15 años del bautizo de la infanta Sofía: el último celebrado en Zarzuela y con una fotografía familiar irrepetible.

Parecían tiempos felices. Así los aparentaron unos y los inmortalizaron otros. El bautizo de la infanta Sofía fue el último gran evento familiar festejado en el palacio de la Zarzuela en el que se fotografiaron juntos todos los que un día fueron considerados miembros de la familia del rey Juan Carlos I. Jaime de Marichalar se esfumó de los retratos de corte cuatro años después, en la comunión de Miguel Urdangarin, tras un largo cese de la convivencia con la infanta Elena que se decidió en divorcio oficial en 2010; ninguno de los Urdangarin de Borbón posó junto al resto del grupo en el 80º cumpleaños del emérito en enero de 2018 y en el de la reina Sofía, celebrado en noviembre también en el antiguo pabellón de caza, prescindieron de Iñaki Urdangarin, que desde junio dormía en la prisión de Brieva. 

La hija pequeña de los reyes Felipe y Letizia vino al mundo el 29 de abril y fue cristianada dos meses y medio después, el 15 de julio de 2007. Lo hizo vestida con el mismo faldón blanco de encaje con el que fueron inscritos en la Iglesia Católica Apostólica y Romana su abuelo paterno, su padre, sus tías las infantas, sus primos y primas y su única hermana, la princesa de Asturias. Para llevar a cabo el sacramento se utilizó agua traída del Jordán por los padres agustinos y la pila bautismal de Santo Domingo de Guzmán custodiada en el monasterio al que da nombre en Madrid. Según la tradición el Santo de Caleruega fue bautizado en esta pieza de piedra (recubierta de plata después) en la iglesia del Castillo de los Guzmanes. Tras ser santificado en 1234 por el papa Gregorio IX el utensilio religioso empezó a ser venerado como reliquia. 

En 1605, Felipe III ordenó que la pila fuese trasladada de Caleruega a Valladolid, donde se llevó a cabo el rito de iniciación de su hijo, el futuro Felipe IV. Con esta petición arrancó la tradición de bañar a los descendientes de los reyes en esta pesada pieza. Un honor que no disfrutó don Juan Carlos de Borbón y Borbón ya que fue bautizado durante el exilio romano de su abuelo Alfonso XIII, quien finalmente resultó ser su antecesor en el trono. 

Para el bautizo de Sofía, animada por las buenas temperaturas, la Casa Real decidió trasladar la capilla del palacio de la Zarzuela al jardín, donde se improvisó un altar con todo lujo de alfombras justo delante de la ermita en la que hicieron la comunión Felipe VI y sus hermanas Elena y Cristina, y quienes como la princesa Leonor y otros cuatro de los ocho nietos de los eméritos fueron cristianados en el goyesco hall de la residencia oficiosa de los reyes de España. La oficial sigue siendo el Palacio Real, a cuya imponente capilla solo viajan para honrar a los que ya no están. Miguel e Irene Urdangarin, hijos de los ex duques de Palma, también fueron bautizados bajo los mismo árboles que su prima Sofía, quien como ellos también suma a su nombre de pila el "y de todos los Santos" antes del apellido. 

La infanta Sofía junto a sus padres y abuelos en su bautizo. © KP/ Gtres. La infanta Sofía junto a sus padres y abuelos en su bautizo.

La ceremonia religiosa fue celebrada por el cardenal arzobispo de Madrid Antonio María Rouco Varela que estuvo asistido por un rosario de colegas: monseñor Francisco Pérez González, arzobispo castrense de España, monseñor  José Manuel Estepa Llaurens, arzobispo Emérito Castrense; monseñor Fidel Herráez, obispo auxiliar de Madrid; monseñor Serafín Sedano Gutiérrez, encargado del servicio religioso de la Casa de Su Majestad el Rey; y monseñor Andrés Pardo, auxiliar del Cardenal Arzobispo de Madrid. El rito se inició sobre las 7 de la tarde con los gorgoritos del coro de las religiosas hijas de Santa María del Corazón de Jesús de Galapagar, quienes también dedicaron una nana al bebé al finalizar la homilía. 

Como padrinos de Sofía ejercieron la madre de doña Letizia y abuela de la protagonista, Paloma Rocasolano, y Konstantin de Sajonia-Goburgo-Gotha, príncipe de Vidin, hijo del ex breve rey Simeón de Bulgaria con el que Juan Carlos I mantiene una excelente relación desde la infancia. La otra abuela, doña Sofía, fue homenajeada por los entonces príncipes de Asturias al elegir su nombre para la benjamina de su pabellón. Un nombre de origen heleno (significa “la que tiene sabiduría”) y que la madre de Felipe VI también heredó de su abuela paterna, la reina consorte Sofía de Greciay princesa de Prusia y Alemania. 

