Para Mamá

1. En un importante debate entre F. Mitterrand y V. Giscard d’Estaing, para la presidencia de Francia (1981), Mitterrand aludía a la vida cotidiana de los franceses (el alquiler, las tarifas de agua y luz, el costo del transporte, entre otros), formulando una pregunta directa a Giscard d’Estaing: ¿cuánto cuesta el boleto del metro? “No, realmente no lo sé”, fue la respuesta. Para los franceses se develó la lejanía entre el candidato que apostaba a la reelección de las preocupaciones ordinarias. Le costó la presidencia.

2. Un programa de televisión en España (Tengo una pregunta para usted) y la pregunta estrella al en ese momento presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, sobre el precio de un café (pongamos de fondo un párrafo de la canción de Joan Manuel Serrat “De vez en cuando la vida’… “toma conmigo café. Y esta tan bonita que da gusto verla”). Rodríguez Zapatero respondió que un café vale 80 céntimos y el ciudadano que formuló la cuestión se mofaba de la respuesta.

3. Enrique Peña Nieto, en su momento precandidato del PRI a la Presidencia, después presidente, a pesar de sus tropezones, frente a una pregunta directa (no hablamos de la experiencia de Peña Nieto en la Feria del Libro de Guadalajara) no supo cuál era el precio de un kilo de tortilla, justificando su respuesta que no sabía porque “no soy la señora de la casa”. Del paquete de preguntas sobre lo ordinario, Peña Nieto no contestó. La duda es si la señora de la casa en ese momento sabía el precio del kilo de tortillas (¿o a qué señora de la casa se refería?)

4. Recientemente Ione Wells, periodista británica (BBC), argumentó para formular una pregunta a Javier Milei (presidente argentino): “La información a la que tiene acceso la gente es a los precios que está viendo en los supermercados. Por ejemplo, ¿sabe cuánto vale un litro de leche en Buenos Aires?”. El titular del ejecutivo argentino no contestó, con su estilo descalificador y de elusión contrapreguntó: “¿Usted sabe la cantidad de bienes que tiene una economía? Entonces, digamos, usted no hace economía desde lo que cuesta un producto en especial” (¡Milei tiene razón!, Wells es periodista). Pero lejos de los espacios cómodos para el presidente argentino (con periodistas corifeos -tenía ganas de usar esta palabra-), la periodista insistió en su pregunta, demandando “en términos que la gente normal entienda, porque nuestra audiencia, la gente en las calles aquí, no son economistas”. De vuelta a lo macro y a la pedagogía autoritaria que subraya, desde su ángulo, que la economía no tiene que ver con lo social. Frente al hambre, sin soluciones, acercando al enemigo principal de Milei, John Maynard Keynes, en las acciones de Milei hay una paráfrasis necroeconómica que avanza a que “En el largo plazo todos estaremos muertos”.

En los ejemplos citados destaca la separación tajante entre condición de poder y vida cotidiana, con conocimiento fragmentado y sin resolver las angustias irresueltas. Repensando a Milei, no queda lo que decía E.A. Poe: “Cuando un loco parece completamente cuerdo, es el momento de ponerle la camisa de fuerza”, pues

como bien apunta el analista Jorge Asís, “que conste que Javier Milei, El Psiquiátrico, no es ni bobo ni loco. Supo instalarse con astucia y vigorosa placidez en medio de la deslegitimación del peronismo sin atributos […]. Y de la disolución teatral del artificio Juntos por el Cambio (Perfil, 11/03/2024). Notas muy domésticas en Argentina, pero que ilustran el proyecto de Milei, no su excentricismo. Una pizca de locura, gran peso de los intereses de los sectores concentrados, ciudadanía subordinada, clima de odio, mucho de un encapsulamiento en el que lo humano es ajeno, envuelto en una liturgia de lo económico.

Me inclino, como dice Alfredo Serrano Mancilla (Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica), en que “es muy triste y notorio el grado de deshumanización del presidente a la hora de abordar los problemas cotidianos […] hay una falta de responsabilidad y de humanidad importante” (07/05/2024, entrevista radial Página 12). Muy lejos de las ideas de Terencio: “Hombre soy: considero que nada humano me es ajeno”. Terencio (185-159 a. C.).

Profesor UAM

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