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El romance prohibido de Amalia de Holanda y Gabriel de Bélgica

La princesa Amalia de Holanda ya es muy conocida. La primogénita de los reyes Máxima y Guillermo de Holanda acaba de cumplir 18 años el pasado 7 de diciembre. Este hecho ha colocado a la heredera al trono de los Países Bajos en el centro de atención de la prensa en los últimos meses.

Aunque Amalia disfruta de un año sabático antes de comenzar sus estudios universitarios, dos días después de su cumpleaños se ha incorporado al Consejo de Estado, en lo que supone el primer paso para ir, poco a poco, adquiriendo deberes institucionales en su papel de futura Reina de los holandeses.

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Pero puede que el peso de la corona no sólo se circunscriba a las actividades públicas sino a la vida personal. Según se han hecho eco varios medios internacionales, todo apunta a que la princesa Amalia de Holanda y el príncipe Gabriel de Bélgica podrían haber iniciado un romance amoroso.

De Amalia se dice que es una princesa muy inteligente, estudiosa y que le gustan mucho los animales. De Gabriel de Bélgica se sabe mucho menos. Su vida no está tan expuesta a los medios. Gabriel de Bélgica y duque de Sajonia nació el 20 de agosto de 2003 en Anderletht, cumplió 18 años el verano pasado. Tiene 3 hermanos y él es el segundo hijo de los reyes Felipe y Matilde de Bélgica. Por ello, Gabriel es el segundo en la línea de sucesión al trono, por detrás de su hermana Isabel.

Pero lo que podría ser un romance incluso conveniente para ambas monarquías es, en realidad, una relación prohibida por las leyes belgas, cuya constitución data de 1831. Aunque parezca algo impensable en nuestros tiempos, la norma sigue vigente y tiene su origen en la Revolución belga de 1830 por la que el país consiguió su independencia de los Países Bajos. A partir de entonces se instauró esta prohibición para que el trono belga (en este caso como reina consorte) no pudiera caer nunca en manos de un miembro de la familia real holandesa.

Esta ley ha estado a punto de ser derogada en varias ocasiones, en 1993, 2002 y 2003, aunque finalmente no se logró. Así que hoy por hoy, si Amalia y Gabriel estuvieran de verdad enamorados y quisieran casarse en un futuro, tendría que haber una enmienda constitucional en Bélgica para cambiar la norma.

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