Las ‘fake news’ que sobrevivieron a Mussolini

Las ‘fake news’ que sobrevivieron a Mussolini

Fascismos

Saneó pantanos, creó la Seguridad Social, derrotó a la mafia... ¿Cuáles son los bulos sobre el Duce que han llegado hasta nuestros días?

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Benito Mussolini saluda durante un acto público. (Photo by Keystone/Getty Images)

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“Antes de que le declarara la guerra al mundo entero, siguiendo a Hitler, y promoviera las leyes raciales, hizo cosas positivas. Construyó puentes, carreteras y rehabilitó zonas pantanosas de Italia”. Estas palabras, dichas por el político Antonio Tajani en 2019, cuando era presidente del Parlamento Europeo, se han convertido en un lugar común entre una parte de la población italiana a la hora de valorar el legado de Mussolini (un hecho parecido a lo que ocurre en España con Franco y los pantanos).

La idea que se viene repitiendo a lo largo de los años y ha cobrado fuerza con el auge de las redes sociales. Lo dijo en 2010 el senador Marcello Dell’Utri, fundador del partido Forza Italia, tras leer los diarios falsos del dictador. Lo dijo Silvio Berlusconi en 2013 durante un acto en memoria de las víctimas del Holocausto. Y lo dice uno de cada cinco italianos, según una encuesta publicada en 2020 por el instituto de estudios políticos Eurispes. ¿Cuáles son estos mitos, la mayoría creados por la propia propaganda fascista, y qué hay de cierto en ellos?

¿Fue un gran constructor?

Es uno de los más arraigados: Mussolini como gran promotor de obras públicas. De todos, podría decirse que es el que más parte de verdad tiene. A su llegada al poder, el Duce puso en marcha un plan de infraestructuras con el fin de modernizar el país, estimular la economía y crear puestos de trabajo. Sus logros fueron evidentes, aunque también sobredimensionados y muy matizables.

En 1923 se inauguró el primer tramo de la autostrada que iba de Milán a los lagos de Como y Maggiore. Fue la primera autopista de Europa diseñada para un uso público. Posteriormente, se construyeron otras que unieron las principales ciudades italianas. Fueron, sin duda, obras magníficas y pioneras, muy celebradas por la propaganda del régimen, que luego serían copiadas por la Alemania nazi. Pero ¿fueron realmente útiles?

Adolf Hitler y Benito Mussolini durante una visita por el Führer a Venecia en junio de 1934.

Adolf Hitler y Benito Mussolini durante una visita a Venecia en junio de 1934.

Terceros

Considerando el bajo número de vehículos que existía en esos años en Italia, unos 78.000, y el penoso estado en el que se encontraban las carreteras estatales corrientes, que eran la columna vertebral del tráfico comercial del país, su construcción fue innecesaria. No eran prioritarias en ese momento. Ni siquiera supusieron una gran ventaja durante la guerra para el transporte de tropas, ya que no soportaban el paso de los tanques. Como la mayoría de las obras del fascismo, su valor propagandístico primó sobre su utilidad pública.

Fue el caso también del sistema ferroviario. La Gran Guerra había dejado la red de ferrocarriles en muy mal estado. Los retrasos eran continuos, y se convirtieron en una queja habitual entre los italianos, en un chiste recurrente. En 1919, el gobierno liberal aprobó varios planes para mejorarla. Tres años después, cuando Mussolini llegó al poder, esos proyectos ya estaban en marcha. El fascismo los heredó y los continuó. Pero los publicitó como si fueran suyos.

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El Estado incrementó sustancialmente la producción de energía hidroeléctrica y electrificó más de cinco mil kilómetros de vías férreas. El fascismo alardeó de que con el Duce “los trenes llegan puntuales”. Por supuesto, esto no fue así. 

A partir de la primera ley de control de prensa de 1925, todas las noticias relacionadas con la vida pública quedaron bajo estricto control estatal. Y a partir de 1931, cuando se promulgó una ley de seguridad nacional donde se aludía al concepto de “ofensa al prestigio del Estado, de la autoridad o del sentimiento de la nación”, las informaciones consideradas “derrotistas” estuvieron prohibidas. Entre ellas, claro está, la impuntualidad de los trenes. El mito se ha mantenido hasta la actualidad.

¿Fue un gran urbanista?

