Resumen de La fiesta del chivo (Vargas Llosa)

En La fiesta del chivo se presenta un doble retorno narrado en tres historias que se entrelazan magistralmente entre sí. Mientras Urania visita a su padre en Santo Domingo, después de haber estado ausente por 35 años, regresamos a 1961, cuando la capital dominicana era dominada por Trujillo: por un lado observamos de cerca el mundo del dictador apodado el Chivo y por el otro, las experiencias y vivencias de un grupo de inconformes con el régimen dictatorial que decidieron tomar justicia en sus manos.

Capítulo I

Urania Cabral, hija de un ex funcionario del gobierno de Trujillo en la República Dominicana, decide ir a su país natal después de haber estado ausente por 35 años. Ella tenía tan solo 14 años cuando se fue a los Estados Unidos a estudiar y ahora tenía 49 años. Urania es una mujer muy activa que se mantuvo y se mantiene ocupada todo el tiempo con los casos legales que atiende en un buffete de abogados en Nueva York, para mantener su mente ocupada y no recordar su pasado. Su padre era el senador y presidente del Senado, Agustín Cabral a quien comúnmente llamaban Cerebrito Cabral y ahora estaba por cumplir 84 años de edad. Mientras camina por las calles de Santo Domingo, rumbo a casa de su padre, a quien no ha visto en todo ese tiempo y ha roto total relación con él desde entonces, recuerda su infancia, cuando estudiaba en la escuela de monjas de Santo Domingo y era una muchacha muy aplicada.

Capítulo II

El dictador Trujillo, quien gobernó en República Dominicana por 31 años y cuyo mandato es conocido como la era de Trujillo, era un hombre cuya mirada podía atravesar e intimidar a cualquiera, de carácter fuerte y con liderazgo tiránico, obsesivo con la limpieza personal: el cuidado del cuerpo y el atuendo eran su religión a conciencia y todos sus subordinados debían seguir este riguroso régimen. Algunas cosas destacadas de su gobierno: sus hermanos tenían puestos en el gobierno; Ciudad Trujillo era el nombre de la capital durante su mandato; tenía graves problemas con la Iglesia después de un levantamiento que surgió el 14 de junio de 1959. Ya Perón le habría advertido que debía temerle a la Iglesia y mejorar sus relaciones con ésta, pues lo sacarían del poder, así como a él. República Dominicana tenía varias sanciones económicas por parte de la OEA, dado que era un país con un régimen dictatorial, que no respetaba los derechos humanos, la democracia y la libertad de expresión. Aquellos que estuvieran en contra del régimen, eran perseguidos, torturados, desaparecidos o asesinados por Johny Abbes, director del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) y despiadado torturador y perseguidor durante la era de Trujillo. Johny Abbes existía para cubrir la maldad del Generalísimo, pues era él quien ejecutaba los trabajos sucios bajo las órdenes de su Excelencia.

Capítulo III

El martes 30 de mayo de 1961, Salvador Estrella Sadhalá, alias el Turco, Amadito, Antonio de la Maza y Antonio Imbert esperaban el coche en donde venía Trujillo para emboscarlo y asesinar al tirano, al Chivo. El Turco, pese a ser católico convencido y dedicado, justificaba sus intenciones homicidas como un tiranicidio, el cual, según un obispo italiano, basándose en Santo Tomás de Aquino, permitía el tiranicidio cuando la persona en cuestión, era la Bestia misma que sometía a un pueblo entero. El turco apoyaba al grupo subversivo del 14 de junio. Por su parte, Amadito era militar del gobierno del ejército del Generalísimo, del Benefactor (Trujillo). Amadito tenía razones de sobra para querer asesinar a Trujillo. En una ocasión conoció una muchacha, Lucía Gil, de la cual se enamoró y deseaba casarse con ella, sin embargo, sus superiores no le dieron autorización para hacerlo porque el hermano de ella había participado en el grupo del 14 de junio, así que el mismo Trujillo le advirtió que no podían unirse amigos con enemigos. Amadito, convencido de las palabras del Benefactor, acató sus órdenes. Ese mismo día, Amadito fue a casa del Turco para contarle lo que le ocurrió después de su cita con el Generalísimo. Primero lo habían ascendido a teniente, después, lo llevaron a tomar unas copas y conoció a Johny Abbes García y algunos más del SIM. Posteriormente, se subió a un jeep que llevaba un prisionero. A Amadito le pidieron que lo ejecutara, y con disgusto y compasión, acató la orden de Abbes, quien le dijo, después de haber echado el cadáver a los tiburones, que la persona que había matado era el hermano de Lucía. Desde entonces, Amadito tiene irrefrenables deseos de asesinar a Trujillo, quien lo despojó de toda dignidad y valores.

