilacin para confrontar los
conflictos de distribucin ecolgica son impulsados y actualizados en
este proceso poltico, entre los que se cuentan: mantenimiento y ex-
pansin de la supremaca de la industria petrolera en los territorios
donde se ubica (como en el caso de Paraguan); construccin de in-
fraestructuras de carcter social en localidades ambientalmente im-
pactadas (como en el caso de las comunidades karia de Tascabaa);
asistencia en alimentacin y salud que no estn relacionadas direc-
tamente con los impactos ambientales causados; organizacin de
las comunidades indgenas en formas de afiliacin estatal (como ha
ocurrido con una parte los indgenas yukpa); y la promocin de una
narrativa y bandera ecosocialista por parte del Gobierno Nacional.
En la superficie de la economa rentista, es decir en el sistema
de distribucin de la renta petrolera, se ha intentado dirimir en la
Revolucin Bolivariana las desigualdades y la conflictividad social, al
tiempo que se ha ido intensificando un proceso de capitalizacin y
apropiacin de la naturaleza y de degradacin ambiental que supo-
ne un avance del Capital sobre los territorios y el tejido de la vida
(Moore, 2011). Las luchas socio-ambientales disputan con el Capital
y el Petro-Estado las formas de valoracin de la Naturaleza, los recur-
sos, los usos y gestiones de la tierra y las formas como se distribuyen
los impactos ambientales de las actividades econmicas. La importan-
cia de estas luchas radica en la interpelacin que plantea a la bandera
de la justicia social desde la materialidad de los territorios y en la
defensa de la riqueza de la vida.

CRISIS HISTRICA DEL MODELO RENTISTA PETROLERO E


INTENSIFICACIN DE LAS DISPUTAS TERRITORIALES
La situacin de injusticia ambiental en la Revolucin Bolivariana
no puede ser solo entendida como consecuencia del eco-rgimen
del Petro-Estado y sus polticas de asimilacin, sino que tambin
debe analizarse a la luz de factores de corto plazo vinculados a la

108
Emiliano Teran Mantovani

extraordinaria crisis que vive Venezuela en la actualidad, la cual im-


pacta todas las esferas de la vida, y a una variedad de actores naciona-
les e internacionales que disputan territorios y recursos estratgicos.
Dicha crisis puede ser interpretada como el agotamiento del mo-
delo capitalista-rentista debido a severos problemas en los procesos
formales de acumulacin de capital, cambios en la composicin del
petrleo venezolano mayoritariamente pesado y extrapesado y no-
torios desequilibrios econmicos que se desarrollan al menos desde
la dcada de los aos setenta hasta nuestros das (Baptista, 2004;
Baptista, 2010; Teran, 2015). Los actuales problemas del Petro-Estado
para capturar la renta del petrleo y mantener una distribucin rela-
tivamente equilibrada de la misma comprometen notablemente los
mecanismos de asimilacin para evitar y confrontar los conflictos de
distribucin ecolgica. La crisis se proyecta tambin en las ya poco efi-
cientes instituciones ambientales y se generan intensas presiones para
una flexibilizacin de las regulaciones que protegen a la naturaleza.
Por otro lado, las dificultades en el acceso a los alimentos, el alza
de los precios de los productos, la afectacin de las polticas sociales
de distribucin de la renta, la reduccin de oportunidades en el sector
laboral, la intensificacin de la crisis energtica, entre otros factores,
impulsan y estimulan el desarrollo masivo de mecanismos de apropia-
cin informal de dinero, bienes de consumo e incluso de commodities
como el oro, el coltn o los diamantes, lo cual ocurre de manera cre-
ciente en las nuevas fronteras de los commodities.
Bandas criminales o grupos irregulares estn no solo disputan-
do, administrando y controlando minas ilegales en estas zonas, sino
tambin estn produciendo nuevas territorializaciones en el sentido de
ejercitar poder sobre los territorios, impulsar grandes transformacio-
nes de la naturaleza evidentes en cuencas de ros como el Cuyun,
Caura o Ventuari, o en Parques Nacionales como Canaima, crean-
do economas locales, permeando as el tejido social. Adems de los
mecanismos de violencia, estos grupos de actores crean sus propios
mecanismos de asimilacin en la medida en la que integran a la po-
blacin local a las dinmicas de la minera ilegal, incluyendo parte
de los pueblos indgenas, lo cual genera un tremendo impacto cultu-
ral en ellos. Esto ha creado, principalmente en los estados Bolvar y
Amazonas, un eco-rgimen informal el cual est en algunos casos ms
all del Estado y compromete an ms la justicia ambiental.
La escala de estos fenmenos en las nuevas fronteras de los commo-
dities en Venezuela es considerable para el pas, no solo en extensin sino
tambin en intensidad. De acuerdo al Ministro de Petrleo Eulogio del
Pino (2016), de 10 a 15 toneladas de oro son sacadas cada ao a partir
de la minera ilegal. La ms alta cantidad de produccin de la minera de

109
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

oro formal desde 1998 fue de 12,23 toneladas en 2009 (USGS, 2015). Si
tomamos en cuenta la cada de la produccin legal para el ao 2014 (1,09
toneladas) esto significa que en la actualidad alrededor del 90% de la ex-
traccin de oro en Venezuela provendra de la actividad ilegal.
Analizado en su extensin geogrfica y su creciente sofisticacin
de operacin y organizacin, esta forma de extractivismo podra estar
configurando un modo de territorializacin en s, el cual disputa a los
patrones tradicionales de poder del Petro-Estado en estos territorios.
Si adicionalmente se estudiara la muy notable expansin de este fen-
meno en Per y Colombia (Contralora General de la Repblica, 2013;
Torres, 2015), y su crecimiento en Brasil, Ecuador y Bolivia (SPDA,
2014) podramos afirmar que el mismo tiene un carcter amaznico,
sin obviar las diferentes modalidades e intensidades que adquiere en
cada pas. En todo caso se trata de una forma de valuacin y apropia-
cin de territorios y recursos paralela que podra ser entendida como
las fronteras ilegales de los commodities.
Sin embargo, estos procesos no deben ser analizados solo como
la emergencia de un poder externo a la hegemona del Petro-Estado.
Como hemos mencionado anteriormente, en casi todos los conflictos
en las nuevas fronteras de los commodities se han producido colu-
siones, cooperaciones y articulaciones entre los mbitos de lo formal
(principalmente el sector militar) y lo informal, entre lo legal y lo ile-
gal. No existe una separacin pura entre estos mbitos.
Los enfoques dominantes en el debate sobre el neo-extractivismo
se han desarrollado en torno a las estructuras tradicionales de poder y
las diversas polticas llevadas adelante por los gobiernos progresistas
latinoamericanos (Svampa, 2013; Gudynas, 2009). Una coalicin o hi-
bridacin entre lo formal y lo informal, lo legal y lo ilegal, en las cuales
gobernanzas descentralizadas y de carcter delincuencial tendran un
importante rol en la apropiacin y gestin de los territorios y recursos,
presenta una nueva forma de poder territorial, un potencial nuevo
modo de territorializacin que es tambin necesario atender. Algunas
mutaciones de las instituciones polticas tradicionales podran estar
desarrollndose, lo cual plantea una discusin sobre nuevas formas
de estatalidad en Sud y Latinoamrica en el siglo XXI el caso mexi-
cano es tal vez el ms emblemtico (Saxe-Fernndez, 2014; Zibechi,
2014), en un contexto de profunda crisis civilizatoria.

HACIA NUEVAS LUCHAS SOCIO-AMBIENTALES EN


VENEZUELA?
La actual situacin de crisis en el pas ha estado tambin marcada por
largas sequas, crecientes problemas en la generacin y distribucin
energtica, y un marco ambiental en el cual Venezuela tiene una de

110
Emiliano Teran Mantovani

las cuatro huellas ecolgicas (consumo de hectreas globales por


persona) ms altas de Latinoamrica, superando la biocapacidad
nacional (hectreas globales por habitante), por lo que se encuentra
en situacin de dficit ecolgico (WWF et al., 2012). Las intensas
disputas por el control y administracin de territorios, en el marco
de un conflicto geopoltico por los recursos naturales, suponen gran-
des desafos para las luchas socio-ambientales, principalmente en las
nuevas fronteras de los commodities, donde parece desarrollarse, en
algunas zonas mineras, especie de guerras de baja intensidad, mien-
tras que el Gobierno nacional impulsa polticas de militarizacin y
decretos de estados de excepcin en varios de estos territorios.
Bajo estas condiciones muy probablemente los conflictos de dis-
tribucin ecolgica tengan cada vez ms relevancia en el pas. El rol de
los pueblos indgenas es fundamental al respecto. El recrudecimiento
de estos factores de penetracin y neocolonizacin de sus territorios
ha llevado a algunos de estos pueblos a intensificar sus narrativas y
prcticas de resistencia. La defensa del territorio ha sido su principal
reivindicacin en las declaraciones que surgen a raz de los conflictos,
en pueblos tales como los wayu y yukpa (Sierra de Perij), yekwana
y sanem (cuenca del ro Caura), yanomami (ro Ocamo, municipio
Alto Orinoco, estado Amazonas), pemn (Alto Paragua) o yabarana
(municipio Manapiare, estado Amazonas). Muchos de estos pueblos
han declarado que, ante estas severas amenazas a su vida, llevarn sus
luchas hasta las ltimas consecuencias.
En estas luchas, diversos mtodos de accin directa han sido lle-
vados adelante tales como capturas y retenciones de efectivos milita-
res (como lo realizado por los indgenas pemn del Alto Paragua en
2011), ocupacin de tierras (como lo efectuaron los yukpas de los ros
Yaza y Tukuko), intervencin en zonas mineras (como lo hecho por los
yanomami del ro Ocamo y los yabarana en el municipio Manapiare),
bloqueo de aeropuertos (realizado por los pemn del ro Carrao en el
parque Canaima), creacin de comunidades autnomas, entre otras.
Ante nuevos escenarios, nuevas formas y mtodos de lucha podran
desarrollarse en el futuro.
Las crecientes dificultades de la vida cotidiana en las ciudades,
que combina los intensos problemas de distribucin econmica con
los de distribucin ecolgica, plantea potencialidades para la configu-
racin de nuevas valoraciones socio-ecolgicas y la incorporacin de
organizaciones sociales a las luchas socio-ambientales. Esto se ha he-
cho evidente en las nuevas movilizaciones que se han producido con-
tra el proyecto del Arco Minero del Orinoco, el cual plantea una inten-
sa colonizacin de las nuevas fronteras de la commodities (111.843,70
kms2 en el estado Bolvar, 12% de todo el territorio nacional) por

111
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

medio de la extraccin minera de oro, diamantes, bauxita, hierro y


coltn en asociacin con varias compaas transnacionales, llevando
la mega-minera a una escala nunca antes vista en Venezuela.
Nuevas voces y generaciones, vinculadas a organizaciones de
agroecologa urbana, nuevas movilidades urbanas, estudiantes uni-
versitarios y licestas, grupos ambientalistas, organizaciones polticas
que comienzan a sensibilizarse con el tema ecolgico, se han movi-
lizado contra este proyecto, lo cual representa una evidencia de las
potencialidades de lo que Henri Acselrad (2010) llama una ambienta-
lizacin de las luchas populares.

IV. CONCLUSIONES
Hemos visto algunas de las caractersticas generales de la geografa
de los conflictos ambientales en Venezuela, evidencindose dinmi-
cas territoriales diferenciadas en las cuales las zonas norte-costeras y
urbanas, dominadas desde hace muchas dcadas por el Petro-Estado,
son reas en cierta forma pacificadas en trminos de conflictos ecol-
gico- distributivos. Las nuevas fronteras de las commodities presentan
rasgos muy diferentes, en la medida en la cual la intensidad de los
conflictos es mucho ms alta, estn dominadas por la lgica de la mi-
nera ilegal y los pueblos indgenas son los principales sujetos en estas
luchas.
Estas dinmicas han sido analizadas en el marco de la Revolucin
Bolivariana, evaluando cmo, a pesar de una narrativa y una serie de
polticas orientadas a la justicia social, se ha producido en este pe-
rodo una muy marcada injusticia ambiental en la medida en la que
los impactos socio-ambientales visibles o potenciales y las demandas
de los grupos movilizados no son atendidos o se ha hecho superficial-
mente y con poca transparencia. El Petro-Estado en la Revolucin
Bolivariana ha mantenido el eco-rgimen de degradacin ambien-
tal/marginalizacin social como consecuencia de la expansin de su
modelo de desarrollo, y se han impulsado y actualizado una serie de
mecanismos de asimilacin para enfrentar de diversas maneras los
conflictos de distribucin ecolgica.
Sin embargo, hemos planteado que esta situacin de injusticia
ambiental debe ser tambin entendida en el marco de una extraordi-
naria crisis que se vive en el pas, en la cual intensas disputas territo-
riales se estn desarrollando. En las nuevas fronteras de los commodi-
ties no solo se imponen lgicas de violencia, economas subterrneas
y grupos armados, sino que tambin se estn produciendo nuevas
territorializaciones en torno a recursos como el oro, en la que estos
grupos disputan territorios e imponen gobernanzas particulares, en
muchas ocasiones ms all del Estado. En numerosos casos estas

112
Emiliano Teran Mantovani

formas ilegales de apropiacin de recursos funcionan en colusin y


articulacin con formas de instituciones del Estado (como las fuer-
zas militares), por lo que conviene analizar estas modalidades como
potenciales nuevas formas de estatalidad, a la luz de lo que ocurre en
la regin amaznica, Mxico y Centroamrica, regiones de frica y
Medio Oriente, entre otras partes del mundo.
El agotamiento del modelo rentista petrolero venezolano podra
implicar, asimismo, el agotamiento de los mecanismos de asimilacin
del Petro-Estado por lo que ste podra recurrir a nuevas modalidades
para confrontar los conflictos de distribucin ecolgica y econmica,
con los cuales podra aumentar el uso de la violencia.
La crisis, el dficit ecolgico sealado en este artculo y las disputas
por recursos naturales en clave geopoltica, probablemente otorguen
mayor relevancia a los conflictos de distribucin ecolgica en el pas.
Las nuevas fronteras de los commodities van tomando una extraordi-
naria importancia en el desenlace de la crisis y el Gobierno Nacional
intenta solventarla colonizando aceleradamente estos territorios por
medio del proyecto del Arco Minero del Orinoco, el cual ya ha creado
un nuevo conflicto socio-ambiental a escala nacional. Esquemas y dis-
positivos de militarizacin y de estados de excepcin estn ya siendo
aplicados en estos territorios por parte del Gobierno central.
Por ltimo, nuevas condiciones ecolgicas, polticas y econmi-
cas abren posibilidades para la configuracin de nuevas valoracio-
nes, subjetividades y escenarios para las luchas socio-ambientales.
Pueblos indgenas, aunque en condiciones de mucha adversidad, han
escalado en sus luchas y defienden en numerosos casos sus territorios
con enorme mpetu. La crisis en las ciudades abre las posibilidades
tambin de una mayor ambientalizacin de las luchas populares en
estas zonas urbanas.

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116
Catalina Toro Prez*

LA MOSQUITIA:
LTIMA FRONTERA IMPERIAL?
NEO-COLONIALISMO / NEO-EXTRACTIVISMO
EN EL MUNDO AFRO-CARIBE

La historia del colonialismo en Amrica Latina, se expresa en el


modo de entender la geopoltica del desarrollo extractivista a esca-
la planetaria (desde la perspectiva de la historia y la filosofa am-
biental, la economa poltica, los estudios culturales y la geografa
crtica de Amrica Latina) como un modelo de extraccin de la na-
turaleza y el despojo de pueblos (cuerpos, mentes, conocimientos,
territorios), en unas relaciones de produccin que se estructuran
en el proceso de acumulacin incesante de capital. El extractivis-
mo, en este sentido, no es solo un modo de produccin, sino una
forma de participacin en el desarrollo del capitalismo mundial, a
travs de una concentracin y centralizacin del poder econmico,
poltico y cognitivo que desplaza procesos de construccin hist-
rica de modos y estilos de convivencia entre sociedad y naturaleza
expresados en saberes, tecnologa, organizacin social y elabora-
ciones mticas y simblicas.

* PHD Ciencia Poltica del Instituto de Estudios Polticos de Paris. Profesora


Asociada. Departamento de Ciencia Poltica, Coordinadora Grupo Poltica y Derecho
Ambiental, Facultad de Derecho, Ciencias Polticas y Sociales Universidad Nacional
de Colombia. Coordinadora Grupo Ecologia Poltica desde America Latina: Abya
Yala. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Vicepresidenta de la Asociacion
de Estudios del Caribe.

117
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Algunos autores se han referido a la anatoma poltica del colo-


nialismo como al proceso no solo de expropiacin material de la na-
turaleza, sino tambin al sometimiento de culturas, mentes, cuerpos
en tanto sujetos-cuerpos-fuerza-de-trabajo, redefinidos ambos como
objetos y medios de produccin al servicio de la continua valorizacin
del capital (Machado, 2011) (Leff, 1994). La subalternizacin de las
poblaciones originarias latinoamericanas va a significar, en este sen-
tido, la colonizacin-reorganizacin selectiva por parte de la socie-
dad del conocimiento: de unas maneras de relacionarse sobre unos
conocimientos y formas de interactuar con la naturaleza, a partir del
diversificado ejercicio de la violencia. Una forma de administrar la
violencia que va a dar lugar a un sistema de dominacin.
En un contexto histrico, la geopoltica imperial colonial en el
Caribe Occidental, se va a caracterizar por una de las formas de violencia
ms extrema, total y desmesurada en el continente americano: la trata
de esclavos y el extractivismo minero se van a convertir en la marca del
colonizador. Con el encuentro entre tres mundos el mundo indgena. el
mundo afro-descendiente y el colonizador la clasificacin racial/tnica
del mundo se va a constituir en la piedra angular del poder colonial que
va a expresar en cada uno de los planos, mbitos y dimensiones, mate-
riales y subjetivos de la existencia cotidiana y la escala social, hasta hoy.
El analisis del extractivismo-colonialismo en el mundo Afro
Caribe (miskito, garifuna, creole, raizal) de la Mosquitia colonial que
se extiende desde Honduras y Nicaragua a Belice, Costa Rica hasta
el mar Caribe y el Archipilago de San Andrs, Providencia y Santa
Catalina, posibilita aproximar el anlisis de una nueva avanzada geo-
extractivista, en el Caribe Occidental. Una regin, que se ha convertido
en los albores del Siglo XXI, en la franja ltima de desarrollo para las
actividades extractivas; la gran frontera, para la extraccin de mi-
nerales, petrleo y recursos forestales, subestimado y subexplotado
por muchos aos (Seillant 2014) (Toro Prez, 2015) (CaribX, 2013).
El actual contexto de Neo-extractivismo, (nuevas formas de ex-
traccin a gran escala, con promesas de desarrollo econmico, por
parte de los denominados gobienos progresistas a los pueblos ms
pobres del hemisferio) convierte esta regin que une al Pacifico con
el Atlntico, El Norte y el Sur de Amrica en un escenario de luchas
inter-e intra-imperialistas (Estados Unidos, Canad, China, Rusia,),
que afecta no solo las relaciones internacionales de los pases de la
regin sino que tambin, agudiza los conflictos diversos de pueblos
originarios, mestizos y afrodescendientes que han sido sometidos y
colonizados, tambin por los Estados Nacin. En este sentido, recor-
dando a Fannon, paradjicamente, con las luchas de independencia la
colonizacin se convierte en la maldicin de la independencia.

118
Catalina Toro Prez

El poder colonial, con enorme poder de coercin condena a la regresin


a las jvenes repblicas nacionales. Utilizando su posicin estratgica
estos pases terminarn desarrollando acuerdos transformndose en
pases econmicamente dependientes. Las potencias coloniales man-
tendrn intactos los circuitos comerciales de tipo colonialista para ali-
mentar el presupuesto de las naciones independientes. La explotacin
capitalista y sus monopolios madereros, mineros, pesqueros y ahora
petroleros constituirn el poder poltico en el rea (Fannon, 1968: 96).

Este nuevo extractivismo, implica tambin no solo una nueva forma


de colonizacin territorial en el contexto de la construccin del ima-
ginario del Estado Nacin en el Caribe desde el Siglo XIX hasta hoy.
Frente a la imposicin de los valores del modelo colonialista interno
espaol (una lengua, la cultura y un modelo de desarrollo extractivis-
ta: las economas de enclave bananeras, las zonas francas, los canales,
los puertos libres) los pueblos de este Caribe afrodescendiente creo-
le, multilinge, continuan reclamando su derecho a la autonoma y
autodeterminacin.
La entrada de capitales transnacionales asociados a mega-pro-
yectos extractivos, en una regin, que ha portado la herencia de la
cultura de la plantacin bananera y las economas de enclave forestal
y minera, van a profundizar el despojo, saqueo y probable extincin
de pueblos minoritarios. Nuevos dispositivos expropiatorios y nuevas
modalidades de produccin de desigualdades van a estar implicadas
en la dinmica neocolonial del capitalismo global minimizadas por
los propios gobernantes y por los usuales detentores del saber; unos
y otros empecinados en la quimrica misin colonial de ser como las
grandes potencias (Machado, 2011).
Solo en los tres ltimos aos, (2014, 2015 y 2016) la explota-
cin minera (oro, plata, zinc) se ha triplicado en solo tres pases:
Guatemala, Honduras y Nicaragua, especialmente en la Costa Caribe:
La Antigua Mosquitia. Durante los tres primeros trimestres de 2016, el
50% del volumen exportado fue en su mayor parte a Canad, Estados
Unidos, China, Japn, Suiza, a travs de concesiones de capital cana-
diense yestadounidense. (CentralAmericaData, 2017). Y desde 2013
en sus costas y mares surcan plataformas petroleras y de gas marinas,
operadas con capital estadounidense y de Gran Bretaa.
Frente a ellos, la magnitud y diversidad de voces que a lo largo y
lo ancho de nuestra Amrica ha despertado la voracidad devastadora
del Capital, constituyen expresiones de subjetividades otras, de sensi-
bilidades de-coloniales que sienten en sus propias territorialidades y
corporalidades el dolor de la expropiacin y el saqueo. Desde agosto
de 2015, la Regin Autnoma de la Costa Caribe Norte de Nicaragua,
es escenario de violentos enfrentamientos entre colonos y habitantes

119
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

de las comunidades miskitas y mayangnas. Ante el despojo y saqueo,


viejo proyecto desarrollista de revalorizar tierras indgenas de las
regiones de la Mosquitia y marginar a sus habitantes amerindios y
afrodescendientes (Bataillon, 2016), aumentan en un 70% los conflic-
tos relacionados con la minera. Solo en Honduras, ocurre el mayor
nmero de agresiones contra defensores de la tierra (Global Witness,
2015). Honduras con tan solo seis millones de habitantes es por sexta
vez el lugar del mundo con ms muertes por 100.000 habitantes1. En
Honduras, mueren 54 mujeres por mes, 60 por mes en Colombia y
Guatemala, teniendo las cifras ms altas de femicidio. Sin embargo
las mujeres Miskitos luchan frente al canal, se enfrentan a las mineras
y petroleras y tambin caen, como la lder hondurea Berta Cceres
ante la defensa del territorio.
Como expresiones de las nuevas contradicciones de la acumu-
lacin contempornea, los movimientos del Caribe Occidental, lu-
chan como pueden, se levantan y extienden expresando un resurgir,
de las resistencias histricas, recreadas y re-significadas en torno a
la defensa del territorio y la naturaleza.
Al tomar en serio estos gritos de resistencia, es necesario apro-
ximarlos a una comprensin de los dispositivos contemporneos
de la expropiacin. Estos movimientos hacen que estos territorios,
objeto de saqueo sean tambin territorios de esperanza y vislumbra-
dores de otros mundos posibles, pero necesitan apoyo y visibilidad.
Ese debe ser el compromiso de la academia crtica.
Este trabajo busca, en primer lugar:
Demostrar cmo la expansin del capitalismo imperial (en trm-
inos de sus estructuras de dominacin y control de mentes, cuerpos
y territorios) afecta los sistemas regionales y locales en el Caribe
Occidental (La Antigua Mosquitia), y en ese contexto, el rol de estruc-
turas nacionales y regionales que median entre comunidades locales
y el sistema mundial capitalista en diferentes momentos histricos.
Re-conocer este territorio de diversidades afro-descendientes e
indgenas a partir de la literatura existente y los mitos de orgen en
cada pas: con ello buscamos contextualizar la Antigua Mosquitia en
el Caribe occidental y caracterizar este fenmeno de resistencia creo-
le de los pueblos originarios (indgenas y afro-descendientes) en ese
mundo desconocido y olvidado del Gran Caribe, que lucha y resiste a
pesar de ser decretados como pueblos en extincin.
Abordar el proceso de Colonizacin Extractivista y Neo-
extractivista en el Caribe, tomando en cuenta la transicin de la

1 El 56% de asesinatos, de lderes ocurre en Brasil, Honduras y Colombia (Global


Witness, 2016).

120
Catalina Toro Prez

Geopoltica de la Plantacin y la esclavitud, el extractivismo Minero


del siglo XVII al XIX; las Economas de Enclave, a inicios del siglo
XX, y la Geopoltica Petrolera y Minera del siglo XXI donde se inscri-
ben las luchas post-extractivistas.

INTRODUCCIN Y JUSTIFICACIN. LA MOSQUITIA COLONIAL DE


AYER A HOY

What is colonization ?
It is not evangelization ... Not philanthropic
company. Or expansion of God or extension of law ...
The decisive gesture is that of the adventurer , the pira-
te , the gold digger , the merchant, appetite and power

Discourse on Colonialism, Aime Csaire (1950)

El inters reciente por los estudios desde Colombia, de la regin deno-


minada Mosquitia en el Caribe Occidental un rea geogrfica donde
convergen culturas de diversos orgenes de los denominados pueblos
negros: Blacks Caribs e indgenas que habitan en la otrora denominada
Honduras Britnica (Belice en la costa Caribe guatemalteca), los territo-
rios insulares (Gran Caimn), la Costa Caribe de Guatemala Honduras
y Nicaragua, el litoral Caribe de Costa Rica y el Norte de Panam (Bocas
del Toro), que se extiende por el Mar Caribe incluyendo el Archipilago
de San Andrs y Providencia, tiene que ver con un conflicto geopoltico,
ambiental, social y cultural de larga data en este territorio con fronte-
ras marinas difusas entre Honduras, Nicaragua y Colombia, lo que ha
generado un escenario de lucha de los pobladores por el reclamo de sus
derechos2 ancestrales frente a los Estados Nacin hispano-hablantes
que constituyeron las provincias unidas de Centroamrica en el siglo
XIX y ms tarde los Estados Nacin Centroamericanos.
Refiere a un complejo proceso de conflictividad de una poblacin
multitnica (poblacin indgena miskita, afro-descendiente, creole,

2 En medio de un diferendo limtrofe de ms de cien aos entre Nicaragua y


Colombia por el reclamo de su soberana territorial (Mantilla, 2009), la poblacin
(indgena raizal del Archipilago de San Andrs y Providencia) reclama sus derechos
sobre sus tierras ancestrales (mar y tierra): derechos respecto de la participacin
en las decisiones que afectan la integridad del territorio costero, marino, insular;
derechos ancestrales de pesca artesanal del pueblo indgena raizal, derecho a su se-
guridad alimentaria, y solicita garantas frente a los estados que deberan tomar me-
didas concretas para garantizar el disfrute de derechos y libertades fundamentales en
conexin con la Convencin Internacional sobre la eliminacin de todas las formas
de discriminacin raizal.

121
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

garfuna, raizal), frente a un patrn de desarrollo colonial-extractivo


en una regin que fue y continua siendo escenario de conflictos no
resueltos entre poderes imperiales, y coloniales, desde el el siglo XVII.
Como expresin del vnculo entre Colonialidad y Extractivismo
caracterstico de las economas en nuestra Amrica Latina, cabe plan-
tear dos cosas:

Una, que ese vnculo se ha expresado en la imposibilidad de pensar-


se, fuera del lugar y las funciones que nos fueron impuestas en las
transformaciones, del mercado mundial, desde el siglo XVI a nuestros
das, como economas primario exportadoras; y la otra que la cultura
de la naturaleza en Amrica Latina expresa la crisis que enfrentan las
mismas sociedades latinoamericanas en sus relaciones con el mundo
natural, por lo que afloran con renovada energa las viejas contradic-
ciones y conflictos no resueltos entre las culturas de los conquistados,
los conquistadores del siglo XVI, y los conquistadores de hoy; las de
los expropiadores y los expropiados de las Reformas Liberales del siglo
XIX, y las que hoy enfrentan a quienes promueven la transformacin
del patrimonio natural de nuestras fronteras interiores en capital na-
tural global, y los que se resisten a esa transformacin (Castro, 2016).

Nos referimos a un territorio con una historia que se constru-


ye en el seno de las disputas inter-imperialistas entre espaoles e in-
gleses, entre los siglos XVI, XVII y XVIII, por el control de la zona.
De protectorado ingls, en varios momentos (1631-1641, 1740-1786,
1806-1816, 1860) reas como la Mosquitia, (que va a tomar su nom-
bre por los pueblos originarios que all habitaban) aun despus de
ser integradas o reincorporadas a las Repblicas Independientes
Centroamericanas, continuaron siendo un territorio en disputa, una
colonia econmica, cultural, lingstica, territorial y militar que ha
sido controlada por dcadas por los Estados Unidos y, en menor me-
dida, por sus socios canadienses e ingleses.
Belice, en Guatemala, es la expresin radical de un proceso de
expropiacin territorial colonial por parte de una potencia imperial
en el Caribe (Gran Bretaa) en un pas independiente, resultado del
proceso de ordenamiento del territorio acordado entre dos potencias
extranjeras: Estados Unidos y Gran Bretaa. El Canal de Panam es el
smbolo de la expresin de un proceso de ocupacin extra-territorial
colonial, que transform sentidos y procesos sociales, culturales y am-
bientales de los pueblos marginales y de los mismos Estados Nacin
(Colombia y luego Panam), a los cuales estaban adscritos. Las inte-
rrelaciones del Caribe con el mundo y su control se expresa en sus
lenguas habladas que expresan esta ocupacin imperial: las poblacio-
nes tnicas, sin excepcin hablan ingls e ingls-creole. Pero tambin

122
Catalina Toro Prez

hablan lenguas indgenas: mayas o yucatec en Yucatn, Belice y Black


Carib, miskito, en Honduras y Nicaragua, guaymi y cuna en Panam,
creole en San Andrs e islas Cayman, as como el espaol, que refleja
a su vez, la historia de la dominacin colonial-estatal. Pero, al mismo
tiempo, alternando con el control colonial e imperial de la lengua,
se crea una diversidad de lenguas creoles caribeas (Torres Saillant,
2006: 24). El creole, el idioma incomprensible para el mestizo, se con-
vierte en la lengua de la resistencia en el Caribe contra el colonizador,
espaol, ingls y francs.
En el contexto de la geopoltica extractivista, el Caribe Occidental
se convierte en el centro de la disputa inter-imperial. El Canal del
Nicaragua, cuyo proyecto se gesto en pocas de dominio ingls, hoy
es concesionado a una de las potencias extractivas ms importantes
a nivel mundial: China. Con la presencia de Rusia en Nicaragua, se
genera una nueva correlacin de fuerzas que pareciera desafar la he-
gemona anglosajona en esta ltima frontera del capitalismo, profun-
dizando los conflictos territoriales en los pueblos indgenas y creoles,
cada vez ms marginados del proceso de acumulacin capitalista y
sin embargo sujetos a una nueva colonizacin extractiva en la regin.
Sin embargo, el neo-extractivismo articula los diversos capitales sin
importar su origen.
Aun cuando las luchas revolucionarias centroamericanas en su
contenido anti-imperialista en los setenta y ochenta, como el caso de
Nicaragua, van a proponer el reconocimiento de autonomas y de-
rechos de autodeterminacin de estos pueblos en regiones no inte-
gradas, el contexto del neoliberalismo y neo-extractivismo gener
nuevos desafos para estas poblaciones, que se ven obligadas a luchar
solas contra el desarrollo colonial extractivista en la regin.

COLONIALISMO-EXTRACTIVISMO EN EL CARIBE: SIGLOS XIX-XXI


Comprender el colonialismo en el Caribe, significa entonces pensarse
desde este centro mundial de extraccin de naturaleza y despojo de
pueblos por el control geoestratgico, en unas relaciones de produc-
cin que se estructuran en el proceso de acumulacin incesante de ca-
pital. Cabe entender, as, que el extractivismo desempee un papel de
primer orden en el desarrollo de sociedades ubicadas en las periferias
y semiperiferias del sistema mundial, en las que contribuye a generar
y sostener una modalidad peculiar de formacin econmica social.
Esa modalidad, sin embargo, no se define nicamente por su forma.
Por el contrario, esa forma expresa su contenido destructivo de las
relaciones socio-ambientales precedentes de un modo que trae a la
memoria la economa de rapia que el gegrafo francs Jean Brunhes
describiera en las posesiones coloniales de su pas a principios del

123
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

siglo XX, y expresa, tambin, su carcter de fenmeno estructurante


del propio sistema mundial, a cuya formacin viene contribuyendo
desde el siglo XVIII al menos (Castro, 2016).
El desarrollo de la economa de la trata de esclavos, el modelo de
plantacin esclavista en el Caribe, y los procesos de extraccin made-
rera y minera en esta rea (La Mosquitia colonial) sentar las bases
econmicas de los patrones de colonizacin, que darn lugar luego a
las economas de enclave a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX
(banano, maderas preciosas, oro), que van a constituirse en el modelo
de expansin capitalista anglo/norteamericana en la regin. Jamaica,
una de las colonias inglesas ms importantes, junto a Hait y las pe-
queas Antillas, constituirn las islas azucareras cuyas ganancias par-
ticiparn en la acumulacin financiera de las economas europeas del
siglo XVII y XVIII. A finales del siglo XIX, con la la edad del banano
(Bgot Monique, 2013) en Costa Rica, Guatemala y Honduras bajo
el impulso del capital norteamericano, se constituir el modelo de
economa de enclave en la regin. Los movimientos revolucionarios
desde los aos treinta, van a confrontar esta forma de dominacin
colonial capitalista hegemnica, que se pone a prueba en el contexto
de la gran depresin, para reestructurarla, paradjicamente, a fines
del siglo XX.
En un contexto de grandes tensiones con los Estados Unidos en
su mar americano (la guerra de contraguerrillas en los ochenta se
despliega en la Mosquitia) el gobierno revolucionario en Nicaragua,
va a adelantar un ambicioso proyecto de autonoma regional en la
Mosquitia para el reconocimiento de grupos sociales con el fin de de-
limitar los derechos socio-culturales de los diversos grupos tnicos,
respetando al mismo tiempo la integridad de la Nacin (Butler, 1985:
9). Ello va a implicar, sin embargo, en el contexto del neoliberalismo
en los noventa, dificultades prcticas en el reconocimiento de compe-
tencias en trminos de decisiones, relativas a la tenencia de la tierra,
el acceso a los recursos naturales y los derechos territoriales de los
grupos tnicos, situaciones aun hoy no resueltas.
La pugna entre los pueblos de estas regiones del Caribe con sus
Estados Nacin va estar marcada por un enfrentamiento entre len-
guas y culturas: entre poblaciones que hablan el lenguaje de las an-
tiguas naciones europeas que colonizaron diversas porciones del te-
rritorio, en esta caso anglfona, adems de las lenguas maya y Black
Carib en Guatemala, miskito en Honduras y Nicaragua3, guaymi y

3 Algunos autores definen la lengua original Miskita como la lengua misumalpa


hablada por el pueblo misquito en el Norte de Nicaragua y Honduras. Esta, a su vez,
es parte de una familia de lenguas: miskito, sumo y magalpa, que a su vez hicieron

124
Catalina Toro Prez

cuna en Panam (Torres Saillant, 2006: 24) y, a partir de los procesos


de reincorporacin a los Estados Nacin, el espaol. Estas regiones
multilinges se confrontarn con la Cruz y la Espada colonial espao-
la. El creole, de origen ingls en este nuevo contexto se va a convertir,
a partir de all en una prctica de resistencia.
Paradjicamente, la construccin de proyectos nacionalistas
desarrollistas en los siglos XIX y XX, no va evitar profundizar las
brechas culturales y sociales: con la apropiacin y exportacin de
enormes volmenes de recursos naturales, exportados como mate-
rias primas a los mercados globales, la confrontacin, asimilacin
y subordinacin profundizar las distancias entre el colonizado y el
colonizador interno. Con el neoliberalismo, y la firma de los trata-
dos de libre comercio en Centro America (CAFTA, y el proyecto de
integracin de la infraestructura meso-americana), en los noventa,
la antigua Mosquitia como expresin de un rea no integrada a los
Estados Nacionales, se convertir en la ltima frontera imperial de
la geopoltica extractiva.
La apertura a la extraccin petrolera y minera a gran escala, alude
a la presencia de empresas transnacionales (canadienses, inglesas, nor-
teamericanas, chinas) que se han radicado all, en diferentes momentos
de su historia (Vilas, 1987). Si bien en los aos sesenta, se inicia la edad
del petrleo con refineras en Barbados, Bahamas y Trinidad y Tobago
y exploraciones en la antigua Mosquitia, en el dosmil emerge la nueva
etapa petrolera y de gas con tecnologas no convencionales off sho-
re en el mar Caribe, especialmente Occidental (Panam, Nicaragua,
Honduras, Belice y Costa Rica y Colombia ). La regin, a principios del
siglo XXI queda a merced del gobierno corporativo transnacional de
capital chino, estado-unidense, canadiense, anglo-sajn.
Los conflictos recientes asociados a prcticas de invasin en es-
tos territorios expresarn una nueva geopoltica de disputa inter-im-
perialista por parte de nuevas potencias, asociadas a la prcticas de
extractivismo petrolero, minero, que est afectando de manera defini-
tiva a estos pueblos alejados y no pocas veces confrontados a los cen-
tros de poder estatal nacionales de Honduras, Nicaragua, Colombia,
Guatemala, en cuanto a su estructura socio-cultural4: lengua, religin,
base econmica y formacin ideolgica (Butler, 1985).

parte de las lenguas macro-chibchas (Lewis, 2009).


4 Emilio Pantojas Garca (Garca, 2009: 5), aborda el concepto de sincretismo so-
cio-cultural para referirse a la fusin cultural y social que describe un fenmeno de
identidad cultural que parte de experiencias compartidas por habitantes de la regin,
que puede expresarse por ejemplo en la lengua (creole), la religin o la msica, pro-
duciendo un complejo rtmico caribeo.

125
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

An hoy, no se han resuelto las contradicciones que surgieron en


esa historia de construccin del imaginario nacional independentista
de estos territorios marginados de los centros de desarrollo nacio-
nal que podramos decir se convierten en zonas de sacrificio (Klein,
Naomi) por cuanto que continuan siendo, hoy como ayer, territorios
estratgicos para el sistema capitalista mundial; disputados por po-
tencias extranjeras y por su ubicacin estratgica se convierten en
zonas de control geo-estratgico militar y escenarios de potencial de-
sarrollo de grandes obras de infraestructura portuaria y canalera, y
adems zonas de acceso a recursos minero-energticos en un nueva
etapa del neo-extractivismo colonial.

1. LA MOSQUITIA: DE PROTECTORADO A RESERVA. HUELLAS


COLONIALES DE UN LUGAR ESTRATGICO A UN LUGAR DE
OCUPACIN Y CONTROL DE NATURALEZA Y CUERPOS
El Caribe occidental es el escenario por excelencia ideal, para un an-
lisis multidimensional. En el abordaje de las transformaciones en la
geopoltica del gran Caribe no puede estar ausente el anlisis de even-
tos y procesos locales y globales que permiten comprender los lazos
entre el nivel micro y macro. Si estamos de acuerdo con que fuerzas
globales ayudan a construir los escenarios donde los sistemas loca-
les operan no se ve normalmente una relacin inversa (Olien, 1987:
256-257).
La historia Colonial y Republicana divide a Centroamrica en
una Amrica Central del Norte y una del Sur, la primera dominada
por Espaa y la segunda, por los Ingleses. Aun despus de la indepen-
dencia de las Provincias Unidas de Centroamrica frente a los espao-
les, los ingleses continuarn ejerciendo su control en el territorio de
ocupacin anglo-Caribe hasta 1860 y en el territorio de origen maya
actualmente disputado por Guatemala (Belice) hasta el da de hoy. El
control indirecto de Gran Bretaa utilizado en las colonias de Asia
y frica, se va a ejercer tambin en la Costa Caribe de Nicaragua y
Honduras a travs del contacto permanente con ciertos grupos tni-
cos. Uno de estos grupos va a ser el territorio Indgena Miskito que
ser reconocido desde 1635 a 1860 como territorio Miskito o bien la
Mosquitia, por Gran Bretaa.
La Mosquitia geogrfica, comprende las costas del Caribe de
Nicaragua y del Este de Honduras y una zona interior de ecosiste-
mas de bosques hmedos, sabanas, pantanos y aguas navegables; no
ha sido poblada por habitantes hispano hablantes, durante la colonia
espaola y ha tenido una influencia anglfona. Desde el siglo XVII
hasta el XX la regin va a ser visitada por bucaneros, vendedores de
esclavos, contrabandistas anglo-jamaiquinos, empresas madereras y

126
Catalina Toro Prez

bananeras norteamericanas y de caucho. Los habitantes de las regio-


nes, en su mayora los originarios Miskitos y los Creoles (hablaremos
ms tarde de ellos), van a usar la lengua autctona miskita y el creole
que surge con el contacto con los ingleses (Jamieson, 2002: 12).
La influencia de Gran Bretaa, en la denominada Mosquitia his-
trica (en ingls Mosquito Coast) hondurea y nicaragense, desde el
siglo XVII, ha generado una larga tradicin de relaciones interrum-
pidas a lo largo del tiempo que remiten abordar los lazos entre las
polticas locales y las polticas imperiales en diversos momentos de su
historia. Ello permite entender las diferencias culturales, ideolgicas
y sociales que existen entre los pueblos de la frica Negra en el Caribe
dentro de los Estados Nacionales centroamericanos. Tambin el juego
que ha tenido en la zona, el Imperialismo norteamericano en pugna y
alianza con Gran Bretaa, en determinados momentos, como disocia-
dor de las relaciones entre estos pueblos de habla inglesa, afectados
por procesos contradictorios que oscilan entre polticas de integra-
cin y autonoma con los centros de poder nacional de habla hispana,
que paradjicamente tambin actan como colonizadores.
Los modos de produccin colonial asociados a la economa de
la plantacin (en esta caso de la explotacin forestal y las minas ini-
cialmente), las economas de enclave para la extraccin maderera as
como la agroindustria bananera, van a permitir explicar los antece-
dentes de esta gobernabilidad neo-extractivista petrolera y minera
que profundiza el rol primario-exportador de estos territorios en el
sistema capitalista mundial, poniendo en peligro la supervivencia de
pueblos originarios y creolizados (C.L.R James), y de estos territo-
rios, considerados hoy la ltima frontera imperial (Proyecto Carb X).

GOBIERNO INDIRECTO O PROTECTORADO INGLS, CDULAS REALES


ESPAOLAS Y ESTADOS INDEPENDIENTES CENTROAMERICANOS POR EL
CONTROL ESTRATGICO DE LA MOSQUITIA
Gran Bretaa como potencia martima va a controlar gran parte de
la trata de esclavos en el Caribe, por esta razn, va a ejercer un gran
poder sobre la poblacin del rea de la Costa Caribe de Honduras,
Nicaragua y Guatemala, lo que va afectar afectar a toda la poblacin
del Caribe Occidental. Con la llegada de los barcos negreros a la recin
descubierta Honduras, en el siglo XVI, procedentes de Jamaica y St.
Vincent, Gran Bretaa va a disputar/ocupar/entregar el control de la
Mosquitia, incluyendo la Costa Caribe nicaragense, a las colonias es-
paolas y luego a las nacientes repblicas independizadas. A pesar de
estos reconocimientos de soberana, en la prctica van a ejercer, hasta
finales el siglo XIX, una forma de protectorado no oficial o indirec-
to a nombre de los intereses de los misquitos frente a las agresiones

127
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

de los espaoles y mestizos. Ante el desfalleciente imperio espaol,


que va a integrar la Costa de los Mosquitos y las islas de San Andrs y
Providencia a la Capitana General de Guatemala, y luego por Cdula
Real al Virreinato de Santa Fe en 1803 (por ende a Colombia), el poder
real lo va a ejercer Gran Bretaa en la zona, hasta 1880.
Aun cuando a travs de los aos, Colombia va a reclamar la sobe-
rana de la Mosquitia nicaragense (el 4 de Julio de 1818 una fuerza
naval al mando de Luis Aury, francs revolucionario, captura la isla de
Providencia bajo las rdenes del libertador Simn Bolvar), y en 1822
fue izada la bandera colombiana en las islas de San Andrs como parte
de la provincia de Cartagena, los britnicos continuarn haciendo pre-
sencia en la zona, estableciendo el reino miskito, y desde all generando
una diplomacia con Gran Bretaa, lo que permite en parte explicar el
origen del diferendo limtrofe entre Nicaragua y Colombia, entre ellos
y sus poblaciones creoles e indigenas, en estos territorios colonizados.
Con el establecimiento del reino Miskito (1824 a 1842), el rey
Miskito Georges Augustos Frederick, durante el perodo del segundo
protectorado ingls, va a fortalecer el dominio indirecto ingls y los
intereses que para la corona tendr el control de este territorio para la
exportacin maderera de caoba y minera de oro en el siglo XIX.
Solo hasta 1860, Gran Bretaa va a renunciar a su protectorado
ante Managua. (Tratado Clayton-Bulwer). Sin embargo aludiendo a
su papel de potencia protectora va a insistir en los derechos de au-
tonoma de los miskitos. As nace la reserva de la Mosquitia y un ao
despus bajo los auspicios del cnsul britnico, la constitucin de la
reserva Mosquitia, bajo inspiracin de las leyes inglesas en el contexto
de una soberana nicaragense. Aun cuando van a existir estructu-
ras regionales como el Consejo Misquito, Gran Bretaa va a ejercer el
poder sobre el territorio (Olien, 1987: 258).
Aun cuando Gran Bretaa nunca reconoci la Mosquitia nicara-
gense y hondurea como una Colonia, siempre tuvo superintenden-
tes encargados de sus intereses, investidos de poderes especiales. El
poblado de Town River en la costa hondurea, va a ser el centro del
dominio ingls y al mismo tiempo la ruta del comercio ilcito de los
espaoles en Honduras.
Desde 1786 haba anunciado su retiro en la zona: con el tratado
entre Gran Bretaa y Espaa, los ingleses haban aceptado retirarse
de la Costa Mosquitia. Muchos de los colonos ingleses y sus esclavos,
van entonces a instalarse en la actual Belice, expandiendo el comer-
cio de maderas preciosas a Europa expandiendo el control de la zona
(Olien, 1987).
Ante la demanda creciente de maderas preciosas por parte de
Inglaterra, la deforestacin de los bosques de maderas de caoba, va

128
Catalina Toro Prez

a impactar negativamente al territorio beliceo en 1836, de all que


los bosques de caoba en la costa hondurea, especficamente en el
ro Romn en Trujillo, se van a convertir en el centro de inters de los
ingleses. Sin ningn impedimento van a expedir permisos para explo-
tar los bosques y en 1837 se restaurar la influencia inglesa en toda
la Costa Mosquitia, proyectada hasta Panam. La sobre-explotacin y
consecuente cada de los precios de la madera a nivel internacional,
hacen colapsar pronto este comercio.
En este contexto van a surgir nuevos intereses geo-estratgicos
por el control de la conexin comercial entre el Pacifico y el Atlntico.
A mediados del siglo XIX, el agente britnico Patrick Walker tomara
posesin del ro San Juan en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua
con el fin de construir un canal interocenico.
Estados Unidos va a ver en esta obsesin una violacin de la
Doctrina Monroe y una intervencin en sus propios planes para cons-
truir un canal a travs de Nicaragua. Sin embargo, en 1850 ambos
pases firman un tratado para el desarrollo de un paso interocenico
con apoyo de los dos pases. A partir de 1860 ante la declaracin de la
reserva de la Mosquitia y la autonoma del jefe Miskito, los ciudada-
nos ingleses continuarn viviendo e influyendo en la economa y la po-
ltica de la regin. El control indirecto hasta 1880, en la Mosquitia,
va a operar indistintamente al interior de las colonias espaolas. Sin
tener una estructura formal inglesa en la Mosquitia sus agentes van
a operar desde Belice y Jamaica. Y el mismo rey Miskito va a decla-
rar que las leyes inglesas van a ser las leyes oficiales de la Mosquitia.
Gran Bretaa va a representar los intereses del reino Miskito con el
resto del mundo, como lo atestigua la correspondencia con el rey de
Inglaterra (Olien, 1987: 260) y las oficinas consulares de la Mosquitia
en otros lugares del Caribe (Vice-consulado en Islas Caimn y Vice-
consulado en Jamaica).
A partir de 1880 en una negociacin con Estados Unidos, Gran
Bretaa crea/ocupa el nuevo territorio beliceo en un pas inde-
pendiente: Guatemala, recortando ms del 80% de la Costa Caribe
creole y territorio Maya, y le cede a Estados Unidos la hegemona en
la Mosquitia hondurea, guatemalteca y nicaragense incluyendo el
Mar Caribe Occidental.
Como veremos ms adelante en estas reas de influencia inglesa
que se extienden desde Honduras y Nicaragua a Guatemala y Belice
hacia el Norte y hacia el Sur hacia Costa Rica y Panam. y en cons-
tante relacin con las Islas del Caribe Occidental, los Miskitos origi-
nales5, que sirvieron no solo como jefes sino tambin como trabajado-

5 Algunos autores definen la lengua original Miskita como la lengua misumalpa

129
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

res casi esclavos para la tala de caoba, se articularn con poblaciones


de blancos, negros esclavos, esclavos liberados y otras poblaciones
indgenas y negras: garfunas, creoles negros y los raizales pueblos
caribeos con orgenes asociados a la frica Negra en el Caribe occi-
dental. Algunos de ellos, especficamente los blancos y creoles negros
quienes no tenan al inicio un estatus poltico van a jugar ms tarde
un rol central: ejerciendo una considerable influencia en la poltica de
sus comunidades.
En 1840 varios de ellos van a obtener la ciudadana inglesa y van
a ser elegidos en estructuras polticas regionales, hasta convertirse en
una clase media protestante, polticamente conciente y civilizada
(Oertzen, 1990: 76). Estas nuevas estructuras blancas y creoles van a
suplantar el liderazgo indgena ejercido en el reino Miskito y en algn
momento van a confrontar tambin al gobierno ingls, lo que generar
la llegada de agentes ingleses, norteamericanos y jamaiquinos a ocu-
par tambin diversos cargos de control (Olien, 1987; Oertzen, 1990:
82-83). Son estos grupos que se enfrentarn al gobierno de Nicaragua
solicitando la reincorporacin de la Mosquitia en 1895 y firman una
peticin a la reina Isabel, para el restablecimiento del protectorado y
una posible incorporacin al Imperio Ingls, enfatizando su lealtad a
Inglaterra y denunciando la represin sufrida por el desplazamiento
indgena en las montaas de Matagalpa y la introduccin de la econo-
ma cafetera por parte del gobierno de Nicaragua.
La alusin a esta represin y la incompatibilidad cultural expre-
sada en su lengua de origen ingls con Nicaragua va a profundizar la
prevencin de los miskitos versus los espaoles, o los raizales ver-
sus los paamanes colombianos en las islas de San Andrs, que se
profundizar con los modelos de desarrollo nacional en la zona a
inicios del siglo XX. Esta expresin de lealtad de creoles e indgenas
ante Gran Bretaa va a originar la persistente reivindicacin de un

hablada por el pueblo misquito en el Norte de Nicaragua y Honduras. Esta, a su vez,


es parte de una familia de lenguas: miskito, sumo y magalpa, que a su vez hicieron
parte de las lenguas macro-chibchas (Lewis, 2009).
Jamieson plantea que los miembros de la comunidad hablan de si mismos como
Kakabila, en vez de miskitos (indgenas) o criollos (descendientes de esclavos e in-
gleses). En tanto personas bilinges, estn situadas entre dos identidades y lenguas:
la indgena de aquellos pueblos originarios y la criolla de origen anglosajn que les
permite comunicarse con los de afuera. Este autor seala que las diferencias entre
ellos estn asociadas a acciones y prcticas comunitarias, unas y otras integradas
con el circuito de transaccin econmica, Aqu diferencia a los miskitos en trmi-
nos de compartir una solidaridad orgnica expresada por relaciones de parentesco
y reciprocidad y los criollos o creoles ms articulados a la economia del dinero en
efectivo, pesca comercial negocios o trabajadores en cruceros, de all que tengan ms
posibilidades de acumular (Jamieson, 2007: 13).

130
Catalina Toro Prez

proyecto de autogobierno y autonoma basado en la defensa de sus


derechos territoriales lo que va a terminar en una rebelin armada,
que va a ser confrontada por marines norteamericanos en apoyo al
gobierno nicaragense. Algunos de ellos van a ser exilados en Jamaica
y, finalmente, en 1905 Gran Bretaa, va a reconocer ante Nicaragua la
completa integracin de la reserva Mosquitia a la nacin. Ello permite
explicar la desconfianza entre los gobiernos en Managua, y la oposi-
cin permanente de los indgenas Miskitos.
El espacio que deja Gran Bretaa le va a permitir a los Estados
Unidos ampliar su intervencin econmica y militar en la zona, con
la ampliacin de concesiones de banano y maderas que le hace el go-
bierno nicaragense en territorios indgenas, as como el control de
puertos como Puerto Cabezas (Oertzen, 1990: 84). Ms tarde Estados
Unidos va a intervenir militarmente en la regin para contrarrestar la
tendencias revolucionarias del ejrcito de liberacin sandinista, que
va a ser apoyado en ese momento (1930) por creoles, en su intento
de lograr una representacin regional en la revolucin liberal fallida6.
La lucha contra la estructura poltica centralizada y dictatorial de la
Nicaragua conservadora y la orientacin poltica de la resistencia ca-
ribe fomentada por el garveyismo y la nueva conciencia negra, as
como los impactos de la economa de enclave, dejarn una huella pro-
funda en las bases de la resistencia creole (Oertzen, 1990: 86).