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, las ciudades italianas experimentaron un auge demográfico sin precedentes. El aumento de la natalidad y la emigración del campo a los centros industriales dispararon la demanda de viviendas y servicios. La mayoría de las ciudades italianas conservaban sus antiguos trazados medievales, por lo que no estaban preparadas para satisfacer esas necesidades. Como consecuencia, proliferaron las barriadas con infraviviendas.

Cuando Mussolini se hizo con el poder, este problema estaba en el centro del debate público. En los años anteriores se habían puesto en marcha varias iniciativas para solucionarlo: creación de institutos de la vivienda, planes de inversión, construcción de nuevos barrios... La historia se repitió. El nuevo gobierno continuó la tarea iniciada tras la guerra por el Estado democrático y la publicitó como propia. Como en muchos otros ámbitos, se limitó a cambiar el nombre de los organismos y a poner bajo su control las estructuras administrativas nacidas en la Italia liberal.

Inauguración de la ciudad de Littoria, fundada por Mussolini en 1932.

Inauguración de la ciudad de Littoria, fundada por Mussolini en 1932.

Dominio público

En realidad, los planes urbanísticos que más le interesaban al Duce iban en otra dirección. Mussolini ansiaba crear la “Tercera Roma”, una gran Roma fascista que rivalizara en esplendor, belleza y monumentalidad con la imperial y la papal. La administración del Estado no tuvo reparos en desviar fondos destinados a la creación de viviendas sociales para financiar proyectos con fines propagandísticos. Para construir, como denunció el arquitecto racionalista Giuseppe Pagano, “arrogantes montañas de mármol”.

El mayor ejemplo de esta concepción urbanística fue el barrio de la Exposición Universal Roma (EUR). Fue planeado para albergar la Exposición de 1942 que se iba a celebrar (la guerra lo impidió) con motivo de la conmemoración de los veinte años de fascismo. También iba a servir como punta de lanza de esa nueva Roma que se extendería, como reza la inscripción del Palazzo degli Uffizi, “desde las colinas a lo largo de las orillas del río sagrado hasta las playas del mar Tirreno”. 

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El complejo, actualmente dedicado a centro de negocios, está compuesto por diversas avenidas y varios edificios monumentales. Un espacio colosal, con edificaciones de inspiración romana y numerosas alusiones al Duce, planificado no para crear “un lugar para la vida pública”, como explica el historiador Francesco Filippi en Mussolini ha fatto anche cose buone (2019), sino como “telón de fondo teatral en el que exhibir la narrativa del régimen”.

El problema de la escasez de viviendas no se solucionó durante la dictadura fascista. Siguió existiendo hasta el estallido de la guerra. Luego fue aún peor. Los bombardeos aliados causaron estragos en las ciudades. Se calcula que Italia perdió dos millones de espacios habitables durante el conflicto y otro millón más fue dañado gravemente. Habría que esperar hasta el año 1949, cuando se aprobó un ambicioso plan de vivienda de larga duración (se extendió hasta 1963), para que la escasez de viviendas dejara de ser un problema acuciante en Italia.

¿Saneó los pantanos?

Italia tenía un problema con las zonas pantanosas. Eran regiones estériles e insalubres, afectadas de forma endémica por la malaria. El problema se remontaba a tiempos de la antigua Roma, cuando se produjeron los primeros intentos para drenar los pantanos y convertirlos en tierras cultivables. Mussolini se propuso terminar la labor de sus antecesores. Inició “la batalla por la tierra”, una más de las “batallas” –del trigo, de la lira, demográfica– que, con su gusto por la retórica bélica, emprendió el Duce durante su mandato.

Con el objetivo de explotar las obras propagandísticamente, el gobierno eligió como finalidad primordial la recuperación de las Lagunas Pontinas, marismas situadas cerca de Roma. La cercanía a la capital facilitaba el acceso de los periodistas y del propio Duce, a quien le gustaba ser fotografiado y filmado mientras “ayudaba” a los trabajadores. 

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Benito Mussolini. (Photo by Roger Viollet/Getty Images)

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A pesar de las buenas intenciones y de los mensajes del gobierno glosando los éxitos del proyecto, los resultados estuvieron muy por debajo de los objetivos. De los ocho millones de hectáreas proyectadas para ser recuperadas, solo se sanearon unas quinientas mil. Como consecuencia, apenas se asentaron diez mil campesinos en la zona. El proyecto fue finalmente concluido tras la Segunda Guerra Mundial. Se logró por medio de los fondos del Plan Marshall y del uso del insecticida DDT, introducido por las tropas estadounidenses durante la campaña de Italia.

¿Creó la Seguridad Social?

