(PDF) Economía y Sociedad - Weber Max. | Rocio Catalina - Academia.edu
MAX WEBER ECONOMÍA Y SOCIEDAD Esbozo de sociología comprensiva Edición preparada por J OHANNES WINCKELMANN Nota preliminar de ]OSÉ MEDINA ECHAVARRÍA • FONDO DE CULTURA ECONÓMICA MÉXICO - ARGENTINA - BRASIL - CHILE - COLOMBIA - ESPAÑA ESTADOS UNIDOS - GUATEMALA - PERÚ - VENEZUELA Traducción de ]OSÉ MEDINA ECHAVARR1A, ]UAN ROURA FARELLA, EUGENIO ÍMAZ, EDUARDO GARClA MAYNEZ Y ]OSÉ FERRATER MORA Primera edición en alemán, 1922 Cuana edición en alemán, 1956 Primera edición en español, 1944 Segunda edición en español, de la cuana en alemán, 1964 Primera reimpresión en FCE-España, 1993 Segunda reimpresión en FCE-España, 2002 Título original: Wirtschaft und Gesellschaft. Grundriss der Vmtehendn Soziologie © 1922, I.C.B. Mohr (Paul Siebeck), Tubinga DR.© 1944, 1964 FONDO DE CULTURA EcONÓMICA Carretera Picacho-Ajusco, 227. 14200 México, D.F. www.fce.com.mx FONDO DE CULTURA ECONóMICA DE EsPAÑA, S. ·L. Fernando el Católico, 86. 28015 Madrid www.fcede.es I.S.B.N: 84-375-0374-4 Déposito Legal: M-6.906-2002 Impreso en España NOTA A NUESTRA SEGUNDA EDICION EN ESPAISI'OL En 1964 se celebra el primer centenario del nacimiento de Max Weber (1864-1920). Para conmemorarlo, el Fondo de Cultura Econ6mica decidi6 reeditar su Economía y sociedad de acuerdo con la cuarta edici6n alemana (p6rtuma) que tiene una disposici6n distinta e incluye una serie de trabajos y añadidos que no aparecían en las tres primeras ediciones alemanas. • El pr6- logo de Johannes Winckelmann que reproducimos a continuaci6n da sufi- ciente noticia de los cambios que se han hecho a erta obra. Aquí s6lo queremos rendir homena¡e al gran soci6logo de Erfurt, fundador de la socio- logía "comprensiwl'. De él podríanws decir, citando a S. Wright Müls, que es un "clásico" "que alcanza alturas notables". Para Mills "la apariencia del esfuerzo de la sociología puede advertirse también en los muchos clásicos de la sociología. . . Lo más importante, me parece, son las diversas obras de Max Weber. ¿Recuerdan urtedes la gran inclinaci6n por leer a Wrlfredo Pareto durante los treintas? Pues bien, como lo revela la falta de atenci6n generaliuzda hacia él en nuestros días, no la merecía. Max Weber sí la merece: su voz es la del liberal clásico en un mundo que, en el primer cuarto del siglo, le parecía volcado contra el liberalismo y, al mismo tiempo, es el más elaborado revisionista del marxismo clásico". • La traducción de dadidos y nuevos trabajos fue eucomendacb a Carlos Gerhard. El lndice Jasmin Reuter. analítico estuvo a cargo de PROLOGO A LA CUARTA EDICION ALEl'vlANA LA oBRA póstuma capital de Max Weber aparece aquí, desprendida del marco del Grundriss der Sozialokonomik ("Elementos de la economía social") cuya tercera sección formaba hasta el presente, bajo nueva forma. Esta nueva edición se ha hecho con sujeción a los principios expuestos por el editor en la Zeitschrift für die gesamte Staatswissenschaft.l Su idea rectora es sen- cilla. La primera parte de la gran sociología de Max Weber, que contiene la teoría de los conceptos, fue concebida después de la primera Guerra Mun- dial, durante los años 1918 a 1920. La segunda parte del manuscrito, en cambio, fue redactada antes de dicha guerra y, esencialmente, con excepción de algunas adiciones posteriores, durante los años de 1911 a 1913. De la existencia de ese manuscrito anterior el autor sólo dio noticia por vez pri- Jnera en la nota de introducción a su artículo sobre las categorías socioló- gicas, del año 1913.2 El plan de su contribución destinada al Grundriss der Sozialokonomik, sección tercera: "Economía v sociedad", Max Weber sólo lo publicó, después de aparecido ya el manuscrito anterior, en el resumen de la "división de la obra conjunta", que inicialmente se adjuntó en forma de suplemento a los distintos volúmenes que fueron apareciendo a partir del año 1914.s Como quiera que el manuscrito de la parte más antigua no fue objeto de refundición alguna, no debe sorprender que sus distintos elementos coin- cidan con el plan originario. Así, pues, éste pone de manifiesto el pensa- miento relativo a la composición de la obra. A continuación, el manuscrito más reciente amplía la primera de todas las secciones hasta una teoría clasi- ficadora comprensiva de las categorías que, sin embargo, permaneció incom- pleta. El propio plan de Max Weber para su Grundriss der verstehenden Sociologie, que se da más adelante a título de ilustración y para permitir la comparación, es el que ha servido de base al contenido de la presente edición. El hecho de haberse conservado para el libro el título de Economía v sociedad requiere unas palabras de justificación. La Einteílung des Ge- samtwerkes ("Distribución de la obra conjunta") muestra que la sección ter- cera llevaba la designación comprensiva de "Economía y sociedad" 4 pero es- 1 "'Max Webers Opus Posthumum" ("La obra póstuma de Max Weber") (Z.f.d.g. StW.) ["Revista para la ciencia conjunta del Estado"}, vol. 105, 1949, pp. 368 ss.). 2 "Ober einige Kategorien der verstehenden Soziologic" ("Acerca de algunas categorías de b sociología comprensiva") (Logos, vol. IV, 1913, pp. 253 ss.), impresa en Gesammelte Au/siitze zur \Visscnscllaftslehre ("Articulas completos sobre la teoria de la ciem:d'), 2" ed., 1951, pp. '127 ss. 3 Una exposición totalmente detallada de la "división de la obra conjunta", con indicación de cada contribución particular y del autor previsto pura ella en cada caso, la proporciona además el infonne de publicación de la editorial J. C. B. Mohr (Paul Siebeck), aparecido en 1915 y relativo al afio 1914 (pp. 9-13). La disposición de la contribución de Max Weber contenida en dicho informe corresponde literalmente a la impresión de la división en los distintos volúmenes del G~:ndr~ss der Sozia!Olconomilc o sea, pues, a aquello que con razón se puede designar como plan ongmano. 4 En forma análoga, p. ej. a la de las partes ~Economía y ciencia de la economía" "Economfa y natura]eza" "Eccn01nía y técnica". 9 ' VIII PRÓLOGO A LA CUARTA EDICIÓN ALEMANA L'C taba subdividida a su vez en dos secciones principales, de las cuales sólo la pri- mera, con el título de Die Wirtschaft und die geseUschctftlichen Ordnungen und Miichte ("La economía y los ordenamientos y poderes sociales"),~ estaba a cargo de Max Weber. Así había de titularse en realidad la aportación de Max Weber al Grundriss der Sozialokonomik, que contenía su gran sociolo- gía. No obstante, esta última obra y al propio tiempo la más comprensiva de Max Weber ha adquirido fama mundial con el nombre de Wirtschaft und Gesellschaft ("Economía y sociedad"). En efecto, con la publicación de la portada definitivamente cambiada de la primera edición, se había renunciado a la incorporación de la segunda aportación a la sección tercera, y el título reza- ba ahora: III. Abteilung. Wirtschaft und Gesellschaft. Bearbeitet von Max Weber ("sección tercera Economía y sociedad. Compuesta por Max We- ber"). O sea que, a partir de su primera aparición en el año 1922, la contri- bución de Max Weber llenaba ella sola toda la tercera sección con su título de Economía y sociedad.6 Así, pues, si en el futuro se sigue conservando dicho título para la obra en su forma autónoma, independientemente de aquella obra conjunta, la razón de ello es doble. Desde el punto de vista objetivo es decisivo que en lo futuro el cuerpo principal de la obra, o sea la segunda parte entera, vuelve a llevar la designación de LA economía y los orderutmientos y poderes sociales, a la que sólo se antepone como parte pri- mera la Soziologische Kategorienlehre ("Teoría sociológica de las catego- rías"), de origen posterior y no nombrada por el propio Max Weber, en tanto que el título de Economía y sociedad, que abarca las dos partes del libro, se presenta como objetivamente más indicado para éste. Y desde el punto de vista práctico, ese título se halla ya introducido para la sociología de Max Weber desde el principio, nombrándose y citándose usual y fami- liarmente en esta forma, con exclusión de toda otra. El plan originario se reproduce a continuación, bajo el titulo de la sección, para la sola contribu- ción propia de Max Weber. ECONOMU Y SOCIEDAD La economía y los ordenamientos y poderes sociales. 1) Categorias de los ordenamientos sociales. Economía y derecho en su relación de principio. Relaciones económicas de las asociaciones en general. 2) Comunidad doméstica, _oikos y empresa. 3) Asociación de vecindad, parentela y comunidad. -f.) Relaciones étnicas de la comunidad. 5) Comunidades religiosas. Dependencia de las religiones con respecto a las clases; religiones avan- zadas e ideología económica. 6 Para la segunda parte de dicha sección se había previsto como colaborador a Eugen v. Pbilip- powicb. Véanse los detalles en la nota 1 del estudio indicado. 11 En relación con una CllpOSición debllada ~emitimos a la disertación mencionada en la nob 1 de la p. vm, contenida en la Zeitscluift für die gesamte Staatswissenschaft ("Revista para la ciencia conjunta del Estado") y, en particular, a las pp. 370-71, 373, 376-77. X PRÓLOGO A LA CUARTA EDICIÓN ALEMANA 6) La colectivización del mercado. 7) La asociación política. Las condiciones de desarrollo del derecho. Profesiones, clases, parti- dos. La nación. 8) El dominio. a) Los tres tipos del dominio legítimo. b) Dominio político y hierocrá tico. e) El dominio ilegítimo. Tipología de las ciudades. d) El desarrollo del Estado moderno. e) Los partidos políticos modernos. Externamente, la nueva edición se aparta en su articulación del plan ori- ginario de Max Weber en varios aspectos. Los dos cuerpos de manuscritos figuran bajo temas distintos. En tanto que el manuscrito más reciente des- arrolla la tipología de los conceptos, el más antiguo, en cambio, presenta una exposición de las conexiones y los desarrollos sociológicos. En el título de la primera entrega de Economía y sociedad, publicada todavía por el propio Max Weber y que daba a conocer el comienzo de las explicaciones conceptuales aún inacabadas, éstas se designan como "parte primera", lo que se subraya tanto por la remisión frecuente de la Teoría de las categorías a la "exposición detallada" posterior, corno por la observación, en la segunda parte, relativa a la "sociología general", distinta de la exposición detallada.7 Por consiguiente, la nueva edición ha experimentado una bipartición, en la Teoría sociológica de las categorías y en la exposición del sujeto con la desig- nación de LA economía y los ordenamientos y poderes socíales.8 La primera parte reproduce inalterada la redacción de la primera entrega a cargo del propio Max Weber. Sólo que los subtítulos de Max Weber, que articulan el texto, se han intercalado también en el índice entre la división en parágrafos, añadiéndose además corno "anexo", después del capítulo IV, los esbozos de una tipología de las profesiones hallados entre los escritos póstumos. La segunda parte presenta el texto del manuscrito más antiguo en una disposición por materias que corresponde objetivamente al plan ori- ginario de Max Weber; sin embargo, la articulación a la que se ha procedido de esta segunda parte se distingue de la primitiva en cuatro puntos. En concordancia con las ediciones anteriores, las dos subsecciones restantes del número 1 del plan se han asignado a sendos capítulos autónomos; los números 2 y 3 se han reunido en un capítulo unitario, y la sociología del derecho, que se presentaba en forma autónoma completa, se ha antepuesto como capítulo independiente al que correspondía al número 7 restante del plan. De todo ello habrá resultado la situación del manuscrito póstumo en la edición ante- rior. Una última desviación con respecto al plan originario de Max Weber consiste en que en los números 8 d y e de éste se había previsto primero un tratamiento separado del desarrollo del Estado moderno y de los partidos políticos modernos. Sin embargo, en contraste con ello, en la Teoría de las 7 Cf. p. 289. 8 Cf. también Marianne Weber, Max Weber - Ein Lebensbild ("Max Weber - Biografla") (l~ ed. 1926, pp. 425, 675, 687 s., 709). PRÓLOGO A LA CUARTA EDICIÓN ALID11ANA XI categorías entregada en 1922 por él mismo a la imprenta, Max Weber relegó la exposición material de la estructura y función de los partidos a la socio- logía del Estado.0 Además, como quiera que los parlamentos caracterizan el tipo del moderno "Estado legal de constitución representativa" -tratán- dolos Max Weber por consiguiente en su peculiaridad como órgano esta- tal-,10 siendo así, por otra parte, que "no se explican a su vez sin la inter- vención de los partidos", 11 resulta que no es posible tratar separadamente las modernas formas estructurales del Estado, de los partidos y de los parla- mentos. De ahí, pues, que los comentarios relativos al Estado racional, al parlamento y a los partidos se hayan reunido aquí en una sección unificada del capítulo que trata de la sociología del dominio. En estos cuatro puntos el plan originario de Max Weber puede considerarse, en virtud de sus pro- pias declaraciones, como abandonado en realidad por él mismo. En la segunda parte, modificada en su disposición de acuerdo con las propuestas desarrolladas por el editor, los títulos anteriores de los capítulos y las indicaciones relativas al contenido de éstos y de los parágrafos han sufrido algunos cambios, en la medida en que la necesidad de la nueva articulación, en adaptación al plan originario, y la exigencia de una composición más lógica del contenido lo sugerían; por otra parte su redacción se aparta tam- bién parcialmente de la del plan originario, con objeto de adaptarse más es- trictamente a la modalidad de expresión del texto, habiéndose formulado en ella algunos de dichos títulos, frente a las propuestas anteriores del que suscribe, con mayor precisión. Esto se aplica en particular a la sección octava del capítulo IX, cuyo título se ha restablecido con la concisión característica de Max Weber, en concordancia con el plan originario, ya que, después de admitida en adelante en la sección novena la indicación auténtica del autor,12 no puede subsistir ya duda alguna con respecto a su manera de interpretar el sentido de la categoría del "dominio ilegítimo"; éste surgió, en el círculo de la civilización mediterráneo-occidental antes que en otra parte, a con- secuencia de la constitución política de las ciudades como comunidades autónomas "libres" -"libres: no en el sentido de la libertad frente al domi- nio violento, sino en el sentido de: ausencia del poder del príncipe, legítimo en virtud de tradición (por lo regular consagrada por la religión), como fuente exclusiva de toda autoridad". Por lo que se refiere al tratamiento propiamente dicho del texto, pres- cindiendo de las modificaciones de la articulación, de los títulos y del conte- nido que se acaban de mencionar, aquél se ha tomado de las ediciones ante- riores. Se lo ha sometido, con todo, a una escrupulosa revisión. Con lo que se han eliminado todas las erratas manifiestas de imprenta, así como, ocasio- nalmente, descuidos del propio manuscrito, en parte después de detenido exa- men de las fuentes. Las correcciones del texto propuestas por Otto Hintze 13 han podido admitirse, con excepción de unas pocas. Por lo demás, aparte 9 Cf. pp. 228 SS. 10 Cf. p. llOI. 11 Cf. p. 236. 12 Cf. p. 1063. 13 En los comentarios a la 2~ ed. de Economía y sociedad (Schmcll. Jb. ["Anuario de Schmoll."), año 50, 1926, pp. 87·88). xn PRÓLOGO A LA CUARTA EDICIÓN ALEMANA de dichas correcciones necesarias, el texto mismo no se ha modificado en nada. Sólo en la sección sexta ( inacabada) del capítulo IX de la segunda parte se ha procedido, con objeto de conseguir una artic?l~ción ~oncl.usiva, a trasposiciones del texto en tres lugares. 14 El anexo musico-socwlógiCO se comparó con la primera edición de la obra particular del año 1921, compro- bándose que tampoco ésta era absolutamente segura: Diversas de~icie~cias del texto de la investigación de Max Weber en relaciÓn con la rac1onahdad y la sociología de la música pudieron en esta forma eliminarse. Por la información amablemente proporcionada en relación con una serie de modismos extranjeros en materia indológica, orientalista y etnológica, así como por las múltiples molestias que a tal objeto se han tomado, quiero expresar también aquí mi más sincero agradecimiento a los señores pastor Dr. Ernst L. Dietrich, Wiesbaden; profesor Dr. Otto Eissfeldt, Halle-Saale; profesor Dr. Helmulth von Glasenapp, Tubinga; profesor Dr. Hellmut Rit- ter, Francfort del Meno; y profesor Dr. Franz Tcrmer, Hamburgo. Estoy asimismo cordialmente agradecido a los señores profesores Dr. Carl Schmitt, Plettenberg; profesor Dr. Rolf Stodter, Hamburgo; y antiguo profesor Dr. Carl Brinkmann, Tubinga, por la aclaración de algunos términos particulares. Fi- nalmente, el profesor Dr. Walter Gerstenberg, Tubinga, se ha encargado, en forma por la que le estoy también muy obligado, de la revisión de diversos conceptos de la teoría de la música así como de la revisión final del texto de la Sociología de la música. El concurso desinteresado de todas las perso- nas citadas es el que ha permitido conseguir un texto seguro de la obra prin- cipal póstuma de Max Weber. Y por último, vaya mi agradecimiento no menos sincero al editor, señor Hans C. Siebek, quien se ha decidido a aceptar la modificación en principio por mí propuesta de la obra y me ha confiado la tarea ligada a la ejecución de la misma, prestándome además la editorial su valioso concurso en dicha realización. El manuscrito de Economía y sociedad no pudo ser consultado, ya que no se encuentra y es posible que haya de considerarse como perdido. Si algún día se llegara a encontrar, entonces una nueva revisión del texto habrá de revelar si las lecciones y las diversas conjeturas formuladas, así como los títulos de los capítulos, secciones y parágrafos de la segunda parte pueden mantenerse o no. Es posible que en tal caso puedan colmarse asi- mismo eventuales lagunas de la presente edición. Los corchetes del texto, en la medida en que no figuren ya en las ediciones anteriores, designan adiciones del refundidor de la obra. Un índice de las lecciones informa acerca de las correcciones del texto a partir de la primera edición. Se han añadido aclaraciones críticas del mismo. La tabla de materias se ha refun- dido y ampliado considerablemente. Lo que precede no se aplica en modo alguno a la sección final del último capítulo añadida a la segunda parte a manera de conclusión. La socio- logía del Estado que Max Weber tenía en vista no se llevó a ejecución. Se ha efectuado aquí el intento -esencialmente desde el punto de vista del interés didáctico- de colmar dicha laguna mediante adición de las ideas 14 Cf. pp. 850-56, 875 s., 882-89. PRÓLOGO A LA CUARTA EDICIÓN ALEMANA XIII fundamentales de Max Weber en materia de sociología del Estado, a partir de su Wirtschctftsgeschichte ("Historia de la economía"), 1 ~ de edición pós- tuma también, así como de su tratado Parlament und Regierung im neu- geordneten Deutschland ("Parlamento y gobierno en la nueva ordenación alemana") 16 y de la conferencia Politik als Beruf ("La política como profe- sión") .n Semejante atrevimiento suscita reparos considera bies y hubo de sopesarse cuidadosamente. En el artículo citado al principio,18 el refundidor ha señalado hasta qué punto el pensamiento y las actividades docentes y de conferenciante de la última época de Max Weber se habían dedicado a dicha problemática, cuya exposición en el marco de su sociología del dominio había de ser objeto todavía de elaboración, de modo que existen inclusive impresas algunas partes aisladas de la misma, aunque esencialmente a título de trabajos preliminares. La penetración, orientada por completo hacia la claridad de visión del proceso sociológico de plasmación del "Estado" racio- nal en las ilustrativas secciones y los comentarios teóricos relativos al Estado contenidos en las tres obras antes citadas, recoge en su concreción el material ideológico de los conceptos y ternas de la obra principal y los anima con una visión interior, para documentar en esta forma al propio tiempo el lugar de las consideraciones sistemático-intelectuales. Las ideas fundamentales so- bre la sociología del Estado elaboradas por Max Weber en los últimos años y preformadas en las obras mencionadas se adaptan en forma sorprendente, aun sin haber recibido por parte del autor su formulación definitiva de cara a la obra principal, a la concepción conjunta aparente en la nueva edición de Economia y sociedad, e ilustran la conexión unitaria del pensamiento de aquél a propósito del conjunto de la sociología del dominio. De la inteli- gencia de dicha conexión interna resulta al propio tiempo la articulación lógica de los comentarios relativos a la sociología del Estado añadidos al final de la obra principal en la subdivisión efectuada. El título principal de la novena sección expresa el propósito efectivamente expuesto en el mismo, en coincidencia lógica con el plan originario y con la propia terminología de Max Weber. La segunda división en parágrafos y la elección de los títulos hubo de practicarlas el refundidor. A tal disposición se han adaptado la selección y la sucesión de las partes, practicando muchas ~rasposiciones y dejando de lado to- dos aquellos comentarios que no se refieren a los aspectos estructural y funda- mental. Con excepción de una frase insignificante de transición, de la que difícilmente podía prescindirse, el texto es también aquí el de Max Weber, habiéndose eliminado únicamente los puros juicios de valor y transportándose reiteradamente la formulación del modo de elocución al de enunciado. Corno quiera que las obras originarias se encuentran a disposición del público, no se formularán contra la forma de tratamiento del texto para los fines particu- lares de la presente edición reparos contundentes. He de agradecer particular- mente al propietario de la Editorial Ducker & Humboldt, señor Dr. Hans 15 Wirtschaftsgeschichte. Abriss der universalen Sozial - und Wirtschaftsgeschichte ("Historia de la economía. Compendio de la historia universal social y económica"), 1~ ed. 1923; 2~ ed. 1924. 16 Redactado en el verano de 1917, publicado en refundición en 1918. 11 Conferencia sustentada el invierno de 1918, impresa en otoño de 1919. 18 Z.f.d.g. StW. ("Revista para la ciencia conjunta del Estado"), vol. 105, pp. 372, 376, 386. XIV PRÓLOGO A LA CUARTA EDICIÓN ALEMANA Broennann, editor de las obras consultadas para la selección, la amable auto- rización de la reproducción de los pa~ajes escogidos del texto. Por supuesto, no ha de subsistir duda alguna en cuanto a que se trata en esta empresa de un sucedáneo, y que aquello que en la selección prac- ticada se ha ordenado desde puntos de vista sistemáticos figura corno pctTs pro toto, de modo que los comentarios existentes no agotan en modo alguna los ternas de una sociología del Estado. Habrá que aceptar, además, cierta falta de uniformidad en materia de dicción. f:sta no se funda únicamente en el hecho de la modificación parcial del enunciado originario mediante adición y eliminación. Debe alegar en justificación de la misma que las obras póstumas, que sólo nos trasmiten la palabra de Max Weber de manera indirecta, ya están de todos modos publicadas, y que en la sección añadida nada figura que no haya sido ya impreso y documentado -en su irregula- ridad estilística- con el pensamiento y la convicción de Max Weber. Añádese a ello, antes bien, el carácter cambiante del estilo del pensarnienta de las digresiones esparcidas por el texto, las cuales, introducidas por el in- vestigador en el respectivo lugar ocasional a título de aclaración y funda- mentación, se vuelven a colocar ahora, conforme a su origen teórico, en el "lugar tipológico" correspondiente del conjunto. Recuérdese, además, que también los distintos estratos del manuscrito de Economía y sociedad perte- necen a periodos de tiempo distintos y que, en él, las formas de pensamiento sintético-tipológica, genético-analítica y polémica figuran por doquier una al lado de otra, como corresponde a la manera de trabajar y al impulso intelec- tual de Max Weber. Hay que tener en cuenta, finalmente, que la novena sección comporto~ (aunque en extracto) órdenes de ideas fundamentales de Max Weber a pro- pósito de la sociología del Estado que han sido tornados de otras obras v, en parte, de apéndices, y que dichas ideas figuraban originariamente en otra conexión, no habiendo sido concebidas como contribución a Economía v sociedad, por lo que las partes reproducidas de Parlament und Regierung ("Parlamento y gobierno"), en particular, presentan un carácter político- programático. En su comentario previo a esa "crítica política de la burocra- cia y los partidos'', del año 1918, subraya Max Weber que "nada dice de nuevo para un estadista, pero que tampoco coincide con la autoridad de um ciencia. Porque las últimas actitudes del querer no se pueden decidir con los medios de la ciencia". Sus exposiciones del tratado en cuestión culminan con la elaboración de una determinada forma de Estado y la torna de posi- ción deliberada en favor de la misma, a saber: la de la democracia parla- mentaria, tal como se ha desarrollado a partir de la segunda mitad del si- glo xrx; y el punto de vista desde el cual para ello se juzga no es el puuto de vista estrictamente empírico de la "ciencia, neutral" 19 frente a las adi- tudes sociales confirmadas. Es de aplicación, en este sentido, la propia sentencia de Max Weber: "Para toda opinión de partido -p. ej. también para la mía- se dan hechos sumamente incórnodos." 20 Max Weber se ha- bría negado decididamente a admitir en su obra, en esta forma, las opiniones 1!1 Cf. pp. !58 S. !!U Wisscusd•afslcllrc ("Teoría de ];¡ ciencia.'), 2'.1 ccl., p. 587. PRÓLOGO A LA CUARTA EDICIÓN ALEMANA XV suyas que acabamos de reproducir y que no fueron formuladas como cientí- ficas en el sentido de la "sociología libre de valores"; 21 manifestó claramente su punto de vista al respecto en ocasión del tratamiento crítico del gobierno parlamentario de gabinete por Wilhelm Hasbach.22 Y si pese a ello aquí se hace de todos modos, aunque con las reservas expresas que se acaban de formular, es porque estas manifestaciones de principio de Max Weber ponen de relieve en forma plástica su pensamiento en materia de sociología del Estado, pudiendo atribuírseles en consecuencia un valor aclaratorio tal que, por muy fielmente que se quiera proceder no se las puede con todo sustraer, en su "lugar tipológico" correspondiente, a aquel que trata de penetrar en el pensamiento de la sociología de Max Weber como un todo. Si se admiten esos puntos de vista, entonces podrá aparecer como justi- ficado el intento de proporcionar, por razones didácticas y como comple- mento de la obra, una visión de la concepción y la materia conjuntas, procu- rando así que las opiniones teóricas fundamentales de Max Weber en materia de sociología del Estado racional, diseminadas en diversos lugares fuera de la obra principal, no pasen inadvertidas o sean ignoradas en la conexión sistemática de significado universal en que se hallan en verdad. Estos pensamientos y la admisión en extracto de determinadas secciones parciales, a la que aquí se ha procedido, no han de conducir a pasar por alto la importancia propia de la conferencia de Max Weber sobre Politik als Beruf ("La política como profesión") en su conjunto. En efecto, ésta sólo ofrece explicaciones teóricas de los supuestos sociológicos de la actividad racional del Estado y de los partidos modernos a título preparatorio, en tanto que su propósito específico, expresado en el título, está en la particular si- tuación de conflicto en que, en las condiciones de existencia del siglo xx, el político profesional se encuentra inevitablemente colocado. En tanto que el peso espiritual de la conferencia misma carga en las posibilidades y conse- cuencias de la vida política profesional y, ante todo, en los comentarios filo- sófico-morales acerca de los conflictos internos entre la política y la ética, desde el punto de vista de una sociología teórica, en cambio, sólo interesan las ideas básicas científico-sociales. En consecuencia, la temática peculiar de aquella obra no corresponde precisamente al ámbito de la exposición pre- sentada como "sociología del Estado". De ahí que nada se haya recogido aquí de este objeto esencial de la célebre disertación. Todos los esfuerzos dedicados a la articulación y la conformación del texto de Economía y sociedad no logran alterar el hecho de que, al morir, Max Weber dejara sin terminar su gran sociología. Esto es así tanto por lo que se refiere al plan conjunto como a todas las porciones no concluidas de las partes primera y segunda, y en esta última, en particular, a la socio- logía del Estado 28 y a la exposición de la teoría de las revolucione5.24 Pero es así también, y no en menor grado, en relación con el hecho de que ya no le fue dado a Max Weber incorporar al resto del manuscrito -que desde el 21 Cf.' p. 193. 22 Cf. p. 237. 23 Cf. p. 230. 2-4 Cf. p. 213. XVI PRÓLOGO A LA CUARTA EDICIÓN ALEMANA punto de vista de la terminología reproduce todavía la posición mental del artículo contemporáneo de 1913 .:;obre las categorías- el aparato conceptual adquirido por él después de 1918 en la teoría de las categorías de la parte primera.25 De ahí que las disquisiciones del manuscrito acerca de los con- ceptos fundamentales en él examinados se presupongan siempre, en lugar de la tipología conceptual de la primera parte, para la comprensión de la se- gunda. En consecuencia, sólo puede presentarse aquí el marco de la concep- ción conjunta en la medida en que ha sido llenado. Sin embargo, dentro de los límites trazados en esta forma, se espera de todos modos haber logrado obtener un texto lógicamente articulado que aclare la estructura interna de la obra y la contextura de su pensamiento como un todo coherente. En cuyo caso se habrá conseguido el objetivo perseguido por el refundidor, a saber: abrir a una comprensión mayor la obra prinCipal de Max Weber, mediante una mayor facilidad de lectura de la nueva edición y un acceso más fácil al curso lógico de su pensamiento, en beneficio de la investigación, de la ense- ñanza y la cultura. JoHANNES WINCKELMANN Oberursel, verano de 1955 25 Wisxnscbaftslehre ('"Teoria de la ciencia"), Z~ ed., pp. 427 ss. NOTA PRELIMINAR DE LA PRIMERA EDICION EN ESPANOL EL NOM;BRE de Weber tiene hoy un prestigio universal. Sin embargo,. algo como un destino adverso le persigue aun en su propia gloria, pues nimba las más de las veces a lo que es en realidad una figura desc'?nocida ante la que sería tan incorrecto como delatador omitir gestos reverenciosos. Y todavía peor, lo que de su obra ha pasado al público y se repite en las aulas no deja de ser una deformación o caricatura de su propio pensamiento. Exceptuados los contados estudiosos de su obra completa, para los demás el nombre de Max Weber suele ir unido casi con .exclusividad al esquema de su interpreta- ción de los orígenes del capitalismo. Pero ese esquema, a fuerza de arrastrarse por los manuales, llega al público menudo convertido en un auténtico dis- parate que se reitera con la desenvoltura a que convida toda simplicidad. Cierto que aquí se repiten los azares que lleva consigo la popularización de pensamientos complejos y plantea una vez más el problema de los peligros de toda cultura aguada para hacerla asimilable. Pero en el caso de M. Weber la deformación se remonta a fuentes secundarias que, obra de investigadores muy estimables, surgieron, sin embargo, con un pecado de parcialidad. Y esto en el doble sentido de consideración parcial, no completa, o de visión prejuz- gada por intereses polémicos. Die protestctntische Ethik und der Geist des Kapítalismus (La Etica protestante y el espíritu del capitalismo}, libro que le abrió a la fama universal y uno de los dos traducidos hasta hace bien poco a otros idiomas (la excelente versión inglesa de Talcott Parsons es de 1930), se prestaba por sí a interpretaciones falseadas y más si se le desligaba del resto de su obra, en particular de sus otros estudios sobre la moral económica de las religiones universales, recogidos en sus Gesammelte Aufsatze zur Religions- soziologie. No pretendo ahora entrar en más detalles; me interesaba asentar un hecho y deducir para mí en estos momentos la debida lección. El hecho es deplorable; la lección, clara. El primero consiste en la creencia vulgar que atribuye a M. Weber la "teoría" de que el protestantismo es la causa del capitalismo. La segunda aconseja me limite hoy en estas líneas a unos breves datos y eluda la posibilidad de una presentación más acabada. El lector tiene ya abiertas las páginas del maestro y aunque a algunos pudiera series útil una guía que les orientara en el estudio de lo que tienen ante sí y les completase la visión de lo que les falta, en la medida en que ésta tendría que ser de modo inevitable una "interpretación" sujeta a errores, juzgo irreverente ampararla con el cuerpo que guarda la propia voz del pensador. No por eso renuncio al intento, y espero realizarlo alguna vez con responsabilidad desamparada. Fuera, además, de todo escrúpulo, la complejidad y riqueza del pensamiento weberiano obligarían a una extensión tal que habría de colmar la paciencia del lector afanoso por abrir cuanto antes su camino. Por otra parte, Econo- mía y sociedad, con ser todavía un libro inacabado, recoge y concentra el esfuerzo íntegro de la vida ele Weber y en él se hallan todos los temas de sus preocupaciones centrales. XVIII . NOTA PRELIMINAR DE LA PRIMERA EDICIÓN Los datos externos de la vida de Max Weber dibujan la escueta biografía poco romántica de un profesor. Nace en Erfurt el 21 de abril de 1864. Su padre, de igual nombre, fue Stadtrat de Berlín y diputado al Reichstag y al Landtag por el partido liberal nacional. Su madre, Helena Fallenstein, era mujer de religiosidad profunda y espiritualidad delicada. El joven Weber nace así en un hogar típicamente burgués, saturado de preocupaciones polí- ticas e intelectuales. De sus hermanos, Alfredo había de conquistar también elevado renombre. Bachiller, Max, en 1882, comienza en seguida sus estudios en derecho, siguiendo la profesión de su padre, pero no deja de trabajar con igual ahinco la economía, la historia y la filosofía. Esos estudios los realiza con el rigor típico de aqueiios días dorados de la Universidad alemana. En 1892 consigue su Habilitation para profesar los derechos mercantil y romano. En 1893 es profesor extraordinario de esas materias en la Universidad de Berlín. En 1894 le nombra la Universidad de Friburgo (de B.) profesor ordinario de Econo- mía, y la de Heidelberg le otorga igual cátedra en 1897. En 1903 una grave crisis nerviosa le separa por muchos años de la función docente. Concluida la guerra, acepta la cátedra de Sociología en la Universidad de Viena, que aban- dona en seguida por reintegrarse a su patria. En 1919 es profesor de Socio- logía y Ciencias del Estado en Munich, donde le sorprende la muerte el 14 de junio de 1920. Esas secas fechas y tales acontecimientos grisáceos encierran, sin embargo, una vida estremecida y rica, gastada con fervores de alta tensión. La biografía en profundidad por ellos enmarcada la escribió con piadosa inteligencia Mariana Weber, su esposa. El libro de esta mujer admirable (Max Weber. Eín Lebensbild, 1926) es documento imprescindible para los que quieran saber cómo fue el hombre y la atmósfera de su tiempo. Tejido con las innu- merables cartas de su marido -época en que el género epistolar era todavía manifestación de una vida íntima hoy casi perdida-, el recuerdo amoroso de Mariana no amengua la lucidez de los trazos, ni le impide pasar del plano cotidiano en que sacuden las tormentas de una existencia apasionada al nivel abstracto y sutil en donde se devanan las ideas del pensador. No hace mucho, la publicación de las cartas juveniles de Weber (Max Weber, Jugendbriefe, ed. Mohr) ha contribuido a completar la imagen que podemos formarnos de su persona. Los simples datos antes apuntados bastan ya para sugerir la trayectoria de su dedicación intelectual. Quien empezó por la enseñanza del derecho acaba, a través de la docencia económica, profesando una disciplina que es en sus manos un instrumento con que apoderarse de la historia universal. Mas,· tomado a la letra el esbozo de esa trayectoria, no sólo sería insuficiente sino expuesto a una mala interpretación. Pues no se trata de un "catedrático" que varía sus intereses docentes ni de un camino recorrido por sucesivas exclu- siones. El esfuerzo de Weber nada excluye; antes bien, en su titanismo, lo integra sin residuos, y su sentido total se encuentra ya preformado desde el principio. Y, sobre todo, porque nada sería más falso que destacar en él los rasgos del profesor. La actividad académica, dentro de sus artificiosas divi- siones, es en Weber un aspecto tan sólo de su personalidad desbordante. NOTA PRELIMINAR DE LA PRII\-IERA EDXCIÓN XIX La frecuencia con que hoy se afirma la actualidad de los escritos weberianos, o mejor dicho, el acudir a ellos como fertilizante depósito de inspiración por muchos de los que se afanan por entender los oscuros fenómenos de nuestros días, tiene su explicación en la lucidez intelectual con que Max \Veber per- cibió el carácter transitorio de la realidad tn que vivía, y en la fuerza con que apresó, en el análisis de su propia sociedad, algunas de las tendencias que en ella se proyectaban ya hacia el futuro. Fue, de los hombres de su genera- ción, uno de los que más claramente se dieron cuenta de la divisoria en que todavía estamos y que, por lo mismo que rechazó toda profecía -y más si era ésta demagógica y de milenario-, pudo señalar sin ilusiones algunos de los hechos fatales frente a los que hoy nos debatimos. Mas ¿dónde están las raíces de aquella lucidez? No basta para explicarla la pasión por el conocer, si a ésta no se une la pasión por la acción. Y la acción es lo que el hombre puede y debe hacer en una circunstancia dada con plena aceptación de su responsabilidad, es decir, con la conciencia asequible de todas sus posibles consecuencias. El rigor con que Weber concibió la misión del hombre y la forma en que en su propia vida la actualizó, son el mejor punto de partida para entender el sentido de su tarea intelectual. Porque Weber se esforzó en todo momento por señalar lo que era posible y hacedero, la forma en que el hombre podía cooperar con inteligencia en su propio destino, tuvo que con- templar lo contemporáneo con ojos de historiador y arrojarse en la historia desde sus intereses contemporáneos. Y porque tuvo tal aetitud indivisa ante la vida fue con igual autenticidad un político, un filósofo y un investigador de pretensiones gigantes. Así lo presenta Jaspers: "Si Max \Veber es político, investigador y filósofo, no, sin embargo, una cosa junto a otra. Es el hombre entero el que se encara con un mundo de enormes dimensiones desde el fondo de su alma, afanosa de verdad. Como filósofo es político, y como polí- tico, investigador." Si concebimos la política en su más noble sentido, como una preocupa- ción activa y sin tregua por el destino de la propia comunidad dentro de una determinada constelación de fuerzas mundiales, Max Weber fue desde siem- pre y ante todo un político. Pero la política es, además, otras cosas que el pensador conocía muy bien y que comprobó .duramente en su existencia. lloy podemos contemplar las pretensiones políticas de Weber y su fracaso desde diversos ángulos. Uno, el más alejado de las consideraciones intelec- tuales de estas líneas, consistiría en imaginar lo que hubiera sido la historia alemana, y, por ende, la europea y la mundial, de haber prevalecido algunas de sus opiniones y consejos. Nada más lejos de la presente barbarie que el destino cultural que \Veber señalaba a su patria, intensa y noblemente querida. Otro nos tienta a ver en Weber el ejemplo patético del destino del intelec- tual en la política. Sabía muy bien -y nadie como él ha dibujado la imagen del auténtico hombre de Estado- que la política lleva consigo el pragma de la fuerza, y que no bastan ni la actitud responsable, ni la fe y el conoci- miento de los hechos fundamentales. Pero no sólo falló en él la voluntad ~e po~e;ío si?o el adelgazamie~to extremado de su moral de responsabilidad. Es qmza pos1ble despertar aquella y aceptarla con la conciencia de su instru- XX NOTA PRELIMINAR DE LA PRIMERA ECICIÓN mentalidad necesaria, pero está condenada a extinguirse sin remedio si se la somete a la tremenda presión de una responsabilidad moral e intelectual de consecuencia ilimitada. El fracaso de Weber, a que está expuesto todo inte- lectual verdadero, estuvo en su incapacidad de compromiso, en su negativa a pactar con las fuerzas subterráneas y demoniacas que rodean al poder, y sobre todo en su desdén por la mentira, el engaño dorado y las falsas ilusiones. Lo grave es que Weber percibiera que tal situación tenía cabalmente su máximo dramatismo en la sociedad de masas de nuestros días. Pero aquello en que más debiera insistir, si me permitiera ser infiel a mis propósitos, es la conexión que tiene en Weber esta su pasión "política" con su concepción de la ciencia. Para él la acción y la ciencia se exigen recíproca- mente. Es decir, la justificación de la ciencia se encuentra en las posibilida- des de la acción racional, de igual manera a como sólo puede darse la acción responsable si consideramos posible el conocimiento racional. Su concepto de la "ética de responsabilidad" antes aludido es el supuesto de sentido de una compleja metodología. Los estudios filosóficos de Weber, si bien surcados con profundas visiones, caen propiamente en el campo fronterizo de la metodología. Y, sin embargo, Jaspers -y no es el único- ha dicho que él fue para su tiempo "el filósofo verdadero". El pensador existencialista nos da de ello una razón existencial: "Max Weber no tuvo filosofía alguna; él era una filosofía." Y en este sentido fue filósofo negando a la Filosofí~. En una época de decadencia y de predo- minante escolástica filosófica, en la que quizá es ya imposible la aparición del gran sistema y con él la reanudación de su misión iluminadora, Weber buscaba el conocimiento del hombre y de unas cuantas verdades esenciales con medios distintos de los especulativos, con el instrumento del saber em- pírico de la historia. Para ello quizá bastaba con fundamentar "la objetividad del conocimiento histórico social". Las publicaciones de Weber abarcan temas tan dispares que en su con- junto pueden dar la impresión de una completa falta de unidad. Pero si des- cartamos determinados estudios rigurosamente técnicos ( Zur Psychophysik der industrieUen Arbeít, por ejemplo, y algunos otros) y, sobre todo, si parti- mos de lo que se ha llamado su segunda fase -desde la crisis de su enfermedad (1903)-, puede sostenerse que toda la investigación de Weber está orientada por un solo motivo: el de comprender su propia época en su pleno signifi- cado, actual e histórico. Su af!m de comprensión, que es al mismo tiempo de orientación -o mejor, fundado en éste-, se traduce en su extremo rigor en una pregunta que abarca en sí cuajadas posibilidades de ramificación: ¿Qué es lo constitutivo y peculiar de la civilización occidental? Desde la música armónica al partido político, pasando por otros fenómenos al parecer muy heterogéneos, nos encontramos con una serie de cosas que sólo en Occidente se ofrecen en su forma cabal. ¿Por qué aquí y no en otras partes? ¿Qué con- secuencias tiene para nuestra vida este hecho singular? Al cabo, de manera abstracta y como hipótesis de interpretación de nuestra historia, se impone averiguar el origen y desarrollo progresivo del predominio de lo racional en todos los aspectos del espíritu y de la cultura. El proceso de racionaliza- ción, como decía Weber, que llega hasta nosotros cargado de destino. Pero NOTA PREI.Il\IINAR DE LA PRIMERA EDICION XXI si tratarnos de captar sus manifestaciones singulares, hay alguna de entre ellas que pudiera parecer decisiva. De ahí el terna más conocido de las investiga- ciones weberianas: el de la formación y peculiaridad de "nuestro" capitalismo. Pero es cabalmente el análisis de este problema lo que lleva a Weber a una de las dilataciones más fecundas del ámbito de sus pesquisas, al estudio socio- lógico de las grandes religiones. Lo que hoy día llamamos sociología de la religión, más allá de sus expresiones "primitivas", tiene en esos estudios su verdadero origen. Y, asimismo, puede considerarse impulsado por idén- tico afán de conocimiento su trabajo sobre la situación agraria en la Anti- güedad ( Agrarverhiiltní.sse im Altertum, Hwb. der Staatswissenschaften), que es propiamente un "análisis sociológico completo del mundo antiguo contemplado desde la perspectiva de los problemas sociales básicos del pre- sente inmediato" ( Salomon). La respuesta a la pregunta fundamental antes formulada no alcanzó en \Vcber un desarrollo sistemático y acabado. La· mayor aproximación se en- cuentra, sin embargo, en Economía y sociedad. El libro que el lector tiene ahora entre sus manos es para muchos la obra cumbre de la sociología alemana o, si queremos evitar polémicas, una de entre las cuatro o cinco más importantes. Y, sin embargo, Weber eludió siempre el nombre de sociólogo. De ello cabe aducir razones diversas que conviene apuntar. Sin duda alguna, está ante todo la repugnancia de todo hombre auténtico -no del personaje- en verse clasificado y maniatado por motejos y encamisado con títulos adversos a la renovación permanente del espíritu. Por otra parte, Max Weber no quería engañar a los demás. "La mayor parte -dice- de lo que por ahí circula bajo el nombre de sociología es pura patraña." No es difícil imaginar las reacciones de su rigurosa con- ciencia científica, con su extremada precisión de los hechos y los conceptos, ante el caos vagaroso de tanto escrito hecho pasar por sociológico. Lo que en él era una disciplina arraigada en sus más profundos intereses de conoci- miento, era en otros una moda aprovechada en el logro de una situación o instrumento falseado con fines extracientíficos. De Weber acá las cosas han variado bastante y a ello contn'buyó él mismo en buena medida. Pero queda todavía suficiente patraña -"camelo" verdadero, en lenguaje madri- leño- para que muchos, muy lejos de la talla de Weber, vean con horror que alguna vez cae sobre ellos aquel imponente calificativo. Una última razón tiene particular interés. Weber se resignaba, sin duda, a ser llamado por el título de su cátedra, pero en el caso de la sociología ocurría lo siguiente: que era, según él, una disciplina que no podía enseñarse en cuanto tal. Veía con justeza que la 50ciología es un término y no un prin- cipio de la ciencia social, y que para llegar a ella se requería una experiencia considerable en otros campos de las ciencias sociales particulares. Puede esto ser discutido. Pero no cabe duda que aquí se ofrece un problema de enseñanza en el que no se han parado nunca a meditar los ideadores de nues- tros curricula universitarios, empeñados en encajar la "asignatura", con regu- laridad sorprendente, en los primeros años de las "carreras". XXII NOTA PRELIMINAR DE LA PRIMERA EDICIÓN Creo poder afirmar sin error que de \.Veber sólo existían hasta estos momentos dos traducciones castellanas: su ensayo La decadencia de la cultura antigua (Die sozialen Gründe des Untergangs der antíken Kultur, 1896), publicado por la Revista de Occidente (ni? xxxvii, p. 25) y su Historia económica general (\Vírtschaftsgeschíchte), traducida por Manuel Sánchez Sarto y publicada por el Fondo de Cultura Económica en 1942. Tampoco creo equivocarme si digo que Economíct y sociedad (\Virtschaft und Gesellsclzaft, 1922) es la primera vez que aparece íntegramente traducida en lengua alguna. La anun- ciada versión inglesa de Talcott Parsons -uno de los mejores conocedores actuales de Max Weber- sólo comprenderá la primera parte. Por eso mismo, ahora que la suerte está echada, no puedo evitar cierta aprensión de temor. Economía y sociedad es un libro póstumo que editara Mariana Weber luego de una trabajosa compulsa, ayudada por Melchior Palyi, del manuscrito legado por su marido. De ella procede la ordenación de los capítulos. La obra se encuentra inacabada en algunas partes y habría tenido seguramente otra factura -eliminación de ciertas repeticiones, etc.- si Max \.Veber hu- biera podido dar cima a sus planes. Elestilo en que está escrita parece responder en sus mayores proporciones a una sola preocupación, la del rigor conceptual Pero ello lo hace suma- mente difícil, como todo aquel que pasara alguna vez por el original alemán sabe perfectamente. Pues bien, cuando el Fondo de Cultura Económica se decidió con notorio valor a emprender la tarea de esta versión, tuvo que encararse con algunos problemas. No era posible, por lo pronto, encargar la obra a una sola persona, si no se quería aplazar en algunos ai'ios su publica- ción. Hubiera sido, además, improbable -aunque sólo sea por la variedad de especializaciones científicas que en ella se contiene- que nadie hubiera aceptado para sí tan pesada carga. Se decidiÍ>, pues, entregar la traducción a distintos especialistas. Pero entonces surgía el otro problema de la unifica- ción estilística y de tem1inología. Creo que ambos se han resuelto de modo satisfactorio. Si a mí se me excluye, bastan los nombres de las personas que colaboraron en la traducción para que el lector pueda esperar con confianza que se haya alcanzado el nivel de seriedad requerido. Los señores Juan Roura Parella, Eduardo Carda Máynez, Eugenio 1maz y José Ferrater Mora, de conocidos merecimientos en el mundo intelectual, no regatearon esfuerzo alguno y a ellos van ante todo los mejores agradecimientos del editor. El pro· blema de unificación aludido ha sido, por eso, mucho menor de lo que se creyó y me parece suficientemente logrado. JosÉ MEDINA ECUAVARRÍA DEL PROLOGO A LA PRil\1ERA EDICION L.... l't:liLICACIÓN de esta obra póstuma principal del autor presentaba lógica- menh; muchas dificultades. No se disponía de plan alguno para la cons- trucción del todo. Sin duda, el que se halla esbozada en las páginas x y XI del volumen primero del Grundriss der Sozialokonomik ("Elementos de la economía social") proporcionaba algunos puntos de referencia, pero dejaba a un lado, en cambio, otros esenciales. Algunas secciones son incompletas y han de permanecer en tal estado. La indicación del contenido de los capí- tulos sólo se había fijado para la Rechtssoziologie ("Sociología del dere- cho"). Algunos de los ejemplos utilizados para la ilustración de procesos típicos importantes se repiten varias veces, aunque siempre bajo una nueva luz. Es posible que si le hubiera sido dado refundir en forma coherente la obra conjunta, el autor habría dejado de lado algunas cosas. Sin embargo, el refundidor sólo ha podido tomarse esta libertad en unos pecas pasajes. -El descifrado de los manuscritos, cuyo mérito corresponde en gran parte al linotipista de los editores, en particular por lo que se refiere a las grafías correc- tas de los numerosos vocablos especializados de origen extranjero, dio lugar a muchas dudas y encuestas, y es posible que a pesar del amable concurso de diversos especialistas se haya incurrido en algunas discrepancias. MARIANNE \V EDER Heidelberg, octubre de 1921 PR(>LOGO A LA SEGUNDA EDlCIOI'\ LA OBRA se ha depurado de las erratas de impresión y se ha dividido, para su manejo más fácil, en dos tomos. Además se ha añadido a manera de apéndice la disertación músico-sociológica, pero sin incorporar su contenido al registro de materias, cuya refundición no fue posible en aquel momento. Parecía indicado integrar dicho complicado trabajo, aparecido primero como opúsculo aislado con un prólogo del profesor Th. Kroyers, a quien corresponde el mérito de una revisión esmerada de las expresiones técnicas, en la obra sociológica de l\1ax Weber con la que tiene mayor conexión, aunque indirecta. Constituye la primera piedra de una sociología del arte que el autor tenía en proyecto. Lo que en la primera investigación de las construcciones musicales del Oriente y del Occidente le impresionó ante todo fue el descubrir que también y precisamente en la música -el arte que al parecer fluye con mayor pureza del sentimiento- juega la ratio un papel tan importante, y que su peculiaridad occidental, lo mismo que la de la ciencia '" de todas las demás instituciones estatales v sociales en dicha área, se lnlh.~· condicionada por nn racionalismo de natuialcza específica. Duran- XXIV PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN te su estudio de esa esquiva materia comentaba en 1912 en una carta: "Es probable que escriba algo acerca de ciertas condiciones sociales de la música, a partir de las cuales se explica que sólo nosotros poseamos una música 'ar- mónica', siendo así que otros círculos de cultura tienen un oído mucho más fino y una educación musical mucho más intensa. Y, ¡cosa curiosa!, es, como habremos de verlo, una obra de los monjes." ::\fARIAN:SE \VEBER Heidelberg. marzo de 1925 A la memoria de mi madre ELENA WEBER DE FALLENSTEIN 1844-1919 Primera Parte TEORlA DE lAS CATEGORtAS SOCIOLóGICAS l. CONCEPTOS SOCIOLóGICOS FUNDAMENTALES Advertencia preliminm: El método de esta introductoria definición de conceptos, de la que no puede prescindirse fácilmente no obstante ser de modo inevitable abstracta y lejana, al parecer, de la realidad, no pretende novedad en modo alguno Al contrario, sólo desea formular -teniendo la esperanza de haberlo consegui- do- en forma más conveniente y correcta (quizá por eso con cierta apariencia pedante), lo que toda sociología empírica entiende de hecho cuando habla de las mismas cosas. Esto aun allí donde se empleen expresiones al parecer no habitua- les o nuevas. En relación con mi artículo en Logos (IV, 1913, pp. 253 ss.) la terminología ha sido simplificada en lo hacedero, y modificada muchas veces con el propósito de hacer fácil su comprensión en la mayor medida posible. Desde luego, la exigencia de una vulgarización absoluta no es siempre compatible con la de una máxima precisión conceptual y ésta debe predominar sobre aquélla. Sobre el concepto "comprender'' (Verstehen) cf.la obra de K. Jaspers: Allgeme- ine Psychopathologie, "Psicopatología general" (también algunas observaciones de Rickert en la segunda edición de Grert%en der nttturwissenschaftlichen Be- griffsbildung, "Límites de la formación conceptual de las ciencias naturales", y particularmente de Simmel en Probleme der Geschichsphilosophie, "Problemas de filosofía de la historia", corresponden a la cuestión) . Metodológicamente remito aquí, como se ha hecho con frecuencia, al antecedente de F. Gottl en S!l obra Die Hemchaft des Worts, "El imperio de la palabra", escrita ciertamente en un estilo difícil y que quizá no lleva hasta su plenitud el pensamiento en ella encerrado. Y por lo que respecta al contenido, al bello libro de F. Tonnies, Gemeinschaft und Gesellschaft, "Comunidad y sociedad". Por último, a la equi- vocada obra de R. Stammler: Wirtschaft und Recht ("Economía y Derecho". Trad. esp. Reus) y a su crítica contenida en mi artículo del Archiv für So%údwis- sensclutft (XXIV, 1907), que ofrece en gran medida los fundamentos de lo que ,.a a ser expuesto. De la metodología de Simmel (en la Sociología [trad. esp. Rev. Occ.] y en Filosofía del dinero) difiero en la separación que llevo a cabo, siempre que ha sido factible, entre "sentido" mentado y "sentido" objetivamente válido, los cuales Simmel no solamente no distingue siempre, sino que con frecuencia permite de modo deliberado que se deslicen confundidos. § l. Concepto de la sociología y del "significado" en la acci6n social. Debe entenderse por sociología (en el sentido aquí aceptado de esta palabra, empleada con tan diversos significados) : una ciencia que pretende entender, interpretándola, la acción social para de e5a manera explicarla causalmente en su desarrollo y efectos. For "acción" debe entenderse una conducta hu- mana (bien consista en un hacer externo o interno, ya en un omitir o permi- tir) siempre que el sujeto o los sujetos de la acción enlacen a ella un sentido subjetivo. La "acción social", por tanto, es una acción en donde el sentido mentado por su sujeto o sujetos está referido a la conducta de otros, orien- tándose por ésta en su desarrollo. 6 CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS FUNDAMENTALES J. FUNDAMENTOS METODOLÓGICOS l. Por "sentido" entendemos el sentido mentado y subjetivo de los sujetos de la acción, bien a) existente de hecho: a) en un caso históricamente dado, fJ) como promedio y de un modo aproximado, en una determinada masa de casos: bien b) como construido en un tipo ideal con actores de este carácter. En modo alguno se trata de un sentido "objetivamente justo" o de un sentido "verdadero·· metafísicamente fundado. Aquí radica precisamente la diferencia entre las cien- cias empíricas de la acción, la sociología y la historia, frente a toda ciencia dog- mática, jurisprudencia, lógica, ética, estética, las cuales pretenden investigar en sus objetos el sentido "justo" y "válido". 2. Los límites entre una acción con sentido y un modo de conducta simple- mente reactivo (como aquí le denominaremos), no unido a un sentido subjeti- vamente mentado, son enteramente elásticos. Una parte muy importante de los modos de conducta de interés para la sociología, especialmente la acción puramen- te tradicional, se halla en la frontera entre ambos. Una acción con sentido, es decir, comprensible, no se da en muchos casos de proc<.'Sos psicofísicos, y en otros sólo existe para los especialistas; los procesos místicos, no comunicables adecua- damente por medio de la palabra, no pueden ser comprendidos con plenitud por los que no son accesibles a ese tipo de experiencias. Pero tampoco es necesaria la capacidad de producir uno mismo una acción semejante a la ajena para la posi- bilidad de su comprensión: "no es necesario ser un César para comprender a César''. El poder "revivir" en pleno algo ajeno es importante para la evidenciJ de la comprensión, pero no es condición absoluta para la interpretación del sen- tido. A menudo los elementos comprensibles y los no comprensibles de un pro-- ceso están unidos y mezclados entre sí. 3. Toda interpretación, como toda ciencia en general, tiende a la "evidencia". La e\'idencia de la comprensión puede ser de carácter racional (y entonces, bien lógica, bien matemática) o de carácter cndopático: afectiva, receptivo-artística. En el dominio de la acción es racionalmente evidente, ante todo, lo que de su "conexión de sentido" se comprende intelectualmente de un modo diáfano y exhaustivo. Y hay evidencia endopática de la acción cuando se re\'ive plenamente la "conexión de sentimientos" que se vivió en ella. Racionalmente comprensibles -es decir, en este caso: captables en su sentido intelectualmente de un modo inmediato y univoco-- son ante todo, y en grado máximo las conexiones signifi- cativas, recíprocamente referidas, contenidas en las proposiciones lógicas y mate- máticas. Comprendemos así de un modo unh·oco Jo que se da a entender cuand.J alguien, pensando o argumentando, hace uso de la proposición 2 X 2 4, o de= los teoremas pitagóricos o extrae una conclusión lógic-a --de acuerdo con nuestros hábitos mentales- de un modo "correcto". De igual manera, cuando alguien, basándose en los datos ofrecidos por "hechos" de la experiencia que nos son "co- nocidos" y en fines dados, deduce {>ara su acción las consecuencias claramente inferibles (según nuestra experiencia) acerca de la clase de "medios" a emplear. Toda interpretación de una acción con arreglo a fines orientada racionalmente de esa manera posee -para la inteligencia de los medios empleados- el grado má- ximo de evidencia. Con no idéntica evidencia, pero sí suficiente par::. nuestras exi- gencias de explicación, comprendemos también aque11os "errores" (inclusive con- fusiones de problemas) en los que somos capaces de incurrir o de cuyo nacimiento podríamos tener una experiencia propia. Por el contrario, muchos de los "valores'' y "fines" de carácter último que parecen orientar 1:r acción de un hombre no los podenws comprender a menudo, con p1ena evidencia, sino tan sólo, en ciertas FUNDAMENTOS METODOLOGfCOS 7 circunstancias, captarlos intelectualmente; mas tropezando con dificultades cre- cientes para poder "revividos" por medio de la fantasía endopática a medida en que se alejan más radicalmente de nuestras propias valoraciones últimas. Tenemos entonces que contentamos, según el caso, con su interpretación exclusivamente intelecttud o, en detenninadas circunstancias -si bien esto puede fallar-, con aceptar aquellos fines o valores sencillamente como datos para tratar luego de hacemos comprensible el desarrollo de la acción por ellos moth·ada por la mejor interpretación intelectual posible o por un revivir sus puntos de orientación lo más cercano posible. A esta clase pertenecen, por eíemplo, muchas acciones vir- tuosas, religiosas y caritativas, para el insensible a ellas; de igual suerte, muchos fanatismos de racionalismo extremado ("derechos del hombre") para quien abo- rrece de ello. Muchos afectos reales (miedo, cólera, ambición, envidia, celos, amor, entusiasmo, orgullo, venganza, piedad, devoción y apetencias de toda suerte) y las reacciones irracionales (desde el punto de \'Ísta de la acción racional con arreglo a fines) derivadas de ellos podemos "revivirlos" afectivamente de modo tanto más evidente cuanto más susceptibles seamos de esos mismos afectos; y en todo c;:so, aunque excedan en absoluto por su intensidad a nuestras posibilidades, po- demos comprenderlos endopáticamente en S!l sentido, y calcul:.u intelectualmente sus efectos sobre la dirección y los medios de la acción. El método científico consistente en la construcción de tipos investiga y expone todas las conexiones de sentido irracionales, afectivamente condicionadas, del comportamiento que influyen en la acción, como "desviaciones" de un desarrollo de la misma "construido" como puramente racional con arreglo a fines. Por ejem- plo, para la explicación de un "pánico bursátil" será conveniente fijar primero cómo se desarrollaría la acción fuera de todo influía de afectos irracionales, para introducir después, como "perturbaciones", ltquellos componentes irracionales. De igual modo procederíamos en la explicación de una acción política o militar: ten- dríamos que fijar, primero, cómo se hubiera desarrollado esa acción de haberse conocido todas las circunstancias y todas las intenciones de los protagonistas y de haberse orientado la elección de los medios -a tenor de los datos de la experien- cia considerados por nosotros como existentes- de un modo rigurosamente ra- cional con arreglo a fines. Sólo así sería posible la imputación de las desviaciones a las irracionalidades que las condicionaron. La construcción de una acción rigu- rosamente racional con arreglo a fines sirve en estos casos a la sociología --en méritos de su evidente inteligibilidad y, en cuanto racional, de su univocidad- como un tipo (tipo ideal), mediante el cual comprender la acción real, influida por irracionalidades de toda especie (afectos, errores), como una desviación dd desarrollo esperado de la acción racional. De esta suerte, pero sólo en virtud de estos fundamentos de com·enicncia me- todológica, puede decirse que el método de la sociología "comprensiva" es "racio- nalista". Este procedimiento no debe, pues, interpretarse como un prejuicio racionalista de la sociología, sino sólo como un recurso metódico; y mucho me- nos, por tanto, como si implicara la creencia de un predominio en la vida de lo racional. Pues nada nos dice en lo más mínimo hasta qué punto en la realidad las acciones retJJ.es están o no determinadas por consideraciones racionales de fi- nes. (No puede negarse la existencia del peligro de interpretaciones racionalistas en lugares inadecuados. Toda la experiencia confirma, por desgracia, este aserto.) 4. Los procesos y objetos ajenos al sentido entran en el ámbito de las ciencias de la acción como ocasión, resultado, estimulo u obstáculo de la acción humana. Ser ajeno al sentido no significa "inanimado" o "no humano". Todo artefacto, una máquina, por ejemplo, se comprende e interpreta, en fin de cuentas, por el 8 CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS FUNDAMENTALES sentido que a su producción y empleo le presta (o quisiera prestar) la acción humana (con finalidades posiblemente muy diversas); sin el recurso a ese sentido permanece completamente incomprensible. Lo comprensible es, pues, su refe- rencia a la ciCci6n humana, ya como "medio", ya como el "fin" imaginado por el actor o actores y que orienta su acción. Sólo mediante estas categorias tiene lugar una comprensión de semejantes objetos. Por el contrario, permanecen ajenos al sentido todos los procesos o estados -animados, inanimados, humanos y extra- humanos- en que no se mienta un sentido, en tanto que no aparezcan en la acción en la relación de "medio" o de "fin", y sólo sean, para la misma, ocasión, estímulo u obstáculo. La formación del Dollart en el año 1277 tiene (¡quizá!) significación "histórica" como provocadora de ciertos asentamientos de conside- rable alcance histórico. El rihno de la muerte y el ciclo orgánico de la vida: desde el desvalimiento del nifio al desvalimiento del anciano, tienen naturalment~ alcance sociológico de primera fuerza por los diversos modos en que la acción humana se ha orientado y orienta por esos hechos. Otra clase de categorías está constituida por ciertos conocimientos sobre el desarrollo de algunos fenómenos físicos o psicofísicos (cansancio, hábito, memoria, etc.; y también, por ejemplo, euforias típicas en determinadas formas de mortificación, diferencias típicas de los modos de reacción según ritmo, modo, claridad, etc.) que. si se apoyan en la experiencia no implican comprensión. La situación es, sin embargo, la misma que la existente en otros hechos opacos a la comprensión: la "actitud comprensiva" los acepta en igual forma que lo hace cualquier actividad práctica, como "datos" con los cuales hay que contar. Cabe la posibilidad de que la investigación futura encuentre regularidades no sujetas a comprensión para determinadas conductas con sentido, por escasa que haya sido hasta ahora semejante cosa. Diferencias en la herencia biológica (de las "razas") por ejemplo --cuando y e:n la medida en que se aportara la prueba estadística de su influjo en los modos de conducta de alcance sociológico; especialmente en la acción social por lo que respecta a la manera de estar referida a su sentido-- se aceptarlan por la sociología como datos, ni más ni menos que los hechos fisiológicos del tipo de la necesidad de alimentación o de los efectos de la senectud sobre la acción humana. Y el reconocimiento de su significación causal para nada alteraría la tarea de la sociología (y de las ciencias de la acción en general): comprender, interpretándolas, las acciones orientadas por un sentido. No haría sino insertar en determinados puntos de sus conexiones de motivos, comprensibles e interpretables, hechos no comprensibles (así: conexiones típicas de la frecuencia de determinadas finalidades de la acción o del grado de su racio- nalidad típica con el índice craneano, el color de la piel o cualesquiera otras cuali- dades fisiológicas hereditarias), como ya hoy día ocurre en esa materia. 5. Puede entenderse por comprensión: 1, la comprensión actual del sentido mentado en una acción (inclusive: de una manifestación). Comprendenws, por ejemplo, de un modo actual el sentido de la proposición 2 X 2 = 4, que oímos o leemos (comprensión racional, actual, de pensamientos), o un estallido de cólern manifestado en gestos faciales, interjecciones y movimientos irracionales {com- prensión irracional, actual, de afectos), o la conducta de un lefiador o de alguien que pone su mano en el pomo de la puerta para cerrarla o que dispara sobre un animal (comprensión racional, actual, de acciones) -pero también: 2, la com- prensión explicativa. Comprendemos por sus motivos qué sentido puso en ello quien formuló o escribió la proposición 2 X 2 = 4, para qué lo hizo precisamente en ese momento y en esa conexión, cuando lo vemos ocupado en una operación mercantil, en una demostración científica, en un cálculo técnico o en otra acción FUNDAME!iTOS METODOLÓGICOS 9 ::t cuya conexión total pertenece aquclht proposición por el sentido que vemos >incul::tdo ::t ella; es decir, es::t proposición logra un::t "conexión de sentido" com- prensible para nosotros (comprensión racio~al por motivos). Compr~ndemos al leñador o al que apunta con un arma, no solo de un modo actual, smo por sm motivos, cuando sabemos que el primero ejecuta esa acción por ganarse un salario o para cubrir sus necesidades o por diversión (racional) o porque "reaccionó de tal modo a una excitación" (irracional), o que el que dispara el arma lo hace por una orden de ejecutar a alguien o de defensa contra el enemigo (racional) o bie~ por venganza (afectiva y, en este sentido, irracional). Compre?demos, por úlh- mo, un acto de cólera por sus motivos cuando sabemos que detras de él hay celo~. vanidad enfermiza u honor lesionado (afectivamente condicionado: comprensión irracional por motivos). Todas éstas representan conexiones de sentido compren- sibles, la comprensión de las cuales tenemos por una explicación del desarrollo real de la acción. "Explicar" significa, de esta manera, para la ciencia que se ocu- pa del sentido de la acción, algo así como: captación de la conexión de sentido en que se incluye una acción, ya comprendida de modo actual, a tenor de s~ sentido "subjetivamente ment-ado". (Sobre In significación causal de este "exph- car" cf. n9 6.) En todos estos casos, también en los procesos afectivos, entende- mos por sentido subjetivo del hecho, incluso de la conexión de sentido, el sentido "mentado" (apartándonos del uso habitual, que suele hablar únicamente de "men- tar", en la significación aludida, con respecto a las acciones racionales e intencio- nalmente referidas a fines) . 6. Comprensión equivale en todos estos casos a: captación interpretativa del sentido o conexión de sentido: a) mentado realmente en la acción particular (en la consideración histórica); b) mentado en promedio y de modo aproximativo (en la consideración sociológica en masa); e) construido científicamente (por el método tipológico) para la elaboración del tipo ideal de un fenómeno frecuente. Semejantes construcciones típico-ideales se dan, por ejemplo, en los concep- tos y leyes de la teoría económica pura. Exponen cómo se desarrollarla una forma especial de conducta humana, si lo hiciera con todo rigor con arreglo al fin, sin perturbación alguna de errores y afectos, y de estar orientada de un modo unívoco por un solo fin (el económico). Pero la acción real sólo en casos raros (Bolsa), y eso de manera aproximada, transcurre tal como fue construid,\ c11 el tipo ideal (respecto a la finalidad de tales construcciones, cf. Archiv. f. Sozialmiss., XIX, pp. 64 ss., e infra, el n9 8). Toda interpretación persigue la evidencia. Pero ninguna interpretación de sentido, por evidente que sea, puede pretender, en méritos de ese carácter de evi- dencia, ser también la interpretación causal válida. En sí no es otra cosa que una hipótesis causal particularmente evidente. a) Con frecuencia "motivos" pre- textados y "represiones" (es decir, motivos no aceptados) encubren, aun para el mismo actor, la conexión real de la trama de su acción, de manera que el pro- pio testimonio subjetivo, aun sincero, sólo tiene un valor relativo. En este caso la tarea que incumbe a la sociología es averiguar e interpretar esa conexión, aun- que no haya sido elevada a conciencia o, lo que ocurre las más de las veces, no lo haya sido con toda la plenitud con que fue mentada en concreto: un caso lí- mite de la interpretación de sentido. b) Manifestaciones externas dé la acción tenidas por nosotros como "iguales" o "semejantes" pueden apoyarse en conexio- nes de sentido muy diversas en el actor o actores; y "comprendemos" también un actuar fuertemente diverso, a menudo de sentido cabalmente opuesto, frente a situaciones que juzgamos "semejantes" entre sí. (Ejemplos en Simmel: Probl. der Geschicht.