Otra Iglesia Es Imposible

domingo, enero 16, 2022

Juan Bautista Ritvo / De "Orfeo"




Epílogo

Aquí no hay polifonía,
tampoco se escuchan sonidos
que alcanzan, complejos e intrincados,
su punto crítico,

como si les alcanzara la sombra del rumor
de millones de años,
de eras sin fin,
las inciertas columnas de lo ancestral
anteriores a los balbuceos míticos.

No,
aquí
descansan las cosas
de su vértigo,
aunque nada nos garantice
que la rotación del planeta,
sus feroces accidentes,
el abismo de las razas y de las clases,
deje en paz
nuestro cuerpo,
abrumado.

¿Vamos perdiendo?
Si, vamos perdiendo.

La aguja de Norte-Dame
ardió muchos años más tarde
y junto con ella, todo el maderamen;
la piedra, ennegrecida, agrietada,
todavía está allí- el atrio
está vacío.

El planeta conserva, empero,
su núcleo ardiente
mientras el agua
trepa década a década,
año tras año.

¿Bajará, por fin, el Deus ex machina
y nos enseñará, nuevo Leonardo,
a construir alas
del hombre-pájaro, alas agitadas por el viento
del Paraíso, alas que trepan a los techos, a las cornisas,
que suben a los montes y caen en picada
para de nuevo remontar hasta perderse
en las límpidas alturas
junto a los cetáceos celestes de Meryon?
El hombre-pájaro flota sobre los campos,
sobre las ciudades, pequeñas y grandes,
sobre los pinares doblegados por la nieve,
sobre la tierra agostada por la sequía;
llega hasta lo alto de las bóvedas góticas
que resisten, silenciosamente resisten,
mejor que nosotros, la fatiga irreversible,
la estulticia de los sacerdotes,
el veneno de los que arden por el poder,
el rencor de los expulsados.
Atget llama, quizá inútilmente, a las maderas,
y a las sogas y a la tierra y a las piedras de la calle
que pueblan sus fotos; nunca más hermosas
que cuando los curadores alcanzan a reproducir
ese signo de lejanía próxima que causan
tanto la luz excesiva, indomeñada,
como el cálido color sepia, también signo,
pero de distancia, ante el cual, en silencio,
inclinamos la cabeza.

Juan Bautista Ritvo (Santa Fe, Argentina, 1940)

Orfeo o el nacimiento de la noche,
ensayo/poema
17g Editora, 
Buenos Aires-Bahía Blanca, 2021 












sábado, enero 15, 2022

Claudia Schvartz / De "Ávido don"




El pez en vértigo azul un ave
el poema sin lengua
la suma de inminencias en la torre que cae
como un presentimiento
es gravedad el vaivén de las estrellas
el teatro de la noche y la sorpresa
quieto existir de la extranjera
que pronuncia un paisaje en movimiento

*

   El cielo se desliza
Siempre este vaciarse del instante
Siempre soñar: la forma árbol y generaciones de árboles distintos
Otra vez singulares maneras del instante.

   El cielo se desliza. No sabe que es invierno
Y la que escribe es otra, la que observa del árbol la plegaria
y en la tierra en suspenso, un tiempo que genera.

*

de "Notas para un poema":

El río limpísimo después de la lluvia.
Nadie se ha atrevido a sentarse en el muelle a lavar
ollas.
Perfecto silencio que un trino espaciado profundiza.

Un habla tan bonita

Quiroga encallado en la selva como Conrad entre
mares

El último sol pone de bronce la casuarina.

Presa de la acción: hacer hacer

Para la confusión cada vez más grande, más arbitraria.
Más lejos de mí.
Pleno ataque compulsivo: el teléfono, las orillas
desbarrancadas, los fantasmas.
Se acerca fin de año.

(…)

Tanta luz
que la sombra se vuelve deslumbrante.

Jugando al golf con el machete con lógica perfectamente
inocente.

De lejos la casa flota.

Claudia Schvartz (Buenos Aires, 1972), Ávido don, primera edición 1999; Leviatán, Buenos Aires, 2009


viernes, enero 14, 2022

Philippe Jaccottet / La voz




¿Quién canta allí cuando toda voz se calla? ¿Quién canta
con esa voz sorda y pura tan bello canto?
¿Será fuera de la ciudad, en Robinson, en un
jardín cubierto de nieve? ¿O es aquí muy cerca,
alguien que no sospechaba se lo escuchara?
No estemos impacientes por saberlo
pues el día no es diferentemente precedido
por el invisible pájaro. Pero hagamos solamente
silencio. Una voz sube, y como un viento de marzo
sin llanto, más bien sonriente ante la muerte.
¿Quién cantaba allí cuando nuestra lámpara se apagó?
Nadie lo sabe. Pero sólo puede oír el corazón
que no busca la posesión ni la victoria.