ECONOMA DE ENCLAVE VERSUS ESTADO NACIN: ENCUENTROS Y


DESENCUENTROS
El reino Miskito nunca fue un Estado Nacin. Gran Bretaa fue el
nico pas del mundo que lo reconoci como una entidad nacional.
Nunca fue reconocido por Espaa, los pases centroamericanos o por
Estados Unidos. No existe una estructura paralela a tal expansin del
rgimen colonial. Este reino, que haba sido gobernado en el siglo
XVII por tres lderes nativos, uno en la Costa Norte de Honduras, otro
en la Regin Central y otro en la Costa Sur, se convirti en el siglo XIX
en una estructura jerrquica centralizada, manejada por indgenas
Miskito o zambos (mezcla de indgena y negro) que haban sido edu-
cados en la sociedad Miskita y orientados como vimos, desde Jamaica

6 George H. Hodgson, quien jugar un papel importante en la guerra civil y ser


considerado un smbolo de la resistencia creole, expresa un momento de transicin
de la afiliacin creole a Gran Bretaa hacia la integracin nacional. Sin embargo, a
su muerte y con la llegada del Gobierno de Moncada, que va a confrontar e imposi-
bilitar su proyecto de autonoma regional. Solo hasta 1986, va a declararse la ley de
autonoma de las regiones caribeas, dividiendo al entonces departamento de Zelaya
en la regin autnoma del caribe Norte (RAACN) y la Regin Autnoma de la Costa
Caribe Sur (RACCS).

131
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

y Belice, en ese entonces Honduras Britnica (Olien, 1987: 262). Solo


hasta 1835, William Hodgson un creole que asumi la ancestralidad
Miskita, fue nombrado gobernador de los indgenas en Boca del Toro,
pues los Miskito buscaban extender sus fronteras hasta Panam. En
esa poca se estim que exista en el rea una poblacin de 20 mil
indgenas Miskito y el resto: creoles, garifunas y zambos, unos 10 mil
(Pim, 1863: 75). En contraste, los Educados Europeos e Ingleses no
sumaban ms de 23. Estos se establecieron en Grey Town y Bluefields
y tomaron, sin embargo, el control de la zona.
En 1894, la Mosquitia va a ser reincorporada formalmente a
Nicaragua bajo el gobierno de Jos Santos Zelaya y va a ser declarada
como el Departamento de Zelaya. En 1928 con el Tratado Brcenas-
Esguerra, Colombia acuerda reconocer la posesin nicaragense de la
Costa de Mosquitos y a su vez reafirma la soberana colombiana en el
Archipilago de San Andrs y Providencia. Sin embargo, los Estados
Unidos como rbitro entre los dos pases, y en plena expansin de
la economa bananera, va a ejercer desde 1880 el control militar de
la zona, iniciando la explotacin pesquera a gran escala en las reas
marinas contiguas a los dos pases.

LOS PROCESOS DE REINCORPORACIN NACIONAL Y LA


CREOLIZACIN: PUEBLOS CARIBEOS REBELDES CON
ORGENES ASOCIADOS A LA FRICA NEGRA EN LA MOSQUITIA
Se podra decir que en Honduras, Nicaragua, Guatemala y en general
en el denominado Caribe occidental se van a hacer presentes a lo largo
de los siglos XVI al XX, cuatro pueblos, conectados directa o indirec-
tamente con la frica Negra (Amaya, 2007):
a) los negros esclavos trados como mano de obra en las zonas
mineras y plantaciones;
b) los miskitos mezcla de esclavos fugitivos con indgenas zumos y
otros pueblos indgenas;
c) los garfunas que arribaron a Honduras provenientes de St.
Vincent en el siglo XVIII y que luego se extendern a Belice por el Norte
y Nicaragua por el Sur; y,
d) los creoles negros o ingleses negros cuyas races provienen
de dos vertientes: descendientes de esclavos trados por los ingleses a
las islas entre los siglos XVIII y XIX y los que llegaron para trabajar en
las compaas bananeras provenientes de Jamaica, Caimn y Trinidad y
Tobago. Esta ltima etnia es quizs la menos estudiada en los estudios
acadmicos hondureos, nicaragenses y colombianos. En la literatura
hondurea, si bien abundan estudios acadmicos sobre garfunas, sobre
los negros ingleses en sus relaciones con Colombia, existen muy pocas
referencias.

132
Catalina Toro Prez

Asimismo, no se puede hacer referencia a la poblacin negra, ga-


rfuna y creole tambin sin separarla de los indgenas mayagnas, mis-
kitos, ramas y costeos mestizos con quienes comparten una historia
y una identidad costea. A pesar de sus diferencias algunos compar-
ten la misma lengua y casi todos son bilinges: Jamieson plantea que
las identidades tnicas son contextuales, negociables y algunas duales
como es el caso de los Miskitos y los Criollos: sus orgenes, varan de-
pendiendo de las memorias sociales acumuladas en la defensa del te-
rritorio y las historias y mitos de origen de cada pas (Solien Gonzles,
2008). Sin embargo, las etnografas en campo realizadas, permiten
distinguir algunas diferencias y convergencias. No todos hablan el
mismo idioma, ni comparten expresiones culturales y organizacin
social, pero tienen en comn: la solidez para enfrentar las imposicio-
nes de los Estados con su prcticas racistas, sus prejuicios producto
de la imposicin de la educacin formal impuesta en espaol y el ca-
tolicismo a partir de la reincorpacin de la Mosquitia en el caso
de Nicaragua a fines del siglo XIX (1893-1909 anexin del presidente
liberal Jos Santos Zelaya), y los procesos de integracin nacional, en
Honduras y regeneracin conservadora en Colombia.
La reincorporacin e integracion nacional trajo una profunda
transformacin de la jerarqua poltico-econmica regional. Los lde-
res de la costa Caribe Occidental, en el caso nicaragense, desplaza-
ron a los extranjeros que ocupaban posiciones de control; sin embar-
go la prdida de privilegios materiales vino aparejada con la opresin
racial y cultural de la nueva clase gobernante que se impuso a la tarea
de hispanizar/ colombianizar/ integrar/ colonizar, dicen los raizales
en San Andrs y Providencia. Justificando sus polticas de nacionali-
zacin con una combinacin de prejuicios de superioridad racial, ini-
cian un perodo de denigrante racismo hacia sus ciudadanos negros
e indgenas.
Una invasin de mestizos poderosos se convierte en la amenaza
directa a los recursos y formas de vida de los pueblos menos privi-
legiados en el Caribe: los indgenas Miskitos y sumos-mayagnas en
reas rurales. Con el ordenamiento jurdico la imposicin de impues-
tos estatales y la desposesin de tierras, se profundiza el desconten-
to histrico de la poblacin, generando un agudo contraste entre la
situacin de autonoma poltica del Rey Miskito y la situacin de
desposesin de ese momento. Para autores como Gordon (Gordon
Edmund, 2002) en ese momento se profundizan las contradicciones
entre los proyectos autonmicos y nacionalistas. La reincorporacin
va a ser entendida como usurpacin.
En el caso del Archipilago de San Andrs y Providencia la integra-
cin va a ser vista como colombianizacin-colonizacin-desposesin

133
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

de una lengua, una religin, una cultura diferente. En el caso Miskito,


la reincorporacin es vista paradjicamente como el derrocamien-
to del rey. Los procesos de resistencia se fortalecen en la lucha por
reivindicar las tierras comunales, en ese contexto se inician los pri-
meros procesos de titulacin de tierras. Aun cuando se avanza en el
reconocimiento de algunos ttulos comunales, por parte del Estado,
el proceso de titulacin va a dejar vastas extensiones del territorio de
la Costa Caribe como tierras nacionales lo que significaba dejarlas
a merced de la acumulacin primitiva y legalizada del sector estatal
nicaragense. Razn por la cual se construy una memoria indgena
y creole relacionada a la lucha por un territorio soberano que les
haba sido reconocido durante el perodo del reino Miskito por Gran
Bretaa, y que haba sido usurpado por los espaoles nacionalistas
(Gordon, 2002: 13).
La presin sobre el territorio va a ser ejercida por compaas pri-
vadas, algunas nacionales pero en su mayora transnacionales de ori-
gen norteamericano que van a concentrar la extraccin de madera,
banano, caucho y minera, sin ninguna compensacin o negociacin
explotando la mano de obra no calificada, dejando como recuerdo
pastizales deforestados y recuerdos de bienes de consumo que ya no
se podan comprar, despus de los impactos de las polticas de saqueo
y devastacin.
Las resistencias que emergieron de esos procesos de reivindi-
cacin en los aos sesenta de un espacio imaginado por fuera de la
soberana del Estado, van a fortalecer una afirmacin cultural colec-
tiva anti-racista, anti-colonialista caribea, de all que especialmen-
te las organizaciones creoles ms educadas van a confrontar a los
intermediarios y gobernantes mestizos que controlaron las regiones
de la Costa Caribe a principios del siglo XX. En los aos setenta
estos movimientos van a ir ganando fortaleza ante el gobierno de
Somoza y aos despus, paradjicamente, se van a rebelar en una
guerra contrainsurgente apoyada por los Estados Unidos, contra el
gobierno sandinista.

LA INSURGENCIA DE-COLONIALISTA EN EL CARIBE


La insurgencia de los pueblos del Caribe se fortalece en los aos se-
senta, con la amplsima literatura anticolonialista de autores marxis-
tas como C.L.R. James, Frank Fannon, Aimee Cesaire y, ms tarde,
con Stuart Hall quienes empiezan a plantear solo una opcin entre
dos sistemas: el sistema capitalista y el socialista. En una crtica pro-
funda hacia los pases independientes que continuaban por virtud
de acuerdos internacionales bajo la tutela de la potencia econmica
que los dominaba, Fannon (1968: 99) propone los desafos para los

134
Catalina Toro Prez

emergentes pases del tercer mundo en su lucha por la autonoma


territorial, liberacin nacional en trminos de las luchas contra los
monopolios y la explotacin capitalista como los verdaderos ene-
migos de los pases sub-desarrollados, sometidos a los circuitos
econmicos impuestos por los regmenes coloniales. Reclamando la
devolucin de la riqueza a los pases imperialistas, va a proponer
una critica a la mirada compartimentalizada del mundo occidental,
entre ricos y pobres, desarrollados y subdesarrollados y va a
solicitar ante los antiguos imperios, reparaciones por la actividad
exclavista, los recursos naturales y el oro robado por Europa en las
antiguas colonias.
Este discurso anticolonialista va a fortalecer la insurgencia de
la creolizacin en los pueblos del Caribe Occidental en su reco-
nocimiento y derechos a la autonoma y autodeterminacin. Sin
embargo aunque se fortalece la adscripcin a un grupo marginado
con una historia compartida por los Blacks Caribs, descendientes
de esclavos e indgenas en el Caribe, la crtica a las compaas nor-
teamericanas y de presencia inglesa en la regin no se va a dar. En
cambio se profundizar el reclamo ante los proyectos de desarrollo
nacionales en el Caribe. Desde los orgenes de la colonizacin en el
Caribe, emerge con los estudios de-coloniales una narrativa que va
a reunir las diferenciadas historias sociales de sus pueblos diversos
y de sus relaciones con otras partes del globo, incluyendo no solo
imperativos ecolgicos, sino tambin sistemas de creencias, orga-
nizaciones sociales y contextos histricos que construyen vidas y
fortalecen nuevas formas de insubordinacin.
La creolizacin como fenmeno va a emerger en algunos pa-
ses, en la relacin de los estudios post-coloniales y el marxismo en el
Caribe, como el caso de Trinidad y Tobago, Martinica y Guadalupe.
La creolizacin y la hibridacin permitir abordar aquello que
Torres-Saillant plantea como entidad diferenciada (Torres-Saillant,
2006) que permitir unir la literatura con los ejemplos de las insur-
gencias con el Caribe negro estadounidense, como un fenmeno or-
gnico del Caribe. Este fenmeno, la creolizacion (King, 2001: 09)
va a explicar las articulaciones diversas de culturas, lo que va a de-
safiar el sistema de clasificacin occidental centro europea colonial
en trminos de rdenes absolutos, narrativas nacionales singulares
e identidades fijas. La creolizacin se va a convertir en un trmino
y una teora que posibilita una manera de entender el desarrollo
poltico, cultural y social del Caribe. Para autores como Glissant y
Brathwaite, la creolizacin permite explicar el fenmeno de in-
terculturalizacin que ocurri entre europeos, africanos, asiticos
y poblaciones indgenas en la regin Caribe durante el tiempo.

135
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

GARIFUNAS O BLACKS CARIBS, CREOLES NEGROS, NEGROS


ESCLAVOS, MISKITOS Y RAIZALES EN EL CARIBE OCCIDENTAL:
PUEBLOS CARIBEOS REBELDES CON ORGENES ASOCIADOS A
LA FRICA NEGRA

LOS CARIBES NEGROS ORIGINARIOS DE LA ISLA DE ST. VINCENT


En la literatura hondurea, los garfuna conocidos como caribes ne-
gros, van a ser la expresin de un proceso de mestizaje entre afri-
canos procedentes de la trata esclavista e indgenas caribe-arawaks
que van a poblar cuatro pases: Honduras, Belice, Guatemala y
Nicaragua. El trasegar de este pueblo va a estar acompaado de una
compleja circulacin de smbolos tnico-raciales, que van a marcar
su proceso de mestizaje afro-indgena y su transnacionalizacin. En
cada pas cada poblacin garfuna jugar un papel importante en las
dinmicas de visibilizacin y categorizacin etno-racial, siguiendo
las pautas de los pueblos indgenas pero al mismo tiempo integrando
las reivindicaciones de los dems pueblos afro-descendientes. Estas
dinmicas de inclusin-exclusin van a interactuar con factores ba-
sados en un ordenamiento racial que hunde sus races en el perodo
colonial que va a permitir mantener unas formas de exclusin y dis-
criminacin fuertemente interiorizadas por los estados nacionales
(Agudelo). Para algunos autores, como Solien Gonzales, la cultura
garfuna en Honduras y Belice, va a ir transformndose a lo largo del
tiempo en trminos de sus contenidos identitarios: en los cincuenta,
los propios garfunas van a identificarse como amerindios y en los
setenta van a reconocerse en su origen afro-descendiente, debido a
la influencia de aquellos que haban emigrado a los Estados Unidos
y participado en los movimientos contra la segregacin racial en los
sesenta y setenta (Solien Gonzles, 2008). Ella relaciona el origen
del pueblo garfuna en Honduras con su llegada a Roatn, en 1797.
Deportados de la isla de St. Vincent, por los colonos ingleses, estaban
destinados a las plantaciones de trabajo esclavo que mantenan los
ingleses en la Mosquitia. Algunos autores refieren el origen del pue-
blo garfuna a los acontecimientos que van a tener lugar en el siglo
XVII, en el momento de la llegada de los indgenas caribes, desde el
Orinoco venezolano a la isla de St. Vincent, en las Antillas Menores,
su mezcla con los arawaks u arahuacos originarios de las islas y pos-
teriormente con los esclavos sobrevivientes del naufragio de dos bar-
cos espaoles en sus costas, provenientes del Congo y Nigeria. La
deportacin de todo un pueblo se explica en los archivos ingleses
(Thomas, 1772) como el resultado de una estrategia del gobierno
Britnico contra un pueblo organizado y armado que se resista a ser
reconocido como colonia inglesa, y que haba sido con anterioridad,

136
Catalina Toro Prez

reconocido como independiente7. Esta historia de la deportacin de


ms de 4 mil caribes negros, en Octubre de 1796 de los cuales ms
del 75% morir en la isla de Beliceaux antes de iniciar la travesa,
marcar la historia del desplazamiento forzado del pueblo garfuna
a Centroamrica, cuyos pobladores de habla inglesa y francesa, se
vern obligados a abandonar una economa estable, basada en agri-
cultura, pesca, trabajo asalariado y un sistema de comercio avan-
zado con las denominadas Antillas Menores. Desposedos de todos
sus medios de produccin y separados de sus familias aquellos que
sobreviven llegarn a la isla de Roatn en Honduras en 1797 y ms
tarde al continente hondureo8.
En 1807 algunos van a desplazarse a la Mosquitia hondure-
a, estableciendo asentamientos de zambos o miskitos en Limn
Trujillo y Santa Rosa de Aguan. Durante el siglo XIX van a asen-
tarse a lo largo de la Costa Caribe Hondurea, Belice y Guatemala.
(Quehueche, Livingston y ro Salado), llegando a tener en 2001, ms
de 32 mil habitantes reconocidos como garfunas (garip-caribe ona-
hombre = hombres del Caribe). Su cultura va ser reconocida como
Patrimonio de la Humanidad en 2001 por la UNESCO. Su lengua
aparece determinada por sus orgenes migratorios, influenciada por
el lxico del francs, ingls y espaol.
Como hemos visto, los garfunas, junto con negros esclavos y
miskitos constituyen uno de los cuatro pueblos con orgenes aso-
ciados al frica Negra entre los siglos XVI al XX, asentados en la
Mosquitia hondurea y la costa Caribe de Belice y Guatemala. Sin
embargo la etnia (creole-raizal) o los negros ingleses en el caso co-
lombiano es quizs la menos estudiada en los estudios acadmicos
hondureos, nicaragenses y colombianos. En la literatura hondu-
rea, si bien abundan estudios acadmicos sobre garfunas, sobre
los negros ingleses existen muy pocas referencias.

7 Con el fin de tomar el control de la isla y confrontar a los revolucionarios frances-


es (como el mulato Vctor Hugo, un enemigo decidido de los britnicos y del sistema
colonial de la esclavitud) que los apoyaban desde su centro de operaciones mili-
tares en Guadalupe y Santa Luca, decide el Imperio Ingls con esta golpe, contener
las posibles revueltas y revoluciones en las Indias Occidentales, entre ellas, Hait, y
ubicarse estratgicamente en el Caribe Occidental. Los britnicos con una posicin
militar superior en St. Vincent, reforzada con un buen nmero de tropas enviadas
desde Gran Bretaa y controlando adems el puerto ms importante de Kingston en
Jamaica, logran la rendicin formal de la alianza franco/caribe y con ello la prdida
de tierras, culturas y tambin de muchas vidas de los caribes (Solien Gonzles, 2008).
8 Al registrarse en Roatn, algunos de los nombres de los jefes Caribes Negros
de origen francs fueron trasladados al ingls como: Emanuel a Manuel, Duvalle a
Dubale, y otros van a registrarse en 1797 con sus nombres originales (Solien, 2008: 74).

137
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

ORIGENES DE LA POBLACIN CREOLE EN NICARAGUA Y HONDURAS


Existen diferentes formas de interpretacin, del origen de la denomina-
da poblacin creole anglfona del Caribe Occidental. Para algunos au-
tores (Agudelo), el origen de la poblacin afro-descendiente de la Costa
Caribe en Nicaragua disputada por Colombia, se remonta tambin, a
la llegada de los colonizadores ingleses en los siglos XVII y XVIII y
al establecimiento del protectorado (1631-1641 y 1740-1786) (Oertzen,
1990) quienes traan consigo esclavos africanos (Editorial, 1986). Para
otros autores, esta poblacin surge de la mezcla de ingleses asociados
con la colonia de puritanos de la Isla de Providencia (Butler, 1985) a tan
solo 30 millas de distancia, que con los esclavos provenientes de diver-
sos lugares de frica y el Caribe, establecern pequeas plantaciones
de azcar, ail y campos madereros para negociar con otras poblacio-
nes indgenas y las colonias espaolas del interior de Centroamrica.
Asentamientos de este tipo en el siglo XVII se desarrollarn, en el
caso de Nicaragua Black River, Cabo Gracias a Dios, entre Honduras
y Nicaragua en la desembocadura del ro Coco (ver mapa) Bluefields,
Corn Island, Puerto Cabezas, Punta Gorda y otros.

Antigua Mosquitia

Fuente: Elaboracin propia. Grupo de Derecho y Poltica Ambiental, Universidad Nacional de Colombia, Felipe Ovalle V. utilizando
OCMAL, Wikipedia, Revista Semana, Prensa Nicaragua, Geocomunes.com, Mineriahonduras.com.

138
Catalina Toro Prez

Los africanos que trabajarn como esclavos para estos colonizadores


sern los antecesores de la moderna sociedad negra costea (creole)
(Butler, 1985: 7-8). Con el tiempo los rasgos culturales de esta pobla-
cin se van a transformar en la combinacin de elementos de cultura
y lenguaje con europeos anglo-sajones creando una nueva simbiosis
cultural en donde convergen con un flujo de marineros, mercaderes
y gentes de color liberadas que provenan de las Costas de Jamaica
y otras reas del Caribe con el fin de comerciar. Durante la colonia,
comerciantes, cortadores de lea, pescadores de tortuga, marinos se
van a convertir en un grupo dominante en la costa nicaragense. Las
personas de ascendencia europea nacidos en el continente americano,
van a ser denominados creoles. En el Caribe ingls (del cual fue parte
la costa caribe nicaragense, hondurea y guatemalteca) los descen-
dientes de los esclavistas europeos reconocidos por sus padres, van a
heredar el status de clase dominante llamndose a si mismos creoles.
En 1787, los colonialistas ingleses van a ser obligados a evacuar la cos-
ta Caribe de Nicaragua bajo los trminos del Tratado de Versalles fir-
mado con los espaoles. Sin embargo no toda la gente que viva all se
va a ir. Quedaran creoles en los asentamientos de Bluefields, Laguna
de Perlas y Black River y en Corn Island. A lo largo de los aos, la
poblacin va a ir aumentando con la llegada de esclavos libres pro-
venientes de otras reas del Caribe, como Jamaica. Con la salida de
los colonos ingleses, la comunidad creole se va a concebir a si misma
como la portadora de la civilizacin inglesa en la costa, considerndo-
se a si mismos como los lderes naturales de la Mosquitia, ms civi-
lizados frente a la poblacin mayoritariamente indgena de la Costa.

LOS CREOLES NEGROS. HEGEMONA FRENTE A LOS DEMS GRUPOS T-


NICOS EN LA COSTA CARIBE NICARAGUA
La posicin hegemnica de los creoles, frente a los dems grupos t-
nicos (especialmente en Nicaragua) va a tener relacin con su afini-
dad con Inglaterra, Jamaica y posteriormente con Estados Unidos.
Involucrados en el sector profesional, van a utilizar las ventajas de-
rivadas de las oportunidades de educacin puestas a su disposicin
por las iglesias protestantes como un mecanismo de ascenso social.
Quienes haban sido pequeos terratenientes, mercaderes y pescado-
res, van a constituir el grupo elite de la jerarqua etno-cultural co-
stea. Como habamos sealado, se van a considerar los herederos
de los antiguos colonizadores ingleses, y van a compartir un tipo de
vestimenta ms cercana a la moda norteamericana, la arquitectura
caribea West Indian Cottage, la cocina y la msica ms cercana a la
cultura afro-caribe distinta a los otros grupos de la costa. Los creoles
en Nicaragua o raizales en Colombia, van a alcanzar las denominadas

139
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

profesiones superiores: abogados, enfermeras, mdicos, y van a ser los


constructores de botes, trabajadores o capitanes en buques mercantes
en compaas extranjeras. En resumen sern ellos el grupo ms cer-
cano a los representantes del poder colonial o neo-colonial, que luego
van a ocupar cargos de direccin pblica y sern pequeos terrate-
nientes y empleados fiscales. Esta hegemona se va a ver debilitada
en diversos momentos: en el siglo XIX los britnicos, se van a hacer
presentes nuevamente en la Mosquitia (entre 1806 y 1816) (Oertzen,
1990) debido a sus intereses en el ro San Juan como posible ruta ca-
nalera entre el Pacfico y el denominado entonces Mar Atlntico. En
1836 van a reclamar el derecho de administrar el territorio de Belice,
y en 1862 esta porcin de la denominada Honduras Britnica va ser
declarada colonia Britnica usurpando territorio guatemalteco. Sin
retirarse definitivamente de la Mosquitia en 1860 van a firmar un tra-
tado con Managua para la autonoma del territorio Miskito.
Esta posicin de control, va a ser debilitada con la llegada de
Estados Unidos a partir 1880 y el retiro definitivo de las tropas ingle-
sas de la Mosquitia al territorio de lo que ser en 1973, el Estado de
Belice. Desde esa fecha la costa caribe va a ser transformada en un en-
clave econmico estadounidense asociado a las plantaciones banane-
ras y las minas. Trabajadores de Jamaica, San Andrs e Islas Caimn
y de los estados del sur norteamericano se van a vincular en estas
actividades (Vilas, 1987). Los productos que proporcionaba la zona
van a ser exportados directamente a los Estados Unidos y los recursos
para reproducir el enclave como alimentos, maquinaria y vestuario
van a provenir de all. En 1930, la depresin mundial tiene sus efectos
en la expansin economa de esta poblacin la cual empieza a migrar
a Managua y a los Estados Unidos. Quienes permanecen se queda-
rn ocupando lugares de decisin especializada, como profesionales y
trabajadores distancindose del trabajo agrcola asociado a campesi-
nos mestizos y comuneros indgenas (Editorial, 1986: 12). El lenguaje
creole , la religin protestante (bautista, adventista, pentecostal) se
va a combinar, en algunos momentos, con la religin catlica (tercera
religin ms importante en la zona) otras veces son la bautista y ad-
ventista, distintivas de la cultura creole as como la cocina, la msica y
las tradiciones afro-caribeas, comunes a diversas comunidades, que
les van a ayudar desarrollar un fuerte sentido de regionalismo como
parte de su identidad y contribuir a las reivindicaciones en torno al re-
conocimiento de la autonoma regional, la autodeterminacin de los
pueblos y el respeto (Solien Gonzles, 2008) de diversas identidades
histrico-culturales, aun despus de fuertes contradicciones con di-
versos proyectos de recuperacin de la Mosquitia en la costa Caribe
(Butler, 1985: 6).

140
Catalina Toro Prez

En el contexto nicaragense, los creoles van a considerar que su


posicin histrica de superioridad socio-cultural y econmica va a
darles un papel dirigente en la determinacin de los asuntos de la
Costa en su conjunto. Y van a considerar como en el caso colombia-
no, Honduras y Belice que tienen el derecho de ser la poblacin he-
gemnica en las reas donde han estado asentados y han sido mayora
(ver diferencias en el caso colombiano): Bluefields, Laguna de Perlas,
Corn Island, San Juan del Norte y, hasta cierto punto, Puerto Cabezas
(Butler, 1985). La negacin del control poltico por parte del Estado
Nacin va ser considerado como resultado de una actitud racista de
los mestizos del Pacfico hacia ellos En ese sentido como minora t-
nica dentro del contexto nacional, van a luchar para que se le reco-
nozcan derechos, habilidades y necesidades que ellos consideran para
determinar su propio futuro y el de la Costa Caribe en su conjunto,
como una nacin.

EL PUEBLO INDGENA RAIZAL (CREOLE) DEL ARCHIPILAGO DE SAN


ANDRS Y PROVIDENCIA UN PUEBLO EN EXTINCIN?
El Pueblo Indgena Raizal del Archipilago de San Andrs, Providencia
y Santa Catalina, en Colombia, en la frontera marina con Nicaragua,
ha construido en la lucha por el reconocimiento del territorio y cultu-
ra, su propia memoria social acumulativa: objeto de una historia de
colombianizacin-colonizacin, dominacin; su carcter insular, cul-
tural y lengua los diferencia de los procesos de resistencia de las otras
comunidades indgenas y afro-descendientes colombianas, a quienes
se las ha reconocido, en la Constitucin Poltica de 1991, sus entida-
des territoriales y sus gobiernos propios. En medio de los conflictos
propios de la conquista y la colonia, entre alianzas entre indgenas,
africanos esclavizados y europeos, a finales del siglo XVII surgen los
primeros raizales, con la llegada de los barcos ingleses y esclavos, a
las isla de Providencia (AMEN-SD, 2015: 62). Existen diversos mitos
de origen que convergen en la llegada de puritanos ingleses a la isla
de Providencia, que luego se desplazarn a la Mosquitia nicaragense;
posteriormente, el pueblo Raizal, el 23 de junio de 1822, va a adherir
voluntariamente a la Constitucin de Ccuta (Primera Constitucin
Poltica de Colombia), como el fundamento de las reivindicaciones
para exigir de aquel un trato igualitario y el respeto de su autodeter-
minacin. El proceso de colombianizacin en las islas, significar sin
embargo, un desconocimiento a la cultura, lengua de origen ingls,
territorios y formas de gobierno autnomos.
Uno de los problemas principales de la poltica de integracin que
ha afectado al pueblo raizal y su territorio han sido las prcticas de
ocupacin del territorio, a travs de la importacin o sobrepoblacin

141
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

de poblacin continental en su territorio. Ello refleja los dispositivos


de intervencin colonial de cuerpos y territorios: cuyos orgenes pue-
den remontarse al ao 1912 cuando el gobierno autoriz a conceder
pasaje gratuito en buques nacionales a familias de cuatro o ms perso-
nas que quisieran radicarse en el Archipilago (AMEN-SD, 2015: 72).
Con el tratado Esguerra-Brcenas de 1928 celebrado entre Colombia
y Nicaragua, los territorios del Archipilago y de la Regin Mosquitia
que solan formar una unidad cultural con el pueblo creole nicara-
gense, hondureo, costarricense, van a ser divididos: familias ente-
ras y pueblos vecinos de pescadores y agricultores, van a ser separa-
dos por las fronteras imaginarias del Estado Nacin, circunstancia
que afectar el trnsito de los nativos en su entorno ancestral natural
marino (AMEN-SD, 2015: 63), limitando as gravemente la reproduc-
cin de sus prcticas y lazos socio-culturales . En las dcadas de 1930
y 1940 el estado colombiano adelantar diferentes tipos de acciones
para reclutar a los jvenes raizales en las fuerzas armadas, entrenadas
en el centro del pas, instaurando la educacin catlica y el idioma
espaol, como la lengua oficial.
Con posterioridad, en 1953 el Archipilago va a ser declarado
puerto libre, lo cual fomentara an ms la migracin masiva a las is-
las, esta vez de comerciantes y trabajadores provenientes del interior
de Colombia, lo que causar un aumento descontrolado de la pobla-
cin, que va a reducir el espacio vital y los recursos de subsistencia
(recursos hdricos, pesca y agricultura) del pueblo raizal (AMEN-SD,
2015: 73). En 1968, se declarar baldo (vaco, desocupado) todo el
Archipilago permitiendo la adjudicacin de tierras en las zonas cos-
teras del Archipilago a continentales, lo que significar la potencial
desposesin de territorios, memorias y culturas, a nombre del desa-
rrollo nacional (AMEN-SD, 2015: 73-74).
Al mismo tiempo, con este proceso de poblacin y sobrepobla-
cin del territorio operar una estrategia de asimilacin cultural
de los raizales a la forma de vida continental, en tanto los nuevos
pobladores buscarn reproducir e imponer sus prcticas sociales
y culturales del continente, extraas al territorio raizal. Para tal
efecto, se dispuso de mecanismos de dominacin cultural asocia-
dos a los sistemas educativos en idiomas espaol y en las estructu-
ras administrativas de gobierno. Se convirti, dada su cercana con
Nicaragua, el Archipilago en una base militar. El gobierno en las
islas, se manejar a partir de ese momento dentro del mbito de la
doctrina de seguridad nacional, por lo que la represin y discrimi-
nacin lingstica y cultural se va a profundizar. La lengua creole va
a ser considerada un mecanismo de resistencia y confrontacin con
el Estado colombiano, considerado un invasor.

142
Catalina Toro Prez

As pues, como consecuencia de todas estas dinmicas socia-


les, econmicas y jurdicas impuestas desde el estado central, con
carcter claramente colonial, actualmente el pueblo raizal va a ser
minora tanto demogrfica como cultural dentro de su propio te-
rritorio, conservando solo el 48% del territorio de la Isla de San
Andrs y su poblacin representando el 39,5% de los habitantes del
Archipilago; en virtud de la sobrepoblacin, el comercio, el turis-
mo cada vez ms exacerbado y las transformaciones en la actividad
pesquera transnacional con destino a los Estados Unidos; los recur-
sos naturales del territorio raizal van a ser cada vez ms sobreexplo-
tados, y los desechos y residuos que son producidos por el turismo
extractivo, en el mismo crecern a la par con tal explotacin.
En este marco neocolonial de desintegracin y dominacin
histrica y sociocultural, el pueblo raizal comenzar a organizar-
se y a resistir: Islander Liberation Movement (ILM), Islander Civic
Movement, Sons of the Soil S.O.S. (AMEN-SD, 2015: 83), y orga-
nizaciones como el Archipilago Movement for Ethnic Natives Self
Determination (AMEN-SD) y la Comunidad Raizal con Residencia
Fuera del Archipilago (ORFA) permitirn precisar sus reivindicacio-
nes de autodeterminacin, que sern consagradas en la Constitucin
Poltica de Colombia de 1991 y el Convenio 169 de la OIT.
No obstante, ni antes de ni durante tales reivindicaciones el
Estado colombiano ha tomado medidas de proteccin atinentes a
la regulacin de los usos del suelo, a la titulacin de la propiedad
raizal o bien al reconocimiento del territorio, como territorio tnico
raizal; tampoco reconoce la estrecha relacin entre territorio ances-
tral y la integridad del ecosistema marino e isleo en trminos de
la base fsica y cultural a la cual tienen derecho como pueblo; los
ha separado de las comunidades creoles de Nicaragua, Costa Rica,
Honduras y Belice, reforzando el patrullaje y la criminalizacin de
las comunidades extranjeras ante el reclamo de estas islas por par-
te de Nicaragua durante todo el siglo XX, el Estado ha ahondado,
an ms, por accin y por omisin, la precaria situacin social, eco-
nmica y cultural del Pueblo Raizal.

3. DE LA ECONOMA DE ENCLAVE AL DESARROLLO


EXTRACTIVISTA COLONIAL EN EL CARIBE OCCIDENTAL EN EL
SIGLO XXI
La hispanizacin de los territorios creoles e indgenas no integrados
a los Estados Nacin, signific la prdida del control de los mecanis-
mos de reproduccin de estas sociedades. El extractivismo colonial y
post-colonial, en estos Estados independizados de Espaa y Gran
Bretaa, signific la invasin de una cultura mestiza defensora de una

143
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

superioridad cultural racista que se convirti en una amenaza a los


recursos y formas de vida de comunidades indgenas y creoles, en la
antigua Mosquitia. Con la apropiacion de tierras y la declaracin de
baldios y territorios Nacionales el descontento hacia la dominacin
mestiza y la autoridad de los Estados se profundiz. Las contradiccio-
nes inherentes al modelo de nacionalizacin por parte de los Estados
Nacin mestizos de habla espaola y el reclamo permanente de las
autonomas regionales por parte de pueblos de lengua creole, no se re-
conciliaron, por el contrario se profundizaron con la colonizacin ex-
tractiva exportadora de recursos naturales. Para los Miskitos, la rein-
corporacin en la caso de Nicaragua es asociada a ispali kumin kira
que significa espaoles mentirosos mientras que en ingls creoles sig-
nifica derrocamiento del reino Miskito (Gordon Edmund, 2002: 11).
En el caso raizal, la colombianizacin es asociada a la desposesin del
territorio.

ECONOMA DE ENCLAVE EN LA REGENERACIN E INTEGRACIN: DES-


INTEGRACIN ESPACIAL, CAPITAL MONOPOLISTA Y COLONIALIDAD
EXTRACTIVISTA
La nacionalizacin, o reincorporacin favoreci la implantacin de
compaas bananeras forestales y mineras en la Costa Caribe. Los go-
biernos de Somoza pretendieron hacer una reforma agraria en las tie-
rras nacionales pero lo que efectivamente realizaron fue la expansin
de la colonizacin de los aos sesenta. Para aquellos que estaban ubica-
dos en la antigua reserva, el uso de la tierra y sus recursos se extendi
ms all de los linderos por el ordenamiento jurdico. La mayor parte
de esa presin fue ejercida por compaas privadas transnacionales del
banano, minera y recursos forestales (caucho y caoba) que emplea-
ron a algunos de estos pobladores para acceder a bienes de consumo
importados. Para algunos de ellos la cercana con el Canal de Panam
signific la posibilidad de conectar los dos mundos, y a su vez ingresar
como mano de obra no calificada de habla inglesa en un circuito de
acumulacin transnacional y una fuente de nuevos ingresos para ac-
ceder a bienes suntuarios importados. El saqueo de recursos naturales
por parte de estas empresas y las promesas de acceso a nuevos bienes
en su condicin de fuerza laboral marginal del circuito de explotacin
y comercializacin transnacional ocasion una disipacin de las pro-
testas en los aos treinta que, sin embargo, van a fortalecerse en los se-
senta ante los ecosistemas devastados y la imposibilidad de articularse
establemente en un sistema capitalista de acumulacin.
La economa de enclave en los aos treinta en la Costa Caribe
profundiza las bases de la economa extractiva transnacional que va
a profundizar el desarrollo del capitalismo voraz. La alusin hace

144
Catalina Toro Prez

referencia a la presencia de grandes capitales extranjeros que al-


canzaron el control poltico y econmico de la zona depredando
sus recursos naturales y transfiriendo hacia el exterior ganancias
cuantiosas, lo que ha afectado el modelo la vida de los pobladores
en la regin.
Una economa de Enclave hace referencia a la presencia del ca-
pital monopolista en un ambiente poltico y social menos desarro-
llado, una economa mercantil simple. Autores como Vilas (1987)
definen este tipo de economas como caracterstico del rasgo de una
fase de la etapa imperialista del capitalismo, caracterizado como
la poca del desarrollo del capital monopolista a escala internacio-
nal. Siendo la mayora de las veces capital extranjero, va a permi-
tir al enclave consolidar sus relaciones de explotacin a nivel local.
Amrica Central y el Caribe van a ser un ejemplo de invasiones in-
cluso armadas para garantizar el derecho de libre explotacin de los
recursos naturales, la fuerza de trabajo y las finanzas de los pases
de la regin sin empresas extranjeras. El concepto de enclave va a
implicar una actividad encerrada en si misma, con relaciones fuer-
tes hacia el exterior y cerrada hacia la sociedad donde est situada.
Las empresas extranjeras en los enclaves se van a caracterizar por la
importacin de maquinaria, equipos, insumos, alimentacin y per-
sonal directivo del pas de origen sin establecer eslabonamientos
productivos con la poblacin local. No harn difusin tecnolgica o
entrenamiento de la poblacin nativa. Se trata de actividades extrac-
tivas eminentemente que mantienen sus lazos estrechos con las eco-
nomas metropolitanas. Una de las caractersticas de las relaciones
entre empresa y gobiernos locales es la hegemona entre empresas
extranjeras y grupos locales de poder, otra la apropiacin de grupos
dominantes locales y nacionales, de los aparatos institucionales y de
sus relaciones de subordinacin. La empresa se va a encargar de la
organizacin de la extraccin, la exportacin y la comercializacin.
Existieron varios casos de concesiones, en el caso de Nicaragua: a la
empresa Emery en 1982, se le otorg el derecho de explotar el 10%
de los bosques de la regin Caribe, sin pagar tampoco sus barcos
derechos de puerto en los ros y mares.
Las compaas mineras van a contar con exenciones para la
libre importacin de maquinaria y exportacin de minerales, con
exencin de impuestos de gobiernos nacional y municipales. Nunca
se verificarn los materiales exportados (Vilas, 1987: 4), en el caso
del oro, el impuesto fue del 1,5% del valor exportado, el mismo
que pagan estos tres pases: Guatemala, Costa Rica y Nicaragua
(OCMAL, 2011; Amen-SD, 2016). Lo mismo ocurri con el ba-
nano en toda la Costa Caribe. La exportacin no estaba grabada

145
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

por ningn impuesto y la madera pagaba impuestos insignifican-


tes (Vilas, 1987). No llevaban libros de contabilidad o inventario.
Cualquier intento de regulacin significaba el derrocamiento del
mandatario local y la intervencin norteamericana, como el caso
de los marines enviados por el gobierno, en este caso de los Estados
Unidos, imponiendo su autoridad poltico-econmica en una re-
gin marcada por el atraso relativo del poder local y el capital
monopolista extranjero. Existen algunos ejemplos de poblados en
reas de las empresas como la comunidad de Siuna, que deba
pagar renta, ante el peligro de ser desalojada (Vilas, 1987, citando a
Ruiz y Adams, 1981). Con la minera surgieron ciudades pequeas
creadas por las empresas generando adems una segregacin en el
territorio, que expresaba la jerarqua tnico-ocupacional. Una de
las hiptesis respecto al proceso de desintegracin entre Costa y
Centro en la antigua Mosquitia tiene que ver justamente con el gra-
do de conexin entre empresas extranjeras y trabajadores jornaleros
explotados en el contexto de una economa de enclave orientada
hacia el exterior, sin difusin de conocimiento ni mejoramiento de
capacidad de trabajo de los asalariados desintegrando la economa
de la regin con el resto del pas. Con un sistema de pago de vales
y cupones en lugar de efectivo, se gener una moneda paralela de-
pendiente adems de contratos laborales temporales. Esto signific
cambios en los mbitos de vida en el que un emergente proletariado
va sustituir a las prcticas de subsistencia indgenas y creoles.
En general en Amrica Latina bajo los booms extractivistas
de principios de siglo como Per y Bolivia (minas de oro y estao)
en el caso del Banano en Colombia, Repblica Dominicana y en
la Costa Caribe, no van a ser aprovechadas para cambiar las es-
tructuras productivas internas, quedando atrapados en procesos de
acumulacin de las pequeas elites locales o Barones de Estado,
polticos y prestamistas (Gudynas, 2015: 37) en lugar de promover
un proletariado minero reforzaron la explotacin y subordinacin
de jornaleros. Con esta actividad la hegemona inglesa del siglo XIX
va a ser sustituida por la hegemona norteamericana en la regin y
la aquiescencia del Estado. Las pocas de bonanza, exportadora va
a ser acompaada de aluviones de importaciones para atender el
consumo de los complejos mineros.
Este es el momento en el cual la titulacin de tierras se realiza
desde los centros de poder dejando vastas extensiones de territo-
rio como tierras nacionales con una enorme presin de empresas
transnacionales. Esto ocurre en varios pases de la regin. La activi-
dad econmica extractiva va a hacer uso de la tierra y sus recursos.
Separando a los nativos de sus medios de produccin.

146
Catalina Toro Prez

Declive de la Economa de Enclave y luchas por la autonoma:


emergencia de los procesos de auto-afirmacin cultural creole e iden-
tidad indgena
Despus del boom minero en la crisis de los aos treinta, las com-
paas van a dejar los recursos saqueados, los pastizales deforestados
y los recuerdos de bienes de consumo que ya no se van a poder com-
prar, generando aun mayor desconfianza vis a vis el gobierno central.
En el contexto de la gran depresin, la movilizacin costera se disipa
entre los aos treinta y cuarenta, y en los sesenta adquiere nueva for-
ma. La creolizacin va a permitir generar un proceso de autoafirma-
cin cultural colectiva anti-racista liderada por aquellos con mayores
recursos y educacin que van a ocupar en todo el Caribe espacios
en la arena poltica. Las organizaciones indgenas van a posicionar-
se en contra de las prcticas mercantiles de intermediarios, chinos y
norteamericanos y tambin contra los gobiernos municipales y na-
cionales controlados por mestizos o continentales. En este contexto
se inicia una nocin transnacional de identidad indgena como en el
caso Miskito que coloca las tierras comunales en el centro de la dis-
puta poltica ante el Estado. Este proceso va ser compartido en toda
Amrica Latina.
Solo hasta 1987, con la revolucin sandinista, el Estado va a
aceptar reconocer una autonoma regional bajo la categora de na-
cin multitnica, para garantizar los derechos a comunidades ind-
genas y descendientes de africanos.
En el contexto de grandes tensiones con los Estados Unidos pre-
sente en la guerra de los contras, contra el gobierno sandinista en la re-
gin, va a adelantar un proyecto de Autonoma para el reconocimiento
de seis grupos sociales en dos zonas bajo un estatuto que delimitara
los derechos socio-culturales de los diversos grupos tnicos, respetan-
do al mismo tiempo la integridad de la nacin (Butler, 1985: 9).
Tratando de responder a estos interrogantes,

Cmo un gobierno nacional de carcter popular con una nocin


mestizo-cntrica de liberacin a veces arrogante va a asumir polticas
antirracistas y abrir un espacio para los habitantes de la costa en su
revolucin? (Gordon Edmund, 2002)

Cmo podran los Costeos encontrar una forma para superar la di-
cotoma histricamente construida entre espaoles enemigos y amigos
anglo-norteamericanos de tal manera que los espaoles sandinistas
pudieran ser re-imaginados como aliados? (Gordon Edmund, 2002)

el nuevo Estatuto de Autonoma va a determinar el nuevo orden cons-


titucional de Nicaragua como pueblo de naturaleza multitnica; en

147
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

una extensin territorial de 60.366 km, ms de la mitad del territo-


rio nacional, reconociendo sus derechos a preservar sus lenguas, re-
ligiones, arte y cultura; as como el goce, uso y disfrute de las aguas,
bosques y tierras comunales. Sin embargo el modelo de desarrollo
econmico bajo el modelo del capitalismo dependiente del mercado
mundial de los commodities no va a permitir garantizar el derecho de
estas comunidades a organizarse y vivir bajo otras formas y modos
anticapitalistas de acuerdo con sus legtimas tradiciones.
Si bien en los noventa, tras el reconocimiento de las autonomas
con el gobierno sandinista, la movilizacin contra el gobierno va a dis-
minuir, con las polticas neoliberales y el boom del neo-extractivismo
al inicio del siglo XXI se plantea un nuevo desafo para la regin en un
contexto de fragmentacin, racismo, discriminacin y desigualdades
internalizadas de las poblaciones como los signos ms representativos
de los nuevos tiempos.

EL NEO-EXTRACTIVISMO MINERO Y PETROLERO EN LA REGIN DEL


CARIBE OCCIDENTAL: DESAFOS PARA LAS AUTONOMAS REGIONALES
EN LA GLOBALIZACIN NEOLIBERAL
El neo-colonialismo va a ser el rasgo estructural del sistema mundo
capitalista moderno en la fase de la globalizacin neoliberal, caracte-
rizado en nuevas formas de explotacin. La minera transnacional, se
convierte en el caso emblemtico de ese nuevo orden. Sus estrategias,
prcticas y patrones tecnolgicos e ideolgicos van a mostrar nuevas
formas de dominio colonial del presente. El territorio se convierte en
el lugar, por excelencia que va a articular naturaleza y cultura y ma-
terializar expresiones econmicas y poltica clave para el andamiaje
del poder y sus estrategias de dominacin, y generacin de la produc-
cin de desigualdades. La lgica de la acumulacin va a continuar
siendo dependiente de una sostenida y continua empresa colonial9
(Machado, 2013).
Centroamrica y el Caribe Occidental van a ser percibidos
como un conjunto de naciones subdesarrolladas y, a su vez, con
una gran cantidad de recursos (como oro, plata, zinc, e incluso ura-
nio en Guatemala) de mucho inters para las compaas mineras. Y
ahora con reservas de petrleo bajo el lecho marino en el mar Caribe
de Guatemala, Belice, Honduras, Nicaragua, Colombia, Costa Rica
y Panam. La minera transnacional se convertir en la alternativa
para el subdesarrollo en todos los regmenes polticos: progresis-
tas, neoliberales y defensores del Libre Comercio (OCMAL, 2011).

9 Refiere a procesos econmicos, polticos y culturales a travs de los cuales se


produce la apropiacin y disposicin de poblaciones.

148
Catalina Toro Prez

Si bien la explotacin minera se propondr en los pases cen-


troamericanos como una de estas alternativas para obtener el
desarrollo no se considerar, por sus gobernantes, que es una
de las industrias ms contaminantes que existen en el mundo,
ya que durante su proceso productivo utiliza elementos altamen-
te peligrosos como el cianuro, cadmio, cobre, arsnico, plomo,
etc. Nicaragua, Guatemala y Honduras se convertirn en pases
mineros.
La industria minera transnacional, va a considerar esta regin
como atractiva para la inversin, sobre todo al poder realizar sus ope-
raciones a bajos costos y con muy pocas o nulas regulaciones sobre
su actividad, condiciones que se cumplen a la perfeccin en los pases
perifricos o tercermundistas, pases que poseen importantes reser-
vas naturales, incluyendo en ellas un porcentaje considerablemente
atractivo de metales preciados, como el oro, plata, cobre, uranio, etc.
Presentando as un escenario de inters para la industria minera; esto
en contraste con un panorama de estos pases que histricamente
se han considerado sumergidos en el subdesarrollo y que en pro
de alcanzar una pronta salida al mismo estn dispuestos a permitir
cualquier tipo de actividad que prometa una solucin.
De los quince principales proyectos ms emblemticos de gran
minera en Centro Amrica, todos son de empresas de origen cana-
diense con subsidiarias en cada uno de los paises excepto las minas
de Honduras y El Salvador donde hay capital nortemaricano. En la
Antigua Mosquitia se explota oro y plata en Nicaragua (extraccin
en el Triangulo Minero, en el Norte) Zona Miskita, en la Regin
Autnoma Caribe (Estados Unidos, Canad y Nicaragua), la Mina
Orodi en la Regin Sur.
En Honduras, el 31% del territorio se encuentra concesionado
y solo el 6% esta cultivado;. En relacin con Nicaragua, Guatemala
y El Salvador, es de todos los pases el que menor territorio para
cultivo de alimentos tiene. Guatemala concesion el 7%, cultiva el
9%; Nicaragua concesiona el 6%, cultiva el 6%; y El Salvador conce-
siona el 6%, cultiva el 9% (Ocmal, 2011). Honduras tiene el mayor
nmero de concesiones en Centroamrica (36,9). Todas las minas
en la zona de la antigua Mosquitia son de oro, en mayor medida de
plata, en menor de hierro y cobre.
Todos estos pases tienen en comn una muy frgil normativi-
dad de derechos y obligaciones de concesionarios en materia de pro-
teccin al medio ambiente. Las empresas mineras pagan como en
los momentos de la Economa de enclave en los aos treinta, menos
del 1,5% de regalas a los Estados: en Nicaragua 3%, en Guatemala
0,5%, en El Salvador 1%.

149
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Todos los pases que firmaron el Tratado de Libre Comercio con


Estados Unidos y Canad CAFTA, garantizaron a las empresas la no
expropiacin o nacionalizacin de sus inversiones. Sin embargo ante
la movilizacion de sus poblaciones, existen ya dos demandas interna-
cionales contra el gobierno del Salvador: Pacific Rim Mining Corp y
Commerce Group.
Costa Rica y El Salvador son los nicos pases de la regin que
han declarado (el primero desde 1999 y el segundo en 2017) la prohi-
bicin de explotacin de mineria a cielo abierto, gracias a la movili-
zacin social.
Paradjico, que pases como Nicaragua a diferencia de Colombia,
denominado progresista y defensor de las autonomas regionales de
las comunidades miskitas y creoles, se convierta en el paraso colo-
nial de la minera transnacional, se fortalezca el desarrollo extractivo
colonial. El concepto de neo-extractivismo va a hacer referencia pre-
cisamente a los gobiernos denominados progresistas, como el caso
nicaragense que va a defender con el modelo de reprimarizacin de
la economia en el mercado global, la distribucin de la renta minera
para la inversin social.

EL MAR CARIBE, LTIMA FRONTERA PARA LA GOBERNANZA EXTRAC-


TIVA PETROLERA Y DE GAS IMPERIAL?
EL mar del Caribe Occidental se vuelve particularmente importante
frente a las decisiones de megaproyectos extractivos y de infraestruc-
tura (si ellas se consideran de inters nacional)10 que dan continuidad
a la historia de unas economas de enclave al servicio de los intereses
extranjeros y a la guerra que afect gravemente el desarrollo de pro-
yectos productivos en la Mosquitia. Las contradicciones asociadas a
la implementacin del modelo neoliberal y la reprimarizacin de las
economas en estos pases, con la instalacin del consenso de los com-
modities en las primeras dcadas del nuevo milenio, basado en la ex-
portacin de bienes primarios a gran escala; utilizacin de tecnologas
no convencionales; hidrocarburos, gas y petrleo; metales y minerales
como oro, hierro, plata, cobre y zinc (Sanchez Gonzales, 2016; OCMAL,
2011) forestales y productos agroindustriales como maz transgnico
(La Prensa, 2017) impactarn profundamente a estos pueblos, conde-
nndolos a un nuevo escenario de conflicto, presin y saqueo.
El control transnacional del petrleo se toma los mares especial-
mente en esta parte del mundo, ante la apertura de sus gobiernos.

10 En trminos de la construccin de nacin, esta experiencia es un referente asum-


iendo que la autonoma de la Costa Atlntica no puede curar de la noche a la ma-
ana las heridas dejadas por ms de tres siglos de conflictos (Butler, 1985: 13).