~phil.) e) En situaciones dadas los hombres están sometidos en su 10 CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS 1-'Ur..'DAMENTALES acción a la pugna de impulsos contrarios, todos ellos "comprensibles". Cuál sea la intensidad relativa con que se manifiestan en la acción las distintas referenci9s significativas subyacentes en la "lucha de motivos", para nosotros igualmente comprensibles, es cosa que, según la experiencia, no se puede apreciar nunca con toda seguridad y en la mayor parte de los casos ni siquiera de un modo aproxi- mado. Sólo el resultado efectivo de la lucha de motivos nos ilustra sobre ello. Como en toda hipótesis es indispensable el control de la interpretación compren- siva de sentidos por los resultados: la dirección que manifieste la realidad. Sólo en los escasos y especialmente adecuados casos de la experimentación psicológic-.t puede lograrse un control de precisión relativa. También por medio de la est1dís- tica, y con extraordinarias diferencias en la aproximación, en los casos (también limitados) de fenómenos en masa susceptibles de cuantificación y correlación. En los demás casos, y como tarea importante de la sociología comparada, sólo queda la posibilidad de comparar el mayor número posible de hechos de la vida histó- rica o cotidiana que, semejantes entre si, sólo difieran en un punto decisivo: el "motivo" u "ocasión", que precisamente por su importancia práctica tratamos de investigar. A menudo sólo queda, desgraciadamente, el medio inseguro dd "experimento ideal", es decir, pensar como no presentes ciertos elementos con5- titutivos de la cadena causal y "construir" entonces el curso probable que tendría la acción para alcanzar asi una imputación causal. La llamada "ley de Gresham", por ejemplo, es una interpretación racional evidente de la conducta humana en determinadas condiciones y desde el supues- to típic(}-ideal de una acción estrictamente racional con arreglo a fines. Hasta qué punto la conducta real concuerda con la construcción es cosa que sólo puede enseñarnos una experiencia (expresable, en principio, en alguna forma estadística) que compruebe en las relaciones económicas la desaparición efectiva de la mone- da de más valor; ello nos instruye sobre la amplia validez de la le~·. En realidad, la marcha del conocimiento es ésta: primero existieron las obscn·aciones de la experiencia y luego vino la fórmula interpretativa. Sin esta interpretación conse- guida por nosotros hubiera quedado insatisfecha nuestra necesidad causal. Pero sin la prueba, por otra parte, de que el desarrollo idealmente construido de los modos de conducta encarna en alguna medida también en la realidad, una ley semejante, tan evidente en sí como se quiera, hubiera sido una construcción sin ,·alor alguno para el conocimiento de la acción real. En este ejemplo es conclu- yente la concordancia entre adecuación de sentido y prueba en1pírica, y los casos son lo suficientemente numerosos para tener la prueba como suficientemente segura. La hipótesis de Eduard Mayer sobre la significación causal de las bat1- llas de Maratón, Salamina y Platea respecto de la peculiaridad del dcsarrol la cultura helénica (y, con ella, de la occidental) -hipótesis inferida por ar ción de sentido y apoyada ingeniosamente en hecl10s sintomáticos ( actit los oráculos y de los profetas helénicos para con los persas)- sólo puede torta- lecerse con la prueba obtenida de los ejemplos de la conducta seguida por los persas en los casos de victoria (Jerusalén, Egipto, Asia Menor) y, por tanto, en muchos aspectos tiene que permanecer incompleta. La evidencia racional inter- pretativa de la hipótesis tiene aquí que sen·ir forzosamente como apoyo. En otros muchos casos de imputación histórica, al parecer de gran evidencia, ni siquiera cabe la prueba del caso citado. Por consiguiente, la imputación queda dcfiniti,·a- mente como una simple hipótesis. 7. Llamamos "motivo" a la conexión de sentido que para el actor o el obser- vador aparece como el "fundamento" con sentido de una conducta. Decimos que una conducta que se desarrolla como un todo coherente es "adecuada por el FUNDAMENTOS METODOLÓGICOS 11 sentido", en la medida en que afirmamos que la relación entre sus elementos constituye una "conexión de sentido" típica (o, como solemos decir, "correcta") a tenor de los hábitos mentales y afectivos medios. Decimos por el contrario, que una sucesión de hechos es "causalmente adecuada" en la medida en que, Sl'- gún reglas de experiencia, exista esta probabilidad: que siempre transcurra de igual manera. (Adecuada por su sentido es, por ejemplo, la solución correcta de un problema aritmético, de acuerdo con las normas habituales del pensamiento y del cálculo. Es causalmente adecuada --en d ámbito del acontecer estadístico-- b probabilidad existente, de acuerdo con reglas comprobadas de ,la experiencia, de una solución "correcta" o "falsa" -desde el punto de vista de nuestras normas habituales- y también de un "error de cálculo" típico o de una confusión de problemas también típica.) La explicación causal significa, pues, esta afirmación: que, de acuerdo con una determinada regla de probabilidad -cualquiera que se;1 el modo de calcularla y sólo en casos raros e ideales puede ser según datos men- surables-, a un determinado proceso (interno o externo) observado sigue otro proceso determinado (o aparece juntamente con él). Una interpretaci6n causal correcta de una acción concreta significa: que el desarrollo e.xterno y el motivo han sido conocidos de un modo certero y al mismo tiempo comprendidos con Sl'ntido en su conexión. Una interpretación causal correcta de una acción típica (tipo de acción comprensible) significa: que el acaecer considerado típico se ofrece con adecuación de sentido (en algún grado) y puede también ser comprobado como ca.usalmente adecuado (en algún grado). Si falta la adecuación de sentido nos encontramos meramente ante una probabilidad estadística no susceptible de comprensi6n (o comprensible en forma incompleta); y esto aunque conozcamos la regularidad en el desarrollo del hecho (tanto exte- rior como psíquico) con el máximo de precisión y sea determinable cuantitativa- mente. Por otra parte, aun la más evidente adecuación de sentido sólo puede considerarse como una proposición causal corrcct:t para el conocimiento socioló- gico en la medida en que se pruebe la existencia de una probabilidad (determina- ble de alguna manera) de que la acción concreta tomará de hecho, con determi- nable frecuencia o aproximación (por término medio o en el caso "puro"), la forma que fue considerada como adecuada por el sentido. Tan sólo aquellas regularidades estadísticas que corresponden al sentido mentado "comprensible" de una acción constituyen tipos de acción susceptibles de comprensión (en b significación aquí usada); es decir, son: "leyes sociológicas". Y constituyen tipo: sociológicos del acontecer real tan sólo aque)las construcciones de una "conduct1 con sentido comprensible" de las que pueda observarse que suceden en In reali- dad con mayor o menor aproximación. Ahora bien, se está muy lejos de poder afir- mar que paralelamente al grado inferible de la adecuación significativa crezca la probabil!dad. efectiva de la frecuencia del desarrollo que le corresponde. Sólo por la experiencia externa puede mostrarse que éste es el caso. Hay estadísticas lo mismo de hechos ajenos al sentido (mortalidad, fatiga, rendimientos de máqui- nas, cantidad de lluvia) que de hechos con sentido. Estadística sociológica sólo es, empero, la de los últimos (estadística criminal, de profesiones, de precios, de cultivos). (Casos que incluyen ambas, estadísticas de cosechas, por ejemplo, son naturalmente frecuentes.) 8. Procesos y regularidades que, por ser incomprensibles en el sentido aquí empleado, no pueden ser calificados de hechos o de leyes sociológicos, no por eso son menos importantes. Ni tan siquiera para la sociología en el sentido por nos- otros adoptado (que implica la limitación a la "sociología comprensiva", sin que por ello deba ni pueda obligar a nadie). Sólo que pertenecen a un lugar distinto 12 CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS FUNDAMENTALES -y esto metodológicamente es inevitable- del de la acción comprensible: al de las "condiciones", "ocasiones", "estímulos" y "obstáculos" de la misma. 9. "Acción" como orientación significativamente comprensible de la propia conducta, sólo existe para nosotros como conducta de una o varias personas in- dividuales. Para otros fines de conocimiento puede ser útil o necesario concebir al indi- ,·iduo, por ejemplo, como una asociación de "células", o como un complejo de reacciones bioquímicas, o su vida "psíquica" construida por varios elementos (de cualquier forma que se les califique). Sin duda alguna se obtienen así cono- cimientos \'a liosos (leyes causales). Pero no nos es posible "comprender" el comportamiento de esos elementos que se expresa en leyes. Ni aun en el caso de tratarse de elementos psíquicos; y tanto menos cuanto más exactamente se les conciba en el sentido de las ciencias naturales; jamás es éste d camino para una interpretación derivada del sentido mentado. Ahora bien, la captación de la conexión de sentido de la acción es cabalmente el objeto de la sociología (tal como aquí la entendemos; y también de la historia). Podemos observar (en prin- cipio, al menos) el comportamiento de las unidades fisiológicas, las células por ejemplo, o cualesquiera elementos psíquicos, tratar de obtener inferencias de esas observaciones, formular reglas ("leyes") para esos comportamientos y "explicar" causalmente con su ayuda procesos particulares, es decir, incluirlos bajo esas leyes. La interpretación de la acción, sin embargo, sólo se interesa en tales hechos y leyes en igual forma y medida en que lo hace respecto a cualesquiera otros hechos (por ejemplo: hechos físicos, astronómicos, geológicos, meteorológicos, geográfi- cos, botánicos, zoológicos, fisiológicos, anatómicos, psicopatológicos ajenos al sentido; y condiciones cien tífico-nahuales de los hechos técnicos) . Para otros fines de conocimiento (p. ej., jurídicos) o por finalidades prácticas puede ser conveniente y hasta sencillamente inevitable tratar a determinadas for- maciones sociales (estado, cooperativas, compañía anónima, fundación) como si fueran individuos (por ejemplo, como sujetos de derechos y deberes, o de deter- minadas acciones de alcance jurídico). Para la interpretación comprensiva de la sociología, por el contrario, esas formaciones no son otra cosa que desarrollos y entrelazamientos de acciones específicas de personas individuales, ya que tan sólo éstas pueden ser sujetos de una acción orientada por su sentido. A pesar de esto, la sociología no puede ignorar, aun para sus propios fines, aquellas estructuras conceptuales de naturaleza colectiva que son instrumentos de otras maneras de enfrentarse con la realidad. Pues la interpretación de la acción tiene respecto a esos conceptos colectivos una doble relación: a) se ve obligada con frecuencia a trabajar con conceptos semejantes (que a menudo llevan los mismos nombres) con el fin de lograr una terminología inteligible. Lo mismo el lenguaje jurídico que el cotidiano se refieren, por ejemplo, con el término estado tanto al concepto jurídico como a aquellas realidades de la acción social frente a las cuales la norma jurídica eleva su pretensión de validez. Para la sociología la realidad "estado" no se compone necesariamente de sus elementos jurídicos; o, más precisamente, no deriva de ellos. En todo caso no existe para ella una personalidad colectiva en acción. Cuando habla del "estado", de la "nación", de la "sociedad anónima". de la "familia", de un "cuerpo militar" o de cualquiera otra fonnación semoiante se refiere únicamente al desarrollo, en una forma detenninada, de la acción social de unos cuantos individuos, bien sea real o construida como posible; con lo cual introduce en el concepto jurídico, que emplea en méritos de su precisión y uso general, un sentido completamente distinto; b) la interpretación de la acción debe tomar nota del importante hecho de que aquellos conceptos empleados tanto por FUNDAMENTOS METODOLÓGICOS 13 el lenguaje cotidiano como por el de los juristas (y también por el de otros profe- sionales), son representaciones de algo que en parte existe y en parte se presenta como un deber ser en la mente de hombres concretos (y no sólo de jueces \ burócratas, sino del público en general), la acción de los cuales orientan real- mente; y también debe tomar nota de que esas representaciones, en cuanto tales, poseen una poderosa, a menudo dominante significación causal en el desnrrollo de la conducta humana concreta. Sobre todo, como representaciones de algo que debe ser (y también que no debe ser). (Un estado moderno ~omo complejo de una específica nctuación humana en común- subsiste en parte muy considerable de esta forma: porque determinados hombres orientan su acción por la represen- urción de que aquél debe existir o existir de tal o cual forma; es decir, de que poseen valide% ordenaciones con ese carácter de estar jurídicamente orientadas. Sobre esto, cf. infra). Y aunque sería posible, no sin cierta pedantería y proli- jidad, que la terminología de la sociología eliminara estos conceptos del lengua- je usual, que se emplean no sólo para la normatividad jurídiCa, sino para el acaecer real, sustituyéndolos por palabras de nueva creación, quedaría, al me- nos, excluida esta posibilidad para un hecho tan importante como el que trata- mos. e) El método de la llamada sociología "organicista" (tipo clásico: el inge- nioso libro de Schaffle, Bau und Leben der sozialen Korpers, "Estruchua y vida del cuerpo social") pretende explicar partiendo de un "todo" (p. ej., una econo- mía nacional) el actuar conjunto que significa lo social; por lo cual, dentro de ese todo se trata al individuo y su acción análogamente a como la fisiología trata de la situación de un "órgano" en la economía del organismo (desde el punto de vista de su "conservación"). (Cf. la famosa frase de un fisiólogo:"§ X. El ba%o. Del bazo, señores, no sabemos nada. ¡Es decir, del bazo propiamente y en cuanto tal!" En realidad la persona en cuestión sabía del bazo bastantes cosas: situación, volumen, forma, etc. -tan sólo la "función" le era desconocida y a esta incapa- cidad le llamaba "no saber nada".) No puede ser dilucidado aquí hasta qué punto en otras disciplinas tiene que ser definitiva (necesariamente) esta consi- deración funcional de las "partes" de un "todo"; de todos modos, es cosa conocida que la ciencia bioquímica y biomecánica no quisiera contentarse fundamental- mente con esa consideración. Para una sociología comprensiva tal modo de expresarse: 1) Puede servir para fines de orientación provisional y de ilustración práctica (siendo en esta función altamente útil y necesario, aunque también perjudicial en caso de una exageración de su valor cognoscitivo y de un falso rea- lismo conceptual). 2) En determinadas circunstancias sólo ella puede ayudamos a destacar aquella acción social cuya comprensión interpretativa sea importante para la explicación de una conexión dada. Mas en este punto comienza precisa- mente la tarea de la sociología (tal como aquí la entendemos). Respecto a las "formas sociales" (en contraste con los "organismos"), nos encontramos cabal- mente, más allá de la simple detcrmill':lción de sus conexiones y "leyes" funciona- les, en situación de cumplir lo que está permanentemente negado a las ciencias naturales (en el sentido de la formulación de leyes causales de fenómenos y for- maciones y de la explicación mediante ellas de los procesos particulares) : la comprensión de la conducta de los individuos partícipes; mientras que, por el con- trario, no podemos "comprender'' el comportamiento, p. ej., de las células, sino captarlo funcionalmente, determinándolo con ayuda de las leyes a que está some- tido. Este mayor rendimiento de la explicación interpretativa frente a la observa- dora tiene ciertamente como precio el carácter esencialmente más hipotético y fragmentario de los resultados alcanzados por la interpretación. Pero es precisa- mente lo específico del conocimiento sociológico. 14 CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS FUNDAMENTALES Hasta qué punto puede sernas comprensible por ~u sentido la conducta de los animales y al contrario -ambas cosas en un sentido altamente impreciso y pro- blemático en su extensión- hasta qué punto puede darse, por lo tanto, una socio- logía de las relaciones del hombre con los animales (animales domésticos, ani- males de caza) es un problema que no puede desarrollarse ahora (muchos animales "comprenden" órdenes, cólera, amor e intenciones agresivas; reaccionando ante esas actitudes no sólo de un modo mecánico sino muchas veces de tal manera que parece consciente del sentido y orientada por la experiencia). En sí la medida de nuestra sensibilidad ante la conducta de los hombres primitivos no es esencial- mente superior. En la fijación de la situación subjetiva del animal los medios a nuestra disposición o no existen o son muy insuficientes; como es sabido, los problemas de la psicología animal son tan interesantes como espinosos. Existen y son particularmente conocidas, sociedades animales de la más varia especie: "familias" monógamas y polígamas, rebaños, traíllas y "estados" con división de funciones. (El grado de la diferenciación funcional de estas sociedades animales no marcha en modo alguno paralelo con el grado de la diferenciación evolutiva organológica y morfológica alcanzado por las especies en cuestión. Así, la diferen- ciación funcional existente en los termes y, por consiguiente, la de sus artefactos, es mucho mayor que entre las hormigas y las abejas.) Es evidente que aquí la investigación tiene que contentarse, aceptándola por lo menos por el momento como definitiva, con la consideración puramente funcional, es decir, con el des- cubrimiento de las funciones decisivas que tienen los tipos particulares de indivi- duos (rey, reinas, obreros, soldados, zánganos, reproductores, reinas sustitutas) en la conservación de la sociedad animal, o sea en la alimentación, defensa, propa- gación y renovación de esas sociedades. Todo lo que excedió de esa consideración fueron por mucho tiempo puras especulaciones o im·estigaciones sobre la respec- tiva medida en que herencia y medio participan en la formación de esas "disposi- ciones" sociales. (Así, particularmente, las controversias entre Weisman y Gotte, en las que el primero fundamentó su "omnipotencia de la fuerza del medio" con muchas deducciones extra empíricas.) Sin embargo, el acuerdo es completo entre los investigadores rigurosos respecto al carácter forzoso, por el momento, de la aludida limitación al conocimiento funcional, esperándose no obstante que esto sea provisional ( cf. para el estado actual de las investigaciones sobre los termes la publicación de Escherich, 1909). Ahora bien, seria de desear no solamente el hacerse cargo del "valor para la conservación" de las funciones de cada uno de aquellos tipos diferenciados -cosa relativamente fácil- y el explicar aquella diferenciación, tanto si no se admite el supuesto de la herencia de las capacidades adquiridas, como si, al contrario, se le admite (y en este caso, cualquiera que sea el modo de interpretar ese supuesto), sino también el poder saber: 1) qué es lo que decide el comienzo de la diferenciación en individuos originariamente neu- trales o indiferenciados, y 2) qué es lo que ocasiona que el individuo diferenciado se conduzca (en el promedio) en la forma que de hecho es útil al interés de con- servación del grupo diferenciado. Siempre que se ha adelantado algo en esta di- rección ha sido por la demostración experimental (o sospecha) de la existenci:1 de excitaciones químicas o situaciones fisiológicas (procesos digestivos, castración parasitaria, etc.) en los individuos en cuestión. Hasta qué punto subsiste la espe- ranza problemática de mostrar como verosímil, por medios experimentales, la ex~stencia de una orientación "p~icológica" y :·e~~ sentido", es cosa que ni los m1smos expertos pueden hoy dcc1r. Una descnpcwn controlable de la psique de estos animales sociales. sobre la base de .la "col!lprensión" de sentido, no parece que se pueda lograr, m aun como meta 1deal, smo dentro de muy estrechos Hm.i- FUNDA:\lENTOS METODOLÓGICOS 15 tes. En todo caso, no puede esperarse de ahí la inteligencia de la acción social humana, sino más bien al revés: se trabaja y debe trabajarse allí con analogías humanas. Quizá podamos esperar que esas analogías nos sean alguna vez útiles en la resolución del siguiente problema: cómo apreciar en el estadio primitivo de la diferenciación social humana la relación entre el campo de la diferenciación puramente mecánico-instintiva y lo que es producto de la acción indh·idual con sentido y lo que posteriormente ha sido creado de un modo consciente. La socio- logía comprensiva debe tener en cuenta con toda claridad que también para el hombre, en los estadios primitivos, predominan los primeros componentes y que en los estadios posteriores de su evolución siguen éstos cooperando siempre (y a veces de un modo decisivo). Toda acción tradicional (§ 2) y anchas zonas de la carismática (cap. m) en su calidad de núcleos del "contagio" psíquico y porta- dores, por tanto, de "estímulos de desarrollo" sociológicos, están muy próximas, y en gradaciones insensibles, de aquellos procesos que sólo pueden ser captados biológicamente y que no son explicables por sus motivos, ni comprensibles, sino muy fragmentariamente, por su sentido. Pero todo esto no libera a la sociología comprensiva de la tarea que le es propia y que sólo ella puede cumplir, aunque tenga conciencia de los estrechos límites en que se encuentra encerrada. Los distintos trabajos de Othmar Spann -con írecuencia ricos de pensa- mientos aceptables al lado de equivocaciones, sin duda ocasionales, y sobre todo de argumentos apoyados en juicios de valor que no pertenecen a la investigación empírica- aciertan sin duda, al subrayar la significación, por nadie negada, del carácter previo de la problemática funcional (lo llamado por él método "uni- versalista") para toda sociología. Ciertamente necesitamos saber primero cuál es la importancia de una acción desde el punto de vista funcional para la "conser- vación" (y también antes que nada para la peculiaridad cultural) y desenvoh-i- miento en una dirección determinada de un tipo de acción social, antes de poder preguntarnos de qué manera se origina aquella acción y cuáles son sus motivos. Precisa que sepamos qué servicios presta un "rey", un "funcionario", y un "em- presario", un "rufián", un "mago"; o sea qué acción típica (aquello por lo que se le incluye en una de esas categorías) es importante para el análisis y merece ser considerada antes de que podamos comenzar el análisis propiamente dicho ("referencia al valor" en el sentido de H. Rickert). Mas sólo este análisis nos proporciona lo que la comprensión sociológica de la acción de los individuos típi- camente diferenciados (y sólo de la acción humana) puede y debe ofrecernos. En todo caso deben eliminarse tanto el eúorme equívoco implicado al pensar que un método individualista significa una valoración individualista (en cualquier senti- do) como la opinión de que una construcción conceptual de carácter inevitable- mente (en términos relativos) racionalista significa una creencia en el predominio de los motivos racionales o simplemente una valoración positiw1 del "racionalis- mo". También una economía socialista tendría que ser comprendida por la acción de los individuos -los tipos de "funcionarios" que en ella existan-, o sea con igual carácter "individualista" que caracteriza la comprensión de los fenómenos de cambio con ayuda dcl mdodo de la utilidad marginal (o cualquiera otro aná- logo en este sentido, de considerarlo mejor). Porque también en ese caso la investigación empírico-sociológica comienza con esta pregunta: ¿qué motivos de- terminaron y determinan a los funcionarios y miembros de esa "comunidad" a conducirse de tal modo que ella pudo surgir y subsiste? Toda construcción con- ceptual funcional (partiendo de un "todo") sólo cumple una tarea previa a la auténtica problemática; lo cual no significa que no se considere indiscutible su uti- lidad y su carácter indispensable, cuando se lleva a cabo del modo adecuado. 16 CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS FUNDAMENTALES 10. Las "leyes'', como se acostumbra a llmnar a muchas proposiciones de la sociología comprensiva -por ejemplo, la "ley" de Gresham-, son determinadas probabilidades típicas, confirmadas por la observación, de que, dadas determina- das situaciones de hecho, transcurran en la forma esperada ciertas acciones socia- les que son comprensibles por sus motivos típicos y por el sentido típico mentado por los sujetos de la acción. Y son claras y comprensibles, en su más alto grado, cuando el motivo subyacente en el desarrollo típico de la acción (o que ha sido puesto como fundamento del tipo ideal construido metódicamente) es puramente racional con arreglo a fines y, por tanto, la relación de medio a fin, según ensefia la experiencia, es unívoca (es decir, los medios son "ineludibles"). En este caso es admisible la afirmación de que cuando se ha actuado de un modo rigurosa- mente racional, así y no de otra manera ha debido de actuarse (porque por razo- nes "técnicas", los partícipes, en servicio de sus fines -claramente dados-, sólo podían disponer de estos medios y no de otro alguno). Precisamente este caso muestra lo equivocado que es suponer a una psicología cualquiera como funda- mento último de la sociología comprensiva. Cada quien entiende hoy por psico- logía cosa distinta. Razones de método justifican cumplidamente, para una di- rección científico-naturalista, la separación entre lo "psíquico" y lo "físico", cosa completamente extraña, en este sentido, a las disciplinas que se ocupan de la acción. Los resultados de una ciencia psicológica que únicamente investigue lo psíquico en el sentido de la metódica de las ciencias naturales y con los me- dios propios de esas ciencias y no se preocupe de interpretar la conducta humana por su sentido -con lo cual tendriamos ya algo completamente distinto- intere- san a la sociología, cualquiera que sea la metodología particular de esa psicología, como pueden interesarle los de cualquiera otra ciencia, y en casos concretos pueden alcanzar a menudo una eminente significación. Pero no existe en este caso una relación más estrecha que la que guarda con otras ciencias. El error está en este concepto de lo "psíquico": todo lo que no es "fisico" es psíquico. Sin embargo, el sentido de un cálculo aritmético, que alguien mienta, no es cosa "psíquica". La reflexión racional de un hombre sobre si para el logro de determinados intereses está exigida o no una cierta acción, en mérito de las consecuencias que de ella se esperen, y la decisión que deriva del resultado de esa reflexión, son cosas cuya comprensión en modo alguno nos facilitan las consideraciones "psicológicas". Ahora bien, sobre tales supuestos racionales construye cabalmente la sociología (incluida la economía) la mayoría de sus "leyes". Por el contrario, la psicología comprensiva puede prestar sin duda alguna decisivos servicios a la explicación so- ciológica de los aspectos irracionales de la acción. Pero esto para nada altera la situación metodológica fundamental. 11. La sociología construye conceptos-tipo -como con frecuencia se da por supuesto como evidente por sí mismo- y se afana por encontrar reglas generales del acaecer. Esto en contraposición a la historia, que se esfuerza por alcanzar el análisis e imputación causales de las personalidades, estructuras y acciones individuales consideradas cu.lturalmente importantes. La construcción conceptual de la sociología encuentra su material paradigmático muy esencialmente, aunque no de modo exclusivo, en las realidades de la acción consideradas también im- portantes desde el punto de vista de la historia. Construye también sus concep- tos y busca sus leyes con el propósito, ante todo, de si pueden prestar algún servicio para la imputación causal histórica de los fenómenos culturalmente im- portantes. Como en toda ciencia generalizadora, es condición de la peculiaridad de sus abstracciones el que sus conceptos tengan que ser relativamente vacíos fren- te a la realidad concreta de lo histórico. Lo que puede ofrecer como contrapartida FUNDAMENTOS METODOLÓGICOS 17 es la univocidad acrecentada de sus conceptos. Esta acrecentada univocidad se alcanza en virtud de la posibilidad de un óptimo en la adecuación de sentido, tal como es perseguido por la conceptuación sociológica. A su vez, esta adecuación puede alcanzarse en su forma más plena -de lo que hemos tratado sobre todo hasta ahora- mediante conceptos y reglas racionales (racionales con arreglo a valores o arreglo a fines). Sin embargo, la sociología busca también aprehender mediante conceptos teóricos y adecuados por su sentido fenómenos irracionales (místicos, proféticos, pneumáticos, afectivos). En todos los casos, racionales como irracionales, se distancia de la realidad, sirviendo para el conocimiento de ésta en la medida en que, mediante la indicación del grado de aproximación de un fe- nómeno histórico a uno o varios de esos conceptos, quedan tales fenómenos ordenados conceptualmente. El mismo fenómeno histórico puede ser ordenado por uno de sus elementos, por ejemplo, como "feudal", como "patrimonial" por otro, como "burocrático" por alguno más todavía, por otro como "carismático". Para que con estas palabras se exprese algo unívoco la sociología debe formar, por su parte, tipos puros (ideales) de esas estructuras, que muestren en si la unidad más consecuente de una adecuación de sentido lo más plena posible; siendo por eso mismo tan poco frecuente quizá en la realidad -en la forma pura absoluta- mente ideal del tipo- como una reacción física calculada sobre el supuesto de un espacio absolutamente vacío. Ahora bien, la casuística sociológica sólo puede construirse a partir de estos tipos puros (ideales). Empero, es de suyo evidente que la sociología emplea también tipos-promedio, del género de los tipos empírico- estadísticos; una construcción que no requiere aquí mayores aclaraciones meto- dológicas. En caso de duda debe entenderse, sin embargo, siempre que se hable de casos "típicos", que nos referimos al tipo ideal, el cual puede ser, por su parte, tanto racional como irracional, aunque las más de las veces sea racional (en la teoría económica, siempre) y en todo caso se construya con adecuación de sentido. Debe quedar completamente en claro que en el dominio de la sociología sólo se pueden construir "promedios" y "tipos-promedio" con alguna univocidad, cuando se trate de diferencias de grado entre acciones cualitativamente seme¡an- tes por su sentido. Esto es indudable. En la mayor parte de los casos, sin embar- go, la acción de importancia histórica o sociológica está influida por motivos cualitativamente heterogéneos, entre los cuales no puede obtenerse un "prome- dio" propiamente dicho. Aquellas construcciones tfpico-ideales de la acción so- cial, como las preferidas por la teoría económica, son "extrañas a la realidad" en el sentido en que -como en el caso aludido- se preguntan sin excepción: 1) cómo se procedería en el caso ideal de una pura racionalidad económica con arreglo a fines, con el propósito de poder comprender la acción codeterminada por obstáculos tradicionales, errores, afectos, propósitos y consideraciones de ca- rácter no económico, en la medida en que también estuvo determinada en el caso concreto por una consideración racional de fines o suele estarlo en el promedio; y también 2) con el propósito de facilitar el conocimiento de sus motivos reales por medio de la distancia existente entre la construcción ideal y el desarrollo real. De un modo completamente análogo tendría que proceder la construcción típico-ideal de una consecuente actitud acósmica frente a la vida (por ejemplo, frente a la politica y a la economía) místicamente condicionada. Cuanto con más precisión y univocidad se construyan estos tipos ideales y sean más extraffos en este sentido, al mundo, su utilidad será también mayor tanto terminológica, clasificatoria, como heurísticamente. En realidad, no procede de otra forma la imputación causal concreta que hace la historia de determinados acontecimientos: 18 CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS FUNDAMENTALES por tjcmplo, quien quiera explicarse el desarrollo de la batalla de 1866 tiene que a\·criguar (idealmente), lo mismo respecto de Moltke que de Benedek, cómo hu- bieran procedido cada tmo de ellos, con absoluta racionalidad, en el caso de nn conocimiento cabal tanto de su propia situación como del enemigo, para compa- rarlo con la que fue su actuación real y explicar luego causalmente la distancia entre ambas conductas (sea por causa de información falsa, errores de hecho, equivocaciones, temperamento personal o consideraciones no estratégicas). Tam- bién aquí se aplica una (latente) construcción racional típico-ideal. Los conceptos constructivos de la sociología son típico-ideales no sólo externa, sino también internamente. La acción real sucede en la mayor parte de los casos con oscura scmiconscicnci:t o plena inconsciencia de su "sentido mentado". El agente más bien "siente" de un modo indeterminado que "sabe" o tiene clara idea; actúa en la mayor parte de los casos por instinto o costumbre. Sólo ocasio- nalmente -y en una masa de acciones análogas· únicamente en algunos indi\"i- d uos- se eleva a conciencia un sen ti do (sea racional o irracional) de la ac- ción. Una acción con .sentido efectivamente tal, es decir, clara y con absoluta <:onciencia es, en la realidad, un caso límite. Toda consideración histórica o socio- lógica tiene que tener en cuenta este hecho en sus análisis de la realidad. Pero esto no debe impedir que la sociología construya sus conceptos mediante una clasificación de los posibles "sentidos mentados" y como si la acción real trans- curriera orientada conscientemente según sentido. Siempre tiene que tener en cuenta r esforzarse por precisar el modo y medida de la distancia existente frente a la realidad, cuando se trate del conocimiento de ésta en su concreción. Muchas n'Ces se está metodológicamente ante la elección entre términos oscuros y ténni- nos claros, pero éstos irreales y "típico-ideales". En este caso deben preferirse científicamente los últimos. (Cf. sobre todo esto, Arch. f. Sozialwiss., XIX, loe. cit. [cf. supra, I, 6).) U. CONCEPTO DE LA ACCIÓN SOCIAL l. La acción social (incluyendo tolerancia u omisión) se orienta por las accio- nes de otros, las cuales pueden ser p:1sadas, presentes o esperadas como futuras (venganza por previos ataques, réplica a ataques presentes, medidas de defensa frente a ataques futuros). Los "otros" pueden ser individualizados y conocidos o una plmalidad de indh·iduos indeterminados y completamente desconocidos (el "dinero", por ejemplo, significa un bien -de cambio- que el agente admite en el tráfico porque su acción está orientada por la expectativa de que otros muchos, ahora indctcrmüwdos y desconocidos, estarán dispuestos a aceptarlo también, por su parte, en un cambio futuro). 2. No toda clase de acción -incluso de acción externa- es "social" en el sentido aquí admitido. Por lo pronto no lo es la acción exterior cuando sólo se orienta por la expectativa de determinadas reacciones de objetos materiales. La conducta íntima es acción social sólo cuando está orientada por las acciones de otros. N o lo es, por ejemplo, la conducta religiosa cuando no es más que con- templación, oración solitaria, etc. La actividad económica (de un individuo) únicamente lo es en la medida en que tiene en cuenta la actividad de terceros. Desde un punto de vista formal y muy general: cuando toma en cuenta el respeto por terceros de su propio poder efectivo de disposición sobre bienes económicos. Desde una perspectiva material: cuando, por ejemplo, en el "consumo" entra la cr;nsidcr:Jción de las futuras necesidades de terceros, orientando por ellas de esa CONCEPTO DE LA ACCIÓN SOCIAL 19 suerte su propio "ahorro". O cuando en la "producción" pone como fundamento de su orientación las necesidades futuras de terceros, etcétera. 3. No toda clase de contacto entre los hombres tiene carácter social; sino sólo una acción con sentido propio dirigida a la acción de otros. Un choque de dos ciclistas, por ejemplo, es un simple suceso de igual carácter que un fenómeno na- tural. En cambio, aparecería ya una acción social en el intento de evitar el encuen· tro, o bien en la riña o consideraciones amistosas subsiguientes al encontronazo. 4. L1 acción social no es idéntica a) ni a una acción homogénea de muchos, b) ni a la acción de alguien influido por conductas de otros. a) Cuando en la calle, al comienzo de una lluvia, una cantidad de individuos abre al mismo tiempo sus paraguas (normalmente), la acción de cada uno no está orientada por la acción de los demás, sino que la acción de todos, de un modo homogéneo, está impelida por la necesidad de defenderse de la mojadura. b) Es un hecho cono- cido que los individuos se dejan influir fuertemente en su acción por el simple hecho de estar incluidos en una "masa" especialmente limitada (objeto de las in- vestigaciones de la "psicología de las masas", a la manera de los estudios de Le Bon); se trata, pues, de una acción condicionada por la masa. Este mismo tipo de acción puede darse también en un individuo por influjo de una masa dispersa (por el intermedio de la prensa, por ejemplo), percibido por ese individuo como proveniente de la acción de muchas personas. Algunas formas de reacción se fa- cilitan, mientras que otras se dificultan, por el simple hecho de que un individuo se "sienta" formando parte de una masa. De tal suerte que un determinado acon- tecimiento o una conducta humana pueden provocar determinados estados de ánimo -alegría, furor, entusiasmo, desesperación y pasiones de toda índole-- que no se darían en el individuo aislado (o no tan fácilmente); sin que exista, sin embargo (en muchos casos por lo menos), una relación significativa en.tre la con- ducta del individuo y el hecho de su participación en una situación de masa. El desarrollo de una acción semejante, determinada o codeterminada por el simple hecho de una situación de masa, pero sin que exista con respecto a ella una rela- ción significativa, no se puede considerar como social con el significado que hemos expuesto. Por lo demás, es la distinción, naturalmente, en extremo fluida. Pues no solamente en el caso de los demagogos, por ejemplo, sino también en el público puede existir, en grado diverso, una relación de sentido respecto al hecho de la "masa". Tampoco puede considerarse como una "acción social" específica el hecho de la imitación de una conducta ajena (sobre cuya importancia ha lla- mado justamente la atención G. Tarde) cuando es puramente reactiva, y no se da una orientación con sentido de la propia acción por la ajena. El límite, em- pero, es tan fluido que apenas es posible una distinción. El simple hecho, sin embargo, de que alguien acepte para sí una actitud determinada, aprendida en otros y que parece conveniente para sus fines, no es una acción social en nuestro sentido. Pues en este caso no orientó su acción por ltz acción de otros, sino que por ltz observación se dio cu,enta de ciertas probabilidades objetivas, dirigiendo por elltzs su conducta. Su acción, por tanto, fue determinada ccrusalmente por la de otros, pero no por el sentido en aquélla contenido. Cuando, al contrario, se imita una conducta ajena porque está de "moda" o porque vale como "distinguida" en cuanto estamental, tradicional, ejemplar o por cualesquiera otros motivos seme- jantes, entonces sí tenemos la relación de sentido, bien respecto de la persona imitada, de terceros o de ambos. Naturalmente, entre ambos tipos se dan tran- siciones. Ambos condicionamientos, por la masa y por la imitación, son fluidos, representando casos límites de la acción social, como los que encontraremos con frecuencia por ejemplo, en la acción tradicional (§ 2). El fundamento de la fluí- 20 CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS n.JNDAMENTALES dez de esos casos, como el de otros varios, estriba en que la orientación por la conducta ajena y el sentido de la propia acción en modo alguno se puede precisar siempre con toda claridad, ni es siempre consciente, ni mucho menos consciente con toda plenitud. Por esta razón no siempre pueden separarse con toda seguri- dad el mero "influjo" y la "orientación con sentido". Pero sí pueden separarse, en cambio, conceptualmente; aunque es evidente que la imitación puramente reactiva tiene sociológicamente el mismo alcance que la "acción social" propia- mente dicha. La sociología en modo alguno tiene que ver .. solamente con la ac- ción social; sin embargo, ésta constituye (para la clase de sociología aquí desarro- llada) el dato central, aquel que para ella, por decirlo así, es constitutivo. Con esto nada se afirma, sin embar~o, respecto de la importancia de este dato por comparación con los demás. § 2. La acción social, como toda acción, puede ser: 1) racional con arre- glo a fines: determinada por expectativas en el comportamiento tanto de objetos del mundo exterior como de otros hombres, y utilizando esas expec- tativas como "condiciones" o "medios" para el logro de fines propios racional- mente sopesados y perseguidos. 2) racional con arreglo a valores: determinada por la creencia consciente en el valor -ético, estético, religioso o de cué11- quiera otra forma como se le interprete- propio y absoluto de \111é1 determi- nada conducta, sin relación alguna con el resultado, o sea puramente en méritos de ese valor, 3) afectiva, especialmente emotiva, determinada por afectos y estados sentimentales actuales, y 4) tradicional: determinada por una costumbre arraigada. l. La acción estrictamente tradicional -en igual forma que la imitación pu- ramente reactiva (ver supra)- está por completo en la frontera, y más allá, mu- chas veces, de lo que puede llamarse en pleno una acción con sentido. Pues a menudo no es más que una oscura reacción a estímulos habituales, que se desliza en la dirección de una actitud arraigada. La masa de todas las acciones cotidianas, habituales, se aproxima a este tipo, el cual se incluye en la sistemática no sólo en cuanto caso límite sino porque la vinculación a lo acostumbrado puede man- tenerse consciente en diversos grados y sentidos; en cuyo caso se aproxima este tipo al del número 2. 2. La conducta estrictamente activa está, de igual modo, no sólo en la fron- tera, sino más allá muchas veces de lo que es la acción consciente con sentido; puede ser una reacción sin trabas a un estímulo extraordinario, fuera de lo coti- diano. Implica una sublimación cuando la acción emotivamente condicionada aparece como descarga consciente de un estado sentimental; en este caso se en- cuentra las más de las veces (no siempre) en el camino hacia la "racionalización axiológica" o hacia la acción con arreglo a fines o hacia ambas cosas a la vez. 3. La acción afectiva y la racional con arreglo a valores se distinguen entre sí por la elaboración consciente en la segunda de los propósitos últimos de la ac- ción y por el planeamiento, consecuente a su tenor, de la misma. Por otra parte, tienen de común el que el sentido de la acción no se pone en el resultado, en lo que está ya fuera de ella, sino en la acción misma en su peculiaridad. Actúa afectivamente quien satisface su necesidad actual de venganza, de goce o de en- trega, de beatitud contemplativa o de dar rienda suelta a sus pasiones del mo- mento (sean toscas o sublimes en su género). Actúa estrictamente de un modo racional con arreglo a valores quien, sin con- RELACIÓN SOCIAL 21 sicleración a las consecuencias previsibles, obra en sen•JCIO de sus conviCCiones sobre lo que el deber, la dignidad, la belleza, la sapiencia religiosa, la piedad o la trascendencia de una "causa", cualquiera que sea su género, parecen ordenarle. Una acción racional con arreglo a valores es siempre (en el sentido de nuestra terminología) una acción según "mandatos" o de acuerdo con "exigencias" que el actor cree dirigidos a él (y frente a los cuales el actor se cree obligado). Habla- . remos de una racionalidad con arreglo a valores tan sólo en la medida en que h acción humana se oriente por esas exigencias -lo que no ocurre sino en una frac- ción mayor o menor, y bastante modesta las más de las veces. Como habrá de mostrarse luego, alcanza una significación bastante para destacarla como un tipo particular, aunque, por lo demás, no se pretenda dar aquí una clasificación ago- tadora de los tipos de acción. 4. Actúa racionalmente con arreglo a fines quien oriente su acción por el fin, medios y consecuencias implicadas en ella y para lo cual sopese racionalmente los medios con los fines, los fines con las consecuencias implicadas y los diferen- tes fines posibles entre sí; en todo caso, pues, quien no actúe ni afectivamente (emotivamente, en particular) ni con arreglo a la tradición. Por su parte, la de- cisión entre los distintos fines y consecuencias concurrentes y en conflicto puede ser racional con arreglo a valores; en cuyo caso b acción es racional con arreglo a fines sólo en los medios. O bien el actor, sin orientación racional alguna por valores en forma de "mandatos" o "exigencias", puede aceptar esos fines concu- rrentes y en conflicto en su simple calidad de deseos subjetivos en una escala de urgencias consecuentemente establecida, orientando por ella su acción, de tal manera que, en lo posible, queden satisfechos en el orden de esa escala (principio de la utilidad marginal) . La orientación racional con arreglo a valores puede, pues, estar en relación muy diversa con respecto a la racional con arreglo a fines. Desde la perspectiva de esta última, la primera es siempre irracional, acen- tuándose tal carácter a medida que el valor que la mueve se eleve a la significa- ción de absoluto, porque la reflexión sobre las consecuencias de la acción es tanto menor cuanto mayor sea la atención concedida al valor propio del acto en su ca- rácter absoluto. Absoluta racionalidad en la acción con arreglo a fines es, sin embargo, un caso límite, de carácter esencialmente constructivo. 5. Muy raras veces la acción, especialmente la social, está exclusivamente orien- tada por uno u otro de estos tipos. Tampoco estas formas de orientación pueden considerarse en modo alguno como una clasificación exhaustiva, sino como puros tipos conceptuales, construidos para fines de la investigación sociológica, respecto a los cuales la acción real se aproxima más o menos o, lo que es más frecuente, de cuya mezcla se compone. Sólo los resultados que con ellos se obtengan pueden damos la medida de su conveniencia. § 3. Por "relación" -social debe entenderse una conducta plural -de va- rios- que, por el sentido que encierra, se presenta como recíprocamente referida, orientándose por esa reciprocidad. La relación social consiste, pues, plena y exclusivamente, en la probabilidad de que se actuará socialmente en una forma (con sentido) indicable; siendo indiferente, por ahora, aquello en que la probabilidad descansa. l. Un mínimo de recíproca billlteralidad en la acción es, por lo tanto, una característica conceptual. El contenido puede ser el más diverso: conflicto, ene- mistad, amor sexual, amistad, piedad, cambio en el mercado, "cumplimiento, "in- 22 CONCEPTOS SOCIOLÓCICOS FUNDAMENTALES cumplimiento", "ruptura" de un pacto, "competencia" económica, erótica o de otro tipo, "comunidad" nacional, estamental o de clase (en estos últimos casos sí se producen "acciones sociales" más allá de la mera situación común, de lo cual se hablará más tarde). El concepto, pues, nada dice sobre si entre los actores existe "solidaridad" o precisamente lo contrario. 2. Siempre se trata de un sentido empírico y mentado por los partícipes -sea en una acción concreta o en un promedio o en el tipo "puro" construido- y nunca de un sentido normativamente "justo" o metafísicamente "verdadero". La relación social consiste sola y exclusivamente -aunque se trate de "formaciones sociales" como "estado", "iglesia", "corporación", "matrimonio", etc.- en ia probabilidad de que una forma determinada de conducta social, de carácter recí- proco por su sentido, haya existido, exista o pueda existir. Cosa que debe tenerse siempre en cuenta para evitar la rustancialización de estos conceptos. Un "estado"' deja, pues, de existir sociológicamente en cuanto desaparece la probabilidad de que ocurran determinadas acciones sociales con sentido. Esta probabilidad lo mis- mo puede ser muy grande que reducida casi hasta el límite. En el mismo sentido y medida en que subsistió o subsiste de hecho esa probabilidad (según estimación). subsistió o subsiste la relación social en cuestión. No cabe unir un sentido ITUÍs claro a la afirmación de que un detenninado "estado" todavía existe o ha defado de existir. 3. No decimos en modo alguno que en un caso concreto los partícipes en la acción mutuamente referida pongan el mismo sentido en esa acción, o que adop- ten en su intimidad la actitud de la otra parte, es decir, que exista "reciprocidad"" en el sentido. Lo que en uno es "amistad", "amor", "piedad", "fidelidad con- tractual", "sentimiento de la comunidad nacional", puede encontrarse en el otro con actitudes completamente diferentes. Entonces unen los partícipes a su con- ducta un sentido diverso: la relación social es así, por ambos lados, objetivamente "unilateral". Empero no deja de estar referida en la medida en que el actor presu- pone una determinada actitud de su contrario frente a él (erróneamente quizá, en todo o en parte) y en esa expectativa orienta su conducta, lo cual basta para que pueda haber consecuencias, como las hay las más de las veces, relativas al desarru- llo de la acción y a la forma de la relación. Naturalmente, sólo es objetivamente bilateral cuando el sentido de la acción se corresponde -según las expectativas medias de cada uno de los partícipes- en ambos; por ejemplo, la actitud del hijo con respecto a la actitud del padre tiene lugar aproximadamente como el padre (en el caso concreto, por término medio o típicamente) espera. Una acción apo- yada en actitudes que signifiquen una correspondencia de sentido plena y sin re- siduos es en la realidad un caso límite. Sin embargo, la ausencia de reciprocidad sólo excluye, en nuestra tenninología, la existencia de una relación cuando teng:1 estas consecuencias: que falte de hecho la referencia mutua de las dos acciones. En la realidad, la regla es, como siempre, que existan toda suerte de situaciones intermedias. 4. Una relación social puede tener un carácter enteramente transitorio o bien implicar permanencia, es decir, que exista en este caso la probabilidad de la repetición continuada de una conducta con el sentido de que se trate (es decir. la tenida como tal y, en consecuencia, esperada). La existencia de relaciones socia- les consiste tan sólo en la presencia de esta "chance" -la mayor o menor pro- babilidad de que tenga lugar una acción de un sentido determinado y nada más-, lo que debe tenerse siempre en cuenta para evitar ideas falsas. Que una "amistad" o un "estado" existiera o exista, significa pura y exclusi\"amente: nos- otros (observadores) juzgamos que existió o existe una probabilidad de que, sobre USO, COSTUMBRE 23 la base de una cierta actitud de hombres determinados, se actúe de cierta manera con arreglo a un sentido determinable ~ ~ tér~ino medio, y n~da m.ás q.uc, e~to cabe decir ( cf. n. 2. a E). La alternativa mev1table en la cons1derac¡Ón JUndlca de que un determinado precepto jurídico tenga o no validez (en sentido jurídi- co), de que se dé o no una determinada relación juridicct, no rige en la conside- ración sociológica. 5. El "contenido de sentido" de una relación social puede variar; por ejemplo, una relación política de solidaridad puede transformarse en una colisión de inte- reses. En este caso es un mero problen1a de conveniencia terminológica o del grado de continuidad en la transformación decir que se ha creado una "nueva·• relación o que continúa la anterior con un "nuevo sentido". También ese conteni- do puede ser en parte permanente, en parte variable. 6. El sentido que constituye de un modo permctnente una relación puede ser formulado en forma de "máximas" cuya incorporación aproximada o en tém1ino medio pueden los partícipes esperar de la otra u otras partes y a su vez orientar por ellas (aproximadamente o por término medio) su propia acción. Lo cual ocu- rre tanto más cuanto mayor sea el carácter racional --con arreglo a valores o con arreglo a fines- de la acción. En las relaciones eróticas o afectivas en general (de piedad, por ejemplo) la posibilidad de una formulación racional de su sentido es mucho menor, por ejemplo, que en una relación contractual de negocios. 7. El sentido de una relación social puede ser pctctado por declaración recí- proca. Esto significa que los que en ella participan hacen una promesct respecto a su conducta futura (sea de uno a otro o en otra forma). Cada uno de los partí- cipes -en la medida en que procede racionalmente- cuenta normalmente (con distinta seguridad) con que el otro orientará su acción por el sentido de la pro- mesa tal como él lo entiende. Así, orientará su acción en parte -con racion:-~­ lidad con arreglo a fines (con mayor o menor lealtad al sentido de la promcsa)- en esa expectativa y, en parte --con racionalidad con arreglo a valores- cu el deber de atenerse por su lado a la promesa según el sentido que puso en db. Con lo dicho tenemos bastante por ahora. Por lo demás, cf. §§ 9 y 13. § 4. Se pueden observar en la acción social regularidades de hecho; es decir, el desarrollo de una acción repetida por los mismos agentes o extendida a muchos (en ocasiones se dan los dos casos a la vez), cuyo sentido mentado es típicamente homogéneo. La sociología se ocupa de estos tipos del desarro- llo de la acción, en oposición a la historia, interesada en las conexiones singulares, más importantes para la imputación causal, esto es, más cargadas de destino. Por uso debe entenderse la probabilidad de una regulctridad en la conducta, cuando y en la medida que esa probabilidad, dentro de un círculo de hombres, esté dada únicamente por el ejercicio de hecho. El uso debe llamarse costumbre cuando el ejercicio de hecho descansa en un ctrrctigo du- radero. Por el contrario, debe decirse que ese uso está determinado por una situación de intereses ("condicionado por el interés"), cuando y en la me- dida en que la existencia empírica de su probabilidad descanse únicamente en el hecho de que los individuos orienten racionalmente su acción con arre- glo a fines por expectativas similares. 1. En el uso se incluye la modct. La moda, por contraposición a la costumbre, existe cuando (al contrario que en la costumbre) el hecho de la novedad de la conducta en cuestión es el punto orientador de la acción. Está próxima a la con- 24 CONCEPTOS SOCIOLÓCICOS FUNDAMENTALES vención, puesto que como ésta (las m~s de las veces) brota de los intereses de prestigio de un estamento. Nada más duemos sobre ella en este momento. 2. Por oposición a la convención y al derecho, la costumbre aparece como una norma no garantizada exteriormente y a la que de hecho se atiene el actor "voluntariamente", ya sea "sin reflexión alguna" o P?r "como~idad", ya por otro_s fundamentos cualesquiera, y cuyo probable cumplimiento en vutud de tales moti- vos puede esperar de otros hombr<;s p~~tenecient~ al ,mis~n? círculo. La costum- bre, en este sentido, carece de "vahdez ; por nad1e está ex1g1dO que se la tenga en cuenta. Naturalmente, el tránsito a la convención válida y al derecho es absolu- tamente fluido. Por doquier, lo que de hecho se viene ha~iendo ~s padre de lo que luego pretende validez. Es costumbre hoy un detemunado tipo de desayu- no; pero jamás es obligatorio ( except_o para los huéspedes ~e un hotel) y no siempre fue costumbre. Por el contrano, los modos en el vestu, aunque nac1eron como "costumbre", son hoy, en gran medida, no sólo costumbre sino convención. Sobre uso y costumbre pueden todavía leerse con provecho los párrafos a ellos dedicados en el libro de Ihering: Zweck im Recht, "El fin en el derecho", tomo II. Cf. P. OertJnann, Rechtsordnung und Verkehrssittee, 1914, y más reciente E. 'Veigelin, Sitte, Recht und Moral, 1919 (los cuales coinciden conmigo frente a Stammler). 3. Numerosas regularidades muy visibles en el desarrollo de la acción social, especialmente (aunque no sólo) de la acción económica, en modo alguno des- cansan en una orientación por cualesquiera normas consideradas como válidas o por la costumbre, sino sólo en esto: en que el modo de actuar de los partícipes, corresponde por naturaleza en su término medio y de la mejor manera posible a sus intereses normales subjetivamente apreciados, orientando su acción precisa- mente por esa opinión y conocimientos subjetivos; así, por ejemplo, las regulari- dades de la formación de precios en el mercado. Los intereses en el mercado orientan su acción --<J.Ue es "medio"- por determinados intereses económicos propios, típicos y subjetivos --<J.Ue representan el "fin"- y por determinadas expectativas típicas, que la previsible conducta de los demás permite abrigar -las cuales aparecen como "condiciones" de la realización del "fin" perseguido. En la medida en que proceden con mayor rigor en su actuación racional con arreglo a fines, son más análogas sus reacciones en la situación dada; surgiendo de esta forma homogeneidades, regularidades y continuidades en la actitud y en la acción, muchas veces mucho más estables que las que se dan cuando la conducta está orientada por determinados deberes y normas tenidos de hecho por "obligatorios" en un círculo de hombres. Este fenómeno: el que una orientación por la situa- ción de intereses escuetos, tanto propios como ajenos, produzca efectos análogos a los que se piensa obtener coactivamente -muchas veces sin resultado-- por una ordenación normativa, atrajo mucho la atención, sobre todo en el dominio de la economía; es más, fue precisamente una de las fuentes del nacimiento de la ciencia económica. Sin embargo, tiene validez para todos los dominios de la ac- ción de un modo análogo. Constituye en su carácter consciente e internamente libre la antítesis de toda suerte de vinculación íntima propia de la sumisión a una mera costumbre ~rraigada; como, por otra parte, de toda entrega a determi- nadas normas en méntos del valor que se cree encaman. Un elemento esencial de la racionalización de la conducta es la sustitución de la íntima sumisión a la c?stum~re! por d_ecirlo así hecha carne, por la adaptación planeada a una situa- CIÓ~ ob~etív_a de mteres~. Este proceso no agota, ciertamente, el concepto de la rac10nahzac1Ón de la acc1ón. Pues puede suceder que ocurra, de modo positivo en la dirección de la consciente racionalización de valores, pero, de modo nega: CONCEPTO DE ORDEN LEGÍTlMO 25 tivo a costa no sólo de la costumbre, sino, además, de la acción afectiva; y, tod~vía más, que, apareciendo como puramente racional con arreglo a fines, lo sea a costa de lo que daría un acción racional con arreglo a valores. De _esta equivocidad del concepto de racionalización de la acción nos ocuparemos con cterta frecuencia. 4. La estabilidad de la (mera) costumbre se apoya esencialmente en el hecho de que quien no orienta por ella su conducta obra "impropiamente"; es decir, debe aceptar de antemano incomodidades e inconveniencias, mayores o menores, durante todo el tiempo en el cual la mayoría de los que le rodean cuenten con la subsistencia de la costumbre y dirijan por ella su conducta. La estabilidad de una situación de intereses descansa, análogamente, en el hecho de que quien no orienta su conducta por los intereses ajenos -"no cuenta" con ellos- provoca su resistencia o acarrea consecuencias no queridas ni pre- vistas por él; y, en consecuencia, corre el peligro de perjudicar sus propios intereses. § 5. La acción, en especial la social y también singularmente la relación social, pueden orientarse, por el lado de sus partícipes, en la representación de la existencia de un orden legítimo. La probabilidad de que esto ocurra de hecho se llama "validez" del orden en cuestión. l. "Validez" de un orden significa para nosotros algo más que una regularidad en el desarrollo de la acción social simplemente determinada por la costumbre o por una situación de intereses. Cuando las sociedades dedicadas al transporte de muebles mantienen regularmente determinadas cláusulas relativas al tiempo de la mudanza, estas regularidades están determinadas por la situación de intereses. Cuando un buhonero visita a sus clientes de un modo regular en determinados días del mes o de la semana, esto se debe a una costumbre arraigada, o a una situación de intereses (rotación de su zona comercial) . Empero, cuando un fun- cionario acude todos los días a su oficina a la misma hora, tal ocurre no sólo por causa de una costumbre arraigada, ni sólo por causa de una situación de intereses -que a voluntad pudiera o no aceptar-, sino también (por regla general) por la "validez" de un orden (reglamento de servicio), como mandato cuya transgresión no sólo acarrearía perjuicios, sino que (normalmente) se rechaza por el "senti- miento del deber" del propio funcionario (efectivo, sin embargo, en muy variil medida). 2. Al "contenido de sentido" de una relación social le llamamos: a) "orden" cuando la acción se orienta (por término medio o aproximadamente) por "máxi- mas" que pueden ser seiialadas. Y sólo hablaremos, b) de una "validez" de este orden ~uando la. o~e~ta~ión de hec:ho por aquellas máximas tiene lugar porque en algun grado s•gmf1cativo (es. decu, en un grado que pese prácticamente) apa- recen válidas para la acción, es decir, como obligatorias o como modelos de con- ducta. De hecho la orientación de la acción por un orden tiene lugar en los partí- cipes por muy diversos motivos. Pero la circunstancia de que, al lado de los otros moti\'os, por lo menos para una pilrte de los actores aparezca ese orden como obli- gatorio o como modelo, o sea, como algo que debe ser, acrecienta la probabilidad de que la acción se oriente por él y eso en un grado considerable. Un orden sos- tenido sólo por motivos racionales de fin es, en general, mucho más frágil que otro que provenga de una orientación hacia él mantenida únicamente por la fuerza de la costumbre, por el arraigo de una conducta; la cual es con mucho la forma más frecuente de la actitud íntima. Pero todavía es mucho más frágil comparado con CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS FUND.-\MENT ALF.S aquel orden que aparezca con el prestigio de ser obligatorio y modelo, es decir, r.:on el prestigio de la legitimidad. El tránsito de la orientación por un orden, ins- pirada en motivos racionales de fines o simplemente tradicionales a la creencia en su legitimidad es, naturalmente, en la realidad, completamente fluido. 3. No sólo puede estar orientada la acción en la validez de un orden por "cum- plimiento" de su sentido (como por término medio se le entiende); también en el caso en que ese sentido sea eludido o transgredido puede actuar la probabilidad de su subsistente validez (como norma obligatoria) en extensión mayor o menor. Por lo pronto, de un modo puramente racional con arreglo a fines. El ladrón orienta su acción por la validez de la ley penal por cuanto la oculta. Que el orden es "válido" para un círculo de hombres se manifiesta en el hecho de tener que ocultar su transgresión. Pero prescindiendo de este caso límite, muy frecuente- mente se limita la transgresión del orden a contravenciones. parciales más o menos numerosas; o se pretende, con mayor o menor grado de buena fe, presentarla como legítima. O existen de hecho unas junto a otras distintas concepciones dr.:l sentido del orden, siendo en ese caso para la sociología todas igualmente válidas en la extensión en que determinan la conducta real. Para la sociología no presenta ninguna dificultad el reconocimiento de que distintos órdenes contradictorios entre sí puedan "valer" unos al lado de otros dentro de un mismo círculo de hombres. Es más, el mismo individúo puede orientar su conducta en diversos órdenes con- tradictorios; y no sólo de un modo sucesivo, cosa de todos los días, sino aun en una misma acción. Quien se bate en duelo orienta su conducta por el código del honor, pero, tanto si oculta esta acción como si se presenta ante los tribunales, orienta la misma conducta por el código penal. Cuando la elusión o la transgre- sión del sentido (como por término medio es entendido) de un orden se conYierte en regla, entonces la validez de ese orden es muy limitada o ha dejado de subsis- tir en definitiva. Entre la validez y la no validez de un orden no hay para la socio- logía, como existe, en razón de sus fines, para la jurisprudencia, una alternatiYa absoluta. Existen más bien transiciones fluidas entre amhos casos y pueden valer -como se ha indicado-- uno al lado de otro órdenes contradictorios, en la am- plitud en que alcance la probabilidad efectiwJ de una orientación real de la con- ducta por ellos. Los conocedores recordarán el papel importante que el concepto de orden des- empeña en el prólogo del antes citado libro de R. Stammler, escrito por supuesto --como todos los suyos- con brillantez, pero profundamente equivocado y con- fundiendo los problemas de un modo funesto. (Cf. la crítica contenida en mi citado artículo, escrito, por cierto, en forma lamentablemente dura, en el disgusto que me produjo la confusión aludida.) No solamente no distingue Stammler entre la validez normativa y la empírica, sino que desconoce además que la acción social no se orienta únicamente por los "órdenes"; sobre todo, convierte de modo lógica- mente erróneo el "orden" en una "forma" de la acción socia] y le asigna un papel con respecto al "contenido" semejante al que tiene en la teoría del conocimiento (prescindiendo, además, de otros errores). Quien ante todo actúa económicamen- te, por ejemplo, de hecho orienta su acción (cap. u) por la representación de la escasez de determin:1dos medios de que pnedc disponerse para la satisfacción de las necesidades en relación con la representación del conjunto 4le esas necesidades y de las acciones previsibles presentes y futuras de terceros que tienen en cuenta o piensan en los mismos medios; pero, además, se orienta en la elección de sus me- didas económicas por aquellas ordenaciones que, r.:omo leyes o convenciones, sabe vigentes, es decir, de las que conoce darían lugar a una reacción de terceros en caso de transgresión. Esta sencilla situación empírica ha sido confundida por CONVENCIÓN Y DERECHO 27 Stammler en la forma más desdichada; afirmando, en particular, que es concep- tualmente imposible una relación causal entre el orden y la acción concreta. Cierto que entre la validez normativa, dogmático-jurídica de un orden y el hecho con- creto no hay, en efecto, ninguna relación causal; tan sólo caben estas cuestiones: ¿está captado jurídicamente el hecho en cuestión por el orden vigente (rectamente interpretado)?, ¿debe valer (normativamente) para él? Y en caso afirmativo, ¿qué es lo que se quiere decir al declarar que para él debe valer normativamcnte? Em- pero, entre la probabilidad de que una conducta se oriente por la reprcsentaciÓtl de la validez de un orden, entendido por término medio de una cierta manera, y la acción económica, existe evidentemente (en su caso) una relación causal, en el sentido plenamente corriente de esta palabra. Para la sociología "la" validez de un orden "está" únicamente en aquella probabilidad de orientarse por esta repre- sentación. § 6. La legitimidad de un orden puede estar garantizada: l. De manera puramente íntima; y en este caso: 1) puramente afectiva: por entrega sentimental; 2) racional con arreglo a valores: por la creencia en su validez abso- luta, en cuanto expresión de valores supremos generadores di! deberes (morales, estéticos o de cualquier otra suerte); 3) religiosa: por la creencia de que de su observancia depende la existencia de un bien de salvación. II. También (o solamente) por la expectativa de determinadas conse- cuencias externas; o sea, por una situación de intereses; pero por ex- pectativas de un determinado género. Un orden debe llamarse: a) Convención: cuando su validez est:i garantizada externamente por la probabilidad de que, dentro de un determinado círculo de hombres, una conducta discordante habrá de tropezar con una (relativa) repro- bación general y prácticamente sensible. b) Derecho: cuando está garantizado externamente por la probabilidad de la coacción (física o psíquica) ejercida por un cuadro de individuos instituidos con la misión de obligar a la observancia de ese orden o de castigar su transgresión. Sobre convención, cf. además de Ihcring, op. cit., y Weigelin, op. cit., F. Tonnies, Die Sitte ( 1909) . l .. Convención debe llamarse a la "costumbre" que, dentro de un círculo de hombres, se considera como válida y que está garantizada por la reprobación de lJ conducta discordante. En contraposición al derecho (en el sentido en que usa- mos esta palabra) falta el cuadro de personas especialmente dedicado a imponer su cumplimiento. Cuando Stammler pretende distinguir el derecho de la conven- ción por el carácter enteramente "libre" de la sumisión en esta última, deja de estar de acuerdo con el uso corriente del lenguaje y ni siquiera es exacto en el caso de sus propios ejemplos. La observancia de la "convención" (en el sentido co- rriente de la palabra) -por ejemplo: del saludo en uso, del vestido conveniente, de los límites de forma y contenido en el trato humano-- se exige muy seriamente· 28 CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS FUNDAMENTALES al individuo como obligación o modelo y en modo alguno --como en la simple "costumbre" de preparar de cierta manera un plato culinario- se le deja a su libre elección. Una falta contra la conyención (costumbre estamental) se sancion:1 con frecuencia con mucha más fuerza que la que pudiera alcanzar cualquier for- m:l de coacción jurídica, por medio de las consecuencias eficaces y sensibles del boicot declarado por los demás miembros del propio estamento. Lo que falta únicamente es el cuerpo de personas especialmente destinado a mantener su cum- plimiento (juez, fiscales, funcionarios administrativos, etc.). Sin embargo, la transición es fluida. El caso límite de la garantía convencional de un orden, ya en tránsito hacia la garantía jurídica, se encuentra en la aplicación del boycot formal- mente organizado y proclamado (en su amenaza). Esto, en nuestra terminología, sería ya un medio de coacción jurídica. No nos interesa aquí el que la convención pueda estar protegida por otros medios además del de la simple reprobación ( em- pleo por ejemplo, de derecho doméstico en caso de una conducta lesiva de la convención). Lo decisiYo es que aun en esos casos es el individuo el que emplea los medios represivos (a menudo drásticos) y en méritos precisamente de la repro- bación convencional, pero no un cuerpo de personas encargado de esa función. 2. Para nosotros lo decisivo en el concepto del "derecho" (que para otros fines puede delimitarse de manera completamente diferente) es la existencia de un cuadro coactivo. tste, naturalmente, en modo alguno tiene que ser análogo al que hoy en día nos es habitual. Especialmente, no es ni mucho menos necesaria h existencia de una instancia "judicial". El clan mismo puede representar ese cuadrr; coactivo (en los casos de venganza de la sangre y de luchas internas), cuando ri- gen de hecho, para las formas de sus reacciones, ordenaciones de cualquier índole. Cierto que este caso está en el punto límite de lo que todavía puede calificarse de "compulsión jurídica". Como es sabido, al "derecho internacional" se le ha disputado renovadamente su calidad de "derecho", por carecer de un poder coac- tivo supraestatal. Desde luego, según la terminología aquí aceptada (como conve- niente) no puede en realidad designarse como derecho a un orden que sólo esté garantizado por la expectativa de la reprobación y de las represalias de los lesiona- dos -es decir, convencionalmente y por la situación de intereses- y que carezca de un cuadro de personas especialmente destinado a imponer su cumplimiento. Para la terminología jurídica puede muy bien ocurrir lo contrario. Los medios coactivos no hacen al caso. Aun la "admonición fraternal" -corriente en muchas sectas como el medio más suaYe de coacción frente a los pecadores- se incluye en ellos siempre que esté ordenada por una norma y se ejecute por un cuadro de personas dispuesto con ese fin. De igual manera, la reprensión del censor, por ejemplo, como medio de garantizar el cumplimiento de normas "morales" de con- ducta. Asimismo la coacción psíquica como auténtico medio disciplinario de la Iglesia. Existe, naturalmente, "derecho" lo mismo cuando está garantizado políti- camente que cuando lo está en forma hierocrática; y asimismo cuando esa garantía se encuentra en los estatutos de una asociación, en la autoridad del patriarca o en uniones o comunidades de compañeros. De igual manera encajan en el concepto aquí admitido y valen como "derecho" las reglas de un "Komment".