El rey que perdió América: Jorge III de Inglaterra y su papel en la Independencia de Estados Unidos

A menudo se describe al monarca británico Jorge III como el principal villano en la historia del origen de Estados Unidos, pero ¿qué papel desempeñó realmente en el desencadenamiento de la revolución?

Por Parissa DJangi

El monarca británico Jorge III heredó el trono en 1760, justo a tiempo para ver cómo las crecientes tensiones con las colonias americanas desembocaban en una revolución que reconfiguró su imperio y el mundo.

Fotografía de Image By Bird, Edward, Bristol Museums, Galleries & Archives, Civic painting, Bridgeman Images

El 4 de julio de 1776, el Congreso Continental aprobó la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. El documento no sólo proclamaba la soberanía de Estados Unidos, sino que también convertía al rey Jorge III de Gran Bretaña en el principal villano de la historia del origen de Estados Unidos.

Como monarca constitucional, Jorge no había creado las políticas que desencadenaron el conflicto en las colonias: eso era tarea del Parlamento. Entonces, ¿por qué la Declaración vilipendiaba al rey y qué papel desempeñó en la Revolución de las 13 Colonias?

Aunque el rey no provocó personalmente el disparo que se oyó en todo el mundo, contribuyó a allanar el camino hacia la guerra. He aquí cómo se convirtió en el primer rey que perdió grandes colonias en América (unas décadas más tarde le llegaría el turno a las coronas de España y Portugal).

Cuando el rey Jorge III, de 22 años, heredó el trono de su abuelo en 1760, también heredó un imperio que se extendía desde Norteamérica hasta Asia. Jorge no se consideraba estrictamente un jefe de Estado. En su lugar, sus súbditos (ya estuvieran en York o Nueva York) eran sus hijos, creía, ligados a él por la obediencia y el afecto.

Aunque Jorge no tenía mucho poder legislativo como monarca constitucional, seguía comprometido con la política y entendía que era su deber dar el asentimiento real a los proyectos de ley del Parlamento.

Jorge también se apoyó en su papel de paterfamilias de Gran Bretaña. Enfatizó el orden, el deber y la integridad tanto en la vida familiar como en la nacional. En el mundo de Jorge, un rey tenía el deber de dar ejemplo de virtud a sus súbditos, y ellos tenían el deber de obedecer.

¿Qué pensaban de él los súbditos de Jorge? A lo largo de la década de 1760, los colonos norteamericanos lo abrazaron. Incluso Benjamin Franklin, futuro padre de la patria, se llenó de orgullo monárquico cuando asistió a la coronación de Jorge en 1761. Dos años más tarde, Franklin alabó "la virtud del joven rey y la conciencia de sus sinceras intenciones de hacer feliz a su pueblo".

Este cuadro de 1857 de William Walcutt representa a colonos estadounidenses derribando una estatua de Jorge III en Nueva York durante la Guerra de la Independencia.

Fotografía de Image via Bettmann, Getty Iamges

Tensiones crecientes

Incluso cuando Jorge idealizaba la estabilidad de una familia imperial bien ordenada, el panorama político de Gran Bretaña se agitaba, ampliando el abismo entre los colonos norteamericanos y los miembros del Parlamento de Londres.

El reinado de Jorge había comenzado cuando Gran Bretaña estaba inmersa en la Guerra de los Siete Años contra Francia y sus aliados. Cuando la guerra terminó en 1763, Gran Bretaña obtuvo un imperio recién ampliado con tierras en Norteamérica que se extendían hasta el río Mississippi.

Pero tuvo un coste. Gran Bretaña había acumulado una importante deuda de guerra. Para compensar la deuda, el Parlamento introdujo una serie de impuestos en las colonias americanas. Como las tropas británicas debían estacionarse en suelo americano, razonaron, los colonos debían pagar la factura.

Los impuestos indignaron a los colonos, que inicialmente dirigieron su ira contra los políticos que los gobernaban, en lugar de contra el rey. ¿Cómo podían los miembros del Parlamento, a un océano de distancia, imponer impuestos sin su consentimiento?

El Parlamento empeoró las cosas al aprobar la Ley del Té en mayo de 1773, que, según los colonos, otorgaba a la Compañía Británica de las Indias Orientales una importante ventaja competitiva en el mercado del té. En diciembre de ese año, los revolucionarios de Boston tomaron cartas en el asunto, asaltaron el puerto de la ciudad, abordaron barcos mercantes británicos y arrojaron el té al mar.