150
Catalina Toro Prez

Si bien en 2008 haba expirado la moratoria de la explotacin en el


este del Golfo de Mxico, Estados Unidos va a flexibilizar las res-
tricciones a la exploracin petrolera marina. Ante el riesgo que para
su soberana energtica representaba el acceso condicionado al pe-
trleo venezolano y la emergente poltica energtica de Chvez en
el Caribe con los pases del ALBA, a fines de los noventa, la explota-
cin petrolera y de gas marina se convierte en la base de su nueva
poltica de seguridad energtica.
Con el accidente del pozo Macondo en el Golfo de Mxico en
abril de 2010, se comprob un detalle estructural de la industria
hidroarburfera: las empresas con mayor trayectoria y experiencia
no tienen el control del manejo de las nuevas tecnologas, ni la res-
ponsabilidad ambiental empresarial contenida en sus discursos.
Ante las nuevas prohibiciones la actividad se traslada a los mares
del Caribe Occidental.
La poltica minero-energtica de Estados Unidos, en especial, la
concerniente a los mares, llega a la Nicaragua progresista de Daniel
Ortega, a Colombia, Panam, Honduras y Guatemala. En 2013, tres
meses despus del fallo de La Haya contra Colombia por 75 mil km de
mar territorial, el Ministro de Minas y Energa de Nicaragua anuncia-
ba la apuesta energtica-extractiva del gobierno de este pas en el Mar
Caribe occidental. Se refera al proyecto de perforacin con fines de
exploracin del primer pozo petrolero off shore con la empresa de ca-
pital estadounidense Noble Energy, ubicada en parte en los lmites del
rea marina protegida Seaflower, en el Archipilago de San Andrs,
Providencia y Santa Catalina cuyas aguas le haban sido concedidas.
El rea marina protegida hace parte de la Reserva de la Bisfera
Seaflower, que incluye al Archipilago de San Andrs, Providencia
y Santa Catalina, de Colombia, objeto del conflicto entre Colombia
y Nicaragua, como hemos visto, en torno a la delimitacin fronte-
riza martima que existe desde el siglo XIX, tres aos despus del
fallo, que implic la prdida del sustento material de pescadores y
habitantes de las islas, el conflicto entre Colombia y Nicaragua se
profundiz ante la apuesta energtica-extractiva de los poderes im-
periales en disputa por esta rea estratgica (Estados Unidos, Gran
Bretaa, China).
El 9 de noviembre de 2000 a solicitud de la comunidad rai-
zal, la Unesco haba premiado la iniciativa de los habitantes del
Archipilago declarndolo como nueva Reserva Mundial de Bisfera,
Seaflower que haca alusin al Mayflower, barco que lleg con puri-
tanos ingleses a establecerse en Boston. Las reservas de bisfera
son lugares donde pueden vivir seres humanos, donde se establecen
mediante consensos unas formas de ordenar el territorio y en las

151
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

que se respetan la cultura, las tradiciones y la historia de las comu-


nidades que all viven. Nicaragua, Costa Rica, Panam y El Salvador
tienen varias reservas de bisfera: una de ellas la denominada La
Amistad entre Costa Rica y Panam constituye uno de los ejemplos
de manejo fronterizo binacional. Varias reservas nacionales como la
del ro Pltano en Honduras, la Reserva de Bisfera Transfronteriza
Trifinio-Transfraternidad (Guatemala, Honduras y El Salvador),
Reservas Biolgicas Cayos Miskitos y Reserva de la Isla de Omotepe
en Nicaragua existen en todo Centroamrica. La Mosquitia lejos de
ser una regin pobre, atrasada y subdesarrollada constituye
un rea de conservacin ambiental fundamental a nivel planetario,
gracias al rol de sus poblaciones. Con un sistema arrecifal mesoa-
mericano que se extiende desde Mxico hasta Honduras, el segundo
ms grande del mundo despus del de Australia (el tercero rodea la
isla de Providencia), ms de 350 especies de moluscos, 65 especies
de corales y 500 especies de peces se encuentran en riesgo ante la
avanzada extractivista en el mar de las grandes petroleras, inglesas y
norteamericanas, y en tierra con la gran minera en la Costa Caribe
de Nicaragua,Honduras, Panam, Costa Rica y Colombia .

COLOMBIA, NICARAGUA, BELICE, PANAM, HONDURAS ANTE LA


AVANZADA EXTRACTIVISTA EN EL MAR CARIBE
En 2011, antes de promulgada la sentencia del Fallo de la Haya, el go-
bierno colombiano, en cabeza de Juan Manuel Santos, sin considerar
el status de Reserva de Bisfera, haba otorgado concesiones y licen-
cias, a travs de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, ANH, para ex-
plorar y explotar dos bloques en el rea de la reserva marina protegida
del Archipilago: cerca de Quitasueo (Cayo 1, 944 mil hectreas) y en
cercanas de la isla de Providencia (Cayo 5, en un milln de hectreas)
(ANH, 2011). La movilizacin unnime de la comunidad raizal y de
instituciones como la Corporacin para el Desarrollo Sostenible del
Archipilago de San Andrs, Providencia y Santa Catalina (Coralina),
que se pronunci en defensa de la integridad de la reserva de bisfera,
hizo que el presidente Santos renunciara al proyecto de exploracin
y explotacin en la cuenca de los cayos por parte del gobierno colom-
biano (1 de octubre de 2011). Recientemente (diciembre de 2016) la
sentencia del Consejo de Estado ratific la prohibicin definitiva de
estas actividades.
Sin embargo, en un nuevo contexto de disminucin de los pre-
cios del petrleo a nivel mundial (que comenz en junio de 2014),
Colombia ha profundizado su oferta extractiva de yacimientos
convencionales y no convencionales en el Mar Caribe. La denun-
cia de Silvia Earle sobre la desaparicin de corales en Australia no

152
Catalina Toro Prez

ha alertado a los gobiernos de la antigua Mosquitia. En Honduras,


Nicaragua, Colombia y Guatemala, existen ya bases petroleras marina
en el Caribe Occidental; un area representativa del mundo, sujeta a
graves impactos asociados con las explotaciones petroleras y gasferas
en mar y en tierra. Sumado a la gran minera en todo el Caribe occi-
dental desde Panam hasta Honduras y a las mega-obras de infraes-
tructura portuaria y canalera y la expansin turstica descontrolada,
esta rea se encuentra inmersa en un modelo neo-extractivista devas-
tador, lo que ha despertado la movilizacin de comunidades frgiles,
sin embargo fragmentadas, criminalizadas y discriminadas por los co-
rrespondientes Estados Nacin, en estas reas. El escenario climtico
adverso, asociado a una zona de alta fragilidad frente a huracanes, y
de intensa actividad ssmica pone en grave riesgo a las poblaciones
locales y a sus frgiles ecosistemas.
En el caso colombiano la avanzada extractivista en el Mar
Caribe, iniciada en 2010 con el gobierno de Uribe, es ampliada en
2014 mediante nuevas concesiones de exploracin y explotacin a
empresas nacionales y multinacionales: Tayrona (Petrobras), Golfo
de Urab (Ecopetrol-Anadarko), Guajira (Repsol Colombia S.A.) y en
Tierra bomba (Equion Limited Colombia). En 2015, con el lema el
futuro del petrleo est en el mar, el gobierno reforz esa avanzada
fortalecida con la invitacin a la British Petroleum inglesa y la Statoil
Noruega a competir por las concesiones en el mar Colombiano.
Para los expertos asesores del gobierno en los escenarios in-
ternacionales, encargados de vender la imagen de Colombia como
un pas seguro en trminos de las garantas para experimentar tec-
nologas no convencionales, la flexibilizacin de leyes ambientales,
no implica ningn riesgo para la confianza inversionista. Todo lo
contrario, mientras esperan los permisos, las empresas desarrolla-
rn actividades de explotacin/exploracin, sin ningn tipo de con-
trol; por ello presentan como un triunfo que en la legislacin de las
mismas no aparezcan palabras como fracking, para no despertar
malestar o movimiento en la opinin pblica.
Falta slo mencionar la normatividad que sustenta y da va li-
bre a todo lo anterior. Igual que ha ocurrido con el fracking. Se trata
de una normatividad ambiental flexibilizada para soportar el nuevo
Gobierno Corporativo. Para el gobierno, no implica licenciamien-
to ambiental adquirir informacin ssmica en reas de Patrimonio
de la Humanidad como las Reservas de Bisfera o cualquier otro
lugar, en donde pueden haber ms de 1.500 metros y 5 mil metros
de profundidad, de esta actividad,
Tampoco se exige consulta previa pues en la interpretacin
de soberana nacional de los Estados el mar no es territorio de

153
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

comunidades ancestrales y desde esa perspectiva no reconoce el te-


rritorio insular y martimo del archipilago a la comunidad raizal. Un
ejemplo de esta visin del mar como recurso a explotar tiene que ver
con la revocatoria por parte de la Autoridad Nacional de Licencias
Ambientales (ANLA) del artculo quinto (2011) en el cual se obligaba
a Petrobras a incluir a las comunidades de pescadores dentro del pro-
ceso de socializacin e informacin relacionada con el rea de inters
para la perforacin exploratoria en el bloque 1 y 2 Tayrona.

GEOPOLTICA PETROLERA EN EL CARIBE OCCIDENTAL Y NUEVAS RESIS-


TENCIAS CREOLE-INDGENAS
El Gran Caribe, que inicia en Nueva Orleans, se extiende y cruza las
fronteras insulares y continentales de los Estados-Nacin, centro y
suramericanos, anglo y francoparlantes. Esta nocin de Gran Caribe,
se extiende hasta el Amazonas brasileo.
El escenario especialmente en el Caribe occidental, de pasado
esclavista y colonial, de poblaciones discriminadas y subordinadas
en los lmites del Estado-Nacin, abierto a la llegada de capitales ex-
tranjeros para expandir el modelo, como ocurri en las economas
de enclave y en los procesos de expansin colonial de los Imperios
ingls y espaol, constituye una amenaza para la supervivencia de
los movimientos indgenas y creoles de la regin. En el contexto
de la geopoltica del nuevo extractivismo, se erige una visin de
Amrica Latina y el Caribe colonial que profundiza como deca
Galeano los quinientos aos de explotacin de petrleo, hierro, oro
y cobre, materias primas destinadas a los pases industrializados
que se benefician de su consumo ms que los pases productores,
aunque los gobiernos neo-extractivistas, defiendan el modelo ex-
tractivista a nombre de la redistribucin de la renta, la disminucin
de la pobreza, el progreso y el desarrollo nacional.
En ese marco se da la batalla tambin al gobierno progresista
de Rafael Correa, en Ecuador, con los ecologistas que llama fun-
damentalistas, rompiendo el mandato ecolgico constitucional al
abrir la exploracin de los campos Ishpingo, Tambococha y Tiputini
(ITT), en el Parque Nacional y la Reserva de Bisfera Yasuni; se
da tambin la decisin de Evo Morales, en Bolivia, de ingresar en
reas protegidas o territorios indgenas y campesinos para explorar
y explotar minerales y petrleo; y ahora en Colombia, en su nuevo
proyecto ssmica 2D.
Los casos de Ecuador y Bolivia muestran las contradicciones
del modelo neo-extractivista capitalista, extractivista, depredador,
en el que los movimientos indgenas, campesinos y ambientales se
convierten en los nuevos objetos de la desposesin.

154
Catalina Toro Prez

En el contexto de Amrica Central y el Caribe occidental, Panam


es hoy el centro del mundo. Y la Mosquitia quiere serlo tambin. Con
la ampliacin del Canal de Panam por parte de Estados Unidos y
otras potencias aliadas, se fortalece al mismo tiempo el arsenal militar
ante el proyecto imaginado de concesin del canal interocenico a
China, por ms de 100 aos. La ubicacin geogrfica de este territorio
toma nuevo vuelo en el escenario de las disputas comerciales globales
por el acceso a mercados, de modo que se crean los escenarios de una
nueva lucha por la reconquista estratgica de esta regin.
Sin embargo la comunidad creole e indgena se moviliza: tanto
en Belice, como en el Archipilago de San Andrs y Providencia,
le dicen no a las plataformas petroleras; los movimientos de Costa
Rica y El Salvador le dicen no a la gran minera. Una nueva bande-
ra contra el extractivismo y a favor de una nueva forma de vivir: el
Buen Vivir se expande tambin en el Caribe.
Pensar Caribe, desde los pueblos creoles, significa tambin, acu-
diendo a la historia del Caribe excluido, respetar las relaciones y
formas de vida que han existido y que existen entre las llamadas
poblaciones afrodescendientes, indgenas y locales de Colombia,
Nicaragua, Costa Rica, Panam y Jamaica. Ellas conforman, junto
con el Gran Caribe, con sus particularidades, un conjunto de pue-
blos discriminados y maltratados por el programa moderno/colo-
nial que los desplaza en reas marginadas. Varios de ellos han sido
objeto de medidas cautelares por parte de la Corte Interamericana
de Derechos Humanos, como el caso de los Miskitos. El pueblo
raizal de San Andrs y Providencia, se encuentra a pesar de sus
luchas, en vas de extincin. Ha sido diezmado/cercado/saqueado/
reducido/ alejado de sus familias en el Caribe, cortados sus vncu-
los con el mar, saqueada su base alimentaria: agua potable, pesca
y territorio. Pero, comparte una cultura comn de defensa de la
naturaleza con otras poblaciones creoles del Caribe: lenguas, for-
mas musicales y sincretismos religiosos que expresan adems for-
mas diversas de relacin entre cultura, sociedad y naturaleza. Pero
sobre todo comparten siglos de lucha por la autodeterminacin y
el reconocimiento de pueblos cuyas interacciones se han roto por
los lmites imaginarios de la doctrina de la seguridad nacional de
los Estados-Nacin hoy en disputa por la geografa extractivista
globalizada en la regin.

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158
Raquel Neyra*

EXTRACTIVISMO Y CONFLICTOS
SOCIOAMBIENTALES EN EL PER

Cmo explicar los numerosos conflictos socio ambientales particular-


mente sangrientos y violentos que vive el pas desde hace una veintena de
aos? La extraccin de energa y de materiales de las entraas de Per, es
decir, el aumento y los cambios del metabolismo social en una economa
extractivista que, no siendo nueva, es, sin embargo, ms voluminosa que
nunca, se enmarca dentro de la implantancin del neoliberalismo y el rol
aceptado por nuestro pas en la acumulacin de capital a nivel mundial.
Desde hace algunos aos, los pases sudamericanos atraviesan
una nueva situacin caracterizada por dficits en la balanza comer-
cial, con mayores importaciones que exportaciones en valores mone-
tarios, al tiempo que persisten los dficits en sus balances comerciales
en trminos fsicos: las exportaciones en toneladas son mayores que
las importaciones en toneladas, lo que se conoce como dficit fsico:
se exportan ms materiales de los que se importan, agotando o degra-
dando los recursos naturales.

* Economista, Mster en Economa internacional y MBA en Administracin de


La Sorbona, Paris. Actualmente investigadora en conflictos socioambientales en el
Per y colaboradora de los casos Per del EJATLAS,. Miembro del Grupo Riesgo-
conflictos socioambientales de la Universidad de Zaragoza. Activista y defensora del
medioambiente en el Per, miembro del REDCIP Red de Comunicadores Indgenas
del Per, miembro del colectivo ALDEAH.

159
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN I

As, a la desfavorable situacin histrica estructuralmente persis-


tente de negativos trminos del intercambio (una tonelada de importa-
ciones es siempre ms costosa que una tonelada de exportaciones), le-
vemente aliviada en los aos del boom de precios de materias primas,
se aade ahora un nuevo deterioro en los trminos de intercambio,
que dependern en parte de la composicin de la canasta de produc-
tos que cada pas vende al exterior. Los dficits comerciales conducen
a dficits en la cuenta corriente y para cubrir esta diferencia existir
una nueva necesidad de exportaciones adicionales de materias pri-
mas, aumentando la dependencia, agotando recursos, contaminando
el ambiente y causando ms y ms conflictos socio-ambientales.
Los flujos de energa y de materiales (oro, petrleo, madera, etc.)
que se van a extraer de la naturaleza, transformar y hacer entrar en la
economa y que en parte salen como residuos (relaves mineros, agua
contaminada, gases de efecto invernadero, etc.) componen el meta-
bolismo social pero son tambin las relaciones sociales existentes en
un preciso momento y a una escala determinada, local, regional, glo-
bal, etc. (Toledo, 2013). Es el espejo completo de la interrelacin de
todos estos factores que debemos analizar.
De las cuatro categoras principales de materiales extraidas bio-
masa, minera metlica, materiales de construccin e hidrocarburos
vemos en la Tabla 1 la ntida aceleracin de la produccin de la minera
metlica, mayormente para exportacin. La minera es un recurso no
renovable por lo cual los problemas de abastecimiento a los mercados
extranjeros aparecern dentro de unas decenias. Si esta tendencia no
se modifica de aqu a poco tiempo, el fin del recurso minero acarrear
graves problemas econmicos y sociales para el pas: la mayora de los
yacimientos tiene un tiempo de vida mximo de 20 aos.
Tabla 1. Principales productos de exportacin en volumen del Per entre setiembre 2016 y julio 2017.

Fuente: Banco Central de Reserva del Per, elaboracin propia.

160
Raquel Neyra

Segn datos de U.S. Geological Survey - USGS figures: El Per tiene


un importante potencial geolgico. Es el tercer pas en el mundo en
reservas de oro, plata, cobre y zinc, lo que lo convierte en un destino
apetecible para las industrias extractivas. El aporte de la minera al
PBI va en aumento, cerca de 19,80% esperados en 2017 (Ministerio de
Energa y Minas).
Segn la Sociedad Nacional de Minera, Petrleo y Energa, el
Per es el sexto productor mundial de oro y posee el 5% de las reservas
mundiales1. Aunque la produccin va descendiendo, el oro, segundo
producto de exportacin, represent en 2015 el 19% del total de las
exportaciones2. En cuanto a plata, el Per es el segundo productor y el
pas con las mayores reservas a nivel mundial (120 mil toneladas m-
tricas, 21% del total mundial). En 2015 se produjeron 4.102 toneladas,
el 15% a nivel mundial (tabla 2).
El producto estandarte es indudablemente el cobre, ahora ter-
cer productor mundial (Convencin Minera, Toronto, Canad, PDAC
2016), y ha superado a todos los dems metales. La produccin de
cobre en los primeros nueve meses de 2016 ya super la produccin
del ao 2015 (Ministerio de Energa y Minas). As mismo, el Banco
Central de Reserva espera que para el ao 2017 la produccin au-
mente en un 75%; esto debido a las minas a tajo abierto que han co-
menzado a producir como Las Bambas y los proyectos Toromocho,
Constancia, Antapaccay, la ampliacin de Cerro Verde y la continui-
dad de Antamina (primer productor nacional) (El Peruano, 2016).
China es el mayor comprador de cobre del Per con 77% de la pro-
duccin (Per21, 2016). Existen otros proyectos an no explotados
con reservas extremademente importantes como La Granja.
Del ingreso aportado por las empresas extractivas al erario na-
cional, casi nada es reinvertido en las zonas donde se implantaron
estas empresas3, el canon minero no produce el efecto esperado en las
regiones llamadas mineras o petroleras. Cajamarca, capital del oro, es
la regin ms pobre del pas.

1 SNMPE, 13 Simposium Internacional del Oro y la Plata.


2 <http://www.miningpress.com>, Simposium del Oro 2016, 21 de abril de 2016.
3 Depende muchas veces del gobierno regional.

161
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN I

Tabla 2. Produccin minera del Per entre 2010 y 2016


Cobre Estao Hierro Oro Plata Plomo Zinc

TMF TMF TMF g finos kg finos TMF TMF

2010 1.247.184 33.848 6.042.644 164.084.409 3.640.468 251.990 1.470.450

2011 1.235.345 28.882 7.010.938 168.186.738 3.418.863 230.199 1.256.383

2012 1.298.761 26.105 6.684.539 161.544.685 3.480.857 248.236 1.281.282

2013 1.375.641 23.668 6.680.659 156.257.425 3.674.283 256.472 1.351.273

2014 1.377.642 23.105 7.192.592 140.097.028 3.768.147 277.294 1.315.475

2015 1.700.814 19.511 7.320.807 146.822.907 4.101.568 315.784 1.421.513

2016 1.725.023 13.951 5.792.239 114.523.256 3.277.393 235.948 968.481


Fuente: Boletn Estadstico del Subsector minero 2016, Ministerio de Energa y Minas, elaboracin propia.

Este boom en la produccin y exportacin de minerales ha convertido


al Per en el primer productor en Sudamrica de oro, cobre, plata
y zinc y si la tendencia contina sobrepasar a Chile en la produc-
cin de cobre para el ao 2017 (tabla 3). El pas est basando toda su
economa en la extraccin y exportacin minera. Cabe preguntarse
si sto responde solo a los precios internacionales o tambin a las
necesidades de produccin de otros pases como China. Si la tenden-
cia sigue, las consecuencias sobre el territorio y el ambiente de tales
devastaciones producto de los tajos abiertos, de las carreteras cons-
trudas, de los depsitos de relaves, de las filtraciones producto de la
lixiviacin en el subsuelo y en el agua irn en aumento. Quin se har
responsable de las consecuencias? Cunto tiempo aguantar el pas?
Mientras, los conflictos se van creando y acentuando. Per, pas mi-
nero o desangrado?
Tabla 3. Volumen de produccin de minerales en cuatro paises, 2015.

Pas Produccin minera 2015*

Cobre - miles de TN Oro - miles de kg Plata miles de kg Zinc - Miles de TN

Per 1.700 146 4.121 1.421

Chile** 5.833 42,5 1.500 48,1

Bolivia*** 6,63 1.339,8 445,7

Colombia**** 59,2 10,1


Fuentes diversas, elaboracin propia.
* Bolivia, Ecuador: 2014. ** 2 Anuario de la Minera de Chile 2015, Servicio Nacional de Geologa y Minera, Chile. *** Instituto Nacional
de Estadstica Bolivia, datos de 2014. **** Sistema de Informacin Minero Colombiano, Ministerio de Energa y Minas, Colombia.

162
Raquel Neyra

Las empresas mineras estn demandando ms energa y con el fin


de aprovechar el potencial energtico (Silva Macher, 2016) que ofre-
cen los ros, el gobierno peruano proyecta la construccin de mega
represas hidroenergticas. Algunos de estos fueron planeados en el
ao 2010 con el acuerdo energtico firmado por los presidentes del
Per, Alan Garca, y de Brasil, Luis Ignacio Lula da Silva, con el fin
de proveer energa a Brasil. Este acuerdo fue desestimado en mayo de
2014 por el congreso peruano pero muchos de estos proyectos como
Chadn 2, Ro Grande I y II siguen vigentes.
La produccin de petrleo no destaca y se encuentra en cada
libre (PerPetro, 2016). Respecto de la produccin de gas, desde la
explotacin de Camisea, se ha disparado exponencialmente: de
84,742 MMPCD en 2007 a 389,602 MMPCD en 2016, solo en la selva
(PerPetro, 2016). Esta actividad extractiva causa daos probados en
el ecosistema de la Amazonia y las poblaciones que all habitan.
La biomasa extrada comprende toda la materia que se produ-
ce constantemente por la fotosntesis, renovable y que en parte se
extrae y exporta de manera no sostenible. En cuanto a la biomasa
del sector tradicional el Per se jacta de ser el primer exportador
del mundo de harina de pescado con 29% del mercado y el primer
productor con 16,9% de la produccin mundial4. Pero, cuntos
peces representan las toneladas que no fueron consumidas por la
poblacin, peces que al morir rompieron las cadenas alimenticias
marinas y perturbaron la fauna y flora marinas? Para producir las
900 mil5 toneladas mtricas esperadas de harina de pescado en
el ao 2016 se pescaron cerca de 4 millones de tn de anchovetas
(tabla 4). El saqueo de la industria en las aguas del mar atenta
contra la soberana alimentaria y la actividad pesquera artesanal
que provee de empleo a miles de personas.

4 China 16,1%, Tailandia 10%, Unin Europea 9%, Chile 8% (Diario Gestin, 2016).
5 632.300 TM exactamente, Sociedad Nacional de Pesquera.

163
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN I

Tabla 4. Desembarque de anchoveta en millones de toneladas

Fuente: Diario Gestin, junio de 2016, elaboracin propia.

El caf, principal producto agrcola de exportacin, est adquirien-


do notoriedad y es cada vez ms apreciado en el mundo. La mayo-
ra de sus productores son pequeos caficultores (5 a 30 hectreas)
que viven en zonas de pobreza y hasta pobreza extrema como Junn,
Cajamarca y San Martn. Estas plantaciones representan el 50% de la
deforestacin en la Amazonia (MINAM, 2014) por lo que es indispen-
sable introducir prcticas de cultivo que respeten el bosque.
En relacin con la exportacin de biomasa del sector considera-
do no tradicional agropecuario (legumbres, frutas, vegetales diversos,
cereales, t, cacao y otros) se destaca la exportacin de legumbres (es-
prragos, paltas) y frutas (uvas). Hasta noviembre de 2016, se expor-
taron en total 1.795.689 kilos lo que representa un 30% menos con
respecto al ao 2015. Los monocultivos de exportacin, cultivados en
grandes extensiones, empobrecen la tierra, promueven el uso de fer-
tilizantes y pesticidas qumicos nocivos, secan las reservas acuferas
y amenazan la soberana alimentaria. Sin embargo, el gobierno pro-
mueve grandes proyectos de irrigacin, como Olmos y Majes Siguas,
para la agroindustria.
La produccin y exportacin de crustceos, moluscos, pescado
congelado, seco y conservas decrece debido a la fluctuacin de la de-
manda asitica y europea as como los cambios en la temperatura del
agua. Sin embargo, los manglares y su peculiar flora y fauna en el nor-
te del pas, han sido en parte destruidos para favorecer la produccin
de langostinos, mientras que en el sur, la produccin de camarones
en su entorno natural se ve amenazada por el proyecto de la mega re-
presa hidroenergtica OCO10. Prueba una vez ms de que el entorno

164
Raquel Neyra

natural es destrudo para favorecer a la actividad extractiva que ms


beneficios aportar.
Las exportaciones de textiles y de madera estn en neto decai-
miento (ver estadsticas Banco Central de Rerserva), lo que corrobora
el cuadro elaborado por el Instituto Cinara (tabla 1): el Per se ha
dedicado a ser exportador neto de minerales, sobre todo de los no
ferrosos. La principal madera es la caoba y le sigue el cedro tenien-
do a China como el primer comprador6. La mayora proviene de la
tala ilegal que ha destrudo ya una superficie considerada del tamao
de la ciudad de Lima amenazando gravemente de deforestacin a la
Amazonia.
Respecto del biodiesel y del gasohol, el Ministerio del Ambiente
ha establecido, en teora, que no se pueden talar bosques primarios ni
sacrificar zonas agrcolas ni utilizar el riego por inundacin para las
plantaciones destinadas a la produccin de combustibles de origen
vegetal. Sin embargo, unas 50 mil hectreas se dedican al cultivo de
la palma aceitera, pertenenciendo unas 20 mil al Grupo Romero y
de las cuales 5 mil se destinan a la produccin de biodiesel (empresa
Industrias del Espino). En cuanto a la produccin de etanol a partir de
la caa de azucar7, en la regin Piura se encuentran las empresas del
Grupo Romero con 9.500ha dedicadas a este cultivo y una produccin
de 370 mil lt por da que consumen agua y contaminan el aire con
la quema de bagazo. A pesar del impulso que los gobiernos dan se
debe abastecer el mercado en 5% de biodiesel, 7,8% en gasohol (Moya,
2011), se est utilizando el gas como combustible de preferencia.
Todas estas exportaciones no compensan el deficit de la balanza
comercial de las importaciones frente a las exportaciones. En tone-
ladas, el Per exporta ms de lo que importa, pero exporta a precios
bajos y los ingresos obtenidos con las exportaciones no logran cubrir
an8 los costos que generan las importaciones. El pas, como los
dems pases productores de materias primas, busca seguir produ-
ciendo y exportando para poder cubrir sus importaciones. Podramos
preguntarnos cmo el gobierno calcula la masa fenomenal de cobre a
extraer y exportar y si este camino no llevar a reducir, o ya lo est ha-
ciendo, el precio del cobre en el mercado mundial. Finalmente, la baja
de los precios internacionales conducir a que los gobiernos tiendan a
aumentar la extraccin para exportar ms para continuar tratando de
equilibrar y compensar la balanza comercial...

6 IDEA International, Illicit Networks and Politics in Latin America.


7 La caa de azcar en Piura consumi 17 mil m3 de agua/ha, Santillana y Santillana.
8 Segn datos del BCR en los meses de marzo, abril y mayo del 2016 la balanza
comercial present un supervit.

165
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN I

Y esto es lo que justamente est sucediendo: la balanza comercial


en el tercer trimestre de 2016 ha sido positiva con un supervit de 615
milllones de dlares gracias, por sobretodo, a la mayor exportacin
de cobre proveniente de Cerro Verde y Las Bambas y a una recupera-
cin de los precios internacionales de los dems minerales como el
oro, plata, zinc y plomo. Pero, puede puede la economa de un pas
depender constantemente de la fluctuacin de los precios internacio-
nales? (tabla 5).
Tabla 5. Balanza comercial entre setiembre de 2015 y julio de 2016, valores FOB en millones de USD

Fuente: Banco Central de Reserva del Per, elaboracin propia.

Como podemos apreciar del anlisis del metabolismo social peruano


y la comparacin con algunos pases latinoamericanos, estos pases
se han dedicado a ser productores y exportadores de materias primas
en grandes cantidades. Esto crea dependencia. La situacion del pas
corresponde perfectamente a la definicion de Gudynas (2013) sobre
el extractivismo: modo de apropiacin de la naturaleza que se carac-
teriza por una extraccin de grandes volmenes o intensiva, que son
esencialmente destinados a la exportacin como materias primas, o
como productos de escaso procesamiento. Y este rol es asumido de
manera consensuada. Los gobiernos latinoamericanos parecen haber
aceptado un consenso en la extraccin de los commodities, es de-
cir, aceptan su rol de proveedores de materias primas (Svampa, 2013).
Es en este contexto de consenso y de extractivismo que se origi-
nan los conflictos socioambientales. Pero cmo ha llegado el Per
ah? Cmo se origin esta tendencia y quines son los actores que
condujeron este proceso?

166
Raquel Neyra

LOS GOBIERNOS PERUANOS EN LOS LTIMOS AOS


Despus de las fallidas medidas populistas del primer gobierno de
Alan Garca (1985-1990) el pas entr en una grave crisis aumentada
por la guerra interna con Sendero Luminoso. El presidente Alberto
Fujimori hered el pas en este contexto y lo reorient directamente
hacia el neoliberalismo que fue implementado de manera salvaje
con su famoso Fujishock.
El Fujishock aplic las medidas aprendidas del consenso de
Washington: hay que barrer con todas las prcticas nacionalistas o
populistas de los gobiernos anteriores. Fujimori privatiz las empre-
sas estatales creadas o nacionalizadas por el presidente Juan Velasco
Alvarado (1968-1975) como Centromin y Hierro Per adquiridas
por empresas privadas transnacionales9. Al privatizarlas, se recurri
a un despido masivo de sus trabajadores lo que por consecuencia de-
bilit los sindicatos10, aument los precios de los productos bsicos,
liberaliz el cambio del dlar, redujo los aranceles para los productos
importados y aument la carga impositiva de las exportaciones. La
poblacin se alz. Para contener la elevada protesta social, Fujimori
realiz un plan de asistencia social y construccin de infraestructuras
(red de canalizacin de agua, electrificacin rural, construccin de
escuelas luego abandonadas por falta de presupuestos, etc.) que con-
tribuyeron a su lamentable aceptacin por parte de las masas popu-
lares pauperizadas a la par que se erigi como el salvador del pas al
haber, supuestamente, derrotado a Sendero Luminoso y capturado a
su lder, Abimael Guzmn.
El despojo continu. La Ley de Minera (1992) autoriz la pros-
peccin libre en todo el pas, salvo zonas reservadas, mediante un r-
gimen de concesiones.

Actualmente, obtener la concesin de una parte del territorio Peruano


es la cosa ms sencilla del mundo. Te acercas a Ingemmet11, te ensean
un mapa, eliges la cuadrcula que ms te apetezca, el funcionario lo
contrasta con un ralo catastro no minero (que no choque con ninguna
ruina o algn Parque Nacional, nada ms), pagas un precio mdico,
y listo: ya tienes tu flamante pedazo de tierra para poder explorarla
(IDEELE, 2015).

9 Decreto Legislativo 674 de 1991 que declara de inters nacional la Promocin de


la Inversin Privada.
10 Es importante notar este punto ya que posteriormente, los actores mayores de la
resistencias no van a ser los sindicatos sino como veremos, las fuerzas reagrupadas
alrededor de la poblacin con actividad agrcola.
11 Instituto Geolgico Minero y Metalrgico.

167
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN I

El pas entero se dividi en cuadrculas y se puso en venta. Le siguie-


ron una serie de medidas legislativas, permisos, ttulos, tributarios,
facilidades en la exportacin, etc., que allanaran el camino para la
llegada de grandes empresas extractivas que, aprovechando de los
precios altos de los minerales a nivel mundial, se instalaron en el pas,
como por ejemplo Newmont. Se constituy Yanacocha S.A. con la
participacin del grupo Buenaventura. En 1995, el 47% de las expor-
tacines procedan del sector minero.
As como los Andes fueron afectados por la ley de Minera, la
cuenca amaznica peruana lo fue con las leyes forestales que esta-
blecieron las concesiones. La deforestacin avanza. El Ministerio del
Ambiente calcul que unas 105 mil hectreas son deforestadas cada
ao y de 2004 hasta 2014, han sido deforestadas ms de 1,5 millones
de hectreas de las cuales el 25% se encuentra en territorio indgena o
en reas reservadas. Desde el inicio de la colonizacin y la explotacin
de la Amazonia en el siglo pasado para actividades ganaderas, agrco-
las, madereras y otras hasta hoy, se han deforestado ms de 8,2 mi-
llones de hectreas de bosques amaznicos (FAO, Informe Nacional
Per, 2004)12. El Per es todava el segundo pas en Amrica Latina
y el sptimo en el mundo en cubierta forestal.
El segundo gobierno de Alan Garca (2006-2011) reforz la explo-
tacin del territorio amaznico con el bombardeo de decretos ms
de 100 en tan solo 8 meses con la excusa de respetar las condicio-
nes del TLC con los EE.UU. para facilitar la inversin. Su postura
colonialista frente a territorios y poblaciones amaznicas condujeron
y provocaron la violencia del estado en el conflicto del Baguazo. El
gobierno de Ollanta Humala continu en esa lnea: promovi proyec-
tos mineros a tajo abierto e impuls la construccin de mega represas
a pesar de la muy fuerte oposicin de la poblacin. Durante su go-
bierno, se dictaron los llamados paquetazos ambientales, medidas
legales promulgadas en paquete que afectaron, en primer lugar, el
medioambiente, los recursos naturales y los territorios y las poblacio-
nes que all habitan (ver Neyra, 2016). Los paquetazos (Neyra, 2016)
fueron dictados para responder los avances de la frontera de la extrac-
cin (Moore, 2013) y facilitar la extraccin de materiales.
Este es, pues, el contexto histrico acompaado de las medidas
legales que encuadran el extractivismo. Bajo este marco legal y estas
polticas de estado, las empresas adquirieron concesiones y desarro-
llaron su industria extractiva.

12 Inforegin. En la Amazonia se han deforestado ms de 10 millones de hectreas


de bosques, agosto 2011.

168
Raquel Neyra

EL AVANCE DEL EXTRACTIVISMO


El ansia por la extraccin de materias primas y de ganancia em-
puja cada vez ms a las empresas a expandirse alrededor de un
proyecto, por ejemplo, con el tajo de la mina a cielo abierto ya
hecho, el proyecto encaminado, la empresa buscar expandirse a
su alrededor buscando nuevas fuentes de minerales. Este es el caso
de Tintaya y Antapaccay, Yanacocha y Conga sobre todo en zonas
de poca mercantilizacin, fcil apropiacin y resistencia an dbil
(Moore, 2013). Yanacocha, en Cajamarca, no puede ir ms all de
los 4/5 mil metros de altura y se expande en horizontal amenazan-
do las Lagunas de San Pablo y las lagunas de Conga (Cajamarca).
Las minas en Cerro de Pasco devoran la ciudad. Los lotes de hidro-
carburos se amplan y empujan a los indgenas no contactados an
ms hacia la selva densa o, si ya no es posible, a la exterminacin
paulatina por contacto con las dems poblaciones. Es la expansin
geogrfica, fsica, de la extraccin que lleva a colonizar nuevas tie-
rras (Conde, Walter, 2015).
En un mbito legal favorable, las empresas extractivas llegaron
en masa En el EJAtlas de conflictos socioambientales tenemos em-
presas de, en su mayora, los siguientes pases: Canad, EE.UU., Per,
China, Brasil, Australia y Reino Unido.
China se ha convertido en el principal socio comercial del Per,
con el cual se ha firmado un TLC (2010). En 2016, la minera represen-
t el 82% de las exportaciones en valor hacia China (con una tasa de
crecimiento de 11% anual, segn el Ministerio de Comercio Exterior y
Turismo), resaltando la exportacin de cobre. La inversin minera chi-
na con siete yacimientos representa el 22,5% del sector (Ministerio
de Energa y Minas) y ocupa el primer lugar. Canad ocupa el segundo
lugar en inversin minera.
Esta invasin de territorio de las empresas que han obtenido las
concesiones por parte del estado provoca una reaccin de protesta en
las poblaciones que ah habitan por la contaminacin y el despojo del
territorio.

LOS CONFLICTOS
La Defensora del Pueblo reporta a febrero de 2017 212 conflictos de
los cuales 144, es decir el 67,9%, son socioambientales. Este porcenta-
je se mantiene en ese nivel desde hace muchos aos.
Los habitantes de las zonas concesionadas, y donde se pretenden
realizar los proyectos, se levantan y defienden. No han sido consul-
tados13. La movilizacin de protesta social toma diferentes formas:

13 El Per ratific el Convenio 169 de la OIT en 1994, en 2012 dicta la ley de la Consulta

169
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN I

desde bloqueos de carreteras (Bagua, 2009, Ta Mara, 2015) con o sin


movilizacin masiva (bloqueos parciales durante el conflicto Conga,
2013), movilizaciones masivas y campamento en la zona que se de-
fiende (Conga, 2012, 2013, 2014) toma de locales (Espinar, 2012), blo-
queo de puentes (Bagua, 2009, Pichanaki, 2015), marchas de protesta
(Cajamarca, La Oroya, Marcha Nacional del Agua, 2012, Las Bambas,
2016), marchas de sacrificio (La Oroya, Cerro de Pasco) ocupacin de
los locales de las empresas que causan el conflicto (Estacin 6 Bagua,
2009, diferentes proyectos mineros), retencin de personas extraas
al territorio defendido (Cajamarca, Amazonas, Loreto), hasta ocupa-
cin de aeropuertos y quema y saqueo de locales en los conflictos ms
violentos (Aymarazo, Puno, 2011, en este conflicto se mezclan ya de-
mandas con matices polticos). Ms all, las poblaciones se declaran
en huelgas o en paros que abarcan distritos y provincias (Bagua, 2009,
Conga, 2012, 2013, 2014, Ta Mara, 2015). Los paros tambin se ma-
nifiestan en el bloqueo de las vas fluviales de comunicacin, como el
bloqueo del Maran en Saramurillo, 2016. Muchos pobladores to-
man acciones radicales como la huelga de hambre (Conga, 2012, Las
Bambas, 2015). En otros casos se acude a la justicia nacional (San
Pablo y Yanacocha, Espinar) e internacional (Conga, 2014, Cuninico
2016, ambos ante la Comisin Interamericana de Derechos Humanos).
En general, el gobierno ejerce represin masiva, declara el estado de
emergencia con toque de queda (Espinar, Conga, Pichanaki, Ta Mara
y otros), hace intervenir la zona por los militares que luego la ocupan
y controlan todos los movimientos. En el caso de Ta Mara, nadie que
no fuera del lugar poda circular ni entrar por la zona. Luego de que la
pradera se incend y hubo numerosos fallecidos, el gobierno propuso
sus famosas mesas de dilogo. Las tecnologas de la informacin
tambin juegan un rol muy importante y constituyen sustento en las
luchas de resistencia a los proyectos extractivistas.
Cul es la respuesta que da el Estado peruano a la protesta?
Existen convenios, entre la polica y la empresa, de trabajo re-
munerado a cambio de los servicios prestados por la primera a la se-
gunda. Es decir, la de estar a sus ordenes en cuanto se les requiera.
Actualmente, la Polica Nacional del Per mantiene cuatro convenios
con mineras, entre ellas con la minera Yanacocha S.R.L. En enero de
2014, el gobierno de Ollanta Humala emiti la Ley 30.151, ms cono-
cida como Con licencia para matar14 porque exonera de responsa-

Previa y su reglamento de aplicacin en 2013, se realiza consultaprevia solo en territo-


rios en donde el Viceministerio de Interculturalidad ha reconocido poblacin indgena.
14 Para un anlisis completo de esta Ley ver: Con Licencia para matar, Documento
de trabajo, IDL, 2013.

170
Raquel Neyra

bilidad a policas y militares que maten o hieran en ejercicio de sus


funciones (Artculo 20. Inimputabilidad).
Con esto, el estado peruano deja abierta la puerta a la violencia
institucionalizada. En la actualidad y desde inicios del conflicto la
Minera Yanacocha es la que ms ha saltado a la prensa con el uso de
policas para la represin de los ronderos, campesinos, activistas y
defensores del medioambiente.
Ms negro todava, es el uso de sicarios para liquidar a opositores
de un proyecto como al dirigente rondero y Presidente del Frente de
Defensa de su casero Yagn, Hitler Ananas Rojas, asesinado el 28
de diciembre de 2015, o el asesinato de Edwin Chota y sus tres com-
paeros el 1 de setiembre del 2014, Ashninkas, arduos defensores
del bosque y su biodiversidad frente a taladores ilegales en la regin
Ucayali.
Pero esto es la fuerza fsica usada directamente sobre una per-
sona. Est tambin el otro tipo de fuerza, la criminalizacin de la
protesta. Esta se aplica de distintas formas: la ms comn es la de
acusar de terrorista al defensor(a) del medioambiente, en un pas que
ha sufrido aos de terror, donde la gente desapareca por una simple
acusacin o eran perseguidos por la polica. La acusacin de terrorista
es una de las ms fuertes que puede existir. Tambin la acumulacin
de constantes denuncias que obligan a los denunciados a desplazarse
de un tribunal a otro es una metodologa de guerra de baja intensi-
dad contra los defensores del ambiente.
As mismo, los periodistas y comunicadores son vctimas de dis-
tintas formas de violencia: censura total (Ta Mara 2015); atentados
fsicos (Cajamarca 2013-2014, etc.), corte de lneas transmisoras, in-
terferencia en las ondas radiales, cortes de la luz elctrica para im-
pedir los programas radiales (Celendn 2013); insultos, persecucin
(Cajamarca), censura total y prohibicin de transmitir informacin
sobre el conflicto como en Ta Mara.
Per destaca por la violencia de su economa extractivista, com-
partiendo ese triste rango con el norte de Brasil, Filipinas, Honduras,
Guatemala y otros pases (Global Witness, 2016). Esta fuerte conflicti-
vidad provocada por el gobierno al servicio de las empresas extractivas
provoca muchas muertes (Bagua, Las Bambas, Espinar, Conga, Ta
Mara, etc.). Global Witness indica la cifra de 57 muertos entre 2002
y 2014 por los conflictos socioambientales en el Per. En el EJAtlas
hemos repertoriado 84 fallecidos desde 2002.
Las poblaciones que se alzan en contra de un proyecto extrac-
tivo han sabido organizarse con sus propias fuerzas creando mo-
vimientos de masas. En regla general, se conforma un Frente de
Defensa (ambiental) compuesto por las diferentes asociaciones

171
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN I

o representaciones de un lugar (comits de mujeres, sindicatos,


maestros, otros). Un rol preponderante es jugado por las Rondas
Campesinas, organizaciones campesinas en defensa del territorio,
nacidas originalmente para combatir el abigeato. Las naciones in-
dgenas crean federaciones de sus naciones para ser luego represen-
tados en asociaciones interregionales como AIDESEP (Asociacin
Intertnica de Desarrollo de la Selva Peruana) o CONACAMI
(Confederacin Nacional de Comunidades del Per Afectadas por
la Minera). Algunas veces, ONG vienen a darles apoyo, ya sea de
la sociedad civil (IDL, Cooperaccin, Red Muqui, etc.) o religiosa
(FEDEPAZ, Vicaras, etc.). Aportan como apoyo acceso a la infor-
macin, elaboracin de reportes alternativos, difusin nacional e in-
ternacional del conflicto, acceso a procedimientos legales, defensa
legal, etc.
A la luz de las luchas, resistencia y protestas, encontramos un
factor comn en casi todos los casos presentados: los que luchan, se
organizan y resisten son los mismos pobladores concernidos por el
proyecto, ya sean comuneros de los Andes o indgenas amaznicos
o agricultores de la costa. Todos provenientes de la clase popular, del
pueblo mismo que sufre y vive la pobreza, los estragos de la coloni-
zacin y posterior Repblica en la que fueron reducidos primero a
esclavos, sirvientes y luego peones o campesinos siempre explotados.
Es el ecologismo popular (Chacn, 2002) o ecologismo de los pobres
(Blanco, 1991) surgido desde abajo, como el Frente Ecolgico de Vicco
(1993, regin Pasco). Ellos reclaman justicia, justicia ambiental como
los hermanos negros hartos de soportar la basura y los deshechos en
sus barrios pobres (Washington, 1991).
Muchas veces, el ecologismo popular consigue detener proyec-
tos destructivos aunque sea a costa de numerosas vctimas mortales
y heridos. Dos notables mujeres indgenas han recibido el Premio
Goldman para ecologistas: Ruth Buenda y Mxima Chaupe. Otras
mujeres han muerto en protestas ecologistas. Se dan tambin casos de
conservacionismo que a veces triunfan como el de Inambari. A veces,
el conservacionismo confluye con el ecologismo popular pero otras
veces la creacin de reservas naturales se hace en beneficio de empre-
sas extractivistas (ver el caso de la Sierra del Mirador en el cual las
concesiones mineras/petroleras presentes sern respetadas). En otros
casos, el conflicto es de ndole laboral y preocupa el empleo, los sala-
rios y tambin la salud daada por la contaminacin (La Oroya, Cerro
de Pasco). Muchos conflictos son a la vez ecolgicos, de derechos hu-
manos y en defensa de territorios indgenas o campesinos.
La participacin de los pueblos indgenas en los conflictos re-
seados alcanza el 90% aproximadamente, bastante ms que su

172
Raquel Neyra

proporcin en la poblacion (28%) segn los censos15. La razn pue-


de ser que los indgenas habitan en la frontera de la extraccin, ya
sea en la Amazonia cerca de Brasil o Ecuador o en los Andes a 4 mil
msnm, pues otros territorios ya le fueron arrebatados.
Los pueblos originarios de la Amazonia y de los Andes tienen un
arraigo particular y ancestral con la naturaleza a la que consideran
como un ser viviente que debe ser respetado igual que ellos. Sin ella
no son nada y ella sin ellos tampoco. Somos parte de ella. Vivimos y
existimos uno del otro. La simbiosis de esta cosmovisin, del buen
vivir, en que el agua, el rbol, el viento, el sol, la luna, las plantas y los
animales, los insectos y peces, las cochas y las cascadas tienen vida se
opone a la visin capitalista, individualista y neoliberal. Es el multi-
verso frente al universo.

Rechazo a la minera en Celendn (foto de la autora).

15 332.975 indgenas amaznicos, 1,06% (INEI 2016); origen quechua 23,2%, ay-
mara 3,2% (2015, Encuesta Nacional de Hogares); lengua materna quechua 12,3%,
aymara 1,7% (2007, Censo Poblacional).

173
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN I

Cuando ven sus tierras arrasadas, contaminadas, quemadas, destrudas,


se levantan, se alzan. Reclaman la vida, simple y llanamente la vida y la
existencia (Saramurillo, 2016). El ecologismo es por tanto en el Per,
un hecho de masas, un hecho de los pueblos indgenas que defienden
sus tierras, su territorio, su espacio y ellos las preservan de la mejor ma-
nera que jams haya existido. Sin esa preservacin no tendramos hoy
nuestra selva, ni nuestra biodiversidad ni nuestras montaas, lagunas,
cochas, mares, ros, agua cristalina... La conflictividad socioambiental
es provocada por dos mundos que corren paralelamente en sentido in-
verso: uno busca preservar la vida y el otro extraer beneficios sin impor-
tarle las consecuencias. El panorama para el pas es bastante sombro.

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175
Milson Betancourt Santiago,
Carlos Walter Porto-Gonalves

CUESTIONES CRTICAS SOBRE


EXTRACTIVISMO Y PRODUCTIVISMO:
UN ANLISIS DESDE EL PENSAMIENTO
CRTICO, LA ECOLOGA POLTICA Y LAS
PRCTICAS POLTICAS DE LOS GRUPOS
SUBALTERNIZADOS

En el siguiente ensayo quisiramos cuestionar terica y polticamente


la nocin de extractivismo que ha surgido en la ltima dcada entre
ciertos sectores crticos de los modelos de desarrollo imperantes en la
regin. Ejercicio difcil, si tenemos en cuenta que buena parte de los
acadmicos y activistas que vienen trabajando con esta nocin, son
amigos y amigas que respetamos y de los cuales hemos aprendido
mucho, y que como nosotros se colocan en el campo crtico del capita-
lismo y del desarrollismo. No obstante, pensamos que es un ejercicio
importante, que lejos de ser un ejercicio meramente terico, nos llama
la atencin sobre los impactos polticos y analticos, de los conceptos
con los que definimos y explicamos los procesos de despojo y devasta-
cin ambiental y humana de la economa dominante. Estos conceptos
tienen fuertes implicaciones sobre las estrategias polticas, sociales,
econmicas y tcnicas, con las que pensamos superar los desafos so-
ciales, ambientales, que en el fondo son desafos civilizacionales a los
que estamos enfrentados en el mundo hoy.
Hemos organizado esta crtica a la nocin de extractivismo desde
tres ejes centrales: 1) desde el legado terico y poltico del pensamien-
to crtico que consideramos ms completo para explicar y analizar
los procesos de despojo, devastacin humana y ambiental, que vive
nuestra regin, y el mundo; 2) desde lo que podemos llamar como una

177
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

ecologa poltica de la razn moderna, que sustenta las ideologas y


prcticas de desarrollismo, productivismo y cientificismo, del sistema
mundo capitalista; y, 3) desde las prcticas polticas, econmicas y
epistmicas de los grupos/clases sociales/pueblos/etnias/naciones del
mundo, que han sido subalternizados por el avance del capitalismo en
el mundo entero.

PRODUCTIVISMO O EXTRACTIVISMO: UNA MIRADA HISTRICO-


GEOGRFICA DEL CAPITALISMO Y SUS PROCESOS DE DESPOJO Y
DEVASTACIN
En la ltima dcada viene creciendo entre medios intelectuales y
activistas latinoamericanos, incluso entre aquellos que son crti-
cos al capitalismo, la nocin de extractivismo. Esta nocin surge
en un contexto de aumento de los llamados conflictos ambientales,
que preferimos llamar de conflictos territoriales, porque nos coloca
frente a la disputa sobre la materialidad-sentido del territorio, y por
tanto de nuestro ser, hacer, saber y vivir, lo que significa siempre
construir territorialidades, que se territorializan y que conforman
territorios desde las mltiples condiciones societales. Desde este en-
foque se comprende por qu el capitalismo est siempre en disputa
con aquellos pueblos/grupos sociales/clases sociales, que se recono-
cen con una territorialidad otra, arraigada, raizal, como territorios
para la reproduccin de los ciclos de reproduccin de la vida, pero
que son invadidos, sometidos y subordinados, por la progresiva ex-
pansin espacial del capitalismo, desde hace ya ms de quinientos
aos hasta hoy (Betancourt, 2015).
Vemos que la nocin de extractivismo surge en el contexto de la
ampliacin reciente de las explotaciones mineras, petroleras, para
posteriormente tambin ser extendido a otras formas de explotacin
como monocultivos as como de obras de infraestructura como la
construccin de vas, puertos e hidroelctricas, entre otros, que po-
tencian estas explotaciones intensivas de la naturaleza y de hombres y
mujeres, que son asemejados a una naturaleza a dominar. Esta nocin
surge como panacea explicativa de los procesos de despojo y devas-
tacin que estas explotaciones intensivas provocan, y es igualmente
una categora con la que se han movilizado varios grupos ecologistas
y activistas en Amrica Latina. Esta nocin surge igualmente en un
contexto de crtica a los modelos de desarrollo imperantes en los lla-
mados gobiernos progresistas.
Si bien resaltamos la importancia poltica-movilizadora de esta
nocin, nos parece importante resaltar algunas precisiones desde el
legado del pensamiento crticoVeamos!
En un reciente artculo de Alberto Acosta, se dice:

178
Milson Betancourt Santiago, Carlos Walter Porto-Gonalves

El extractivismo es una modalidad de acumulacin que comenz a fra-


guarse masivamente hace quinientos aos. Constituye una categora
que permite explicar el saqueo, acumulacin, concentracin, destruc-
cin y devastacin colonial y poscolonial, as como la evolucin del
capitalismo hasta nuestros das []

Con la conquista y la colonizacin de Amrica, frica y Asia empez


a estructurarse la economa mundial: el sistema capitalista. Como
uno de los elementos fundacionales de la civilizacin capitalista se
desarroll y consolid la modalidad de acumulacin extractiva, de-
terminada desde entonces por las demandas de los centros metropo-
litanos del capitalismo naciente. Unas regiones fueron especializadas
en la extraccin y produccin de materias primas, es decir de bienes
primarios, mientras que otras asumieron el papel de productoras de
manufacturas, normalmente utilizando los recursos naturales de los
pases pobres o empobrecidos. Las primeras exportan Naturaleza; las
segundas, en su mayora, la transforman y exportan bienes termina-
dos (Acosta, 2015).