* El caso del§ 888, p. 2 del RZPO -Ley de Procedimientos Civiles- (derecho inejecuta- bles) cae de lleno evidentemente en nuestro concepto. Las "leyes imperfectas" y las "obligaciones naturales" son formas del lenguaje jurídico que manifiestan, de modo indirecto, límites y condiciones en la aplicación de la coacción jurídica. Una norma del trato humano estatuida con fuerza obligatoria es por eso derecho • Código de los usos estudiantiles. [E.] EL ORDEN LEGiTIMO 29 ¡§§ 157, 2-f2 BCB.) Cf. sobre el concepto de las "buenas costumbres" (merece- doras de aprobación y en cuanto tales sancionadas por el derecho), Max Rüme]in en Schwiib. Heimatgabe für Th. Hiiríng., 1918. 3. No todo orden válido tiene necesariamente un carácter abstracto y general. El "precepto jurídico" válido y la "decisión jurídica" de un caso concreto no estuvieron en modo alguno tan separados entre sí como hoy es el caso norma!. Un orden puede aparecer también como orden únicamente de una situación con- creta. El detalle de todo esto pertenece a la sociología jurídica. Cuando no se diga otra cosa nos atendremos, por razones de conveniencia, a las concepciones modernas sobre las relaciones entre precepto jurídico y decisión jurídica. 4. órdenes garantizados de un modo "externo" pueden estarlo además "inter- namente". La sociología no tiene problema alguno respecto a las relaciones entre derechos, convención y "ética". La norma moral se impone a la conducta hu- mana por una determinada creencia en valores, pretendiendo aquella conducta el predicado de "moralmente buena", de igual manera que pretende el predicado de lo "bello" la que se mide por patrones estéticos. En este sentido, represen- taciones normativas de carácter ético pueden influir muy profundamente la con- ducta y carecer, sin embargo, de toda garantía externa. Esto último ocurre con frecuencia cuando su transgresión roza en escasa medida intereses ajenos. Por otra parte, están garantizadas a menudo en forma religiosa. Y también pucdca encontrarse garantizadas de manera convencional (en el sentido aquí admitido) -mediante reprobación de su transgresión y boycot- y aun jurídicamente, me- diante determinadas reacciones de tipo penal o policiaco, o por ciertas consecuen- cias civiles. Toda moral con "validez" efectiva -en el sentido de la sociología- suele estar garantizada ampliamente en forma comencional, o sea por la probabi- lidad de una reprobación de la transgresión. Por otra parte, no todos los órdenes garantizados convencional o jurídicamente pretenden (o por lo menos: no nece- sariamente) el carácter de normas morales; en conjunto, las normas jurídicas -a menudo puramente racionales con arreglo a fines- mucho menos que las conven- cionales. Respecto a sí una determinada representación normativa, dentro de un círculo de hombres, pertenece o no al dominio "moral" (en tal caso "simple'' convención o "puro" derecho), es cosa que la sociología sólo puede decidir con arreglo a aquel concepto de lo "moral" que haya valido o valga en el círculo d.: hombres en cuestión. Por eso no caben afirmaciones de carácter más general sobre este problema. § 7. Los que actttan socialmente pueden· atribuir validez legítima a un orden determinado. a) en méritos de la tradición: validez de lo que siempre existió; b) en virtud de una creencia afectiva (emotiva especialmente): validez de lo nuevo revelado o de lo ejemplar; e) en virtud de una creencia racioJwl con arreglo a valores: vigencia de lo que se tiene como absolutamente valioso; d) en méritos de lo estatuido positivamente, en cma legaliclacl se cree. Esta legalidad puede valer como legítima a) en virtud de un pacto de los interesados, ~) en virtud del "otorgamiento" -Ohtro~·ienmg-- por una autori- dad considerada como legítimJ y del sometimiento correspon- diente. 10 CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS FUNDAMENTALES Todo detalle sobre estas cuestiones (a reserva de definir con mayor precisión algunos conceptos en lo que sigue) pertenece a la sociología del poder y a la so- ciología jurídica. Aquí sólo caben estas· consideraciones: l. La validez de un orden en méritos del carácter sagrado de la tradición es la forma más universal y primitiva. El temor a determinados perjuicios mágicos fortaleció la traba psíquica para toda variación en las formas habituales e invete- radas de la conducta; y los varios intereses, que suelen estar vinculados al mante- nimiento de la sumisión al orden vigente, cooperan en la dirección de su conser- vación. Sobre esto, véase cap. m. 2. Primitivamente, creaciones conscientes de un orden nuevo fueron debidas a oráculos proféticos o, por lo menos, se presentaron como revelaciones consagra- das proféticamente y tenidas, por tanto, como santas: esto ocurre hasta con los estatutos de los aisymnetas helénicos. El sometimiento dependió entonces de la creencia en la legitimidad de los profetas. En las épocas dominadas por un rigu- roso tradicionalismo, la formación de órdenes "nuevos", es decir, que se consi- deran como tales, sólo era posible, de no ocurrir por la revelación aludida, mediante la consideración de que en realidad habían sido válidos desde siempre pero no bi.m conocidos, o que habiendo estado oscurecidos por algún tiempo venían a ser redescubiertos en ese momento. 3. El tipo más puro de una validez racional con arreglo a valores está repre- sentado por el derecho rurtural. Cualquiera que haya sido su limitación frente a sus pretensiones ideales, no puede negarse, sin embargo, el influjo efectivo y no insignificante de sus preceptos lógicamente deducidos sobre la conducta; preceptos que hay que separar tanto de los revelados como de los estatuidos o de los deri- vados del derecho tradicional. 4. La forma de legitimidad hoy más corriente es la creencia en la legalidad: la obediencia a preceptos jurídicos positivos estatuidos según el procedimiento usual y formalmente correctos. La contraposición entre ordenaciones pactadas y "otorgadas" es sólo relativa. Pues cuando una ordenación pactada no descansa en un acuerdo por unanimidad -como con frecuencia se requería en la Antigüe- dad para que existiera legitimidad auténtica-, sino más bien en la sumisión de hecho, dentro de un círculo de hombres, de personas cuya voluntad es empero discordante de la de la mayoría -caso muy frecuente-, tenemos en realidad una ordenación otorgada -impuesta- respecto de esas minorías. Por lo demás, es también frecuente el caso de minorías poderosas, sin escrúpulos, y sabiendo a dónde van, que imponen un orden, que vale luego como legítimo para los que al comienzo se opusieron a él. Cuando las votaciones están legalmente recono- cidas como medio para la creación o variación de un orden, es muy frecuente que la voluntad minoritaria alcance la mayoría formal y que la mayoría se le allane; el carácter mayoritario es sólo una apariencia. La creencia en la legalidad de las orde- naciones pactadas llega a tiempos bastante remotos y se encuentra con frecuencia entre los pueblos primitivos; casi siempre, sin embargo, completada por la auto- ridad de los oráculos. 5. La disposición a avenirse con las ordenaciones "otorgadas", sea por una persona o por varias, supone siempre que predominan ideas de legitimidad y -en la medida en que no sean decisivos el simple temor o motivos de cálculo egoísta- la creencia en la autoridad legítima, en uno u otro sentido de quien impone ese orden; de lo que se tratará luego en particular(§§ 13-16 y cap. m). 6. En todo caso, siempre que no se trate de disposiciones completamente nuevas, es regla general que la adhesión a un orden esté determinada, además de CONCEPTO DE LUCll.\ 31 por situaciones de intereses de toda especie, por una mezcla de ,·inculación a la tradición y de ideas de legitimidad. En muchos casos el sujeto cuya conducta muestra esa adhesión no es, naturalmente, consciente en modo alguno de si ~e trata de una costumbre, de una convención o de un derecho. La sociología tiene entonces que descubrir la clase típica de la validez en cuestión. s 8. Debe entenderse que una relación social es de lucha cuando la acción se orienta por el propósito de imponer la propia voluntad contra la resisten- cia de la otra u otras partes. Se denominan "pacíficos" ~quellos medios de lucha en donde no hay una violencia física efectiva. La lucha "pacífica" llá- mase "competencia" cuando se trata de la adquisición formalmente pacífica de un poder de disposición propio sobre probabilidades deseadas también por otros. Hay competencia regulada en la medida en que esté orientada, en sus fines y medios, por un orden determinado. A la lucha (latente) por la exis- tencia que, sin intenciones dirigidas contra otros, tiene lugar, sin embargo, tanto entre individuos corno entre tipos de los mismos, por las probabilidades existentes de vida y de supervivt>ncia, la denominaremos "selección": la cual es "selección soetal" cuando se trata de probabilidades de vida de Jos vivien- tes, o "selección biológica" cuando se trata de las probabilidades de super- vivencia del tipo hereditario. l. Entre las formas de lucha existen las más diversas transiciones sin solución de continuidad: desde aquella sangrienta, dirigida a la aniquilación de la vida del contrario y desligada de toda regla, hasta el combate entre caballeros "conven- cionalmente" regulado (la invitación del heraldo antes de la batalla de Fontenoy: Messieurs les Anglais, tirez les premiers) y la pugna deportiva con sus reglas; desde la competencia no sometida a regla alguna, por ejemplo, la competencia eróticH por los favores de una dama, pasando por la competencia económica regulada por el mercado, hasta llegar a la competencia estrictamente ordenada como la artística o la "lucha electoral". La delimitación conceptual de lr lucha violenta se justificJ por la peculiaridad de sus medios normales y por las consecuencias sociológicas particulares que, por esa razón, acarrea su presencia (ver cap. 11 y posteriormente). . 2. Toda lucha y competencia típicas y en masa IIC\·an a la larga, no obstante las posibles intervenciones de la fortuna y del azar, a una "selección" de los que poseen en mayor medida las condiciones personales requeridas por término medio para triunfar en la lucha. Cuáles sean esas cualidades -si la fuerza física o la astucia sin escrúpulos, si la intensidad en el rendimiento espiritual o meros pul- mones y técnica demagógica, si la devoción por los jefes o el halago de las masas, si la originalidad creadora o la facilidad de adaptación social, si cualidades extra- ordinarias o cualidades mediocres- es cosa que sólo pueden decidir las condicio- nes de la competencia y de la lucha; entre las cuales, aparte de todas las posibles cualidades tanto individuales como de masa, hay que contar aquellos órdenes por los que la conducta, ya sea tradicional, ya sea racional -con arreglo a fines o con arreglo a valores- se orienta en la lucha. Cada wzo de ellos influye en las proba- bilidades de la selección social. No toda selección social es una "lucha'' en el sentido_ aquí a?mitido. Selección social significa, por lo pronto, tan sólo, que determmados tipos de conducta y, eventualmente, de cualidades personales, tienen más probabilidades de entrar en una determinada relación social (como "amante". "marido", "diputado", "funcionario", "contratista de obras", "director general", 3Z CONCEPTOS SOCIOJ.ÓGICOS FUNDAMENTALES "empresario'', etc.). Con lo cual nada se dice sobre si esas probabilidades sociales se adquirieron por medio de lucha, ni si con ellas mejoran o no las probabilidades de supervivencia biológica del tipo en cuestión. Sólo hablaremos de "lucha" cuando se dé una auténtica "competencia". Se- gún enseña la experiencia la lucha es ineludible de hecho en el sentido de "selec- ción" y lo es en principio en el sentido de "selección biológica". La selección es "eterna", porque no hay manera de imaginar medio alguno para descartarla de modo total. Un orden pacifista de rigurosa observancia sólo puede eliminar ciertos medios y determinados objetos y direcciones de lucha. Lo cual significa que otros medios de lucha llevan al triunfo en la competencia (abierta) o --en el caso en que se imagine a ésta eliminada (lo que sólo sería posible de modo teórico y utópico)- en la selección (latente) de las probabilidades de vida y de supervi- vencia; y qu.e tales medios habrán de favorecer a los que de ellos dispongan, bien por herencia, bien por educación. Los límites de una eliminación de la lucha se encuentran, empíricamente, en la selección social y por principio en la biológica. 3. Hay que separar, naturalmente, de la lucha de los individuos por las proba- bilidades de vida y supervivencia, la lucha y selección de bs relaciones sociales. Ahora bien, estos conceptos sólo pueden usarse en un sentido metafórico. Pues las "relaciones" sólo existen como acciones humanas de determinado sentido. Por tanto, una lucha o selección entre ellas significa que una determinada clase de acción ha sido desplazada en el curso del tiempo por otra, sea del mismo o de otros hombres. Lo cual es posible de diversas maneras. La acción humana puede a) dirigirse conscientemente a estorbar una relación social concretamente determi- nada, o determinada en su generalidad específica (es decir, a estorbar el desarrolb de la acción correspondiente a su contenido de sentido); o a impedir su naci- miento o subsistencia (un "estado" por medio de la guerra o la revolución; una "conjura", por una represión sangrienta; el "concubinato", por medio de medidas policiacas; "negocios usurarios" retírándoles la protección jurídica y sancionán- dolos pcnalmente); o a favorecer conscientemente la subsistencia de una categorí.1 de relaciones a costa de las demás: lo mismo los individuos aislados que asociados pueden proponerse tal fin. O también puede ocurrir b) que el desarrollo de b acción social y sus condiciones determinantes de toda índole tengan como canse· cuencia accesoria, no querida, el hecho de que determinadas relaciones (es decir, la acción por ellas supuesta) disminuyan progresivamente sus probabilidades de persistencia o de nueva formación. Todas las condiciones naturales y culturales, cualquiera que sea su clase, dan lugar en algún modo, en caso de variación, a ese desplazamiento en las probabilidades de las más diversas relaciones sociales. En tales casos cada quien puede hablar de una selección de las relaciones sociales -por ejemplo de los estados- en la que triunfa la "más fuerte" (en el sentido de la "más adaptable"). Pero, debe insistiese en que esa llamada "selección" nada tiene que ver con la selección de los tipos humanos ni en el sentido social ni en el biológico; y que, en cada caso concreto, debe uno preguntarse por la causa que ha producido ese desplazamiento de las probabilidades respecto a una u otra fonna de acción social, o ha destruido una relación social, o ha asegurado sn persis- tencia frente a las demás; no debiendo olvidarse, tampoco, que esas causas son tan múltiples que resulta imposible abarcarlas con una fórmula única. También existe en estos casos el peligro de insertar "valoracion.es" incontroladas en la inves- tigación empírica y, sobre todo, de deslizar la apología de un resultado, que a menudo está individualmente condicionado en el caso particular y es, por lo t:mto, puramente "casual". Los ejemplos abundan en estos últimos años. Debe, pues, recordarse que la eliminación de una relación soci<ll (concreta o cnalitati\·amentc COMUNIDAD Y SOCIEDAD especificada) se debe con frecuencia a causas de carácter muy concreto, lo que nada nos dice en contra de la "viabilidad" general de la relación en cuestión. § 9. Llamamos comunidad a una relación social cuando y en la medida en que la actitud en la acción social -en el caso particu-lar, por término me- dio o en el tipo purO- se inspira en el sentimiento subjetivo (afectivo o tra- dicional) de los partícipes de constituir un todo. Llamamos sociedad a una relación social cuando y en la medida en que la actitud en la acción social se inspira en una compensación de intereses por motivos racionales (de fines o de valores) o también en una unión de inte- reses con igual motivación. La sociedad, de un modo típico, puede especial- mente descansar (pero no únicamente) en un acuerdo o pacto racional, por declaración recíproca. Entonces la acción, cuando es racional, está orientada a) racionalmente con arreglo a valores: en méritos de la creencia en la propia vinculación; b) racionalmente con arreglo a fines: por la expectativa de la lealtad de la otrct parte. l. Esta terminología recuerda la dishnción establecida por F. Tónnies en su obra fundamental: Gemeinschctft und GeseUschctft • ("Comunidad y Sociedad"). Sin embargo, de acuerdo con sus propios fines, Tonnies dio a esta distinción, desde un principio, un contenido específico, que no tiene utilidad para nuestros propósitos. Los tipos más puros de "sociedad" son: a) el cambio estrictamente racional con arreglo a fines y libremente pactado en el mercado: un compromiso real entre interesados contrapuestos que, sin embargo, se complementan; b) la unión libremente pactada y puramente dirigida por determinados fines (Zweck· verein), es decir, un acuerdo sobre una acción permanente orientada en sus pro- pósitos y medios por la persecución de los intereses objetivos (económicos u otros) de los miembros partícipes en ese acuerdo; e) la unión racionalmente mo- tivada de los que comulgan en una misma creencia ( Gesinnungsverein) : la secta racional, en la medida en que prescinde del fomento de intereses emotivos y afec- tivos, y sólo quiere estar al servicio de la "tarea" objetiva (lo que ciertamente, en su tipo puro, ocurre sólo en casos muy especiales). 2. La comunidad puede apoyars~ sobre toda suerte de fundamentos, afectivos, emotivos y tradicionales: una cofradía pneumática, una relación erótica, una re- lación de piedad, una comunidad "nacional", una tropa unida por sentimientos de camaradería. La comunidad familiar es la que expresa con mayor adecuación el tipo de que se trata. Sin embargo, la inmensa mayoría de las relaciones sociales participan en parte de la "comunidad'' y en parte de la "sociedad". Toda rela- ción social, aun aquella más estrictamente originada en la persecución racional de algún fin (la clientela, por ejemplo) puede dar lugar a valores afectivos que trasciendan de los simples· fines queridos. Toda "sociedad" que exceda los tér- minos de una mera unión para un propósito determinado y que, no estando li- mitada de antemano a ciertas tareas, sea de larga duración y dé lugar a relaciones sociales entre las mismas personas --como las "sociedades" creadas dentro de un mismo cuadro militar, en una misma clase de la escuela, en una misma oficina, en un mismo taller- tiende, en mayor o menor grado, a fomentar los afectos alu- • Hay que advertir que Max Weber emplea los ~rminos Verp!Jschaltung y Vergemeinschaf. tung, que a la letra serian socialización y comunizaci6n, o proceso de asociación y proceso de co- munión, pero que generalmente nosotros traduciremos por comunidad y sociedad por e~igencias del ídíom2 y sin perjudicar la idea. [E.l 34 CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS FUNDAMENTALES didos. Por el contrario, una relación que por su sentido normal es una comuni- dad, puede estar orientada por todos o parte de sus partícipes con arreglo a ciertos fines racionalmente sopesados. Hasta qué punto un grupo familiar, por ejemplo, es sentido como "comunidad" o bien utilizado como "sociedad", es algo que se presenta con grados muy diversos. El concepto de "comunidad" aquí adoptado es deliberadamente muy amplio, por lo cual abarca situaciones de hecho muy heterogéneas. 3. La comunidad es normalmente por su sentido la contraposición radical de la "lucha". Esto no debe, sin embargo, engañarnos sobre el hecho completamente normal de que aun en las comunidades más íntimas haya presiones violentas de toda suerte con respecto de las personas más maleables o transigentes; y tampoco sobre que la "selección" de los tipos y las diferencias en las probabilidades de vida y supervivencia creadas por ella ocurran lo mismo en b "comunidad" que en otra parte cualquiera. Por otro lado, las "sociedades" son con frecuencia úni- camente meros compromisos entre intereses en pugna, los cuales sólo descartan (o pretenden hacerlo) una parte de los objetivos o medios de la lucha, pero de- jando en pie la contraposición de intereses misma y la competencia por las distin- tas probabilidades. Lucha y comunidad son conceptos relativos; la lucha se con- forma de modo muy diverso, según los medios (violentos o "pacíficos") y los mayores o menores miramientos en su aplicación. Y por otra parte, el orden de la acción social, cualquiera que sea su clase, deja en pie, como sabemos, la selec- ción de hecho en la competencia de los distintos tipos humanos por sus proba- bilidades de vida. 4. No toda participación común en determinadas cualidades, de la situación o de la conducta, implica una comunidad. Por ejemplo, la participación en una determinada herencia biológica -los llamados caracteres "raciales"- no implica en sí una comunidad de los que posean tales características. Por limitación del commercium y connubium frente al mundo circundante pueden desembocar -por aislamiento frente a ese contorno- en nna situación homogénea. Empero, aun- que reaccionen en esta situación de un modo análogo, esto no es todavía "comu- nidad", ni tampoco la produce el simple "sentimiento" de la situación común y sus consecuencias. Comunidad sólo existe propiamente cuando sobre la base de ese sentimiento la acción está recíprocamente referida -no bastando la acción de todos y cada uno de ellos frente a la misma circunstancia- y en la medida en que esta referencia traduce el sentimiento de formar un todo. Entre los judíos, por ejemplo, este caso es poco abundante -fuera de los círculos sionistas y de ia acción de algunas sociedades para el fomento de los intereses judíos- y muchas veces ellos mismos lo rechazan. La misma comunidad de lenguaje, originada en una tradición homogénea por parte de la familia y la vecindad, facilita en alto grado la comprensión recíproca, o Se:J., la formación de relaciones sociales. Pero en sí no implica "comunidad" en estricto sentido, sino tan sólo la facilitación del intercambio social dentro del grupo en cuestión; o sea, la formación de relaciones de "sociedad". Ante todo, entre las personas individuales y no en su cualidad de partícipes en el mismo idioma, sino como soportes de intereses de toda especie; la orientación por las normas del lenguaje común constituye primariamente sólo un medio para un mutuo entendimiento, pero no "contenido de sentido" de las rela- ciones sociales. Tan sólo la aparición de contrastes conscientes con respecto a terceros puede crear para los partícipes en un mismo idioma una situación homo- génea, un sentimiento de comunidad y formas de socialización -sociedad- el fundamento consciente de la existencia de los cuales es la comunidad lingüística. La participación en un "mercado" (concepto en el cap. n) se conforma de otra RELACIONES ABIERTAS Y CERRADAS 35 manera. Crea formas de sociedad entre los contratantes particulares y una rela- ci6n social (de competencia sobre todo) entre todos los concurrentes al mercado, pues orientan su conducta por referencia recíproca a la de los demás. Pero fuera de esto sólo surgen formas de sociedad cuando algunos partícipes se ponen de acuerdo con el fin de aumentar sus probabilidades de éxito en la lucha de precios, o cuando todos se conciertan a fin de regular y asegurar el cambio. (El mercado, y la economb de cambio fundada en él, es el tipo más importante de una influenci:J. recíproca de la acción por la pura y simple situación de intereses, cosa caracterís- tica de la moderna economía.) § 10. Una relación social (lo mismo si es de "comunidad" como de "so- ciedad") se llama "abierta" al exterior cuando y en la medida en que la par- ticipaciÓ¡~ en la acción social recíproca que, según su sentido, la constituye, no se encuentra negada por los ordenamientos que rigen esa relación a nadie que lo pretenda y esté en situación real de poder tornar parte en ella. Por el contrario, llámase "cerrada" al exterior cuando y en la medida en que aque- lla participación resulte excluida, limitada o sometida a condiciones por el sentido de la acción o por los ordenamientos que la rigen. El carácter abierto o cerrado puede estar condicionado tradicional, afectiva o bien racionalmente con arreglo a valores o fines. El cierre de tipo racional se basa especialmente en la siguiente situación de hecho: una relación social puede proporcionar a sus partícipes determinadas probabilidades de satisfacer ciertos intereses, tanto interiores como exteriores, sea por el fin o por el resultado, sea a tra- vés de una acción solidaria o por virtud de una compensación de intereses. Cuando los partícipes en esa relación esperan que su propagación les ha de aportar una mejora de sus propias probabilidades en cantidad, calidad segu- ridad o valor, les interesa su carácter abierto; pero cuando, al contrario, es- peran obtener esas ventajas de su monopolización, les interesa su carácter cerrado al exterior. Una relación social "cerrada" puede garantizar a sus partícipes el disfru- te de las probabilidades monopolizadas: a) libremente, b) en forma racionada o regulada en cuanto al modo y la medida, o e) mediante su apropiación per- manente por individuos o grupos y plena o relativamente inalienable (cerrada en su interior). Las probabilidades apropiadas se llaman "derechos". Según el orden que rija la relación social la· apropiación puede corresponder 1) a todos los miembros de determinadas comunidades y sociedades -así por ejemplo, en una comunidad doméstica-, o 2) a individuos, y en este caso a) de un modo puramente personal, o b) de manera que, en caso de muerte, se apropien esas probabilidades uno o varios individuos, unidos al que hasta ese momento fue el titular por una relación social o por nacimiento (paren- tesco), o designados por él (apropiación hereditaria). Por último, puede ocurrir 3) que el titular esté facultado para ceder a otros más o menos libre- mente sus derechos mediante pacto; siendo los cesionarios a) determinados, o b) discrecionales (apropiación enajenable). Los partícipes en una relación social cerrada se consideran como iguales o compañeros y en el caso de una regulación de esa participación que les asegure la apropiación de ciertas pro- babilidades se consideran como compa1íeros jurídicamente protegidos. Se llama propiedad al conjunto de probabilidades hereditariamente apropiadas 36 CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS FUNDAJ\IENTALES por un individuo o una comunidad o sociedad; siendo propiedad libre en el caso en que ésta sea enajenable. La "pcncsa" definición de estos hechos, aparentemente inútil, es un ejemplo de que precisamente lo "evidente por sí mismo" es aquello (por intuitivamente vi,·ido) que mcn0s suele ser "pensado". l. a) Cerradas en ,·irtud de la tradición suelen ser aquellas comunidades la participación en las cuales se funda en relaciones familiares. b) Cerradas por razones afectivas suelen ser las relaciones personales fun- dadas en sentimientos (eróticos o -coil frecuencia- de piedad). e) Cerrad,,s (relativamente) en virtud de una actividad racional con arre- glo a valores suelen ser las comunidades de fe de carácter estricto. d) Cerradas en virtud de una actividad racional con arreglo a fines suclea ser típicamente las "asociaciones" económicas de carácter monopolista o plutocrático. He aquí algunos ejemplos tomados al azar. El carácter abierto o cerrado de una reunión coloquial depende de su "con- tenido de sentido" (conversación en contraposición a un coloquio íntimo o a una charla de negocios). La relación de mercado suele ser frecuentemente abierta. Podemos observar en muchas "sociedades" y "comunidades" una oscilación en los caracteres de cerrado o abierto. Por ejemplo, tanto en los gremios como en la~ ciudades democráticas de la Antigüedad y del Medioevo, sus miembros muchas veces estaban interesados en que se les diera (por un cierto tiempo) el mayor cre- cimiento posible como medio de garantizar asi, por una mayor fuerza, sus proba- bilidades vitales; y otras, en cambio, pugnaban por su limitación en interés del valor de su monopolio. Tampoco es raro encontrar este fenómeno en ciertas co- munidades religiosas y sectas oscilantes entre la propagación y el hermetismo, en interés del mantenimiento de una conducta ética elevada o por causas materia- les. Ampliaciones del mercado, en interés de un aumento de las transacciones, y limitaciones monopolistas del mismo, se encuentran también de un modo seme- jante unas aliado de las otras. La propagación de un idioma es hoy consecuencia normal de los intereses de editores y escritores, frente al carácter secreto y est;:- mentalmente cerrado de un lenguaje, no raro en otros tiempos. 2. El grado y los medios de regulación y cierre hacia fuera pueden ser muy diversos, de tal manera que el tránsito de lo abierto a lo regulado y cerrado es fluido: pruebas de admisión y noviciados; adquisición del título, condicionada- mente enajenable, de miembro; ballotage para cada admisión; pertenencia o ad- misión por nacimiento (herencia) o en virtud de participación libre en ciertos servicios; o -en caso de apropiación y cierre de carácter intern~ mediante la adquisición de un derecho apropiado; encontrándose las más diversas gradacione:. en las condiciones de la participación. "Regulación" y "hermetismo" frente al ~terior son, pues, conceptos relativos. Las transiciones que cabe imaginar son mnumerables: desde un club elegante, pasando por una representación teatral asequible a todo comprador del billete de entrada, hasta una reunión política in- teresada en ganar adeptos; o desde un culto público al que todos pueden concurrir, hasta los servicios religiosos de una secta o los misterios de una sociedad secreta. 3_. El hermetismo de carácter interno -entre los partícipes mismos y en la relación de unos para con otros- puede también tomar las más diversas formas. Por ejemplo, un gremio, una casta cerrada o quizá incluso una bolsa, pueden SOLIDARIDAD Y REPRESENTACIÓN 37 permitir a sus miembros competir libremente entre sí por las probabilidades mo- nopolizadas o pueden, al contrario, limitar rigurosamente con respecto a cada miembro la apropiación de determinadas probabilidades (clientes u objetos mer- cantiles), bien de por vida o (especialmente en la India) con carácter hereditario y enajenable; una comunidad de la marca ( Markgenossenschaft) puede otorgar a sus miembros el libre aprovechamiento o bien garantizar y otorgar t.m sólo a cada unidad familiar un contingente rigurosamente limitado; una asociaci{m de colonos de carácter cerrado hacia fuera puede conceder el libre aprO\·echamiento de la tierra o bien otorgar y garantizar tan sólo, con carácter de apropiación penna- nente, un lote determinado de las tierras de labor, huerta y .pastos ( Hufenanteile); todo ello con múltiples transiciones y grados intermedios. Históricamente, por ejemplo, el cierre en el interior con relación a las "expectativas" de feudos, bene- ficios y cargos y su apropiación por los usufructuarios podía tomar formas muy diversas; e, igualmente, tanto la expectativa como la ocupación de los puestos de trabajo -para lo cual el desarrollo de los consejos obreros podría ser el primer paso- pueden ir en aumento desde el closed shop hasta un derecho a detenni- nados puestos (grado previo: prohibición del despido sin aprobación de los re- presentantes obreros). Todos los detalles corresponden al análisis del problema concreto. El grado más elevado de apropiación permanente existe en aquellos casos de probabilidades garantizadas de tal modo al individuo (o a determinado~ grupos de individuos, tales como comunidades domésticas, clanes y familias), que 1) en caso de muerte su trasmisión a otras manos está regulada y garantizada por las ordenaciones vigentes; o en que 2) el titular de las probabilidades puede trasmitirlas libremente a terceros, que se convierten así en partícipes de la rela- ción social; ésta, en semejante caso de una plena apropiación en su interior, resulta al mismo tiempo una relación social (relativamente) abierta hacia fuera (en cuan- to que la adquisición del carácter de miembro no depende del asenso de los demás). 4. Motivos conducentes al cierre de las relaciones sociales pueden ser: a) el mantenimiento de una alta calidad y por tanto (eventualmente) del prestigio y de las probabilidades inherentes, de honor y (eventualmente) de ganancia. Ejem- plos: comunidades de ascetas, de monjes (en la India, muy particularmente, mon- jes mendicantes), congregaciones de sectas (¡puritanos!), sociedades de guerre- ros, asociaciones de funcionarios, asociaciones de ciudadanos con carácter político (por ejemplo, en la Antigüedad) y uniones gremiales. b) Escasez de las probabi- lidades con respecto a la satisfacción (consumo) de las necesidades (espacio vital alimenticio): monopolio de consumo (arquetipo: comunidad de la marca). e) E~­ casez en las probabilidades lucrativas (ámbito del lucro) : monopolio lucrativo (arquetipo: las uniones gremiales o las antiguas comunidades de pescadores). Lis más de las veces se combinan el motivo a con el b o el c. § 11. Una relación social puede tener para sus partícipes, de acuerdo con su orden tradicional o estatuido, las consecuencias siguientes: a) el que toda acción de cada uno de los partícipes se impute a todos los demás (solidari- dad); b) el que la acción de un partícipe determinado se impute a los demás (representación). O sea que tanto las probabilidades como las consecuencia~, para bien o para mal, recaigan sobre todos. El poder representativo (plenos poderes) puede, según el orden vigente, 1) estar apropiado en todos sus grados y cualidades (plenos poderes por derecho propio); o 2) ser atribuido al po- seedor de determinadas características, ya temporal, ya permanentemente; o 38 CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS FUNDAMENTALES 3) ser otorgado por determinados actos de los partícipes o de terceros, ya tem- poral, ya permanentemente (plenos poderes otorgados). Respecto de las condiciones por las cuales las relaciones sociales aparecen como relaciones de solidaridad o como relaciones de representación, sólo puede decirse en tér- minos generales que es en ello decisivo el grado en que su conducta tenga como fin, bien a) una lucha violenta, bien b) un cambio pacífico; fuera de esto se trata siempre de circunstancias particulares que sólo se pueden fijar en el análisis del caso concreto. Donde menos, naturalmente, suelen pre- sentarse estas consecuencias es en aquellas relaciones que por medios pacíficos persiguen bienes puramente ideales. Con el grado de hermetismo hacia fuera marcha paralelo, aunque no siempre, el fenómeno de la solidaridad o de la representación. l. La "imputación" puede sig.1ificar prácticamente: a) solidaridad activa y pasiva: de la acción de uno de los partícipes son todos tan responsables como él mismo; por su acción, por otra parte, están legitimados todos tanto como él paril el disfrute de las probabilidades aseguradas por esa acción. La responsabilidad puede existir respecto a espíritus y dioses, es decir, estar orientada religiosamente. O bien respecto a otros hombres; y en este caso, convencionalmente en forma acth·a y pasiva, respecto a los miembros de la relación social (venganza de sangre contra los miembros de un clan y obligación, a su vez, de éstos respecto a otros; represalias contra conciudadanos y connacionales) o jurídicamente (penas contra parientes, contra miembros de la comunidad doméstica o de la comunidad veci- nal; responsabilidad personal por deudas de los miembros de una comunidad do· méstica o de una sociedad mercantil, de unos para con otros y en favor mutuo). La solidaridad frente a los dioses ha tenido históricamente consecuencias muv importantes (para las comunidades de los israelitas y cristianos primitivos y d~ los \'iejos puritanos). b) la imputación puede significar también (en su grado mínimo) que, para los participes en una relación social cerrada valga legalmente como suya propia segím sus ordenamientos tradicionales o estatuidos, toda dispo- sición sobre probabilidades de cualquier especie (especialmente económicas) to- mada por un representante ("validez" de las disposiCiones de la presidencia de una "unión" o del representante de una "asociación" económica o política sobre bienes materiales, que según los ordenamientos que la rigen deben servir a los "fines de In asociación" en cuestión) . 2. La situación de "solidaridad" existe típicamente, a) en las comunidades familiares y de vida, reguladas por la tradición (tipo: casa y clan), b) en las relaciones cerradas que mantienen por su propia fuerza el monopolio de determi- nadas probabilidades (tipo: asociaciones poHticas, especialmente en la Antigüedad; pero en su sentido más amplio, especialmente en caso de guerra, existentes todavía en la actualidad), e) en asociaciones lucrativas cuando la empresa se lleva perso- nalmente por los partícipes (tipo: la sociedad mercantil abierta), d) en determi- nadas circunstancias, en ]as sociedades de trabajadores (tipo: artela). La situación de "representación" existe típicamente en las "asociaciones" estatuidas y en las "uniones" formadas para el logro de algún fin, especialmente cuando se ha cons- tituido y se administra un patrimonio adscrito a un fin (sobre esto se tratará lue- go, en la sociología del derecho). 3. Existe una "atribución" del poder representativo según determinadas ca- racterísticas, por ejemplo, se atribuye siguiendo una escala de edades o una base semejante. CONCEPTO Y CLASES DE ASOCIACIÓN 39 4. Las particularidades de estos hechos no pueden formularse de una manera general, sino dentro de análisis sociológicos particulares. El fenómeno más anti- guo y más general es el de la represalia, como venganza tanto como prenda. § 12. Por asociación (Verband) debe entenderse una relación social con una regulación limitadora hacia fuera cuando el mantenimiento de su orden está garantizado por la conducta de determinados hombres destinada en es- pecial a ese propósito: un dirigente y, eventualmente, un cuadro administra- tivo que, llegado el caso, tienen también de modo normal el poder represen- tativo. El ejercicio de la dirección o la participación en la acción del cuadro administrativo -"los poderes de gobierno"- pueden ser: a) apropiados, o b) estar atribuidos por el orden vigente en la asociación, de modo perm:mcn- te, por algún tiempo o para un caso concreto, a personas detenninadas, a personas que reúnan ciertas características o a personas que se eligen en una forma determinada. La acción de la asociación consiste en: a) la conducta legítima del cuadro administrativo mismo que, en méritos de los poderes de gobierno o de representación, se dirige a la realización del orden de la misma; b) la conducta de los partícipes en la asociación en cuanto dirigida por las ordenanzas de ese cuadro administrativo. l. Es indiferente para el concepto aceptado el que se trate de "sociedades" o de "comunidades". Basta la presencia de un dirigente -cabeza de familia, di- rectiva de la unión, gerente mercantil, príncipe, presidente del estado, jefe de iglesia- cuya conducta se dirija a la realización del orden de la asociación. Y esto porque el carácter específico de esa acción, no meramente orientada por el orden vigente en la asociación, sino dirigida a su imposición coactiva, añade sociológi- camente al hecho de la "relación social" cerrada una nueva característica im- portante. Pues no todas las comunidades o sociedades cerradas son una "aso- ciación"; por ejemplo, no lo son una relación erótica o una comunidad de clan sin jefe. 2. La "existencia" de una asociación depende por completo de la "presencia" de un dirigente y eventualmente de un cuadro administrativo. O sea, dicho de un modo más exacto: de la existencia de la probabilidad de que pueda tener lugar una acción de personas dadas, cuyo sentido esté en el propósito de implantar el orden de la asociación. Es decir, que existan determinadas personas "puestas" para actuar, en caso dado, en ese sentido. Es, por lo pronto, conceptualmente indiferente aquello en que descanse esa posición, bien sea por devoción tradicio- aal, afectiva o racional con arreglo a valores (deberes feudales, de cargo o de servicio). o por rulculo de intereses racionalmente sopesados (interés por suel- dos, etc.). Desde un punto de vista sociológico y según nuestra terminología, la asociación no consiste en otra cosa que en la probabilidad del desarrollo de una acción orientada de la forma expuesta. Si falta la probabilidad de esta acción de un cuadro dado de personas (o de una persona individual dada), existe según nuestra terminología una "relación social", pero no una "asociación". Por el contrario, todo el tiempo que aquella probabilidad subsista, subsiste desde la pers- pectiva sociológica la asociación, a pesar del cambio de las personas que orientan su acción por el orden de que se trate. (El tipo de nuestra definición se propone incluir inmediatamente este hecho.) 3. a) Además de la acci6n del cuadro administrativo mismo o bajo su direc- ción, puede también desarrollarse típicamente una acci6n de los demás partícipes 40 CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS FUNDAMEN'f ALES específicamente orientada por el orden de la asociación y cuyo sentido radica en la garantía de la realización de ese orden (tributos y sen,icios lítúrgicos de toda especie, servicio militar, jurados, etc.). b) El orden vigente puede también con- tener normas por Iros cuales debe orientarse en otras cosas la conducta de los miembros de la asociación (por ejemplo, en el estado toda acción de economía privada -es decir, no dirigida por la imposición coactiva del orden vigente- debe rcgularse por el derecho civil). En los casos de la letra a la acción debe llamarse "acción para la asociación"; en los de la letra b, "acción regulada por la asociación". Sólo puede llamarse propiamente "acción de la asociación" la del cuadro administrativo mismo y, además, toda otra que, siendo para la asociación, esté dirigida y plenamente planeada por el cuadro administrativo; así, por ejem- plo, para todos los miembros de un estado la guerra que éste "hace"; para los de una asociación, una contribución acordada por la presidencia, o el "contrato" celebrado por el dirigente cuya "validez" se impone a los miembrcs y se les impu- ta ( ~ 11); además, toda la actitud "judicial" y "administrativa" (ver tam- bién§ 11). Una asociación puede ser: a) autónoma o heterónoma; b) autocéfa]a o heterocéfala. Autonomía significa, al contrario de heterónomía, que e1 orden de la asociación no esté otorgado -impuest~- por alguien fuera de la misma y exterior a ella, sino por sus propios miembros y en virtud de la cualidad de tales (cualquiera que sea la forma en que esto tenga lugar). Autocefalia sig- nifica que el dirigente de la asociación esté nombrado según el orden de ]a asociación y no, como en caso de heterocefalia, por alguien externo a ella (cualquiera que sea la forma del nombramiento). Hay heterocefalia, por ejemplo, en el nombramiento de los gobernadores de las provincias canadienses (por el gobierno central de1 Canadá). U na asociación heterocéfala puede ser autónoma, y una autocéfala, heterónoma. También pue- de darse el caso que una asociación, en ambos aspectos, sea en pcrrte una cosa y en parte otra. Los estados miembros del Imperio alemán, no obstante su auta- cefalia, eran heterónomos en el ámbito de la competencia del Reich y autónomos dentro de su propia competencia (cuestiones escolares, eclesiásticas, etc.). Alsa- cia-Lorena, dentro de Alemania, era autónoma dentro de ciertos límites y, sin em- bargo, heterocéfala (el Kaiser nombraba al Statthalter). Todos estos hechos pueden también presentarse en forma parcial. Una asociación plenamente heterónoma y heterocéfala (un "regimiento" dentro de una asociación militar) se caracteriza, por regla general, como "parte" de una asociación más amplia. Si este caso existe o no, es algo que depende del mayor o menor grado de independencia real en la orientación de la acción en el caso concreto de que se trate, y es, terminológica- mente, un problema de pura conveniencia )a calificación qu~ se le dé. § 13. Los órdenes estatuidos en una "sociedad" pueden nacer: a) por pacto libre, o b) por otorgamiento -imposición- y sometimiento. Un poder gu- bernamental dentro de una asociación puede pretender el poder legítimo para la imposición de órdenes nuevos. La constituci6n de una asociación consiste en la probabilidad efectiva de que se produzca e] sometimiento al poder "otorgante" del gobierno existente, según medida, modo y condicio- nes. A estas condiciones pertenecen especialmente, según el orden vigente, ORDEN ADMINISTRATIVO Y REGULADOR 41 aparte de otras de carácter muy diverso, el asenso de determinados grupos o fracciones de los miembros de la asociación. Las ordenaciones de una asociación pueden imponerse con validez no sólo para sus miembros, sino aun para aquellas personas que no lo son, siem- pre que se den determinadas circunstancias de hecho. Esas circunstancias de hecho pueden consistir especialmente en una relación territorial (presencia, nacimiento, ejecución de determinadas acciones dentro de un determinado territorio): o sea, "validez territorial". Una asociación cuyas ordenaciones ten- gan fundamentalmente validez territorial, debe llamarse asociación terrí- torial, siendo indiferente que también internamente tenga ese carácter, es decir, que sus normas sólo tengan validez territorial incluso para sus miem- bros (lo que es posible y sucede, al menos en extensión limitada). l. "Otorgada" en este sentido es tocút ordenación que no derive de un pactu personal y libre de todos los miembros. También, por tanto, la "decisión mayo- ritaria", a la que la minoría se somete. La legitimidad de esa decisión mayoritaria ha sido por eso desconocida o problemática por largo tiempo (todavía en los esta- mentos durante la Edad Media, y en la época moderna en la Obschtschína rusa). (Ver ínfra lo que se dice en la sociología del poder y en la sociología jurídica.) 2. Con frecuencia los mismos pactos fom1~.lmente "libres" son de hecho "otor- gados", como es cosa generalmente sabida (así, en la Obschtschína). En este caso lo importante para la sociología es la situación real. 3. El concepto de "constitución" que aquí se usa es también el empleado por Lassalle. En modo alguno se identifica con el concepto de constitución "escrita" o, en general, con el de constitución en sentido jurídico. El problema sociológico es únicamente éste: cuándo, para qué materias y dentro de qué límites y -even- tualmente- bajo qué especiales condiciones (por ejemplo, consentimiento de dioses o sacerdotes o aprobación de cuerpos electorales) se someten al dirigente los miembros de la asociación y puede aquél contar con el cuadro administrativo y con la acción de la asociación, para el caso de que disponga algo y, más espe- cialmente, para el caso en que trate de imponer sus ordenamientos. 4. El tipo fundamental de las ordenaciones "otorgadas" válidamente para un territorio está representado por las normas penales y por muchos otros "precepto~ jurídicos" dentro de una asociación política (cf. el concepto de "corporación terri- torial" de Gierke-Preuss) cuya aplicación depende de la presencia, nacimiento, lugar del hecho, lugar de su cumplimiento, etc., dentro del territorio de la asocia- ción en cuestión. § 14. Por orden administrativo debe entenderse-el que regula la "acción de la asociación". Orden regulador es el que ordena otras acciones sociales, garantizando, mediante esa regulación, a los agentes las probabilidades ofre- cidas por ella. En la medida en que una asociación sólo se oriente por órdenes de la primera clase, podrá decirse que es una asociación de carácter adminis- trativo, y cuando la orientación esté dirigida por órdenes de la última clase se dirá que es una asociaci6n de carácter regulador. 1. Es de suyo evidente que la mayoría de las asociaciones son tanto lo uno como lo otro; una ¡r.¡ociación únicamente reguladora sería un "estado de derecho" puro, de un "absoluto laissez·f4ire", sólo teóricamente imaginable (pues supon- dría, sin duda, el abandono del sistema monetario a la economía privada). 42 CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS FUNDAMENTALES 2. Sobre el concepto de "acción de la asociación" ver § 12 n9 3. En el con- cepto d.:: "orden administrativo" se incluyen todas las normas que pretenden valer tanto para la conducta del cuadro administrativo como para la de sus miembros "frente a la asociación", o como se suele decir, para todos aquellos fines cuya pro- secución y logro tratan de asegurar las ordenaciones de la asociación mediante una acción pla11eada, y positivamente prescrita por ellas, del cuadro administrativo y sus miembros. En una organización económica de absoluto carácter comunista toda acción social sería aproximadamente de esa clase; en un estado de derechu en su forma pura y absoluta sólo serían, al contrario, de esa clase las acciones de los jueces, policías, jurados, soldados y las actividades legislativas y electorales. En general -aunque no siempre en particular- el límite de los órdenes adminis- trativos y reguladores coincide con la separación, dentro de una asociación política, entre derecho "público" y "privado". (l\Hs al detalle será estudiado esto en la sociología del derecho.) § 15. Por empresa (Betrieb) debe entenderse una acción que persigne fines de una determinada clase de un modo continuo. Y por asociación de empresa (Betriebverband) una sociedad con un cuadro administrativo con- tinuamente activo en la prosecución de determinados fines. Por unión (Verein) debe entenderse una asociación de empresa cuyas orde- naciones estatuidas sólo pretenden validez para los que son sus miembros por libre decisión. Por instituto (Anstalt) debe entenderse una asociación cuyas ordenaciones estatuidas han sido "otorgadas" y rigen de hecho (relativamente) con respecto a toda acción que con determinadas características dadas tenga lugar en el ámbito de su poder. l. llajo el concepto de empresa se incluye naturalmente la realización de acti- vidades políticas e hierúrgicas, asuntos de una unión, etc., siempre que se dé la característica de la continuidad en la prosecución de sus fines. 2. Unión e instituto son ambas asociaciones con ordenamientos estatuidos racionalmente (con arreglo a plan), o dicho de una manera más exacta: en la me- dida en que una asociación tenga ordenaciones racionalmente estatuidas tendrá que llamarse unión o instituto. Un "instituto" es, ante todo, el estado, junto con sus asociaciones heterocéfalas, y también la iglesia, siempre que sus ordenamientos estén racionalmente estatuidos. Las ordenaciones de un "instituto" tienen la pre- tensión de \·alcr para todo aquel en quien se den determinadas características externas (nacimiento, estancia, utilización de determinados servicios), con inde- pendencia de si -como en la unión- entró o no por decisión personal en la asociación, o si colaboró o no en la elaboración de las ordenaciones. Son por eso en su pleno sentido específico ordenaciones otorgadas. El instituto puede ser espe- cialmente una asociación territorial. 3. La oposición entre unión e instituto es relativa. Las ordenaciones de una unión pueden afectar a terceros e imponérseles el reconocimiento de la validez de estas ordenaciones tanto por usurpación o propia fuerza de la unión, como por ordenaciones legalmente estatuidas (por ejemplo, derecho de las sociedades anónimas). 4. Apenas es necesario subrayar que "instituto" y "unión' 1 no contienen en sí la totalidad de todas las posibles asociaciones que pueden pensarse. Son sólo opo- siciones "polares" (en el dominio religioso, por ejemplo: iglesia y secta). PODER Y DOMINACIÓN 43 § 16. Poder significa la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad. Por dominación debe entenderse la probabilidad de encontrar obediencia a un mandato de determinado contenido entre personas dadas; por disciplina debe entenderse la probabilidad de encontrar obediencia para un mandato por parte de un conjunto de personas que, en virtud de actitudes arraigadas, sea pronta, simple y automática. l. El concepto de poder es sociológicamente amorfo. Todas las cualidades imaginables de un hombre y toda suerte de constelaciones posibles pueden colocar a alguien en la posición de imponer su voluntad en una situación dada. El con- cepto de dominación tiene, por eso, que ser más preciso y sólo puede significar la probabilidad de que un mandato sea obedecido. 2. El concepto de disciplina encierra el de una "obediencia habitual" por parte de las masas sin resistencia ni crítica. La situación de dominación está unida a la presencia actual de alguien mandando eficazmente a otro, pero no está unida incondicionalmente ni a ld existencia de un cuadro administrativo ni a la de una asociación; por el con- trario, sí lo está ciertamente -por lo menos en todos los casos normales- a una de ambas. Una asociación se llama asociación de dominación cuando sus miembros están sometidos a relaciones de dominación en virtud del orden vigente. l. El patriarca domina sin cuadro administrativo. El cabecilla beduino que levanta contribuciones de las personas, caravanas y bienes que aciertan a pas~r por ~n rocoso poblado, domina gracias a su séquito guerrero, el cual, dado el caso, fun- ciona como cuadro administratiYo capaz de obligar a todas aquellas persona,, cambiantes e indeterminadas y sin formar entre sí asociación alguna, tan pronto y durante el tiempo en que se encuentran en una situación determinada. (Teórica- mente cabe imaginar una dominación semejante de una sola persona sin cuadro administrativo.) 2. Una asociación es siempre en algún grado asociación de dominación por la simple existencia de su cuadro administrativo. Sólo que el concepto es relativo. La asociación de dominación, en cuanto tal, es normalmente asociación adminis- trativa. La peculiaridad de esta asociación está determinada por la forma en que se administra, por el carácter del círculo de personas que ejercen la administración, por los objetos administrados y por el alcance que tenga la dominación. Las dos primeras características dependen en gran medida de cuáles sean los fundamentos de legitimidad de la dominación· (sobre esto, ver cap. m). § 17. Una asociación de dominación debe llamarse asociación política cuando y en· la medida en que su existencia y la validez de sus ordenaciones, dentro de un ámbito geográfico determinado, estén garantizados de un modo continuo por la amenaza y aplicación de la fuerza física por parte de su cuadro administrativo. Por erta.do debe entenderse un instituto político de actividad continuada, cuando y en la medida en que su cuadro administrativo mantenga con éxito CONCEPTOS SOCIOLÓGICOS FUNDAMENTALES la pretensión al monopolio legítimo de la coacción física para el manteni- miento del orden vigente. Dícese de una acción que está políticamente orien· tada cuando y en la medida en que tiende a influir en la dirección de una asociación política; en especial a la apropiación o expropiación, a la nueva distribución o atribución de los poderes gubernamentales. Por asociación hierocrática debe entenderse una asociación de dominación, cuando y en la medida en que aplica para la garantía de su orden la coacción psíquica, concediendo y rehusando bienes de salvación (coacción hierocrá- tica). Debe entenderse por iglesia un instituto hierocrático de actividad continuada, cuando y en la medida en que su cuadro administrativo mantiene la pretensión al monopolio legítimo de la coacción hierocrática. l. Es de suyo evidente que en las asociaciones políticas no es la coacción física el único medio administrativo, ni tampoco el normal. Sus dirigentes utilizan todos los medios posibles para la realización de sus fines. Pero su amenaza y eventual empleo es ciertamente su medio específico y, en todas partes, la ultima ratio cuando los demás medios fracasan. No sólo han sido las asociaciones políticas las que han empleado como medio legítimo la coacción fisica, sino, asimismo, el clan, la casa, la hermandad y, en la Edad Media, en ciertas circunstancias, todos los autoriza- dos a llevar armas. Al lado de la circunstancia de que la coacción física se aplique (por lo menos como ultima ratio) para el mantenimiento y garantía de sus "orde- naciones", caracteriza también a la asociación política el hecho de que la domina- ción de su cuadro administrativo y de sus ordenamientos mantengan su pretensión de validez para un territorio determinado, y que esta pretensión esté garantizada por la fuerza. Siempre que esta característica se reconozca en cualquier clase de asociación y que hagan uso de la fuerza -comunidades de aldea, comunidades domésticas o asociaciones gremiales u obreras ("consejos")-, deben ser conside- radas como asociaciones políticas. 2. No es posible definir una asociación política -incluso el "estado"- seña- lando los fines de la "acción de la asociación". Desde el cuidado de los abasteci- mientos hasta la protección del arte, no ha existido ningún fin que ocasionalmente no haya sido perseguido por las asociaciones políticas; y no ha habido ninguno comprendido entre la protección de la seguridad personal y la declaración judicial del derecho que todas esas asociaciones hayan perseguido. Sólo se puede definir, por eso, el carácter politico de una asociación por el medio -elevado en determi- nadas circunstancias al fin en sí- que sin serie exclusivo es ciertamente específico y para su esencia indispensable: la coacción física. Esto no corresponde por com- pleto al uso corriente del lenguaje; por eso no puede ser utilizado sin una mayor precisión. Se habla de la "política de divisas" de un banco nacional, de la "política financiera" de la gerencia de un grupo de empresas, de la "política escolar" de un ayuntamiento y se alude siempre con ello a la conducción y tratamiento planeado del asunto en cuestión. En forma más característica se separan el aspecto polí- tico de un asunto o los funcionarios "políticos", los diarios "políticos", la revolu- ción "política", la unión "política", el partido "político", las consecuencias "polf- ticas", de los otros aspectos y características -económicos, culturales, religiosos- de las personas, cosas y procesos en cuestión, y se alude con ello a todo lo que tiene que ver con las relaciones de dominación dentro de la asociación política (del estado), y cuyo mantenimiento, desplazamiento o transformación pueden produ- cir, impedir o fomentar, oponiéndolo a aquellas personas, cosas o procesos que nada tienen que ver en esto. En este uso corriente del lenguaje se busca, pues, lo ASOCIACIÓN POLhlCA Y HIEROCRÁTICA 45 común en el medio: la dominación; y especialmente la forma como ésta se ejerce por los poderes de gobierno, con exclusión de los fines a que la dominación sirve. Por lo cual puede afirmarse que la definición aquí aceptada no es más que una precisión de lo contenido en el uso corriente del lenguaje, en cuanto que en éste se acentúa enérgicamente lo que de hecho es específico: la coacción física (actual o eventual). Cierto también que el lenguaje corriente llama "asociaciones políti- cas" no sólo a aquellas soporte de la coacción considerada como legítima, sino también, por ejemplo, a partidos y clubs, con pretensión de influir (sin violencia, según propias declaraciones) en la acción politica de la asociación. Empero, debe separarse esta clase de acción social como "políticamente orientada", de la auténtica acción política de la asociación (en el sentido, esta última, del§ 12 n9 3). 3. Es conveniente definir el concepto de estado en correspondencia con el moderno tipo del mismo -ya que en su pleno desarrollo es enteramente moder- no--, pero con abstracción de sus fines concretos y variables, tal como aquí y ahora los vivimos. Caracteriza hoy formalmente al estado el ser un orden jurídico y administrativo -cuyos preceptos pueden variarse- por el que se orienta la actividad -"acción de la asociación"- del cuadro administrativo (a su vez regu- lada por preceptos estatuidos) y el cual pretende validez no sólo frente a los miembros de la asociación --que pertenecen a ella esencialmente por nacimiento-- sino también respecto de toda acción ejecutada en el territorio a que se extiende la dominación (o sea, en cuanto "instituto territorial"). Es, además, caracterís- tico: el que hoy sólo exista coacción "legítima" en tanto que el orden estatal la permita o prescriba (por ejemplo, este orden deja al padre "poder disciplinario"; un resto de lo que fue en su tiempo potestad propia del señor de la casa, que disponía de la vida de hijos y esclavos). Este carácter monopólico del poder esta- tal es una característica tan esencial de la situación actual como lo es su carácter de in5tituto racional y de empresa continuada. 4. Para el concepto de asociación hierocrática no es característica decisiva la clase de los bienes de salvación ofrecidos --de este mundo o del otro, externos o internos-, sino el hecho de que su administración pueda constituir el funda- mento de su dominación espiritual sobre un conjunto de hombres. Para el con- cepto de iglesia, por el contrario -y de acuerdo con el lenguaje corriente (adecuado en este caso)-, es característico su carácter de instituto racional y de empresa (relativamente) continuada, como se exterioriza en sus ordenaciones, en su cuadro administrativo y en su pretendida dominación monopólica. A su tendencia nor- mal de instituto eclesiástico corresponde su dominación territorial hierocrática y su articulación territorial (parroquial); si bien, según e] caso concreto, tiene que contestarse de modo diverso la cuestión de cuáles sean los medios que dan fuerza a esa su pretensión monopólica. Pero en realidad el monopolio de dominación territorial no ha sido nunca tan esencial para la iglesia como para la asociación polí- tica, y hoy desde luego, en modo alguno. El carácter de instituto, especialmente la condición de que se "nazca" dentro de una iglesia, la separa de la "secta", cuya característica es ser unión, que sólo acoge personalmente a los religiosamente cali- ficados. (Los detalles pertenecen a la sociología de la religión.) 11. LAS CATEGORlAS SOCIOLúGICAS FUNDAMENTALES DE LA VIDA ECONOMICA Advertencia preliminar: En este capítulo en modo alguno se trata de una "teoría económica", sino de definir algunos conceptos frecuentemente usados en estos últimos tiempos y de fijar ciertas relaciones sociológicas elementales dentro de la vida económica. También aquí la forma de la conceptuación está determinada por razones de conveniencia. El discutido concepto del "valor" no era imprescindible en nuestra terminología. Respecto de la terminología de K. Bücher se han intro- ducido algunas variaciones en los lugares concernientes (por ejemplo, la división del trabajo), pero sólo en la medida exigida por los fines perseguidos. Toda "diná- mica" ha quedado fuera de nuestra consideración. § l. Una acción debe llamarse "económicamente orientada" en la medida en que su sentido subjetivo esté orientado por el deseo de obtener ciertas utilidades. Se llama "gestión económica" a un ejercicio pacífico de poderes de disposición, orientado en primer término económicamente y ella será "ra- cional" cuando discurra con arreglo a un fin racional, o sea con arreglo a un plan. Debe llamarse "economía" a una gestión económica autocéfala. Y "ex- plotación económica" a una actividad económica permanente y organizada. l. Ya antes se hizo observar (§§ l, II, 2, p. 11) que la actividad económica no tiene que ser en sí misma necesariamente una acción social. 2. La definición de la gestión económica tiene que ser lo más general posible y expresar claramente que todos los procesos y objetos "económicos" adquieren ese carácter en cuanto tales por el sentido que en ellos pone la acción humana -como fin, medio, obstáculo, resultado accesorio. Sólo que esto no debe expresarse, como ocurre con frecuencia, diciendo que la economía es un fenómeno "psíquico". En modo alguno puede decirse que son "psíquicos" la producción de bienes, el precio o incluso las ''estimaciones subjetivas" de los bienes, aunque éstos sean, por otra parte, procesos reales. Sin embargo, con esa expresión se apunta a algo justo: el que poseen un peculiar sentido subjetivo, y que sólo éste constituye la unidad de los procesos en cuestión y los hace comprensibles. La definición de la "gestión económica" debe construirse, además, de tal forma que abarque la moderna eco- nomía lucrativa; por consiguiente, no debe partir de las "necesidades de consumo" y su "satisfacción", sino, por una parte, del hecho (válido también para el impulso ajeno a la ganancia de dinero) de que ciertas utilidades son deseadas, y, por otra, del hecho (válido también para la pura, y primitiva, economía de cobertura de necesidades) de que aquel deseo se intenta satisfacer por alguna procuración deter- minada (aunque sea por completo primitiva y tradicional). 3. En contraposición a la "gestión económica" debe llamarse "acción econó- micamente orientada" a toda acción que a) esté orientada primariamente haci<l otros fines, pero que en su desarrollo tenga en cuenta la "contextura real" de lo económico (la necesidad reconocida de la procuración económica); o que b) esté orientada primariamente por esa contextura, pero aplicando de hecho la coac- ción como medio. En una palabra: toda acción que no siendo primariamente económica o pacífica, esté codeterminada por aquella contextura. La "gestión eco- nómica" implica, pues, una orientación subjetiva y primariamente económica. 46 GESTIÓN ECONÓMICA 47 (Subjetiva: la que se apoya en una creencia en la necesidad de la procuracwn económica, no en su necesidad objetiva o de hecho.) En este carácter "subjetivo" del concepto, en el hecho de que el sentido subjcth·o de la acción otorgue a ésta carácter económico, insiste con razón R. Liefmann, pero en todo lo demás, según mi parecer, está equivocado. 4. Toda clase de acción puede ser económicamente "orientada", incluso la acción violenta (por ejemplo, la guerra: guerra de rapiña; guerra comercial). A este respecto, Franz Oppenheimer ha opuesto con razón al "medio económico" el "me- dio político". De hecho es conveniente separar al último de la "economía". El "pragma'' de la violencia se opone fuertemente al espíritu de la economía (en el sentido corriente de la palabra). La apropiación inmediata y violenta de bienes y la compulsión real e inmediata de una conducta ajena por medio de la lucha no deben denominarse "gestión económica". Claro que el cambio no es el medio económico, sino sólo uno de los medios económicos, si bien de los más impor- tantes. Y no es menos evidente que la procuración económicamente orientada hacia los medios y resultados de determinadas acciones de poder (armamentos, economía de guerra) son actos de "economía" exactamente lo mismo que otras acciones de esta clase. Toda "política" racional se sirve de la orientación económica en los medío11 y toda política puede ponerse al servicio de finalidades económicas. También es claro que, teóricamente, no toda economía exige la garantía del poder de disposi- ción por medio del derecho coactivo del estado -aunque sí la exige nuestra mo- derna economía en sus actuales condiciones. Es decir, la amenaza de un acto de fuerza eventual para asegurar el mantenimiento y la ejecución de la garantía de los poderes jurídico-formales de disposición. Pero esta economía protegida de tal suerte por la fuerza no significa que la economía sea en sí misma un acto de fuerza. Nada revela mejor lo equivocado de la pretensión de considerar a la economía (cualquiera que sea su definición) tan s6lo como un medio -en contraposición, por ejemplo, con el estado, etc.- que s6lo podamos definir al estado indicando el medio (coacción física) que emplea y que es hoy su monopolio. Si algo signi- fica la economía, prácticamente considerada, es precisamente la selección cuida- dosa entre distintos fines, aunque se oriente desde luego por la escasez de los medios que para la realización de estos varios fines están a nuestra disposición o podemos procurarnos. 5. No toda acción racional en sus medios puede llamarse "gestión económica racional" o "gestión económica" en general. Especialmente no debe emplearse el término "economía" como idéntico al de "técnica". "Técnica" de una acción significa el conjunto de los medios aplicados en ella, en contraposición al sentido o fin por el que (en concreto) se orienta; y "técnica racional" significa una apli- cación de medios que conscientemente y con arreglo a plan está orientada por la experiencia y la reflexión, y en su óptimo de racionalidad por el pensamiento cien- tífico. Lo que se entiende concretamente por "técnica" es fluido: el sentido últi- mo de una acción concreta, considerada dentro de la conexión total de una activi- dad, puede tener carácter de arte "técnico", o sea, ser medio e instrumento para aquella actividad total; sin embargo, con respecto a la acción concreta esa aporta- ción técnica (desde la perspectiva de ]a actividad total) constituye su verdadero "sentido" y los medios que aplica son su "técnica". En este sentido hay una técnica para cada forma de actividad: técnica de la oración, técnica de la ascé- tica, técnica del pensamiento y de la investigación, técnica mnemónica, técnica de la educación, técnica del poder político o hierocrático, técnica administrativa, técnica erótica, técnica militar, técnica musical (de un virtuoso, por ejemplo), téc- 48 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓ111ICA nica escultórica o pictórica, técnica jurídica, etc.; y siendo cada una de ellas suscep- tible de los más diversos grados de racionalidad. La presencia de una "cuestión técnica" significa siempre lo mismo: la existencia de dndas sobre los medios más racionales. Canon de lo racional en la técnica es, entre otros, el famoso principio del mínimo esfuerzo: d óptimo en los resultados en comparación con los medios aplicables (no con d medio -en absoluto- más pequeño). Al parecer, el mismo principio vale naturalmente para la economía (como para tod,1 acción racional en general). Sin embargo, en otro sentido. En la medida en que la ';técnica" es técnica pura en el sentido literal adoptado sólo se pregunta por los medios apro- piados para conseguir el óptimo en el resultado, que se le ofrece como fin indi~cu­ tible a conseguir; y por la manera de emplear esos medios con la mayor economía de fuerzas posible, supuestas las mismas las condiciones de perfección, seguridad y duración de ese resultado. Pero esto último comparativamente, es decir, en la medida en que sea inmediatamente comparable el gasto distinto de fuerzas en el momento de escoger entre los diferentes caminos posibles. En cuanto técnica pura ignora en ese momento las demás necesidades. Por ejemplo, el problema de si un elemento técnicamente indispensable de una máquina ha de ser construido de hierro o platino --cuando de hecho se poseyeran las cantidades necesarias de estos últimos para la consecución del resultado concreto perseguido- sólo podría resol- verse desde este punto de vista: en qué forma sería el resultado más completo y cuál de los dos caminos exigiría menor gasto, comparable, de energías (trabajo, por ejemplo). En cuanto de aquí se pasara a considerar la diferencia de escasez. del hierro y del platino en relación con la demanda total -como hoy día todo "técnico", ya en el laboratorio químico, está acostumbrado a realizar- no ten- dríamos una conducta "exclusivamente técnica" (en el sentido literal adoptado) sino también "económica". Desde el punto de vista de la "gestión económica" los problemas "técnicos" significan esto: que deben tenerse en cuenta los "costos". Lo cual es para la economía una cuestión en todo momento fundamentalmente importante y que en el círculo de sus problemas toma siempre la siguiente forma: cómo queda la satisfacción de otrctS necesidades (que pueden ser presentes y cua- litativamente distintas o cualitativamente homogéneas pero futuras) cuando apli- camos estos medios para esta necesidad. (Trata esta cuestión en forma análoga V. Gottl; excelentes y exhaustivas las consideraciones de R. Liefmann, Grund:z: d. A. W. W. L., pp. 336 ss. Es equivocada la reducción de todos los "medios" al "esfuerzo de trabajo".) Pues el problema de determinar lo que "cuesta", comparativamente, la aplica- ción de los distintos medios para el logro de un determinado fin, radica en defini- tiva en la aplicabilidad de los medios (entre és~os, ante todo, la mano de obra) para distintos fines. El problema, por ejemplo, del tipo de disposiciones que deben adoptarse para poder mover determinadas cargas o para poder explotar una mina a determinada profundidad, de modo que, comparativamente, se consigan los fines o propósitos con la menor cantidad posible de trabajo efectivo, es un problema "técnico" en el sentido aquí adoptado. En cambio, la cuestión sería de carácter económico cuando se tratase de comparar los distintos fines entre sí; tal, en una economía de cambio, la cuestión de si los gastos realizados serdn compensados por la venta de los bienes; y en una economía planificada. la cuestión de si la apli- cación de los medios de producción y de la mano de obra existentes no implica perjuicio para otros intereses que se tienen por más importantes. En ambos casos se trata de una comparación de fines. La "economía" se orienta primariamente hacia los fines a realizar; la "técnica" por el problema de los medios aplicables (dado un fin). Que en el punto de partida de la técnica esté subyacente un pro- GESTIÓN ECONÓl\IICA 49 bltma de fines, es por completo indiferente para la cuestión de la racionalidad "técnica" desde un punto de vista puramente conceptual (no así de los hechos). Puede existir una técnica racional, de acuerdo con la definición que aquí se ha dado, en servicio de fines para los que no exista ninguna demanda o deseo. Así, alguien, por puro pasatiempo y afición por la técnica, podría ponerse a produ~ir aire atmosférico haciendo uso para ello de los medios técnicos más modernos, sm que fuera posible objetar lo más mínimo contra la racionalidad técnica de su c~m­ ducta; en cambio aparecería económicamente como irracional, porque no ex1st~ ninguna necesidad que obligue a preocuparse por ese producto ( cf. v. Gottl-Otth- lienfeld, en G. S. Oe, n). La cabal orientación económica del llamado proceso tecnológico por las probabilidades de ganancia es uno de los hechos fundament~les de la historia de la técnica. Pero esta orientación económica no ha sido exclusiVa, no obstante su importancia, en la indicación del camino seguido por la evolu- ción de la técnica, pues intervinieron también otros motivos: en parte cavilaciones y juego de ideólogos extravagantes, en parte intereses fantásticos y ultraterrenos, en parte también problemas de arte; todos, pues, motivos extraeconómicos. Por su- puesto, en todo tiempo y especialmente ahora, el centro de gravedad del des- arrollo técnico está en su condicionamiento económico; sin el cálculo racional como base de la economía, y, por consiguiente, sin la existencia de condiciones histórico-económicas en extremo concretas, tampoco hubiera surgido la técnica racional. La razón de que no se haya ya incluido de un modo expreso en nuestro con- cepto inicial la característica de la economía frente a la técnica, está en el punto de partida sociológico. Del carácter de "continuidad" de la gestión económica deriva pragmáticamente la sociología el hecho de sopesar los fines entre sí y con los "costos" (en la medida en que éstos son otra cosa que la renuncia a un fin en beneficio de otro más urgente). Por el contrario, una teoría económica haría bien en introducir desde el principio aquella característica. 