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Fusilerías

Assange y el suicidio

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Alfredo C. Villeda

Ramón Andrés ha escrito en su monumental Semper dolens (Acantilado, 2015) que no puede haber teorías nuevas sobre el suicidio. “Nos damos muerte por lo mismo que hace miles de años. Apenas alguna variación estadística, algún repunte o descenso en la tabla de la desesperación modifican una línea de trazo lejana e inalterable”, dice, y si bien “el ser humano posee un nada desdeñable componente neurótico (…) no significa que su existencia deba contemplarse bajo el estigma de la enfermedad”.

Recordé esta lectura cuando hace unas semanas los abogados del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, alertaron de que existe un probado riesgo de suicidio si es extraditado a Estados Unidos, que lo reclama después de que el australiano difundiera en 2010 medio millón de documentos secretos, entre ellos reportes de campañas militares en Afganistán e Irak, por lo que vivió siete años refugiado en la embajada de Ecuador en Gran Bretaña y actualmente afronta su proceso desde una cárcel londinense.

El personaje lucha contra la extradición y la reclusión en la famosa prisión de Colorado conocida como Alcatraz de las Rocallosas, de muy alta seguridad, pues los cargos que le imputan alcanzan una pena máxima de hasta 175 años de encierro, y pese a tener garantías de la justicia estadunidense de que no irá ahí, ahora la defensa alega peligro de que se quite la vida por “la naturaleza de sus desórdenes mentales”.

Sin desechar la posibilidad de que la situación ponga a Assange en ese supuesto, que como dice Ramón Andrés en nada varía de las razones históricas que lo acompañan, hay que recordar que el australiano de 50 años es una figura aclamada en todo el mundo y un símbolo de la lucha por la transparencia, la libertad de expresión y ahora también de la defensa de los derechos humanos.

Un fallo en favor de la extradición y el tema del suicidio generan una trama de martirio que evoca la suerte de personajes como aquel presidente Getúlio Vargas, padre del populismo brasileño, quien se quitó la vida en nombre de la patria con una carta que cierra con esta sentencia: “Salgo de la vida para entrar a la historia”.

Alfredo C. Villeda 

@acvilleda

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