Capítulo IV

Urania sube a ver a su padre, quien está bastante viejo, encogido y sin dientes. No puede hablar a raíz de la embolia que sufrió hace varios años, pero entiende y escucha todo con claridad. Una enfermera, pagada por Urania, lo cuida todo el día. Urania, inmediatamente comienza a recriminarle cosas de la Era de Trujillo, le recuerda cuando estuvo trabajando con el Jefe y cuando éste, por alguna extraña razón que nunca conoció, lo sacó de su gabinete y se convirtió en apestado. Cuánto sufrió el senador Cabral y cuánto hizo para recuperar, como fuera, la confianza del Jefe, él, quien había trabajado toda su vida para Trujillo, estaba desamparado. Urania le recrimina haber sido un perro fiel de Trujillo, asimismo le preguntaba a su padre si el Jefe se había acostado con su madre, así como lo hacía con las mujeres de muchos servidores suyos: le recuerda el caso de la esposa de Froilán, ex Secretario de Relaciones Exteriores y vecino de los Cabral, quien recibía visitas constantes del Generalísimo para tener relaciones con su esposa a expensas de que el mismo Froilán complaciera los deseos de Trujillo.

Capítulo V

Johny Abbes, un sapo en cuerpo y alma, pero con una inteligencia sagaz y una capacidad extraordinaria para inventarse las torturas más crueles, comenzó a trabajar con Trujillo después de que estuvo un tiempo en México como espía bajo la fachada de estudiante. Navajita era el antiguo director del SIM, pero cuando Trujillo conoció los métodos, gustos y crueldad de Abbes, lo nombró director del SIM. Abbes le era completamente fiel al Generalísimo, lo protegía y capturaba, asesinaba o desaparecía a todo aquel que estuviera en contra del Jefe. Ambos discutían en la oficina de Trujillo el futuro de los obispos que estaban provocando revueltas, las medidas a tomar: eliminarlos o deportarlos, tal y como lo hizo Fidel. Trujillo decide esperar antes de tomar acciones en contra de la Iglesia. Asimismo, discuten sobre la seguridad del Jefe, creen que hay una conspiración en su contra para matarlo, pero pese a ello, Trujillo no desea aumentar los dispositivos de seguridad. Trujillo pensaba que si alguien lo mataba, sería alguien de la familia, algún militar allegado, gente de confianza.

Abbes se casó por gratitud con Lupita, una secretaria mexicana, fea y marimacha. Ella le salvó la vida y juntos tenían los mismos gustos sanguinarios y se acompañaban bien, pues juntos sobrellevaban la sangre derramada. Johny Abbes libraba al régimen de sus enemigos, pues se las ingeniaba para trabar contactos, con ciudades que apenas conocía y con bajos fondos, pero el utilizaba pistoleros, matones, traficantes, cuchilleros, prostitutas, cafiches, ladronzuelos, que siempre intervenían en esas operaciones de nota roja, que hacía las delicias de la prensa sensacionalista.

Capítulo VI

Un volkswagen, auto utilizado por los caliés (policías) del SIM, se acercó a la camioneta Chevrolet en donde iban los conspiradores contra el Benefactor. Afortunadamente éste, pertenecía a Miguel Ángel Báez Díaz, otro colaborador de Trujillo que también estaba involucrado en la conjura, quien les avisaba que el Chivo no tardaría en pasar por allí rumbo a su hacienda en San Cristóbal.

Entre todos, Antonio de la Maza era el más afectado por Trujillo, pues le destruyó su honor, su dignidad, sus sueños, su familia, su salud, su voluntad, todo. Él se había jurado a sí mismo, hacía 4 años, matar a Trujillo por haber asesinado a su hermano menor Tavito. Tavito era trujillista, estuvo en la escuela de aviación y Trujillo siempre le había hecho favores cuando estaba en aprietos. Lo que llevó a Tavito a la muerte fue el asesinato de un escritor republicano español, Jesús de Galíndez, quien fue secuestrado en Nueva York y enviado en un avión a República Dominicana por escribir en contra del régimen trujillista.

Tavito estuvo encargado de llevarlo a casa del mismo Trujillo, él no sabía a quién llevaba, sólo acataba órdenes. Los problemas surgieron porque Jesús de Galíndez resultó ser ciudadano norteamericano y agente de la CIA, lo cual implicaba gravemente a Trujillo por haberlo secuestrado, así que éste, para librarse del asunto, mandó matar a Murphy, el piloto estadounidense que llevaba a Galíndez y gran amigo de Tavito, y posteriormente, mandó matar a Tavito, haciéndolo parecer un suicidio y a quien inculpó del asesinato de Murphy basándose en un escándalo homosexual. Trujillo hizo llamar a Antonio de la Maza para limpiarse de cualquier responsabilidad por la muerte de su hermano, prometiéndole que investigaría el caso hasta sus últimas consecuencias, asimismo, le ofreció la construcción de una carretera. Antonio deseaba asesinar a Trujillo en ese instante, pero no pudo hacerlo y todo pareció como si éste hubiera vendido la vida de su hermano y la suya. Desde entonces, Antonio no tiene paz, sufre de una úlcera y anhela acribillar al Jefe.