6. En el concepto sociológico de la "gestión económica" no puede faltar la característica del poder dispositivo, ya que, por lo menos, la economía lucrativa se realiza completamente por medio de contratos de cambio, o sea de adquisicio- nes planeadas de poderes de disposición. (A través de esto surge la relación con el "derecho".) Pero también toda otra organización de la cconomia implica una dis- tribución de hecho cualquiera de poderes de disposición; sólo que según principios distintos de los imperantes en la economía privada actual, en la que "economías particulares" autónomas y autocéfalas están ;urídícamente protegidas. Pues ya la dirección (socialismo), bien los miembros (anarquismo), tienen que poder contar con poderes de disposición sobre la mano de obra y utilidades existentes; lo cual sólo podemos aclarar ahora terminológicamente, pero no interpretar en sus conse- cuencias y detalles. Respecto a la manera como están garantizados esos poderes (por convención o por derecho) o si incluso carecen de toda garantía externa, de modo que sólo la costambre o la situación de intereses le permitan a uno contar con (relativa) seguridad por lo que se refiere a determinados poderes de disposi- ción, es una cuestión que carece de importancia desde el punto de vista concep- tual, por imprescindibles que sean esas garantías furídicas para la economía mo-- derna. En consecuencia, el carácter imprescindible de aquellas categorías para la considemción económica de la acción social no significa que la ordenación ;urídica de los poderes de disposición sea lógicamente necesaria, aunque empíricamente pueda parecer imprescindible. 7. En el concepto de "poder de disposición" debe incluirse también la posibi- lidad de disposición -de hecho o garantizada de otro modo cualquiera- sobre 50 CA TEGOIÚAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA la propia fuerza de trabaio (cosa en modo alguno evidente por sí misma; por ejem- plo, en la esclavitud) . B. Una teoría sociológica de la economía se ve forzada desde el principio a insertar en sus categorias el concepto de "bienes" (como sucede en el § 2); pues tiene que ocuparse de aquella acción cuyo sentido específico es el resultado de las reflexiones de los sujetos económicos (resultado que sólo puede ser aislado en teoría). De otra suerte puede proceder (quizá) la teoría económica, cuyos cono- cimientos teóricos constituyen el fundamento de la sociología económica -aun- que ésta en algunos casos tenga que crear sus propios conceptos. § 2. Se entiende por "utilidades" aquellas probabilidades {reales o su· puestas) concretas y singulares de aplicación actual o futura, estimadas como tales por uno o varios sujetos económicos, que se convierten en objeto de procuración porque las personas orientan precisamente su actividad econó- mica en la estin1aci6n de esas utilidades como medios para sus fines. Las utilidades pueden consistir en servicios prestados por las cosas o en servicios prestados por los hombres. Se llaman "bienes" a las cosas soporte de posibles utilidades objetivas, cualquiera que sea su especie, y "servicios" a las utilidades consistentes en una conducta activa del hombre. Sin embargo, también son objeto de la procuración económica ciertas relaciones sociales, estimadas como fuentes de posibles poderes de disposición, presentes o futu- ros, sobre determinadas utilidades. Las probabilidades establecidas en favor de una economía, por un orden consuetudinario, por una situación de inte- reses o garantizadas jurídica o convencionalmente, se llaman "probabilidades económicas" ( okonomische Chancen). Cf. von Bohm-Bawerk, Rechte und Verhiiltnisse vom Standpunkt der volksw. Güterlehre, lnnsbruck, 1881, "Derechos y obligaciones desde el punto de vista de la teoría económica de los bienes". l. Bienes y servicios no agotan el ámbito de aquellas relaciones del mundo exterior que pueden importar a un hombre desde el punto de vista económico y ser, por tanto, objeto de su procuración. Las relaciones que supone una "clientela fiel", la tolerancia de ciertas medidas económicas por quienes podrían impedirla5, lo mismo que otras numerosas formas de conducta, pueden tener igual significación para la gestión económica, ser objeto de la procuración económica y materia, por ejemplo, de contratos. Manejaríamos, sin embargo, conceptos imprecisos si se pre- tendiera incluir estas relaciones bajo aquellas dos categorías. Esta construcción conceptual está determinada en último extremo por razones de conveniencia. 2. Igualmente imprecisos serían los conceptos (como ha hecho observar justa- mente von Bohm-Bawerk) si, sin distinción alguna, llamáramos "bienes" a todas las unidades perceptibles de la vida y del lenguaje cotidiano, de modo que el con- cepto de bien fuera por completo equivalente al de utilidades materiales. En un lenguaje riguroso no puede decirse, por ejemplo, que un "caballo"o una "barra de hierro" sean "bienes" en el sentido de utilidades, sino más bien lo son sus pecu- liares posibilidades de uso, tal como se las cree y desea en su estimación: como fuerza de arrastre o de resistencia, verbi gratia, o por otras razones cualesquiera. De igual manera no pueden considerarse como "bienes", según esta terminología, las "probabilidades" que tienen un valor como objeto del tráfico económico (por medio de compras, ventas, etc.) tales como: "clientela", "hipoteca", "propiedad". ORIENTACIÓN ECONÓMICA DE LA ACCIÓN 51 Empero, los rendimientos que a tiavés de ellas derivan para una economía de las probabilidades de poderes de disposición sobre cosas o personas, establecidas o garantizadas por un orden (tradicional o estatuido), deben Uamarse en méritos de sencillez "probabilidades" económicas (simplemente "probabilidades" cuando ello no da lugar a equívocos). 3. únicamente razones de conveniencia justifican el que tan sólo considere- mos como "servicio" a una conducta activa (no el simple "tolerar", "permitir" o dejar hacer). De ello se sigue que "bienes" y "servicios" no constituyen una clasi- ficación exhaustiva de todas las utílidades económicamente estimadas. Sobre e1 concepto de "trabajo", ver § 15. § 3. La orientación económica puede tener un carácter tradicional o efec- tuarse en forma racional con arreglo a fines. Aun en la racionalización más completa de la acción tiene una significación relativa la presión del modo de orientación tradicional. La orientación racional determina primariamente la acción directiva (ver§ 15) cualquiera que sea la naturaleza de esta dirección. El desarrollo de la gestión económica racional en el mero hecho de la busca de alimentos puramente instintiva y reactiva o de la t~cnica hecha costumbre por tradición y de las relaciones sociales habituales, está condicionada en muy fuerte proporción por hechos y sucesos no económicos, extracotidianos, y al lado de esto por la presión de la necesidad en caso de contracción absoluta o relativa del espacio vital alimenticio. l. Para la ciencia no existe, naturalmente, ninguna "situación económica" que pueda considerarse fundadamente como la "originaria". Se podría, en forma con- veniente, considerar y analizar como tal al estado de la economía en un determi- nado nivel de la técnica: aquél con equipo técnico más insignificante. Pero no nos asiste ningún derecho para deducir del estado técnico rudimentario de alguno~ pueblos salvajes hoy conocidos, el que la economía de los pueblos del pasado en d mismo estadio técnico haya tenido que ser idéntica a la de aquéllos (con arreglo, por ejemplo, a la economía de los veddas o la de ciertas tribus del interior dei Brasil). Pues desde un punto de vista puramente económico era posible en ese estadio tanto una acumulación de trabajo más intensa en grandes grupos (ver § 16), como, al contrario, un mayor aislamiento en grupos pequefios. En la deci- sión entre ambas posibilidades, junto a las circunstancias económicas, natural- mente condicionadas, pudieron actuar también, como estímulos muy diversos, otras circunstancias extraeconómicas (militares, por ejemplo). 2. La guerra y las migraciones no son en sí mismas sucesos económicos (aun- que en las épocas primitivas influyera en ellas de manera predominante la orienta- ción económica) y, sin cll!bargo, en todo tiempo -hasta los momentos contem- poráneos más inmediatos- han tenido por consecuencia radicales transformaciones en la economía. En condiciones de una creciente contracción absoluta del espacio vital alimenticio (por motivos de clima o por desforestación, o por invasiones de arena), los hombres han reaccionado de modo muy diverso, según la estructura de intereses y según el tipo de interferencia de los intereses extraeconómicos, pero lo típico ha sido la contracción paralela en la cobertura de las necesidades y la disminución absoluta de su número. En cambio, en condiciones de una creciente contracción relativa del espacío vital alimenticio (condicionada por un nivel dado en la satisfacción de las necesidades y en la distribución de las probabilidades lucrativas -ver § ll ), aunque también las reacciones de los hombres han sido 52 CATEGORiAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA muy diversas, es más frecuente (en conjunto) que en el primer caso el tipo de reacción que supone la racionalización intensificada de la economía. Sin embargo, nada puede afirmarse sobre este punto con carácter general. El extraordinario incremento de población en China desde comienzos del siglo xvm (si es que pode- mos confiar en la "estadística" de ese país) produjo efectos contrarios a los que el mismo fenómeno y coetáneamente acarreaba en Europa (por razones sobre las que algo, por lo menos, se puede afirmar); la estrechez crónica del espacio vital alimenticio del desierto arábigo sólo en momentos aislados ha tenido por conse- cuencia una variación de la estructura política y económica y en estos casos por la influencia de un desarrollo extraeconórr_ico (religioso). 3. Aunque perdurara el tradicionalismo en las formas de vida, por ejemplo de las clases trabajadoras. en los comienzos de la época moderna, ello no fue obstáculo para un incremento muy intenso de la racionalización de las economías lucrativas bajo la dirección capitalista; tampoco impidió, por ejemplo, la racionalización socialista-fiscal de la hacienda pública en Egipto. (Con todo, el confirmado des- arrollo de la economía específicamente moderna, racional, capitalista, sólo fue posible por la superación de esa actitud tradicionalista que dominaba en Occi- dente.) § 4. Las normas típicas de la economía racional son: 1) distribución con arreglo a plan, entre el presente y el futuro (ahorro), de aquellas utilidades con las cuales, cualesquiera que sean los fundamentos, creen poder contar los sujetos económicos; 2) distribución con arreglo a plan, entre las varias posibilidades de empleo, de las utilidades disponibles, siguiendo el rango de la estimada importancia de aquéllas: según su utilidad marginal. Estos casos ("estáticos" en su forma más rigurosa) logran realmente amplitud significativa en las épocas de paz; hoy, las más de las veces, en la forma de una gestión económica orientada por los ingresos en dinero; 3) obtención con arreglo a plan -elaboración y acarreo de aquellas utili- dades cuyos medios de producción se encuentran todos dentro del poder de disposición del sujeto económico. Una acción de esta especie, en el caso plenamente racional, tiene lugar cuando la estimación de la intensidad del deseo excede, a tenor del resultado esperado, la estimación del gasto, es decir: 1) al esfuerzo por los trabajos requeridos, y 2) lo que de otra suerte represen- tarían las otras formas de aplicación de los bienes empleados y, por consi- guiente, sus productos finales técnicamente posibles. (Producción en sentido amplio, que incluye también las actividades de transporte.) 4) adquisición con arreglo a plan de los poderes de disposición o de codis- posición sobre aquellas utilidades, que a) ellas mismas o ~) sus medios de producción se encuentran a merced de poderes de dis- posición ajenos, o que y) están a la disposición de extraños, que en su concurrencia dañan la propia provisión económica- mediante la creación de fonnas de sociedad con los actuales poseedores de esos poderes de disposición o concurrentes. GESTIÓN ECONÓMICA RACIONAL 53 Estas formas de sociedad con los poseedores actuales de los poderes de disposición pueden realizarse: a) mediante la creación de una "asociación" por cuyo orden debe orien- tarse la producción y consumo de las utilidades; b) mediante el cambio. Con respecto a a): el sentido del orden de la "asociación" puede ser: a) racionamiento de la producción o del aprovechamiento o del consu- mo, con el fin de limitar la concurrencia de producción ( asociacióa reguladora); ~) creación de un poder de disposición unitario para la administración planeada de las utilidades hasta entonces incluidas en poderes disposi- tivos separados (asociación administrativa). Con respecto a b ): el cambio supone un compromiso de intereses de las partes contratantes, por medio del cual se entregan bienes o probabilidades como retribución recíproca. El cambio puede ser: 1) tradicional o convencional, es decir (particularmente en el segundo caso), no económicamente racional, o 2) pretendido y llevado a cabo con arreglo a una orientación económicJ racional. Todo cambio racionalmente orientado supone la conclusión por compromiso de una previa pugna de intereses, abierta o latente. La pugna de los interesados a través del cambio cuyo término supone el compromiso, se dirige siempre, por una parte, como lucha por el precio, contra los que están interesados en el cambio en calidad de partes (medio típico: el regateo), mas por otra, como competencia, contra los terceros reales o posibles (actuales o en el futuro) en calidad de con- currentes en la obtención (medio típico: encarecer y rebajar). l. Se encuentran dentro del poder de disposición de un sujeto económico ciertas utilidades (bienes, trabajo u otros portadores de ellas) cuando se puede contar con su uso por propia voluntad sin impedimentos de terceros, cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad: orden jurídico, convención, costum- bre o situación de intereses. En modo alguno es la garantía jurídica de la disposi- ción la única lógicamente posible (ni tampoco de hecho), si bien hoy es la con- dición empírica indispensable en la gestión económica de los bienes materiales de producción. 2. La falta de madurez para el consumo puede también consistir en la lejanía espacial de los bienes consumibles con respecto al lugar de su consumo. Por eso, el transporte de bienes (que debe ser distinguido, naturalmente, del comercio de bienes, el cual supone transferencias en los poderes de disposición) puede ser con- siderado como una parte <le la "producción". 3. Para quien carece de poderes de disposición propios le es indiferente en principio la naturaleza de las causas que le impiden detentar violentamente pode- res de disposición ajenos: el orden jurídico, la convención, la cosbmbre inveterada o su propia conciencia moral. 4. La concurrencia en la obtención puede tener lugar bajo las más diversas condiciones. Especialmente, por ejemplo, en la obtención por ocupación: caza, pesca, beneficio de bosques y prados, roturaciones. Puede darse también, y cabal- mente, dentro de un grupo autónomo. El orden que a ella se refiere dentro de ese grupo implica, pues, siempre: racionamiento de la obtención, por lo regular en 54 CATEGOIÚAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA relación con la apropiación de las probabilidades de obtención, garantizadas de esa suerte a un número limitado de individuos o (la mayor parte de las yeces) de eco- nomías familiares. Todas las comunidades de pescadores y campesinos (Marl~ge­ nossenschaften) y la regulación de los derechos de leñas, pastos y roturación, la Stuhlung de las comunidades alpinas de pastos, etc., tienen este carácter. Todas las formas de "propiedad" hereditaria sobre el suelo se han desarrollado a través de ese procedimiento. 5. El cambio puede extenderse a todo lo que estando de alguna manera en el poder de disposición de otro puede ser "transferido", y siempre que alguien esté dispuesto a la retribución correspondiente. No sólo "bienes" y "servicios", sino probabilidades económicas de toda especie, una "clientela" por ejemplo, sin nada que la garantice, pero puesta a nuestra disposición por la pura fuerza de la costum- bre o la situación de intereses. Y naturalmente todas las probabilidades garanti- utdcJS de algún modo por un orden determinado. Por tanto, objetos de cambio no son tan sólo las utilidades actuales. Para nuestros fines podemos considerar como cambio, en su amplio sentido, toda oferta, basada en un pacto formal y libre, de utilidades de cualquier clase, actuales, continuas, presentes, futuras, contra determi- nadas contraprestaciones, cualquiera también que sea la especie de éstas. Así, por ejemplo, el hecho de entregar o poner a disposición, mediante una retribución, utilidades de bienes o dinero contra la devolución futura de bienes semejantes, así como la obtención de una facultad o concesión; o la entrega del "uso" o disfrute de un objeto en "alquiler" o "arriendo"; o la prestación de servicios de cualquier clase contra un salario o sueldo. El que hoy día, sociológicamente considerado, este último proceso signifique para los "trabajadores" la entrada en una asociación de dominación, queda por el momento tan fuera de nuestra atención como la distin- ción entre "préstamo" y "compra", etc. 6. El cambio puede estar determinado en sus condiciones de un modo tradi- cional y en relación con esto de un modo convencional; pero también puede estar determinado de un modo racional. Actos de cambio convencionales eran los cam- bios de regalos entre amigos, héroes, caciques y príncipes ( cf. el cambio de armas entre Diómedes y Glaucón), aunque por lo demás no era extraño que estuvieran fuertemente racionalizados en su orientación y control. El cambio racional sólo es posible, bien cuando ambcJS partes esperan beneficiarse, bien cuando una de ellas se encuentra en una situación imperiosa que proviene de su propia necesidad o de la acción de un poder económico. El cambio puede estar al servicio de un abastecimiento natural o de un fin lucrativo; o sea, puede estar orientado por la procuración de un determinado bien a una o ambas de las partes, o por las pro- babilidades de ganancia en el mercado (ver § ll). En el primer caso está deter- minado por sus condiciones de un modo marcadamente individual y, en este sen- tido, irracional: los excedentes de una economía consuntiva se estiman según la utilidad marginal individual de la economía en cuestión y, eventualmente, su cam- bio es módico, pero en determinadas circunstancias apetencias casuales del mo- mento determinan que la utilidad marginal de los bienes deseados sea muy elevada. Los límites de cambio determinados por las utilidades marginales son de esta suerte en extremo variables. Una relación de cambio racional sólo se desarrolla atenida a los procesos del mercado (concepto: § 8) y en su forma más elevada si se trata de bienes utilizados o cambiados con fines lucrativos (concepto § 11). 7. Las interferencias de una asociación reguladora a que alude a) no son las únicas posibles de que son capaces tales asociaciones, pero sí las que aquí inte- resan por ser aquellas que más inmediatamente provienen de una cobertura de necesidades que se encuentra amenazada. Sobre las regulaciones de venta, infra. CLASES DE ASOCIACIÓN ECONÓMICA 55 § 5. Una asociación económicamente orientada puede ser, según su rela- ción con la economía: a) Asociación con gestión económica accidental -cuando la actividad extraeconómica de la asociación, en cuanto primaria y orientada en su propio orden, incluye alguna gestión económica. b) Asociación económica -'-Cuando la actividad, regulada por su propio orden, representa primariamente una economía autocéfala de determi- nada especie. e) Asociación reguladora -cuando y en la medida en que las economías autocéfalas de los miembros de la asociación están orientadas de modo material y heterónomo por las ordenaciones de ésta. d) Asociación ordena~ora -cuando sus ordenaciones sólo regulan de un modo formal las economías autocéfalas y autónomas de los miembros de la asociación, garantizándoles de esa suerte las probabilidades ad- quiridas. Las regulaciones materiales de la economía encuentran de hecho sus lími- tes allí donde la continuación de una determinada conducta económica es todavía compatible con los intereses vitales de las economías reguladas. l. Son asociaciones con gestión económica accidental el estado (no el socia- lista y comunista) y todas las demás asociaciones (iglesias, uniones, etc.) con hacienda propia; pero también, por ejemplo, las comunidades educativas, las corpo- raciones no primordialmente económicas, etc. 2. Asociaciones económicas, en el sentido de esta terminología, no sólo son naturalmente las designadas así por lo común, como las compañías mercantiles, uniones de consumidores, cárteles, sindicatos, artelas, sino las "explotaciones" eco- nómicas en general que suponen la actividad de muchas personas, desde la comu- nidad de taller de dos artesanos hasta una posible asociación comunista mundial. 3. Asociaciones reguladoras son, por ejemplo, comunidades de la marca (Mark- genossenschaften), gremios, guildas, sindicatos, asociaciones patronales, cárteles y todas las asociaciones que de un modo material regulan el contenido y la dire<.- ción de una gestión económica: o sea, con una determinada "política económica": las aldeas y ciudades medievales lo mismo que los estados contemporáneos con una política semejante. 4. Una asociación ordenadora pura es, por ejemplo, el estado de derecho, que deja plenamente autónoma en su contenido material la gestión económica de las "haciendas" y "explotaciones" individuales y sólo regula, formalmente, en el sen- tido de un "arbitraje", el cumplimiento de las obligaciones libremente pactadas. 5. La existencia de asociaciones reguladoras y ordenadoras presupone funda- mentalmente la autonomía (en diferentes grados) de los sujetos económicos. O sea: presupone, fundamentalmente, en los sujetos económicos la libertad de dis- posición, aunque esté limitada en mayor o menor grado (por las ordenaciones por que se orienta la acción). Y por tanto: la apropiación por ellos (relativa al menos) de las probabilidades económicas y la disposición de las mismas con auto- nomía plena. El tipo más puro de la asociación ordenadora se da, por tanto, cuando toda la conducta humana procede en su contenido de modo autónomo y sólo se orienta por las determinaciones formales de la ordenación y cuando todos los soportes materiales de las utilidades se encuentran plenamente apropiados, de tal suerte que puede disponerse libremente de ellos, especialmente por medio 56 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓ:\HCA del cambio; a este tipo responde el orden de la propiedad típicamente moderno. Cualquiera otra forma de limitación de la apropiación y la autonomía implica una regulación económica, porque vincula la acción humana a su orientación 6. La oposición entre asociaciones reguladoras y puramente ordenadoras es fluida. Pues, naturalmente, la ordenación "fom1al" de la conducta puede (y debe) en determinadas circunstancias influir profundamente de un modo material. Nu- merosas disposiciones legales modernas presentadas como puras normas "ordena- doras" están dispuestas en su estructura de modo que ejerzan un influjo material (sobre esto, en la sociología del derecho). Además, sólo en teoría cabe limitarse rigurosamente a disposiciones ordenadoras puras. Numerosos preceptos jurídicos "obligatorios" -y como tales, nunca pueden dejarse incumplidos- contienen, dentro de límites Yariablcs, importantes limitaciones materiales para la gestión económica. Precisamente preceptos jurídicos que suponen una "autorización" (por ejemplo, en el derecho de las compañías mercantiles) contienen en ciertas circuns- tancias limitaciones muy sensibles de la autonomía económica. 7. L1 limitación que en sus efectos tienen las regulaciones materiales de la economía puede manifestarse: a) en el cese de determinadas direcciones de la eco- nomía (cultivo del suelo sólo en los límites de las propias necesidades, como resul- tado de determinadas tasas de precios); o b) en incumplimiento de hecho (comer- cio clandestino) . § 6. Llámase medio de cambio a un objeto material de cambio, en la me- dida en que su aceptación esté orientada de modo típico primariamente por la expectativa del aceptante, consistente en la probabilidad duradera -es decir, para el futuro contemplado- de podcr!o dar en cambio por otros bie- nes, en una proporción que corresponda a sus intereses, ya sea contra toda clase de bienes (medio de cambio general), ya contra bienes determinados (medio de cambio específico). La probabilidad de su aceptación contra otros bienes (específicamente determinables) en una proporción calculable se llama, en su relación con estos bienes, validez material del medio de cambio; su empleo en sí se denomina validez formal. Se llama medio de pago a un objeto típico, eu la medida en que la validez de su entrega como cumplimiento de determinadas obligaciones, pactadas o impuestas, está garantizada jurídica o convencionalmente (validez formal del medio de pago, que puede significar al mismo tiempo validez formal como medio de cambio). Los medios de cambio o de pago se denominan cartales cuando se trata de instrumentos que en virtud de la forma que se les da poseen una determinada validez formal -convencional, jurídica, pactada o impuesta- dentro de cier- to dominio personal o regional, y que además se pueden dividir en trozos; es decir, que llevan un determinado valor nominal o un múltiplo o fracción del mismo, de tal suerte que con ellos es posible un cálculo puramente mecánico. Debe denominarse dinero a un medio de pago cartal, que es medio de cambio. Asociación monetaria, o de medios de cambio o pago, se llama a una aso- ciación, en relación al dinero o a los medios de cambio o pago, en la medida en que éstos están impuestos convencional o jurídicamente (de modo formal) y operan con alguna eficacia en el ámbito de sus ordenaciones: dinero in- terno, medios de pago o cambio internos. Los medios de cambio empleados MEDIOS DE CAMBIO Y DE PAGO; DINERO 57 con personas fuera de esa asociación deben llamarse medios de cambio exteriores. Deben llamarse medios de cambio o pago naturales a los que no son car- tales. Hay que distinguir entre ellos: a) l. técnicamente: según el bien natural que los representa (especial- cialmente: joyas, vestidos, objetos de uso y utensilios), o 2. ponderalmente: según se emplee o no el peso. b) económicamente: según sea su empleo: l. primariamente para fines de cambio o para fines estamentales (pres- tigio de la posesión) o 2. primariamente como medios de cambio o de pago internos o para el exterior. Cuando se les considera como signos llámanse medios de cambio y de pago o dinero en la medida en que no gocen primariamente de un valor pro- pio fuera de su aplicación como medios de pago (por regla general no gozan en efecto de ese valor) . Por su materia, en cambio, se llaman así cuando su valor material en cuan- to tal está o puede estar influido por la estimación de su utilización como bienes de uso. El dinero es, o a) monetario: monedas, o b) neta]: títulos. El dinero notal suele adaptarse por completo en su forma a las divisionc~ de un dinero monetario, o estar referido a él históricamente por io c¡ue se refiere a su valor nominal. El dinero mo;zetario se llama: 1) libre o dinero de tráfico cuando por iniciativa de cualquier interesado en posesión de la materia, la institución encargada de acuñario da <1 esa materia la forma cartal de "moneda" en la cantidad que se le pida; o sea, cuando esa acuiiación está materialmente orientada por las nece- sidades de (instrumentos de) pago ele los interesados en el cambio; 2) dinero administrativo cuando la transformación en forma carta] de- pende de la disposición, libremente formal, de la dirección adminis- trativa de una asociación, orientada en las necesidades de ( instrumen- tos de) pago de la misma; 3) regulado, cuando siendo "administrativo", sin embargo, la forma y cantidad de su emisión está regulada por normas de vigencia efectiva. Medios de circulación se llama a los títulos que operan como dinero notal cuando su aceptación como "dinero provisional" se orienta por la probabili- dad de que su "definitiva" conversión en monedas o medios cambiados de metal de carácter "ponderal" está ascguradJ. para todas las relaciones norma- les. Llamándose certificados cuando esta seguridad o garantía está detenni- nada por regulaciones que fijan su cobertura plena en metal o monedas. Se denominan escalas de los medios de cambio o pago las tarifas que den- tro de una asociación, por convención o por ley, fijan el valor recíproco de los medios de pago o cambio naturales. 58 CATEGORfAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA Llámase dinero corriente (curant) las especies de dinero que de acuerdo con las ordenaciones de una asociación monetaria poseen validez ilimitada en especie y cantidad como medios de pago; material del dinero se llama a la materia con que se fabrica; metal monetario, lo mismo con respecto del di- nero de tráfico; tarifacíón del dinero a la valoración que en la división en piezas y en su denominación se da a las distintas especies de dinero -de mate- rial diferente- natural o administrativo; relación valutaria a lo mismo refe- rido a las distintas especies de dinero de tráfico de material diferente. Se denominan medios de pago intervalutarios a los medios de pago que sirven para la compensación de los saldos de pago entre distintas asociaciones monetarias, o sea cuando no se ha retrasado el pago con la fijación de plazos. En toda nueva ordenación del sistema monetario subyace ineludiblemente este hecho: que se aplican determinados instrumentos de pago al cumpli- miento de obligaciones. Esa ordenación se contenta con su legalización como medios de pago o -en caso de otorgarse nuevos medios de pago-- por la conversión en las nuevas de determinadas unidades, naturales, ponderales o cartales, de los medios antes empleados. (Principio de la llamada "definición histórica" del dinero como medio de pago, respecto del cual queda aquí sin decidir hasta qué punto la tasa de cambio del dinero como medio de cambio repercute sobre los bienes.) Me interesa subrayar con alguna energía que aquí no se ha pretendido construir una "teoría del dinero", sino sólo fijar algunas expresiones dentro de la termino- logía más sencilla posible, de las que luego se hará un uso repetido. Ulteriormente lo que interesa ante todo son determinadas consecuencias sociológicas completa- mente elementales del empleo del dinero. (Para mí la "teoría del dinero" más aceptable en conjunto es la de von Mises. La Staatliche Theorie, de G. F. Knapp -la obra más considerable del especialismo-- resuelve su tarea formal en forma luminosa. En cambio, para los problemas materiales del dinero es incompleta. Ver infra. Se ha prescindido aquí de su casuística, no obstante que merece reco- nocimiento y que es terminológicamente valiosa.) l. Medios de cambio y medios de pago coinciden históricamente con frecuen- cia, pero no siempre. En particular, en las fases primitivas. Por ejemplo, los me- dios de pago para dotes, tributos, obsequios forzosos, multas, composiciones, etc., están a menudo perfectamente determinados conv~ncional o jurídicamente, pero sin tener en cuenta los medios de cambio en circulación efectiva. La afirmación de Mises (Theorie des Geldes und der Umlaufsmittel, Munich, 1912) de que al estado sólo interesan los medios de pago en cuanto medios de cambio, únicamente tiene validez para la hacienda de las asociaciones con economía monetaria. En cambio, no rige en los casos en donde la posesión de determinados medios de pago fue sobre todo característica estamental (ver para esto: R. Schurtz, Grundriss einer Entstehung-geschichte des Geldes, 1918) . Con el comienzo de la legisla- ción del estado sobre el dinero el medio de pago llega a ser el conjunto jurídico y el medio de cambio el concepto económico. 2. Los límites entre una mercadería comprada tan sólo porque se tienen en cuenta sus probabilidades futuras de venta y un "medio de cambio" son visible- mente fluidos. De hecho suelen monopolizar algunos objetos en tal forma exclu- siva la función de medios de cambio -y ya en las situaciones más primitivas- MEDIOS DE CAMBIO Y DE PAGO; DINERO 59 que su posición como tales es inequívoca (una operación sobre futuros de trigo está determinada según su sentido por el deseo de encontrar un comprador defi- nitivo; por tanto, no es ni un medio "de pago", ni "de cambio", ni "dinero" plenamente). 3. La especie de los medios de cambio, siempre que no exista dinero carta], está determinada en su aparición por la costumbre, por la situación de intereses y por convenciones de toda especie, por las que se orientan los pactos de los contra- yentes de una relación de cambio. Tales fundamentos, no considerados aquí en sus detalles, gracias a los cuales los medios de cambio alcanzaron primariamente esa su cualidad, fueron muy distintos y eso en relación con la especie de cambio de que se tratara. No todo medio de cambio era necesariamente universal (ni siquiera dentro del círculo de personas que lo empleaba como tal) es decir, utilizable en toda clase de cambios (por ejemplo, el "dinero" de conchas no era medio de cam- bio específico para mujeres y ganado mayor) . 4. Asimismo, "medios de pago" no habituales como "medios de cambio" han jugado un papel considerable en la evolución del dinero hacia su extraordinaria posición. El "hecho" de que existieran obligaciones (G. F. Knapp) -obligacio.. nes tributarias, obligaciones de dote y esponsalicias (precio de la novia), obliga- ciones convencionales de presentes a los reyes y, al contrario, de los reyes a sus iguales, obligaciones de composición (Wergeldschulden)- y que éstas a menudo (no siempre) tuvieran que cumplirse en especies típicas de bienes (convencional o legalmente) dio a estas especies de bienes (con frecuencia: por medio de arte- factos especificados en su forma) una posición singular. 5. "Dinero" (en el sentido de esta terminología) pudieron ser las "piezas" con el sello de la casa (comercial), que se encuentran en los documentos babilónicos. Supuesto, naturalmente, que fueran medios de cambio. Por el contrario, las barras empleadas por su peso y sin fragmentar no deben considerarse como "dinero"' sino como medios de cambio y pago "ponderales", no obstante la importancia qu:! el hecho de la susceptibilidad de peso ha tenido en el desarrollo del "cálculo monetario". Los elementos de transición (aceptación de moneda únicamente según su peso, etc.) son, naturalmente, numerosos. 6. "Carta!" es un término introducido por Knapp en su Staatliche Theorie des Geldes. Según él deben incluirse aquí todas las especies de dinero, dividido en piezas y acuñado, lo mismo metálico que no metálico, que hayan sido provistas de validez por el orden jurídico o por pacto. No se nos alcanza el porqué sólo la proclamación estatal deba bastar para la admisión de este concepto, y no también la convención o la obligación pactada. Tampoco puede ser decisivo, natural- mente, la fabricación en régie propia o bajo el control del poder político -que faltó repetidamente en China y en la Edad Media sólo existió de un modo rela- tivo-- siempre que existan normas para su forma definitiva (lo mismo cree Knapp). La validez como medio de pago y la utilización fonnal como medio de cambiv en el comercio, dentro del ámbito de dominación de la asociación política, pueden ser impuestas por el orden jurídico (ver infra). 7. Los medios de cambio y de pago naturales, son primariamente en parte lo uno y en parte lo otro y también en parte más utilizables en el cambio interno o más utilizados en el externo. La casuística no nos incumbe aquí. Lo mismo tampoco con la cuestión de la validez material del dinero. 8. Tampoco pertenece a este lugar una teoría material del dinero en relación con los precios (en la medida en que, en general, pueda ser materia de la sociCJ. logía económica). Aquí nos bastará la comprobación del hecho del empleo del dinero (en sus formas más importantes), pues sólo nos interesan las consecuencws 60 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓ~IICA sociológicas más generales de este hecho, en sí de carácter formal considerado económicamente. Ante todo debe quedar en firme que el "dinero" no es ni puede ser nunca un "signo inofensivo", una simple "unidad nominal de cálculo", siem- pre que sea eso: dinero. Su valor (en forma muy compleja) es siempre un valor de escasez (o de "abundancia", en caso de inflación), como demuestra precisa- mente la actualidad e incluso todo el pasado. Una emisión socialista de "vales" con validez para determinados bienes sobre la base de una masa de "trabajo" (reconocido como "útil") podría ser objeto de atesoramiento o de cambio, mas seguiría, sin embargo, las reglas (eventualmente, indirectas) del cambio natural. 9. Las relaciones entre la utilización monetaria y no monetaria de un material técnicamente susceptible de ser dinero pueden perseguirse con perfecta precisión en la historia monetaria de China y en sus repercusiones profundas sobre la eco- nomía, y esto porque en el hecho del empleo del cobre con grandes costos de fabricación de la moneda y un beneficio en extremo fluctuante del material, se ofrecían allí las condiciones necesarias con singular claridad. § 7. Las consecuencias fundamentales del uso típico del dinero son: l. El llamado "cambio indirecto" como medio de provisión de las nece- sidades de los consumidores. Es decir, la posibilidad de una separación, a) espacial, b) temporal, e) personal, d) cuantitativa (muy esencial también) entre los bienes ofrecidos y deseados en el cambio. En consecuencia, la am- pliación extraordinaria de las posibilidades de cambio existentes en un mo- mento dado. Y en relación con esto: 2. La estimación en dinero de las prestaciones aplazadas; especialmente de las contraprestaciones (deudas). 3. El "atesoramiento" de dinero en especie o de créditos en dinero reali- zables en todo momento, como medio de asegurar poderes futuros de dispo- sición sobre probabilidades de cambio. 4. La transformación progresiva de las probabilidades económicas en po- der disponer de cantidades de dinero. 5. La individualización cualitativa y con ello, indirectamente, la amplia- ción de la cobertura de las necesidades por parte de aquellos que disponen de dinero o de créditos en dinero o de probabilidades de adquisición de dinero; y que de esta manera pueden ofrecer dinero por cualquier clase de bie- nes y servicios. 6. La orientación, hoy típica, de la producción de utilidades por la utili- dad marginal de aquellas cantidades de dinero respecto de las cuales el direc- tor de una economía cree poder disponer probablemente dentro de un futuro previsible. Y con ello: 7. La orientación del lucro por todas aquellas probabilidades, ofrecidas con carácter múltiple -de tiempo, de lugar, personales y materiales- por Ja citada posibilidad de cambio ( nQ 1). Todo esto sobre la base del factor más importante, es decir: 8. La posibilidad de estimar en dinero todos los bienes y servicios que pueden entrar en el cambio: cálculo en dinero. En su aspecto material el cálculo en dinero significa ante todo: que los bienes no se estiman en su sig- CONSECUENCIAS DEL USO DEL DINERO 61 nificado de utilidades con respecto al tiempo, el lugar o a las personas, sino que en la forma de su empleo (lo mismo si se trata de bienes de consu- mo que de medios de producción) entran en consideración todas las probabili- dades futuras de utilización y estimación -en ciertas circunstancias, para los fines de numerosos terceros indeterminados- en la medida en que se expre- san como una probabilidad de cambio en dinero para el titular del poder de disposición. La forma en que esto ocurre en el caso del cálculo típico en dinero se refleja en la situación del mercado. Lo que antecede nos da sólo los elementos más sencillos y conocidos de toda consideración sobre el "dinero" y no necesita, por tanto, ningún comentario es- pecial. La sociología del "mercado" no es tema de este lugar. (Ver sobre los conceptos formales, §§ 8, 1O) . En su sentido más gene¡al debe llamarse crédito a todo cambio de poderes de disposición sobre bienes materiales, actualmente poseídos, por la pro- mesa de una transferencia futura del poder de disposición sobre aquéllos, cualquiera que sea su clase. La concesión de crédito se orienta, ante todo, por la probabilidad de que se realice de hecho esa transferencia futura. Crédito, en este sentido, significa primariamente el cambio de un poder de disposi- ción de una economía, sobre bienes o dinero, inexistente en la actualidad pero del que se espera habrá un excedente en el futuro, contra el poder de disposición de otro, existente en ese momento pero no utilizado por él. Racio- nalmente ambas economías se prometen probabilidades más favorables (cual- quiera que sea su clase) de las que en la actualidad se ofrecen sin que medie ese cambio. · l. Las probabilidades tomadas en consideración no necesitan ser, en modo alguno, de naturaleza económica. El crédito puede darse y aceptarse para toda clase de fines (caritativos, guerreros). 2. El crédito puede darse y aceptarse en dinero y en especie; y en ambos casos contra la promesa de prestaciones "en natura" o de prestaciones en dinero. La forma monetaria significa, sin embargo, la concesión y la aceptación del crédito con crrteglo al cálculo en dinero y con todas sus consecuencias (de las que habla- remos en seguida) . 3. Por lo demás, esta definición corresponde a las habituales. Es cosa evi- dente por sí que el crédito es posible entre asociaciones de toda especie -espe- cialmente, asociaciones socialistas o comunistas- (y que es irrealizable en la coexistencia de varias de estas asociaciones sin autarquía económica). Ciertamen- te, en el caso de una ausencia completa del uso del dinero constituye un problema la base racional de cálculo. Pues el simple hecho (indiscutible) de la posibilidad de un "tráfico de compensación" nada indicaría a los partícipes sobre la raciona- lidad de las condiciones aceptadas, sobre todo para el crédito a largo plazo. Se encontrarían quizá en la situación que tenían en la Antigüedad las economías dtJ- mésticas (oikos) que cambiaban los excedentes contra artículos que necesitaban (véase infra). Con la diferencia, empero, de que en la actualidad se encontrarían en juego enormes intereses de masas -especialmnte aquellos a larga vista- cabal- mente cuando para estas masas débilmente abastecidas la utilidad marginal de la satisfacción actual es sumamente elevada. Por consiguiente: probabilidad de transacciones desfavorables en los bienes necesitados con mayor apremio. 62 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA 4. El crédito puede ser aceptado con el fin de satisfacer necesidades de abaste- cimiento insuficientemente cubiertas (~rédito de consumo). En el caso económico racional sólo se aceptará contra la cesión de ventajas. Sin embargo, no es esto (en el crédito de consumo primitivo, especialmente en el caso de créditos en casos de penuria) lo originario, sino la apelación de deberes de fraternidad (sobre esto: en las consideraciones sobre las comunidades de vecindad, cap. v). 5. El fundamento más general del crédito retribuido, sea en especie o en di- nero, consiste naturalmente en que para el otorgante, las más de las veces como consecuencia de una gestión mejor, la utilidad marginal de sus expectativas futuras es más alta que la del que recibe el crédito. § 8. Debe llamarse situación de mercado de un objeto de cambio a la totalidad de las probabilidades de cambio del mismo contra dinero que pue- dan ser conocidas por los partícipes en su orientación por la lucha de precios y de competencia. Mercabílídad es la medida de la frecuencia con que un objeto acostumbra a ser un objeto de cambio en el mercado. Libertad de mercado es el grado de autonomía de los partícipes particu- lares en la lucha de precios y de competencia. Regulación de mercado es, por el contrario, la situación en que está mate- rialmente limitada por una ordenación efectiva la mercabilidad de posibles objetos de cambio o la libertad de mercado para posibles contratantes. Las regulaciones del mercado pueden estar condicionadas: 1) de modo tradicional: cuando por imperio del hábito se admiten ciertas limitaciones en el cambio o en las condiciones que lo determinan. 2) de modo convencional: por desaprobación social de la mercabilidad de determinadas utilidades o de la lucha de precios y de competencia para determinados objetos o para determinado círculo de personas. 3) de modo jurídico: por limitación legal efectiva del cambio o de b libertad de la lucha de precios y de competencia, en general o para determi- nado círculo de personas o para determinados objetos de cambio; esto, en el sentido de influir sobre la situación de mercado de objetos de cambio (regu- laciones de precios) o en el sentido de la limitación de la posesión, adquisi- ción o cambio de poderes de disposición sobre bienes a determinados círculos de personas (monopolio legalmente garantizado o limitaciones legales de la libertad de gestión económica). 4) de modo voluntario: por situación de intereses, o sea regulación mate- rial del mercado subsistiendo la libertad formal. Tiene la tendencia a surgir cuando determinados intereses, por virtud de su probabilidad de hecho, total o aproximadamente exclusiva, de adquirir o poseer poderes de disposición sobre determinadas utilidades (situación de monopolio), están en posición de influir con respecto a otros la situación de mercado por la eliminación efectiva de la libertad del mismo. Especialmente y para tal fin, pueden crear convenios reguladores del mercado (monopolios voluntarios y cárteles de pre- cios) entre sí o (y eventualmente: al mismo tiempo) con la otra parte ha- bitual en el cambio. MERCADO 63 l. De situación de mercado sólo puede hablarse de modo conveniente (no de modo necesario) en el caso del cambio en dinero, porque sólo entonces es posi- ble una expresión homogénea en cifras. Las "probabilidades de trueque" TUJtura- les se expresan mejor con este término. En el caso de existir el cambio típico en dinero, las distintas especies de objetos de cambio tuvieron y tienen merca- bilidad -cosa que no vamos a tratar ahora con detalle-- en grados sumamente distintos y variables. En el grado más elevado los objetos de producción o consu- mo en masa que pueden ser designados en general según clases; en grado mínimo los objetos únicos de un deseo ocasional; los medios de abastecimiento con pe- riodos de consumo y uso repetidos y a largo plazo, y los medios de producción con periodos a largo plazo de empleo y rendimiento (sobre todo, fundos ut.iliza- bles en economía forestal o de cultivo) en grado mucho menor que los b1enes de consumo cotidiano en situación de ser disfrutados o los bienes de producción que sirven a un consumo rápido, o que son susceptibles de empleo por una sola vez o que dan un rendimiento inmediato. 2. El sentido económico racional de las regulaciones de mercado ha aument~­ do constantemente con el incremento de la libertad formal de mercado y con !a universalidad de la mercabilidad. Las regulaciones de mercado primitivas estu- vieron determinadas en parte de un modo tradicional y mágico, en parte por influencias del clan, estamentales, militares o políticosociales y en parte, por último, por las necesidades de los soberanos de la asociación. En todo caso, em- pero, dominadas por intereses que no estaban orientados por la tendencia hacia el máximo en las probabilidades de lucro o de abastecimiento de bienes, pura- mente racionales y de acuerdo con el mercado, de los interesados en el mismo, y a veces en colisión con estos. O 1) excluían determinados objetos en forma duradera de la mercabilidad como en las restricciones mágicas, de clan o estamentales (por ejemplo: por motivos mágicos: tabú; por motivos de clan: bienes hereditarios; por motivos estamentales: el feudo) o temporalmente, como en las regulaciones políticas tributarias (por ejen1plo: para los cereales). O ligaban su venta a de- terminadas opciones o derechos de precedencia (de parientes, miembros del esta- mento, de la guilda o gremio, conciudadanos) con precios máximos (por ejemplo: regulaciones de precios en tiempo de guerra) o con precios mínimos (por ejemplo: honorarios estamentales de magos, abogados, médicos). O 2) excluían a determinadas categorías de personas (nobleza, campesinos y artesanos en ciertas circunstancias) de la participación en el mercado, en general o con relación a determinados objetos. O 3) limitaban por regulaciones de consumo (ordenaciones estamentales de consumo, racionamientos por motivos de economía de guerra o de política de precios) la libertad de mercado de los consumidores. O 4) limita- ban la libertad de mercado de los concurrentes a él por motivos estamentales (por ejemplo: en las profesiones liberales) o de política de consumo o de política lucrativa o de política social (política alimenticia de los gremios). O 5) reserv:~­ ban para el poder político (monopolios de la corona) o para sus concesionarios (típico en el monopolio precapitalista) el aprovechamiento de determinadas pro- babilidades económicas. De estas categorías de las regulaciones de mercado, la quinta es la más racional, siendo la menos racional la primera; o dicho de otra forma, la úl~ma es la que más fomenta la orientación de la gestión económica de las capas mteresadas en compras y ventas de bienes en el mercado por la si- tuación del mismo, y las otras impiden esa orientación en forma creciente a me- dida que remontamos la serie. Frente a estas regulaciones de mercado estaban interesados. en la libertad de mercado todos aquellos partícipes en el cambio que tenían un mterés en que fuese lo más amplia posible la mercabilidad de los bie- 64 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DF. LA VIDA ECO!\'Ó:\riCA nes, bien fueran interesados en la venta o en el consumo. Las regulaciones de tner· cado voluntarias aparecieron prim.ero y continuaron luego acentuadamente pm parte de los interesados en la ganancia. En servicio de sus intereses monopólicos pudieron regular tanto 1) las probabilidades de venta y compra (típico: el mo- nopolio mercantil, universalmente extendido), como 2) las probabilidades de trans- porte (monopolio de ferrocarriles y de líneas de navegación), como 3) la fabrica- ción de bienes (monopolio de producción), como 4) la concesión de créditos y financiamientos (monopolio bancario). Los dos últimos significan las más de las veces una regulación de la economía por pa1te de una asociación, y -en contra- posición con las primeras regulaciones de mercado de carácter irracional- una regulación planificada u orientada por la situación de mercado. Las regulaciones de mercado voluntarias provinieron por lo regular, como es natural, de aquellos interesados cuyo prominente poder adquisitivo real sobre los medios de produc- ción les permitía una explotación monopólica de la libertad formal de mercado. En cambio, las asociaciones voluntarias de los consumidores (uniones de consu- midores, cooperativas de compra) provinieron por lo regular de los interesados económicamente más débiles y pudieron conseguir ciertos ahorros en el costo para los partícipes, pero, en cambio, sólo consiguieron una regulación efecti,·a del mercado en casos aislados y localmente limitados. § 9. Llamamos racionalidad formal de una gestión económica al grado de cálculo que le es técnicamente posible y que aplica realmente. Al contrario, llamamos racionalmente material al grado en que el abastecimiento de bie- nes dentro de un grupo de hombres (cualesquiera que sean sus límites) tenga lugar por medio de una acción social de carácter económico orientada por determinados postulados de valor (cualquiera que sea su clase), de suert:! que aquella acción fue contemplada, lo será o puede serlo, desde la perspec- tiva de tales postulados de valor. :E:stos son en extremo diversos. 1. La terminología propuesta (por lo demás, sólo una fórmula más precisa de lo que constantemente aparece como problema en las consideraciones sobre "so- cialización" y sobre el cálculo "natural" y "monetario") únicamente pretende servir al propósito de que se emplee la palabra "racional" en este círculo de pro- blemas con la menor confusión posible. 2. Debe llamarse "racional en su forma" a una gestión económica en la me- dida en que la "procuración'', esencial en toda economía racional, pueda expre- sarse y se exprese en reflexiones su;etas a número y cálculo (por lo pronto con completa independencia de cuál sea la forma técnica de este dlculo, es decir, Jo mismo si se realiza con estimaciones en dinero o en especie) . Este concepto es, pues (si bien, como se mostrará luego, sólo de modo relativo), inequívoco en el sentido de que la forma en dinero representa el máximo de esta calculabilidad formal (claro que también esto, ¡ceteris paribus!) 3. Por el contrario, el concepto de rcteíonalidad material es completamente equívoco. Significa sólo este conjunto de cosas: que la consideración no se satis- face con el hecho inequívoco (relativamente) y puramente formal de que se proceda y calcule ~e modo "racional" con arreglo a fines con los medios factibles técnicamente más ·adecuados, sino que se plantean exigencias éticas, políticas, utilitarias, hedonistas, estamentales, igualitarias o de cualquiera otra clase y que de esa suerte se miden las consecuencias de la gestión económica -aunque sea plenamente racional desde el punto de vista formal, es decir, calculable- con CÁLCULO EN DINERO; HACIENDA 65 arreglo a valores o a fines materiales. Los puntos de vista valorati\·os, en este sen- tido mcionalcs, son en principio ilimitados; y entre ellos, los comunistas y socia- listas, en modo alguno congruentes entre sí y siempre éticos e igualitarios en algún grado, son sólo, evidentemente, tm grupo entre los muchos posibles ( ar- ticulación estamental, fines políticos, especialmente de guerra, y cualesquicr;l otros puntos de vista imaginables son en este sentido igualmente "materiales"). Debe tenerse en cuenta que es posible, independiente de esta crítica material de los resultados económicos y frente a ella, una crítica ética, ascética y estética de la conciencia económica, así como de los medíos económicos. Para todas ellas b fun- ción "puramente formal'' del cálculo en dinero puede aparecer como subaltern;l o incluso como enemiga de sus postulados (todavía haciendo caso omiso de los modos de cálculo específicamente modernos). No es posible una decisión, en este lugar, sino sólo la fij;~ción y delimitación de lo que debe llamarse "formal". Tam- bién "material" es, en nuestro caso, nn concept<Y formal, es decir, un conceptv genérico abstracto. § 10. Considerado desde un punto de vista puramente técnico, el dinero es el medio de cálculo económico "más perfecto", es decir, el medio fom1al más racional de orientación de la acción económica. El cálculo en dinero -no el uso efectivo mismo- es por eso el medio específico de la economía de producción racional con arreglo a fines. El cálculo en dinero significa fundamentalmente, en el caso racional pleno: 1) la estimación según la situación del mercado (actual o esperada) de todas las utilidades y medíos de producción real o posiblemente disponibles o que puedan ser obtenidos de poderes de disposición ajenos, o que están perdidos o dañados, los cuales se consideran necesarios para un fin de pro- ducción, así como, en general, la evaluación de toda probabilidad económica de importancia. 2) la averiguación contable a) de las probabilidades de toda acción eco- nómica propuesta y b) el cálculo a posteriori del costo de toda acción econó- mica ya realizada, en la forma de un cálculo en dinero de los "costos" y "ren- dimientos" comparados de las diversas posibilidades, y examen comparado de los estimados "rendimientos netos" de los diversos modos posibles de actuación, sobre la base de estos cálculos. 3) la comparación periódica del conjunto disponible de bienes y proba- bilidades de una economía con relación a los que disponía ésta al comienzo · del periodo y en ambos casos estimados en dinero. 4) la estimación previa y confirmación posterior de aquellas entradas y salidas consistentes o calculables en dinero, respecto de las cuales tiene la probabilidad una economía -conservando la suma evaluada en dinero del conjunto de sus medios· disponibles (n9 3)- de poder disponer para su em- pleo durante un periodo. 5) la orientación por estos datos (núms. l-4) de la satisfacción de sus ne- cesidades, aplicando, para el logro de las utilidades deseadas, el dinero dispo- nible en un periodo de cálculo (a tenor del n<? 4) según el principio de la utilidad marginal. El empleo y obtención (sea por producción o por cambio) continuados de bienes con el fin 1) del abastecimiento propio o 2) para conseguir otros 66 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA bienes igualmente para su utilización, se llama hacienda. Su fundamento, para un individuo o grupo con gestión económica consuntiva, radica, en el caso racional, en el plan de gestión de la hacienda que expresa de qué forma las necesidades previstas de un periodo de gestión de la hacienda (necesidades de utilidades o de medios de producción a emplear) pueden ser cubiertas con los ingresos esperados. Renta de una hacienda se llama al importe de los bienes, evaluado en di- nero, que según cálculos hechos siguiendo el principio del n9 4, estuvieron a su disposición según estimación racional en un periodo ya pasado, o que tiene la probabilidad de poder contar con ellos según estimación racional para el periodo en curso o para uno futuro. La estimada suma total, dentro del poder de disposición de una hacien- da, de los bienes empleados por ella -normalmente- para su utilización inmediata constante o para conseguir ingresos (evaluados según las probabi- lidades del mercado, n9 3) se llama su: patrimonio. El supuesto del cálculo de la gestión de una hacienda puramente en di- nero está: en que la renta y el patrimonio consisten en dinero o en bienes transforma bies (en principio) en todo momento en dinero por medio del cambio, o sea, consisten en bienes de una mercabilidad muy elevada. El cálculo natural de. que luego se hablará se emplea también en la ha- cienda y (en el caso racional) en el plan de gestión de la misma. Pero en ese caso carece de un "patrimonio" homogéneo en el sentido de una estima- ción en dinero, no menos que de una "renta" homogénea (es decir, estimada en dinero). Cuenta con la "posesión" de determinados bienes y (en caso de una limitación a la adquisición pacífica) con "ingresos" concretos derivados del empleo en forma natural de bienes y mano de obra a su disposición, que administra según estimación del óptimo de la satisfacción posible de nece- sidades como medios para ésta. Cuando se trata de necesidades fijas, la forma de ese empleo es un puro problema técnico relativamente senciUo, siempre que la situación del abastecimiento no requiera la determinación exactamen- te calculada del óptimo de la utilidad de aplicación de los medios para cu- brir esas necesidades por la comparación de modos posibles de empleo muy heterogéneos. En otros casos surgen ya exigencias en la hacienda individual más sencilla sin cambio, cuya solución (formalmente exacta) con arreglo a cálculo tiene estrechas limitaciones, y la cual suele realizarse de hecho en parte de un modo tradicional, en parte por medio de estimaciones muy tos- cas, que desde luego son suficientes por completo en caso de necesidades y condiciones de producción relativamente típicas y fácilmente abarcables. Si la "propiedad" está formada de bienes heterogéneos (como tiene que ser en caso de una economía sin cambio), sólo es posible una comparación exacta- mente formal de lo poseído al comienzo y al fin de un periodo administra- tivo, lo mismo que una comparación de las probabilidades de ingresos dentro de una clase de bienes cualitativamente seme¡antes. Entonces es lo típico la agregación en un conjunto natural de toda la propiedad y la fijación de asig- naciones de consumo en especie, de las que pueda disponer de un modo previsiblemente duradero sin disminución de ese conjunto de propiedad. Toda variación en el estado de la provisión (por ejemplo por pérdida de cÁLCULO EN DINERO; HACIENDA 67 cosechas) o de las necesidades, determina nuevas disposiciones, ya que des- plaza las utilidades marginales. Bajo condiciones sencillas y abarcables ocu- rre el ajuste fácilmente. De otra forma es técnicamente más difícil que cuan- do se emplea el cálculo en dinero, en cuyo caso todo desplazamiento en las probabilidades del precio (en principio) sólo influye sobre las necesidades marginales en la escala de urgencia que han de ser satisfechas con las últimas unidades de los ingresos en dinero. En el cálculo natural plenamente racional (o sea no vinculado por la tra- dición) el cálculo de la utilidad marginal tropieza con una gran complica- ción, mientras que si se dispone de patrimonio e ingresos en dinero se rea- liza de un modo relativamente sencillo, gracias a la escala de urgencia de las necesidades. En tanto que aHí el problema del "margen" aparece sólo corno más trabajo o corno satisfacción o sacrificio respectivamente de una necesi- dad en beneficio de otra (u otras) (pues en eso se expresan últimamente los "costos" en la administración económica puramente monetaria), el cálculo natural se encuentra obligado a considerar al lado de la escala de urgencia de las necesidades, lo siguiente: 1) la aplicabilidad múltiple de los medios de pro- ducción incluyendo la masa existente hasta entonces de trabajo total, o sea una relación distinta (y variable) según la aplicabilidad entre la satisfacción de las necesidades y la inversión; 2) cantidad y naturaleza del nuevo trabajo a que el director de la gestión se vería obligado con el fin de conseguir nuevos ingresos; 3) modos en que puede llevarse a cabo la inversión de cosas materia- les en caso de que entren en consideración diferentes producciones de bie- nes. Es una de las tareas más importantes de la teoría económica analizar la forma racional posible de esas consideraciones; y de la historia económi- ca el perseguir en el transcurso de las épocas históricas en qué forma real han procedido de hecho las haciendas de gestión natural. En esencia puede decirse: 1) que de hecho (en general) el grado de racionalidad formal no al- canzó nunca el nivel de "facto'' posible (y tanto menos el teóricamente pos- tula ble), sino que más bien los cálculos naturales en la gestión de hacienda se vieron siempre forzados en su gran mayoría a vincularse a la tradición; y también que 2) las grandes economías dominicales, por razón cabalmente de la elevación y refinamiento de las necesidades cotidianas en ellas subyacentes, estuvieron siempre propicias a una utilización extraordinaria (ante todo: ar- tística) de sus excedentes. (Fundamento de la cultura artística, vinculada a un estilo, de la era de la economía natural.) 1) Al patrimonio, naturalmente, no pertenecen los bienes materiales tan sólo. Sino todas las pr~b~bilidades sobre las que. exis~e un poder de disposición relati- vamente seguro, s1 b1en sea por costumbre, SituaciÓn de intereses convención dere- cho o p_or cualqu_iera otra c:ausa. _(También la "clientela" o 'parroquia d~ una explotaciÓn lucrativa -lo m1smo SI se trata ele un médico un abooado o un co- mercia~te al p~r menor- entra en el "patrimonio" de su dueño, si;mpre que por cualqmer mobvo sea estable; en caso de apropiación jurídica puede ser "propie- dad" según la definición del cap. r, § 10.) 2. El cálculo en dinero sin uso efectivo del mismo o limitado a los excedentes de las cantidades de bien_es cambiadas que no pudieron compensarse en especie, se encuentra en forma típ1ca en los documentos egipcios y babilonios; el cálculo 68 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA en dinero como medida de una prestación natural, se encuentra, por ejemplo, tanto en el Código de Hammurabi como en la autorización típica al deudor en el derecho romano vulgar y en el medieval primitivo de pagar el importe de la esti- mación en dinero: in quo potuerit. (La conversión sólo puede realizarse en este caso sobre la base de los precios interiores tradicionales o estatuidos.) 3. Por lo demás esta exposición sólo contiene cosas harto conocidas en interés de una fijación inequívoca del concepto de "hacienda" racional frente al con- cepto contrapuesto de que luego se hablará de la economía lucrativa racional. Su propósito es la fijación expresa de que ambas son posibles en forma racional; pero esto no quiere decir que racionalmente la "cobertura de necesidades'' preceda a lJ "gestión lucrativa"; tampoco es el "patrimonio" una categoría "más primitiva" que el "capital", ni lo es la "renta" más que el "beneficio". Desde el punto de vista histórico y de la forma predominante en el pasado de considerar las cosas económicas, es evidente la precedencia de la "hacienda". 4. Es indiferente quién sea el soporte de la "hacienda". Un "plan presupucs. tario" estatal y el "presupuesto" de un trabajador caen ambos bajo la mism<l categoría. 5. Gestión de hacienda y gestión lucrativa no son alternati,·as exclusivas. Por ejemplo, la actividad de una "cooperativa de consumo" está en sen,icio (normal- mente) de la gestión de tipo consuntivo y, sin embargo, no es una hacienda sino que por b forma de su conducta es una explotación adquisitiva sin finalidad material de lucro. Las gestiones consuntiva y lucrativa pueden estar de tal modo compenetradas en la acción de un particular (y esto es lo lógico en épocas pasa- das) que sólo el acto final (venta aquí, consumo allí) puede decidir el sentido de los anteriores (en los pequeños campesinos es especialmente típico). El cam- bio exigido por la gestión consuntiva (cambio para conseguir objetos de consumo, cambio de excedentes) es un ingrediente de la hacienda. Una hacienda (de un príncipe, de un señor territorial) puede incluir explotaciones lucrativas, y ha ocu- rrido en forma típica en épocas anteriores: industrias enteras han surgido de seme- jantes "explotaciones accesorias", heterocéfalas y heterónomas, para la utilización de los productos forestales y agrarios de grandes terratenientes, monasterios y príncipes. Toda suerte de "explotaciones" forman ahora parte de haciendas, par- ticularmente municipales y estatales. En caso de cálculo racional sólo se consi- deran "rentas" a los ingresos netos de esos establecimientos de que pueda disponer la hacienda. Al contrario, las explotaciones lucrativas pueden tener adheridas -por ejemplo, para la alimentación de sus esclavos y asalariados- "haciendas" parciales y heterónomas (instituciones de beneficencia, viviendas, cocinas). "Ren- tas netas" ( nQ 2) son los sobrantes en dinero deducidos los costos en dinero. 