Dinamarca alucinada, por Sergi Pàmies

Dinamarca alucinada

Una serie infantil en la que el protagonista es un adulto con un traje de baño de rayas horizontales que tiene la pilila más larga del mundo. El hombre lleva bigote, vive con su bisabuela y gracias a las prestaciones acróbatas de su inverosímil miembro viril, ejerce de súper héroe de proximidad. El público del invento es una audiencia que, según la cadena danesa que produjo y emitió la serie, debería tener entre 4 y 8 años. La estética no es de trazo agresivo sino que apela al encanto artesanal del stop motion . Por acumulación, provoca en el espectador adulto la extraña sensación de estar enfrentándose a un reto cognitivo o de ser el objetivo de una broma monumental. La incógnita se contagia al ámbito de la corrección de género y, si tienes un poco de memoria, te invita a recordar aquella novela de Henry Miller en la que el escritor dialogaba, tuteándolo, con su propio prepucio. Los argumentos, estructurados en capítulos de cinco minutos, son simples: el protagonista Juan Pilila comete algunas imprudencias y temeridades con la pilila pero, al final, acaba haciendo un buen uso de ella. Y cuando su bisabuela le dice que haga el favor de guardarla dentro del traje de baño y no sacarla alegremente, lo hace. ¿Si tuviera hijos de entre 4 y 8 años les recomendaría ver Juan Pilila en Filmin? No lo sé, pero si tuvieran veinte años y fueran exadictos al crack, prepararía palomitas y los invitaría a verla juntos, recuperando aquel espíritu de tele familiar y, de paso, ayudándolos a rehabilitarse.

LUTO EUFÓRICO. Otro ejemplo de creatividad danesa: la serie Kamikaze (HBO Max). Aquí la duración es de 22 minutos por capítulo. Los dos primeros empiezan con una premisa impactante. Una chica muy rica está a punto de celebrar la fiesta de aniversario de sus 18 años. Sale a comprar con
sus amigas, todas vestidas como en un anuncio de H&M. Pero entonces recibe
un mensaje en el móvil que, en cumplimiento de la normativa antispoiler vigente, solo diré que le cambiará la vida. La serie se ha vendido como “audaz y provocadora”. Por ahora promete ser una reflexión muy original sobre el luto y no hay que descartar que exista cierta coherencia generacional entre la musculatura moral de Juan Pilila y la desesperación radical y psicodélica de Kamikaze .

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