Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, retrato realizado por Allan Ramsay.
Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, retrato realizado por Allan Ramsay.

Los BridgertonEl falso mito de que una Reina inglesa era de raza negra

Una popular teoría defiende que el árbol genealógico de Sofía Carlota de Mecklemburgo-Strelitz está emparentado, quince generaciones atrás, con una mujer de raza negra del norte de África

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La serie de Netflix «Los Bridgerton» reconstruye, desde un punto de vista fantasioso y distópico, el periodo británico conocido como la Regencia, que abarcó del año 1811 al 1820. Esta ficción introduce como Reina y animadora de las fiestas palaciegas a Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, esposa del enloquecido Jorge III, que es interpretada por Golda Rosheuvel, una actriz y cantante guyanés-británica. Que la actriz sea de facciones negras debería resultar indiferente, pues la serie no busca en ningún momento el rigor histórico, salvo por el hecho de que algunos han querido justificar esta elección en la controvertida teoría de que Carlota de Mecklemburgo-Strelitz tenía supuestamente antepasados negros.

Sofía Carlota de Mecklemburgo-Strelitz (1744-1818) fue una duquesa alemana que se convirtió

 mediante matrimonio con Jorge III en Reina consorte del Reino Unido. Mecenas de las artes y las ciencias, la Reina Carlota se volcó en cuestiones no políticas a su llegada a las Islas británicas y no fue, hasta la enfermedad mental que inhabilitó a su marido, cuando dio un paso adelante para sustentar la regencia de su hijo, el futuro Jorge IV. Además de por su actividad cultural, la Reina ha pasado a la historia por el desgarrador hecho de haber dado a luz a 15 niños, de los cuales 13 sobrevivieron hasta la edad adulta. Esta sucesión de partos garantizó la continuidad de la dinastía Hannover durante todo el siglo XIX, pero a cambio dejó a la monarca exhausta física y mentalmente.

En su diario, Carlota llegó a anotar: «Pasé los primeros veinte años, embarazada. No creo que un prisionero pueda desear con más ardor su libertad que yo, al librarme de mi obligación y ver el final de mi campaña maternal. Sería feliz si supiera que es la última vez».

Debido a las particulares facciones de la Reina, que en su día no fue descrita como hermosa precisamente, a mediados del siglo XX varios autores comenzaron a especular con la posible ascendencia africana de esta noble alemana. El escritor jamaicano-estadounidense J. A. Rogers ya esbozó esta teoría en su libro «Sex and Race: Volume I» señalando las «fosas nasales anchas y labios gruesos» que muestra en algunos cuadros.

Según las memorias del primer ministro Horace Walpole, en la fisionomía de su rostro siempre sobresalieron rasgos especialmente anchos:

«Es de estatura mediana, y bastante pequeña, pero su forma es fina y su porte elegante; sus manos y cuello estaban muy bien revueltos; su cabello castaño; su rostro redondo y rubio; los ojos de un azul claro, y radiante de dulzura; la nariz un poco plana, y apareció en el punto; la boca bastante grande, con labios rosados y dientes muy fino».

Golda Rosheuvel como la Reina Carlota en la serie de Netflix.
Golda Rosheuvel como la Reina Carlota en la serie de Netflix.

Varios cuadros del pintor escocés Allan Ramsay retratan a la monarca con el pelo muy encrespado y sin suavizar lo excesivo de una boca ancha. Los defensores de esta teoría señalan que el escocés era defensor de abolir la esclavitud y quiso con este gesto, desviándose de las representaciones que ocultaban los rasgos africanos de la Reina, denunciar el racismo imperante en el periodo. Como todo lo referido a esta teoría, las pruebas de que esto fuera cierto penden de un hilo.

Una teoría cuestionada

La afirmación sobre la sangre africana, mestiza o negra de la Reina consorte ha sido defendida por un puñado de autores más mediáticos que académicos, que incluso han trazado teorías genealógicas para justificar esta ascendencia africana. Teorías muy populares, que no cuentan con el respaldo de pruebas genética y que se centranen una remota antepasada de Carlota procedente de la casa real portuguesa llamada Margarita de Castro y Sousa.

En 1996, Mario de Valdés, un investigador independiente especializado en historia de África, argumentó en el programa «Frontline» del canal público estadounidense PBS que Carlota mostraba claramente en los retratos una «apariencia africana inconfundible» y una «fisonomía negroide» que se debía a su antepasada portuguesa.

Los críticos con la teoría de Valdés señalan que, aunque Madragana procediera del norte de África, lugar de gran interés político y económico para Portugal, probablemente era mozárabe.

Margarita de Castro e Souza fue una noble portuguesa del siglo XV que remontaba su ascendencia a una rama bastarda del Rey Alfonso III de Portugal (1210-1279), uno de los hijos de la Reina castellana Urraca. El soberano portugés habría tenido descendencia, en concreto tres hijos, con una amante procedente del norte de África llamada Madragana (c. 1230–?), que formó «una rama negra» en la familia real portuguesa que acabó entroncando con otras casas europeas, entre ellas la de Carlota, a través de los Souza.

Aparte de la gran distancia de siglos que separan a Margarita de Castro de Carlota de Mecklemburgo-Strelitz y, en general, de la escasa aportación de pruebas de Valdés, el problema fundamental de esta teoría nace de dar por sentado que por ser africana la amante del Rey Alfonso debía ser de raza negra.