6. Respecto a la significación del cálculo natural para la evolución general de la cultura, sólo pudieron darse aquí las primeras indicaciones. § 11. Adquisición (acción lucrativa) es una acción orientada por las pro- babilidades de ganancia (por una sola vez o regularmente repetida) de nue- vos poderes de disposición sobre bienes; actividad adquisitiva, la actividad co-orientada por las probabilidades de ganancia; adquisición económica, una orientada por probabilidades pacíficas; adquisición según mercado, la orien- tada por la situación de mercado; medios adquisitivos, aquellos bienes y pro- babilidades utilizados en la adquisición económica; cambio lucrativo, uu cambio orientado por la situación de mercado con fines lucrativos y en con- traposición al cambio orientado por la cobertura de necesidades (cambio CLASES DE ADQUISICIÓN. c,\I.CULO DE CAPITAL 69 de gestión de hacienda); crédito adquisitivo o lucrativo, el otorgado y acep- tado para el logro de poderes de disposición sobre medios adquisitivos. A la adquisición racional económica pertenece una forma particular del cálculo en dinero, el cálculo de capital. El "cálculo de capital" es la estima- ción y control de las probabilidades y resultados lucrativos por comparación del importe en dinero, por un lado, del conjunto de los bienes adquisitivos (en especie o dinero) existentes al principio de un negocio con los existen- tes, por otro lado, en su término (los mismos todavía y otros de nueva ob- tención); o en caso de una explotación continuada: al principio y final de un periodo de cálculo; o sea, mediante un balance inicial y otro final. Llá- mase capital al importe total en dinero, fijado con objeto de establecer el balance en el cálculo de capital, de los medios adquisitivos disponibles para los fines de la empresa; llamando beneficio o pérdida, respectivamente, al au- mento o disminución del importe total en dinero descubierto en el balance final en relación con el balance inicial; riesgo de capital es la estimada pro- babilidad de una pérdida con arreglo a balance; empresa económica se llama a una actividad autónoma orientada por el cálculo de capital. Esta orien- tación tiene lugar por medio del cálculo: cálculo previo de los riesgos y ganan- cias que pueden esperarse de una determinada medida y cálculo a posteriori para controlar las ganancias o pérdidas efectivas. Rentabilidad significa ( C!l el caso racional): 1) la ganancia estimada en el cálculo previo y, en cuanto posible, pretendida por el empresario con sus medidas; 2) la ganancia real- mente realizada según el cálculo a posteriori y que se encuentra a disposición de la hacienda del empresario (o de los empresarios) sin daño de las proba- bilidades de rentabilidad futuras; la cual se expresa por lo común en un coefi- ciente (hoy: porcentaje) del capital inicial según balance. Las empresas atenidas al cálculo de capital pueden estar orientadas por las probabilidades lucrativas según el mercado o por la explotación de otras probabilidades lucrativas -por ejemplo: condicionadas por relaciones de po- der (arriendo de tributos, compra de oficios). Todas las medidas singulares de las empresas racionales han de orientar- se en el cálculo de los resultados estimados como rentables. El cálculo de capital supone, en la adquisición o lucro realizados en el mercado: 1) que exis- ten para los bienes que la explotación lucrativa produce probabilidades de venta suficientemente amplias y seguras, estimadas según cálculo; o sea ( nor- malmente), que poseen mercabilidad; 2) que, asimismo, los medios adquisi- tivos -medios de producción materiales y mano de obra- pueden obtenerse en el mercado con suficiente seguridad y con "costos" calculables, y 3) que también las condiciones técnicas y jurídicas de las medidas que deben to- marse, desde las relativas a los medios de producción hasta las refcrenrtes a la venta de los productos (transporte, almacena¡~, etc.), suponen costos calculables en principio (en dinero). La extraordinaria significación de la calculabilidad óptima como funda- mento del cálculo óptimo de capital nos aparecerá continuamente de nuevo en las disquisiciones sobre las condiciones sociológicas de la economía. Esta- mos lejos de pensar que aquí únicamente entran en consideración "momen- tos" económicos, pues veremos que obstrucciones externas e internas de di- 70 CA TECORíAS SOCIOLóGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA versa naturaleza son responsables de la circunstancia de que el cálculo de capital, como una forma fundamental del cálculo económico, sólo apareciera en Occidente. El cálculo de capital y el cálculo de empresario en la economía de mer- cado, en contraposición con el cálculo de la gestión consuntiva, no conocen orientación alguna en la "utilidad marginal" sino en la "rentabilidad", cuyas probabilidades están condicionadas, a su vez, en última instancia, por las relaciones reales de los ingresos, y a través de éstas por las constelaciones de utilidad marginal de los ingresos en dinero de que pueden disponer los últi- mos consumidores de los bienes aptos ya para el consumo (por su "capacidad adquisitiva" de las mercaderías de que se trate, como se acostumbra a decir). Pero, técnicamente, cálculo de explotación lucrativa y cálculo de gestión de hacienda son tan fundamentalmente distintos como cobertura de necesida- des y lucro, a que respectivamente silven. Para la teoría económica es el consumidor marginal el que gobierna la dirección de la producción. De hecho, con respecto a la situación de poder, es esto exacto para los tiempos actuales sólo con condiciones, puesto que el "empresario" "despierta" y "di- rige" ampliamente las necesidades de los consumidores -cuando éstos pue- den comprar. Todo cálculo racional en dinero y, especialmente, en consecuencia, todo cálculo de capital, se orienta cuando la adquisición se verifica a través del mercado o en él, por el regateo (lucha de precios y de competencia) y el compromiso· de intereses. Esto aparece en el cálculo de rentabilidad de un modo particularmente plástico en la fom1a de teneduria de libros (hasta aho- ra) técnicamente más desarrollada (la llamada contabilidad por partida doble) en la que por medio de un determinado sistema de cuentas se pone como base la ficción de procesos de cambio entre las distintas secciones de una explotación o entre partidas separadas; y esta ficción es lo que permite técnicamente en su forma más perfecta el control de la rentabilidad de cada una de las medidas que puedan tomarse. El cálculo de capital en su estruc- tura formalmente más perfecta supone, por eso, la lucha de los hombres unos contra otros. Y ciertamente bajo otra condición previa muy particular. En ninguna economía, la "sensación de necesidad" subjetivamente existente pue- de igualar a la necesidad efectiva, o sea, la que ha de tenerse en cuenta para su satisfacción con la producción de bienes. Pues el que aquel deseo subjetivo pueda ser satisfecho depende, por una parte, de la escala de urgencia y, por otra, de los bienes disponibles según estimación para la cobertura (existentes o, por regla general, en ese instante obtenibles). La satisfacción falla cuando las utilidades necesarias, luego de haberse satisfecho las necesidades más apremiantes, no existen o no pueden ser obtenidas en modo alguno o sólo con tal sacrificio de mano de obra o bienes que habrian de perjudicarse ne- cesidades futuras, que ya en su estimación actual se consideran como más urgentes. Así en toda economía de consumo, incluso una comunista. En una economia con cálculo de capital, es decir, con apropiación por las economías singulares de los medios de producción, o dicho de otra fornut, con "propiedad" (ver cap. 1, § 10), el que la rentabilidad dependa de los precios que los "consumidores" quieren y pueden pagar (según la utilidad CLASES DE ADQUISICIÓN. cÁLCULO DE CAPITAL 71 marginal del dinero en proporción de sus ingresos) significa esto: que puede producirse en forma rentable para aquellos consumidores que (a tenor de aquel principio) pueden disponer de los ingresos correspondientes. Y la sa- tisfacción de las necesidades falla no sólo cuando se anteponen necesidades (propias) más urgentes, sino cuando se interpone una capacidad adquisiti- va (ajena) más fuerte (con respecto a necesidades de toda clase). El su- puesto de la lucha de los hombres unos contra otros corno condición de la existencia de un cálculo racional en dinero, presupone además el influjo deci- sivo que tienen sobre el resultado, por una parte, las posibilidades de pujar el precio que poseen los consumidores más ricos en ingresos, y por otra, las posibilidades de rebajarlo que poseen los productores más favorablemente equipados, en particular con poderes de disposición sobre dinero o con medios de producción importantes. Especialmente presupone precios efectivos -no precios convencionales, fingidos por cualquier motivo puramente técnico- y también dinero efectivo en circulación, en cuanto medio de cambio solici- tado (no simples signos para arreglos técnicos de cuentas entre las explota- ciones). La orientación por las probabilidades de precios y por la rentabilidad supone también: 1) que las diferencias entre los partícipes en el cambio por razón del dinero o de los bienes específicamente admisibles en el mercado que poseen, sean decisivas para la dirección que tome la producción de bienes, siempre que ésta tenga finalidad lucrativa, ya que sólo será y puede ser satis- fecha la demanda con mayor "capacidad adquisitiva". Condiciona asimismo: 2) el hecho de que el problema de cuáles habrán de ser las necesidades cubier- tas con la producción dependa por completo de la rentabilidad del proceso productivo, la cual por su parte es una categoría formalmente racional, que por eso mismo se comporta con indiferencia ante postulados materiales, a menos que éstos no aparezcan en el mercado en la forma de una capacidad adquisitiva suficiente. Bienes de capital (en contraposición a los objetos de uso o partes de patri- monio) son todos aquellos bienes de los que puede disponerse siempre que esta disposición esté orientada por el cálculo de capital. Se llaman intereses de capital -en contraposición a los intereses de préstamo de todas las suertes posibles-: 1) a las probabilidades de rentabilidad mínima imputable normal- mente, en un cálculo de rentabilidad, a los medios adquisitivos materiales; 2) al interés al cual las explotaciones lucrativas se procuran dinero o bienes de capital. La ·exposición sólo contiene cosas comúnmente sabidas en forma quizá más específica. Para la esencia· técnica del cálculo de capital compárense las exposi- ciones corrientes, en parte excelentes, de la teoría de la contabilidad (Leitner, Schar, etc.). 1. El concepto de capital se concibe aquí en un riguroso sentido "contable" y de economía privada, corno tenia que hacerse desde el punto de vista de la con- veniencia. Con el uso corriente del lenguaje choca esta terminología mucho menos que con el lenguaje por desgracia reiteradamente usado como científico y que por cierto está muy lejos de ser homogéneo. Para comprobar en su aplica- bilidad esta terminología de economía privada, ahora utilizada cada vez más por 72 CA TECORJAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓi\IICA la cicnci<l, basta con plantear estos sencillos problemas: ¿Qué significa: 1) que una compañía anónima posca un "capital" de un millón, 2) que se "reduzca" este capital, 3) que las leyes sobre los capitales de fundación tengan preceptos que determinan lo que se puede "aportar'' a ese capital y el cómo de la aportación? Significa: con respecto al n9 1) que en la distribución de beneficios se proceda de tal modo que sólo se asiente como "ganancia" el importe total del "activo" ( esti- mado en dinero y con arreglo a inventario) en lo que exceda del millón que es el importe del "pasivo", y que sólo ese excedente puede ser repartido entre los partí- cipes para su empleo discrecional (en el caso de una empresa individual: que este excedente puede ser consumido en la hacienda personal); con respecto al n9 2) que en caso de pérdidas considerables no debe aguardarse a que por ganancias y ahorros, a lo largo quizá de mucho tiempo, se alcance de nuevo la suma total de un millón, sino que con una suma n.enor pueda repartirse algtm beneficio; fJara ello debe ser "rebajado" el capital y éste es el fin de la operación; 3) la fin;tlidad de los preceptos sobre la manera cómo debe ser "cubierto" d capital de fundación y cuándo y cómo puede ser "reducido" o "aumentado", es dar a los acreedores y accionistas la garan- tía de que el reparto del beneficio tiene lugar según las reglas cld cálculo nJCional de las explotaciones: de modo a) que la rentabilidad persiste, y b) no se disminuye la garantía real de los acreedores. Los preceptos sobre "aportaciones" al capitJ] son por completo preceptos sobre impub1ción de objetos al "capital". 4) ¿Qué es lo que significa decir que "el capital se dirige a otras imcrsiones" (por falta de renta- bilidad)? O bien se alude aquí al "patrimonio", put?s "in\'crtir" es una categoría de la administración del patrimonio y no de b explotación lucrativa; o (raramente) quiere decir: que bienes de capital en parte quedan desposeídos de esta cualidad, por venta en barato de sus existencias, y en parte la adquieren de nuevo ulterior- mente. 5) ¿Qué es lo que significa la frase "poder del capital"? Que los poseedo- res del poder de disposición sobre medios lucrativos y probabilidades económicas -c1ue pueden ser empleados como bienes de capital en una explotación lucra- ti,·a-, en virtnd de este poder de disposición y en virtud de la orientación de la gestión económica por los principios del cálculo lucrativo capitalista, logran una específica situación de poder frente a otro. Ya en los primeros actos lucrati,·os racionales aparece el capital (no con <.-:;te nombre) como importe del cálculo en dinero: así en la commenda. Bienes de dis- tinta naturaleza se entregaban a un comerciante para su venta en un mercado extranjero y -eventualmente- compra de otros para el mercado propio, repar- tiéndose las ganancias y las pérdidas, en una determinada proporción, entre los que suministraban el capital y el comerciante viajero. Y para que esto pudiera realizarse tenían que estimarlo en dinero: por tanto, establecer un balance inicial y otro final; el "capital" de la commenda (o socíetas· maris) estaba representado por el importe de esta estimación, tan sólo utilizable para fines de cálculo entre los partícipes y no para otra cosa. ¿Qué significa hablar de "mercado de capitales"? Que hay bienes -especial- mente dinero-- que son solicitados con el fin de ser utilizados como bienes pro- ductivos y que hay explotaciones lucrativas (especialmente: "bancos" de determi- nada clase) que obtienen un beneficio de procurar, como actividad propia, estos bienes (especialmente dinero) para aquel fin. En el llamado "capital de préstamo" -entrega de dinero contra devolución del mismo importe, con o sin "intereses"- sólo hablaremos de "capital" cuando el préstamo constitu~·c el objeto de una acti- vidad lucrativa; en otro caso se dirá "préstamo en dinero". En el uso corriente del lenguaje se acostumbra a hablar de "capital" siempre que se pagan "intereses", porque éstos suelen calcularse como una cuota del importe total; por consecuencia CLASES DE AI>Ql!ISICIÓN. CÁLCULO OE CAl'lTAL 73 {micamcnte de esta función de cálculo se llama al importe en dinero del préstamo o del depósito un "capital". No parece dudoso el punto de partida de este empleo del término ( capitale = importe total del préstamo; con toda probabilidad, aun- que no sea demostrable, entre los "partícipes" de los préstamos de ganado). Con todo, esto carece de importancia. Ya los comienzos históricos muestran la entrega de bienes naturales estimados segím su importe en dinero, sobre el que se calculaba el interés, de modo que aquí están uno aliado de otro "bienes de capital" y "cálcu- lo de capital" en la forma típica que desde entonces se ofrece. En el caso de un préstamo sencillo, que forma parte de una "administración de patrimonio", no se hablará por parte del prestatario de un "capital de préstamo" cuando sin·e fines de gestión de hacienda. Y, naturalmente, menos cuando se trate del prcstami~ta. El concepto de "empresa" corresponde al corriente, sólo que se subraya cxpn:- samente la orientación por el cálculo ele capital, las más de las ,·cces supuesto como evidente, para indicar con ello que no todo intento de lucro como tal debe ser llamado "empresa", sino sólo en cuanto se orienta por el cálculo de capital (lo mismo sea grande o pequeño). Es, por el contrario, indiferente si ese cálculo de capital se realiza de hecho de un modo racional, llevándose a cabo el cálculo según principios racionales. Asimismo, sólo puede hablarse de ''beneficios" y "pérdidas" en las empresas con cálculo de capital. Naturalmente, también la ganancia s)n capital (del escritor, abogado, funcionario, profesor, técnico, empleado, trabajador) es para nosotros "lucro", pero no se la debe llamar "beneficio" (tampoco el len- guaje vulgar la llama así). "Rentabilidad" es un concepto aplicable a todo acto lucrativo que pueda ser calculado de un modo independiente cou los medios de 1a técnica de la contabilidad comercial (empleo de un determinado trabajador o de una detenninada máquina, determinación de las pausas en el trabajo, cte.). Para la determinación del concepto "interés del capital" no puede partirse convenientemente de los intereses pactados en c<~so de préstamo. Cuando alguien ayuda a un campesino con simientes de cereales, conviniendo en que cuando se haga la devolución se añada un suplemento, o cuando lo mismo ocurre con el di- nero que una hacienda necesita y otra puede dar, no debe llamarse "capitalista" a este proceso. Se conviene el suplemento (los "intereses") -en caso de acción racional- porque el prestatario espera que las probabilidades de su abastecimiento superarán al suplemento convenido en el préstamo, percibiendo que las probabi- lidades de su situación son así mejores que las que serían de prever para el caso en que el préstamo fuese denegado, y porque el prestamista conoce esa situación y la utiliza en la medida en que las utilidades marginales de la disposición actual sobre los bienes prestados serán superadas por las utilidades marginales calculadas para el momento de la devolución del suplemento convenido. Se trata aquí de categorías de la gestión de hacienda y de la administración de patrimonio, pero no de categorías del cálculo de capital. También quien en caso de necesidad recibe un préstamo de un usurero para fines de consumo, no "paga" en el sentido de esta terminología "interés de capital" alguno y tampoco los recibe el prestamista, sino que se trata de una retribución del préstamo. El prestamista que lo hace como explotación calcula el "interés" de su capital de negocio (en una economía racio- nal) y su gestión económica es con "pérdida" cuando en el momento de recuperar las cantidades prestadas no se ha alcanzado ese grado de rentabilidad. E.~te interés es para nosotros "interés del capital" y aquel otro interés simplemente. Interés de capital en el sentido de esta terminología es, pues, siempre interés del capital y no interés para el capital y va unido siempre a estimaciones en dinero y, por tanto, al hecho sociológico de la propiedad pri\·ada, o sea de la apropiación de los poderes de disposición de los medios de producción, sujetos al mercado u otros, sin la 74 CA TEGORfAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA cual un cálculo de capital y, por tanto, un cálculo de "intereses" no podrían pen- sarse. En la explotación lucrativa racional todo interés, imputado, por ejemplo, a una partida que aparece como capital, es el mínimo de rentabilidad, por cuya obtención o no se aprecia la idoneidad de la forma de empleo de los bienes de capital de que se trate (idoneidad, naturalmente, desde el punto de vista lucrl!- tivo, o sea de la rentabilidad). El tipo de este mínimo de rentabilidad se gobierné!, como es conocido, con una relativa aproximación, por las probabilidades de interés para el crédito en el "mercado de capital" existentes en ese momento; aunque, naturalmente, su existencia sea el aliciente o motivo de estas normas de cálculo, en igual forma a como, para la manera de llevar la contabilidad, lo es la existencia del cambio en el mercado. La explicación de aquel fenómeno fundamental de la eco- nomia capitalista: el que contiQuamente se pague una retribución -por parte de los empresarios- por los "capitales de préstamo", sólo puede resolverse mediante la contestación a la pregunta de por qué el término medio de los empresarios cons- tantemente espera obtener rentabilidad no obstante el pago de esa retribución; o dicho en otra forma, cuáles son las condiciones generales que por término medio permiten considerar como racional la entrega de lOO unidades presentes contr:t 100 + x unidades futuras. La teoría económica responderá en este caso con la relación de utilidad maFginal de los bienes futuros respecto de los presentes. Bien. Pero al sociólogo le interesaría entonces saber en qué acciones de los hombres se: expresa esa supuesta relación de tal modo que las consecuencias de esta estimación diferencial, en la forma de un "interés", puedan constituirse en la base de sus operaciones. Pues determinar entonces cuándo y dónde se da el caso, sería poco menos que evidente por sí mismo. De hecho ocurre, como es sabido, en las eco- nomías lucrativas. Pero en esto es decisivo primariamente la situación de poder económico de los empresarios, por un lado, y de las haciendas por otro, tanto de los consumidores de los bienes ofrecidos como de los que ofrecen ciertos medios de producción (trabajo ante todo). Sólo entonces se fundarán empresas y se explo- tarán permanentemente (en forma capitalista) cuando se espere el mínimo del "interés de capital". La teoría económica --que puede aparecer en extremo di- versa- diría entonces: que sólo aquella utilización de la situación de poder -una consecuencia de la propiedad privada de los medios de producción y de los prc- ductos- hace posible para esta categoría de sujetos económicos una economía, por así decir, susceptible de arrojar intereses. 2. Administración de patrimonio y explotación lucrativa pueden aparecer ex- ternamente como idénticas. La primera sólo se distingue de hecho de la segunda por el sentido último de la gestión económica: aumento y conservación de la renta- bilidad o de la posición de poder en el mercado por un lado; conservación y aumento del patrimonio y de la renta por el otro. En la realidad no siempre puede afirmarse cuál es el sentido dominante a tenor de la anterior distinción. Donde el patrimonio del gerente de una explotación coincide por completo con los pode- res de disposición sobre los medios de producción, y la renta coincide con el beneficio, ambos parecen marchar mano a mano. Y asimismo: relaciones perso- nales de toda clase pueden ser motivo de que se tomen determinadas decisiones por parte del gerente de una explotación, sin duda irracionales desde el punto de vista de la racionalidad de kt explotación. Pero, sobre todo, lo frecuente es que no coincidan patrimonio y disposición del negocio. A menudo, además, deudas personales excesivas del propietario, necesidad personal en ese momento de ingre- sos más elevados, divisiones de herencia, etc., suelen ejercer un influjo en extremo irracional en la conducción de la explotación; tanto que pueden incluso llevar a la adopción de determinadas medidas que tengan por fin la completa eliminación de CLASES DE ADQUISICIÓN. CÁLCULO DE CAPITAL 75 ese influjo (empresas familiares en forma de compaíiías por acciones). Esta tenden- cia a la separación entre hacienda y explotación no es casual. Proviene, cabalmente, de que el patrimonio y su destino, desde el punto de vista de la explotación, y las momentáneas necesidades de ingresos del propietario, desde el punto de vista de la rentabilidad, son irracionales. Y así como el cálculo de rentabilidad de una explo- tación nada dice por sí sobre las probabilidades de provisión de los hombres intere- sados en cuanto obreros o consumidores, tampoco los intereses de patrimonio y de ingresos de los individuos o asociaciones con un poder de disposición sobre la ex- plotación suelen coincidir necesariamente en la persistenci4 del óptimo de renta- bilidad y de la situación de poder en el mercado. (Tampoco, naturalmente -o más bien precísame~te por eso-, cuando la explotación lucrativa está en manos de una "cooperativa de producción".) Los intereses objetivos de la conducción racional y moderna de una explotación no son en modo alguno idénticos -y a menudo son opuestos- con los intereses personales del poseedor o de los poseedores de los poderes de disposición; esto significa la separación en principio de "hacienda" y "explotación", aun allí donde son idénticas consideradas desde la perspectiva dt:l poseedor de los poderes de disposición y de los objetos de que se dispone. La separación entre "hacienda" y "explotación" debería, por fines de conve- niencia, mantenerse y desarrollarse con todo rigor aun en la terminología. Un::t compra de "valores" por parte de un rentista, con el fin de disfrutar su rendimiento en dinero, no es "capital" sino inversión de patrimonio. Un préstamo en dinero por parte de una persona privada con el fin de adquirir el derecho a los intereses e5 completamente distinto, desde el punto de vista del prestamista, del préstamo hecho por un banco a idéntico beneficiario; y desde el punto de vista del presta- tario son completamente diferentes el préstamo a un consumidor y el préstamo a un en1presario (para fines lucrativos). En el primer caso hay inversión de capital por parte del banco; en el segundo, recepción de capital por parte del empresario. La inversión de capital del otorgante en el primer caso puede tener para el percep- tor el carácter de un préstamo de consumo (para su hacienda); y la aceptación de capital del perceptor en el segundo caso puede tener para el otorgante el carácter de una simple "inversión de patrimonio". La fijación de la distinción entre "patri- monio" y "capital" y entre "hacienda" y "explotación" no carece de importancia, puesto que sin ella, en particular, no podría comprenderse la evolución de la Anti- güedad y los límites del capitalismo entonces vigente. (En este punto son todavb importantes los conocidos estudios de Rodbertus -a pesar de sus errores e insufi- ciencias- y equiparables a las disquisiciones en este respecto de K. 13ücher.) 3. No todas las explotaciones lucrativas con cálculo de capital estuvieron o están con respecto al mercado en una relación "doble", es decir, que tanto se procuren en el mercado los medios de producción como que ofrezcan en él los productos (o servicios) finales. Arriendos de tributos y financiamientos de toda clase se llevan a cabo con cálculo de capital, sin que ocurra lo último. Las consecuencias, en extremo importantes, serán estudiadas más tarde. Esto es, pues: lucro con arreglo a cálculo de capital, pero no con arreglo a mercado. 4. Se ha distinguido aquí por razones de conveniencia entre actividad lucrativa y explotación lucrativa. Realiza la primera todo aquel que actúa con el fin d~ adquirir bienes (dinero o bienes naturales) no poseídos todavía por él. Por tanto, el funcionario y el obrero no menos que el empresario. En cambio llamamos ex- plotación lucrativa de mercado a una clase de esa actividad, a la orientada de un modo continuado por las probabilidades del mercado, en la medida en que em- pleando bienes como medios lucrativos, obtener dinero a) por la producción y venta de bienes solicitados, o b) mediante oferta de servicios y esto, sea por cambio 76 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA libre o por utilización de probabilidades apropiadas, como en los casos indicados en el número anterior. En el sentido de esta terminología, 110 representa "activi- dad lucrativa" de ninguna clase el titular de rentas, cualquiera que sea la racio- nalidad con que "administre" su propiedad. 5. Aunque teóricamente sea evidente por sí que la dirección en la rentabilidad de las explotaciones lucrativas dedicadas a la producción está determinada por la constelación de las utilidades marginales de los ingresos de los consumidores últi- mos, no debe ignorarse, sin embargo, el hecho sociológico de que la "cobertura de necesidades capitalista", a) "despierta" nuevas necesidades y arrincona otras, y b) que influye en gran medida por sus reclamos agresivos en la determinación de las necesidades de los consumidores, tanto por lo que respecta a su naturaleza como por lo que se refiere a su magnitud. Esto forma parte cabalmente de sm rasgos esenciales. Cierto que en este caso no se trata de necesidades en los pri- meros grados de la escala de urgencia_ Con todo, el tipo de alimentación y ~·i­ \'Ícnda en la economía capitalista está determinado también en gran medida por la oferta. § 12. El cálculo natural puede presentarse en las más distintas com bin-1- ciones. Se habla de economía monetaria en el sentido de una economía con uso típico del dinero y, por consiguiente, orientada por las situaciones de mer- cado estimadas en dinero; se habla de economía natural en el sentido de una economía que no emplee el dinero; pudiéndose, según eso, distinguir las eco- nomías históricamente dadas por el grado de su naturaleza natural o mo- netaria. La economía natural no es, sin embargo, una cosa perfectamente limi- tada, sino que puede tener muy distinta estructura. Puede significar, a) una economía absolutamente sin cambio, o b) una economía con cambio natural, sin uso del dinero como medio de cambio. En el primer caso a) puede ser tanto a) una economia singular, de gestión económica 1) plenamente comn·· nista o 2) de compañonazgo (en forma de participación) y, en ambos casos, sin autonomía o autocefalia alguna para sus miembros: econo- mía doméstica cerrada; como ~) una combinación de economías singulares, por lo demás autónomas y autocéfalas, todas gravadas con prestaciones naturales respecto de una economía central (existente para satisfacer necesidades señoriales o de compañonazgo): economía de prestaciones naturales {"oikos", aso- ciación política rigurosamente litúrgica). En ambos casos, dándose pureza en el tipo {o en la medida en que ésta es suficiente) sólo se hace uso del cálculo natural. En el segundo caso b) pue- de ser a) economía natural con cambio natural puro, sin uso del dinero y sin cálculo en dinero (economía natural pura), o ~) economía natural con cálculo (ocasional o típico) en dinero (típica en el antiguo Oriente, pero también muy extendida por otras partes). Para los problemas del cálculo natural sólo ofrece interés el caso a, a en sus dos formas, o una forma tal del caso b, ~ en la cual se llevaran a cabo las CÁLCULO NATURAL 77 liturgias cn unidades de explotación racionales, como sería inevitable, en cas0 de una "socialización plena", de conservarse la técnica moclcma. Todo cálculo natural está orientado según su esencia más íntima en el consumo: cobertura de necesidades. Es evidente que algo semejante a la "g'l· nancia" es posible sobre base natural. O bien a) en caso de economía sin cambio, porque se emplean los medios de producción naturales y el trabai~J disponible en producir o procurar bienes con arreglo a plan sobre la base de un cálculo mediante el cual se compare el estado de cobertura de necesida- des que así se persigue con el que se tendría con otra clase cu~lquiera de utili- zación, encontrándose aquél más favorable desde el punto de vista de l:1 administración de la hacienda; o ya b) en caso de una economía de cambio natural, porque se persiga plenamente, mediante un cambio natural riguroso (eventualmente: en actos repetidos), un abastecimiento de bienes que, com- parado con el existente sin las anteriores medidas, se estime como más abun- dante. Sólo en caso de diferencias en bienes cualitativamente semejante~ cabe, sin embargo, una comparación sujeta a cifras, unívoca y realizada sin una estimación completamente subjetiva. Naturalmente, es posible sumar asignaciones típicas de consumo, como esas en que se basaban los órdenes prebendarios y estipendiarios naturales, especialmente en Oriente (fueron in- cluso objetos de tráfico, como son nuestros valores públicos). En caso ck bienes típicamente muy semejantes (cereales del valle del Nilo) era, natura!- mente, su almacenamiento con comercio de giro cosa técnicamente tan factible como lo es la emisión de billetes por los bancos con cobertura de plata en barras. Asimismo (y esto es más importante) puede averiguarse con arreglo a cifras el resultado técnico de un determinado proceso productivo, comparán- dolo así con procesos técnicos de otra clase, y esto: o bien, en caso de pro- ductos finales semejantes, según la naturaleza y cantidad de los bienes de producción exigidos; o bien, en caso de medios de producción semejante~. según los distintos productos finales obtenidos con diferentes procedimiento·;. Aunque sea frecuente, sin embargo, no siempre es posible aquí una compara- ción en cifras en ciertos problemas parciales importantes. Lo problemático del "cálculo" simple comienza, empero, tan pronto como entran en considc- racíón distintas clases de medios de producción o aplicabilidad múltiple, o productos finales cualitativamente distintos.. Toda explotación capitalista realiza ciertamente en el cálculo de un modo continuo operaciones de cálculo natural: dado un telar de una determinada construcción, con hilo y urdimbre de una determinada calidad, averiguar, co- nocidos el rendimiento de las máquinas, el grado de humedad de la atmósfera y el consumo de carbón, de lubricante y de material de desbaste, el número de tramas por hora y obrero -y eso con respecto a cada obrero- y según ello la cantidad de unidades del producto que le corresponden en una uni- dad de tiempo. Semejante cosa es determinable sin cálculo en dinero en las industrias con productos accesorios y de desecho típicos y así se determina en realidad. Igualmente puede fijarse y se fija, en ciertas circunstancias, por un cálculo natural la necesidad normal anual de la explotación en materia prima, medida a tenor de su capacidad técnica de elaboración, el periodo de amortización de edificios y máquinas, y el menoscabo típico por deterioro, 78 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA merma y pérdida material. Mas la comparación de procesos productivos de distinta naturaleza y con medios de producción de distintas clases y múltiple aplicabilidad es cosa que resuelve para sus fines el cálculo de rentabilidad de la explotación sirviéndose de los costos en dinero, mientras que para el cálculo natural se ofrecen aquí difíciles problemas que no pueden resolverse de un modo objetivo. Es cierto que -aparentemente sin necesidad- el cálcu- lo de hecho en el cálculo de capital de una explotación moderna torna ya la forma del cálculo en dinero antes de estas dificultades. Y en parte, por lo me- nos, no es esto casual. Sino porque -por ejemplo: con los "abonos en cuenta"- es aquélla la forn1a de cuidar las condiciones futuras de la produc- ción de la explotación, que une a la libertad de movimientos más pronta al ajuste (que en todo caso de acopio de existencias o de cualesquiera otras me- didas de procuración puramente naturales, sin este medio de control, sería irracional y estaría fuertemente impedida) la máxima seguridad. Es difícil imaginar qué forma habrían de tener en el cálculo natural los fondos de reserva que no estuvieran especificados. Además, dentro de una empresa se presenta el problema: de si algunas de sus partes, y cuáles en su caso, consi- deradas desde el punto de vista puramente técnico-natural, trabajan de un modo irracional ( = no rentable) y por qué; es decir, qué partes del gasto natural (en cálculo de capital: costos) pudieran ser ahorradas o, sobre todo, empleadas de otra manera más racional; lo cual es relativamente sencillo y seguro con el cálculo en dinero a posteríorí de la relación contable de "utili- dades" y "costos" -para lo que entra también como índice el cargo en la cuenta de los intereses del capital-, pero en cambio sumamente dificil de averiguar en el cálculo natural cualquiera que sea su tipo y sólo posible en for- mas y casos muy toscos. (No se trata aquí de límites casuales que pudierau resolverse por un "pedeccionamiento" de los métodos de cálculo, sino de límites fundamentales de todo intento de cálculo natural realmente exacto. Con todo, empero, podría ser esto discutido, si bien no con argumentos saca- dos del sistema Taylor y con la posibilidad de alcanzar "progresos", siu necesidad de empleo del dinero, por medio de un cálculo cualquiera de premios o puntos. Pues el problema estaría cabalmente en cómo descubrir en qué lugar de una explotación habría eventualmente que aplicar esos me- dios, por existir precisamente en este sitio irracionalidades que eliminar -en cuya.averíguaci6n exacta, a su vez, tropieza el cálculo natural con dificultades que no surgen en un cálculo a posteriori por medio del dinero.) El cálculo natural corno fundamento de una calculabilidad de las explotaciones (que en ese caso habría que considerar como explotaciones heterocéfalas y heteró- nomas de una dirección planificada de la producción de bienes) encuentra sus límites de racionalidad en el problenu1 de la imputaci6n, el cual no aparece ante ella en la forma sencilla de cálculo a posteriori de los libros de conta- bilidad, sino en aquella forma extraordinariamente más discutible que posee en la teoría de la "utilidad marginal". El cálculo natural para los fines de una gestión económica permanente y racional de los medios de producción ten- dría que encontrar "índices de valor" para cada uno de los distintos objetos, los cuales tendrían que asumir la función de los "precios de balance" en la contabilidad moderna. De no hacerse así ¿cómo podrían desarrollarse y con- CÁLCULO NATURAL 79 trolátse los medios de producción de una manera diversa, por una parte, para cada explotación (según su localización) y, por otra parte, de manera uni- taria desde el punto de vista de la "utilidad social", es decir, de la demancLJ de consumo (actual o futura)? Con la creencia de que, una vez se enfrente uno de un modo decidido con el problema de la economía sin dinero, "habrá de encontrarse" el sistema de cálculo apropiado, no se arregla nada: el problema es fundamental de toda "socialización plena", y no puede hablarse, en todo caso, de una "economía planificada" en tanto que no sea conocido en este punto decisivo un medio para la fijación racional de un "plan". Las dificultades del dJ.::ulo natural aumentan todavía cuando hay que averiguar si una explotación dada, con una dirección concreta en su produc- ción, tiene en el lugar que ocupa su localización racional o si -desde el punto de vista de la cobertura de necesidades de un determinado grupo humano- la tendría más bien en otro de los lugares posibles; o el problema de cómo una asociación económica con economía natural, desde el punto de vista de la mayor racionalidad en el empleo de la mano de obra y de las materias pri- mas a su disposición, podría procurarse más adecuadamente determinados productos, bien fabricándolos ella misma o por cambio en compensación con otras asociaciones. Ciertamente, los fundamentos que determinan la locali- zación de las industrias son puramente naturales y sus principios más senci- llos pueden formularse también con datos naturales ( cf. Alfrcd W cber, G. d. S., VI). Pero la fijación concreta de si dadas las circunstancias de situación de una determinada industria, sería más racional una determinada dirección productiva que otra -haciendo caso omiso de la vinculación geográfica abso- luta, existente en un monopolio de los yacimientos de materias primas-, no es posible con arreglo al cálculo natural sino en la forma de estimaciont:s muy toscas; mientras que, por el contrario, con arreglo al cálculo en dinero, y no obstante incógnitas con que siempre hay que contar, es siempre, en principio, un problema de cálculo susceptible de solución. La comparación, diversa de la anterior, de la importancia, es decir, capacidtld de solicitación, de las distintas clases de bienes específicamente diferentes que, según las circunstancias dadas, es igualmente posible obtener por cambio o por fabri- cación, es un problema que, en última instancia, penetra con todas sus con- secuencias en los cálculos de toda explotación, y que se determina de un modo decisivo, dentro de relaciones de cambio monetario, por la rentabilidad, que condiciona así la dirección de la producción de bienes en las explotacio- nes lucrativas, pero que en caso de cálculo natural sólo puede resolverse, en principio, con ayuda o bien de la tradición o de un poder dictatorial que regule el consumo de un modo preciso (lo mismo si es estamentalmente diversificado o igualitario) y para ello encuentre la necesaria obediencia. Pero aun entonces quedaría el hecho de que el cálculo natural no podría resolver el problema de la imputací6n del rendimiento total de una explotación a sus "factores" y disposiciones particulares, en la misma forma que esto lo realiz<a hoy el cálculo de rentabilidad en dinero; y que por eso cabalmente el actual abastecimiento de masas por medio de explotaciones produciendo en masa opone la más fuerte resistencia a aquella fonna de cálculo. 80 CATEGORÍAS SOCIOLÓGTC.'•S DE LA \'ID,~ ECONÓ:I>.!IC~ l. Los ·problemas del cálculo natural han sido tratados con singular penetra· eión por el Dr. O. Neurath en sus numerosos escritos con ocasión de las tcil- dencias socializadoras de estos últimos tiempos. Para un;\ "socialización plena·•, es decir, para la que cuenta con la desaparición de los precios efectivos, este: problema es fundamental. La imposibilidad de su solución racional sólo indicaría -lo que conviene decir de un modo explícito- esto: todo aquello, aun desde el punto de ,·ista puramente económico, con que "tendría que apechar" una socializa- ción semejante, pero en nada refutaría la "justificación" de ese esfuerzo, en cuantü que éste no se apoya en postulados técnicos sino, como en todo socialismo de convicciones, en postulados éticos y de otra clase, igualmente absolutos; cosa que ninguna ciencia puede emprender. Considerado desde un punto de vista técnico podría traerse a colación la posibilidad de que en un territorio en que una cierta cantidad de población sólo pueda ser mantenida sobre la base de un cálculo exac- to, los límites de una. socialización plena, en su forma y extensión, estarían dados por la consen·ación de los precios efectivos. Sin embargo, esto no nos incumbe aquí. Sólo debemos hacer observar que de residir en alguna parte la separaciÓn conceptual entre socialismo y "reforma social" es precisamente aquí donde se en- cuentra. 2. Es, desde luego, perfectamente cierto que el "simple" cálculo de dinero, sea de una sola explotación, sea de muchas o bien de todas, y que, incluso, la estadística más amplia del movimiento de bienes, etc., en dinero, no dicen nadd, sin embargo, sobre }a naturaleza del abastecimiento de un determinado grupo de hombres en lo que últimamente necesitan: bienes naturales; y todavía más, que las evaluaciones en dinero de la "renta nacional" sólo puedan tomarse en serio en la medida en que sirven intereses fiscales (y, por tanto, sólo fijan el patrimo- nio imponible). Lo mismo puede decirse, también desde el punto de ,·ista del abastecimiento natural en bienes, de las estadísticas en dinero de los ingresos, aunque no en igual medida cuando son conocidos estadísticamente los precios en dinero de los bienes. Sólo que también entonces falta toda posibilidad de un control desde el punto de vista de una racionalidad material. Es exacto asimismo (acertadamente expuesto por Sismondi y \V. Sombart con el ejemplo de la "cam- pagna" romana) que una rentabilidad satisfactoria (como se daba en la agricul- tura, en extremo extensiva, de la "campagna" romana y ciertamente para todos sus partícipes) en muchos casos nada tiene de común, desde el punto de vista de la utilización óptima de determinados bienes productivos para la necesidad en bienes de un grupo de hombres dado, con una estructuración satisfactoria de la economía; la forma de la apropiación {especialmente la apropiación del suelo -y en este sentido hay que dar la razón a F. Oppenheimer- aunque no sólo ésta) crea oportunidades de rentas y ganancias de múltiples clases, que pueden obstruir de un modo permanente el desarrollo hacia la aplicación técnicamente óptima de los medios de producción. (Cierto que esto está muy lejos de ser, precisamente, una peculiaridad de la economía capitalista: en especial las limitaciones a la pro 7 ducción, de que tanto se habla, en interés de la rentabilidad dominan, cabalmente de modo absoluto, la constitución económica de la Edad Media, y algo semejante puede sazonar en la vida contemporánea con la posición de poder de la clase trabajadora. Y es indiscutible que esta situación de hecl10 se encuentra también en las formas intermedias.) Las estadísticas de los mm·imicntos monetarios, o en la forma de estimaciones en dinero, no han impedido, sin embargo, el desarrollo de una estadística natural, como se podría creer según algunas exposiciones, ~· cualesquiera que sean las críticas que se pudieran hacer, desde determinados pos- tnlados ideales, de su estado y sen·icios. Nueve décimos o nüs de nucstms est.1- CÁLCULO NATURAL 81 dísticas no son estadísticas monetarias, sino naturales. En conjunto todo el es- fuerzo de una generación no ha consistido en otra cosa que en una crítica de los resultados que para la provisión de bienes ha tenido una orientación de la eco- nomía por la idea exclusiva de rentabilidad {pues en esto reside en fin de cuentas todo el esfuerzo de los llamados "socialistas de cátedra" y ello de modo cons- ciente), aunque es verdad que, dadas las condiciones ofrecidas por una economía de masas, sólo creyó posible una refonna de tipo político social -es decir, una refonna, en contraposición a la economía de cálculo natural, orientada por la conservación de los precios efectivos- y no una socialización plena. La conside- ración de este punto de vista como "insuficiente" es cosa, desde luego, que no se puede impedir; sólo que en sí no era absu~do. Es cierto q~e no se ha concedid? mucha atención al problema de la economuz natural y especialmente a~ de la ~SI­ ble racionalización del cálculo natural, y que en todo caso esa atenciÓn ha sido histórica y no actual. La guerra --como también toda otra guerra en el pasado- ha presentado ese problema con vigoroso impulso en la fonna de los problemas de la economía de guerra y de posguerra. (Y, sin duda alguna, el mérito del Dr. O. Neurath radica en su tratamiento, singulannente penetrante y anticipado, de estos problemas, si bien discutible tanto en los principios como en sus detalles. El que la "ciencia" no haya tomado posición frente a ~us fórmulas no es cosa extraña, puesto que hasta ahora sólo ofrecen prognosis en extremo estimulantes, y más que nada enunciativas, frente a las cuales es difícil adoptar una posición crítica. El problema comienza donde acaban sus consideraciones hasta ahora publicadas.) 3. Los rendimientos y métodos de la economía de guerra sólo pueden aplicarse con grandes precauciones a la crítica de la racionalidad material de la constitu- ción económica. La economía de guerra está orientada hacia un fin (en principio) univoco y se encuentra en situación de utilizar la plenitud del poder en una fonna que a la economía de paz sólo le es posible en caso de una "esclavitud" de los súbditos por parte del estado. Es, además, según su esencia más íntima, una "economía de bancarrota": la finalidad dominante pennite que desaparezca todi> miramiento o consideración respecto a la futura economía de paz. Sólo se calcula en ella con precisión en el aspecto técnico, pero en cambio económicamente sólo de un modo tosco con respecto a los materiales no amenazados de agotamiento y no digamos en relación a la mano de obra. Los cálculos tienen por eso predo- minante (no: exclusivamente) carácter técnico; y en la medida que tienen carác- ter económico, es decir, que toman en cuenta la concurrencia de los fines -no sólo de los medios para determinado fin- se satisfacen siempre (desde el punto de vista de todo cálculo exacto en dinero) con consideraciones bastante primitivas; y los cálculos según el principio de la utilidad marginal, son cálculos que pertene- cen al tipo de la gestión de hacienda, y en modo alguno tienen el sentido de ga- rantizar una racionalidad duradera de la distribución elegida tanto del trabajo como de los medios de producción. Es, por tanto, dudoso -por instructivas que sean cabalmente para el conocimiento de las "posibilidades" económicas las econo- mías de guerra y de posguerra- que puedan derivarse conclusiones para la eco- nomía permanente de los tiempos de paz de las formas de cálculo natural apro- piadas a la economía de guerra. Hay que reconocer de muy buen grado: 1) que también el cálculo en dinero se ve obligado a aceptar supuestos arbitrarios en el caso de aquellos medios de pro- ducción que no tienen precios de mercado (lo que particulannente ocurre en la contabilidad de la economía agrícola); 2) que algo análogo ocurre, aunque en menor medida, en la distribución de los "costos generales" en la contabilidad, 82 CATEGOIÚAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓl\UCA particularmente, de explotaciones con actividades múltiples; 3) que toda "carteii- zación", aun la más racional, o sea orientada por el mercado, aminora en seguida el estímulo de un cálculo exacto, aun permaneciendo el cálculo de capital, porque sólo se calcula, y en la medida adecuada, allí donde hay una exigencia para ello. Empero, dentro del dlculo natural la situación del n9 1) sería universal; por lo que respecta al n9 2) se haría imposible todo cálculo exacto de los "costos genera- les", que de todos modos realiza el cálculo de capital; y por lo que se refiere al n9 3) se eliminaría todo estímulo en favor del cálculo exacto y sería sustituido por medios artificiosamente construidos de efectos dudosos. La idea de una transfor- mación del numeroso cuadro de los "empleados comerciales" ocupados con la con- tabilidad, en el personal de una estadística universal de la cual se esperase la sustitución del "cálculo capitalista" por un "cálculo natural", desconoce no sólo los impulsos fundamentalmente distintos, sino las funciones completamente dife- rentes de la "estadística" y de la "contabilidad capitalista". Se distinguen entre ;sí como el burócrata y el organizador. 4. Tanto el cálculo natural como el cálculo en dinero son técnicas racionales. En modo alguno abrazan la totalidad de todas las gestiones económicas. Antes bien, junto a ellas está también la acción económica, orientada económicamente de hecho pero ajena al cálculo. Y esta su orientación puede ser de carácter tradi- cional o de carácter afectivo. En su forma primitiva todo afanarse de los hombres por su alimentaci( n es muy semejante a lo que en los animales tiene lugar bajo el imperio de los instintos. Asimismo, la acción económica conscientemente orien- tada por la devoción religiosa, la emoción guerrera, los impulsos de piedad u otrcs afectos semejantes se encuentra escasamente desarrollada en su grado de calcula- bilidad. "Entre hermanos (de clan, de gremio, de creencia) no se regatea"; en los círculos familiares, de camaradas y juveniles no se calcula o se hace en forma muy elástica, y en caso de necesidad se "raciona": un precedente bien modesto de la calculabilidad. Respecto de la penetración de la calculabilidad en el comu- nismo familiar originario, véase infra cap. v. Soporte del cálculo fue siempre el dinero y esto explica que el cálculo natural haya permanecido técnicamente toda- vía menos desarrollado de lo que le obliga su propia naturaleza (en esto hay que dar la razón a O. Neurath). Durante la impresión de este libro se publicaba (en el Archiv f. Sozíalwiss., 47) un trabajo de L. von Mises que se ocupa de estos problemas. ["Die Wirtschaft- rechnung im sozialistischen Gemeinwesen", cf. su obra Die Gemeinwirtschaft, 21!- ed., 1932, pp. 91 ss. (11, § 3) y el apéndice (pp. 480 ss.).] § 13. La "racionalidad" formal del cálculo en dinero está unida a condi- ciones materiales muy específicas, que interesan aquí sociológicamente, sobre todo: l. La lucha de mercado de economías autónomas (relativamente al me- nos). Los precios en dinero son producto de lucha y compromiso; por tanto, resultados de constelación de poder. El "dinero" no es un simple "indicador inofensivo de utilidades indeterminadas". que pudiera transformarse discre- cionalmente sin acarrear con ello una eliminación fundamental del carácter que en el precio imprime la lucha de los hombres entre sí, sino. primordial- mente: medio de lucha y precio de lucha, y medio de cálculo tan sólo en la forma de una expresión cuantitativa de la estimación de las probabilidades en la lucha de intereses. 2. El cálculo en dinero alcanza el punto máximo de racionalidad corno LA ECONOMÍA DE CAMBIO Y LA PLANEADA 83 medio de orientación, de carácter calculable, en la gestión económica, en la forma del cálculo de capital; y, entonces, sobre el supuesto material de la liber- tad de mercado más amplia posible, en el sentido de la inexistencia de mo- nopolios, tanto legalmente impuestos y económicamente irracionales corno voluntariamente creados y económicamente racionales (o sea, orientados por las probabilidades del mercado). La concurrencia por la venta de los produc- tos, unida a esta situación, da lugar a una multitud de gastos, especialmente en la organización de las ventas y el reclamo (en su amplio sentido), que decaerían sin aquella concurrencia (o sea, en una economía planificada o de monopolio racional completo). El cálculo riguroso de capital está, además, vinculado socialmente a la "disciplina de explotación" y a la apropiación de los medios de producción materiales, o sea a la existencia de una relación de dominación. 3. No es el "deseo'' en sí, sino el deseo con mayor poder adquisitivo de utilidades el que regula materialmente, por medio del cálculo de capital, la producción lucrativa de bienes. Es, pues, decisivo en la dirección de la pro- ducción la constelación de las utilidades marginales de la última capa de in- gresos con deseo y capacidad de adquirir una determinada utilidad, que según la distribución de la propiedad exista en ese momento. En conexión con !a absoluta indiferencia -en caso de libertad completa de mercado- de la racio- nalidad, formalmente más perfecta, del cálculo de capital frente a toda suerte de postulados materiales, fundamentan estas circunstancias, subyacentes en la esencia del cálculo en dinero, los límites teóricos de su racionalidad. f:sta es, cabalmente, de carácter puramente formal. La racionalidad formal y la mate- rial (cualquiera que sea el valor que la oriente) discrepan en principio en toda circunstancia, aunque sean numerosos los casos empíricos particulares en que coinciden (en todos, a tenor de la posibilidad teórica, la cual se construye, sin duda, sobre supuestos totalmente irreales). Pues la racionalidad formal del cálculo en dinero no dice en sí nada sobre la naturaleza de la distribu- ción de los bienes naturales. f:sta requiere siempre una consideración par- ticular. Desde el punto de vista, corno criterio racional, de la producción de un determinado mínimo de abastecimiento material para un número máximo de hombres, la experiencia de los últimos decenios muestra la coincidencia de la racionalidad formal y la material, por razón del tipo de los impulsos que ponen en movimiento la única clase de acción social económica que es ade- cuad;¡ al cálculo en dinero. Y para toda circunstancia vale lo siguiente: que sólo en conexión con la forma de distribución de los ingresos puede decimos algo la racionalidad formal sobre el modo del abastecimiento material. § 14. Llamarnos cobertura de necesidades en economía de cambio (Ver- kehrswirtschaft) a toda aquella que basándose puramente en la situación de intereses, se orienta por las probabilidades de cambio y sólo a través de éste se socializa. Cobertura de necesidades con arreglo a plan es toda aquella que, dentro de una asociación, se orienta sistemáticamente en ordenaciones mate- riales legalmente estatuidas, sea por pacto o por imposición. La primera supone, normalmente, y en el caso racional, el cálculo en dinero y, de existir el cálculo de capital, la separación económica entre ha- 84 CATEGOIÚAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA cienda y explotación. La segunda está referida (en diverso sentido y medida según sea su extensión) al cálculo natural como último fundamento de la orientación material de la economía, pero, formalmente y para los sujetos de su gestión, aparece vinculada a las ordenaciones de una administración que son para ella ineludibles. En la economía de cambio se orienta autónoma- mente la acción de las economías particulares autocéfalas: en la administra- ción de hacienda por las utilidades marginales del dinero poseído y de los ingresos en dinero esperados; en la gestión lucrativa ocasional por las proba- bilidades del mercado; y en las explotaciones lucrativas por el cálculo de ca- pitaL En la economía planificada y en la medidd en que se lleva a cabo, se orienta toda acción económica, de modo rigurosamente administrativo y hete- rónomo, por las ordenaciones prohibitivas y ordenadoras, teniendo en cuenta la perspectiva de los castigos y recompensas estatuidos. En la medida en que dentro de la economía planificada se ofrezcan probabilidades de ingresos par- ticulares independientes, como medio de despertar el propio interés, la especie y dirección, por lo menos, de la acción así recompensada sigue estando regu- lada en forma heterónoma y materiaL Cierto que en la economía de cambio puede ocurrir lo mismo en amplia medida, pero siempre de manera formal- mente voluntaria. Es decir, a11í donde la diferenciación en el patrimonio, en particular en la propiedad de los bienes de capital, obligue a los no poseedo- res i obedecer determinadas prescripciones para poder conservar la retribu- ción de las utilidades por e11os ofrecidas. Sean éstas las prescripciones del propietario de una hacienda o bien las prescripciones, orientadas por el cálculo de capital, de los dueños de los bienes de capital (o de las personas de su confianza que ellos designen para hacerlas cumplir). En la economía capita- lista éste es el destino de toda la clase obrera. En las condiciones de la economía de cambio es normalmente estímulo decisivo de toda competencia: 1) para los que carecen de propiedad: a) el pe- ligro del riesgo de carecer de toda provisión tanto para sí como para aquellas personas "dependientes" (niños, mujer y, eventualmente, padres) el cuidado de las cuales es típico que tome el individuo sobre sí; b) -en grado diverso- la adaptación de la actitud íntima al trabajo económico lucrativo como forma de vida; 2) para los de hecho privilegiados con la propiedad o la edu- cación (condicionada por la propiedad): a) las probabilidades de ingresos lucrativos socialmente preferidos; b) la ambición; e) la valoración del trabajo socialmente preferido como profesión ("vocación") (profesionales técnicos, artístiCos, espirituales); y 3) para los partícipes en las probabilidades de la empresa lucrativa: a) el riesgo del capital propio y las probabilidades de ga- nancia propias, junto con b) la formación de una "actitud vocacional" en la actividad lucrativa racional como a) "desempeño airoso" de la propia tarea, ~) como forma de un mando autónomo sobre los hombres dependientes de sus propias disposiciones, o y) sobre las oportunidades en cultura o en cosas vitalmente importantes en magnitud indeterminada: en una palabra, como forma de poder. En el caso de realización radical de una economía planifi- cada orientada por la cobertura de las necesidades, de los motivos anterior- mente indicados tiene que debilitarse por lo menos como estímulo eficaz para trabajo el constituido por el riesgo de carecer de elementos de subsis- LA ECONOMÍA DE CAMBIO Y LA PLANEADA 85 tencia, ya que, en caso de racionalidad material en el abastecimiento, los partícipes en esa economía no pueden ser abandonados a las consecuencias de una aminoración eventual de los rendimientos de los trabajadores. En igual caso se tiene, además, que dar de lado, si no por completo, al menos muy ampliamente, a la autonomía de gerencia de las explotaciones productoras; y desconoce en absoluto o le reconoce sólo un campo de acción muy limitado, tanto al riesgo de capital y su afrontamiento mediante una gerencia formal- mente autónoma como a la disposición autónoma, sea sobre hombres, sea sobre oportunidades de abastecimiento en cosas vitalmente importantes. De quererse conseguir en la cobertura planificada rendimientos iguales a los obte- nidos en la economía lucrativa mediante la orientación de la producción hacia los bienes con mayor demanda, sólo puede disponerse, al lado de (eventuales) probabilidades de ganancias particulares independientes, de lo que son, esen- cialmente, estímulos o alicientes de carácter "altruista" (en su amplio sen- tido). En caso de Hevarse a cabo de un modo radical tiene, además, que resignarse a la disminución de la racionalidad formal con arreglo a cálculo, producida inevitablemente (en este caso) por la eliminación del cálculo en dinero y del cálculo de capital. Las racionalidades material y formal (en el sentido de una calculabilídad exacta) se separan cabalmente entre sí en fonna tan amplia como inevitable. Esta irracionalidad fundamental e insoluble de la economía es la fuente de toda "problemática social" y especialmente de todo socialismo. Para los §§ 13 y 14: 1. Estas consideraciones sólo ofrecen, notoriamente, cosas por lo general sabi- das, si bien con un poco de mayor rigor (véanse los párrafos finales del § 14). La economía de cambio representa la clase más importante de todas las acciones sociales, típicas y universales, orientadas por la "situación de intereses". La ma- nera como conduce a la cobertura de las necesidades es objeto de las disquisiciones de la teoría económica, la cual se da aquí, en principio, por conocida. El empleo de la expresión "economía planificada" no significa adhesión alguna a los conocidos proyectos de un Ministro de Economía; sin embargo, la hemos elegido porque no siendo filológicamente disparatada, ha tomado carta de naturaleza desde que se hizo ese uso oficial (en vez de la expresión empl~da por O. Neurath, tampoco inadecuada, de "economía administrativa") . 2. No toda economía de una asociación ni toda economía regulada por las disposiciones de una asociación que se orienten por probabilidades lucrativas (gre- mio, cártel, trust), caen bajo el concepto de "economía planificada" en el sentido aquí expuesto, sino solamente una economía colectiva orientada por la cobertura de necesidades. Una economía orientada por las probabilidades lucrativas, aunque esté rigurosamente regulada o dirigida por el cuadro administrativo de una asocia- ción, presupone siempre "precios" efectivos, cualquiera que sea la manera en que formalmente aparezcan (en el caso límite del pancartelismo: por compromisos intercartelarios, tarifas de salarios de las "asociaciones obreras", etc.), y por tanto, cálculo de capital y orientación por el mismo. "Socialización plena", en el sentido de economía planificada, puramente de gestión administrativa, y "socialización parcial" (de ramas de producción) conservando el cálculo de capital se encuen- tran, no obstante todas las formas mixtas, en dos direcciones fundamentalmente distintas a pesar de la identidad del fin. Todo racionamiento de consumo y, en 86 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMiCA general, toda medida que tienda a influir 1~ distri~'!ción natural de .los b!enes, constituyen el primer grado de una economia plamhcada. La gerencia, SUJeta a plan, de ]a producción de bie!les, bien se empren~~ a t~vés d~ <?rteles, volunta- rios o impuestos, o por orgamsmos estat~Jes, se dmge l?nmordialmente a la org-1- nización racional del empleo de Jos medws de producCIÓn y de la mano de obra y cabalmente por eso no puede prescindir -todavía, P?r lo m~os. (seg~n su propio sentido)- del preczo. No es por eso mera casualidad la comc¡denc1a del sooalismo "de racionamiento" con el socialismo "de consejos de fábrica" (Be- triebsratsozialismus ), el cual (contra la voluntad de sus jefes imbuidos de un socia- lismo racional) está ligado a los intereses de apropiación de los trabajadores. 3. No corresponde a este lugar tratar con detalle de la formación de las aso- ciaciones económicas del tipo de los cárteles, gremios y guildas, o sea de la regulación o utilización monopolista de las probabilidades lucrativas, ya sea im- puesta o de carácter voluntario (regularmente lo primero, aun alli donde formal- mente aparece lo segundo). Ver (para generalidades) cap. 1, § 10 y, además, la discusión sobre la apropiación de las probabilidades económicas (en este cap., §§ 19 ss.). Desde la Mis¿,.e de la Philosophie de Marx no ha sido borrada todavía, dentro de las formas del socialismo, la oposición entre la evolucionista, orientada por el problema de ]a producción, llamada "marxista" generalmente, y la "comu- nista", o sea la que partiendo del problema de la distribución pretende una econo- mía planificada racional; la oposición en el seno del socialismo ruso, en las apasio- nadas luchas entre Plejanof y Lenin, estaba determinada, en fin de cuentas, por lo mismo; y la desunión actual del socialismo está determinada, en primer lugar, por las luchas por las posiciones de jefatura (y de prebenda), pero también, y en su trasfondo, por la problemática indicada, la cual merced a la economía de guerra recibió una inclinación especifica, por un lado, en favor de la idea de la economía planificada y, por otro, en favor del desarrollo de los intereses de apropiación. El problema de si se debe crear una "economía planificada" (cualquiera que sea su sentido y extensión) no es, naturalmente, en esta forma, un problema científico. Científicamente sólo cabe preguntar: ¿qué consecuencias, dada una forma deter- minada, tendrá de un modo previsible?, o dicho en otra forma: ¿qué es lo que tendrá que aceptarse inevitablemente en caso de tal intento? En esto es una exigencia de probidad la confesión por todos los interesados de que se calcula con unos cuantos factores conocidos, pero, asimismo, con otros tantos parcialmente desconocidos. Las particularidades de este problema no pue- den ser decididas de un modo material en esta exposición, y sólo pueden rozarse de modo fragmentario los puntos que interesan y en conexión con las formas de las asociaciones (del estado en particular). En este lugar sólo cabría la discusión breve (pero inevitable) de la problemática técnica más elemental. El fenómeno de la economfa de cambio regulada no ha sido tratado aquí por las razones expues- tas al comenzar este número. 4. El proceso de socialización --en el sentido nuestro- de la economía de ca~bio presupone, por u~a parte, la apropiación de los soportes materiales de las utihdades y, por otra, la labertad de mercado. La libertad de mercado crece en im- ~ortancia 1) a ~edida que ~ más completa la apropiación de los soportes mate- nales de las ubhdades, especialmente de los medios de obtención (producción y transporte). Pues el máximo en su mercabilidad significa e] máximo en ]a orien- tabilida~ de la g~tión económica por las situaciones de mercado. Pero, además, a9uella 1mportanc1a cree~ .2) cuanto mayor sea la limitación de la apropiación n d1chos soportes de la .u.tihdad. Toda . apropiación de hombres ( esclavítud, servi- dumbre) o de probabihdades económ1cas (monopolio de clientela) significa una DISTRIBUCIÓN ECONÓMICA. DF. SERVICIOS 87 limitación impuesta a la acción humana orientada por la situación de mercado. Con perfecta razón ha señalado Fichte (El ertodo comercial cerrado) como carac- terística del ordenamiento moderno de la propiedad en una economía de cambio est1 limitación del concepto de propiedad a los bienes materiales (con ampliación al mismo tiempo del ámbito de la autonomía del poder de disposición contenido en la propiedad). En esta organización de la propiedad estaban interesados todos los partícipes en el mercade>, adversos siempre a todo lo que fueran restricciones a su orientación por las probabilidades de ganancias, ofrecidas por la situación de mercado; y el desarrollo de esta característica del orden de la propiedad fue, por tanto, particularmente, obra de su influjo. 5. El término a veces usado de "economía común" (Gemeinwirtscl1aft) )¡,, sido evitado por razones de convenienci:l, porque hace suponer como normal un "interés común" o un "sentimiento común" que no son lógicamente necesarios: la economía de un barón feudal o de un monarca absoluto (del tipo de los Fa- raones del "nuevo imperio") se incluye, en contraposición a la economía de cam- bio, en la misma categoría que la economía consuntiva de una familia. 6. El concepto de "economía de cambio" es indiferente, por el contrario, a si está integrada o no por economías "capitalistas" -o sea, orientadas por el cálculo de capital-, y en qué extensión. Especialmente el tipo nonnal de la eco- nomía de cambio es éste: la cobertura de necesidades en economía monet.nia. Sería biso suponer que la existencia de las economías capitalistas crece proporcio- nalmente con el desarrollo de la economía monetaria; y mucho más que se des- arrolla en la dirección que ha tom<!do en Occidente. Lo contrario es lo justo. La extensión creciente de la economía monetaria 1) pudo marchar paralela con la mo- nopolización progresiva por parte del oikos de un príncipe de las probabilidades utilizables con grandes beneficios; así en el Egipto de los Ptolomeos con una eco- nomía monetaria muy desarrollada -según se comprueba en las cuentas conser- vadas-, ésta pem1aneció en absoluto con carácter consuntivo y no conoció el cálculo de capital; 2) pudo aparecr en una economía monetaria creciente el "cm- prebendamiento" de las probabilidades fiscales, con la consecuencia de una estabi- lización tradicionalista de la economía (así en China, de lo que se hablará en el lugar. correspondiente); 3) 1~ utilización capí_talista de las inversiones de patrimonio en ~1!lero pudo busc~r ocasiones de gana~c1a para nada orientadas ni por las pro- babih~ades de camb10 de un mercado n~ p~:Jr la producción de bienes (así, casi exclusiVamente, en todas las zonas econom1cas fuera del moderno Occidente, y esto por las causas de que luego hablaremos). § 15. Toda forma típica de acción social económicamente orientada y de proceso asociativ~ d_e_carácter econówico ~ue tenga lugar den~o de un d~te~­ minado grupo, s1gmhca en alguna extens10n una manera parhcular de d1stn- buir y coordinar los servicios humanos para el fin de la producción de bienes. La realidad de la acción económica nos muestra siempre una distribucióil entre hombres diversos de los servicios más distintos y una coordinación de éstos en tareas comunes, en combinación, en extremo diversa, con los medios materiales de producción. Con todo, en la infinita multiplicidad de estos fenómenos se pueden distinguir algunos tipos. Los servicios humanos de naturaleza económica pueden distinguirse en: a) de disposición, o b) orientados por disposiciones: trabajo (con semejante sentido preciso es como emplearemos en lo sucesivo e5ta palabra). 88 CATEGORiAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA El servicio de disposición es también, evidentemente, "trabajo" en la medida más intensa que quepa pensar, cuando trabajo equivale a absorción de tiempo y esfuerzo. Empero, el uso del término que hemos elegido en oposición a servicio de disposición está justificado por motivos sociales y en lo sucesivo se le empleará en este particular sentido. En general se hablará, sin embargo, de "servicios". Dentro de un grupo de hombres las distintas maneras en que pueden realizarse servicios y trabajos se distinguen típicamente del siguiente modo: l. técnicamente -según la manera en que, para el desarrollo técnico del proceso productivo, se distribuyan los servicios de varios cooperadores y se coordinen entre sí y con los medios materiales de producción. 