En el complot habían muchas personas involucradas, sólo Antonio de la Maza conocía la identidad de todas ellas y sus relaciones, entre ellos: Juan Tomás Díaz, ex secretario de Trabajo de Trujillo, los gringos y la CIA, el propio presidente fantoche Balaguer, Pupa Román, jefe de las Fuerzas Armadas, y muchos más. Antonio llevaba consigo un veneno por si algo fallaba en el plan, no sería capturado con vida y moriría peleando.

Capítulo VII

Urania, en compañía de su padre, continúa con su monólogo recriminador. Ahora le recuerda a los hijos de Trujillo: el galán de Ramfis, el mayor y primogénito, de quien se esperaba que fuera el sucesor de su padre, pero no fue más que un mujeriego, desequilibrado y gastador; Radhamés, el más feo y tonto y Angelita. De Ramfis recuerda el escándalo en torno a la violación de Rosita Pedomero, hija de una familia trujillista, a quien Ramfis y sus amigos violaron y casi matan. A raíz de este suceso, fue enviado a Kansas City para estudiar en una Escuela Militar, la cual no le sirvió de mucho, pues Ramfis continuaba con sus aventuras y derrochaba el dinero a tal grado, que los Estados Unidos dejaron de ayudar a la República Dominicana argumentando que el hijo del Generalísimo gastaba la misma cantidad que enviaban para el país en abrigos de pieles y caprichos de las actrices de Hollywood. Así surgió una fuerte discordia entre estas dos naciones, que se arreglaron, finalmente, gracias a Cerebrito Cabral.

Ramfis murió en Madrid en un accidente automovilístico, aunque existen fuentes que creen que fue provocado por la CIA. Radhamés, no se sabe bien cuál fue su verdadero fin, pero creen que fue asesinado por la mafia colombiana o que la DEA lo salvó de la mafia porque era su informante y le cambiaron el rostro.

Angelita estaba actualmente en Miami, profesando arduamente una religión New Born Christian; y la Prestante Dama, viuda de Trujillo, murió en Panamá llevándose a la tumba los números de las cuentas en Suiza porque perdió la memoria.

Capítulo VIII

Henry Chirinos, Ministro de Gobierno de Trujillo, un hombre bastante gordo, borracho pero fiel sirviente del Jefe, le recomienda a Su Excelencia, que dadas las restricciones económicas impuestas por los gringos, el país estaba a punto de quedar en bancarrota y para evitarlo era necesario pasar al Estado las empresas privadas. Trujillo se niegó, pues pese a haber sido un dictador, su intención no era robarle al país, sino hacerlo mejor y la propuesta de Chirinos provocaría la fuga de capitales por funcionarios corruptos. A Trujillo le importaba más ser el todopoderoso que el dinero y se molestaba mucho cuando se enteraba que las lacras de sus hijos o la avara de su esposa hacían grandes transferencias de dinero al extranjero. El Jefe amaba su país y no deseaba irse nunca de allí, exiliado, como lo hizo Perón. Él moriría allí. Durante su gobierno, todos tenían trabajo, había fundado empresas y negocios para dar trabajo y hacer progresar al país, para contar con recursos y regalar a diestra y siniestra, y así tener contentos a los dominicanos.

Capítulo IX

Los conspiradores continúan esperando a Trujillo en la carretera y entre tanto, Antonio Imbert, quien trabajaba en un negocio de la familia Trujillo, hace un recuento de las causas por las cuales quiere asesinar al Chivo, entre ellas, el encarcelamiento injusto de su hermano Segundo, quien todavía permanece custiodado, así como el asesinato de las hermanas Maribal, a quienes no conocía en persona, pero dado que ellas eran subversivas al gobierno trujillista, fueron asesinadas cuando regresaban de ver a sus esposos de la cárcel.

Las expectativas al eliminar a Trujillo eran muy altas, pensaban que todo marcharía sobre ruedas, pues el general José René Román, jefe de las Fuerzas Armadas, llevaría a cabo un Golpe de Estado en cuanto viera el cadáver del Chivo. Creían que el pueblo se echaría a las calles a matar calies, dichosos de haber alcanzado su libertad. El principal objetivo, era liberar al país, después de las redadas masivas de enero de 1960, en que cayeron tantos jóvenes del Movimiento del 14 de junio, entre ellas las hermanas Maribal y sus esposos. La ruptura de Trujillo con su antiguo cómplice, la Iglesia católica a partir de la Carta Pastoral de los obispos denunciando a la dictadura. El atentado contra el Presidente Betancourt de Venezuela en junio de 1960, que movilizó contra Trujillo a tantos países, incluido su gran aliado de siempre, los Estados Unidos, que, el 6 de agosto de 1960, en la Conferencia de Costa Rica, votaron a favor de las sanciones económicas. Hacía 25 años todos creían en el Chivo el salvador de la Patria, el que acabó con las guerras de caudillos, con el peligro de una nueva invasión haitiana, el que puso fin a la dependencia humillante de los Estados Unidos y que, a las buenas o a las malas, llevó al gobierno a las cabezas del país. Ahora era distinto, la gente ya sabía que estaban bajo un régimen dictatorial y corrupto, pues Trujillo les había arrebatado el libre albedrío a todos hace ya 31 años.

