Mariana de Austria: la reina desdichada
Mariana de Austria

La intimidad de las reinas de España

Mariana de Austria: la reina desdichada

Esposa de Felipe IV, fue recordada por una importante dama de la corte de Carlos II como «una santa por su irreprochable conducta durante toda su vida» a la que los españoles «amargaron la existencia»

Mari Pau Domínguez

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18/08/2018 a las 02:33h.

Que una adolescente de 13 años se case con un crápula cuarentón, a la sazón su tío carnal, no es un buen augurio.

En principio, la archiduquesa Mariana de Austria estaba destinada a casarse con el príncipe heredero Baltasar Carlos , pero éste falleció. Entonces el padre, Felipe IV , viudo de Isabel de Borbón , decidió que Mariana fuera su esposa, a pesar de la consanguinidad y la diferencia de edad de casi 30 años. El rey estaba enfermo de artritis y aportaba a la unión enfermedades venéreas contraídas por su vida sexual intensa y desordenada con todo tipo de mujeres.

A Mariana, una niña alegre y jovial al llegar a la corte española, pronto se le agrió el carácter y entristeció. No existían puntos de encuentro en la pareja. Y para colmo no veía cumplirse su única misión de concebir un heredero que asegurara la sucesión al trono. A los 16 años tuvo su primer embarazo, de una niña, la infanta Margarita María , que llegaría a ser emperatriz de Alemania. Estuvo un día entero de parto. Su salud se resintió tanto que se debatió entre la vida y la muerte durante semanas. Una delgadez extrema, una ligera parálisis, cansancio crónico, jaquecas, anemia y la terrible melancolía que se apoderó de ella, fueron el resultado de su primera experiencia como madre. Felipe, por fin, dejó de considerarla como su sobrina, su « compañerita », la llamaba, y sintió amor y admiración ante la resistencia demostrada por la joven.

Cuando parecía recuperarse sufrió una viruela que le dejó marcas en la cara y la colocó de nuevo a las puertas de la muerte. En lo sucesivo utilizó polvos de coral en su rostro para intentar disimular la huella de la enfermedad.

Sentimiento de culpa

La reina se sentía sola. Carecía de familia en España, salvo su tío/esposo, siendo su único apoyo su confesor, el jesuita Juan Nithard , tutor desde su infancia en Viena.

Tardó más de cuatro años en volver a preñarse, con la mala fortuna de que acabó en aborto antes incluso de que se celebrara oficialmente el embarazo. Y la siguiente vez no fue mejor: dio a luz a la segunda hija del matrimonio, que vivió tan sólo trece días. No cabía mayor desolación.

Los astrólogos pronosticaron en el siguiente embarazo que pariría un hijo varón. Se cuenta la anécdota de que su entorno complacía al instante cualquier antojo, como el que tuvo un frío día de noviembre: buñuelos . Salieron a comprar una ingente cantidad fuera de palacio, los cubrieron de miel y la reina los comió con evidente ansiedad. El caso es que el recién nacido fue niño, el infante Felipe Próspero . Pero también murió, con 4 años, seis días antes de parir a su último hijo, quien sería Carlos II , último rey de la dinastía de los Austrias.

El sufrimiento por las muertes prematuras de sus hijos, así como el sentimiento de culpa por no conseguir alumbrar a un heredero sano, regían la desdichada vida de Mariana. Además, el rey volvió a las andadas, encamándose con una mujer tras otra.

Mariana de Austria, durante su última etapa de vida

Cumplidos los 31 años, Mariana, muy envejecida y vencida por el infortunio, enviudó de Felipe IV y decidió vestir para siempre con hábito de monja. Hasta que Carlos alcanzara la mayoría de edad, tuvo que asumir una regencia que no fue un camino de rosas. Le resultó difícil gobernar sin experiencia política y enfrentándose a Juan José de Austria , hijo bastardo de su esposo y la actriz Inés Calderón , La Calderona, nacido en tiempos de su anterior matrimonio, que se convirtió en su azote permanente. La corte se dividió en partidarios de la reina o del bastardo. El pueblo le dio la espalda. Soportó ataques, traiciones y hasta una tremenda campaña de difamación que la acusaba de amoríos con Nithard, su confesor, que por supuesto no eran ciertos.

Falleció por un cáncer de mama (un zaratán, diagnosticaron). Ocultó durante mucho tiempo a los médicos la existencia del tumor en el pecho izquierdo, «de la magnitud y tamaño de una cabeza de recién nacido. Tiene su raíz entre las costillas y avanza hacia el exterior mostrando cinco o seis excrecencias duras como piedras», escribieron los galenos. Tras su muerte se le atribuyeron varios milagros.

Años más tarde, una importante dama de la corte de Carlos II escribió el siguiente epitafio: «No cabe duda de que la reina difunta fue una santa, por su irreprochable conducta durante toda su vida; pero los españoles no merecen que haga milagros, porque le amargaron la existencia».

Datos de interés

Mariana de Habsburgo y Habsburgo (Viena, 22-XII-1634 / Madrid, 16-V-1696). Segunda esposa de Felipe IV. Reina consorte, 1649-1665. Reina regente, 1665-1675.

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