2. socialmente -y en esto: A) según que los servicios individuales sean o no objeto de una gestión económica autocéfala y autónoma, y según el carácter económico de estas ad- ministraciones; B) según el modo y medida en que estén o no apropiados: a) los servicios individuales; b) los medios materiales de producción; e) las probabilidades económicas lucrativas (como fuente o medio de lncro); y segím la manera, condicionada por esta apropiación de o:) la articulación profesional (social) y de ~) la formación (económica) del mercado: finalmente: 3. desde el punto de vista económico puede siempre preguntarse, tanto en relación a todo tipo de coordinación de servicios, entre sí o con los medios materiales de producción, como asimismo respecto a sus modos de apropia- ción y distribución entre las unidades económicas, cuál es la forma de utili- zación que impera, si la consnntiva o de haciend;¡ o si la lucrativa. Para este y los siguientes parágrafos debe consultarse la exposición, perma- nentemente ejemplar, de Karl Büchcr contenida en el artículo "Gewerbe", del H. W. B. d. Staatswissenschaften, y en su libw Die Entstehung des Volkswírtschaft (El origen de la economía nacional); trabajos fundamentales, de cuya terminología y esquema nos hemos desviado en más de una ocasión por razones de conveniencia. Otras citas carecían de finalidad, ya que en lo anteriormente expuesto no se ofre- cen nuevos resultados, sino sólo un esquema conveniente para nuestros propósitos. l. Debemos subrayar de modo expreso que aquí -tal como está exigido por la conexión en que aparece-- sólo se trata de una recapitulación lo más breve posible del aspecto sociológico de los fenómenos .y que únicamente se trata del económico en la medida en que encuentra su expresión en categorías sociológicas formales. La exposición tendría carácter económico en su sentido material tan pronto como insertáramos las condiciones de mercado y precio rozadas hasta aquí únicamente en su aspecto teórico. Empero, en estas observaciones preliminart:s generales no podrían elaborarse estos aspectos materiales de la problemática en forma de tesis sin caer en el peligro de muy graves unilateralidades. Y los métodos interpretativos puramente económicos son tan seductores como impugnables. Ejemplos: Para la aparición en la Edad Media del trabajo regulado por una asocia- ción, pero con carácter de "libre", el momento decisivo es el que transcurre en la "oscura" época de los siglos x al xu y tiene importancia en especial la situación del trabajo calificado (campesino, minero, industrial) orientado por las probabili- d:Jdes ele renta de los seiiores territoriales, corporales y jurisdiccionales -puros DISTRIBUCIÓN ECONÓMICA DE SERVICIOS 89 poderes particulares en concurrencia por estas probabilidades. La época decisiva para el desarrollo del capitalismo es la que demarca en el siglo xvr la gran revolu- ción crónica en los precios. Significa ésta un alza absoluta y relativa para (casi) todos los productos (occidentales) de la tierra y con ello -según conocidas leyes de la economía agraria- tanto estímulo como probabilidad de la empreta dirigida a la venta de sus productos y, por tanto, de la gran explotación en parte capitalista (Inglaterra), en parte señorial (en los territorios situados entre el Elba y Rusia). Por otro lado, con respecto a los productos industriales significó (las más de las veces) un alza de precios absoluta, pero en cambio no sólo (por. lo general) no relativa, sino al contrario una ba¡a relativa en muchos de esos precios, ofreciéndose por tanto un estímulo a la creación de explotaciones capaces de concurrir en el mercado tan pronto como se dieron las condiciones previas requeridas para la vida de esas empresas, tanto internas como externas, lo que no tuvo lugar en Alemania y fue el comienzo de su "decadencia" económica. Después de esto y como su secuela vinieron las empresas capitalistas lucrativas. Condición prevía para ello es la aparición de los mercados en masa. Y como síntomas de que esta aparición es- taba en marcha tenemos, ante todo, determinadas transformaciones de la política comercial inglesa (prescindiendo de otros fenómenos). Estas y otras afim1aciones semejantes podrían hacerse valer como comprobación de consideraciones teóricas sobre las condiciones económicas materiales del desarrollo de la estructura econó- mica. Sin embargo, esto no nos corresponde. Tales tesis, así como numerosas otras semejantes, en absoluto discutibles, no pueden ser insertadas en estos con- ceptos deliberadamente sólo sociológicos, aun en el caso de que no fueran falsas del todo. Con la renuncia a un ensayo en esa forma, desisten también, de modo deliberado, las siguientes consideraciones de este capítulo (exactamente lo mismo que ocurrió en el anterior con la renuncia a desarrollar una teoría del precio y del dinero) de toda "explicación" real y se limitan (por el momento) a una tipifica- ción sociológica. Conviene que quede esto subrayado con energía. Pues única- mente los datos económicos reales pueden ofrecernos la materia viva para una explicación auténtica del desarrollo económico, aunque sólo sea en lo sociológica- mente importante. Se trata aquí únicamente de ofrecer, por lo pronto, una arma- zón que nos baste para poder operar con determinados conceptos pasaderamente inequívocos. · Es claro que en este punto, o sea tratándose de una sistemática en esquema, está fuera de lugar no sólo la sucesión histórico-empírica de las formas particulares posibles, sino asimismo la genético-típico-ideal. · 2. Frecuentemente se ha protestado con razón <;;ontra el hecho de que a me- nudo no se distingan en la terminología económica "explotación" (Betrieb) y "empresa" (Untemehmung). "Explotación", en el terreno de la acción econó- micamente orientada, es en sí una categoría técnica, que designa la manera de estar coordinadas pennanentemente determinadas prestaciones de trabajo, tanto entre sí como con los medios materiales de producción. Su opuesto es: o la acción a) no duradera o b) la técnicamente discontinua, tal como aparece siempre en toda administración de hacienda puramente empírica. Lo opuesto a "empresa"' -un tipo de orientación económica (por la ganancia)- es por el contrario ''ha- cienda" (orientación por la cobertura de necesidades). Pero la oposición entre "empresa" y "hacienda" no es exhaustiva. Pues se dan actividades lucrativas qnc no caen bajo la categoría de "empresa": toda simple ganancia por el trabajo --del escritor, del artista, del funcionario-- no es ni una cosa ni otra. Mientras que la percepción y consumo de rentas es notoriamente "hacienda". En las páginas que anteceden se ha venido hablando de "explotación lucr:l- 90 CATEGORfAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA tiva", no obstante el contraste citado, allí donde se encontraba la accwn de un empresario, duradera y coherente en su continuidad; la cual no puede pensarse de hecho sin la constitución de una "explotación" ( eventuJlmcnte: explotación individual, sin cuadro alguno de ayudantes o asistentes). Lo que nos importa aquí es acentuar la separación de "hacienda" y "explotación". Puede admitirse -por ser, como ahora se establecerá, inequívoco-- el empleo del término "explO- tación lucrativa" en lugar de la expresión "empresa lucrativa duradera" sólo en el caso más simple de coincidencia de la unidad técnica de explotación con la unidad de empresa. Sin embargo, en la economía de cambio varias "explotaciones" téc- nicamente separadas pueden ligarse en una "unidad de empresa". Ésta no se realiza naturalmente sólo por unión personal en el empresario, sino que se cons- tituye por la unidad en la ejecución de un plan de explotación que con fines lucra- tivos se form"ula homogéneamente de alguna manera. (Las transiciones son, por eso, posibles.) Cuando sólo se hable de "explotación", debe entenderse que nos referimos con ese término a aquella unidad técnicamente distinta --en sus instala- ciones, medios de trabajo, mano de obra y dirección técnica (eventualmente: beterocéfala y heterónoma)- que incluso se nos ofrece en la economía comunista (en su significación usual). La expresión "explotación lucrativa" sólo se empleará en lo sucesivo allí donde sean idénticas la unidad técnica y la unidad económica (de empresa). La relación entre "explotación" y "empresa" se muestra terminológicamente con especial agudeza en el caso de categorías tales como "fábrica" e "industria a domicilio". La última es con toda claridad una categoría de la empresa. Desde el punto de vista de lo que es una "explotación" aparecen meramente yuxtapuestas una explotación comercial y las explotaciones que, siendo elemento integrante de la hacienda de un trabajador (sin lugar común de trabajo y fuera del caso de una organización con maestros intermedios), realizan prestaciones especificadas a la explotación comercial; el proceso no puede ser comprendido puramente con la categoría explotación y se requieren estas otras: mercado, empresa, hacienda (del trabajador), utilización lucrativa de los servicios retribuidos. Tal como se ha pro- puesto algunas veces podría definirse a la "fábrica" con plena indiferencia econó. mica en el sentido de hacer caso omiso de la naturaleza del trabajador (libre o servil), de la naturaleza de la especialización del trabajo (con especialización téc- nica interna o sin ella) y de los medios de trabajo empleados (si se trata o no de máquinas). En una palabra, como taller. De todos modos, debe comprenderse ademds en la definición la naturaleza de la apropiación de los talleres y de los medios de trabajo (por un propietario), si no se quiere que el concepto se con- funda con el de ergasterion. Aceptado esto, parece entonces conveniente en prin- cipio emplear los términos "fábrica" e "ind!Jstria a domicilio" como dos rigurosas categorías económicas de la empresa con cálculo de capital. En un orden rigurosa- mente socialista, la "fábrica" sería inexistente como la "industria a domicilio", y sólo podría hablarse de talleres, instaLzciones, máquinas, herramientas y prestacio- nes de trabajo de toda suerte, lo mismo doméstico que de taller. 3. S?bre ~1 problem~ de las fa~es del ?es~rrollo económico apenas se dirá en lo que s1gue smo lo estrictamente 1mprescmd1ble y aun esto en forma incidental. Por ahora nos basta con que adelantemos lo siguiente. Con toda razón se distingue hoy día con más exactitud entre formas de la economía y formas de la política económica. Las fases de Schmoller, anticipadas por Schomberg y desde entonces más o menos transformadas: economía domés- tica, .economía de ~Id~ -y como fas~ más avanzadas: economía señorial y patri- momal (de un pnnc1pe)-, econom1a urbana, economía territorial y economía DISTRIBUCIÓN TÉCNICA DE SERVICIOS 91 nacional, estuvieron determinadas en cuanto a sus términos por la naturaleza de la asociación reguladora de la economía. Pero en modo alguno dicen que el tipo de esta regulación fuera distinto en el caso de asociaciones de diferente extensión. Así, la "política económica territorial" alemana fue, en una extensión algo mayor, una simple prolongación de las regulaciones de las ciudades y sus nuevas disposi- ciones no eran específicamente distintas de la política "mercantilista" de las asociaciones estatales específicamente patrimoniales pero ya relativamente racio- nales (y en ese sentido "política nacional" en la terminología usual, poco feliz por cierto). Y menos afirman: que la estructura interna de la economía -la forma como los servicios se especifican, especializan y coordinan; la manera de su distri- bución entre las distintas unidades económicas independientes, y el tipo de apro- piación de las utilidades del trabajo, de los medios de producción y de las probabi- lidades lucrativas- haya de marchar paralela con la referida extensión de ia asociación, soporte (posible) de una política económica. Y aún menos pueden afirmar que su cambio es siempre conexo por su sentido con las variaciones de aquella extensión. La comparación del Occidente con Asia y del Occidente antiguo y moderno mostraría lo equivocado de tal supuesto. Con todo, en la considera- ción económica no puede nunca olvidarse el hecho de que existan o no asociaciones materialmente reguladoras de la economía -asociaciones que no sólo son polí- ticas- y el sentido fundamental de su regulación. Pues el tipo de lucro está in- fluido muy poderosamente por lo anterior. 4. El fin de estas consideraciones es también aquí, sobre todo, la fijación de las condiciones óptimas de la racionalidad formal de la economía y sus relaciones con las "exigencias" materíctles, cualquiera que sea su clase. § 16. I. Técnicanumte se distinguen las formas de articulación de servicios: A. A tenor de la división y coordinación de los servicios. Y eso, l. según la clase de servicios emprendidos por una y la misma persona. Esto es, a) en la misma mano pueden estar a) al mismo tiempo, servicios de dirección y de ejecución, o ~) sólo de una u otra clase. En cuanto a a: la oposición es, desde luego, relativa; pues es frecuente la "cooperación" en trabajos d~ ejecución por parte de personas que normalmente sólo realizan servicios de dirección (por ejemplo: campesinos acomodados). Por lo demás, todo pequeño labrador, artesano o pequeño navegante constituye el tipo a. b) Una y la misma persona puede ejecutar: a) servicios técnicamente heterogéneos y servicios con distinto resultado final (combinación de servicios); y esto aa) bien por falta de especialización del servicio en sus par- tes técnicas, ~~) ya por causa del cambio de las estaciones, o yy) bien en méritos de una utilización de capacidades no requeridas por el servicio principal (servicios accesorios) O una y la misma persona ejecuta: ~) únicamente servicios particularizados, y esto: 92 CATEGORiAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA aa) según el resultado final: de modo que la misma persona ejecuta todos los servicios exigidos por este resultado final, simultáneos y sucesivos y entre sí técnicamente heterogéneos (en este sentido tenemos una combina- ción de servicios). Se trata aquí de: especificací6n de servicios; o según la naturaleza del servicio, en forma técnicamente especializada; de modo que el producto final sólo puede ser conseguido mediante (según el caso) servicios simul- táneos o sucesivos de varias personas. Se trata aquí de: especialización de servicios. La oposición es muchas veces relativa, pero existente en principio e históricamente importante. En cuanto a b, a: el caso aa existe típicamente en las economías domésticas primitivas, en las cuales -manteniéndose la división típica del trabajo por sexos (cap. v)- cada uno puede cumplir, cuando lo requieran las necesidades, todas las funciones; para el caso ~~ fue típica la alternancia determinada por el cambio de estacio- nes entre el trabajo agrícola y el trabajo industrial invernal; en cuanto a yy, el caso de trabajos agrícolas accesorios de los obreros urbanos y los numerosos "trabajos accesorios" que se aceptan -lo cual llega hasta las ofi- cinas modernas- por la sencilla razón de disponer de un tiempo sobrante. Con relación a b, ~: para el caso aa es típica la articulación profesional de la Edad Media: una gran cantidad de industrias, con actividad especificada en un solo producto final, pero sin tener en cuenta que éste exigía a menudo procesos de trabajo técnicamente heterogéneos; existía, por tanto, combinaci6n de servicios; el caso ~~ abarca toda la evolución del trabajo específicamente moderna. Em- pero, aun en ésta, desde el punto de vista psicofísico riguroso, apenas existe un trabajo por "especializado" que sea que haya sido aiswdo en su medida extrema; siempre penetra un momento de la especificación de servicios, aunque no orien- tada en el producto final como en la Edad Media. La manera de dividir y coordinar los servicios (ver A) es además distinta: 2. según la manera como se coordinan para la realización de un propósito los servicios de varias personas. Es posible: a) acumulación de servicios: combinación técnica, para la obtención de un resultado, de servicios homogéneos de varias personas a) por ordenación de servicios técnicamente independientes entre sí, pero que transcurren de un modo paralelo; ~) por engloba miento técnico en un trabajo total de servicios (homogéneos). Para el caso a son ejemplos: segadores o empedradores, que trabajan de modo paralelo; para el caso ~: en el antiguo Egipto los servicios requeridos para la cons- trucción de las grandes mastabas (de miles de trabajadores esclavos); el transporte de los grandes colosos tenía lugar por la combinación ribnica de numerosos esfuer- zos homogéneos (tracción por arrastre) . DISTRIBUCIÓN TÉCNICA DE SERVICIOS 93 b) coordinación de sen•ícios: combinación técnica, para la obtención de un resultado, de servicios cualitativamente distintos -o sea, es- pecializados (A, 1, b, ~. ~~), a) de servicios técnicamente independientes entre sí: aa) simultáneos, o sea paralelos, ~~) sucesivos; ~) de servicios especializados (técnicamente complementarios) co- ordinados en actos simultáneos. 1. Para el caso a, aa es un ejemplo sencillo el tejer trama y urdimbre, y otros muchos semejantes, todos tendientes a un producto final total, mediante procesos de trabajo conexos, que transcurren téenicamente de modo independiente. 2. Para el caso a, ~~ es ejemplo característico, repetido en todas las industrias, la relación entre hilar, tejer, batanear, colorear, etc. 3. Para el caso~ los ejemplos son numerosos desde la combinación del sujetar el trozo de hierro con el golpe de martillo en la herrería (que se repite en toda fundición moderna), hasta todo trabajo, en las fábricas modernas, con "coopera- ción simultánea" de varios obreros. Lo que si no es la característica específica, sí es una de sus más importantes. Fuera del terreno industrial son ejemplos típicos el conjunto de una orquesta o el de una representación teatral. § 17. (Todavía: 1, cf. § 16.) Las formas de articulación de servicios se distinguen además teóricamente B. en cuanto al modo y medida de su combinación con los medios de producción materiales complementarios. En primer lugar l. según: a) ofrezcan puros servicios personales. Ejemplos: lavanderas, barberos, representaciones de artistas. b) produzcan o transformen -es decir, elaboren- "materias pri- mas", o las transporten: a) trabajos de aplicación, ~) servicios de producción, y) servicios de transporte. La oposición es completamente fluida. Ejemplos de los primeros: enjalbegadores, decoradores, estucadores, etc. 2. según el estadio de madurez para el consumo de los bienes ofrecidos; Además: Desde la materia prima agrícola o minera hasta los bienes aptos para el consu- mo y llevados al lugar del mismo. 3. por último: según utilicen a) Instalaciones: aa) Instalaciones de energía, es decir, medios para la obtención de energía aplicable: 94 CATEGORfAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECON6MICA 1) naturales (agua, viento, fuego), 2) mecánicas (ante· todo: vapor, electricidad, etc.), o ~~) Talleres. b) Instrumentos de traba¡o: aa) herramientas, ~~) aparatos, yy) máquinas. Eventualmente: sólo una u otra de estas categorías de medios de prodtlC- ción o ninguna de ellas. Deben llamarse "herramientas" aquellos medios de trabajo la creación de los cuales se orienta por las condiciones psicológicas del trabajo manual. "Aparatos" aquellos otros en cuya marcha se orienta el trabajo humano en el concepto de estar a su servicio. "Máquinas" son los aparatos mecanizados. La oposición, completamente fluida, tiene, empero, cierto valor para la caracterización de determinadas épocas de la técnica in- dustrial. Las instalaciones de energía y el empleo de maquinaria, característicos de la gran industria moderna, están condicionados técnicamente por a) la capa- cidad específica de rendimiento y de ahorro de energía humana, y b) por la homogeneidad y calculabilidad específicas del rendimiento según género y medida. Sólo es, por eso, racional en el caso de una demanda suficientemente amplia de productos de la clase de que se trate. Por tanto, en las condiciones de la economía de cambio: en caso de una capacidad de compra suficiente- mente amplia de los bienes de la clase de que se trate; o sea, en caso de que exista la adecuada estructura de los ingresos en dinero. Una teoría del desarrollo de la "técnica" y "economía" de las herramientas y máquinas no puede ser emprendida naturalmente aquí dentro de esta modesi.I miciaci6n. Deben entenderse como "aparatos" instrumentos de trabajo tales como el telar de pedal y numerosos. otros semejantes, los cuales ponían ya en sí de re- lieve la legalidad peculia:r y propia de la técnica mecánica frente a la del organismo humano (o animal en otros casos), y sin cuya existencia (particularmente hay que incluir entre ellos distintas instalaciones extractivas empleadas en la minería) no hubieran surgido las máquinas en su función actual. (Los "inventos" de Leo- nardo eran "aparatos".) § 18. 11. Las formas de la distribución de servicios se distinguen desde el punto de vista social A. según la manera como queden repartidos entre unidades económicas autocéfalas y (más o menos) autónomas servicios cualitativamente di- versos o, en particular, complementarios; y desde el punto de vista económico, y sobre la base de esa distribución, según sean aquellas unidades económicas, bien a) haciendas, ya b) explotaciones lucrativas. Tenemos así: l. economía unitaria con especialización de servicios (o especificación) y coordinación de los mismos (distribución de servicios en una uni- dad económica) puramente interna. o sea plenamente técnica, hc- terocéfala y heterónoma. La unidad económica puede ser, eco- nómicamente, DISTRIBUCIÓN SOCIAL DE SERVICIOS 95 a) una hacienda, b) tm1 empresa lucrativa. Una unidad hacendaría serla en la mayor extensión posible una economía nacional comunista, ccmo fue, en su forma más reducida posible, la economía do- méstica primitiva, la ct:al abarcaba todas o la mayor parte de cada una de las tareas productows (economía doméstica cerrada). El tipo de la empresa lucrativa con espccíaliznción y coordinación internas de servicios estaría representado, natur<:J!- mcnte, por la empresa combinada gigante, apa::eciendo frente a terceros como una unidad comercial. Estos dos extremos abren y cierran (por ahora) el desarrollo de bs unidades económicas autónomas. 2. O existe división de servicios entre unidades económicas autocéfa- las. J;:sta puede ser: a) Especialización o especificación de servicios entre unidades eco- nómicas singulares heterónomas pero autocéfalas, las cuales se orientan por un determinado orden pactado o impuesto. Este orden, a su vez, puede estar materialmente ori_entado 1) por las necesidades de una economía dominante, y en este caso: a) de la hacienda de un señor (división de servicios dei oikos ), o ~) de una economía lucrativa señorial; 2) por las necesidades de los miembros de una asociación de compañonazgo [igualitaria] (división de servicios de una aso- ciación económica), y esto desde el punto de vista económico, a) bien como gestión consuntiva, o ~) bien corno gestión lucrativa. La asociación, por su parte, puede ser en estos casos: l. sólo asociación reguladora (materialmente) o 11. asociación económica al mismo tiempo. Al lado de todo esto existe b) Especialización de servicios con arreglo a la economía de tráfico entre economías autocéfalas y autónomas, las cuales sólo se orien- tan de modo material por la situación de intereses y de modo formal por el orden de una asociación ordenadora (1 § 15, d) l. Tipo del caso 1: asociación exclusivamente reguladora, de carácter 2 ( com- pañonazgo) y a (haciendas) : -la aldea artesanal de la India (establishment); del caso 11: asociación económica, de carácter 1 (hacienda señorial), lo constituye el reparto de las necesidades de haciendas señoriales -sefiores territoriales o corpo- rales- o principescas (en este caso, puede tratarse también de necesidades pollti- cas), entre las economías individuales de los súbditos, vasallos, siervos, esclavos ~ artesanos de aldea demiúrgicos, el cual se encuentra en abundancia por todo tl mundo. Con frecuencia tuvieron carácter meramente regulador (I) las prestaciones industriales exigidas en el caso 1 por el derecho de coto ( Bannrecht) del señor territorial; y en el caso 2 por el derecho de coto de las ciudades (en la medida en que, como ocurrió con frecuencia, sólo persiguieron fines fiscales y no materid- 96 CATEGORiAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA les). En economía lucrativa (caso a, 1, ~) : reparto de servicios industriales a domi- cilio entre las haciendas individuales. Constituyen el tipo para a, 2, ~ en· el caso 11 todos los ejemplos, en muchas pequeñas industrias muy antiguas, de especializaciones de servicios con carácter impuesto. En la industria metalúrgica de Solingen existió originariamente una especialización de servicios con carácter de pacto, que luego tomó el aspecto de industria a domicilio, pero con carácter señorial. Para el caso a, 2, ~. 1 (asociación reguladora únicamente) son tipos todas las ordenaciones del comercio en la aldea o en la ciudad, en la medida en que afec- tasen materialmente la naturaleza de la producción de bienes. El caso 2 constituye el tipo de la moderna economía de cambio. Respecto a particularidades de lo anterior sólo diremos lo siguiente. 2. Las ordenaciones en el caso a, 2, a, 1 están orientadas consuntivamente de modo muy peculiar: por el hecho de orientarse por la necesidad prevista de los compa1íeros individuales y no por los fines consuntivos de la comunidad (de aldea). Esas obligaciones de servicio, especificadas de tal suerte, se llaman liturgias natu- rales demiúrgicas. Y esa forma de cubrir las necesidades: cobertura demiúrgica de las necesidades. Se trata siempre de regulaciones comunales de la división del trabajo y -eventualmente-- de la coordinación del trabajo. Esa designación no debe, empero, emplearse cuando (caso 2, a, 11) la asocia- ción (sea de dominación o igualitaria) tiene su propia economía y en su beneficio tiene lugar una distribución de servicios especializados. En este caso los tipos los ofrecen las explotaciones hacendarías, los señoríos territoriales u otras grandes ha- ciendas con ordenaciones de prestaciones naturales especializadas. Y también los servicios impuestos en beneficio de la hacienda del príncipe o de asociaciones políticas y municipales u otras, no orientadas primordialmente de un modo eco- nómico. Estas obligaciones de suministro y ejecución de trabajo, cualitativamente especificadas en su ordenación, por parte de labradores, artesanos y comerciantes, se llaman obligaciones de oikos cuando su percipicnte es una gran hacienda per- sonal, y liturgias naturales cuando su percipiente es la hacienda de una asociación~ llamándose cobertura litúrgica de necesidades al principio que regula esta forma de abastecer la hacienda de una asociación económica. Este tipo de cobertura de necesidades ha jugado un extraordinario e importante papel histórico, del que ha- blaremos todavía en muchas ocasiones. En las asociaciones políticas ocupó el lugar de las modernas contribuciones fiscales y en las asociaciones económicas significó una "descentralización" de las grandes haciendas por virtud de un reparto de las tareas necesarias para cubrir sus necesidades totales entre campesinos siervos u obh- gados al pago de intereses naturales, artesanos vinculados a la villa y toda otra suerte de obligados a ciertas prestaciones~ los cuales no eran utilizados y manteni- dos en la hacienda común, sino que cada uno de ellos tenía su propia hacienda, si bien con obligaciones para la hacienda de la asociación y dependientes de ella por tanto. Rodbertus fue el primero que acuñó el término oikos para la gran hacienda de la Antigüedad, cuya característica era la autarquía -en principio- en la cober- tura de las necesidades por obra de dependientes de la casa o de mano de obra perteneciente a la casa, a la disposición de los cuales se ponían, sin cambio alguno, los medios materiales de producción. De hecho las haciendas de la Antigüedad, señoriales y más aún las principescas (ante todo en el "nuevo imperio egipcio"), representan aproximadamente en grado diverso al tipo (raramente encarnado en forma pura) de las administraciones en las cuales la cobertura de sus necesidades se distribuye entre las haciendas de los dependientes obligados al pago de diversas prestaciones personales y en especie. Lo mismo se encuentra de cuando en cuando APROPIACIÓN DE OPORTUNIDADES DE TRABAJO 97 en China e India y en medida menor en nuestra Edad Media, empezando por el Capitulare de villis; el cambio con el exterior no faltaba, las más de las veces, en la gran hacienda, pero tenía el carácter de cambio consuntivo. Tampoco faltaban inversiones de capital; empero tenían en la hacienda un papel secundario, y esta- ban vinculadas a la tradición. El cambio con el exterior no faltó tampoco en las economías litúrgiccnnente gravadas. Pero lo decisivo era esto: que a tenor de sus tendencias esenciales la cobertura de necesidades tenía lugar mediante asignacio.. nes y prebendas --Qtorgamiento de bienes naturales- como retribución por los servicios repartidos. Naturalmente, las transiciones son fluidas. Siempre se trata, sin embargo, de una regulación, por una asociación económica, de la orientación de los servicios en relación a la manera existente de dividir y de coordinar el trabajo. 3. En el caso a, 2, 1 (asociación reguladora de la economía) son un tipo bas- tante puro del caso~ aquellas regulaciones económicas existentes en los municipios medievales de Occidente, así como en las guildas y castas de China e India, que ordenaban el númer~ y naturaleza de los puestos de maestro y la técnica del tra- bajo: o sea, la manera como los artesanos debían orientar su trabajo en el taller, y esto en medida en que su sentido no radicaba en la satisfacción de la demanda a través de los servicios de los artesanos, sino -lo que, si no fue siempre el caso, era frecuente-- en el aseguramiento de las probabilidades de ganancia de los arte- sanos; especialmente el "mantenimiento" de una determinada calidad en la obra y el reparto de la clientela. Como toda regulación económica, ésta significó tam- bién, evidentemente, una limitación de la libertad de mercado; se orientaba por la conservación de un determinado nivel de vida dentro de las explotaciones artesa- nales y estaba, por tanto, íntimamente emparentada, en su aspecto material, con el tipo de orientación consuntiva no obstante su fonna lucrativa. 4. Para el a, 2, 11 en el caso ~. además de los tipos puros ya referidos de la industria a domicilio, pueden citarse ante todo las grandes explotaciones hacenda- rías de la Alemania Oriental con las economías de los lnstmiinner orientadas por sus ordenaciones y asimismo las del noroeste con las economías de los llamados Heuerlings. La gran explotación hacendaría, así como la industria a domicilio, son explotaciones lucrativas del sefior y del comerciante empresario (Verleger) respec- tivamente; las explotaciones lucrativas de los Imtleute y de los trabajadores de la industria a domicilio se orientan lo mismo en lo que se refiere a las formas de divi- sión y coordinación del trabajo que les han sido impuestas, como en lo que se refiere a su economía lucrativa primordialmente por las ordenanzas de trabajo de la gran explotación agrícola o derivadas de la dependencia de las relaciones eco- nómicas de la industria a domicilio. En todo lo demás son haciendas. Su trabajo lucrativo no es autónomo, sino heterónomo en beneficio de la explotación lucrativa del señor o del comerciante empresario. A tenor del grado de uniformización ma- terial existente en esta orientación, puede aproximarse la situación de hecho a la división de trabajo puramente técnica dentro de una y la misma explotación, como ocurre en la "fábrica"·. § 19. (Todavía el 1, cf. § 18.) Socialment2 se distinguen, además, las formas de la división de los servicios: B. según la forma en que son apropiadas las probabilidades que puedan existir en calidad de retribución por determinados servicios. Objeto de la apropiación pueden ser: l. probabilidades de utilización de servicios, 98 CATEGORtAS SOCIOLÓCICAS DE LA VIDA ECONOMICA 2. medios materiales de producción. 3. probabilidades de ganancia merced a servicios de disposición. Sobre el concepto sociológico de apropiación, ver cap. 1, § 10. En cuanto a l. Apropiación de las oportunidades de trabajo; en este caso es posible: l. que el trabajo se preste a un solo destinario individual (señor) o a una asociación; II. que el trabajo se ofrezca en el mercado. En ambos casos caben estas cuatro posibilidades radicalmente opuestas entre sí: Primera posibilidad a) apropiación monopolista por los trabajadores mismos de las oportu- nidades de trabajo ("trabajo gremial libre"). Pudiendo ser ésta: a) hereditaria y enajenable, o ~) personal e inalienable, o y) hereditaria, pero inalienable -en todos estos casos, bien de ma- nera incondicionada, ya vinculada a determinados supuestos mate- riales. Ejemplos: 1, a, a, caso 1: artesanos de la India adscritos a una aldea, del caso II: en la Edad Media derechos artesanales de origen "real"; 1, a, ~. en e1 caso 1: todos los "derechos a un cargo"; 1, a, a, 1 y 11: en la Edad Media y sobre todo en la India ciertos derechos artesanales y además "cargos" medieva- les de las clases más diversas. Segunda posibilidad. b) apropiación de las oportunidades de trabajo por el propietario de los trabajadores ("trabajo servil"). Pudiendo ser: a) libre, es decir, hereditaria y enajenable (esclavitud absoluta), o ~) hereditaria pero no librenumte enajenable, sino conjuntamente, por ejemplo, con los medios materiales de producción -especial- mente el suelo (adscripción a la gleba). La apropiación de la utilización del trabajo por un señor puede estar material- mente limitada (b, ~. servidumbre). El trabajador no 'puede abandonar su puesto por decisión unilateral, pero tampoco puede ser desposeído de él unilateralmente. Esta apropiación de la oportunidad del trabajo puede ser aprovechada por el propietario: a) en gestión consuntiva; y esto a) como fuente de rentas naturales o en dinero, o ~) como fuerza de trabajo en la economía doméstica (esclavos y sier- vos de la casa) ; b) en gestión lucrativa a) como aa) suministradores de mercaderías, o como ~~) elaborado- APROPIACIÓN DE OPORTUNIDADES DE TRABAJO 99 res para su venta de la materia prima proporcionada ( "industna a domicilio servil"), o ~) como mano de obra en una explotación (esclavos y siervos de una explotación). Como "propietario" se designa siempre a alguien que en cuanto tal no es nece- sario sea partícipe en el proceso del trabajo, bien como director, ya como un obrero entre los demás. Puede ser, como propietario, "director"; empero esto no es nece- sario, y ocurre así con frecuencia. La utilización "consuntiva" de esclavos y siervos (dependientes de toda clase) no como trabajadores en una explotación lucrativa, sino como fuente de renta, fue típica en la Antigüedad y en los comienzos de la Edad Media. Documentos cuneiformes nos hablan de esclavos entregados a un príncipe para ser utilizados quiz.J como mano de obra en la hacienda, pero, también quizá, para poder tra~a­ jar libremente para una clientela, mediante el pago de un censo al señor (en gne- go, dJtoqJoQá; en ruso, obrok; en alemán, Halsz.ins y Leibzins) . Esto era precisa- mente la regla tratándose de los esclavos griegos (no sin excepciones, desde luego); y en Roma la economía independiente con peculium o merx peculiaris (y, naturalmente, pago de un tributo al año) cristalizó en una institución jurídica. En la Edad Media la propiedad de siervos (Leibherrschaft) -en el occidente y sur de Alemania de modo muy regular- degeneró en una simple fuente de renta que gravaba a determinados hombres que eran, por lo demás, casi independien- tes; en Rusia fue muy frecuente que los nobles se limitaran de hecho a percibir el obrok por parte de siervos que, aunque su situación jurídica era muy precaria, dis- frutaban de hecho de libertad de domicilio. La utilización lucrcttiva del trabajo servil, especialmente en las industrias do- mésticas de los señores territoriales (y también en muchos dominios de príncipes: así entre los Faraones con toda probabilidad), tomó una de estas formas: a) industria servil de suministros: entrega de bienes en especie cuya materia prima (por ejemplo: lino) obtenía y elaboraba el propio trabajador ( cam- pesino siervo); b) industria servil de producción: mediante la elaboración del material propor- cionado por el señor_ El producto, a ser posible, era convertido en dinero -por lo menos en parte- por el señor. En muchos casos (así, en la Anti- güedad) esta utilización del mercado se mantuvo en los límites de un lucrv ocasional -lo que no fue ya el caso en los comienzos de la Edad Moderna, particularmente en el territorio fronterizo eslavo-germánico: fue aquí espe- cialmente (aunque no sea el único sitio) donde surgieron industrias de tipo doméstico mantenidas por los señores territoriales y corporales. La ges- tión lucrativa del seftor como explotación duradera se realizaba en una de estas formas: a) traba¡o ~ervil en su propio domicilio, b) trabajo servil en taller. Ambas se encuentran en la Antigüedad -la última corno una de las distintas formas del ergasterion-; en los talleres de los Faraones y de los templos y también (según muestran los frescos de algunas tumbas) en los pertenecientes a grandes señores propiet~rios de esclavos; en Oriente; en la Hélade (A tenas: Demóstenes); en las explotaciOnes de los grandes fundos romanos ( cf. la narración de Gum- = merus); en Bizancio;. en el g_enitíum ( Qinaikeion) caro~ingio; y ya en los tiempos modernos en la fábnca serv1l rusa, por qemplo ( cf. el hbro de Tugan-Baranowski sobre la fábrica rusa). 100 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA Tercera posibilidad. e) Ausencia de toda apropiación (trabajo foTTIUllmente libre). Trabajo en méritos de un contrato libre por ambas partes. El contrato, sin embargo, puede estar regulado materialmente de manera diversa por ordenanzas, convencionales o legales, sobre las condiciones de trabajo. El contrato de trabajo puede ser utilizado, y se utiliza típicamente: a) en gestión consuntiva: a) como trabajo de ocasión (llamado por Bücher: Lohnwerk): aa) en la propia casa de quien lo paga (Stor), ~~) en el domicilio del trabajador (Bücher: Heimwerk); ~) como trabajo permanente: aa) en la propia casa de quien lo paga (criados), ~~) en el domicilio del trabajador (típicos: colonos); b) en gestión lucrativa: a) como trabajo de ocasión o ~) como trabajo permanente; y en ambos casos: l. en el domicilio del trabajador (trabajo a domicilio}, 2. en la explotación cerrada del propietario (obreros de la gran explotación hacendaría y de taller; y particularmente obreros de fábrica). En el caso a, en virtud del contrato de trabajo el trabajador está al servicio de un consumidor, que "dirige" el trabajo; en el otro caso se encuentra al servicio de un empresario; lo cual significa una distinción económica fundamental aun en el caso frecuente de que las formas jurídicas sean las mismas. Los colonos puedea ser ambas cosas; sin embargo, típicamente son trabajadores de oikos. Cuarta posibilidad. d) Por último, la apropiación de las oportunidades de trabajo puede co- rresponder a una asociación de trabajadores sin que exista apropia- ción, plena o libre, por parte de los trabajadores individuales. Pu- diendo esto ocurrir a) por clausura absoluta o relativa hacia afuera, ~) por eliminación o limitación de toda posibilidad de que el direc- tor pueda privar al obrero sin el concurso de éste de sus probabi- lidades de ganancia. Se incluyen aquí todas las apropiaciones realizadas por una casta de trabaj<~­ dores o por una "comunidad minera" (Berggemeinde) (como en la Edad Media) o por una asociación curtense de "ministeriales" o por los labriegos de una comu- nidad de aldea. En infinitas gradaciones atraviesa esta forma de apropiación la historia social de todos los países. La segunda (~) forma, igualmente extendida, ha tomado caracteres modernos en los closed shops de los sindicatos y, ante todo, por obra de los "consejos de fábrica" (Betriebsriite). Toda apropiación por los trabajadores de los puestos de trabajo de las explotaciones lucrativas, así como, al contrario, toda apropiación de la utili- zación de trabajadores ("serviles") por el propietario, significa una limitación APROPIACIÓN DE OPORTUNIDADES DE TRABAJO 101 del reclutamiento libre de la mano de obra; o sea, de la selección según el óptimo técnico de rendimiento del trabajador y, por tanto, una limitación de la racionalización forTtUll de la economía. Fomenta materialmente la li- mitación de la racionalidad técnica: I. caso de estar apropiada por un propietario la utilización lucrativa de los productos del trabajo a) por la tendencia a marcar contingentes en las prestaciones de trabajo (tradicional, convencional o contractualmente), b) por la disminución o -en caso de libre apropiación de los trabaja- dores por el propietario (esclavitud)- desaparición completa del in- terés propio del trabajador en el rendimiento óptimo; II. caso de que la apropiación sea por parte de los trabajadores: por conflictos entre el interés propio de los trabajadores en mantener el nivel de vida tradicional y el deseo de quien los retribuye a) de forzarlos en su trabajo a un rendimiento técnico óptimo, o b) de aplicar medios mecánicos en sustitución de su trabajo. Para los señores está siempre a mano la transformación de la utilización en una simple fuente de renta. Por eso una apropiación por los trabajadores de la utilización lucrativa de los productos del trabajo favorece siempre, cuando las demás circunstancias son propicias, la expropiación, más o menO') completa, de la direcci6n al propietario. l. Las dos formas de apropiación formalmente opuestas: de los puestos de trabajo por los trabajadores y de los trabajadores por un propietario, tienen en la práctica consecuencias muy parecidas. Por lo pronto, las dos se encuentran con frecuencia fo1l1Ullmente unidas entre sí. Ocurre esto cuando la apropiación de los trabajadores por un señor coincide con la apropiación de las probabilidades lucrativas por una asociación cerrada, por ejemplo, en las asociaciones de derecho curtense (Hofrechtliche). Es perfetamente natural que en este caso ocurra lo si- guiente: la utilización del trabajador se hace cada vez más estereotipada, sus pres- taciones quedan encerradas en un sistema de contingentes, disminuye el interés propio del trabajador y surge, por tanto, la oposición eficaz de los trabajadores a toda "novedad". Pero aun donde no se da este caso, la apropiación de los traba- jadores por un propietario significa de hecho que éste queda entregado forzosa- mente a la utilización de mano de obra que no ha obtenido por selección libre --como ocurre en la fábrica moderna-, sino que ha de aceptar sin posibilidad alguna de elección. Esto vale especialmente para la esclavitud. Todo intento de utilizar a los trabajadores apropiados por procedimientos distintos de los tradicio- nales, tropezaba con la obstrucción tradicionalista, que únicamente podía ser ven- cida mediante el empleo, sin miramiento alguno, de ciertos medios perjudiciales en definitiva para el propio señor al poner en peligro los fundamentos tradiciona- les de su autoridad. Por consiguiente, casi por todas partes los rendimientos de los trabajadores apropiados han mostrado la tendencia a la contingenciación y donde ésta fue quebrantada por el poder de los príncipes (como ocurrió en la Europa oriental en los comienzos de la Edad Moderna), el desarrollo hacia el ópti- mo técnico quedó obstruido por la falta de selección y por la ausencia por parte de los trabajadores de interés y riesgo propios. En el caso de apropiación por los trctbctjctdores de los puestos de trabajo tuvo lugar el mismo resultado, pero aún más rápidamente. 102 CATEGOIÚAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA 2: El caso indic~do en el segundo párrafo es típico en el desarrollo de la Edad Med1a temprana ( s1glos x-xm). Los "beunden" de la época carolingia y otros precedentes .de 1~ "gran explotación" agrícola se reducen y desaparecen. Las ren- t~s del prop1~tano del suelo y del .señor corporal cristalizaron rígidamente y a un mvel muy ba¡o, yendo a parar cas1 por completo a manos de los trabajadores los rendimientos en dinero (artesanos) y en una proporción creciente los productos naturales (agricultura y minería). Las "circunstancias favorecedoras" de este des- arrollo, que sólo se dio en Occidente, fueron diyersas. Por una parte la imposibi- lida~ de utilizar a los trabajadores de otra suerte que como fuente de renta, pro- ducida aquélla por 1) la absorción de la capa de propietarios por las funcione; político-militares, y 2) por la ausencia de un cuadro administrativo; a lo que se une por otra parte 3) la libertad de domicilio que de hecho gozaban los trabaja- dores, los cuales eran objeto de concurrencia por parte de los distintos propietarios, 4) las probabilidades extraordinarias que existen para nuevas roturaciones y aper- tura de minas y mercados locales, en conexión con 5) la persistencia de la antigua tradición técnica. La diferenciación de las probabilidades lucrativas en el mercado para los trabajadores dentro de su propio círculo (y fuera de él para los comer- ciantes) comenzó tan pronto como se hizo sentir el progreso de la apropiación de las probabilidades lucrativas par los trabajadores a costa de la apropiación de los trabajadores por el señor (tipos clásicos: la minería y los gremios ingleses) y el avance de la expropiación de los propietarios, que quedaron al principio como puros perceptores de rentas (hasta llegar finalmente a la disolución completa, entonces también muy frecuente, de todas las obligaciones de renta: Stadtluft macht freí -el aire de la ciudad hace a los hombres libres). § 20. (Todavía 11 B, cf. § 18, 19.) 2. Apropiaci6n de los medios materia- les de producci6n complementarios del trctbctjo. Puede ser: apropiación a) por el trabajador, individualmente o por una asociación de los mismos, b) por el propietario, e) por una asociación de terceros de carácter regulador; con relación a la a) apropiación por el trabajador. Puede ser: a) por los trabajadores individuales, en cuyo caso son entonces "po- seedores" de los medios materiales de producción, ~) por una asociación de trabajadores (compañeros) total o relativa- mente cerrada, de suerte que no es el trabajador individual sino una asociación de los mismos quien tiene la propiedad de los me- dios materiales de producción. La asociación puede realizar su gestión económica aa) como economía unitaria (comunista), ~~) con apropiación de partes (distributiva). La apropiación en todos estos casos puede ser utilizada l. en gestión consuntiva, 2. en gestión lucrativa. El caso a puede significar bien la libertad de comercio sin restricciones para los pequeños campesinos, artesanos ("obreros por precio" -Preiswerker-, en la terminología de Bücher), marinos y transportistas, cuyos medios de producción son de su propiedad; o que existen entre ellos asociaciones reguladoras. El caso APROPIACIÓN DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN 103 p) abarca fenómenos muy heterogéneos según que la gestión económica sea con- suntiva o lucrativa. La economía doméstica -comunista en principio, aunque "originariamente" ni de hecho sea esto necesario (ver cap. v)- puede orientarse puramente por su propio consumo. O --en forma ocasional en los comienzos- puede desprenderse, por un cambio orientado por el consumo, de los excedentes producidos en ella monopólicamente por razón de un privilegio de situación (m:J- terias primas de una clase específica) o de un arte profesional específico. Ulte- riormente puede derivar hacia un cambio lucrativo regular. En ese caso es usual el desarrollo de industrias hereditarias "de tribu" con especialización y cambio intertríbal -ya que las probabilidades de venta descansan en el monopolio y, las más de las veces, en un secreto hereditario- las cuales dan lugar a industrias itinerantes y de parias o (cuando se confunde con una asociación de carácter político) de castas, corno ocurre en la India (sobre la base de la separación ritual intertribal). El caso~~ es el de las "cooperativas de producción". Las economías domésticas pueden acercársele por la introducción del cálculo en dinero. Fuera de esto, como asociación de trabajadores, sólo se le encuentra como un fenómeno ocasional. En forma típica en un caso ciertamente importante: en las comuni- dades de mineros de la Edad Media temprana. b) La apropiación por parte de los propietarios o una asociación de los mismos sólo puede significar aquí -pues se ha hablado ya de la apropiación por una ctsocÜlción de trabajadores- la expropiación de los trabajadores de los medios de trabajo y no sólo como individuos sino como totalidad. Pue- den ser apropiadas 1) por los propietarios, todas, algunas o una de las siguientes cosas: a) la tierra (incluyendo las aguas), p) los yacimientos mineros, y) las fuentes de energía, &} los lugares de trabajo, e) los medios de trabajo (herramientas, aparatos, máquinas), ~) las materias primas. En el caso concreto la apropiación puede ser de una sola persona o de un conjunto de ellas, es decir, encontrarse en varias manos. Los propietarios pueden utilizar los medios de producción apro- piados: a) en forma consuntiva aa) como medios de consumo, PP) como fuentes de renta, mediante préstamos; y esto: l. para utilización consuntiva, II. para utilización como medio lucrativo; y en este caso aaa} en una explotación lucrativa sin cálculo de ca- pital, tJ~~) corno bienes de capital (en una empresa ajena); P) como bienes de capital propios (en una empresa propia). Es posible además 2) apropiación por una asociación económica, en cuya conducta caben las mismas alternativas que en el caso b. Es posible por fin: 104 CATECOJÚAs SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA 3) apropiación por una asociación reguladora de la actividad económica, que no emplea los medios de producción ni como bienes de capital ni como fuente de renta, sino que los ofrece a los compañeros-miembros. l. La apropiación de la tierra por las economías particulares tiene lugar pri- mordialmente a) por la duración del cultivo actual hasta la cosecha, b) por todo el tiempo que pueda durar un cultivo, cuando ha habido necesidad de hacer en ella determinadas mejoras; o sea en caso de a) roturaciones, ~) irrigaciones. Más tarde, cuando se hace sensible la escasez de tierras, nos encontramos el e) cierre de la admisión al cultivo del suelo o al aprovechamiento de pastos y montes y limitación de la medida en que pueden realizar su disfrute los miembros de la comunidad de asentamiento. Sujeto de la apropiación puede ser: 1) Una asociación -de tamaño diferente según la naturaleza del aprovecha- miento (huertas, prados, tierras de labor, pastos, montes); tamaño de la asociación que va desde la familia singular hasta la "tribu"; son típicos en ella a) un clan (o a su lado), b) una comunidad vecinal (normalmente: la comunidad de aldea) para las tierras de labor, prados y pastos. e) una asociación más amplia, la comunidad de la marca (Mark), de carác- ter y extensión variable, para el aprovechamiento de lefía, d) las economías familiares para el huerto y la granja, con participación en las tierras de labor y en los pastos. Esta participación puede mani- festarse: a) en la equiparación realizada en forma empírica en cada nuevo co- mienzo de cultivo en la agricultura trashumante (Feldgraswirscha(t), ~) en la redistribución racional, sistemática, en la agricultura sedentaria, consecuencia regularmente aa) de exigencias fiscales con garantía solidaria de los vecinos, -~~) de prestaciones políticas Igualitarias de los vecinos. Soporte de la explotación son normalmente las comunidades familiares (sobre su evolución véase el cap. v F). 2) Un señor territoridl, cualquiera que sea la fuente de esa posición señorial (de lo que se tratará después): lo mismo cuando deriva de la investi- dura de jefe de clan, que de la dignidad de caudillo con derecho a presta- ciones de trabajo personal (cap. v), que cuando se origina por disposiciones militares o fiscales, o por nuevas roturaciones e irrigaciones. La propiedad sefiorial puede ser utilizada: a) con trabajo servil (esclavos y siervos) l. en gestión consuntiva a) por medio de prestaciones en especie, J3) por medio de servicios perSonales; 2. en gestión lucrativa como plantación; b) con trabajo libre l. en forma consuntiva, como señorío de rer~ta, APROPIACIÓN DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN 105 aa) por medio de rentas naturales (participación en especie o pres- tación en especie) de los arrendatarios, ~~) por medio de rentas en dinero de los arrendatarios. En ambos c::tsos: aaa) con inventario propio (arrendatarios con gestión lucra- tiva), ~~~) con inventario señorial (colonos); 11. en forma lucrativa: como gran explotación racional. En el caso, a, 1 suele estar vinculado el sefior de modo tradicional, tanto res- pecto al trabajador (o sea sin elección) como con relación a sus servicios. El caso a, 2 sólo se da en las plantaciones cartaginesas y romanas, en las coloniales y en las norteamericanas. El caso b, 11 sólo aparece en el Occidente moderno. Li manera como tuvo lugar el desarrollo de la propiedad sefiorial (y sobre todo, su descomposición} fue decisiva para la forma de las modernas relaciones de apropia- ción. ;l;:stas, en su tipo puro, s6lo conocen estas figuras: a) el propietario del suelo; b) el arrendatario capitalista; e) el campesino sin propiedad. Sólo que este tipo puro es la excepción (existente en Inglaterra) . 2. Los yacimientos mineros pueden ser apropiados a) por el propietario del suelo (en la Antigüedad, las más de las veces: seffor territorial}, b) por un sefior político (señores de regalías), e) por el "descubridor" de los yacimientos explotables ("minas libres''), o d) por una asociación de trabajadores, e) por una empresa lucrativa. Los señores territoriales y los señores titulares de regalías podían disfrutar los yacimientos apropiados mediante explotación en propia régie (ocasionalmente de esta forma en la Edad Media temprana) o como fuente de renta, o sea por con- ~esión a a) una asociación de trabajadores (comunidad minera = Berggemeinde} --caso d-o a ~) todo descubridor (o todo descubridor perteneciente a un círculo determi- nado de personas). ( Asi en los gefreiten Bergen, "minas libres", en la Edad Media, en donde tuvo su origen la libertad de minería.) Las asociaciones de trabajadores tomaron en la Edad Media la forma típica de compañonazgos de participación, con obligación de ~tracción (frente a los señor<!s interesados en la renta o a los compañeros solidariamente responsables) y derecho a la participación en los beneficios; y ulteriormente, la forma de "cooperativas" de propietarios, con participación en los beneficios y pérdidas. Los señores de las minas fueron progresivamente expropiados en favor de los trabajadores, y éstos, a su vez, por los sindicatos en posesión de bienes de capital, a medida que la nece- sidad de instalaciones aumentaba, de suerte que como forma final de apropiación se dio la del "sindicato" capitalista (o sociedad por acciones). 3. Los medios de producción con carácter de "instalaciones" (instalaciones de energía, especialmente las movidas por el agua, "molinos" de todas clases y talleres, eventualmente con aparatos permanentes) fueron apropiados con bastante regu- laridad en la Antigüedad y particularmente en la Edad Media, por a) príncipes y seftores territoriales (caso 1); b) por ciudades (casos 1 o 2); e) por asociaciones de trabajadores (gremios, sindicatos, caso 2), sín que se estableciera una explottJci6n homogénea. Mas en los casos a y b tiene lugar su explotación como fuente de renta, en la 106 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA forma de una retribución por el uso y, muy frecuentemente, con monopolio sobre el uso obligatorio de esas instalaciones y de las tasas percibidas por el mismo. La utilización del establecimiento tenía lugar por turno o según necesidad, y en determinadas circunstancias era, a su vez, monopolio de una asociación reguladora, cerrada. Hornos de pan, molinos (de cereales y aceite), batanes, talleres de afilar, mataderos, tintorerías, hojalaterías (por ejemplo, de los monasterios), herrerías (éstas, regularmente, para arrendar a explotaciones), cervecerías, destilerías, particu- larmente también atarazanas (pertenecientes en la Hansa a las ciudades) y puestos de venta de toda clase, se explotaban en forma precapitalista, por su utilización por los trabajadores mediante retribución, o sea como patrimonio del propietario (individuo, asociación o ciudad) y no como bienes de capital. Esta forma de aprovechamiento consuntivo como fuente de renta del particular o de la asociación, y la fom1a de producción cooperativa, preceden a su transformación en explota- ción con "capital fijo". Por su parte, los usuarios de las instalaciones pueden utilizarlas, sea en gestión consuntiva (hornos de pan, cervec~ías y destilerías), sea en gestión lucrativa. 4. Por lo que respecta a la navegación marítima era típica, en la Antigüedad, la apropiación del barco por varios propietarios, separados de un modo creciente de los trabajadores náuticos. El que el viaje marítimo diera lugar a una sociedad de riesgos con los fletadores, y que en concepto de tales participaran también propie- tarios, pilotos y tripulación, no originó relaciones de apropiación fundamental- mente diferentes, sino sólo particularidades en el cálculo y también en las proba- bilidades de ganancia. 5. En la Antigüedad era la excepción lo que hoy es constitutivo para la fábric1 moderna, o sea el que todos los medios de producción -instalaciones (de toda clase) y herramientas- estuvieran apropiados en una mano. Particularmente, d ergasterion greco-bizantino (en Roma: ergastulum) era muy ambiguo en su signi- ficación económica, cosa insistentemente desconocida por los historiadores. Era un "taller", que 1) podía ser elemento de una hacienda en donde a) esclavos reat- zaran determinados trabajos para el propio consumo del señor (por ejemplo, en la gran explotación hacendaría), o b) el lugar de una explotación accesoria lucra- tiva llevada a cabo con escla\'os; o 2) el taller, en cuanto fuente de renta, podía ser parte de la propiedad de una persona privada o ciudad (así, los ergasterios en El Pireo), que lo arrendaba mediante retribución a algunos trabajadores o a una comunidad de ellos. Cuando se trata, pues, de trabajo en ergasterios (particular- mente si pertenecen a una ciudad) hay que preguntarse siempre: ¿a quién pertene- ce?, ¿a quién pertenecen los instrumentos de trabajo empleados en él?, ¿trabajaban en ellos obreros libres?, ¿por su propia cuenta?, ¿eran esclavos los trabajadores?, ¿a quién pertenecían?, ¿trabajaban por su cuenta? (contra apophora), ¿por cuenta del señor? Cada una de las respuestas posibles nos dan una estructura económica de naturaleza radicalmente distinta. En la mayoría de los casos los ergasteri:l ----como muestran todavía las instituciones bizantinas e islámicas- parecen haber sido fuente de renta; por tanto, algo fundamentalmente distinto de la fábrica o, en todo caso, su precedente; y comparables sólo en multiplicidad de sentidos eco- nómicos a las diversas clases de "molinos" de la Edad Media. 6. Pero aun allí donde el taller y los instrumentos de trabajo están apropiados por un propietario que alquila, además, obreros, no puede decirse que se haya ya alcanzado económicamente el fenómeno llamado hoy "fábrica" en la medida en que falten: 1) las fuentes mecánicas de energía, 2) las máquinas y 3) la especializa- ción y coordinación internas del trabajo. La fábrica es hoy una categoría de la economía capitalista. únicamente puede emplearse el término de fi\brica en APROPIACIÓN DE SERVICIOS 107 el sentido de una explotación que puede ser objeto de una empresa con capital fijo, que posee la formd de un taller con división interna del trabajo, apropiación de todos los medios materiales de producción y en donde el trabajo está mecánica- mente orientado, es decir, por máquinas y motores. El gran taller de Jack of Newbury, cantado por los poetas de su tiempo, en donde según se pretende cien- tos de telares a mano eran de su propiedad y el trabajo podía realizarse en ellos, unos al lado de otros, con tanta independencia como en la propia casa y en donde la materia prima se entregaba por el empresario a los trabajadores, quienes disfru- taban, además, de toda suerte de organizaciones benéficas, no poseía en realidad ninguna de las características que antes señalamos como propias de la fábrica. El ergasterion egipcio, griego, bizantino o islámico con trabajadores serviles y propie- dad de un señor -y los casos se encuentran, sin duda alguna-, podía operar con especialización y coordinación internas del trabajo. Pero la sola circunstancia de que también en este caso el señor (como demuestran las fuentes griegas) se con- tentara ocasionalmente con apophora (de cada uno de los trabajadores y de Jos capataces con apophora más elevada), debe prevenirnos de cometer equiparaciones económicas con la fábrica moderna o aun con una explotación como la de Jack of Newbury. Mucho más próximas a la fábrica en el sentido corriente de la palabra están las manufacturas reales, por ejemplo, las manufacturas de porcelana de la casa imperial china y las que imitándolas, existieron en Europa para los artículos de lujo, de uso en las cortes, y, sobre todo, las creadas para fines militares. A nadie se le impide que las llame "fábricas". Mucho más próximos externamente a h fábrica están los talleres rusos con trabajo servil. A la apropiación de los medios de producción se añadía la apropiación de los trabajadores. Por las razones dadas, sólo se aplica aqui el concepto de fábrica a las explotaciones de taller 1) con apro- piación plena por el propietario de los medios materiales de producción, con exclu- sión de los trabajadores; 2) con especialización interna de servicios; 3) con empleo de fuentes mecánicas de energía y de máquinas que exigen ser manejadas. Toda otra clase de explotaciones de taller se indicará con este término y los correspon- dientes complementos. § 21. (Todavía: 11 B 1, §§ 18, 19.) 3. Apropiación de los servicios de di'i- posición. Es típica: 1. En todos los casos de dirección tradicional de la hacienda a) en favor del jefe (de la familia o del cla.n), -- b) en favor de un determinado cu;adro administrativo nombrado para la dirección de la hacienda (servicio de carácter feudal de los fun- cionarios de la casa -Dienstlehen der Hausbeamtem) . 2. En las explotaciones lucrativas a) en caso de coincidencia absoluta (o aproximadamente absoluta) de dirección y trabajo. Es, en este caso, típicamente idéntica con h apropiación por los trabajadores de los medios materiales de pro- ducción ( B, 2, a). En este caso puede ser a) apropiación ilimitada; apropiación por los individuas, garanti- zada como hereditaria y enajenable aa) con, o ~~) sin clientela garantizada, o ~) apropiación por una asociación, con apropiación por los indivi- duos regulada material o personalmente, o sea sólo con condi- 108 CATEGORiAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA ciones o unida a determinados supuestos. Con iguales alterna tivas que la anterior; b) en caso de separación entre dirección y trabajo aparece como apro- piación monopolista de las probabilidades de empresa, en sus dife- rentes formas, o sea monopolios a) gremiales o de guilda, o ~) concedidos por el poder político. 3. En caso de ausencia de toda apropiación formal de la dirección, la apropiación de los medios de producción -o de los medios de crédito necesarios para procurarse bienes de capital- es prácticamente idén- tica, en las explotaciones con cálculo de capital, con la apropiación por los propietarios de la disposición sobre los puestos directivos. Esto5 propietarios pueden ejercer esa disposición, a) al ponerse al frente de su propia explotación, b) por elección de gerente (eventualmente, en caso de varios propie- tarios, por acuerdo sobre esa elección). Un comentario está por demás tratándose de estas cosas evidentes por ~í mismas. Toda apropiación de los medios materiales de producción complementa- rios significa, desde luego, en la práctica y normalmente por lo menos, un derecho de codeterminación decisivo en la selección de la gerencia y en la expropiación (relativa al menos) de los trabajadores de su participación en ella. Pero no toda expropiación de los trabajadores individuales significa una expropiación de los trabajadores en general, siempre que una asociación de trabajadores, a pesar de la expropiación formal, esté en situación de imponer la codeterminación o coselección de la gerencia. § 22. La expropiación de los trabajadores individuales de la propiedad de los medios materiales -de producción está condicionada de modo puramente técnico: a) en el caso en que los instrumentos de trabajo reclamen una utilización simultánea y sucesiva por numerosos trabajadores; b) en el caso de instalaciones de energía que únicamente puedan ser utili- zadas de un modo racional por su empleo simultáneo en numerosos procesos homogéneos de trabajo, unitariamente organizados; e) cuando la orientación técnico-racional de los procesos de trabajo sólo pueda tener lugar en conexión con procesos complementarios bajo un control común y permanente; d) cuando exista la necesidad de una formación profesional para la direc- ción de procesos de trabajo conexos que por su parte sólo por su empleo en masa puedan ser aprovechados de un modo racional; e) cuando por el hecho de existir una disposición unitaria sobre los me- dios de trabajo y las materias primas se dé la posibilidad de una disciplina más rigurosa de trabajo y, en consecuencia, un control mayor de los rendimientos y una mayor homogeneidad en los productos. EXPROPIACIÓN DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN 109 Estos factores, sin embargo, dejan abierta la posibilidad de una apropia- ción por una asociación de trabajadores (cooperativa de producción); es decir, sólo implican la separación de los trabajadores individuales de los medios de producción. La expropiación de la totalidad de los trabajadores (incluyendo las fuer- zas mercantiles y las de formación técnica) de la propiedad de los medios de producción, está sobre todo económicamente condicionada: a) En general y permaneciendo idénticas las demás circunstancias, por virtud de la mayor racionalidad en la explotación en caso de que' la gerencia disponga libremente respecto de la selección y modo de empleo de los traba- jadores, frente a los impedimentos técnicamente irracionales y a las irraciona- lidades económicas que surgen cuando hay apropiación de los puestos de trabajo o derechos de codirección; especialmente, por la intromisión de pun- tos de vista extraños a la explotación, alimenticios y domésticos. b) Dentro de la economía de cambio, por la superioridad crediticia de quien no se encuentra limitado por virtud de derechos propios de los traba- jadores; es decir, del empresario que en su dirección ejerce sin limitación alguna sus poderes de disposición respecto de las bases materiales de su crédito y que en cuanto profesionalmente formado y en méritos de su continuidad en la dirección del negocio aparece como más "seguro". e) Esa expropiación, dentro de una economía que desde el siglo XVI venía desarrollándose merced a una ampliación extensiva e intensiva del mercado, surge de un lado por la superioridad absoluta y la forzosidad de la gerencia individual orientada por el mercado y, de otro, por virtud de puras constela- ciones de poder. Trascendiendo estas circunstancias, la empresa --orientada por las proba- bilidades de mercado- obra igualmente en sentido favorable a esta expro- piación: a) por la preferencia que concede al cálculo de capital, posible únicament:: de un modo técnico-racional en caso de apropiación plena por los pro- pietarios, sobre toda otra gestión económica llevada a cabo con un cálculo menos racional; b) por la preferencia que otorga a las cualidades puramente comerciales de la gerencia sobre las técnicas, y por el mantenimiento de los secre- tos comerciales y técnicos; e) por la preferencia que da a la gerencia especuladora, que aquella expro- piación supone. Ultimamente ésta fue facilitada sin que se tuviera en cuenta para nada el grado de su racionalidad técnica; d) por la superioridad poseída a) en el mercado de trabajo, por todo aquel con propiedades frente a la otra parte contratante (obrero), ~) en el mercado de bienes, por la economía lucrativa operando con cálculo de capital, bienes de capital y crédito lucrativo, frente a todo otro concurrente que opera con un cálculo menos racional, o peor equipado en bienes de capital o con menos crédito. El que sólo sea posible el máximo de racionalidad formal en el cálculo de capital por el sometimiento de los obreros a la dominación del 110 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA empresario es otra irracionalidad material específica del orden eco- nómico. Finalmente: e) la disciplina es óptima en el caso de trabajo libre y apropiación plena de los medios de producción. § 23. La expropiación de todos los trabajadores de los medios de produt- ción puede significar prácticamente: l. Dirección por el cuadro administrativo de una asociación; toda econo- mía unitaria y socialista racional mantendría también (y precisamente por eso) la expropiación de todos los trabajadores, realizada con más plenitud por el hecho mismo de la expropiación de los propietarios privados. 2. Dirección por los propietarios o sus representantes en méritos de la apropiación de los medios de producción por los primeros. La apropiación por los propietarios del poder de disposición con respecto a la persona del gerente puede significar: a) Dirección por uno o varios empresarios que, al mismo tiempo, son los propietarios: apropiación inmediata de la posición de empresario. No excluye, sin embargo, que la disposición de hecho sobre la dirección -en virtud del poder de crédito y financiamiento (ver infra)- esté en gran medida en manos de interesados lucrativos extraños (por ejem- plo, bancos de crédito) o de las finan%43; b) separación de la dirección de la empresa y la propiedad, particular- mente por limitación de los interesados propietarios a la designación del empresario y a una apropiación, libre (enajenable) y en participa- ción, de la propiedad en forma de porciones del capital calculable (acciones, Kuxe). Esta situación (unida por transiciones de toda suerte a la apropiación puramente personal) es formalmente racional en el sentido de permitir la selecci6n -desde el punto de vista de la renta- bilidad- del gerente calificado (en contraste con la apropiación per- manente y hereditaria de la gerencia por virtud de la propiedad here- dada). Pero prácticamente puede esto significar varias cosas: a) la facultad de nombrar el gerente puede encontrarse, en virtud de apropiación de propiedad, en las manos de interesados patrimo- niales extraños a la explotación: partícipes en la propiedad que ante todo buscan esto: rentas elevadas; ~) la facultad de nombrar el gerente puede encontrarse, en virtud de adquisiciones temporales en el mercado, en manos de interesados especuladores, extraños a la explotación (poseedores de acciones que únicamente persiguen el beneficio obtenido por su enaje- naci6n); y) la facultad de nombrar el gerente puede encontrarse, en virtud de poder crediticio o de mercado, en manos de interesados lucrativos extraños a la explotación (bancos o particulares -intereses finan- cieros, por ejemplo- que persiguen sus propios fines adquisitivos, opuestos a menudo a los de la explotación de que se trate). ARTICULACIÓN DE PROFESIONES 111 Son para nosotros "extraños a la explotación" todos aquellos interesados que no están orientados primordialmente por la rentabilidad continuada de la empresa. Esto puede darse en toda clase de interesados patrimoniales. Pero en mucho mayor medida en los interesados que utilizan su poder de di5- posición respecto de inversiones y bienes de capital, o una parte de ellos (acciones), no como una inversión permanente de patrimonio sino como medio de obtener en un momento un beneficio de tipo especulativo. Los in- tereses rentísticos puros (a) son los que se ajustan con mayor facilidad con los intereses objetivos de la explotación (es decir, una rentabilidad tanto actual como duradera). La intromisión de aquellos intereses extraños a la explotación en el nom- bramiento de los puestos directivos, lo que ocurre cabalmente en el caso supremo de racionalidad formal en su selección, es otra irracionalidad material específica del moderno orden económico (pues pueden entonces decidir res- pecto de la persona del gerente y, sobre todo, respecto de la forma en que se le ordena llevar a cabo la gerencia, tanto intereses patrimoniales purament:! individuales como intereses lucrativos orientados por fines completamente distintos y sin conexión alguna con los de la explotación, como, finalmente, puros intereses especulativos adueñados de las participaciones de propiedad). La influencia de las probabilidades de mercado, sobre todo de los bienes de capital, y con ello la orientación de la producción lucrativa por intereses puramente especulativos, extraños a la explotación, es una de las fuentes de esos fenómenos de la moderna economía de cambio que se conocen con el término de "crisis" (sobre esto no podemos extendernos ahora con mayores detalles). § 24. Por profesi6n se entiende la peculiar especificación, especialización y coordinación que muestran los servicios prestados por una persona, funda- mento para la misma de una probabilidad duradera de subsistencia o de ganan- cias. La división de profesiones: l. puede tener lugar, bien por virtud de una atribución. heterónoma de servicios con asignación de los medios de subsistencia correspondientes dentro de una asociación reguladora de la economía (división servil de las profesiones), o bien, en méritos de una orientación autónoma, por la situación de mercado de los servicios mismos (división libre de las profesiones ) ; 2. puede descansar bien en especificación, ya en especialización de servi- cios;· 3. puede significar por parte de sus soportes utilización económica de los servicios profesionales, ora autocéfala, bien heterocéfala. Las profesiones típicas y las clases típicas de oportunidades de ingresos, se encuentran entre sí en conexión de reciprocidad, tal como se mostrará en )a discusión de. las situaciones de clase y estamentales. Sobre estamentos profesionales y clases en general, véase el cap. rv. l. División de profesiones de carácter servil: litúrgica o de oikos, por virtud de reclutamiento coactivo dentro de una asociación principesca, estatal, señorial o 112 CATEGORÍA~ SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA vecinal de los asignados a una determinada profesión. División de profesiones de carácter libre: la que tiene lugar por virtud de los resultados de una oferta triunfadora en el mercado de trabajo o del éxito en la competencia por los "pues- tos libres". 2. Especificación de servicios, como ya se indica en el § 16: la división profe- sional de las industrias en la Edad Media; especialización de servicios; la división profesional en las modernas explotaciones racionales. Considcrada desde el punto de vista del método, la división profesional en la economía de cambio es much:=ts veces técnicamente especificación irracional de ser\"icios más bien que especializa- ción racional, pues se orienta por las probabilidades de venta y, por tanto, por lo:; intereses de los compradores o consumidores, los que determinan el conjunto de los servicios ofrecidos por una y la misma explotación con desvío de su especiali- zación, obligando a combinaciones de los mismos de carácter irracional desde el punto de vista del método. 