El príncipe Carlos y Diana de Gales. (Foto: AFP)
El príncipe Carlos y Diana de Gales. (Foto: AFP)

Han pasado más de cuatro décadas desde que el mundo asistía atentamente a la boda real más grande jamás vista: la que unía al heredero al trono británico, Carlos de Gales, y una aún no tan popular Diana de Gales. Eran otros tiempos: no había Internet, ni redes sociales y la TV era el medio más poderoso.

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La boda del hijo de Isabel II del Reino Unido y la que sería la futura “princesa del pueblo” y madre de los príncipes Enrique y Guillermo fue seguida por una audiencia de 750 millones de personas en todo el mundo. Un enlace que además se vio precipitado: su relación con Diana apenas había cumplido unos meses y anunciaron fecha de boda. Solo 12 veces se vieron los novios antes del gran día.

El príncipe Carlos tenía sus dudas sobre el futuro de la relación, pero las prisas por alejar un fantasma del pasado que le separara del trono pesaban más. Así que decidió dar el paso y casarse, aunque unas horas antes de dar el ‘sí, quiero’ en la boda de 1981, el príncipe se “confesó” con sus amigos más íntimos. Así lo revelaba el documental Carlos y Di: la verdad detrás de su boda” de Channel 5.

Diana de Gales y el príncipe Carlos el día de su boda. (Foto: AFP)
Diana de Gales y el príncipe Carlos el día de su boda. (Foto: AFP)

La confesión de Carlos sobre Diana

El documental recoge que el príncipe Carlos de Gales dijo de su futura esposa: “Es exquisitamente hermosa, una amapola perfecta. Pero muy niña, haciendo evidente la diferencia de edad que había entre ellos, que era de 12 años. “Ni siquiera parece lo suficientemente mayor como para haber terminado la escuela, mucho menos para casarse”, añadió el sucesor inmediato al trono británico.

La experta en Casa Real Ingrid Seward añadía: “Hubo un grupo de amigos de Carlos que vieron que esto podría ser un desastre absoluto. Ella era como una estudiante de secundaria y él era como un profesor”. Entre esos amigos también se encontraba la íntima del príncipe Carlos, Penny Ramsey, que le planteó sus dudas al que entonces se presentía como futuro rey del Reino Unido.

El propio novio expresó a sus amigos que estaba en un “estado de ánimo confuso, ansioso y aterrorizado” por hacer una promesa de la que más tarde se arrepentiría toda su vida, aunque expresó su deseo dehacer lo correcto por mi familia y por mi país”.