En esta caricatura de William Charles, el rey Jorge III recibe un puñetazo en la nariz del presidente estadounidense James Madison durante la Guerra de 1812. Esta caricatura de "John Bull" es una de las que los estadounidenses utilizaban con frecuencia para satirizar a su antiguo rey.

Fotografía de Image By MPI, Getty Images

Mano dura por parte del rey Jorge

La noticia del Motín del Té de Boston, un acto de desorden y desobediencia, conmocionó a Jorge. Aferrado a su creencia en la autoridad del Parlamento y a su papel de padre imperial, Jorge apoyó la mano dura contra los colonos. Cuando el Parlamento tramitó cuatro leyes a principios de 1774 que socavaban la capacidad de Massachusetts para gobernarse a sí misma, él las aprobó.

Los colonos tenían un apodo para estas nuevas leyes: las Leyes Intolerables. Y aunque su objetivo era Massachusetts, escenario del Motín del Té de Boston, los colonos de toda Norteamérica se unieron en su indignación. ¿Cuáles serían los siguientes derechos que les iba a quitar el Parlamento de Londres?

A medida que aumentaban las tensiones, la mayoría de las colonias norteamericanas enviaron delegados al Congreso Continental en septiembre de 1774 para responder a lo que llamaban "restricciones opresivas" del Parlamento. En su petición de octubre al rey, los delegados argumentaron que se trataba de una afrenta a la libertad inglesa, su derecho de nacimiento como súbditos de la corona.

En la petición, los delegados pidieron ayuda a Jorge. "Nosotros, fieles súbditos de su majestad", comenzaba, "rogamos exponer nuestras quejas ante el trono". Los delegados compararon las Leyes Intolerables con "ser degradados a un estado de servidumbre" y expresaron sus quejas porque "el silencio sería deslealtad".

Jorge se puso del lado del Parlamento.

En una fría y empapada mañana de abril de 1775, las tensiones entre súbditos y soberano estallaron cuando milicianos coloniales y tropas británicas se enfrentaron en Lexington y Concord, pueblos cercanos a Boston. La Guerra de la Independencia había comenzado.

El rey vio en el conflicto una oportunidad. "No puedo evitar ser de la opinión de que, con firmeza y perseverancia, América será sometida", asegura al Secretario de Estado para las Colonias, Lord Dartmouth. Jorge III añadió: "Inglaterra [...] podrá hacer que sus hijos rebeldes lamenten la hora en que renunciaron a la obediencia."

La proclamación de 1763 del rey británico Jorge III estableció el dominio colonial sobre las antiguas posesiones francesas y españolas de Norteamérica tras la Guerra de los Siete Años, y prohibió a los colonos asentarse en las tierras habitadas por los nativos americanos. Esta proclamación marcó un punto de inflexión en la actitud de los colonos americanos hacia el Gobierno británico y, en última instancia, allanó el camino hacia la revolución.

Fotografía de Image By Gilder Lehrman Institute of American History, Bridgeman Images

El Congreso Continental hizo una última petición a Jorge en julio de 1775. Negándose a recibirla, emitió en su lugar una proclamación real que calificaba la guerra de "rebelión" y denunciaba a los revolucionarios por "preparar, ordenar e imponer traidoramente la guerra contra nosotros".

La última pizca de lealtad que los colonos sentían hacia Jorge se desvaneció. Su inflexible hostilidad hacia los revolucionarios inspiró a Thomas Paine a resaltar en 1776: "Ni siquiera los brutos devoran a sus crías, ni los salvajes hacen la guerra a sus familias".

La "gran familia imperial" de Jorge sufrió un distanciamiento violento e irreversible. Estaba virtualmente rota.

Para el Congreso Continental, Jorge ya no era su rey. En su lugar, la Declaración de Independencia esbozó 27 agravios contra Jorge y lo etiquetó como "un Tirano [...] incapaz de ser el gobernante de un pueblo libre".

Jorge nunca recuperó el control de las 13 colonias americanas. Sus antiguos súbditos quemaron su efigie y derribaron una estatua del rey en Nueva York.

En 1785, dos años después de que se disipara el humo de la Guerra de la Independencia, Jorge recibió al nuevo embajador de los Estados Unidos de América: John Adams, uno de sus antiguos súbditos. Adams afirmó más tarde que Jorge le contó los motivos de sus acciones en los años previos a la guerra: "No he hecho nada en la última contienda, sino lo que creí que estaba obligado a hacer por el deber que tenía para con mi pueblo".

El deber de Jorge de preservar el imperio, apoyar al Parlamento y restablecer el orden dentro de la familia imperial condujo finalmente a su ruptura, convirtiéndose en el último rey de las Trece Colonias.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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