Panamá, los newtonianos y la tierra esferoide
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30 de Ene de 2023

Opinión

Panamá, los newtonianos y la tierra esferoide

Veintisiete años antes, esta otra España -inmersa en la corriente de la Ilustración- no sufría aún los embates de las derrotas militares que mermaron la lealtad de sus posesiones en América

“Por el artículo XVII del Tratado de París (1763), los británicos se comprometieron a ‘demoler todas las fortificaciones suyas en la bahía de Honduras y otros territorios de España en aquella parte del mundo’ [cláusula que incumplieron]. A cambio, el rey Carlos III fue obligado a aceptar la presencia de los británicos en dicha cuenca marítima, ‘donde éstos pudieron ocuparse en el corte, carga y transporte de palo de tinte sin ningún obstáculo por parte de los españoles’. Esta situación legalizaba, a su vez, el comercio británico de maderas” (Reichert, 2015).

Veintisiete años antes, esta otra España -inmersa en la corriente de la Ilustración- no sufría aún los embates de las derrotas militares que mermaron la lealtad de sus posesiones en América, aunque ya experimentaba la crisis de un sistema económico desfinanciado y que carecía de eficiencia. La Metrópoli de entonces, juntamente con los franceses, se involucró en notables expediciones científicas que dejaron su impronta en la historia aún cuando los resultados de éstas más aprovecharon a extraños que a propios.

Paris, Madrid y Londres se encontraban inmersas en un debate científico acerca de la esfericidad de la Tierra. Los ‘cartesianos’ -para quienes la Tierra era un esferoide alargado en el sentido del eje de rotación como un melón- y los ‘newtonianos’ -con la hipótesis de un esferoide achatado por los polos como una sandia- organizaron sus propias expediciones. Así los franceses convinieron con los españoles -ambos gobernados por Borbones- en zarpar en paralelo hacia América del Sur vía Panamá hasta llegar a Quito para hacer las mediciones y cálculos correspondientes. La expedición francesa estuvo a cargo de Louis Godin, matemático, mientras que la española la dirigió Jorge Juan y Santacilia.

La expedición de Godin y Charles de La Condamine salió de La Rochelle el 16 de mayo de 1735 a bordo del ‘Portefaix’. Mientras que Jorge Juan y Santacilia zarpa diez días después con dos navíos de guerra -el ‘Conquistador’ y el ‘Incendio’- llevando también al próximo Virrey del Perú, Marqués de Villagarcía. El 9 de julio llegan a Cartagena de Indias, pero los franceses se retrasan y deben esperarlos hasta el 15 de noviembre en que se reúnen todos. Empieza entonces el periplo panameño.

El 30 de noviembre desembarcan en Portobelo, el 22 de diciembre alcanzan la boca del río Chagres, de ahí continúan a remo a Las Cruces llegando el 27 donde reposarán dos días antes de continuar marcha hacia Panamá, ciudad en la que van a permanecer hasta el 22 de febrero de 1736, momento en que zarparán desde el puerto Perico (Panamá) hacia Guayaquil en el barco ‘San Cristóbal’. Una comunidad de lectores ávida de noticias les hizo permanecer ese tiempo en el istmo donde, según relata Jorge Juan y Santacilia, les compraron casi todos sus libros, cuartillas y periódicos traídos de Europa. Es en Panamá donde el Marqués de Villagarcía, deseoso por asumir sus nuevas funciones como Virrey, se despide de la expedición y apresura su viaje a Lima.

Los expedicionarios “[…] el 24 [de marzo] alcanzan la isla de la Puná, pero […] adelantan su llegada a Guayaquil a tiempo de observar un eclipse de luna que había de suceder el 26. El ‘San Cristóbal, con la mayor parte de su equipaje e instrumentos, alcanza Guayaquil el mismo 26 por la noche´” (Guillén, 1973, citado por Martínez & Martínez, 2012). Permanecerán en ‘la Perla del Pacífico’ hasta el 3 de mayo en que emprenderán por tierra la marcha a Quito, arribando el 19 de mayo de 1736. El arduo trabajo de medición comienza y cuando estaban a punto de terminar, una nueva guerra se desata entre España e Inglaterra -la “Guerra del Asiento” de 1739 a 1748- por los que Jorge Juan y Santacilia juntamente con Antonio de Ulloa son requeridos para apoyar al Virrey del Perú. Soler (2002) indica que “[…]realizan labores defensivas en el Callao-Lima entre octubre de 1740 y septiembre de 1741, en Guayaquil desde diciembre de 1741 y en Lima nuevamente en febrero de 1742” además contribuyen con el patrullaje de las costas peruanas -en el ‘Nuestra Señora de Belén’ y la ‘Rosa’- hasta finales de 1743 debido a la posible incursión de la escuadra inglesa del Comodoro Anson. Cuando Jorge Juan y Santacilia vuelve a Quito en 1744, la sección francesa de la expedición ya había retornado a París encontrando solo a Godin quien no regresaría a Francia sino hasta 1751.

Así las cosas, decide marchar a España el 22 de octubre de 1744 vía el Cabo de Hornos -la guerra hacía peligrosa la ruta por Panamá y el Caribe- llegando a Brest el 31 de octubre de 1745 en la fragata francesa ‘Liz’. La Real Academia de las Ciencias de París lo nombra miembro ‘Correspondiente’ conjuntamente con de La Condamine. Nuestro protagonista llegará a Madrid recién en febrero de 1746. Dos años después será publicado su informe en coautoría con Ulloa bajo el título ‘Relacion historica del viage a la America Meridional hecho de orden de S. Mag. para medir algunos grados de meridiano Terrestre, y venir por ellos en conocimiento de la verdadera Figura y Magnitud de la Tierra, con otras varias Observaciones Astronomicas, y Phisicas’ que probaría que los ‘newtonianos’ tenían razón.

Como señala Martínez (2012) “[…] no sorprende, pues, que la precisión en la navegación y la cartografía fueran los grandes logros técnicos de esta expedición que tendrían sus repercusiones en las postrimerías de la Ilustración” pero cuyo impacto en América Latina no sería evidente sino hasta después de concluido el proceso independentista y se iniciase, en el s. XIX, para las nacientes repúblicas la dependencia del transporte y comercio ingleses.