Acosta nos presenta el extractivismo como un concepto de amplio al-


cance explicativo, especialmente cuando nos dice que el extractivismo
es una categora que permite explicar el saqueo, acumulacin, con-
centracin, destruccin y devastacin colonial y poscolonial, as como
la evolucin del capitalismo hasta nuestros das, es decir, segn este
autor, el extractivismo no solo explica el despojo y devastacin, sino
que adems explica la evolucin del capitalismo.
Nosotros, nos preguntamos, no ser al contrario, esto es, no ser
que es el capitalismo y su colonialidad desde siempre, las que explican
el saqueo, la acumulacin, concentracin de riqueza, destruccin y
devastacin? No ser la razn productivista capitalista de acumula-
cin incesante, la que explica el progresivo aumento de la explotacin
y extraccin intensiva y destructiva de la naturaleza, no solo sobre
ciertas regiones, sino sobre el mundo entero? Veamos.
Nos apoyamos en las tesis del socilogo peruano Anibal Quijano,
para identificar la gnesis de la mentalidad productivista capitalista,
con la imposicin de sus tcnicas, y relaciones sociales y de poder, as
como su dependencia, de la explotacin intensiva de la naturaleza, la
cual ha sido intensiva desde siempre en cada momento y para lo cual
siempre se han adecuado espacios del Capital y sus tcnicas modernas
en cada momento.
Anibal Quijano (2006, 2000) entiende el sistema mundo capita-
lista moderno-colonial, como una heterogeneidad histrico-estructu-
ral, en donde la totalidad-mundo tiene mltiples gnesis socio-espa-
ciales. De este modo, busca superar la visin clsica, segn la cual el
capitalismo surge en Europa, y se va expandiendo sobre el mundo, el

179
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

cual estara bajo relaciones pre-capitalistas. Con esto busca entender


de manera conjunta, los procesos y proyectos globales y los proce-
sos e historias locales (Mignolo, 2003), en la formacin del sistema
mundo capitalista moderno-colonial.
Para Quijano adems, el capitalismo, como sistema mundo, ar-
ticula desde siempre, diferentes relaciones sociales y de poder, como
el salario, la esclavitud, la servidumbre, la reciprocidad, que lejos de
ser pre-capitalistas, estn en la gnesis y permanencia de la expansin
capitalista hasta hoy.
Quijano igualmente nos seala que la racialidad, como instru-
mento de clasificacin de poblaciones y territorios constituye un pa-
pel fundamental para el capitalismo, justificando y legitimando su
sobre-explotacin, al llamarlas de incivilizadas, salvajes, atrasadas,
o subdesarrollados como se les llama desde hace 60 aos hasta hoy,
subordinando as diferentes campesinidades/etnicidades/nacionalida-
des, con sus respectivas territorialidades, a travs de la colonialidad
del poder.
Desde esta perspectiva, es muy importante tener en cuenta que
desde el primer momento de la constitucin del sistema mundo ca-
pitalista, los invasores de los territorios de Abya Yala, mal llamada
Amrica Latina, si pensamos que an hoy el 99% de las lenguas ha-
bladas en nuestra regin son originarias de Abya Yala, y no lenguas
latinas. La nocin de Amrica Latina no deja de ser, de cierta manera,
un invento francs para reafirmar el dominio sobre nuestra regin,
en el contexto de la disputa que se daba en la poca entre la Europa
Latina y la Europa Anglosajona, que por la colonialidad territorial
que nos constituye, es una disputa por sus dominios sobre Abya Yala/
Amrica Latina.
En fin, consideramos importante resaltar que desde el primer mo-
mento de la invasin, hasta hoy, se vienen estableciendo de manera
progresiva en el tiempo y en el espacio, complejos sistemas, que le-
jos de ser simples sistemas extractivos de naturaleza, son verdaderos
complejos que debemos entender en conjunto, pues aun cuando se
encuentren localizados de manera diferenciada, se encuentran ligados
como sistemas de produccin /explotacin /extraccin intensiva de la
naturaleza y de subordinacin de pueblos, sus saberes y haceres, que
fueron vistos por Europa como asimilados a simple naturaleza, por
ello sin cultura, por ello balo colonialidad territorial permanente y
progresiva.
Veamos un ejemplo interesante. En lo que hoy llamamos Cuba,
Hait y Brasil, se establecieron los primeros complejos del agronego-
cio en el mundo, cuando se instalaron ingenios que manufacturaban
la caa para producir azcar. El ingenio, debemos aclarar, era una

180
Milson Betancourt Santiago, Carlos Walter Porto-Gonalves

tcnica de punta que no tena paralelo en el mundo en aquel momen-


to. Con este ejemplo queremos subrayar, que nuestra regin en aque-
lla poca, germen del capitalismo, no solo exportaba simplemente
naturaleza o materias primas, sino un producto manufacturado con
una tcnica muy moderna en su momento, pero que por ms que sea
moderna tcnica de produccin, siempre va requerir de naturaleza,
as como de un rgimen de relaciones sociales y de poder que se impo-
nen sobre pueblos subordinados por la violencia.
Incluso la explotacin de oro y plata, estaba lejos de ser un sim-
ple extractivismo, y s un complejo sistema tcnico-productivo con
toda su espacialidad dominante que se apropiaba incluso de conoci-
mientos ancestrales de metalurgia y orfebrera del oro y de la plata,
sometindolos a relaciones sociales y de poder fundadas en el capi-
talismo y en la colonialidad, en donde la racialidad cumple un papel
estructurante.
De igual manera pretendemos desde esta perspectiva superar esa
divisin dual y dicotmica, entre produccin y explotacin (extrac-
cin) de naturaleza o, entre industrializacin con tecnologa de punta
y explotacin intensiva de la naturaleza (simplemente extractivismo
intensivo), pues desde nuestra perspectiva, la produccin, industria-
lizacin y modernizacin de las tcnicas capitalistas de acumulacin
incesante, siempre estn vinculadas y presionando una mayor explo-
tacin y extraccin de naturaleza.
Igualmente queremos, desde esta perspectiva, destacar la excep-
cionalidad de este rgimen de produccin capitalista frente al extrac-
tivismo raizal de los pueblos, quienes desde la largusima historia de
la humanidad, siempre se sustentaron en la extraccin de medios de
vida de la naturaleza. La extraccin de medios de vida de la naturaleza,
que haba sido algo normal en la largusima historia de la humanidad,
cobra nuevas escalas e intensidades, que sern ahora dependientes y
determinadas, por las necesidades productivistas de las metrpolis,
sus tcnicas y relaciones sociales y de poder.
As, no es el extractivismo simple por si solo el que genera la cri-
sis ambiental y humana que vive el mundo, porque los pueblos ori-
ginarios del mundo siempre supieron extraer medios de vida de la
naturaleza, pero con otra mentalidad territorial. Por el contrario, es el
productivismo capitalista, el permanente aumento de la produccin,
y sus tcnicas que buscan cada vez ms eficiencia en el aceleramiento
de la produccin y el consumo, las que llevan a que la explotacin y
extraccin de naturaleza adquiera nuevas escalas, sea cada vez ms
intensiva, y se convierta en una extraccin destructiva.
No se trata entonces solamente de una tcnica de produccin,
como normalmente se dice, sino tambin y sobre todo, una tcnica

181
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

de poder, que instituye relaciones sociales y de poder coloniales, que


se imponen sobre territorios y poblaciones de manera vertical, con el
objetivo de la acumulacin incesante de capital.
Observamos en todo este proceso tres desconexiones fundamen-
tales, y que son esenciales para entender la evolucin diferenciada en
el tiempo y en el espacio de la produccin capitalista: la desconexin
(1) entre quin produce y a quin se destina esa produccin; (2) entre
lugares/regiones/continentes y (3) entre la cualidad material de lo que
es producido y lo que se objetiva con esa produccin expresada de
manera cuantitativa y abstracta en forma de dinero. De esta manera,
la cualidad de lo producido/extrado queda sometida, a la cuantidad
ilimitada de los nmeros y su expresin en dinero, como riqueza abs-
tracta, lo que entonces significa que, los bienes comunes, y en general
la naturaleza finita, queda sometida a la ilimitada acumulacin de
una riqueza abstracta valorada en nmeros de dinero, que como tal
son infinitos. Algo insostenible bajo cualquier lgica, pero he ah la
trampa mental del productivismo capitalista que desata la crisis am-
biental y humana que vivimos, pero en la que est anclada el episteme
moderno-colonial y su territorialidad.
El sistema productivo capitalista se auto-imagina sin lmites, y
comienza a expandirse y a necesitar de la progresiva y cada vez ms
intensiva explotacin de la naturaleza, adecuando siempre sus tcni-
cas, modernizndolas en cada momento. Esa separacin/descone-
xin est en el seno del modo de produccin capitalista, pues quie-
bra el envolvimiento, entre produccin y usufructo, no solo social y
geogrficamente, sino adems entre lo material y lo simblico. Este
imaginario productivista ilimitado capitalista, continuar no solo con
las polticas de modernizacin y progreso de los Estados comandados
por las elites nacionales, sino tambin a futuro del desarrollismo y el
crecimiento econmico de los ltimos 60 aos.
Igualmente, este imaginario productivista olvida adems que
ningn grupo/clase social/ sociedad, produce hierro, cobre, carbn,
aluminio, oro, petrleo, gas, agua, o energa solar; elementos sin los
cuales son imposibles los procesos productivos/extractivos, de hace
quinientos aos y de hoy! Lejos de ser bienes producidos, son bie-
nes naturales, o bienes comunes, con los cuales los pueblos indgena-
originario-campesinos del mundo, han sabido mantener una relacin
material/simblica/mtica, pues no son bienes producidos, sino dados
por la naturaleza, o bien donados por la Pacha para la reproduccin
de la vida, y no para la reproduccin incesante de capital.
Destaquemos aqu adems, que estas nociones implican un tiem-
po lineal, que se viene imponiendo, sobre los tiempos cclicos tpicos
de los pueblos originarios del mundo. Lo importante de percatarse

182
Milson Betancourt Santiago, Carlos Walter Porto-Gonalves

de esto es que el carcter lineal progresivo de la razn productivista,


lejos de ser normal o lgico, es una excepcionalidad en la historia de
los pueblos de la humanidad, pues es una temporalidad de recien-
te origen. Sin embargo hoy vemos que este carcter excepcional se
normaliza, con la razn irracional del productivismo/desarrollismo
infinito. As, consideramos que tiempo lineal, progreso y desarrollo,
conforman el ncleo epistemolgico del discurso productivista, que
autodefinindose como infinito, se expandir sobre un mundo y una
naturaleza finitos. Produccin en crecimiento incesante, que como
vimos, lejos de separarse de la explotacin intensiva de la naturale-
za, supone su permanente extensin y profundizacin hasta nuestros
das, adecuando espacios y tcnicas a las necesidades de esta razn
productivista.
No olvidemos asimismo, que este sistema productivista, con sus
tcnicas y relaciones sociales y de poder, siempre ha necesitado de la
violencia para constituirse, en sus diferentes modalidades. Como ve-
mos en el ejemplo de los ingenios, pero aplicable a otros regmenes
de explotacin, la moderna tcnica de los mismos fue introducida
para acumular capital junto con el trabajo esclavo, lo que nos mues-
tra que el capitalismo, como prctica sistemtica de acumulacin
incesante de capital, no se hace exclusivamente con trabajo asalaria-
do. Una tcnica moderna de produccin, el ingenio, es introducida
junto con el trabajo esclavo y el ltigo, para acumular capital. Igual
sucede hoy con la produccin de celulares y computadores que es
posible gracias a diversos sistemas de esclavitud moderna regados
por el mundo. Tcnicas modernas de produccin, formas de escla-
vitud y violencia, son partes constitutivas del capitalismo desde su
origen hasta hoy.
Esto es muy claro, por ejemplo, en las estrategias de persecucin
a los lderes del TIPNIS1 en Bolivia, quienes no quieren producir para
el mercado capitalista, sino extraer del mercado grande, su territo-
rio, los bienes necesarios para sus vidas, al ritmo de sus necesidades
de sobrevivencia, y no al ritmo de las producciones agrcolas para la
exportacin y de sus tcnicas de aceleracin del tiempo de produc-
cin y exportacin. Pero tambin en la Amazonia peruana, en donde
diferentes actores, buscan la extincin de los pueblos en aislamiento
voluntario, para habilitar reas para la produccin de coca/cocana o
aceite de palma. O, igualmente, en la Amazonia colombiana, en donde
los grandes empresarios colombianos y extranjeros, en alianzas con
grupos paramilitares, presionan la expulsin de campesinos e ind-
genas de sus territorios. Es este complejo productivista/explotador/

1 Territorio Indgena y Parque Nacional Isiboro-Secure.

183
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

extractivista intensivo, el que vemos llegar a la Amazonia andina,


para el que son esenciales las modernas tcnicas y adecuaciones de la
IIRSA2 (Betancourt, 2015).
Frente a todas estas consideraciones conceptuales en torno a la
nocin de extractivismo, pensamos que la tradicin de pensamiento
crtico nos ha legado un patrimonio terico que supera ampliamente
lo que se pretende explicar con la nocin descriptiva de acumulacin
extractiva, que no tiene la rigurosidad y precisin, para comprender
integralmente, las complejas relaciones sociales y de poder que el ca-
pitalismo y la gnesis del productivismo instauran; las mentalidades
que imponen, as como las nefastas consecuencias en trminos de des-
pojo y devastacin progresiva y sistemtica en el mundo entero.
Consideramos que conceptos como el de acumulacin primitiva
(Marx), del que Rosa Luxemburgo nos muestra que lejos de ser origi-
naria es permanente, o el contemporneo concepto de David Harvey
acumulacin por despojo, son conceptos ms tiles para explicar y
analizar la razn productivista de acumulacin de capital y sus rela-
ciones sociales y de poder, desde una perspectiva histrico-geogrfica
a nivel mundial, que nos ofrece mejores perspectivas para entender lo
que hoy llamamos extractivismo como un fenmeno muy particular,
o especial, a partir de decisiones dentro del complejo econmico ca-
pitalista en el mundo.
Lejos de ser una particularidad debida a malas decisiones de al-
gunos gobiernos de la regin, es el resultado obvio y necesario de un
sistema econmico que no tiene en cuenta la materialidad concreta de
su incesante acumulacin-produccin-extraccin y sus relaciones so-
ciales y de poder, que determinan geogrficamente cmo?, para qu/
quin?, y dnde? se acumula, se produce y se extrae, en un contex-
to de unas globales/nacionales/regionales/locales y muy asimtricas y
complejas relaciones de poder.

EXTRACTIVISMO: UNA MIRADA DESDE LA ECOLOGA POLTICA


DE LA MODERNIDAD/COLONIALIDAD
Dos principios de la modernidad son (1) la separacin entre sociedad
y naturaleza y (2) la desacralizacin de la naturaleza y los territorios.
Estos dos principios son constitutivos de la voracidad del productivis-
mo capitalista sobre-explotador de la naturaleza, as como la subor-
dinacin de aquellos pueblos que mantenan/mantienen otra relacin,
material/espiritual/simblica, entre sociedad y naturaleza.
Sabemos que uno de los principales fundamentos de la llama-
da filosofa renacentista, y de los fundamentos epistmicos de la

2 Iniciativa para la Integracin de la Infraestructura Regional Suramericana.

184
Milson Betancourt Santiago, Carlos Walter Porto-Gonalves

llamada civilizacin occidental, consiste en la separacin entre


Hombre y Naturaleza: el antropocentrismo. Que no consiste solo en
la separacin, sino adems en la jerarquizacin donde el Hombre se
convierte en sujeto, y la Naturaleza en objeto, para satisfacer nues-
tros deseos. Aqu presenciamos el surgimiento del antropocentrismo
que autoriza la dominacin de la Naturaleza, que solo existira, para
servirnos. De esta manera se instaura el olvido de la Naturaleza, y de
todos los que son asimilados a ella, esto es, los (salvajes) de la selva,
pero igualmente las mujeres, que como tal son asimiladas a simple
Naturaleza.
Es por ello, que a los seres humanos que habitaban/habitan Abya
Yala, se les desconoce su carcter de humanos, se les considera simple
Naturaleza, y por tanto como bienes a explotar, seres humanos cosi-
ficados como Naturaleza, en fin, como fuerza de trabajo a someter
y esclavizar. Pero para que no caigamos en tajantes dualismos entre
regiones, esta violencia tambin recaer sobre la Naturaleza presente
en Europa. Como bien lo demuestra Silvia Federici (2016), el surgi-
miento del capitalismo al interior de Europa necesit de la violencia
contra las mujeres (y sus saberes) por medio de la llamada cacera
de brujas, as como de la persecucin y extincin del campesinado
europeo, para habilitar territorios para la produccin agropecuaria, y
habilitar mano de obra en las ciudades para la produccin industrial.
Mujeres y campesinos europeos, mantenan una relacin material/es-
piritual/simblica con la Naturaleza de donde extraan medios para su
sobrevivencia, relacin que la modernidad, y sus discursos de progre-
so, desarrollo y productivismo, necesitaban/necesitan extinguir.
Ahora podemos pasar al segundo elemento bsico de la moderni-
dad que mencionamos arriba, la desacralizacin de la Naturaleza y de
los territorios. Es comn, entre las mltiples campesinidades y pue-
blos originarios que la humanidad en su diversidad invent, que los
dioses habiten el mundo, ese mundo mundano que vivimos. De esta
manera, le otorgan un carcter sagrado al mundo, a la Naturaleza, a
las montaas y ros, caracterstica fundamental que hace que se limite
socialmente su dominacin. Al final de cuentas: cmo dominar a los
dioses?, cmo vender/explotar la Pachamama, si adems de diosa
es nuestra madre? El advenimiento del sistema mundo moderno-co-
lonial capitalista implic no solamente des-territorializar hombres y
mujeres, de sus espacios de vida y de sus saberes-haceres, sino tam-
bin, expulsar los dioses de la tierra, desacralizar nuestra Naturaleza
y nuestros territorios (Porto-Gonalves, 1989).
Registremos nuevamente, para evitar cualquier inversin del
polo geogrfico de poder, y por tanto de nuevos centrismos, sean
ellos afrocentrismos o abya-yala-centrismos, que cuando afirmamos

185
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

esa relacin distinta comn al mundo campesino/indgena incluimos


tambin al mundo no-burgus europeo que, sabemos, fue violentado
no solo con la desterritorializacin de hombres y mujeres que vivan
en comunidad para ser re-territorializados en ecotipos (Eric Wolff,
1982) funcionales al capitalismo y a la expansin industrial urbana,
creando as la contradiccin entre campo y ciudad.
Los campesinos europeos tambin vern la separacin de sus dio-
ses de la tierra al ser negados sus saberes mtico-religiosos, que sa-
ban3 de los misterios de la vida, en el doble sentido de saber: el saber
cognitivo, pero igualmente el saber de sabor, aquel saber que se expe-
rimenta con el cuerpo, distante de aquel saber cientfico, que separa
saber de hacer. Estas relaciones simblico-religiosas, eran/son esen-
ciales para re-ligarnos social-poltica-cultural-ecolgicamente con la
comunidad de vida/physis/pachamama/madre tierra, entre otros mu-
chos nombres ya pronunciados para representar esta relacin.
As, con la Naturaleza desacralizada, hecha Objeto, el Sujeto
Hombre, fuera de la Naturaleza, puede efectuar entonces tranquila y
legtimamente su dominacin. El Hombre-Sujeto se cree productor de
mundo, productivista, ocupando el lugar de los dioses. Y sabemos que
no se trata de un Sujeto-Hombre cualquiera, y si de un Sujeto-Hombre
masculino, blanco, portador de la Razn, la Razn Iluminada por la
Ilustracin, en donde el modelo de pensamiento y de ciencia moderna
juega un papel fundamental en el arraigo de esta mentalidad y prcti-
ca productivista. Es esa razn antropocntrica, blanca, burguesa pero
adems falocntrica, la que colonizar el mundo modernizndolo con
su capitalismo productivista y su colonialidad. No olvidemos que para
Francis Bacon, la Naturaleza es una mujer pblica; debemos tomar-
la, penetrar sus secretos y encadenarla a nuestros deseos.
Es esta razn productivista la que justificar el colonialismo y
la acumulacin primitiva, que sabemos (Rosa Luxemburgo) que es
permanente, y que es siempre una acumulacin por despojo (Harvey),
despojo no solo de bienes materiales, sino de relaciones simblicas,
con toda su violencia y devastacin humana y ambiental, que se ex-
tiende progresivamente, en el tiempo y en el espacio, y que llega hoy
en las reas de expansin geogrfica del Capital, en la Amazonia, en la
Patagonia, en la Araucana, en el Darin, en la Selva Lacandona, en la
Chiquitania, en el TIPNIS, y en Madre de Dios, en el Chaco, avanzan-
do sobre aquellas poblaciones y sus territorios de vida, de los cuales,
durante milenios extrajeron sus medios de vida.

3 (1) Saber/conocimiento y (2) Saber/sabor, en este caso, saber que se experimenta


con el cuerpo, con el tacto, con la lengua que sabe lo dulce/salado/amargo/agrio/
acido/picante entre tantos sabores/sabidos.

186
Milson Betancourt Santiago, Carlos Walter Porto-Gonalves

Desde esta ecologa poltica del capitalismo vemos que la nocin


de extractivismo se presta para muchos mal entendidos. Desde pos-
turas ecologistas ingenuas de la preservacin o la intangibilidad, as
como relaciones polticas y econmicas entre regiones y pases, per-
petuando prejuicios desde el mal llamado primer mundo o mundo
industrializado, hacia el mal llamado tercer mundo, mundo subde-
sarrollado, o en vas de desarrollo. Estos mal entendidos, son usados
maniqueamente para condenar pases, gobiernos, economas, como
extractivistas, y en este tren se suben tanto ecologistas ingenuos y el
capitalismo verde, de la preservacin y de la manipuladora intangibi-
lidad, como oportunistas de derechas que quieren desprestigiar a los
llamados gobiernos progresistas de la regin4, sealando que caen en
el extractivismo, y no son capaces de asegurar crecimiento, industria-
lizacin y aumento de la produccin. Es por ello tambin que debe-
mos reflexionar sobre el sentido terico-poltico de esta nocin y su
horizonte de sentido.

EXTRACTIVISMO, DESDE LAS PRCTICAS (POLTICAS) DE VIDA


DE LOS SUBALTERNIZADOS
En tercer lugar, creemos que la nocin de extractivismo no le hace jus-
ticia a los pueblos indgena-originario-campesinos del mundo, subal-
ternizados, quienes desde hace milenios basan la reproduccin de sus
vidas en complejas relaciones entre Hombre y Naturaleza, y en donde
la extraccin de medios de vida tiene una importancia central en la
reproduccin material y espiritual de sus formas de vida, sustentadas
sobre territorialidades fsicas y simblicas.
Para los grupos/clases sociales/etnias/pueblos/nacionalidades que
fueron subalternizados en la conformacin del sistema mundo capita-
lista moderno-colonial, la caracterizacin del extractivismo como algo
negativo es, en lo mnimo, muy problemtica. La lgica extractivista
comn al mundo campesino/indgena implica una relacin distinta
con el agua, el sol, la lluvia, el viento, el aire, la tierra/suelo, confor-
mando comunidades de vida, donde no se separa espritu de materia,
naturaleza de cultura, sujeto de objeto, pares dicotmicos que aqu
destacamos para dialogar con la matriz de racionalidad logocntrica,
impuesta por el eurocentrismo al mundo con su ciencia/tcnica fun-
dada en el paradigma falocrtico de dominacin diseminado con sus
prcticas capitalistas burguesas/gestoriales.

4 No que las polticas pblicas de desarrollo de los llamados gobiernos progresistas


no sean cuestionables en muchos sentidos, pero condenarlos como extractivistas, es
olvidar la continuidad histrica y geogrfica de muchos males del capitalismo mun-
dial, como veremos.

187
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Desde esta perspectiva, condenar el extractivismo, bajo una vi-


sin productivista, es condenar la largusima historia de los pueblos
de la humanidad, que supieron vivir creativamente con la extraccin
de medios de vida, que les ofreca/ofrece la naturaleza. Por ejemplo,
los campesinos de la selva amaznica brasilera, conocidos como se-
ringueiros, nos ofrecen una perspectiva terico-poltica y prctica
distintas, habiendo incluso protagonizado una de las ms creativas
propuestas de unidad territorial que designaron de manera positiva:
Reservas Extractivistas. La Reserva Extractiva es una unidad terri-
torial que abriga varias familias que combinan el uso familiar y el
uso comn de las condiciones materiales de existencia, incluso de su
reproduccin.
Al afirmar el extractivismo los seringueiros nos brindan una pers-
pectiva distinta para la relacin que mantienen con los diversos ele-
mentos y entes de la selva y de los ros de los cuales dependen y que
saben no producen. En fin, por ser un grupo social que se forj en
una relacin con la selva y con los pueblos indgenas saben (nueva-
mente en el doble sentido), que no producen el ltex que extraen de
la seringueira (hevea brasiliensis), lo mismo con la castaa de Brasil
(bertholettia excelsa) y centenas de frutos y resinas, de los cuales de-
penden para su alimentacin, o para hacer sus remedios, o para hacer
sus habitaciones, o para religarse entre s (re-ligarse/religin) con sus
ceremonias o, incluso para brindarse un sentido esttico con sus orna-
mentos, en fin, prcticas sin las cuales la vida no tiene sentido.
Estos pueblos, por tanto, saben (saber/conocimiento y saber/
sabor-corpreo), que por ser recolectores, cazadores, pescadores, en
fin, extractores, dependen de la productividad biolgica primaria, esto
es, dependen de la manera como creativamente con su saber extraen/
producen sus medios de vida. No son productores en el sentido que la
sociedad capitalista moderno-colonial atribuye. Por el contrario, por
ser extractivistas saben que dependen de la reproduccin de la vida y
de todo lo que no producen para existir.

***

Hemos visto como la nocin de extractivismo, de moda en la lti-


ma dcada en la regin entre sectores que se consideran crticos al
capitalismo, no solo presenta vaguedades, si se le escruta desde los
mejores legados de la teora social crtica, sino que adems se presta
para confusiones maniqueas, como las de condenar un gobierno/pas/
regin como extractivista, como si el discurso y prctica productivis-
ta, incluso de tecnologa de punta, no fuera quien promueve, susten-
ta y legitima, la constante, progresiva e intensiva explotacin de la

188
Milson Betancourt Santiago, Carlos Walter Porto-Gonalves

naturaleza. Intelectuales y polticos de pases como Alemania, Japn,


Francia, miran con desprecio al mal llamado tercer mundo, supuesta-
mente subdesarrollado y dependiente del extractivismo, como si sus
economas productivistas sustentadas con las tecnologas ms mo-
dernas (celulares, aviones, naves espaciales, frmacos, automviles),
que incluso se atreven a llamar de producciones limpias o desmate-
rializadas, no presionaran (con ejrcitos legales o ilegales, tratados y
polticas internacionales de comercio) la intensificacin permanente
de la explotacin de la naturaleza incluso en sus propios territorios
nacionales.
En esta ruleta de prejuicios y dicotomas, muchas veces se su-
man activistas e intelectuales crticos de nuestra regin, que como
Gudynas (2012) hablan del vuelco extractivista de los ltimos aos
de la izquierda criolla, resaltando novedades en procesos que en ver-
dad tienen una larga historia, y que tan solo son la continuidad de
otros procesos ms profundos en los que el mundo entero se ha visto
sometido a la lgica productivista infinita del capitalismo que prome-
te desarrollo, progreso, crecimiento infinito, en un mundo muy finito,
y del que miles de pueblos que supieron vivir durante milenios crea-
tivamente con el extractivismo, hoy son arrollados mejor sera decir
(des)arrollados por el productivismo incesante de los ltimos siglos,
y sus siempre modernas tcnicas y territorialidades desacralizadas,
hacindoles sentir en sus cuerpos a estos hombres y mujeres subalter-
nizados, la finitud (escasez de agua, suelos, aire) de este mundo.
Por estas razones, o desde estos tres ejes crticos, consideramos
que la nocin de extractivismo, no le hace justicia ni a la historia de
la humanidad, ni a los grupos-clases sociales/etnias/pueblos/naciona-
lidades que vienen siendo vctimas de los procesos de despojo y de-
vastacin que produce el capitalismo desde hace ms de quinientos
aos, y que desde entonces se encuentran en permanente expansin/
invasin y profundizacin, aunque de manera social y geogrficamen-
te diferenciada.

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190
RUPTURA EPISTMICA,
DEFENSAS DE LO COMN
Y JUSTICIA AMBIENTAL EN
LA ECOLOGA POLTICA
LATINOAMERICANA
Horacio Machado Aroz

AMRICA LATINA Y LA ECOLOGA


POLTICA DEL SUR. LUCHAS DE
RE-EXISTENCIA, REVOLUCIN EPISTMICA
Y MIGRACIN CIVILIZATORIA 1

1. A MODO DE INTRODUCCIN: UNA REFLEXIN SOBRE LA


NOCIN DE CRISIS ECOLGICO-CIVILIZATORIA

El concepto de progreso debe ser fundamentado en


la idea de catstrofe. Que las cosas continuen as
es la catstrofe

Walter Benjamin, 1921.

Vivimos un tiempo en el que el smbolo de nues-


tra relacin con el mundo es el tipo de guerra que
los Estados Unidos hacen hoy con los drones
Nosotros, todos, estamos hoy en una relacin

1 Al momento de hacer la revisin final de este texto, Facundo Martn me comu-


nic la dolorosa noticia de la partida de Hctor Alimonda, un maestro generoso y
ejemplar en la creacin de condiciones de posibilidad del conocimiento como prc-
tica comn y hacer colectivo. Fue Hctor quien me invit a integrar por primera
vez el Grupo de Trabajo de Ecologa Poltica de CLACSO, que organiz y coordin
durante mucho tiempo, un espacio que result a la postre clave para la maduracin
de las ideas que ac expongo. En agradecimiento a su calidez humana y a su legado
cientfico, quiero dedicar este pequeo trabajo a su memoria.

193
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

con el mundo cuyo smbolo es el drone... O sea,


no se ve (no sentimos) la desgracia que estamos
produciendo

Eduardo Viveros de Castro, 2014.

Aunque parezca un tema ya demasiado trillado (y precisamente por


eso), nos parece necesario tomar como punto de partida una elemen-
tal reflexin sobre la nocin de crisis ecolgico-civilizatoria. Porque,
en este momento de la historia, reflexionar sobre el sentido de la crisis
es hacer un ejercicio crtico contra lo que, desde el centro del sistema,
se busca instalar como efecto de verdad; a saber, la banalizacin de la
crisis, su vaciamiento; en definitiva, su completa naturalizacin.
En efecto, no cabra pasar por alto que, a diferencia de los aos
setenta, cuando la conciencia de la crisis irrumpa en la agenda pol-
tica mundial, hoy habitamos y convivimos con un escenario de cats-
trofes naturalizadas. La propia nocin de colapso ecolgico no espanta
ni conmueve a nadie. De Estocolmo/1972 a Pars/2015, hemos presen-
ciado la expansin, institucionalizacin y sedimentacin del discurso
eco-tecnocrtico por todo el universo hegemnico de sentidos y prc-
ticas. As, las cumbres mundiales por el cambio climtico, por la crisis
de la biodiversidad, por la lucha contra la desertificacin, etc., se
sucedieron a la par del incremento de la prdida de bosques nativos
y la erosin de los suelos, la proliferacin e intensificacin del uso de
sustancias txicas y de efluentes contaminantes, la aceleracin de los
volmenes de extraccin de bienes naturales, etc. Las campaas con-
tra el hambre se multiplicaron paralelamente al crecimiento incesan-
te de las superficies monocultivadas, de la toxicidad agroalimentaria,
de las tasas de desnutricin y malnutricin y de los miles de toneladas
de alimentos que ao a ao se pierden y tiran como desechos.
A treinta aos de su irrupcin, hay que admitir que el artefac-
to semitico-poltico creado por el Informe Bruntland, la nocin de
desarrollo sustentable, se ha mostrado letalmente eficaz para la
coagulacin de toda iniciativa que seriamente procure afrontar la
crisis. Desde entonces a esta parte, la apelacin cuasi-religiosa a la
sustentabilidad ha invadido absolutamente todos los espacios de la
vida social, desde los grandes mbitos institucionales de la poltica, la
economa, la cultura hasta en los ltimos rincones de la vida cotidiana
contempornea.
La recolonizacin del mundo verificada bajo el culto oficial de la
ecoeficiencia y la modernizacin ecolgica (Martnez-Alier, 2004) ha
dado lugar a una drstica re-creacin capitalista de la naturaleza; asis-
timos a la instauracin de un nuevo rgimen de naturaleza-capitalista

194
Horacio Machado Aroz

3.0; eso es precisamente la Era del Capitaloceno, en su fase final.


Mientras que, por un lado, no hay prcticamente producto o servicio
que se ofrezca en el mercado que no lleve una etiqueta o certificado
verde, por el otro, se observa la proliferacin de los mecanismos
de mercantilizacin de la Naturaleza, la intensificacin de la com-
petencia geopoltica por la apropiacin y el control de recursos,
la securitizacin y militarizacin de los territorios, la aceleracin
de la carrera cientfico-tecnolgica por la creacin de innovaciones
extractivas aptas para la explotacin de recursos crticos en condi-
ciones extremas. En suma, nos hallamos ante la profundizacin de
polticas y dispositivos de expropiacin/segregacin racista/clasista/
sexista de las poblaciones de sus medios naturales de vida. Y sin
embargo, estas nuevas, diversificadas y extremas formas de repro-
duccin del imperialismo ecolgico y el racismo ambiental, no es-
candalizan a nadie.
Esto nos sita frente a la especificidad histrica que reviste el
sentido de crisis ecolgico-civilizatoria en nuestros das: el hecho de
que los procesos de depredacin de la naturaleza involucran una afec-
tacin crtica de los organismos humanos vivientes; no slo por refe-
rencia a los impactos oncolgicos de un ambiente generalmente de-
gradado e intoxicado, sino sobre todo, en relacin a las implicaciones
ontolgicas que el acto de depredar produce sobre lo humano como
tal. Queremos decir que la depredacin (como prctica generalizada
de relacionamiento) de la Naturaleza no es inocua para el gnero hu-
mano; produce un efecto drstico de erosin de la humanidad de lo
humano; un proceso de in-humanizacin/des-humanizacin.
Es clave entender que la destructividad inherente al sociometabo-
lismo del Capital no tiene efectos e impactos slo a nivel de los proce-
sos macro-geopolticos y biosfricos de la Tierra, sino tambin, decisi-
vamente, a nivel micro-biopoltico, en las estructuras ms elementales
de la percepcin y la sensibilidad de los cuerpos. Vale decir, la capa-
cidad performativa que la dinmica sociometablica del Capital tie-
ne y ejerce sobre la estructuracin de los organismos humanos vi-
vientes constituye un elemento central para entender la naturaleza
de la crisis, su real envergadura como crisis ecolgico-civilizatoria;
en definitiva, para procurar comprender qu nos est pasando como
especie, como comunidad biolgica que por su propio proceso geol-
gico y ontogentico de constitucin adquiri y ejerce como atributo
histrico-especfico la capacidad de direccin y disposicin general
de la historia de la Vida en la Tierra.
Y lo que nos pasa es que la vertiginosa aceleracin del sociome-
tabolismo del Capital experimentada durante las ltimas cinco dca-
das, no slo ha involucrado un agravamiento drstico de los soportes

195
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

y procesos materiales de la vida en el planeta, sino que tambin ha


provocado profundos efectos ecobiopolticos a nivel de las sensibilida-
des humanas. Como consecuencia, se ha terminado instaurando un
nuevo rgimen de (in)sensibilidad social que hace parte clave de los
mecanismos y dispositivos de devastacin generalizada de la vida en
el planeta. As, el aspecto determinante de la crisis hoy, pasa por cmo
la vivimos, por cmo la experimentamos a nivel de nuestra sensibi-
lidad orgnico-corporal-espiritual. Ms peligroso y ms grave que la
propia destructividad del capitalismo, es su capacidad para moldear
subjetividades cuyas estructuras perceptivas, sensoriales y cogniti-
vas2 resultan completamente incapaces de sentir el deterioro objetivo
de las fuentes y procesos de vida al que se hallan insoslayablemente
expuestas.
Situados en esa perspectiva y en ese marco, la nocin de crisis
ecolgico-civilizatoria alude especficamente al profundo estado de
anestesiamiento ecobiopoltico en el que se encuentran sumidos vastos
individuos de la especie humana (especialmente, los habitantes de las
grandes urbes y las zonas dichas desarrolladas del mundo), para los
cuales pasa absolutamente desapercibido cmo el sistema de produc-
cin de mercancas/deseos se erige y funciona sobre el aplastamiento,
subsuncin y fagocitosis del sistema-de-Vida-en-s.
As, en el siglo XXI, tras cinco siglos de aventuras imperiales, el
capitalismo ha devenido en rgimen exterminista. El devenir Mundo
del Capital ha desembocado en la instauracin de una sociedad de
drones, donde matamos sin ver y destruimos sin sentir. Eso es, en
rigor, crisis ecolgico-civilizatoria: crisis del sentido de la Tierra y
del sentido de los cuerpos. La (presuntamente) ilimitada carrera de
conquista, explotacin, mercantilizacin de la Tierra ha avanzado
destruyendo los capilares ms delicados de nuestra sensibilidad vi-
tal; y ha terminado colonizando los sustratos motivacionales ms
profundos de la subjetividad. La Era del Capitaloceno seala jus-
tamente una era geolgica dominada por una especie especialmen-
te discapacitada para sentir y percibir los flujos y requerimientos de
la Vida-en-s. Somos crecientemente incapaces de sentir lo que nos
est pasando, pero tambin crecientemente incapaces de responder
por el sentido de nuestra existencia. El proceso de (in)civilizacin ha
ido haciendo de lo humano una especie extremadamente peligrosa:
peligrosamente insensible ante el dolor, el sufrimiento y la devas-
tacin de la Vida.

2 Para una aproximacin a los fundamentos tericos de esta perspectiva sobre los
cuerpos/emociones, vase Scribano (2009; 2013; 2016).

196
Horacio Machado Aroz

2. RACES DE LA CRISIS: LA ENTIDAD AMRICA COMO


PRINCIPIO DEL CAPITALOCENO

El descubrimiento de la Amrica y el del paso a las


Indias Orientales por el cabo de Buena Esperanza
han sido los dos sucesos ms importantes y gran-
des que se encuentran en la historia del mundo.
Sus consecuencias han sido ya muy considerables;
pero es todava un perodo muy corto el de los dos
o tres siglos que han pasado para haberse experi-
mentado y advertido todas ellas. Qu beneficios,
o qu daos puedan resultar en el futuro para la
humanidad de estos dos admirables sucesos, no
hay previsin humana que pueda penetrarlo
Adam Smith, La riqueza de las Naciones, 1776.
El descubrimiento de Amrica es lo que anuncia y
funda nuestra identidad presente Todos somos
descendientes directos de Coln

Tzvetan Todorov, La conquista de Amrica, 1982.

Tanto como realidad biofsica (su flora, su fauna,


sus habitantes humanos, la biodiversidad de sus
ecosistemas) como su configuracin territorial (la
dinmica socioterritorial que articula significativa-
mente esos ecosistemas y paisajes) [la naturaleza
americana] aparece ante el pensamiento hegem-
nico global y ante las lites dominantes de la regin
como un espacio subalterno, que puede ser explo-
tado, arrasado, reconfigurado, segn las necesida-
des de los regmenes de acumulacin vigentes. A lo
largo de cinco siglos, ecosistemas enteros fueron
arrasados por la implantacin de monocultivos
de exportacin. Fauna, flora, humanos, fueron
vctimas de invasiones biolgicas de competido-
res europeos o de enfermedades. Hoy es el turno
de la hper minera a cielo abierto, de los mono-
cultivos de soja y agrocombustibles con insumos
qumicos

Hctor Alimonda,
La colonialidad de la Naturaleza, 2011.

197
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Para avanzar en el esclarecimiento de la nocin de crisis civilizato-


ria es fundamental reconocer que, antes que un concepto cientfico,
estamos frente a un enunciado poltico de los pueblos originarios.
Antes que el mundo acadmico empezara a pensarla como tal, la
cuestin de la insustentabilidad de la civilizacin llamada moder-
na, aparece primero como una constatacin emergente de la propia
historia de re-existencia (Porto-Gonalves, 2002) de los pueblos y
grupos sociales que sufrieron en carne propia la violencia colonial
del Capital; (violencia sta inseparablemente clasista, racista y pa-
triarcal que se halla en su sustrato ms profundo, como principal
fuerza productiva).
Fueron las agro-culturas pre-existentes y re-existentes a la violen-
cia imperial de Occidente las que primero sufrieron y plantearon el
carcter intrnseco y estructural de las conexiones entre capitalismo,
colonialismo, patriarcado y depredacin imperialista de la Naturaleza.
Para ellas, la idea de crisis civilizatoria enuncia la inviabilidad mani-
fiesta de una (in)civilizacin que ha nacido del genocidio/epistemi-
cidio; una civilizacin que ha construido toda su institucionalidad
como efecto y resultado de prcticas eco-genocidas, y que, en base a
ellas, se ha expandido, se ha mundializado, se sostiene y se impone
como modo de vida pretendido nico/superior.
En tal sentido, 1492 marca el inicio de ese derrotero histrico. El
grito Tierra! atribuido al navegante hispano Rodrigo de Triana
fue en un estricto sentido histrico el primer grito propiamente
moderno; el grito inaugural de la civilizacin del capital Y se trat
justamente de un grito de guerra. Porque a los ojos del conquistador, la
nocin de Tierra pierde ya toda connotacin mtico-religiosa, sagra-
da, filosfica, incluso hasta carente de toda complejidad como entidad
geolgica viviente, para pasar a ser re-presentada como mero objeto.
A partir de entonces, la Tierra toda y la inmensa diversidad de sus
componentes y habitantes, empezar a ser predominantemente vista,
concebida y tratada como simple recurso, objeto de conquista y de
explotacin; como botn de guerra a depredar.
El drstico proceso de desencantamiento/racionalizacin del mun-
do analizado por Weber como factor clave de la Modernidad, tiene
ah, en la descomunal empresa de invasin, conquista y colonizacin
de la naturaleza americana su primer acto decisivo de irrupcin y ma-
nifestacin histrica. Mucho antes de que este modo representacional
fuera explicitado y sistematizado como concepcin filosfica, ms de
un largo siglo antes de la publicacin de Novum organum (Bacon,
1620) y de El discurso del Mtodo (Descartes, 1637), la objetuali-
zacin (mercantilizacin/militarizacin) de la Naturaleza emerge pri-
mero como prctica poltica del conquistador.

198
Horacio Machado Aroz

Visto retrospectivamente, se puede apreciar con ms claridad el


profundo sentido premonitorio de las reflexiones de Adam Smith so-
bre el sentido y las implicaciones polticas del descubrimiento de
Amrica. Hoy, un par de siglos posteriores a l, nos permiten constatar
hasta qu punto la naturaleza americana fue efectivamente la materia
prima bsica a partir de la cual se fragu realmente la constitucin
histrica del Nuevo Mundo, esto es, no apenas la entidad Amrica
ni slo Europa, sino ya del Sistema-Ecologa-Mundo como totalidad
hegemnica globalizada (Moore, 2003, 2013; Quijano y Wallerstein,
1992; Porto-Gonalves, 2003). Sin exageracin alguna, esa tal naturale-
za americana debe ser comprendida como el origen histrico-geogrfico
y el principio epistmico-poltico constituyente y desencadenante de la
Era del Capitaloceno, en la cual ya hoy, nos sabemos y reconocemos in-
mersos. Y ac, cuando hablamos de Capitaloceno como Era geolgica,
estamos aludiendo a los efectos de larga duracin de un nuevo rgimen
de relaciones sociales (por tanto, rgimen de verdad, de naturaleza y de
subjetividad) surgido en Amrica, y moldeado en base a la guerra como
matriz estructural de relacionamiento con el mundo.
Es que efectivamente, la conquista de la naturaleza americana
inaugura una Era histrica signada por (la mundializacin de) la
guerra. El 12 de octubre de 1492 tiene lugar el desencadenamiento
formal, oficial de la Primera Guerra Mundial, en estricto rigor histri-
co-geogrfico, la nica guerra propiamente mundial; guerra sta que
tiene fecha de inicio, pero que se extiende hasta nuestros das. Porque
precisamente el Capitaloceno significa eso: un tiempo geolgico don-
de la historia es concebida y producida como guerra infinita; como
guerra perpetua. Una guerra de conquista. Una guerra, en primer
trmino, contra las mujeres, cuidadoras de la Vida (Federici, 2015),
contra el campesinado (Marx, 1857; Thompson, 1984; Polanyi, 2003;
Bartra, 2006), los pueblos originarios de Abya Yala, de frica y de
Asia (Wolf, 1987; Williams, 1975). Una guerra, en definitiva, contra las
agro-culturas: los modos de vida que brotan de su vnculo de cuidado
de y con la Madre Tierra Una guerra contra la Madre Tierra y contra
sus hijas/os ms prxima/os.
Una vez avistada la primera isla del Caribe, se echa a andar toda
una maquinaria de apropiacin, saqueo, conquista y (sper-)explo-
tacin desenfrenada sobre los territorios y cuerpos de las poblacio-
nes otras, que va a servir de suelo simblico y material (fundamen-
to epistmico-poltico y soporte econmico-energtico) para todo el
posterior sobreviniente proceso de eurocentramiento del mundo, de
irrupcin y despliegue del capitalismo, de mundializacin del colonia-
lismo y del patriarcado, de reconfiguracin general de los usos de la
Tierra y los seres vivientes todos y, en definitiva, de alteracin drstica

199
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

de los flujos energticos y los procesos socioecolgicos en su conjun-


to, que es lo que, en definitiva, termina consagrando a Occidente
el modo de vida imperial (Brand, 2015) como modelo civilizatorio
hegemnico, y a su gravosa contracara: la crisis ecolgica global/ter-
minal (crisis climtica, hdrica, energtica, alimentaria/sanitaria, de
la biodiversidad).
La invasin y conquista de la naturaleza americana da lugar,
as, a una nueva geo-grafa epistmica y poltica, donde el mundo es
hegemnicamente representado y concebido como mero teatro de
operaciones. Los mapa-mundi modernos, sern, de ah en ms, arte-
factos eminentemente militares, instrumentos donde, ya los Estados
o las Corporaciones, reflejarn y se disputarn por va de la guerra
comercial, o directamente armada el poder de apropiacin, con-
trol, disposicin y explotacin de los recursos, sean stos humanos o
extra-humanos. Esa nueva geografa es, correlativamente, la de una
nueva concepcin histrica, donde el tiempo pasar a considerar-
se tambin como una variable de la guerra. Se inaugura el tiempo
donde toda la vasta diversidad cultural de la(s) historia(s) de la hu-
manidad es brutalmente reducida a una nica Historia Universal.
Concebida en clave unilineal y evolucionista, esa dicha historia uni-
versal ser tambin reducida a una mera historia militar, en la que la
supremaca de lo humano y de las culturas se juega y se resuelve en
los campos de batalla.
A decir verdad, en Amrica y con Amrica acontece un salto de es-
cala y una transformacin cualitativa sustancial de una prctica gue-
rrera que, en realidad, haba empezado a hacerse el modo dominante
de relacionamiento al interior de las sociedades europeas hacia fines
de la era medieval. Como puede verse en mltiples investigaciones
histricas, la crisis del feudalismo y la subsecuente transicin hacia el
capitalismo fue dinamizada por la generalizacin e intensificacin de
las prcticas de guerra como forma dominante de apropiacin del ex-
cedente agrcola, y de articulacin del comercio como medio de finan-
ciamiento de los gastos militares (Braudel, 1961; Wallerstein, 1974;
Wolf, 1987; Tilly, 1990; Moore, 2003; Sassen, 2010).
Tal como lo analizara Marx, la llamada acumulacin originaria
momento fundacional de la nueva (necro)economa del Capital, cons-
tituye en realidad un proceso de generalizacin e institucionalizacin
de este tipo de prcticas. Luego, los anlisis de Rosa Luxemburgo (1912)
ampliados y complementados por estudios como los de Webb
(1964), Wallerstein (1980; 1988), Wolf (1987), Harvey (2004), Federici
(2015) permitiran constatar que, en realidad, la apropiacin violen-
ta de los medios de vida de poblaciones inferiorizadas como recur-
so para la realizacin de circuitos de valorizacin abstracta no fue

200
Horacio Machado Aroz

apenas la condicin inicial, sino un requisito estructural y continuo


de la configuracin y expansin histrica del capitalismo, desde el
siglo XV hasta nuestros das.
Pero en todo caso, esa llamada acumulacin originaria como
el propio Marx lo aclara3- no empez en Inglaterra en el siglo XVII.
Quienes primero tomaron la delantera en el recurso sistemtico a la
guerra como medio de acumulacin fueron los reinos ibricos. No
casualmente, la expansin colonial (y la subsecuente formacin de las
instituciones modernas) es iniciada por Portugal y Castilla, que eran,
predominantemente, Estados depredadores, que vivan de los recursos de
la Espaa musulmana (Wolf, 1987: 138). Esa prctica predatoria, la
intensificacin de la guerra contra el campesinado, desemboc en una
profunda crisis socioecolgica signada por las grandes hambrunas y
pestes que asolaron cclicamente a las poblaciones europeas entre el
1300 y el 1400 y cuya solucin, en definitiva, forz la configuracin
de una nueva economa, una (necro)economa de fronteras abiertas
(Webb, 1964; Moore, 2003): La salida a la crisis (del feudalismo) era
descubrir nuevas fronteras [] (Ello) exiga un aumento en la escala e
intensidad de la guerra: un aumento en la produccin de armamentos
y barcos, en el entrenamiento de soldados y marineros y en el finan-
ciamiento de operaciones y avanzadas militares. Econmicamente,
la crisis del feudalismo se resolvi hallando, tomando y distribuyen-
do recursos existentes situados ms all de las fronteras de Europa
(Wolf, 1987: 140).
Ahora bien, con la expansin de esa guerra allende los mares,
cuando esa matriz de relacionamiento choca y se incrusta en las
Amricas, all se desencadena entonces, originariamente, la Gran
Transformacin (Polanyi, 2003): transformacin dramtica y gravosa
relativa a la puesta en marcha del Capitaloceno. As, en las races del
Capitaloceno lo que tenemos son las revoluciones (en realidad, invo-
luciones) epistmica, econmico-poltica y ecolgica que se verifican
como medio, producto y consecuencia de la empresa de conquista,
colonizacin y explotacin de la naturaleza americana.
En primer trmino, la conquista de Amrica marca los orgenes
de una revolucin epistmica que fraguar en la configuracin del

3 El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de Amrica, la cruzada de


exterminio, esclavizacin y sepultamiento en las minas de la poblacin aborigen,
el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversin del
continente africano en cazadero de esclavos negros: son todos hechos que sealan los
albores de la era de produccin capitalista. Estos procesos idlicos representan otros
tantos factores fundamentales en el movimiento de la acumulacin originaria. (Marx,
Karl, 1977: 683. En este caso, es muy relevante aclarar que el resaltado est as en el
original).

201
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

aparato cientfico-tecnolgico moderno. El hallazgo de la naturale-


za americana provocar un efecto de desestabilizacin determinante
del sistema cosmovisional medieval-europeo. Bajo el molde repre-
sentacional y motivacional que concibe la Naturaleza como botn de
guerra, se abre paso en la historia un nuevo rgimen de verdad (y de
Naturaleza), producto de un proceso ascendente de cosificacin, ob-
jetualizacin, mercantilizacin y cientifizacin de la Naturaleza que
llega hasta nuestros das.
La concepcin antropocntrica, instrumental, utilitarista y ex-
tractivista/depredadora de la Naturaleza que a posteriori se constituye
como la forma hegemnica y propiamente moderna de representa-
cin (produccin) de la Naturaleza, no es producto de una racionali-
dad universal abstracta, ni el hallazgo de una cultura superior, sino
que es expresin de una matriz de relacionamiento epistmico-pol-
tica con la Naturaleza, histricamente emergente de una racionali-
dad concreta, inherente a y corporizada en las prcticas sociales que
protagonizaron los conquistadores en el territorio americano, como
medio, acto y efecto de su proceso de conquista y explotacin.
Van a ser, de tal modo, el originario impacto sensorial de la natu-
raleza americana sobre la mirada del conquistador, y la subsecuente
configuracin perceptual-libidinal de aquella as percibida/concebi-
da como una tierra especialmente incgnita, llena de tesoros ocultos
e inagotables por descubrir y explotar, por conquistar y saquear los
vectores decisivos en funcin de los cuales se fraguar en definitiva la
nocin propiamente moderna de la Naturaleza.
As, en el territorio americano a lo largo del siglo XVI, tiene lugar
la transubstanciacin de la figura del conquistador en la del cientfico4.
Ese momento signa el locus histrico-geogrfico donde acontece la
crucial re(in)volucin epistmica que da origen a la ciencia moderna.
El sistema cientfico moderno, su estructura epistmica y metodol-
gica, la particulacin y fragmentacin sistemtica de la realidad en
las distintas disciplinas cientficas, todo eso se realiza no antes, sino
paralelamente, como efecto y medio del proceso real de conquista,
apropiacin, usufructo y disposicin de la naturaleza americana, de
sus tierras, de sus recursos, de sus poblaciones y de los conocimientos

4 Como seala el historiador de la ciencia Peter Bowler, a largo plazo, los descu-
brimientos hechos en Amrica y Asia fueron los que ejercieron los efectos ms pro-
fundos en la [constitucin de la] ciencia europea. Asimismo, no hay que perder de
vista que los hombres que partieron a colonizar Amrica y la India, no eran ilustra-
dos, sino comerciantes [y mercenarios] que partan en busca de ganancias. Al final,
su manera prctica de percibir la naturaleza tendra un efecto sobre el desarrollo de
la ciencia mayor an que el ejercido por los propios descubrimientos [cognitivos]
(Bowler, 1998: 55).