Capítulo X

La prima de Urania, Lucinda, fue a casa de su tío y se alegró mucho de ver a Urania. Después de 35 años de no haberla visto, estaba muy sorprendida y le reprochaba el no haber escrito nunca. En esos momentos, Urania recuerda cuando fue enviada con beca a Adrian, Estados Unidos, a una escuela de monjas poco antes del asesinato de Trujillo, y a la única persona que escribía era a sister Mary, quien le ayudó a conseguir la beca y conoció su secreto. También recuerda lo mucho que estudiaba para poder olvidar y el témpano de hielo que representaba su carácter. Lucinda le contó a Urania que tras la muerte del Chivo, Abbes encarceló a su padre creyendo que él había conspirado, junto con Antonio de la Maza y compañía, pero el senador Cabral amaba e idolatraba el régimen trujillista, por ello, cuando fue excluido del grupo, Cerebrito sufrió mucho. Estuvo encarcelado hasta que Balaguer decidió sacarlo ofreciéndole un puestesillo. Su fortuna desapareció rápido, abrieron varios juicios en su contra por haber sido colaborador de Trujillo, pero nunca lo hallaron culpable. Si no fuera por la pensión que urania enviaba, hubiera tenido que vivir en un asilo de ancianos. Por su aprte, Urania estudió en harvard derecho y después trabajó para el Banco Mundial. Rechazó una propuesta de matrimonio de un colega suyo y actualmente era soltera, pues a Urania le molestaban los hombres.

Lucinda invita a Urania a cenar a la casa con su tía Adelina, su hermana Manolita y su sobrina Marianita.

Capítulo XI

En una reunión social con el Generalísimo, asistieron Simon Gittleman y su esposa Dorothy, un ex marine que vive en Ciudad Trujillo y es gran amigo del Jefe. Allí comentaron que Cerebrito Cabral había caído de la gracia del Benefactor porque éste estaba poniendo a prueba su fidelidad y entrega, así como para probarle que todo lo que tenía y todo lo que era se lo debía a Él. Esto se lo hacía con frecuencia a sus colaboradores, pues desconfiaba de todos, pero después, los volvía a cobijar.

Simon Gittleman le pregunta a Trujillo cuál ha sido el mayor reto de su gobierno, éste contesta que fue la invasión haitiana, la matanza injusta y cruel de muchos haitianos para salvar a la República Dominicana de los negros.

Capítulo XII

Mientras espera a que pase el coche de Trujillo, Salvador Estrella Sadhalá, alias el Turco, medita acerca de sus razones para asesinar a Trujillo. Salvador era de origen libanés pero devoto católico y estaba muy molesto por los ataques y hostigamiento del régimen en contra de la Iglesia católica, en especial, en contra de los dos obispos extranjeros, quienes se vieron obligados a ocultarse en el convento de monjas de Santo Domingo para protegerse de los constantes acosos de Abbes. Cuando Salvador manifestó su odio por Trujillo, uno de los curas lo llevó con el obispo italiano que le enseñó una cita de Santo Tomás de Aquino, avalando el tiranicidio.

Por fin pasó el coche de Trujillo y la persecución inició. Los conspiradores iban en un coche veloz, adquirido especialmente para este día. Los que interceptarían el coche del Chivo no lo hicieron, pero éstos después pasaron en donde se daba la balacera, y en la confusión de que podían ser calies, les dispararon a sus hombres, hiriendo a Pedro Livio. El Chivo había muerto, lo habían logrado y ahora tenían que ir con Pupo Román para que iniciara el Golpe.

Capítulo XIII

En casa de la tía Adelina, no faltaron los reproches para Urania. Recordaron cuando comenzó al desgracia de su padre. Una mañana, salió en el periódico una carta en contra de Cerebrito Cabral, denunciando desvío de fondos públicos cuando éste era Ministro de Obras Públicas. Cerebrito no comprendía por qué lo inculpaban y creía que podrían ser Chirinos o Abbes, los que conspiraban en su contra. Los calies lo seguían por todas partes, sus cuentas bancarias fueron congeladas y nadie lo recibía porque era un apestado. La única esperanza que le quedaba para socavar dicha situación era hablar con uno de los mejores amigos de Trujillo, Manuel Alfonso, un ex modelo de Colgate que vestía a la moda al Jefe y le llevaba mujeres para el placer del Benefactor.

La tía Adelina le reprocha a Urania haber abandonado a su padre, sin escribirle una sola carta o venir a visitarlo aún cuando enfermó gravemente. Urania sólo dice que su padre era un hombre malo y que el dinero que le envió para sus estudios, lo hizo para tratar de comprarla.