3. Especialización profesional autocéfala: una explotación individual (de un artesano, médico, abogado, artista). Especialización profesional heterocéfala: obre- ros de fábrica, empleados. La articulación profesional en grupos humanos dados es distinta: a) según el grado alcanzado en el desarrollo de profesiones típicas y estables en general. Es decisivo en esto a) el desarrollo de las necesidades, ~) el desarrollo (ante todo) de la técnica industrial, y) el desarrollo aa) de grandes haciendas -para la división profesional servil, ~~) de las probabilidades de mercado -para la división profesional libre. b) según la naturaleza y grado de la especificación profesional o de la especia- lización de las economías. Es decisivo en esto: a) la situación de mercado -con respecto a los servicios de las economías especializadas-- condicionada por la capacidad adquisitiva, ~) la manera como tenga lugar la distribución de la disposición referente a los bienes de capital. e) según sea la naturaleza y grado de la continuidad y el cambio profesionales. En esta circunstancia es decisivo: a) el grado de formación, que supone los servicios especializados, ~) el grado de estabilidad o cambio de las probabilidades de ganancia, dependiente, por una parte, de la clase de ingresos existentes y del grado de su estabilidad y, por la otra, de la técnica. Es, por último, importante para todas las estructuras profesionales: la articu- lación estamental, con las oportunidades estamentales y formas de educación que crea para determinadas clases de profesiones con preparación intelectual superior. Sólo llegan a ser objeto de profesiones independientes y estables aquellos servi- cios que suponen un mínimo de formación y para los que existen probabilidades de ganancia continuadas. Puede entrarse en las profesiones en forma tradicional (hereditariamente) o por una elección directa por considcraciones racionales de fines (lucrativos, especialmente), o bien aceptarse su ejercicio por señalamiento carismático o por motivos afectivos, particularmente de carácter estamental. Las profesiones individuales ·fueron originariamente de carácter carismático (mágico), determinándose luego el resto de la articulación profesional por obra de la tradi- ción -y esto naturalmente en la medida en que existieran, en general, comienzos de una articulación semejante. Las !Cualidades que no tenían un carácter espe- ARTICULACIÓN DE PROFESIONES 113 cíficamente personal y carismático eran objeto de enseñanza tradicional en asoci<~­ ciones cerradas, o materia de la tradición hereditaria. Las profesiones individuales de carácter rigurosamente carismático se crearon primero -liturgias- por las grandes haciendas de los príncipes y de los señores territoriales, y después -en economía de cambio-- por las ciudades. Al lado de éstas se dieron siempre las formas educativas litercJTias, que se tenían por estamentalmente distinguidas y que nacieron en conexión con la formación profesional mágica, ritual o sacerdotal. La especialización profesional no significa necesariamente, según lo antes dicho: servicios continuados o 1) de carácter litúrgico para una asociación (por ejemplo, una hacienda principesca o una fábrica), o 2) para un mercado completamente libre. Más bien, por el contrario, es posible y frecuente: l. El empleo, como mano de obra ocasio!Ull y según lo requiere el mo- mento, de trabajadores profesionalmente especializados, pero sin propiedad, por parte de un círculo relativamente constante a) de parroquianos (consumidores) en gestión consuntiva, b) de parroquianos en gestión lucrativa (patrones). Con respecto de a), cuando se trata de haciendas, se incluyen en este caso: a) dándose la expropiación, por lo menos, de la aportación de la materia prima; así: la expropiación de la disposición sobre lo producido, l. el "trabajo en casa de quien lo paga" (Stor) aa) como explotación ambulante pura, ~~) como trabajo sedentario, aunque ambulante dentro de un círculo local de haciendas: 11. el "trabajo artesanal por salario" ( Lohnwerk); trabajo sedentario, en el propio taller (u hogar) por encargo de una hacienda. En todos estos casos la hacienda proporciona la materia prima; por el con- trario, los instrumentos de trabajo suelen ser propiedad del trabajador (la guadaña del segador, el equipo de la costurera y toda otra suerte de instru- mentos de los artesanos). Frente a esto K. Bücher designó el caso de apropiación plena de todos los medios de producción por el trabajador como "trabajo artesanal por precio" (Preiswerk) . Con relación a b), trabajo ocasional en servicio de economías lucrativas, de trabajadores profesionalmente especializados, a) con expropiación, por lo menos, de la aportación de la materia prima y, por tanto, de la disposición sobre el producto: l. trabajo ambulante entre las diversas explotaciones de los patronos; 11. trabajo ocasional o estacional para un patrono en el hogar propio del obrero. Ejemplo: 1: Sachsengiinger (campesinos ambulantes del Este alemán); de 11: todo trabajo doméstico que ocasionalmente completa un trabajo de taller. 2. Lo mismo en el caso de economías con apropiación de los medios de producción: a) con cálculo de capital y apropiación parcial por el propietario de los 114 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA medios de producción -limitada, en particular, a las instalaciones-: talleres con obreros asalariados (Lohnwerkstattbetriebe-Lohnfabriken) y sobre todo: fábricas en el sistema de industria a domicilio (V erlegte Fabriken) -las primeras existentes desde hace mucho tiempo, las úl- timas frecuentes últimamente; ~) con apropiación plena de los medios de producción por el trabajador a) con pequeñas explotaciones sin cálculo de capital aa) en gestión consuntiva: el artesano que por precio trabaja para una parroquia, ~~) en gestión lucrativa: industria doméstica sin expropiación de los medios productivos; por tanto, formalmente sin trabas, pero significando de hecho una explotación lucrativa que pro- duce para un círculo monopolista de compradores; b) gran explotación con cálculo de capital: producción para un círcu- lo permanente de compradores. Consecuencia (por lo regular, pero no únicamente) de regulaciones de venta de tipo cártel. Hay por último que tener en cuenta que ni a) todo acto lucrativo es elemento de un lucro con carácter profe- sional, ni b) todos los actos lucrativos por frecuentes que sean pertenecen por necesidad lógica a una especialización continuada de sentido ho- mogéneo. Respecto de a): Existe lucro ocasional: a) en la economía doméstica que cambia los excedentes de los pro- ductos obtenidos. Se dan de igual manera numerosos cambios lucrativos con carácter ocasional por parte de las grandes hacien- das, especialmente de las señoriales. Desde esto, por una serie continua de posibles actos lucrativos de carácter ocasional, se llega a ~) la especulación ocasional de un rentista, la publicación ocasional de un artículo o poesía, etc., por quien no hace de ello su profe- sión y a otros casos semejantes corrientes en la actualidad. Desde aquí se llega, de nuevo, a la profesión accesoria. Respecto de b ): Debe recordarse, además, que existen formas diversas de ganarse la vida de naturaleza del todo intermitente y de mudable contenido, la situación de las cuales varia entre lo que son actos lucrativos de carácter ocasional, eventualmente incluso perfectamente normales, hasta lo que son actos de mendicidad, hurto y robo. Una situación singular ocupan: a) la adquisición puramente caritativa, b) el mantenimiento por un establecimiento sin carácter caritativo (por vía penal especialmente), e) la ganancia regular por medio de actos de violencia, d) el lucro obtenido por la violencia o la astucia con transgresión del orden penal. El papel desempeñado por los casos b y d ofrece poco interés. En cam- RELACIONES DE APROPIACIÓN Y DE MERCADO ll5 bio fue extraordinaria la importancia de los casos c1 y e; el primero en las asociaciones hierocráticas (órdenes mendicantes) y el segundo en las asocia- ciones políticas (botín de guerra) y en sus economías respectivas. Lo espe- cífico en ambos casos es su carácter en absoluto "ajeno" a lo económico (Wirtschaftsfremdheít). Las formas que toman se expondrán en otro lugar. Con el fin de determinar su posición dentro de la "ordenación sistemá- tica" y por razones semejantes a las anteriores (aunque sólo en parte) tra- taremos luego (§ 39) de la ganancia del burócrata (incluyendo la del oficial del ejército) considerándola como una subclase del trabajo lucrativo, sin que por ahora podamos entrar con más detalles en su casuística. Pues a ésta co- rresponde la consideración de la naturaleztt de las relaciones de dominación en que aquellas categorías están incluidas. § 24 a. La casuística de las relaciones de apropiación -técnicas y de explotación.....,. y de mercado es, a tenor de los esquemas teóricos que se vie- nen desarrollando desde el § 15, enormemente variada. Sólo algunas de las numerosas posibilidades juegan de hecho un papel dominante. 1. En el dominio de las tierras de cultivo: a) agricultura con aprovechamiento transitorio del terreno, es decir, que después del aprovechamiento del suelo cambia su localización: economía doméstica en la cual el suelo está apropiado por el clan y su aprovechamiento -en forma temporal o duradera- por la comunidad de vecinos y sólo de cuando en cuando por las haciendas individuales. La mayor parte de estas asociaciones consuntivas son por lo regular o a) la gran comunidad doméstica (Hauskommunion), o ~) la economía de clan organizada, o y) la hacienda de la familia extensa, o a) la hacienda de la familia estricta. La agricultura "trashumante" s6lo se da por lo regular respecto a las tierras roturadas y mucho más raramente y por periodos mayores en los Hofstiitten. b) Agricultura sedentaria regulación de los derechos de aprovechamien- to de las tierras de labor, pastos, leñas y aguas por la comunidad de aldea y de la marca (Mctrk), con existencia (por lo regular) de haciendas fami- liares estrictas. La apropiación tiene lugar de esta forma: los huertos y granjas por las familias estrictas; las tierras de labor y (las más de las veces) los pastos y prados por la comunidad vecinal de la aldea; los montes y los bosques por la comunidad más extensa de la marca. Las redistribuciones del suelo son originariamente posibles según el derecho, pero no están siste- máticamente organizadas y se encuentran, por tanto, caducadas la mayor parte de las veces. La economía está regulada las más de las veces por orde- nanzas de la aldea (primare Dorfwirtschaft). La comunidad del clan como comunidad económica existe excepcional- mente sólo en China, y en este caso en forma de asociación racionalizada (Sippenvergesellschaftung). 116 CATEGORfAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA e) Señoríos territoriales y corporales con tierras solariegas (Grundherrschaft und Leibherrschaft mit grundherrlichen Fronhof) y prestaciones vinculadas personales y en especie por parte de los campesinos dependientes. Apropia- ción vinculada, por parte del señor, del suelo y de los trabajadores; y apro- piación vinculada, por parte de los campesinos, del aprovechamiento del sueb y de los derechos a los puestos de trabajo (asociación señorial simple de pres- taciones en especie= einfacher grundherrlicher Naturalleistungsverband). d) Monopolio del suelo a) señorial o ~) fiscal con garantía solidaria de las comunidades de campesinos respecto a las cargas fiscales. Por tanto: comunidad agraria y redistribución sistematizada y regular de la tierra: apro- piación de la tierra por la comunidad de campesinos con carácter obligatorio como correlato de las cargas, pero no por parte de las haciendas familiares; éstas podían disfrutarla temporalmente y siempre con la reserva de la redis- tribución. Regulación de la economía por ordenanzas del señor territorial o del señor político (comunidad agraria señorial o fiscal = grundherrliche oder fisl<alische Feldgemeínschaft). e) Propiedad señorial libre con utilización consuntiva de los campesinos dependientes como fuente de renta. Por tanto: apropiación del suelo por el señor, pero existencia de a) colonos o ~) aparceros o y) colonos obligados a pagar en dinero e1 precio del arriendo, com~ soportes de la explotación económica. f) Economía de plantación: libre apropiación por e1 señor del suelo y de los trabajadores (esclavos comprados), en calidad de medios lucrativos, dentro de una explotación capitalista con trabajo servil. g) Explotación hacendaría (Gutswirtschaft): apropiación del suelo a) por los beneficiarios de las rentas de la tierra, con entrega de la tierra para su cultivo a grandes arrendatarios, o ~) por los propios cultivadores en calidad de medio de lucro; en am- bos casos con trabajadores libres a) con hacienda propia o b) facilitada y proporcionada por el señor, en ambos casos a) con producción agrícola o -caso límite- ~) sin ninguna producción propia de bienes. h) Ausencia de propiedad señorial: economia campesina con apropiación del suelo por quienes lo trabajan (labradores). La apropiación puede signi- ficar prácticamente: a) que de hecho sólo existe predominantemente la propiedad del suelo por adquisición hereditaria o, al contrario, que existe la ~) redistribución parcelaria. Lo primero típico en caso de asentamientos aislados de granja (Ein;r,elhof- siedlung) y grandes labradores, y lo segundo en caso de asentamientos veci- nales (Dorfsiedlung) y pequeños labradores. La condición normal para el caso e, y, así como para e1 h, ~. es la exis- tencia de probabilidades suficientes de mercado local para los productos agrícolas. RELACIONES DE APROPIACIÓN Y DE MERCADO 117 2. En los dominios de la industria, transporte (incluyendo la minería) y comercio: a) Industria doméstica, primariamente como medio de cambio ocasional, secundariamente como medio lucrativo: a) especialización de servicios interétníca (intertribal) -industria tribal. De ella deriva la ~) industria por castas. En ambos casos primariamente: apropiación de las fuentes de materia prima y también de la producción de materia prima; sólo después, secun- dariamente: compra de materia prima o producción por salario. En el pri- mer caso, frecuentemente: ausencia de apropiación formal. Junto a esto y en el caso segundo, siempre: apropiación hereditaria por el clan o asociación doméstica de las probabilidades lucrativas de los servicios especificados. b) Industria vinculada a u7Ul parroquia: especificación de servicios con res- pecto a una comunidad de consumidores: a) seiiorial (oikos, solariega), ~) de compañonazgo ( demiúrgica) . Ninguna adquisición de mercado. En el caso a coordinación consuntiva de servicios, a veces trabajo de taller en el ergasterion del señor. En el caso ~ apropiación hereditaria de los puestos de trabajo; servicios para una parro- quia (consumidores) "apropiada" -escaso desarrollo ulterior. J. Primer caso especial: apropiación (de carácter servil en su fomu) del sujeto de la actividad industrial, con especificación de servicios a) como fuente de renta del señor; pero en este caso, no obstante su falta de libertad formal (en la mayor parte de los casos), se trata de personas materialmente libres que producen para una pa- rroquia (esclavos renteros); ~) como personas de condición servil que ejercen una industria do- méstica con fines lucrativos; y) como obreros en un ergasterion del señor dedicado a fines lucra- tivos (industria doméstica servil). 11. Segundo caso especial: especificación litúrgica de servicios para fines fiscales: tipo semejante a la industria por castas (a, ~). En el dominio de la mineria se da en forma análoga: la explotación por parte de los señores o de los príncipes, utilizando trabajo servil: esclavos y siervos. En el dominio del transporte interior se dan también las formas corres- pondientes: a) apropiación señorial de los medios de transporte como fuentes de ren- ta: asignación de prestaciones demíúrgícas al pequeño campesino. Re- gulación mancomunada de las caravanas de pequeños comerciantes. La mercadería era su propiedad. En el dominio del transporte marítimo: a) propiedad de los barcos, ya del tipo de oikos, bien señorial o patricia, con comercio propio de los señores; b) construcción y propiedad mancomunada de los barcos; participación como comerciantes de pilotos y tripulación; encontrándose al lado de 118 CATEGOIÚAS SOCIOL6ciCAS DE LA VIDA ECONÓMICA estos pequeños comerciantes en viaje interlocal como fletadores; socie- dad de riesgos de todos los interesados; convoyes marítimos rigurosa- mente regulados. "Comercio" y comercio interlocal (transporte) eran todavía en ambos casos cosas idénticas. e) Industria libre: libre producción para clientes: a) Stor (en la casa de quien paga el trabajo); b) trabajo por salario (Lohnwerk), con apropiación de la materia pri- ma por los parroquianos (consumidores), de las herramientas por el trabajador y de las eventuales instalaciones por el señor (como fuente de renta) o por asociaciones (con utilización por tumo); e) trabajo por precio (Preiswerk), con apropiación por el trabajador de la materia prima y de las herramientas y, por consiguiente, de la dirección; y apropiación de las eventuales instalaciones (las más de las veces) por una comunidad de trabajadores (gremio). En todos estos casos es típica la regulación lucrativa por el gremio. En la minería: apropiación de los yacimientos por los señores políticos o territoriales como fuente de renta; apropiación del derecho de minería por una comunidad de trabajadores; regulación gremial del trabajo minero, con- siderado como una obligación frente a los señores en cuanto interesados en las rentas o frente a la comunidad minera, responsable solidariamente ante los primeros y en cuanto interesada en el rendimiento. En el dominio del transporte interior: gremios de marineros y fletadores, con viajes fijos y regulación de las oportunidades de lucro. En el dominio del transporte marítimo: propiedad en participación de los buques; convoyes de barcos; comerciantes en viaje con contrato de com- menda. Evolución hacia el capitalismo: a) Monopolio de hecho por empresarios de los recursos nwnetarios de la industria como medio de anticipar a los trabajadores. En consecuen- cia, dirección de la producción de bienes en virtud del crédito indus- trial, y asimismo disposición respecto del producto a pesar de la apro- piación formal, que subsiste todavía, de los medios de lucro por parte de los trabajadores (lo mismo en la industria que en la minería). B) Apropiación del derecho de venta de los productos consecuencia de un monopolio de hecho, previamente adquirido, del conocimiento de las condiciones del mercado y con ello de sus oportunidades y de los medios cambiarías, en virtud de ordenanzas monopolistas impuestas por los gremios o bien de privilegios otorgados por el poder político (como fuente de renta o retribución de empréstitos). y) Imposición de una disciplina interna a los trabajadores de la industria a domicilio dependientes del empresario; suministro por el empresario de la materia prima y los aparatos. C:1so especial: el de la organización racional monopolista de las industrias a domicilio sobre la base de privilegios con fines fiscales v de proporcionar trabajo. Regulación impuesta de las condiciones el~ trabajo juntamente con concesiones de oportunidades lucrativas. b) Creación de talleres sin especialización racional del traba jo, dentro RELACIONES DE APROPIACIÓN Y DE MERCADO 119 de explotaciones en donde el empresario se ha apropiado todos los medios materiales de producción. En la minería: apropiación por el propietario de los yacimientos, galerías y aparatos. En el transpor- te: explotaciones navieras por parte de un gran propietario. Conse- cuencia por doquier: expropiación de los trabajadores de los medios de producción. e) Como último paso hacia la transformación capitalista de las empresas de producción: mecanización de la producción y del transporte. Cálcu- lo de capital., Todos los medios materiales de producción se hacen capital ("fijo" o de explotación). Todas las fuerzas de trabajo: manos. Por la transformacwn de las empresas en asociaciones de poseedores de valores queda también expropiado el director y transformado for- malmente en "funcionario"; el propietario se convierte materialmente en el fideicomisario de quien otorga el crédito (bancos). De estos diveros tipos: l. Es universal en el dominio de la economía agraria el a, pero en la forma a (comunidad doméstica y economía de clan) es raro en Europa y típico, por el contrario, del lejano Oriente (China); el tipo b (comunidad de aldea y de la marca) ha sido usual en Europa e India; el tipo e (propie- dad señorial vinculada) es universal y subsiste en parte en Oriente; el tipo d en las formas a y ~ (propiedad señorial y dominación fiscal con redistribu- ción sistemática de los bienes entre los campesinos) existió, predominando el aspecto señorial, en Rusia (en un sentido ya modificado: de un reparto de las obligaciones de renta) e India, y con predominio de la forma fiscal en el lejano y cercano Oriente y en Egipto; el tipo e (propiedad seíiorial con pequeíios arrendatarios obligados al pago de rentas libremente pactadas) es típico en Irlanda y aparece en Italia, en el sur de Francia, así como en China y en el Oriente helenístico antiguo; el tipo f (plantación con trabajo servil) se dio en la antigüedad romana y cartaginesa, en las colonias y en los estados norteamericanos del Sur; el tipo g (explotación hacendaría) en la forma a (separación de propiedad y cultivo), en Inglaterra; en la fom1a ~ (cultivo por el propietario), en la Alemania oriental, partes de Austria (Hungría), Polonia y Rusia occidental; el tipo h (economía del campesino propieta- rio), en Francia, Alemania occidental y del Sur, partes de Italia, países escan- dinavos (con limitaciones), Rusia suroccidental y especialmente en la China e India modernas (con modificaciones). Las grandes diferencias en la constitución agraria (definitiva) hay que imputarlas, en parte, a causas económicas (contraste de los cultivos de rotu- ración y de irrigación) y, en parte, a causas de destino histórico, especialmente las debidas a la forma de las cargas públicas y también de b constitución militar. 2. En el dominio de la industria -ya que no conocemos suficientemente con igual universalidad lo que se refiere a los transportes y la minería- te- nemos: a) el tipo a, a (industria de clan) estuvo extendido por todas partes; b) el tipo a, ~ (industria de casta) sólo en la India alcanzó extensión 120 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA general; en otras partes únicamente con respecto a industrias declasées (impuras); e) el tipo b, a (industria de oikos) ha dominado en la Antigüedad en to- das las haciendas de los príncipes, particularmente en Egipto; junto a él se encuentra aisladamente la forma b, ~ (industria demiúrgica) en todos los señoríos territoriales del mundo (incluso en Occidente), pero como tipo sólo en la India. El caso especial I (señorío corporal como fuente de renta) dominó en la Antigüedad; el caso especial JI (especificación litúrgica de servi- cios) imperó en Egipto en la época helenística, en la Roma postrera y temporalmente, en China y la India. d) El tipo e alcanza en la Edad Media occidental y sólo allí, como tipo dominante, un lugar con significación clásica; y aunque aparece por doquier y el gremio, especialmente, tiene extensión universal (particu- larmente en China y Asia Menor), faltó empero por completo en la economía clásica de la Antigüedad. En la India existió la casta en lugar del gremio. e) Fuera de Occidente los estadios en el desarrollo del capitalismo, en el dominio de la industria sólo llegan con extensión universal hasta el tipo ~- Esta diferencia no puede ser explicada por causas puramente económicas. § 25. J. Fuera del dominio de las tres asociaciones comunistas típicas, en las cuales juegan también motivos extraeconómicos, cuando se trata de con- seguir los mayores rendimientos posibles y calculables (óptimo) en el trabajo a ejecutar (en su sentido más general) hay que considerar tres elementos: l. el óptimo en el ajuste a la función o servicio, 2. el óptimo en el ejercicio del trabajo, 3. el óptimo en la inclinación al trabajo: Respecto del n9 1: La adaptación o ajuste (lo mismo si está condicio- nado por herencia, educación o influjos ambientales) sólo puede determinar- se mediante prueba. En la economía de cambio, tratándose de explotaciones lucrativas, toma usualmente la forma de una "prueba de aprendizaje". El sistema Taylor pretende llevarla a cabo en su forma racional. Respecto del ni? 2: El óptimo en el ejercicio del trabajo sólo se alcanza me- diante especialización racional y continuada. Hoy es esencialmente una es- pecialización empírica de servicios desde el punto de vista del ahorro en los costos (en interés de la rentabilidad y limitado por ésta). La especialización racional (fisiológica) está en los comienzos (sistema Taylor). Respecto del n9 3: La inclinación al trabajo puede orientarse de igual modo que cualquiera otra clase de acción (ver cap. I, § 2). La inclinación al trabajo (en el sentido específico de la ejecución de las propias disposicio- nes o de las de otra persona dirigente) siempre ha estado condicionada, sin embargo, o por un fuerte interés propio en el éxito o por la coacción mediata o inmediata; de un modo muy particular, en el trabajo como ejecución de disposiciones a¡enas. La coacción puede consistir: RENDIMIENTO CALCULABLE DEL TRABAJO 121 l. bien en la amenaza inmediata de violencia física u otros perjuicios, o 2. en la probabilidad de perder los medios de vida en caso de rendimiento insuficiente. Y puesto que la segunda forma, esencial en la economía de cambio, se dirige, comparativamente, con mayor intensidad al propio interés y obliga a la libertad de selección (en calidad y cantidad) por el rendimiento ( natu- ralmente, desde el punto de vista de la rentabilidad), opera con mayor racio- nalidad formal (en el sentido del óptimo técnico) que toda coacción inme- diata al trabajo. Condición previa es que los trabajadores se encuentren expropiados de los medios de producción y abandonados a la competencia pat las probabilidades de salario; por consiguiente, supone la protección coactiva de la apropiación de los medios de producción llevada a cabo por los propie- tarios. Aquí se da, en oposición al caso de la compulsión inmediata al tra- bajo, además de la preocupación por la reproducción (familia), el hecho de que se descarga en los que pretenden trabajar una parte del cuidado por la selección (en el sentido del trabajo personal más adecuado). Además, por oposición a lo que ocurre en el empleo del trabajo servil, se limitan tanto la necesidad como el riesgo de capital, haciéndolo calculable; y finalmente, en virtud del empleo en masa del salario en dinero se amplía el mercado de los bienes consumidos por la masa. No se obstruye, por tanto, la inclinación positiva al trabajo, como ocurre -permaneciendo idénticas las demás circuns- tancias- en caso de trabajo servil; aunque limitándola ciertamente, cuando se trata de especialización técnica intensiva en tareas sencillas ( taylorizadas) y monótonas, a las probabilidades puramente materiales del salario. En éstas, el único aliciente para acrecentar el trabajo es el salario según el rendimiento {salario a destajo o por piezas). En el orden lucrativo del capitalismo, la inclinación al trabajo está condicionada fundamentalmente por las probabi- lidades de salario a destajo y por el peligro de despido. Bajo condiciones de trabajo libre, separado de los medios de producción, vale, por lo demás, lo siguiente: l. Las probabilidades de que exista una inclinación al trabajo de carácter afectivo -permaneciendo idénticas las demás circunstancias- son mayores en el caso de específicaci6n de funciones que en el de especialización, por- que el éxito en el trabajo individual es mucho más notorio ante el propio trabajador. Tanto más, naturalmente, en todos los trabajos de calidad. 2. La inclinación al trabajo de carácter tradicional, tal como se da típica- mente en la agricultura y en la industria a domicilio (bajo condiciones gene- rales de vida de carácter tradicional), tiene la particularidad de que los tra- bajadores orientan su trabajo o en rendimientos estereotipados en calidad y cantidad o en un salario tradicional (o en ambas cosas); es en consecuencia difícilmente utilizable en forma racional y sus rendimientos no son suscep- tibles de elevación por el sistema del salario a destajo. Por el contrario, nos muestra la experiencia que determinadas relaciones entre el trabajador y el señor (propietario) de carácter patriarcal tradicional pueden mantener muy elevada la disposición al trabajo de naturaleza afectiva. 3. La inclinación al trabajo de carácter racional con arreglo a valores se encuentra condicionada en forma típica o por motivos religiosos o por la 122 CATEGORfAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA existencia de una valoración social específica muy elevada del trabajo o servicio de que se trate. Según vieja experiencia todos los demás incentivos representan posiciones intermedias. Por lo demás, es evidente que la preocupación altruista por la familia pro- pia constituye un elemento de deber componente típico de una disposición favorable al trabajo. JI. La apropiación de los medios de producción (aunque sea meramente formal) y de la facultad de disposición propia respecto al empleo del trabajo significa una de las fuentes más importantes para la existencia de una incli- nación al mismo de carácter ilimitado. Constituye esto el fundamento ítlti- mo de la extraordinaria significación mantenida por la pequeña expiotación, particularmente de la conocida en agricultura con el nombre de parcelaria, lo mismo si se trata de pequeños propietarios que de pequeños arrendatarios (con esperanzas éstos de un futuro ascenso a la situación de propietarios). En este respecto, China es el país clásico; la India lo es, sobre todo, en el terreno de los oficios calificados con específícaci6n de tareas, siguiéndole in- mediatamente todos Jos demás paises asiáticos; pero también se ofrece asimis- mo en la Edad Media de Occidente, de tal modo que todas las pugnas esen- ciales dominantes en eJla se emprendieron siempre con el fin de alcanzar una facultad de disposición propia (formal). El fuerte impulso a un máximo de trabajo dominante en el pequeño campesino (sujeto siempre, incluso como hortelano, a especifícaci6n pero no a especialización de tareas), y las restric- ciones en sus modos de vida, voluntariamente impuestas con tal de poder afirmar su independencia formal, unido además a la utilización consuntiva de subproductos y desperdicios -realizable en la agricultura, pero no en la gran empresa lucrativa- hacen posible su existencia, cabalmente por la au- sencia de todo cálculo de capital y la conservación de la unidad de hacienda y explotación. En la agricultura la explotación con cálculo de capital es -en caso de explotación del propietario--, como muestran todas las investigacio- nes ( véanse mis cálculos en Ver/z. des Deut. Jurístentags, XXIV}, mucho más sensible a las coyunturas que la pequeña explotación. El fenómeno correspondiente vino dándose en el dominio de la industria hasta la época en que aparecen las explotaciones mecanizadas, con especia- lización y coordinación rigurosas del trabajo. Todavía en el siglo XVI pudie- ron prohibirse explotaciones como la de Jack of Newbury•, sin que por ello (como ocurrió en Inglaterra) se produjera catástrofe alguna para las probabi- lidades de ganancia de los trabajadores. El hecho de que pudiera reunir en un taller telares de su propiedad y un grupo de obreros, pero sin intensi- ficaci(m esencial de la especialización y coordinación del trabajo, no suponía para el propietario, dadas las circunstancias del mercado, un acrecentamiento de sus probabilidades, de suerte que se asegurara contra el mayor riesgo corrido y los mayores costos del taller y, sobre todo, porque en la industria una em- presa con un capital en instalaciones (capital fijo) eleYado, no sólo es tam- bién más sensible a la coyuntura (como sucede en la agricultura), sino asimis- mo sensible en grado extremo a toda clase de irracionalidad (incalculabilidad) de la administración y de la justicia, como ha sido el caso por todas partes SEHVICIOS AJENOS AL cÁLCULO 123 fuera del Occidente moderno. El trabajo a domicilio descentralizado pudo mantenerse en pie -como se muestra no sólo en su concurrencia con las "fábricas" rusas sino, en general, por todas partes- hasta que, aun antes de la introducción de las fuentes mecánicas de energía y de maquinaria, la nece- sidad de proceder con cálculos más exactos y de estandarizar los productos a fin de aprovechar las amplias oportunidades del mercado, en unión con el empleo de aparatos técnicamente racionales, condujo a la creación de explo- taciones con especialización interna (malacates de agua o de tracción animal) en las cuales se introdujeron después motores y maquinaria. 1\fas, antes de que esto ocmriera, pudo darse en todo el mundo la desaparición de grandes explotaciones de taller, ocasionalmente surgidas, sin que se produjera una perturbación apreciable de las probabilidades lucrativas de todos los que en ellas participaban y sin que por eso fuera seriamente dañada la cobertura de las necesidades. Otra cosa muy distinta se da con la aparición de la fábrica. La inclinación al trabajo del obrero de fábrica estuvo condicionada originariamente, sin embargo, por una combinación del hecho de descargar en él el riesgo de su propio futuro (Versorgungsri.~íko) con una coacción muy fuerte de carácter indirecto (régimen inglés de las casas de trabajo); y ha continuado permanentemente orientada por la garantía coactiva implí- cita en el orden de la propiedad, como ha mostrado el deterioro contempo- ráneo de aquella disposición en virtud de la quiebra del poder coactivo ope- rada por la revolución. ~ 26. Las comunidades y sociedades comunistas, o sea, con servicios ajenos al cálculo, no están fundadas en el logro del óptimo de provisión, sino en una solidaridad inmediatamente sentida. Históricamente -hasta la actuali- dad- han aparecido sobre la base de actitudes de trabajo extraeconómíca- mente orientadas, particularmente: l. como comunismo doméstico de la familia -sobre base tradicional y afectiva; 2. como comunismo de camaradas -del ejército; 3. como comunismo de amor de la comunidad (religiosa) -en estos dos casos (2 y 3), sobre bases originariamente de carácter afectivo (caris- mático). Empero, siempre: a) en contraste con el mundo circundante, entregado a una cconomín tradicional o racional con arreglo a fines, y por consiguiente con división del trabajo y cálculo -y en este caso, bien trabajando para sí, ya siendo sostenidos mecenísticamente (o ambas cosas a la vez)-, o b) como asociación consuntiva de privilegiados, con dominio sobre las clcmús haciendas y mantenidas por ellos de un modo mecenístico o litúrgico, o e) como hacienda ele consumidores, separada de la explotación lu- crnti,-a y recibiendo de ella sus ingresos, es decir, asociada con ella. El caso a es típico de las economías comunistas religiosas o idco16gicas ( co- 124 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA munidades religiosas (bien laboriosas o retiradas del mundo; comunidades de secta; socialismo icárico) . El caso b es típico de las comunidades total o parcialmente militares (casas de varones, Syssitas espartanos, comunidades de bandidos liguríos, organización del califa Ornar, comunismo de consumo y en parte de requisición de los ejércitos en campaña, tal como se han dado en todo tiempo) y, además, de las comunidades religiosas autoritarias (el estado jesuita del Paraguay, las comunidades monaca- les de la India y de otras partes con prebendas de mendicidad). El caso e es típico de todas las economías familiares en la economía de cambio. Dentro de estas comunidades tanto la disposición al trabajo como el con- sumo ajeno al cálculo son consecuencia de una actitud de conciencia extra- económicamente orientada; y en los casos 2 y 3 se funda en parte considerable en el pathos del contraste y lucha contra los órdenes del "mundo". Todos los intentos comunistas modernos, en la medida en que se esfuerzan por una organización comunista de masas, no pueden menos de emplear argumenta- ciones, frente a sus partidarios juveniles, que son de carácter racional con arreglo a valores, y asimismo de hacer uso en su propaganda de argumentos de carácter racional con arreglo a fines; o sea, en ambos casos, consideraciones específicamente racionales y -en contraste con las comunidades religiosas v militares orientadas en lo excepcional y extraordinario- brotadas de la vida cotidiana. En circunstancias de normalidad cotidiana sus probabilidades son también esencialmente distintas de las que poseen aquellas otras comunidades con una orientación extracotídiana u originariamente extraeconómica. § 27. Es típico de los bienes de capital que en su germen se nos ofrezcan primeramente como mercaderías objeto de cambio interlocal o intertribal, siempre que se dé el supuesto (ver § 29) de que estén entre sí separados el "comercio" y la producción consuntiva de bienes. Pues el comercio propio de las economías domésticas cerradas (venta de excedentes) no puede hacer uso de un cálculo de capital separado. Los productos de las industrias fami- liares, del clan o de la tribu, objeto de relaciones de cambio de carácter interétníco, son mercaderías; y los medíos de producción, en la medida en que continúan siendo productos propios, aparecen como instrumentos y ma- terias primas, pero no, en cambio, como bienes de capital. Lo mismo vale respecto de los productos para la venta y medios de producción de los cam- pesinos y señores territoriales, siempre que su gestión económica no esté basada (aunque sea en forma muy sencilla) en el cálculo de capital (del que ya en Catón, por ejemplo, encontramos precedentes). Es cosa evidente por sí que todos los movimientos de bienes dentro del círculo de la gran propie- dad señorial o del oikos, y también el cambio de productos ocasional o de carácter puramente interno, representan lo contrario de una economía con cálculo de capital. Igualmente el comercio del oikos (por ejemplo, del Faraón), incluso cuando no es s6lo para cubrir sus propias necesidades, es decir, cambio meramente en servicio del estado, sino que en parte sirve fines lucrativos, no es capitalista en el sentido de esta terminología, en tanto que no se orienta por el cálculo de capital, particularmente por la estimación previa de las probabilidades de ganancia eh dinero. Este fue el caso de los comer- CONCEPTOS Y FORMA DEL COMERCIO 125 ciantes profesionales viajantes, lo mismo cuando las mercancías eran de su propiedad, que recibidas en commenda o aportadas por ·una sociedad. Aquí, en la forma de la empresa ocasional, está e] origen del cálculo de capital y de la calidad de bienes de capital. Los hombres (esclavos y siervos) utilizados como fuente de renta por señores territoriales y corporales, y las instalaciones de toda clase empleadas en ese caso son, evidentemente, objetos patrimo- niales soporte de rentas, pero no bienes de capital; con calidad exactamente igual, pues, a la que hoy poseen los valores productores de rentas o divi- dendos (para el particular orientado por la probabilidad de renta -y en todo caso por una especulación ocasional- en contrast.:: con la inversión temporal que puede hacerse en ellos de capital lucrativo). Las mercaderías que los señores territoriales y corporales recibían de sus vasallos en virtud de su poder señorial como prestaciones obligatorias, y que llevaban al mercado, son para nuestra terminología mercaderías, pero no bienes de capital, ya que faltaba en teoría (no sólo de hecho) el cálculo racional de capital (costos). Por el contrario, en el caso de una explotación que utiliza esclavos como medíos lucrativos (con mercado de esclavos y trata de esclavos típica), éstos sí son bienes de capital. En el caso de explotaciones señoriales con siervos (here- ditarios) que no pueden ser comprados y vendidos libremente, no puede hablarse de explotaciones capitalistas, sino de explotaciones lucrativas con trabajo vinculado (lo decisivo es la vinculación, también, del seíior al traba- jador), lo mismo si se trata de explotaciones agrícolas que de industrias a domicilio con trabajo servil. Dentro del dominio de la industria, el artesano que trabaja por precio representa la pequeña explotación capitalista, la industria doméstica, la ex- plotación capitalista descentralizada y toda explotación de taller, siempre que sea capitalista, representa la explotación centralizada. En cambio, son sim- ples formas de trabajo todas las especies de Stor, * de artesanos que trabajan por salario y de industrias a domicilio; las dos primeras en interés de la ha- cienda del patrono, la última en interés de los fines lucrativos del patrono. Lo decisivo no es el hecho real, sino la posibilidad teórica del cálculo material de capital. § 28. En toda economía de cambio (también, normalmente, en caso de estar materialmente regulada), existe, junto a las especies antes discutidas de especialización y especificación de servicios, la representada por la me- diación en el cambio entre poderes de disposición propios y ajenos. Puede llevarse a cabo: l. Por miembros del cuadro administrativo de las asociaciones económi- cas, mediante una retribución, ya fija, ya graduada a tenor del servicio prestado, en especie o en dinero. 2. Por una asociación de carácter cooperativo constituida propiamente para satifacer las necesidades de cambio de sus miembros. 3. Como profesión lucrativa por remuneración, sin poderes de disposición propios (agentes); tipo que se nos ofrece en innumerables formas ju- rídicas. • El trabajo realizado en la casa de quien lo paga. [E.J 126 CATEGORfAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA 4. Como profesión lucrativa capitalista (comercio propio): por compra actual en espera de una venta futura con ganancia; o como venta a tér- mino en espera de una ganancia obtenida merced a una compra previa- mente realizada, y esto como profesión a) libre en el mercado, o b) materialmente regulada. 5. Por expropiación indemnizada y regulada en forma duradera tanto de determinados bienes como de las posibilidades de su cambio mediante el pago correspondiente -libre o impuesto- por parte de una asocia- ción política (comercio obligatorio). 6. Por oferta profesional de dinero o procuración de crédito para pagos con fines de lucro o adquisición de medios de producción por medio de concesiones de CTédito; a a) economías lucrativas, b) asociaciones (particularmente: políticas): negocio de crédito. Su sentido económico puede ser a) crédito para pagos, o B) crédito para la obtención de bienes de capital. Los casos números 4 y 5, y sólo ellos, deben llamarse "comercio"; el caso 4 "comercio libre", el caso 5 "comercio de monopolio obligatorio". Caso 1: a) negotiatores y actores de haciendas de príncipes, sei'iores y monas- terios, b) en economías lucrativas: representantes. Caso 2: cooperativas de compra y venta (incluyendo "cooperativas de con- sumo"). Caso 3: corredores, comisionistas, expedidores, aseguradores y otros "agentes". Caso 4: a) comercio moderno, b) asignación heterónomamcnte impuesta o aut6nomamente pactada de las compras y ventas con determinados clientes, o compra o venta de mercaderías de determinada especie, o regulación material de las condiciones de cambio por las ordenaciones de una asociación política o gremial. Caso 5: ejemplo: monopolio estatal del comercio de granos. § 29. El comercio libre y propio (caso 4) -y en adelante sólo de él ha- bremos de ocuparnos- es siempre "explotación lucrativa", nunca "hacienda", y dentro de circunstancias normales (aunque no inevitablemente): ganancia por medio del cambio de dinero en la forma de contratos de compra y venta. Sin embargo, puede ser: a) "explotación accesoria" de una hacienda: Ejemplo: cambio de excedentes de una hacienda efectuado por miembros de ella designados para esa misión y obrando por su propia cuenta. El cambio oca- sional realizado por unas u otras de esas personas no puede considerarse, por el contrario, como una explotación "accesoria". Cuando las personas de que se trata ejercen el comercio sólo por sú propia cuenta tenemos el caso 4 (modificado) y cuando lo hacen por cuenta de la comunidad tenemos el caso l. b) elemento inseparable de una actividad de carácter total, en la cual por CONCEPTOS Y FORMA DEL COMERCIO 127 medio del propio trabajo se proporcionan bienes aptos ya (localmente) para el consumo. Ejemplo: buhoneros y pequeños comerciantes que viajan con las mercancías y procuran fundamentalmente el traslado de las mercancías al lugar del mercado, por lo que fueron tratados antes al hablar del transporte. Los comerciantes con pacto de commenda constituyen a veces la transición del caso 3. Cuándo el ser- vicio de transporte es lo primario y cuándo la ganancia comercial lo secundario, r viceversa, es cosa enteramente fluida. En todo caso son "comerciantes" todas estas categorías. El comercio propio (caso 4) se ejerce siempre sobre la base de la apro- piaci6n de los medios de producción, y aunque el poder de disposición se haya originado en el crédito. Siempre corresponde al comerciante el riesgo de capital como riesgo propio, y siempre la ganancia queda apropiada por él en virtud de la apropiación de los medios de producción. La especialización y especificación dentro del comercio propio es posible desde muy distintos puntos de vista. Económicamente interesan ante todo las siguientes clases; a) seg(m la naturaleza de las economías con las cuales el comerciante trata: l. Comercio entre haciendas con excedentes y haciendas consumi- doras. 2. Comercio entre economías lucrativas ("productores" o "comercian- tes") y haciendas "consumidoras"; con inclusión, naturalmente, de toda clase de asociaciones, particulam1ente las politicas. 3. Comercio entre diversas economías lucrativas. Los casos 1 y 2 corresponden al concepto del "comercio al por menor" (detallistas), que significa: venta a los consumidores (siendo indiferente la procedencia de la compra); en el caso 3 corresponde al concepto del "comer- cio al por mavor" o "entre comerciantes". El comercio puede realizarse: a) dentro del mercado: a) en un mercado para los consumidores, normalmente en presencia de las mercancías (comercio al por menor de mercado); ~) en un mercado para economías lucrativas: aa) en presencia de las mercaderías (ferias); La mayor parte de las veces, aunque no necesariamente, en relación con las estaciones. ~~) en ausencia de las mercaderías (bolsas); Permanentemente la mayor parte de las veces, aunque no necesaria- mente. b) dentro de un círculo de clientes; para el abastecimiento de parroquia- nos fijos; que pueden ser: 128 CATEGORfAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA a) casas particulares (comercio al por menor para clientes); ~) empresas, y en este caso: ua) productores (mayoristas); ~~) detallistas; yy) otros distribuidores: de primera, segunda u otra mano dentro del gran comercio (comercio entre ma)'oristas). Teniendo en cuenta la localización de los bienes vendidos, el comercio puede ser: a) comercio internacional; b) comercio de plaza. El comercio puede imponer materialmente, a) su compra a las economías habitualmente proveedoras (V erlags- handel), o b) su venta a las economías habitualmente compradoras (monopolio co- mercial de distribución: Absatzmonopolhandel). El caso a está próximo a la forma de la industria a domicilio y son idén- ticos las más de las veces. El caso b es el del comercio materialmente "regulado" ( n9 4, b). La venta propia de los bienes es evidentemente elemento de toda explo- tación lucrativa sujeta al mercado, incluso de las que son primordialmente productoras. Esta venta no es empero "mediación" en el sentido de la defi- nición, en tanto que no existan determinados miembros de la administración especializados en esa tarea (por ejemplo, agentes de venta); es decir, en tanto que no exista un servicio profesional propio que tenga carácter comer- cial. El cálculo del comercio debe llamarse "especulativo" en la medida en que se orienta por probabilidades, la realización de las cuales se aprecia como "ca- sual" y en este sentido "incalculable", significando, por tanto, su explotación un "riesgo de azar". El tránsito del cálculo racional al especulativo (en este sentido) es enteramente fluido, pues ningún cálculo sobre el futuro puede estar asegurado de "azares" inesperados. La distinción sólo significa grados distintos de racionalidad. La especificación y especialización de servicios en el comercio tanto téc- nica como económicamente no ofrece ningún fenómeno especial. A la "fá- brica" corresponde -por la utilización más abundante de la especialización interna de servicios- el "gran almacén". § 29, a. Se llaman bancos a aquellas clases de explotaciones comerciales lucrativas que de modo profesional: a) administran o b) proporcionan- dinero. Respecto de a), administran dinero en servicio de: a) haciendas privadas (depósitos de patrimonio y para su administra- ción); ~) asociaciones políticas (operaciones de caja para los estados); y) economías lucrativas (depósitos de empresarios - cuentas corrientes de los mismos) . CONCEPTOS Y FORMA DEL COMERCIO 129 Respecto de b ), proporcionan dinero: a) para necesidades consuntivas aa) de personas privadas (crédito de consumo), ~~) de asociaciones políticas (crédito político); ~) para economías lucrativas aa) con fines de pago a tercero aa«) cambio de dinero, ~~~) giro o transferencia bancaria, ~~) como anticipo a clientes de pagos futuros; caso principal el descuento bancario; yy) para fines de crédito de capital. Es formalmente indiferente l. que este dinero que se adelanta, presta o se pone a la disposición de una persona a la vista (cuenta corriente) sea propio, así como el que se dé con prenda u otras garantías por parte de los que necesitan el dinero, o que 2. por aval o de cualquier otro modo se dé ocasión a otros para conce- derlo en crédito. De hecho las economías lucrativas de los bancos se dirigen a obtener ga- nancia mediante la concesión de créditos con medios que les han sido otor- gados a ellos en la misma forma. El dinero dado en crédito puede procurárselo el banco: o l. del metal pOnderal o de la provisión de monedas adquiridas a crédito de los centros de emisión existentes, o bien 2. por propia creación de a) certificados (dinero bancario), ~) medios de circulación (billetes), o bien 3. de los depósitos de otros instrumentos monetarios acreditados a su fa- vor por personas privadas. En cualquier caso en que el banco a) acepte créditos, o b) cree medios de circulación está obligado, en cuanto explotación racional, a la "cobertura", es decir, a tener dispuesta una cantidad suficientemente grande de dinero para sus obli- gaciones de pago o a la exacta medición correspondiente de los plazos de "liquidez" de sus propios créditos; o sea, a cuidar de su capacidad de poder hacer frente a las exigencias nor7TU1les de pago. Por regla general (no siempre) las regulaciones impuestas por asociacio- nes (guildas mercantiles o asociaciones políticas) cuidan de la observancia de las normas de liquidez cuando se trata de aquellos bancos que emiten dinero (billetes). Estas regulaciones suelen estar orientadas al mismo tiempo por este fin: proteger en lo posible al sistema monetario elegido para un determinado territorio frente a variaciones en el valor material del dinero, asegurando de esta suerte los cálculos económicos (formalmente) racionales de las haciendas -y de la asociación política en primer lugar- y de las economías lucrativas contra "perturbaciones" derivadas de irracionalidades (materiales); en particular suelen cuidar, en lo hacedero, de que el dinero del 130 CATEGOlÚAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA país conserve un precio estable en relación con el dinero de otros países con los que existen o se desea que existan relaciones comerciales y de crédito ("paridad valutaria", "curso estable"). La política dirigida contra las irracio- nalidades del sistema monetario se llama (siguiendo aG. F. Knapp): política lítrica. En el caso del "estado de derecho" puro (estado de laissez.-faire) es ésta en absoluto la más importante medida de política económica aceptada por él de modo típico. En forma racional es enteramente peculiar del es- tado moderno. Las medidas de la política china referentes a las monedas de cobre y al papel moneda, asi como la política monetaria de los antiguos romanos, serán conside- radas en el lugar adecuado. No constituyen una política lítríca en el sentido moderno. Sólo la política de dinero bancario de las guildas chinas (modelo de la política hamburguesa del marco bancario) fueron racionales .cu nuestro sentido. Se llaman negocios financieros a todos aquellos -los realicen bancos u otras personas (en forma de lucro ocasional, como profesión privada acce- soria, o como elemento de la política de especulación de un "financiero")- orientados por la disposición respecto de probabilidades lucrativas de empresa, realizada en forma tal que pueda obtenerse un beneficio: a) por la transformación en "valores" de lOs derechos a las probabilidades lucrativas apropiadas (comercialización) y por la adquisición de los mismos, directamente o a través de las empresas "financiadas" de que se trata en e; b) por la oferta sistemática (y eventualmente: denegación) de crédito lucrativo; e) forzando (sea en caso de necesidad o a voluntad) a la unión de cm- presas hasta entonces concurrentes a) en el sentido de una regulación monopolista de empresas de igual rango (cartelización), o ~) en el sentido de una unión monopolista de empresas hasta enton- ces concurrentes bajo una dirección, con el fin de eliminar las menos rentables (fusión), o y) en el sentido de una unión (no necesariamente monopolista) de empresas sucesivas -o sea, especializadas en gradación- en una combinación, o ll) en el sentido de pretender dominar desde una posición (trusts), por medio de operaciones de valores, empresas gigantescas y -de que- rerlo- de crear con arreglo a plan otras nuevas, con fines de ga- nancia o exclusivamente de poder (financiación en el sentido anterior). Los "negocios financieros" se hacen a menudo por los bancos y por lo regular, frecuentemente de modo inevitable, con su cooperación. Pero la dirección recae a menudo en bolsistas (Harriman) o en grandes empresarios industriales (Carnegie): en los cártels recae también frecuentemente en grandes empresarios (Kirdorf, etc.) y en los trusts en financieros (Grould, Rockefeller, Stinnes, Rathenau). Más detalles, infra. RACIONALIDAD }"ORMAL DEL CÁLCULO DE CAPITAL 131 § 30. El grado máximo de racionalidad formal del cálculo de capital en las empresas de producción se alcanza cuando se dan estos supuestos: l. Apropiación completa por los propietarios de todos los medios mate- riales de producción y ausencia completa de apropiación formal de las pro- babilidades lucrativas en el mercado (libertad en el mercado de bienes). 2. Autonomía plena en la selección por los propietarios de la dirección, o sea ausencia completa de apropiación formal de la dirección (libertad de empresa). 3. Ausencia completa de apropiación por los trabajadores tanto de los puestos de trabajo como de las probabilidades lucrativas y, al contrario, ausen- cia de apropiación de los trabajadores por el propietario (trabajo libre, liber- tad en el mercado de trabajo y libertad en la selección de los trabajadores). 4. Ausencia completa de regulaciones de consumo, producción o precio o de otras ordenaciones que limiten el pacto libre de las condiciones de cam- bio (libertad contractual económica en sentido material) . 5. Calculabilidad plena de las condiciones técnicas de producción (téc- nica mecánica racional). 6. Calculabilidad plena en el funcionamiento del orden jurídico y ad- ministrativo y garantía formal, merecedora de confianza, de todos los pacto:) por el poder político (administración racional formal y derecho racional formal). 7. Separación lo más completa posible entre la explotación y su desti- no, por una parte, y la hacienda y el destino del p;Itrimonio, por otra; y particularmente entre el capital de la empresa y su conservación y el patri- monio del propietario y sus peripecias a través de la herencia. Este sería, en general, el caso formalmente óptimo para las grandes empresas: 1) reela- boradoras de materias primas, de transporte y de minería, en la forma de sociedades por acciones libremente enajenables y garantía de capital sin responsabilidad personal, 2) en la agricultura, en la forma del arriendo a largo plazo (relativamente). 8. Ordenación del sistema monetario en la forma más formalmente racio- nal posible. Sólo necesitan aclaración unos pocos puntos (por lo demás, ya antes tratados). l. Respecto del n9 3. El trabajo servil (especialmente la esclavitud plena) otorgaba una disposición sobre el trabajador formalmente más ilimitada que su ocupación por un salario. Sólo que a) la necesidad de capital exigida en invrniones en propiedad humana para la compra y alimentación de los esclavos es mucho mayor que en el caso de trabajo por salario; b) el riesgo del capital in- ,·ertido en hombres era específicamente irracional (condicionado más frecuente- mente que en el caso de trabajo por salario por circunstancias extraeconómicas de toda especie, pero especialmente y en grado sumo por factores políticos); e) el balance del capital en esclavos era irracional por consecuencia del carácter inestable del mercado de esclavos y de las fluctuaciones en el precio que eran su resultado; d) por iguales causas era irracional ante todo: su complemento y reclutamiento (politicamente condicionado); e) en caso de tolerar la existencia de familias de esclavos la utilización de los mismos se gravaba con los costos de sostenimiento, y especialmente con los costos de mantenimiento de mujeres y 132 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA YIDA ECONÓMICA niños, para los cuales no existía en si una utilización racional como mano de obra; f) la utilización plena de los servicios de los esclavos sólo era posible en caso de ausencia de familia y de disciplina sin miramientos, que todavía in- tensificaba en su irracionalidad el alcance del factor considerado en la letra e; g) no era posible la utilización del trabajo servil en caso de herramientas y aparatos que exigieran propia responsabilidad e interés propio, como toda la experiencia conocida nos demuestra; h) faltaba sobre todo la posibilidad de selección: aceptación en virtud de prueba con las máquinas, y despido en caso de fluctuaciones de la coyuntura o de desgaste. Sólo en caso de a) posibilidad de una alimentación muy barata de los escl<J- vos; b) abastecimiento regular del mercado de esclavos; e) cultivos de plantación o manipulaciones industriales muy sencillas, han sido rentables las explotacio- nes con esclavos. Los ejemplos más importantes de esta utilización han sido las plantaciones cartaginesas, romanas, algunas coloniales, las norteamericanas y las "fá· bricas" rusas. El agotamiento del mercado de esclavos (por la pacificación del Imperio) produjo la contracción de las plantaciones del mundo antiguo; una cir- cunstancia análoga condujo en Norteamérica a la busca permanente de nuevas tierras más baratas, puesto que no era posible junto a la de los esclavos una renta de la tierra; en Rusia las "fábricas" con esclavos difícilmente podían sostener la concurrencia del Kustar (industria rural a domicilio) y en modo alguno la de las fábricas con trabajo libre, así es que antes de la emancipación pedían ya continua- mente el permiso de liberación de los trabajadores, desapareciendo con la introduc- ción del trabajo de taller libre. En caso de trabajo asalariado: a) el riesgo del capital y la inversión del capital son menores; b) recae sobre el obrero el gasto de la reproducción y la crianza de los hijos; y su mujer e hijos tienen que "buscar" trabajo por su parte; e) por consiguiente, el temor al despido hace posible la obtención del óptimo en el trabajo; d) existe selección a tenor de la disposición y capacidad para el trabajo. 2. Respecto al punto n9 7. La separación en Inglaterra de las explotacio- nes de arriendo ron cálculo de capital de la propiedad territorial vinculada fideicomisariamente no es algo casual, sino expresión del desarrollo que venía alll produciéndose desde hace siglos (por ausencia de protección al campesino, consecuencia de la situación insular). Toda unión de la propiedad del suelo con su cultivo transforma al suelo en un bien de capital, aumenta por eso la necesidad y el riesgo de capital, impide la separación entre hacienda y explo- tación (las indemnizaciones hereditarias gravan a la explotación en forma de deudas), impide la libertad de movimiento del capital de los cultivadores, y grava por último el cálculo de capital con partidas irracionales. Formalmente corresponde, pues, la separación de la propiedad y el cultivo a la racionalidad de las explotaciones con cálculo de capital (la valoración material del fenóme- no es cosa aparte y puede ser muy diferente según los puntos de ,·ista que se adopten) . § 31. Dentro de la orientación "capitalista" por el lucro (que en el caso racional implica la utilización del cálculo de capital) se dan diversas direc- ciones típicas muy diferentes entre sí. Esas direcciones son las siguientes: l. a) Orientación por las probabilidades de rentabilidad ofrecidas por la dedicación continuada a la compra y venta de mercaderías en un mercado libre (comercio); es decir, por la dedicación a un tipo de intercambio que "formalmente" no se encuentra impuesto y que "materialmente" es por lo ORIENTACIÓN CAPITALISTA DEL LUCRO 133 menos relativamente voluntario. b) Orientación por las probabilidades de rentabilidad ofrecidas por las explotaciones que de un modo continuo y con cálculo de capital se dedican a la producción de bienes. 2. Orientación por las probabilidades lucrativas ofrecidas a) por el co- mercio y especulación con el dinero, b) por la aceptación de prestaciones de pago de toda especie y la creación de instrumentos de pago. e) Orien- tación por las probabilidades lucrativas ofrecidas por la dedicación profe- sional a la concesión de créditos, a) bien para fines de consumo, {3) ya para fines lucrativos. 3. Orientación por las probabilidades lucrativas ofrecidas con carácter de botín a través de detemlinadas asociaciones o personas políticas o políti- r.amente orientadas: financiamiento de guerras o revoluciones y financia- mientos hechos a los jefes de partido por medio de préstamos y de sumi- nistros. 4. Orientación por las probabilidades lucrativas duraderas ofrecidas por una situación de dominación garantizada por el poder político: a) de tipo colonial (beneficios realizados en plantaciones con suministros o trabajo~ coactivos; beneficios realizados por medio de un comercio monopolista y obligatorio); b) de tipo fiscal (beneficios realizados por medio de tributos y cargos lo mismo en la metrópoli que en las colonias). 5. Orientación por las probabilidades lucrativas ofrecidas por la presta- ción de suministros extraordinarios a determinadas asociaciones políticas. 6. Orientación por las probabilidades lucrativas ofrecidas en una u otra de estas situaciones: a) transacciones puramente especulativas en mercade- rías tipificadas o valores que representan participaciones en empresas; b) gestión permanente de las obligaciones de pago de las asociaciones públicas; e) creación de empresas en la forma de venta de valores a los inversionis- tas; d) financiación especulativa de empresas capitalistas y de asociaciones económicas de toda especie con fines de poder o de regulación de su ren- tabilidad. Los casos comprendidos en los números 1 y 6 son singularmente pecu- liares del Occidente. Los demás casos (2-5) se han ofrecido por todo el mundo desde hace miles de años, a1lí donde hubo posibilidades de econo- mía monetaria y de tráfico (caso 2) o posibilidades de financiamientos en dinero (casos 3-5). La importancia que estos casos tuvieron en la Antigüe- dad como medios de lucro, se alcanzó en Occidente sólo en forma local y temporal (en tiempos de guerra especialmente). Las formas lucrativas que representan se contrajeron por doquier cuando tuvo lugar la pacifica- ción de grandes áreas geográficas (imperios unitarios: China y la Roma postrera), pues en tales circunstancias sólo quedaban como posibilidades el comercio y el negocio de dinero (caso 2). Cosa perfectamente compren- sible, ya que el financiamiento capitalista de la política fue por todas partes producto a) de la concurrencia de los estados por el poder y, condicionado por esto, b) de la concurrencia entre ellos por el capital disponible. Con- currencia que termina naturalmente con la fom1ación de los grandes im- perios unitarios. 134 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA Hasta donde a mí se me alcanza, el análisis más claro desde este punto de vista ha sido realizado por J. Plenge (Von der Diskontpolitik zur Herr- schctft über den Geldmarkt, Berlín, 1913). Anteriormente sólo se encuentra en mi artículo "Agrargeschichte, Altertum", publicado en el HW. d. StW., 311- ed., vol. x [1909]. únicamente ha sido nuestro Occidente en donde se han conocido las explotaciones racionales capitalistas con capital fiio, trabajo libre y una es- pecialización y coordinación racional de ese trabajo, así como una distribu- ción de los servicios puramente económica sobre la base de economías lu- crativas capitalistas. Es aquí únicamente donde se ha dado, como forma típica y dominante de la cobertura de las necesidades de amplias masas, la organización del traba;o de carácter formalmente voluntario, con obreros expropiados de los medios de yroducción y con apropiación de las empresas por parte de los poseedores de los valores industriales. Unicarnente en nues- tro Occidente es donde se conocieron el crédito público en la forma de emisión de valores rentables, la comercialización de efectos y valores, los negocios de emisión y financiamiento como objeto de explotaciones racio- nales, el comercio en bolsa de mercaderías y valores, los mercados de dinero y de capitales, y las asociaciones monopolistas corno forma de organización racional y lucrativa de empresas de producción (no tan sólo de empresas comerciales). Esta distinción histórica exige una explicación, la cual no puede ser ofre- cida si nos apoyarnos meramente en causas económicas. Los casos 3-5 cons- tituyen en conjunto formas del capitalismo de orientación política. Todo lo que después se expondrá vale ante todo para esta cuestión. Mas ahora sólo cabe decir, en términos generales, lo que sigue: l. Una cosa es por lo pronto clara. Es ésta: que desde el punto de vista económico o de la orientación por las probabilidades de mercado (es decir, desde la perspectiva de la satisfacción de necesidades de las unidades de consumo) todos aquellos procesos de orientación política que ofrecen tales posibilidades lucrativas son irracionales. 2. No menos notorio es que las probabilidades meramente especulativas (2, a y 6) y el crédito puramente de consumo (2, b, a) son irracionales con respecto a la cobertura de necesidades y la producción de bienes porque están condicionados por constelaciones de propiedad o de mercado por en- tero problemáticas; y también el que asimismo puedan ser irracionales, aun- que no tengan que serlo necesariamente, las probabilidades ofrecidas por financiamiento y creación financiera de empresas (6, b, e, y d). Junto a lo que representa por sí misma la empresa capitalista racional, son características propias de la economía moderna: 1) el modo de ordena- ción del sistema monetario, y 2) la manera de la comercialización de efectos y valores. Ambas cosas van a ser examinadas aquí en su peculiaridad. Em- pecemos por lo pronto con el sistema monetario. § 32. l. El estado moderno ha hecho suyo a) sin excepción: el monopolio de la ordenación jurídica del ¡Jinero; SISTEMA MONETARIO DEL ESTADO MODERNO 135 b) por regla general: el monopolio de la creación del dinero (emisión del dinero), al menos por lo que hace al dinero metálico. l. En este proceso de monopolización fueron decisivas al pnnc1p10 causas puramente fiscales (braceaje, y otros resultados de la acuñación). De esto pro- viene ante todo -aspecto de que no vamos a tratar ahora- la prohibición del dinero extranjero. 2. El monopolio de la creación del dinero no ha si~o general sino hasta los tiempos modernos. (En Bremen circulaban monedas extranjeras como di- nero corriente hasta la reforma monetaria.) Además, e) este estado, por causa de la significación creciente de sus tributos y d;; sus empresas económicas propias, ha sido a) el mayor perceptor de pagos y ~) el mayor pagador, ya a través de sus propias cajas o bien mediante las establecidas para llc\·ar su contabilidad (ambas conjuntamente llámanse: "cajas regiminales"). Haciendo caso omiso de los puntos a y b, y según lo dicho en el punto e, ha sido de una significación decisiva para el sistema monetario moderno el comportamiento de las cajas de estado con relación al dinero y, sobre todo, la cuestión de cuál era la clase de dinero de que efectivamente y de hecho ( regiminal) l. podían disponer, es decir, entregar, o 2. imponer forzosamente al público, como dinero legal; y por otra parte, cuál era la clase de dinero que de hecho (regí minal) podían l. aceptar, o 2. repudiar, en todo o en parte. Por ejemplo: se repudia en parte el papel moneda cuando se exige el pago de las aduanas en oro; fueron repudiados totalmente los asignados de la Revo- lución francesa, el dinero de los estados secesionistas y las emisiones del gobier- no chino durante la rebelión de Taiping. Sólo puede definirse el dinero como legal cuando se trata de un "medio de pago establecido por la ley" que todo el mundo -y sobre todo las cajas del estado- está "obligado" a aceptar y dar, sea ilimitadamente o en una cierta cantidad. Llámase regiminal a aquel dinero que las cajas del gobier- no aceptan e imponen; dinero legal obligatorio o irrecusable es especial- mente el dinero que las citadas cajas imponen. El hecho de imponer un dinero como "forzoso" a) puede ocurrir en méritos de una autorización o atribución legal dada de antemano para los fines de la política del sistema (los táleros v las p_iez_as de cinco fra~cos después de i~troducirse la acuiiación de la plata; SI bien, como es sabido, esto no tuvo exito); b) o bien puede tener lugar por causa de incapacidad de pago en otros medios; situación que conduce 136 CATEGORfAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓ:MICA a) a que sea ahora cuando tenga que hacerse uso regiminal de la citada autorización legal, o ~) a que tenga que otorgarse ad hoc una autorización formal (legal) para la imposición de un nuevo medio de pago con carácter for- zoso (lo que sucede casi siempre en el tránsito al papel moneda). En este último caso (b, ~) el proceso es, por lo regular, el siguiente: que un medio de circulación hasta ese momento (legalmente o de hecho) con- vertible y aunque hubiera podido tener antes el carácter de forzoso se trans- forma ahora en efectivamente forzoso y queda como inconvertible de un modo efectivo. Un estado puede legalmente declarar "medio legal de pago" a una espe- cie cualquiera de objetos, y asimismo declarar "dinero", en el sentido de "medio de pago", a cualquier 0bjeto carta!. Pudiendo incluirlo, cuando se trata de dinero de tráfico (Verkehrsgeld), dentro de las tarifas de valor que crea oportuno: las llamadas tablas de equivalencia (Wiihrungsrelationem). Hay perturbaciones formales del sistema monetario legal en que el estado muy difícilmente o en modo alguno puede hacer algo; así: a) tratándose de dinero administrativo: la supresión de la falsificación, que es entonces sobremanera rentable; b) tratándose de dinero metálico de todas clases, a) la utilización extramonetaria del metal como materia prima en caso de que los productos alcancen un precio muy elevado; y esto muy en particular cuando el metal de que se trate está en una relación desfavorable dentro del sistema (vide, y); ~) la exportación a otros territorios con una relación de valor más fa- vorable (en caso de dinero de tráfico); y) la oferta para su acuñación del metal patrón legal, caso de haber sido tarifado demasiado por lo bajo, respecto del precio del mer- cado, el dinero metálico en su relación con el dinero corriente (me- tálico o papel moneda). Tratándose de papel moneda, una tarifa que declare a un nominal metálico como de igual valor que el nominal papel del mismo nombre será siempre demasiado desfa- vorable para el dinero metálico cuando se suspenda la convertibi- lidad del medio de pago; ya que esto último tiene lugar en caso de incapacidad de pago en dinero metálico. Las relaciones de valor entre distintas especies de dinero metálico de tráfico pueden determinarse: l. por fijación de las cajas en el caso concreto (sistema paralelo libre), 2. por tarifa periódica (sistema paralelo periódicamente tarifado), 3. por tarifa legal permanente (plurimetalismo: por ejemplo, bimetalismo). En las situaciones de los números 1 y 2 lo regular es que tan sólo un metal sea el regiminal y patrón efectivo (en la Edad Media: la plata) y que el otro sea una moneda comercial con curso de caja (ducados, Fríedrísch d'or). Una distinción absoluta en la utilización específica del dinero de tráfico es cosa rara en los sistemas monetarios modernos, pero fue frecuente en tiempos an- teriores (China, Edad Media) . SISTEMA MONETARIO DEL ESTADO MODERNO 137 2. La definición del dinero como medio de pago y creación legal de la administración lítrica (de medios de pago) no puede considerarse agotadora desde el punto de vista sociológico. Parte del hecho de la "existencia de deudas" (G. F. Knapp), particularmente deudas tributarias debidas al esta- do y deudas de intereses debidas por el estado. Para su liquidación legal rige un nominal fijo (aunque entretanto haya variado la materia del dinero) o, en caso de variación de ese nominal, la llamada "definición histórica". Pero además de esto el particular aprecia hoy la unidad nominal del dinero como una parte alícuota de su ingreso nominal de dinero y no c;omo pieza cartal, sea metálica o natal. El estado, por medio de su legislación y de sus funcionarios, puede en todo caso dominar de modo formal el sistema monetario vigente en su te- rritorio merced a su comportamiento ( regiminal) de hecho. Esto último cuando el estado opera con medios administrativos modernos. China, por ejemplo, no lo pudo hacer. Ni en otros tiempos ni tampoco moder- namente. Antes, porque los pagos tanto "apocéntricos" como "epicéntricos" (pagos de las cajas del estado y pagos a las mismas), eran demasiado insigni· ficantes en relación al tráfico total. Y tampoco recientemente, puesto que al parecer no consiguió hacer de la plata un dinero interior con reserva oro, ya que sus medios de poder eran insuficientes para impedir la falsificación casi segura en tales circunstancias. Ahora bien, el hecho es que no sólo existen deudas (anteriormente con- traídas) sino asimismo cambio efectivo y contracción de nuevas deudas para el futuro. De esto deriva la orientación primaria por la posición del dinero como medio de cambio -lo cual significa lo siguiente: orientación por la probabilidad de que en lo futuro podrán tomarse en cambio especies inde- terminadas de bienes por otras especies, ya determinadas o pensadas como indeterminadas, en una relación de precio (relación evaluada de un modo aproximado). l. Es cierto que en determinadas circunstancias esa orientación puede diri- girse también primariamente por la probabilidad de que deudas apremiantes, tanto del estado como de los particulares, puedan ser cubiertas con ingresos. Empero, este caso no nos debe ocupar aquí, puesto que supone un "estado de necesidad". 