202
Horacio Machado Aroz

vitales de sus habitantes; y as, sucesivamente de los subsiguientes


territorios conquistados/colonizados. Desde entonces, todas las cien-
cias, entre ellas la historia natural, seran revolucionadas cuando los
nuevos imperios comerciales [-militares] empezaran a demandar una
ideologa que presentara a la naturaleza solamente como un sistema
material a ser explotado (Bowler, 1998: 55).
La formacin del espritu cientfico y del aparato cientfico-tec-
nolgico moderno, que tiene lugar a partir de los descubrimientos
imperiales (de Sousa Santos, 2003), se despliegan como parte del
ms general proceso de desarrollo, institucionalizacin, complejiza-
cin y sofisticacin de las formas, las prcticas y las tecnologas de
la guerra, ya no slo hacia el interior de la entidad Europa, sino a
escala crecientemente mundial. Por tanto, la historia de la ciencia mo-
derna en particular, as como la historia poltica moderna en general,
es una historia de conquistadores. Es la historia (de la mundializacin)
del capitalismo-colonialismo-patriarcado.
Mercaderes y guerreros, aventureros al servicio de los primeros
agentes de acumulacin, sean stos reyes o banqueros, adelantados y
bandeirantes, fraguarn el habitus del Sujeto propiamente moderno,
no slo en tanto estructura perceptiva, cognitiva y prctica de los in-
dividuos, sino tambin en cuanto magma de relaciones sociales obje-
tivadas en la nueva trama institucional emergente en torno al Estado-
Nacin, las grandes empresas o compaas privadas, y las primeras
organizaciones cientficas. De all en ms, ser este trpode de poder,
surgido de la articulacin entre Ciencia-Estado y Capital el que se
arrogar el monopolio de la apropiacin y disposicin (ya cientfica,
ya legal, ya eficiente) de la Naturaleza; tanto de la naturaleza ex-
terior (como fuentes energticas, metales preciosos y otros minerales,
cursos de agua, bosques, hierbas, plantas, animales y sus derivados;
biodiversidad en general), como de la naturaleza interior (organismos
humanos vivientes, fuerza de trabajo, recursos cognitivos, sociales y
organizacionales de las poblaciones humanas).
Ahora bien, cabe aclarar que con estos procesos no slo acontece
un cambio radical en la episteme dominante, en los sistemas cogni-
tivos, axiolgicos y los instrumentos de representacin del mundo;
no slo tiene lugar el despliegue de toda una nueva institucionalidad
(la formacin de los Estados territoriales modernos, y con ellos, la
ingeniera jurdica que brinda el soporte para la estructuracin de la
acumulacin capitalista) que modificar radicalmente la vida social
de las poblaciones humanas. Tambin, a partir de entonces como
dimensin intrnseca a tales procesos, tendr lugar un fenomenal
cambio socioecolgico a escala global, que alterar de modo drsti-
co y duradero el funcionamiento general de la Bisfera terrestre, en

203
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

cuanto totalidad sistmica viviente. La conquista y el saqueo de la


naturaleza americana llev aparejada una profunda alteracin de los
flujos energticos y geometablicos de dimensiones ya planetaria. Se
empieza a configurar ah, en un estricto sentido material, un nuevo
rgimen de Naturaleza.
Como seala Jason Moore, el surgimiento del capitalismo en el
largo siglo XVI (C. 1450-1640) marc un punto de inflexin en la
historia de la relacin de la humanidad con el resto de la Naturaleza
(2013: 10). La expansin transatlntica signific la globalizacin de
una economa predatoria; inaugur la Gran Frontera de los terri-
torios/cuerpos coloniales ahora transformados en vastas reservas de
trabajo, alimento, energa y materias primas a las fauces de la acu-
mulacin global de capital (Moore, 2013: 13). Ello, a su vez, no slo
signific la drstica alteracin de los sistemas socioculturales, econ-
micos y polticos de las naciones arrasadas, sino que tambin invo-
lucr dramticas transformaciones socioecolgicas que ya dejan de
ser exclusivamente locales, o regionales, y que pasan a tener alcances
verdaderamente mundiales y de larga duracin.
El despliegue del colonialismo, del capitalismo en su fase em-
brionaria, mercantil, da lugar a una drstica transformacin de la
Ecologa-Mundo, a un fenomenal cambio sociometablico a escala
mundial. La explotacin de los yacimientos de metales preciosos en las
Amricas impulsa el crecimiento exponencial del comercio exterior y
alimenta el financiamiento de la guerra. La explotacin del Cerro Rico
del Potos permiti la expansin progresiva de los regmenes agrcolas
de plantaciones que se fueron extendiendo a lo largo del globo, provo-
cando as grandes cambios socioecolgicos tanto a escala local, como
regional e incluso global (Moore, 2010). La plata bsicamente extrada
del Potos entre 1545 y 1700 provey el grueso de la base monetaria de
todo el emergente sistema econmico mundial; ms que eso provey
las bases materiales y motivacionales constituyentes de toda la ins-
titucionalidad y las subjetividades modernas (Machado Aroz, 2012;
2014). La Revolucin Mineral del Potos antecede a la Revolucin
Industrial y a la Revolucin Francesa como hitos constituyentes de la
moderna Era del Capitaloceno. Con ella, se verifica una fuerte acelera-
cin de las tasas de extraccin de nutrientes, transformaciones en los
usos de los suelos, en las modalidades de apropiacin y disposicin de
los bienes naturales, una expansin de la escala geogrfica de las acti-
vidades econmicas en general, alimentada por la sistemtica expan-
sin de las fronteras de extraccin de materias primas y el incremento
febril de los recursos socioterritoriales mercantilizados.
Asimismo, la expansin e intensificacin de la esclavitud asociada
al rgimen de plantaciones constituye de por s un hito de gravsimas

204
Horacio Machado Aroz

consecuencias socioecolgicas de larga duracin. Por algo, algunos


autores lo signan como la Era del Plantacionoceno5, en tanto prime-
ra fase del Capitaloceno. La extensin superficial de hasta entonces
inslitos regmenes de monocultivos destinados a abastecer no ya los
requerimientos vitales-energticos de las poblaciones locales, sino la
voracidad del comercio mundial marca la mundializacin de la frac-
tura metablica entre economas imperiales y colonias, como base de
la fisiologa del Capital. La revolucin mineral del Potos y la expan-
sin del sistema de plantacin en base al trabajo esclavo da lugar a la
mundializacin del extractivismo, entendido ste no apenas como un
tipo particular de actividades econmicas, ni slo como un modo de
produccin propio de ciertas economas localizadas (las economas
coloniales), sino ya como la estructura geometablica del Capital a es-
cala mundial, el conjunto de arreglos institucionales y geogrficos que
configuran las condiciones estructurales de posibilidad de la acumu-
lacin capitalista a escala mundial (Machado Aroz, 2015a; 2015b).
Bajo la modalidad y dinmica del extractivismo se fue extendien-
do sucesivamente el cultivo de caa de azcar en las Islas Azores,
luego en el nordeste brasileo, Centroamrica y el Caribe. El mismo
proceso, en otras geografas, prosigue con el algodn, el tabaco, el
cacao, la produccin cerealera, la extraccin de lana, cueros, etc. Se
expande un ciclo de explotacin-agotamiento y conquista de nuevas
fronteras extractivas para actividades ya desde el principio diseadas
como exclusivamente mercantiles: maderas y bosques, minerales, gra-
sas y pieles de animales silvestres, agricultura en general, ganadera,
actividades pesqueras, apropiacin de fuentes de agua y modificacin
de regmenes hidrolgicos enteros; en fin, incremento e intensifica-
cin de los requerimientos energticos de las actividades humanas
que significaron la ampliacin continua de las fronteras extractivistas.
En definitiva, la columna vertebral de la historia ambiental (por tan-
to, econmica y poltica) de la Modernidad ha sido ya magistralmente

5 Donna Haraway plantea que el sistema de siembra basado en el trabajo esclavo


fue el modelo y motor de los sistemas de produccin basados en las mquinas devo-
radoras de carbono, que son frecuentemente citados como punto de inflexin para
el Antropoceno (Haraway, 2016: 18). Antes, en el captulo 2 de Las Venas Abiertas
de Amrica Latina, Eduardo Galeano introduce dos subttulos muy sugestivos, uno:
El azcar era el cuchillo y el imperio el asesino; y el otro: Gracias al sacrificio
de los esclavos en el Caribe, nacieron la mquina de James Watt y los caones de
Washington. Asimismo, Jason Moore cuestiona que se ponga a andar el reloj del
Capitaloceno desde 1784, con la invencin de la mquina de vapor de James Watt,
pues, antes, el punto de inflexin de la llamada Revolucin Industrial fue el conjunto
globalizador de las relaciones relaciones de valor que se formaron durante los tres
siglos siguientes a 1450 (Moore: 2013).

205
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

resumida por Eduardo Galeano hace casi cincuenta aos6. El proceso


crucial a travs del cual el (auto)exterminio de la especie humana y el
colapso del sistema de vida en la Tierra han dejado de ser una conjetu-
ra abstracta y remota, para pasar a ser un eventualidad histrica con
cada vez ms altas probabilidad de realizarse (de continuar las cosas
as); esta fase de la historia geolgica de la Tierra ya reconocida como
Capitaloceno entendido ste, como aclara Donna Haraway (2016), no
como una nueva poca sino como un evento lmite ha tenido sus
races en la matriz de relacionamiento urdida por el conquistador, en
las tierras de Nuestra Amrica. Ha sido Amrica el punto de inicio del
proceso de subsuncin real de la Naturaleza (incluidos los cuerpos-
de-trabajadora/es) como medio de acumulacin del Capital. Ha sido
Amrica el tiempo-espacio originario de la Era de la produccin capitalis-
ta de la Naturaleza; incluida, la naturaleza (des-)humana(-nizada).

3. NATURALEZA DEL CAPITALISMO: EL CAPITALISMO COMO


FALLA SOCIOMETABLICA. IMPLICACIONES MACRO Y MICRO
ECOBIOPOLTICAS.
En el centro de la Revolucin Industrial del siglo
XVIII se encontraba un mejoramiento casi mila-
groso de los instrumentos de produccin, acom-
paado de una dislocacin catastrfica de la vida
de la gente comn. Trataremos de desentraar los
factores que determinaron las formas de esta dislo-
cacin Cul molino satnico moli a los hom-
bres en masas? Cunto dependi de las nuevas
condiciones fsicas? [] Y cul fue el mecanismo
que destruy el antiguo tejido social y por el que se
busc con tan escaso xito una nueva integracin
del hombre y la naturaleza?

Karl Polanyi, La Gran Transformacin, 1949.

6 Es Amrica Latina, la regin de las venas abiertas. Desde el descubrimiento


hasta nuestros das, todo se ha trasmutado siempre en capital europeo o, ms tarde,
norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de
poder. Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hom-
bres y su capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los recur-
sos humanos. [] La historia del subdesarrollo de Amrica Latina integra, como se
ha dicho, la historia del desarrollo del capitalismo mundial. Nuestra derrota estuvo
siempre implcita en la victoria ajena; nuestra riqueza ha generado siempre nuestra
pobreza para alimentar la prosperidad de otros: los imperios y sus caporales nativos.
En la alquimia colonial y neo-colonial, el oro se transfigura en chatarra, y los alimen-
tos se convierten en veneno. (Eduardo Galeano, 1971: 06).

206
Horacio Machado Aroz

En la llamada sociedad de consumo, la destructi-


vidad se halla institucionalizada [] Y el concepto
de destructividad est obscurecido y anestesiado
por el hecho de que la misma destruccin est uni-
da con la produccin y la productividad

Herbert Marcuse, 1979.

Des-en-cubrir el papel fundacional constituyente y sustentador que


ha ejercido y ejerce la naturaleza americana en el proceso de mun-
dializacin hegemnica del capitalismo-colonialismo-patriarcal, es
clave para avanzar en la comprensin, crtica y transformacin del
Capitaloceno. No se trata apenas de valorizar adecuadamente los
bienes y servicios ecosistmicos, ni de internalizar exhaustivamente
los costos de la destruccin y la contaminacin, como proponen los
impulsores de la Economa Verde (Fatheuer, 2014). Se trata en todo
caso de tomar conciencia de hasta qu punto la Naturaleza realmente
existente hoy, es justamente la Naturaleza producida y sobredetermi-
nada por los artefactos representacionales, tecnolgicos y productivos
del Capital (Moore, 2003; 2013; Machado Aroz, 2016). Se trata de
despejar de nuestro imaginario la ilusin fetichista de que sera posi-
ble desacoplar el engranaje de la produccin (capitalista de riqueza)
del de la devastacin (de las fuentes y formas de Vida). Pues, ambos
mecanismos forman parte inseparable del mismo molino satnico
(Polanyi, 2003: 81).
En definitiva, el modo histrico-geogrfico de la produccin capi-
talista de la Naturaleza nos devela el trasfondo perverso de la natura-
leza del capitalismo. Y, en su esencia y especificidad histrico-poltica,
el capitalismo supone la institucionalizacin de un nuevo rgimen de
relaciones sociales basado en el imperativo de la acumulacin/mer-
cantilizacin como condicin, sentido y principio de toda la existen-
cia. Con el capitalismo, la ley del valor se erige en el comando social
supremo de produccin/destruccin de la Vida como tal; humana y
extra-humana en general.
La Gran Transformacin histrico-geolgica que viene a intro-
ducir la Era del Capital-oceno es que, bajo su imperio, el sentido del
trabajo social deja de estar primordialmente orientado a la sustenta-
cin/produccin de la Vida, para pasar a funcionar de modo ntegra y
estructuralmente sub-ordinado a la lgica de la acumulacin-sin-fin y
como fin-en-s-mismo. O sea, estamos por primera vez en la Historia,
ante un rgimen de relaciones sociales que subordina el sistema de
(re)produccin de la Vida al (sub)sistema de produccin de mercan-
cas y acumulacin de valor abstracto. Esta crucial inversin en los

207
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

fundamentos de la Vida involucra no slo un trastorno catastrfico


de la materialidad de la vida, sino tambin inseparablemente una
enajenacin radical del sentido de la vida.
En este sentido, la Gran Transformacin que advierte Karl
Polanyi remite a los conceptos clave de sociometabolismo y de falla
sociometablica que John Bellamy Foster (2004) recupera y resal-
ta como categora analtica fundamental de la crtica de la economa
poltica de Marx. La nocin marxiana de metabolismo social implica
que los seres humanos como fuerza especfica de la Naturaleza pro-
ducen a travs del (sentido del) trabajo (en tanto atributo distintivo de
la especie) su propia naturaleza; tanto la naturaleza exterior (la bisfe-
ra terrquea en general como manufactura histrico-socioecolgica),
como la naturaleza interior (los organismos humanos vivientes en tan-
to entidades ecobiopolticas).
Considerado desde esta perspectiva, la nocin de falla sociome-
tablica no alude slo al trastorno que la propiedad privada provoca
en la fisiologa de los flujos materiales-energticos de (reproduccin
de) la Vida, al operar la separacin/fractura entre cuerpos (producto-
res) y territorios (medios de produccin), campo y ciudad, mundo-do-
mstico-femenino (de reproduccin de la vida) y mundo-mercantil-pa-
triarcal (de valorizacin abstracta), sociedades coloniales y metrpolis
imperiales. Ms fundamentalmente, alude a los trastornos que el Capital
produce en el proceso geolgico mismo de cosmognesis/antropognesis.
Es decir, en este sentido, vindolo desde sus races y considerndolo
en sus efectos de larga duracin, el capitalismo/capitaloceno consti-
tuye una gravosa anoma (falla civilizatoria) en el proceso histrico-
geolgico general de irrupcin, despliegue y devenir de la Vida en el
planeta, y en el proceso histrico-especfico de hominizacin/huma-
nizacin que aquella desencadenara, en el ltimo acto de la Historia
dialctico-evolutiva de la materia viviente en la (Madre) Tierra.
Al operar en base a esta crucial falla sociometablica, el capitalis-
mo constituye una civilizacin fallida. La naturaleza del capitalismo se
devela como un modelo civilizatorio energvoro, que funciona en base
a la expansin ininterrumpida de su lgica de acumulacin; y que
se expande precisamente en base a la mercantilizacin/depredacin
sistemtica de las energas vitales: las energas que sostienen y hacen
posible la vida tanto en sus fuentes primarias-naturales, como en sus
formas y manifestaciones sociales. El capitalismo opera una drsti-
ca malversacin de esos flujos energticos, que toma de los circuitos
de reproduccin de la vida y los invierte y consume en el circuito de
produccin de mercancas y valorizacin abstracta. As, la dinmica
de incesante acumulacin de capital supone un consumo creciente e
insustentable de energa; pero adems funciona en base a un patrn

208
Horacio Machado Aroz

energtico txico, cuya destructividad/toxicidad se manifiesta tanto en


su rgimen de naturaleza-exterior, como en el de naturaleza-interior.
En este sentido, el Capitaloceno designa, por un lado, la huella
geolgica de un modo histrico de produccin cuya dinmica y fun-
cionamiento requiere de modo irreversible un aumento constante de
la entropa de los geosistemas del planeta Tierra (Altvater, 2014: 08).
Ya a estas alturas (de la envergadura de las manifestaciones de la cri-
sis climtica, el calentamiento global y todos los efectos asociados al
mismo) resulta claro que el capitalismo slo se ha podido expandir e
imponer como sistema civilizatorio mundial-hegemnico en base a la
quema constante y creciente de las energas fsiles y, por tanto, al con-
secuente incremento de las emisiones de gases de Efecto Invernadero.
Pero adems, por otro lado, cabe resaltar que ms grave que la
destructividad/toxicidad del patrn energtico que mueve el sistema
de objetos y de mquinas, resulta destructivo/txico el rgimen ener-
gtico que, en el capitalismo, mueve el sistema de sujetos y la din-
mica de las sociabilidades. No se puede soslayar que el rgimen de
subjetividad que inaugura el capital, vis a vis, la institucionalizacin
de la ley del valor como principio y fin de la vida social, est moto-
rizado por el individualismo competitivo, la codicia, la avaricia y la
insaciable voluntad de poder como fuerza motivacional subjetiva que,
en definitiva, es el torrente que hace girar el molino satnico. Como
sealara Polanyi, la Gran Transformacin implica (principalmente)
un cambio en la motivacin de la accin de parte de los miembros de
la sociedad, un cambio donde la motivacin de la subsistencia pasa
a ser sustituida por la motivacin de la ganancia (Polanyi, 2003:90).
Esto alude a las implicaciones de la falla sociometablica a nivel
de la naturaleza-interior. Pues el proceso sociometablico no es algo
slo atinente a los flujos de intercambio entre el ambiente geofsico-
biolgico y las manifestaciones objetivadas de la vida social (lenguaje,
tecnologas, divisin del trabajo y organizacin de los procesos pro-
ductivos, organismos polticos e instituciones sociales en general),
sino que adems involucra los intercambios energtico-materiales
que se dan entre ese ambiente socioecolgico (inseparablemente na-
tural y social) resultante, y las propias estructuras fisiolgicas, percep-
tivas, cognitivas, sensoriales y motivacionales que hacen a la interio-
ridad de cada sujeto humano. Vale decir, el metabolismo social no es
algo exterior a los individuos; atraviesa nuestros cuerpos, los moldea,
los transforma y co-configura la materialidad orgnica de las agenciali-
dades polticas.
Por tanto, la nocin de Capitaloceno no hace referencia slo a los
drsticos cambios sistmicos a nivel de la Bisfera, sino que involu-
cra tambin los graves trastornos que se pueden verificar a nivel de

209
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

la estructura de las sensibilidades, la racionalidad y la espiritualidad


humana resultante de un modo de subjetivacin que percibe y concibe
la vida como un campo competitivo donde se dirime la dominacin
entre individuos; como una carrera incesante por la acumulacin de
medios de poder, signos de prestigio y de riqueza social. Esto fue ya
tempranamente advertido no slo por Marx y su anlisis sobre la alie-
nacin, sino tambin por Weber. El proceso de racionalizacin/desen-
cantamiento del mundo, implica un mundo de sujetos sujetados a los
mandatos de la Beruf, inmersos en una dinmica donde la ganancia es
la principal sino la nica fuente de motivacin de sus vidas. Y esto
es el nivel micro-biopoltico del Capitaloceno: una Era donde la pro-
fesionalizacin de la vida de los individuos es su des-humanizacin.
As, como dijimos, la toxicidad del patrn energtico en el que es-
tamos inmersos (esto es, la toxicidad del aire que respiramos, del agua
que bebemos y los alimentos que ingerimos, pero tambin la toxici-
dad de las energas motivacionales que estructuran nuestros deseos,
nuestros sueos, y en consecuencia, el sentido de nuestras prcticas)
no se manifiesta apenas en efectos oncolgicos sobre los organismos
humanos vivientes, sino ya en el plano ontolgico, a nivel de degrada-
cin tica y poltica de la espiritualidad humana. Capitaloceno desig-
na, en este sentido, una Era de prdida masiva de la sensibilidad vital,
como consecuencia de fondo de un patrn energtico inherentemente
txico. Ese patrn que tuvo su origen, all por 1492, con el descubri-
miento de la naturaleza americana. Pues fue all que se activaron por
primera vez decisiva, las fuerzas que echaron a andar el molino sa-
tnico. Slo que entonces, quienes lo hicieron, eran todava concien-
tes de su afeccin, a juzgar por la confesin hecha por Hernn Corts,
sobre s mismo y sus compaeros de poca: los espaoles tenemos
una enfermedad del corazn, que slo se cura con oro (Hernn Corts.
Cita extrada de Frank, 2005: 181).

4. LOS MOVIMIENTOS DEL BUEN VIVIR Y LA ECOLOGA POLTICA


DEL SUR

El cambio supone una subversin gradual de las


necesidades existentes, es decir, un cambio en los
mismos individuos, de manera que, en los propios
individuos, su inters por la satisfaccin compen-
satoria ceda ante las necesidades emancipatorias.
[] Evidentemente la satisfaccin de estas nece-
sidades emancipatorias es incompatible con las
sociedades establecidas de estados capitalistas y
estados socialistas (Herbert Marcuse, 1979).

210
Horacio Machado Aroz

Ac estamos los que sufrimos el territorio, los que


sentimos las agresiones al territorio; no otra cosa
es lo que nos une Gran parte de esta sociedad ya
ha perdido el contacto con el territorio. Esta socie-
dad cree que vive de la gndola del supermercado,
del cajero automtico y de la computadora; est
desconectada del territorio, por eso no siente las
agresiones que se le hacen. En cambio nosotros,
sabemos que sin territorio, no somos nada

Marcos Pastrana,
indgena diaguita calchaqu, 2009.

Los NO y los S de la UAC: No al modelo de desa-


rrollo actual. No a la recolonizacin, a la muerte.
No al autoritarismo. No a la contaminacin, a los
despojos, al saqueo de los Bienes Comunes. No a la
mercantilizacin. No a la apropiacin privada de la
vida. No a las transnacionales. No al conformismo
y la pasividad. No a los mercaderes del saber y con
mentalidad colonial. No al consumismo.
S a la rebelda. S a la lucha y a la resistencia. S
a la organizacin. S a la construccin colectiva
de conocimientos. S a la Horizontalidad. S a la
Autonoma. S a la Revolucin. S a la Vida Digna.
S a la Pachamama.

Unin de Asambleas Ciudadanas,


VI Encuentro, Capilla del Monte, Abril de 2008.

Desde el punto de vista de una formacin econmi-


co-social superior, la propiedad privada del planeta
en manos de individuos aislados parecer tan
absurda como la propiedad privada de un hombre
en manos de otro hombre. Ni siquiera toda una
sociedad, una nacin o, es ms, todas las socieda-
des contemporneas reunidas, son propietarias de
la tierra. Slo son sus poseedoras, sus usufructua-
rias, y deben legarla mejorada, como boni patres
familias, a las generaciones venideras

Karl Marx, 1867.

211
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Ante la debacle, el panorama sombro del Capitaloceno nos permite


tambin, paradjicamente, vislumbrar con mayor claridad las buenas
semillas de futuro; nos permite distinguir las rutas quimricas de los
senderos de esperanza. La Ecologa Poltica del Sur emerge as, aqu y
ahora, como un saber lmite que nos ayuda a tal crucial discernimiento.
Y, no casualmente, es Nuestra Amrica la tierra donde estn ger-
minando esas buenas semillas. Pues, habiendo sido el principio hist-
rico-geogrfico y epistmico-poltico desencadenante de la Era geol-
gica del Capital, la entidad Amrica, ha sido y est siendo hoy, cada
vez con ms fuerza, el espacio-tiempo refugio de nuevas territoria-
lidades-corporalidades que, en sus procesos de re-existencia, vienen
alumbrando la Ecologa Poltica del Sur. Marcado precisamente por
esa ominosa historia del saqueo colonial, el pensamiento y la sensibi-
lidad del ecologismo popular latinoamericano (y del Sur en general)
emerge ahora, ya no apenas como un espacio de investigacin cientfi-
ca, sino como una prctica pedaggico-poltica de transformacin so-
cial (Leff, 1994; 2006; Lander, 1996; Porto-Gonalves, 2006; Alimonda,
2011; Svampa, 2013; 2016; Toledo, 2015; Martnez-Alier et al., 2015).
Tanto en su carcter de forma otra de vivir y de valorar la Vida,
como en su acepcin de modo otro de concebir y producir conoci-
miento, la Ecologa Poltica del Sur se configura como ciencia con-
trahegemnica y como mbito por excelencia de dilogo de saberes
(de Sousa Santos, 2009), nutrido fundamentalmente a partir de las
propias luchas de re-existencia de los pueblos y sujetos expropiados
de su condicin de tales, justamente como condicin y efecto de la
mundializacin e intensificacin del metabolismo necroeconmico
del Capital. Son esos sujetos-pueblos en re-existencia quienes estn
produciendo una nueva forma de valorar, de sentir y de producir (los
saberes/haceres para el cuidado de) la vida (Porto-Gonalves, 2016;
Escobar, 2014; 2016; Rivera Cusicanqui, 2016). La Ecologa Poltica
del Sur nace en el seno mismo de esas re-existencias; como expresin
de la productividad ecobiopoltica de una historia de larga duracin
de luchas contra el despojo y el saqueo. Una historia de re-existencia
arraigada en los territorios y en los cuerpos, hecha memoria viva que
hoy re-surge, in-surge en una gran diversidad de movimientos y orga-
nizaciones colectivas (desde pueblos originarios y comunidades cam-
pesinas hasta asambleas socioambientales y/o de vecina/os afectada/
os y colectivas feministas), puestas en pie de lucha frente a la voraci-
dad destructiva de esta ltima oleada de expansin extractivista.
En ese marco, en ese contexto, la Ecologa Poltica del Sur emer-
ge como un proceso de reflexin-accin, desde el seno mismo de la
conflictividad estructural inherente a los territorios/cuerpos objetos

212
Horacio Machado Aroz

de saqueo. La Ecologa Poltica del Sur se urde como parte fundamen-


tal de esas re-existencias, en la (re-)configuracin de nuevas matrices
de subjetivacin y accin poltica que parten de la problematizacin y
re-definicin del sentido de sus luchas. Pues, cuando esos colectivos,
a travs del (auto-)cuestionamiento sobre el sentido de sus luchas,
empiezan a trascender los lmites del motivo inmediato y del proyec-
to especfico que les dio origen (un proyecto minero, de explotacin
petrolera o de fracking, el emplazamiento de una planta de agrotxi-
cos y/o de acopio de semillas transgnicas, el trazado de una gran
carretera o la instalacin de una mega-represa, etc.), ah acontece un
cambio fundamental. Porque entonces, esos colectivos empiezan a
des-en-cubrir, a percibir que no es tal o cual proyecto, que no se tra-
ta slo de un tipo de minera, de una corporacin transnacional, de
un paquete tecnolgico o de un modelo industrial y de agronegocio
determinado, sino que precisamente el problema crucial, de fondo es
la propia forma de vida que lleva y que se expande, que se naturali-
za como la nica posible o se ideologiza como la forma superior,
pues entonces, tiene lugar un proceso de radicalizacin de la lucha, de
irrupcin de una nueva conciencia territorial y de especie, que abre paso
a un horizonte de vida completamente otro.
Como prctica social, la Ecologa Poltica del Sur refiere a un
proceso y a un producto-siempre-en-proceso, de construccin colec-
tiva de conocimientos, de des-aprendizajes e inter-aprendizajes que
se van entretejiendo y desarrollando a partir del dilogo de saberes
de sujetos-en-comunidad que comparten la situacin de literalmente
sentir en carne propia7 los efectos de la destructividad sistmica del
capitalismo-colonialismo-patriarcado. Es, como tal, una pedagoga
crtico-poltica que nace la conciencia poltica de la vida amenazada
y que hace del conflicto contra lo que la amenaza y destruye, su lugar
de enunciacin, el suelo epistmico poltico de produccin de saberes/
haceres otros.
En este sentido, la Ecologa Poltica del Sur no es una presunta
nueva disciplina cientfica , ni es apenas una expresin particular de
un campo epistmico inter y/o transdisciplinario; no se trata ya slo

7 Con esto me refiero al lugar destacado que tiene la reflexin sobre los cuerpos, la
sensibilidad y la emotividad en las propias asambleas y colectivos de sujetos en re-
existencia, como motivo y fundamento de sus luchas. Contrariamente a lo que se ha
caracterizado como el ecologismo del Norte, los sujetos del Ecologismo Popular del
Sur no expresan demandas postmateriales, sino, al contrario, rebeldas eminentemente
materialistas: son mujeres y varones movilizados por las afectaciones que sienten en
sus propios cuerpos. Es la huella de deshidratacin, de desnutricin, de intoxicacin
que el metabolismo material de la sociedad hegemnica imprime en sus organismos
lo que desencadena sus luchas de re-existencia.

213
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

de un ejercicio epistmico de desnaturalizacin de la Naturaleza (Leff,


2006: 24), sino de un nuevo campo del conocimiento y la accin polti-
ca que hacen posible la apertura de un proceso histrico de repolitiza-
cin de la Vida, de re-definicin del sentido de la Vida y de reapropiacin
de la Naturaleza (sobre todo, de la propia naturaleza humana).
Estamos hablando de un nuevo paradigma de conocimiento que
se toma en serio la centralidad de la Vida; no la vida como objeto de
manipulacin, de control, de dominio, sino la vida como el espacio
que tenemos que cultivar, cuidar y recrear como condicin incluso
para la realizacin de nuestra propia condicin humana. La irrup-
cin de la Ecologa Poltica del Sur viene a significar as, ms que
una revolucin cientfica (que lo es), el alumbramiento de una nuevo
paradigma epistmico y poltico, la configuracin de un nuevo umbral
del pensamiento crtico desde el cual se prefiguran horizontes eman-
cipatorios otros.
La in-surgencia de estos (viejos/)nuevos sujetos del ecologismo po-
pular nuestroamericano y sureo (Martnez-Alier, 2004), la emergencia
de lo que con afecto y esperanza llamamos los movimientos del Buen
Vivir, est marcando, a nuestro entender, una profunda renovacin
y radicalizacin de las energas utpicas: la renovacin del sentido y
el contenido de la prctica revolucionaria, ya no concebida en trmi-
nos de cambio de gobierno, de polticas redistributivas o incluso,
de toma del Estado, sino de una radical migracin civilizatoria. Esa
revolucin epistmico-poltica, ese horizonte de migracin civilizato-
ria, supone a grandes rasgos y se delinea a travs de cuatro grandes
cambios paradigmticos, a saber, el giro descolonial, el giro sociome-
tablico, el giro biocntrico y el giro despatriarcal.
El giro descolonial parte de asumir una comprensin del mundo
moderno vigente como producto histrico-geogrfico de la expansin
imperialista de Europa; por tanto, del reconocimiento del carcter
fundacional que el eco-genocidio ha tenido y tiene en lo que hoy se
presenta como modelo civilizatorio pretendido nico o superior.
Como ya hemos desarrollado, esta perspectiva entiende que la
fractura colonial que se inicia en 1492, se erige como momento cons-
tituyente, en trminos epistmicos, ecolgicos y geopolticos, de la
geografa y la historia poltica contempornea; entiende que el sobre-
viniente proceso de invasin, conquista y (sper-)explotacin (Marini,
2008) de los territorios-cuerpos colonizados resulta fundamental para
la produccin y el sostenimiento de la entidad Occidente como cen-
tro geopoltico, econmico y cultural del mundo. En definitiva, el giro
descolonial permite des-encubrir en qu medida la hegemona de ese
tal primer-mundo occidentalocntrico depende, en su estricto sentido
material, de la sistemtica apropiacin desigual del mundo y de la

214
Horacio Machado Aroz

reproduccin continua del imperialismo ecolgico y el extractivismo,


como patrn bsico del ordenamiento ecolgico-territorial del Capital
(Harvey, 1985, 2001, 2004; Leff, 1994; Foster y Clark, 2004; Magdoff y
Foster, 2010; Machado Aroz, 2015b; 2015c; 2016).
El giro descolonial, en consecuencia, es clave para una Ecologa
Poltica del Sur, como un saber orientado a la produccin/visibiliza-
cin de las alternativas civilizatorias, pues, en todo caso, muestra que
la llamada civilizacin Occidental es una civilizacin fallida y que
las alternativas hay que buscarlas necesariamente en un sentido con-
trario a su derrotero histrico. En trminos prctico-polticos, el giro
descolonial supone un radical proceso de desmontaje del imaginario
desarrollista/progresista (Sachs et. al., 1996; GPTAD, 2011; Svampa y
Viale, 2015; Svampa, 2016). Los sujetos del ecologismo popular son
sujetos ya absolutamente desafiliados de la fantasa colonial desarro-
llista; no creen en el progreso ni quieren progresar; pues saben que el
progreso es slo un privilegio de minoras violentas que se logra a
costa del expolio de amplias mayoras humanas y de otras formas de
vida. En este sentido, el giro descolonial procura no la integracin
social en una dinmica de crecimiento, no la re-edicin (siquiera
mejorada) del Estado de Bienestar, no la ampliacin del Bienestar-
concebido-como-consumo, sino la construccin de sociedades-modos
de vida radicalmente otras, basadas en un sustancial cambio del actual
rgimen sociometablico. En este sentido, el giro descolonial, pre-su-
pone, incluso como condicin sine qua non, el giro sociometablico.
El giro sociometablico. En directa correlacin con el punto an-
terior, la condicin de posibilidad del giro sociometablico involucra
una radical redefinicin del modo dominante de reproduccin de la
vida social que parte de tomar conciencia que los estilos de vida, los
patrones de consumo y las tcnicas de produccin y organizacin, divi-
sin y disposicin del trabajo social que se im-ponen, ya como ideales
o superiores, ya como los nicos posibles, no slo no son material-
mente sostenibles ni universalizables, sino que adems son espiritual-
mente corrosivos y txicos para la propia condicin humana; y por
consiguiente dado el lugar de lo humano en la Tierra, constituyen
una amenaza para la Vida toda en el Planeta.
En consecuencia, cambio sociometablico implica bsicamente
una modificacin drstica de los patrones tecnolgico-productivos y
de consumo y de la velocidad y tasas de extraccin de recursos y ge-
neracin de desechos, para adecuarlos y acompasarlos a los ritmos y
flujos de regeneracin y funcionamiento general de los ecosistemas
del Planeta. Supone seriamente tomar nota del absurdo del creci-
miento infinito; de la inviabilidad y la indeseabilidad del dogma del
crecimiento.

215
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Cambio sociometablico involucra, entonces, una transforma-


cin radical del rgimen energtico en base al cual funciona la actual
necro-economa del Capital; tanto el rgimen fosilista que mueve el
sistema de produccin, de mquinas y objetos-mercancas, cuanto
como el rgimen del individualismo competitivo que hace funcionar
el sistema de sujetos y de relaciones sociales. La toxicidad de ambos
es manifiesta y es lo que est en la base de los niveles extremos de des-
tructividad y de violencia sistmica del mundo contemporneo. Ahora
bien, cabe aclarar o explicitar que ambos regmenes energticos estn
intrnsecamente relacionados y que, en todo caso, no es dable una
transicin sustentable a las energas renovables (como base de la ma-
quinaria de produccin de objetos) sin un cambio sustancial en el
rgimen energtico-emocional de las subjetividades. Lo sabemos, los
llamados que desde los centros de poder se hacen a la descarboniza-
cin de la economa, la desmaterializacin y/o la transicin a las
energas renovables no son otra cosa que cantos de sirena que procu-
ran ocluir el cambio y hacer de la crisis un nuevo campo de extraccin
de plusvala (Moreno, 2013; Bhm y Dabhi, 2009).
Dicho ms generalmente, como el patrn energtico es, en ltima
instancia, una variable del rgimen de relaciones sociales, el cambio so-
ciometablico involucra, en definitiva, una sustancial transformacin a
ese nivel. En trminos concretos y especficos a la dinmica y los patro-
nes hegemnicos de la vida social contempornea, el giro sociometab-
lico supone una crtica radical del productivismo, del industrialismo, del
fetichismo tecnolgico y del urbanocentrismo (Machado Aroz, 2015c).
Pensar la tecnologa como social o polticamente neutra; creer que para
cualquier nivel de crisis socioecolgica es posible hallar una salida tecno-
lgica; imaginar un mundo donde la expansin de la mancha urbano-in-
dustrial sea un hecho inevitable, son justamente algunas de las creencias
bsicas de la religin colonial del progreso que precisamente obstruyen
el cambio civilizatorio. En este punto, el giro sociometablico implica
un cambio en el rgimen de relaciones sociales que parte de descolonizar
los imaginarios (GPTAD, 2016). Descolonizar, en este caso, quiere decir
des-mercantilizar las relaciones sociales, los cuerpos y la Madre Tierra;
quiere decir tambin des-salarizar el trabajo. Descolonizar el imaginario
hegemnico como paso a una transicin sociometablica es des-urbani-
zar, des-industrializar y des-burocratizar la vida. Giro sociometablico su-
pone, al contrario, (re)comunalizar los bienes, los nutrientes, los saberes
y las energas; giro sociometablico, es desconcentrar y horizontalizar los
procesos productivos y de toma de decisiones.
En fin, cambio sociometablico no implica aumentar los ingre-
sos y/o redistribuir la riqueza, sino redefinir radicalmente el sentido
social de la riqueza en funcin de los valores de uso y, s, distribuir los

216
Horacio Machado Aroz

medios de subsistencia de modo equitativo a fin de garantizar la vida


a nivel de cada individuo, cada grupo social, integralmente. Procurar,
producir ese giro sociometablico involucra, en ltima instancia, des-
mercantilizar las emociones, vale decir, buscar, sentir y vivir la felicidad
en las relaciones vitales (intra y extra-gnericas), y no en las cosas. En
lugar de la expansin (incluso igualitaria) de los bienes de consumo,
el nuevo horizonte utpico que se vislumbra desde esta perspectiva pasa
ms bien por un escenario donde el hombre socializado, los produc-
tores libremente asociados, regulen racionalmente su intercambio de
materias con la naturaleza, lo pongan bajo su control comn en vez de
dejarse dominar por l como por un poder ciego, y lo lleven a cabo con
el menor gasto posible de energas y en las condiciones ms adecuadas
y ms dignas de su naturaleza humana (Marx, 1981: 1045).
Por su parte, el giro biocntrico no implica como errneamente
se pregona la postura de optar por la Naturaleza, en contra o a ex-
pensas de lo humano, sino que consiste justamente en des-encubrir
la falacia de la separacin entre Naturaleza y Cultura, entre materia
y razn. La perspectiva biocntrica comprende la Cultura como un
producto histricamente emergente de (la dialctica de) la Naturaleza
y ontolgicamente dependiente de la materia. No concibe la Razn
como algo inmaterial, sino como un atributo de la materia. Pues, en
realidad, no hay Cultura por fuera o por encima de la Naturaleza; ni
hay Razn por fuera o por encima de la historia; ms especficamen-
te, de la historia de la materia viviente (Morin, 1979; Boff, 1996).
La perspectiva biocntrica parte, as, de la radicalidad e integra-
lidad del predicado somos Tierra como definicin de lo humano. Y
asumir ontolgicamente que somos parte-de-la-Naturaleza implica
sentir-nos parte de la Bisfera, es decir, de una comunidad funcional
de vida. El biocentrismo es, en realidad, una posicin autnticamente
humanista que procura poner al ser humano en el centro de las preo-
cupaciones ticas y polticas; pues ponerlo en el centro, es situarlo en
el mundo, no quitarlo o extirparlo de l (Morin, 2003). Ello a su vez
involucra formas otras de concebir el tiempo, el espacio y la relacin
entre individuo y colectividad.
En relacin a la temporalidad, el giro biocntrico supone pasar de
una concepcin del tiempo eminentemente cortoplacista (el tiempo
cada vez ms reducido del capital financiero) que concibe y mide la
vida en trminos biogrficos de los individuos, hacia una radical vi-
sin de largo plazo, consciente de los tiempos geolgicos de gestacin
y evolucin de la vida y de la temporalidad de las especies.
En relacin a la espacialidad, el giro biocntrico supone ver en el
espacio socialmente construido una clave del poder; por tanto, de las
posibilidades de la dominacin o la emancipacin. En este sentido, el

217
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

giro biocntrico ve en el espacio global contemporneo una expresin


de la geografa de la dominacin, una globalizacin perversa al decir
de Milton Santos (1996), construida de arriba hacia abajo; una glo-
balizacin oligrquica y radicalmente autoritaria, basada y sostenida
sobre la explotacin sacrificial de los lugares (Santos, 1996). En con-
traposicin, la espacialidad alternativa ve en los lugares y en la territo-
rialidad (es decir, en la preservacin de las condiciones de produccin
territorial), la clave y la condicin necesaria para la sustentabilidad
y la emancipacin. Esto no significa negar, rechazar o renunciar a
la globalidad, sino crear una globalidad radicalmente otra; una que
parta, esta vez, de la afirmacin de la pluralidad de localidades/terri-
torialidades y que apunte a una sinfona de vocalidades territoriales,
en lugar del aplastamiento de los lugares y la des-territorializacin de
la vida que propicia la globalizacin hegemnica.
Por ltimo, respecto de la relacin individuo/comunidad, el giro
biocntrico supone una radical revisin de la drstica inversin indi-
vidualista creada por el ethos del Capital. Desde una perspectiva bio-
cntrica, la vida no es sujeto ni es objeto; la vida no es una pro-
piedad de los individuos, no est en las partes, sino en la trama de las
relaciones, en los flujos e interconexiones. Esto implica que antes que
individuos, somos comunidad de vida. Y como la vida est en lo comn,
la preservacin de la vida requiere del continuo trabajo social de soste-
nimiento y recreacin de la comunalidad (Modonesi y Navarro, 2014).
No se trata de una filosofa poltica romntica, sino radicalmen-
te realista y materialista: somos con otros; dependemos existencial-
mente de la especie y de la comunidad csmica que nos nutre y sostie-
ne. En este sentido, el giro biocntrico no supone negar el individuo,
sino, una vez ms, situarlo en la comunidad, dentro de la cual es. El
ethos comunitarista no es totalitarismo de la comunidad, sino tica de
la cooperacin, la reciprocidad, la diversidad y la complementariedad; es
por tanto una re-afirmacin del individuo, pero no del individuo abs-
tracto, sino del sujeto concreto, corporal, orgnico, de carne y hueso;
por tanto, concebido inseparablemente dentro de la trama de relacio-
nes (materiales y espirituales) que lo constituyen como tal.
Giro despatriarcal. Es una dimensin fundamental y una condi-
cin necesaria de lo que referimos como giro sociometablico y giro
biocntrico. Supone, especficamente, una radical deconstruccin de
la matriz patriarcal de relacionamiento con la Naturaleza en general,
y entre los sujetos sociales en particular; el rechazo absoluto de ese
modelo que supone el dominio, el control y la explotacin como forma
de construccin y afirmacin identitaria; que concibe el ejercicio del
poder sobre la vida (de otra/os) como realizacin de un mandato de
superioridad y/o la confirmacin de una presunta jerarqua natural.

218
Horacio Machado Aroz

El giro despatriarcal implica, por el contrario, una actitud y una


matriz de relacionamiento diametralmente opuesta; reconoce en la
centralidad del cuidado y la crianza de la vida una tarea esencialmente
humana, no porque el cuidado sea un dato biolgico, sino porque es
una tarea y una funcin que se nos demanda en trminos del proceso
de cosmognesis (Boff, 1996); pues, se trata de un rol que slo los seres
humanos pueden cumplir, dado el proceso histrico material de com-
plejizacin y despliegue de la materia viviente en la Tierra.
Giro despatriarcal significa entonces re-conocer que las tareas de
cuidado y de crianza de la vida no son tareas exclusivamente femeni-
nas, sino especficamente humanas; en el sentido que es por la reali-
zacin de tales tareas, que ha tenido lugar el proceso sociobiolgico
hominizacin, y que es por y a travs del trabajo orientado al cuidado
y la (re-)produccin de la vida, que se realiza el proceso ecobiopoltico
de humanizacin. Porque lo humano es, en definitiva, eso: humus, la
capa ms frtil, ms rica y ms compleja de la tierra; pero tambin la
parte ms frgil y ms voltil; aquella de la que depende, en ltima
instancia, la posibilidad de la germinacin y reproduccin de la vida,
o su interrupcin y exterminio.
Hoy, ms que nunca, humanizar-nos es despatriarcalizar-nos, es
volver-nos Tierra. Recuperar, cultivar, hacer crecer y criar la capacidad
de saber-nos y sentir-nos Tierra. Las agro-culturas re-existentes en este
mundo, pueblos originarios, campesina/os, mujeres y cultivadores de
la economa domstica, sujetos en general del ecologismo popular,
quienes han emprendido ya esta crucial revolucin epistmico-pol-
tica y que han iniciado esa tal radical migracin civilizatoria, ellas y
ellos, saben y sienten que en el ms estricto sentido cientfico y en el
ms profundo sentido filosfico, somos hija/os de la Madre-Tierra. En
ella/os late viva la conciencia ecoterritorial de la que literalmente depen-
de el por-venir de lo humano.

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Mina Lorena Navarro Trujillo*

DESPOJO CAPITALISTA
Y LUCHAS POR LO COMN
EN DEFENSA DE LA VIDA EN MXICO
CLAVES DESDE LA ECOLOGA POLTICA

En la ltima dcada han aumentado exponencialmente los conflic-


tos socioambientales en toda Amrica Latina debido a polticas del
Capital y el Estado orientadas al control, acceso y gestin de aquellos
territorios y medios de existencia no plenamente mercantilizados. En
Mxico, de manera particular, podemos analizar estas ofensivas con-
tra las comunidades indgenas y campesinas, y amplios segmentos de
la poblacin urbana, al menos a partir de los siguientes procesos: 1)
un nuevo y ampliado nfasis en las polticas extractivas para el con-
trol, extraccin, explotacin y mercantilizacin de todo tipo de bienes
comunes naturales (petrleo, gas, minerales, agua, tierra frtil, playas,
semillas, recursos genticos, conocimiento tradicional), de la mano
del desarrollo de megaproyectos tursticos e infraestructura hidruli-
ca, carretera, ferroviaria, portuaria y aeroportuaria; 2) el impulso de
un nuevo sistema industrial agroalimentario, en manos de grandes
transnacionales, a costa de la exclusin masiva de los pequeos pro-
ductores rurales y la desarticulacin de las economas campesinas;
3) el reordenamiento de territorios orientado por la lgica del valor,

* Doctora en Sociologa y Profesora del Instituto de Ciencias Sociales y


Humanidades Alfonso Vlez Pliego de la Benemrita Universidad Autnoma de
Puebla. Correo electrnico: <mina.navarro.t@gmail.com>

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ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

desarrollo de infraestructura y expansin de procesos de urbanizacin,


desarticulando el tejido social y avanzando sobre zonas de cultivo y
de conservacin; 4) un acelerado y destructivo impacto de la industria
con efectos irreversibles sobre la salud humana y los ecosistemas.
Para comprender esta brutal ofensiva, hay que reconocer que el
despojo es una lgica constitutiva de la acumulacin del Capital, es
decir, no es algo del pasado o un momento histrico ya superado, tam-
poco se trata de una condicin excepcional, accidental o, como seala
la economa neoclsica, algn fallo del mercado o del Estado1. Por
el contrario, el capitalismo es un sistema global que responde a una
dinmica de apropiacin constante del trabajo vivo y de la naturaleza
para garantizar su propia reproduccin. Para ello, necesita separar y
despojar a los hombres y mujeres de sus medios de existencia, a fin de
convertirlos en fuerza de trabajo libre y desposeda para su explota-
cin2. Este proceso ha avanzado histricamente mediante la fractura
de equilibrios vitales del metabolismo sociedad-naturaleza, a partir de
la desarticulacin y eliminacin de determinadas formas de relacin
basadas en la interaccin, la reciprocidad, el cuidado y la cohabita-
cin del mundo humano y no humano para garantizar la sostenibili-
dad de la vida.
Ciertamente, con el neoliberalismo estas dinmicas se han radi-
calizado mediante la intensificacin de la violencia y el despliegue de
un proyecto orientado a reorganizar la sobreexplotacin del trabajo
vivo y la apropiacin desigual de la Naturaleza, reasegurando la acu-
mulacin del Capital y profundizando la posicin subordinada y de-
pendiente de Amrica Latina dentro del mercado global (Machado,
2013: 125).

1 Desde los noventa resaltan los esfuerzos destinados a comprender la trascend-


encia de la acumulacin originaria en trminos de su relacin consustancial con
la reproduccin del Capital a lo largo de la historia. Sin dejar de reconocer su par-
ticularidad en la gnesis del capitalismo, se trata de rastrear y reconocer las actual-
izadas y renovadas dinmicas del despojo hasta nuestros das, especialmente bajo
el actual modo de acumulacin neoliberal. Al respecto destacan los trabajos de
David Harvey, Massimo De Angelis, Silvia Federici y The Midnight Notes Collective,
Michael Perelman, Werner Bonefeld, Paul Zarembka, Samir Amin, John Holloway,
entre otros. Un trabajo sumamente importante, que rene y traduce al espaol algu-
nos de los textos de esta discusin es el nmero 26 de la revista Theomai, compilada
por Claudia Composto y Diego Prez Roig en noviembre de 2012, "Trazos de sangre
y fuego continuidad de la acumulacin originaria en nuestra poca?".
Vase: <http:// www.revistatheomai.unq.edu.ar/NUMERO%2026/contenido_26.htm>
2 Recuperando a Massimo de Angelis (2012) sostenemos la importancia de hablar
de medios de existencia para ir ms all de la nocin clsica de medios de produc-
cin e incluir aquellos mbitos y medios materiales y simblicos que garantizan el
sustento y hacen posible la reproduccin de la vida.

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Mina Lorena Navarro Trujillo

En medio de esta ofensiva neoliberal es de destacar que el


Estado no ha debilitado ni disminuido su presencia; si bien ha su-
frido una serie de variaciones, contina operando como una forma
poltica que garantiza un tipo de dominacin funcional para el pro-
ceso de acumulacin capitalista3. Esto es, el Estado procura gestio-
nar una relacin ms o menos estable de mando-obediencia basada
en la dominacin y el consentimiento de la poblacin hacia las cla-
ses dominantes, a la vez que colabora de diversas maneras para que
los flujos de capital se instalen mercantilizando servicios pblicos,
bienes comunes o esferas de la vida no plenamente subsumidas a la
lgica del valor.
En Mxico, es de destacar que la violencia se ha intensificado de
sobremanera con la llamada Guerra contra el narcotrfico iniciada
por Felipe Caldern (2006-2012) y continuada con algunos matices y
variaciones, por Enrique Pea Nieto (2012 a la fecha). En este marco,
durante el calderonismo se duplic la tasa de homicidios con respecto
a las cifras registradas en el sexenio anterior de Vicente Fox y, hasta la
fecha, se cuentan casi 30 mil casos de desaparicin forzada. Ms all
del discurso oficial que justifica esta guerra como una lucha contra
el crimen organizado, se ha comprobado su utilidad para legitimar y
normalizar la militarizacin, la violencia y el terror, como estrategias
de dominacin y sumisin de la poblacin4.
En este contexto se ubica la actual ofensiva de despojo mltiple
sobre los territorios y medios de existencia impulsada por el Capital
nacional y transnacional, junto con los gobiernos en sus diferen-
tes mbitos y niveles, en una relacin progresivamente ms visible
con actores ligados a economas delincuenciales y criminales, avan-
zando a partir de lo que en otros trabajos realizados con Claudia
Composto hemos denominado dispositivo expropiatorio (Composto/
Navarro, 2014). ste incluye un amplio abanico de estrategias jurdi-
cas, de cooptacin, disciplinamiento y divisin de las comunidades,

3 Abrevo de algunas tradiciones del marxismo, como el derivacionismo y el marx-


ismo abierto, para pensar al Estado como la forma poltica del Capital. A este re-
specto, John Holloway dira que el Estado es una forma particular que se deriva de
la totalidad social capitalista, en la que economa y poltica son formas especficas de
las relaciones de produccin que deben ser pensadas como formas diferenciadas en
mutua relacin (Holloway, 1980: 9).
4 Entre los esfuerzos por producir una comprensin crtica de la guerra en el
Mxico contemporneo, recomiendo revisar el trabajo de Dawn Paley, que sostiene
que con la llamada Guerra contra el narcotrfico se reconfigur el viejo orden de
tutela y despojo, dando lugar a una campaa de contrainsurgencia ampliada de vio-
lencia y terror contra la poblacin, librada desde los aparatos represivos del Estado
y desde fuerzas irregulares (Paley, 2016).