Capítulo XIV

Trujillo fue a ver a su presidente fantoche, el doctor Balaguer para preguntarle por qué había dejado salir a Urania Cabral del país, pero Balaguer asumió que ella tenía permiso de hacerlo cuando Trujillo no contestó su memorándum avisando la salida de la hija de Cerebrito. Balaguer era doctor en letras, hombre culto, instruido, con tono de docente y palabras letradas en sus discursos. Para Trujillo, él siempre fue el colaborador más misterioso, pues pese a que el Benefactor tenía un sentido agudo para descubrir las intenciones y ambiciones de los demás, Balaguer parecía no sentir nada de ello: no tenía mujer, amante, hijos, ahorros; había trabajado en los puestos que Trujillo le asignaba pero sin mayor ambición. Tenía fama de ser católico, y dado su comportamiento sencillo, parecía beato culto, pero Balaguer no tenía vocación para ser sacerdote, sino político. Siempre estuvo al lado de Trujillo y es el colaborador en quien más ha confiado, por ello es el Presidente fantoche. En su reunión, Trujillo le consulta acerca de las relaciones con la Iglesia y si éstas parecen mejorar, asimismo le pregunta si sabe algo acerca de una nueva conspiración para asesinarlo, pero Trujillo no puede desconfiar de los ojos amables y fieles de Balaguer.

Capítulo XV

Pedro Livio, uno más de los conspiradores, quien iba en otro coche que interceptaría al del Chivo, resultó herido por error durante la balacera. Cuando todo terminó, pusieron el cadáver de Trujillo en la cajuela y a Pedro Livio lo subieron al coche para llevarlo con un doctor en casa de Juan Tomás Díaz. Dada su grave condición, lo llevaron al hospital. Después de poco tiempo, apareció Johny Abbes, quien interrogaba al herido a base de apagar cigarrillo en su cara para averiguar quienes estaban involucrados en el complot. Pedro Livio denunció a Antonio Imbert, Antonio de la Maza, a Pupo Román y al propio Balaguer. Esto desconcertó en sobremedida a Abbes y a los calies presentes. El jefe del SIM ordenó cerrar las carreteras e iniciar la cacería de traidores. Asimismo, Abbes deseaba saber el paradero del cuerpo de Trujillo y Livio le indicó que lo llevaban para enseñárselo a Pupo Román. Pedro Livio sintió que moría y quedó en coma. Abbes ordenó a los doctores que lo mantuvieran vivo.

Capítulo XVI

Urania continúa relatando la razón por la cual ha dicho que su padre es un hombre malvado y vil. Cuando Cerebrito Cabral se entrevistó con Manuel Alfonso, el amigo entrañable de Trujillo, le dijo que hablaría con el Jefe de su caso. Después de haber hablado con el Generalísimo, Manuel Alfonso fue a casa de Cerebrito para contarle sobre su entrevista, y al ver a Urania se le ocurrió que ella podría acostarse con Trujillo, como ofrecimiento de su ser más preciado al Benefactor para que éste lo perdonara y comprendiera, con este acto de generosidad y entrega, la lealtad que le tiene y ha tenido siempre.

Al día siguiente, el padre de Urania le propuso a su hija asistir a una “fiesta” al rancho de Trujillo en San Cristóbal, y Urania, quien confiaba ciegamente en su padre, creyó que accediendo, sería la mejor manera de ayudar a su pobre padre de la desgracia.

Capítulo XVII

Cuando llevaron a Pedro Livio al hospital, Amadito, el Turco y Antonio Imbert fueron con un tío de este último para atender las heridas que habían recibido a raíz de la balacera. Amadito tenía el tobillo destrozado y se refugió en una pequeña finca, propiedad de un amigo del doctor Barreras, quien los atendió. Permaneció allí 3 días aislado y sin noticias. El día que Toño Sánchez, su protector, le llevó comida, le comentó las nuevas malas: buscaban a los implicados por todas partes, Pedro livio estaba preso y los había delatado. Toño transportó clandestinamente a Amadito para llevarlo a casa de una tía, pero al poco tiempo de haber llegado, fueron delatados y la casa estaba rodeada por calies. Amadito, quien no se había sentido tranquilo desde el día en que lo obligaron a matar al hermano de Luisa hasta el día en que mató a Trujillo, salió con una pistola en la mano y comenzó a disparar. Su cuerpo fue acribillado y expuesto en la plaza, mientras que su tía, también fue asesinada y los calies saquearon y destruyeron toda su casa.

Capítulo XVIII

La noche en que iban a matar a Trujillo, éste se dirigía a su casa en San Cristóbal para encontrarse con una muchacha de 17 años, Yolanda Esterel. Trujillo estaba muy ansioso por llegar allá, pues durante el día había tenido varios sucesos vergonzosos debido a su incontrolable y traidora vejiga, que lo evidenciaban cuando su pantalón se manchaba. Por la tarde, el Benefactor visitó a su madre, como era su costumbre todos los días. Allí le solicitó a Abbes García averiguar el responsable de haber retenido el permiso de salida de Urania Cabral. Posteriormente, subió a su coche en compañía de Pupo Román para reprenderlo fuertemente por las malas y poco sanitarias condiciones en las que tenía las Fuerzas Armadas, humillándolo y abandonándolo en medio de la carretera y el fango. Finalmente, rumbo a su rancho en San Cristóbal, se detuvo en casa de una antigua amante, pero como ésta clamaba estar en su regla, Trujillo, asqueado, se marchó con rumbo definido a San Cristóbal. Pronto fue emboscado por sus verdugos que lo esperaban en la carretera.