Retrato de Carlota, por Gemälde von Esther Denner 1761
Retrato de Carlota, por Gemälde von Esther Denner 1761

Los críticos con la teoría de Valdés señalan que, aunque Madragana procediera del norte de África, lugar de gran interés político y económico para Portugal, probablemente era mozárabe. El historiador Manuel Abranches señala en su obra «Origem dos Souza ditos do Prado» que el Rey tuvo un hijo llamado Martin Afonso Chichorro con «su amante morisca, cuyo nombre no ha sido documentado pero ahora se acepta generalmente como Madragana, hija del conquistado (1249) alcalde de Faro Aloandro ben Bekar».

Que esta joven bautizada como cristiana y de padre mozárabe (un cristiano ibérico que vivía bajo dominación musulmana) fuera o no negra o tuviera rasgos propios de lo que hoy es Argelia o Marruecos es algo imposible de demostrar en base a las crónicas, que la identifican como «mora» o «morisca». Lo único claro es que el tal Martin Afonso Chichorro se casó con la poderosa familia de los Souza y esta luego enlazó con otras casas europeas. Margarita de Castro e Souza se casaría con el alemán Conde de Neufchâtel y extendió su sangre por Europa.

El árbol genealógico de la Reina Carlota bien puede enlazar con los Souza, pero lo mismo se puede decir de media nobleza europea. La teoría sobre su ascendencia africana es tan válida para ella como para otras dinastías reales, incluida la de su marido Jorge III, de la casa alemana de los Hannover, y para sus propios descendientes, que tampoco han mostrado genes de lo que se suele identificar como raza negra.

El lado africano de los Médici

La presencia de rasgos africanos en otras casas europeas ha dado lugar a un sinfín de rumores similares. María Teresa, hija de Felipe IV de España, protagonizó un pequeño gran escándalo a mediados del siglo XVII en la no poco agitada corte francesa. La esposa del Rey francés Luis XIV tomó en su compañía a un joven pigmeo negro, imitando una práctica habitual en esos días entre la nobleza francesa, que le servía de entretenimiento y de cura contra el aislamiento que vivía. El Duque Beaufort, almirante de la Marina, trajo de uno de sus viajes a aquel esclavo y lo presentó como obsequio a la española. El esclavo fue cristianizado con el nombre de «Nabo», tras lo cual fue integrado en el círculo de confianza de la Reina.

Lo que no hubiera sido más que una anécdota graciosa, se transformó en murmuraciones cuando María Teresa quedó embarazada en esas fechas del que debía ser su tercer hijo. Tras un difícil parto, la Reina dio a luz a una pequeña niña con rasgos moriscos y diversas malformaciones. «El hermano del Rey me contó lo difícil de la enfermedad (el parto) de la reina, de cómo su primer capellán se había desmayado de aflicción, y el príncipe y toda la gente junto con él se habían reído de la cara que puso la reina cuando vio que la hija que había dado a luz, se parecía a un pequeño moro que el señor de Beaufort había traído, que era muy bonito y que siempre estaba con la reina», recogió en sus memorias Ana María Luisa de Orleáns, Duquesa de Montpensier.

Retrato de Alejandro de Médici por Giorgio Vasari.
Retrato de Alejandro de Médici por Giorgio Vasari.

La princesa solo vivió 40 días, siendo tiempo suficiente para que varios nobles desarrollaran enrevesadas teorías sobre lo que había ocurrido. Así, la mencionada duquesa anotó que, en su opinión, la criatura era hija del esclavo negro, por lo que el entorno de la Reina se había obligado a simular su muerte. Eran rumores con poco fundamento, pues «Nabo» era un niño de corta edad y, de hecho corta estatura (68 centímetros), que difícilmente podía haber forzado a la monarca.

La mala alimentación de la Reina y su mala aclimatación a París —un año antes había dado a luz a otra hija que murió a los pocos meses— abren el abanico de posibilidades de su particular color a un gran abanico de causas médicas. Además, es factible que la coloración oscura de la piel de la recién nacida fuera provocada por una cianosis, es decir, a una presencia de pigmentos hemoglobínicos anómalos.

Otra posibilidad es los genes negros procedieran de la familia del padre, en concreto de la conexión entre los Borbones y los Médici.

Eran rumores con poco fundamente. «Nabo» era un niño de corta edad y, de hecho corta estatura (68 centímetros), que difícilmente podía haber forzado a la monarca.

Los genes de la casa italiana de los Médici, fuertemente arraigados en la familia real francesa, mostraron en varias generaciones rasgos mulatos. Se suele responsabilizar de este hecho a Alejandro de Médici, llamado «el Moro», un noble del siglo XVI que llegó a ser Duque de Florencia y aún hoy tiene orígenes difíciles de rastrear. Según la versión oficial era un hijo ilegítimo de Lorenzo II de Médici, nieto de Lorenzo de Médici, «el Magnífico», pero muchos historiadores actuales creen que en realidad fue hijo ilegítimo de Julio de Médici, quien se convertiría más tarde en el Papa Clemente VII.

Algunos historiadores, como el biógrafo Christopher Hibbert, creen que Alejandro fue alumbrado por una sirvienta negra de los Médici, que en algunos documentos recibe el nombre de Simonetta de Collavechio.

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