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ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

represin, criminalizacin, militarizacin y hasta contrainsurgencia,


para garantizar a cualquier costo la apertura de nuevos espacios de
explotacin y mercantilizacin.
Bajo esta lgica se entiende el brutal aumento de detenciones y,
en general, de la violencia estatal y paraestatal contra las y los defen-
sores de aquellos territorios en disputa. De acuerdo con los registros
del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), entre 2005 y
el primer semestre de 2013 se registraron 44 homicidios de stos; en
el mismo perodo hubo 53 amenazas, 64 detenciones ilegales, 16 ca-
sos de criminalizacin y 14 de uso indebido de la fuerza pblica (Sin
Embargo, 2013). A partir del cruce de informacin de diversos centros
de derechos humanos y colectivos, se estima que cuando menos 350
personas defensoras estn presas o tienen giradas rdenes de aprehen-
sin por estos delitos, considerados graves, que les impiden obtener la
libertad bajo fianza. Aunque la lista de entidades donde se aplica esta
estrategia es larga, los estados de mayor riesgo para los defensores
civiles son Chihuahua, Guerrero, Oaxaca, Estado de Mxico, Puebla,
Chiapas, Veracruz, Sonora y Coahuila (Romn, 2016).
Pese a estas duras condiciones, en todo el territorio nacional se
han logrado acuerpar centenas de resistencias protagonizadas princi-
palmente por comunidades indgenas y campesinas, a lo que se suma
la ms reciente autoorganizacin de habitantes o afectados ambien-
tales en las ciudades y asentamientos urbanos. A este respecto, el in-
vestigador Vctor Toledo denuncia que hay al menos 320 conflictos
socioambientales relacionados con cuestiones agrcolas, biotecnol-
gicas, energticas, forestales, hidrulicas, mineras, de residuos peli-
grosos y rellenos sanitarios, tursticos y urbanos (Toledo, 2015: 60).
Sin duda, este crtico escenario hace de las comunidades indge-
nas y campesinas uno de los sujetos ms amenazados, a pesar de lo
cual es tambin el que ha demostrado mayor capacidad antagnica a
la lgica de acumulacin del Capital. Aunque su proceso de resisten-
cia es de larga duracin, inicindose con la Conquista de Amrica, hoy
enfrentan recrudecidos niveles de violencia, agresividad y voracidad,
que adems, en esta batalla por la mercantilizacin de la vida, estn
buscando legalizarse y normalizarse por diversos medios
Si bien no todos los procesos de resistencia han logrado la plena
defensa de sus territorios o la resolucin de sus reivindicaciones, lo
cierto es que muchos de ellos han sido capaces de retrasar o parali-
zar temporalmente la implementacin de tales emprendimientos. En
lo que sigue presento algunas claves para analizar el movimiento in-
dgena y su lucha por la defensa territorial en Mxico y, de manera
particular, los procesos de autoorganizacin y resistencia comunitaria
de ciertas tramas indgenas y campesinas en lucha contra el despojo

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Mina Lorena Navarro Trujillo

capitalista, haciendo nfasis en la emergencia y actualizacin de cier-


tas capacidades orientadas hacia la produccin de lo comn para la
defensa de la vida (Navarro y Fini, 2016).

LUCHAS POR LO COMN: TRAMAS INDGENAS Y CAMPESINAS EN


LA DEFENSA DE LA VIDA
Desde finales del siglo XX, en Abya Yala ha sido notable la articulacin
de un movimiento indgena en resistencia, integrado por importantes
luchas en defensa del territorio y la diversidad natural y cultural, que
reivindican el derecho a la libre determinacin y el control de sus bienes
comunes. Si bien en Mxico, a partir de 1970 se han venido gestando
diversos intentos de organizacin indgena contra las polticas estatales
de atencin a este sector a nivel nacional, el despliegue de una capaci-
dad nueva y disruptiva emerge en la dcada de 1990, en particular en
1994, con el levantamiento zapatista. A decir de Eugenio Bermejillo,

El movimiento indio nacional como sujeto poltico autnomo, con pro-


yecto, identidad y piso propio es una novedad en la historia de Mxico.
La constante en el pasado ha sido que los esfuerzos organizativos y las
movilizaciones regionales de los pueblos indgenas terminaron siendo
apndices de movimientos campesinos, sectores desdibujados dentro
de las organizaciones y partidos polticos (Bermejillo, 1997).

Ciertamente, desde su irrupcin pblica el zapatismo se convirti en


una importante fuerza social que no slo fue irradiando su propuesta
poltica hacia mltiples sectores de la sociedad civil, sino que adems
fue promoviendo la articulacin del movimiento indgena a nivel na-
cional, visibilizando la conexin entre las luchas campesinas e indge-
nas, as como alumbrando y potenciando su capacidad antagonista y
autnoma frente al Estado. En este marco fue creciendo un vigoroso
movimiento indgena que surgi a partir de la convocatoria al Foro
Nacional Indgena en el contexto de los Dilogos de San Andrs y la
posterior creacin del Congreso Nacional Indgena (CNI) en octubre
de 1996; la organizacin de una serie de foros y encuentros del EZLN,
los pueblos indgenas y la sociedad civil; y el lanzamiento de una serie
de iniciativas de articulacin y movilizacin, como fue el caso de la
Marcha del Color de la Tierra en 2001.
A pesar de todo esto, en 2001 se aprob la Ley Indgena, recono-
cida por el EZLN y el Congreso Nacional Indgena (CNI) como una
contrarreforma constitucional en tanto no reflejaba el espritu y los
acuerdos bsicos logrados previamente5. Con ello se busc frenar el

5 Para mayores detalles de los argumentos esgrimidos por el CNI contra esta Ley
Indgena, se recomienda ver: Manifiesto del CNI sobre Ley Indgena, 1 de mayo

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ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

ascendente ciclo de antagonismo en torno al reconocimiento de la au-


tonoma y los derechos colectivos, que exiga abrir un cauce de trans-
formacin estatal. De esta manera se dio inicio a la radicalizacin de
una dura embestida centrada en el despojo y el cercamiento de aque-
llos territorios comunitarios y medios de vida no plenamente subsu-
midos a la lgica del valor. Sin duda, esta contrarreforma vino acom-
paada de un nuevo impulso a iniciativas legislativas constitucionales
en materia de bosques, aguas, semillas, minera, bienes nacionales,
conocimiento tradicional y biodiversidad, todas orientadas al despojo
capitalista de los territorios campesinos e indgenas, y avaladas por el
conjunto de la clase poltica (Serna 2009: 26). Siguiendo a Enrique
Pineda (2012), a partir de 2003 se advierte el inicio de una fase de re-
pliegue del movimiento indgena, para concentrarse en una estrategia
de resistencia territorial y defensa de diversos mbitos que garantizan
la sostenibilidad de la vida.
Tal recrudecimiento de las polticas de despojo capitalista ha con-
firmado que la lucha por la libre determinacin de los pueblos indge-
nas representa un obstculo a los intereses de la dominacin y la acu-
mulacin capitalista. Generalmente el tipo de relacin que tales tramas
comunitarias tienen con la tierra y el territorio ha garantizado el cuida-
do de la naturaleza y los equilibrios biticos, animando la diversidad y
variedad de otras formas naturales de vida. Basta con mirar la relacin
que existe entre la localizacin de los pueblos indgenas y las zonas
de mayor biodiversidad del pas. Al respecto, hay estudios de ecologa
histrica que demuestran que la existencia de grandes concentraciones
de biodiversidad es, en parte, resultante de la intervencin directa o
indirecta de la cultura humana, que modifica las relaciones entre espe-
cies, comunidades vegetales y animales (Giraud, 2013). Esto hace que
tales territorios, lgicas y mbitos no plenamente mercantilizados, que
garantizan la reproduccin de la vida humana y no humana, represen-
ten jugosas oportunidades para la valorizacin del valor, y por lo tanto,
sean objeto de asedio y disputa para el Capital.
Una dimensin compartida por este conjunto de resistencias in-
dgenas y campesinas, es la produccin de lo comn en la lucha por
la vida, lo que se expresa en las dinmicas asociativas particulares y
concretas, situadas temporal, geogrfica e histricamente, que por lo
general, se proponen alcanzar objetivos especficos casi siempre rela-
cionados con asegurar o proteger condiciones para la reproduccin
colectiva, en medio de amenazas de despojo o agravio (Gutirrez,
2015: 90).

de 2001. Disponible en <http://www.nodo50.org/pchiapas/chiapas/documentos/ley3.


htm>

230
Mina Lorena Navarro Trujillo

Y es que, bajo el predominio expansivo del Capital, la vida en


su exuberancia de posibilidades y creaciones es slo un medio y no
un fin. En contraste con ello, las lgicas comunitarias de reproduc-
cin de la vida tienen como finalidad garantizar el sustento y por ello,
atienden y cuidan no slo aquellos bienes naturales que garantizan la
vida colectiva actual y la de las generaciones por venir, sino tambin
los lazos y vnculos que producen trama comunitaria, dotando a cada
quien de nuevas capacidades, regenerando y amplificando las posibi-
lidades colectivas de produccin, reproduccin y disfrute (Gutirrez,
Navarro, Linsalata, 2016). Aunado a lo anterior, Amaia Prez seala
que:

la vida es vulnerable y precaria, por lo que no existe en el vaco y no


sale adelante si no se cuida; la vida es posible, pero no ocurre siempre y
en cualquier circunstancia. El cuidado que convierte una vida posible
en una vida cierta es siempre en comn. No podemos preguntarnos
cmo sostiene cada quien su vida ni entender la economa como el su-
matorio de individualidades; la economa es un hecho social, una red
de interdependencia. La cuestin es cmo nos organizamos en comn
para que la vida suceda y cmo lidiamos con esa interdependencia.
La interdependencia se sita as en primera lnea analtica y poltica
(Prez, 2014: 80).

As, entiendo que las tramas indgenas y campesinas reproducen la


vida a partir de un tipo de interdependencia capaz de sostenerse a
lo largo del tiempo y del espacio por la reciprocidad, el cuidado y
la cohabitacin de un mundo que se comparte. En el capitalismo,
la fractura y la modificacin de tal interdependencia han conlleva-
do, precisamente, a la mercantilizacin de la naturaleza y, con ello, a
la tendencial desarticulacin de lo poltico en su forma comunitaria,
provocando que, de manera cada vez ms generalizada, poblaciones
enteras transiten por la traumtica y violenta experiencia de la des-
posesin. De ah que los procesos comunitarios contra las polticas
de despojo capitalista sean luchas por la re-conexin de la existencia
productiva humana con la naturaleza (Navarro, 2015: 26-27).
Conviene destacar que el proceso metablico de interaccin entre
el mundo humano y la naturaleza, es decir, la apropiacin del mundo
natural para la satisfaccin de las necesidades humanas, produce una
territorialidad, misma que entra en conflicto cuando arremete la lgi-
ca del Capital. A decir del gegrafo brasileo Bernardo Manano, ha-
blamos de territorios en la medida en que hay un proceso de apropia-
cin de dichos espacios por una determinada relacin social que los
produce (Manano, s/a: 2-4). De esta manera, en su carrera por ocu-
par, enajenar y apropiarse de los territorios en disputa, los proyectos

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ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

del Capital imponen una temporalidad abstracta centrada en la va-


lorizacin del valor, que entra en profunda tensin con las formas y
modos de vida locales anclados en la produccin de valores de uso
para la reproduccin de la vida (Porto Gonalves, 2008: 238; Svampa,
2008a: 102).
Ante estas amenazas de cercamiento y despojo capitalista van
emergiendo procesos de oposicin: un no que irrumpe ante la im-
posicin, derivando la mayora de las veces en un llamado auto-
convocado para la creacin de un espacio colectivo de informacin
y deliberacin ante la desesperacin e indignacin que producen los
procedimientos antidemocrticos, las irregularidades, las ilegalidades
y la falta de informacin. Rasgos que aparecen reiteradamente en los
modos de operacin de los gobiernos y empresas que buscan apresu-
rar la implementacin de los proyectos de desposesin.
As, en tanto avanza la agresividad con que se impulsan estos
proyectos, los sujetos en lucha van buscando respuestas a sus prin-
cipales interrogantes, que se hacen cada vez ms urgentes. Los mo-
vimientos se preguntan a quines benefician estos proyectos?, cul
es el impacto sobre la tierra y los ecosistemas y su utilidad colectiva
o popular? En la mayor parte de los casos concluyen cuestionando
todo el modelo de desarrollo sistmico, sus bases, su discurso, su
forma, sus beneficiarios y sus impactos, lo que radicaliza por com-
pleto sus estrategias, actitudes y acciones (Navarro y Pineda, 2009:
94). En tal punto es evidente la confrontacin y la tensin entre dos
racionalidades, lenguajes y formas de ver el mundo que tienden a
polarizarse y radicalizarse a medida que el conflicto va escalando.
Desde la perspectiva de los poderosos, el cercamiento de los espa-
cios comunales implica progreso, desarrollo y crecimiento; desde la
mirada de los pueblos, ste simplemente acarrear ms pobreza, su-
frimiento, desposesin y muerte.
Se debe hacer notar que el proceso de conformacin de tales suje-
tos en lucha es por dems dinmico, conflictivo y contradictorio, lo que
se aleja de las miradas que proyectan imgenes idlicas y estticas de las
sociabilidades comunitarias. De hecho, es difcil que los movimientos
de oposicin contra las polticas de despojo logren entera unanimidad
al interior de las comunidades. Ello est relacionado con el grado de efi-
cacia y reactualizacin de los dispositivos expropiatorios del Estado y el
Capital, los cuales, bajo diversas modalidades, se empecinan en romper
y deteriorar el tejido social, produciendo nuevas rupturas o profundi-
zando divisiones ya existentes. Por consiguiente, hablamos de procesos
de recomposicin comunitaria en marcha, en tanto los movimientos de
oposicin enfrentan la necesidad de retejer las tramas y lazos sociales
que han sido debilitados o desgarrados por el histrico despliegue de

232
Mina Lorena Navarro Trujillo

las relaciones sociales capitalistas y la consustancial imposicin de los


cdigos de una socializacin individualista y mercantil.
As, para hacer frente al conjunto de desafos que imponen las
polticas de despojo se va autoorganizando la energa social a travs
de una serie de dinmicas asamblearias y mecanismos horizontales de
democracia directa para la deliberacin, toma de decisiones y acuer-
do colectivo. Los usos y costumbres que tradicionalmente han auto-
rregulado la gestin comunitaria de los diversos mbitos de la vida
social suelen ser las instancias sobre las que se procesan estas nuevas
necesidades organizativas. Cabe sealar que, ante los conflictos y ten-
siones propios de la interaccin de todo cuerpo social, se vuelve muy
relevante la vitalidad de las tramas comunitarias y sus capacidades
para producir maneras especficas de (re)equilibrar y dar curso a las
dificultades internas (Gutirrez, 2014).
Si bien puede reconocerse una cierta novedad en estos procesos
de lucha que no siempre cuentan con las herramientas organizativas
necesarias para hacer frente a la conflictividad, esto no implica que no
haya recursos colectivos disponibles en el acervo comunitario como
sedimentacin de experiencias previas de organizacin social. De he-
cho, muchas veces los sujetos en lucha tienden a autopercibirse como
inexpertos o ignorantes para los desafos que impone la afrenta,
en tanto consideran que carecen de una experiencia previa de orga-
nizacin poltica. Encuentro que, entre otras cosas, esto se relaciona
con la concepcin que desde el sentido comn dominante se difunde
de la poltica, que corresponde a aquella actividad que slo los profe-
sionales en la materia tienen capacidad de realizar.
En contraposicin a esto recupero la nocin de Bolvar Echeverra
para pensar lo poltico precisamente como la dimensin caracterstica
de la vida humana, en tanto hombres y mujeres ejercen cotidianamen-
te la capacidad de decidir sobre los asuntos de la vida en sociedad y
de pensar la socialidad de la vida humana como una sustancia a la
que se puede dar forma. As, estaramos rechazando la concepcin
cerrada y excluyente del discurso moderno dominante que ubica a la
poltica como el conjunto de actividades propias de la clase poltica,
centradas en torno al estrato ms alto de la institucionalidad social, el
del Estado, aquel en que la sociedad existe en tanto sociedad exclusi-
vamente poltica (Echeverra, 2011: 169-170).
En este contexto, la autoorganizacin se convierte en una din-
mica central para coordinar la cooperacin social, lo que adems se
vuelve prioritario para enfrentar la corrupcin y la complicidad entre
gobiernos y empresas, junto con la limitacin de los marcos institu-
cionales y mecanismos de participacin formal para frenar o desacti-
var los proyectos de expropiacin.

233
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Cabe sealar que, aunque en algunas coyunturas estos movimien-


tos apelan a la utilizacin de canales institucionales y al uso de deter-
minados recursos jurdicos para retrasar o frenar el cercamiento de lo
comn, en la mayora de los casos se evidencia una fuerte apuesta a la
accin directa y disruptiva como principal herramienta de lucha para
la presin poltica, as como a la articulacin y coordinacin con otras
organizaciones sociales y experiencias de resistencia (Svampa, 2008a:
99-100). A este respecto, uno de los aprendizajes que estos movimien-
tos sealan reiteradamente es que la estrategia jurdica, invariable-
mente, tiene que ir acompaada de un proceso organizativo y poltico
conducido por el sujeto colectivo en lucha.
De la mano de lo anterior destaca un tipo de conocimiento alter-
nativo que los sujetos en lucha van generando y articulando en con-
traposicin con el sentido comn dominante y el lenguaje del despojo
que empresas y gobiernos transmiten y difunden a partir de una vi-
sin del mundo que naturaliza y normaliza la experiencia de la sepa-
racin. Me refiero, entre otras cosas, a la articulacin de discursos y
sistemas de saberes contra-expertos a contrapelo de la ciencia domi-
nante, capaces de esgrimir y detallar los argumentos del rechazo y la
resistencia popular para cuestionar la ilegitimidad e ilegalidad de los
proyectos (Svampa, 2008b). Estos elementos tcnicos son procesados
y articulados en un saber independiente al hegemnico, con capaci-
dad de interpelar a otros sectores de la sociedad, e incluso de interve-
nir y formular soluciones a los problemas sociales a partir de la propia
prctica, los aprendizajes compartidos con otras organizaciones y me-
diante el contacto con especialistas o profesionales independientes.
Ante la variedad de desafos y dificultades que se van enfrentando,
lo poltico como dimensin caracterstica de la vida humana se actua-
liza de manera privilegiada cuando sta debe reafirmarse en su propia
esencia, all donde entra en una situacin lmite: en los momentos
extraordinarios o de re-fundacin por los que atraviesa la sociedad;
por ejemplo, en las pocas de guerra, cuando la comunidad est en
peligro, o de revolucin, cuando la comunidad se reencuentra a s
misma (Echeverra, 2011: 169). Siguiendo a Lucia Linsalata, las lu-
chas contra el despojo capitalista son para los pueblos,

momentos de gran peligro, pero tambin son momentos de gran apren-


dizaje y creacin colectiva. Son momentos en que se confrontan con
la dureza de la dominacin y con las contradicciones que los habitan y
los desgarran; y, a la vez, son momentos de ruptura, de cuestionamien-
to, de experimentacin, de transformacin: momentos en que la gente
recupera un dilogo crtico con su pasado y su identidad, en que re-
descubre la fuerza de la autoorganizacin social y, con frecuencia, en-
saya nuevas prcticas polticas y nuevas formas de organizacin de la

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Mina Lorena Navarro Trujillo

vida colectiva; momentos en que los pueblos recuperan por lo menos


en parte la posibilidad de autodeterminar el rumbo de su existencia
(Linsalata, 2016: 17-18).

En ese sentido, la memoria es una dimensin estratgica en la resis-


tencia de los de abajo. No estamos hablando de un mero gesto nos-
tlgico de mirar hacia atrs, sino de una manera de ir ms all de las
relaciones sociales de opresin, es decir, de un proceso de transfor-
macin que parte de la negacin de las expresiones ms agresivas y
predatorias del Capital (Navarro y Tischler, 2011: 67). De modo que,
la memoria opera como un potente dispositivo de cohesin ante el
avance de las polticas de despojo mltiple, que adems suelen ser re-
conocidas como el retorno de la violencia originaria del Capital vivida
en otros momentos de la historia, como la Conquista y colonizacin
espaola o la formacin del Estado nacin. Por ello, es claro que los
lazos con el territorio y la defensa del mismo no pueden explicarse so-
lamente como la emergencia de una nueva sensibilidad poltica de los
pueblos con su entorno, sino como actualizaciones de lo que Cecea
llama mundos de vida no predatorios (Cecea: 2012).
Otro aspecto que resalta en estos procesos comunitarios es la
enrgica y sustantiva participacin de las mujeres en las tareas colec-
tivas necesarias para defender los territorios y sostener la resistencia.
En algunas de estas experiencias, la emergencia de este protagonismo
social ha ido abriendo, de manera paulatina, posibilidades para mirar
y reconocer el conjunto de intervenciones y trabajos que las mujeres
histricamente han producido para garantizar la reproduccin comu-
nitaria y de la vida.
Las mujeres cocinan, cran, cuidan, curan, siembran, cosechan y
en general, sostienen las economas de sustento. Cabe sealar que, en
los mbitos rurales ante los nuevos contextos de despojo y migracin
de los hombres hacia las ciudades y hacia Estados Unidos, su partici-
pacin en dichas actividades se ha ido ampliando, por lo que su carga
de trabajo se ha ido intensificando an ms6.
Histricamente, la divisin sexual del trabajo ha generado una
asimetra en los roles y actividades que han tenido que asumir las
mujeres con respecto a los hombres. Las mujeres tienen el mandato
natural y obligatorio de dedicarse a las labores domsticas y de re-
produccin de la vida, sin que se les reconozca en ello la realizacin de
un trabajo y la prerrogativa de percibir una remuneracin.

6 Segn la fao, en los pases en desarrollo las mujeres representan 45% de la mano
de obra agrcola y suelen trabajar entre 12 y 13 horas ms que los hombres por se-
mana (Graziano da Silva: 2017).

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ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

En estos contextos de despojo, la energa y el trabajo que las mu-


jeres aportan para la vida comunitaria est tambin orientada a sos-
tener y cuidar los procesos de autoorganizacin y resistencia para la
defensa de la vida. En algunos casos, de forma progresiva, las mujeres
han ido logrando una apertura y ampliacin, con profundas tensiones
y oposiciones en la propia comunidad, de los espacios polticos para
participar, decidir y tomar las riendas del devenir de la lucha y, en
general, de la existencia.
Es claro que los momentos de peligro que suponen las polticas de
despojo capitalista han abierto posibilidades de actualizacin y pro-
duccin de capacidades sociales para la autodeterminacin, la recom-
posicin comunitaria, el arraigo en el territorio, y la emergencia de
ciertas condiciones para la intervencin colectiva en el propio devenir.
Entre los casos ms representativos de la defensa territorial de
las luchas comunitarias en nuestro pas se encuentra la experiencia
de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Polica
Comunitaria, que desde 1995 viene impulsando un sistema de seguri-
dad y justicia comunitaria en la Costa Chica y Montaa de Guerrero
para hacer frente a la inseguridad de la regin, lidiando en los ltimos
aos con la amenaza de un proyecto de megaminera a cargo de em-
presas inglesas y canadienses.
La experiencia del pueblo purhpecha de Chern en Michoacn,
que desde 2011 ha logrado constituirse como municipio regido por
usos y costumbres, y ha recuperado y echado a andar un conjunto
de disposiciones para la toma de decisiones y organizacin colectiva,
como es el caso del Consejo Mayor, el Consejo Operativo, as como la
Ronda Comunitaria para la proteccin de su territorio, lo que en suma
les ha dotado de mayor capacidad para cuidar su bosque y defenderse
de los talamontes relacionados con grupos del crimen organizado.
Y qu decir de las comunidades zapatistas que se han consolida-
do como un referente fundamental a nivel mundial en la construccin
de autonoma a partir de intensos procesos comunitarios de autogo-
bierno y gestin de la vida, expresados en los municipios autnomos,
los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno zapatistas, as como en
numerosos proyectos de salud, trabajo, comunicacin, educacin, ali-
mentacin, abasto, produccin e imparticin de justicia y defensa del
territorio contra los llamados proyectos de muerte.
Adems de muchas otras experiencias que han desarrollado
proyectos productivos para la autogestin, como es el caso de las
comunidades de Capullpam de Mndez en Oaxaca, conocidas por
la exitosa gestin comunitaria de emprendimientos de ecoturismo y
de aprovechamiento sustentable de sus bienes forestales. Se trata de
un vigoroso ejemplo de organizacin que en la dcada de 1970 logr

236
Mina Lorena Navarro Trujillo

expulsar a las empresas papeleras de su territorio, y que ahora enfren-


ta la reactivacin de un emprendimiento minero que busca explotar
los yacimientos de la regin. O bien, el pueblo maseual del municipio
de Cuetzalan del Progreso y sus organizaciones sociales en la sierra
norte de Puebla, que ha generado su propia poltica de reordenamien-
to territorial, al tiempo que ha logrado paralizar distintos emprendi-
mientos y resistir ante reiteradas agresiones del Capital nacional y
transnacional.
Sin lugar a dudas, lo ms importante de este amplio abanico de
experiencias es que han logrado alumbrar aspectos cruciales de la cr-
tica al desarrollo capitalista y de las alternativas posibles para garan-
tizar la reproduccin de la vida humana y no humana. Un aprendizaje
en esto es que el cuidado y la regeneracin de los bienes comunes
constituye una condicin primordial para la continuidad de la vida, la
cual puede seguir y estar a cargo de sujetos comunitarios a partir de
formas de autorregulacin social que incorporen entre sus principios
normas de acceso y uso de aquello que se comparte.
Para finalizar, considero que la batalla que estn librando las lu-
chas indgenas y campesinas contra el despojo capitalista en Mxico,
abre pertinentes y urgentes cuestionamientos hacia otros segmentos
de la sociedad y de la izquierda, por ejemplo en contextos urbanos,
sobre cmo resistir pero tambin sobre cmo organizar transiciones
hacia otras formas civilizatorias que garanticen y pongan en el centro
la sostenibilidad de la vida. En ese sentido, la labor de la Ecologa
Poltica entendida como un campo terico-prctico o un nuevo te-
rritorio del pensamiento crtico y de la accin poltica (Leff, 2006:
21), es profundamente relevante para seguir cultivando claves que nos
ayuden a vislumbrar los dispositivos de poder y las contradicciones de
la relacin sociedad-naturaleza en los tiempos oscuros que impone el
sistema capitalista, con el fin de coadyuvar en los procesos de lucha
comprometidos con la defensa y la construccin de alternativas para
hacer en comn la vida.

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240
Gabriela Merlinsky*

LOS MOVIMIENTOS DE JUSTICIA


AMBIENTAL Y LA DEFENSA DE LO COMN
EN AMRICA LATINA. CINCO TESIS EN
ELABORACIN

INTRODUCCIN
A mediados de los aos 80 formaba parte de un grupo de educacin
popular que realizaba actividades en los diferentes asentamientos
ubicados en los mrgenes del Riachuelo, all donde las aguas negras
del ro son una frontera urbana que confina al olvido a los territorios
ms relegados de la metrpolis de Buenos Aires. Para los habitantes
del lugar, la vida cotidiana estaba regulada por el ciclo de las inun-
daciones, cuando por efecto de las sudestadas del Ro de la Plata el
agua invada las viviendas y se interrumpan por completo sus ruti-
nas cotidianas. En aquella poca nadie planteaba que las inundacio-
nes fueran un problema ambiental, no haba expresiones de alarma
por los efluentes contaminados que circulaban a cielo abierto y tam-
poco muestras de preocupacin por las aguas negras del ro satura-
das de metales pesados. Asumido como un rasgo caracterstico, el
color del ro formaba parte del paisaje y esto evidenciaba una forma
de naturalizacin de la contaminacin que, adems de ser una carga
en el cuerpo, era tambin un modo de adaptacin a un contexto ur-
bano muy adverso.

* Investigadora en el Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de


Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires. <merlinsk@retina.ar>

241
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Ya entrado el presente milenio, en esta misma regin, muchas de


las ideas acerca de lo que se considera un problema digno de preocu-
pacin social comenzaron a cambiar y el ambiente empez a formar
parte de diferentes repertorios de reclamos. Para muchos habitan-
tes en los territorios prximos al Riachuelo la cuestin ambiental se
transform en un asunto poltico definido en estrecha relacin con
el dao a la salud de las personas. Diferentes asambleas, foros, gru-
pos autoconvocados y redes de organizaciones se movilizaron para
denunciar diferentes injusticias ambientales (Merlinsky, 2013).
Este proceso no ha sido ajeno a lo sucedido en diferentes re-
giones de Amrica Latina, donde, en aos recientes, han tenido lu-
gar variadas formas de movilizacin socio-ambiental como las re-
sistencias en contra de la mega minera en Per, las campaas por
la defensa del Yasuni en Ecuador, las acciones del movimiento de
afectados por represas en Brasil, las luchas campesinas por el acceso
a la tierra y en contra de acaparamiento de recursos (bosque, biodi-
versidad, semillas) en Paraguay, Bolivia, Chile, Mxico y Colombia
entre tantas otras.
Un elemento comn de estas acciones colectivas, tanto en
Argentina como en otras regiones de Amrica Latina es que represen-
tan formas de respuesta a la expansin de actividades econmicas que
conllevan extraccin intensiva de recursos, expansin de vertederos y
riesgos de contaminacin para quienes el ambiente es la base material
del sustento (Guha y Martnez-Alier, 1997; Martnez-Alier, 2004).
A esto se suma un avance de la frontera extractiva que se ha inten-
sificado en las dos ltimas dcadas, aspecto que ha impulsado diferen-
tes debates sobre las promesas incumplidas del desarrollo. Si uno se
detiene a escuchar las deliberaciones de esos colectivos, rpidamente
se harn audibles diferentes interrogantes. Hay que promover una
utilizacin intensiva de los recursos naturales o es necesario pensar
alternativas colectivas que los preserven en su calidad de bienes co-
munes? Los recursos del ambiente deben ser utilizados para generar
divisas o para apuntalar la agricultura familiar y la produccin agro-
ecolgica? Corresponde impulsar la produccin y comercializacin
de commodities en gran escala para los mercados globales o es nece-
sario abastecer el mercado interno? Los dividendos provenientes de
la produccin de celulosa, el biodiesel o la minera: de qu manera
aportan a la supervivencia de las generaciones futuras? Cul es el va-
lor social y ambiental de las cuencas, la biodiversidad y la estabilidad
del clima para preservar los ecosistemas que son esenciales para la
vida humana y no humana? Es la biodiversidad un recurso transable
en el mercado y valorable monetariamente como servicio ambiental o
forma parte de una red que ha sido construida localmente a travs de

242
Gabriela Merlinsky

un dilogo de saberes que incluye territorios y conocimientos ances-


trales? Son todos ellos interrogantes que alimentan mbitos de expe-
rimentacin social y producen diferentes dilogos que relacionan de
forma novedosa los objetivos de la justicia ecolgica con los antiqusi-
mos reclamos por la justicia social.
Los movimientos de justicia ambiental hacen su aparicin cuan-
do los afectados se sienten amenazados dentro de su propia concep-
cin de la vida por riesgos que perciben como significativos y cuando
se activan procesos de movilizacin social para protestar en contra de
esos daos. No se trata solamente de expresiones defensivas frente al
acaparamiento y el aumento de la tasa de extraccin de los recursos
naturales, aspectos que tienen una arista negativa por el reforzamien-
to de las desigualdades territoriales. Es importante subrayar otro pro-
ceso activo, creador, que da lugar a formas de socializacin poltica
que modifican la percepcin de estos asuntos y donde se producen
construcciones sociales colectivas.
Al ser los grupos ms relegados, en ocasiones, racialmente discri-
minados, quienes sufren diferentes opresiones de clase y de gnero,
los que ponen este debate en el centro de la escena, esto lleva a la
construccin de lenguajes propios que resignifican la definicin de lo
comn en torno al acervo de recursos, territorios, actores humanos y
no humanos que son indispensables para la supervivencia y la repro-
duccin de la vida. Al calor de estas luchas se elaboran definiciones de
conceptos que provienen de saberes no acadmicos que son utilizados
en el movimiento global de justicia ambiental (Martnez-Alier et al.
2016). En otras oportunidades, estas definiciones son el resultado de
diferentes formas de investigacin colaborativa entre activistas, co-
munidades, acadmicos y organizaciones profesionales (Healy et al.,
2012; Escobar, 2008). Finalmente, puede suceder que los conceptos
acadmicos sean reapropiados y resignificados en contextos locales
que incluyen formas de investigacin que acaban expandiendo la sig-
nificacin semntica de las categoras y contribuyendo a la elabora-
cin de nuevos inventarios de problemas (Merlinsky, 2016).
En este artculo quisiera mostrar de qu manera estos colectivos
que reclaman por justicia ambiental elaboran diferentes repertorios
de reclamos en torno a aquello que definen como situaciones de injus-
ticia ambiental. En este punto, me interesan las construcciones con-
ceptuales y las definiciones que construyen gramticas de derechos,
las que voy a presentar al modo de cinco tesis en construccin. Las
mismas refieren a la inscripcin territorial de las luchas ambientales,
la resistencia al cercamiento de los comunes, la produccin de cono-
cimiento colectivo, la deliberacin como espacio de experimentacin
y la demanda por reconocimiento.

243
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Todava en proceso de elaboracin, estas proposiciones aspiran


a ser puestas a prueba en un dilogo reflexivo con diferentes colegas,
organizaciones, grupos acadmicos, asambleas ciudadanas y movi-
mientos sociales.

LOS MOVIMIENTOS DE JUSTICIA AMBIENTAL A ESCALA GLOBAL Y


EN AMRICA LATINA
Han sido las luchas sociales de los movimientos que denuncian la in-
justicia ambiental quienes han llamado la atencin acerca de los lazos
existentes entre la desigualdad social y el peligro ambiental. Estos re-
clamos no siempre se expresan a travs del lenguaje de las demandas
ambientales y, frecuentemente, los mismos actores son reacios a con-
siderarse a s mismos como ecologistas (Guha, 1989).
Las y los activistas de estos grupos, generando resistencias y for-
mas de accin directa en contra de amenazas visibles en sus comuni-
dades, han mostrado, exhibiendo y exponiendo sus cuerpos, de forma
simblica y emotiva, con sus dolencias y prdidas en vidas humanas,
que los peligros txicos y las localizaciones de actividades potencial-
mente peligrosas se superponen de forma implacable con la desigual
distribucin de la renta. Son los grupos ms pobres, las minoras ra-
ciales, las comunidades originarias, las poblaciones con menos poder
e informacin, las que habitualmente soportan la instalacin de acti-
vidades contaminantes y peligrosas en sus sitios de residencia.
La desobediencia civil en gran escala, que ocurri en el condado de
Warren en Carolina del Norte en 1982, fue una de las primeras sea-
les del emergente movimiento de justicia ambiental en Estados Unidos
(Bullard, 1993). Cientos de mujeres y nios afroamericanos, aunque tam-
bin algunos habitantes locales blancos, usaron sus cuerpos para blo-
quear los camiones que traan residuos con policrobifenilos (PCB) a un
sumidero prximo a su comunidad. Los territorios de esas comunidades
de clase trabajadora o rural, principalmente afroamericanas, de Warren
County, haban sido designados para recibir los residuos txicos de las in-
dustrias de Carolina del Norte. Esa manifestacin de desobediencia civil
no violenta abri las puertas a otras acciones de gente de color y de gente
pobre en Estados Unidos. A partir de all empez a forjarse una conexin
entre la cuestin racial, la pobreza y las consecuencias ambientales de la
produccin de residuos industriales (Gibbs, 1992).
El episodio del condado de Warren coloc la cuestin racial en
el orden del da de la campaa antitxicos, y dio lugar a muchos es-
tudios que iban a documentar la pauta histrica de una incidencia
desproporcionada de contaminacin por residuos txicos en reas
donde viven minoras raciales, grupos empobrecidos y comunidades
marginalizadas de las decisiones y el poder.

244
Gabriela Merlinsky

Los trabajos del socilogo estadounidense Robert Bullard han


sido decisivos para exponer evidencias de los nexos existentes entre
riesgo ambiental y desigualdad social. Documentados a travs de ri-
gurosos anlisis estadsticos, estos estudios permitieron mostrar que
la composicin racial de una comunidad es la variable ms apta para
predecir la existencia de depsitos de residuos industriales en un rea.
No es sorprendente entonces que en Estados Unidos el movimiento
de justicia ambiental se haya consolidado como una rama poderosa
del movimiento de derechos civiles; y es en ese contexto que ha sido
acuado el concepto de racismo ambiental (Bullard, 1999).
Ms all de la frontera de Estados Unidos hay ejemplos de casos
resonantes y de enorme fuerza simblica que entroncan diversos re-
clamos por justicia ambiental con una visin en la que naturaleza
y ambiente son percibidos como lugares y conjuntos de relaciones
que sostienen un modo de vida local. En palabras de Giovanna Di
Chiro, se trata de proteger el lugar donde vives, trabajas y juegas
(Di Chiro, 1998). Podemos citar varios ejemplos alrededor del mun-
do como el movimiento chipko en la India, que es la expresin de la
lucha de las mujeres durante casi cuarenta aos por la conservacin
de los bosques y en contra del monocultivo de rboles en las regiones
del Himalaya, en las provincias de Garhwal y Kumaon (Shiva, 1991).
Tambin los movimientos que en Nigeria reclaman por vertidos de pe-
trleo crudo y por la quema de gas residual, acciones que contaminan
el Delta del Niger y que han dado lugar a un movimiento de resisten-
cia comunitario con momentos muy crticos de violencia, tal como
sucedi en 1995 cuando el poeta y lder comunitario Ken Saro Wiva
fue asesinado. Incluso es posible relatar diversos casos en los pases
europeos como el movimiento zadista (una referencia a la nomina-
cin zone dfendre) que realiza ocupaciones pacficas en territorios
destinados a nuevas instalaciones, como por ejemplo aeropuertos, los
que amenazan ecosistemas y modos de vida locales.
Todo ello permite mostrar que las batallas por la justicia ambien-
tal no son exclusivas de un continente, que son luchas expresivas de
los movimientos socio-ambientales en todo el mundo, donde se reac-
ciona frente al avance de las fronteras extractivas y se pone en el cen-
tro de la escena la agudizacin de los conflictos por el acaparamiento
de recursos.
En Amrica Latina las batallas por la justicia ambiental estn
asociadas a la disputa por los supuestos beneficios de los modelos
de desarrollo. Los movimientos reclaman por la injusta produccin/
distribucin de riesgos, daos ambientales y problemas sanitarios.
Un aspecto central que se pone en juego en la discusin es la afecta-
cin a la salud, la vida y modos de vida, de los territorios en los que

245
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

habitan comunidades indgenas y campesinas, pueblos con econo-


mas agrcolas y asentamientos de clase trabajadora en las perife-
rias de las ciudades. En todos esos ejemplos se observan diferentes
conflictos por las consecuencias de contaminacin industrial, los
efectos de la agricultura txica en zonas periurbanas y rurales, la
megaminera y las deforestaciones masivas (Carrizo y Berger, 2012;
Acselradet al., 2004; Almeidaet al., 2010).
Uno de los primeros mojones en esta batalla por la justicia am-
biental que logr repercusin internacional fue la resistencia popular
a la privatizacin del servicio de agua en Cochabamba (Bolivia), ms
conocida como la guerra del agua. El conflicto se inici en septiem-
bre de 1999, cuando la multinacional Bechtel firm un contrato con
el presidente Hugo Banzer para privatizar el servicio de suministro
de agua a Cochabamba, la tercera ciudad ms grande de Bolivia. El
contrato fue oficialmente conseguido por una empresa denominada
Aguas del Tunari, un consorcio empresarial en el que Bechtel parti-
cipaba con el 27,5% de las acciones. Para legitimar la concesin, el
gobierno promulg una ley de Aguas (ley 2.029), que posibilitaba la
concesin de monopolios en la dotacin de agua en una determina-
da regin, obligando a las cooperativas locales, pozos y otras fuentes
de provisin de agua a conectarse a la red del concesionario (De la
Fuente, 2000). Poco despus surgieron quejas sobre el aumento de las
tarifas del agua, que en algunos lugares se elevaron en ms de un cien
por cien, lo que termin desencadenando una serie de manifestacio-
nes y protestas que tuvieron lugar en Cochabamba durante los meses
de enero a abril de 2000. La escalada de movilizaciones culmin con
una de las crisis institucionales ms severas de Bolivia. El contrato
con la empresa fue rescindido y la gestin del agua volvi a manos del
gobierno regional.
En Argentina, en los ltimos aos, se ha venido produciendo en
todo el pas una serie de reclamos y demandas por las cuales los veci-
nos se movilizan para ejercer un control sobre su mbito territorial.
Los pobladores, organizados bajo la forma de asambleas ciudada-
nas autoconvocadas o asambleas multisectoriales, reclaman por
la proteccin de sitios no urbanizados; rechazan la implantacin de
minas, industrias, infraestructuras y proyectos inmobiliarios o piden
el control de la contaminacin asociada a ciertas actividades o usos
del espacio.
Lo caracterstico de estas manifestaciones es que la nocin de jus-
ticia ambiental atraviesa la defensa de las condiciones de vida y la sa-
lud para incorporar la discusin sobre el acceso a los recursos (agua,
tierra, recursos forestales, infraestructura bsica) en el marco de dis-
putas econmicas, pero tambin en trminos de valores culturales e

246
Gabriela Merlinsky

identitarios. Se reacciona en contra del acaparamiento de un espacio


respecto del cual los propios colectivos se definen como sujeto de de-
rechos y, de este modo, se oponen a las intervenciones de actores ex-
teriores a la sociedad local (empresas multinacionales, corporaciones,
Estado Nacional) (Blanchon et al., 2009: 4).
Si bien la referencia a la justicia ambiental es muy antigua y
en la literatura se remonta a la tradicin de lucha de movimientos
campesinos y de trabajadores que, en siglos anteriores, han resisti-
do diferentes cercamientos1, en este artculo quiero hacer referen-
cia a un nuevo ciclo de conflictividad ambiental en Amrica Latina,
cuyo momento bisagra es el comienzo del presente milenio. El punto
clave de este nuevo ciclo es que las acciones colectivas proponen
nuevos repertorios para denunciar la desigualdad ambiental, los
que establecen mltiples conexiones entre humanos y no humanos
y producen definiciones de la justicia que enlazan la cuestin social
y la ambiental. Como ya fue mencionado, voy a presentar estos re-
pertorios de accin colectiva considerando los siguientes aspectos:
la inscripcin territorial de las luchas ambientales, la resistencia al
cercamiento de los comunes; la produccin de conocimiento colec-
tivo, la deliberacin como espacio de experimentacin y la demanda
por reconocimiento.

LA INSCRIPCIN TERRITORIAL DE LAS LUCHAS AMBIENTALES


Un elemento distintivo de las movilizaciones socio-ambientales que
reclaman por justicia ambiental es la construccin de lenguajes que
revalorizan y cualifican el espacio, lo que permite reforzar el lazo so-
cial entre los colectivos movilizados y el territorio (Mel, 2003). La
vida social comunitaria tiene inscripcin espacial porque es constitui-
da por hombres y mujeres que en su materialidad corporal no pueden
prescindir del agua, de la tierra, del aire y del fuego (Porto-Gonalves,
2006). Por esa razn, la territorialidad debe ser entendida concep-
tualmente como una relacin entre diferentes grupos humanos y su
medioambiente espacio-temporal, un tipo de vnculo que se funda-
menta en lo vivido, por lo tanto, el punto de inicio de la territorialidad
son los instrumentos y los cdigos de los actores que dejan huellas en
el territorio (Raffestin, 1982).
Qu sucede entonces cuando se plantea un conflicto ambien-
tal en torno al acaparamiento de los recursos y se ponen en entre-
dicho los supuestos beneficios y perjuicios de la instalacin de una
actividad econmica en un territorio dado? Con frecuencia uno de
los primeros momentos de la movilizacin social es la construccin

1 Ver por ejemplo el trabajo de Soto Fernndez et al. (2007).

247
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

de formas de expresin que reclaman que el espacio no es inter-


cambiable con otros. Este tipo de reaccin permite la construccin
de lenguajes de valorizacin del ambiente (Martnez-Alier, 2004)
o la elaboracin de modelos de justificacin ecolgica (Lafaye y
Thevenoth, 1993) que se distancian de la valuacin monetaria y
establecen racionalidades alternativas para definir la significacin
del territorio.
Patrice Mel propone, asimismo, analizar las situaciones de con-
flicto como momentos de territorializacin, se trata de procesos di-
nmicos en los que la preservacin del espacio se transforma en objeto
de negociacin y representa un cuadro de vida, es decir un horizonte
de aspiraciones comunes. De este modo, las formas de justificacin
en torno a la legitimidad de las reivindicaciones movilizan visiones
del territorio y ponen en cuestin las modalidades de insercin y las
posiciones espaciales ocupadas por los habitantes. Es entonces cuan-
do los movimientos tienden a sealar diferencias en cuanto al reparto
geogrfico de los daos, lo que lleva a la construccin de lenguajes que
plantean el problema de la desigualdad ambiental.
Si la experiencia de movilizacin social se mantiene a lo largo del
tiempo, es posible que el conflicto tenga una productividad territorial.
Se trata de expresiones de desacuerdo en torno a los usos sociales
del espacio, las que impulsan diferentes formas de control territorial,
como la delimitacin de zonas de proteccin ambiental, la modifica-
cin de las reglas que definen los derechos de propiedad de diversos
actores sociales o incluso cambios en los poderes jurdicos y las com-
petencias de los niveles de gobierno para tomar decisiones que afec-
tan el territorio (Mel, 2003; Azuela y Musseta, 2008).
En Amrica Latina los procesos de inscripcin territorial de las
luchas por la justicia ambiental asumen variadas formas y reconocen
una orientacin subjetiva que se deriva de la experiencia de vivir en
un lugar particular, respecto del cual los individuos desarrollan senti-
mientos de apego a travs de sus experiencias y memorias.
Arturo Escobar se ha referido en diversas oportunidades a la
experiencia de la red de organizaciones etno-territoriales conocida
como Proceso de Comunidades Negras en el Pacfico Colombiano, un
mbito de organizacin colectiva que ha ido construyendo lo que el
autor denomina poltica de lugar, en tanto la definicin de una re-
gin de enunciacin en tanto territorio y regin de grupos tnicos,
se ha convertido en un principio de gravitacin de las estrategias
polticas como tambin de las polticas de conservacin. Se trata de
luchas basadas que relacionan el cuerpo, el medio ambiente, la cul-
tura y la economa en toda su diversidad (Harcourt y Escobar, 2005).
De este modo, se pone en evidencia el carcter histrico profundo de

248
Gabriela Merlinsky

esta regin en todas sus dimensiones geolgicas, biolgicas, cultu-


rales y polticas y cmo estas dimensiones han sido siempre objeto
de negociaciones2.
En Argentina, volviendo a nuestro ejemplo de los grupos afectados
por la degradacin ambiental del Riachuelo, lo que sucedi en la ltima
dcada tuvo que ver con la construccin de una regin de enunciacin
ms amplia: la cuenca. Si antes la degradacin de las aguas y el te-
rritorio no era tratada como problema socio-ambiental, la experiencia
colectiva de definir las conexiones entre la falta de inversin en poltica
de agua y saneamiento, la residencia en un territorio ganado al ro y la
existencia de graves problemas sanitarios, permiti construir un espa-
cio organizativo comn que se denomina Foro Hdrico. En palabra de
uno de sus lderes: si la ltima inundacin del ao 2000 fue un golpe
fuertsimo, es all cuando decidimos tener una herramienta que se lla-
mara Foro Hdrico, tomando recaudos para lograr apoyos polticos de
diferentes agrupaciones y buscando ampliar nuestro horizonte. No se
trata solo sobre las inundaciones, para solucionar el problema hdrico
de la zona se necesita un proyecto integral para la cuenca Matanza-
Riachuelo que debe ser, sobre todo un programa de lucha contra la
injusticia social (entrevista a V. F., Foro Hdrico, 27-09-2006).

LA RESISTENCIA AL CERCAMIENTO DE LOS COMUNES


Los bienes comunes son aquella parte del entorno que rebasa el
mbito de la posesin individual, pero respecto del cual la persona
tiene un derecho reconocido de uso, no para producir mercancas,
sino para la subsistencia de sus congneres. Lo comn no refiere
solamente a un conjunto de bienes sino tambin a aquellos mbitos
o espacios del entorno natural y social de los que depende la sub-
sistencia y la seguridad. Se trata de esferas que no pueden definirse
como privadas o pblicas y que estn sometidas a normas de uso
culturalmente determinadas por las personas y grupos cuya existen-
cia depende de ellos.
En la literatura sobre el tema es posible evocar la tradicin an-
glosajona sobre el cercamiento de los comunes que refiere a los

2 Arturo Escobar llama la atencin sobre la construccin conceptual que lleva ade-
lante este movimiento, pues una de las reuniones de los activistas era anunciada bajo
el subttulo: Conceptos de los Pueblos Indgenas y Negros del Pacfico Colombiano.
Dice Arturo Escobar: la idea de que las poblaciones indgenas y negras pudieran
tener conocimiento, menos an conceptos, era todava nueva, aunque se estaba
volviendo ms usual, gracias a la discusin sobre conocimiento local en los debates
alrededor de la conservacin de la diversidad biolgica, particularmente despus de
la Cumbre de la Tierra (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo y Medio
Ambiente) realizada en Ro de Janeiro en 1992 (Escobar, 2011: 61).

249
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

commons, una palabra del ingls antiguo que, en la poca preindus-


trial se usaba para designar ciertos aspectos del entorno. La gente
llamaba comunales a aquellos espacios que, mediante el derecho
consuetudinario quedaban ms all de los propios umbrales indivi-
duales y fuera de sus posesiones, por las cuales sin embargo se
tenan derechos de uso reconocidos. Estos, no eran para producir
bienes de consumo sino, muy por el contrario, para contribuir al
abastecimiento de las familias, es decir para la elaboracin de bie-
nes de uso. Este proceso fue desarticulado en siglo XVIII durante la
denominada revolucin agrcola en lo que Polanyi (2007) denomin
revolucin de los ricos contra los pobres y que implic la transfor-
macin de las tierras comunales en espacios privados.
Por otro lado, existe la tradicin de pueblos originarios y comu-
nidades campesinas de Amrica Latina quienes, desde tiempos inme-
moriales, han establecido complejos regmenes de vida y gobierno.
Estos ltimos no slo abarcan formas de tenencia de la tierra o modos
comunales de uso, sino que adems hacen referencia a formas de rela-
ciones sociales que, como seala Esteva (2006) son tambin espacios
de libertad.
Lo que me interesa resaltar aqu es el modo en que diferentes
movimientos por la justicia ambiental tanto urbanos como campesi-
nos e indgenas retoman estas referencias para producir mbitos de
comunalidad o comunidad que expresan un descontento con el modo
industrial de produccin, con el extractivismo y/o con el capitalismo
mediante iniciativas que defienden y recrean lo comn para resistir a
su cercamiento. Cuando las asambleas en contra de la minera a cielo
abierto en Argentina plantean que el agua vale ms que el oro estn
haciendo referencia a esta idea de un mbito comn de relaciones so-
ciales que es parte de una historia local, donde el componente hdrico
es entendido como un ensamble socio-natural.
Las movilizaciones contra plantaciones de rboles establecidas
para produccin de madera o pasta de papel, privando a los poblado-
res locales de tierras y agua, dieron lugar hace 20 aos al eslogan y al
movimiento Las plantaciones no son bosques. En Brasil, el trmino
desiertos verdes fue el nombre con el cual se bautiz espontnea-
mente y desde abajo a las plantaciones de eucalipto en Esprito Santo
y otras regiones, a las cuales se opusieron campesinos locales y pue-
blos indgenas. Estas plantaciones eran ciertamente un tipo de cerca-
miento o privatizacin de los comunes, impulsada por la exportacin
de pasta de papel y celulosa (Martnez-Alier et al., 2016).
En las disputas en torno a la preservacin de la biodiversidad y
los conocimientos en torno a las semillas, por ejemplo, se las concibe
no solo como parte de la cadena alimentaria, sino tambin como un

250
Gabriela Merlinsky

lugar donde se almacena la cultura y la historia. De este modo, el libre


intercambio de semillas adquiere un significado primordial en tanto
incluye intercambios de ideas y de conocimientos, de cultura y de
herencias. Se trata de una acumulacin de tradicin, de una acumu-
lacin de conocimientos acerca de la relacin entre las culturas y la
transformacin de las semillas como formas de cultivo y como medios
de vida (Shiva, 2003:18).
Los pueblos originarios que han participado de las audiencias
pblicas por la reglamentacin de la ley de proteccin de bosques
nativos en Salta han procurado hacer or su voz para cuestionar los
criterios de preservacin de los bosques basados en la valuacin de
los servicios ambientales y en su potencialidad productiva. En una
carta dirigida al ministro de ambiente provincial, los representantes
de la comunidad kolla sealan que si bien la ley contempla que para
las zonas habitadas por comunidades indgenas deben respetarse las
legislaciones nacionales e internacionales para pueblos originarios,
todo el marco legal y tcnico est sustentado desde una cosmovisin
muy distinta a la nuestra y a la cual le es muy difcil ver o vivenciar
otras formas de relacionarse con la naturaleza. En cambio para noso-
tros el monte no es un valor econmico, no es un recurso a explo-
tar, es nuestro bosque sagrado, nuestra Pachamama tambin, nuestra
madre, donde habitan nuestras plantas deidad (plantas medicinales)
que nos curan, al monte no se va por ir noms, tiene su tiempo de ir,
no se recoge una planta medicinal o un palo en cualquier tiempo, as
como el monte nos cra, lo criamos tambin, hay como en todo y con
todo en nuestra cultura una relacin de profundo respeto, cario y
reciprocidad (citado en Langbehn, 2015:210).
Estas formas de nombrar lo comn para dejarlo afuera de valora-
ciones mercantiles son un poderoso catalizador de la accin colectiva,
porque producen una vinculacin entre el mbito organizacional y
el territorio de bienes comunes. Lo comn es lo que se protege, pero
tambin es lo que se recrea mediante la inscripcin de las prcticas
en el espacio.