Capítulo XIX

Antonio de la Maza, el Turco y Juan Tomás Díaz, esperaban que Pupo Román, junto con las Fuerzas Armadas, llevar a cabo el Golpe de Estado, pero conscientes de que éste los había traicionado, determinaron que debían esconderse de Abbes o morir en plena lucha. Antonio de la Maza sugería ir al Palacio Municipal y morir luchando, pero nadie lo apoyó y determinaron esconderse en casa de un médico apolítico, hermano de otro conspirador que residía en Estados Unidos. Éste les dio asilo en su tapanco y Antonio de la Maza se lamentaba de estar oculto en lugar de luchar. Finalmente, decidieron marcharse porque ponían en peligro la vida del doctor que los refugió y de su esposa embarazada, así que Estrella Sadhalá se marchó al tercer día, durante el atardecer y De la Maza y Juan Tomás tomaron un taxi sin rumbo, pero pronto fueron descubiertos por los calies y murieron durante una balacera en el parque.

Capítulo XX

Cuando Pupo Román se quedó solo, en medio del fango y en la carretera, después de que el Jefe lo había reprimido fuertemente por las aguas sucias en las Fuerzas Armadas, se sintió más humillado que nunca, pues recordaba que Trujillo siempre lo hacía sentirse así y éste ejercía un poder temerario sobre él.

Una vez en su casa, alguien lo llamó alarmado por la ventana, era Navajilla, ex jefe del SIM, quien casualmente había pasado por la carretera en donde asesinaron a Trujillo y fue testigo de la balacera en contra del Jefe. Pupo tenía, prácticamente, todo listo para llevar a cabo el Golpe de Estado, sus subordinados sólo esperaban a que diera las órdenes para comenzar con el plan: arrestar a los Trujillistas, a Abbes García, tomar el poder y ser el nuevo presidente. Sin emabrgo, no hizo nada, se acobardó, le faltó valor, no tuvo los pantalones para hacerlo. Fue perdiendo poder conforme pasaban las horas y dado que Pedro Livio lo había delatado, fue tomado prisionero. Ramfis lo sometió a fuertes torturas durante cuatro meses hasta que ya no aguantó más y murió: golpes, electroshoks en silla eléctrica, comer mierda, cortarle sus testículos y hacérselos comer, entre otras.

Capítulo XXI

Salvador Estrella Sadhalá, el Turco, se entregó cuando le informaron que los calies habían irrumpido en su casa y arrestado a su esposa. Lo llevaron a la casa en la colina, donde sufrió torturas semejantes a las de Pupo Román. En la celda, estuvo acompañado por Modesto Díaz, hermano de Juan Tomás, Pedro Livio, Fifí pastoriza, Huáscar Tejeda y Tunti Cáceres, sobrinito de Antonio de la Maza. Durante 3 meses estuvieron presos en la Victoria. Cuando pensaban que ya no saldrían vivos de allí, llegaron las esperanzas, pues en los periódicos salía que Estados Unidos y Venezuela exigían juicios justos para los presos políticos, así como diversas protestas de Derechos Humanos.

Durante su encierro, se enteraron que Antonio de la Maza y Juan Tomás habían muerto luchando y que el padre de Antonio estaba muy orgulloso de su hijo de que así lo hubiera hecho. Sin embargo, el Turco sufrió mucho cuando su padre lo negó y lo culpó de traición cuando éste fue a verlo a la cárcel en compañía de Ramfis Trujillo, no obstante, rezaba constantemente, como era su costumbre, pidiéndole a Dios por su esposa y sus hijos.

Un día, decidieron llevar a los presos al palacio de Justicia con el pretexto de que reconstruirían los hechos del crimen para ser enjuiciados debidamente, sin embargo, tanto el Turco como Modesto Díaz, sabían que dicha salida extraordinaria era para matarlos. El director de la cárcel Victoria los escoltaba junto con otros 3 soldados jóvenes que se veían nerviosos por custodiar presos tan importantes. Al llegar a un punto solitario de la carretera, el director de la cárcel asesinó a los tres soldados. Pronto se encontraron con Ramfis, Pechito León Estévez, Pirulo Sánchez y 2 o 3 desconocidos. Primero acribillaron a Pedro Livio, después arrastraron a los cocoteros a Tunti Cáceres, quien antes de caer insultó a Ramfis, luego fue el turno de Modesto Díaz, quien gritó ¡Viva la República! antes de morir y finalmente, llegó el turno del Turco, quien daba gracias a Dios por la paz que le daba en esos últimos momentos.