L’ignorant. Poèmes 1952-1956

Philippe Jaccottet (Moudon, Suiza, 1925 – Grignan, Francia, 2021), "La poesía de Philippe Jaccottet", Op. Cit., abril 12, 2021
Versones de Carolina Massola


Foto: Laie

jueves, enero 13, 2022

María Mascheroni / De "Blues de las almas inquietas"




manos a la obra 
es esta noche   hay cosas que enmendar
camina a oscuras tanteando
haber cumplido ocho años ayuda   hará el altar
un paso el candelabro las cerillas
la imagen del santito cubierto en celofán brilla en la niebla del cuarto 
otro paso   el corazón como tambor de la tierra profunda
veloz   dicen que se lo puede llamar quedo por su nombre largo
que suena como un canto y envuelve todo el sur
dicen que ha curado mujer
un paso
la niña teme a su pie firme 
      Namuncurá Namuncurá
el otro pie avanza
pedirá
pedirá que su madre despierte y la mire cuando se zambulle 
en el peligro del dique

es ésta la noche
con sus tesoros bajo el brazo despertará a su hermana mayor
decidieron subir de la mano la noche hacia el lugar sagrado
al Pan de Azúcar
otro paso 
Namuncurá y golpea
      Namuncurá 
Namuncurá y se apoya
hay cosas que enmendar
-antes de que la noche sea tan larga y las horas de sueño predominen
y yo no pare más de beberme el peligro del río, la tentación de la 
roca más alta, mientras espero que ella se sacuda la tristeza y venga
antes que 

es esta noche
Namuncurá
alarga con cuidado su brazo roza con los dedos el hombro desnudo
susurra al oído el nombre de su hermana y despierta un grito en 
medio de la estridencia de la noche iluminada sólo por la imagen 
estridente de la noche silenciosa
Namuncurá   Ceferino   implora
tapa la boca de la hermana   susurra: Ceferino! el altar!
 
los ojos inmensos recuerdan y cierran el grito justo antes de que 
los pasos cansados de la madre alcen la voz y ¿qué pasa?
¿qué ha pasado?
la pequeña como un rayo ha simulado el sueño
la sonrisa despunta y se oculta rauda en el río
de su corazón

ahora late como un altar resplandeciente

María Mascheroni (Buenos Aires, 1958)

Blues de las almas inquietas
,
Hilos Editora,
Buenos Aires, 2021











miércoles, enero 12, 2022

Roberta Iannamico / De "Rosa"



La vaca 

La vaca se acuesta sola en el medio de la pampa 
sobre la letra P de la provincia de buenos aires 
mira las estrellas 
el cuerpo lleno de lagunas 
por ahí navegan sabores 
sol que rumia para que se le haga amarillo 
entre los dientes 
en la noche larga la teta se le enciende como un 
farolito 
la luz mala 
como un planeta de cinco puntas. 

Tendal, 2000


Las cosas 

Siempre con las cosas 
la ropa 
los platos 
los huevos duros 
el agua de la canilla 
los juguetes tirados 
lo caliente 
lo frío 
lo suave 
lo pesado 
las cosas que entran 
en una mano 
eso es lo que tengo 
para armar un mundo. 

Muchos poemas, 2008


Prosa 

Voy a empezar a escribir en este cuaderno. Es como si el cuaderno me lo pidiera. Llename de letras, Roberta. Y yo voy haciendo crecer las palabras como pasto, renglón por renglón, página tras página, como esos campos rayados va a ser mi cuaderno, pero de papel y letras. Pasan cuatro perros amigos. Un collie, uno negrito, uno rengo y un setter. Todos siguen al setter, porque parece ser el más alegre, el más joven, con su pelo rojizo brillante, encendido. Y además tiene el entusiasmo del extranjero. Es un perro escapado que gana la calle por primera vez. 

Muchos poemas


está oscuro 
y son las tres de la tarde 
llueve 
y adentro hay fuego 
no puede 
ser más perfecto 
salgo afuera 
porque muero por vivir 
adentro de un poema 
la lluvia con su música 
su rítmico sonar 
estoy 
adentro del tambor 
que las gotas tocan 
como locas 
devotas 

Nomeolvides, 2015

Roberta Iannamico (Bahía Blanca, Argentina, 1972)

Rosa 
(Poemas 1997-2021)
Gog y Magog, 
Buenos Aires, 2021










martes, enero 11, 2022

Ricardo Montiel / De "El rezo de los chatarreros"




Mi padre de espaldas

Una vez vi a mi padre de espaldas
caminar entre espaldas porteñas.
Enseguida supe que era él.
Se distinguía por sus hombros caídos,
redondeados como lomas de arena,
y por la fuerte asimetría de sus codos:
el izquierdo más abajo que el derecho
cuando guarda sus manos por el frío
en los bolsillos de su chaqueta marrón.
Quise buscar un teléfono…
comprobar que él estuviera
todavía con vida. 
Sin embargo, desistí.
No quería perder de vista
su paso ligero y vacilante,
levemente desfasado del resto,
como de recién llegado a mí. 


