La sexualidad de los adolescentes

La sexualidad de los adolescentes

Los adolescentes: seres «sexuales» con derechos

La adolescencia representa una delicada etapa de transición entre la niñez y la edad adulta, en la que los jóvenes desarrollan su personalidad y construyen su identidad. Es precisamente en este periodo en el que los jóvenes comienzan a sentir curiosidad acerca de su naturaleza y de su orientación sexual. La cuestión de la sexualidad en los adolescentes abre un amplio debate en torno al reconocimiento de estos como seres sexuales.

La adolescencia

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), el término «adolescente» hace referencia a aquellas personas entre 10 y 19 años, mientras que el término «joven» se debe emplear para aquellas personas entre 15 y 24 años.

Anteriormente, la adolescencia era considerada como un fenómeno propio del mundo occidental. En cambio, actualmente, el fenómeno de la adolescencia está ampliamente reconocido y se ha convenido en que se trata de una fase del desarrollo por la que pasan todos los seres humanos.

La adolescencia es un periodo de transición físico, psicológico, emocional y social en el que se completa la construcción de la personalidad y en el que el joven busca crear su propia identidad mediante la exploración de nuevos terrenos, incluido el universo sexual.

Derecho a la sexualidad y a la reproducción

Uno de los principales problemas ligados a esta transición de la niñez a la edad adulta es la sexualidad. La maduración física que tiene lugar durante la pubertad provoca que el adolescente tome conciencia de su sexualidad y, simultáneamente, le atribuye un nuevo estatus social, particularmente, en las relaciones con sus padres y con sus semejantes. Sin embargo, existe una percepción distinta de este nuevo estatus social según los contextos culturales y sociales. De este modo, la concepción que cada sociedad tiene de la adolescencia influye en el significado de la sexualidad, así como en el margen de decisión que se les reconoce a los jóvenes con respecto a su identidad sexual y a las actividades sexuales que se les permiten realizar.

No obstante, la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño de 1989 reconoce a los menores de 18 años con el estatus de ser humano teniendo sus propios Derechos del Hombre. Durante la conferencia sobre la población y el desarrollo de la ONU (celebrada en El Cairo en 1994 y en Nueva York en 1998) y durante la IV conferencia sobre mujeres como seres humanos (organizada en Beijing en 1995), se declaró que los jóvenes tenían derecho a la sexualidad y a la reproducción.

Datos estadísticos

La edad media en la que se mantiene la primera relación sexual varía según el país y según el continente, en función del contexto social. Determinados factores —tales como las prácticas habituales existentes en algunas sociedades como, por ejemplo, los matrimonios infantiles (o matrimonios precoces), el turismo sexual, o incluso la frecuente incidencia de violaciones— desempeñan un papel determinante en la vida sexual de los adolescentes.

A día de hoy, apenas se realizan estudios a nivel global acerca de la preponderancia de la sexualidad en los adolescentes. Los análisis realizados no son recientes y su ámbito de estudio se aplica principalmente a nivel local o nacional.

Un estudio internacional muestra que el 11 % de las niñas y niños (de los países en vías de desarrollo) y el 22 % de las niñas (de América Latina y el Caribe) de entre 15 y 19 años tienen su primer encuentro sexual antes de los 15 años.

En el continente europeo, el estudio más reciente al respecto se remonta a los años 2009 y 2010 y sus resultados se publicaron en 2011. Este estudio, un estudio comparado realizado por la OMS en 35 países europeos sobre las tendencias sexuales de los alumnos de 15 años, revela que el 26 % de este grupo de población ya ha mantenido relaciones sexuales. A pesar de que se haya constatado una disminución en el número de relaciones sexuales precoces en las zonas industrializadas, se aprecia un aumento de las enfermedades de transmisión sexual (ETS).

Conductas de riesgo

Los adolescentes con una actividad sexual «precoz» suelen asociarse con conductas de riesgo como el consumo de drogas y alcohol, la prostitución o el abandono escolar, entre otros. No obstante, ningún estudio parece establecer un vínculo entre la sexualidad y este tipo de conductas. Los factores determinantes pertenecen, en su mayoría, al contexto familiar y ambiental, a las malas compañías, etc.

Sin embargo, el hecho de mantener relaciones sexuales sin protección y/o con diferentes personas comporta una serie de riesgos graves y de consecuencias tales como la contracción de enfermedades de transmisión sexual (ETS) como la sífilis, la gonorrea, la clamidia o el VIH o embarazos precoces no deseados. Según la OMS, cerca de 15 millones de adolescentes son padres cada año.