Capítulo XXII

Cuando el hábil doctor Balaguer recibió la llamada de Pupo Román para reunirse en el cuartel de las Fuerzas Armadas, comprendió lo que estaba pasando y previendo un Golpe de Estado, se negó a ir al cuartel. Pensó que Pupo Román se había alentado y no actuaba convenientemente, así que le correspondía ahora a él llevar a cabo una transición democrática para evitar una invasión de los marines, o una desestabilización fuerte de poder. El presidente fantoche, hábil y educadamente tomaba acciones. Primero cito a la familia Trujillo y Abbes García en su oficina para discutir lo que iba a ocurrir ahora. Abbes reclamó que Balaguer no debía ser presidente y sugirió que entrara alguien de la familia en su lugar, pero dado que Ramfis todavía no llegaba de París, la Prestante Dama apoyó a Balaguer. Cuado Ramfis regresó a República Dominicana, acordó con Balaguer que él seguiría como presidente para no provocar una invasión de los gringos, pero entre tanto, Ramfis se encargaría de encontrar a los asesinos de su padre y vengar su muerte. Por otro lado, Balaguer también aseguró su permanencia en el poder sobornando a la viuda de Trujillo, quien era avara y confiaba en el presidente fantoche porque éste se encargó de transferir altas sumas de dinero a sus cuentas en el extranjero.

Balaguer mejoró las relaciones con el clero y pidió una disculpa formal al sacerdote Reilly, quien fue secuestrado y torturado por Johny Abbes después del asesinato de Trujillo. Asimismo, mejoró al relaciones con Estados Unidos, quienes apoyaban este nuevo gobierno, no obstante, todavía no estaba libre de sanciones, las cuales serían erradicadas cuando República Dominicana demostrara ser democrático. Después de 4 meses, cuando parecía que el país se desmoronaría tras la muerte del Benefactor, surgieron varios grupos de oposición, entre ellos, los del movimiento del 14 de junio. Se manifestaban en las calles, retiraban monumentos y estatuas de la familia Trujillo. Balaguer cambió los nombres de muchas calles que estaban bautizadas con nombres de la familia del Chivo, así como regresar a la capital su nombre original: Santo Domingo en lugar de Ciudad Trujillo. Los que más lo acosaban eran los de derechos humanos, quienes pedían y exigían juicios justos para los presos políticos. No obstante, en dicho rubro, Balaguer tenía las manos atadas, pues Ramfis no descansaría hasta no ver a los asesinos de su padre muertos. El cónsul estadounidense le precisó a Balaguer que para eliminar las sanciones políticas impuestas por la OEA era necesario que no quedaran vestigios de Trujillo, y por tanto, debían marcharse al extranjero toda la familia. Ramfis no se había marchado aún porque todavía faltaban por encontrar dos implicados en el asesinato de su padre, pero comprendía que sus tíos causaban desestabilidad en el país, y de no haber sido por él, talvez hubieran cometido una tontería y el país hubiera sido invadido por los marines. El cónsul estadounidense le confirmó a Balaguer que Kennedy estaba preparado para enviar barcos a República Dominicana si se presentaba un Golpe de Estado. El día en que la familia Trujillo asesinó a los culpables de manera clandestina, los hermanos de Trujillo irrumpieron en la oficina de Balaguer con armas, exigiendo que éste dejara el poder, sin embargo, Balaguer les enseñó por la ventana los buques norteamericanos y les ofreció unos cuantos millones de dólares para solucionar el conflicto y su exilio de la manera más pacífica. El cónsul Calvin Hill compareció de inmediato, encantado de que las cosas se arreglaran con buena voluntad y sin derramamiento de sangre. Balaguer estaba preocupado por el asesinato de los presos políticos pero pensó que habría tal explosión de exultación y alegría con la partida de los Trujillo que poca gente recordaría el asesinato de los 6 prisioneros cuyos cadáveres jamás aparecerían. Al padre de Urania, el senador Cabral, lo sacó de la cárcel, pues Abbes lo había aprehendido por pensar que también estaría involucrado en el complot, y le ofreció un puesto de asesoría jurídica. A Johny Abbes le pidió su renuncia, pues tendría muchos enemigos que lo buscarían para eliminarlo, y lo envió a Japón de embajador.

En consejo de Ministros, pidió acuerdo unánime del gabinete para una amnistía política general, que vaciara las cárceles y anulara todos los procesos judiciales por subversión. Entonces el Doctor Tabaré Álvarez Pereyra, su ministro de Salud, le hizo saber que desde hacía 6 meses tenía escondido en casa al fugitivo Luis Amiama Tió dentro de un clóset en su casa. Balaguer encomió su espíritu humanitario y en persona, le rindió respeto y gratitud por los altos servicios prestados a la Patria.