El rezo de los chatarreros

Sólo creo
en el rezo universal de los chatarreros.
Esa voz distorsionada, balbuceante
resonando entre los mudos edificios,
que pide de milagro el desecho,
la cosa sin cabida por vieja,
averiada o juzgada incompatible.

Es el único
rezo universal en que creo,
el que lento se desplaza sobre una
desvencijada y distópica pick up,
que va cargando en su lomo peregrino 
lo que otros destinan al infierno.

Ricardo Montiel (Maracaibo, Venezuela, 1982. Vive en Buenos Aires) 

El rezo de los chatarreros
El Ángel Editor, 
Quito, 2021 











lunes, enero 10, 2022

Yannis Yfantís / L' antichissima luce

              


                                                  poco antes de que se apague
                                                 la antiquísima luz
                                                                   Pier Paolo Pasolini

No conocí al rey del rebaño, el hijo del sol.
Solamente vi su vellón una vez colgado de un antiguo árbol
mientras el anochecer
se ovillaba en la raíz del árbol como una serpiente.
Oh sagrada raza de los antiguos, oh luz.
Alcancé la antiquísima luz, la respiré.
Monté desnudo a caballo bajo los árboles del Gran Día,
comí moras, tomé leche, bailé,
jugue con el tranquilo, ágil, rizado, temible
príncipe de nuestras ovejas. Y he aquí
que se secaron todos los ríos, han huido
hacia el mar, y detrás
quedan sus guijarros, las montañas --
para que habiten cíclopes y soles.

Yannis Yfantís (Raīna, Grecia, 1949), El Placard, junio 24 de 2012
Versión de Horacio Castillo


Foto: Politeia

domingo, enero 09, 2022

Renato Mazzini / Aquí empieza la Antártida



Este dolor está basado en un piano Fender Rhodes.
A propósito del tiempo y de ciertas propiedades
convenientes al olvido solamente recuerdo
dos o tres circunstancias: una puerta
trabada por montones de cuentas a pagar y catálogos
que se acumulaban como aglomeraciones de polvo con algo
que decir; iluminación diagonal de la sala de ensayos
que tanto se parecía a un estudio de revelado
fotográfico; la visión de casa a diez metros de
distancia y su impresión desolada y bidimensional.
Ahora el piano necesita cinco personas para
que se lo lleven. Antes: una franela, alcohol
o detergente. Este es el sitio al que
siempre vuelvo: posición cabizbaja, un reloj de pulsera.

Renato Mazzini (Santa Fé do Sul, Brasil, 1981), Kriller 71, 12 de diciembre de 2010
Versión de Aníbal Cristobo


sábado, enero 08, 2022

Gary Snyder / Tres poemas de "Selección poética"



A mediados de agosto en la torre vigía del Monte Sourdough
 
Abajo en el valle el agua evaporada forma una neblina 
tres días de calor, después de cinco días de lluvia
la resina brilla en las piñas de los abetos
Sobre rocas y prados
nubes de moscas nuevas.

No puedo recordar cosas que leí alguna vez
tengo unos pocos amigos, pero están en las ciudades.
Tomo agua de deshielo en un jarro de lata
veo millas abajo
a través del alto aire quieto. 


Sólo una vez  

casi en el ecuador
casi en el equinoccio
  exactamente a la medianoche
       desde un barco
            la luna
           
            llena

en el centro del cielo.
  
         Sappa Creek cerca de Singapur, marzo de 1958



Para John Chappell  
                          1964

Sobre el Mar de Arafura, el Mar de la China,
el Mar de Coral, el Océano Pacífico
sus cadenas de volcanes en la oscuridad---
vos en Sydney donde es verano;
imagino ese último viaje a las afueras
de noche, tarde.
Nueva caja de velocidad, dura, motor sin ablandar 
subiendo una autopista que nunca había visto
demasiado rápido---demasiado rápido---
como te dije en Tango* 
y te caíste --- dos veces –sobre la grava —

¿Tuviste tiempo de pensar
uh mierda ahora la cagué?
choque instantáneo vuelo y muerte inmediata---

Malaya, Indonesia
Taiwan, las Filipinas, Okinawa
familias durmiendo ---llegando---
a millones de humanos
mundo de cuerpos respirando.

