Los dramas de la familia real británica: el antecedente de Wallis Simpson y Lady Di

Los dramas de la familia real británica: el antecedente de Wallis Simpson y Lady Di

La familia real británica es fuente inagotable de desgracias y sucesos luctuosos -aunque también de alegrías- y lo ha sido desde siempre

Diana de Gales / AP
Diana de Gales / AP

Suponer que en una familia, real o no, no van a existir tragedias, es una ingenuidad. En todas las hubo, las hay y las habrá. La diferencia es la repercusión mediática del acontecimiento. La familia real británica es fuente inagotable de desgracias y sucesos luctuosos -aunque también de alegrías- y lo ha sido desde siempre.

Enrique VIII no ocultaba su afición a decapitar a sus mujeres. Dos de ellas murieron así. A Carlos I le cortaron la cabeza en el siglo XVII. Jorge III, que sufría de porfiria, fue tenido por loco. Su hijo Jorge IV se enamoró de la católica María Ana Fitzherbert, seis años mayor que él y dos veces viuda. A pesar de que el Acta de Establecimiento (1701) hacía perder los derechos sucesorios a cualquier miembro de la familia real que casara con un católico y que el Acta de Matrimonios Reales (1772) establecía que el Príncipe de Gales debía tener la autorización regia para contraer matrimonio, Jorge se casó sin permiso en 1785. Ella se consideraba su legítima esposa, en contra de las leyes del Estado y de la Iglesia Anglicana. Él se dedicó a endeudarse de tal forma que el Parlamento tuvo que aprobar una cantidad especial para pagarlas. Su hermano Guillermo IV, antes de casarse en 1818 con la princesa Adelaida de Sajonia-Meiningen, tuvo diez hijos con la actriz irlandesa Dorothea Bland, más conocida por su nombre artístico de Mrs. Jordan. Todos recibieron el apellido Fitzclarence ya que él era Duque de Clarence.

La princesa Victoria Melita de Edimburgo, nieta de la reina Victoria y hermana de la Infanta Beatriz -mujer del Infante Alfonso de Orléans-, se divorció en 1901 del gran duque Ernesto Luis de Hesse y del Rin, harta de las inclinaciones homosexuales de su marido. Eduardo VII, empedernido “bon vivant”, oficializó hasta tal punto su relación con Alice Keppel que la pobre reina Alejandra, su mujer, no tuvo más remedio que acercarla al lecho de muerte del monarca. Burlas del destino hicieron que fuera la tatarabuela de Camilla, duquesa de Cornualles y mujer del actual Príncipe de Gales.

El príncipe Juan, sexto y último hijo de Jorge V, sufría de ataques epilépticos y de lo que se calificó como “cierto retraso mental” y hoy habría sido llamado autismo. Como la familia no lo consideraba presentable, se le recluyó en una granja llamada Wood Farm donde moriría niño. La serie televisiva “El príncipe perdido” recreó su vida y obtuvo en 2005 el premio Emmy. Su hermano Eduardo VIII, casó con la dos veces divorciada Wallis Simpson, abdicó la corona en 1936 y se convirtió en Duque de Windsor, sin que jamás su esposa pudiera gozar del tratamiento de Alteza Real. Su hermano Jorge VI, que sufrió lo indecible por su tartamudez, murió prematuramente a causa de un cáncer cuando su hija, la actual Isabel II, estaba de viaje. Bajó del avión vestida de luto, pero reina ya. Su hermana Margarita, fumadora empedernida, después de su malogrado romance -rechazado por la Iglesia de Inglaterra y el gobierno británico- con el capitán divorciado Peter Townsend, 16 años mayor que ella, y tras otras relaciones, se casó con Lord Snowdon y, al divorciarse de él en 1978 causó un considerable terremoto familiar. Él se volvió a casar. Ella no. Ambos eran aficionados a las drogas y el alcohol, malos compañeros de viaje en cualquier matrimonio.

“Annus horribilis”

1992, calificado de “annus horribilis” por Isabel II, supuso el divorcio de su hija Ana de Mark Phillips, el incendio del castillo de Windsor y la eclosión de los problemas conyugales de los Duques de York, con las desagradables fotos de Sarah con el financiero tejano John Bryan, sin contar con una caída en la popularidad de la monarquía. Diana de Gales, de la que Andrew Morton contó desórdenes alimenticios e intentos de suicidio, falleció de un terrible accidente en París cuando viajaba con su entonces novio Dodi Al-Fayed, no sin antes haber aireado televisivamente sus penas por un matrimonio en el que tres eran multitud. Recientemente salió a la luz la impactante historia de las primas de Isabel II internadas en un frenopático…

Así que las salidas de tono del “wild child” Harry, duque de Sussex, conde de Dumbarton y barón Kilkeel, su controvertido matrimonio con Meghan, su decisión de abandonar los deberes reales, la de Meghan de no usar el tratamiento de Alteza Real, y de vivir primero en Canadá y luego en California, son gotas de agua en la larga historia de la familia real británica.