El VIH y el SIDA representan un peligro mortal para los adolescentes en los países en los que la incidencia de estas enfermedades es mayor. Los últimos datos estadísticos indican que 5.400.000 jóvenes conviven con el VIH, de los cuales un 40 % tienen entre 15 y 24 años. Dentro de este rango de edad, el riesgo de infección parecer ser más elevado en el caso de las mujeres que en el de los hombres. Esto se debe a que el riesgo de violaciones y de actos de violencia sexual tanto dentro como fuera del seno del matrimonio, sobre todo en los casos de matrimonios infantiles o precoces, es mayor en el caso de las mujeres.

Anticonceptivos y aborto

Los anticonceptivos más empleados entre los jóvenes son el preservativo y la píldora anticonceptiva. No obstante, una gran parte de los jóvenes no utiliza ningún método anticonceptivo o adopta métodos inadecuados sobre todo debido a la falta de información y al acceso limitado a los servicios de educación sexual y reproductiva.

El riesgo de embarazo precoz es mucho mayor que el de embarazo en la edad adulta. Las complicaciones durante el embarazo y durante el parto representan una de las causas principales de muerte en las adolescentes de entre 15 y 19 años.

El índice de abortos o de interrupciones voluntarias del embarazo (IVE) no es homogéneo ya que el número de mujeres que recurren a esta práctica varía según el contexto sociocultural. Si bien la mayoría de los casos de IVE en adolescentes se realiza en secreto y clandestinamente, la OMS estima que este número oscila entre 1 y 4 millones de casos al año y que los motivos que les llevan a abortar son muy diversos: vergüenza, pobreza o la falta de acceso a métodos anticonceptivos.

En lo que respecta a los países en vías de desarrollo, la OMS también revela que existe un elevado índice de abortos insalubres realizados por personas sin experiencia médica en unas condiciones de higiene lamentables y particularmente peligrosas. Se estima que estas intervenciones ascienden a 2.500.000 al año, de las cuales un 14 % se practica a adolescentes y jóvenes menores de 20 años.

Abstinencia

La abstinencia se ha convertido en un mensaje de prevención con gran difusión. Esta campaña invita a los adolescentes y jóvenes a abstenerse de realizar cualquier tipo de actividad sexual (tanto por completo como parcialmente) al menos hasta el matrimonio. Los defensores de la abstinencia afirman que es el único método que garantiza una protección completa frente a las ETS y frente a los embarazos precoces no deseados.

No obstante, la prevención basada en la abstinencia priva a los adolescentes en cierta manera de sus derechos a la sexualidad y a la reproducción. La imposición de una única opción implica la pérdida de la libre elección de los adolescentes como seres sexuales debidamente reconocidos a nivel internacional.

Responsabilidades de los Estados

El reconocimiento de los adolescentes y de los jóvenes, como seres humanos por derecho propio, responsabiliza a los Estados del cumplimiento y de la aplicación de los derechos a la sexualidad y a la reproducción, conforme a la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (CDN), con respecto a los países que lo hayan ratificado.

Un primer paso podría ser aceptar a los adolescentes y a los jóvenes menores de 18 años como seres sexuales. Para ello, convendría que los jóvenes fueran conscientes de sus derechos y que los Estados, las ONG, las comunidades y los padres tomaran en consideración muy seriamente las necesidades y las opiniones de los jóvenes.

La Observación General (OG) n. º 4 (2003) del Comité Internacional de los Derechos del Niño insta a los Estados Partes a respetar las obligaciones contenidas en los artículos 3 (interés superior del niño), 17 (acceso a información y materiales destinados a promover el bienestar social, espiritual, moral y de la salud física y mental) y 24 (derecho a disfrutar de servicios médicos y de reeducación) de la CDN.

Es el deber de los gobiernos atender a los adolescentes y a los jóvenes favoreciendo el acceso a información relativa a la salud sexual y reproductiva y facilitando los medios para acceder a los métodos anticonceptivos y a los servicios sanitarios a través de campañas de prevención contra las ETS, el VIH, el SIDA y los embarazos precoces.

Los programas de prevención se deben efectuar con la participación activa de los adolescentes tanto en su elaboración como en su puesta en marcha. De este modo, se podrían lanzar mensajes e información adaptada a los derechos y a las necesidades específicas de los adolescentes que hacen frente a determinados tabúes tales como la homosexualidad, la marginación de las madres adolescentes y de los jóvenes que han contraído ETS, incluidos el VIH y el SIDA.

El comité insta a que los países adapten la difusión de las campañas de prevención a través de la colaboración con escuelas, asociaciones juveniles, grupos religiosos y comunitarios, medios de comunicación (televisión, radio, periódicos, revistas, Internet, etc.) y a través de las distintas formas de manifestación cultural (cine y teatro, entre otros).

Traducido por Elena Parral Rodríguez
Revisado por Lilia Bonilla González Aragón