A propósito del Día de la madre, aquí algunos libros que desacralizan la maternidad.
A propósito del Día de la madre, aquí algunos libros que desacralizan la maternidad.
José Carlos Yrigoyen

Hablar del lado oscuro de la maternidad es uno de los pocos tabúes que restan entre nosotros (muy especialmente en el ). Sin embargo, una de las labores de la literatura es la desmitificación, y no hay excepciones en lo que concierne a este asunto. Que lo diga la inglesa Rachel Cusk (1967), autora de un libro tremendo, “Un trabajo para toda la vida”, impulso autobiográfico en el que verbaliza muchísimas cuestiones que millones de madres piensan y sienten alrededor del planeta, pero la presión social les impide expresar. A Cusk la presión social le importaba un bledo y contó que la crianza de sus hijas era fatigante, esclavizadora y que le arrebataba tiempo para realizar las actividades más elementales y cotidianas que acometía en su estado anterior, entre otros inconvenientes. Es un libro lleno de verdad y de frases hermosas: “Las madres son los países de los que todos venimos: a veces, cuando tengo en mi hija en brazos, intento preservar esta identidad para ella, sentirme sólida y estable, capturar mi olor, mi forma y mi ambiente”. De todos modos hubo lectores que la acusaron de mala madre y de negligente, mientras que un crítico literario pidió que le quitaran a sus hijas y las transfirieran a los servicios sociales. Cusk resistió la tormenta y hoy “Un trabajo para toda la vida” es considerado un clásico moderno.

Basta revisar los catálogos de las editoriales para constatar que la mayoría de libros sobre la maternidad están escritos por mujeres, como cabría esperar; sin embargo, hay algunas salvedades interesantes. Por ejemplo, Édouard Louis (1992), novelista francés que se hizo conocido por “Para acabar con Eddy Bellegueule”, ha publicado recientemente una memoria que es a la vez una sentida reivindicación: “Lucha y metamorfosis de una mujer”, centrado en la vida de su madre Monique, quien desde muy joven estuvo sometida a la pobreza, las carencias educativas y al poder patriarcal, que la condenó a una inferioridad a la que parecía resignada. Hasta que un día, a sus 45 años, decidió escapar (la narrativa de Édouard Louis es, en gran medida, una poética del escape) y, sin un centavo, un lugar dónde dormir ni un puesto de trabajo, comenzó su ímproba transformación y su camino a la libertad. Hay mucha aspereza y, a la vez, amor y rendida admiración del escritor por su progenitora, así como distintas capas de sentido que envuelven la historia y regeneración de esta valiente mujer.

En nuestra literatura más reciente, quien ha narrado con mayor hondura y fiereza las relaciones maternofiliales es Katya Adaui (1977). Son suyos varios textos dedicados a escudriñar en los espacios turbios de la maternidad; de estos, “Todo lo que tengo lo llevo conmigo” me parece el más logrado. Se trata de un largo relato escrito a la manera de una cuenta regresiva –como sucede con los artefactos explosivos a punto de estallar– en el que se describe, a través de escenas tan inconexas como perturbadoras y brutales diálogos cortantes, la infancia de una niña en los años ochenta bajo el dominio de una madre trastornada, cruel y violenta. Similar es la motivación de “[Ella]”, novela inaugural de Jennifer Thorndike (1983), que recuerda a “La pianista” de Elfriede Jelinek: a raíz de la muerte de su longeva madre, una mujer de la tercera edad rememora cómo fue sojuzgada durante décadas por ella, hasta casi convertirla en un ser sin voluntad ni albedrío. El rencor y la incapacidad para superar el pasado son los temas primordiales de una historia tan breve como sombría. A esa misma estirpe pertenece “Una vida para Doris Kaplan”, debut de Alina Gadea (1966), que desde esta primera ficción exhibe obsesiones que desarrollaría en sus libros posteriores: la maternidad perniciosa, las madres cuya desidia o extravagancia desembocan en la humillación de sus hijos o en su castración psicológica y existencial.

No puedo terminar este recuento, totalmente arbitrario, sin mencionar uno de los libros más bellos y de franqueza más poderosa que he leído en torno al amor de una madre por su hijo: “El hijo que perdí”, de Ana Izquierdo Vásquez (1951-2019). Un triunfo incuestionable contra la muerte y el olvido, un esfuerzo luminoso por mostrar una de las aristas de la maternidad más complicadas de asumir.

“Un trabajo para toda la vida”

Autora: Rachel Cusk

Editorial: Libros del Asteroide

Año: 2023

Páginas: 2

“Aquí hay icebergs”

Autora: Katya Adaui

Editorial: Penguin Random House

Año: 2021

Páginas: 140

“Otra vida para Doris Kaplan”

Autora: Alina Gadea

Editorial: Borrador

Año: 2016

Páginas: 114

“El hijo que perdí”

Autora: Ana Izquierdo Vásquez

Editorial: Animal de Invierno

Año: 2018

Páginas: 120

“Lucha y metamorfosis de una mujer”

Autor: Édouard Louis

Editorial: Salamandra

Año: 2022

Páginas: 128

“[Ella]”

Autora: Jennifer Thorndike

Editorial: De Bolsillo

Año: 2014

Páginas: 120

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