Capítulo XXIII

Antonio Imbert permaneció en casa de su primo un día más después de que Amadito se fue; después fue a casa de su tía Gladis, quien le dio asilo por una noche pero a la mañana siguiente tuvo que marcharse porque los calies habían arrestado a Manuel y no tardarían en llegar a casa de Gladis. Después de deambular en las calles recordó a su ortodoncista, quien lo acogió varias horas para pensar con quien iría después, hasta que se le ocurrió llamarle a un tal Rainieri, hijo de italiano, cuya esposa era muy amiga de Guarina, su mujer. Al llamarlo, la esposa del dentista se hizo pasar por su esposa Guarina y Rainieri comprendió inmediatamente quién llamaba, pues Guarina estaba con ellos , así que envió un chofer a recogerlo por la noche. Después de ver a su mujer en casa de los Rainieri, lo llevaron a casa de un matrimonio diplomático italiano, los Cavaglieri, quienes se ofrecieron a ayudar a Imbert sin objeciones, a cambio de que no revelaran a nadie su identidad. Estuvo oculto en el penthouse de los Cavaglieri por los 6 meses que pasaron antes de que proclamaran amnistía. Allí tenía un cuarto para él solo y ayudaba con la limpieza de la casa. Cuando los Trujillo se marcharon, Imbert salió de su escondite y Balaguer lo llamó, junto con Amiama (a quien nunca antes había visto en persona) para proclamarlos héroes. De allí fueron a visitar a las viudas de los desaparecidos.

Capítulo XXIV

Urania continúa narrando la historia que la hizo marcharse de República Dominicana. Manuel Alfonso fue a recogerla a su casa. Su padre sugirió que si nos se sentía cómoda en ir, podría negarse, pero ella, confiando que su presencia en la fiesta del Generalísimo sería de gran ayuda para su padre y sin sospechar las verdaderas intenciones, accedió a ir. Cerebrito no podía mirarla a los ojos cuando Urania se fue. Durante el camino a San Cristóbal, Manuel Alfonso comentaba que Trujillo era muy gentil con las muchachas y que debería de sentirse privilegiada de poder estar en presencia de Su Excelencia.

Al llegar a casa del Chivo, cayó en razón de que no había ninguna fiesta y de que tendría que pasar la noche con el Benefactor. Urania tenía tan sólo 14 años y Trujillo era mayor de 70. Ella tuvo que someterse a los caprichos del Generalísimo, quien no pudo tener sexo con ella porque no podía en ese momento, así que enfadado por su impotencia, la obligó a besarlo y después la violó con sus manos, gritándole cosas horribles que la hacían pensar que la mataría. Afortunadamente, Trujillo la corrió de su casa y un chofer la llevó al convento de Santo Domingo, en donde sister Mary puso todo en marcha para que ella no tuviera que regresar a casa de su padre y pudiera marcharse a los Estados Unidos a estudiar, becada por las monjas. Desde entonces, no ha podido estar con ningún otro hombre, todos le producen asco. La tía Adelina estaba asombrada por el relato y le pedía a su sobrina que perdonara a su padre, que dejara de vivir en el odio y tuviera una actitud cristiana hacia el viejo. Urania siente que se ha quitado un peso de encima, pues desde sister Mary no había contado dicha historia, pero ahora sólo deseaba marcharse a Nueva York, volver a trabajar arduamente para no recordar y olvidar lo peor de la dictadura de Trujillo.

Personajes

URANIA CABRAL: Personaje principal, hija del senador Cabral, un importante ficha dentro de la dictadura de Trujillo. Profundamente lastimada y marcada de por vida por lo que le ocurrió en su adolescencia; llena de rencor y odio hacia su padre; trabaja todo el día sin descanso para mantener su mente ocupada y olvidar su pasado.

RAFAEL TRUJILLO: Personaje principal. Dictador de República Dominicana por 31 años. Hombre obsesivo por la limpieza y el orden; nunca sudaba y su mirada era tan penetrante, que podía someter a cualquiera. Todos le temían y le profesaban un gran respeto y admiración.

DOCTOR BALAGUER: Presidente fantoche, de carácter dócil, misterioso, calmado, nunca perdía el control, al parecer sin ambiciones y fiel a Trujillo. Personaje secundario. Hombre bien educado en letras, con vocación de político.

SANTIAGO ESTRELLA SADHALÁ: Personaje secundario. Uno de los asesinos de Trujillo. Muy católico y el mejor amigo de Antonio Imbert.

ANTONIO DE LA MAZA: Personaje secundario. Uno de los asesinos de Trujillo quien conocía todos los nombres de los involucrados en el complot. Se sentía amargado y deprimido a raíz de la muerte de su hermano Tavito y a la vez, sentía un profundo rencor, traducido en odio hacia Trujillo. Luchador y de carácter valiente.

ANTONIO IMBERT: Personaje secundario. Uno de los perpetradores de la muerte de Trujillo y uno de los sobrevivientes después de la persecución intensa por encontrar a los asesinos del Jefe. Mejor amigo del Turco. Se había unido a la conspiración, no porque hubiera sufrido directamente una pérdida, sino por sus ideales y el asesinato de las hermanas Maribal, por el cual se sintió profundamente afectado.

JOHNY ABBES GARCÍA: Personaje secundario. Director del Servicio de Inteligencia Militar durante la era de Trujillo. De carácter sanguinario y sádico, siempre ideaba las torturas más originales y crueles para perpetuar sus asesinatos en contra de todo aquel que no apoyara al régimen.

Fuente