2. Es en este punto donde comienza el aspecto incompleto o insatisfactorio de la teoría estatal del dinero de Knapp, en todo lo demás tan certera como brillante y definitivamente fundamental. Es verdad que el estado, por su parte, necesita, además, del dinero -<li- nero que adquiere mediante exacciones y otras medidas- no sólo como me- dio de cambio sino también muy frecuentemente para pago de intereses de- bidos. Empero, sus acreedores pretenden aun en ese caso utilizarlo como medio de cambio y lo desean en esa cualidad. Y casi siempre el mismo es- tado también lo desea como medio- de cambio -con frecuencia sólo como tal- para cubrir en el mercado (en economía de cambio) sus exigencias o 138 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓ~liC.\ necesidades. Por consiguiente, por muy destacable que sea en la construc- ción del concepto la cualidad de medio de pago, esto no es lo definitivo. La probabilidad de cambio de un dinero con respecto de otros bienes de- terminados, que descansa en su valor en relación con los bienes del mercado, debe denominarse validez material (frente: l. a la validez legal formal como medio de pago y frente: 2. a la coacción iq;al frecuentemente existente que obliga a la utilización formal de un dinero como medio de cambio). La estimación material del dinero sólo se da como hecho concreto determi- nable: 1) en relación con determinadas clases de bienes, y 2) para cualquier particular como estimación suya a base de la utilidad marginal que para él tiene el dinero (a tenor de sus ingresos). Esta se desplaza naturalmente -para el particular- con cada incremento de la masa de dinero a su dis· posición. En primer lugar, para el centro de emisión mengua o disminuye la utilidad marginal del dinero, en el caso, sobre todo, aunque éste no sea único, en que crea dinero administrativo, utilizándolo como medio de cam- bio "apocéntrico" o imponiéndolo como medio de pago. En segundo lugar, disminuye, asimismo, para aquellos contratantes con el estado en cuyas ma- nos se pone un incremento de la cantidad de dinero como consecuencia del alza de precio que en esta situación se les concede (con arreglo a la rebajada estimación de la utilidad marginal por la administración del esta- do). La "capacidad de compra" así adquirida por ellos -es decir, la baja en la utilidad marginal del dinero ahora existente para estos poseedores- puede tener de nuevo como consecuencia que acepten precios más altos en sus compras, etc. Por el contrario, en caso de que el estado retenga en parte el dinero notal afluyente a sus cajas -es decir, que no lo emplee de nuevo (y lo destruya)-, tendrá que limitar sus gastos de acuerdo con el aumento de la utilidad marginal de sus disminuidas provisiones de dinero, y rebajar de igual modo sus ofertas de precios. En este caso las consecuen- cias serían las inversas. Desde el punto de vista de la economía de cambio y dentro de un dominio monetario singular, el dinero administrativo puede operar como un factor en la formación de los precios, aunque no de una manera exclusiva. Respecto de qué bienes y en qué lapso es cosa que no corresponde diluci- dar ahora. 3. Desde una perspectiva universal, un abaratamiento o incremento en la producción del metal patrón o a la inversa su encarecimiento o reducción pudieran tener consecuencias semejantes para todos aquellos países que lo utilizaran como dinero de tráfico. La utilización monetaria y extramone- taria del metal se dan conjuntamente. Pero sólo en el caso del cobre (China) fue por algún tiempo decisi\•a la utilización extramonetaria par::t la deter- minación de su valor. Tratándose del oro, la valoración equivalente con la unidad monetaria oro nominal, deducidos los gastos de acufiación, se tiene: como algo evidente por sí mismo en la medida en que el dinero es medio de pago intervalutario y, al mismo tiempo, como ocurre hoy, es dinero de tráfico en los ámbitos monetarios de los estados a la cabeza del comercio. SISTEMA MONETARIO DEL ESTADO MODERNO 139 Tratándose de la plata, y en igual caso, sucedió y sucede lo mismo. Un metal que no sea medio de pago intervalutario pero que tenga el carácter de dinero de tráfico entre algunos países, será valorado naturalmente como nominalmente igual a la unidad nominal del dinero allí existente -pero éste, por su parte, posee una relación intervalutaria variable según cantidad, costos de aleación y a tenor de la llamada "balanza de pagos" ("pantopó- lico"). Finalmente, aquel metal noble que se utiliza ciertamente comrJ universal para la acuñación regulada (es decir, limitada) de dinero admi- nistrativo, pero que no sea dinero de tráfico (sino interior; véanse los si- guientes párrafos), se valora por completo en primer lugar por su valor extramonetario. El problema es siempre éste; saber si el metal de que se trata puede ser producido en forma rentable y en qué cantidades. En caso de desmonetización plena la solución se orienta únicamente por la relación d:: los costos del dinero, valorados en el medio de pago intervalutario, res- pecto de la utilización extramonetaria. En caso de utilización como dinero de cambio universal y medio de pago intervalutario, la orientación se encuen- tra en las relaciones, como es natural, entre los costos y la utilización mone- taria en primer lugar. Finalmente, en caso de utilización como dinero de tráfico particular o como dinero administrativo, la solución se guía a la larga por aquella demanda que, expresada en el medio de pago intervalutario, supere con exceso a los costos. Esto hará difícil a la larga la utilización monetaria tratándose de dinero de tráfico particular, ya que la relación inter- valutaria del territorio en que sólo impere el dinero de tráfico particular mostrará a la larga para éste una tendencia a la baja, que sólo en caso de una limitación de la cantidad de dinero dejará de repercutir en los precios interiores (China y el Japón en otros tiempos; hoy todos los territorios cerra- dos entre sí por causa de guerra). También en el caso de simple utilización como dinero administrativo regulado esta fom1a de utilización monetaria (V erwertunsgelegenheit) fijamente delimitada sólo sería codeterminante de modo decisivo de darse tasas de acuñación sobremanera elevadas, pero para terminar luego -por causas iguales a las del caso de acuñación libre particu- lar- en forma semejante. El caso límite teórico de monopolización de toda la producción del metal y de su elaboración -monetaria y no monetaria- (como ocurrió durante algún tiempo en China), en caso de competencia entre varios ámbitos monetarios y empleo de asalariados, no abre tantas perspecti,·as nuevas como quizá se creyó. Pues cuando para todos los pagos "apocéntricos" se empleara el dinero metálico en cuestión, en todo intento de limitar la monetización (Ausmünzung) o de valorizarla mur alta para fines fiscales (ya que pudiera ser buscada en este caso una ganancia apreciable) tendría lugar lo sucedido con las elevadas tasas de acuñación chinas. El dinero sería muy caro, en relación con el metal en primer lugar y, por consi- guiente, la producción minera (con obreros asaldriados) sobremanera no rentable. Con limitación creciente se producirla por el contrario el efecto de una deflación (contracción) y este proceso continuaría (como en China, en donde llevó tent- poralmente a la plena acuñación libre) hasta pasar a la existencia de sustitutos del dinero y a la economía natural (como fue en China la consecuencia). Con- tinuando la economía de tráfico, la administración lítrica no podría proceder en HO C:ATEGORÍ.\S SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA forma distinta a la larga a como lo h<uía en caso de existir "acuñación libre" -sólo que dejaría de dominar la actividad de los "interesados", sobre cuya significación se hablará luego. En caso de socialización plena se terminaría con el problema del "dinero" y difícilmente serían objeto de producción los metales nobles. 4. La posición de los metales nobles en su calidad normal de patrón de Hn sistema y como materiales del dinero, se deriva, desde el punto de vista histórico, de su función de adorno y de su carácter de ser un bien típico para fines de regalo; pero aparte de su cualidad puramente técnica, aquella posición está, asimismo, condicionada por la propiedad de estos metales de poder ser cambiados atendiendo a su peso. Su permanencia en esta función no es cosa evidente por sí, ya que tratándose del tráfico actual lo normal, en pagos. que exceden la cantidad de cien marcos (del valor de antes de la guerra) es que se pague y se desee el pago en instrumentos notales (billetes de banco especialmente); en todo caso, sin embargo, aquella posición se debe :1 poderosos motivos. 5. También la emisión del dinero notal en todos los estados. modernos no sólo está ordenada legalmenle sino monopolizada por el estado, bien en propia régie o por uno o varios institutos de emisión (bancos de emisión) privilegiados, regulados por la ley y controlados por el estado. 6. Debe llamarse tan sólo dinero corriente regiminal a aquel al que las citadas cajas imponen de facto carácter forzoso; en cambio, debe denomi- narse dinero accesorio a aquel cuyo carácter forzoso en el tráfico entre par- ticulares no deriva de la conducta de hecho de las mencionadas cajas sino de la declaración del derecho formal. Debe llamarse dinero divisionario al dinero que sólo tiene carácter forzoso en el tráfico entre particulares hasta un cierto monto determinado por disposición legal. Esta terminología se apoya en los conceptos de Knapp y lo mismo ocurre en lo que sigue. Debe 11amarse dinero corriente definitivo al dinero corriente regiminal; y provisional al dinero que en todo tiempo pueda hacerse efectivo de hecho (cualesquiera que sean las cajas) mediante su reembolso o cambio en aquel dinero invariable. 7. El dinero corriente regiminal tiene que equipararse naturalmente a la larga al efectivo; no así el dinero corriente "oficial", sólo válido por disposi- ción legal y que difiere del anterior. Como antes se dijo (§ 6) el dinero corriente efectivo es, o 1) dinero de tráfico libre, o 2) dinero administrativo regulado, o 3) dinero administrativo no regulado. Las cajas del estado no pagan según decisión libérrima, orientadas por el sistema monetario que les parezca idealmente mejor, sino de acuerdo con el que les impongan 1) sus propios intereses financieros, o 2) los intereses de clases lucrativas poderosas. El dinero efectivo propio del sistema puede ser, a tenor de su fornu cartal: A. Dinero metálico. Sólo el dinero metálico puede ser dinero de tráfico libre. Pero en manera alguna tiene esto que ser así necesariamente. SISTEI\[A MONETARIO DEL ESTADO \lOOF.l\1':0 141 f:ste es: I. Dinero de tráfico libre cuando la administración lítrica aetu1a toda cantidad del metal patrón que se le presente o la cambia por piezas cartalcs (monedas); esto se denomina: hilodromía. Según sea la especie de met<1l fino, el sistema del dinero de tráfico libre será uno de patrón oro, plata o cobre. El hecho de que la administración lítrica logre mantener la hilodro- mía de un modo efectivo no depende de su decisión libérrima sino de que existan gentes interesadas en la acuñación. a) La hilodromía puede, pues, existir oficialmente sin ser efectiva. A te- nor de lo dicho, no es efectiva a pesar de su existencia oficial: aa) Cuando de existir hilodromías legales para varios metales, uno (o algunos) de éstos está tarifado demasiado por lo ba¡o en relación con el precio que el metal bruto tenga en ese momento en el mercado. Pues entonces los particulares sólo ofrecerán para su acuñación el metal tarifado demasiado por lo alto, y éste será el que los deudores empleen en sus pagos. Cuando las cajas públicas lo recogen o reti- ran se "estanca" en ellas ese dinero, pero sólo por el tiempo en que puedan disponer de otros medios de pago. En caso de una interven- ción de precios suficiente (preissperrung) pueden fundirse las mone- das del metal tarifado demasiado bajo o venderse al peso como mercaderías contra las monedas del metal tarifado demasiado alto. bb) Cuando los pagadores, pero más especialmente las cajas del estado (ver aa) en situación de necesidad, hacen uso continuado y en masa de un derecho que les fuera formalmente otorgado o de un derecho usurpado e imponen con curso forzoso otro medio de pago, metálico o notal, que no sólo no es dinero provisional sino que ni siquiera fue 1) accesorio o 2) provisional, pero que aparece como inconvertible en lo sucesivo por consecuencia de incapacidad de pago del instituto de conversión. La primitiva hilodromía deja de existir en el caso aa) siempre, y en los bb) n<? 1 y especialmente en el n9 2 cuando ocurra una imposición de curso forzoso, duradera y vigorosa, de las especies de dinero accesorias o en su caso de las que dejaron de ser provisionales de modo efectivo. En el caso aa) aparece exclusivamente una hilodromía del metal super- tarifado, el cual es ahora el único dinero de tráfico libre; por consiguiente, se trata de un nuevo sistema metálico (de dinero metálico); en los casos bb) el metal "accesorio" -o respectivamente el dinero nota} que ha dejado de ser provisional de modo efectivo- se convierte en dinero propio del sis- tema (Wiihrungsgeld) (en el caso del n9 1: dinero interior; en el caso del n9 2: sistema de papel moneda, Papiergeldwiihrung). b) La hílodromía, por otra parte, puede ser "efectiva" sin terier una "va- lidez oficial" en virtud de disposición legal. Ejemplo: La concurrencia, condicionada por motivos fiscales (intereses de braceaje), existente entre los señores medic\':Jles por acuñar en lo posible el metal monetario únicamente, aunque no existía todavía una hílodl'omía formal. Esto no obstante, los efectos eran muy semejantes. 142 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA A tenor de lo dicho califícase de sistema legal monetario (W iihrungsrecht) monometalista a aquella situación en que únicamente un metal (oro, plata o cobre según el caso) es legalmente hilodrómico; se denomina sistema legal monetario plurimetalista (bi o trimetalismo) a la situación en que varios me- tales son legalmente hilodrómicos, dentro de una determinada relctción fija; llámase sistema paralelo a la situación en. que varios metales son legalmente hilodrómicos sin una relación monetaria fija. Sólo puede hablarse de metal del sistema y de sistema metal (oro, plata, cobre o paralelo) respecto, en cada caso, de aquel metal que sea hilodrómico de un modo efectivo; por consiguiente, que sea "dinero de tráfico" efectivo (sistema de dinero de tráfico). El bimetalismo existió "legalmente" en todos los estados de la Unión Mone- taria latina hasta la limitación de la acuñaCión libre de la plata después de la reforma monetaria en Alemania. Por regla general -pues la estabilización de la relación tuvo efectos tan fuertes que con frecuencia no se advirtió la variación, dominando así un "bimetalismo" efectiv(}-- el metal patrón efectivo fue en cada caso únicamente el metal tarifado demasiado por lo alto a tenor de las relaciones de mercado existentes y que era, por tanto, el único hílodrómíctJ. El dinero fa- bricado con el otro metal se transformó en "dinero accesorio". (En el fondo coincidimos en esto completamente con Knapp.) El "bimetalismo", por tanto -al menos en caso de concurrencia de varias soberanías monetarias autocéfalas y autónomas-, es siempre una situación transitoria y regularmente, por lo de- más, una situación "legal" pero no efectiva. El hecho de que el metal valorado demasiado por lo bajo no sea llevado a los centros de acuñación no implica, naturalmente, una situación "regiminal" ( deter- minada por virtud de medidas administrativas), sino una consecuencia de la si- tuación del mercado (supongamos: alterada) y de la subsistencia de las fijadas relaciones monetarias. Es cierto que la administración monetaria podría con pér- dida acuñar el dinero como "administrativo", pero no lo podrá mantener en el tráfico ya que la utilización extramonetaria del metal es más remuneradora. § 33. 11. Debe llamarse interior a todo dinero metálico no hilodrómico cuando es dinero corriente. El dinero interior circula, bien. a) como dinero "accesorio", es decir, tarifado en otro dinero corriente del mismo ámbito monetario; o sea aa) en otro dinero interior ~~) en un papel moneda yy) en un dinero de tráfico; ~) ya como dinero interior "orientado en forma intervalutaria". Ocurre esto cuando circula en efecto como el único dinero corriente en su territorio, pero se han tomado al mismo tiempo las disposiciones necesarias a fin de disponer de medios de pago intervalutarios (en forma de lingotes o monedas) para pagos en otros territorios (fondo de reserva intervalutario). Lo cual se denomina sistema de dinero interior intervalutarío (intervalutarischer Sperr- geldwiihrung). a) Debe llamarse dinero interior particular a aquél que siendo en efecto el único corriente, no est<\, sin embargo, orientado en forma intervalutaria. DINERO INTERIOR 143 El dinero interior puede estar tarifado bien ad hoc para el caso particular en el momento de la compra de los medios de pago íntervalutarios o "divisas", bien, en los casos admisibles, de un modo general y regiminal con relación al medio de pago intervalutario. (Respecto de a y b.) Los táleros y las monedas de plata de cinco francos fueron dinero interior ,-alutario, ambos en calidad de dinero "accesorio". Los guldens holandeses de plata están orientadas (en oro) en fonmt intervalutaria (esto, luego de que por breve tiempo tuvieron la consideración de dinero particu- lar por consecuencia de haberse prohibido la acuñación); también poseen hoy igual carácter las rupias. Los yuan (dólares) chinos a tenor de la ordenanza de 24 de mayo de 1910 habrían de tener el carácter de dinero particular en tanto que no exista realmente la hilodromía prevista en el estatuto (se rechazó una orientación intervalutaria tal como proponía la comisión norteamericana). (Por algún tiempo tuvieron ese carácter los gulden holandeses, ver supra.) Desde el punto de vista de las economías privadas de los poseedores del metal fino, la hilodromía en el caso del dinero interior sería muy remunera- dora. A pesar de eso (o mejor, por eso precisamente) se hace uso del cierre (Sperrung) con el fin de evitar que al introducirse la hilodromía del dinero que hasta ese momento había tenido carácter interior cese como no rentable la hilodromía del otro metal tarifado en una relación demasiado baja respecto del primero y no se apliquen a fines más rentables, fines cxtramonetarios, las existencias monetarias fabricadas con este metal, existencias de un dinero que en lo sucesivo aparece como dinero interior obstruido [ver, infra (b)]. Den· tro de una administración lítrica racional, la razón de que trate de evitar lo que acaba de indicarse es la siguiente: el que este otro metal es un medio de pago intervalutario. b) Debe denominarse dinero de tráfico obstruido (obstruirles V erkehrs- geld) a aquel que siendo dinero interior (corriente, por tanto) se encuentra en una situación que es cabalmente la contraria a la señalada en el caso de la letra a), o sea que existiendo acuñación libre, ésta, sin embargo, es irren- table desde el punto de vista económico privado y, en consecuencia, deja de llevarse a cabo de hecho. La irrentabilidad depende entonces bien a) de la existencia de una relación monetaria del metal respecto del di- nero de tráfico que es demasiado desfavorable teniendo en cuenta el precio en el mercado, ~) bien de una situación idéntica, pero con respecto al papel moneda. El dinero en cuestión fue alguna vez dinero de tráfico, pero luego diver- sas circunstancias hicieron irrealizable, desde un punto de vista económico privado, la posibilidad de una hílodromía efectiva. Tratándose del caso a) : existiendo plurimetalismo, por causa de altera- ciones de la relación de precios en el mercado. Tratándose del caso ~) : existiendo monometalismo o plurimetalismo, por causa de catástrofes financieras, que haciendo imposible para las cajas del- estado el pago en dinero metálico, las obligaron a imponer con curso forzoso dinero nota] y a suspender su convertibilidad_ El dinero de que se trata deja de emplearse en el tráfico (racionalmente al menos). e) Además del dinero corriente interior (llamado aquí "dinero interior" 144 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA simplemente) puede existir un dinero divisionario, metálico e interior; es decir, un dinero que como medio de pago posee una aceptabilidad limitada a un monto determinado ("kritischen" Betrag). Por lo regular, aunque no necesariamente, con menos metal del que corresponde a su valor, es decir, "desvalorado" en relación con las monedas del sistema (esto para evitar el peligro de que sea fundido) y la mayor parte de las veces (no siempre) tiene carácter de dinero provisional, es decir, sólo convertible o reembolsable en determinadas cajas. El caso pertenece a la experiencia cotidiana y no ofrece interés particular ~~ . Dentro del sistema monetario todo dinero divisionario y muchas especies de moneda metálica se encuentran muy próximos al dinero puramente natal (hoy, dinero papel), distinguiéndose de él solamente por la diferente posibi- lidad de utilizar su materia, cosa que no deja de tener, de todos modos, alguna importancia. Muy próximo a los instrumentos de circulación se en- cuentra el dinero meta'lico interior cuando tiene el carácter de dinero provi- sional, es decir, cuando han sido tomadas disposiciones duraderas para su convertibilidad en dinero de tráfico. § 34. B. El dinero natal, naturalmente, es siempre dinero administrativo (Verwaltungsgeld). Para la teoría sociológica éste es siempre el titulo (Ur- kunde) en que se contienen determinadas formas cartales (incluyendo lo que es la impresión de un determinado sentido formal); pero no lo es nunca la pretensión eventual -en modo alguno necesaria- que ese título repre- senta (la cual falta por completo en el caso del papel moneda inconvertible puramente tal). Desde el punto de vista jurídico formal puede ser un título de deuda al portador (I nhabershuldurkunde), a) de un banco privado (por ejemplo, de un aurífice en la Inglaterra del siglo xvn); b) de un banco privilegiado (billetes de banco); e) de una asociación política (billetes del estado, Staatsnoten). Caso de ser convertible de un modo "efectivo" y ser, por tanto, instru- mento de circulación únicamente y "dinero provisional" semejante dinero puede encontrarse l. plenamente cubierto: certificad~ o 2. sólo cubierto a tenor de necesidades de caja: medio de circulación. La cobertura puede estar regulada a) por medio de existencias de metal ponderal (Bankowiihrung); ~) por medio de dinero metálico. El dinero nota] se emitió por lo regular, originariamente, como dinero "provisional" (convertible), y eso en los tiempos modernos en calidad, típi- camente, de instrumento de circulaci6n, casi siempre como billete de banco y, por consiguiente, indicando una cantidad en el nominal previamente exis- tente de los sistemas metálicos. DINERO NOTAL 145 l. La primera parte del último párrafo no tiene validez, naturalmente, en aquellos casos en que una especie de dinero nota! es sustituida por otra nueva: billetes del estado por billetes de banco y viceversa. Pues entonces no se da en realidad una emisión originaria. 2. Respecto de la frase inicial del párrafo B: Es notoriamente cierto que pue- den existir medios de cambio y pago que no son cartales, por consiguiente, que no son monedas ni documentos ni otros objetos materiales. Pero a éstos no les llamaremos "dinero" sino "unidad de cálculo", o algo equivalente. Pues es siem- pre una caracteristica del dinero la de estar vinculado a cantidades de artefactos cartales -una propiedad que en modo alguno es "accesoria" ni "externa". En el caso de una suspensión de hecho de la convertibilidad del dinero hasta entonces provisional, hay que distinguir si aquélla "vale" para los in- teresados a) como una medida transitoria, o b) como definitiva para un cierto tiempo. En el primer caso suele tener lugar un disagio de los medios de pago notales respecto de los metálicos de igual nominal, ya que para todos los pagos intervalutarios se busca el dinero metálico o las barras de metal; sin embargo, esto no es absolutamente necesario y el disagio suele ser moderado (empero, esto último no de un modo necesario, ya que aquella demanda puede ser muy aguda) . En el segundo caso se desarrolla, después de algún tiempo, un sistema definitivo (autógeno) de dinero papel (definitive autogenische Papiergeld- wahrung). No puede hablarse entonces de di.sagío, sino (¡históricamente!) de devaluación. Pues hasta es posible entonces que el metal patrón del que fuera dinero de tráfico, ahora con carácter de dinero obstruido, y al que se referían los billetes originariamente, baje en el mercado fuertemente de precio, por causas que pue- den ser diversas, en relación con los instrumentos de pago intervalutarios, mien- tras que, por el contrario, la baja sufrida por el papel moneda sea muy reducida. Lo cual acarrea necesariamente esta consecuencia (como ocurrió en Rusia y en el Imperio austriaco) : que al final pueda ser adquirida con los billetes transforma- dos entretanto en autógenos la unidad de peso nominal anterior (plata) por un monto nominal mucho más reducido. Cosa perfectamente comprensible. Pues aunque el estadio originario del papel moneda puro significaba, casi sin e:<cep- ción, desde e] punto de vista intervalutario, una valoración más baja del nominal papel frente al nominal plata de igual nombre -porque tal papel es siempre la consecuencia de una inc;apacidad de pago real-, el desarrollo posterior, por ejem- plo, en Austria y Rusia, dependió, sin embargo, del siguiente conjunto de fac- tores: 1) de la "balanza de pagos.., formada en las relaciones intervalutarias que regulan la demanda por el "exterior" de los medios de pago interiores; 2) del volumen de las emisiones de papel moneda, y 3) del éxito de los institutos de emisión en procurarse medios de pago intervalutarios (la llamada política de divi- sas) . Estos tres factores pudieron y pueden conformarse de tal suerte -y de hecho se conformaron así en los casos citados-~ que la cotización del papel moneda de que se trata en el mercado mundial ~ decir, su valor respecto del medio de pago intervalutario (hoy: oro)- hubo de desarrollarse en el sen- 146 CATEOORiAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA tido de una estabilidad creciente y de un valor creciente a veces; mientras que, por el contrario, el metal patrón anterior se cotizaba cada vez más bajo, por causa a) del aumento en cantidad y de la baratura de la producción de la plata, y b) de la desmonetización creciente de esa plata. Un sistema papel auténtico (autógeno) es aquel en que deje de contarse en absoluto con una "restitución" en metal al tipo <le reembolso anterior. § 35. Que el orden jurídico y la administración del estado puedan con- seguir en el ámbito de su poder la validez formal legal y también la formal regiminal de una especie de dinero en cuanto patrón monetario, es cosa completamente cierta siempre que tal estado conserve su capacidad de pago en esa especie de dinero. Pero semejante capacidad deja de poseerla en cuan- to permita se transforme en dinero de tráLco libre (cuando se trate de dinero metálico) o en dinero de papel autógeno (cuando se trate de dinero notal) el dinero que hasta entonces era "accesorio" o "provisional"; pues en tal caso esas especies de dinero sólo se estancarán en sus cajas por el tiempo en que pueda disponer de ellas, imponiéndolas, por consiguiente, en los pagos con cmícter forzoso. Esto ha sido expuesto justamente por Knapp como el esquema normal de la variación "obstruccional" de un sistema. Con esto no se dice nada, naturalmente, respecto de la validez material de ese dinero, es decir, sobre la relaci6n de cambio en que es aceptado res- pecto de otros bienes naturales; ni tampoco se indica cosa alguna sobre si la administración lítrica puede ganar, ni en qué forma, algún influjo. a este respecto. El que el poder político por medio de racionamientos del consu- mo, control de la producción, ordenación de precios máximos (y, natural- mente, también mínimos) pueda influir en este punto extensamente -siem- pre que se trate de bienes ya existentes en su propio dominio o producidos en él y lo mismo respecto de servicios- es cosa demostrada por la experien- cia, la cual nos enseña también que ese influjo encuentra aquí sus límiteS más sensibles (sobre esto trataremos más adelante). En todo caso, tales me- tlidas son notoriamente distintas de las de la administraci6n del dinero. De acuerdo con los hechos puede decirse que las modernas administra- ciones del dinero de carácter racional tienen ante sí esta otra finalidad com- pletamente distinta: la de influir en la valoración material de la val uta in- terior con respecto de la valuta exterior, es decir, influir en la cotización del precio en bolsa de las monedas extranjeras, procurando, por regla general, su "estabilización", o sea conservar a aquella valuta lo más firme que sea posible (y en ciertas circunstancias, lo más alta posible). Al lado de inte- reses de prestigio y de poder existen en este caso in te reses financieros (ante una perspectiva de futuros empréstitos extranjeros), pero, además, otros in- tereses lucrativos muy poderosos, como son los de los importadores, los de los productores que elaboran materias primas extranjeras y finalmente -tam- bién los intereses de consumo de ciertas capas afanosas de productos extran- jeros. Hoy día la "política lítrica" es fundamentalmente, a tenor de los he- chos, política de cotización (intervalutarische Kurspolitik). POLÍTICA MONETARIA 147 También esto y lo que sigue de acuerdo con Knapp. Su libro, tanto formal- mente como por su contenido, es una de las grandes obras maestras del pensamien- to y de la literatura alemana. La mayor parte de los críticos expertos fijaron, sin embargo, su atención en los problemas que dejó de tocar (relativamente pocos, aunque ciertamente no sin importancia). Mientras que Inglaterra retomó, quizá todavía a regañadientes, al patrón oro, porque la plata requerida como metal del sistema estaba tarifada muy por lo bajo en la tabla de equivalencia, todos los demás estados organizados y regulados en forma moderna pasaron al patrón oro puro o a un patrón oro con moneda de plata interior y accesoria, o regularon el sistema notal (en ambos casos) por medio de una política lítrica dirigida a procurarse oro para pagos internacionales y de esa suerte mantener la relación intervalutaria lo más firme posible en relación con la moneda oro inglesa. Los casos de un tránsito a, un sistema de papel puro aparecieron solamente corno consecuen- cia de catástrofes políticas y corno un recurso frente a su propia incapacidad de pago en el dinero hasta entonces vigente -lo que ahora ocurre en masa. Parece, pues, cierto que para alcanzar aquel fin intervalutario (hoy: una cotización firme respecto del oro) el único medio posible no es tan sólo la propia hilodromía oro ( crisodrornía) efectiva. La paridad monetaria de especies de moneda cri.sodrómicas y cartales también puede ser conmovida realmente en forma muy intensa, si bien la probabilidad de conseguir instru- mentos de pago para obligaciones del tráfico internacional por medio de envíos y acuñaciones de oro está facilitada sobremanera por la existencia de una crisodromía propia; y siempre que ésta subsista sólo puede ser per- turbada con intensidad, pero temporalmente, mediante obstrucciones natu- rales del tráfico o por consecuencia de prohibiciones de exportar el oro. Por otra parte, la experiencia demuestra que dentro de condiciones normales de paz un territorio con un sistema papel puede conseguir una cotizacióu de divisas pasaderamente estable mediante condiciones de producción favo- rables y con la ayuda de una política lítrica dirigida en forma planeada a la obtención de oro para pagos en el exterior, si bien, caeteris paribus, con sacrificios notoriamente superiores para las finanzas o para las necesidades de oro. (Lo mismo ocurriría naturalmente cuando la plata fuese el medio de pago intervalutario, es decir, cuando lo dominante en los principales estados comerciales fuera la argirodromía.) § 36. Los medios típicos más elementales de la política lítrica intervalu- taria (cuyas medidas particulares no vamos a tratar aquí) son: l. En los territorios con hilodromía de oro: l. Cobertura de los medios de circulación no cubiertos con barras, por medio, principalmente, de efectos comerciales, es decir, con de- rechos sobre mercaderías vendidas de quienes responden personas seguras (empresarios seguros) y limitando además en lo posible los negocios a propio riesgo de los bancos de emisión a negocios de esta naturaleza, a negocios de prenda sobre mercaderías, aceptación de depósitos y, unidos a los anteriores, negocios de giro; final- mente, operaciones de caja por cuenta del estado_ 148 CATEGORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓMICA 2. Política de descuento de los bancos de emisión, es decir, elevación de la tasa de interés en el caso de existir la probabilidad de que los pagos al exterior produzcan una demanda de oro que amenace con la exportación a la provisión existente de ese metal, muy en particular la del propio banco de emisión -de esta suerte se per- sigue estimular al poseedor de dinero extranjero a que haga uso de las probabilidades de interés ofrecidas, al mismo tiempo que se difi- cultan las demandas de crédito del interior. II. En los territorios que no poseen un sistema de dinero oro interior (goldener Sperrgeldwiilzrung) o un sistema papel: l. Política de descuento como en los núms. 1, 2, con el fin de dificultar o impedir lo más fuertemente posible las demandas de crédito. 2. Política de primas al oro (Goldpriimíenpolitik) -medio frecuente en los territorios de patrón oro con moneda de plata interior y accesoria (akzessoríches Síluersperrgeld). 3. Política de compra planeada de oro y de influjo dirigido de las coti- zaciones de divisas por medio de compras y ventas de cambio ex- tranjero. Esta política orientada en principio de un modo puramente lítrico puede transformarse en una regulación material de la economía. Los bancos de emisión, dada su posición de poder con respecto a los ban- cos de crédito, que en muchos casos dependen por su parte del crédito del banco emisor, pueden contribuir a que estos bancos lleguen a la regulación homogénea del mercado del dinero, es decir, a la regulación de las condi· ciones de los créditos a corto plazo (para pagos y empresas) y de aquí a una regulación planeada del crédito lucrativo, acabando así por influir en la dirección de la producción de bienes; hasta aquí constituye este caso una fase de la ordenación material de la economía dentro del territorio de la aso- ciación política en cuestión, que, con carácter capitalista y formal valutario, es lo que se aproxima a una "economía planificada". Estas medidas típicas de preguerra ( 1914) se movían todas sobre el suelo de una política monetaria orientada originalmente a la consecución de un curso intervalutario firme, o sea orientada por la idea de estabilización; pues en el caso de que se pretendiera una variación de ese curso (en los países con sistema papel o de dinero interior) sólo se quería una elevación del mismo efectuada muy lentamente; en una palabra, se trataba de una política orientada por el dinero hilodr6mico de los grandes países comerciales. Em· pero surgieron también en los centros de emisión poderosos intereses, los cuales persiguieron propósitos enteramente opuestos. Deseaban una política Cítrica que 1) bajara la cotización del propio dinero, con el fin de crear probabilida- des de exportación a los empresarios, y que 2) por medio de un aumento de las emisiones de dinero -por tanto: argírodromía junto a crisodromía (o aquélla en vez de ésta, como en realidad significaría) y eventualmente emisiones con arreglo a plan de papel moneda- bajara la relación cambio del dinero respecto de los bienes interiores; o lo que es lo mismo, que elevara el precio en POLÍTICA MONETARIA 149 dinero (nominal) de los bienes interiores. El fin era: la obtención de probabilidades de ganancia para la producción lucrativa de aquellos bie- nes, la elevación de precios de los cuales, calculada en el nominal interior, era de preverse como probable consecuencia inmediata del incremento ert la cantidad del dinero y de su baja consiguiente en la relación intervalutaria. El proceso propuesto se califica de inflación. Ahora bien, por una parte, 1) no es cosa enteramente indiscutible, pero sí muy verosímil (a tenor de sus consecuencias), el que en los países con sistema monetario de metal y cualquiera que fuese la especie de hilodromía existente, se manifestara una sensible tendencia a la elevación de los precios de los bienes interiores -c¡uizci para todos ellos, si bien en grado muy diverso- cuando se dio el caso de un abaratamiento o incremento considerable en la producción del metal fino (o en el caso de que esa adquisición barata fuera una conse- cuencia del botín). Por otra parte, es un hecho indisticutible, 2) que en los países con papel moneda (autógena) las administraciones lítricas en tiempos de situaciones financieras graves (en momentos de guerra especialmente) orientaron por lo general sus emisiones atendiendo única- mente a sus necesidades bélicas. No es menos cierto que en tiempos seme- jantes los países con hilodromía o con dinero metálico interior no sólo sus- pendieron la convertibilidad de sus instrumentos de circulación -lo cual no conduce necesariamente a una variación duradera del sistema monetario-, sino que pasaron también, a través de emisiones de papel orientadas por puros motivos hacendísticos (finanzas de guerra), a un sistema papel pura- mente tal y definitivo; con lo que el dinero metálico transformado entonces en accesorio, consecuencia de ignorarse su agio en la tarifación relativa al nominal papel, únicamente pudo ser utilizado en forma extramonetaria, des- apareciendo así como moneda. Por último, indiscutible es asimismo que en los casos en que tuvo lugar un cambio semejante hacia un sistema puro de papel y de emisión sin trabas de papel moneda se manifestó de hecho el esta- do de inflación con todas sus consecuencias y en extraordinarias propor- ciones. Comparando todos estos procesos (1 y 2) se nos muestra lo siguiente: A. En la medida en que subsista el dinero de tráfico metálico libre, la posibilidad de la inflación está en extremo limitada: l. En forma mecánica: por el hecho de que la cantidad del metal fino en cuestión disponible en ese momento para fines monetarios, aunque elástica, está en fin de cuentas fijamente limitada. 2. Económicamente: por el hecho de que la fabricación de dinero depende únicamente de la iniciativa de los interesados privados y, por consiguiente, el afán de acuñar está orientado por las necesida- des de pago manifestadas en una economía gobernada por el mercado. 3. La inflación sólo es entonces posible por la transformación del dinero metálico interior hasta entonces vigente (hoy, por ejemplo: la plata en los países con sistemas oro) en dinero de tráfico libre; si bien en esta forma puede ser ciertamente sobremanera intensa 150 CATEGORÍAS SOCIOL6ciCAS DE LA VIDA ECONÓMICA en caso de abaratarse e incrementarse muy fuertemente la produc- ción del metal fino interior. 4. Una inflación producida con instrumentos de circulación sólo pue- de pensarse como un incremento muy a largo plazo y lento de la circulación, originada por la concesión de moratorias para el pago de créditos; y en este sentido aparece como elástica y limitada, en fin de cuentas, fijamente por la consideración guardada a la sol- vencia del banco de emisión. únicamente existe probabilidad de inflación aguda cuando exista el peligro de insolvencia del banco; normalmente, por tanto, en caso de un sistema papel determinado por necesidades de guerra. Casos particulares, como la "inflación" con oro ocurrida en Suecia por conse- cuencia de exportaciones de guerra, son tan singulares que podemos no tomarlos en consideración. B. No puede sostenerse que allí donde exista un sistema papel autógeno se dé siempre por sí la probabilidad de la inflación -pues durante la guerra casi todos los países desembocan en un sistema papel- pero sí puede decirse que de todos modos el desarrollo de las consecuencias de la inflación es mucho más notorio. La presión de las dificultades financieras y la elevación de salarios, sueldos y otros costos por consecuencia de los precios inflacio- narios favorece sensiblemente la tendencia de la administración financiera a continuar la inflación incluso cuando no existe el imperio de la necesidad y se dé la posibilidad de escapar de ella mediante grandes sacrificios. La diferencia --como muestra, primero, la situación de la "Entente", segundo la de Alemania y tercero las de Austria y Rusia- es ciertamente sólo cuan- titativa, pero con todo perceptible. La política lítrica puede ser también, pues, política inflacionista (sea plu- rimetalística o de papel), especialmente en caso de dinero metálico de carác- ter accesorio o en caso de sistema papel. Tal ha ocurrido en épocas normales durante algún tiempo en un país como los Estados Unidos, tan relativamente poco interesado en el curso intervalutario y sin que se diera ningún motivo financiero y, después de la guerra, bajo la presión de la necesidad, ha sido habitual en no pocos países, obligados a soportar la inflación de los medios de pago de la guerra. En este momento no pretendemos desarrollar la teo- ría de la inflación. :E:sta significa siempre en primer lugar una forma especial de creación de la capacidad adquisitiva para determinados interesados. De- bemos, sin embargo, afirmar lo siguiente: que la dirección de una política lítrica racional y materialmente orientada desde un punto de vista comercial, que al parecer sería mucho más fácil de llevar a cabo existiendo un dinero administrativo y en particular tratándose de papel moneda, cabalmente por eso se pone con toda facilidad al servicio de lo que, desde la perspectiva de la estabilidad de la cotización, son intereses irracionales. A tenor del sentido de lo que en forma consecuente hemos expuesto hasta aquí, la racionalidad formal de la política litrica y, por ende, la del sistema monetario, significaría esto tan sólo: la eliminación de aquellos intereses 1) TEORfA ESTATAL DEL DINERO 151 que o bien no están orientados por el mercado -como los intereses hacen- dísticos- o 2) que no sólo no están interesados en el mantenimiento de relaciones valutarias estables, consideradas como el fundamento óptimo del cálculo racional, sino que, al contrario, y sin existir para ello motivos de im- periosa necesidad financiem, les interesa la mencionada creación de capacidad adquisitiva en beneficio de algunos por medio de la inflación y su manteni- miento. La cuestión relativa a si este último procedimiento merece encomio o vituperio no puede ser resuelta en forma empírica. Lo que puede decir- se es que así suceder se ofrece en la experiencia. Pero algo más puede decirse y es esto: que una concepción orientada por ideales sociales materiales puede tomar como punto de partida de su crítica el hecho de que la creación de dinero y de medios de circulación en la economía de cambio sea sólo asunto de los intereses únicamente preocupados por la "rentabilidad" y que en cam- bio no se oriente por el problema de la cantidad justa de dinero y de la especie de dinero adecuada. Y asimismo podrían argumentar con justeza que la administración sólo puede dominar el dinero administrativo, pero no el dinero de tráfico. Por tanto, es el primero -sobre todo el dinero papel que puede crearse con baratura en todas las cantidades y formas deseables- el medio específico para la creación de dinero, teniendo en cuenta puntos de vista racionales de contenido material. El argumento -cuyo valor tiene sus limitaciones frente al hecho de que los "intereses" de los individuos y no las ideas de la "administración económica" son o serán los dominantes en el mun- do tanto hoy como mañana- es empero concluyente desde el punto de vista lógico-formal. Con ello la posible pugna entre la racionalidad formal (en el sentido aquí fijado) y la racionalidad material (susceptible de construcción teórica con respecto a una administración lítrica plenamente desligada de toda consideración hilodr6mica del metal) se da en este punto de nuevo; y esto era en realidad lo que nos importaba. Todas las consideraciones anteriores representan deliberadamente un enfrenta- miento crítico con el precioso libro de Knapp, La teoría estatal del dinero; si bien dentro del marco delimitado por él y dejando de lado en su forma sumaria todo detalle. La obra de Knapp, sin intención por su parte, pero no por eso quiz¡1 sin su culpa, fue en seguida instmmento de combate y saludada particularmente con entusiasmo por la administración Iítrica austriaca (papieroplatische). Los aconte- cimientos no han desmentido en ningún punto la teoría de Knapp, empero han mostrado Jo que, de todos modos, era indiscutible: que es una obra incompleta por el lado de la validez material del dinero. Y éste es el punto que ,·a a ser fun- damentado en lo que sigue. DIGRESIÓN SOBRE "LA 'l'EORfA ESTATAL DEL DINERO" La obra d~ K1~:1rp demuestr~ con éxito el hecho de que en estos últimos tiempos toda polfhca lztnca (de medws de pago) regulada por el estado, ya directa o in- directnmentc, cstm·o dctcnnin:~d:~ por el esfuerzo en pasnr a un sistema oro o a un sistema lo más cercano posible a este último; tratándose en este caso de un sistema indirectamente "crisodrómico" de orientación "exodrómica", o sea 152 CATEGORfAS SOCIOLÓGICAS DE LA VIDA ECONÓI\IICA de un sistema que toma en consideración el valor de la moneda propia en la coti- zación de un sistema extranjero, en particular el sistema inglés. Fue el deseo de lograr la "paridad monetaria" con la Inglaterra del sistema oro, el país comercial de mayor importancia y el intermediario de pagos más universal en el tráfico del mundo, lo que llevó a Alemania a desmonetizar la primera a la plata y lo que condujo después a transformar en dinero interior la moneda de plata, tenid:t hasta entonces como dinero de tráfico libre, tanto a Francia, Suiza y otros países de la Unión Monetaria Latina, como asimismo a Holanda y finalmente a la India, adoptándose para lo sucesivo medidas crisodr6micas indirectas para los pagos al exterior; lo mismo hicieron Rusia y el Imperio austriaco, en donde las adminis- traciones lítricas de estos países con papel moneda autógeno (o sea, no convertible y actuando por consiguiente como el sistema monetario mismo) adoptaron igual- mente las medidas necesarias para, al menos, poder pagar en oro al extranjero en todo tiempo. De hecho toda su preocupación era, por consiguiente, alcanzar un curso del cambio lo más firme posible. Por ello es por lo que cree Knapp qm: ésta es la única significación del problema de la materia monetaria y de la hilo- dromía en general. Para esta finalidad "exodrómica" bastaron, sin embargo, con- cluye Knapp, aquellas otras medidas crisodr6micas indirectas (de las administra- ciones con sistema papel), en igual medida que las medidas crisodr6micas directas (véase lo ocurrido con el Imperio austriaco y Rusia). Lo cual en verdad -caeteris pczribus- no es en absoluto literalmente cierto para las hilodromías. Pues en l:t medida en que no se den prohibiciones recíprocas de exportación de moneda entre dos países con sistemas hilodr6micos semejantes (o los dos crisodrómicos o ambos argirodrómicos) esta situación de hecho constituida por las hilodromías semejan- tes facilita extraordinariamente la estabilidad del curso exterior del cambio. Sin embargo, aunque esto sea cierto -y lo es en gran parte en circunstancias norma- les- no demuestra empero que sólo pueda tomarse en consideración aquel punto de vista en la elección de la hyle (materia) del dinero; una elección que hoy se presenta sobre todo entre el dinero metálico por una parte (hoy: dinero de oro o de plata) y el dinero nota) por otra (podemos prescindir justamente por ahora de las especialidades del bimetalismo y del dinero interior, de que antes se habló). La anterior afirmación significaría que el sistema papel funciona por lo demás de modo semejcznte al sistema metálico. Ahora bien, ya desde el punto de vista formal la distinción es importante. El dinero papel es siempre lo que el dinero metálico quizá pudiera ser, pero que no es necesariamente: "dinero administra- tivo"; el dinero papel nunca puede ser hilodrómico, en el sentido pleno de este término. Y no puede considerarse como nula o igual a cero la diferencia existente entre los asignados "desvalorizados" y lo que algún día pudiera ser una plata "desvalorizada" por causa de una desmonetización universal y reducida a ser ma- teria prima para usos industriales (cosa en que por lo demás está de acuerdo ocasionalmente el propio Knapp). El papel ha sido y es hoy un bien cuya provi- sión no está más en nuestro arbitrio, en cualquier instante, de lo que pudiera esta_rl?. la proyis~ón de metal fi~o. Sin embargo, como la diferencia 1) en la pos1b1hdad obJetiva de la producciÓn y 2) en los costos de la misma en su relacióu con la derncznda es tan colosal y como, por otra parte, los metales se encuentran, aunque sea relativamente, tczn estrechamente vinculados a la situación minera, nos está permitido afirmar lo siguiente: que la administración "Iítrica" (¡antes de la guerra!), siendo normales las circunstancias, podía emitir en realidad en todo ti~po_, y siempre. que así lo d~cidiera, grandes ca~ti~ades de dinero-papel admi- mstrabv~, ~et:r?lmadas (rela_h_vamente) _a ~ arb1trzo y con "costos" (relativa- mente) ms¡gn¡f¡c:mtes. (Fac1hdad notona mcluso en relación a la moneda de TEORÍA ESTATAL DEL DINERO 153 cobre -China- y con mayor razón respecto de las de oro y plata.) Y sobre todo, en esa creación de dinero el nominal de cada pieza (nominaler Stuckelung) se determinaba puramente según propia apreciación, es decir, era un nominal sin relación ninguna con la cantidad de papel. Ahora bien, esto último, tratándose de dinero metálico, sólo acontecía con la moned::. divisionaria; caso no muy ale- jado del anterior en cuanto hace a su sentido y magnitud. Pero tal cosa no ocurría tratándose del metal patrón; para 6:te la cantidad del metal era una magnitud elástica, pero "infinitamente" JTUÍs fija, en definitiva, que la representada por la posibilidad de emisión de papel moneda. Esa magnitud, por consiguiente, imponía ciertos límites. Es cierto que cuando la administración lítrica se orientaba exclu- sivamente en forma "exodrómica", por el propósito de lograr una cotización lo más fija posible, en tal caso la creación de dinero notal tenía, ya que no límites de carácter "técnico", sí límites muy fijos de naturaleza normativa. Y esto es lo que con seguridad replicaría Knapp. En lo cual tendría razón en el aspecto fonnal, pero nada más que en este aspecto. Pero ¿cuál sería la situación tratándose de dinero papel "autógeno"? Aun en este caso, diria Knapp, la situación sería la misma (véase el ejemplo de Rusia y el Imperio austriaco), "sólo" que faltarían los límites "técnicos", "mecánicos", ofrecidos por la escasez del metal. Ahora bien ¿carece esto de toda importancia? Knapp ignoraba semejante cuestión. Diría seguramente que "contra la muerte" (de un sistema monetario) "no se han en- contrado hierbas medicinales". Ahora bien (y hacemos caso omiso en este mo- mento de la posibilidad de una obstrucción absoluta e instantánea de la produc- ción del papel), está fuera de duda que existieron y existen intereses tanto 1) de la propia gerencia de la administración política -que Knapp supone como tenedor o aportador de la administración "lítrica"- como 2) de carácter privado. que en modo alguno les importa primariamente el mantenimiento de una "coti- zación firme" sino con frecuencia -pro tempore al menos- todo lo contrario. Semejantes intereses pueden actuar de tal modo --en el propio seno de la admi- nistración lítrica o mediante una fuerte presión sobre la misma- que se originen o produzcan 'inflaciones" -lo cual significaría según Knapp (que evitaba riguro- samente aquel término) que semejantes administraciones se orientaban en forma distinta a la "exodrómica" y que conforme a eso se realizaban las emisiones notales consideradas como "admisibles". Tenemos en primer lugar tentaciones de tipo financiero: una "devaluación" media del marco gracias a la inflación en un l/20 en relación con los bienes na- turales más importantes de las fortunas interiores y siempre que se obtuviera el "ajuste" de los beneficios y salarios a estas condiciones del precio -por consi- guiente, que fuera veinte veces superior el valor del trabajo y de los bienes de consumo (supongámoslo así)- constituiría para todos los que se encontrasen en esta feliz circunstancia una desgravación en un l/20 de las deudas de guerra. Y el estado que aumentara sus impuestos (nominales) en proporción a esa eleva- ción de los ingresos (nominales), por lo menos percibiría así una fuerte reper- cusión de estas circunstancias. ¿No seria esto realmente seductor? Que "alguien" habría de pagar los "costos" es cosa clara. Pero no serían ni el estado ni aquellas dos categorías de ciudadanos. ¡Qué seductor sería en efecto poder pagar a los extranjeros una vieja deuda exterior con instrumentos fabricados a voluntad y en extremo bar~tos por a~adidural Pero pronto surgen los escrúpulos y las dudas c~ando se p1ens~ --deJando aparte la cues~ón de l.as posibles intervenciones polí- ticas- que tratándose de un puro empréstito extenor podrian dañarse los créditos fut!lros; sin embarg?, un estado sintiendo más cerca de la piel la camisa que la lev1ta, puede prefenr a veces lo próximo a lo lejano. Y no dejan de existir inte- 154 C.'\TECORfAS SOCIOLÓGICAS DE l.A \'IDA F.CO:i'<Ó:\nC.\ resadas de entre los empresarios a quienes les vendrí:J muy bien una elevación inflacionaria en \"Cinte veces de Jos precios de sus productos, siempre que -y esto es muy posible-- los obreros, por impotencia, incapacidad de captar la situación o por la causa que sea, "sólo" percibieran un aumento (nominal) de los salarios de "cinco a diez veces". Tales "inflaciones" agudas, condicionadas puramente por intereses lJacendístícos, suelen ser repudiadas con gran fuerzJ por todas !os políticos de la economía. En realidad no pueden conciliarse con una política "exodrómica" del tipo de la propugnada por Knapp. En cambio, suele contem- plarse con favor un incremento planeado y lento de los instrumentos de circula- ción, semejante al que se emprende en ciertas circunstancias por los bancos de crédito, y producido con el fin de lograr una mayor "excitación" del espíritu especulativo (en interés, como debe decirse en realidad, de un incremento de las expectativas de beneficio); produciendo, en consecuencia de aquella mayor "exci- tación", un aumento del espíritu de empresa y de la producción de bienes, merced al estímulo ofrecido al dinero libre para su colocación en "inversiones productoras de dividendos" en lugar de "inversiones puramente rentísticas" o de cupón. Em- pero ¿en qué relación se encuentra esto con la orientabilidad "exodrómica"? En b relación producida por sus efectos; es decir, aquel "estímulo" al espíritu de em- presa", unido a sus consecuencias, se muestra capaz de influir en la llamada "balanza de pagos" (pantopólicamente) en d sentido de un al::ct o de un obs- táculo a la baja del curso de la moneda propia. ¿Con qué frecuencia? ¿Con qué intensidad? Esto es ya otra cuestión. Una cuestión de la que no vamos a trat~r aquí es b de si un incremento no agudo, hacendí.~ticamente condicionado, del dinero del sistema puede obrar en forma semejante. L1s "cargas" de este aumento "exodrómico" y no pcr¡udicial en la pro,·isión de dinero se pagan en tiempo lento por la misma capa social que, en caso de intlación financiera aguda, se encuentra materialmente confiscada: por la capa constituida por todos aquellos perceptorc; de ingresos en un nominal que permanece idéntico o que son poseedores de un patrimonio constituido por determinados valores "nominales". (f~stos son, ante todo, los rentistas; luego, los funcionarios con sueldo fijo, o sea un sueldo que sólo después de largas lamentaciones suele llegar a un aumento; y asimismo ]o:; obreros con salarios fiios, moviliza bies únicamente luego de duras luchas.) En todo caso, no debe interpretarse lo dicho por Knapp como si para la política del papel moneda úniccrmente pudiera ser lo decisivo el punto de vista exodró- mico, la política del "curso fijo" (no afirma tal cosa); y no debe tenerse por verosímil -como él piensa- que exista una gran probabilidad de que ello sóh; pueda ser así. Lo que no puede negarse es que tal cosa ocurriría en caso de una política lítrica plenamente racional en el sentido en que él la imaginaba; es decir, en el caso (sin que esto lo declare expresamente) de una política orientada por la mayor eliminación posible de toda "perturbación" en la relación de precios que tenga su origen en la reacción del dinero. Sin embargo, en modo alguno habrb que conceder -Knapp tampoco lo dice-- que el alcance práctico de las formas de la política monetaria se limita al problema del "curso fijo". Hemos hablado aquí de la "inflación" como una fuente de las revoluciones en los precios o de las revoluciones de precios, y también de que ella está determinada por ciertos esfuerzos en pro de esos fenómenos. Las inflaciones (no tal es) con efectos revo- lucionarios ~n los precios su_elen com~over también, naturalmente, el curso fijo (no necesanamente, como v1mos, los mcrementos monetarios con efectos evolu· ti vos en los precios). Knapp estaría de acuerdo con esto. Supone notoriamente y co!l razón que en su teoría no hay lugar alguno para una política relativa a los precws de las mercaderías valutaricrmente determinada (sea re\·olncionana, evolu- TEORÍA ESTATAL DEL DINERO 155 cionista o conservadora). ¿Por qué? Según lo que sospechamos, por el siguiente fundamento formal: la relación de precios valutarios entre dos o más países se traduce diariamente en un número muy pequeño de precios de bolsa (formal- mente) inequívocos y homogéneos en los cuales una determinada "política lítrica" puede encontrar una orientación racional. Semejante relación permite también a una administración "lítrica", cuando lo es especialmente de instrumentos de circulación, obtener una estimación -y, bien entendido, sólo una estimación lograda mediante la utilización de determinados datos periódicamente solicita- dos-- de las fluctuaciones en la provisión de medios de pago (para puros fines de pago) que serán "necesarias", en un tiempo no lejano y siempre que las circuns- tancias permanezcan sensiblemente iguales, dentro de un determinado círculo de hombres trabados por relaciones económicas. Por el contrario, lo que no es en modo alguno calculable de igual forma es en qué medida, dentro de un determi- nado futuro, los efectos de una inflación en los precios serán revolucionarios, evolutivos o conservadores, ni tampoco, al contrario, cuáles serán esos efectos cuando se trate de una contracción del dinero. Para obtener ese cálculo en caso de una inflación tendrán que tomarse en cuenta Jos siguientes elementos: 1) la situación actual de la distribución de los ingresos. En conexión con lo anterior, 2) los cálculos actuales de los particulares construidos sobre la base de esa situa- ción, 3) los "caminos" recorridos por la inflación, es decir, el paradero tanto primordial como ulterior de las nuevas emisiones; lo cual significaría, de nuevo, averiguar el orden sucesivo y la magnitud del incremento habido en los ingresos nominales por causa de la inflación, 4) el tipo de utilización (consumo, inversión de patrimonio, inversión de capital) de la demanda de bienes nuevamente origi- nada de esta manera, según su cantidad y, sobre todo, su clase (bienes de consumo y medios de producción de todas clases). Finalmente, 5) la dirección en que avanza el desplazamiento en los precios por causa de este desplazamiento en los ingresos, e igualmente los numerosos fenómenos conexos del desplazamiento en la "capacidad adquisitiva", así como la magnitud de los (posibles) "estímulos" a la mayor producción de bienes naturales. Todo esto serían cosas que estarían determinadas por completo por los cálculos futuros de los particulares frente a la nueva situación creada, los cuales por su parte repercutirían en los cálculos de precios de otros particulares; y sólo éstos habrían de ser los que en la lucha de intereses nos dieran los "precios" futuros. En realidad no puede hablarse aquí de cálculo alguno (un cálculo que fuera del tipo del siguiente: una emisión de mil millones más equivale probablemente al precio de tanto de acero + x y al precio de tanto de cereales + x). Y tanto menos cabe ese cálculo cuanto que son posibles, ciertamente, regulaciones eficaces de precios con carácter tem- paral con respecto de productos puramente interiores, pero únicamente como precios máximos -no como precios mínimos-- y con efectos precisamente limi- tados. Además, con el cálculo (empíricamente imposible) de los "precios" no se habría ganado nada. Pues en todo caso, determinaría la cantidad de dinero exigida en calidad de puro instrumento de pago; pero junto a esa cantidad y excediéndola en mucho se renovaría ulteriormente la necesidad, en fo17JU1 credi- ticia, de nuevas cantidades de dinero, como medio para la producción de bienes de capital. Se trataría aquí de posibles consecuencias de la inflación proyectada que escapan en absoluto a todo cálculo aproximado. En suma, todo lo dicho permite comprender que Knapp tuviera por imposible, dentro de las modernas economías de cambio, una "política de precios" racional y planeada sirviéndose de la inflación, que pudiera descansar en una base semejante de calculabilidad a aquella en que se apoya una "política de divisas" (hacer esto patente es lo único CATEGORÍAS SOCIOLÓCICAS DEL,\ VIDA ECONÓ~IICA 156 c¡uc se proponían mis consideraciones anteriores un tanto burdas). Sin embargo, 10 puede negarse que esa política ha sido una realidad. Inflación y deflación -en forma ciertamente tosca- l!an sido pr.ocedimi_entos ensay~dos. rep~tidamente -y bajo condiciones de economia monetana esencialmente mas pnnuhvas, dentro del si,stema cobre de la China- si bien con fracasos considerables. Y también la cita- da política fue recomendada en Norteamérica. Knapp, limitado patentemente en su libro a operar sobre supuestos ,:egún ~1 ~~mostrable~,. ~e conte_ntó con el siauiente consejo: el estado debe ser precavido en la emiSion de dmero papel at~tógeno. Y puesto que aquél se orienta por completo en el "curso estable". también parece razonablemente evidente lo que sigue: que la desvalorización del dinero como consecuencia ele la inflación y la desvalorización del curso del cam- bio son fenómenos las rruís de las veces estrechamente interdepcndientes. Sólo que no son idénticos y no toda desvalorización inflacionista se encuentra origina- riamente condicionada en forma intervalutaria. El hecho de que a veces se haya reclamado una administración lítrica inflacionista orientada en una política de pri!Cios y esto no sólo por los propietarios de minas de plata en sus campañas en pro de ese metal, sino por los movimientos ele opinión de los granjeros en favor de los areenbacks, es cosa que Knapp no reconoce expresamente pero que tam- poco n~ga. Semejante política -y e_st? le tranquilizaba- no ha ~enido en todo caso un éxito duradero. Empero, qmza las cosas no son tan sencillas. Se hayan intentado o no con intenciones reguladoras de los precios, el hecho es que en todo caso las inflaciones (en el sentido antes expuesto) se han dado con fre- cuencia, y no han sido desconocida~ las catástrofes de asignados tanto en el Asi:l oriental como en Europa. Pues b1en, de todo esto precisamente es de lo que debe ocuparse la teoría material del dinero. Que no exista diferencia alguna entre la "devaluación" de la plata y la "devaluación" de los asignados es cosa que Knapp no habrá de sostener. Por lo pronto, por meras razones formales: lo devaluado en este caso es la plata aportada en forma no monetaria, la plata ofrecida para fines industriales, la plata bruta; es decir, lo que queda devaluado no son necesariamente las piezas cartales (interiores) de plata (¡a menudo ocurre lo contrario!). A la inversa en el caso del papel lo de,·aluado no es el "papel" bruto ofrecido para fines i~dustriales, sino que lo son cabalmente, como es natural, los allignados cartales. Mismos que llegarán a tener un valor igual a cero o a convertirse en "curiosidades de museo o de coleccionista" -como diría Knapp-- en cuanto sean repudiados por las cajas del estado; con lo que se quiere decir que este fenómeno está determinado "estatalmente", por una disposición regiminal. Lo cual es abso- lutamente correcto. Pero también es cierto que semejante devaluación, en por- centajes insignificant~s de su. a~terior valor material (en su relación de precio con otros bienes cualesqUiera), existió ya mucho antes a pesar de una vigencia nominal de los pagos "cpicéntricos". Empero,. haciendo caso omi~o. de tales catástrof~s, h~y que reconocer que en la histona se han dado sufiCientemente tanto mflaCJoncs como "contrac- ciones" (China), que han sido producidas por una utilización extramonetaria del metal patrón. Mas en este ca~o no s6lo debemos darnos por enterados de que en ciertas circunstancias (no szempre) se convierten en "accesorias" ciertas espe- cies monetarias que anteriormente no lo eran, produciendo "estancamientos" en las cajas del estado y variaciones "obstruccíonales" del sistema, sino que conside- ramos misión de la teoría material del dinero la de investigar por lo menos cómo son influidos los precios y los ingresos en tales casos y a través de ellos la econo- mía en su conjunto; y quizá también, aunque parece dudoso por las razones antes apuntadas, debería plantearse el problema de encontrar a esas cuestiones TEORÍA ESTATAL DEL DINERO 157 una solución teórica. Por todo lo cual cuando, como en el caso de Francia, for- malmente bimetalista, nos encontramos que, por consecuencias en la baja del pre- cio de la plata o el oro (expresada en el otro metal), tan pronto el oro como la plata se convertían en la única moneda valutaria efectiva, mientras que el otro metal pasaba a la situación de "accesorios", no podemos contentarnos con hacer una referencia al hecho de que aquellos desplazamientos en el precio se encon- traban "pantopólicamente" determinados. Pudiéndose decir lo mismo de los de- más casos de variación de la materia monetaria. En tales circunstancias, pues, no podemos quedar satisfechos en la forma dicha, sino que debemos preguntarnos: ¿se da también ese fenómeno en casos de incremento de un metal fino producido por acumulación de botín (Cortés, Pizarra), enriquecimiento comercial (Chim m los comienzos de nuestra Era y a partir del siglo xvr) o por aumento de su producción? En este último caso ¿se ha aumentado únicamente la producción o ha existido también un abaratamiento? Y ¿por qué? ¿Qué desplazamientos ha contribuido a producir en los tipos de su utilización monetaria? ¿Se dio quizá la posibilidad para determinadas unidades económicas (por ejemplo, en la pri- mera Edad l\1edia) de una exportación definitiva hacia otras unidades o territorios extranjeros (China, India)? Como ocurrió en las primeras centurias de nuestra Era. ¿O las causas se encuentran tan sólo (o conjuntamente) en la existencia de un desplazamiento del dinero "pantopólicamente" determinado? (El caso de su demanda en el pequeño tráfico.) Por lo menos, estas y otras posibilidades debe- rían ser tenidas en cuenta, por lo que concierne a sus efectos peculiares. Examinemos, por último, la regulación de la "demanda de dinero" por el tráfico económico y lo que aquel concepto significa. La cosa es bastante clara: la urgencia real de instrumentos de pago que tienen los interesados en el mercado es Jo que determina la creación del "dinero de tráfico libre" ("libre acuñación"). Y por otra parte, la demanda real de instrumentos de pago y créditos por parte de los interesados en el mercado en conexión con la observancia de la propia solvencia y de las normas dictadas para ese fin es lo que determina la política de instrumentos de circulación de los bancQS de emisión modernos. Por consi- guiente, lo dominante en nuestros días es siempre en primer lugar la actividad de los interesados --correspondiendo, de tal suerte, al tipo general de nuestro sistema económico. En nuestro concepto, esto es lo único que dentro de nuestro sistema (legal formal) puede significar la "demanda de dinero" en general. Este concepto se comporta con completa indiferencia frente a exigencias de contenido "material", exactamente igual a como lo hace el de "demanda" de "bienes" (o sea, el concepto de "demanda con mayor poder adquisitivo"). En la economía de tráfico, únicamente respecto de la moneda metálica se da un límite forzoso a la creación del dinero. La existencia de este limite es lo que determina cabal- mente, seg{m lo dicho, la significación de los metales finos para el sistema mo- netario. Mediante la limitación a un dinero ''hílico", fabricado con una materi:~ (un metal noble especialmente) que (prácticamente) no puede ser aumentado "a voluntad" y además, al uso; de instrumentos de circulación con cobertura, toda creación de dinero en esas circunstancias, si no puede eliminar ciertamente infla- ciones bancarias de tipo evolutivo y elástico, está al menos sometida a límites internamente fijos. En cambio, cuando se trata de una creación de dinero con una materia como el papel, que en comparación con la anteriormente citada es (prácticamente) susceptible de ser aumentada "a voluntad", ya no se da una limitación de tipo mecánico como la indicada. Lo que en realidad tenemos