LA PRODUCCIN DE CONOCIMIENTO COLECTIVO


En la literatura que registra las experiencias de los movimientos de
justicia ambiental, se seala que uno de los factores detonantes de
la movilizacin es precisamente, la negacin del problema por parte
de las agencias estatales, aspecto que muchas veces incluye el ocul-
tamiento sistemtico de la informacin (Capek y Gilderbloom, 1992;
Capek, 1993; Di Chiro, 1998; Gibbs, 1992).
Estas formas de sustraer y escamotear informacin que es rele-
vante para conocer las causas de las afecciones a la salud y los efectos

251
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

potenciales de emprendimientos y proyectos inmobiliarios, es asimis-


mo un modo de dominacin social que empuja a los afectados a la
construccin de conocimiento propio mediante investigaciones que
se proponen establecer las causas de las enfermedades y los daos po-
tenciales. Buscando informacin mediante el relevamiento de fuentes
de informacin alternativas a las fuentes oficiales o, incluso, en datos
producidos por las agencias estatales pero que luego no son publica-
dos, los ciudadanos procuran establecer cadenas causales de mayor
alcance para determinar niveles de responsabilidad en la generacin
del dao.
En muchos conflictos es muy difcil probar la incidencia despro-
porcionada de morbilidad o mortalidad en base a estadsticas oficiales
debido a la falta de centros de salud o de relevamientos epidemiolgi-
cos que tomen en cuenta los factores ambientales. De all el surgimien-
to de la denominada epidemiologa popular (Brown 1992, 1997), un
concepto relevante que da cuenta de formas de produccin de cono-
cimiento en las que los pobladores y grupos afectados por diversos
peligros ambientales desarrollan diferentes investigaciones para es-
tablecer los orgenes de los problemas de salud que los aquejan. A
diferencia de la epidemiologa tradicional (realizada por cientficos),
la epidemiologa popular busca incorporar en el anlisis eslabones
causales de mayor alcance, lo que incluye tomar en consideracin los
intereses empresarios, las decisiones gubernamentales y las regulacio-
nes. Se trata de investigaciones que buscan establecer cules son los
actores responsables y, por eso mismo, sus principales resultados se
transforman en reclamos que exigen diferentes formas de reparacin
a los cuerpos afectados (Brown, 1992; Akrich et al., 2010: 19).
Este proceso de bsqueda de informacin y de realizacin de in-
vestigaciones por fuera del laboratorio, en ciertas ocasiones, lleva a
confrontar las decisiones tomadas en los espacios cerrados de buro-
cracias estatales y los crculos empresariales; y conduce a un cues-
tionamiento de las definiciones basadas en el conocimiento de los
expertos.
La epidemiologa popular implica que el conocimiento popular
sobre enfermedades relacionadas a la contaminacin no es menos v-
lido que el conocimiento oficial. Es un concepto que encaja con la teo-
ra de ciencia post-normal (Funtowicz y Ravetz, 1993) o la ciencia
callejera (Corburn, 2005).
Pero esto no implica que no se movilicen conocimientos exper-
tos porque la gran complejidad y multidimensionalidad de la cuestin
ambiental requiere definiciones tan diversas y complejas como el ni-
vel de peligrosidad de determinadas sustancias, la escala de produc-
cin y efluentes que puede tolerar el ecosistema de un ro, el impacto

252
Gabriela Merlinsky

admisible para la salud del uso de determinados compuestos o la for-


ma adecuada de extraer agua para consumo humano sin daar las
napas, etc. Para participar en estas discusiones, en consecuencia, se
requiere de un proceso de aprendizaje en el dominio cientfico y, fre-
cuentemente, son los profesionales de cada comunidad o incluso los
docentes e investigadores universitarios que llevan adelante experien-
cias de acompaamiento comunitario.
En Argentina, el movimiento de mdicos de pueblos fumigados
enlaza el trabajo de diferentes profesionales de la salud, sindicalistas,
vctimas del agronegocio, investigadores e investigadoras, maestros y
maestras, estudiantes, vecinos y organizaciones de comunidades afec-
tadas para realizar campamentos sanitarios. Se trata de una activi-
dad en la que los estudiantes del ltimo ao de la carrera de medicina
se instalan durante un perodo en un pueblo afectado por fumigacio-
nes con agroqumicos y all se realizan muestreos y entrevistas. Esto
da como resultado un mapa epidemiolgico y un proceso de construc-
cin colectiva de conocimiento.
Se trata de modalidades de participacin en foros hbridos
(Callon et al., 2001), donde profesionales y los afectados colaboran
para elaborar argumentos y poner en discusin muchas de las ase-
veraciones de la ciencia regulatoria que postula la baja incidencia o
incluso la innocuidad de procesos tecnolgicos, sustancias e instala-
ciones peligrosas.
Este tambin fue el caso de los demandantes por la sancin de
una ley de proteccin de humedales en Argentina o ms conocido
a nivel internacional el ejemplo de lucha de las madres del Barrio
Ituzaing Anexo en Crdoba, Argentina, quienes reclamaron por las
afecciones a la salud originadas por la fumigacin con plaguicidas y
utilizaron como herramienta de prueba tanto los relevamientos de ca-
sos de cncer en sus comunidades, como los testimonios de diversos
expertos, entre ellos Andrs Carrasco, el investigador del CONICET
que realiz investigacin cientfica acerca de los efectos del glifosato
en embriones anfibios.
En no pocas ocasiones los procesos organizativos de los movi-
mientos de justicia ambiental, estn apalancados por valerosas muje-
res, quienes accionan procesos de movilizacin social en continuidad
con sus intereses prcticos de gnero. Estas mujeres, hacen investi-
gaciones sobre problemas tanto locales como globales, actan colec-
tivamente en respuesta a diversas amenazas dirigidas a sus comuni-
dades y asumen la autoridad para hablar en representacin colectiva.
Y esto sucede porque la maternidad como eje de identificacin, no
solo remite a lo estrictamente domstico, sino tambin a aquello
que proporciona un sustrato vital para el activismo de las mujeres

253
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

y la resistencia de la comunidad ms amplia. Es posible hablar de


una conciencia femenina para describir la base de la accin poltica
de estas mujeres, quienes al proclamar su identidad como esposas y
madres, lo hacen en los trminos que su cultura dicta, pero tambin
construyen reivindicaciones polticas dirigidas a los agentes estatales
y a los grupos poderosos.
En una lnea similar, Astrid Ulloa da cuenta de los feminismos
territoriales, cuando hace referencia a las luchas lideradas por mu-
jeres indgenas, afrodescendientes y campesinas, que se centran en
la defensa del cuidado del territorio, el cuerpo y la naturaleza, que
producen una potente crtica a los procesos de desarrollo y los extrac-
tivismos. Estos feminismos territoriales reclaman por la defensa de
actividades cotidianas de subsistencia, de autonoma alimentaria y de
modos de vida. Se trata de visiones en las que la defensa de la vida est
estrechamente asociada a prcticas y relaciones entre hombres y mu-
jeres y las relaciones de lo humano con lo no humano, planteando una
continuidad de la vida articulada a sus territorios (Ulloa, 2016: 134).
Al cuestionar la autoridad exclusiva de los expertos y producir
conocimientos para poner en discusin las aseveraciones de la ciencia
regulatoria, los movimientos de justicia ambiental generan alertas so-
bre peligros y sustancias potencialmente dainas y se asumen como
portadores de un conocimiento vlido, que permite abrir interrogan-
tes sobre la calidad de vida, la salud y el bienestar de un conjunto muy
vasto de grupos, comunidades y organizaciones territoriales.

LA DELIBERACIN COMO ESPACIO DE EXPERIMENTACIN


Un elemento que explica la emergencia y multiplicacin de conflic-
tos ambientales en diferentes regiones de Amrica Latina tiene que
ver con las transformaciones en la sociedad civil, especialmente en lo
que hace a su recomposicin a partir del efecto combinado de expe-
riencias autoritarias militares y civiles, transiciones inacabadas de de-
mocratizacin poltica y reformas econmicas neoliberales (Panfichi
2002: 14). La sociedad civil que emerge de esos procesos, tiene una
relacin paradojal con la democracia: por un lado, otorga un respaldo
casi sin precedentes a este sistema de gobierno; por el otro, plantea
una creciente insatisfaccin con el carcter marcadamente instru-
mental de las concepciones en las polticas de gobierno. Esto ha dado
lugar a la emergencia de movimientos ciudadanos protagonizados por
actores sociales con un mayor grado de autonoma frente al Estado y
el mercado, y que en sus demandas expresan una bsqueda por rede-
finir derechos de matriz ciudadana.
Un carcter notable de los movimientos de justicia ambiental
que se repite a lo largo de diferentes experiencias y en diversas

254
Gabriela Merlinsky

regiones, es la emergencia de formas de organizacin originadas


en grupos locales que se autodefinen como autoconvocados. Se
trata de un formato de accin colectiva que tiene vigencia como for-
ma de articulacin de los diferentes actores sociales, polticos y eco-
nmicos que reclaman por afectaciones al territorio y al ambiente.
En la dinmica contenciosa estas formas de organizacin se
transforman en espacios de experimentacin y produccin de marcos
interpretativos. Cuando los actores definen colectivamente cules son
los espacios que hay que proteger y elaboran argumentos para defen-
der aquello que definen como bienes comunes, construyen repertorios
de problemas y soluciones (Callon et al., 2001). Las redes de actores
producen enlaces de problemas, y ponen en escena esquemas de in-
terpretacin que permiten localizar, percibir e identificar eventos y
situaciones, organizar la experiencia y orientar la accin.
Esto da lugar a formas de deliberacin que evocan un modo ago-
nstico de entender el conflicto, esto implica que no se busca alcanzar
un consenso racional entre todos los implicados, por el contrario, se
entiende que el conflicto tiene una funcin expresiva para la forma-
cin de identidades colectivas y para hacer or la palabra de los que
no son escuchados.
Una muestra expresiva de estos modos de entender la delibera-
cin son las asambleas ciudadanas ambientales que construyen ex-
periencias en innumerables regiones de Amrica Latina. Se trata de
formatos de accin colectiva donde la participacin no est asociada
a la representacin tradicional de los partidos polticos y, si bien los
activistas y militantes de los partidos pueden formar parte del colec-
tivo, lo hacen en calidad de ciudadanos. En estas asambleas, se in-
cluyen actores con identidades y formas organizativas diversas y la
deliberacin se orienta a monitorear los tiempos y formas de protesta.
Una misma medida votada en asamblea puede ser revocada en una
siguiente reunin, aspecto que renueva la dinmica en pos de la cons-
truccin de un nuevo consenso (provisorio).
Por otra parte, en tanto la composicin de estas asambleas es
multisectorial, la deliberacin es un catalizador de intereses y posi-
ciones diversas que pueden incluir aspectos tan diferentes como la
resistencia a acciones centralistas del Estado, el enlace entre deman-
das sociales y ambientales, la promocin de modos de produccin
agroecolgica, la defensa de la soberana alimentaria, los derechos
ancestrales de los pueblos originarios o la promocin de legislaciones
de proteccin ambiental. Por esa misma razn y sin duda, esta es una
de las potencialidades creadoras de estos movimientos el mismo pro-
ceso de deliberacin puede dar lugar a mbitos de deliberacin dife-
rentes que asumen variadas formas segn sea la escala de influencia.

255
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Por ejemplo una asamblea puede unirse con otras y dar lugar a un
nuevo nucleamiento o, si una propuesta logra escalar al nivel regio-
nal o nacional, esas mismas acciones pueden transformarse en una
campaa que nuclea diversos movimientos regionales, nacionales e
incluso internacionales.
Un aspecto gravitante en este modo de entender la democracia
guarda relacin con la defensa de la autonoma que, en estos movi-
mientos, con frecuencia implica una frrea resistencia a participar
en procesos de mediacin con aquellas empresas y corporaciones que
son una parte gravitante en el conflicto y/o son definidos como las res-
ponsables del acaparamiento o saqueo de recursos. La razn de fondo
es que estas iniciativas de mediacin propuestas por los actores que
detentan mayor poder, no buscan canalizar sino erradicar el conflicto.
En la mayora de los procesos participativos propuestos por empresas
y/o agencias estatales ya est definido de antemano el objeto de la
deliberacin, lo que no incluye como opcin la posibilidad de dar de
baja los proyectos. Por lo tanto, la resistencia a integrar esas mesas de
consulta es un modo de poner en evidencia la falta de legitimidad de
estos procesos participativos.
Considero que en estos mbitos de experimentacin estn los as-
pectos ms productivos de los movimientos de justicia ambiental y
todava queda mucho por investigar en torno a estos espacios dinmi-
cos de produccin de acciones colectivas. El aspecto ms innovador
es la construccin de espacios de deliberacin que contribuyen a un
enriquecimiento de la democracia de base y que asimismo son formas
de control social frente al excesivo poder de crculos hermticos en los
que se toman las decisiones socio-tcnicas (Callon et al. 2001: 54). En
definitiva, son procesos de construccin de problemas en los que se
enriquecen los inventarios de soluciones, donde se articulan acciones
entre grupos heterogneos y se toman en cuenta asuntos pblicos ig-
norados por los poderes estatales e invisibilizados por vastos sectores
de la sociedad.

LA DEMANDA POR RECONOCIMIENTO


Es la falta de reconocimiento simblico de las vctimas y su desti-
tucin en tanto actores que tienen derecho a intervenir en asuntos
que los implican personal y colectivamente, lo que impulsa el re-
clamo por justicia. Las vctimas cuestionan una retrica tcnico-
burocrtica que desconoce el reclamo en los trminos en que son
planteados por los afectados y, de algn modo, es la percepcin de
ser tratado como ciudadano/a de segunda categora lo que fun-
ciona como un poderoso activador de la movilizacin social (Capek
y Gilderbloom, 1992).

256
Gabriela Merlinsky

Los colectivos que reclaman por justicia ambiental exigen un jus-


to reconocimiento a los cuerpos afectados, aspecto que conlleva a un
planteo expresivo que pone en evidencia el aspecto discriminatorio
del problema. Se trata de una batalla que pone en el centro de la discu-
sin diferentes formas de opresin, entre ellas la violencia simblica
que supone que ciertos grupos sociales deban quedar irremediable-
mente asociados al peligro txico, la contaminacin y la enfermedad
que de all proviene. Como lo han sealado los textos pioneros de la
antropologa del riesgo, la discusin sobre el dao, la contaminacin,
la suciedad, son formas organizadoras de diferentes concepciones del
orden, el merecimiento y las representaciones del buen ciudadano. Si
los objetos pueden ser desechados (las basuras son rechazadas en el
proceso de clasificacin, en su calidad de elementos que estn fuera de
lugar), qu lugar ocupan esas personas que estn ubicadas en el lugar
del desecho? (Harvey, 1996: 387; Douglas, 1984:3).
El no reconocimiento es un tipo de opresin que deforma y mol-
dea la concepcin que los seres humanos tienen de s mismos (Taylor,
1993), es por eso que el movimiento de justicia ambiental exige un
igual tratamiento ante la ley, por sobre todas las cosas, porque eso
implica una batalla por el respeto y la autodeterminacin. Esto con-
tribuye al cuestionamiento de las diferencias culturales y valorativas
respecto a cmo se define lo justo en determinadas decisiones ins-
titucionales (Waltzer, 1983; Fraser y Honneth, 2006). Esto abarca la
justicia distributiva (reparto de cargas, medidas de reparacin) como
la justicia procedimental, es decir qu actores son tomados en cuenta
en un diferendo, si se reconocen sus intereses, si pueden participar
y cul es el balance de poder efectivo que resulta de esas acciones
(Paavola, 2007:96).
Los textos de Iris Young permiten entender ms de cerca cmo
se juegan estas polticas que claman por el reconocimiento en una
sociedad reglada (en la que solamente los grupos de inters y las
burocracias pueden participar en los procesos formales de decisin
poltica) y donde no es la persuasin la que determina cules son las
mejores medidas o cules son las decisiones ms justas. El elemento
deliberativo que debiera orientar las cuestiones de inters colectivo
queda pervertido, al ser los ciudadanos excluidos de los procedimien-
tos para la toma de decisiones (Young, 1990).
La exclusin en los procesos de toma de decisiones asume un
carcter marcadamente discriminatorio en las grandes ciudades del
tercer mundo, donde las clases altas y medias son portadoras de re-
presentaciones acerca de la impureza que subyace a las prcticas de
separacin fsica de los sectores populares y su expulsin de la ciu-
dad. Importantes capas de estos sectores se ven obligados a vivir en

257
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

las zonas fuera de mercado como son las tierras fiscales, espacios
urbanos inundables, reas contaminadas y carentes de servicios que
pasan a ser un hbitat socialmente determinado por esas prcticas
de expulsin. El medio ambiente caracterstico de estos sectores no
constituye, de por s un ambiente saludable y su degradacin revela la
reproduccin espacial de asimetras socioeconmicas y polticas entre
estratos sociales. La segregacin y separacin de los grupos sociales
en la ciudad se expresa en una distribucin diferencial de los ries-
gos ambientales; as, es posible identificar una epidemiologa de las
desigualdades que sigue la geografa de las zonas de mayor riesgo en
materia de salud y bienestar (Lemkow, 2002).
Posiblemente sea esta una de las razones que explica la importan-
cia que asumen los movimientos por la justicia ambiental en los cen-
tros urbanos. Aqu se reclama por el derecho a la ciudad, entendido
como una forma de reconocimiento a todos los ciudadanos a poder
disfrutar de los beneficios de la vida urbana.
Para citar un ejemplo que conozco muy bien en el que estn
implicadas varios millones de personas afectadas, las organizaciones
sociales que reclaman por justicia ambiental en la cuenca Matanza-
Riachuelo han logrado judicializar su demanda invocando el derecho
constitucional al ambiente sano ante la Corte Suprema de Justicia
de la Nacin. Sin embargo, aun cuando hay un caso judicial abierto
y se ha creado un organismo para responder a la demanda por la re-
composicin ambiental de la cuenca, en todos estos aos, los grupos
ms afectados no han podido hacer or su voz en lo que refiere a sus
demandas por el derecho a la ciudad. Por un lado, no son un actor
con voz en el proceso judicial, por el otro, las medidas implementadas
son fragmentarias, no atienden a la cuestin social y no incorporan
criterios de justicia que reconozcan un conjunto de derechos como el
derecho al agua y el saneamiento, al hbitat saludable, a la educacin
y a la salud, entre otros (Merlinsky, 2013).
En sntesis, los integrantes de estos movimientos exigen polticas
de reparacin a los cuerpos afectados y a los ambientes degradados,
no se trata apenas de formas de compensacin monetaria, por el con-
trario, el lenguaje al que se apela refiere al derecho a ser escuchado
en los trminos que dicta la propia cultura y al reconocimiento como
sujetos de derechos.

REFLEXIONES FINALES
Hemos visto que los movimientos de justicia ambiental son modos
de organizacin colectiva que producen resistencias y movilizaciones
en contra del acaparamiento de los recursos naturales, aspecto que,
en el lenguaje de los protagonistas, hace referencia a la defensa de

258
Gabriela Merlinsky

bienes comunes, mbitos comunitarios y/o comunales. En estas expe-


riencias, la definicin del problema se construye en torno a la defensa
de la vida, se establecen mltiples conexiones entre humanos y no
humanos y se producen diferentes definiciones acerca de la justicia.
El marco cognitivo comn que define la situacin de injusticia da
cuenta de la imposicin desproporcional de los riesgos ambientales
sobre las poblaciones menos dotadas de recursos de informacin, fi-
nancieros y polticos. Es una respuesta a la constatacin de que sobre
los ms pobres y los grupos tnicos desprovistos de poder recae, en
forma exponencial, la mayor parte de los riesgos ambientales social-
mente inducidos, sea en el proceso de extraccin de los recursos natu-
rales, sea en la disposicin de residuos en el ambiente.
Hemos sealado dos aspectos centrales que permiten caracteri-
zar a estos movimientos: por un lado, son diferentes articulaciones
entre demandas de clase, tnicas y de gnero las que terminan mol-
deando el reclamo por justicia, por el otro, el proceso de construccin
de demandas asume una racionalidad que se resiste a ser instrumen-
tada mediante una lgica de valoracin mercantil de los daos. Son
luchas que no aceptan ser enmarcadas ni por las grandes organizacio-
nes ambientalistas, ni por los expertos y que plantean importantes de-
mandas al Estado por una proteccin equitativa frente a los peligros
ambientales y la exigencia de una distribucin justa en el acceso a los
recursos.
En lo que refiere a la inscripcin territorial de las luchas ambienta-
les hemos podido identificar elementos novedosos que producen efectos
en la delimitacin de zonas de proteccin ambiental, la modificacin de
las reglas que definen los derechos de propiedad o, incluso, cambios en
los poderes jurdicos y las competencias de los niveles de gobierno para
tomar decisiones que afectan el espacio en juego. Si bien estos ltimos
casos no son los ms frecuentes, es cierto que en nuestras investigacio-
nes colectivas sobre conflictos ambientales hemos podido documentar
diversos ejemplos de este tipo (Merlinsky, 2014, 2016).
Hemos hecho referencia a la resistencia al cercamiento de los co-
munes, como un repertorio que impulsa la construccin de conceptos
locales (justicia hdrica, justicia climtica, racismo ambiental, etc.) y
que permite construir campaas para describir los bienes que estn
en juego e intervenir en los conflictos. Un punto muy interesante es
que esos conceptos han sido adoptados tambin por acadmicos en
diferentes campos de las humanidades cientficas, la ecologa poltica
o la economa ecolgica, quienes por su parte han contribuido con
otros conceptos al movimiento global de justicia ambiental; por ejem-
plo, el intercambio ecolgicamente desigual o la huella ecolgica
(Martnez-Alier, 2016: 4). Esto muestra que existe un dilogo entre

259
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

conceptos y una expansin de sus significaciones semnticas, aspecto


en el que los grupos de base son los que frecuentemente toman la ini-
ciativa. En ese sentido, los conceptos migran desde espacios sociales
y organizacionales hacia el mundo acadmico. Como hemos visto, la
forma de abordar lo comn refiere no solo a bienes sino tambin a
los mbitos de comunalidad o comunitarios. Todo ello produce una
retroalimentacin entre el mbito organizacional y el territorio de bie-
nes comunes.
Con respecto a la produccin de conocimiento colectivo, este es
un aspecto que en las luchas de los movimientos de justicia ambiental
asume la forma de investigaciones locales, relevamientos de epide-
miologa popular y diversas formas complejas de colaboracin entre
activistas, profesionales, cientficos, docentes, estudiantes y grupos
afectados. Al cuestionar la autoridad de los expertos y de los promo-
tores de megaemprendimientos, estos movimientos producen adems
un conocimiento vlido que permite construir escenarios de futuro
sobre cuestiones centrales para la vida en comn tales como la sa-
lud, la preservacin de los ecosistemas, la soberana alimentaria, la
conservacin de la socio-diversidad o la recomposicin ambiental de
ambientes degradados. Estas acciones colectivas cuestionan las accio-
nes de las agencias estatales y las corporaciones en trminos de una
economa poltica del conocimiento (Sismondo, 2010), produciendo
debates sobre la legitimidad de los saberes que estn en juego, aspecto
que puede resumirse en dos preguntas importantes: cul es el cono-
cimiento que cuenta? y quin lo produce?
En lo que refiere a aquellas caractersticas organizacionales en las
que est presente la deliberacin como espacio de experimentacin,
hemos podido ver que se trata de una caracterstica saliente en los mo-
vimientos de justicia ambiental. Los repertorios de accin colectiva
son evaluados, analizados y monitoreados en asambleas, las mismas
cumplen la funcin de hacer pblica y permitir la expresin de identi-
dades, posiciones y demandas que abarcan una pluralidad de aspectos
que, entre otros, pueden incluir la resistencia a acciones centralistas
del Estado, la articulacin entre cuestiones sociales y ambientales,
los derechos de los pueblos originarios o los derechos de la natura-
leza, por citar solo algunos. Estas formas de democracia deliberativa
enriquecen la construccin de los asuntos colectivos y muestran una
capacidad nada desdeable para producir formas de control social
frente al avance despiadado de las corporaciones y la expansin de la
frontera extractiva.
Finalmente, un punto clave en la construccin de los marcos que
definen la justicia ambiental guarda relacin con la exigencia de reco-
nocimiento, lo que implica tomar en cuenta la visibilidad que tienen

260
Gabriela Merlinsky

los grupos a travs de prcticas representativas, interpretativas y co-


municativas de la propia cultura. Son formas agonsticas de entender
el conflicto, que aportan interrogantes sobre cules son los escenarios
futuros en materia de justicia social. De este modo, al introducir el
aspecto discriminatorio del problema, alimentan discusiones ms fe-
cundas para pensar horizontes enmancipatorios.

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264
Germn Palacio*, Alberto Vargas**,
Elizabeth Hennessy***

ANTROPOCENO O CAPITALOCENO
EN FRICCIN. DES-ENCUENTROS
ENTRE GEOCIENCIAS E HISTORIA

INTRODUCCIN
Este artculo llama la atencin sobre la necesidad de introducir las
ciencias sociales en la conversacin del Cambio Ambiental Global,
para discutir la nocin de Antropoceno postulada por muy prominen-
tes cientficos naturales (Crutzen and Stormer, 2000; Crutzen, 2002).
El foco del anlisis se concentra en lo global y en la forma en que pone
en friccin lo local, sin la cual lo global no podra aterrizar, ni anidar-
se, ni echar a andar en el mundo. (Tsing, 2005). El lector debera es-
tar preparado para comprender que los problemas climticos no son
simplemente resueltos a travs de cientficos objetivos sino tambin
a travs de percepciones, imaginaciones y prejuicios ambientales de
modo que quede claro que los actores ven o experimentan problemas
asociados al clima de formas muy diferentes dependiendo de diferen-
tes adscripciones espaciales e imaginarios climticos.
Advertidos por cientficos naturales, las sociedades humanas con-
temporneas estn tomando conciencia de los peligros severos que

* Universidad Nacional de Colombia-Sede Amazonia. Fulbright Visiting Researcher,


UW-Madison-LACIS, CHE
** Latin American; Caribbean, and Iberian Program, LACIS-University of Wisconsin-
Madison
*** Profesora de Historia y Geografa, Universidad de Wisconsin-Madison.

265
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

resultan del descuido y del abuso del planeta en que vivimos (McKibben,
2011; Fagan, 2010; IPCC, 2014; Palacio, 2013). Los cientficos sociales
deberan contribuir a comprender esta situacin y a ayudar a reorien-
tar las formas en que la humanidad se enfrenta a sta, una nueva era
geolgica y climtica. Si los cientficos naturales han logrado mostrar
los peligros que el planeta Tierra confronta, lo que no est tan claro
es si ellos entienden correctamente cmo las sociedades humanas fun-
cionan, precisamente el actor colectivo y complejo que empuja esta
nueva era geolgica. Hay dos razones que explican esta dificultad. Una
de ellas es autoevidente: las sociedades humanas no son su campo de
conocimiento. La segunda razn surge como corolario: ellos tienden a
considerar a los humanos como una especie de modo que ellos repro-
ducen una idea reduccionista, biologista, como si ellos fueran una uni-
dad compacta, dejando de lado el conocimiento que tenemos que nos
ensea que los seres humanos no existen ni funcionan sin controversias
y contradicciones que son sociales o socio-ecolgicas (Moore, 2015).
Las ciencias sociales deberan reconocer el desafo que implica la pro-
puesta de los cientficos naturales del cambio climtico pero tambin
deberan revisar sus premisas que se aproximan a la sociedad como si
la naturaleza no existiera y como si los seres humanos no fueran parte
de la naturaleza. Se trata de un verdadero desafo para el conocimiento
de las ciencias sociales y las humanidades (Hackman y St. Clair, 2013)1 .
Muchos acadmicos y organizaciones cientficas de alcance mun-
dial estn haciendo este llamado. Por ejemplo, en 2010, el Consejo
Internacional de las Ciencias (ICSU, por sus siglas en ingls) publi-
c Grandes Desafos para las Ciencias del Sistema Tierra (Grand
Challenges for Earth System Sciences, ICSU, 2010), invitando a su con-
traparte de las ciencias sociales, el International Social Science Council
(ISSC), para participar en esta iniciativa, reconociendo la importancia
de que las ciencias sociales enfrenten estos desafos2. Nuestra principal
preocupacin es que empresas similares unifiquen parte de sus prop-
sitos de modo que cientficos naturales y sociales, aunque exista todava
un largo camino por andar, puedan construir un terreno comn3.

1 Por razones de escasez de espacio, este artculo utiliza la expresin ciencias so-
ciales que incluyen las humanidades (Rose, 2012; Srlin, 2012). Uno de los tpicos
que las humanidades deberan ayudar a comprender son las narrativas. Las narra-
tivas dominantes en materia de Cambio Climtico son: decadencia, civilizacin y
filantropa. Haremos seguimiento de este tema en otro artculo.
2 Esta lista incluye Future Earth, la Science and Technology Alliance for Global
Sustainability, el Consejo Internacional de las Ciencias (ICSU), el Foro Belmont,
la Sustainable Development Solutions Network (SDSN), el Forum STS, UNESCO,
UNEP, UNU y la Organizacin Meteorolgica Mundial.
3 Una de las dificultades es que los cientficos naturales han construido un edifi-

266
Germn Palacio, Alberto Vargas, Elizabeth Hennessy

Este artculo comienza con una discusin sobre el entendimien-


to aparentemente comn sobre lo global en las ciencias naturales y
las ciencias sociales. Por ejemplo, los cientficos naturales que pos-
tulan la idea de Antropoceno han estado trabajando sobre el Cambio
Climtico Global refirindose a la Tierra. Los cientficos sociales se
refieren al Mundo, como en Wallerstein capitalismo economa-mun-
do. Este artculo es parte de un esfuerzo para entender este bizarro
encuentro entre la Tierra y el Mundo. Por ello, este artculo percibe
los graves desafos para los cientficos sociales, es crtico del concepto
Antropoceno y aspira a sugerir contribuciones, pensando la friccin
entre lo global y lo local. Empezamos mostrando especificidades de la
irrupcin y popularizacin de lo global, contrastando entendimientos
diferenciales que provienen de las ciencias naturales y de las socia-
les. En la ltima seccin, este artculo muestra cmo, a travs de la
idea de Antropoceno, las geociencias encuentran a la historia en for-
mas que no son fciles de aceptar para los cientficos sociales porque
ellos estn en lo correcto cuando argumentan que el antropos del
Antropoceno no puede ser reducido a una especie sino que es una
entidad socio-ecolgica.

2. LA HISTORIA DE DOS GLOBALES: NARRACIONES


DIFERENCIADAS DESDE LAS CIENCIAS NATURALES Y LAS
SOCIALES

2.1. GLOBALIZACIN NO ES EXACTAMENTE CAMBIO (AMBIENTAL)


GLOBAL
Las ciencias sociales y las naturales confluyeron con discursos sobre
lo global a comienzos de la dcada de 1990: Globalizacin, de un lado
y Cambio (Ambiental) Global, de otro4. Sin embargo, lo global, tal
como es entendido en cada una de esas grandes reas del conocimien-
to diverge en aspectos importantes. Esta doble comprensin ha sido
reconocida y estudiado por OBrien y Leichenko (2000) quienes han
tratado de comprender las conexiones entre dos procesos fcticos que

cio de conocimiento que, usualmente, desprecia el conocimiento construido por las


ciencias sociales, y las ciencias sociales tienen una larga tradicin de construir co-
nocimiento invisibilizando la presencia de ecosistemas, biodiversidad, climas, placas
tectnicas, micro-organismos y as sucesivamente, que son parte constitutiva de las
sociedades que hacen parte de su contexto.
4 Probablemente, el abismo entre estas dos grandes reas de conocimiento haya
disminuido por el desarrollo de un pensamiento ambiental influido por inter-discipli-
nas tales como la historia ambiental, la economa ambiental y ecolgica, la ecologa
poltica, la socio-biologa, las humanidades ambientales, entre otros campos de co-
nocimiento.

267
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

estn ocurriendo y han expuesto la vida real de la gente, para decirlo


de manera simplificada, por ejemplo, en cuanto al cambio climtico,
de un lado, como al mercado global, de otro. En vez de pensar este
asunto como una doble exposicin (Leichenko y OBrien, 2008),
aqu argumentamos que no estn ocurriendo dos procesos globales
diferentes al mismo tiempo, sino diferentes tipos de conceptos tratan-
do de explicar la complejidad del cambio global5.

2.2. CAMBIO (AMBIENTAL) GLOBAL: LA TIERRA, ANTROPOCENO,


ESCALAS Y TIEMPOS
El desarrollo de preocupaciones supranacionales ambientales desde
fines de 1960, fueron expresadas institucionalmente bajo la sombrilla
de la Conferencia de Estocolmo de 1972, sobre hbitat, que abri la
puerta de entrada del cambio ambiental global que, a su vez, tuvo
su clmax poltico en la Cumbre de la Tierra, de Ro de Janeiro sobre
Medio Ambiente y Desarrollo, veinte aos despus. As, los cientficos
naturales quedaron sincronizados con los cientficos sociales, en los
discursos de globalizacin de finales de 1980 con la cada del Muro
de Berln y la victoria aparente del capitalismo, liderado por Estados
Unidos. Desde entonces, los cientficos naturales que ya haban ancla-
do el discurso de cambio global, reforzaron y ayudaron, impensada-
mente, a popularizar la globalizacin.
Sin embargo, la aparente coincidencia opacaba una divergencia
real. Lo global como un objeto de estudio, quera decir la Tierra, en
las ciencias naturales (Clark, 2013). En contraste con la globalizacin
econmica, tecnolgica, cultural, legal o poltica, el esquema de cam-
bio global, el cambio global familiar para las ciencias naturales se re-
fera al conocimiento del planeta, la pareja de la bisfera-gesfera, la
biogeografa, la evolucin de las especies, la degradacin ambiental,
los lmites del Planeta Tierra, la sexta extincin global, el crecimiento
exponencial de la poblacin, el cambio climtico, la prdida de biodi-
versidad y as sucesivamente.
Veamos: la pareja bisfera-gesfera se desdoblaba en grandes
ecosistemas y biomas, de un lado, y la gesfera se descompona en
litsfera, hidrsfera, atmsfera y crisfera. Las propuestas recientes
derivadas de los trabajos de la ciencia del cambio climtico, acu a
comienzos del nuevo milenio, un trmino que se ha convertida cada

5 Recientemente, Nigel Clark (2013) ha argumentado que lo global enfoca a la


Tierra, como ha sido planteado por los cientficos naturales del Cambio Climtico
y muestra que los cientficos sociales y algunos de los filsofos de Europa Occidental
han empezado a postular recientemente que lo social est compuesto no solo de
seres humanos sino tambin de una variedad de seres-no-humanos, como, por ejem-
plo, Bruno Latour (2004) ha propuesto.

268
Germn Palacio, Alberto Vargas, Elizabeth Hennessy

vez en algo muy influyente, un nuevo aspecto geolgico, que ha sido


llamado Antropsfera. Se trata de una nueva poca geolgica del cua-
ternario que sustituye al Holoceno, perodo de estabilidad climtica
de los ltimos 12 mil aos que dio lugar al surgimiento y desarrollo
de las civilizaciones, tal como las conocemos hoy en da. Esta nueva
poca de la transformacin de la Tierra, ha sido llamada Antropoceno
(Krutzen y Stormer, 2000).
Las ciencias de la Tierra han trabajado con aparatos tecnolgicos
desconocidos hace una centuria, muy impresionantes para los legos y
para la gente de las ciencias sociales. Greg Mittman (2016) argumen-
ta que estos dispositivos sofisticados fueron desarrollados en la era
de confrontacin nuclear que se prolong en amenazas permanentes
en la poca de la Guerra Fra, y en la competencia para ser los pri-
meros en arribar a la Luna. Estos complejos cientfico-tecnolgicos
usaron modelos para monitorear lo global, la Tierra, y para expresar o
representar fuerzas complejas tales como vientos, ondas de calor y de
fro, corrientes ocenicas, oscilaciones de la Tierra, tal como el fen-
meno del Nio, llamado por los cientficos ENSO, El Nio Southern
Oscillation. Ellos desarrollaron un punto de vista globolgico bajo
el cual lo local y el espacio territorial del Estado-nacin son relegados
a un estatus secundario. Lo local es solo derivativo o expresin secun-
daria o no constitutiva de lo global.
Bajo este esquema, los activistas ambientales hicieron famosa la
idea de pensar globalmente y actuar localmente. Convencidos, con
buenas razones, que ni el cambio ambiental global puede ser mane-
jado o comprendido apropiadamente desde el punto de vista de los
estados territoriales, ni desde perspectivas meramente locales, la ac-
cin local debe ser derivada de una comprensin global y las ONG
de alcance global son quienes pueden superar las visiones estrechas
locales o nacionales por lo que se convirtieron en actores ambientales
globales fundamentales (Masekura, 2015).
Cuando los cientficos naturales se mueven hacia lo humano,
lo comprenden en trminos demogrficos de poblaciones y hablan
entonces de una especie ponderosa que ha agrandado considerable-
mente su nmero, llegando a sobrepasar la cifra de 7000 millones
de habitantes. La tradicin ambiental clsica de Thomas Malthus
sigue vigente en estas presentaciones. No sobra decir que los cien-
tficos sociales consideran esta visin de un extremo reduccionismo
que olvida la complejidad de las sociedades humanas que ms que
un nmero son una organizacin compleja que involucra formas
de produccin, distribucin, organizacin social y poltica, cultu-
ras especficas y diferenciadas y formas variadas de comprender e
imaginar la naturaleza. No obstante, el argumento demogrfico muy

269
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

potente del ambientalismo ha dominado a las ciencias naturales y


ha capturado la imaginacin desde los trabajos de Erlich (1966),
Population Bomb, que, por cierto, se retrotraen a Malthus (1958).
Debido a que los humanos se organizan social, econmica, pol-
tica y culturalmente, los cientficos sociales se hacen preguntas de las
que los cientficos naturales no son, necesariamente, muy conscientes:
Cmo viven los humanos? Qu producen? Cmo el agua y la tierra
son apropiadas? Cmo y cundo los conflictos sociales en torno de
recursos, una forma de pensar la naturaleza, surgen? Quines son
los ganadores y perdedores en las organizaciones humanas? Quin
manda y quin obedece? En qu relaciones de poder ellos viven de
modo que se pueda saber quines se benefician y quines son exclui-
dos del uso y disfrute de los recursos? Cmo estn repartidos ellos
en el planeta? Cules son los sistemas legales de apropiacin de la
naturaleza? Cmo cambia nuestra comprensin de la naturaleza, o
de las naturalezas? Todos los humanos al mismo tiempo y del mismo
modo producen las mismas o diferentes cantidades de carbono y las
transformaciones qumicas que han conducido a esta nueva poca de
cambio geolgico y climtico? La produccin de gases se puede atri-
buir a todos los humanos en la misma proporcin y para los mismos
lugares uniformemente? Todas estas preguntas son relevantes con el
propsito de conocer quin, cundo, dnde, y cmo esas sociedades
humanas llegan al punto de producir una transformacin geolgica.
Si la idea de Antropoceno presenta a todos los humanos como una
fuerza geolgica unificada, homognea, como especie, no estara per-
diendo buena parte de la comprensin del problema y de sus eventua-
les soluciones? Parecera que la globalizacin interroga de distintas
maneras lo que se entiende desde distintos ngulos del conocimiento
tal como se ha agrupado en las ltimas centurias. Permtannos inte-
rrogar lo global primero del modo que se hace en las ciencias sociales
y luego en las ciencias naturales que construye lo global asociado al
planeta Tierra.

2.3. GLOBALIZACIN Y CIENCIAS SOCIALES: COYUNTURA, EXPANSIN Y


FATIGA
Aunque las disciplinas agrupadas en las ciencias sociales fueron muy
conscientes de la importancia del mundo desde hace muchas d-
cadas, la organizacin poltica formada durante el siglo XIX tendi
a imaginar el espacio mundial como una sumatoria de Estados/na-
ciones, consolidados con la creacin de Naciones Unidas en la post-
guerra mundial. A su vez, tanto la idea de imperialismo como la
de capitalismo proporcionaban el soporte de un sistema internacio-
nal como referente de lo global. Solamente a fines del siglo XX esta

270
Germn Palacio, Alberto Vargas, Elizabeth Hennessy

caracterstica fue esquematizada en las ciencias sociales, como pro-


ceso de globalizacin o mondialisation, hasta el punto que algunos
cientficos sociales consideraban que en la globalizacin de fines de
siglo XX, todo era novedad. Con la cada del Muro de Berln, la di-
solucin de la Unin Sovitica y el fin de buena parte del socialismo
realmente existente, el ambiente internacional fue orquestado con
una nueva agenda guiada por las implicaciones del fin de la Guerra
Fra. El as llamado consenso de Washington, las polticas neolibe-
rales y la aparente des-ideologizacin del discurso poltico basado en
la creencia del triunfo de la democracia occidental sobre el sistema
de partidos nicos, fueron celebrados por algunos como el fin de la
historia que en adelante sera global (Fukuyama, 2006). Inclusive la
nueva contradiccin acuada Norte versus Sur, que sustituira la con-
frontacin Este-Oeste, hablaba del Sur global. Una cierta izquierda
latinoamericana que tom el aparato de Estado, llam a su canal de
televisin, Telesur.
Una metfora espacial (Lefebre, 1991; Maase, 2005) se traslada-
ba hacia las discusiones sobre el mercado, el capitalismo, la tecnolo-
ga, la cultura, el Derecho, la gobernanza y as sucesivamente (Sousa
Santos, 2002; Duvergne, 2005; Jones, 2010). La expansin de la ret-
rica de la globalizacin, si bien arrolladora, no transcurra de manera
tan aceitada y sin fricciones. Muchos se preguntaron sobre los anun-
ciados beneficios de la globalizacin y las potenciales desventajas, as
como de las problemticas consecuencias impensadas, tales como la
globalizacin de las enfermedades, la migracin incontrolada, las des-
igualdades crecientes a escala global, el descenso de los salarios por
la competencia ampliada de mano de obra, el descenso de las restric-
ciones o regulaciones ambientales por el desplazamiento de capitales
a las economas en desarrollo y as sucesivamente. Otros agregaban
preocupaciones por la homogeneizacin cultural y la prdida de di-
versidad. Por cierto algunas versiones de multiculturalismo e inter-
culturalismo tendan a desvalorizar las preocupaciones previas sobre
contradicciones de clase y disparidades econmicas. Muchos tpicos
sociales dejaron de ser considerados adecuadamente y la derrota del
socialismo realmente existente, la entrada del neoliberalismo y el fin
del Estado Interventor de bienestar vaciaron el oxgeno necesario
para que las preocupaciones relacionadas con aspiraciones sociales
pudieran respirar. Ellas fueron compensadas por promesas de amplia-
cin del consumo.
Los historiadores advirtieron que la tal globalizacin no era nue-
va. Que ese proceso tena una historia de larga duracin, longue dure:
sus comienzos estaban datados en la segunda parte del siglo XV y
la llamada, por los europeos, era del descubrimiento de Amrica

271
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

constitua parte de ese proceso que probablemente comenzaba por la


toma de Bizancio por parte del Imperio otomn y las navegaciones de
los portugueses, italianos y espaoles en el Atlntico. La neo-globa-
lizacin de fines del siglo XX subrayaba la creciente compresin es-
pacio-temporal del mundo que ya no requerira de Estados-naciones
porque de hecho, los socavaba como lo probaba la construccin de la
Unin Europea, los Tratados de Libre Comercio de Norteamrica o
los Acuerdos Mundiales de Comercio, a los que acabara sumndose
China. La globalizacin como metfora, implicaba una des-ideologi-
zacin de la contenciosa distincin entre capitalismo y socialismo,
Guerra Fra, por una especial edificada sobre la superioridad eco-
nmica del mercado como forma de organizacin mundial y la crtica
del mundo organizado como una sumatoria de Estados-naciones. Las
palabras que expresaban la unidad del mundo en un lenguaje poltico
podran ser formuladas como el paso del imperialismo a la globaliza-
cin con el interludio de la organizacin internacional de Naciones
Unidas que daba soporte institucional a lo global en la poca de la
Guerra Fra. Como la post-guerra implic uno de los ms importan-
tes procesos de transformacin poltica de des-colonizacin, el impe-
rialismo estaba decapitado. Algunos mandatarios de pases en desa-
rrollo propusieron que no requeran de ayuda internacional sino de
posibilidades de comerciar sin restricciones. De hecho, no se trataba
de una sucesin suave de una a otra fase, sino un intento metafrico
de suprimir del lenguaje un tropo antiptico e incmodo, el imperia-
lismo, por uno ms amable, neutral y desprovisto de prevenciones,
hasta hace poco, como lo es el de globalizacin.
A pesar de haberse anclado en la imaginacin con muy buenos
pronsticos, al final del siglo XX, los escpticos dispares de la glo-
balizacin lograron algo de momentum. La globalizacin empez a
ser considerada como una nueva fase de la dominacin capitalista
en lo que se conoci como la era post-fordista, por lo que los crticos
empezaron a oponerse ms activamente a la globalizacin. Algunos
sugirieron que la globalizacin era ms ideologa que realidad. Al fi-
nal del siglo XX, un fuerte movimiento anti-globalizador confront la
conferencia ministerial del World Trade Organization, la organizacin
mundial de libre comercio, lo que dio lugar a un estallido de expresio-
nes de resistencia de una nueva ronda de negociaciones de comercio
en Seattle en 1999. Sin embargo, un acontecimiento inesperado, pro-
veniente de otro tipo de contradicciones globales, el 11 de septiembre
de 2001, con el derribamiento de las torres gemelas de Nueva York
por parte de una organizacin llamada Al Quaeda, presagi una dis-
rupcin quizs menos profunda, pero mucho ms dramtica. La con-
versacin sobre globalizacin se trastorn, siendo afectada por otra

272
Germn Palacio, Alberto Vargas, Elizabeth Hennessy

conversacin sobre terrorismo. Se trataba de otro tema global o el


comienzo del fin de la globalizacin? La retrica explosiva cambiaba
la conversacin entre pros-contras globalizacin que, en todo caso co-
locaba una serie de trabas al mundo fluido de las transacciones finan-
cieras mundiales de la globalizacin, y ralentizaba su fluidez (Palacio,
2016). Cuando los antiglobalizadores se fueron popularizando, los
globalizadores tuvieron que lidiar con otra interpretacin sobre las
confrontaciones del imberbe siglo XXI, la emergencia del terrorismo
y la lucha de civilizaciones.
La fatiga del discurso sobre globalizacin, vista desde las discipli-
nas de las ciencias sociales, tena que lidiar con una nueva realidad.
La fortaleza econmica de China en transicin hacia una economa
de mercado liderada por un fuerte estado centralizado bajo un sis-
tema de partido nico hizo tambalear a los principales jugadores de
la globalizacin y desafiaba las polticas econmicas neoliberales,
lo cual le daba dolores de cabeza a los globalizadores neo-liberales.
Curiosamente, desde un discurso de izquierda, se sustitua la denomi-
nacin de imperialismo por la de Imperio como la forma especfica
de la dominacin mundial en la era de globalizacin (Hart and Negri,
2001). Cuando el Foro Social Mundial alcanz notoriedad a comien-
zos de nuevo milenio, poco a poco, los tpicos sociales regresaron al
debate a travs de los problemas de la globalizacin y esos tpicos
longevos empezaron a recobrar parte de su importancia. Este es el
caso de la migracin Sur-Norte; y, luego de la crisis financiera en los
Estados Unidos de 2008, se reabri la discusin sobre las crecientes
desigualdades generadas por tres dcadas o ms de recortes de bene-
ficios de los trabajadores (Pickety, 2010). La globalizcin estaba per-
diendo su brillo.
Este artculo insiste en que no debe perderse de vista la rela-
cin entre lo local y lo global y lo que hay en el medio entre los
dos extremos. l tambin presenta el par de ramificaciones de este
mismo problema, particularmente, cuando la periodizacin del
Antropoceno, que veremos ms adelante, se intersecta con la pe-
riodizacin del proceso de globalizacin, como es entendido en las
ciencias sociales. El lector se podra imaginar la simplificacin de
la relacin ente lo global y lo local, recordando la forma de las mu-
ecas matriushkas rusas siendo lo local la ms pequea que se ve
simplemente como una rplica de la mayor, o de una relacin global
(Carse, 2014). Tambin es simplista reducir a los humanos a una
especie, sin tomar en consideracin las complejidades sociales. Esto
tiende, adicionalmente, a sub-estimar a los humanos en escalas me-
nores a lo global que se expresan en los discursos de las ciencias
naturales como una cifra poblacional. Este artculo argumenta que

273
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

las discusiones ms refinadas en las ciencias sociales han tratado de


representar mejor o ms complejamente la relacin entre lo global
y lo local y lo que est en el medio. Para simplificar, algunos lo han
llamado lo glocal para capturar la interaccin de diferentes escalas
que van de lo global a lo local y en reversa. Esta relacin tiende a
resaltar ideas tales como las siguientes: lo local no es simplemente
una expresin derivada de lo global; o esta otra: lo global puede ser
visto, sin temor a errar, como una imposicin poltica sobre lo local;
y, adems: los locales se pueden rebelar frente a lo global. El punto es
que pensar globalmente y actuar localmente, como se postul desde
los aos 1960, es insuficiente. Da la impresin que el pensamiento
debe ser global y la accin local, como si la accin local no requirie-
ra de mucho pensamiento y como si fuera suficiente comprehender
los problemas globalmente para as actuar correctamente en lo lo-
cal. Esta visin, en el fondo, desvaloriza la experiencia local. Pensar
localmente y actuar globalmente tambin es posible y necesario e
importante. El punto de vista global o globolgico, tiende a desvalo-
rizar o reducir las escalas menores igualmente importantes, incluida
la local, y otras, en el medio, incluida la escala del Estado-Nacin,
supuestamente sustituida por la globalizacin.
Coloquemos un ejemplo de cmo podramos empezar desde lo lo-
cal para afrontar el cambio global y otras categoras que deberan ser
consideradas en relacin con el cambio ambiental y climtico. Este
ejercicio debe ser hecho de manera situada y en perspectiva Lo(glo)
bal en alcance y en tiempo.

3. DE LO LOCAL A LO GLOBAL EN FRICCIN: VIVIENDO EN EL


NEO-TRPICO
Lo global existe como una idea en nuestra mente pero se experimen-
ta en friccin (Tsing, 2005). Anna Tsing argument que el proceso
global no puede ser puesto en accin sin friccin con lo local. Ella
propone que: Una rueda da vuelta porque se encuentra con una su-
perficie sobre el camino; darle vueltas en el aire no lleva a ninguna
parte. Raspar dos astillas puede producir calor y luz. En ambos casos
la friccin produce movimiento, accin, efecto (Pg.1). En cierto sen-
tido, este ejercicio que proponemos basado en la friccin puede con-
siderarse como un tipo de conocimiento situado ya que se examina
lo global en su friccin con lo local (Palsson, 2016: 115-138; Lave y
Weger, 1991). Tsing enfatiza que las experiencias globales estn atadas
a las locales. En consecuencia, lo que proponemos es que en vez de
movernos desde lo global hacia lo local, como podramos estar ten-
tados a hacerlo, vamos a proceder en sentido opuesto, de lo local a
lo global. Probablemente esto suene bizarro, porque en vez de hacer

274
Germn Palacio, Alberto Vargas, Elizabeth Hennessy

glocalizacin vamos a intentar hacer loglobalizacin. Como deca


Ryszard Kapuziski (2004, 103), dependiendo desde qu lugar de la
Tierra se mira, el mundo tiene un aspecto diferente y se comprende
de manera diferente. Agrega: Cada individuo tiene su propio mapa
del mundo.
Pensemos en alguna persona nacida en algn lugar de las
Amricas, como podra ser el caso de los autores de este artculo.
Deberamos considerar si el Ecuador parte o atraviesa su pas, o si
creci en los trpicos o en tierras templadas, latitudinalmente con-
sideradas. Luego deberamos considerar si el/ella vive en las monta-
as, particularmente en zonas tropicales porque el tiempo se dice en
Mxico y clima en Colombia, en lenguaje cotidiano es particularmen-
te diferente en tierras altas y en altiplanos o montaas, como lo ilustr
Alexander von Humboldt personalmente cuando visit Los Andes a
comienzos del siglo XIX. En los trpicos el mar es caliente, por ejem-
plo en el Caribe y en la mayor parte de las costas de Brasil y a alguien
que vive all, le cuesta trabajo imaginarse que el mar no sea normal-
mente caliente en cualquier parte del mundo.
Es posible que esta persona deba tratar en su vida diaria, como es
comn en la Amazonia, por ejemplo, con indios, esa denominacin
errada que surgi de unos malos clculos y concepciones de Cristbal
Coln, en una definitiva experiencia de descubrimiento expansionista
de los europeos cuando decidieron mirar hacia su occidente, ya que el
imperio turco les cort el paso hacia oriente a mediados del siglo XV y
sus ocho tozudas cruzadas acabaron fracasando. Por transformaciones
paradjicas de la vida mundial y de las concepciones sobre la natura-
leza y la otredad, es comn hoy en da pensar que esos indios son
ecologistas espontneos. Aunque esto sea discutible, quizs lo que es
indiscutible es que esas poblaciones nativas son gente que puede vivir
con una muy baja produccin de carbono, asunto crucial hoy en da
cuando la emisin de estos gases tienden a servir de medida de muchas
cosas, al menos tal como han logrado posicionar el tema los expertos
en cambio climtico (Salick y Byg, 2007; Moreno et. al., 2016). Se tra-
tar de un hecho incontestable del Antropoceno, al menos por ahora.
Probablemente, esta persona vive con las cicatrices de la experiencia
traumtica del encuentro/choque/invasin entre europeos, indgenas y
africanos. Poco a poco, ellos han aprendido que no estn aislados por
los ocanos y todos, incluidos los as llamados terroristas, viven en
un planeta comn, por lo que muchsimos empiezan a sentir o pensar
que los humanos hemos hecho un potente dao a la naturaleza y que
debemos reconsiderar que ella no es slo una mquina o un reservo-
rio de recursos a nuestra disposicin y antojo, por lo que quisiramos
transformar, empezando por la poblacin ms joven y sensible, a esta

275
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

apreciacin, las relaciones que tenemos los humanos con los no huma-
nos o, dicho de otro modo, los humanos con el resto de la naturaleza.
Lo aqu descrito es un ejemplo inicial de Lo-globalizacin, ya que
establece conexiones, incluyendo clima y poltica, arrancando de lo
situado, lo local y avanza hacia las conexiones con el mundo. Antes
de avanzar, consideremos que esta persona naci y vive en el neo-
trpico o las tierras ecuatoriales de Amrica. Entonces, podramos
aadir una nueva dimensin ambiental: el clima contrastante en las
regiones tropicales y templadas que no son un tema reducido a di-
ferencias de temperaturas. Habiendo vivido en las Amricas, an en
las aparentemente remotas tierras, bosques y ros de la Amazonia, no
impide pensar que vivimos en un planeta comn, ni tampoco un poco
estresado por lo que las sociedades humanas, no el hombre, no una
especie simplemente, han hecho en contra de la Madre Naturaleza.
Debemos insistirle al lector que tenga en mente que lo glocal, siempre
est incorporado en experiencias concretas y vividas, pero que nunca
dejamos de experimentarlas desde nuestra localizacin.
En consecuencia, cuando la gente de los neo-trpicos va a vivir
a tierras templadas, empieza a reconocer que debe estar permanen-
temente consciente de las variaciones del tiempo y de las diferencias
climticas y los terribles inviernos. En una poca dijeron que los in-
viernos son muy importantes para la civilizacin porque eso permite
o incentiva la planeacin, una idea bizarra, para quienes hemos vivido
en los trpicos. Si usted vive en una poblacin neo-tropical no debe
preocuparse demasiado por los cambios diarios del tiempo, con la
excepcin de los estacionales huracanes en el Caribe. En cambio, no
slo el clima continental en el Medio Oeste (Mid-West) de los Estados
Undios y Canad es pavoroso, pleno de inviernos inclementes, veranos
hmedos, brutales tempestades, Katrinas y Tormentas Perfectas.
No hay como vivir en el trpico dira alguien cndidamente. En esos
climas espantosos del norte, hay que estar pendiente diariamente de
variaciones, se debe estar vigilante a travs de los canales de televi-
sin, informaciones de internet, The Weather Channel, La Meteo, si ve-
mos TV5, el canal francfono. Los noticieros han convertido las infor-
maciones sobre el clima en una seccin obligada, en una narrativa que
entretiene, sobrecoge o abruma, tan importante como los deportes,
la poltica o las guerras. Un habitante del neo-trpico, al principio se
siente intrigado por esta obsesin de control del clima y se sorprende
que en las calles de muchas partes de Estados Unidos, la gente no ca-
mina, slo transitan automviles y todos los lugares tienden a colocar
una temperatura artificial y constante por todo el ao. Ellos viven, es
cierto, bajo graves presiones climticas, pobre gente, gente valiente y
trabajadora.