Se trata de otro de los bulos más arraigados: Mussolini como creador del sistema de pensiones en Italia. Es el más fácilmente desmontable: existía desde 1895, cuando el Duce tenía doce años. El sistema de pensiones para la vejez o enfermedad incapacitante, cuyo origen está en la Alemania de Bismarck, se introdujo en Italia a finales del siglo XIX, durante el gobierno de Francesco Crispi. En un principio fue destinado a soldados y funcionarios. Pero, con el tiempo, se fue ampliando a otros sectores de la población como viudas, huérfanos o empleados de diversos sectores industriales. 

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Después de la Gran Guerra, el gobierno liberal de Vittorio Emanuele Orlando, presionado por los sindicatos y bajo la amenaza de un estallido revolucionario, llevó a cabo una serie de reformas para extender aún más esta cobertura. Cuando Mussolini llegó al poder en 1922, todos los trabajadores italianos tenían derecho, por ley, a cobrar una pensión. Lo único que hizo el fascismo fue centralizar esos servicios, darles un nuevo nombre que incluyera la palabra “fascista” –Instituto Nacional Fascista de Seguridad Social– y publicitarlos como logros propios. El objetivo era convencer a la población de que el Duce había triunfado allí donde los gobiernos anteriores habían fracasado.

¿Derrotó a la mafia?

Cuando el fascismo se hizo con el poder, la Cosa Nostra controlaba gran parte de Sicilia. En connivencia con los grandes terratenientes, ejercía un dominio casi total sobre la tierra y protegía sus intereses con enorme violencia. En 1924 se produjeron en la isla 278 asesinatos relacionados con sus actividades delictivas. 

Mussolini había prometido acabar con la mafia. En su concepción totalitaria de Italia no cabía la existencia de un poder rival. No podía tolerar la presencia de alguien como, por ejemplo, el jefe mafioso Francesco Cuccia. “Don Ciccio” le humilló públicamente cuando visitó Sicilia en 1924. Hizo ver al Duce que estaba bajo su protección y que él se encargaba de garantizar el orden en la isla.

Aunque Mori no acabara con la mafia, sí consiguió dispersarla y varios capos optaron por emigrar a Estados Unidos

Para esta tarea, Mussolini nombró a Cesare Mori, un antiguo comisario de policía que tenía fama de implacable. El “prefecto de hierro”, como se le conocía, inició una campaña contra la mafia tan intensa, con miles de operaciones policiales y arrestos, como poco eficaz. La mayoría de los detenidos eran de muy bajo nivel, sin llegar nunca hasta los grandes capos. Los juicios, muy promocionados por el régimen, sirvieron más como escaparates propagandísticos que como golpes realmente significativos contra las organizaciones mafiosas.

Aun así, aunque Mori no acabara con la mafia, sí consiguió dispersarla. De este modo, varios capos importantes optaron por emigrar a Estados Unidos, lo que contribuyó a que disminuyeran los índices de criminalidad en el país. Durante sus investigaciones, Mori descubrió que algunos de estos jefes mafiosos tenían conexiones con líderes fascistas locales. Esto, junto con su creciente popularidad (muy incómoda para el Duce), precipitó su caída. En 1929, Mussolini cesó al prefecto. Le agradeció sus servicios y declaró que la mafia había sido derrotada en Sicilia. A partir de ese momento, los delitos mafiosos desaparecieron de los periódicos.

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Un tanque en Sicilia durante el desembarco en la IIGM.

Terceros

Pero la mafia permanecía agazapada, esperando su momento. Y este llegó con el desembarco aliado de 1943. Según aclara Ezio Costanzo en The Mafia and the Allies (2007), el gobierno norteamericano contactó con la Cosa Nostra a través del líder mafioso Lucky Luciano, que estaba preso en Nueva York. Posiblemente a cambio de condonarle la pena (Luciano saldría de la cárcel en 1946), solicitó el apoyo de la mafia siciliana para que esta les ayudara a controlar la isla tras el desembarco y evitar una posible revuelta comunista o independentista. 

La rapidez con que la Cosa Nostra recuperó el control de Sicilia demuestra que Mussolini, simplemente, había logrado silenciar a la mafia, nunca derrotarla. Como muchos otros logros de su mandato, fue más un eslogan que una realidad.

Este texto forma parte de un artículo publicado en el número 642 de la revista Historia y Vida. ¿Tienes algo que aportar? Escríbenos a redaccionhyv@historiayvida.com.

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