La infanta Sofía permaneció despierta y tranquila durante toda la fiesta mientras que su hermana mayor, Leonor de Borbón Ortiz que sumaba entonces casi dos años, correteaba de un lado para otro intentando llamar la atención de los invitados e incluso ocupar el lugar de su hermana. Entre el centenar de convidados se encontraban la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, el presidente del Congreso, Manuel Marín, el de Senado, Javier Rojo, la del Tribunal Constitucional, María Emilia de las Casas y el del Supremo, Francisco Hernando. Además del equipo médico, encabezado por el doctor Luis Recasens, que atendió a doña Letizia durante el parto.  

La princesa de Asturias durante el bautizo de su hermana la infanta Sofía. © KP/ Gtres. La princesa de Asturias durante el bautizo de su hermana la infanta Sofía.

Para la importante ocasión, la ahora reina consorte de España se vistió con un abrigo de encaje blanco dibujando Paisley de su modisto de cabecera, casi el único, de entonces, Felipe Varela, que combinó con unos zapatos plateados de corte peeptoes, los que dejan ver el dedo majestuoso del pie y que de tanto usarlos la princesa fueron bautizados como “letizios”. Además, la asturiana se adornó con unos versátiles pendientes de diamantes y un par de perlas australianas y las pulseras en oro amarillo con los nombres de sus hijas en pavé de diamantes que según algunos le regaló su suegra cuando nacieron sus dos hijas. La madrina del evento, Paloma Rocasolano, también vistió del creador madrileño, en su caso con un conjunto de falda acampanada en rosa muy claro. 

Días después, doña Letizia repitió el modelo para asistir junto a su marido a la basílica de Atocha donde presentaron a la neófita a la Virgen, cuya relación con la familia real se remonta a los Austrias. Para la primera cita (el sacramento) el entonces  príncipe de Asturias eligió un anodino traje azul con corbata a tono y para la segunda un dos piezas gris claro con una elegante corbata de lunares blancos sobre lienzo oscuro mucho más destacable.  Los eméritos comparecieron en el bautizo, sorprendentemente, combinados. Doña Sofía se cubrió, pese al calor, con un traje pantalón en ese tono cítrico que unos llaman verde y otros amarillo, como la corbata estampada de su, a pesar de los muchos contratiempos, marido. 

Las familias de Felipe VI y Letizia Ortiz Rocasolano posando en el bautizo de Sofía de Borbón Ortiz © KP/ Gtres. Las familias de Felipe VI y Letizia Ortiz Rocasolano posando en el bautizo de Sofía de Borbón Ortiz

Antes de salir a la arboleda, la infanta Sofía posó junto a toda su parentela  en el salón de audiencias del Palacio de la Zarzuela. Fue entonces cuando los príncipes aprovecharon para compartir confidencias sobre la pequeña con la prensa acreditada. El retrato más extenso lo formaron los siguientes familiares de la ahora segunda en la línea sucesoria: los bisabuelos Francisco Rocasolano, Enriqueta Rodríguez y Menchu Álvarez del Valle, los abuelos Jesús Ortiz y Paloma Rocasolano y los reyes Juan Carlos y Sofía; las tías Telma Ortiz, Elena y Cristina de Borbón –acompañadas de sus respectivos maridos, Jaime de Marichalar e Iñaki Urdangarin- y los primos Felipe y Victoria de Marichalar y Juan, Pablo, Miguel e Irene Urdangarin. Felipe Juan Froilán de todos los Santos de Marichalar y Borbón, con fama de revoltoso desde la boda de los herederos a la corona en 2004, se esforzó por mantener el semblante serio durante toda la tarde mientras que su hermana, Victoria Federica de todos los Santos, se deshizo en atenciones con su tía Letizia y su prima Sofía. 

Naturalmente tampoco faltaron en la fotografía los ahora reyes Felipe y Letizia y la destronada de la jornada, la princesa Leonor. Recibido el baño, los soberanos ofrecieron una cena-buffet en honor a su última nieta para sus invitados, entre los que también se encontraban la infanta Margarita y su marido Carlos Zurita junto a sus hijos Carlos y María, el infante Carlos con su mujer Ana de Borbón-Dos Sicilias, los primos de don Felipe, Bruno, Beltrán y Fernando Gómez-Acebo, la princesa Irene de Grecia, hermana de doña Sofía,  y Ana Togores, segunda esposa de Jesús Ortiz, padre de doña Letizia.

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