276
Germn Palacio, Alberto Vargas, Elizabeth Hennessy

Por ello, un pblico muy amplio, no simplemente l@s cientfic@s,


han notado que cada prediccin corre un riesgo de estar equivocada,
la incertidumbre, a pesar de la sofisticacin y desarrollo de aparatos
de pronstico y representacin, le cuesta acertar, debido al cambio
climtico acelerado y, crecientemente, los humanos parecen vctimas
de sus propios inventos. El tiempo/clima inunda nuestras vidas como
una narrativa diaria, llena de calamidades, inundaciones, terremotos,
tsunamis. En el caso de los huracanas, son bautizados con nombres
familiares de varn y de mujer, alternativamente, despus de que en
los aos 1960 reclamaron porque sus nombres eran consistentemente
femeninos. As, el tiempo/clima se siente en su presencia narrativa
como una nueva modalidad de telenovela, a menos que nosotros sea-
mos las vctimas desafortunadas. El clima se reconstruye y compone
de villanos impresionantes, monstruos espantosos dispuestos a tomar-
se las calles, consumir automviles, devorar apartamentos, inflamar
casas, sumir islas. La grandes ONG conservacionistas nos muestran
a la Madre Tierra tomando venganza sobre nosotros los humanos, a
pesar de que ocasionalmente se proyecten imgenes reconfortantes
del wilderness, o de la irrupcin primorosa de las estaciones. Sin em-
bargo, decir telenovela sera exagerado porque la narrativa ambiental
favorita es la tragedia (Cronon, 2002). La gente de las preciosas islas
Maldivas en el Ocano ndico, podran decir que esta visin es muy
ingenua o irrespetuosa ya que sus islas efectivamente estn siendo su-
midas por el mar. Los acompaar por mucho tiempo la experiencia
ominosa derivada del cambio climtico, el Antropoceno en su existen-
cia local.
Si estas narrativas de la actualidad climtica han llegado a ser
muy influyentes, incluyendo a poblaciones locales por el significado
casi omnipresente de la catstrofe, en el trpico el cuento tiene his-
toria. Por ello, diran algunos con estas aficiones, vivir es recordar.
Cuando la gente de los trpicos lee un poco sobre la historia de las
ideas europeas en esta materia, con pocos y notables excepciones (A.
von Humboldt, Elisee Reclus) ve que ha impactado, no slo a mdicos
y expertos en salud, a abogados y estadistas, sino que fue muy popula-
rizada en el pblico en general. La variante de la especie humana eu-
ropea occidental invent una suerte de trpico desagradable (Palacio,
2002). Es curioso que las ciencias naturales afectaron a las sociales
en su consolidacin a mediados del siglo XIX y le transmitieron a
muchos distinguidos pensadores el prejuicio (la idea?) de que los tr-
picos estn caracterizados por climas malsanos, gente perezosa, razas
bajas e incapaces de elevarse a un nivel respetable de civilizacin ver-
dadera (Palacio, 2006). El Barn de Montesquieu (1867), por ejem-
plo, es uno de los grandes autores de referencia para estudiosos de

277
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Derecho e Instituciones en Amrica Latina. Este gran intelectual fran-


cs fue muy importante en la construccin de instituciones polticas y
fue ampliamente ledo por patriotas y abogados. De l aprendieron las
ideas de la tri-divisin de poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, con
una clave de la democracia, pero tambin aprendieron que la civiliza-
cin solo podra prosperar en climas templados, pero no en los trpi-
cos. Simn Bolvar (1977), por ejemplo, el gran patriota revoluciona-
rio de Suramrica, argument contra algunos liberales, y advirti a
sus con-ciudadanos que no deberan pensar en construir repblicas
areas queriendo decir que deberan ser conscientes de los climas y de
las poblaciones que efectivamente vivan en estos enormes territorios.
Afortunadamente para los suramericanos, Bolvar tambin aprendi
a amar y enorgullecerse conscientemente de su trpico grancolombia-
no, gracias, en parte, a su interaccin con Alexander von Humboldt
(Wulf, 2016). Sin embargo, sus ideas dejaron de ser predominantes en
el siglo XIX, a pesar de que en cierta forma ellas hayan encontrado un
mejor soporte en los Estados Unidos, y su ciencia slo volvera a tener
espacio propicio con la crisis ambiental contempornea.
En este sentido, una de las contribuciones de las ciencias sociales
a la discusin sobre el clima es que relaciones de poder complejas se
entrelazan con la construccin y difusin de conocimiento (Foucault,
2014). El conocimiento cientfico no es solo un avance neutral sino
que est atrapado en relaciones sociales de poder, como lo han po-
dido experimentar recientemente los investigadores del clima aco-
sados por grupos econmicos que financian escpticos climticos.
Ramificaciones de estas intrincadas relaciones nos permite afirmar
que los europeos occidentales construyeron, o mejor, consolidaron
la ciencia social moderna en una poca en que Europa Occidental se
convirti, despus de cambios en varios siglos, en el centro del mundo
en la versin imperialista de la segunda parte del siglo XIX. (Soto, 2008;
Escobar, 1998; Quijano, 1999; Alimonda, 2011). En este tiempo, los
europeos consideraron su ciencia como universal y nica, denigrando
de otros conocimientos considerados atrasados. Uno de los prejuicios
elevados a ciencia fueron el determinismo climtico y las teoras sobre
razas superiores e inferiores. Aunque hubo muchas auto-crticas en
Europa y casos aislados en otros lugares del planeta, que la antecedie-
ron, solo recientemente la ciencia social del mundo, un movimiento
descolonizador de la ciencia se ha propagado y ha tratado de producir
conocimiento descolonizado, tratando de liberarse de epistemologas
enterradas heredadas de los europeos pero arraigadas en las mentes
de quienes aspiraron a descolonizarse. Esta descolonizacin no re-
clama que el conocimiento debe ser antieuropeo o independiente del
conocimiento eurocentrado, no que ese conocimiento es irrelevante

278
Germn Palacio, Alberto Vargas, Elizabeth Hennessy

sino que es posible y necesario producir conocimiento desde muchas


partes del mundo y no solamente en lengua inglesa con una especie de
estndar o lenguaje universal de la ciencia. Evidentemente el europeo
es un conocimiento producido como resultado de experiencias colo-
niales de pases y mentes. El conocimiento universal es en realidad un
producto echado a andar en friccin con conocimientos regionales y
locales que han sido histricamente no reconocidos, invisibilizados o
subordinados.
Pongamos otro ejemplo decimonnico. Hegel en su Introduction
to the Philosophy of History en la seccin del Excerpt que es titulado
Geographical bases of history afirma que el Espritu se manifiesta
en gente realmente existente y su existencia encaja no solo en tiem-
po sino en espacio. En consecuencia, contina con una perspectiva
determinista diciendo que factores naturales excluyen la posibilidad
de la existencia del Espritu tanto en los climas trridos como en los
congelados. As, la existencia del Espritu es una propiedad de las re-
giones trridas. El exiguo conocimiento de Hegel sobre los climas del
Planeta, no deja de ser influyente sobre el pensamiento europeo y no
deja de tener gran influencia. El escenario de la Historia Mundial,
escribe, se desplaza del Este al Oeste y as como Asia es el comienzo
de la historia, Europa es el final. Es curiosa esta idea de final, que es
revitalizada por Francis Fukuyama, a comienzos de los aos 1990 con
la cada del Muro de Berln, la disolucin de la Unin Sovitica y el fin
del socialismo realmente existente. Por cierto, en este texto afirma que
apenas los Estados Unidos logren derribar los bosques del Oeste, ellos
probablemente podran obtener un lugar en la historia. Nada esperan-
zador en cambio deja para Amrica tropical y meridional.
Hasta este punto, hemos mostrado que la globalizacin se refiere
a dos tipos de nociones sobre lo global. No afirmamos que se trata
del impacto de dos globales, sino, en todo caso, fenmenos globales
diferentemente conceptualizados, que en accin requieren de friccin
con otras escalas, empezando con las locales y de all se puede ir avan-
zando para examinar la forma como interacta en escalas que tienen
como referencia ltima lo global.

4. ANTROPOCENO Y CAPITALOCENO: LA GEOLOGA DESPLAZA A


LA ECOLOGA Y SE ENCUENTRA CON LA HISTORIA
Si los cientficos naturales y sociales confluyeron en la idea de lo global
al final de siglo XX, no se podra desestimar las diferencias provenien-
tes de una aparente coincidencia. Deberamos reconocer lo que he-
mos trabajado en historia ambiental, ecologa poltica, economa eco-
lgica, etno-botnica, ecologa cultural y otras interdisciplinas. Los
cientficos sociales no estaban muy felices con los experimentos de

279
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

socio-biologa como lo conciben los entusiastas de la biodiversidad.


Por eso, de hecho, los cientficos de la tierra no traen nada nuevo, pero
s traen algo en un nivel ms dramtico o de mayor riesgo intelectual:
la humanidad es geologa. Consecuentemente, debemos concluir:
una nueva poca donde la geologa se une con la historia. La pregunta
es: qu tanta historia est inmersa en el Antropoceno? O, cul es el
clima de la historia?, para usar la expresin de Chakrabarty (2009).
No existe completo consenso sobre el punto de partida del
Antropoceno. Una versin, muy minoritaria, propone que hace unos
8 mil aos, con la invencin de la agricultura. Esta idea es difcil de
sostener ya que no es tan fcil probar que la composicin qumica de
la atmsfera haya sido sustancialmente transformada o trastocada a
escala global o con impacto global. El descubrimiento humano del
fuego, podra haber producido transformaciones importantsimas de
la atmsfera, como la agricultura lo hizo en el pasado, sin suficiente
evidencia de un impacto global telrico.
Otros argumentos han resultado ms convincentes y muchos han
citado fines del siglo XIX, con la consolidacin de la revolucin indus-
trial y el uso a gran escala de energas fsiles, carbn y petrleo (Lewis
y Maslin, 2015: 171-180). Las ciencias sociales han mostrado que en esa
poca, el capitalismo avanza en una fiera competencia entre dos pode-
res imperiales, Gran Bretaa y Francia, aunque desafiada por los recin
llegados Alemania, Rusia, Japn y los Estados Unidos. Este es el tiempo
de la reparticin de frica por las potencias imperiales europeas, el uso
masivo de carbn y petrleo, la expansin de los Estados Unidos de
continente a continente y su gran urbanizacin. Es tambin la indus-
trializacin de la produccin agropecuaria, la era del guano y la apertu-
ra del mundo del Pacfico a la expansin capitalista (Cushman, 2013).
Incluye la expansin al oeste de los Estados Unidos y la invencin del
wilderness Americano. Es tiempo de integracin de Amrica Latina a
los mercados europeos y norteamericanos a travs de materias primas
y productos agropecuarios. Es la poca de la apropiacin de las tierras
calientes en el neo-trpico, y la apropiacin territorial de la Amazonia
entre Estados en expansin, no sin interferencia de potencias europeas
y de Estados Unidos, apropiacin empujada por la extraccin del cau-
cho (borracha) y movimiento previo a su ms radical trasformacin
desde la segunda parte del siglo XX por el desarrollo. Este esquema
general requiere de precisin, lo cual no es una entelequia intelectual.
Si se sita a fines del siglo XIX o en otro momento esto tiene implica-
ciones sobre seres humanos especficos organizados en formas de vida
e inmersos en una ecologa poltica, es decir, en una ecologa-mundo
capitalista, para usar las palabras de Jason Moore (2015).
Otras dos hiptesis se han formulado, una hacia atrs de fines

280
Germn Palacio, Alberto Vargas, Elizabeth Hennessy

del siglo XIX y otra hacia adelante. La primera, nos retrotrae a los
orgenes del capitalismo, el capitalismo de la acumulacin origina-
ria de capital, desde 1450 aproximadamente, el cierre del paso de los
europeos hacia Asis por los otomanos, e incluye los movimientos de
descubrimiento y conquista de europeos hacia Amrica y otros luga-
res del planeta durante el la segunda parte del siglo XV y el siglo XVI
(Moore, 2015), para sintetizar lo planteado por Moore. Insistimos, se
trata de cierto tipo de organizacin de la vida en el mundo, la cual
es clave para comprender el origen del Antropoceno y, por tanto, la
forma socio-ecolgica especfica, espacio-temporal, como la especie
humana ha organizado el mundo, lo que nos obliga a remplazar la
idea genrica y ahistrica de la especie humana, que suele implicar-
se con la nocin de Antropoceno.
Una ltima hiptesis ha cobrado fuerza en el escritorio de la comu-
nidad cientfica. Se trata de la aceptada por los estratgrafos, la comu-
nidad cientfica autorizada por la geologa (Autin, 2012). Hasta fines de
2015, la comunidad cientfica no haba aceptado el trmino oficialmen-
te y, para algunos, todava era una nocin ms popular que cientfica6.
Palsson (2016, 174) dice que, para los gelogos, el trmino debera re-
unir protocolos estrictos y se deba establecer cmo detectar las seales
identificatorias de un record geolgico. Sin embargo, muy pronto, a
comienzos de 2016, esta situacin cambi y Future Earth, una organi-
zacin que rene cientficos del Cambio Global public en Enero 6 de
2016 la siguiente noticia: Estamos en el Antropoceno? Y respondi:
Un Nuevo anlisis de miembros del Grupo de Trabajo de Antropoceno
ha concluido que el Antropoceno existe, es una poca y ella empez
cerca de 1950. La nota continuaba: Una amplia revisin de la eviden-
cia apoya la propuesta de que la Tierra ha dejado atrs el Holoceno tal
como fue publicado en la revista Science. Este grupo fue establecido
por la International Commission on Stratigraphy, que toma las deci-
siones sobre estos asuntos. Y concluye: Los cientficos, y muchos de
los programas de cambio ambiental global revisaron la evidencia de los
sedimentos de los corazones de hielo para encontrar las firmas inequ-
vocas de la actividad humana. Ellos concluyeron que la Tierra (Earth)
ha dejado atrs el Holoceno y que ha entrado al Antropoceno por lo
cual debe ser designado como una nueva poca.
Marcar el Antropoceno alrededor de 1950 es exactamente el pun-
to donde se ha identificado, desde las ciencias sociales, el momento de
la clara fusin que dio lugar al complejo militar industrial, particular-
mente en los Estados Unidos, Europa y la Unin Sovitica, momento

6 Algunos de ellos consideraban que era slo un asunto de cultura pop (Autin y
Holbrook, 2013).

281
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

que tambin es conocido como la Gran Aceleracin de la post-Segunda


Guerra Mundial. El historiador ambiental Gregg Mittman (2015) se-
al que la detonacin de la bomba atmica en Hiroshima y Nagasaki
fue clave para comprender la Gran Aceleracin. Inclusive, sin saber
con precisin cundo comenz el Antropoceno, Mittman ha dicho que
s se puede saber cundo este discurso empez a ser propagado de
modo que poco a poco se haya hecho popular, al menos en el mundo
cientfico. Esta es la poca en que las geociencias se volvieron compe-
titivas desplazando a la Ecologa en la lucha por definir lo ambien-
tal como el tema central.
En este sentido, el Antropoceno es un objeto cientfico constituido
durante la Carrera armamentista de la Guerra Fra, lo cual signific
financiacin sin precedentes para las ciencias de la Tierra, lo que permi-
ti y habilit, lo que Joe Masco (2013) argumenta como nuevos temo-
res pblicos y visiones de amenaza planetaria. Ruptura y apocalipsis,
adems de prepotencia de la geoingeniera, fue construido dentro del
aparato cientfico militar de la seguridad nacional. Mittman aade: El
incremento drstico de la financiacin militar americana en la Guerra
Fra para las ciencias de la Tierra benefici ampliamente campos tales
como la oceanografa, la ciencia atmosfrica, el magnetismo terrestre
y los estudios ionosfricos. Durante la Guerra Fra, las Ciencias de la
Tierra, quedaron slo en segundo lugar despus de la fsica en los ni-
veles de apoyo. La Guerra Fra, entonces, produjo la infraestructura
cientfica, los datos y la investigacin que lteriormente proporcionara,
como Paul Edwards (2006) y otros han planteado, la evidencia suficien-
te para lo que conocemos hoy como el cambio climtico. Masco (2014)
lo cuenta as: Los primeros das de la Guerra Fra fueron un perodo
en el cual la bisfera global fue literalmente militarizada por el Estado
nuclear americano pero fue tambin posicionado como un objeto de in-
vestigacin cientfica. Si siguiramos la idea de Jason Moore sobre que
el Antropoceno, tal como lo llaman los cientficos naturales, debera
verse asociado a la acumulacin originaria de capital, por lo cual en ese
caso ms bien deberamos llamarlo Capitaloceno. Pero si cualificamos
estas consideraciones nucleares, entonces deberamos llamarlo Capital-
Nuclear-ceno o Capital-guerra-ceno, con lo cual nos aseguramos que
entendemos que lo que llaman Antropoceno no es el producto de una
especie humana indiferenciada sino de una especie que hizo de la acu-
mulacin capitalista y de la guerra combinados un mundo de cambio
climtico. Se trata de la fusin de un sistema ecologa mundo basado en
la acumulacin de capital y la organizacin de la guerra.

NOTAS FINALES
Hablando de dos globales? Este artculo ha sealado la importancia

282
Germn Palacio, Alberto Vargas, Elizabeth Hennessy

de lo global en el proceso de confluencia de las ciencias naturales y de


las sociales. Estas aparentes convergencias ocultan importantes di-
ferencias conceptuales que generan confusin. No es lo mismo tener
como referente a la Tierra que al Mundo. Adems, hemos explorado la
conexin entre lo global y lo local que deben ser mejor entendidas en
friccin. Las visiones que no son conscientes de una variedad de fric-
ciones son muy problemticas. A veces lo local queda como una visin
minscula de lo global y se examina como simplemente subordinada.
De este modo no se puede comprender cmo algunos humanos es-
pecficos organizados eco-socialmente y, no solo la humanidad como
especie, se convierten en las fuerzas motoras del cambio climtico.
Algunos de ellos funcionan como victimarios y otros como vctimas,
por ejemplo. No todos los humanos desempean el mismo rol. Este es
el caso, por ejemplo, de la gente que vive con un bajo consumo de car-
bn, por decir, los pueblos indgenas o gente normalmente de pases
no industrializados. Este es un llamado para una agenda de investiga-
cin que comprenda mejor eco-sociedades que viven en una poca de
dramtico cambio ambiental.
Geoingeniera, Naciones Unidas y Democracia Ambiental: Despus
de la reunin de Conpenhague en 2009, los investigadores climticos
y los movimientos ambientales entraron en un estado de desaliento
porque, ante las evidencias, las poderosas instituciones compuestas
de Estados-naciones no fueron capaces de actuar en consecuencia.
Carencia de consenso sobre medidas a tomar y, especialmente dbil de-
terminacin de los actores ms poderosos sobre cmo proceder, tendie-
ron a empujar a gente muy importante al igual que a cientficos hacia
la geoingeniera para tratar de resolver el problema. An respetados y
prestigiosos cientficos tendieron a moverse en esta direccin, inclu-
yendo a Paul Krutzen (Hamilton, 2015). Ante la situacin catastrfica,
la desesperacin estaba empujando hacia la idea de que alguien deba
resolver el problema si los Estados-naciones no lo hacan, incluyen-
do a billonarios tales como Bill Gates, Michael Bloomberg o Richard
Branson y otros, a travs de experimentos de geo-ingeniera (Klein,
2015). Siguiendo una tendencia basada en la ciencia moderna y la tec-
nologa, la geo-ingeniera sera una opcin posible o aceptable para al-
guna gente poderosa que mide las cosas bajo el rasero de los resultados.
Una ingeniera del planeta, para cambiar el clima de la Tierra en su
conjunto, tamaa ambicin! Esto es exactamente la mezcla de ciencia
con autoritarismo bajo la bandera filantrpica de la salvacin del pla-
neta, o la humanidad como especie (Klein, 2001). Se trata de una pers-
pectiva imperial, globo-cntrica y sobrecogedora, una aspiracin de los
Seores de la Tierra (Hamilton, 2013; Morton, 2016) que sigue la larga
tradicin moderna de controlar el mundo a travs de medios tcnicos.

283
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Los discursos de la globalizacin tendieron a subestimar a los


Estados-naciones. Sin embargo, ellos no han muerto todava, y en la
COP 21 en Pars, 2015, algn consenso fue aparentemente construido
de modo que podra haber regresado el optimismo de que se plasme
en acuerdos de los Estados-naciones. En todo caso, nadie podra afir-
mar que sera un camino fcil, si se piensa en los actores decisivos, por
ejemplo, los Estados Unidos. A pesar del compromiso del Presidente
Obama nadie podra asegurar que la mayora republicana que domina
en Congreso est dispuesta a aprobar estos acuerdos. Este artculo fue
escrito justo antes de la COP 21, pero sabemos hoy en da, abril de
2017, que el triunfo de Donald Trump hizo este optimismo slo flor de
un da. La justicia ambiental y la democracia implican caminos ms
largos para recorrer. La gente de baja produccin de carbono tampoco
debe pagar por los platos rotos y el desorden planetario y mundial.

QUIN ES EL ANTROPOS DEL ANTROPOCENO?


Si los cientficos naturales pueden reclamar con razn el mrito de
habernos llamado la atencin a todos, mrito que debe ser reconoci-
do por los cientficos sociales, sobre el problema crucial que estamos
afrontando y por traer al centro de la discusin la necesidad de cambio
de una autopista que podra conducirnos al desastre, no es seguro que
ellos tengan una idea clara sobre lo que estn hablando cuando hablan
de las sociedades humanas simplificndolas como la especie humana.
El Antropos del Antropoceno no puede ser precisamente definido
como un nmero indiferenciado de 7 mil millones o ms de individuos
(Paison, et al.) En este punto, las ciencias sociales y las humanidades
deben retomar la posta para contribuir a pensar mejor sobre lo que sig-
nifica lo que bautizaron las ciencias naturales como Antropos.
Las ciencias sociales no son simplemente un asunto de datos y
precisin sino materia de interpretacin. Esto es tambin muy cierto
hoy en da en relacin con la ciencia en general. La justicia ambiental
o climtica es muy contenciosa, toca muchos intereses y pisa muchos
callos pero si se trata de resolver el problema hay que hacer el es-
fuerzo de determinar responsabilidades y obligaciones (Forero, 2010).
Adems, el cambio climtico no es un problema sincrnico sino his-
trico que debe entender cmo se organizan la Tierra y el Mundo hoy.
Si el concepto del Antropoceno captura a los humanos como una
especie global, no captura la forma especfica y diferenciada sobre
cmo esos humanos viven, se organizan, distribuyen alrededor del
mundo en el pasado y el presente y la forma, en escalas diferentes,
locales, regionales, nacionales y mundiales, como han cambiado la
Tierra/Mundo. Mientras que el cambio climtico parece algo muy
real, el Antropoceno, por ms que sea una intuicin aguda, parece

284
Germn Palacio, Alberto Vargas, Elizabeth Hennessy

desorientar las dimensiones socio-ecolgicas del cambio. Ms all de


Jason Moore: es ms que un asunto de Capitaloceno, ya que se debe
aadir que es una preocupacin que obliga a pensar, junto con la acu-
mulacin de capital y la organizacin de naturalezas baratas, la forma
de organizacin blica del mundo contemporneo.

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288
Julio Carrizosa Umaa*

COMPLEJIDAD, ECOLOGA Y POLTICA


EN AMRICA LATINA

Al unir lo fsico con lo social la ecologa poltica adquiere la compleji-


dad suficiente para identificar y develar las principales contradiccio-
nes, falsedades y debilidades de la teora del desarrollo y en general
de la economa y las ciencias polticas de la derecha y tambin de
la izquierda, engendros todos de las simplificaciones hechas por sus
pensadores principales cuando eliminaron en sus teoras decenas de
variables fundamentales, entre ellas los ecosistemas.
La ltima encclica de Francisco, que incluye muchos argumen-
tos de pensadores ambientales latinoamericanos, abre tambin la po-
sibilidad de mirar integralmente, desde el centro, la realidad. Nuevas
visiones desde el Vaticano de lo humano y lo no humano unidas in-
tegral, profunda y ampliamente, en una ecologa integral, podran
suscitar una serie de reflexiones sobre lo sucedido en Amrica Latina
durante las ltimas dcadas, rompiendo as una larga tradicin de
miradas centrales simplificadoras.
Sin embargo subsisten, en las corrientes principales de las cien-
cias sociales, humanas y fsicas las miradas centralistas que se confi-
guraron desde el siglo XVI y es necesario reflexionar en la coyuntura

* Doctor Honoris Causa. Universidad Nacional de Colombia, Miembro Honorario


de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Fsicas y Naturales.

289
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

sobre esta situacin que podra truncar nuevamente la posibilidad


de un futuro comn.
Un texto reciente publicado en la revista The Economist nos pro-
porciona una muestra de cmo nos ven en el centro de esas corrientes
principales. En la seccin titulada Free Exchange bajo el ttulo The
Best Policy se lee lo siguiente: No matter how hard a haitian worker
works he cannot create around him the institutions, infraetructure
and skilled population within American workers do their jobs (The
Economist March 18-24 2017 Pgina 78). Poco se diferencia esta afir-
macin de lo que ya muchos lderes latinoamericanos empiezan a
pensar y la revista aade ms frases que muestran cmo ha decado
la confianza del centro en la posibilidad de desarrollo de nuestros pa-
ses: achieving rich world incomes is the exception rather than the rule,
the rapid expansion of emerging economies over the past two decades is
unlikely to be repeated [...] However desirable economic development is,
insisting upon it as the way forward traps millons in poverty.
El texto de la revista ms neoliberal de Europa abre un poco el
dogma, se aparta ligeramente de Shumpeter y se aleja mucho ms de
Rostow pero no se atreve a mencionar cunto las caractersticas actua-
les y la historia ecolgica de Hait y de la Repblica Dominicana han
influido en la situacin, como si lo hace el Papa Francisco al proponer
el concepto de ecologa integral que une lo social con lo ecolgico y al
discutir los postulados de las corrientes principales de la economa. La
importancia que el texto le otorga a las instituciones, a la infraestruc-
tura y al entrenamiento de los trabajadores corresponden a lo que las
facultades de economa anglosajonas han venido predicando a travs
de los bancos internacionales para tratar de subsanar o inclusive de
ampliar lo dicho por los fundadores de la teora del desarrollo pero es
muy interesante cmo las dos frases posteriores lo que indican es un
reconocimiento ms profundo, el del fracaso de la teora del desarro-
llo econmico, algo que haba sido ya diagnosticado desde hace mu-
chos aos por tres latinoamericanos, el colombiano Arturo Escobar,
el brasileo Celso Furtado y el argentino Raul Prebisch, quien explic
de las diferencias fundamentales entre el centro y la periferia. Hoy se
trata de cargar la culpa de los fracasos a errores cometidos dentro de
la periferia. Es fcil para The Economist ver el fracaso general como
el resultado de alguna desviacin marginal del modelo general o como
el fracaso de las variaciones latinoamericanas del modelo propuesto
por el marxismo leninismo, igualmente centralista. Para ellos el error
nuestro fue no adoptar las instituciones anglosajonas o no haber esta-
do nunca interesados en construir legislaciones inclusivas, o no pro-
porcionar la educacin adecuada. Para el centro es inaceptable que
el fracaso latinoamericano es tambin el de Smith, el de Shumpeter,

290
Julio Carrizosa Umaa

el de Rostow y tambin el de Kusnetz; el de la Escuela de Chicago y


tambin, curiosamente, el del socialismo del siglo XXI.

1. LAS MIRADAS DESDE EL CENTRO Y SUS SIMPLIFICACIONES


Pienso que la relacin centro-periferia tan acertadamente presentada
por Prebisch hoy puede ampliarse y aplicarse en la coyuntura si se
examina desde otros puntos de vista. Me refiero a lo propuesto por
la teora ecolgica, por los filsofos perspectivistas, por Morin en sus
aproximaciones al pensamiento complejo y por los psiclogos cogniti-
vistas que han propuesto el concepto de modelo mental.
La enorme importancia del modo cmo se mira el mundo es algo
que esta incluido en muchas aproximaciones culturales pero fueron
dos filsofos, aparentemente muy diferentes, Nietzsche y Ortega y
Gasset, quienes han sealado ms concretamente que en el modo de
mirar influye el sitio desde dnde se mira.
Nietzsche dice en uno de sus ltimos textos: Solo hay un ver
perspectivstico, solo un conocer perspectivstico, y cuantas ms emo-
ciones dejemos que tomen la palabra acerca de una cosa, cuantos ms
ojos, ojos diferentes, sepamos emplear para la misma cosa, tanto ms
complejo ser nuestro concepto de esa cosa y nuestra objetividad
(Nietzsche, 1887).
Ortega y Gasset muchos aos despus concreta la idea: Desde
este Escorial, riguroso imperio de la piedra y la geometra en donde
he asentado mi alma, veo en primer trmino el curvo brazo ciclpeo
que extiende hacia Madrid la Sierra de Guadarrama; el hombre de
Segovia, desde su tierra roja, divisa la vertiente opuesta. Tendra sen-
tido que disputsemos los dos sobre cul de estas dos visiones es la
verdadera? Ambas lo son, ciertamente [] Pero la realidad no puede
ser mirada sino desde el punto de vista que cada cual ocupa [] La
verdad, lo real, el universo, la vida, como queris llamarlo, se quiebra
en facetas innumerables. La realidad, pues, se ofrece en perspectivas
individuales (Ortega y Gasset, 1916) .
Lo cierto es que la relacin centro-periferia esta afectada por la
forma cmo nos miran desde all y que las teoras de los perspectivis-
tas aplicadas a la situacin de Amrica Latina explican muchos de los
procesos que hemos sufrido. En realidad es muy claro que desde los
centros polticos y econmicos se acostumbra a no ver todo lo que los
rodea y que esas fallas en el mirar de quienes tienen el poder central
afecta a los territorios perifricos y simplifica los modelos mentales de
las personas que miran desde el centro
No ver la totalidad es caracterstica del mirar desde lejos, la im-
posibilidad fsica de ver todas la variables e interrelaciones que se ven
desde cerca solo se soluciona apelando a medios diferentes pero ese

291
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

profundizar en el mirar implica costos adicionales y la necesidad de


disminuir o de minimizar esos costos conduce a procesos mentales de
abstraccin, disyuncin y reduccin o sea a simplificar las caracters-
ticas de los territorios perifricos.
El filsofo francs Edgard Morin explica en una breve frase la
importancia actual de los procesos de simplificacin:

Vivimos bajo el imperio de los principios de disyuncin, reduccin y


abstraccin cuyo conjunto constituye lo que llamo el paradigma de
simplificacin [...] El principio de simplicidad o bien separa lo que est
ligado (disyuncin) o bien identifica lo que es diverso (reduccin) []
El paradigma de la simplicidad es un paradigma que pone en orden
el universo y persigue el desorden. El orden se reduce a una ley, a un
principio. La simplicidad ve a lo uno y ve a lo mltiple, pero no puede
ver que lo Uno puede, al mismo tiempo, ser Mltiple [...] La patologa
moderna del espritu est en la hiper-simplificacin que ciega a la com-
plejidad de lo real (Morin, 1994: 34).

En esos procesos de simplificacin es posible que se pierdan variables


e interrelaciones fundamentales para comprender el territorio peri-
frico y, por lo tanto, se cometan errores en su manejo centralizado.
Aplicar continuamente los procesos de simplificacin es una actividad
coherente con los modelos simplificados de las corrientes principales
de las ciencias polticas y de la economa.
Todo esto no sera tan grave si la aplicacin continua y justifica-
da ideolgicamente de los procesos de simplificacin no condujera,
tambin, a una simplificacin fsica de los modelos mentales de las
personas que los aplican. Este es el caso de los reiterados intentos de
fundamentar en la extraccin de minerales el bienestar de los pueblos
latinoamericanos a pesar de que cada uno de los intentos ha conduci-
do al fracaso econmico, social y ecolgico.
Algunos psiclogos cognitivos han profundizado en el concepto
de modelo mental, como lo hace Teun A. van Dick:

La gente representa su conocimiento y opiniones personales y loca-


les sobre un evento con modelos mentales [] los modelos mentales
permiten que las opiniones o actitudes socialmente compartidas sean
relativamente estables (si bien pueden cambiar con el tiempo), mien-
tras al mismo tiempo sostiene la variacin y unicidad individual y con-
textual (van Dijk, 1999).

Mirar desde el centro o imaginarse que se est mirando desde el centro


deforma lo mirado en las mentes de quienes miran. Algunos analistas
actuales resucitan la confrontacin centro-periferia como el resultado
de estas formas de mirar, como lo hacen Ramoneda y Espinoza:

292
Julio Carrizosa Umaa

El centrismo expresa la voluntad de negar curso legal a la ideologa.


Puesto que solo hay un sistema posible y puesto que no hay ni pue-
de haber alternativa alguna, todo converge en un punto, el centro
(Ramoneda, 1999).

El centralismo ideolgico consiste en aquella creencia por la cual se


valora ms lo que proviene del centro o de la capital, mientras que se
desprecia o minusvalora aquello que proviene del interior. Por ejem-
plo, mucha gente considera que se vive mejor en la capital (ya sea del
pas o de la regin) o que el estilo de vida de dicha ciudad tiene que ser
imitado por todos (Espinoza, 2010).

Adems de Prebisch otros pensadores latinoamericanos analizaron en


su poca las deformaciones causadas por las mitradas desde el centro,
como lo sintetiza Aydalot:

Sin embargo, las oportunidades de beneficio no son percibidas ni uti-


lizadas en la periferia, que a su vez es incapaz de adaptarse por falta
de mano de obra y de capital (Aydalot, 1985: 147-148), establece una
relacin de dominacin del centro (por su capacidad de innovacin
tecnolgica e institucional) sobre la periferia (no apta a la innovacin),
y concluye que las disparidades regionales tienen su causa tanto en las
relaciones interregionales como en la dinmica interna de la periferia,
incapaz de generar una dinmica propia de desarrollo (Prebisch, 1949;
Friedman, 1972; Lipietz, 1990).

Hoy pienso que es necesario afirmar nuevamente que el centralismo


es una forma de ver el mundo, que esa forma de ver puede caracteri-
zarse y que esa forma de ver el mundo simplifica todo lo diferente al
centro.
En el largo plazo esa simplificacin en la visin central genera
una simplificacin fsica real en los territorios en donde todo lo que no
se considera desde el centro, estructuras, personas sociedades, anima-
les, plantas, minerales, empieza a convertirse en desechos, en males
y recibe el tratamiento de tales, como ha sucedido en Amrica Latina
desde la invasin europea.

2. VER SOLAMENTE EL ORO DESEADO: CASCABELES Y


CUENTECILLAS DE CRISTAL
Desde la invasin europea esas miradas desde el centro se han enfoca-
do hacia lo extrable, lo que puede enriquecer el centro. En Colombia,
y en varios otros pases, el oro, objetivo principal en el siglo XVI de las
miradas europeas, sigue siendo en la actualidad una de las atraccio-
nes ms importantes de los inversionistas internacionales.

293
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Coln relata que fue entregando cascabeles y cuentecillas de cris-


tal a los indgenas cmo logr obtener los primeros objetos de oro
para llevrselos a los reyes catlicos. Durante siglos estos intercam-
bios han seguido formatos similares; hemos entregado el oro a cambio
de cuentos y objetos que satisfacen nuestros sentidos. En Colombia
son numerosas las tristes memorias de la entrega de las minas de oro
a cambio de historias, cascabeles y cuentecillas actuales, acerca de
cmo las compaas mineras desarrollaran nuestras regiones.
La historia latinoamericana muestra numerosos ejemplos de
nuestra aceptacin de los cuentos europeos y norteamericanos y de
las formas cmo nuestros modelos mentales se han simplificado y
nos han conducido a mirar a nuestro alrededor en formas similares
a cmo nos miran desde el centro. El cuento del extractivismo y sus
cascabeles afect en Argentina, en Brasil, en Bolivia, en Brasil, en
Colombia, en Ecuador, en Venezuela tanto a la derecha como a la iz-
quierda. Otro cuento, esta vez de hadas inglesas, el del libre comercio
fue aceptado rpidamente despus de la Independencia en todos los
pases en donde el utilitarismo de Smith y Bentham se acept como el
nuevo evangelio que reemplazaba al impuesto por la corona espaola.
Fueron pocas las elites que no imitaron en sus mirares esas mi-
radas llegadas desde el centro; en casi todos los pases las elites co-
menzaron a mirar a sus conciudadanos simplificndolos en formas
semejantes a como ellos mismos eran simplificados por los que los
miraban desde el centro; nicamente como instrumentos capaces de
aumentar la riqueza personal o colectiva, nunca como seres humanos,
complejos e independientes, generadores de sus propios objetivos.
La palabra desarrollo como sinnimo de bienestar, utilizada por
Marx en el prlogo a su obra mxima, El Capital, fue la que escogi
Shumpeter en su libro de juventud On the Theory of economic deve-
lopment; la us Freud en otro sentido, como desarrollo cultural, para
proponerle a Einstein una alternativa a la guerra. Y despus de que
sta terminara fue recogida por un grupo de economistas vinculados
al Banco Mundial y ansiosos de proponer una salida diferente a la
bsqueda del paraso comunista.
Los pensadores latinoamericanos inicialmente se unieron en-
tusiastas a la nueva propuesta pero luego gente como Prebisch y
Furtado fustigaron desde la economa propia ese unirse al pensa-
miento ajeno y posteriormente Acosta, ngel, Boff, Castro, Elizalde,
Escobar, Gallopin, Gligo, Gudynas, Leff, Lugari, Marino, Morello,
Rodrguez, Sejenovich, Toledo, van Neff, Wilches y cientos ms, in-
cluido Francisco, han ido conformando lo que pudiera llamarse un
ambientalismo latinoamericano, una de cuyas caractersticas es tener
un mirar propio.

294
Julio Carrizosa Umaa

3. UNA ALTERNATIVA: EL BUEN VIVIR


Podran dos palabras: Buen Vivir, reemplazar esa palabra, Desarrollo,
que se ha convertido en el nico objetivo de las polticas pblicas lati-
noamericanas? No es una casualidad que la palabra haya surgido en
el Ecuador y en Bolivia, en los pases en donde la izquierda prospera
y en donde las teoras sobre la posibilidad del desarrollo econmico
parecieran estar ms lejos de la realidad y las poblaciones indgenas
ostentan ms presencia poltica y cultural. En Colombia la lder cam-
pesina ms exitosa, Olga Castro que ha logrado derrotar electoral-
mente en Cajamarca a una de las compaas mineras ms poderosas
del planeta en una reunin reciente dijo que una de las razones de su
triunfo era que su pueblo, era un paraso y haba que conservarlo.
Esa presencia, completamente inusitada, del buen vivir en un pueblo
que como todos los colombianos que han sufrido los mil azotes de
las pobreza, la ignorancia, la desidia, la corrupcin, el narcotrfico,
la guerra, lo que indica es la posibilidad de mirar el mundo en forma
diferente. Y lo que demuestra es que la complejidad del cerebro huma-
no puede mantenerse an en tales circunstancias. Tal vez lo que esta-
mos presenciando es la resurreccin de las palabras que los filsofos
siempre usaron para identificar lo humano, palabras como bondad,
amistad, belleza, amor, justicia, pasin y eso sucede mirando el pai-
saje americano, ms concretamente mirando el paisaje estructural y
resiliente de los Andes hmedos, fros y calientes en donde Olga logr
que el 99% de sus conciudadanos defendieran un volcn, el Machin
con sus enormes laderas cubiertas de las cenizas volcnicas. La com-
plejidad del cerebro de Olga y de sus conciudadanos ha permitido que
ellos miren diferente, que los cascabeles y las cuentecillas de oro de
Coln ya no tengan el mismo trgico impacto.
La ecologa poltica y la ecologa integral podran aprovechar
estas muestras de complejidad de la realidad latinoamericana para
plantear soluciones ecolgicas, econmicas y sociales no ideologiza-
das. Las experiencias de los ltimos aos tienen enseanzas de gran
importancia como la imposibilidad de que los ingresos provenientes
de la venta del capital natural sean suficientes para proporcionar bien-
estar a todos los ciudadanos, la vulnerabilidad de las ciudades cons-
truidas en las laderas de las montaas o en las planicies inundables,
la inestabilidad de las inversiones de los extranjeros, la casi imposibi-
lidad de competir con nuestras manufacturas, el bajo porcentaje de
la poblacin que obtiene ganancias de la agricultura en gran escala,
los enormes costos sociales y econmicos de las ciudades construidas
sobre los Andes, las dificultades insalvables del desarrollo cientfico
y la investigacin, los costos sociales, polticos y econmicos de la
segregacin y la exclusin, la persistencia de la pobreza y la falta de

295
ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

equidad a pesar de todas las polticas pblicas extranjeras que hemos


aplicado para acabarlas, la emergencia de fallas ticas cuando los go-
bernantes permanecen demasiado tiempo en el poder, la inutilidad
de los levantamientos armados, la necesidad de legalizar el uso de
drogas psicoactivas para evitar, entre otros males, el enriquecimiento
de grupos criminales, la urgencia de conocer detalladamente las ca-
ractersticas de los ecosistemas que conforman nuestro territorio, la
enorme complejidad y diversidad de la ciudadana, la gran importan-
cia de factores no econmicos, entre ellos la dignidad de los pobres,
cuando se trata de lograr el buen vivir.
El reconocimiento de esta enorme complejidad de la realidad la-
tinoamericana podra conducir al olvido de las antiguas recetas euro-
peas y norteamericanas y a lograr soluciones propias. El buen vivir
podra ser el objetivo capaz de generar nuevas formas de ver la econo-
ma y la poltica, solo como partes de la complejidad del ser humano
que vive en un territorio fsico especfico y as, libres de los dogmas de
izquierda y derecha, tal vez seriamos capaces de encontrar nuevas for-
mas de convivir, de educarnos, de ordenar el espacio, de proporcionar
ingresos bsicos a todos los ciudadanos.

BIBLIOGRAFA
Morin, Edgar 1994 Introduccin al Pensamiento Complejo
(Barcelona: Gedisa).
Nietzsche, Friedrich 1887 Genealoga de la Moral Tercer Tratado
n.12 (Nueva York: Boni and Liveright).
Ortega y Gasset, Jos 1916 El Espectador Obras Completas Vol II
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296
Guillermo Castro Herrera

SOCIALIDAD Y COLONIALIDAD
EN LA CULTURA DE LA NATURALEZA
EN NUESTRA AMRICA

La colonialidad en tanto que visin del mundo dotada de un sistema


de conductas acorde a su estructura opera a travs de modalidades
histricas de organizacin de la cultura y del trabajo intelectual. En
lo que hace al vnculo entre la colonialidad y el extractivismo caracte-
rstico de las economas de nuestra Amrica, cabe plantear dos cosas.
Una, que ese vnculo se ha expresado en nuestra cultura a travs
de la aceptacin de una incapacidad asumida como natural para
pensarnos, imaginarnos incluso, fuera del lugar y las funciones que
nos fueron impuestos a partir de nuestra incorporacin al proceso
de formacin, y las transformaciones, del mercado mundial, del siglo
XVI a nuestros das.
La otra, que la cultura de la naturaleza en nuestra Amrica ex-
presa hoy la crisis que enfrentan las sociedades latinoamericanas en
sus relaciones con el mundo natural, en la medida en que el deterioro
de ese sistema mundial favorece que afloren con renovada energa las
viejas contradicciones y conflictos no resueltos entre las culturas de
los conquistados y los conquistadores del siglo XVI; las de los expro-
piadores y los expropiados de la Reforma Liberal del XIX, y las que
hoy enfrentan a quienes promueven la transformacin del patrimonio
natural de nuestras fronteras interiores en capital natural, y los que se
resisten a esa transformacin.

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ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

Al propio tiempo, la crisis de las visiones acerca de ese mundo y


esas relaciones es, tambin, la de las formas de la organizacin de la
cultura y del trabajo intelectual que permitan su reproduccin cons-
tante. Y en primer lugar, en esa crisis est la fractura entre las for-
mas de organizacin de la cultura entre quienes dominan y quienes
padecen las formas de organizacin de las relaciones entre nuestras
sociedades y su entorno natural. Esta fractura se expresa en la coexis-
tencia a veces pasiva, a veces antagnica, entre una cultura dominante
que ha evolucionado en torno a ideales de lucha de evidente filiacin
Noratlntica como la de la civilizacin contra la barbarie, primero;
del progreso contra el atraso, despus, y finalmente del desarrollo con-
tra el subdesarrollo, y un conjunto de culturas subordinadas sobre
todo de origen indo y afroamericano que han desarrollado, desde
otras races, visiones de un mundo en el que las relaciones de los seres
humanos con la naturaleza llegan a ser tan armnicas como las de los
seres humanos entre s.
En el origen de esta fractura se encuentra el hecho sealado
por Antonio Gramsci a comienzos de la dcada de 1930, de que las
estructuras fundamentales de organizacin de la cultura en nuestras
sociedades hasta fines del siglo XX fueron las correspondientes a la
civilizacin espaola y portuguesa de los siglos XVI y XVII caracteri-
zada por la Contrarreforma y el militarismo, cuyas categoras de in-
telectuales dominantes fueron el clero y el ejrcito y, cabra agregar,
la de los letrados al servicio de la administracin colonial. Esto ayuda
a entender la ausencia en nuestra Amrica, a lo largo de los siglos
XVIII y XIX, de una intelectualidad de capas medias vigorosa y bien
educada, capaz de expresar el inters general de sus sociedades. Aqu,
en efecto, no existieron las condiciones que permitieron en el mundo
Noratlntico la actividad de pensadores como Henry David Thoreau
y Ralph Waldo Emerson, o de cientficos de extraccin modesta como
Alfred Russell Wallace que actuarn por derecho propio como inter-
locutores con sus pares de origen social ms elevado, como Charles
Darwin.
Por el contrario, nuestra cultura de la naturaleza naci y se desa-
rroll escindida hasta bien entrado el siglo XIX. De aqu por ejemplo,
que en las grandes obras de la narrativa culta que expresan el proce-
so de formacin de nuestras modernas identidades nacionales des-
de La Vorgine, de Jos Eustacio Rivera y Doa Brbara, de Rmulo
Gallegos, hasta Cien Aos de Soledad, de Gabriel Garca Mrquez y
La Casa Verde de Mario Vargas Llosa, la naturaleza figura como un
elemento amenazante, que finalmente escapa a todo control racional,
mientras la cultura popular tiende a un tono de celebracin y coexis-
tencia respetuosa que llega a alcanzar una dramtica delicadeza en lo

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Guillermo Castro Herrera

que va de los Versos Sencillos, de Jos Mart, a Los Ros Profundos, de


Jos Mara Arguedas, por mencionar algunos ejemplos.
La obra de Jos Mart, en particular, expresa su empeo en crear
las formas de organizacin de la cultura que demandaba la formacin
de un nuevo bloque histrico en Cuba como en nuestra Amrica, ca-
paz de vincular entre s al campesinado, la poblacin indgena, los tra-
bajadores urbanos, los sectores emergentes de capas medias y aque-
llas fracciones de una vieja oligarqua en proceso de aburguesamiento
que se interesaban en promover el desarrollo de mercados internos
vigorosos en nuestros pases. En ese empeo destaca, por ejemplo,
el ensayo Nuestra Amrica, de 1891, verdadera acta de nacimiento de
nuestra contemporaneidad, en el que la naturaleza adquiere un claro
carcter de categora cultural y poltica, a ser construida desde la rea-
lidad que expresa.
En Mart, esa construccin tiene tres vertientes de especial im-
portancia. Una es la crisis del liberalismo latinoamericano del ltimo
cuarto del siglo XIX, que desembocara en el ciclo revolucionario que
recorrera nuestra regin entre las dcadas de 1910 y 1930. La otra, el
dilogo constante con la obra de autores autores como Ralph Waldo
Emerson y Walt Whitman, vinculados a las mejores tradiciones de-
mocrticas de la sociedad norteamericana, durante su exilio en Nueva
York entre 1881 y 1895. Y la tercera, y ms importante, radica en su
voluntad de trascender los lmites de la racionalidad colonial, como lo
expresa de manera tajante al decir que no hay entre nosotros batalla
entre la civilizacin y la barbarie, sino entre la falsa erudicin y la
naturaleza.
En nuestra Amrica, la intelectualidad moderna que anuncia
Mart slo viene a formarse con la expansin industrial y el desarrollo
urbano caractersticos de la segunda mitad del siglo XX. De la d-
cada de 1970 en adelante, ya alentaban en ella visiones del mundo
que no reconocan el mero crecimiento econmico como evidencia de
los frutos del progreso y del avance hacia la civilizacin a travs del
desarrollo. Por el contrario, expresaban una creciente inquietud por
el carcter a todas luces insostenible de ese desarrollo basado en la
ampliacin constante de la exportacin de materias primas para otras
economas.
Este proceso de maduracin cultural ha experimentado un cre-
ciente impulso en el siglo XXI. Desde arriba, la regin ha conocido
un notorio crecimiento de la institucionalidad ambiental, que ha tras-
ladado al interior de los Estados sin resolverlo el conflicto entre
crecimiento econmico extractivista y sostenibilidad del desarrollo
humano. Desde abajo, la resistencia indgena y campesina a la expro-
piacin de su patrimonio natural y la lucha por sus derechos polticos

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ECOLOGA POLTICA LATINOAMERICANA. VOLUMEN II

se combina con la lucha de los sectores urbanos medios y pobres por


sus derechos ambientales bsicos. Esto anima el desarrollo de un
ambientalismo contestatario, en el que ha ido tomando cuerpo una
corriente de actividad intelectual que, desde las Humanidades como
desde las ciencias y las artes, expresa lo que Enrique Leff ha llamado
el nuevo pensamiento ambiental de la regin.
Formada en lo mejor de la tradicin acadmica Occidental, y en
estrecho contacto con los nuevos movimientos sociales de la regin,
esa corriente ha conseguido articular el ambientalismo latinoameri-
cano con el global por un lado, mientras por el otro lo ha hecho con
los procesos de transformacin poltica, social, cultural, ambiental y
econmico que estn en curso en toda la regin. De este modo partici-
pa hoy, junto a colegas de todo el mundo, en el desarrollo de campos
y estructuras nuevos del conocer como la historia ambiental, la eco-
loga poltica y la economa ecolgica, y su produccin en todos ellos
constituye, ya, parte integrante de la cultura ambiental que surge de
la crisis global.
En nuestra Amrica, como vemos, la crisis ambiental hace par-
te de un perodo de transicin en el que emergen nuevamente viejos
conflictos no resueltos en el marco de situaciones enteramente nue-
vas, y va tomando forma una cultura de la naturaleza que combina
reivindicaciones democrticas de orden general con valores y visiones
provenientes de las culturas indgenas, afroamericanas y mestizas.
Esa cultura toma forma desde el dilogo y la confrontacin entre sus
propios componentes, y en su enfrentamiento con polticas y visiones
de fuerte impronta colonial y utilitaria. Aqu, todo el pasado acta en
todos los momentos del presente, dando lugar a un proceso de extraor-
dinario vigor y diversidad en la creacin de opciones para garantizar
la sostenibilidad del desarrollo humano en nuestra Amrica.
En esta perspectiva, la dimensin cultural de la crisis esto es,
aquella en que se formulan las preguntas nuevas que estimulan el de-
sarrollo de respuestas innovadoras no es un mero aadido a sus di-
mensiones ecolgica, econmica, tecnolgica, social y poltica, sino la
expresin ms acabada de las interacciones entre todas ellas. De ella
emerge ya en nuestra cultura de la naturaleza una conclusin poltica
que puede ser tan estimulante para unos como inquietante para otros,
pero que es ineludible para todos: en la medida en que el ambiente es
el resultado de las interacciones entre la sociedad y su entorno natural
a lo largo del tiempo, si se desea un ambiente distinto es necesario
crear sociedades diferentes.
Este es el desafo fundamental que nos plantea la crisis ambien-
tal, en nuestra Amrica como en cada una de las sociedades del pla-
neta. Precisamente por eso, las transformaciones, conflictos, rupturas

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Guillermo Castro Herrera

y opciones de salida que ocurren en el ordenamiento socio-ambiental


de nuestra Amrica en la transicin del siglo XX al XXI definen tam-
bin los trminos de la participacin de nuestra Amrica en la crisis
ambiental global, y plantean problemas que deben ser resueltos desde
la regin, en dilo