Yo en Kyoto. Vos en Australia
borracho en la noche.
barba negra, risa loca, y frente triste y seria.
amante de la tierra; fabricabas dabas forma.
horneabas, alfarero,

ahora sos arcilla en el suelo.

* Península de Tango-hanto frente al Mar de Japón. [N. de los T.]

Gary Snyder (San Francisco, Estados Unidos, 1930)
Selección y versiones de Patricia Ogan Rivadavia y Esteban Moore *



Selección poética.
Selected Poems,
Alción Editora,
Córdoba, Argentina, 2021









* Patricia Ogan Rivadavia  (Buenos Aires, 1955) es traductora y correctora. Ha traducido a Dianne Di Prima, Tess Gallagher, Anne Waldman y Andrei Codrescu. Asimismo ha colaborado en diversos proyectos de traducción.
Esteban Moore (Buenos Aires, 1952) es poeta, traductor y ensayista. Sus últimos títulos publicados por Alción son: Las promesas del día  y otros poemas (2019); Reunión de Extraños: Borges, Buenos Aires. El café, Jack Kerouac y otras cuestiones , ensayo (2020)
El libro aquí presentado es bilingüe (Nota del Ad.)


Foto: Gary Snyder en Madrid, 2011 Ángel de Antonio/ABC

viernes, enero 07, 2022

Blanca Varela / Casa de cuervos



porque te alimenté con esta realidad
mal cocida
por tantas y tan pobres flores del mal
por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego te absolvo de
laberinto hijo mío

no es tuya la culpa
ni mía
pobre pequeño mío
del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel
y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce
y la hermosísima distancia
de tu cuerpo

tu náusea es mía
la heredaste como heredan los peces
la asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera
bajo el que sombra tejen
sombras y tentaciones
y es mía también la huella
de tu talón estrecho
de arcángel
apenas posado en la entreabierta ventana
y nuestra
para siempre
la música extranjera
de los cielos batientes

ahora leoncillo
encarnación de mi amor
juegas con mis huesos
y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
casi saciado y libre
como tu sangre que ya no deja lugar
para nada ni nadie

aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa
de tus pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a tenderme —nada infinita—
sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya
que ilumine mis restos

porque así es este amor
que nada comprende
y nada puede
bebes el filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves
colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños

hasta ese torpe gris
que es despertar
en la gran palma de dios
calva vacía sin extremos
y allí te encuentras
sola y perdida en tu alma
sin más obstáculos que tu cuerpo
sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo
con tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
adonde no has de volver

[Ejercicios materiales, 1993]

Blanca Varela (Lima, 1926-2009), Degollado Resplandor. Poesía Selecta (1949-2000). Prólogo y selección de Miguel Ángel Zapata, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2019. Buenos Aires Poetry, nov. 21, 2021


jueves, enero 06, 2022

William Stafford / Dos poemas



Ascendiendo junto al río

Los sauces nunca olvidan qué se siente
al ser joven.

¿Recuerdas el lugar del que viniste?
La grava lo recuerda.

Hasta el extremo superior del río
cree en el océano.

Exactamente a medianoche
el día de ayer se aleja con un suspiro.

Lo que creo es que
todos los animales tienen un alma.

Sobre la tierra que aman
se entrecruzan desde siempre.


Por qué soy feliz

Ha llegado, un tiempo tranquilo. Lo dejo
correr. En alguna parte hay un lago
tan azul y lejano que no pertenece a nadie.
El viento pasa y un sauce escucha
con elegancia.

Oigo todo esto, cada verano. Río
y lloro por cada vuelta que da el mundo,
su frío terrible, su inocente girar.
Ese lago permanece azul y libre; aguanta
y aguanta.

Y yo sé dónde está.

William Stafford (Hutchinson, Kansas, Estados Unidos, 1914-Lake Oswego, Oregon, Estados Unidos, 1993), Ask Me, Graywolf Press, Minneapolis, 2014
Versión de Jonio González


Foto: BBC


CLIMBING ALONG THE RIVER

Willows never forget how it feels
to be young.

Do you remember where you came from?
Gravel remembers.

Even the upper end of the river
believes in the ocean.

Exactly at midnight
yesterday sighs away.

What I believe is,
all animals have one soul.

Over the land they love
they crisscross forever.


WHY I AM HAPPY

Now has come, an easy time. I let it
roll. There is a lake somewhere
so blue and far nobody owns it.
A wind comes by and a willow listens
gracefully.

I hear all this, every summer. I laugh
and cry for every turn of the world,
its terribly cold, innocent spin.
That lake stays blue and free; it goes
on and on.

And I know where it is.