Guadalajara, México.- Varios spitfires MK-IX entran en barrena por el cielo de Normandía. Son remolinos de acero que presagian la muerte y el caos entre la metralla, estiran el instinto de supervivencia como un resorte que no puede más que reventar. En uno de ellos va Luis Pérez Gómez, piloto tapatío enlistado en la Fuerza Aérea de Canadá.

Con los cañones y ametralladoras vacíos, seguido por las aeronaves nazis, el joven rasga el horizonte en su intento de escapar, tal y como lo imaginó muchas veces al estar jugando en la azotea de su casa con sus aviones de lámina.

El origen
La familia de Luis originalmente vivía en Atotonilco, en la Hacienda Santa Elena, en donde cultivaba la tierra y criaba caballos. Sin embargo, debido a la Guerra Cristera, prefirió mudarse de forma definitiva a la Ciudad de Guadalajara.

El futuro piloto nació el 8 de octubre de 1922 y vivió gran parte de su vida en una finca localizada en las inmediaciones de Hidalgo y Cruz Verde, en la Colonia Americana.

De acuerdo con lo relatado por sus familiares en el documental "Águila mexicana... alas canadienses", de Miguel Ángel Sánchez de Armas, desde pequeño Luis soñaba con ser aviador: en la azotea construyó hangares de cajas de cartón y tenía varios avioncitos de lámina con los que enjoyaba sus días.

Posteriormente se enlistó en los Boys Scouts y, desde entonces, sus excursiones ya no cesaron.

El viaje del héroe
Tras la muerte de su madre, a Luis lo mandan a Mérida, Yucatán, y posteriormente a la Ciudad de México para poder estudiar la preparatoria.

Es 1939 y el joven es un gran deportista: le gusta la natación, el béisbol y hasta el salto de altura. Además de los estudios, persiste en su idea de convertirse en piloto tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial, esto pese a la resistencia paternal.

Busca enlistarse en la Fuerza Aérea Mexicana, pero es rechazado. Luego acude a Estados Unidos pensando en tener mejor suerte, pero no: es deportado.

No es hasta el siguiente año en que emprende el viaje desde México hasta Ottawa, Canadá.
Ahí aprende inglés y, con la ayuda de un paisano, logra establecerse e inscribirse en la Ottawa Technical School.

Luis sabe que en Canadá están preparando pilotos, a través de la British Commonwealth Air Training Plan, y sabe que es una oportunidad que no puede desaprovechar.

La preparación
El entrenamiento tan anhelado finalmente le llegó el 30 de junio de 1942, cuando pudo ingresar como voluntario a la Real Fuerza Aérea Canadiense y tuvo su preparación en centros de Ontario y Quebec.

En una segunda fase del programa los pilotos entraban a etapas más avanzadas en la Service Flight Training School y, finalmente, el 6 de agosto de 1943, Luis recibió sus alas y nombramiento como oficial piloto aviador.
En noviembre de ese mismo año es asignado a una base en Dartmouth, en donde tiene el encargo de hacer misiones de patrullaje en la costa canadiense, por la amenaza latente de submarinos alemanes.

Un tango inolvidable
En 1943 Luis tuvo dos romances. Uno de ellos fue con Mary Wallace Wadley, una joven que también estaba enlistada en la Fuerza Aérea Canadiense. Presuntamente tenían planes de casarse, pero ella sufrió un accidente que la hizo perder la memoria. Cuando vio de nuevo a Luis, ya no lo reconoció.

Su otro amor fue Dorothy O'Brien, una joven que tenía entonces 16 años. De acuerdo con un reportaje de The Ottawa Citizen -publicado el 3 de noviembre del 2008- ambos bailaron tango en una fiesta celebrada en el Canadian Grill y quedaron flechados. Otras parejas tuvieron que hacerse a un lado y, entre aplausos, le dejaron la pista completa a Dorothy y Luis.

Y como si la pareja fuera protagonista de un tango, su historia de amor se tornó agridulce: él partió para Normandía.

La guerra
Tras el Día D, ocurrido el 6 de junio de 1944, a Canadá le tocó ametrallar a las fuerzas alemanas que se encontraban en la playa rebautizada para el operativo como Juno.

Luis se encontraba en el escuadrón 443, acuartelado en Digby, en el condado de Lincolnshire, acompañado de otros 27 pilotos.

De acuerdo con el documental "Águila mexicana...", 10 días más tarde el escuadrón tiene la misión de interceptar una fuerza enemiga de 20 aeronaves, pero sólo encontraron a una y la derribaron.

Ya en la noche hubo un segundo patrullaje a cargo del comandante James Hall y los pilotos Leslie Foster, S.E. Scarlett, Donald Walz, Hugh Russell y Luis Pérez Gómez.

Mientras que Foster y Scarlett se mantienen bajo un techo de nubes, Hall, Walz, Russell y Luis ascienden en formación de ataque, pero se topan con un agrupamiento nazi.

Hall y Russell son derribados de inmediato y no sobreviven. Luego el avión de Walz es alcanzado por la metralla alemana y entra en picada, pero logra saltar.

Luego un Spitfire MK-IX da un giro a babor, en una maniobra evasiva, pero era seguido por varias aeronaves nazis. Se trataba de Luis. Ya no tenía más metralla y entra en barrena, así que no le quedaba más que abandonar su avión.

Walz alcanza a ver que Luis sale expulsado del Spitfire y trata de abrir su paracaídas, pero éste se encontraba incendiado. Tanto Luis como el Spitfire caen en un campo de cultivo en un pequeño poblado de agricultores llamado Sassy, en Normandía.

La tumba anónima
Los pobladores, al notar la caída de la aeronave y encontrar los restos de Luis, decidieron llevarse el cuerpo y enterrarlo como uno de los suyos, puesto que los nazis querrían llevárselo. Y así fue. Agentes alemanes acudieron al sitio, pero Luis ya estaba enterrado como si fuera un poblador más de Sassy.

A finales de junio de 1944, Dorothy O'Brien recibió un telegrama. Se enteró que el piloto tapatío la había puesto como referencia en caso de accidente y en el mensaje le avisan que Luis había desaparecido en combate.

Ella tenía la esperanza de verlo nuevamente, de pasar el resto de sus vidas juntos... hasta que recibió un segundo telegrama en julio: le daban la noticia oficial de su muerte.

Ya en 1946, finalizada la guerra, la Fuerza Aérea Canadiense se da a la tarea de recorrer los poblados de Normandía para hallar restos de sus combatientes. Es entonces que los campesinos les indican en dónde enterraron a Luis Pérez Gómez.

El reencuentro
Dorothy O'Brien se casó con un oficial naval llamado Denis Pratt y tuvieron tres hijos.

Según The Ottawa Citizen, él siempre estuvo al tanto de la breve historia de amor entre su esposa y Luis y de aquel baile entre tangos y aplausos, por lo que decidió llevarla a Sassy en 2001.

Ahí visitaron la tumba de Luis Pérez Gómez y relataron la historia a los pobladores.

Tres años más tarde, en el aniversario 60 de la muerte del piloto tapatío, la gente de Sassy invitó a Dorothy a que acudiera para que fuera testigo del nombramiento de la plaza del poblado: la Place Pérez Gómez. Un homenaje para el único piloto tapatío que falleció combatiendo en la Segunda Guerra Mundial para la Real Fuerza Aérea Canadiense.